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Marcelo y el triunfo de la paciencia

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Marcelo y el triunfo de la paciencia

Escrito por: La Galerna15 septiembre, 2017
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Buenos días. Marcelo ha renovado con el Real Madrid hasta 2022 en medio de la más gratificante unanimidad sobre su excelencia. Exageramos un ápice. La unanimidad no existe pero, si algún caso se aproxima, ha de ser sin duda este. Apenas queda nadie en el planeta fútbol que discuta su capital importancia en los éxitos del Real Madrid del último lustro, del mismo modo que cuesta encontrar quien no esgrima una sonrisa de admiración (o al menos de enorme respeto) ante las maniobras ya legendarias del genial lateral. Marcelo ha convertido el oficio de lateral izquierdo en una gozadera impensable para sí mismo y, vía sí mismo, para el público. Es por ello que hoy no nos duelen prendas en unirnos al diario As (solo en esto) en la celebración en portada del éxito que supone su renovación.

"Me hubiera gustado jugar en el Castilla", dice el mejor lateral izquierdo de calle, pero de calle como la Castellana a la altura de Concha Espina. Son declaraciones conmovedoras por parte del canterano que nunca fue tal. Marcelo llegó al Madrid con 18 años, que es edad razonable para incorporarse al filial, pero pasó directamente al primer equipo de la mano de Capello. El mérito por el triunfo abrumador que Marcelo constituye hay que otorgarlo en gran media al entonces director deportivo Pedja Mijatovic (quizá falte una revisión en positivo -en muy positivo- de la labor del montenegrino durante el -por lo demás- aciago mandato de Calderón) y también a otra variable mucho más importante y por desgracia poco usual en la Historia -y qué decir del presente- del club: la paciencia.

Marcelo tardó en madurar, muy especialmente en el apartado defensivo, y tardó también en hacerse decisivo en ataque como lo es hoy. Costó tiempo (temporadas tras temporadas) el que tomara la onda libérrima y corajuda que le caracteriza y que le hace aparecer por cualquier parte, no solo pegado a la cal, como el riego por aspersión de desparpajo y arte que su cabellera prefigura, esa gloriosa anarquía indefendible. Si a Marcelo se le hubiera aplicado el histerismo que define históricamente (pero sobre todo hoy día) la psique colectiva vikinga, hoy no andaríamos celebrando su continuidad en el club por cinco años más. Menos mal que el club no atendió jamás los reclamos groseros y mediocres de muchos aficionados que han preconizado el adiós de Marcelo desde hace un lustro en las redes sociales. Si se hubieran atendido sus requerimientos, el Real Madrid tendría hoy del orden de diez títulos menos, Copas de Europa incluidas.

Marcelo es uno de los más preciados lujos y un éxito único en el Real Madrid, un éxito casi de la cantera, como sugieren sus declaraciones y como sucede un poco con Varane, otro canterano que no fue canterano y que también ha sido básico en muchos triunfos recientes. Ojalá Varane tenga una carrera como la de Marcelo, ese lateral que ha revolucionado el puesto de lateral izquierdo como revolucionó la final de Lisboa, como puso patas arriba tantos y tantos partidos y los que le faltan. Hoy, el debate respecto a quién supera en excelencia a quién (Marcelo a Roberto Carlos o viceversa) se ha convertido en un clásico de la tertulia madridista de bar o de antena, y no hay que perder de vista que hace no tantos años parecía imposible que nadie rivalizara con Roberto Carlos en la posición más alta del podio.

La Galerna se queda con los dos para la Historia y el club se queda con Marcelo para el futuro, esa Historia por hacer que ya refulge tras la esquina. Proclamemos castizamente que viva la madre que parió a Marcelo, echemos un rápido vistazo al resto de portadas del día (Doncic se carga a España y refrenda lo dicho por Mariano Galindo en este mismo foro) y pasemos un viernes de paz. La paz de saber que Marcelo es nuestro porque en el Madrid, por una vez, triunfó una historia de paciencia.