Santillana, el héroe de wéstern

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Los wésterns y el fútbol de barrio. Con ellos se me pasó buena parte de la infancia. Las películas del oeste que disfrutábamos en la Sesión de tarde de los sábados después de comer y el fútbol que jugábamos en el parque y los descampados cercanos. Cada partido de barrio era un duelo al sol, un derbi jugado a cara de perro. Sin concesiones, con la misma mirada torva y amenazadora de un vaquero en duelo a vida o muerte.

Tengo la sensación de que ambos desaparecieron hace mucho tiempo. El fútbol de barrio (también a nivel profesional), el único sincero posible, daba sus últimos coletazos a finales de los ochenta y principios de los noventa, al mismo tiempo que el wéstern nos regalaba sus últimas grandes obras: El jinete pálido (1985), Silverado (1985), Sin perdón (1992). Quizás no desaparecieran, quizás solo mutaron, pero se transformaron en otra cosa, en otro tipo de espectáculo, puede que más perfecto en el sentido clásico del término, pero no necesariamente mejor. Desde luego no más veraz.

Carlos Alonso González debutó en el mismo año que algunos aterrizábamos en este mundo. Crecí con sus disparos a puerta a la par que con los tiros de John Wayne, con sus cabezazos imposibles y con los puñetazos del saloon. Cada vez que alguien me preguntaba por mi jugador favorito, yo lo tenía claro, siempre contestaba: “Santillana”.

Reconozco en su figura al héroe de wéstern clásico, a ese hombre honesto y entregado a la causa, certero como pocos, un tipo cuyo nombre de guerra venía definido por su lugar de origen, Santillana del Mar, como ese James Cagney que fuera El chico de Oklahoma, o como el joven Colorado de Río Bravo, como The Sundance Kid, el Virginiano o el hombre de Laramie. El delantero cántabro era el tipo de compañero que siempre querrías tener a tu lado, en una cancha de fútbol o en un duelo en O.K. Corral.

Tenía algo del fatalismo de los genuinos cowboys, como cuando con 20 años descubrió que solo tenía un riñón y que su futuro en el fútbol profesional peligraba. Sintió el miedo, como reconoció en una magnífica entrevista en este mismo medio hace un par de años, y quizás conocerlo le hizo más fuerte, le ayudó a no sentirlo cuando saltaba frente a defensas y porteros que le superaban en tamaño y altura, pero a los que vencía con una capacidad de salto prodigiosa. Poseía una habilidad especial, no solo para elevarse, sino sobre todo para suspenderse en el aire un segundo más que sus rivales.

Ganó 9 Ligas, 4 Copas del Rey, 2 Copas de la Uefa, una Copa de la Liga, jugó con la selección 56 veces, y fue importante en todos esos equipos, en todas esas épocas. 352 goles en su carrera, 17 años en el Real Madrid y una trayectoria ejemplar en todos los sentidos.

El fútbol de ahora es demasiado pulcro, aseado, jugado en campos que parecen alfombras (el céspet del Jardiner), con modas importadas y ademanes impostados. Un deporte abarrotado de jugadores peinados (y algunos maquillados) como si fueran actores, tipos curtidos y mazados en gimnasios que sin embargo se desploman aparatosamente a la mínima caricia.

santillana ganó 9 ligas, 4 copas del reY, 2 copas de la uefa y 1 copa de la liga

El wéstern actual tiene algo de esa misma impostura. Atiende a nuevos patrones alejados de la tradición (Cowboys vs Aliens, Wild wild west) o a la moda multiétnica imperante (Los siete magníficos liderados por Denzel Washington, Los odiosos ocho, Django desencadenado), y con ello se deja parte de su autenticidad. La pierde por completo cuando vemos esos abdominales de gimnasio de los actores, totalmente anacrónicos para el siglo XIX.

Santillana representa para mí la pureza del juego, la esencia del fútbol de barrio que ya no existe. Un delantero centro no muy alto, 1,75 metros, en absoluto corpulento ni veloz, sin una técnica destacable, pero peligroso como pocos. De mirada viva y gatillo fácil. Un 9 al uso, un ariete, el camino más directo hacia el gol. Nada de delanteros modernos, “falsos nueves” que abren huecos, se dejan caer a banda, combinan o “tiran” paredes.

Puede que los hubiera mejores, como el mexicano Hugo Sánchez, pero en mi opinión este siempre fue como sus paisanos Anthony Quinn, más eficaz en su papel de malvado, o como Ricardo Montalbán, que llegó a participar de modo notable en el bando de los indios (El gran combate, título apropiado para aquel derbi de Buyo, Futre y Orejuela).

Guardo muchos recuerdos de Santillana y en casi todos imagino a un jugador con la camiseta blanca manchada de barro y las medias sucias de revolcarse en el fango en su afán por rebañar un balón de gol. Es el héroe de wéstern que llega de un largo viaje, baja del caballo repleto de polvo y arena, pisa sin inmutarse todos los charcos y otea el terreno con su mirada sabia y profunda. El rival sabe que no lo tendrá fácil.

El otro aspecto destacable que emparenta al fútbol de aquella época con el wéstern es la épica, y en ese territorio Santillana fue sin duda el mejor. El que mantuvo a España con sus tres golazos en la primera parte ante Malta, y el que completó junto a otro pistolero de barrio, el Poli Rincón, la épica docena que nos llevó a la Eurocopa de 1984. En aquella final contra Francia, suyo fue el magnífico cabezazo que un defensa sacó posiblemente del interior de la portería, mucho antes del patinazo de Arconada. Probablemente aquello fuera El día de los tramposos y derrotar a la Francia de Platini en el Parque de los Príncipes se antojaba una Misión de audaces equiparable a ganar con diez en el Camp Nou en los tiempos de Messi y el Villarato.

Claro que, si hablamos de épica, en aquellos tiempos se llenaron páginas y minutos de radio con las históricas e histéricas remontadas del Madrid en las Copas de la UEFA de los años 85 y 86. Mucho se apeló desde aquella célebre frase de “noventa minuti en el Bernabéu son molto longo” al “espíritu de Juanito”, pero para mí el verdadero héroe, el gran artífice que nunca faltó en esas remontadas, fue Santillana. Los cabezazos contra el Inter de Milán llevaban nuestra fuerza, el gol a trompicones contra el Borussia, desde el suelo y en el último minuto, lo metimos entre todos. Nunca el aliento del público ha empujado un balón al fondo de las mallas como en aquella ocasión.

Hasta en eso fue un héroe de wéstern, en la generosidad que tuvo para permitir que otro compañero usurpara los honores que por sus méritos le correspondían. Santillana fue John Wayne y Juanito hizo las veces de James Stewart, El hombre que mató a Liberty Valance aunque no lo hiciera, porque como sentencia la película en su versión original, en el Oeste se antepone la leyenda al hecho.

27 COMENTARIOS

  1. “Los cabezazos contra el Inter de Milán llevaban nuestra fuerza, el gol a trompicones contra el Borussia, desde el suelo y en el último minuto, lo metimos entre todos. Nunca el aliento del público ha empujado un balón al fondo de las mallas como en aquella ocasión.”
    Estas frases me han puesto los pelos de punta, literalmente. Yo recuerdo perfectamente esos goles. La época de los 80 fue donde me enganché al Madrid, por su épica, por no darse nunca por muerto. Había muchos mejores equipos en Europa, pero el Madrid tenía ese orgullo, esa inercia de campeón y esos santos COJONES para pasar or encima de todos ellos. No obstante, era un equipo magnífico en España y que suplía en el continente sus carencias con lucha y pundonor. Santillana era siempre uno de los héroes del equipo y sobre todo con Camacho, Stielike y Juanito formaban el alma del Real Madrid. Es uno de los jugadores que merecen pasar a la historia madridista, sin duda.

  2. Magnífico debut de Amiguete Barney. Santillana es uno de nuestros mayores héroes, un jugador humilde y prodigioso a la vez. Nunca jamás hubo un cabeceador como él. Y no era nada torpe con los pies, al contrario de lo que decía la infundada leyenda. Santillana es un héroe de western, a la altura de los más grandes, Alan Ladd, Jimmy Stewart, Joel McCrea, Richard Widmark. Me ha encantado.

    • Se agradecen las palabras, Athos. Si siguiéramos con los paralelismos con el wéstern, trato de encontrar a un villano que pudiera ser el alter ego de Luis Suárez y no lo encuentro. Descarto a Jack Palance porque en algunas ocasiones me parece entrañable. ¿Lee van Cleef, quizás?

        • Podría ser, la verdad es que Lee Marvin en esa peli era un redomado hijo de perra. Pero Luis Suárez siempre fue un villano en todos sus equipos, mientras que Lee Marvin se redimió en papeles como La leyenda de la ciudad sin nombre o Los profesionales. Me gustaría encontrar un actor que siempre hubiera ejercido de villano cabrón, pues solo ese tipejo podría compararse con el uruguayo.

  3. Sin duda el mejor cabeceador que yo haya visto.A pesar de medir escasamente 1,75 m. era capaz de sacar medio cuerpo a jugadores 10 centímetros más altos y esto únido al control absoluto del tiempo de salto le hacían imparable en el juego aéreo.
    Curiosamente, por esas paradojas del futbo, vino como complemento del fichaje de otro jugador, Aguilar, que era el que realmente interesaba y que tuvo una trayectoria sin pena ni gloria en el Club.

    • Recuerdo casi todos esos goles, impresionantes. Y recuerdo el último que marcó, en Liga frente al Valladolid, el día de su retirada. De cabeza, como no podía ser de otro modo. Incluso en esas últimas temporadas demostró su grandeza, sabiendo echarse a un lado y siendo útil para el club en otro papel. Sin hacer ruido. John Wayne en Centauros del desierto.

  4. Amiguete Barney, me ha encantado tu artículo….me gusta como escribes…ya te tenía yo fichado en ese aspecto cuando sólo eras un lector-posteador jeje….me encanta ese estilo tan propio de la galerna de cine y fútbol…algo así como el cine o sardina de Cabrera Infante….

    También me gustaba Santillana….y me caía fenomenal…y me ha gustado mucho el último párrafo donde le dedicas un bonito homenaje al hablar de su generosidad…

    Saludos

    • Gracias por tus palabras, Paz. A decir verdad (y para darme autobombo) llevo cuatro años escribiendo de modo regular en el blog de los cuatro amiguetes, dejándome las tripas en más de una ocasión ante lo que veo y lo que tanto me repatea. Sobre Santillana, no he visto a nadie que hablara mal de él. Nunca. Rara avis en esto del fútbol.

  5. Comparto el contenido del artículo y los comentarios posteriores.
    Santillana era uno de los ídolos de mi juventud, también Stielike, con quien compartió época, y antes Pirri y Velázquez.
    Todo el mundo conoce su extraordinario remate de cabeza, basado en un gran salto y en la capacidad de mantenerse en el aire un segundo más que los demás. Hay una fotografía mítica en la que se ve a Santillana rematando de cabeza en plancha, en la que su cuerpo está a la altura de las cabezas de los defensas. No he visto otro igual. Se le acercó Zamorano, y por supuesto Cristiano que es un super clase también en el remate de cabeza.
    Pero también era muy buen rematador con las dos piernas. Y como ya se ha dicho, no era nada torpe en el regate y el control del balón. Llegó del Racing de Santander junto con Ico Aguilar, y fue puliendo con el tiempo sus condiciones hasta llegar a ser un jugadorazo.
    Dos anécdotas. Una: fue siempre un caballero en el campo, y jamás cometía faltas, ni era un delantero sucio o marrullero como otros que hemos conocido y conocemos. Por eso el único árbitro que expulsó a Santillana en un partido, fue el inefable Andújar Oliver, que seguramente “vio” la infracción con el rabillo, y le expulsó. Otro baldón en la carrera arbitral de “la hormiga atómica”.
    Dos: El gol de Cardeñosa, que no entró, en partido contra Brasil en el mundial de Argentina 1978, nació de un pase con la cabeza de Santillana que descolgó el balón del cielo, para ponerlo a los pies de Cardeñosa, que en vez de chutar a la primera, esperó a que la portería se llenara de defensas y a que el portero volviera a su meta, perdiendo la ocasión.
    Sirva este pequeño recuerdo como homenaje al gran Carlos Alonso “Santillana”.
    Saludos.

    •  Hay una fotografía mítica en la que se ve a Santillana rematando de cabeza en plancha, en la que su cuerpo está a la altura de las cabezas de los defensas.

      Yo recuerdo también esa foto, que la guardé por años, porque parecía la foto de un mutante, volando por encima de defensas y portero con los brazos extendidos. Creo que fue portada del As, cuando el As era un periódico.

    • De acuerdo totalmente con las puntualizaciones que señalas. No solo era un rematador de cabeza, remataba con ambas piernas, creaba espacios, presionaba a la defensa, era un delantero adelantado a su tiempo. Muy reconocido fuera de España,fue la bestia negra del Inter, el que más méritos tubo en el 12 a Malta, metió 4 goles, pero en este país, la prensa anti minimizó sus méritos a “solo sabe rematar de cabeza”.
      Todos los grandes jugadores del Madrid tienen una frase anti para quitarles mérito.

  6. Todos queríamos ser como Santillana en esos partidos del sábado.
    Cuando “echábamos a pies”, todos esperabamos ir en el mismo equipo que el que las ponía bien, y terminar la tarde con una buena colección de cabezazos.

  7. buenas, que delicia de articulo, es exactamente lo mismo que siento.
    sinceramente mis felicitaciones por el gran articulo.
    un saludo y hala Madrid.

  8. Por fin. Ya era hora. Un artículo sobre Carlos Alonso “Santillana”. Con el mayor respeto, pero tengo que decir lo que pienso. Nunca he entendido lo del “espíritu de Juanito”. Sin pretender en absoluto desmerecer el recuerdo de Juan Gómez, el verdadero espíritu del Real Madrid debería Llamarse el “espíritu Pirri” o el “espíritu Santillana”, dos auténticos jugadores de leyenda en el equipo blanco. Carlos Alonso era un verdadero caballero dentro y fuera del campo, a la vez que un delantero formidable, un cabeceador de época y un jugador que se dejaba la piel en el campo… hasta el final.
    Impagable estreno en La Galerna, Amiguete Barney. Nos ha alegrado usted el día a unos cuantos.

    • No puedo estar más de acuerdo; estos jugadores son de la estirpe de los que han hecho al R.Madrid ser lo que es. En el campo dejándose todo, incluso la salud, y cuando les tocó banquillo discreción, apoyo y a hacer piña con el resto.Contrasta su actitud con los niñatos actuales que, por marcar algún gol o hacer un buen partido de vez en cuando , enseguida exigen la titularidad a base de malas caras o amenazas veladas a través de sus secuaces de la prensa

    • Gracias por tus palabras, José Manuel, me alegro de haberle alegrado el día, a la manera de ese otro gran pistolero (esta vez de ciudad) que es Clint Eastwood. Para mí es como Vd. cuenta, “el espíritu Santillana” o “espíritu Pirri”. Es verdad que Juanito agitaba a sus compañeros, removía sentimientos, emocionaba, pero para mí el que mejor contagiaba sus ganas al resto era Santillana. El equipo colgaba balones al área buscando esa cabeza que siempre aparecía, y los defensas rivales temblaban ante el vuelo de cualquier centro al corazón del área, lo que les provocaba miedo e inseguridad, el inicio de todas las remontadas. Y todo un caballero, sí, señor.

  9. Al mítico e irrepetible Santillana le persiguió siempre esa leyenda tan injusta como falsa de ser un poste con cabeza, pero jugaba y mucho con ambos pies. Se formó realmente en el Madrid, como lo hizo en su día Gento, la galerna, que llegó al club tan rápido como torpe y compartiendo terreno y entrenamientos con aquellas leyendas se refinó y no dejó de mejorar nunca. Así le ocurrió a nuestro mejor nueve, y era frecuente ya en la década de los 80, con más años de los que su agilidad pedía, verle dar exhibiciones de control, regate, pase y desmarque, todo aquello que pareció negársele siempre desde ciertos sectores. Mi imagen imborrable de él es en un partido a cara de perro en el Bernabéu contra el maravilloso Sporting subcampeón de liga aquél año, recibió el balón y se metió en el área con él pegado a los pies, aguantando las tarascadas de Mesa, Joaquín, Cundi y el todavía sportinguista Maceda, incapaces entre todos de robarle un balón que era solo suyo; falló el gol, pero nos hirvieron las palmas a todos de ver aquella locura.
    Y por fin, para los que lo recuerdan y los que no lo vieron, saltaba mucho, más que nadie sin duda, pero su fuerte era la potencia de su cuello y la puntería de su frente. Es una pena que llevemos tantos años en el Madrid sin tener un verdadero nueve.

  10. Soy del 69. Del año digo, que también de lo otro si se tercia. Y también crecí en el San José del Parque, ése en el que cantábamos, hombros del compañero en mano subiendo de “los campos”, aunque gane aunque pierda el A es una mierda. No te puedes imaginar hasta qué punto disfruto la añoranza que me produce leerte.

    La emoción de pedirse ser Santillana (o Juanito, ¡o Cunningham!), jugando en el barrio a cara de perro con bancos por porterías, hoy sólo es transmisible de forma verbal. Enhorabuena.

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