Buenos días, amigos. En un universo paralelo en el que lo épico se torna grosero, irrumpe en la sede de la Liga Juanfreddie Mercury Laporta ataviado con una camiseta de tirantes blanca y unos vaqueros subidos a lo Cachuli. Carraspea, levanta el dique de la gola para que salga a borbotones su aterciopelada voz melódica.
—¡Flash!
—¡Ah-aaaaaah! (coros del CSD).
—Fichado por Deco.
Flash Gordon aparece tras la estela de Laporta y, como es inglés y los ingleses no suelen conocer el español del mismo modo que los españoles no suelen conocer el inglés, se limita a levantar la mano y espetar un geronimoniano «jau».
En este cosmos alternativo, la acción se desarrolla en el planeta Mongo, un lugar surrealista donde las matemáticas y la lógica terrestres no funcionan. Es posible estar en quiebra por la mañana y fichar a varios jugadores decisivos para ganar la liga por la tarde. Allí, las normas de fair play financiero se derriten como polos al sol.
Tras responder con otro educado «jau», Tebas Ming toma la palabra.
—Juanfreddie Laporta, ¿cómo lo vamos a hacer esta vez, decimos que pagas con transferencia, Bizum, cheque o hacemos como de costumbre, comunicamos que el fichaje se abona con las pelusas de la caja fuerte?
—Tebas Ming, llegados a este punto, podemos quitarnos la careta.
El inglés Flash Gordon —que ha aprendido castellano a una velocidad de vértigo— comienza a quitársela y le indican que no se refieren a él.
—¿A qué te refieres, Laporta?
—Que no hace falta esconderse, al final vamos a inscribir a Flash Gordon de todas maneras. Y lo del dinero… pagar está sobrevalorado.
—Llevas razón, amigui*. Voy a llamar a los de Sport para que publiquen que ya está aquí.
*En el planeta Mongo se emplea el término amigui con total impunidad.
—Una vez que vamos a pecho descubierto —prosigue Laporta—, a partir de mañana una portada como la de As no será necesaria.
—Pozí —asiente Tebas Ming—, ya no será necesario fingir que el Atleti se resiste a vuestros deseos como si fuese un rival. ¿Se ofrece algo más, señor Laporta?
—No, amigui.
—Entonces os dejo, he de marchar al planeta Rickelme. Es un auténtico paraíso habitado por españoles seleccionables, donde hay colas para comer y cada habitante tiene su propia piscina portátil. Pasad un buen día.
Por aquellas fechas, 'Wall Street', la película de Oliver Stone, arrasaba en la taquilla y la imagen de Michael Douglas con el pelo engominado, camisas celestes de cuello blanco y tirantes era emulada por los 'dealers' de medio mundo.
Yo entonces era un aprendiz de 'yuppie' que acababa de incorporarme a la mesa de capitales de una sociedad de valores y bolsa (CAB), sita en el corazón del barrio de Salamanca, en la confluencia de las calles Ortega y Gasset con Velázquez, frente a la cafetería VIPS.
Era mi primer trabajo y cuando concluí el curso de formación, mi jefe, para que me foguease, me pidió que le acompañara a visitar a uno de nuestros clientes: un tal Florentino Pérez, a la sazón uno de los mandamases de Ocisa, el embrión de ACS.
Ni que decir tiene que mi papel ese día fue totalmente irrelevante, el de un mero convidado de piedra o figurante.
Mentiría si dijese que Florentino Pérez me pareció un tipo brillante: su voz nasal, su tono monocorde...
Por eso me extrañó sobremanera que años después tuviera la osadía de disputarle la presidencia del club nada menos que al carismático Ramón Mendoza.
—Con esas gafas no se puede ser presidente del Real Madrid —le espetó Mendoza, arrogante y faltón, en pleno debate electoral.
Y no lo fue.
Pero por muy poco: apenas seiscientas papeletas.
Inasequible al desaliento, el verano de 2000, Florentino lo intentó de nuevo con Figo como señuelo y, contra todo pronóstico, le arrebató la presidencia del club a Lorenzo Sanz Mancebo, pese a que acababa de colocar la octava Orejona en las vitrinas del Bernabéu.
Tal vez esa apariencia de no haber roto un plato, su faux-naif, sea el arma secreta de Florentino.
Y el motivo por el que lo infravaloran sus enemigos.
Cuando en cierta ocasión Butragueño manifestó que Florentino Pérez era un 'ser superior', causó cierta rechifla y muchos pensamos que se trataba de un elogio desmedido, un ditirambo lambiscón y untuoso.
Sin embargo, el tiempo, ese juez insobornable que da y quita razones, como repetía madrugada tras madrugada 'Supergarcía' en la hora cero, confirmó que 'El Buitre' sabía perfectamente lo que decía.
Nomen est omen, sentencia el adagio latino, o sea, el nombre es el destino.
Y Florentino, etimológicamente, significa próspero y floreciente.
No en vano, es una de las diez mayores fortunas de España; ACS factura 50.000 millones de euros al año; y ha convertido al Madrid en el club más rico y laureado del planeta, además de remodelar el estadio.
O sea, es una suerte de 'Mago de las Finanzas', de 'Rey Midas' que transforma cuanto toca en oro con su varita mágica.
'Lo excelso es tan difícil como raro', afirmó Baruch de Spinoza, y el apotegma parece un traje hecho a la medida de nuestro hombre.
El otro día, harto de desayunarse sapos, y alejado de su perfil ceremonioso e institucional, se quitó el smoking y bajó al barro.
—Me tendrán que echar a tiros —proclamó empleando un lenguaje belicoso.
Era una advertencia a esos 'niños' que, a su juicio, conspiraban contra él en la sombra, como si les dijese entre líneas:
—Todavía tenéis que tomar mucho Cola Cao.
Si como dice Clarence, el ángel de la guarda de James Stewart en ¡Qué bello es vivir!, la vida de cada cual afecta a la de los demás, sin Florentino Pérez, la existencia de los aficionados merengues sería infinitamente menos dichosa.
Qué hubiera sido de nosotros sin la volea de Zidane en Glasgow; sin Ronaldo Nazário de Lima; sin la BBC; sin el cabezazo de Ramos en el estadio da Luz en el minuto 93; sin la inverosímil remontada frente al City; sin el doblete de Joselu contra el Bayern; sin la medular formada por Casemiro, Kroos y Modric; sin Vinícius y Rodrigo; en fin, sin tantos días de vino y rosas en Cibeles.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, solo de momentos...así reza el poema anónimo 'Instantes', atribuido a Borges.
Por eso queremos tanto a Florentino.
Ah!, por cierto, aquella sociedad de bolsa quebró en diciembre del 93.
Con nuestra firma operaba un bróker no tan glamuroso como Michael Douglas, aunque igualmente dinerómano y codicioso: Baltasar Egea que, años después, acorralado por sus acreedores, saltaría a las primeras páginas de los periódicos tras pegarse un tiro, no sin antes matar a su hijo y a su esposa.
Su asistenta halló los tres cadáveres tendidos en la cama de su mansión de la Moraleja.
Pero esa ya es otra historia...
En cuanto a mí, entre la bolsa y la vida, elegí la vida.
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Ayer por la tarde tuvo lugar la presentación de la candidatura de Florentino Pérez a las elecciones presidenciales del Real Madrid. El acto fue en el hotel Meliá Castilla de Madrid y allí acudimos unas dos mil personas, llenando al auditorio principal del hotel más otros dos salones adyacentes.
En un total de 20 minutos, Florentino tuvo tiempo para mostrar cariño hacia sus socios, haciéndoles un guiño al comentar, sin más detalles, el proyecto de club social en terrenos de Valdebebas, y también a los socios no abonados, cuando anunció que iban a quedar liberados más abonos de socios que habían cometido irregularidades al utilizarlos indebidamente y que se pondrían a disposición de los socios que están en lista de espera.
Previamente, aprovechó para recordar que estas elecciones anticipadas —casi 3 años antes del fin del mandato que debía terminar en enero de 2029— las convocó tras haber detectado una campaña en la sombra contra el club. Vinculó la candidatura rival, liderada por Enrique Riquelme, a los años más oscuros de la institución, la presidencia de Ramón Calderón, proclamando que los que ahora se presentaban a la junta directiva eran hijos y cuñados de los directivos de aquellos años, despachando su discurso con una frase contundente: “No vienen a servir al Real Madrid, vienen a servirse del Real Madrid”.
Para este columnista, que es además socio del club desde hace décadas, la intervención de Florentino Pérez fue convincente y firme
También aludió directamente a Riquelme y a la imposibilidad que tuvo para lograr su preaval financiero con los principales bancos españoles, teniendo que acudir a otras entidades de fuera de España.
El momento que más encendió a los allí presentes fue cuando Pérez aludió al caso Negreira, al que calificó como el escándalo más grave de la historia del fútbol y del deporte, prometiendo que iba a luchar sin descanso para que se disuelva un sistema corrupto y clientelar. La gran mayoría de los asistentes se puso en pie para ovacionar estas duras palabras que iban dirigidas, no solo contra el FC Barcelona, sino también contra la RFEF y la LFP de Tebas.
El discurso, bien preparado y breve, hizo constantes alusiones a los logros conseguidos en los últimos años de presidencia y también a los retos estratégicos futuros, nombrando al distrito tecnológico que tendrá su sede también cerca de la ciudad deportiva de Valdebebas o a los avances que van a adornar experiencias digitales para millones de madridistas de todo el planeta, como el proyecto con Apple para crear un “Bernabéu infinito”.
En definitiva, un discurso claro y conciso, sin entrar en detalles de programación deportiva. Es de suponer que, durante la campaña, que todavía durará 10 días, Florentino entrará más en profundidad sobre los proyectos que destapó en el área social o en el modelo societario, como avanzó ayer con esta frase: “Los socios tenemos que ser titulares del patrimonio que hemos construido, no sólo en lo emocional, también en lo económico y jurídico".
Para este columnista, que es además socio del club desde hace décadas, la intervención de Florentino Pérez fue convincente y firme. Seguiremos de cerca los próximos pasos de estas elecciones, que finalmente tendrán lugar el domingo 7 de junio en las instalaciones de la ciudad deportiva de Valdebebas.
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Han pasado muchas cosas en estos últimos cinco meses. Demasiadas y casi todas negativas. Esto es fútbol y se puede perder.
Pero lo que me interesa es otra cosa. Una sensación que no es nueva, sino que arrastro desde hace bastantes años. Un nubarrón que a veces he dejado en un rincón de la mente, pero que siempre vuelve: la idea de que el club y parte de la afición han ido perdiendo de vista aquello que nos hacía distintos.
Esta no es una crítica global a Florentino Pérez. En estos días he leído y escuchado valoraciones desproporcionadas y conviene ser ecuánimes.
Mi visión del presidente, con sus aciertos y errores, es esencialmente la misma que el día en que ganamos al Borussia Dortmund la decimoquinta Copa de Europa. Florentino es quien devolvió al club la hegemonía económica y mediática mundial, y merece un respeto que en demasiados ámbitos no se le reconoce. Al mismo tiempo, es posible que algunos de sus errores hayan contribuido de forma indirecta a cierta despersonalización del club.
Mi intención es reflexionar sobre la continuidad espiritual del Real Madrid. El club nunca necesitó construir artificialmente su prestigio porque ya lo poseía. Lo que me preocupa es que, en el proceso de convertirse en una maquinaria global perfecta, parte de su identidad histórica se haya ido diluyendo. Esto no se explica solo por una mala temporada ni por decisiones deportivas discutibles, sino por algo más profundo: la sensación de que el club ha ido olvidando qué era exactamente lo que lo hacía diferente.
Para que algo así ocurra hacen falta muchos años de continuidad de errores que, en mi opinión, han ido socavando (que no borrando) nuestra identidad, memoria, símbolos y cultura institucional.
La conciencia histórica del madridismo, incluso en épocas de decadencia deportiva europea, siempre estuvo presente
Recuerdo perfectamente cómo, siendo niño y adolescente, discutía de fútbol con los guiris en los veranos que pasaba en Denia durante los noventa, cuando las seis Copas de Europa quedaban ya muy lejos y la situación del club, tanto económica como deportiva, no era la mejor. Mis respuestas a aquellos guiris estaban llenas de seguridad y orgullo, y con el tiempo siempre acababa percibiendo que sus críticas escondían una forma de admiración hacia algo que no podían comprar ni alcanzar. La leyenda del Real Madrid como cabeza del fútbol mundial estaba ahí. Podían criticarnos como se hace con el aristócrata venido a menos que sigue pasándose por el club, pero al que se le tiene envidia.
¿Cómo era posible? Este prestigio ha acompañado al club durante décadas. La conciencia histórica del madridismo, incluso en épocas de decadencia deportiva europea, siempre estuvo presente. Por eso se pudo sobrevivir treinta y dos años sin ganar la Copa de Europa sin dejar de sentirse el club más grande del mundo.
Por todo ello, es importante recordar que Florentino no creó el prestigio del Madrid. Recuperó la supremacía económica, mediática y competitiva contemporánea. Su visión potenció y proyectó la leyenda del Real Madrid hacia el siglo XXI, convirtiéndolo en la gran potencia económica, mediática y comercial del deporte mundial.
Cuando llegó a la presidencia en el año 2000, el club acababa de ser declarado mejor equipo del siglo XX en aquella ceremonia inolvidable en la que los madridistas sentimos un orgullo indescriptible viendo a don Alfredo Di Stéfano recoger el trofeo.
Lo que vino después fue la obra descomunal de Florentino. La dimensión que alcanzó el club habría parecido inimaginable apenas unos años antes. Para muchos madridistas de mi generación fue la constatación de un sueño íntimo: comprobar que aquella sensación de grandeza irrepetible que habíamos defendido incluso en épocas de decadencia no era nostalgia, sino una realidad histórica: los fichajes galácticos, la Ciudad Deportiva de Valdebebas, la expansión internacional de la marca Real Madrid, las giras mundiales, la capacidad de convertir cada movimiento del club en un acontecimiento planetario… Todo aquello transformó definitivamente al Madrid en algo todavía más gigantesco de lo que ya era. El hecho de que el Madrid haya conquistado siete Copas de Europa en veintiséis años eran literalmente ciencia ficción en el año 2000.
Ver al club ocupando el lugar que le pertenecía y tanto tiempo había perdido me ha producido una satisfacción y felicidad indescriptibles. Tal y como le pasaba a la Cenicienta, se burlaban, pero en el fondo sabían que era especial. Es difícil explicarlo a tantos madridistas que no lo vivieron y que su realidad desde que tuvieron conciencia ha sido esta época de laureles. Del mismo modo, no es algo fácil explicarles por qué afirmo que la institución ha perdido capas de identidad.
Pero la personalidad del club, su identidad no es solo esto. La simbología, el escudo, el himno, el honor en la victoria y en la derrota, el blanco imperecedero de la camiseta y ese barro que no la manchaba, sino que ennoblecía la lucha hasta el final, la figura de Santiago Bernabéu como padre del Real Madrid, la ciudad deportiva y la cantera, Di Stéfano, Gento, los Yeyés, la Quinta… Son cosas que deben emanar del club de forma natural de una forma u otra.
Me produce mucha tristeza ver a tantas leyendas del club fuera, algunas casi perdidas en el olvido. El día de la vuelta contra el Bayern me dio envidia ver a Rummenigge y Hoeness uno al lado del otro disfrutando del partido. El club ha perdido cierta serenidad institucional y cierta relación natural con sus propias figuras históricas.
Un caso en concreto sirve de ejemplo para explicarlo: Del Bosque. Jugador del Real Madrid durante dieciséis temporadas, entrenador del Castilla, director de la cantera (hasta el punto de conocer prácticamente el número de pie de cada chico que pasaba por ella), entrenador del primer equipo durante cuatro años, campeón de Liga, Copa de Europa e Intercontinental, seleccionador nacional campeón del mundo y de Europa, y una persona de la que jamás he escuchado hablar mal a un compañero de profesión. No me cabe en la cabeza que después de tantos años no se hayan podido recomponer los lazos rotos entre Vicente del Bosque y el Real Madrid. ¿Cómo es posible? Es verdad que desde su salida del club la relación estuvo rota y durante su etapa como seleccionador fue a peor. El grado de polarización en el madridismo era insoportable. Todo parecía una guerra permanente: cualquier matiz era sospechoso, cualquier discrepancia se interpretaba como una traición y cualquiera que no abrazase completamente la lógica que instaló Mourinho terminaba señalado.
Y ahí Del Bosque representaba exactamente lo contrario: calma, institucionalidad, contención, madridismo clásico. Quizá por eso parte del mourinhismo más fanatizado acabó viéndolo casi como una figura hostil. Todo degeneró hasta el lamentable incidente de la insignia de oro. El club decidió dársela antes de un partido junto a Plácido Domingo y Rafa Nadal, quienes siendo grandes y admirados madridistas no fueron símbolos deportivos internos de la entidad. Por supuesto don Vicente la rechazó. Han pasado casi quince años y las relaciones siguen prácticamente rotas. Y eso, sinceramente, me parece impropio de la historia del Real Madrid
Durante muchísimas presentaciones de jugadores en los últimos años no ha sido Pirri quien entregaba la camiseta
Del mismo modo, el papel del presidente de honor del club me transmite desde hace años la sensación de una figura meramente decorativa. Durante muchísimas presentaciones de jugadores en los últimos años no ha sido Pirri quien entregaba la camiseta. Naturalmente, jamás hará una declaración pública sobre ello. Tampoco lo harían Del Bosque, Camacho o tantas otras figuras históricas del club. No les corresponde. Esta tendencia únicamente puede revertirse desde la propia dirección institucional del Madrid. En el Madrid, muchas de estas figuras históricas parecen habitar compartimentos separados del relato institucional cotidiano. ¿Cuántos jóvenes de la cantera conocen hoy realmente a muchas de las figuras que construyeron el Madrid moderno más allá de haber escuchado sus nombres de manera lejana?
Otro ejemplo paradigmático de esta pérdida progresiva de identidad es lo ocurrido con el himno del club desde el año del centenario. En aquel 2002, Plácido Domingo interpretó un himno conmemorativo para celebrar los cien años de historia del Real Madrid. Y sí, era majestuoso. En su momento me pareció una idea magnífica. Lo que ya no me produjo la misma sensación fue comprobar cómo aquella composición empezó poco a poco a ocupar el espacio central de la megafonía del Santiago Bernabéu cuando los equipos saltaban al campo. Recuerdo perfectamente mi sorpresa y decepción.
Y así se llegó hasta el año de la Décima, cuando el proceso terminó de completarse. En aquella ocasión se compuso una nueva canción: “Hala Madrid y nada más”, con música del productor RedOne y letra de Manuel Jabois. No entro a valorar si la canción es más o menos emocionante o más o menos adecuada para ser coreada por un estadio. Además, es evidente que la pieza quedó asociada emocionalmente a una de las etapas más gloriosas de la historia reciente del club. El problema no es ese. El himno clásico estaba ligado a la continuidad histórica del club, al Madrid de Bernabéu, a cierta solemnidad castiza, a la idea de una institución eterna que atraviesa generaciones sin necesidad de alterarse para seguir siendo admirada. Estas cosas construyen imaginario. ¿A alguien le entraría en la cabeza que Inglaterra sustituyese el “God Save the King” por “We Are the Champions” de Queen? Evidentemente no.
Y ya puestos, una última petición personal: si el himno histórico no va a sonar antes del partido, casi prefiero que no lo haga tampoco al final. Porque escuchar el verdadero himno del Real Madrid únicamente cuando el estadio empieza a vaciarse produce una sensación difícil de explicar. Como si algo esencial hubiese quedado desplazado silenciosamente hacia un rincón.
Pero la identidad de un club no solo se proyecta desde los símbolos. También se transmite desde el comportamiento. Y ahí creo que el Real Madrid también debería marcar diferencias. El comportamiento de nuestros jugadores sobre el césped importa. Mucho. Evidentemente el fútbol admite momentos de tensión, expulsiones, peleas o cruces de cables. Nuestro amado Juanito podría dar buena cuenta de ello, aunque también de la rápida y sincera rectificación posterior. Una cosa es la pasión desbordada o el error humano en mitad de la competición y otra muy distinta determinadas conductas teatrales que se han ido normalizando en el fútbol moderno.
Porque lo que sucede hoy en muchos partidos con la simulación de golpes en la cara resulta sencillamente grotesco. El Madrid debería intentar marcar una línea diferente. No como gesto de superioridad moral artificial, sino como coherencia con la imagen histórica que el propio club proyecta de sí mismo. Que se trasladase internamente esa cultura desde la cantera hasta el primer equipo, en que determinados comportamientos fuesen vistos como algo impropio de la imagen del Real Madrid y que tuviesen consecuencias disciplinarias. Escribiendo me acuerdo de Camacho en la vieja ciudad deportiva de La Castellana dirigiendo al Español contra el Castilla. Roberto Fresnedoso se acercó al banquillo españolista por una herida en la mano y el de Cieza le mandó a tomar viento con unas hermosas y sentidas palabras. Búsquenlo en YouTube.
El himno clásico estaba ligado a la continuidad histórica del club, al Madrid de Bernabéu, a cierta solemnidad castiza, a la idea de una institución eterna que atraviesa generaciones sin necesidad de alterarse para seguir siendo admirada
Del mismo modo, el club debe defender sus intereses con contundencia cuando considera que se han producido situaciones gravísimas, como el escándalo arbitral relacionado con los pagos del F. C. Barcelona al señor Negreira durante casi dos décadas. Es un asunto enormemente serio y probablemente el Madrid tardó demasiado tiempo en reaccionar públicamente.
Porque el Real Madrid posee una capacidad de influencia mundial que muy pocos clubes han tenido jamás en la historia del deporte. Debería actuar de otra manera además de, por supuesto, la judicial. El club tiene en su mano mecanismos muchísimo más poderosos para trasladar este tipo de cuestiones al debate futbolístico internacional. Porque ese debería ser el tono del Madrid cuando decide defender algo tan grave: el de una institución histórica explicando al mundo un problema de integridad competitiva en el fútbol europeo. Valiéndose de la televisión del club mediante cuidados reportajes o de los propios embajadores del club. Desde la dimensión histórica y moral que posee la institución.
El club sigue ocupando una posición incomparable con cualquier otro club del mundo. Y precisamente por eso puede permitirse detenerse, mirarse a sí mismo y reflexionar. Porque sigue estando a una distancia sideral del resto. Porque aquí el verdadero peligro no es perder partidos. El verdadero peligro es olvidar quién eres.
Tampoco hablo aquí de si el nuevo Bernabéu es más o menos espectacular, ni de si los conciertos son buenos o malos para el club, que si el parking sí o no. Pero sí hay algo relacionado con todo ello que me parece importante plantear: si el Real Madrid pertenece realmente a sus socios, ¿por qué nunca se les consulta sobre determinadas cuestiones profundamente simbólicas? Evidentemente, no tendría sentido preguntar cada temporada por el diseño de una camiseta. Pero asuntos como el himno del club, determinados elementos de identidad visual o incluso un cambio tan gigantesco como el diseño definitivo del estadio quizá merecían algún tipo de consulta, aunque fuese orientativa o simbólica. Porque precisamente la fuerza histórica del Madrid siempre residió también en esa idea de pertenencia colectiva.
Estamos entrando además en un momento en que se ha abierto un escenario nuevo dentro del madridismo con la convocatoria electoral y la presentación de una candidatura rival a la de Florentino Pérez. Sobre el señor Riquelme apenas puedo opinar porque acaba de empezar la campaña, pero será interesante escuchar qué visión tiene para el Real Madrid del futuro.
Todos los temas que he tocado son síntomas que vistos individualmente quizás no dejen ver la profundidad del problema, pero en conjunto creo que ilustran con claridad cuál es esa extraña sensación que me persigue desde hace años. La ausencia de determinados jugadores en la despedida de Carvajal fue otro síntoma de algo que va más allá del descuido puntual y que es un claro ejemplo de lo que estoy tratando de explicar.
En cualquier caso, más allá de nombres concretos, es muy importante que el Real Madrid pueda detenerse algún día a reflexionar sobre sí mismo.
Porque todavía estamos a tiempo:
A tiempo de recuperar presencia institucional de nuestras leyendas.
A tiempo de reforzar los símbolos históricos del club.
A tiempo de volver a transmitir ciertas formas y ciertos códigos.
A tiempo de recordar que el señorío no era simplemente una palabra vacía ni una campaña de marketing.
A tiempo de comprender que la grandeza del Madrid nunca consistió únicamente en ganar, sino en la manera en que representaba el poder, la autoridad y la continuidad histórica dentro del fútbol mundial.
El Madrid seguirá ganando. Pero precisamente por eso sería una pena inmensa que, en mitad de esta era de éxito gigantesco, el Madrid fuese perdiendo lentamente partes de sí mismo sin apenas darse cuenta. Y el Real Madrid nunca fue únicamente un club que ganaba. Fue también una manera de estar en el fútbol y en el mundo.
El problema no es perder: es olvidar quién eres.
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El pasado 25 de mayo, Luis de la Fuente dio a conocer la lista de 26 convocados para el Mundial que se disputará este verano en Canadá, Estados Unidos y México. Como ya se intuía desde hace semanas, no apareció ningún jugador del Real Madrid. Y, sinceramente, aunque la imagen pueda impactar por lo simbólico que resulta ver una convocatoria de España sin representación madridista, tampoco creo que tenga demasiado sentido que nos llevemos ahora las manos a la cabeza. Porque si nos paramos a mirar con un mínimo de honestidad qué españoles han formado parte de la plantilla del Real Madrid esta temporada, la realidad es la que es. Raúl Asencio, Álvaro Carreras, Dani Carvajal, Fran García, Dean Huijsen, Dani Ceballos, Thiago Pitarch y Gonzalo García. Y ahora viene la parte incómoda: después del fútbol que hemos visto durante toda la temporada 2025/2026, ¿de verdad alguien piensa que había varios nombres indiscutibles para ir al Mundial?
Yo, sinceramente, no. Entiendo perfectamente por dónde van muchas de las críticas y, de hecho, comparto varias. Las convocatorias de Gavi o Laporte son bastante discutibles. Gavi apenas ha sido titular en ocho partidos desde que volvió de su lesión y su temporada ha estado muy lejos de lo que se espera de un jugador que va a un Mundial. De hecho, casi ha destacado más por las tarjetas que por el fútbol. Lo de Laporte también genera dudas evidentes: ha formado parte de una de las defensas más frágiles del campeonato y, además, volvió a sufrir problemas físicos durante varios tramos del año, algo que ya empieza a ser habitual en él. Incluso podríamos meter también el nombre de Baena en el debate, porque tampoco ha hecho una temporada que justifique de manera rotunda su presencia. Hasta ahí, estamos de acuerdo.
Pero una cosa es que algunos convocados generen dudas y otra muy distinta es convertir eso automáticamente en que los jugadores del Real Madrid merecían ir sí o sí. Ahí es donde creo que muchos madridistas están cayendo en una especie de trampa emocional. Porque si uno intenta analizar la situación con algo de frialdad y viendo fútbol más allá del Madrid, la realidad es que el único jugador blanco al que realmente veía con opciones serias de entrar era Dean Huijsen. Y, aun así, tampoco me ha parecido un escándalo que se quedase fuera.
De hecho, si hablamos únicamente de mérito individual esta temporada, me parece bastante más injusto que no hayan sido convocados futbolistas como Pablo Fornals o Alberto Moleiro. Han dado un nivel altísimo, han sido importantes en sus equipos y seguramente merecían más reconocimiento del que han recibido.
¿de verdad alguien piensa que había varios madridistas indiscutibles para ir al Mundial con españa?
Por eso creo que enfocar todo este debate únicamente desde el prisma del madridismo termina siendo algo reduccionista. Que sí, que todos sabemos desde hace años que la relación entre la Federación y el Real Madrid no es precisamente maravillosa. Eso no es ninguna novedad. Y entiendo perfectamente al madridista que se molesta viendo cómo ciertos jugadores mantienen un trato prioritario por parte de Luis de la Fuente, incluso cuando su rendimiento ha bajado claramente. Lo comprendo. Pero aun con eso, tampoco podemos hacernos trampas al solitario ni actuar como si esta plantilla hubiese firmado una gran temporada a nivel individual. Porque la realidad es que el nivel de muchísimos jugadores del Real Madrid este año ha rozado directamente el ridículo. Y no solo hablo de fútbol, que también. Hablo de actitud, de intensidad, de competitividad y de ganas. Ha habido demasiados partidos jugados a medio gas, demasiadas desconexiones y demasiada sensación de que el equipo competía únicamente cuando se veía obligado. Y eso, evidentemente, acaba teniendo consecuencias.
Por eso, aunque pueda sonar raro decirlo, creo que esta ausencia total de jugadores del Real Madrid en la selección puede incluso venirle bien al club. Quizá sea el golpe de realidad que algunos necesitaban. Perderse un Mundial no es una cosa menor y, probablemente, haga que varios futbolistas entiendan de una vez que con el escudo y el talento no basta. Que para competir al máximo nivel hace falta constancia, hambre y regularidad durante todo el año.
Además, de cara a la próxima temporada, tampoco creo que sea una mala noticia que muchos jugadores puedan tener vacaciones completas y hacer una pretemporada en condiciones. Después de un año tan malo en sensaciones, lo último que necesita el equipo es empezar agosto con futbolistas agotados o incorporándose tarde. El Madrid necesita resetear completamente y probablemente una preparación física y mental más limpia ayude bastante más de lo que parece.
Y eso no significa defender todas las decisiones de Luis de la Fuente, ni mucho menos. Laporte deja muchas dudas. Que algunos nombres sobren no significa que los del Real Madrid tengan que entrar por decreto. Al final, creo que el debate no debería ir de victimismo ni de conspiraciones constantes. El próximo año, los jugadores del Real Madrid tienen que hablar en el campo. Tienen que entrenar mejor, competir mejor y jugar como merece este escudo. Porque si el nivel hubiese sido realmente alto, no habría existido ninguna discusión posible y varios habrían ido convocados sin que nadie pudiera cuestionarlo. A currar y a callar.
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Buenos días. Ayer, Florentino Pérez y Enrique Riquelme expusieron las propuestas de sus candidaturas a la presidencia del Real Madrid. Marca, ecuánime como de costumbre, lo anuncia en su azotea del siguiente modo: «El presidente empieza su campaña atacando a su rival. “Vamos a seguir haciendo historia”. El aspirante quiere un club más social».
Según Gallardo, perdón, según quien le marca las directrices, afirmar que se tiene la intención de hacer historia es atacar al rival. Dejamos aquí el análisis de Marca por falta de material adulto que analizar. Buscar racionalidad o verdad en el diario más vendido de España es como intentar averiguar la causa de la muerte de un cacahuete vacío mediante la realización de una autopsia en el Anatómico Forense: además de imposible, absurdo.
As tilda el comienzo de la campaña electoral como explosivo. Del discurso de ambos, destaca que Florentino aseguró que Calderón está detrás de Riquelme y que se aferra al caso Negreira, y que Riquelme propone reducir la cuota de socio hasta que el Madrid no gane otra Champions. Es su análisis, bien. Mejor o peor, al menos es un proceso mental plasmado en papel, a diferencia de su competidor madrileño.
Desde nuestro punto de vista (recordamos que La Galerna es un medio de acceso libre y gratuito cuya lectura no es obligatoria), la puesta en escena y el contenido de la misma aportaron mucha información al socio a la hora de decidirse por uno u otro aspirante.
Lo más inteligente del movimiento de Riquelme, quien comunicó sus intenciones a la hora del almuerzo, fue comprender que quienes votan son los socios y no los cientos de millones de madridistas repartidos por el mundo. De modo que propuso un paquete de medidas populistas encaminadas a seducir a un grupo muy reducido de personas.
El candidato Enrique ha detectado los asuntos que inquietan al socio. Indudablemente hay cuestiones que necesitan solución y/o mejora, por ejemplo, la lista de espera de los socios para nuevos abonos. Riquelme lo señala con acierto. Sin embargo, no explica cómo propone resolverlo, al igual que ocurre con otros puntos de su programa.
Es sencillo proclamar a los cuatro vientos que en España el asunto de la sostenibilidad de las pensiones hay que resolverlo, pero si no se dice cómo, no se avanza nada.
Por otro lado, hay materias cuya enfoque está más cercano al 2x1 del Carrefour que a una directiva seria.
La reducción del 50 % de la cuota hasta ganar la Champions es una medida que beneficia al socio y penaliza al club cuando el equipo no cumple los objetivos, es decir, cuando no gana y necesita más recursos económicos para buscar de nuevo la victoria. ¿Busca el bien del Real Madrid o el beneficio económico del socio? Es un reclamo insostenible.
Quién no va a estar de acuerdo con la agrupación de abonos familiares. La dificultad es implementar la solución. ¿Cuál es su propuesta?
La creación de 10.000 nuevos abonos es otra medida que cualquiera firmaría. Lo complejo es conjugar el número de abonados actuales, los cupos por partido en las diferentes competiciones de organismos nacionales, internacionales, patrocinadores, etc., con el aforo, con la amplitud de los asientos, con el espacio finito disponible y con la resistencia al hambre repentina de cada aficionado.
La opción de entrada de socio +1 para todos los partidos lejos del Bernabéu, la reducción del precio de las entradas en los desplazamientos y demás medidas de ese tipo, suenan de maravilla salvo dos pequeños matices: habitualmente, las solitudes de entradas de socios para los encuentros fuera superan el 50% de las ofrecidas por el rival; es una de las principales reclamaciones de grupos pacíficos de lectura que, injustamente, no tienen permitida su entrada al Bernabéu por incumplir cualquier tipo de norma, ley o convención social. Dado que las entradas disponibles son limitadas, si cada socio acude con un acompañante, el número real de socios disminuye.
La medida estrella nos parece esta: «Apertura especial del cupo de socios entre madres y hermanos de los socios». ¿Por qué madres y hermanos? ¿Por qué no padres y hermanas? ¿Por qué no cónyuges, yernos o nueras? ¿Por qué no yernas y nueros o cualquier otro parentesco con capacidad para engullir semillas tostadas? ¿Qué compatibilidad tiene abrir la vía de la preferencia por parentesco con reducir las listas de espera de los socios que no tengan parentesco que llevarse a la boca?
La propuesta más necesaria planteada por Riquelme es la que atañe al sorteo de 20 invitaciones al palco en cada partido. Es una vieja reivindicación del madridismo y el problema principal del Real Madrid de 2026 y del futuro.
Riquelme no se cansa de repetir que garantiza que el Madrid será siempre de sus socios. Tampoco se cansa de no explicar cómo.
Colocamos por aquí las portadas de Mundo Deportivo y Sport, cuya principal noticia es que Laporta ha fichado a Gordon. Se rumorea que tras desestimar la contratación de Beefeater y Larios.
Florentino presentó su programa al atardecer. Una de las principales críticas que recibió es que leyó el discurso y no utilizó una presentación PowerPoint como Riquelme.
Tal vez, sea preferible leer que llenar un campo de fútbol —sin forma ni líneas de campo de fútbol— con palmeras porque nadie de tu candidatura haya revisado que la imagen que ha generado la IA es absurda. Da mucha información este aspecto: «Españoles y palmeras» podría ser el eslogan de campaña de Henryquelme.
Como idea, recuperar la nostalgia de tiempos peores es un acierto absoluto: quién va a preferir un club profesionalizado con peso internacional a uno asfixiado por problemas económicos que se clasificaba para la UEFA. Las camisetas retro con reminiscencias lácteas son maravillosas, pero el recuerdo debería quedarse ahí.
Volvemos a Floren, que lo habíamos dejado leyendo.
Comunicar no es la principal virtud de Florentino Pérez, sin embargo, al comparar ambos discursos se aprecian ciertas diferencias.
Uno ofrece piscinas, madres, hermanos, viajes para ultras y sorteos ante notario. Otro habla de Champions, de Apple, de Bernabéu Infinito, de proteger activos, de competir en el fútbol que viene y de no entregar el club a los mismos poderes que llevan años intentando sabotearlo para quedarse con él.
Riquelme ha de explicar cómo tiene previsto llevar a cabo todo lo que propone. Y Florentino no debe confiarse ante un candidato que ha decidido como estrategia de campaña capitalizar las reivindicaciones de los socios, quienes, al fin al cabo, son los que votan.
Pasad un buen día.
Buenos días, amigos. Bienvenidos a una entrega más del portanálisis de La Galerna. Comenzamos nuestro habitual repaso a las portadas del día con Marca, diario tocado por los dioses y ejemplo de todas las virtudes que deben adornar a una publicación coherente, seria e independiente.
Ilustra su frontispicio una fotografía tomada junto al estadio del Rayo Vallecano, el cual puede observarse a la izquierda de la imagen. A la derecha, contemplamos edificios de ladrillo con agujeros en las paredes llamados ventanas. Entre ambos lados, aceras, asfalto, árboles, una farola, un paso aéreo de una acometida telefónica o eléctrica y un florero metálico gigantesco al fondo patrocinado por la UEFA.
Debajo del florero, en negrita: «EL INFORME NEGREIRA». ¿Casualidad? Los gallardos aseguran haber analizado 17 años de arbitraje, la labor de 60 árbitros y 646 asignaciones. Vamos a curiosear.
A la vista de sesudos análisis — incluyen operaciones tan completas como «sumas y restas llevando»— como el de la captura de arriba, concluyen que, durante los años en los que el FC Barcelona regaba con 8,4 millones de euros las cuentas del vicepresidente en activo de los árbitros, el gran beneficiado fue el Real Madrid.
Según la hoja parroquial de Tebas, el Barça, en un alarde de generosidad sin parangón en la historia del deporte, pagó durante lustros al número dos del colectivo arbitral español para que favoreciera a su máximo rival.
Eso es señorío y no lo del Real Madrid.
Cruzamos de acera y llegamos al diario de PRISA, pero sin pausa. No vamos a decir nada de lo que salta a primera vista y ya está normalizado. La portada de As también la preside un gran florero. Aunque nos interesa más el faldón: «Florentino salta al ruedo. Arranca hoy su campaña a las elecciones a la presidencia, que serán el 7 de junio».
Llevamos días escuchando el mantra repetido por Riquelme, sus apoyos mediáticos —casualmente los mismos regados por el sistema enfrentado con el Madrid—, sus compis de X, pans & company: el mantra de la «privatización» del Real Madrid. El candidato lleva días advirtiendo con tono apocalíptico de que Florentino planea arrebatar el club a los socios. Y va el señor Pérez y convoca elecciones.
Viene a ser algo así como: «Queridos socios, mi pérfido plan para arrebataros el club consiste en pediros que votéis democráticamente si estáis de acuerdo con que siga siendo presidente del Real Madrid».
Por lo que sea, no suena redondo del todo.
Volvemos a la portada de As, donde leíamos que «Florentino salta al ruedo». Sin embargo, quien acudió al bar de Toñín el Torero fue Riquelme. Bien, por fin un candidato serio que acude a mantener debates elevados con sectores del madridismo que, quizá por su altura intelectual, a menudo son ignorados. Además, un candidato a la presidencia del club debe velar por los intereses de todos los madridistas y acabar con el aislamiento que sufren grupos injustamente expulsados del estadio.
La mayoría de la prensa también le está echando un capote al bueno de Enrique. La radio es el mejor medio para apreciar ese acento —algunos malintencionados afirman que «cayetano»— que denota que Enrique es un ejemplo de la meritocracia, el caso de éxito de alguien quien, sin nada, apenas empeñando su Rolex o hipotecando su apartamento en la playa, tuvo que salir de España a buscarse el pan acuciado por una crisis que nos ahogaba.
Con Juanma Castaño en la COPE siguió respondiendo con vaguedades, o no respondiendo a las preguntas importantes, esas que ni siquiera le preguntaron. Repite lo mismo sin aclarar cuál es su plan. Sabemos que hay que españolizar al Real Madrid, que con él de presidente el club tendría un jugador de la selección española, por ejemplo.
Este último argumento puede llevar a la movilización de cientos de miles de millones de socios. ¿Quién querría disponer de los mejores jugadores del mundo desde la época de Bernabéu, Di Stéfano y Gento pudiendo ceñirse a un inteligente y sabio nacionalismo español, madrileño o directamente de barrio?
Nosotros estamos deseando ya que proponga la reconstrucción de la piscina del Bernabéu, cuya entrada, siguiendo su defensa de lo cañí, estaría limitada a vecinos seleccionables por otro ilustre madridista: Luis de la Fuente.
Pasad un buen día.
La anticipada convocatoria electoral de Florentino Pérez ha obrado el salto a la palestra del candidato Riquelme, que va a ser su oponente. Como las últimas elecciones fueron hace veinte años, es la primera vez, en realidad, que se manifiesta una verdadera oposición a Florentino. La encarna un tipo de mi generación, un año menor que yo: creo que es la primera vez que soy más viejo que alguien que se presenta a presidente del Madrid.
Los millennial van llegando a los umbrales de poder de los grandes resortes del mundo, controlados todavía casi todos por la gerontocracia dominante en Occidente. Desde luego que la juventud no es un valor en sí mismo y menos aún para administrar sociedades como el Real Madrid, pero es un dato que ha de constar en acta, como también el hecho de que Riquelme no es un hijo de nadie, precisamente. Cuando dice eso de «me defino como emprendedor desde el minuto uno» no puedo evitar pensar en lo de «nosotros, los Alba» que decía Jesús Aguirre, el segundo marido de la duquesa de Alba. Nosotros, los emprendedores…
La carrera de Riquelme es todo un ejemplo del inmenso poder de la meritocracia. En 2010, con 21 años, como un joven español más atrapado por el crash del sistema, Riquelme tuvo que marcharse al extranjero a buscarse la vida. En lugar de postularse para au pair en Irlanda o para camarero o fregaplatos en Londres, el candidato Riquelme hipotecó un piso del que era dueño y se fue a Sudamérica con 115 mil euros al husmo de los grandes negocios que por entonces allí se hacían: las obras del Mundial 2014 y la gran ampliación del Canal de Panamá.
Entre Brasil y Panamá se topó con Lenin Sucre, un banquero, filántropo y político que lo puso en la órbita del negocio de la construcción a gran escala en el país preferido por las grandes fortunas del mundo para guardar los dineros, que diría El Cigala. El candidato Riquelme montó una empresa que logró convertirse en la proveedora principal de arena y otros áridos para las obras que terminaron por duplicar la capacidad del canal interoceánico más famoso del mundo, proyecto cuyo coste final rondó los 6 mil millones de dólares.
Entre esos otros áridos que Riquelme proveía a los constructores del canal se encontraba el silicio, «un mineral clave empleado en los paneles fotovoltaicos, necesario para la transformación de los rayos del sol en energía eléctrica» como escribió Alberto Ortín en Economía Digital, en un perfil del candidato Riquelme de noviembre de 2024.
De Lenin Sucre, célebre en Panamá por su destacada disidencia en tiempos del dictador Noriega y por fundar la Cruz Roja en aquel país, debió aprender no sólo a moverse bien en los altos círculos empresariales sino a exhibir una faceta de benefactor: el candidato Riquelme, que estudió en un colegio del Opus pero que no fue a la universidad, preside la Fundación Scholas en Panamá, parte del Movimiento Educativo Internacional promovido por el papa Francisco como medio de acción social.
Hay un artículo sonrojante en La Verdad, que parece más una canción de Víctor Manuel a Franco que una pieza periodística y que firma un José Vicente Pérez Pardo, en el que se adoba esta «extraordinaria historia de emprendedurismo» con un cuento de hadas en el que Riquelme hubo de empeñar un rolex, regalo de su padre, para pagar el alquiler, pues los perversos mercaderes panameños sin palabra no le pagaban la arena que le compraban.
Los Riquelme son como un linaje taurino. El padre del candidato Riquelme, Enrique Riquelme de la Torre, es conocido desde hace décadas en la Vega Baja de la provincia de Alicante, de donde es la familia, como El Cantero. Así apodaban al abuelo, el primer Enrique Riquelme, emigrante en Francia. El Cantero II labró una fortuna entre Alicante y Murcia principalmente en torno a los áridos, el hormigón, las gasolineras, los párkings y las frutas. Destacó en el ambiente de las peñas madridistas del Levante y es socio del Madrid desde el año 2000. También fue directivo durante la escandalosa presidencia de Ramón Calderón y hoy dirige un holding dedicado a la construcción, el transporte, la inversión inmobiliaria, la gestión de suelos y el comercio, con tres plantas de hormigón y gran presencia en la contratación de obra pública. Como demuestra su implicación, por ejemplo, en el proyecto de transformación del puerto de Torrevieja, valorado en unos 20 millones de euros.
El Cantero III se forró en países donde la corrupción es, por tradición, consuetudinaria, mientras el mundo entero se encogía y su propia generación millennial se replegaba miserablemente, en términos tanto económicos como morales
El Cantero III reinvirtió en la energía solar todo lo que había ganado con los áridos en el Canal de Panamá: fundó Cox Energy y en sólo dos años consiguió, en Guatemala, el desarrollo de Rainbow 50, la mayor planta de generación de energía solar fotovoltaica, en aquel momento, de toda Iberoamérica. Se convirtió en El rey Sol, como lo llama Santiago Carcar en un perfil publicado en El País hace tres años. En menos de una década, Cox Energy creció como la espuma hasta el punto de que en 2023, cuando se oficializa la adjucación a la empresa de la quebrada Abengoa, facturó más de 600 millones de euros. En ese tiempo, Riquelme volvió a España, estableció la sede de Cox Energy en Madrid y expandió sus proyectos de «generación de energía, comercialización de electricidad y mantenimiento de instalaciones» en Europa y América. Con 34 años ya es multimillonario (según The Objective, su patrimonio personal pasaría de los mil millones), ha salido en la revista Forbes y es un auténtico padrone en el solar paterno, Cox, provincia de Alicante.
se me ocurren pocas formas mejores de atraer sobre sí el foco mediático que concurrir a unas elecciones a presidente del Madrid. Riquelme ha dado a conocer a quienes conformarían su junta directiva y alguien, con mucha gracia, la ha bautizado como la pijojunta. estos nuevos cayetanos se hacen de oro vendiendo, principalmente humo
En teoría, tratándose de una organización de naturaleza asamblearia, es bueno que haya alternativas, sobre todo teniendo en cuenta la edad del hombre más importante de la historia del Real Madrid desde Santiago Bernabéu. El pensar en el futuro del Madrid después de Florentino Pérez ha sido siempre una cuestión peliaguda, que daba miedo. Tal es la magnitud de su presidencia y la influencia de su personalidad en la esencia misma del Madrid del siglo XXI. También es un tema que asusta porque no se vislumbra nadie que, con un amor leal e incondicional al club, suponga una posibilidad auténtica de renovación. En cambio, el tardoflorentinismo ha dejado a la luz unas grietas que el candidato Riquelme parece estar dispuesto a explotar, con un estilo a medias rancio (el inevitable populismo de los presidentes del viejo fútbol, los lugares comunes, las naderías propias del medio) y a medias muy pegado a la conversación en el social media.
Enrique Riquelme Vives es descrito, en un perfil en The Objective, como «modelo del nuevo empresario español: internacional, con fuertes conexiones en Latinoamérica y acostumbrado a manejar grandes operaciones corporativas lejos del foco mediático». Esto ya nos dice alguna cosa. El Cantero III se forró en países donde la corrupción es, por tradición, consuetudinaria, mientras el mundo entero se encogía y su propia generación millennial se replegaba miserablemente, en términos tanto económicos como morales.
También resulta curioso porque se me ocurren pocas formas mejores de atraer sobre sí el foco mediático que concurrir a unas elecciones a presidente del Madrid. Hace menos de un año, en agosto de 2025, en una entrevista a Expansión, dijo estar absolutamente centrado en la expansión de su negocio en México, mercado al que entró haciéndose con los activos de Iberdrola en aquel país. Lugar que, según le comentó a Miguel A. Patiño, «ofrece enormes oportunidades de inversión en renovables» por mor del Plan México lanzado por la presidenta Sheinbaun. En la misma entrevista, Riquelme anunció que entre 2025 y 2030 su empresa invertirá allí unos 10 mil millones de euros, poca broma teniendo en cuenta que el propio Estado mexicano no controla grandes áreas de su propio territorio y lleva tiempo ofreciendo inquietantes muestras de infiltración del narco en todos los niveles de su estructura.
Riquelme ha dado a conocer a quienes conformarían su junta directiva y alguien, con mucha gracia, la ha bautizado como la pijojunta. En la configuración del nuevo businessman español se observan grandes diferencias con respecto a los próceres del viejo gran dinero: hombres de negocios con inconfundible acento cayetano y la clase de gente que a simple vista es capaz de encontrar un millón de euros en el descanso de un partido de fútbol, como decían de Mario Conde. Digamos que si los viejos hombres de negocio, como el mismo Florentino (o Enrique Riquelme Cantero II), se hicieron ricos construyendo y no sólo en el sentido estrictamente etimológico, estos nuevos cayetanos se hacen de oro vendiendo, principalmente humo. Es gente bien relacionada con los grandes fondos inversión del mundo, asesores legales de Cox en España e Hispanoamérica, veteranos del IBEX35 y como es propio de este país llamado España, también del BOE. Como nuevo dueño de Abengoa, Cox Energy está cerca de hacerse, a través de una filial, con un jugoso contrato para la fabricación de las pilas de combustible para los nuevos submarinos de la Armada que construye Navantia. Por ejemplo.
El epítome de la pijojunta es Rosauro Varo, descrito en una noticia de Expansión como «empresario y presidente de GAT Inversiones. Participó en el crecimiento de Pepephone y es accionista de referencia de Cabify y Telefónica. Fue vicepresidente del Grupo PRISA y consejero de distintas compañías vinculadas a tecnología, comunicación y movilidad». Lo que Expansión no dice es que Varo —cito de The Objective— también «promovió la invitación para que Telefónica participase en el software para la cátedra de la Universidad Complutense que dirigía la esposa del presidente, Begoña Gómez, según el director jurídico de la operadora de telecomunicaciones, Nicolás Oriol». Razón por la cual declaró ante el juez Peinado hace un año, en las diligencias llevadas a cabo durante la investigación a la mujer de Pedro Sánchez por presuntos delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida e intrusismo.
Varo es, además, amigo íntimo de Javier Hidalgo (el de las noches de Petrogrado), con el que se hizo de oro en 2018 al venderle Pepephone a MásMóvil por una generosa plusvalía. Varo tiene, en sí mismo, un artículo, que probablemente escribiré la semana que viene: su nombre está conectado con el rescate de Air Europa y con bolichicos chavistas como Alejandro Betancourt. Es uno de los príncipes de la smart people que compone la corte de financieros Jorge Juan que hoy controla España.
Los Ultras Sur también están con él, como era de esperar, así como todos los grandes enemigos empresariales, personales y mediáticos del presidente Pérez, por no decir el antimadridismo prácticamente al unísono
El otro día vimos al Cantero III, camiseta de Carvajal y bufanda, entrar en el Bernabéu como un abonado más y ver el último partido de la temporada desde su asiento en la grada. La narrativa «David contra Goliat» con la que parece querer impulsarse, concilia mal con la idea de un súper millonario que pasa su tiempo entre Miami, México, Alicante y Madrid. ¿Cuántos partidos de estas últimas quince temporadas ha permanecido su abono vacío? Estaría bien saberlo. Dicen que está obsesionado con presidir el Real Madrid y que probablemente tenía pensado dar el gran salto en 2028: se postula en los medios desde 2021, poquito a poco, y seguramente el adelanto electoral le ha cogido a contrapié. El Cantero III se mueve tan bien entre los medios, la mayoría predispuestos ya contra Florentino por muchas razones, como en los grandes salones del dinero global. Los Ultras Sur también están con él, como era de esperar, así como todos los grandes enemigos empresariales, personales y mediáticos del presidente Pérez, por no decir el antimadridismo prácticamente al unísono. Todo lo que se pueda discutir acerca de su proyecto para el Real Madrid 3.0, como lo llamó en su debut electoralista en 2021, no vale nada sin conocer al hombre que, probablemente, no tendría ninguna posibilidad si el Madrid no llevara un par de años dando alarmantes sensaciones
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Buenos días. Varias de las portadas de la prensa de hoy suponen una pretendida afrenta al Real Madrid a cuenta de un hecho que objetivamente es inédito: el Real Madrid no aporta ningún jugador a la lista de futbolistas que representarán a España en el Mundial.
Tal cosa sucede en el mismo momento en que el candidato Enrique Riquelme incide en la pretendida necesidad de “españolizar” el Real Madrid y, toda vez que gran parte de la prensa ha tomado partido en favor de dicho candidato, se pretende convertir el hecho en arma arrojadiza contra el club y, más específicamente, contra la gestión de Florentino Pérez.
La única realidad, a nuestro juicio, es que el aficionado madridista está preocupado porque su equipo no gana, no porque aporta pocos, muchos o ningún jugador a la selección española de fútbol. El Madrid debe tener a los mejores jugadores, con independencia de su nacionalidad, y no debería considerarse cuestión de estado que no vayan jugadores del Madrid con España, como no debería serlo el que no vayan con Alemania o México. Además, en el hecho de que no haya españoles en la lista influye también el muy personal gusto del seleccionador Luis de la Fuente, que ha dejado fuera a futbolistas como Huijsen y Carvajal. Ambos podrían haber estado en la lista, y el agravio comparativo con la presencia de jugadores como Gavi o Baena, que han hecho malas temporadas en sus clubes, es patente.
El hecho es que la prensa, especialmente la cataculé, se toma el asunto con un espíritu altamente pueril, como si esto fuese un partido de fútbol.
Vamos a ver si dejamos claro hasta qué punto nos afecta este pretendido marcador de escándalo en un partido que no tenemos interés en disputar.
Nos da igual.
No nos importa.
No nos afecta.
Nos resulta indiferente.
Carece de importancia para nosotros.
Nos da lo mismo.
Pasamos de eso.
No nos interesa.
¿Y a nosotros qué?
Nos importa un comino.
Nos importa un pimiento.
Nos importa un pepino.
Nos importa un bledo.
Nos importa un rábano.
Nos importa un pito.
Ni nos va ni nos viene.
Nos tiene sin cuidado.
Nos deja como el viento a Juárez (mexicanismo).
Nos vale madres (otro mexicanismo).
Nos hace los mandados (otro mexicanismo).
Nos viene guango (otro mexicanismo).
Nos resbala.
Nos importa un carajo.
Picamos con la cuestión (español chileno).
Nos la refanfinfla.
Pasad un buen día.
Buenos días, amigos. No pudo ser. El Real Madrid cayó en la final de la Euroliga ante el Olympiacos (formerly known as Olympiakos) y ante el tradicional, y en este caso desvergonzado, caciquismo de los árbitros en Europa. Sin pívots, sin pedir permiso y sin piedad por parte de los hombres de gris, nuestros jugadores dieron una lección de competitividad, de orgullo y de pundonor. De madridismo, en suma. Madridismo es ganar, sí, pero sobre todo es competir, especialmente cuando vienen mal dadas.
Ayer los de Scariolo no pudieron darnos la alegría de conquistar la que habría sido nuestra duodécima Copa de Europa/Euroliga (a punto estuvo Feliz de repetir la antológica canasta de Llul ante el mismo Olympiacos de hace tres años), pero honraron el escudo y nos hicieron sentirnos orgullosos de ellos. No se puede pedir más.
As dedica su portada a la final, y titula acertadamente que el Madrid cae de pie (tras la zancadilla arbitral, cabría añadir), y señala con igual tino que “el equipo blanco acaricia la hazaña en la Euroliga pese a jugar la final sin pívots”. No es pequeña la concesiva: con una diferencia de dieciséis rebotes a favor de los griegos, es difícilmente discutible que ese fue el factor determinante en la final. Factor que a punto estuvo de ser contrarrestado por la inmensa competitividad de los nuestros en las grandes ocasiones, no por legendaria menos emocionante. Claro que para evitar esa eventualidad, nunca descartable cuando juega el Real Madrid, se contaba con el dúo arbitral, que demostró encontrarse en plena forma. “Arbitraje discutido”, señala As con no poca tibieza. “Apropiación de fondos discutida”, suponemos que habrían titulado de haber cubierto la fuga del Dioni con el furgón del dinero.
Marca, por su parte, dedica al partido su faldón inferior. “Lección blanca de competitividad. El Madrid acaricia la Euroliga en un partido mayúsculo”. Cierto lo primero y cierto lo segundo. ¿Pero no falta algo? ¿Se puede hablar de lo que ocurrió ayer en Atenas sin hacer referencia a esas faltas imaginarias señaladas a Campazzo y a Feliz al final del partido, sin las cuales muy probablemente el Madrid habría conseguido la victoria? Pues sí, esta visto que se puede. Marca lo hace y se fuma un puro, que el diario de Gallardo (de nombre) está a lo que está.
¿Y a qué está el diario de Gallardo (de nombre)? Pues hoy a entrevistar a Enrique Riquelme, confirmado ayer como candidato por la Junta Electoral. Es innegable que entrevistar al candidato tiene interés periodístico, y Marca se apunta un tanto indiscutible con la exclusiva, a la que lógicamente dedica la mejor parte de su portada con el entrecomillado “El Real Madrid tiene que recuperar sus valores”.
Bien. Antes de referirnos al contenido de la entrevista, tenemos que dar una advertencia por si alguno de vosotros está pensando en leerla. El Ministerio de Sanidad y la normativa sobre prevención de riesgos laborales (nos maliciamos que más de uno de vosotros la leerá en el trabajo de extranjis y sin que el jefe se cosque, mientras simula trabajar en un excel complicadísimo) nos obligan a ello. No se os ocurra adentraros en ella sin antes haber ingerido un par de biodraminas.
Desconocemos si es por causa del entrevistado o se debe a la labor de edición de los entrevistadores (Gallardo de nombre y Sergio Rodríguez) -nosotros nos inclinamos por la teoría ecléctica-, pero lo cierto es que las declaraciones de Riquelme tienen más curvas que el Tourmalet, Alpe D´Huez y Luz Ardiden, puestos uno detrás de otro. Frases enrevesadas, inconexas, interminables, circunloquios y absoluta falta de sintaxis. What a winding road. Se pone Pogacar a escalar esta entrevista y acaba echando la primera papilla. Pero bueno, tampoco queremos ser injustos: es muy cierto que el osado lector que venza al mareo encontrará una o dos frases en las que concuerdan sujeto y predicado.
No es labor de este portanálisis entrar en la exégesis detallada de las declaraciones de Riquelme, pero no podemos dejar de comentar algunas de las afirmaciones, cuando menos chocantes, del candidato. Marca da honores de portada a ésta: “el Real Madrid tiene que recuperar sus valores”. Eslogan electoral que vale, sin más que cambiar el sujeto, para las elecciones al Real Madrid, al sindicato unificado de policía y a la comunidad de vecinos. ¿Qué valores hay que recuperar? No busquéis en la entrevista, porque Riquelme no los menciona, eso son detalles menores. Sí que reconoce que esos ignotos valores no se han perdido, pero están desgastados, muy desgastados. “Se me gastó el amor de tanto usarlo”, que cantaba la Jurado.
Afirma, eso sí, poco antes de denunciar que a los valores del Real Madrid les hace falta una mano o dos de chapa y pintura, que le gustaría ver más jugadores españoles en el Real Madrid, preferiblemente de la cantera, y que le encantaría que el Madrid nutriera de jugadores a la selección española. A nosotros se nos antoja, humildemente, que contar con los mejores jugadores del mundo, no sólo con los mejores jugadores de Valdebebas, es la fórmula más segura para seguir siendo el club más exitoso del mundo. Y la más coherente con la universalidad del Real Madrid, salvo que queramos reconvertirlo en un club paleto asociado indisolublemente a un casposo nacionalismo español, madrileño o chamartinesco. Nos parece, asimismo, que el objetivo del Real Madrid debe ser seguir alimentando de trofeos las vitrinas del Bernabéu, no alimentar de jugadores a la Roja.
Advierte también Riquelme que hay que impedir la privatización del club. ¡Cáspita! ¡Paren las rotativas! ¡Al Real Madrid lo controla la SEPI! Sí, amigos, resulta que el Real Madrid es, según nos descubre Riquelme, una entidad pública. No hemos podido aclarar al cierre de esta edición si somos una agencia estatal, autonómica o local, o acaso un organismo autónomo, o por ventura una comarca o una mancomunidad de municipios, pero prometemos aclara la incógnita a la mayor brevedad. En cualquier caso, nos alegramos de ello. Sanidad pública, educación pública, y Real Madrid público; con estas tres patas, tenemos un país imparable.
Ahora en serio, estimado candidato: es legítimo defender cualquier modelo de propiedad del club. Lo que no lo es tanto es utilizar términos populistas y demagógicos cuando uno se presenta a sí mismo como un candidato serio. Difícilmente se puede privatizar lo que ya es privado, y bien privado. Legítimas son las críticas a la mayor o menor participación de los socios en el discurrir del club, y al trato que a aquellos se les da o se les deja de dar. Pero conviene llamar a las cosas por su nombre y no excitar los bajos instintos del socio mediante el empleo de términos falsos y mentirosos.
Llamativa es también su intención de acabar con el sectarismo (sic) de RMTV. Riquelme parece estar, a tenor de sus declaraciones, muy preocupado con el sectarismo de RMTV. No del CTA. No de la RFEF. No de la LFP. Del RMTV. No hay manera de colegir de la entrevista por qué opina que es sectaria, dado lo embrollado de sus razonamientos, pero sí dice que debe utilizarse para atraer nuevos aficionados al Madrid. Dando voz a Laporta o a Tebas, hemos de suponer, para evitar acusaciones de sectarismo.
En fin, dejemos aquí los comentarios sobre la entrevista-alfombra de Marca (ninguna pregunta comprometida sobre su inexperiencia, sobre cómo conseguir títulos con un Madrid canterano, sobre la inconcreción de sus propuestas; ninguna repregunta, nada). Ahí está para los que queráis leerla.
Eso sí, por acabar con una nota positiva sobre Riquelme (no todo iban a ser críticas), nos congratula que el candidato afirme que “el madridismo necesita ilusión”. Sí, vale, de nuevo una frase que lo mismo vale para un roto que para un descosido. Pero nadie mejor que Riquelme para proyectar esa ilusión. A fin de cuentas, ¿qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
Os dejamos con la prensa cataculé. Pasad un buen día.