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La Copa de la excelencia

La Copa de la excelencia

Escrito por: José Luis Llorente Gento18 febrero, 2020
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A riesgo de que el amable lector no siga leyendo, me atrevo a comenzar este escrito diciendo que no hay novedades significativas en la última victoria del Real Madrid de Pablo Laso. Es el mejor y ya está. Y nada más, como nos gusta cantar o escuchar a los madridistas. Es un hecho cierto que este equipo está acostumbrado a los grandes momentos y cuando se encuentra en ellos siempre cumple. Diríamos que son personas cumplidoras, obedientes con sus obligaciones que vienen impuestas por la pertenencia a un club cuya tradición lo exige.

En muchas ocasiones en las últimas temporadas se ha puesto en cuestión el rendimiento del equipo o de los jugadores; me imagino que, a consecuencia de la inveterada costumbre española de la charla aguda, o debido al aburrimiento de temporadas tan largas y anodinas como las del baloncesto actual. Hasta los propios entrenadores de la Liga Endesa dieron por vencedor al Barcelona, como si no hubiera sido vapuleado en fechas cercanas a la Copa por el propio Valencia Basket al que, en aquella ocasión, se le atragantan los últimos cinco minutos. No se le “hicieron bola” en los cuartos de final y el equipo azulgrana se fue para su casa, poniendo de manifiesto una vez más que tiene grandes jugadores, pero que le queda mucho por recorrer para tener un gran equipo.

Lo contrario del Madrid, que ha demostrado en numerosísimas ocasiones que es un equipo en el que confiar y que mejora su rendimiento conforme pasan las eliminatorias, como hacen los grandes atletas en los Juegos Olímpicos. Liquidó al Valencia -que en las últimas once jornadas de la Euroliga ha ganado tantos partidos como el Maccabi y uno más que el Panathinaikos-, con la misma facilidad con la que masacró al Unicaja. Así que, uno no termina de explicarse muy bien como los peritos del baloncesto, los directores de juego que pululan por estas canchas hispanas, no se decantaran en su mayoría por el equipo que en vez de escudo parece que llevaran en el pecho un sello de certificación: somos el Madrid de Laso y aseguramos títulos.

No siempre claro está, porque como dice el maestro Escohotado nadie es remotamente perfecto, si bien conforme pasan los años más cerca están de conseguirlo. Se han convertido en un organismo que controla sus estados de ánimo y sus descansos y puntas de rendimiento óptimo a su antojo. Ha adquirido un potencial enorme con la visión de Juan Carlos Sánchez y Pablo Laso, que manejan el día a día y el largo plazo como visionarios. Desde que algunos jugadores comenzaron a cumplir años y otros a marcharse a la NBA, maniobraron para fichar relevos que se han consolidado como piezas de extraordinario valor. Hoy, Campazzo, Tavares, Randolph, Thompkins, Causeur, Deck y demás, llevan la voz cantante con la partitura bien aprendida.

Todos los citados están en un momento álgido de sus carreras, pero en concreto Campazzo ha cuajado en uno de los mejores bases que uno recuerda. En defensa se mueve con rapidez y contacta con fuerza y en ataque cada vez controla más sus emociones. Nos ha regalado una actuación soberbia, dominante, inalcanzable para cualquier otro en su posición, aunque como a él le gusta decir, con otros compañeros no sería lo mismo. Por supuesto, hoy día y casi siempre, el Madrid es una Historia y el resto camina por otros senderos.

Y qué decir de Tavares, un jugador que vale por una muralla y que obliga a los rivales a dar rodeos o a rendirse. Lo bueno es que el Madrid demostró que también es capaz de jugar sin él, y cuando Laso lo sentó en la final nada más comenzar la final, salió Felipe Reyes y en un santiamén cosecharon veinte puntos de ventaja. Habían transcurrido ocho minutos de partido y el Real Madrid ya era el campeón, con mi mayor respeto por el Unicaja, un equipo clásico en España que acusó la baja de Jaime Fernández.

Así es este grupo que nos ha devuelto a un tiempo que pensamos ya extinguido, cuando Ferrándiz, Lolo Sáinz y sus pupilos sólo tenían uno o dos rivales a su altura en Europa y los títulos caían como churros. Además de inapelable, el Madrid de Laso es capaz de mostrarse brillante, de bordar el baloncesto y suscitar en la grada aplausos de admiración ante la belleza y la contundencia de su juego. Se dice de este equipo que te pone en suerte y luego te noquea con rachas arrolladoras. Esta vez, en esta ocasión, las rachas duraron mucho más que los minutos de adormecimiento.

José Luis Llorente Gento
Escritor. Conferenciante. Columnista. Exjugador del Real Madrid y la Selección Española de Baloncesto. Se pasa la vida remontando.

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