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Un partido normal

Un partido normal

Escrito por: Antonio Valderrama11 abril, 2016
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Recuerdo la última vez que el Madrid remontó una eliminatoria de la Copa de Europa en el Bernabéu. Hace 14 años. Fue al Bayern. En la ida el Madrid perdió, no 2-0 como ahora con el Wolfsburgo, sino 2-1. Pero fue un partido calcado. Al gol de Geremi le siguieron quince minutos de primor entre Zidane y Roberto Carlos por la banda izquierda del Olímpico de Múnich, y 70 de infierno. César le paró un penalti a Effenberg, luego al Madrid le pitaron otro, y este sí que lo metió. Etcétera. El ruido y la furia de siempre. Recuerdo sobre todo la previa del partido de vuelta. Puro fútbol viejo, bélico, ma non troppo: ambiente áspero, macho, con Salihamidzcic diciendo que el Madrid se cagaba en los pantalones cuando le apretaban; con Khan ufanándose de que no recibiría dos goles en el Bernabéu ni loco, con Hierro guardando la cólera como capitán que era, respondiendo tan sólo que ellos hablarían en el campo. Hablaron. El Madrid ganó 2-0 y el Bernabéu tronó como el Vesubio sobre Pompeya.

Pero todo transcurrió en un ambiente de normalidad balompédica, la normalidad ruda y un tanto soldadesca en la que se desenvolvió siempre la alta literatura del fútbol europeo. El llamado “Espíritu de Juanito” es un invento de García Ferreras, un recurso brillante que el entonces director de comunicación del Madrid se sacó de la chistera en 2005 para mitigar el pavoroso efecto del 6-1 encajado por un Real crepuscular en La Romareda, en las semifinales de la Copa del Rey de aquel año. La temporada estaba siendo lamentable, la única esperanza de ganar algo era la Copa, y el Zaragoza se había llevado por delante al Madrid, como una locomotora arrollaría a un rebaño de cabras en un paso a nivel. Había que hacer algo, vender algo, decirle algo a la gente que ya tenía comprada la entrada para la vuelta. Se rescató a Juanito, su famosa frase “Noventa minuti en el Bernabéu son molto longos”, y el espíritu ochentero de las remontadas y el miedo escénico. En efecto, la operación, multiplicado su eco en la caja de resonancia de los medios deportivos, consiguió no sólo enardecer a la gente sino también al equipo: el Madrid casi remonta aquella eliminatoria, ganando 4-0 al Zaragoza en Chamartín.

Pero desde aquello, la épica revival sólo ha conseguido empequeñecer emocionalmente al equipo cada vez que se acudía al trance de remontar algo en Europa. Al Espíritu de Juanito se le agregaron las congregaciones multitudinarias, con bengalas y cánticos, en torno a la llegada del autobús del equipo. Que una vez está bien, y dos también, nadie lo va a negar. Pero la repetición termina hastiando, gastando el amuleto. La heroicidad, la narrativa de epopeyas, el recuerdo de Juanito cual Cid Campeador, se manosean, acaban en la parodia de cuatro bufones jugando a la ouija en la portada de un periódico. Roma, Lyon, Bayern, Borussia Dortmund, Juventus, han probado la inutilidad de esta atmósfera tan alejada de lo otro, del gesto feroz y desafiante de antaño. Tal es la expectación, tanta la ansiedad mitificada que sobre la pradera verde del estadio se forma una nube. Demasiadas veces esa nube termina lloviendo frustración, ácido.

El Madrid tiene, objetivamente, mejor equipo que el Wolfsburgo. A pesar de la dificultad extraordinaria de la desventaja, el equipo puede superar la eliminatoria, jugando a eso tan simple que constituye la piedra filosofal de todo este circo: el fútbol. Con sus tiempos requeridos, con su pausa, con su ímpetu cuando toca. Con su frente firme. Pero recordando a los clásicos, la compostura austera que sólo desata la bestia cuando hay que hacerlo. Ahora parece que la gesta hay que hacerla a golpe de frase de Coelho, y el peligro cierto de convertir a Juanito, al Madrid de las remontadas de los 80, al pasado, en un estereotipo ridículo, en un sketch del que se ríen los rivales, sofoca muchas veces la contención. El rictus. Como decían los soldados de antes, atusándose el mostacho: hablaremos en el campo.

Sale al campo el Madrid

Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio