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El Madrid que quiero

El Madrid que quiero

Escrito por: Paul Tenorio23 noviembre, 2015
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El Madrid que quiero es un Madrid donde el bien del colectivo esté siempre, siempre, siempre por encima de los sueños individuales de éxito, gloria y poder de cada jugador.

Un Madrid que gane por el escudo sin creerse nunca que se gana con el escudo.

Un Madrid donde a los futbolistas les importe poco lo que digamos de ellos desde la prensa pero que les quite el sueño lo que opinen su entrenador y su afición.

Un Madrid donde la plantilla se someta a la autoridad del entrenador, cuestionando sus consignas siempre pero sin desobedecerlas jamás.

Un Madrid que tras hacer el mejor año de su historia, por ejemplo en 2014, no se ahogue en la autocomplacencia al año siguiente.

Un Madrid que jamás se crea más que el rival hasta que el partido haya finalizado con victoria.

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Un Madrid donde los jugadores estén deseando meterse en un ataúd y no dejarse ver en una semana cuando el Atlético de Madrid les meta cuatro goles en el Calderón.

Un Madrid donde todos sus futbolistas comiencen desde cero en pretemporada, sin importar una higa lo que hayan rendido hasta el momento.

Un Madrid donde los contratos publicitarios y las distinciones individuales están siempre por debajo de la nómina (que ya está más que bien en todos los casos) y de las ganas de hacer más grande la sala de trofeos más colmada del mundo.

Un Madrid donde los jugadores estén a muerte con su entrenador, cuente chistes o no, haya sido futbolista o no, tenga a la prensa de cara o no, asuma todas las culpas de una derrota en sala de prensa o las reparta.

Un Madrid donde todos y cada uno de los jugadores se acuesten todas y cada una de las noches pensando en lo afortunados que son por poder defender la camiseta del Madrid.

Un Madrid donde un jugador ceda penaltis y faltas a sus compañeros porque les considera hermanos. O porque le duele no verles marcar en tres partidos seguidos. O porque reconozca su talento para ejecutar estas acciones al menos tan bien como él.

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Un Madrid donde el futbolista que no se sienta al 100%, física o mentalmente, le exija al entrenador que ponga para tal o cual partido a un compañero que esté más preparado.

Un Madrid donde los jugadores estén toda la semana pensando en el jugador que van a tener en frente, sea del Barça o del Cádiz. En cómo pararle, en cómo superarle, en cómo ser mejor que él. Sin dar nunca nada por hecho.

Un Madrid donde los futbolistas entiendan que su vida más allá del fútbol no existe hasta que cuelguen las botas. Y que no se lamenten por ello, sino que se sientan felices del afortunado don con el que nacieron.

Un Madrid donde los futbolistas transmitan felicidad, ilusión y agradecimiento por tener el privilegio de jugar profesionalmente al fútbol, y más por hacerlo en el mejor club de la historia.

Un Madrid donde a los jugadores les duela perder lo mismo o más que a los aficionados.

Un Madrid donde los jugadores, tras el pitido final, se dirijan a una esquinita del campo rival a saludar a la afición que se ha dejado medio sueldo para animarles, aunque sean seis. Ya ganen, empaten o pierdan el partido.

Un Madrid donde un futbolista sonría de oreja a oreja en zona mixta cuando el equipo ha ganado, aunque él haya firmado el peor partido de su vida.

Un Madrid donde no sólo jugar, sino ir a entrenar cada día a Valdebebas les parezca a los jugadores lo más emocionante que les va a pasar en sus vidas.

Un Madrid donde el futbolista que se queda dos contra el portero con el marcador apretado no dude en cederle el balón a su acompañante en la galopada para asegurar el gol del equipo.

Un Madrid donde el futbolista admita con naturalidad la crítica de su entrenador, privada y pública, si se ha equivocado durante un partido, sin ver por ello herido su ego porque en deporte todo el mundo falla.

Un Madrid donde los jugadores lleguen tarde a la cena que tienen programada en el mejor restaurante de la ciudad porque se quedaron firmando autógrafos, camisetas y haciéndose fotos con sus fans.

Un Madrid donde todos los jugadores mantengan contacto con la afición a través de redes sociales y zona mixta cuando ganan, cuando empatan y, sobre todo, cuando pierden.

Un Madrid donde en una jornada de entrenamiento voluntario en Valdebebas haya atasco en la rotonda de acceso a las 9 de la mañana.

Un Madrid donde los jugadores se apoyen siempre en el terreno de juego y en sus manifestaciones públicas, dejando sus diferencias, que tiene que haberlas siempre, para el vestuario.

Un Madrid donde los jugadores no tienen por qué ser amigos, pero se partan la cara por el compañero que tienen al lado como lo hace un soldado por su camarada en la trinchera.

Un Madrid donde los jugadores confíen y den plenos poderes negociadores a sus representantes, pero poniéndoles también una mordaza en la boca.

Un Madrid donde los jugadores se crean por debajo del entrenador. Y el entrenador por debajo de los jugadores. El vestuario por debajo del presidente. El presidente por debajo del vestuario. Y todos ellos, todos, por debajo del escudo.

Un Madrid donde haya un hilo conductor entre los distintos proyectos deportivos, siempre con unas mismas bases que sean del agrado de la mayoría del madridismo.

Un Madrid donde los entrenadores duren cinco años. Ya sean Mourinho, Ancelotti, Capello, Benítez o Zidane. Elegidos a conciencia y con plenos poderes para hacer y deshacer en el vestuario. Aunque hagan un año en blanco, o dos, pero con el equipo compitiendo hasta el final.

Un Madrid donde la afición vaya al Bernabéu consciente de que sólo 80.000 de 300 millones puede hacerlo. Y que anime sin parar mientras ruede el balón pero que tras el encuentro se exprese libremente en el mismo estadio o en los muchos canales de comunicación que tiene con el club.

Un madridismo unido, sin clanes, egos ni luchas de poder. Ni en la grada ni en el campo.

Un Madrid donde la prensa nociva y beligerante (que no crítica) vea los partidos por televisión.

Un Madrid donde las selecciones nacionales sean algo importante para la plantilla, pero también secundario.

En definitiva, un Madrid a la altura de la historia, la tradición y la esencia de lo que ha sido siempre el Madrid y le ha hecho grande.

Ese es el Madrid que quiero. Y creo que no pido tanto.

 

Paul Tenorio
Unas líneas sobre mí, literalmente: Todos los periodistas deportivos tenemos bufanda, sólo que algunos al cuello y otros en los ojos. Periodista, portero de fútbol y casi guitarrista. Prefiero preguntarme los porqués que los qués. A caballo entre Real Madrid TV, El Chiringuito de Neox y La Razón. @paul_tenorio @elfutboscopio Madrid-Avilés-Las Vegas.

24 comentarios en: El Madrid que quiero

  1. "Ese es el Madrid que quiero. Y creo que no pido tanto."

    Ufff... yo creo que sí es pedir mucho. ¿Acaso en el Barcelona cumplen todos esos "requisitos"? ¿O en otros equipos? Me parece a mí que tanta "dedicación" a la profesión escasea (y no sólo en el fútbol o en otros deportes)...

    Donde pones las cosas, un jugador que sí me parece que cumple lo de ser "madridista" actualmente es Arbeloa.. pero claro, ya está en el últ