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El fútbol va a su bola (salvo excepciones)

El fútbol va a su bola (salvo excepciones)

Escrito por: Israel G. Montejo10 mayo, 2020
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Media España está ya en fase de desescalada (esperemos que no haya retrocesos y tengamos que volver a la situación de hace apenas unas semanas). Nos recuperamos, poco a poco, de una crisis sin precedentes generada por el Covid-19, que ha alterado nuestra normalidad, pero el fútbol hace mucho tiempo que vive su propia realidad. Digo el fútbol y no los aficionados al fútbol, que deberíamos ser los auténticos garantes de este deporte y, por desgracia y por mucho que nos empeñemos, hace tiempo que no lo somos.

Los que dirigen el fútbol han perdido, durante esta crisis que nos ha cambiado a todos, una gran oportunidad para devolver el fútbol a la base, a la calle, a los aficionados. No sólo han perdido esa opción, sino que, además, han transitado por un camino completamente opuesto demostrando, una vez más, que el fútbol va a su bola, que tiene su propio espacio y que las normas, no ya las legales, sino también las éticas, no son iguales para todos.

Hay ejemplos de sobra de esto que afirmo y como aficionado a este deporte estoy enfadado y decepcionado.

Empecemos por lo más importante: la salud. Con la inmensa mayoría de la población sin acceso a los test que detectan el coronavirus y cuya realización es vital para dibujar la verdadera dimensión de la pandemia, los jugadores de Primera División han podido hacerse las pruebas de forma masiva con el único objetivo de poder volver a su actividad, que, evidentemente, no es esencial, por mucho que nos pese a todos los que queremos el fútbol. Mientras tanto, miles de sanitarios, y conozco casos muy cercanos, aún están esperando poder hacerse los test que son fundamentales no sólo para su salud sino para la de todos. Es un detalle, pero un detalle muy dañino para la imagen del fútbol que, además, se saltó a la torera el acuerdo alcanzado con el Consejo Superior de Deportes en este sentido. Posturas como las de los jugadores del Racing Club de Santander denunciando esta situación en las RRSS dan, al menos, una pizca de optimismo que nos hace pensar que no todo está perdido en este ámbito.

Vamos por lo segundo más importante: la economía. Que sociedades que facturan decenas de millones de euros, realizan inversiones de más de 100 millones de euros en fichar a un jugador sin pestañear y mueven miles de millones de las antiguas pesetas cada ejercicio, hagan ERTES a empleados que seguramente cobrarán poco más de 1.000 ó 1.200 euros es simple y llanamente una vergüenza. En este apartado hay excepciones como la del Real Madrid, cuyos jugadores se han bajado el sueldo pero, además, el Club no ha hecho un ERTE a la plantilla y otros como el Getafe que no solo no han comprometido a sus trabajadores sino que además, ha anunciado el abono gratuito a sus socios para la temporada que viene. A otros, y todos tenemos su nombre en la boca, les faltó tiempo para abrir expedientes de supresión de empleo.

Y aquí, entramos en la tercera pata de toda esta situación, la de los aficionados, socios y abonados del fútbol. Llevamos dos meses sin poder asistir a nuestro estadio, sin poder ver a nuestro equipo y todo apunta a que estaremos muchos más sin poder hacerlo. El empecinamiento de la Liga de Fútbol Profesional por volver a jugar a puerta cerrada, sin público en los estadios es otro desprecio más a los aficionados de a pie, a todos aquellos que hemos mantenido este deporte vivo durante ya casi un siglo y medio de historia. En este tema llueve sobre mojado: horarios intempestivos, fútbol los lunes y ahora partidos sin público. Pan para hoy y hambre para mañana.

Al ‘club bildelberg’ que dirige el fútbol sólo le interesan los ingresos audiovisuales. Los aficionados, les sobramos. Lo que no saben, perdidos en sus cuentas multimillonarias de derechos televisivos, es que si el fútbol es el deporte rey a nivel global es porque antes de entrar por los ojos, entra por el corazón. Sin niños en los estadios, esta afición irá decayendo; con gradas vacías, el fútbol quedará desamparado y como en la famosa fábula del Rey Desnudo, aún no ha habido nadie que se atreva a decírselo. Esperemos que, cuando se den cuenta de lo que están haciendo, no sea demasiado tarde para este gran deporte.