Hay algo profundamente positivo en que aparezcan alternativas alrededor del Real Madrid. Lo digo de verdad. Un club como el Madrid, precisamente por su dimensión histórica, económica y social, jamás debería tener miedo al debate interno ni a la aparición de figuras que aspiren legítimamente a presidir la entidad. Todo lo contrario. La pluralidad fortalece al club. Lo protege. Lo mantiene vivo.
Y Enrique Riquelme, evidentemente, tiene derecho a presentarse. Faltaría más. Aunque yo, sinceramente, preferiría que no lo hiciera todavía. Y lo digo siendo una persona que ha criticado bastante algunas decisiones recientes de Florentino Pérez en determinados asuntos concretos, empezando por esta convocatoria de elecciones teniendo aún casi tres años por delante, siguiendo por la tardanza en activarse institucionalmente en el caso Barça/Negreira; el hecho de ayudar indirectamente al club catalán en sus famosas palancas a través de Sixth Street y Anas Laghrari; la tibieza mostrada en determinados momentos, cuando no ayudando directamente en asuntos como las inscripciones de Dani Olmo y Pau Víctor; y también, en lo estrictamente deportivo, la falta de fichajes en defensa pese a las gravísimas lesiones que ha sufrido el equipo durante los últimos años.
Críticas que además mantengo. Porque creo que el presidente del Real Madrid también se equivoca y que, en ciertas áreas, el club necesita corregir dinámicas, abrir más determinadas estructuras y modernizar algunos procesos internos. Especialmente en algo que considero importante: Florentino Pérez debería delegar más (y sé perfectamente que, si leyera esto, le iba a molestar). Tiene alrededor gente muy válida, muy preparada y perfectamente capacitada para asumir mayores responsabilidades dentro del club. El Real Madrid actual posee profesionales de primer nivel en distintas áreas y, a mi entender, en ocasiones el exceso de control termina ralentizando o endureciendo decisiones que podrían gestionarse de una forma más natural y eficiente.
Pero, incluso diciendo esto —y lo digo convencido—, sigo pensando que Florentino Pérez sigue siendo el mejor presidente posible. De hecho, estamos hablando, junto a Don Santiago Bernabéu, del presidente más grande de la historia del fútbol.
Porque una cosa es criticar aspectos concretos de una gestión y otra muy distinta ignorar la dimensión gigantesca de lo que ha construido durante todos estos años. Y ahí es donde aparece el verdadero problema de fondo con la posible candidatura de Enrique Riquelme. Porque una cosa es tener derecho a presentarse… y otra muy distinta estar preparado para gobernar el club más exigente del planeta.
Y ahí empiezan las dudas.
Nadie puede negar que Enrique Riquelme presenta un perfil empresarial potente. Ha construido un grupo internacional dentro del mundo energético y de las renovables en un sector extraordinariamente competitivo. Ha sabido moverse en mercados complejos, especialmente en Latinoamérica, y proyecta una imagen de empresario moderno, agresivo en expansión y bien formado. Todo eso es cierto… o por lo menos eso parece.
Además, probablemente sea un perfil empresarial interesante para el madridismo. Hay estructura empresarial. Hay dinero. Hay ambición. Y aparentemente existe también una idea de futuro detrás de todo ello… aunque ya veremos, mejor ir con calma y pies de plomo.
Pero precisamente por eso sorprende más la sensación de precipitación que rodea todo este movimiento. Porque da la impresión de que alrededor de Riquelme existe demasiada prisa. Demasiada aceleración. Demasiada necesidad de llegar cuanto antes a una carrera electoral para la que, sinceramente, todavía no parece existir una base sólida suficientemente madura.
Y el Real Madrid no funciona así.El Real Madrid no es una startup tecnológica. No es una empresa energética. No es un fondo de inversión. El Real Madrid es probablemente la institución deportiva más compleja del mundo. Aquí no basta con ser un empresario exitoso. Hace falta conocer el ecosistema interno del club, entender el peso institucional del madridismo y comprender una realidad política y social extremadamente delicada.
Y eso requiere tiempo. Mucho tiempo.
Porque, siendo honestos, gran parte del madridismo todavía no sabe realmente quién es Enrique Riquelme. Ni le va a dar tiempo a saberlo en 15 días porque el margen es escasísimo y todo parece muy atropellado, y eso nunca genera certidumbres ni credibilidad. La mayoría de socios van a seguir desconociendo cuál es exactamente su proyecto deportivo, financiero e institucional para el club. Desconocen cómo piensa estructurar un posible gobierno. Desconocen quiénes serían sus apoyos reales dentro del entorno madridista. Y desconocen también qué visión concreta tiene para el futuro del Real Madrid, más allá de determinados mensajes generales sobre modernización o regeneración.
En las últimas fechas, han aparecido informaciones incómodas relacionadas con determinadas conexiones empresariales y corporativas vinculadas a riquelme, incluso con dimisiones de altos cargos en las últimas horas. Estas son incertidumbres y preguntas que surgen. Preguntas, no condenas.
Eso no es una crítica destructiva. Es simplemente la realidad actual. Y precisamente por eso creo que Riquelme estaría cometiendo un error estratégico enorme si decide precipitarse ahora. Lo inteligente sería exactamente lo contrario. Construir durante los próximos cuatro años una oposición visible, seria y perfectamente reconocible para el socio. Recorrer peñas. Hablar públicamente. Debatir ideas. Explicar su proyecto con calma. Enseñar estructura. Rodearse de figuras conocidas y solventes. Ganarse credibilidad poco a poco. Convertirse en una alternativa institucional de verdad y no simplemente en una irrupción acelerada nacida al calor de un posible contexto electoral.
Porque además existe otro elemento que tampoco puede ignorarse: el entorno empresarial y corporativo que rodea actualmente a su figura. Y en el Real Madrid los entornos importan muchísimo. En las últimas fechas, han aparecido informaciones incómodas relacionadas con determinadas conexiones empresariales y corporativas vinculadas a sus negocios, incluso con dimisiones de altos cargos en las últimas horas. Estas son incertidumbres y preguntas que surgen. Preguntas, no condenas.
Pero el problema del Real Madrid es que vive permanentemente bajo el foco más feroz del planeta fútbol. Todo se multiplica. Todo se amplifica. Todo se examina con una dureza brutal. Y quien aspire a presidir el club debe entender que cualquier sombra, cualquier relación empresarial sensible o cualquier conexión política dudosa va a ser utilizada inmediatamente como munición mediática. Eso forma parte del cargo.
Y quizá precisamente por eso no parece el momento adecuado para precipitar una candidatura que todavía necesita consolidación pública, maduración institucional y una construcción de confianza mucho más profunda entre los socios del Real Madrid.
Porque además existe otra realidad incontestable. Florentino Pérez sigue siendo hoy la figura dominante del madridismo contemporáneo. Y no únicamente por ausencia de rivales. Lo es porque su legado pesa demasiado. El nuevo Bernabéu. La estabilidad económica del club. La capacidad para competir contra estados y petrodólares. La transformación financiera e institucional del Real Madrid. La fortaleza internacional de la marca. La modernización estructural de la entidad. Incluso muchos de sus críticos reconocen que el Madrid actual es una potencia gigantesca construida bajo su liderazgo.
Y enfrentarse a eso requiere muchísimo más que notoriedad repentina o éxito empresarial. Requiere tiempo. Requiere proyecto. Requiere estructura. Requiere conocimiento interno del club. Y sobre todo requiere algo fundamental en el Real Madrid: generar confianza verdadera entre los socios.
Por eso, sinceramente, creo que Enrique Riquelme podría convertirse algún día en un candidato a tener en cuenta para el Real Madrid, pero nunca ahora. Y si lo que intenta es invertir en futuro y que lo conozcan, afirmo rotundamente que esta no es la manera. Tiene juventud, preparación, ambición y una evidente capacidad ejecutiva. Pero precisamente por eso sorprende aún más esta sensación de precipitación.
Porque, si de verdad cree en su proyecto, entonces lo lógico sería consolidarlo durante los próximos cuatro años y presentarse después con una estructura mucho más fuerte, reconocible y madura. Ahí sí podría existir un verdadero debate de futuro dentro del madridismo. Ahí sí los socios podrían comparar modelos, ideas y generaciones. Ahí sí se estaría construyendo una alternativa auténtica.
Pero hoy, sinceramente, parece demasiado pronto. Y en el Real Madrid, como en el fútbol de élite, las improvisaciones suelen durar muy poco cuando rueda el balón.
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Se va terminando el suplicio. En el penúltimo partido nos encontramos con un Sevilla hiperactivo, animado por los últimos resultados, correoso, pero sin gol. Nosotros, en nuestra línea: Vini y Mbappé, desconectados, fallones y al trote cochinero. Bellingham, irrelevante un día más. Courtois sacó dos o tres balones de gol. Algún día nos daremos cuenta de que este interregno habría sido mucho peor sin él. Brahim y Tchouameni estuvieron desaparecidos. Thiago corrió por todos, pero sin norte. A Huijsen le salió un partido desesperante más. Rudiger y Carvajal llegaron justísimos al aprobado. Ya son viejas glorias, todo llega en esta vida. Fran cumplió. Arbeloa los alinea y les da instrucciones. Ellos siguen su instinto sobre el césped. No se vio un equipo.
Manolete estuvo al silbato. Empezó aplicando de forma impecable el Método Negreira: ignorando faltas sobre Vini y pitando infracciones inexistentes en ataque al Real Madrid. Evitando riesgos innecesarios, vaya. Para sorpresa general, concedió el gol en una jugada opinable que con la liga viva ya sabemos de qué lado habría caído. Nuestros enemigos acusan al único club que quiere cambiar el CTA de ser favorecido por el mismo sistema que quiere destruir. Dudo entre calificarlos como sinvergüenzas o cretinos, no sabría qué elegir... No se me ocurre ninguna palabra que contenga los dos calificativos. Le he preguntado a la IA y tampoco ha sido capaz de crear un neologismo para mí. El término definiría al culé promedio de X, como concepto.
Antes de los bofetones entre Valverde y Tchouameni había empezado a escribir un artículo reflexivo, intentando visualizar lo más conveniente para el año que viene, analizando qué jugadores tienen peso y quiénes son prescindibles. Porque el verdadero problema no es que haya tensión en el vestuario cuando no se gana. Eso es sano y deseable, hasta cierto punto.
Me amparé en el escritor Milan Kundera, que definió perfectamente los conceptos de peso y de levedad de la naturaleza del ser humano en "La insoportable levedad del ser". No es una literatura fácil, pero esta magnífica novela me sirve para ilustrar el verdadero problema del Real Madrid de las quince Champions. Elegir entre el peso y la levedad es elegir entre la grandeza y la intrascendencia, entre el sacrificio y la comodidad, entre la responsabilidad y la indolencia, entre la honestidad y la conspiración. Y créanme, es una elección. Individual y colectiva.
Buscar aliados para sabotear el trabajo de un entrenador es conspiración.
Comodidad es correr diez kilómetros menos que el rival en cada partido.
Indolencia es decir "no duele, no duele" tras una goleada que encabrona a la afición.
Intrascendencia es acostumbrarse a la derrota y elegir partidos para rendir.
Tenemos una de las plantillas más jóvenes de nuestra historia. Es probable que los que tenemos hijos capaces de resolver ecuaciones diferenciales no entendamos completamente a esta generación de la IA y de la pseudorrealidad que consumen en la pantalla de sus móviles. Es posible que no estén dotados genéticamente para entender lo que implica enfundarte esta camiseta blanquísima que vistieron Santiago Bernabéu, Di Stéfano, Juanito, Zinedine Zidane y Cristiano Ronaldo.
Nuestros enemigos acusan al único club que quiere cambiar el CTA de ser favorecido por el mismo sistema que quiere destruir. Dudo entre calificarlos como sinvergüenzas o cretinos
Esta camiseta tiene gravedad propia. Es un ancla, un planeta. Pero puede ser una mortaja si no tienes ganas de correr por ella. Tener la vida resuelta con veintitantos. No sentir el peso del deber. Vivir con un gotero de dopamina. Percibir de forma lejana e impersonal la responsabilidad. Tener siempre a mano la mullida ingravidez de un avión privado. Libertad geográfica. Dinero ilimitado. Inmortalidad. Recuperen vídeos históricos: miren fijamente al bigote de Pirri o de Stielike, dos padres de familia. Las caras de pocos amigos de Sanchís o de Fernando Hierro en un derbi. El lenguaje corporal de Raúl o de Juanito porfiando por un balón dividido. Comparen con lo que tenemos en el vestuario. No queda nada.
En lo deportivo, la defensa ha sido una unidad de traumatología otra vez. Tenemos dos laterales titulares jugones. No es que defiendan peor que atacan, es que les molesta correr hacia atrás y se permiten mirar pasivamente a delanteros rivales dentro del área esperando que fallen. Rudiger ha hecho lo que ha podido y Militao hasta donde ha podido. No sabemos qué ha hecho Asencio para salir abruptamente de la rotación, pero nos enteraremos algún día. Huijsen es una excentricidad. Un lujo que deberíamos poder permitirnos. Un central con salida de balón de mediocentro, pero con agresividad de mediapunta.
Se nos va Carvajal. El capitán. Un icono de la era de Florentino. El símbolo de una racha inolvidable de triunfos, pieza clave de una incontestable supremacía europea del Real Madrid. El niño que puso la primera piedra de Valdebebas se va a casa con su familia y con seis Champions en el zurrón. Un profesional de pies a cabeza, un currante de Leganés y una leyenda viva. Lloramos a Marcelo en el adiós y lloraremos a Carvajal, por lo que perdemos y por los que nos quedamos, frente a un panorama aterrador.
Esta camiseta tiene gravedad propia. Es un ancla, un planeta. Pero puede ser una mortaja si no tienes ganas de correr por ella
El control del juego ha sido un drama. Valverde y Tchouameni no tienen el peso ni la brújula para manejar partidos. Conocido su altercado, ya nadie confiará en el uruguayo como capitán ni en el francés como buen compañero. Estas cosas dejan desconchones. Todos los demás centrocampistas levitan como globos de helio. Ninguno ha conseguido quedarse en el once. Güler ofrece destellos, pero rara vez suma más de una hora de fútbol en ningún partido. Camavinga ha pasado de dominar una final de Champions en la mejor actuación de su vida a convertirse en un jugador de rotación que sale a pifia catastrófica por partido. Bellingham es un caso aparte, su impredecible desplome es una de las peores noticias para el equipo.
Kroos y Modric no van a volver. Y no tenemos a nadie que pueda parecerse a ellos ni en el presente ni en el futuro inmediato. No hay nadie al mando en la construcción. Bellingham no mejora ninguna jugada que pasa por sus botas. Güler no está hecho. El talento brilla en chispazos irregulares. La constancia y la resistencia vendrá con los años. Paciencia. El Modric que nos deslumbró apareció cerca de los treinta. Kroos llegó a nuestras vidas con veinticinco y tuvo temporadas discretas antes de convertirse en leyenda.
No contábamos con el fin de fiesta que nos estaba deparando Mbappé. Un tipo que "lesionado" se va de viaje romántico con su novia. Que una semana después, se borra de la visita al Camp Nou cuando averigua que no será titular. Que ni siquiera acompaña al equipo. En medio del partido nos deja ese post tan revelador con el 2-0… Tres días después pasa facturas en zona mixta a su entrenador por no ser titular después de semanas sin completar un entrenamiento. Arbeloa anuncia su titularidad y cumple su palabra en Sevilla. Deficiente partido del francés. Miren, yo ya he tenido suficiente Mbappé. Se quede o se vaya, ya sé quién es. Me alegraré de sus goles con nuestra camiseta, pero cuando llegue la hora del adiós le despediré sin tristeza.
A pesar de las voces acusatorias sobre la política de fichajes del club, creo que ahora, a la vista de la temporada que termina, es más urgente dar salida a lo que sobra que fichar a cualquier precio. Nos faltan dos centrales, tal vez tres si desconfiamos de que Militao regrese al 80%. Tenemos expatriados recuperables y tenemos cantera. Nos falta un jugador en el eje. No tiene que ser un top mundial. Nos ofrecen a Rodri. Es un jugadorazo con tres años buenos de fútbol en el depósito. Pero el fútbol es emoción y, como Mbappé, Rodri sólo me produce rechazo y desconfianza.
Mbappé y Vini deberían pagar caro este año. Ni liderazgo, ni resultados, ni respeto a la profesión, al club, a compañeros, al entrenador. El brasileño se cargó un proyecto prometedor por su obsesión de ser el jugador franquicia. El francés se ha borrado de la temporada y ha hecho daño al vestuario y al entrenador con sus vendettas personales. No ha entendido que aquí no hay un emir que le entregue las llaves del club para que juegue con él como en el modo manager de un videojuego. Aquí no tenemos un presidente de la república que le haga de felpudo. Aquí un madridista de infantería le exigirá como a un canterano.
Necesitamos peso. Un once ganador, contundente, previsible y temible: que ganar sea inevitable. Lo tuvimos y lo hemos perdido. Necesitamos que Bordalás sueñe la noche anterior al partido contra nosotros en cómo detener a Endrick o a Vini, cómo detectar a Jude cuando se presente en el área, cómo adivinar dónde va a poner Güler un balón, cómo taparle un centro lejanísimo a Trent. Y que sepa que pasar de la medular será un milagro.
Algún galernauta me preguntaba tras leer mi artículo anterior qué soluciones puedo ofrecer como alternativa a Mourinho. Principalmente apostaría por una reconfiguración de la plantilla: sobre todo salidas de futbolistas, uno de ellos con urgencia (no ocurrirá), más Ceballos, Alaba, Rudiger, Carvajal, Tchouameni. Después, traer jugadores de equipo que estén dispuestos a darlo todo. Que tengan peso en el campo y respeto en el vestuario. Clase media. Elijan: Schlotterbeck, Vanderson, Ratiu, Pedro Porro, Kees Smit, Gila, Dalot, Rafa Marín, Jacobo. Más briega y menos paparazzi. Por último, un entrenador que entienda el club (ojo: Alonso y Arbeloa cumplían con esa premisa), pero que tenga el valor y el respaldo del presidente para meterse en ese vestuario y hacer lo que haya que hacer. En realidad, ya sólo puede ser uno...
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Buenos días, amigos. Uno de los pasajes más comentados de la reciente y muy polémica rueda de prensa de Florentino Pérez fue cuando se ironizó sobre Segurola, Relaño y otros popes, a los que comparó, cuando peroran sobre el Madrid, sarcásticamente con Demóstenes. Reportando sus palabras, un redactor de ABC entendió que el presidente del Madrid había indicado que Segurola es de Móstoles, dando el contrapunto surrealista a la historia y descartando ya, definitivamente, por su hubiera alguna opción en sentido contrario, el que Florentino pueda seguir suscrito al periódico que siempre leyó su padre. A pesar de que los vascos son universalmente reconocidos por sus dotes culinarias, a Segurola, esta vez, se le quemaron las empanadillas .
Sin embargo, nosotros tenemos un mejor candidato para desempeñar en nuestros días, en nuestra sociedad, el papel del deslumbrante orador griego.
Aquí tenéis al verdadero nuevo Demóstenes, a quien Mundo Deportivo regala un publirreportaje a fin de recordar a De La Fuente quién manda y que lo lleve al Mundial, y todo ello a pesar de que el empecinado centrocampista culé no es natural de Móstoles sino de Los Palacios, localidad (ahora ya en serio) inusitadamente fértil en peloteros, desde Jesús Navas a Fabián pasando por el propio Gavi. También es la tierra del mítico grupo español No Me Pises Que Llevo Chanclas y de su cantante y alma máter, el genial Pepe Begines, a la sazón autor del himno de La Galerna, que por cierto cumple once años mañana (La Galerna, no el himno, que cumple cuatro).
En la portada de Mundo Deportivo, aparece Demóstenes en crocs. Todos necesitábamos saber lo que Gavi opina sobre todos los temas de la actualidad candente, y el gran maestro de la dialéctica nunca defrauda. No se nos ocurren más que paralelismos entre el gran político griego y el prolífico reparteobleas blaugrana. Demóstenes soltaba las famosas filípicas (llamadas así porque eran discursos de oposición al rey Filipo II de Macedonia) y Gavi suelta mandobles impunes de manera frenética, es la única diferencia que se nos viene a la mente. Por lo demás, Demóstenes fue un bastión de la independencia griega y Gavi lo es de la independencia de Cataluña, como por definición lo es todo el que viste la camiseta del club cliente de Negreira. Son todo buenas causas.
Demóstenes habla sobre todo, como debe ser. No se deja ni una opinión fuera de la entrevista ni un soplamocos (siempre impune) en el campo. Por ejemplo, le preguntan por el incidente entre Valverde y Tchouaméni y no se corta a la hora de afear a Arbeloa su forma de actuar al respecto, si bien finalmente reconoce no tener ni la más recontrapajolera idea de lo que lleva un buen rato hablando.

Se pronuncia asimismo Demóstenes sobre el modo en que, siempre según él, se resta éxito “desde Madrid” a los éxitos del club cliente de Negreira. “Se nos menosprecia”, apunta con la vehemencia acostumbrada y como si los títulos culés no vinieran ya menospreciados de serie.

¿Qué valor tienen las conquistas de quien esta viviendo de prestado después de saberse que se ha comprado el sistema arbitral durante un mínimo de 17 años, disfrutando ahora el continuismo de los mismos árbitros de antaño o muy similares?, nos preguntamos anhelantes. Pero Demóstenes prefiere parapetarse tras el característico victimismo.
El resto de los periódicos del día oscilan entre el hipotético fichaje de Rodri por el Madrid (nos produce dudas su reciente y grave lesión), el más que hipotético de Mourinho (nos vamos a divertir) y la Premier recién ganada por el Arsenal. Cada madridista es muy dueño de tener simpatía o antipatía por los gunners, pero suponemos que podemos abrazar el consenso por el cual nos cae mejor que el City, que a estas alturas era el otro candidato a hacerse con el entorchado de la liga (esta sí que sí) más importante del balompié mundial.
Termino con un apunte enteramente personal. Este portanalista es un gran admirador de la novela Fever Pitch, del escritor británico y acérrimo hincha del Arsenal Nick Hornby. Nadie que haya leído ese libro puede evitar recibir con alguna simpatía los (no muy numerosos) éxitos de los del Emirates. Recomendamos con fervor el libro y nos encomendamos a los de Mikel Arteta para la final de Champions. Salvo a ellos mismos, a nadie interesa que el PSG revalide el título. El Arsenal lo tiene en chino mandarín porque los de Luis Enrique son muy superiores, pero confiamos en el influjo de Hornby, autor que, si atendemos a su excelsa obra, hace milagros en vida.
Pasad un buen día.
Se nos marcha Dani Carvajal a final de temporada, es decir, dentro de cinco minutos. Casi por inercia la mente nos lleva a esa imagen fundacional junto a don Alfredo que destila leyenda y albañilería. Pero yo no quiero recordar a Carvajal quieto, posando con los cimientos del club. Yo quiero recordar a Dani como a ese Bruce Willis tozudo que se niega a que la película tenga un mal final aunque ya haya terminado y, a pesar de ello, consigue modificar el desenlace.
Por tanto, mi homenaje al mejor lateral derecho de la historia del Real Madrid no puede guardar relación con la obra civil. Me quedo con un momento que define a Carvajal: la Supercopa de Europa contra el Sevilla de 2016.
El Madrid había comenzado ganando merced a un golazo de Asensio anotado desde Formentera, pero el conjunto hispalense volteó el marcador y no alzó el trofeo porque volvió a aparecer Ramos para forzar una prórroga europea contra un equipo que cuenta con el blanco y el rojo como colores principales.
La prórroga fue distinta a la de Lisboa, el 2-2 tenía aspecto de que iba a moverse menos que un coche de madera sin pilas.
Yo quiero recordar a Dani como a ese Bruce Willis tozudo que se niega a que la película tenga un mal final aunque ya haya terminado y, a pesar de ello, consigue modificar el desenlace
No recuerdo si llovía o no llovía ni el nombre del estadio. Solo que ese Madrid estaba tocado por ese magnetismo de Zidane y el de las cosas que aún tienen más potencial que éxitos. Se respiraba una certeza muy madridista de que lo imposible solo costaría unos minutos más que lo posible.
El Sevilla había levantado una sólida trinchera que no había manera de perforar a pesar de llevar bastantes minutos con diez jugadores a los que los penaltis no les parecían un mal trato. Entonces le cayó un balón a Carvajal. Quizá proveniente de un compañero, tal vez de un rival o, por qué no, de un señor que lo arrojó al campo como quien deja caer una bola de madera para comenzar una partida de futbolín.
Después de dos horas de batalla, los ejércitos estaban más agotados que un smartphone moderno a las once de la noche. En esa situación, la lógica habría dictado apoyarse en algún compañero o bombardear un balón al área roja y rezar porque causara el daño suficiente como para desplazar el marcador. Pero ni el Madrid ni Dani —para lo bueno y para lo malo— se han regido siempre por la lógica, y tampoco les ha ido tan mal. De hecho, el sentido común se erige como el mayor enemigo blanco en las noches grandes.
Carvajal, insensible al ácido láctico, ni centró ni pasó, sino que tiró por la calle de en medio —realmente la del centro derecha— y fue superando líneas enemigas. Aunque no recuerde si la lluvia había acudido a ver la final con objeto de imprimirle una pátina extra de heroísmo, para esta pieza la voy a colocar cincelando la camiseta contra la figura rocosa del lateral.
Fue un golazo para el recuerdo pero, sobre todo, un autorretrato de Dani. La constatación tan madridista de que no siempre el camino adecuado es el que lleva al mejor final
No se sabe muy bien si fue por el ímpetu de Dani, por la imprudencia de la elección o porque el agua comenzaba a deshacer las trincheras, cuya cualidad férrea tornaba en resistencia similar a la de la celulosa mojada.
Carvajal atravesó las defensas enemigas como un carro de combate, convencido de que los ladrillos de enfrente podían atravesarse. De hecho, los atravesó y, cuando se encontraba dentro del fuerte enemigo, lo derribó —ahora sí— con un toque sutil de exterior que nos levantó del sofá a todos los madridistas.
Fue un golazo para el recuerdo pero, sobre todo, un autorretrato de Dani. La constatación tan madridista de que no siempre el camino adecuado es el que lleva al mejor final.
Carvajal, en los dos o tres siglos que ha defendido la camiseta del Madrid, ha sufrido altibajos, no pocas veces a causa de las lesiones, ha tenido actuaciones acertadas y menos acertadas. Pero —otra virtud muy madridista— ha comparecido cuando tenía que comparecer. Y ha sido decisivo en los momentos más importantes, incluso haciendo gala de cualidades poco compatibles con su naturaleza física. Dani, en el campo, se dejó la vida por el Madrid exhibiendo esa mala leche competitiva que tanto desesperó a los rivales.
Pero cuando, dentro de un par de décadas, alguien pregunte quién fue realmente Daniel Carvajal Ramos, por favor, no solo enseñen la foto de la primera piedra, muestren también el vídeo del último minuto de la Supercopa de Europa de 2016. Allí, bajo la lluvia —tal vez— noruega, con ambas escuadras derretidas por el cansancio y el agua, apareció un tanque que atravesaba trincheras de papel.
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El mismo día en que yo, aquí, publicaba un texto en el que escribía sobre una necesidad de refundación del Madrid, Florentino Pérez comparecía, por la tarde, ante la prensa para convocar elecciones anticipadas.
Y para, en realidad, mucho más.
Por ejemplo, Florentino hizo, con su andanada contra el ABC, un alegato nostálgico de una España extinta: no sólo del país que leía (y compraba) periódicos, sino del país en donde los padres iniciaban a sus hijos en la conversación pública a través de la opinión publicada y en donde ésta dirigía la fiscalización del poder informando, en el sentido etimológico de dar forma, de modelar, la mirada crítica de los ciudadanos.
Ese país, huelga decirlo, hace mucho que ya no existe. Las reiteradas referencias de Florentino a su padre, al ABC y a recibir cada mañana el periódico en casa, es decir, a empezar cada día leyendo un guión del mundo y no reels de Instagram o vídeos de Tiktok, fueron en verdad la expresión de un lamento por una España ordenada y funcional que preservaba unas hechuras de comunidad nacional próspera y cohesionada por unos intereses comunes.
Bajo la supuesta candidatura del príncipe de las renovables se esconden intereses del gran dinero, del IBEX y de la promiscua pareja que hace con la alta dirección del Estado; intereses que tienen poco o nada que ver con el amor leal por la institución
Inevitablemente, sus lamentos llevan a pensar en una sociedad más culta e implicada en los asuntos públicos, que ha sido reemplazada por una jaula de grillos atomizada y caótica en la que nadie sabe quién es Demóstenes ni en qué equipo juega.
Pérez concretó sus dardos contra el ABC porque sencillamente es el periódico de su vida. Pero tiene razón en el fondo de su crítica, pues el ABC de hoy detesta a su lector tradicional, que es el padre de Florentino y Florentino mismo. La cosa es que al ABC que fue y ya no es de los Luca de Tena le gustaría tener los lectores de El Mundo o de El País, esos que en gran porcentaje toman por fascistas revenidos a los que suelen comprar la vieja cabecera clásica del periodismo español. Que no era la más reputada y prestigiosa por antiguo o por monárquica, sino por el respeto intelectual que solía tener por las capacidades cognitivas de su lector promedio: a cualquiera de las brillantísimas firmas que epatan a diario desde sus columnas (intercambiables como cromos repetidos de un álbum que se hiciera con las estrellas de la bohemia negroni de la farándula mediática y literaria que habita dentro de la M30) que se le diera a comentar un párrafo que escribiera Foxá en el ABC de antaño habría que ingresarlo inmediatamente después, a causa de una embolia.
la comparecencia de Florentino fue un llamamiento a la toma de conciencia de que, en la otra orilla, están otra vez dispuestos al asalto los enemigos del Madrid en tanto algo único en el mundo
La comparecencia de Florentino dio lugar, como era previsible, a un obsceno ejercicio de corporativismo de la menguada casta mediática española. Que al unísono corrió a señalar el dedo obviando, como siempre, la Luna. Como Florentino rompió su acostumbrado tono de senador romano, en seguida saltó la liebre del populismo, que es de las cosas peores de las que se le pueden acusar a uno y más en ambientes moderaos. He oído y leído comparaciones con Trump y hasta con Jesús Gil, majadería en la que merece la pena detenerse, por lo que esconde.
La comparación con Gil es criminal. Lo único que tiene en común con Florentino es que Gil, en algún tiempo, también se dedicó a construir cosas. Que por cierto se caían y mataban gente, fruto de la corrupción inherente al modo con que solía proceder y motivo por el cual estuvo en la cárcel, décadas antes de pisar siquiera Marbella. Ahí se acaban las similitudes, puesto que Gil urdió un trile para quedarse con el Atlético, que era de sus socios, y le salió tan bien que ahora sus hijos, junto con su viejo camarada en aquel gatuperio, se lo han vendido a su vez a un holding extranjero tras explotarlo por más de 30 años en régimen de cortijo y asegurarse un puesto en la nueva gerencia.
De esto también habló Florentino en su rueda de prensa, porque el proceso democrático, incluso en un club patriarcal y caudillista por excelencia como el Madrid, mantiene siempre abierta la puerta a los caballos de Troya en virtud de su naturaleza asamblearia. En el fondo, la comparecencia de Florentino no sólo fue un inteligente, divertido y necesario realineamiento de gran parte de la masa social con la presidencia, en un momento de grave incertidumbre, desmoralización y peligrosa apatía: también fue un llamamiento a la toma de conciencia de que, en la otra orilla, están otra vez dispuestos al asalto los enemigos del Madrid en tanto algo único en el mundo. Bajo la supuesta candidatura del príncipe de las renovables, se esconden intereses del gran dinero, del IBEX y de la promiscua pareja que hace con la alta dirección del Estado; intereses que tienen poco o nada que ver con el amor leal por la institución. Que no exista una alternativa honesta y viable a Florentino Pérez no puede ocultar este hecho, y quizá acelere el proceso controlado de conversión a SAD como única forma real de preservar la singular grandeza del Real Madrid en este siglo XXI de tiburones e intrigantes archirricos y sin escrúpulos.
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Buenos días. Se va Carvajal. Es el último de los héroes de una generación irrepetible. Si uno toma la foto de los onces titulares en las finales de Champions de Cardiff y Kiev, que son idénticos, comprende con el pesar que acompaña al paso del tiempo que ya no queda ninguno. No hace tanto de aquello, ¿o es que sí lo hace? Ya no está Keylor, ya no está Marcelo, ya no está Ramos, ya no está Varane, ya no está Casemiro, ya no está Modric, ya no está Kroos, ya no está Isco, ya no está Benzema, ya no está Cristiano.
Ya no está Carvajal. Pero el legado que deja es abrumador. Lo es, para empezar, en lo cuantificable: títulos a malsalva, incluida la cifra exclusiva de las 6 Champions, en la que solo le acompañan Gento, Kroos, Modric y Nacho, y a la que (ay) tardará mucho tiempo en volver a encaramarse un jugador del Madrid, si es que alguna vez alguno lo hace. Y lo es, también, en los llamados intangibles, ese cajón de lo subjetivo donde entran valores como la lealtad, el denuedo, el compromiso, la renuencia empecinada a la derrota y el afán de superación.
Marca enumera todo sus trofeos. Es de agradecer y de justicia. Extraña un poco más que Marca (y los medios en general) no frunza el celo ante la gigantesca anomalía de lo siguiente: 6 Champions, 4 ligas. Parecidas estadísticas manejan gigantes de la historia de este deporte que han pasado por el Madrid conquistando Europa… y no pudiendo hacer lo mismo con el campeonato local, por las razones que todos sabemos. Cristiano Ronaldo, el delantero más deslumbrante que hayan visto nuestros ojos, y que jugó en el Real Madrid nueve años, solo ganó 2 ligas, sucumbiendo en el campeonato doméstico ante una escuadra que, en contraste con las gestas europeas de los blancos, era sistemáticamente apalizada en cuanto cruzaba la frontera.
Qué raro, ¿no? No para Marca. No para la generalidad de los medios.
As se despide del “gran capitán”, si bien la despedida oficial para medios y público tendrá lugar el sábado a las 21 en el Bernabéu. Será una noche de emociones fuertes. Dani se despedirá con el que constituye el verdadero Clásico del fútbol español, un Real Madrid-Athletic de Bilbao, y al término del encuentro se prevé no esta vez un centro lateral (inolvidable frase de un narrador prescindible, dedicada a Carvajal), sino un homenaje a la altura de las expectativas. Ya tuvimos, hace bien poco, ensayos altamente emotivos en las despedidas de Kroos, Modric y Ancelotti. Con que lloremos la mitad que cualquiera de esos días, habremos garantizado el suministro de los embalses de España desde el sábado a las once hasta el mismísimo jueves santo del próximo año bisiesto.
En fin. La emoción nos inunda desde ya, como podéis percibir en esta pieza colectiva de tributo y despedida a Carvajal que hemos preparado los diferentes miembros del consejo de redacción de La Galerna.
Os dejamos con la prensa cataculé. Pasad un buen día.
Se marcha Dani Carvajal, el último de una estirpe inigualable. Del selectísimo ramillete de futbolistas que han ganado nada menos que 6 Champions, ya no quedará ninguno en el club, que inaugura una epoca en principio huérfana de liderazgos. Porque si era algo el incomparable Dani era precisamente eso: un líder.
Varios de los componentes del consejo de redacción de La Galerna han querido expresar su sentir en este momento histórico.
JESÚS BENGOECHEA escribe: Se despide del madridismo el más leal portador y difusor de su esencia. De cuantos quedan en el equipo, ninguno sustancia de manera más fiel en qué consiste precisa y exactamente el Real Madrid. Su abrumador historial habla de esa ambición inextinguible (27 títulos, entre ellos 6 Champions, que le convierten en el segundo futbolista más galardonado de todos los tiempos en el mejor club del mundo), mientras su pundonor en el campo habla de la filosofía adusta y resuelta del hombre de bien.
Se va el mejor lateral derecho de la historia del mejor club de fútbol del planeta, ni más ni menos. Hay que sentarse a tomar aire para valorarlo, antes de que la enormidad de la ocasión nos pase de largo entre post y post del maldito Instagram. Para otros puestos, a la hora de elaborar esos onces históricos que nadie nos reclama, puede haber discusión (¿Roberto Carlos o Marcelo?, ¿Redondo o Casemiro?), pero nadie en su sano juicio puede mirar su palmarés colectivo, ponderar su peso en el mismo y negar la hegemonía abrumadora de Dani en su posición. La lealtad, la longevidad y el oficio infinito de Chendo. La pugna inagotable y el carácter ganador de Salgado. El brillo fugaz y el aplomo de Panucci. Qué grandes han sido todos. Pero Carvajal ha hecho acopio de las virtudes de todos ellos, les ha restado gluten y ha sacado 6 Orejonas por el otro lado de la cadena de producción.
Lo eligió el Destino el mismo día en que, siendo un niño, salió con D. Alfredo a poner la primera piedra de Valdebebas. Ese niño podía haber acabado siendo el lateral derecho del Murcia, con todos los respetos, pero el Madrid no se conforma con nada que quede por debajo del cuento de hadas o el cantar de gesta, de suerte que ese chavalín rubicundo de Leganés acabaría ganando más Copas de Europa que el propio D. Alfredo. Lo pones en el guión de una película y el productor te lo tira a la cara por inverosímil.
Dios salve a Dani Carvajal por siempre. Será señal de que nos salva a todos.
Gracias, Dani, por tu tenaz compromiso con nuestra felicidad y, encima, por haber triunfado tantísimas veces en esa obsesión de darnos alegría.
LUIS MONTERO MANGLANO escribe: De entre los fondos del “Museo Imaginario del Real Madrid”, uno de los tesoros más fascinantes es este lienzo de Francisco de Goya que representa ni más ni menos que a Carvajal en la banda derecha. Transformado en coloso, enlutando su sombra el horizonte (como decía el poema), a sus pies huyen espantados decenas de grandes futbolistas convertidos en mindundis ante la presencia imponente y terrible de Dani Carvajal. Y es que, encaramado sobre seis copas de Europa, ¿quién no alcanzaría medidas colosales?
Tiene sentido que solo el genio de Goya fuera capaz de captar toda la esencia de “Carva”. Dani siempre fue goyesco, corajudo y empecinado. Compacto como una navaja plegada: de roble el pellejo, de acero el corazón. Ciertamente, a Carvajal en tiempos de Carlos IV le habrían sentado bien unas patillas densas como zarpas de oso y un trabuco en cada mano para espantar franceses… o ingleses, o italianos, o quien fuera que se atreviese a acercarse por sus dominios en el campo de juego; don Daniel Carvajal, el último príncipe bandolero. “El rey mandará en España, pero en la banda derecha mando yo.” Y a ver quién tiene pelotas para discutírselo.
Su sangre no es azul ni roja, es blanca, como una zamarra del Real Madrid de las antiguas, de las de tiempos de Paco Gento, de las que ya no quedan porque con el adiós de Carvajal se extingue quizá la última de ese blanco purísimo que ha honrado el césped de Chamartín. Coloso y guerrillero, azote napoleónico y terror del adversario: como todo eso no cabe en un dorsal, en el suyo ponía “Carvajal” solamente. No era, como aquellos guerrilleros dieciochescos de honor rocoso y sangre de lava, el más adecuado para capitanear un ejército organizado como el mecanismo de un reloj, porque entre “Carvajal” y “carajal” solo media una letra de distancia (la V, que es de Victoria); pero dadle un puñado de malditos bastardos que, vestidos de blanco, mueran y maten por el escudo y conquistará imperios y molinos de viento. Ese es Carvajal, temible en la guerra, ingobernable en la paz como una galerna; será por eso por lo que también él tiene seis copas de Europa.
Algunos expertos creen que el “El Coloso” de Goya no es de Goya en realidad. No estoy seguro de si eso es cierto, pero de lo que no cabe duda es de que Carvajal ya no es de Carvajal, quizá ya ni siquiera sea Carvajal; ahora es leyenda simplemente, es El Coloso, y pertenece para siempre al madridismo.
JOHN FALSTAFF escribe: “Se retira Carvajal y es como el certificado de defunción de una era, de una era gloriosa para el Madrid. Sí, ya sé que lo que se ha anunciado es que Carvajal pone fin a su etapa en el Real Madrid, pero aunque estire su trayectoria profesional en algún otro lugar durante unos años, se retira hoy, como tantos otros grandes se retiraron a los efectos que importan el día que dejaron el Real Madrid para colgar las botas en otro club.
No se da carpetazo a trece años de titular en el Real Madrid, no se cierra una etapa como el mejor lateral derecho blanco de la historia, no se abandona el club donde se conquistaron nada menos que seis Champions para continuar con la profesión como si tal cosa. Lo que venga a partir de ahora no será más -no podrá serlo- que un expediente administrativo, una extensión de la vida laboral de que dará fe alguna dependencia funcionarial, pero que pertenece a un plano diferente que se sitúa a una distancia abismal de la etapa anterior: la que separa la gloria de los garbanzos, las mayores gestas de la burocracia, la épica más elevada de la prosaica mundanidad.
Así que Carvajal se retira y todos nos retiramos con él, o al menos retiramos ya definitivamente de nuestro presente ese Real Madrid que nos ha hecho tan felices, tan inmensamente felices. Ese Real Madrid que no se conformó con ser digno de su historia, sino que quiso engrandecerla aún más, y no decayó en el empeño hasta elevarla a cotas impensables, inimaginables. Con futbolistas primorosos, con algunos de los nombres que ya ocupan en la historia del Real Madrid el excelso lugar que hasta hace poco era exclusivo de los Di Stéfano, Gento, Puskas, Santamaría y compañía. Y con Carvajal.
Carvajal ha representado durante todos estos años lo mejor del Real Madrid. No por ser madrileño de Leganés, circunstancia que sólo a los piperos importa, y ni siquiera por proceder de la cantera, aun siendo ésta una circunstancia por la que nos felicitamos. Sino por haber encarnado las mejores virtudes madridistas: esfuerzo, compromiso, determinación, afán indestructible de victoria, voluntad férrea de superar las propias limitaciones.
Sería la casualidad o sería el destino, pero no pudo estar mejor elegido aquel niño que salió en la foto junto a Di Stéfano poniendo la primera piedra de Valdebebas. Carvajal, el depositario y portador de la mejor tradición madridista. La brillantez nos deslumbra y nos regocija, pero lo que nos emociona verdaderamente a los madridistas, lo que conmueve cada fibra de nuestro ser, lo que constituye la esencia última del Real Madrid es el espíritu de lucha. El no rendirse jamás. El triunfo logrado con calidad, sí, pero sobre todo con sacrificio. Como el que siempre ha encarnado Carvajal. Se va un grande. Uno que hizo más grande aún al Real Madrid. No cabe mejor hoja de servicios”.
ATHOS DUMAS escribe: Carvajal ostenta un récord increíble. Tan sólo 2 jugadores pueden presumir en su palmarés de haber ganado 6 copas de Europa habiendo jugado como titulares en esas 6 ocasiones. Uno es nuestra amada y llorada "Galerna del Cantábrico", con aquellas 5 victorias consecutivas más la de los Yeyés en 1966, luciendo el brazalete de capitán en esta última.
El otro es nuestro Dani Carvajal, madridista 'from the womb to the tomb', desde que puso la primera piedra en Valdebebas al lado de Don Alfredo. 6 copas de Europa y 6 titularidades. 6 finales y 6 plenos. Mejorando en esta estadística al mismísimo Paco Gento, que, además de sus seis triunfos, jugó en dos finales más (1962 y 1964), en las que no logró la victoria.
Enorme lateral derecho, Carvajal también ha sido talismán al lograr ese récord de vencedor imbatido en finales europeas de primer nivel . Y no olvidemos que en su último logro abrió el marcador en Wembley, peinando un caviar de Kroos, y que obtuvo ese dia el galardón de mejor jugador de la final, un merecido MVP para su enorme palmarés.
Blanco eterno, Dani.
Desde estas líneas se te agradece infinito tu dedicación, tu esfuerzo denodado y tus 450 partidos como jugador en la primera plantilla. Y se te desea lo mejor allá donde vayas. Seguramente no tardaremos en verte de nuevo por Valdebebas. Tú eres esencia vikinga de los pies a la cabeza.
FRED GWYNNE escribe: Un fuerte de juguete lleno de vaqueros e indios; una bicicleta Abelux verde, con el manillar torcido por un golpe en un descampado de los setenta; un primer poema en la revista del instituto; la película “Y si no, nos enfadamos” en el cine Amaya, rodeado de cientos de niños tan ruidosos como yo; una caña de pescar de bambú hecha por mi abuelo; mi madre ganando la Décima; un cuadro con un pulpo de resina que me acompañó en varios traslados; mi padre diciéndome que Di Stéfano es el mejor jugador de la historia; un beso a mi mujer en una playa, en dos, en mil…
Hay recuerdos que se quedan a vivir contigo. Pasan los años y ahí siguen, intactos, provocándote una sonrisa bobalicona cada vez que los evocas, recordándote que sigues vivo. Carvajal ya es uno de ellos. Cada Copa de Europa con él recorriendo la banda me acompañará siempre.
Larga vida, querido recuerdo.
RAFAEL GÓMEZ DE PARADA escribe: Recuerdo las lágrimas de Dani Carvajal en el minuto 36 de la final de la Champions de 2016 en Milán tras abandonar el campo por una nueva lesión muscular. Era la segunda vez que le pasaba en una ocasión similar, tras la lesión que provocó su sustitución en la final de Lisboa en 2014. Si en la primera ocasión su lesión le supuso perderse la Eurocopa de Francia, en la segunda se veía que el jugador lloraba amargamente su doble suerte: no poder disputar la final para ayudar a sus compañeros en la consecución de la Undécima y, a buen seguro, renunciar al Mundial de Rusia, como así sucedió. Dani lo daba todo y el cuerpo, en ocasiones, le decía que no podía más. Se quebraba de tanto forzarlo.
Carvajal es puro madridismo y, como tal, se rebeló contra la desgracia y se propuso dejar atrás esa fama de fragilidad muscular. Cambió la alimentación, los hábitos, trabajó duramente y logró volver cada año más fuerte que el anterior. Y más, y más, y cada nueva temporada lo veíamos más rocoso, más solvente en defensa y más eficaz en ataque. 2024 fue su gran año. Seguro que lloró, pero esta vez de emoción, cuando él, el más bajito entre todos los gigantones concentrados en el área, se levantó para cabecear limpiamente el gol que abría la lata del Borussia Dortmund en la final de Wembley en 2024. Un mes más tarde rompería la defensa croata para marcar en el debut de España en la Eurocopa.
El mismo niño que lloraba emocionado tras poner la primera piedra de la Ciudad Deportiva de Valdebebas lloraría varias veces más a lo largo de su carrera. De rabia y de emoción. Para descargar su frustración y, sobre todo, para celebrar que supo sobreponerse a todo ello y firmar una carrera espectacular.
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Anduve anoche con lo de las elecciones en Andalucía y me dio por pensar que el Madrid me recuerda al PSOE, desde luego que en materia de resultados; a ambos les urgen.
Con una diferencia notabilísima, eso también: en lo del PSOE no hay VAR, o sea, árbitros. En lo suyo sí hay jueces, pero no llevan pito. Debe dar una paz envidiable. Imagínense que, además, tuvieran que lidiar con Manolete, Iglesias no sé cuántos, esa tropa.
Y no me quedó muy claro quién necesita más a Mou, si el Madrid o el partido socialista. Pasan las horas y sigo igual. Ambos tienen líder, Floren y Sánchez respectivamente, pero necesitan algo más, ese tipo peculiar que les lleve a ganar partidos o elecciones. Ese líder.
El Madrid es poder. Perfecto. Barça, la Liga, el CTA, la federación entera, ¿son poder también? Anden, váyanse al carajo.
¿Si podría ser una tipa? Sí, por supuesto. En el PSOE tienen magníficos ejemplares, y sería estupendo que desde el 1 de julio al Madrid lo entrenara una mujer, igual da señora o señorita. Faltaría más. En realidad, un pollo entre sexos es lo poco que le falta al club en este momento.
Habría otra posibilidad, y es que Mou entrenara a la vez al Madrid y al PSOE. Recordarán que, cuando su primera vez se planteó si podría entrenar a un tiempo al Madrid y a Portugal, la cosa no cuajó. Y ahora, de Ferraz a Valdebebas, media hora en horas punta. O sea, entre tres y cuatro de la madrugada. Yo le veo preparado para ello.
Porque va a ser Mou; en el Madrid, digo. La situación es parecida a la de hace un año, cuando la mayoría de expertos y similares se rendía a Xabi Alonso y el presidente no lo veía claro. Pasa lo mismo al revés. Naturalmente. Los anti dan al Madrid candidato al descenso y Floren lo ve levantando la 16. Que no sería ganar la Copa de Europa, digo yo, sino convertir al equipo en lo que fue. En lo que usted está pesando.
Un reto apasionante. Como el de Xabi en el Chelsea, por cuatro años firmó. Le irá bien, normalmente, vamos. El lugar y su momento son magníficos. El equipo ganó el primer Mundial con Maresca y acabó deshaciéndose ocupando el décimo puesto de la Premier. También perdió la final de la Cup, pero eso fue más digno. En una final, uno pierde seguro. Y tampoco metió Mou al Benfica en la Champions. Portugal tiene dos plazas ahí y ya se sabe: Benfica, Oporto y Sporting, sobra uno. A Xabi no le faltará dinero, además. Sí, normalmente le irá bien.
Ambos tienen líder, Floren y Sánchez respectivamente, pero necesitan algo más, ese tipo peculiar que les lleve a ganar partidos o elecciones. Ese líder
Total, que lo más probable es que el nuevo Real Madrid siga siendo el de Florentino al mando y el del regreso de Mourinho al banquillo. Un madridista ‘decíamos ayer’, Fray Luis nos lo permita. Muy interesante. Y una gran prueba de paciencia y templanza: la batalla contra esa realidad será terrible.
Y acabo. El ruido de la semana pasada acabó con un resumen por lo escuchado y leído: Florentino ha sido un magnífico presidente, pero ya no (uno) y el Madrid es el poder (dos). Me parece muy bien, hay gente ‘pa tó’, pero pregunto: si el Madrid es el poder, ¿qué es el FC Barcelona?
Anden, váyanse al carajo.
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Buenos días, amigos. Si la elaboración de los Portanálisis estuviera a cargo -un suponer- de Xavi Hernández, hoy comenzaríamos afirmando que las portadas están muy altas, que así no hay manera de desarrollar los portanálisis que nos gusta proponer, y que quien pierde es la literatura. Con mucha humildat, eso sí.
Si, por el contrario, quien firmara estas líneas anónimas fuera Guardiola -otro suponer- tal vez hablaríamos de que venimos de un país pequeño, allá arriba, en la esquinita, lleno de campanarios, y lamentaríamos que el pérfido estado español nos presente unas portadas inanes para que no podamos desarrollar nuestra desaforada agudeza portanalítica y nuestra prosa que, aunque nos esté mal el decirlo, reinventa cada día la literatura. Esto lo expresaríamos con mucha humildat, por supuesto, porque a nosotros a humildes no nos ganaría nadie, lo que sería dicho con toda la humildad del mundo, esa que nosotros monopolizaríamos.
Resulta, por el contrario, que no somos ni Xavi Hernández ni Guardiola, sino que somos madridistas y estamos orgullosos de serlo. Así que no va en nuestra naturaleza el ponernos campanudos, ni el tratar ridículamente de dotar de un barniz de pretendida transcendencia a cualquier excrecencia de nuestro magín, ni mucho menos el buscar excusas desatinadas que justifiquen un victimismo cobarde y ventajista. Las portadas del día son las que son, el césped está cortado a la altura a la que está cortado y los campanarios siguen dando las horas en la esquinita -and elsewhere- sin acento catalán. Así que vamos allá.
Lo cierto es que, tras la semana convulsa que acabamos de pasar, agitada como un terremoto por la rueda de prensa de Florentino, flota en las portadas una sensación de distensión, un aflojamiento general. Tras los espasmos, estremecimientos y paroxismos de placer agónico provocados por las declaraciones del presidente del Real Madrid, las portadas vienen hoy blandas, flácidas, diríase que fumándose un pitillo con la cabeza apoyada en el cabecero de la cama.
A ello ayuda que la liga también es ya una cosa fofa y lacia, más allá de la lucha por evitar un descenso que -no nos engañemos- interesa sólo a las aficiones de los equipos concernidos por ella. Para el resto, incluidos nosotros, madridistas, estas últimas jornadas se asemejan a esas olas silenciosas que mueren de viejas en la playa cuando la mar está en calma. Una sensación de balneario de la tercera edad, una cosa triste y ligeramente depresiva, como ver a Dirk Bogarde despedirse en silencio del amor y de la vida en Muerte en Venecia, con la Quinta de Mahler sonando de fondo.
Así que, aprovechando la calma chicha, o más bien forzados por ella, los cuatro periódicos del apocalipsis madridista se centran en sendas despedidas: la de Griezmann de los fracasos rojiblancos, y la de Lewandovski de las trampas azulgranas.
Marca hace hincapié en unas declaraciones del propio Griezmann que son la enésima versión colchonera de la fábula de la zorra y las uvas, y que demuestran que el buen delantero francés ha acabado plenamente compenetrado (con perdón) con el club que no podemos entender. Y es que nadie se identifica tanto y tan bien con la zorra (con más perdón) de Esopo como el simpar Atleti. “Vuestro cariño vale más que una Champions”.
Hombre, querido Antoine, a nosotros nos parece estupendo (y en los días pares, hasta comprensible) que un futbolista profesional deje el Atleti para fichar por el Barcelona en busca de títulos. Pero se nos antoja pelín hipócrita que años después, y regresado a casa con el rabo entre las piernas, sostenga que el cariño de los aficionados atléticos vale más que una Champions. Por otra parte, quién querría una Champions cuando puede disfrutar de que sus propios aficionados vandalicen la placa con su nombre en el estadio y la cubran de excrementos humanos. Cositas de la mejor afición del mundo, esa que no podemos entender y que también acoge en su seno a grupos filonazis inclinados a solucionar diferencias con aficionados rivales mediante el procedimiento abreviado de ahogarles en el Manzanares.
Añade el diario de Gallardo (de nombre) en un faldoncillo que se trata del “adiós de una leyenda”. Prima facie, uno podría pensar que Marca exagera, toda vez que calificar de leyenda a un (buen) delantero que ha contribuido con sus goles a la consecución de escasos tres tres títulos puede parecer ligeramente forzado, incluso para un club tan acostumbrado a perder como el Atleti. A punto hemos estado de afearle esa falta de comedimiento al periódico madrileño, pero en el último momento hemos reparado en el rigor sintáctico y semántico que caracteriza a esa cabecera. No es posible -nos hemos dicho- que Marca se exceda cargando la suerte de sus efusiones colchoneras, y finalmente creemos haber penetrado el sentido del titular. Efectivamente. Con gran tino, Marca se está refiriendo a la primera acepción que da la RAE al término leyenda: “narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición”. ¡Bravo, Marca!

El resto de portadas, ya os decimos, más de lo mismo: gracias por tanto, más leyendas (esta vez de Polonia, con perdón nuevamente), huellas imborrables y demás tópicos al uso. Y más olas lacias y más playas sin sol y más cerveza sin espuma y más espuma sin cerveza. ¡Qué días, Señor!
Pasad un buen día.
Buenos días. En las portadas deportivas de hoy hay gente volando por los aires. Tranquilos, no se trata de ningún ataque terrorista, sino de dos homenajes (uno en el Metropolitano y otro en el Camp Nou) a sendos jugadores de fútbol. En el mejor estadio de Coslada, el tributo era para Griezmann, delantero que abandona el Atleti con vistas a una última aventura, financieramente provechosa, en algún destino exótico.
Si Griezmann aparece, como decíamos, volando por los aires, es porque existe la costumbre de mantear a los homenajeados (el padre de una exnovia de este portanalista decía ojomeneados, sin que jamás llegara a saber si lo decía en broma o creía en serio que la palabra es así), lanzándonos al viento en medio de olés. Marca titula con una emotiva frase del francés: “Vuestro cariño vale más que una Champions”. Vaya nuestra consideración paga Griezmann en esta hora del adiós, si bien dudamos de la conveniencia de exhibir el cariño de la afición a este deportista en la sala de trofeos del club. Griezmann, por cierto, solo ha ganado tres en el referido club, lo que no impide que Marca y As le llamen “leyenda” y “mito”, respectivamente. El lenguaje tiene sus límites. Queremos decir, con el debido respeto, que si Griezmann puede ser calificado de leyenda y mito habrá que inventar palabras nuevas para reflejar el estatus que en la historia del fútbol corresponde a Di Stéfano, Gento, Modric, Kroos o Cristiano. Si Griezmann es una “leyenda”, si Griezmann es un “mito”, ¿qué etiqueta merecen los que acabamos de mencionar?
En el estadio del equipo que pagó a Negreira, el ojomeneado era Lewandowski, a quien Sport también califica de “leyenda”. Se trata de un jugador que llegó el club prestamista de Tebas con la vitola de ser campeón de Europa en el Bayern de Múnich, título que no ha podido revalidar con los colores blaugranas. Sin embargo, y gracias a que pudo ser inscrito con palancas financieras manifiestamente fraudulentas, sí ha podido ganar unas cuantas ligas, todas ellas marcadas por la acción implacable de los herederos de Negreira, gente obstinada en honrar las enseñanzas de su padre putativo. Que le vaya muy bien al polaco, gran goleador que tuvo el desacierto de estropear su ilustre historial jugando para un club corrupto.
En lo tocante al Madrid, ya sabréis que ganó de manera intrascendente al Sevilla (0-1) gracias a un gol de Vinícius que, de haber estado el Madrid jugándose la liga, habría sido anulado por falta previa de Mbappé con probabilidad igual a uno. El sistema es tan previsible… Con el título de liga ya decidido, nos hallamos en lo que nuestro amigo Paul Tenorio ha denominado “fase de disimulo arbitral”, es decir, aquella a través de la cual, con el campeonato ya descansando en Can Barça con arreglo al plan trazado, se maquillan las escandalosas estadísticas regalando favores intrascendentes que son como stripteases practicados ante los ojos de un eunuco.

En esta fase de disimulo arbitral, los que sigue sin disimular nada, en cambio, son los medios de comunicación, entre ellos la inefable COPE, esa emisora que pertenece a una institución teóricamente intachable y que a la hora de la verdad, al menos en lo referido a información deportiva, es el Sodoma y Gomorra de la radio. No eres un impresentable como Dios y la Conferencia Episcopal mandan si no has vomitado tus excrecencias en los micrófonos de esa emisora malhadada.
¿Que si nos gusta la COPE? Leyendo entre líneas, habréis podido deducir nuestra postura, y eso que estimamos enormemente a profesionales como Arancha Rodríguez, Melchor Ruiz y por supuesto nuestro adorado Tomás Guasch.
El caso es que Vini marcó y que a la COPE no le gustó que el brasileño celebrara su gol sin pedir perdón ni usar debidamente el cilicio. Lanzaron una botella al brasileño, que es lo que debería preocupar a todo el mundo. Sin embargo, ved el enfoque del incidente por parte del CM de la cuenta de X de la eximia cadena.

Como bien apuntaba un amigo tuitero, la pregunta debió estar complementada por otra que luciera, ya sin tapujos, la verdadera preocupación de la COPE.
“¿Lamentas que la botella no acertara con el objetivo?”
Pasad un buen día.