Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Madridistas ejemplares: Evaristo Castañar

Madridistas ejemplares: Evaristo Castañar

Escrito por: John Falstaff26 enero, 2018
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Evaristo Castañar nació un día indeterminado de un año también indeterminado. Era difícil calcular su edad más allá de suponer que tendría entre treinta y cincuenta años, tales eran el aire desdibujado de sus rasgos, su anodino peinado a raya, su bigote intemporal y su mirada inteligente y desapasionada. Desde que se tiene noticia, y hay quien asegura que desde el momento mismo de su nacimiento, Evaristo Castañar fue profesor de Filosofía del Derecho, y era capaz de recitar de carrerilla las alineaciones de todas las corrientes filosóficas habidas desde el principio de la competición, allá por la Grecia presocrática.

Era la suya una afición íntima y recogida que no precisaba de alharacas para manifestarse en todo momento como un atributo esencial de su persona. Evaristo Castañar dictaba la lección del día mirando al horizonte de la pared del aula, con la expresión impenetrable y un entusiasmo sereno e inasequible a la patente falta de atención de sus alumnos. Ya podían los pocos estudiantes que poblaban el aula dormitar, conversar entre ellos u hojear el último número de Playboy; Evaristo Castañar continuaba impertérrito con su disertación, subrayando de vez en cuando un "por supuesto, estoy hablando de Spinozza", como si hubiera una sola alma en el mundo, aparte de la suya, que tuviera la más remota idea de sobre qué demonios estaba hablando.

Tal era el ascendiente de Evaristo Castañar sobre sus discípulos que éstos no dudaron en bautizar con su nombre un torneo de mus que se acabó convirtiendo en una institución, en el punto álgido de la temporada académica año tras año. El torneo "Evaristo Castañar" se disputaba en la penumbra del ya desaparecido Ezequiel, y recibió ese nombre en atención a la circunstancia de celebrarse precisamente durante las clases de nuestro protagonista. El Ezequiel era cafetería de día y bar de copas de noche, y a todas horas un tanto indefinido, de una elegancia canalla, garito de niños bien y de bebedores del turno de mañana. Las partidas se ajustaban a un estricto horario (el de las clases de Filosofía del Derecho), y a su término los estudiantes apuraban la cerveza y se dirigían de vuelta a la Facultad para la clase de Derecho Canónico con la seguridad que proporcionaba el saber que la tormenta de Feuerbachs y Kierkegaards había ya escampado.

Evaristo Castañar siempre fue, así, despreciado por sus propios discípulos, a menudo objeto de su mofa y víctima de los más variados rumores y habladurías. Nunca nadie pudo dar fe del origen de la doctrina que afirmaba que Castañar era carlista, pero ello no fue obstáculo para que tal teoría se convirtiese en axioma por todos aceptado. Tampoco hubo nunca manera de confirmar su condición de masón ni de asesor del foro Bilderberg, por más que tanto una como otra resultaran tan disparatadas como verosímiles y, por ello, abrazadas con entusiasmo por sus alumnos.

Nada de eso pareció importar nunca al cultísimo Evaristo Castañar. Saberse ignorado, despreciado, vilipendiado y en el fondo envidiado (¿quién podría exhibir una sala de trofeos con tantas lecturas como la suya?), jamás le apartó de su recto proceder. Evaristo Castañar siempre seguía impartiendo sus lecciones día tras día y semana tras semana. Y al acabar el año, sin perder un segundo haciendo recuento de desprecios y vejaciones, acababa regalando con generosidad el aprobado a sus alumnos. Porque todos los estudiantes, y con ellos el mundo entero, sabían que con Evaristo Castañar los aprobados, como los títulos con el Madrid, siempre acababan llegando.

 

En el prosaico mundo real me llaman Eduardo Ruiz, pero comprenderán ustedes que con ese nombre no se va a ninguna parte, así que sigan llamándome Falstaff si tienen a bien. Por lo demás, soy un hombre recto, cabal y circunspecto. O sea, un coñazo. Y ahora, si me disculpan, tengo otras cosas que hacer.

3 comentarios en: Madridistas ejemplares: Evaristo Castañar

  1. La cuestión es saber cuál es el objetivo: aprender y luchar por un sobresaliente, o el mero aprobado sin haber escuchado una lección ni tomado apuntes. Quien quiera entender, que entienda. Bravísimo, John Falstaff.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tweets La Galerna

🤔 ¿Ha cambiado el Real Madrid su identidad de fútbol directo por otra más elaborada?

@cuadrablanco nos habla del estilo blanco y lanza una reflexión final que dará que hablar.

https://www.lagalerna.com/cambio-juego-real-madrid/

Se me había escapado esta joya de @PepeKollins pero nunca es tarde ni está de más leerla.

Cría cuervos https://www.lagalerna.com/cria-cruevos-julen-lopetegui/ vía @lagalerna_

En el #Portanálisis descubrimos que el Barcelona no entiende por qué tiene que pagar para fichar a Rodrigo.

👉👉👉 http://bit.ly/3aSZwWc

2

🗓️ El @RealMadrid desató una tormenta (casi) perfecta días después de perder 6-1 en Zaragoza.

@Corleone_1988 repasa lo que ocurrió la noche en la que se rozó la hazaña. http://bit.ly/2ObejBU

homelistpencilcommentstwitterangle-rightspotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram