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2-3: Caretas fuera

2-3: Caretas fuera

Escrito por: Quillo Barrios23 abril, 2017
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Permitid que me salte el guión establecido y diga que Ter Stegen -y no Messi- fue el gran protagonista del Clásico, el héroe inesperado de un Barcelona que ganó pese a mostrar sus innumerables carencias. Cierto es que Messi apareció en el momento decisivo y que se exhibió como lo que es, un futbolista monumental, pero el argentino no saldría hoy en todas las fotos si Ter Stegen no tiene la noche de su vida en un Bernabéu que todavía no puede creerse que se escapase el partido.

Permitidme también, antes de analizar más profundamente lo ocurrido, agradecerle a Sergio Ramos su gesto hacia Gerard Piqué nada más ver la roja directa. Invitó el camero al culé a que hablase ahora del arbitraje, a que se pusiera a llorar ahora delante de micrófonos o en redes sociales. Necesitaba el Real Madrid un capitán que se preocuparse por el Real Madrid y no por otros contextos que sólo interesan a unos pocos. Ahí Sergio Ramos fue el escudo, la voz del madridismo, la frase que todos estábamos pensando. Ya está bien de poner la otra mejilla. Caretas fuera.

El encuentro empezó con un claro penalti de Umtiti sobre Cristiano Ronaldo que no quiso ver el árbitro. En ese momento ya se sabía que a Hernández Hernández se le iba a ir de las manos el Clásico. Y se le fue. Debió expulsar a Casemiro y Umtiti, pero no lo hizo. Sí estuvo más rápido para mandar a vestuarios a Sergio Ramos por una dura entrada sobre Messi, que, sin embargo, no merecía tal castigo. Todo ello, sumado al horrible trabajo de los asistentes, te deja un arbitraje impropio de uno de los partidos más importantes del mundo. No es que haga falta tecnología o ayuda, es que España necesita buenos árbitros. Empecemos la casa por los cimientos.

El árbitro perdonó la roja a Casemiro y Umtiti y no vio un penalti sobre Cristiano

El Real Madrid le metió ritmo al choque desde el principio y Ter Stegen se tuvo que emplear a fondo. Hizo tantas paradas que es imposible enumerar todas en una crónica. Simplemente fue gigante. Le metieron dos, sí, pero salvó cinco o seis. Y me quedo corto. Ha sufrido el Real Madrid la majestuosidad de dos cancerberos alemanes en menos de una semana. A uno le superó y al otro no pudo porque el acompañante en la hazaña era Messi, que no suele ser de los que perdona.

Con Casemiro en peligro por la temprana amarilla y Bale en el banquillo lesionado, Asensio, que entró por el galés, se reafirmó como una realidad incontestable, un jugador preparado para marcar una época. No tiene futuro, es el presente. Quiso el balón en el partido de los partidos y ante un rival al que sólo le valía ganar porque la Liga quemaba en las botas. Esa personalidad le llevó a firmar un encuentro memorable que tendrá menos eco porque la victoria se fue a Barcelona.

Casemiro puso el 1-0, pero Messi igualó a los pocos instantes. El 1-1 sirvió para espabilar a un Real Madrid que, al igual que en el derbi, se sintió extraño con ventaja en el marcador. El recital de Ter Stegen creció hasta el punto de dibujarse un 9-1 en lanzamientos a puerta. Parecía un muro al que era imposible derriba o rodear. No había manera. El Bernabéu empujaba y el Barcelona rezaba a un Dios desconocido para que el rubio de la portería no pestañease. En medio del vendaval, golazo de Rakitic y el Clásico patas arriba. Sin hacer más que resistir, los de Luis Enrique se habían puesto por delante. Momento delicado. Los minutos posteriores fueron un delirio. Keylor Navas evitó la sentencia, Ter Stegen siguió a lo suyo y Sergio Ramos fue expulsado porque Hernández Hernández se sentía culpable por no haber hecho bien su trabajo. Todo parecía perdido, pero al Real Madrid se le encendió a lo lejos la luz de la épica y fue a por ella como tantas otras noches.

James entró ante el desconcierto general -todos esperábamos a Isco- y marcó con un remate inapelable más puro de un delantero centro. Le salió tan bien la jugada a Zidane que todos creyeron que se podía ir a por el partido y culminar así una remontada para la historia. Fue precisamente ahí cuando el Real Madrid perdió el Clásico. Se olvidaron los jugadores de que el 2-2 valía para dejar la Liga casi sentenciada. Fueron arriba con más corazón que cabeza y se dieron cuenta del error cuando Sergi Roberto, en el descuento, encontró cincuenta metros libres para correr en soledad. Nadie le derribó y la jugada acabó con gol de Messi y silencio sepulcral.