Las mejores firmas madridistas del planeta

El domingo vivimos una nochecita poco vista en el Madrid. Nos contaban que si no ganaba despedía a su entrenador. No es frecuente. Con el Madrid mediante, no acostumbran a caer entrenadores.

Del rival, pocas veces, con el Madrid lo normal es que palmes. Propios, algunos pocos. Curiosamente, españoles los últimos. Los recordados Benítez&Lopetegui. El Madrid ha sido, es y será europeo sobre todo.

Fue una noche especial, sí. Hogares, bares con o sin lucecitas, peñas de todo pelaje se desbordaron para seguir el gran momento. ¡El Madrid va a echar al entrenador!

En muchas redacciones de prensa, radio y televisión pasó que se presentaron a trabajar tíos y tías que libraban. Conozco diez. Soñaban con la locura, no iban a perdérselo. En un par de ellas se gritó más el gol del empate que en Mendizorroza. Hay fotos, otra cosa es que las publiquen. Gritos, abrazos, sollozos, lloros… En fin, lo siento: ganó el Madrid, otra vez será.

Ganó este Madrid que sigue haciendo las cosas a medias. Lo suficiente para que Xabi esté en Talavera, estadio del Prado, el equipo de mi abuela Guille. Ojo que irá con ellos, los suyos, y cuando la abuela intervenía… Y sigue interviniendo, sí. Es algo que el nieto primogénito siente y sabe. El anti sueña con un Alcorconazo. En fin...

Yo no esperaba ayer una maravilla, la verdad. El ambiente es el que es, las bajas son las que son. Apretaba el cinturón y el madridismo recelaba: ¿el Alavés es menos que Rayo y compañía? Esta vez, como todas aquellas, Bilbao inclusive, la pelota estaba en el tejado del Madrid. Si hace lo que debe, gana. En la Liga, seguro.

Y lo hizo un rato sí y otros no. Arrancó bien, luego se difuminó. Quizá de haber salido así ante el Celta… Dominaba, se adelantó y fue desapareciendo, lo que le llevó a verse empatado a falta de veinte minutos y a sentir que el corazón se le ponía a mil.

esta vez, como todas aquellas, Bilbao inclusive, la pelota estaba en el tejado del Madrid. Si hace lo que debe, gana. En la Liga, seguro

Rodrygo, dos goles en los últimos dos partidos, decidió tras jugadón de Vinícius, lo mejor de su noche. Ahora que el 11 emerge va a resultar que el tipo a rescatar es el 7.

Pasó, en fin, lo más razonable. Si lo fue que el equipo de las mil bajas no ganara el City, cabe considerar también razonable que este Madrid, cualquier Madrid, le gane al Alavés. Normalmente, vamos. Por la mínima, ¿eh? Resultado justo por méritos y en el marcador.

El desenlace le da aire a Xabi, pero debemos admitir las dudas que sigue dejando el equipo. Dudas razonables contra las que podemos pedir un antídoto: que 2026 sea el año sin lesiones y el entrenador pueda dar con su once ideal. Y los muchachos vean claro por fin.

Hay que esperar. Seguir esperando, o sea. Qué pasará no lo sabe nadie. Lo que no se discute es que la tarea es complicada y divertida porque, además, al Madrid no le pitan a favor según qué penaltis ni le anulan al rival según qué goles. El Reglamento no es bueno ni malo para el Madrid, es distinto… ‘Ellos’ lo interpretan así.

Lo confirma el penalti no pitado a Vinícius, que fue continuación de aquel tampoco señalado a favor de Rodrygo en Girona: es flipante. Y no puede ser casual. A estas alturas, imposible.

Admitamos en lance generosísimo que el árbitro, o sea dos, el de ayer y el de entonces, no vieron uno ni otro. Urge llevarlos al oculista, pero mientras tanto eso, lo admitimos. ¿Y el VAR? Es tremendo, sí.

Quizá un día el ultimátum sea para los árbitros. ¿Para cuándo?

El señor jefe Soto, la del Soto del Parral, ¿dónde estarán nuestros mozos que la cita no quieren venir?, otra vez mi abuela, nos aconsejaría que lo olvidáramos. Soto, no mi abuela: vuelva usted mañana. Quizá un día el ultimátum será para ellos. ¿Para cuándo? ¡Jaaaja: es broma!

Ah. No les mareo con lo de Negreira, las declaraciones del otro día. Sí les participo que tengo dos nuevos ídolos: el abogado y la abogada de Liga y Federación. Una pregunta entre los dos formularon en tan excitante encuentro con lo más granado del ‘affaire’. Una y fue una cosa así como “señor Laporta, buenos días, por favor ¿qué hora tiene?” ¡Es todo tan de coña…!

 

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"Ver la luz al final del túnel" es una metáfora que significa el final de una situación difícil, larga o de sufrimiento, y la llegada de una esperanza, solución o tiempos mejores.

Simboliza el fin de la oscuridad, la adversidad o la incertidumbre, indicando que algo positivo está por ocurrir. Leyendo con calma la definición, es lo único a lo que agarrarse como aficionado del Real Madrid, esa luz que llegó a deslumbrar hace mes y medio al aficionado madridista y que sin embargo ahora tiene que hacer un esfuerzo para lograr llegar a verla.

No creo que los de Xabi Alonso se fuesen muy contentos de Vitoria, más allá de que sí, se consiguieron los tres puntos, algo que no deja de ser lo más importante para la clasificación liguera. Sin embargo, se volvió a ver a un equipo que como te pille con pocas horas de sueño, te va a hacer sudar la gota gorda en una batalla cuerpo a cuerpo contra tus párpados. Un poco lo mostrado ya en encuentros anteriores: empiezan bien en el sentido de controlar el juego, que no de disfrutarlo, y luego con el transcurso de los minutos empiezan a dar sensación de que ojalá los partidos no durasen noventa minutos. El problema es que duran noventa minutos.

Lo que más le puede frustrar al madridista viniendo de dónde venía —y no me estoy yendo al último año de Ancelotti, me refiero a este mismo Real Madrid de Xabi Alonso desde el Mundial de Clubes hasta el día del Valencia, más o menos— es que el equipo haya pasado de tener esa luz muy cerquita, tocándola con los dedos, a que tras cada partido esté dando pasos para alejarse de ella. Es imposible dar una razón lógica a todo esto si has visto desde el primer partido hasta el último que ha dado lugar en Mendizorroza del proyecto post-Ancelotti, imposible. Podremos añadir al debate el asunto de las bajas por lesión y el de los arbitrajes, pero, seamos serios, no justifica este cambio.

En el fútbol hay que chocar con el rival, ganar en los duelos, ir al suelo, repetir esfuerzos, jugar a primeros toques, tener la intención de robar en campo contrario, ocupar espacios y desmarcarse para que no todo sea al pie, es decir, no estar quietos. Sin movilidad es muy difícil hacer daño a nadie, al menos en la élite, supongo que para jugar frente al Talavera el miércoles hasta te da para conseguir una goleada. Que falta fútbol es un hecho, hasta aquí puedes asumir que es una cuestión de tiempo que los mecanismos rotos puedan volver a enlazarse, pero al menos de momento, pon todo lo demás para que la espera se nos haga un poco más corta. Quiero decir, que vale, el chef se ha quedado sin sal, en estos instantes todo lo que se cocine hasta volver a tenerla no va a conseguir estar en su plenitud de sabor, ahora, usemos todos los ingredientes que sí tenemos, no le quites también otros tres o cuatro, porque el plato va a estar infumable.

Lo que más le puede frustrar al madridista viniendo de dónde venía, es que el equipo haya pasado de tener esa luz muy cerquita, tocándola con los dedos, a que tras cada partido esté dando pasos para alejarse de ella

Lo que necesita cuanto antes Xabi Alonso es que sus jugadores no parezca que elijan los partidos, que yo no sé si lo parece o es que directamente lo hacen, algo que en cualquier caso no estaría consensuado con él, evidentemente. Si te pones a ver el comienzo de los duelos frente al Alavés y al Manchester City hasta el gol, te vuelves loco recordando el encuentro contra al Celta, o un tramo considerable del partido en Vitoria, porque las cosas que dependen única y exclusivamente de los jugadores no hay bajas ni arbitrajes que te lo impidan hacer.

Contaba Siro López durante su etapa como jefe de prensa del Deportivo de la Coruña una anécdota que creo que es muy adecuada en relación a la situación actual que está viviendo el Real Madrid. Un día, en un partido en Oviedo, Javier Irureta se tiró desde el minuto uno al noventa gritando desde el banquillo a su equipo que por favor presionasen alto, dando mucha importancia a mantener la línea. En resumidas cuentas, que no se hundieran bajo ningún concepto. El equipo, sin embargo, fue poco a poco cayendo, lo que como consecuencia llevó a ver en la prensa a la mañana siguiente definir a Javier Irureta como un entrenador “defensivo”, cuando él desde la banda se dejó la voz en querer hacer un plan de partido completamente distinto. ¿De quién es la culpa? Pues un poco de todos, como en todo.

La idea de partido con la que sale ayer el Real Madrid es la correcta, quizás se le pueda achacar algo más de profundidad en algunos momentos, pero el equipo gobernaba en todos los factores del juego. De hecho, se pone por delante en el marcador de forma completamente merecida, gracias a un buen pase de Jude Bellingham, jugador del que necesita su mejor versión el Real Madrid como el comer, y a una definición excelsa de Kylian Mbappé, que por cierto ya está a tres goles del récord de Cristiano Ronaldo en un año natural. Pues bien, tras el gol, el Real Madrid pierde gran parte de lo mostrado hasta entonces, sin un motivo aparente ni bajo la justificación de “nos falta tal pieza”, porque estaban los mismos que habían hecho una actuación más que correcta en los primeros treinta minutos.

Me cansa muchísimo leer constantemente que el Real Madrid no ha sabido (o no ha querido) fichar un reemplazo natural de Toni Kroos, es decir, situarlo como el motivo principal que le lleva a vivir el camino de amargura en el que se encuentra durante el último año y medio el equipo. Siendo verdad que será una baja importante toda la vida, que no nos cuenten más historias respecto a este tema. Todos hemos visto al Real Madrid dominar y jugar muy bien sin el alemán, vamos a superar de una vez esa crisis, e ir más allá. Que sí, que le haría muy bien este perfil en el medio, si de esto se está dando cuenta hasta el chaval de siete años que está ahora empezando a entender sobre fútbol, pero no lo puede justificar todo. Como tampoco lo deben hacer los arbitrajes, teniendo claro y meridiano que el estamento arbitral español es el que tiene el nivel más bajo de las cinco grandes ligas europeas. Por desgracia.

En lo que estamos todos de acuerdo es que la única forma de calmar las aguas es hacerlo con victorias, y al menos esto sí lo consiguió alcanzar el equipo de Xabi Alonso en Álava, algo que ayudará bastante a entrenar con más tranquilidad de cara a los dos partidos que le quedan por jugar al Real Madrid antes de finalizar el 2025. Primero, el duelo de Copa, frente al CF Talavera el miércoles a las 21:00h. Segundo, el sábado, delante de su afición, en el Bernabéu, esta vez contra el Sevilla de Matías Almeyda, a la misma hora. Bien sabe Xabi Alonso, conocedor de la casa en momentos buenos y no tan buenos como jugador, que sólo ganando ambos encuentros podrá disfrutar de las campanadas siendo el entrenador del Real Madrid, y de pelear así por los títulos en el año 2026, empezando por la Supercopa de España, trofeo que se disputará en Arabia Saudí (del 7 al 11 de enero) frente al Atlético de Madrid en semifinales. Luego, de ganar, el rival de la final saldrá del equipo vencedor del duelo entre el Fútbol Club Barcelona y el Athletic Club de Bilbao. Hay que ir acercándose a la luz para no verlo todo tan oscuro.

 

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CTA + periodistas: construyendo dinámicas

 

Independientemente del análisis futbolístico del juego del equipo, voy a abordar cómo el CTA, ayudado por el periodismo patrio, ya sea en retransmisiones en directo como después, construyen dinámicas y ayudan a las crisis o recuperaciones de los equipos.

Tanto en Vallecas, Elche, Girona, Vitoria como con el Celta en el Bernabéu, hemos visto fallos groseros contra el equipo. Y no se trata sólo de esos fallos, sino que las mismas jugadas cuando se producen en un partido del Barça vemos que caen del otro lado. Es decir, tú puedes pensar que el codazo que le da Borja Iglesias a Jude no es para sacar roja, porque no está buscando eso y es fortuito, y que por eso el VAR no llama al árbitro. En cambio, cuando Cabrera, jugador del Espanyol golpeó a Lamine, el árbitro de VAR avisó al de campo y le mostraron roja.

@robertpg.oficial Empujan a Lamine Yamal 😡 #laminenosetoca #gamper #barça ♬ sonido original - RobertPG

Es verdad que se ve a Cabrera con intención de golpear a Yamal, exactamente igual que se aprecia que la reacción de Lamine es una sobreactuación dirigida a que expulsen a su rival. En la de Jude tenemos que dar por hecho que el rival no busca dar ese codazo pero, ¿estamos seguros? El golpe es claro y le parte la ceja, ¿de verdad pensamos que si es Lamine y no Jude se perita igual? Es cierto que Bellingham no hace la croqueta y simula que le falta el aire y que se muere, como hace Lamine en cada acción que va al suelo, o que directamente se tira.

A Carreras se le expulsa porque le dice al árbitro “Eres malísimo”, pero a Raphinha por llamarles cagones a la cara no:

Es cierto que está en el banquillo y no le oye el de campo, pero el cuarto árbitro está ahí, y luego están las imágenes para que competición intervenga pero no lo hace.

Esta temporada, al propio Raphinha le perdonan la roja en una entrada a destiempo contra el Mallorca, que está jugando con nueve en ese momento, y ni con esas. En la siguiente jornada, el Barça gana por la mínima al Levante y Raphinha es vital, dando una asistencia de gol.

Fran Soto está a la altura de la época más gloriosa de Negreira, mientras en redes los esbirros del Barça te quieren convencer de que es madridista él, Louzán, Tebas, etc

En el Real Madrid hemos visto que cuando pierden los papeles (y sin perderlos) se saca la roja ipso facto. En el Barça, hemos comprobado cómo se la perdonan a Messi, Raphinha, Yamal, Piqué, Luis Suárez... La lista es extensa.

La famosa intensidad que nos indican los medios de comunicación, ya en plena retransmisión o después, es vital para pitar una acción o dejarla en el limbo. Tienen un aparato que mide la intensidad y saben cuándo ha de pitarse y cuándo no. Es casualidad, oye, pero siempre el análisis cae del mismo lado: el del Barça. La patada en Girona a Rodrygo no tuvo intensidad suficiente para pitar penalti, y la del domingo a Vinícius en Mendizorroza tampoco. Nos lo dijo el inefable Iturralde González. El puño de Cabrera a Yamal si fue intenso.

Sabemos que en la sala VOR se recibe el audio de la retransmisión del partido, y hemos visto todos cómo un alarmado Carlos Martínez pone el grito en el cielo en una jugada, y tarda en reanudarse el juego porque el árbitro del VAR está revisando esa acción. Se vio en la jornada que expulsaron en San Sebastián a Huijsen: en directo, gritos de alarma cuando se produce. No hizo mucha falta, nuestro querido Gil Manzano lo expulsó en el acto, pero desde el VAR no se corrigió. Al día siguiente, Barça-Valencia, idéntica jugada de Eric García, que se quita de en medio a Hugo Duro siendo el último hombre. Se escucha a Carlos Martínez decir que Eric García corta una jugada peligrosa, sin alterarse.

Y no sólo es lo que dicen, sino las imágenes que nos muestran. Hay partidos en los que te parece que hay un penalti al Madrid, y ni una repetición, o jugadas conflictivas que no existen porque no se muestran.

En un mal momento de juego del Madrid, las decisiones siempre son en contra y le hacen entrar en crisis; y en un mal momento de juego del Barça, las decisiones siempre les favorecen y distancian al Madrid en puntos

Sin ir más lejos, en Champions, contra el City el otro día, nos repitieron el primer gol del City y centraban las imágenes en Rüdiger y si le hacían falta, mientras Bernardo Silva agarraba el brazo de Courtois. No repiten eso y, además, se oye a Mateu que hay un agarrón a Courtois que no es suficiente. Después, repiten sin parar el penalti a Haaland y lo peritan rápido ellos, sin que lo haga el árbitro. Y el de Gvardiol a Asencio lo repiten una vez, con la toma menos clara, y no opinan. El primer gol del Girona nace de un posible penalti a Mbappé que repiten en pequeño y centrándose en los brazos del defensa, no en la pierna con la que comete la infracción.

Carlos Martínez, cuando ve una jugada que perjudica al Madrid, da un veredicto claro, igual que si beneficia al Barça. Cuando es al contrario, tiene dudas, no es categórico, y no lo dice jamás del mismo modo.

Si protestas por todo esto, en redes salen todos los culés en manada a decir que le han pitado este año penaltis a Mbappé por pisar él a rivales, que le hemos partido la cara a Iñaki Peña y dieron validez al gol contra el Elche, que al portero no se le puede tocar, como si habláramos de esta jugada

Luis Suárez

Este fin de semana hemos visto el pack habitual de cómo se actúa con el Barça y el Madrid. En el minuto 85 del partido del Barcelona, entre Eric García y Koundé agarran a Catena, le meten la pierna por delante (¡¡ambos!!) y finalmente le empuja Koundé. Este cae y toca a Joan García, que no puede agarrar el balón, y Herrando marca a puerta vacía (igual a la falta de CR7 pitada en la semifinales de Champions de 2011 cuando le empuja Piqué y anulan el gol de Higuaín). El árbitro señala inmediatamente falta de Catena a Joan García, en la tele dicen que se ha tropezado el jugador osasunista. En los medios, nuestro querido Iturralde, nos dice que no es jugada de VAR (ese reglamento variable para entrar cuando les sale de las gónadas) y que Catena se tropieza.

Buen trabajo de Oscar Lago y Carlos Martínez. pic.twitter.com/g26FNo1IUS

— Fanáticos Real Madrid (@Fanaticos_RMCF) December 14, 2025

En esa jugada, una de dos: o ninguna es falta y es gol, o lo son todas y lo primero que se produce es un penalti a Catena. Lo que no puede ser jamás es falta de Catena al portero.

En cambio, en Mendizorroza no se pita el clarísimo penalti a Vini. Si llega a empatar el Alavés, tal vez se habría destituido a Xabi y estaríamos en una crisis sin precedentes El CTA hizo su trabajo perfectamente. Recordemos que está González Fuertes en el VAR, quien amenazó al Madrid el día previo a la final de Copa: “tendremos que tomar medidas y lo vais a ver”. Con luz y taquígrafos, a calzón quitado, y no pasa nada. Este jeta validó el gol de Giuliano este año con un compañero en fuera de juego que toca previamente en un partido que gana el Atleti. Y sigue ahí.

Por cierto, el comentarista de DAZN en la primera repetición pregunta: “¿alguien cree que eso es penalti?”  y se oye a Guti decir “si, lo es”, y dice alarmado “¡¿quién ha dicho que sí?!” y Guti dice: “yo, es penalti claro”. Le sorprende, ¡alguien ha tenido la desfachatez de decir que sí!

Bajo mi punto de vista, lo que estamos viviendo con Fran Soto está a la altura de la época más gloriosa de Negreira, mientras en redes los esbirros del Barça te quieren convencer de que es madridista él, Louzán, Tebas, etc. Esto es así desde siempre. Luego se descubre lo de Negreira porque lo dijo él, el resto nos lo tenemos que imaginar. Pero es el Real Madrid quien roba desde que Franco era corneta, porque lo dicen ellos.

En un mal momento de juego del Madrid, las decisiones siempre son en contra y le hacen entrar en crisis; y en un mal momento de juego del Barça, las decisiones siempre les favorecen y distancian al Madrid en puntos. A uno se le echa una mano y al otro se la echan al cuello. Con ello condicionas también cómo ha de actuar el rival: al Real Madrid le juegan bastante duro, al límite del reglamento, porque se permite. Van todos al 200%, y es difícil sacar los partidos. Al Barça no le disputan los encuentros jamás con esa intensidad, porque enseguida reciben tarjeta, y sus partidos son bastante más plácidos. Da la sensación de que contra el Madrid todos juegan finales y contra el Barça pasan de todo, y es porque los arbitrajes condicionan.

La tele oculta imágenes, o repite sin parar otras, y los comentaristas ayudan con sus apreciaciones a construir el relato

La tele oculta imágenes, o repite sin parar otras, y los comentaristas ayudan con sus apreciaciones a construir el relato. Los pocos madridistas que comentan en directo, callan por algún tipo de vergüenza, miedo o por seguir cobrando cada domingo, y muy pocas veces opinan a favor del Madrid. En radio, los comentaristas que siguen al Madrid en el día a día o que retransmiten sus partidos son todos antimadridistas.

El año pasado el Barça fue el equipo que más espectadores tuvo en televisión. Nadie en Movistar se pregunta por qué tanto madridista se da de baja y no quiere ver la basura de producto que venden, y Tebas tampoco lo entiende. Han convertido LaLiga en la Mugrienta Liga Negreira. Prefieren perder clientes y dinero pero seguir hundiendo al Madrid.

 

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Buenos días. Como a estas horas ya sabéis sobradamente todos, el Real Madrid cosechó en Mendizorroza una victoria de las que los clásicos llaman balsámica. Los menos clásicos, algo más horteras y por tanto abrazados a los estereotipos anglófonos, dirán eso de que Xabi Alonso ha salvado un match-ball.

Agradecemos a la prensa deportiva del día que no sucumba al símil tenístico, tan manoseado. A excepción de Mundo Deportivo, cuyos responsables cayeron también en un típico error. Lo veremos después.

“Vinícius abraza a Xabi”, titula As, y el único pero que le ponemos al titular es la disparidad alarmante con la foto, ya que en la misma es Rodrygo el objeto del abrazo de Vini, y no Xabi.

Aparte de esto, que canta un poco, es verídico que Vinícius abrazó efusivamente a su entrenador en el momento de ser sustituido, lo que denota que el clima en el vestuario ha mejorado, sin que ello implique por desgracia que también lo haya hecho el juego. El Madrid tuvo un buen primer tercio de partido enjundioso, pero luego cayó en un marasmo de desidia demasiado reconocible, y no recuperó el brío hasta que se vio obligado a deshacer el empate vasco. Podéis leer la crónica de Paco Sánchez Palomares, las notas de Gutiérrez de Panga y el comentario sobre el partido de Jesús Bengoechea, crípticamente titulado “En qué se parecen Courtois y Laporta”.

En sus destacados sobre la rueda de prensa pospartido de Xabi Alonso, As subraya la siguiente frase: “Me sorprende que no le haya llamado el VAR… pero no me sorprende”. Contradictorias palabras cuyo fondo, no obstante, creemos compartir. Las atrocidades del CTA contra el Real Madrid hace siglos que no sorprenden, pero al propio tiempo no puede cesar de dejarnos con la boca abierta la desfachatez con que se perpetran. Lo de ayer, con el penalti tangado a Vinícius por García Verdura y (sobre todo) por el innombrable sujeto del VAR, que se permitió amenazar en rueda de prensa al Real Madrid en la previa de la final de Copa, y ahora está cumpliendo sus amenazas, fue eso: sorprendente y consuetudinario al mismo tiempo.

Xabi en rueda de prensa, por cierto, está decepcionando un tanto. Ayer, y en ocasiones anteriores a la de ayer, tuvo de sobra ocasión para señalar con cólera los latrocinios del CTA, pero le vemos demasiado contenido. Panenkita en el banquillo y mourinhista ante la prensa, esa era la combinación que esperábamos. Por razones sobre las que podríamos especular, lo segundo por el momento ni está ni se le espera.

Y tendría su importancia. En el actual contexto, cuando luchamos contra los elementos institucionales y mediáticos, vendría que ni pintado un poco de guerra cultural. Xabi se está borrando de esa batalla, o metiéndose en ella solo con cuentagotas, con excesivo tiento. La paciencia que su proyecto requiere se cargaría de argumentos en la grada y el palco de afrontar con más resolución esa faceta de su cargo.

Teníamos pendiente la piedra en la que tropiezan una y otra vez casi todos los seres humanos: la coma del vocativo. Y Mundo Deportivo, al menos en parte, está hecho por seres humanos. Aunque en esta ocasión pondrán la excusa del cambio de línea y de tonalidad de las palabras.

En este diario tan peculiar, dedican la portada al «Dilema Ter Stegen». Para ellos, lo reseñable es si Flick le alineará en el partido contra el Guadalajara. Para nosotros, lo llamativo fue que a Joan García lo inscribieron merced a una baja de larga duración del alemán y, por hache o por be, ahora están los dos.

El fútbol español es un aparcamiento con plazas limitadas. Al Barça le dejan aparcar sus coches en el vado impidiendo el normal tránsito de los demás vehículos sin sufrir consecuencia alguna.

Os dejamos con la portada de Marca. Pasad un buen día.

El Madrid ganó en Mendizorroza, aunque no está claro si a la prensa del rubro se le caerá por ello de la boca el título de cierta película de Woody Allen que trata (tangencialmente) sobre tenis. La victoria estuvo cerca de no darse, básicamente por dos motivos. Que cada uno los ordene como quiera.

1.- El CTA, con desvergüenza sublimada en sudapollismo, puso en el VAR al sujeto que se permitió amenazar al Real Madrid, públicamente, en la víspera de la final de Copa. El tipejo se abstuvo de avisar al árbitro de campo, un tal Verdura (tan malo como él pero sin el punto de premeditación propio de su compañero), para que señalara un evidente penalti a Vinícius. No fue el único, pero sí el más sonoro error del dúo. Si lo combinas con la bochornosa anulación de un tanto de Osasuna el sábado en el Camp Nou, con 1-0 en el minuto 84, tienes en bandeja la comprensión de esta liga putrefacta que aún hay quien quiere que nos tomemos en serio.

2.- El Madrid, que facturó una primera media hora bastante potable, sesteó de manera harto abominable, desde que anotó Mbappé y hasta que empató el Alavés. Todo es muy confuso. Los horrorosos minutos, plenos de indolencia, que transcurrieron entre uno y otro evento, dan para teorías conspirativas que involucran lechos. Sin embargo, la reacción tras el tanto local las desmienten, y mueven a decidir (provisionalmente, todo es provisional este año) que los futbolistas están con su técnico. La voluntad no es un código perfectamente interpretable con cargo a los hechos, cuánto menos la voluntad de un colectivo. Y cuánto menos si ese colectivo pertenece a la Generación Zeta, como explicaba Nanook el otro día.

Esta temporada es un viacrucis, y nada hace pensar que dejará de serlo. Si ha de serlo, en todo caso, que sea ganando

Esas son las dos razones por las que el Madrid por poco no gana.

Vamos ahora con las dos razones (principales) por las que sí ganó.

1.- Aunque el equipo muestra desconexiones tan frecuentes y extensas que mueven a pensar que la rareza son en realidad las conexiones, y no crea más juego que el de zafarranchos intempestivos a despecho de excitantes, tiene a Mbappé y a Courtois, que ya hasta despeja las amenazas con la jeta, cual si fuese Laporta. Todo gran equipo necesita un gran goleador y un eminente portero, aunque por desgracia ambos requisitos sean condiciones necesarias pero no siempre suficientes. Asencio estuvo firme, Tchouaméni sigue en su línea, Rodrygo volvió a marcar, Bellingham estuvo más que digno y Valdepeñas tuvo un debut aseado. Sobre estas fortalezas se asentó la victoria.

2.- Xabi tuvo la paciencia (los más cínicos lo llamarán cobardía) de mantener en el campo a un negado Vinícius, y dicha paciencia le rindió fruto. En su primera jugada de mérito, ya enfilando el final del partido, el brasileño sirvió en bandeja el gol de Rodrygo. A diferencia de otras ocasiones, hoy sí habría cosechado el aplauso del madridismo (y el de la prensa) de haber sustituido a Vini. Esa omisión le salvó esta vez, sin que queramos usar de nuevo el título de Allen, de un disgusto muy serio. Habrá que aplaudir esta inacción. Vini no solo ganó el partido cuando más feo estaba todo: casi lo sentencia con un pase magistral a Gonzalo y provocando el mencionado penalti, el no señalado en el VAR por el prevaricador sin pelo.

Seguimos adelante, bien es cierto que amenazados por el filo de la incertidumbre. Como toda empresa humana, por otra parte. Esta temporada es un viacrucis, y nada hace pensar que dejará de serlo. Si ha de serlo, en todo caso, que sea ganando.

 

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Courtois: sobresaliente. Ya hace milagros hasta con la cara.

Valverde: bien. Mejor que los últimos partidos.

Asencio: bien. Serio y sobrio.

Rüdiger: suspenso. No está en su mejor momento. Se zampó el gol del Alavés.

Valdepeñas: bien alto. Debut aseado del canterano. Se mostró sereno y valiente para ser su primer partido.

Tchouaméni: notable. Abarca y aprieta.

Güler: suspenso. Partido mejorable del gran jugador turco, si bien es cierto que estuvo encargado de labores que casan mal con sus virtudes.

Bellingham: notable. Gran encuentro del inglés, además del habitual derroche físico.

Rodrygo: bien alto. Estupendo en defensa y peligroso en ataque. Desde el City parece otro, concretamente el que ya era hace un tiempo. Se apagó durante gran parte de la segunda mitad, pero volvió a encenderse para anotar el gol de la victoria.

Vinícius: bien. Su partido pasó de nefasto a decisivo en la jugada del segundo gol.

Mbappé: notable. Tiene más peligro que Laporta y Tebas juntos en un todo incluido. Sin estar al 100%, otro golazo.

Huijsen: sin tiempo.

Gonzalo: sin tiempo.

Mastantuono: sin tiempo.

Xabi Alonso: aprobado. A veces entendemos sus decisiones y le salen mal; otras veces no las entendemos y le salen bien.

 

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Arbitró Víctor García Verdura del colegio catalán. En el VAR estuvo un desvergonzado cuyo nombre y apellidos no vamos a mentar.

Todo el partido con la sensación de estar esperando cualquier jugada y acción para perjudicar al Real Madrid. Se mascaba en el ambiente. En la sala VOR, el inmoral que en la previa de la final de Copa cargó y amenazó contra el equipo blanco. Es un gremio repulsivo y no tiene pinta de que vaya a cambiar.

La sinvergonzonería de no pitar el penalti a Vinícius de Tenaglia es uno de los escándalos de la Liga. Pero no pasará nada. García Verdura dijo que no y el indecente que manejaba el VAR apagó las luces de toda Las Rozas para no ver las imágenes.

En los primeros 5 minutos dos entradas a Mbappé casi lesionaron al francés. En la primera, el catalán no pitó ni falta. Barra libre. Quiso templar ánimos con la amarilla, que era muy oscura, a Parada, por una dura patada a Valverde. Luego, en el 27', anuló un gol a Bellingham por mano previa.

En la segunda mitad, mostró tres tarjetas más. Una a Vinícius por pisar a Carlos Vicente en el 67', otra a Rebbach por protestar en el 89’ y la última a Guevara por agarrar a Bellingham en el 92'.

Además, dejó una de las imágenes de la jornada al pitar una falta de Tchouaméni cuando limpia abajo claramente el balón. Muy frío estuvo el francés al no protestar, porque si les dices lo malísimos que son se ponen como un basilisco.

El VAR tuvo que intervenir en el 69' para conceder el gol a Carlos Vicente que no estaba en fuera de juego.

Al final, añadió 6 minutos. Ojalá fueran tan espléndidos en otros partidos.

García Verdura, REPROBABLE. El inmoral del VAR, EXECRABLE.

 

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El Madrid visitaba Mendizorroza con muchas bajas, el alta de Mbappé, varios canteranos y un Xabi Alonso discutido que afrontaba el partido contra el Alavés con lo que le gusta en el once: Bellingham y Güler juntos, además de Rodrygo. El resto, nada llamativo, pese a las ausencias, a excepción de Valdepeñas en el lateral izquierdo. La apuesta le funcionó, logró la victoria en Vitoria y Goes anotó su segundo gol de la semana.

Los blancos comenzaron presionando y García Verdura las faltas alavesas no pitando. La primera, una tarascada a Kylian que obvió. Calebe, como una roca, e Ibáñez, después, pensaron que era buena estrategia darle palos a Mbappé, que no llegaba con la rodilla en su mejor momento. Aun así, el diez cerca estuvo de anotar en los primeros minutos, pero su disparo se marchó. Poco después tuvo otra oportunidad que terminó también fuera. Entre ambas, otra falta dura, esta vez sobre Fede. La mala babazorra era evidente.

Cuando se cumplía el minuto 11, Valverde dejó solo a Rodrygo escorado a la derecha frente a Sivera. El brasileño chutó, o algo parecido, fatal.

El Madrid disponía posesiones largas, como Regan MacNeil, aunque el Alavés se había acercado un par de veces con peligro, una de ellas en realidad no, la primera, pues Verdura había señalado fuera de juego claro como una coliflor hervida.

Rodrygo estaba recuperando más balones que el vecino de un colegio y el equipo se mostraba comprometido en estos primeros compases del encuentro.

El conjunto de Coudet —adornado con su clásico peinado lengua de vaca— había levantado un muro defensivo más duro que el morro de un Seat 1500. Al Madrid le costaba penetrar, como a mucha gente. Pero un robo de Goes permitió un pase magistral de Bellingham a Mbappé, quien avanzó y anotó un no menos magistral golazo. 0-1.

Poco después, Jude remachó a la red desde cerca, pero Verdura anuló el gol por mano del inglés. Clara. Como un caldo de acelgas y nabo.

Tras el tanto de Kylian, el Madrid aflojó la presión y permitió que el Alavés tocara el balón y se acercara a la meta de Courtois.

A falta de 5 minutos para el descanso, nueva tarascada alavesina, esta vez a Rodrygo. Verdura, por supuesto, no señaló falta. Segundos después, pitó una a Vini por no dar las buenas noches a una señora de tribuna que se levantó para ir a comprar unas judías verdes y unas piparras.

Los locales, como el Madrid había perdido el interés por el partido, comenzaron a cosechar córners como si no hubiera mañana. Y Verdura seguía en su línea: bien no señalando faltas a los jugadores del Alavés, bien no mostrándoles tarjetas cuando las indicaba. Mientras tanto, el VAR revisaba cualquier acción en el área del Madrid y despachaba en segundos las sucedidas en la del Alavés. Lo normal.

Segundos antes del final de la primera parte, milagro con la cara de Courtois, que salvó un gol a bocajarro de Pacheco. Thibaut evita los mismos o más goles de los que anota Mbappé.

A los vestuarios después de un buen comienzo, hasta el gol, del Madrid. Después, activó el modo ahorro de energía y resucitó al Alavés. Quedaba la mitad del encuentro para ver hacia qué lado caerían los de Xabi, si hacia el bueno o hacia el malo.

Ya en la segunda parte, cabe destacar una arrancada de Valdepeñas, que rompió líneas a lo Fede. La jugada no creó peligro, pero dio muestras del potencial ofensivo del joven del Castilla. Poco después fue precisamente Valverde quien chutó desde lejos raso. El balón se fue a la derecha de la meta de Sivera.

Acto seguido, otra clara para Mbappé al contragolpe tras pase al hueco de Jude. El meta repelió. Vini templó al rechace, pero Sivera envió a córner. Parecía que el Madrid se había despertado de la siesta, pero solo para beber un vasito de agua porque se volvió a dormir.

Verdura, junto a sus asistentes Gazpacho y Mochilo, seguía sin sancionar nítidas faltas del Alavés.

Trabajada y muy importante victoria en Vitoria del Real Madrid contra el Alavés, contra las bajas, contra sí mismo, contra Verdura, contra González Fuertes y contra el CTA y el sistema entero

En el 67, gol de de Carlos Vicente. La acción se revisó en el VAR y se validó. 1-1. Buen pase, control y gol. La defensa del Madrid no estaba.

Güler andaba desaparecido en combate, a Vini no le salía nada, Rodrygo se había apagado y al Madrid se le estaba poniendo la cara del City: con ganas, pero impotente.

Cinco minutos después, Carlos Vicente le ganó la posición a Valdepeñas y perdonó el 2-1 ante Courtois. Xabi preparaba el primer cambio.

La primera jugada buena de Vinícius terminó en asistencia con el exterior a Goes, que marcó el segundo. Rodrygo se encendió tras varios minutos sin batería.

Alonso retiró a Güler y Valdepeñas para meter a Huijsen y Gonzalo. Asencio, al lateral derecho, Dean y Antonio como centrales y Fede al flanco izquierdo de la zaga. Quizá, con la de portero y la de delegado del equipo, la única posición que aún no había ocupado. Nada más entrar, Gonzalo marró un contrataque claro al errar un pase cristalino a Kylian.

En el 81', Rodrygo se fue al suelo quejándose del sóleo. Entró Brahim en su lugar.

A tres del 90', penalti claro de Benaglia sobre Vini que Verdura ignoró. En el VAR estaba González Fuertes, por lo que ya sabíamos que iba a pasar, sobre todo después de haber amenazado al Real Madrid antes de la final de Copa en aquella rueda de prensa dantesca junto a Richi Berrinches. Robo con luz y taquígrafos, en la línea del sufrido ayer por Osasuna contra el Barça. El CTA está en plena forma.

Xabi sustituyó a Vinícius, cuando por fin estaba jugando, por Mastantuono. Y el árbitro de los Fruittis añadió 6 minutos para darle la oportunidad al Alavés de birlarle algún punto al Madrid.

A punto de llegar al minuto 91, Brahim regateó en una baldosa y desde cerca y con la izquierda la mandó fuera. Ocasión inmejorable fallada.

Bellingham dispuso de otra oportunidad, pero el marcador ya no se movió.

Trabajada y muy importante victoria en Vitoria del Real Madrid contra el Alavés, contra las bajas, contra sí mismo, contra Verdura, contra González Fuertes y contra el CTA y el sistema entero.

 

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A mi padre le daba completamente igual el fútbol, pero hacía como que no por mor del salseo. Supongo que, algo perplejo ante el madridismo exacerbado de sus dos únicos hijos varones, decidió añadir algo de pimienta a la relación paterno-filial impostando un forofismo hilarante en relación al equipo de su tierra. Mi padre era vitoriano, lo que le obligaba a beber falsos vientos por el Alavés, a la sazón en Segunda División B. Mejor. Más divertido aún.

—Temblad, temblad —se aproximaba amenazante, blandiendo un ABC escalofriantemente abierto por la sección de Deportes y señalando la clasificación de la modesta categoría de su presunto club. El Alavés iba cuarto. En cualquier momento ascendía a Segunda, y de ahí a disputarle la Liga en Primera a nuestro Madrid solo quedaba un paso adicional.

Y temblábamos, claro.

Padre de Jesús Bengoechea

Hay otra dimensión coñona de la realidad en la cual mi padre, piloto militar, llevaba el escudo del Alavés adherido con celo al panel de instrumentos de la cabina. Este dato, insisto, es falso de toda falsedad, como lo era la inscripción en la lápida de Royal Tenenbaum: “Murió trágicamente rescatando a su familia de los restos de un acorazado destruido que se hundía”. El recuerdo de nuestros padres muertos debe estar preñado por igual de realidades y de invenciones, tanto más emocionantes cuanto más patentemente absurdas sean estas últimas. (Esto lo entendió perfectamente Tim Burton cuando rodó Big Fish). Mi padre llevaba siempre un escudo del Alavés pegado junto a los mandos del avión, y encomendándose a él se aventuró en batalla aérea, al alimón con el avión de Manfred von Richthofen, contra unos Sukhoi Su-35 rusos llegados allí merced a una tormenta magnética que propició un viaje en el tiempo de todo el escuadrón. No diremos que salieron triunfantes, pero sí airosos del desigual enfrentamiento.

Por aquel entonces, en la época del “Temblad, temblad”, la posibilidad de que lo que acabo de inventarme sucediera realmente era similar a la de ver al Alavés disputar (y casi ganar) una Copa de la UEFA contra el Liverpool. Sucede que tal cosa sí que sucedió de verdad, en 2001, aunque ocurre también que para entonces mi padre ya llevaba ocho años muerto. No pudo verlo, pero pasó, y eso amerita llevar a cabo un revisionismo lo suficientemente gamberro como para añadir, de manera retrospectiva, el escudo pegado con celo en la cabina.

Solo un poco menos impensable que lo del combate contra los cazas rusos, aunque bastante más que lo de la final de la UEFA, es desde la óptica ochentera el que el Alavés pueda hoy (en Primera División, claro) marcar el destino próximo del Real Madrid a través de un duelo temible, frente a frente. Pero lo más inconcebible de todo, la broma más desatinada de todas, es que el choque vaya a tener lugar precisamente en el día en que se cumplen treinta y dos años de la muerte de mi padre, que por supuesto tuvo lugar en el intento de rescatar al vuelo, planeando intrépidamente, a un Jack Russell que estaba a punto de precipitarse en el interior de un volcán en erupción. Salvó al perro, que llegó ileso a tierra, pero nadie pudo salvarle a él de las quemaduras. Curiosamente, hasta de esto se había olvidado cuando aterrizó. Treinta y dos años ya de su hazaña.

La profecía de mi padre fue implacable, porque hoy jugamos contra el Alavés, y vaya si temblamos. En este mundo de imposibles cumpliéndose uno tras otro, yo estoy tentado de pedir a mi padre que no se pase, que recuerde que su afición por el Alavés era una patraña lúdica (a diferencia de lo de los cazas rusos, el Jack Russell y la final de la UEFA) y que nunca pierda de vista que no le olvidamos ni un solo día. Que vuele alto, que olvide el partido y que no se meta, coño.

Fotografías: Jesús Bengoehea

Todo es muy extraño y, al mismo tiempo, parece muy conocido.

Históricamente, el Real Madrid ha tenido carajas en partidos sueltos, aunque las menos veces con rivales directos; malos resultados en bajones invernales y crisis galopantes de juego y de vestuario. Pero creo que lo que estamos viendo es bastante nuevo, o suena nuevo para mí.

Las carajas no hay que explicarlas. Los bajones invernales son frecuentes cuando entramos en el bombo de la Copa del Rey y con los deberes hechos en la Champions, normalmente. No es el caso de este año ni del pasado, por el estrafalario diseño de la UCL, donde no te aseguras el pase hasta enero. La UEFA, en un intento fallido de emular lo que podría ser una Superliga, pero con la presencia del Orcasitas, el Villaverde y ciento setenta y ocho equipos más, nos deja en cliffhanger hasta después de Navidad. Y está la Supercopa de por medio. Ya no sabes qué competición estás viendo.

Las crisis de vestuario son bien conocidas desde la dimisión de Florentino en 2006, devorado por su criatura y por su afán de diseñar un equipo invencible. Después de los Zidanes y Pavones, sólo quedaron Zidanes y un desbarajuste en el campo y en el vestuario que todos recordamos.

Zidanes y pavones

El origen de lo que vemos ahora es un rediseño de la misma estrategia, actualizada: compra de jóvenes talentos a precios terrenales (algunos serán Zidanes, otros no) para verlos explotar mientras se invierte lo que sea en un solo jugador franquicia. De bien que ha salido, ha salido mal. Tenemos dos jugadores franquicia y otro par de aspirantes y eso parece que está trastocando las cabezas.

Florentino tiene sus ideas. En 2000, él mismo lo ha explicado, apostó por una inversión astronómica para generar nuevo negocio y darle solvencia financiera a un club en ruinas. La parte empresarial no pudo salir mejor. La deportiva terminó en catástrofe. El presidente dimitió tras admitir su responsabilidad. No les pido que me lo mejoren, iguálenmelo. Dimitir es el verbo menos conjugado en España, país abandonado por la decencia y sumergido en la corrupción con un yunque atado al tobillo, en el deporte y fuera de él.

Después de una década increíble de fútbol y de resultados, fruto de la confección de una plantilla legendaria, volvemos al punto de partida. Hay que volver a construir un equipo ganador. El epílogo del periodo anterior nos dejó muy buenas sensaciones: un equipo joven, renovado, un Vinícius estelar y la posibilidad de la llegada de Mbappé, que se concretó en el verano de 2024.

Después de una década increíble de fútbol y de resultados, fruto de la confección de una plantilla legendaria, volvemos al punto de partida. Hay que volver a construir un equipo ganador

El problema del juego se viene arrastrando desde Ancelotti y continúa con Alonso. Dos entrenadores de corte muy distinto, un relevo generacional que necesariamente debería haber traído consigo un cambio notable en el juego que no estamos viendo.

La plantilla que debería habernos llevado a la excelencia continental de nuevo ni siquiera nos está alcanzando para hacer un papel digno peleando LaLiga, corrupción institucionalizada aparte. Hasta el Madrid mediocre y ramplón del año pasado nos habría bastado para ganarla sin los tres atracos consecutivos del infausto mes de febrero de 2025. Pero el juego fue malo, y así continúa. El equipo carece de propósito en el campo, se muestra indolente, pasivo, funcionarial.

Mi opinión no vale más que la de cualquiera, no me malinterpreten, pero descarto un problema con la calidad individual de los jugadores. Sé que muchos la ponen en duda, comparando a Valverde con Kroos o a Güler con Modric, por ejemplo. Esas comparaciones no son justas. Hemos visto a Valverde haciendo partidos estratosféricos. El Bellingham del primer año nos convenció de que iba a ser un fichaje barato. Qué decir de los Vini o Rodrygo 2024...

Gol de Vinícius al Borussia

No tenemos un problema de calidad. No tenemos un problema de entrenador. Alonso fue un jugador inteligente y nos consta que comprende el juego. Lo que hizo con el Leverkusen lo acredita, con un puñado de buenos jugadores que serían suplentes en el Real Madrid y otros cuantos de relleno que no serían titulares en el Villarreal o en el Rayo. Alonso no es el problema.

Las lesiones y la falta de estabilidad en el once son condiciones limitantes. No ha habido continuidad en la defensa ni en el centro del campo. Ahí es donde se generan los principales automatismos para dominar los partidos. La delantera, sin embargo, tiene que ser caótica, como el comportamiento de un avión de combate. Si eres previsible, las defensas rivales, en el césped o en el aire, te estarán esperando, como contra el Celta o el Rayo. Una dosis de caos, de aleatoriedad, te aproxima al éxito: un uno a uno contra el portero, un remate dentro del área en el fútbol o la maniobra evasiva e inesperada que te salva del impacto de un Sidewinder o de un Patriot en el aire. Nuestra delantera es muy previsible. Falta chispa y falta cabeza.

La situación personal de los jugadores es lo que más me recuerda a la era de los Galácticos. Cada uno parece ir a lo suyo. Hemos leído a Benzema decirlo: los jugadores no se hablan. No hace falta ser Gonzalo Miró, que nos habla hasta durmiendo, pero es cierto que Vini cree que está haciendo su trabajo cuando pierde el 80% de los balones al intentar penetrar en el área. Mbappé probablemente cree que está cumpliendo metiendo un gol por partido. Pero no es eso. Esto es un deporte colectivo y va de ganar.

Pase lo que pase en Mendizorroza, Alonso debe seguir

Me resulta muy difícil tratar de pensar como un chaval en la veintena que ya tiene la vida resuelta, que se sabe una estrella. Cómo ve la vida, qué entiende por esfuerzo, trabajo, sacrificio. En qué está pensando además del fútbol y qué es el fútbol para él. Qué visión tiene de su futuro, qué cree que es el Real Madrid y si es capaz de ver el panorama desde fuera, intentando ponerse en la piel de un seguidor cabreado. No sé interpretar la expresión de Rodrygo o de Bellingham al finalizar el partido contra el City. Frustración, rabia, tristeza, desesperación, impotencia... No alcanzo a inferir a partir de esos gestos cuál puede ser su reacción en el siguiente partido, cuando otro rival te lo ponga difícil o cuando falte acierto de cara a la portería. Me da miedo la fragilidad. El equipo se desconecta.

El problema del juego es de los jugadores. Y creo que es mental. Ningún entrenador puede arreglar que Vini ya no sea el de 2024. Que Rodrygo haya batido récords de irrelevancia sobre el césped. Que Valverde no corra. Que Bellingham no brille. Que Güler no aparezca. En el partido contra el Celta vi tres intentos de presión a la defensa rival que no se me van de la cabeza. Los tres acabaron en remate dentro de nuestra área. Cero inteligencia futbolística. Presionando al contrario sin mirar atrás, sin buscar al compañero para señalar la ayuda, sin hablar. Estoy seguro de que Alonso insiste en lo que hay que hacer y que es claro en sus instrucciones. Tal vez les aburre escuchar y aprender. Son la generación de la velocidad y de la inmediatez. Les da pereza pensar. Puede que alguno incluso haya perdido la pasión por el juego. Tengo la sospecha de que el entrenador es mucho más inteligente para el fútbol que cualquiera de los jugadores de la plantilla.

Hay calidad de sobra, individual y colectiva, para ganar LaLiga y para presentarse al menos en cuartos de Champions. La ausencia de un organizador es una excusa fácil y que apunta a donde siempre. Pero esto es el Madrid. Aquí no valen las excusas: se juega para ganar. Y si no hay un medio centro para marear al rival y crear espacios, se juega a otra cosa, pero se gana. En unos cuantos minutos contra el Celta vimos un conato vertiginoso de amor propio hasta que el árbitro decidió que el marcador ya no se movería. Contra el City vimos ratos de mejor fútbol, pero es cierto que el City no es el Alavés, que obviamente no tiene una defensa circense, mujer barbuda incluida.

Pase lo que pase en Mendizorroza, Alonso debe seguir. Dependiendo de lo que veamos en los siguientes partidos, hasta saliendo con onces revolucionarios: Jude de delantero centro, Rodrygo de mediapunta, Endrick de extremo derecho, Mbappé por la izquierda o Vini de carrilero con dos centrales del primer equipo y otro de la cantera. Probar. Meritocracia pase lo que pase y al que no le guste, que corra, que se exprima y deje en el campo lo que lleve dentro o que empiece a buscar casa en la soleada Arabia o en algún lugar donde haya más bares, a elegir.

 

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