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El aedo del Madrid

El aedo del Madrid

Escrito por: Antonio Valderrama23 noviembre, 2021
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Ha muerto Antonio Escohotado y su último acto en la vida fue escribir una breve historia del Madrid. El libro es una empresa común con el editor de esta casa, Jesús Bengoechea, y pone un sillar de piedra sobre los cimientos de la manera en que el Madrid se tiene que entender a sí mismo y se tiene que contar al mundo. Semejante colofón fantástico cierra el círculo de una existencia de verdadero humanista. Que un erudito de tan alto calibre escribiese regularmente en La Galerna es una cosa que calibraremos en su justa medida sólo con el tiempo: un lujo en el que algún día alguien fechará la cristalización de una genuina cultura madridista cuyo humus, fermentando desde el principio del siglo en Internet, ha sido cultivado por un hombre sabio que además ha ejercido como una suerte de mentor de una comunidad de madridistas convencidos de que el fútbol es tragedia, literatura y vida.

Ha muerto Antonio Escohotado y su último acto en la vida fue escribir una breve historia del Madrid. El libro es una empresa común Jesús Bengoechea, y pone un sillar de piedra sobre los cimientos de la manera en que el Madrid se tiene que entender a sí mismo y se tiene que contar al mundo

Escohotado ha fundido a Camus («todo lo que sé de las personas lo aprendí en un campo de fútbol») con el madridismo del siglo XXI acercándose a una ventana abierta un par de años antes al océano infinito de Internet por Bengoechea y algunos otros hombres buenos, como diría Reverte. Cuando la narrativa futbolera se achiringuitaba definitivamente, se convertía en show televisivo, en comida rápida, en meme, en nuevos formatos ibaizantes por así decirlo, en la época del streaming, de Twitch, de lo instantáneo, cómico y caricaturesco, el último intelectual de España se ponía a desglosar la cosmovisión madridista en un portal independiente y muy lejos del mainstream. Escribiendo, naturalmente, nada de vídeos ni de horas de cháchara vacía frente a una webcam sorteando camisetas o anunciando kitkats, porque scriptum, scriptum est, decían los antiguos, y Escohotado, un hombre de molde manifiestamente epicúreo (su vida fue disfrutar y conocer) lo tenía que saber perfectamente.

Escohotado

Estuvo escribiendo aquí hasta como quien dice un cuarto de hora antes de morirse. Se ponía a hacer las crónicas de los partidos, que es quizá el primer y más original empeño que le surge a uno dentro cuando decide abrirse un blog y soltar lo que se le ocurre acerca del fútbol, acerca de su equipo. En esa humildad se reconoce a los sabios, que jamás desdeñan el trabajo menudo y desagradecido, fundamento de toda artesanía. Escohotado, creo, terminó siendo por encima de todo un artesano del pensamiento, y como en su tratado sobre los enemigos del comercio, el empeño en rastrear la genealogía del mito madridista es un legado extraordinario al que acudir, enriquecer y del que nutrirse, pues el camino abierto es nada más y nada menos que la satisfacción de una necesidad vieja en la masa crítica que rodea al Real Madrid: la de poner negro sobre blanco los principios rectores de la manera madridista de entender el mundo.

Que un erudito de tan alto calibre escribiese regularmente en La Galerna es una cosa que calibraremos en su justa medida sólo con el tiempo

Esta cosa contracultural de recuperar el papel y el pulso lento con el que desmadejar las ideas en un mundo que va a toda velocidad y que no se para nunca, un mundo de imágenes del que el fútbol contemporáneo es síntesis y reflejo, es muy madridista y muy galernauta. Esta tautología tomaba cuerpo en Antonio Escohotado. Empezó escribiendo sobre Bale y su moño y acabó con el gol de Alaba en Barcelona. Entre medias dejó un tesoro que su hijo y Jesús Bengoechea han compuesto en forma de libro y este libro, que viene después de La Biblia blanca de los hermanos Del Riego, conforma con éste un díptico que tiene dentro de sí la potencia de un Libro del Génesis, de una teoría sistémica: compilación, exégesis y alumbramiento del futuro para una cultura madridista que se ha llevado siendo durante demasiado tiempo un conjunto desperdigado de tópicos, de lugares comunes y de leyendas inconexas desparramada sobre la superficie de las décadas.

Escohotado

Escohotado ha muerto casi el mismo día que murió Férenc Puskás. Hay coincidencias que parecen hablarnos desde el fondo mismo de las cosas. El Madrid, desde la opus magna de Bernabéu que lo puso en la cima del mundo, no había sentido nunca la necesidad de contarse porque el Madrid era la vida en acción, la carne viva, el impulso de la historia. Para aprender a reconocerse a sí mismo en un relato coherente y ordenado de los hechos ha necesitado casi siempre dejar de protagonizarlos, que fueran otros los que vivieran el momento. Ese pararse a un lado de la carretera y hacer recuento de las cicatrices, de las heridas, de las bajas y del botín, casi nunca ha contado con juglares a la altura de lo construido, es decir, del mito. Estaba la maravillosa obra de divulgación histórica El Madrid en la historia de España, del profesor Bahamonde. Estaban los artículos estupendos que escribiera Alfredo Relaño antes de convertirse un antiflorentinista iracundo. Estuvieron los intentos heroicos de la gente de Primavera Blanca por articular una memoria histórica con la que estructurar la trama del presente, pero ahora por fin hay piezas con las que empezar a hablar de un canon cultural madridista: faltaba un nombre de auténtica categoría intelectual que acrisolara el caudal desmesurado e irregular de toda esa Kultur madridista amorfa y deshilachada.

Ahora por fin hay piezas con las que empezar a hablar de un canon cultural madridista: faltaba un nombre de auténtica categoría intelectual que acrisolara el caudal desmesurado e irregular de toda esa Kultur madridista amorfa y deshilachada

Ese intelectual ha sido Antonio Escohotado. Profesor de la UNED, ensayista, filósofo, empírico, y sobre todo, hombre que iba por libre caminando por la orilla de la España oficial, no podía ser sino alguien de la naturaleza del autor de Historia general de las drogas quien tomara, con el último hálito de su fructífera existencia, sobre sí la tarea de «sentar las bases». Un ácrata pionero del hippismo en España obsesionado con el experimento, la prueba, la evidencia, el ensayo y el error; lector, escritor y estudiante hasta el último día de su vida, hombre de conciencia dilatada y amplitud vital que no temía la contradicción, sino que la abrazaba como motor del conocimiento y de la transformación. La leyenda del Madrid no podía ser glosada por un nacionalista o por un Juliana de pensamiento estrecho, eso habría sido un contrasentido y un disparate. Homero, si existió, fue, en esencia, un recopilador de historias muy antiguas que decidió ponerlas por escrito para que no se perdieran, y así se pudieran seguir contando al calor de noches largas de invierno. Al fútbol, que no tiene la fama literaria del boxeo, le faltan películas y libros que ahonden en su dimensión trágica, en todo lo que tiene, como buen ludus, de representación, de símbolo y de dramaturgia social. Entrando a fondo ya en el segundo siglo de existencia de este espectáculo, se necesitan lenguajes distintos que amplifiquen el eco de lo que pasa en el césped, porque ya se va acumulando el polvo en la memoria de las ligas, de las copas, de los mundiales y de las épocas. Escohotado se va dejando abierto un camino, que es, por encima de todo, la gloria máxima de un buscador de la verdad.

 

Fotografías Imago.

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

8 comentarios en: El aedo del Madrid

  1. Enhorabuena por el artículo que demuestra que todavía se puede hablar de fútbol de una manera sosegada y con criterio. Ademas de glosar la figura del maestro de la vída y el pensamiento como fue Eschotado exponiendo de una manera respetuosa y con todo sentimiento nuestro amor hacia el Real Madrid...toda una manera de pensar y vivir.

  2. Escohotado haciendo las crónicas de los partidos. ¡Qué lujazo! Es como si Platón hubiera hecho crónicas de las pruebas de los Juegos Olímpicos en la antigua Grecia.

  3. La referencia del Maestro Escohotado es la que deberíamos seguir para construir un Contra-Relato del madridismo. Y no el Valdanágoras y otros charlatanes, como se proponía hace unas semanas.

    Abrazos madridistas.

  4. Me parece que Luis Eduardo Aute y Antonio Escohotado, dos auténticos animales culturales, se conocían y se caían bien. Y si no fuere tan así, permítanme que así lo sienta. 2 hombres que vivieron, dentro de lo cabe, un poco bastante a su aire y, sí -bendita torpeza al teclear- a su arte. Además de compartir algunas ideas y ratos, en algunos momentos de su vida tuvieron cierto parecido físico.
    Me ha gustado horrores este artículo. Mi manera de agradecer al articulista semejante homenaje es obsequiarle con esta canción ( no recomendable para el ala dura, rancia y radical antiyebrista) .

    https://www.youtube.com/watch?v=9XcpMUNEMoo

    1. Querido Floquet, tengo el gusto de confirmar que Antonio y Aute eran íntimos amigos. Antonio sufría mucho el estado vegetativo en que transcurrieron los últimos años de la vida de Aute. Le quería enormemente.

      Un abrazo.

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