Da igual que el FC Negreilona haya comprado el sistema arbitral al completo durante décadas, que el resultado de dicha compra haya sido la adulteración de las competiciones nacionales, que los perjudicados sean todos los equipos de primera y segunda división, que otros clubes podían haber ganado alguna liga más, que otros podían haber jugado alguna Copa de Europa más, que alguno podía haberse instalado en Europa con regularidad o que alguno de los equipos que han descendido quizás no lo hubieran hecho, que el Director General de Deportes del CSD haya sido directivo del FC Negreilona, que fuera el redactor de la nueva Ley del Deporte que mantiene plazos mínimos de prescripción de las infracciones deportivas y que dimitió días antes de que estallara todo, que se haya demostrado que el VAR es torticeramente manipulado por los árbitros en beneficio de sus intereses espurios, que se haya normalizado el insulto racista y el delito de odio en las gradas españolas, que las patadas alevosas de ciertos defensas a Vinicius no se hayan castigado, que la denigración en los medios de comunicación a la estrella brasileña sea el pan nuestro de cada día y que hasta la ONU haya clamado por el presunto racismo de nuestro país.
No, aquí lo que queda es que el Real Madrid, con Florentino Pérez a la cabeza, es el culpable de todos los males del fútbol español. El club más perjudicado por toda esta trama, el club que ha sido y sigue siendo pasto de las más importantes injusticias arbitrales de las últimas décadas, a los ojos del resto de las aficiones, alentados por medios de comunicación sin escrúpulos que lo único que pretenden es manejar y controlar al Real Madrid, es el culpable de todo.
El club más perjudicado por toda esta trama, el club que ha sido y sigue siendo pasto de las más importantes injusticias arbitrales de las últimas décadas, a los ojos del resto de las aficiones, alentados por medios de comunicación sin escrúpulos que lo único que pretenden es manejar y controlar al Real Madrid, es el culpable de todo
Ahora resulta que a Vinicius le pegan pagadas por culpa del Real Madrid, que los árbitros manejan las imágenes del VAR a su antojo (que se lo digan al Espanyol) porque Florentino Pérez maneja los hilos, que el FC Negreilona pagó al vicepresidente de los árbitros para favorecer al Real Madrid y que Clos Gómez, Medina Cantalejo, Rubiales y toda esa caterva de malhechores son más madridistas que Bernabéu.
La verdad, la única verdad que existe en este asunto es que el Real Madrid es pasto de las críticas y de las iras de afición y medios de comunicación porque no pueden soportar que se les haya desmantelado el relato que tenían formado desde hace más de 30 años en menos de dos meses, que se haya descubierto que el Real Madrid es una víctima (como así ha declarado el Magistrado instructor de la causa negreiril), que el modus vivendi de un buen número de periodistas, radiofonistas, narradores televisivos, tertulianos, YouTubers, twicheros y tuiteros es el ataque furibundo al Madrid, que es lo que les da audiencias, clicks y lectores para llevar un plato de comida a sus casas y como tal modo de vida, no tienen más remedio que echar más leña al fuego, huir hacia adelante, de tal forma que en vez de mirar hacia Barcelona y a ese club del que todos sabemos, disparan contra todo lo que pinte de blanco, y ¿saben ustedes por qué? Muy sencillo, porque lo que de verdad vende en el mundo del fútbol, para lo bueno y para lo malo, es el Real Madrid. Para los madridistas, porque es nuestro club y para los antimadridistas, porque no pueden vivir sin noticias del equipo de Concha Espina (son madridistas frustrados, como he escrito en este foro alguna vez).
El Real Madrid es la institución más importante del mundo y es el único que puede salvar el fútbol español. Por todo eso nos odian, por todo eso y, como dijo Don Santiago, por tener más ligas y más Copa de Europa que nadie, nos odian por nuestra grandeza, nos odian porque somos lo más grande y ellos querrían serlo, pero no pueden, sólo puede serlo el Real Madrid Club de Fútbol, por eso nos odian y, como acabo de decir, nos machacan porque así comen muchos.
A todo esto, llega la Feria del Libro de Madrid y este humilde servidor estará presente firmando ejemplares de VETERANOS Y NOVELES el lunes 29 de mayo de 19 a 21 horas en la caseta 243 (El Corte Inglés) y el domingo 4 de junio de 12 a 14 horas en la caseta 66 (Librería Deportiva Esteban Sanz). Estaré encantado de verles por allí, departir sobre madridismo con ustedes y, con mucho gusto, dedicarles el libro que con tanto cariño he escrito sobre el club de nuestros amores.
Y el sábado el Pizjuán. No han tenido otra idea los palanganas de Medina Cantalejo de convocar un pañolada contra ¿adivinan? Sí, Florentino Pérez, que como he explicado ut supra es el causante de todo lo malo del fútbol español. Ya da hasta pereza el asunto…
Ahora, como siempre, unos datos del partido y ¡hala Madrid!
Es curioso, pero Real Madrid y Sevilla han empatado en liga sólo uno de los últimos 35 encuentros disputados entre ellos.
El Real Madrid ha ganado 7 de los últimos 8 partidos de liga jugados contra el Sevilla y ha ganado en las últimas 3 visitas a Nervión.
Por molestias, nuestros dos máximos estandartes ofensivos se quedan en casa este sábado. Mejor, que despidan la liga en Chamartín contra el Athletic Club, que es el verdadero clásico del fútbol nacional.
Nuestro lateral derecho, si juega en Sevilla, cumplirá la nada desdeñable cifra de 250 partidos en liga con el Real Madrid
Si ganamos, Antonio puede convertirse, con 265, en el jugador nº 21 de la historia del Real Madrid con más victorias en partido oficial y en el jugador nº 24 blanco con más triunfos en liga con 176.
1.- El Sevilla Fútbol Club jugó por primera vez en Primera División en la temporada 1934/35. Actualmente es el 6º en la clasificación histórica del campeonato con 3884 puntos.
2.- La actual es la 79ª temporada del Sevilla en primera división.
3.- El último ascenso del Sevilla a primera división fue la temporada 2001/02.
4.- El Sevilla quedó en la 4ª posición de Primera División la temporada pasada con 70 puntos.
5.- Sus últimos 5 partidos oficiales los ha saldado con 3 victorias y 2 empates.
6.- El Sevilla, en sus últimos 5 partidos oficiales como local, ha ganado 3, empatado 1 y perdido 1.
7.- En sus últimas 5 temporadas en Primera División, Ben Jedder, André Silva, Lamela (2), Layún, De Jong, Fernando, Rakitic y Rafa Mir (1) son los goleadores del Sevilla al Real Madrid en liga.
8.- Jugadores del Sevilla que hayan jugado en el R. Madrid y le ha marcado gol en partido oficial: Pepillo (5), Baptista y Negredo (3), Tejada y Saviola (2), Leoncito, Mateos, Salguero, Zamorano, Suker y Sergio Ramos (1).
9.- José Luis Mendilibar se ha enfrentado 24 veces como entrenador al Real Madrid (1 con el Athletic Club, 5 con el Valladolid, 4 con Osasuna, 1 con el Levante, 12 con el Éibar y 1 con el Alavés ) con un balance de 2 victorias, 3 empate y 19 derrotas.
10.- Los goleadores del Sevilla esta temporada en todas la competiciones son: En-Nesyri (18), Rafa Mir, Lamela (7), Ocampos (5), Gudelj (4), Óliver Torres, Nianzou, Acuña, Suso (3), Carmona, Jordán, Rakitic, Bryan Gil, Badé (2), Rekik, Isco, Montiel, Carlos Álvarez, Kiko Salas, Gueye, Papu Gómez, Tecatito Corona (1).
11.- Actualmente, El Sevilla es 10º en la clasificación de la Liga con 49 puntos.
7 victorias, 1 empate y 2 derrotas, 18 goles a favor (1,8 goles por partido) y 13 en contra.
Goleadores: Casemiro, Benzema (3), Sergio Ramos (2), Nacho, Borja Mayoral, Modric, Bono (p.p.), Marco Asensio, Hazard, Vinicius, Rodrygo (1).
Asistentes: Carvajal (3), Kroos, Vinicius (2), Lucas Vázquez, Kroos, Reguilón, Rodrygo, Jovic (1).
Tarjetas: Casemiro, Kroos (4), Modric, Carvajal (3), Sergio Ramos, Mariano (2), Nacho, Sergio Ramos, Bale, Dani Ceballos, Vinicius, Camavinga, Tchouaméni (1).
Expulsados: Ninguno.
Primer tiempo: 2 goles; segundo tiempo: 16 goles.
Gol más tempranero: Modric (Minuto 6)
Gol postrero: Sergio Ramos (minuto 95)
El R. Madrid ha remontado una vez 2 goles para ganar el partido, una vez 1 gol y no le han remontado.
Mayores goleadas: a) 19 de enero de 2019, R. Madrid-Sevilla, 2-0, goles de Casemiro, Modric; b) 22 de octubre de 2022, R. Madrid-Sevilla, 3-1, goles de Modric, Lucas Vázquez, Fede Valverde.
1 gol de penalti marcado y 1 recibido.
1 doblete o más (Casemiro).
Partido con más goles (5): 17 de abril de 2022, Sevilla-R. Madrid, 2-3, goles de Rodrygo, Nacho y Benzema.
El R. Madrid ha marcado en 9 de los 10 últimos partidos jugados frente a Sevilla en liga.
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Hace unos días que, en este país, estalló una bomba de odio que llevaba cebándose durante meses, años quizás. Internacionalmente se ha señalado a nuestro país como un lugar racista. Desde ese momento, instituciones, medios, políticos,... todo el país ha iniciado un movimiento para decir que no, que este no es un país racista ni de racistas. Lo cierto es que, desde un inicio, mi pensamiento fue contrario a esta idea. ¿Un país racista?¿Soy yo racista? ¡No! ¡Válgame Dios! ¡Disparate!
Sin embargo, empecé a dar vueltas a qué consideramos un lugar racista. ¿Cuánta gente debe ser racista para que lo sea un país? Evidentemente, en todas partes hay racismo y, quiero creer, que en todos los países desarrollados son un porcentaje muy minoritario. Entonces, ¿por qué acusarnos de algo tan grave si en todos lados cuecen habas? Puede que la respuesta a esta pregunta esté en la tolerancia que tenemos ante este odio. Claro que hay indeseables racistas en todos los colectivos. La diferencia está en cómo se aborda el asunto en unos lugares y en otros.
Vinicius Jr. llegó hace años a España para cumplir su sueño de jugar en el Real Madrid. 18 años recién cumplidos y toda la España antimadridista fue a por él. Burlas, mofas, memes, caricaturas,... Odio y más odio. Pero he aquí que el chico no se arredró. Se cargó el club más grande del mundo a sus espaldas y empezó a galopar regateando, marcando… una y otra vez, sin parar. Levantó Ligas y marcó el gol de una de las Champions más increíbles que se recuerdan. Demasiado para algunos. Cada jugada de Vini ha sido un puñal en el corazón de todos esos odiadores profesionales, el recuerdo de que les había derrotado. Demasiado…
Claro que hay indeseables racistas en todos los colectivos. La diferencia está en cómo se aborda el asunto en unos lugares y en otros
Esta temporada se ha asistido a una campaña de acoso sin precedentes dentro y fuera de los terrenos de juego. El problema es que el número 20 del Madrid no ha resultado ser un chico dócil. No, Vinicius se rebela ante las patadas, se rebela ante las agresiones, se rebela ante la impunidad y se ha rebelado frente a los insultos racistas. Sí, pronto aparecieron insultos racistas en todos los campos, incluso en los medios de comunicación y programas de mayor audiencia. Aquí es donde se mide cuánto tolera un país el racismo. La reacción de la prensa y las instituciones fue la de quitarle hierro al asunto. Total, son sólo un par de energúmenos, sólo se produce contra un único negro, es que el negro provoca, es que es un negro rico y se tiene que aguantar…
La realidad es que esas instituciones, medios y periodistas han mirado para otro lado porque odian más al Madrid que a los racistas, y la realidad es que todos estos personajes conviven mejor con racistas que con el Madrid. En los medios se justificaba y alentaba el odio (no hace falta recordar las portadas de Marca) y los energúmenos encontraban gasolina y cerillas para quemar a Vinicius cada semana. No somos racistas, pero convivimos bien con ello.
La legislación parece clara. Los ataques racistas son delitos de odio y no he escuchado a nadie pedir que eso cambie. Sin embargo, nuestras instituciones (¡ay, nuestras instituciones!) aceptaron plenamente que se pueda vejar a una persona por su color. La fiscalía de Madrid archivó las denuncias por los ataques acontecidos en el Metropolitano ya que, al parecer, si hay rivalidad, se puede insultar de forma racista sin problema (eso si, que no dure mucho y se haga a ratitos). Pues ya estaba: instituciones públicas que deben velar por el cumplimiento de las leyes le acababan de indicar a los racistas de este país que sí, que no pasa nada, que un desahogo contra un negro de vez en cuando no es para tanto.
La reacción de la prensa y las instituciones fue la de quitarle hierro al asunto. Aquí es donde se mide cuánto tolera un país el racismo: Total, son sólo un par de energúmenos, sólo se produce contra un único negro, es que el negro provoca, es que es un negro rico y se tiene que aguantar…
Cuando Vini Jr, se plantó en Mestalla, el mundo volvió sus ojos a España. Lo que vieron fue un país que ha alentado e instigado campañas vergonzosas de odio contra un jugador, admitiendo como válido incluso el racismo. Un país con fiscales que admiten, de forma oficial, que al racismo no hay que darle tanta importancia. Un país cuyos principales medios de comunicación han querido convertir a la víctima en verdugo. Un país en el que el presidente de LaLiga se ha limitado a twittear contra Vini, mientras el presidente de la RFEF no ha abierto la boca. Un país en el que no ha habido ni una sola sanción contra nadie por ataques racistas a pesar de numerosas denuncias.
El mundo ha quedado perplejo. ¿De verdad puede ocurrir esto en un país europeo desarrollado? Nadie lo comprende porque es incomprensible. Ahora estamos intentando demostrar que no somos racistas. Ahora cerramos gradas. Ahora sacamos portadas de apoyo a la víctima. Ahora se escucha menos el “yo condeno pero…”. No nos engañemos, en cuanto los ojos del mundo se giren hacia otra parte, volverán. Volverán las portadas poniendo al jugador en el foco, volverán los medios a justificar los insultos, volverán a decir que son sólo una minoría.
Quiero creer que no somos un país racista pero, si no lo somos, lo disimulamos muy bien.
Buenos días. La Galerna nació con el propósito de oponer ironía a la estulticia, sarcasmo al antimadridismo, mesura a la locura. Pero ¿cómo mantener esa política cuando a nuestro alrededor la podredumbre moral se destapa como lo ha hecho en el curso de los últimos días?
Ayudadnos. ¿Cómo no llamar directamente racista al racista, sinvergüenza al sinvergüenza, miserable al que lo es? Es más: ¿no tenemos quizá la obligación de aparcar los mensajes transversales, de dejar a un lado la observación de las buenas formas como prioridad en beneficio de la claridad que todo este lodazal demanda?
¿Cómo lo veis? La explosión de conciencia sobre el racismo es considerada por este panfleto innoble llamado Superdeporte como una “Pantomima full”. El hecho de que el valencianista Diakhaby declinara ayer la posibilidad de sumarse a una pancarta contra el racismo es interpretado por esta gente como que “no se prestó al paripé”y con ello “retrató lo que hay detrás de la campaña de Florentino y el rodillo del Real Madrid”.
Esta gente, cuyo patológico antimadridismo les impide abrazar la causa antirracista simplemente porque el negro sistemáticamente agredido por este sistema putrefacto juega en Concha Espina, considera que un jugador de color negándose a posicionarse contra el racismo es un ejemplo. Kyle Walker, Mbappé, Neymar, Iñaki Williams (así como la ONU, el gobierno de Estados Unidos, Lula da Silva, Infantino y un sinfín de estrellas del deporte y de otros ámbitos) son al parecer marionetas del presidente del Real Madrid que se han confabulado para que al Valencia C. de F. le cierren una grada de su maltrecho estadio, o para que Dani Senabre o Mónica Marchante se ahoguen en su propia bilis.
Diakhaby está en su perfecto derecho de posar o no posar con las pancartas que estime oportuno. Estaría bueno. Si siente tanto despecho por que su caso individual no se aclarara como para no sumarse a la iniciativa global que pretende acabar con TODOS los casos de racismo, allá él. Si le parece equiparable un presunto insulto de un compañero de profesión al hecho de que otro compañero de profesión sea racialmente abusado y acusado, con luz y taquígrafos, por multitudes en muchos campos de España, quizá deba intentar ver un poco más allá de sus narices. Que haga lo que quiera, pero no querer posar con la pancarta contra el racismo no debería ser considerado ejemplar ni siquiera por un colectivo de orates localistas como los que cada día (¡cada día!) hacen que salga a la luz este fancine.
Diakhaby no es el único, por otra parte, que debería hacer el esfuerzo de mirar un poco más allá de su ego. Los más viejos recordaréis (y los más jóvenes habréis oído hablar de él) a un periodista que mandó en las ondas hertzianas ochenteras con puño de hierro. Se llama José María García, y anda de gira por emisoras y redacciones, como los Rolling pero muchísimo más viejo. Le han preguntado por Vinicius y el racismo (porque la prensa deportiva española pregunta de todo a todo el mundo menos sobre Negreira a Guardiola), y el tipo ha dejado caer esta perla inenarrable. Casi no le falta ego ni le sobra vergüenza el sujeto.
Ya lo veis, amigos. Este es el nivel. Supergarcía sufrió el racismo mucho más que Vinicius. Racismo contra bajitos, suponemos. El episodio al que alude (los UltrasSur apaleando un muñeco con su aspecto en un fondo del Bernabéu) es absoluta y bochornosamente verídico. Por eso y por otras razones, Florentino Pérez (a quien García odia de manera enfermiza) prohibió su presencia en el estadio a los Ultras, a diferencia de lo que han hecho clubes como el Atleti o -a la vista está- el propio Valencia.
Por lo demás, sí a García le parece equiparable ese incidente con la serie de incidentes que Vinicius vive en sus carnes muchos domingos (porque ese día Garcia no estaba en el Bernabéu, pero cada domingo Vinicius juega delante de sus agresores, casi al alcance de su mano), si no ve la diferencia, decimos, debe ir al oftalmólogo para revisión de los ojos y al psicólogo para revisión de esa brutal sobrevaloración del yo. Nunca es tarde.
García, por lo demás, en su procesión por emisoras y redacciones, que parece el Jesús del Gran Poder en la Semana Santa de Sevilla, ha soltado esta otra perla para alegría del negreirismo.
Pues ya lo tenéis. Empate. El Barça se compró a los árbitros porque lo dicen las facturas, pero el Madrid también lo hizo (y antes que el Barça, atención) porque lo dice García, quien por cierto, aunque ahora afirme saberlo de buena tinta, jamás lo denunció (lo del Madrid) durante los larguísimos años en que era el año y señor del periodismo deportivo en nuestro país. Qué mal timing, Josemari. Qué mala pata.
Y luego están las portadas del día, que quitando la infecta cubierta de Superdeporte ya expuesta tratan de remar lejos de la ciénaga.
Intentadlo vosotros también. Buena suerte.
En estos instantes, no sólo el mundo del fútbol o del deporte, sino el planeta entero se ha unido remando simbólicamente en una sola dirección, volcando todo su apoyo sobre nuestro delantero, Vinicius Jr., tras ver tan sólo el último de los numerosos episodios de racismo que le ha tocado vivir al joven madridista a lo largo de esta temporada. Bueno, ¿el planeta entero? ¡No! Un país del sur de Europa, poblado por una panda de irreductibles incalificables se resiste todavía y como siempre a mostrar un mínimo resquicio de ética o raciocinio.
Para desgracia del fútbol y de nuestra sociedad, en los últimos días estamos asistiendo perplejos a una gigantesca oleada de odio antimadridista como no se recuerda en largo tiempo. O yo no lo recuerdo al menos. Basta con entrar a las redes sociales o escuchar cualquier tertulia deportiva para leer u oír auténticas barbaridades que no hacen sino ensombrecer el corazón de cualquier persona cabal y coherente que, como tal, es incapaz de concebir cómo en un tema como el que nos concierne en la actualidad y que debería ponernos aunque fuera por una vez a todos de acuerdo dejando a un lado los colores y las bufandas, se sigue imponiendo el antimadridismo por delante no ya de la razón, sino de la mismísima moral.
Se percibe más rabia y odio contra el Real Madrid por la resolución “favorable” (ya me dirán ustedes qué beneficio saca el club blanco de la retirada de la sanción a Vini a estas alturas de liga) de una jugada en la que el Comité de Competición ha puesto de manifiesto que el VAR prevaricó a la hora de ocultar imágenes que permitieran un correcto discernimiento del árbitro de campo, que tras el descubrimiento de que un equipo ha estado sobornando durante 17 largos años al vicepresidente del CTA para corromper la competición.
Esta incongruencia sólo es posible debido a que el antimadridismo instaurado en los medios de comunicación ha fructificado con éxito en la población tras un dilatado proceso de siembra que ha durado no años ni lustros sino décadas.
Para desgracia del fútbol y de nuestra sociedad, en los últimos días estamos asistiendo perplejos a una gigantesca oleada de odio antimadridista como no se recuerda en largo tiempo
En cualquier otro país del mundo, tras un escándalo racial como este, todos los equipos y medios de comunicación estarían cogidos de la mano contra el racismo (de hecho lo están) sin detenerse a pensar un mero instante en si deben ponerle un “pero” a sus argumentos. En cualquier otro país del mundo, los medios de comunicación se estarían echando las manos a la cabeza tras haber comprobado oficialmente cómo desde el VAR, ya sin Negreira, se ha prevaricado de manera exagerada para perjudicar a un equipo expulsando además al jugador que está siendo víctima desde hace meses de dicho caso de racismo. En cualquier otro país del mundo, el equipo repudiado sería aquel que se ha visto envuelto en innumerables escándalos de los cuáles ya es humanamente imposible llevar la cuenta y entre los que destacan: fichajes fraudulentos, conflictos de intereses con la empresa que posee los derechos televisivos de las competiciones en las que participa, pagos probados tanto al vicepresidente del CTA como a diferentes medios de comunicación, falseo de plusvalías en fichajes y hasta compra ilegal de un órgano, por mencionar sólo algunos de los más célebres.
Por fortuna para dicho club, vivimos en España y aquí no importa lo que uno haga sino de lo que se hable y cómo se hable en los medios de comunicación. Y si en algo es élite nuestra prensa es en tergiversar la información para atacar de alguna manera que a nosotros no se nos ocurriría ni en mil vidas al Real Madrid o alguno de sus jugadores. No importa que Vinicius haya salido llorando de un campo de fútbol debido al enésimo abuso racial de una grada porque en los medios alguien dirá que se lo merece por provocador o que es todo una estrategia de marketing de su agente para aprovechar su imagen como icono de la lucha contra el racismo. No importa que sea uno de los jugadores más tarjeteados de la liga (10 amarillas y 1 roja) siendo el jugador de las grandes ligas que más faltas sufre de toda Europa, porque en los medios se hablará de sus protestas y de su afán por tirarse.
Si en algo es élite nuestra prensa es en tergiversar la información para atacar de alguna manera que a nosotros no se nos ocurriría ni en mil vidas al Real Madrid o alguno de sus jugadores
Tampoco es determinante que haya sufrido varias agresiones o entradas de roja sin consecuencia para sus rivales porque en los medios llamarán a dichos agresores a la mañana siguiente para que puedan contarnos con todo tipo de citas y detalles cómo les chuleó Vinicius Jr. Y, por supuesto, tampoco importa que fuera de España Vinicius no haya tenido ningún problema de este tipo y sea un jugador admirado por todos, ya que en los medios patrios se hablará de que Vinicius tiene que calmarse y centrarse en su juego para evitar problemas.
Es tan gracioso como irónico, por no decir hipócrita, ver cómo en estos días y en estos medios de comunicación, los encargados de crear y transmitir este tipo de opiniones, para imprimir vehemencia a las mismas, acaban perdiendo nervios y papeles ante la incapacidad de imponer la suya únicamente con la fuerza de sus argumentos. No deja de ser irónico porque los mismos que le piden a un chaval de 22 años que está en un campo de fútbol a 200 pulsaciones por minuto controle sus emociones ante patadas, agresiones, insultos racistas e injusticias arbitrales son incapaces de hacer lo propio estando sentados tranquilamente en una mesa con sus compañeros de trabajo. Pero es lo que tiene que haya llegado a su mesa un tema como el racismo, tema que está dejando en evidencia su incapacidad para manejar algo que les viene grande debido a la imperiosa necesidad del periodismo de imponer el antimadridismo que gran parte de los que tienen voz en este país llevan latente por delante de algo tan sencillo y de sentido común como es condenar los insultos a una persona por el color de su piel.
Desgraciadamente, el mensaje antimadridista ha calado. Ayer, delante del estadio Santiago Bernabéu, en plena campaña contra el racismo, a alguien todavía le quedaba odio para ir a arrancar la cara de Vinicius de un cartel en el que aparecía con Benzema. También ayer, descubrimos ya sin estupor cómo desde Valencia pretenden denunciar a Ancelotti por difamación, desde Sevilla están tratando de hacer campaña para que sus aficionados no asistan al próximo encuentro contra el Real Madrid este mismo sábado y desde varios medios directamente se está difamando contra la afición del Real Madrid por unos cánticos que profirió con ironía la propia afición del Rayo Vallecano.
El antimadridismo instaurado en los medios de comunicación ha fructificado con éxito en la población tras un dilatado proceso de siembra que ha durado no años ni lustros sino décadas
Todo esto mientras se apunta con el dedo el enorme poder que tiene Florentino Pérez porque, al parecer, ha sido nuestro presidente el responsable de toda esta campaña que ha derivado en que se aplique justicia por primera vez en toda la temporada tras la resolución en la que se anulaba la roja a Vinicius y se sancionaba a la grada de Valencia. No seré yo quién le diga nuestro presidente cómo debe obrar, pero sí que me permitiría sugerirle con la mayor humildad posible que la próxima vez quizá sería más acertado no esperar a la trigesimoquinta jornada (con la liga ya perdida matemáticamente), a la décima denuncia por racismo en campo ajeno o a la enésima prevaricación del VAR para hacer uso de ese imaginario e infinito poder que le atribuyen los medios controlados precisamente (y ya es casualidad) por la persona que verdaderamente ejercer poder real tanto sobre la competición española como sobre la opinión pública.
Aunque sería propicio, debo reconocer que no me apetece en absoluto personalizar en ningún medio o periodista en específico, mas no por falta de ganas sino por la vergüenza ajena que me produce el mero hecho de recordar de nuevo lo que hemos visto u oído en estos días. No obstante, tampoco es que importe mucho, pues por sus obras ya les conocen ustedes más que de sobra.
En estos momentos, no puedo sino entristecerme ante el panorama nacional que nos está quedando en un país que hace no mucho tenía por costumbre animar a los equipos españoles que quedaran vivos en las competiciones europeas, fueran cuales fueran, y que en la actualidad está descorazonadamente consumido por el más irracional de los odios. Y el principal equipo destinatario de ese odio es uno al que no se le recuerda ningún escándalo similar a los del equipo mencionado anteriormente. Un equipo que, sin lateral izquierdo como estaba en invierno por la lesión de Mendy, prefirió no ejercer su derecho de compra por un canterano propio para no perjudicar la temporada de otro equipo. Un equipo que, cuando compra en España, elige pagar el precio de traspaso en lugar la cláusula para no evitar el pago de impuestos. Un equipo que ha acudido con celeridad y nobleza en ayuda de aquellos equipos necesitados cuando las desgracias llamaron a sus respectivas puertas (Lorca, Deportivo de la Coruña, Real Sociedad…). Aun así, de puertas adentro de este país, el aire que se respira es de puro odio contra el Real Madrid. Y la sensación es que hemos perdido una guerra en la que ni siquiera hemos querido combatir, quizás porque nunca vimos que se estuviera produciendo hasta que ahora nos hemos visto derrotados.
Seguramente ya es demasiado tarde. El relato ha vencido sobre los hechos
Seguramente ya es demasiado tarde. El relato ha vencido sobre los hechos y estamos viendo las consecuencias en un día en el que observamos cómo en el resto del planeta todo el mundo está condenando el racismo mientras que dentro de España lo mejor que podemos hacer es taparnos ojos y oídos para no ver y oír los temas de encuentro en los que se apoyan los instigadores de odio para no hablar de lo que todo el mundo está hablando. No se me ocurre más triste resumen que este para acabar planteándome (nos) si lo mejor no será abandonar esta liga y este país y dejarlos tranquilos de una vez por todas. Crear finalmente esa Superliga o cualquier otra que se le ocurra a nuestro presidente. Mudarnos a la Premier, al Calcio, a la Bundesliga o adonde sea posible. Ser felices por separado, nosotros sin ellos y ellos sin nosotros. Si es que pueden vivir sin nosotros, claro.
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El Real Madrid femenino goleó (4-0) al Athletic Club en la segunda semifinal de la Copa de la Reina disputada en el estadio de Butarque. Los goles de Caroline Weir (dos), Sandie Toletti y Athenea del Castillo evidenciaron la superioridad de las madridistas, que buscarán su primer título oficial el sábado frente al Atlético de Madrid.
Si antes de afrontar su primera semifinal como favorito a un título existían dudas lógicas en torno al Real Madrid femenino y el ingrediente de la nueva presión añadida, Caroline Weir zanjó el debate en cuanto el balón echó a rodar sobre el césped del estadio de Butarque. Enfrente, el Athletic Club presentó un equipo jovencísimo, con una media de edad de sus jugadoras de campo por debajo de los 22 años, que pagó su inexperiencia ante un rival superior en todos los aspectos.
A Weir, faro del equipo, le bastaron siete minutos de juego para demostrar que ella es la futbolista llamada a a guiar a las blancas en su ascenso a la élite y, más en corto, la principal baza de cara a conquistar el primer trofeo de la sección femenina del club. La escocesa paró el tiempo bajando del cielo un balón alto de Claudia Zornoza con un control zidanesco, alzó la mirada, y firmó una vaselina picada con la que superar a Sun Quiñones. El temprano 1-0 desarboló el plan del equipo vasco, decidido a esperar en su campo al Real pero desde ese momento condenado a remar a contracorriente.
Las blancas, con todas las piezas disponibles, tuvieron piernas, calidad y espacio suficiente para encauzar el juego al ritmo de Claudia Zornoza y Sandie Toletti. Por delante, las ganas de hacerlo bien eran evidentes, y en el intento recurrente destacó Linda Caicedo, quien desde la izquierda aglutinó de inicio el ataque madridista. Sólo un cambio de pareja defensivo llegado el cuarto de hora, al que se vio obligado el Athletic tras una lesión en su zaga, permitió que Oihane Hernández –a la que los rumores sitúan en Valdebebas este verano– apaciguase a la joven colombiana.
Los goles de Caroline Weir (dos), Sandie Toletti y Athenea del Castillo evidenciaron la superioridad de las madridistas, que buscarán su primer título oficial el sábado frente al Atlético de Madrid
En cualquier caso, y como muestra de la riqueza de recursos con la que empieza a contar Alberto Toril, el segundo tanto llegó por la derecha. Athenea asistió a una Weir omnipresente, caída entonces en ese costado, para que la ’11’ repitiese recurso técnico al lanzar un centro picado al área. Allí apareció Toletti para conectar una volea valiente de primeras, recompensada con un rebote fortuito que acabó de nuevo en gol. Por entonces Misa Rodríguez no había llegado a oler el balón, y a la postre sus guantes quedarían sin estrenar llegado el pitido final. Para las jóvenes jugadores del Athletic, pensar en cómo inquietar el área rival era el menor de sus problemas; salir de su campo superando la presión blanca fue el quebradero de cabeza que las amordazó.
Y es que este Madrid, deseoso de acompañar a a los primeros equipos masculinos de fútbol y baloncesto en su trayectoria de éxitos, jugó una semifinal con sensación de pretender autoconvencerse de su misión. Las blancas no levantaron el pie del acelerador, y antes del descanso llegaría el tres a cero de la tranquilidad. Naomie Feller, la nueve elegida de inicio, aprovechó su potencia y velocidad para apurar la línea de fondo por la banda izquierda y, cuando Athenea del Castillo inició su desmarque dentro del área, le sirvió un centro tenso y a la bota para que también la cántabra cantase un gol.
El billete a la final estaba asignado, pero antes de la hora de juego Caroline Weir le regaló a Alberto Toril un caramelo irresistible: las rotaciones podrían empezar a la vuelta del descanso. El Real volvió a la carga apenas veinte segundos tras la reanudación. Pisando área por mera inercia, Weir bajó de cabeza un balón, le llegó de nuevo tras fallo en el despeje de Maite Zubieta, y no le quedó más remedio que poner el 4-0 definitivo sin que la guardameta bilbaína pudiese iniciar la estirada. Con el trabajo hecho y sobrando media hora de reloj, Weir y Zornoza salieron del campo ovacionadas y contentas, aunque no relajadas.
Lo que quedaba de semifinal en la noche de Leganés era ya prólogo del primer día D para el Real Madrid femenino. En el partido por la Copa de la Reina aguarda un Atlético de Madrid que intentará retardar –al menos por ahora– la cita de las madridistas con los libros de historia. Pero Caroline Weir vino a Madrid para que fechas como la del sábado, 27 de mayo de 2023, sean recordadas por siempre. En sus botas está el destino.
Fotografías: realmadrid.com
Buenos días. ¿Os ha sucedido alguna vez que la alarma por la estupidez de alguien supera con creces el sano despiporre que debería causarte, ahogándose así la carcajada en la garganta? Para que un tonto haga reír debe cumplir dos premisas:
Nos referimos a las reacciones suscitadas a cuenta de un episodio muy concreto acontecido ayer en el Santiago Bernabéu durante el encuentro entre el Real Madrid y el Rayo Vallecano. A estas horas ya sabéis que el choque, de nula trascendencia para la suerte de los de Ancelotti en esta temporada (leed la crónica de Genaro Desailly), sirvió como desagravio a Vinicius por los constantes ataques racistas sufridos en la presente temporada. Sus compañeros salieron al campo luciendo camisetas de su compañero, en pública manifestación de plantilla y grada contra el racismo, el odio y la xenofobia. Vini, lesionado, presenció el partido en el palco presidencial junto a Florentino Pérez, y recabó el afecto del público en el minuto 20, respondiendo a la ovación cerrada del estadio con un caluroso saludo.
Todo esto lo reflejan con corrección las portadas de As y Marca.
Lo curioso fue lo que pasó cuando los aficionados del Rayo presentes en el estadio blanco prorrumpieron en un cántico que por lo visto es habitual en ellos, en especial en los desplazamientos. Se trata de una suerte de autoparodia que reza (con perdón) “Vallecanos, yonquis y gitanos”. Hay vídeos que prueban que esos versos, aunque pueda parecer chocante, salieron de aquella parte de la grada donde se encontraban los propios hinchas vallecanos.
Y ese fue el punto donde las compuertas de la presa que contiene toda la imbecilidad del planeta tierra (y parte del extranjero) se abrieron de sopetón. Fue una avalancha de estupidez, un auténtico tsunami de estulticia en medios y redes sociales.
En el fondo hay que entenderles. La ocasión se mostraba demasiado propicia para dar un giro de timón en el relato. Se mostraba pero no lo era. Interpretaron medios, periodistas y tuiteros random del antimadridismo más sarraceno que los cánticos procedían del público madridista allí congregado, lo que en sus mentes calenturientas se traducía en un vuelco brusco en la narrativa.
Y se lanzaron a la piscina. Uno tras otro. Conmovedoramente. Tiernamente, podríamos casi decir. Gilipollesquísimamente, eso sin duda de ningún género.
Con la trágica circunstancia de que la piscina no tenía agua, pues no era la hinchada madridista, sino la de su oponente, quien había lanzando la consigna. Podían haberse asegurado antes de lanzarse, aquello que hacía el periodismo de antaño de contrastar, pero la posibilidad de hacer pasar al madridismo por la apariencia del pozo séptico que ellos en cambio sí son era demasiado apetecible.
Uno de los primeros fue Pedro Morata, el profesional de la información (?) valencianista a quien debemos perlas como “Si Vinicius sigue con la misma actitud, los servicios de seguridad de los estadios no van a dar abasto”. Esto trinaba el sujeto:
“Justicia poética”. Pues sí. La justicia poética derramada sobre la cocorota de quien rehúsa condenar el racismo que sufre Vinicius, tratando de convertir en culpable a la víctima, y se cree que los astros se han confabulado a su favor para hacerse él la víctima, ahora. No, Pedrito. Tu Mestalla ha sido sancionado con toda justicia por albergar escoria humana racista. Parecía que podías acusar al Madrid de algo parecido, ¿verdad? ¿A que lo parecía? Bueno, pues no.
También se lanzó por el terraplén el político de Valencia Borja Sanjuán, quien ya antes se había permitido insultar a Vinicius vía twitter en lugar de condenar los incidentes de Mestalla, como habría hecho cualquier persona de bien. Parece que no tuvo suficiente con la somanta de guantazos dialécticos que le propinó en directo, en la Sexta, García Ferreras. Se ve que quiere más.
No podía faltar la cuenta de Twitter de Superdeporte, el conocido fancine de adscripción ché. Ellos también se lanzaron cabeza abajo en el intento de hacer creer que la afición de Concha Espina es como de hecho sí demostró ser parte de su propia afición: la valenciana.
Esta gente está tan desnortada que mirad su última portada. En ella dicen no al racismo pero también no a muchas otras cosas, completamente kafkianas la mayoría, y en el mismo cuerpo de letra, por lo que es de colegir que le brindan la misma importancia a la lucha contra el racismo que a la lucha contra todas las demás cosas, la mayoría de las cuales sólo existen en su mente.
Nos gustaría añadir a la lista, en un afán constructivo, no a los grupos de WhatsApp con las madres del cole, no a los emojis llorando para dar el pésame y no (pero un no muy rotundo) a la parte de crocanti del maxibón. Que haya racismo está mal, pero que compartas un maxibón con tu mujer y te toque siempre ese lado del producto también es intolerable, ojo.
Pero no solo de valencianos se nutre el antimadridismo, por más que de Valencia venga la última hora que agrede racialmente a Vinicius para luego fingirse la agredida. Periodistas de filiación culé y colchonera tampoco desperdiciaron la ocasión, tan inmejorable, de quedarse calladitos. Ved al ínclito Francesc Aguilar, preclaro exponente de los medios en la órbita culé, quien también asumió erróneamente que los cánticos provenían de la parroquia merengue.
Ya decimos que los colchoneros no se quedaron atrás, escocidos como están porque el Madrid les ofrezca “lecciones morales”. Hay que ser indulgentes con ellos, pobres. Llevan una racha devastadora. Primero se enteraron de que quien roba las ligas no es el Madrid, como llevan décadas y décadas proclamando, sino el rival del Madrid y tradicional aliado propio, es decir, el Barça. Eso ya fue duro. Pero asumir ahora que el Madrid lleva, junto a Vinicius, la bandera de la lucha contra el racismo es demasiado para ellos. El Madrid no puede representar nada bueno, hombre.
Ay, Pascualín… Conviene asegurarse bien de que la piscina tiene agua antes de proceder a darte la zambullida padre, porque a veces los destellos del sol sobre la superficie de la alberca no son sino espejismos que obra la calentura anti.
Hemos reservado para el final el mejor de todos. Claro, las interacciones de las redes fueron poco a poco sacando a estas gentes de su error. Poco a poco fueron siendo partícipes de que en realidad lo de “yonquis y gitanos” no venía de la audiencia vikinga, sino precisamente de la rayista. Nadie reculó, nadie se disculpó, habría sido demasiado pedirles. Y alguno, como el divertido tuitero culé más o menos anónimo que vais a ver ahora, se revolvió en un escorzo verdaderamente genial si se hubiera tratado de una caricatura.
Vale, vale, lo acepto, no eran los madridistas sino los rayistas quienes se gritaban eso a sí mismos. Pero entonces ¿por qué no lo se lo recriminó la afición del Madrid? Siendo más, los aficionados blancos podían por ejemplo haber fostiado a los franjirrojos por promover de ese modo la violencia… aunque fuera una violencia contra ellos mismos. ¿Por qué no acallaron los madridistas el sentido del humor de los vallecanos? Hay que cerrar el Bernabéu, y cuanto antes mejor, porque en ese campo los aficionados del rival cantan libremente lo que estiman oportuno sobre su propio equipo. Es intolerable.
El Madrid siempre tiene que ser el malo, amigos. Ocho años de La Galerna nos han permitido apercibirnos de la inexorabilidad de la máxima. Que el Madrid sea estafado por su rival, comprando este de manera probada los favores del estamento arbitral, es intolerable, porque el Madrid pasaría a ser ¡la víctima! en lugar del estafador. Que el Madrid abandere las buenas causas del mundo, por ejemplo la batalla contra la xenofobia, es un sindiós, porque nos deja sin trabajo a los que nos ganamos el pan odiando lo blanco (y, por lo que se ve en algunos casos, también lo negro).
Por lo demás, la prensa cataculé despide hoy a Jordi Alba. Fue un gran jugador. Que le vaya muy bien, así, en genérico.
Pasad un buen día.
El Madrid ganó al Rayo, sin que esto importe mucho. Lo relevante del encuentro estaba en el prepartido, con el gesto de las camisetas con el 20, en desagravio a Vinicius, vestida durante las fotos en formación por el resto de compañeros.
El brasileño saludó en ropa de calle desde el centro del campo, sin que muchos hinchas bucaneros presentes en el estadio se privaran de entonar algunos cánticos despreciativos. El brote de miserables que ha asolado el fútbol español en los últimos días deja en Pocoyó la invasión de los ultracuerpos. Durante el resto del encuentro, Vinicius estuvo en el palco presidencial, a la vera de Florentino, en un detalle inusual (quizá nunca antes visto) con un jugador que por lesión no puede vestirse de corto. Desde allí saludó en el minuto 20, cuando el Bernabéu le honró con sentidos aplausos, en homenaje diseñado por youtuberos madridistas como Ramón Álvarez de Mon y Pepe Kollins.
Poco que contar del primer tiempo más allá de la solidez de Alaba, el desparpajo más o menos afortunado de Camavinga, la porfía de Carvajal, el orden de Kroos y el arte cañero (de caños, no de fuerza) de Rodrygo -al final nos salieron más cosas individuales de las previstas, lo que se da de bruces con lo insípido de lo colectivo-. La atonía se rompió cuando el Madrid sacó provecho de un balón a tierra para que Valverde asistiera en profundidad a Benzema, que dribló a Dimitrievski y anotó. Los rayistas culparon a Gil Manzano de su propio empane a la hora de defender la jugada, y al Madrid, que como todos sabemos es el malo, de la mixomatosis, de la peste bubónica y de comprar al vicepresidente de los árbitros durante 17 años.
El segundo tiempo estuvo algo más animado. Carvajal pudo marcar en pase con el exterior made-in-Luka. La pelota se movió con algo más de soltura. En un contragolpe fulgurante, Rodrygo se quedaba solo y Gil Manzano no esperó al VAR para señalar un fuera de juego totalmente inexistente. Era medio gol. Y este árbitro se supone que es el bueno.
Anotó Raúl de Tomás, como prescribe la ley del ex, cuando quedaban pocos minutos para el final, pero Rodrygo culminó espléndidamente un culebreo al borde del área para lograr el triunfo blanco. Puño al aire en saludo a su amigo y a la lucha contra el racismo.
Bravo.
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Courtois: 5. Poco demandado por el Rayo, salvo algún disparo lejano e inocentes remates de cabeza. En el gol de RdT no pudo hacer mucho.
Carvajal: 7. De los más atinados y briosos. Arriba y abajo. Rozó el gol, aunque también la expulsión.
Rüdiger: 5. No tiene los fundamentos para jugar como lateral izquierdo, por muy bien que nos caiga.
Nacho: 5. Sobrio y sin complicaciones.
Alaba: 8. Imperial. Sacó el balón exquisitamente y estuvo atentísimo al corte.
Camavinga: 6. Exuberante en la salida, algo errático en el pase.
Modric: 5. Entregó una asistencia marca de la casa con el exterior a Carvajal. Detalles de clase y sabiduría, pero poca cosa.
Kroos: 8. Metrónomo, fiabilidad alemana y todos los estereotipos positivos que se le ocurran al lector. Ha hecho una buena temporada.
Valverde: 5. No sabemos qué ha sido del jugador rutilante que nos encandiló antes del mundial.
Rodrygo: 7. Caños, fintas y demás delicatessen por la izquierda, coronados con el gol de la victoria, celebrado con un gesto contra el racismo.
Benzema: 5. Buen gol. Muy poquito más. No se entiende su insistencia en jugar todos los minutos cuando está visiblemente mermado. Ni la de Ancelotti.
Asensio: 4. Apenas aportó.
Ceballos: 5. Lo intentó en los minutos que tuvo y forzó un paradón de Dimitrievski.
Tchouaméni: Sin calificar.
Ancelotti: 5. Poco que reseñar. Extravagante su permiso para jugar los 90 minutos a Benzema, que obviamente no está bien, así como el poner a Rüdiger de lateral izquierdo.
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La sabiduría ha edificado su casa, ha labrado sus siete columnas.
(Libro de los Proverbios. 9.1.)
La fabulosa epopeya de nuestro equipo de baloncesto tenía que tener un final digno de un recorrido plagado de hazañas descomunales. El 10 de mayo, como bien recordaremos todos los que presenciamos el vuelco de una eliminatoria perdida, con tintes envenenados, cayó luchando hasta la extenuación el bravo conjunto de Zeljko Obradovic, nuestro general en jefe de la Octava, allá por los años finales del siglo pasado.
Quedaban dos enormes escollos. Pero si no se lograba evitar el primero de ellos, no habría un segundo escollo. Viernes 19 de mayo, toda la gent blaugrana se relamía ante una semifinal, a priori, sencilla para ellos. Llevaban descansando en Euroliga desde la paliza (3-0) que habían infligido al equipo que, precisamente, cedía su pabellón en Kaunas para la celebración de la Final Four. Apenas contaban con la baja -sensible- de Cory Higgings, ya que el pívot Vesely se había recuperado de un golpe una semana antes.
Todo hacía indicar que iba a ser una batalla desigual, con 4 torres (5 con Tobey, que acabó por no jugar) por un lado (Sanli, Vesely, Nnaji, Mirotic) por 1 del Madrid, Tavares (ayudado por un Randolph mermado todo el año y un crío exultante de ganas como Ndiaye). El roster catalán daba miedo (quizás la plantilla más poderosa y completa del continente) y la eficacia que mostraron desde la línea de 6,75 en los primeros minutos (6 triples seguidos al principio y 9 de 14 al descanso) hacía presagiar lo peor (¡una vez más!).
Enfrente, Chus tenía un plan, con una zona 2-3 que de vez en cuando hacía aguas, sobre todo al defender a los tiradores de élite (Abrines, Kalinic, Kuric). La idea era proteger a Tavares de las faltas, defender con NWG, Hanga y Hezonja, y, sobre todo, no dejar escapar a los contrincantes. Aunque a mediados del segundo cuarto ya tuvieran que salir los mosqueteros reales (de Real Madrid, por supuesto), la vieja guardia para llegar al descanso con 6 puntos de desventaja, tras mandarina patentada por Sergio Llull.
El tercer cuarto fue decisivo, ya que, tras un despegue del Barça, que se fue más allá de los 10 puntos, comenzaron a fallar sus snipers (apenas Kuric mantenía buenos porcentajes), mientras Mirotic seguía nulo en ataque (0 puntos en los 3 primeros cuartos). Tavares ya era el dueño absoluto de ambos aros, masacrando la zona rival, y sus lugartenientes, sobre todo Chacho Rodríguez y Hezonja, daban la vuelta al marcador (55-58). Los minutos finales, con un Tavares estratosférico (20 puntos y 15 rebotes, llegando a un +39 de valoración), bailando a un ritmo infernal propulsado por Chacho (12 puntos y 5 asistencias), junto al mejor partido en defensa jamás jugado por Súper Mario Hezonja (14 puntos pero, sobre todo, 9 rebotes de inmenso valor), unidos a la brega incesante de Llull y de Rudy Fernández, derribaron sin piedad el poderío azulgrana, acabando el partido con una clarísima ventaja de 12 puntos, sin apenas sufrir en los 2 últimos minutos, en el célebre Crunch time.
Nikola Mirotic reconocía caballerosamente, tras el partido, la superioridad merengue y entonaba su mea culpa, monopolizando él solo el fracaso de su equipo, lo cual le honró de manera destacable.
Desde el viaje a Belgrado, el Madrid había superado uno a uno 4 matchballs que le habían puesto en muchos momentos al mismo borde del precipicio, en particular en el primer partido en tierras serbias, también en el quinto partido en el Wizink, tras superar una desventaja de 18 puntos, y por último en casi 3 cuartas partes de la semifinal ante el rival barcelonés.
Para todos los madridistas, la temporada ya estaba prácticamente salvada: tras el año complicadísimo del post lasismo, con bajas fundamentales como las de Poirier, Deck y Yabusele, dejando a Tavares como el mítico sheriff Will Kane (eterno Gary Cooper) de “Solo ante el peligro”, en la lucha por el dominio de los aros, nadie podía exigir nada más.
Pero Chus Mateo y su equipo sí que se exigían todavía dar un paso más. Y ya que estaban en Kaunas, a 40 minutos de la gloria eterna, durante el sábado 20 de mayo (día del 25º aniversario de la Octava de los compañeros del balompié) seguro que pensaron en la - para muchos - disparatada idea de lograr la Copa de Europa de baloncesto número 11 para el club.
Quien les escribe estaba muy tranquilo la tarde del domingo 21 de mayo, por supuesto con muchas ganas de victoria, pero con la conciencia tranquila ante el deber cumplido por los integrantes de su equipo predilecto. Real Madrid TV me invitó, junto a mi sabio camarada Joe Llorente, a comentar la final, y lo primero que dije fue precisamente eso: “Estoy muy tranquilo, porque confío en los míos”. Y es que jugar la final, contra el mejor equipo de la liga regular y quizás también de Europa, suponía a mi juicio un regalo preciado y, sobre todo, inesperado.
a 40 minutos de la gloria eterna, durante el sábado 20 de mayo (día del 25º aniversario de la Octava de los compañeros del balompié) seguro que pensaron en la - para muchos - disparatada idea de lograr la Copa de Europa de baloncesto número 11 para el club.
El Real Madrid, siempre por delante, de su tiempo y de sus propios amantes seguidores, tenía clara su misión en Kaunas, el domingo a las 7 de la tarde: recuperar una corona ganada con anterioridad 10 veces (desde la primera, allá por 1964), la última de ellas precisamente en la ciudad talismán de Belgrado (“la ciudad blanca” en el idioma serbio) en 2018. Para muchos, una misión imposible, casi insensata.
Sin duda planearon por la mente de los nuestros los 7 Pìlares de la Sabiduría que escribió el mítico Lawrence de Arabia, el escritor Thomas Edward Lawrence, título que está a su vez basado en los Siete Pilares de la Sabiduría de la Biblia, donde se mencionan en el Libro de los Proverbios.
Aquí pretendemos adaptar dichos siete pìlares, dichos siete fundamentos, a las claves del Real Madrid en la Final Four 2023 de Kaunas.
La Pureza: encarnada por el blanco inmaculado de su uniforme. También por el corazón puro y generoso de Chus Mateo, entrenador discreto, respetuoso y adalid de los valores aprendidos del madridismo desde muy niño: respeto, humildad, perseverancia. Todo ello aderezado con un perfecto auto control mental.
El Respeto: todas las declaraciones anteriores a la final mostraban, como es costumbre en esta casa, el profundo respeto por la competición y por el rival, con elogios hacia su entrenador Georgios Bartzokas y para todos sus pupilos.
La Tranquilidad y la Paz interior: ante el deber ya cumplido de llegar a donde nadie les esperaba, el equipo, lo mismo que en la semifinal, saltó a la cancha con la cabeza absolutamente tranquila y tremendamente fría.
La Humildad: se presentó el Madrid en Lituania en teoría como el equipo menos fuerte, por las bajas acumuladas y tras la tremenda tensión que supuso el play off de cuartos de final ante el Partizán. Y siendo plenamente conscientes de las limitaciones propias de la plantilla disponible para esta Final Four, en especial por la carencia de hombres altos.
La Solidaridad y la Empatía: la importancia capital de saber meterse en la piel del compañero que lo está pasando mal – con el ejemplo del apoyo increíble de todos en todo momento, desde Chus hasta el utilero, a Gabi Deck -. También el poder compartir los unos con los otros sabios consejos; el poder consolar al que está menos acertado. El crear, en definitiva, un ambiente de una verdadera piña, sin fisura alguna, que de esta manera hacía potenciar las relaciones entre los miembros del grupo y que tenía por tanto que aumentar inequívocamente la motivación de todos ellos.
Honestidad: un pilar básico que se refleja en, aun reconociendo las limitaciones propias, darlo absolutamente todo, hasta la última gota de sudor y el último aliento, por los compañeros y por el bien del equipo, anteponiendo siempre el interés común por encima de los egos y de los afanes individuales.
La Biblia resalta como último pilar el procurar siempre ser imparcial. En otras facetas de la vida, por supuesto, es una gran virtud la imparcialidad. Pero en este caso ni nuestro cuerpo técnico, ni nuestros jugadores, ni nosotros como seguidores podemos ser imparciales, aunque sí que en todo momento podemos reconocer los méritos de nuestros rivales antes y después de cada partido. En cierto modo, es practicar la benignidad dentro de la no imparcialidad, con lo cual ya obtendríamos los siete pilares de la sabiduría para la aventura única de la conquista de la Undécima.
El principio del partido final fue muy similar al de la semifinal. Intercambio de canastas por ambas partes y acierto estratosférico desde la línea de triples de los griegos, con mención especial para el base de nombre y apellido bíblico de la final, Isaiah Canaan. Poco a poco, la buena defensa de los nuestros empezó a desfallecer ante el talento rival, en particular del MVP de la fase regular de la Euroliga, el búlgaro nacido en Chipre, Aleksander Vezenkov, un verdadero martillo pilón.
Tras salir de inicio Ndiaye, Randolph también dio minutos de respiro para el gran Edy Tavares, pero la brecha de puntos a favor de Olympiakos iba ascendiendo conforme se llegaba al final del primer periodo. Llamaba la atención, una vez más, la tranquilidad de los nuestros, que no daban signos de nerviosismo pese a la superioridad helena.
En el segundo cuarto, ya con Chacho a los mandos, poco a poco se fueron aminorando las diferencias e incluso se puso brevemente el Madrid por delante, con buenos minutos corales del equipo, con especial mención a Hezonja y a Sergio Rodríguez, mientras Vezenkov, más los puntos de McKissic, sostenía a los del Pireo. Al descanso, empate a 45 y muchísima igualdad.
El tercer cuarto fue, en cuanto a evolución del marcador, un calco del primero. El Madrid se aferraba a hacer la goma para que su rival no se escapara, pero poco a poco, coincidiendo con la vuelta de Canaan a la pista, el Olympiakos iba tomando ventaja, pulgada a pulgada, punto a punto. Costaba encestar por ambos equipos, el Madrid tan solo logró en esos 10 minutos 14 puntos. La intensidad del primer tiempo pasaba factura, las defensas eran más cerradas y los tiradores no encontraban hueco. En los nuestros, nadie destacaba excesivamente sobre los demás, pero nadie deslucía tampoco.
6 puntos arriba para los de Bartzokas, con Vezenkov como gran referencia en ataque, mientras que su pívot Fall apenas aportaba en ataque, aunque su duelo de gigantes de 2,20 con Tavares hacía saltar las chispas. Iba a llegar el momento de los grandes de verdad, en particular de Chus Mateo, aferrado a su zona y buscando puntos en ataque que sumaran a los goteos de Tavares, de Chacho y de Hezonja.
Canaan había vuelto al parqué y era la gran pesadilla de los blancos en defensa. El Olympiakos mantenía entre 4 y 7 puntos de diferencia y el ritmo lento del encuentro tan solo lo desquiciaba a ratos Chacho y su dirección de juego más dinámica. Ya estaban en pista los fabulosos Space Cowboys - copyright de @lagalerna_ -, Chus Mateo se la iba a jugar con ellos, alternando entre 6 jugadores el “cinco” en pista: los tres mosqueteros irreductibles (Llull 35 años, Rudy 38, Chacho próximo a los 37) en – quizás - uno de sus últimos y valiosos servicios a la corona madridista, Tavares, cómo no, Hezonja y el bretón que florece siempre en primavera (Euroliga 2018, Liga ACB 2022…), Fabien Causeur, con una espectacular forma de defender y su valiosa aportación en ataque en forma de bandejas de premio World Press Photo y de triples imposibles.
Y los nuestros seguían tan tranquilos. Y eso, pese a que el concierto del trío arbitral (el lituano, el esloveno y el francés de los musculitos) barría descaradamente para El Pireo, con formas distintas de interpretar los pasos y tolerancia cero para las protestas de nuestro banquillo, que supusieron unas cuantas posesiones para los griegos.
No había forma de reducir diferencias, Chacho y Tavares anotaban de dos en dos, mientras que Vezenkov respondía a cada ataque, junto al acierto de Canaan, que batió su récord anotador de siempre. El marcador se congeló casi dos minutos en un inquietante 75-70 a falta de 3 minutos. Los brazos temblaban y las piernas flaqueaban.
A falta de 2, una bandeja del Chacho puso el 78-74 en el electrónico. Era el momento de la final. En el siguiente minuto se sucedieron los fallos por ambos lados: fallo de Sloukas en el triple, pérdida de Tavares, personal de Causeur - afortunadamente sin tiros -, fallo de Vezenkov en el triple.
Quedaban 47 segundos cuando Chacho, que, como recordarán, nos debía una final que prácticamente él solo nos hurtó en Vitoria 2019 con una actuación sublime con su CSKA, Chacho, que volvía en el verano pasado a su casa de siempre como el hijo pródigo -otra referencia bíblica, esta vez del Nuevo Testamento -, Chacho, insistimos, acertó a clavar un triple en la cara del capitán Kostas Sloukas (su viejo rival en las finales de 2013 y de 2015, con una victoria para cada equipo) y ponía el 78-77.
Habría pues, por lo menos, 2 jugadas de ataque más. La pizarra de Mateo volvió a funcionar, y es que en defensa tenía a su mejor hombre todavía en cancha, Tavares, tras jugar casi 34 minutos, pero poco cargado de personales. Y Edy, con paciencia y también con astucia, provocó el fallo de tiro de Moustapha Fall - quien realmente tuvo una noche aciaga - y rebañó su rebote.
El Madrid, que en 39 minutos apenas había comandado el tanteador durante 2 de ellos - recordando a la célebre semifinal de Champions 2022 ante el City, cuando desde el minuto 1 hasta el minuto 182 de la eliminatoria el equipo merengue estuvo siempre eliminado -, tenía una bala, pero menuda bala, para llevarse el máximo trofeo europeo de baloncesto.
A falta de 12 segundos y poco, falta de Walkup sobre el Chacho. Y los dos equipos, al tiempo muerto. Era el momento Llull, y Chus Mateo, que lleva 12 años entrenando al de Mahón, le preparó la jugada. Era arriesgado. Mateo, que ha recibido esta temporada injustamente todas las críticas habidas y por haber, tras heredar la alargada - y muy exitosa - sombra de Pablo Laso, lo tenía claro: Sergio Llull, el hombre mágico de los últimos segundos que tantos títulos ha dado al Madrid, desde aquella lejana Copa del Rey en el Palau Sant Jordi en las barbas del FC Barcelona, era una vez más el elegido.
Los 600 madridistas del Zalgirio Arena, los valientes Ojos del Tigre y los Berserkers. Los veteranos del club. Los directivos. Los familiares. Todos miraban al techo del pabellón en busca no ya del milagro – milagro era haber llegado hasta allí, hasta ese preciso instante –, sino en busca del único final que podía tener esta maravillosa aventura de la Euroliga 2022-23. Del triunfo, in extremis, de su Real Madrid. De nuestro Real Madrid, al que cientos de miles de personas estábamos enviando aliento, ánimos y fuerzas desde tantos puntos de la Península, de las Islas Baleares de Rudy y de Sergio, de las Islas Canarias del Chacho (nuestros 3 mosqueteros, nuestros 3 Space Cowboys aterrizaron hace años en Madrid desde sus preciosas islas), y del resto del planeta.
Y Llull lo volvió a hacer. Con un escorzo magnífico, de una plasticidad bellísima, a 5 metros del aro, se detuvo en el aire, con el cuerpo ligeramente doblado hacia atrás, y superó la envergadura infinita de Mous Fall, para convertir una mandarina de ensueño que penetró en la red de los helenos, cuyos 7.000 seguidores no podían dar crédito a lo que estaban viendo, tras haber dominado el 95% del transcurso del partido. En los 3 segundos que quedaban, Sloukas falló un tiro que pareció bastante más sencillo que el de Llull.
¿Fue suerte? Como decía Chacho ayer en la Comunidad de Madrid, sí, fue suerte. “Pero la suerte también hay que trabajarla”, afirmó, con su sabiduría infinita.
Fue un premio glorioso, en primer lugar, para el propio Llull, galardonado una vez más de forma merecida: un premio a su fidelidad indestructible por el Real Madrid, a quien siempre priorizó ante los cantos de sirena de la NBA y de otros transatlánticos europeos.
Fue el triunfo de la humildad y de la sencillez de Chus Mateo, que minutos después protagonizó, junto al cariño de Tavares, una de las ruedas de prensa más emotivas que se recuerdan.
El del propio Tavares, por supuesto, elegido MVP de la Final Four por su magnífico desempeño. El de Chacho, máximo anotador madridista de la final. El de Causeur, “la gauche divine” como le bautizó Siro López. El de Rudy, magullado tras mil y una batallas este año y los anteriores, que es realmente la piedra angular de este equipo de leyenda, el Porthos capaz de sostener con su fuerza y su espíritu todo el peso del equipo. El de Mario Hezonja, enorme su trabajo en defensa en Kaunas y con buenas aportaciones en ataque.
Fue el triunfo de la humildad y de la sencillez de Chus Mateo, que minutos después protagonizó, junto al cariño de Tavares, una de las ruedas de prensa más emotivas que se recuerdan
También el triunfo de los secundarios, entre ellos Musa, protagonista todo el año y algo menos en Kaunas, aunque anotó 2 triples en la final, que nos dieron mucho aire. Y Nigel, bravo en defensa y encestando, y Randolph, y el incansable Hanga, y el joven Ndiaye. Y Abalde animando como un loco desde el banquillo, como Deck, como Poirier, como Yabu, como el querido Alocén.
Nada más acabar el partido, en el plató de RMTV, vi llorar a mi amigo Joe Llorente, unas lágrimas de orgullo y de felicidad, que comentó que era la final más bella que había contemplado jamás. No fue el único que lloró. Hubo lágrimas de Chus, de Causeur, de Deck, de muchos más. También de Juan Carlos Sánchez, que acaba una vez más una temporada con el trabajo bien hecho y con una victoria incontestable.
Mencionar a todo el cuerpo técnico, a Redondo, a Calín, a Frutos, a Trapero y al resto de componentes.
Ya son 25 Copas de Europa. Culminada la última de ellas con un final de ensueño, maravilloso, a la altura de una gesta que se recordará, por lo sinuoso del recorrido, tanto como aquella de 1995, tras 15 años de sequía, de Sabonis y de Arlauckas, o la de 2015, 20 años después (como el título de la novela continuación de Los tres mosqueteros), en el Palacio, ambas, curiosamente, ante el mismo Olympiakos batido por tercera vez en una final.