Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Crónicas
Crónica del Real Madrid, 10 ; Rayo Vallecano, 2

Crónica del Real Madrid, 10 ; Rayo Vallecano, 2

Escrito por: Jesús Bengoechea20 diciembre, 2015
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Es previsible que al Real Madrid le toque disculparse muchísimo por un resultado que quien escribe, con unas cuantas décadas de madridismo a sus espaldas, no había atestiguado jamás. El club de Chamartín bate la barrera goleadora de los dos dígitos contra un equipo de Primera División, pero es inviable que nadie en absoluto le felicite por ello. El Madrid va a tener que pedir perdón encarecidamente por haberse ensañado con un enemigo en franca inferioridad numérica desde una fase muy inicial del partido, como habría tenido que disculparse por no haberse ensañado. Si de entrada el Madrid tenía ya muy poco que ganar ante la opinión pública -o publicada- en este encuentro (golear al Rayo era casi obligado y nadie habría ponderado en exceso un buen resultado ni un juego convincente), menos aún habrá ganado tras estos diez goles. Lo dicho: deberá presentar sus más humildes disculpas por absolutamente todo, por este resultado tan exagerado y por el modo en que el marcador electrónico, como prueba la siguiente fotografía, a duras penas reflejaba lo acontecido. "Es incomprensible", se dirá, "que un club con el presupuesto que tiene el Madrid no cuente con los recursos para que un marcador de dos dígitos no adopte automáticamente otro cuerpo de letra para evitar que el número uno quede tan cerca del escudo. Qué vergüenza".

IMG_7589

Lo cierto, se mire como se mire, es que pocos partidos habrán sido más fieles a la etiqueta de "atípicos" que inventó el clásico, quienquiera que fuese. El Rayo tendría tal vez alguna credibilidad para protestar el discutible penalti y la discutible expulsión de Baena en una acción con Ramos, que le costó la expulsión al rayista, si no hubiera protestado con la misma vehemencia la primera expulsión, la de Tito, por una entrada a Kroos que solo la madre de Tito (con todos los respetos) se hubiera abstenido de castigar con su inmediata salida del campo. La potestad de protestar aun una expulsión por homicidio a mano armada es de ley cuando el rival es el Madrid. Jémez está muy enfadado pero, como es un hombre bueno, ha felicitado al árbitro la Navidad. Feliz Navidad para él también de parte de este cronista, y mis mejores votos porque en 2016 se atreva a dar en el Nou Camp las patadas que dieron sus jugadores en los primeros veinticinco minutos del Bernabéu. Veremos con cuántos acaba.

Futbolísticamente hablando, esa es la verdad, y al margen de lo discutible de la acción concreta de Baena (otros cronistas ya hablan de "exceso de celo" del árbitro, como si existiera tal cosa), la doble expulsión nos dejó sin la posibilidad de medir la capacidad de respuesta del Madrid ante un rival no tan mermado. Nada de lo que pasó a continuación significa demasiado. Lo que sucedió antes (a saber: el Rayo remontando en pocos minutos el gol inicial de Danilo merced a una caraja defensiva importante por parte de los nuestros) sí significa algo, aunque algo que ya sabíamos: que nuestros jugadores son presa de una inextricable amalgama de melancolía, aburguesamiento y falta de confianza que obviamente les aprisiona. No está de más señalar que el Madrid ya había logrado empatar antes de que el Rayo se quedara con nueve merced al primer gol del póker de Bale, en un furibundo cabezazo a centro del propio Danilo tras gran pase de Modric.

Está muy feo y muy penado disfrutar de lo que pasó a continuación, pero qué quieren que les digamos. Cristiano no falló en el penalti señalado al alimón con la expulsión de Baena, y partir de ahí se desató la tormenta que tan mal hizo en desatar el Madrid (qué desconsiderados) y tan mal habría hecho en no desatar (qué vagos, qué desahogados). Bale se la pidió en un robo de balón que acabó con la BBC en pleno delante del portero y sin defensas. Era la noche de Gareth y se notó desde el principio -queremos decir, desde cuando aún había partido- que quería protagonizar el choque. Y a fe que lo hizo, aunque como ya imaginan nada de ello le añadirá loas ni le restará hernias.

Y así, con una sonora pitada, similar a la que inusualmente ya había presidido el saque de centro inmediato al primer gol del Rayo, se llegó al descanso.

Después pasaron muchas cosas que, como decimos, no darán crédito alguno al Madrid. Es posible que la victoria copera en Cádiz termine valiendo de más que nada de lo que sucedió en el segundo tiempo. Pero qué quieren que les diga: yo lo aplaudí. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa.

Danilo (estuvo en varios de los goles) asistió a James y este a Benzema para que hiciese el 5-2, pero había que doblar la apuesta para que el mundo se abochornara ante la falta de previsión y la mejorable estética del marcador del Bernabéu para proyectar números de dos dígitos. CR marcó de cabeza a centro de James y Bale culminó espléndidamente un contraataque lanzado por él mismo. En medio, el señor de bigote que aplaudió a Ronaldinho se multilocó bastante (un poco como Michael Keaton en aquella fallida película de Harold Ramis) para ovacionar, como castigo al propio Madrid, una jugada de cierto mérito de un Rayo con nueve. Y Jémez que felicita la Navidad al árbitro pero no al piperío. Ingratitud, se llama la figura.

El resto es Historia. Historia nefanda, grosera, tenebrosa, exactamente como lo habría sido cualquier otra Historia en esas circunstancias. Cuando el Madrid ya había marcado diez, y en los últimos estertores aún presionaba para igualar el número de goles marcados con el de jugadores de su equipo (tristemente, el número de jugadores en el equipo rival había sido superado ya), la afición se puso a abuchear la iniciativa. Estaba muy pero que muy feo intentar meter alguno más. Debe de ser el señorío, o solo que la afición del Real Madrid cada día se parece más a lo que el antimadridismo quiere que sea.

LAS NOTAS:

-Keylor: Nada de lo sucedido sirve para juzgar, pero tuvo alguna buena intervención más allá de su discutible aportación en los goles encajados. Aprobado.

-Danilo: Nada de lo sucedido sirve para juzgar, pero marcó un gol y participó decisivamente en otros dos. Muy activo en ataque. Notable.

-Marcelo: Nada de lo sucedido sirve para juzgar, pero flojo de tono, con ese trote sospechoso de algunas ocasiones. Suspenso.

-Pepe: Nada de lo sucedido sirve para juzgar, y nada de lo hecho por él importa demasiado, pese a algunos loables quites adelantados. Aprobado.

-Ramos: Nada de lo sucedido sirve para juzgar. Ni fu ni fa. Aprobado.

-Kroos: Nada de lo sucedido sirve para juzgar el digno partido que protagonizó. Aprobado.

-Modric: Nada de lo sucedido sirve para juzgar, pero lo hizo bien también cuando lo que sucedía todavía servía para juzgar. Notable.

-James: Nada de lo sucedido sirve para juzgar, pero se mostró participativo y dio algunos buenos pases hasta que Relaño lo sustituyó para que Benítez tenga algo que decir. O al revés. Aprobado.

-Bale: Nada de lo sucedido sirve para juzgar, pero su ahínco y porfía mereció el premio del póker. Benítez le sustituyó inteligentemente para que se llevara una ovación. Sobresaliente.

-Benzema: Nada de lo sucedido sirve para juzgar y pocas de sus ocasiones sirven para marcar. Pero es Karim e hizo un hat-trick. Notable.

-Cristiano: Lo sucedido sirve para juzgar. No está fino. Le salvan los goles. Aprobado.

-Lucas Vázquez: Ofreció, como es costumbre, unos muy buenos minutos. Notable.

-Kovacic: Es un prodigio técnico y volvió a mostrarlo en los minutos que tuvo. Notable.

-Arbeloa: Tremenda ovación del público en su entrada al campo. No tuvo tiempo de gran cosa y el partido no tenía historia para entonces. Sin calificar.