Arbitró Mateo Busquets Ferrer, del colegio balear. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.
Un árbitro de bastante buen nivel, aunque en los últimos encuentros se le vieran algunos errores. Hoy llevó bien el partido, pese a que alguna amonestación se quedó en el limbo.
En el área hubo varias caídas pero ninguna punible. Ni una de Camavinga con Giuliano en la primera mitad ni otra pugna Hancko con Vinícius en la segunda.
Tampoco fue falta de Sorloth en el gol rojiblanco en su acción con Asencio, que estuvo blando.
En el apartado disciplinario, se dejó una clara amarilla de Gonzalo por una plancha peligrosa a Pubill. El canterano no le impactó de lleno, si no, hablaríamos de roja. Además, por el pique en el cambio entre Vinícius y Simeone, vieron cartulina amarilla ambos.
Busquets Ferrer, BIEN.
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El Madrid llegaba a Arabia con menos arena en los zapatos que hace unas semanas, pero aún sin caminar cómodo del todo. Por este motivo, la charlotada ideada por Rubi y Geri cobraba relevancia. No por la Supercopa en sí, sino por la influencia que pudiera tener en este proyecto. En la final esperaba el equipo de Laporta, el equipo del régimen. El partido se preveía como una suerte de combate a lo Mad Max: en un ambiente desértico y sin reglas. Los de Xabi vencieron por 1-2 de manera poco brillante en un choque que pareció disputado sobre arenas movedizas.
El técnico blanco puso en liza un once sin sorpresas con el hattrickador Gonzalo en punta y Rüdiger titular. El Cholo sacó de inicio a Sorloth, recordaba lo fácil que se lo puso la defensa blanca no hace mucho.
En la previa, los árabes prendían fuegos en el estadio Rey Abdullah, lo llenaban de humo, echaban chispas y Carlos Martínez anunciaba películas de moñecos y menús para promover la obesidad infantil.
Nada más empezar, falta en Kuwait a favor del Madrid. Zambombazo de Valverde y gol estratosférico. Fede le arreó al balón como si fuese la pierna de Morata. La corta barrera rojiblanca se rajó de miedo y el obús depiló el pubis de Sorloth al pasar. 0-1. El capitán del Madrid lo celebró santiguándose frente al público. Mi amigo Nanook apostilló: «van a colocar un Valverde en cada fragata Norteamericana».
Poco después del minuto 10, Llorente cedió muy flojito a Oblak y por poco no llegó Vini y se marcó un Benzema. A Simeone no le gustó.
La realización enfocó a los opulentos palcos y pudimos observar a Pirri y atisbar a un Henry Cherry con aspecto de vehículo a punto de volcar a cámara lenta.
En el 17', el 17 del Madrid se zampó un pase en profundidad, como el día del Betis, de Baena a Julián. Afortunadamente, sin consecuencias. Poco después, Sorloth le ganó la posición a Asencio, pero su disparo se marchó fuera. Raúl, tus ausencias en estas noches provocan lamento, como cantaría Azúcar Moreno.
Bellingham había comenzado muy bien y Gonzalo se movía con inteligencia tanto en defensa como en ataque. En el 21', el hijísimo reclamo —poquito— penalti en una jugada en la que se cayó él solo en liza con Camavinga.
Antes de la media hora, Baena hizo de Baena y no amputó las piernas a Carreras porque Álvaro saltó. El lateral sirvió a Rodrygo, quien recortó suavemente pero disparó igual. El Madrid se abalanzó sobre el Atleti durante los siguientes instantes, mas no pudieron aprovechar la inercia para abrir el marcador.
Ese momento álgido del Madrid fue cortado por la pausa de hidratación. A los de Xabi les sentó fatal y a partir de entonces el partido fue un suplicio. A la vuelta, Courtois despejó un balón con dificultad baja-media. Acto seguido, la defensa blanca permitió que un balón de Koke se pasease por el área pequeña. El córner siguiente no concluyó en gol atlético de cabeza porque Thibaut intervino con mucha eficacia y espectacularidad. Después, a punto estuvo de marcar Sorloth, pero Asencio desvió un pelo la trayectoria y evitó el remate franco. El Madrid había permitido que el Atleti se rehiciera.
Los de Xabi vencieron por 1-2 de manera poco brillante en un choque que pareció disputado sobre arenas movedizas
Los blancos sufrían mucho para sacar el balón, el centro del campo no es su punto fuerte. Cuando no progresaban mediante conducciones lo hacían con balones largos que caían siempre en poder de los colchoneros. El Atleti no se adelantó por mediación de Baena porque Courtois lo evitó again.
Al público le daba igual el mejor o peor juego, hacían la ola alegre e inoportunamente mientras Sorloth y Tchouaméni chocaban peligrosamente sus cabezas y tenían que ser atendidos. Son sus costumbres.
Descanso, 0-1. El Madrid, como un vino espumoso agitado. Descorchó el partido con un golazo y a medida que avanzaban los minutos se fue amodorrando, con muchos jugadores por debajo de su nivel, es decir, lo habitual.
Golazo aparte, la imagen de la primera mitad fue el acoso de Simeone a Vinícius desde la banda. También son las costumbres —y la educación— del Cholo. Pero ya sabemos que todo lo que le hagan al 7 lo tiene merecido, más aún si no juega bien.
El segundo tiempo comenzó con una galleta de Sorloth a Asencio. El central blanco no había estado muy fino, pero no merecía ese trato. El Madrid seguía igual, patapum parriba y a esperar a que tocase la lotería. Jugaba con la fluidez del diamante a temperatura ambiente, con una salida de balón propia de un barril de petróleo cojo con zapato de tacón.
Parecía que la táctica del Madrid era ganar por aburrimiento y desesperación de todo aquel que viese el partido. Sumado al juego del Atleti vistoso como un sapo partero, estaba deparando un partido de muchos kilates falsos. Pero como la vida es imprevisible, Fede filtró un pase genial a Rodrygo y Goes definió —estas vez sí— con solvencia. 0-2.
No duró la semitranquilidad, pues Sorloth no tardó en marcar de cabeza en un acción defendida por el Madrid como acostumbra.
Por varios motivos, ni Asencio ni Rüdiger siguieron sobre el terreno de juego. Xabi introdujo a Fran García y Mendy. La defensa quedó conformada por Fede, Tchouaméni, Carreras, Mendy. Fran, por delante del lateral francés; Vini estaba desaparecido y su carril era una autopista de entrada.
Ambos equipos estaban cansados como si se hubieran pegado una paliza de viaje más un cambio a latitudes con clima diferente con el único objeto de que algunos se embolsen unos palos.
Agarrón en el área al 7 del Madrid y sigan, sigan. Alonso lo retiró después y sacó a Güler. El Cholo aprovechó para increparlo de nuevo. Amarilla. Vinícius se llevó tarjeta también.
Griezmann remató acrobáticamente y Thibaut despechó con la pechera. El francés había saltado al campo, pues si no no habría podido disparar a puerta. Poco después, Llorente chutó fuera desde cerca y, luego, ligerísimamente desviado, rozando la escuadra.
Rodrygo y Camavinga, agotados, dejaron su lugar a Mastantuono y Ceballos.
Si el Madrid no mejora muchísimo, no hará falta ni siquiera que intervenga Munuera Montero en la final
En el minuto 87, Aurélien evitó una clara ocasión en increíble escorzo.
Más allá del 90', Fede se coló hasta la línea y por poco Mendy no anotó el tercero.
Busquets Ferrer añadió 7 minutos, la mitad de una parte de prórroga. El partido estaba ya deslavazado, los futbolistas parecían zombis. Y esos minutos extra les vendrían genial para su salud.
Julián Álvarez erró una oportunidad nítida en el 95 y la window a la final se le cerraba al Atleti.
El domingo espera el Barça. Si el Madrid no mejora muchísimo, no hará falta ni siquiera que intervenga Munuera Montero.
El Cholo, al carrer. El retorno de Yeda será duro, pero no mucho. Jamás nadie ganó tanto dinero por perder.
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Michael Keeping fue el tercer técnico extranjero de la historia del club y el segundo inglés tras el periodo de Robert Firth en plena II República. Su llegada al club blanco se debió principalmente a la necesidad de un entrenador que manejase el concepto táctico de la WM. Por dos razones. La primera, que a partir de 1948 fue una imposición de la Federación Española, mediante circular, para que todos los equipos jugasen así en beneficio de la selección de cara al Mundial de Brasil 1950. Y la segunda, que tanto el Barça de Samitier, como el Sevilla de Encinas, o el Valencia de Pasarín lograron éxitos ligueros los años anteriores gracias a la utilización de dicha idea de juego. La apuesta por Keeping era arriesgada y no funcionó.
Alexander Edwin Michael Keeping nació en Milford on Sea (Inglaterra), el 22 de agosto de 1902, y en su etapa de jugador se desempeñaba como defensa izquierdo. Comenzó su carrera en el Milford on Sea de su localidad natal y de allí pasó al Southampton. Primero en el conjunto juvenil y luego en el primer equipo, ya con ficha profesional. Poco a poco, se fue haciendo un hueco en la zaga como defensa por el perfil izquierdo, haciendo gala de una gran velocidad, aplomo, dominio del balón y precisión en el pase al extremo de su banda.
En 1926 estuvo cerca de ser internacional, primero en el mes de febrero y luego en una gira por Canadá. Con los ‘Saints’ se mantuvo hasta 1933, cuando por un tema de falta de dinero en el club fue vendido al Fulham. En el cuadro capitalino pasó varias temporadas y jugó de forma ocasional hasta 1941, momento en el que se produjo su retirada de los terrenos de juego. Al colgar las botas se unió al negocio familiar con sede en Milford on Sea. Se trataba de un taller mecánico que había abierto su padre Fred Keeping, un antiguo ciclista que participó en los Juegos Olímpicos de Atenas de 1896, logrando una medalla de plata en la carrera de 12 horas.
Sin grandes experiencias previas en el banquillo, Mr. Keeping recibió a finales del mes de enero de 1948 la llamada del Real Madrid. El británico había realizado, eso sí, los cursos para entrenadores en la Escuela Inglesa Oficial de Preparadores. Su contrato era de un año con la posibilidad de ser prorrogado. Al aterrizar en Madrid, cayó bien a los aficionados merengues por su aspecto pintoresco, pero no hablaba español y le hacía de intérprete Barinaga, que pasó varios años en Inglaterra tras marcharse como refugiado durante la Guerra Civil junto a otros niños vascos.
Entre las primeras decisiones del inglés, se encontraba la programación de cuatro sesiones, semanales siempre que los desplazamientos lo permitiesen, y también adelantar el horario de los entrenamientos, que normalmente eran a las 11 de la mañana. El entrenador inglés era un hombre bondadoso y gracioso, que tenía una gran obsesión por la preparación física y hacía correr durante largo tiempo a los jugadores alrededor del campo. En alguna ocasión, incluso, los hacía ir al trote desde Chamartín a Cibeles. Luis Molowny declaró años después en una entrevista que si le preguntabas algo te respondía “Diguimi in inglis”. Luego, en el túnel animaba y levantaba la voz expresando un “vamos chicos. Trabajad duro todo el ‘tempo”’. Es bueno para prima, es bueno para banca”. El inglés en una de sus sugerencias llegó a pedir a Bernabéu traer un orador prepartido, un animador, a lo que máximo mandatario madridista se negó.
El motivo clave de la contratación de Mr. Keeping era que conocía a la perfección la idea de juego de la WM. Un sistema que no fue creado por Herbert Chapman, pero que el inglés perfeccionó en su etapa dorada en el Arsenal. Se trataba de una táctica con dos defensas bajando entre ellos al medio centro, mientras que los dos medios alas se centraban para rellenar su hueco y marcaban a los interiores contrarios. Arriba, los dos extremos y el delantero se mantenían adelantados. Mientras que los dos interiores componían una segunda fila para iniciar las jugadas de ataque y ayudar a contener a los atacantes rivales. La WM (los delanteros formaban la W y los defensas la M) surgió como consecuencia del cambio del fuera de juego a mediados de los años 20, que indicaba que solo era necesaria la presencia de dos jugadores entre el jugador que recibía la pelota y la línea de gol. Keeping lo implantó con celeridad en el equipo blanco, pero no terminó de dar los frutos deseados.
A principios de 1948, el Real Madrid atravesaba un mal momento, transitando por el undécimo puesto de la tabla a solo dos puntos de las posiciones de descenso. Jacinto Quincoces dejó el cargo y su segundo, Baltasar Albéniz, que se mantuvo después con Keeping, estuvo de interino durante un par de encuentros hasta una dura derrota contra el Barça. Bernabéu, la directiva y la secretaría técnica, encabezada por Hernández Coronado, buscaron una solución de urgencia porque el principal objetivo a esas alturas del campeonato era evitar estar la campaña siguiente en Segunda División.
Keeping pisó Madrid por primera vez el 28 de enero de 1948. Llegó en un vuelo procedente de Londres y nada más descender conoció a Bernabéu y a otros directivos. Sus primeras palabras fueron: “¿Dónde está el sol de España?”. Y a continuación: “¿Aquí no existe racionamiento?”. En la entrevista que le hizo Ramón Melcón para Marca, en el hotel en el que se iba a hospedar con Barinaga de traductor, también preguntó sobre el sistema de juego en el fútbol español y la labor del mediocentro. En ambas respuestas se le incidió que todavía no había uniformidad a la espera de que se estableciese por ley la WM. Respecto al mediocentro, él declaró que “debe ocuparse preferentemente de marcar. Lo interesante es encontrar el hombre que sepa adaptarse al puesto”. Avisó que tampoco pensaba hacer una “revolución que pudiera ser peligrosa para el equipo” y se extrañó de que Barinaga jugase en diversos puestos del equipo porque “los cambios no suelen dar muy buenos resultados en el rendimiento del jugador”.
El partido de la jornada 18 contra el Celta en Chamartín lo vio en el palco. No le fueron nada bien las cosas a los blancos, que cayeron de manera rotunda por 1-4. El inglés, tras ver por primera vez a los suyos, declaró que “Hay mucho tiempo por delante y soy optimista. El Madrid ha estado lento, pero me gusta su clase”. La semana siguiente inició la preparación por primera vez con un entrenamiento a las 10 de la mañana de cara al viaje a San Sebastián. La sesión consistió de cuatro vueltas a buen tren al campo, salto a la comba, un partido de baloncesto y sprints abundantes. En Atocha, contra la Real, los madridistas empataron a uno, pero según algunas crónicas, como la de Pueblo, mereció ganar. Los jugadores estaban contentos y veían mejoras.
Sin embargo, los resultados deseados no llegaban. Salvo un triunfo ante el Sevilla a domicilio, se perdió en casa contra el Gijón y fuera frente a Español y Atlético de Bilbao. En campo propio, también firmaron después tablas con Atleti y Valencia. Keeping opinaba que “no puedo emplear una varita mágica para salvar al Real Madrid” y pedía refuerzos en verano porque “habrá que reemplazar en el equipo el material viejo por uno nuevo y capacitado”. Quedaba una sola jornada y el Real Madrid tenía opciones de caer a la promoción. Visitaba el Real Oviedo el coliseo blanco y Pruden fue el héroe con dos goles para dar la salvación definitiva. El técnico inglés lograba así el objetivo, aunque avisaba que el equipo madridista solo tenía “cuatro jugadores verdaderamente profesionales: Azcárate, Pont, Ipiña y Barinaga”. De los demás, declaró que les “falta bastante para ser considerado como tales”.
La Copa, que comenzaba tras la Liga, fue más de lo mismo. Aunque la realidad es que lo importante había sido salvar la categoría, porque hubo miedo en la institución, afición y jugadores. Llegaron refuerzos como Montalvo y Pachicho, y se pasaron dos eliminatorias ante el Córdoba y el Málaga. Pero en octavos de final contra el Español de José Espada se perdieron los dos partidos. El buen sabor antes de las vacaciones fue la conquista de la Copa Eva Duarte, un precedente de la Supercopa. El 13 de junio en Chamartín derrotaron al Valencia por 3-1 con dianas de Montalvo, Macala y Chus Alonso. El entrenador británico se marchó pronto a su tierra para ponerse manos a la obra en la misión de conseguir varios refuerzos.
El Real Madrid regresó el 10 de agosto a los entrenamientos de cara al curso 1948-49. En el club existía preocupación por un rendimiento como de la campaña anterior y se lanzaron a por fichajes. Keeping recomendó y negoció con varios atacantes de la Liga inglesa, como el anglochileno Jorge Robledo del Barnsley y George Dick del Blackpool. Sin embargo, el único que llegó y que demostró no tener la categoría esperada fue el escocés John Watson, que jugaba en el Fulham. Los fichajes estrella procedían desde el Celta: Pahiño y Miguel Muñoz. También se firmó, entre otros, a Olmedo, Narro, Marcet, el guardameta Adauto y a Mariscal en noviembre, una vez iniciado el curso.
Keeping continuó moldeando la WM en el equipo, siempre traducido por Barinaga, porque seguía sin hablar español salvo algunas palabras. El inglés comenzó la temporada con cambios. En defensa la pareja formada por Clemente y Azcárate y cuatro jugadores vitales en su sistema: Muñoz, Narro, Olmedo y Barinaga. En punta, el dueño del nueve iba a ser Pahiño. Al equipo le costó arrancar, con un solo triunfo en cuatro jornadas, aunque el calendario no era sencillo, con la visita a Valencia, donde perdieron, y al recibir a Barça y Atlético de Madrid, que se llevaron ambos la victoria de Chamartín por 1-2. Sin embargo, desde la jornada 5 el equipo subió muchos enteros. Ipiña y Molowny entraron en el once y se notó. Fue uno de los mejores momentos de la etapa Keeping, con 10 partidos invicto, logrando ocho triunfos y dos empates.
El cuadro blanco iba líder, se llenaba el coliseo merengue y la gente disfrutaba con el juego y algunas goleadas. Keeping llegó a un acuerdo para renovar su contrato, que expiraba en noviembre, hasta final de temporada y se había resuelto una pequeña crisis interna entre el inglés y el secretario técnico Hernández Coronado. Las tiranteces venían sobre quién debía hacer las alineaciones, llegando a un punto en común ambos con la mediación de Bernabéu. El inglés se marchó feliz a su tierra para pasar las fechas navideñas tras el gran homenaje al capitán Ipiña, donde se ganó 5-0 al Benfica. En unas declaraciones previas, más en su lengua que en español, había afirmado que el equipo hacía “buen fútbol, aunque a veces a ráfagas” y que siempre era “cosa buena los goles”. Antes de volver a la capital de España, en los primeros días del nuevo año, hizo una escala en Copenhague para negociar el fichaje de la figura danesa Carl Aage Praest, que no se llegó a consumar por cuestiones económicas.
La vuelta del parón navideño no fue la deseada, al caer en la visita a Les Corts de la jornada 14 por 3-1, pero las victorias posteriores ante el Valencia, el Atleti en el Metropolitano y el Atlético de Bilbao en Chamartín enderezaron la situación, y colocaron a los madridistas líderes con dos puntos por encima del Barça. Los entrenamientos del inglés eran feroces, como reconoció en una ocasión Macala: “El que más palizas nos ha pegado ha sido Keeping. En los años que llevo yo con él he corrido más que en toda mi vida”. Las sesiones tenían mucha carga física e intensidad, y estaban dando resultado. Después, una derrota en Valladolid y un triunfo con el Sevilla, hasta que hubo una desconexión fatal. La plantilla pareció quemada, aburrida y saturada. Algunos lo achacaron al alto ritmo que pedía Mr. Keeping en los partidos y las sesiones de entrenamiento.
El Real Madrid se vino abajo y se dejó prácticamente todas sus opciones ligueras con una racha negativa de tres partidos. Primero, se perdió en Sarriá, luego ante el Real Oviedo y por último en Balaídos. En el choque ante el Celta el técnico inglés, desesperado por cambiar el rumbo, hizo debutar oficialmente a Watson. El escocés no dio la talla y decepcionó. También fue un partido con mala fortuna por la lesión del arquero Bañón, que obligó a ponerse bajo palos primero a Macala unos minutos, y luego la segunda mitad completa a Barinaga. El equipo bajó al tercer puesto de la tabla y, pese a ganar al Depor y el Gimnástico de Tarragona y empatar con el Alcoyano, ya no logró alcanzar al Barça ni superar al Valencia, que concluyó como subcampeón. Míster Keeping, al que le gustaba hablar del juego con los periodistas en compañía de Hernández Coronado, achacó algunos malos resultados a que se hacía “mucho juego personal, con pases imprecisos, retención de la pelota y así se malogran oportunidades”.
La directiva, pese al chasco en el final del campeonato, quedó satisfecha con Keeping y su labor en su primera temporada completa en la casa blanca. Para continuar con su proyecto, le ofreció la renovación por dos años más y el británico firmó. Se quería así dar también un estímulo para la Copa, que comenzaba en unos días. El inglés fue entrevistado por el Semanario Gráfico de los Deportes de Marca, manifestando que “me quedaré dos años más en este Club, al que creo (y le hablo con una experiencia dilatada en el fútbol europeo) un Club modelo, sencillamente”. No descartó gestiones para fichar ingleses en verano: “Si pudiera ser, no lo dude usted, volvería con dos, tres jugadores ingleses. Ingleses, o de donde los haya, y todo lo buenos que el Madrid requiere…”. Por último, se mostró contento con sus muchachos: “Sí, señor. Creo que es sensible en ellos una gran diferencia y nada tengo que reprocharles de su disciplina. Ya sabe usted los dos lemas en que apoyo mi enseñanza: el fútbol es noventa minutos de ardua concentración y un profesional no es un hombre como los demás. Querría que estas dos máximas se les metieran tan dentro, tan dentro, que jamás la olvidaran”.
En el torneo del KO, el plantel no pudo recuperar el ánimo bajo tras lo acaecido en el final de Liga y el Atlético de Bilbao apeó a los blancos a las primeras de cambio. Dos empates en Chamartín y San Mamés obligaron a un encuentro de desempate en Les Corts que tuvo color vasco. Dos tantos de Zarra y uno de Venancio despidieron a Bañón en su último encuentro oficial como merengue unas semanas antes de caer enfermo por una dolencia en la pleura. El último encuentro del curso fue la celebración de la IV edición del Trofeo Teresa Herrera, que conquistó el cuadro madridista al vencer por 2-1 al Racing de París en Riazor. Keeping, que a finales de mayo tras caer en la Copa regresó a Inglaterra, no viajó con el resto de la expedición, encabezada por Santiago Bernabéu, y el encuentro desde el banquillo lo dirigió su segundo Albéniz.
La pretemporada del curso 1949-50 dio el pistoletazo de salida para la plantilla blanca el 11 de agosto. No se trajo ningún refuerzo de Inglaterra y las principales novedades fueron las del portero vasco Juanito Alonso y ‘Fifo’ Navarro. También se incorporaron Toni del Sabadell (al igual que Navarro), el defensa García y Cabrera, que volvió del Málaga. Entre las bajas, varios nombres reseñables como Ipiña, que había colgado las botas, Chus Alonso y el escocés Watson que no había dado la talla. Se esperaba a Bañón para octubre, pero con el paso de las semanas se certificó lo grave de su enfermedad para seguir en activo.
Fue una campaña con cambios en lo que a las decisiones de la parcela técnica se refiere, porque se le limitaron algunas atribuciones al técnico inglés en beneficio de Hernández Coronado. Una de ellas fue la sorprendente idea de hacer dos equipos, uno para actuar en Chamartín y otro a domicilio. El A lo forman Adauto; Clement, Pont; Mariscal, Muñoz, Narro; Macala, Olmedo, Pahiño, Toni y Arsuaga y el B Adauto; Azcárate, García, Barinaga, Muñoz, Juanco; Soto, Toni, Marcet, Montalvo y Cabrera.
Se forjaron importantes ilusiones de cara al nuevo año futbolístico después de que hubiera grandes opciones de ganar la Liga previa. El campeonato pintaba blanco hasta otro desvanecimiento en la segunda vuelta. El equipo ganó con el equipo A ante el Sevilla, pero cayó con rotundidad por 3-0 en Riazor y la idea de Coronado se dio por terminada. En uno de los mejores partidos de la era Keeping, se goleó al Barça por 6-1, con tres goles de Pahiño. Fue el primer partido que tuvo a Albéniz ocupando el cargo oficial de primer técnico. La razón fue que al inglés se le había quitado la licencia tras no acudir a unos cursillos de entrenador que organizó la Federación en Burgos.
El equipo marchaba por la Liga con puño de hierro, apabullando también al Real Oviedo y al Atlético de Madrid en Chamartín. Fuera costaba más ganar, pero con la media inglesa de victoria en casa y empate en la carretera se iban sumando puntos importantes. El club blanco había visitado Gibraltar para un amistoso en octubre y Mr. Keeping fue entrevistado por el Gibraltar Chronicle. El técnico inglés afirmaba que “el Real Madrid es el mejor Club del mundo”. También se mostró sorprendido cuando llegó a España al ver la “afición tan enorme que existía por el fútbol”. En su opinión “está organizado muy bien en todos sus aspectos” y cuando sus amigos del Fulham visitaron el año anterior Chamartín le dijeron que “era el más bonito y mejor estadio de cuantos conocían”. Por último, respecto al presente curso, se manifestaba confiado en “ganar la Liga y la Copa”.
Antes del inicio de la segunda parte del campeonato, a principios de 1950, el inglés acudió acompañado de un intérprete al nuevo cursillo de entrenadores organizado en Madrid para poner de nuevo en orden su licencia. Mientras tanto, su equipo comenzó dubitativo, con solo una victoria en Les Corts en cinco jornadas. Pese a ello, mantuvo el primer lugar tras perder en Oviedo y el Metropolitano, empatar contra el Valencia y sacar una victoria por la mínima en Málaga. En la jornada 22, el equipo merengue visitó Balaídos en un partido clave por el liderato. Los dos equipos sumaban 26 puntos y el triunfo vigués por 5-2 hundió a los madridistas. El técnico inglés, sin embargo, continuaba teniendo fe: “Pensamos ganar los cuatro partidos que faltan”. Sin embargo, tras un empate con el Español y una rotunda derrota por 6-2 en Bilbao, la Liga se escapó definitivamente. En apenas tres semanas se pasó de ser primeros igualados con el Celta a la sexta posición. Las últimas dos jornadas, ganando al Gimnástico de Tarragona y al Real Valladolid solo sirvieron para terminar cuartos en la tabla en una Liga con color colchonero. De nuevo el cuadro dirigido por Keeping pinchó al final.
La Copa se encajó como se pudo porque la selección debía viajar a Brasil para disputar el Mundial. En primera ronda, el Nástic no fue rival, principalmente en Tarragona, y en cuartos se hizo lo más difícil, que era ganar al vigente campeón de Liga. Un pletórico 6-3 en Chamartín demostró el poderío blanco en casa pese a la baja de Pahiño. Molowny y Macala. Con un doblete cada uno hicieron olvidar al gallego. Keeping se mostró “muy satisfecho. Buen partido. Gran fútbol y bonitos goles. Todo el equipo muy bien. El primer tiempo, excelente. La segunda parte, mala suerte para hacer goles. Hemos debido sacar cinco goles de diferencia”. En la vuelta, en el Metropolitano, se aguantó el empuje inicial de los rojiblancos en la derrota por 1-0. En semifinales, se infravaloró al Real Valladolid, al que se había goleado en la última jornada de Liga por 1-4. En el feudo blanco, Montalvo tiró un penalti fuera y los de Pucela se marcharon felices con un empate a dos. En el campo de Zorrilla, los merengues no lograron conseguir el mismo resultado liguero y tras perder por 3-1 el Real Madrid terminaba otra campaña sin títulos.
En cuanto a los partidos amistosos internacionales, hubo buena cosecha e incluso notable nivel de juego en los triunfos ante la selección mexicana por 7-1, Racing de Avellaneda por 5-1 y San Lorenzo de Almagro por la mínima. El último choque fue ante el Hungaria en junio. Un equipo formado por jugadores huidos de la dictadura comunista en Hungría y que estaban exiliados en Italia. En ese equipo figuraba Ladislao Kubala, que dejó muestras de su calidad y marcó dos tantos. El Real Madrid venció por 4-2 y Bernabéu pensó en incorporar a la estrella magiar. Sin embargo, las negociaciones no cuajaron por varios aspectos, uno de ellos, que el jugador pidió a su cuñado Daucik como entrenador. El club blanco rechazó la opción porque tenía a Mr. Keeping con contrato y Kubala acabaría días después en Barcelona.
El entrenador inglés no contaba con demasiada aprobación en el vestuario, a tenor de una publicación en el diario Imperio. El periódico había entrevistado a varios jugadores madridistas antes de empezar la Copa, aunque sin dar sus nombres. Uno de ellos, con el status de internacional, manifestó que “nos mata con sus entrenamientos. Cuando nos entrena Albéniz rendimos mucho más”. Añadía que “si el Madrid tiene la suerte de que al míster lo entretengan en Gibraltar, puede ser campeón de Copa”. Por último, un ruego: “¡Por lo que más quiera! No se le ocurra decir que tengo agujetas de tanto dar vueltas al campo. Lo leería el míster, y mañana me doblaría la ración de carreras en castigo”. Otro de ellos le dio la razón: “Mr. Keeping es un inglés que todo lo arregla con vueltas al campo. Que un jugador tiene que coger fondo: diez vueltas al campo. Que acaba de pasar unas anginas: cinco vueltas al campo. Que hay que dar mayor rapidez al equipo: siete vueltas al campo. ¡Nos marea!”. Un tercero lo criticó por el idioma: “No hay quien le entienda. Ha dicho que el que quiera entenderle que aprenda inglés, porque él no piensa aprender español”. Sobre el rumor de que le estaban preparando la cuenta en la entidad blanca, el cuarto y último de ellos respondió: “¡Ya era hora!”.
En el club, durante el verano, aguantaron a Keeping, al que le quedaba un año de contrato, y el inglés se presentó a los entrenamientos de cara a la temporada 1950-51. Sin embargo, cada vez había menos confianza en su trabajo y apenas duró un par de meses en el cargo. El comienzo liguero fue una auténtica montaña rusa con goleadas a favor y también en contra. Prácticamente no hubo algo intermedio. En el debut, los blancos vencieron por 6-2 al Español y una semana después recibieron en contra el mismo resultado en Atocha. En la jornada 3, contra el Barça, fue peor. Un 7-2 demoledor. Keeping habló en un correcto español para Mundo Deportivo: “Muy bien la delantera del Barcelona. Sus jugadores pasan corto y raso y con balón sin efecto, para ser bien controlado. Y tiran bien a gol. No le marcarán otros equipos siete goles al Madrid”.
El equipo recuperó el aliento con las victorias ante el Valencia por 3-2, el Lleida por 1-6 y el Alcoyano por 7-0. Hasta que llegó la visita a Riazor. Los gallegos apabullaron a los blancos por 5-0 el 22 de octubre. La derrota y unas declaraciones del británico afirmando que él no preparaba al equipo, y que molestaron a Hernández Coronado, le dejaron en la cuerda floja. Se le apartó momentáneamente de la dirección y se le mandó a Vigo hasta que el club tomase una determinación sobre su futuro inmediato. En la ciudad gallega su función fue realizar unas gestiones sobre unos jugadores que pensaba el Madrid incorporar la campaña siguiente. Su despido, finalmente, se hizo oficial nueve días más tarde del partido en La Coruña. Su bagaje final resultó decepcionante, al no cumplir con lo que se esperaba de él.
Su carrera posterior discurrió principalmente por los Países Bajos, teniendo un cargo directivo en el H.B.S y entrenando al Heracles Almelo. También tuvo un breve paso a comienzos de los años 60 por el Poole Town inglés, renunciando más tarde por motivos familiares.
Falleció a los 81 años el 28 de marzo de 1984.
Fotografías: archivo de Alberto Cosín
Capítulos anteriores:
1.- Entrenadores del Real Madrid: Mr. Firth
2.- Entrenadores del Real Madrid (II): Kinké
3.- Entrenadores del Real Madrid (III): Berraondo
4.- Entrenadores del Real Madrid (IV): Quincoces
5.- Entrenadores del Real Madrid (V): Quirante
6.- Entrenadores del Real Madrid (VI): Albéniz
7.- Entrenadores del Real Madrid (VII): Fernández
8.- Entrenadores del Real Madrid (VIII): Cárcer
9.- Entrenadores del Real Madrid (IX): Fleitas Solich
10.- Entrenadores del Real Madrid (X): Ipiña
11.- Entrenadores del Real Madrid (XI): Encinas
12.- Entrenadores del Real Madrid (XII): Scarone
13.- Entrenadores del Real Madrid (XIII): Villalonga
Buenos días. Hay trabajos para los cuales es aconsejable utilizar un equipamiento adecuado que facilite y proteja al mismo tiempo. En el mundo de la prevención laboral, se denomina EPI (Equipo de Protección Individual) y no guarda relación con títeres televisivos. O sí.
Los ejemplos ayudan a la comprensión: un EPI necesario a la hora de arrodillarse son las rodilleras. Obvio. Evita daños en las articulaciones.
A la vista de los artículos de prensa deportiva, la venta de rodilleras ha debido de dispararse desde que los medios son regados por quienes parten el bacalao en el fútbol español. Anoche, el galernauta William Pogue nos mostró cuatro capturas que sustentan esta teoría del impulso comercial que han experimentado estos EPI.
Marca eligió titular el 5-0 con «El Barça se divierte con el Athletic». Podría definirse como crónica de una cobertura bien engrasada. Imaginad si en en lugar de Barça hubiesen escrito Madrid: divierte es un verbo que implica falta de respeto al rival y otras desconsideraciones similares. Sin embargo, cuando se trata del club cliente de Negreira, convertir al rival en una suerte de animador infantil es totalmente adecuado. Transforman a los bilbaínos en un mero sparring necesario para la celebración de la fiesta azulgrana y transmiten la idea de que esa es su función, la de colaborar y ser bueno.
El diario de Gallardo de nuevo se calza las rodilleras para inclinarse ante el Barça y hacerlo feliz. La cantada de Unai Simón les ha venido pintiparada para empujar un poquito más a Joan García a la selección española, que no es sino otra marca del FC Barcelona.
El lenguaje empleado, la exaltación de las virtudes y actos complicadísimos como «el sincero abrazo de Joan García» recuerdan a otros hitos de la genuflexión como el NO-DO.
La inclinación de cerviz de As es menos nodiana porque emplea un lenguaje más actual y enfocado a la difusión en redes, pero el mensaje es el mismo. «La cantada de Unai que pinta a sentencia definitiva para el Mundial: el gol que lo puede cambiar todo…». Atufa a titular cocinado con ChatGPT.
En este festival de la variedad informativa Mundo Deportivo también asoma con otro titular igual.
Esta consanguinidad mediática induce a sospechar la loca idea de que escriben al dictado de alguien. Es más, alguien podría atreverse a formular una hipótesis tan excéntrica como que ese alguien es quien paga.
Comprar rodilleras para toda la redacción es caro y siempre es más fácil prosternarse cuando media lubricación.
Esta ausencia de imparcialidad también se refleja en las portadas. Como suele ser habitual, Marca es el más servil y lisonjero, y muestra el camino a Sport y Mundo Deportivo.
La portada de As es la más comedida de todas.
Hoy a las 20:00 el Real Madrid disputa contra el Atleti la otra semifinal de la Supercopa de España en Arabia. Esta competición es la que mejor representa el fútbol español. Nacida del bizcocheo entre Rubi y Geri, hiede a balompié patrio por los cuatro costados. Pero el fúrbol es asín y este año tiene más importancia por la situación de los de Xabi.
La podredumbre de nuestro deporte inunda todos los ámbitos. Alguien ajeno a los tejemajes de este mundillo daría por hecho que clubes como el Barça o el Villarreal pagan en tiempo y forma a sus empleados según los contratos suscritos. Pues va a ser que no.
😞 @QSetien, sobre los impagos en @LaLiga
👉 "El Barça ha cumplido con todos los pagos y no me deben dinero"
😠🗯️ "Del Villarreal no he cobrado NADA y ya va a hacer dos años y medio. Está en un juzgado. Llevamos año y medio esperando una sentencia para cobrar lo que me deben" pic.twitter.com/aqkNdJzrV2
— El Larguero (@ellarguero) January 7, 2026
Lo del Barça ya lo sabíamos, las vacas de Setién tardaron años en cobrar mientras Laporta dilapidaba dinero futuro en multitud de fichajes —acostumbran a llevar comisiones— inscritos por imperativo ilegal.
Lo que desconocíamos es que el Villarreal de ese gran gestor y empresario llamado Roig tampoco paga a quien contrata. Quique Setién lleva más de dos años esperando a cobrar y, en el juzgado, uno y medio sin dictar sentencia. Los malpensados, de nuevo, podrían sospechar —sin fundamento alguno, por supuesto— que el señor Roig es bastante influyente.
Ser un adulador nunca es digno, pero si día sí y día también es necesario ponerse rodilleras para adoptar la posición idónea que procure un final feliz al club más corrupto de la historia, directamente es miserable.
Pasad un buen día.
Hablar de objetividad no es un capricho ni una reflexión teórica lanzada al aire. Hablar de la objetividad se vuelve casi obligatorio cuando uno termina un partido con la sensación de haber visto algo razonablemente claro y, al abrir redes sociales o leer determinados análisis, descubre que el foco se ha puesto justo en lo contrario. No en lo que explica el resultado, ni en lo que ayuda a entender el juego, sino en aquello que encaja mejor con un relato previo.
Tras el 5-1 logrado por el Real Madrid en el Bernabéu frente al Real Betis, el partido dejaba varias conclusiones evidentes. La principal, una mejoría colectiva apoyada en algo muy concreto: la velocidad, el dinamismo y la capacidad de ida y vuelta que aporta Camavinga en el centro del campo. Con él, el equipo es más intenso, más vertical y más difícil de presionar.
A partir de ahí, hubo rendimientos individuales positivos. Vinícius hizo un buen partido, sin estridencias, pero eficaz. Gonzalo, además, firmó una noticia que debería ocupar titulares por sí sola: tres goles, presencia constante en el área y una actuación que habla de futuro. Sin embargo, lo que uno acaba leyendo y escuchando va en otra dirección diferente. Que si Vinícius volvió a ser pitado, que si el Madrid estuvo muy cerca de encajar el 3-2 durante diez minutos malos en un encuentro que dominó de principio a fin. Que si los goles de Gonzalo sirven para reabrir el debate sobre si Vinícius debe ir fuera y Mbappé ocupar la izquierda. Como si la irrupción de un delantero joven no pudiera ser celebrada sin convertirla en un arma arrojadiza contra otro jugador.
Da la sensación de que lo positivo incomoda, de que reconocer una mejoría molesta, y de que siempre hay que buscar el ángulo que permita seguir sosteniendo una opinión ya formada. Es ahí donde surge la pregunta inevitable: ¿Estamos analizando partidos o estamos defendiendo prejuicios? Porque cuando lo bueno se minimiza sistemáticamente y lo negativo se amplifica hasta ocuparlo todo, deja de hablarse de fútbol. Es por eso por lo que conviene hablar de la objetividad, aunque solo sea para asumir que, en realidad, no existe. Porque no, la objetividad no existe. Ni en el fútbol, ni en los medios de comunicación, ni probablemente en ningún ámbito donde entren en juego las emociones. Se invoca constantemente como si fuera un principio sagrado, pero en la práctica funciona más como una coartada que como una realidad.
Hace no mucho hice el experimento de preguntar a un culé y a un madridista sobre qué pensaban de los narradores y comentaristas habituales de los partidos en televisión y radio, por curiosidad. Menudo pollo se montó. Resulta que uno tenía clarísimo que son todos madridistas y el otro tenía clarísimo que son todos culés. Qué pereza, de verdad. En el fútbol, este concepto se evapora todavía más rápido, porque el balón no solo rueda sobre el césped: rueda sobre simpatías, antipatías, expectativas y cuentas pendientes. El fútbol es, ante todo, emoción. El aficionado no analiza: siente. No contextualiza: juzga. No espera procesos: exige confirmaciones inmediatas de lo que ya cree. Y ahí empieza el verdadero problema. El aficionado no quiere objetividad; quiere que le den la razón.
Da la sensación de que lo positivo incomoda, de que reconocer una mejoría molesta, y de que siempre hay que buscar el ángulo que permita seguir sosteniendo una opinión ya formada
Quiere leer exactamente lo que piensa, escuchar lo que siente y compartir la indignación o el entusiasmo que ya traía de casa. Cuando el discurso coincide con su visión, lo que lee y escucha “dice la verdad”. Cuando no, pasa a estar vendido, manipulado o cegado por intereses. No hay término medio. Y los medios, lejos de corregir esa dinámica, muchas veces la refuerzan, porque también participan del mismo ecosistema emocional y del mismo negocio del ruido.
Nadie llega limpio a ver un partido porque todos lo hacemos cargados de ideas previas. Nos gusta más un jugador que otro, confiamos más en un entrenador del pasado o el que pensamos que deberíamos tener en el futuro que en el que ha elegido el club para ocupar el puesto, sospechamos de ciertos perfiles y protegemos a otros. Todo se interpreta para confirmar ese punto de partida. Si el futbolista que no te convence falla, es una prueba irrefutable de su falta de nivel. Si el que te gusta falla, es un accidente. Si el entrenador que no soportas gana, es por inercia. Si pierde, es porque no sabe lo que hace. Ese mecanismo, profundamente humano, se vuelve peligroso cuando se disfraza de análisis.
Porque no hablamos solo de debates de bar o de redes sociales, sino de medios de comunicación que presumen de rigor, portales y tertulias en donde se decide muy pronto quién es válido y quién no, y a partir de ahí se construye un relato inamovible.
El fútbol deja de ser lo que sucede en el campo para convertirse en una sucesión de pruebas que confirman una sentencia ya dictada. Por eso, un mismo hecho se lee de manera radicalmente distinta según quién lo protagonice. Diez minutos malos pueden convertirse en una “advertencia grave” o en un simple bache, dependiendo del equipo o del entrenador. Un buen partido puede ser señalado como “lo mínimo exigible” o como una actuación sobresaliente, según a quién convenga proteger o desgastar.
En este contexto, la crítica deja de ser una herramienta útil para convertirse en una forma de demolición constante. Criticar es necesario, incluso saludable, pero criticar no es repetir siempre lo mismo pase lo que pase. No es ignorar cualquier signo de mejora porque estorba al relato, ni es analizar con lupa lo negativo mientras se pasa de puntillas por lo positivo. El ejemplo de Gonzalo es clarísimo. Marca tres goles, cumple con lo que se le pide a un delantero y deja una de las mejores noticias del partido. Lo lógico sería hablar bien de él y punto, sin ir más allá. Valorar su actuación, su olfato, su impacto. Sin embargo, su nombre se utiliza como excusa para abrir otro debate: si Vinícius debe salir para que Mbappé se vaya a la izquierda y Gonzalo se quede de 9. En resumen, hablar de si uno de los dos sobra. No se celebra lo que aparece; se utiliza para atacar a lo que ya estaba señalado.
Con el partido de Vinícius ocurre algo similar. Hizo un buen partido, sin necesidad de elevarlo a los altares, pero desde luego no para reducirlo a la nada. En la sustitución, su reacción es de tristeza, no de enfado ni la de un niñato consentido, como he leído poco antes de ponerme a escribir. Pero ni eso parece suficiente. Se habla más de los pitos que de su rendimiento, y más del contexto externo que de lo que aportó al juego. Porque cuando un jugador no gusta, cualquier elemento sirve para relativizar lo que hace bien.
Mientras tanto, se pasa casi de puntillas por lo verdaderamente estructural: que el equipo jugó mejor gracias a Camavinga, porque con él, el centro del campo fue más dinámico, hubo más ritmo, más presión y más continuidad. Eso exige reconocer que algo ha cambiado, aunque sea ligeramente
Mientras tanto, se pasa casi de puntillas por lo verdaderamente estructural: que el equipo jugó mejor gracias a Camavinga, porque con él, el centro del campo fue más dinámico, hubo más ritmo, más presión y más continuidad en el juego. Eso exige reconocer que algo ha cambiado, aunque sea ligeramente. Y reconocer eso implica aceptar que quizá el proyecto no esté tan muerto como algunos llevan semanas anunciando. Me incluyo, por cierto. Sí, al Real Madrid todavía le quedan muchas cosas por mejorar, negarlo sería absurdo. Hay ajustes tácticos pendientes, automatismos por consolidar y jugadores que deben crecer. Pero si después de un 5-1 el discurso sigue siendo exactamente el mismo, sin el menor matiz, sin la más mínima concesión a la mejora, entonces el problema ya no es futbolístico.
Cuando incluso las victorias contundentes se analizan desde la sospecha permanente, cuando los brotes verdes se ignoran y los errores se magnifican, lo que queda claro es que algunos ya han decidido el final de la historia antes de que termine el primer capítulo. Y cuando eso ocurre, la objetividad deja de ser una aspiración imposible para convertirse, simplemente, en un término vacío. El primer capítulo finaliza con la disputa del primer título del año en Arabia Saudí, la Supercopa de España. Personalmente, esperaría a leer el final, no vaya a ser que el escritor esté jugando con nosotros y no sea el que todo el mundo ha adelantado que va a ser, sin todavía habérselo leído.
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Santi Siguero, al que no se le conocen dotes adivinatorias hasta la fecha, publicó el siguiente tuit en la previa del partido contra el Betis: “La fábrica no es la cantera del Madrid. Así es como Di Stéfano se refería al Bernabéu. Es lo que tiene hacer caso a los que no saben”. Que son muchos, a tenor de la costumbre y en momentos clave como la autoría goleadora frente a los verdiblancos.
Así que es de justicia reconocer la veracidad de la advertencia. Parece ser que la metáfora industrial se remonta a finales de los cincuenta. Con el Madrid volando en España y en Europa, el hispano-argentino la deslizó para referirse a Chamartín como el lugar donde el esfuerzo y la mentalidad de trabajo producen fútbol, goles y títulos. Un aviso a navegantes previo a la emblemática cita que antepone la relevancia del colectivo a la individualidad.
Fue a partir de los 80, aunque el término se haya recuperado con fuerza los últimos lustros, cuando La Fábrica comenzó a sonar para hablar de la cantera. Sospechamos que las cinco Ligas no sólo consecutivas, sino a lomos de gente de la casa, tuvieron algo que ver. Y es que pocas cosas al albur del capricho como la memoria colectiva: a los puristas el término siempre les llevará Concha Espina; el resto, impulsados por los medios (también el del propio club, RMTV) harán parada en Valdebebas.
“La fábrica no es la cantera del Madrid. Así es como Di Stéfano se refería al Bernabéu”
Si existe algo inmutable en la grada de Chamartín, más allá de su orgullosa exigencia, es su predisposición a escribir una carta de amor a un canterano. Aplaude los goles, disfruta de las filigranas y celebra los títulos… pero goza de verdad cuando un chico dinamita el blindaje de la puerta del primer equipo.
El último es Gonzalo, reminiscencia rauliana, un chico que aúna olfato, inteligencia, oportunidad y, lo que más seduce al respetable blanco, negación de la dosificación del esfuerzo. Un verdadero asesino con cara de duende y pies sobre la tierra: “Soy el suplente natural de Mbappé”, se le escuchó después de golear por tres veces al Betis.
El Madrid no espera. Ni regala una ovación. Y Gonzalo lo sabe. Por eso lleva puesto el mono de trabajo de La Fábrica.
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Mañana tenemos un partido importantísimo frente al Atlético de Madrid. Supongo que todos los que diariamente leen La Galerna ya saben que el jueves a las 20h arranca nuestra participación en la Supercopa de España. A estas alturas, la competición de la Real Federación Española de Fútbol se ha instaurado como un rito de paso a principios de todos los años.
Desde la temporada 2019-20, esta competición ha tomado la envergadura de macroevento. El sarao disputado en Arabia Saudí adopta el formato de final four y parece que ha cuajado entre inversores y aficionados. Para muchos, la Supercopa te da una pista fundamental de los derroteros que te depara la fortuna. Para otros como yo, la inmensa minoría de los aficionados, no deja de ser el mismo trofeo de la galleta de toda la vida pero con petrodólar e histeria colectiva.
Nosotros llegamos a la cita tras imponernos con contundencia al Real Betis Balompié. El madridismo merecía una victoria holgada en casa y fue lo que se consiguió el pasado domingo. El equipo de Manuel Pellegrini es siempre un rival difícil y para el aficionado merengue supone una satisfacción haber goleado con solvencia a un equipo de esta categoría europea.
Para muchos, la Supercopa te da una pista fundamental de los derroteros que te depara la fortuna. Para otros como yo, la inmensa minoría de los aficionados, no deja de ser el mismo trofeo de la galleta de toda la vida pero con petrodólar e histeria colectiva
La felicidad fue redonda por los goleadores, todos canteranos. Asencio y Fran García se unieron a la fiesta de un Gonzalo que fue titular y acabó cuajando una actuación para el recuerdo. Los Reyes Magos se adelantaron y el delantero español hizo sonreír a todos los hinchas, especialmente a los más jóvenes y pequeños. Así se hace afición, así se forja un mito. No en vano, rápidamente salieron estadísticas encumbrando la hazaña de Gonzalo y emparejando su figura con la de Raúl González Blanco. El espíritu navideño logra que afloren las emociones más exacerbadas.
Y por si fuera poco, Xabi Alonso salió con una sonrisa enorme a la rueda de prensa. El entrenador vasco era consciente de la felicidad que provoca en la inmensa mayoría del madridismo. Personalmente, estas fechas tan entrañables he podido palpar cómo en un porcentaje no despreciable el aficionado merengue ama con locura a Alonso. Para ellos, la culpa de todo la tienen los jugadores y la directiva. Especialmente señalados: Vinícius y Valverde. Y por supuesto, Florentino Pérez —para ellos también— sería la Yoko Ono del asunto. No exagero un ápice. Así están las cosas y así las cuento como mero notario de la actualidad.
Entiendo la defensa incondicional a la figura de Xabi Alonso. Es entendible que alguien ame con locura a su entrenador. Es hasta natural llegar al paroxismo en esta cruzada. Pero lo que verdaderamente escapa de mi comprensión es la defensa de tu técnico y el desprecio a tus jugadores. Hay muchos aficionados que llegan al insulto personal. Y parece ser que no son pocos.
Yo ya me he pronunciado al respecto y no me retracto de mis palabras. Mi postura es clara por razonable, personal e intransferible. No obstante, es de justicia recoger el sentir mayoritario de una afición soberana. ¿Quién soy yo para molestarme con el madridismo? Al fin y al cabo, tanto en el fútbol como en la política las discusiones no conducen a nada bueno.
Por último, creo que es oportuno expresar mis mejores deseos para todos los lectores de La Galerna. Espero sinceramente que este 2026 sea futbolísticamente mejor que el año que dejamos atrás. Y por descontado, desde el fondo de mi ser, espero que la vida se muestre suave y amable con todos. Que la salud y la fortuna nos acompañen en esta aventura. ¡Hala Madrid y nada más!
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Buenos días. Las miras de la prensa deportiva nacional ya están orientadas casi en exclusividad a la Supercopa de España, que se disputa en Arabia en virtud de un contrato manifiestamente ilegal que permitió el enriquecimiento ilícito de un tal Rubiales y del otrora capitán del club que es el perejil de todas las salsas corruptoras. A pesar de que dicho contrato está en manos de la justicia, como tantas cosas que conciernen a esa entidad putrefacta, los destinos de los cuatro clubes que disputan la competición siguen sometiéndose a lo firmado por Geri y Rubi, dúo musical sin igual que decidió forrarse a costa de la limpieza del fútbol.
Defenestrado Rubi de la RFEF, ¿quién se forra ahora? ¿Sigue Geri Piqué hinchándose los bolsillos, pese a estar investigado por la justicia por esta causa? Nadie lo sabe a ciencia cierta, porque lo firmado hace años sigue para adelante con la participación del club de Geri, puntual abonador de las facturas de Negreira por si este chanchullo pareciera poco. Y lo es, en realidad, si lo comparamos con el monumental escándalo que supone el haber tenido a sueldo durante (mínimo) 17 años al número dos de los árbitros españoles.
El club cliente de Negreira llega con fuerza a la cita supercopera tras su victoria en campo del Espanyol, o quizá habría que decir tras la victoria de su portero Joan García, que es quien ganó en duelo casi solito. No habíamos visto una actuación de un guardameta tan crucial en un partido desde Courtois en París 2022. Mundo Deportivo, como veis, aprovecha la presencia de Unai Simón, esta noche en el marco opuesto, para hacer notar sibilinamente que tal vez el suyo sea mejor opción que Unai para la meta de la selección. A nosotros uno de los dos porteros nos parece, honestamente, mejor que el otro, si bien ese otro nos parece una persona íntegra en mucha mayor medida que el uno. No sabemos si nos explicamos.
Sport nos deleita con la figura de Pedri, que últimamente está que lo tira portadilmente hablando, habiendo copado la primera plana de la mismísima Esquire.
Nuevamente, hay que admirar cómo se vende esta gente. Conseguir colocar en la portada de esta publicación, con cara de fucker, además, a un hombre con el carisma pansinsalesco de Pedri es hazaña propia de los mayores maestros de la propaganda (el aporte es de Mario de las Heras). Esquire es un medio cuyas portadas han sido protagonizadas por tipos como Faulkner (por quien, sí, sentimos verdadera devoción en este pueblo), y el downgrade intelectual de pasar de un hombre a otro simboliza también, divinamente, la caída de estándares de la prensa mundial. Bien es cierto que Faulkner jamás pasó frío en Valdebebas, lo cual le resta muchos puntos como héroe de la contracultura.
La prensa supuestamente madridista no muestra, como era de esperar, el menor atisbo de favoritismo hacia el Madrid, plasmando en su portada a los cuatro contendientes del torneo de forma aséptica, en plan “Que gane el mejor”. No van a decir “Que gane el Madrid”, claro. Eso solo lo dicen los de La Galerna y otros esbirros salaces de Florentino.
Ahí tenéis a los cuatro, prestos a emprender la carrera en la línea de salida bajo la pretensión marquista y asista (no estamos conjugando el subjuntivo del verbo asistir) de que parten en igualdad de condiciones. Ya veis que dice Jaureguizar que el Athletic Club, por ejemplo, no tiene “nada que perder”. No se conoce a ningún ganador que haya pronunciado esa frase horas antes de batirse el duelo en semifinales contra el club cliente de Negreira, que contará con el habitual respaldo de la institución arbitral. La CTA no corre con los gastos de desplazar hasta el Golfo a no sé cuántos golfos para volver con las manos vacías.
En cuanto al Madrid y el Atleti, qué deciros. Para los blancos, el torneo cobra una importancia que otros años no tiene, por cuando se revela crucial para el futuro de su nuevo proyecto.
Para el Atleti, para el cholismo, el doble objetivo está claro: ganar al Madrid en la semifinal y perder contra el Barça en la final. Imaginemos que nos derrotan mañana y se ven las caras con los clientes de Negreira el domingo. Ellos saben que, en esa tesitura, el madridismo deseará su victoria, y ellos no pueden desear lo que desea el madridismo. Va contra su código genético. Así pues, desearán su propia derrota.
Y esto es lo que tenemos que decir por hoy.
Pasad un buen día.
Buenos días. Hoy facturaremos un portanálisis breve en beneficio de los Reyes Magos, que después de pasar por casa de Javier Tebas y Fran Soto (y dejarles un quintal de carbón) han decidido venir a desayunar a casa de este humilde portanalista, antes de tomar de nuevo rumbo a Oriente, para cotillear sobre la muy hortera decoración de los respectivos domicilios de ambos mandatarios.
No lo decimos nosotros, lo dicen ellos, los Reyes, a quienes ahora mismo tenemos sentados en la cocina recuperando fuerzas tras una larga noche, bebiendo chocolate caliente y empapuzándose a roscón de sí mismos. Una cosa curiosa del rey Gaspar es que, cuando muy educadamente se presenta, aclara afanosamente que su nombre no acaba en la letra te. Tienen la broma ya muy interiorizada los tres y se ríen una barbaridad. No hace falta aclarar que son tres madridistas de manual.
Mientras ingieren el roscón de sí mismos, comentamos con ellos las portadas del día. Lo que más les ha llamado la atención, especialmente a Melchor, es la primera plana de Marca y la entrevista del rotativo con Capello.
—Qué enormes recuerdos tengo del bueno de Fabio, y qué razón tiene cuando dice que “con Negreira intentaron pararnos pero no lo lograron, ganamos contra todos”— exclama el más anciano de los monarcas.
—Hombre—, interviene Baltasar,— sobre todo en su segunda liga. ¿Recordáis el gol con la mano de Messi al Espanyol? Menos mal que luego marcó Tamudo. Nos habríamos quedado sin la liga de las remontadas, la del Clavo Ardiendo.
—Rodríguez Santiago fue el árbitro que concedió vergonzosamente ese tanto del argentino— rememora Gaspar sin te, taza de chocolate en mano.—Y ya sabéis cuál fue el castigo por su groserísimo error.
—La final de Copa— apostilla Melchor.—Eso es lo que definía y el negreirato. Premio a los colegiados que se equivocan a favor del Barça o en contra del Madrid. Castigo para los que se equivocan a favor del Madrid o en contra del Barça. ¡Incluso a los que aciertan a favor del Madrid o en contra del Barça!
Se les ve cansados tras el ajetreo nocturno, pero joviales y radiantes con la satisfacción del deber cumplido. Sigue hablando Melchor:
—Con todo, lo más interesante de la entrevista capelliana no es lo que destaca Marca, sino la somera lección al cochambroso fútbol español que nos trae el técnico italiano. Capello saca las vergüenzas a Tebas y resto de compinches, apuntando la vergüenza que supone el que no haya sucedido absolutamente nada después del escándalo Negreira. En Italia, por muchísimo menos, con el Moggigate, se tomaron medidas drásticas. Capello lo sabe bien.
En fin, amigos. Os vamos a dejar ya. Tenemos la visitas de Sus Santas Majestades y no queremos ser descorteses. No podemos estar aquí escribiendo mientras ellos nos honran con su conversación. Nos dicen que se han portado muy bien con todos los madridistas, con la única excepción de los que dicen que Vinícius a Arabia y “con un lacito”.
—Lo del lacito no lo puedo aguantar— nos confía Gaspar sin te.—Carbonazo al canto.
Os dejamos con el resto de portadas.
Si os digo las palabras «miércoles» y «mayo» y os pido que me digáis lo que os sugieren, sin pensar, de manera rápida, me apuesto una cena con Toni Kroos (que estaría encantadísima de pagar si eso sucediera) a que me diríais la palabra «Champions».
Y es que, por regla general, y afortunadamente en los últimos se ha repetido de manera casi consecutiva, en mayo solemos estar jugando las semifinales de nuestra amada competición con la que tenemos una relación idílica, y de la que ya han nacido 15 títulos maravillosos.
Pero hoy no os voy a hablar de la Decimoquinta. Ni de la Decimocuarta. Y mira que da para escritos. Preguntadle si no a Ramón Álvarez de Mon con su emocionante libro «¡Que baje Dios y lo explique!».
Hoy, día de Reyes, voy a remontarme mucho antes, a un equipo mágico que venía de una época mágica e irrepetible. ¿Os subís en la máquina del tiempo conmigo y me acompañáis en este viaje para descubrir una historia preciosa? ¡Despegamos!
Si me preguntan qué es lo que más me gusta del Real Madrid o del madridismo en sí, podría decir muchas cosas: el espíritu ganador, el no rendirse nunca, las noches mágicas que hemos vivido, las remontadas, ... Pero realmente lo más bonito de ser del mejor equipo del mundo y de la historia del fútbol es vivir la universalidad del Madrid.
Conocer a gente de todos los lugares del Planeta Tierra, que tienen historias muy hermosas y anécdotas de cómo viven el madridismo. De cómo se unieron a él.
Y lo que os traigo hoy es precisamente eso. No es la historia de un madridista. Al menos de inicio. Quizá lo fue después. Pero sí de cómo el Real Madrid es un puente.
El 15 de mayo de 1968 se jugó un partido en el Santiago Bernabéu donde se enfrentaron el Real Madrid y el Manchester United. Los que estáis en la veintena quizá no lo recordéis bien, pero los que ya tenemos algunos años más (y que seguimos siendo jóvenes), sabemos y recordamos que el Manchester United era un gran equipo. Lo fue durante muchas décadas, aunque ahora haya perdido su grandeza. Un Real Madrid – Manchester United era uno de los clásicos europeos.
Y, como podéis adivinar por la fecha, no era un partido cualquiera. Se trataba ni más ni menos que del partido de vuelta de semifinales de la Copa de Europa. La Champions, queridos, aún no existía.
La alineación de ese día fue para el Real Madrid:
- Betancort como portero
- González Ruiz
- Pirri
- Sanchís (padre)
- Zunzunegui
- Grosso
- Miguel Pérez
- Zoco (uno de los jugadores preferidos de mi madre)
- Amancio Amaro (por quien bebía los vientos ella)
- Paco Gento
- Y Velázquez, que bien podría ser pintor, pero en lugar de hacerlo en un lienzo lo hacía en un campo de juego con sus pies.
Como entrenador, Miguel Muñoz.
Nada mal, eh. Un lujo de alineación.
En el Manchester United:
- Stepney como portero
- Brennan
- Dunne
- Foulkes
- Sadler
- Stiles
- Aston
- B. Charlton
- Crerand
- Best
- Y Kidd
Como entrenador, Sir Matt Busby.
El partido fue muy emocionante. Empezó marcando gol Pirri en el minuto 31. Gento marcó el segundo en el 41. Pero Zoco tuvo la gran desgracia de meter un gol en propia puerta que despertó a los ingleses, aunque Amancio consiguió aumentar la distancia al marcar el tercero para el Real Madrid en el minuto 45.
Y todo esto tan sólo en la primera parte.
Ya en la segunda, en el minuto 73, Sadler marcó el 3-2 y en el minuto 80 Foulkes metió el tercero para el United, que supuso el empate. El Real Madrid ya no fue capaz de meter más goles y esto acarrearía su eliminación de la competición europea, ya que en el partido de ida en el mítico Old Trafford, los reds ganaron por 1-0. El resultado final situaba la eliminatoria por 4-1 a favor de los ingleses. Consiguieron llegar a la final y se se convirtieron en campeones de la Copa de Europa, goleando al Benfica por 4-1.
Bien, ya os he puesto en contexto.
Pero el protagonista de esta historia no es ninguno de los jugadores de estos partidos. Es Tony, un aficionado del Manchester United. Y se remonta al partido de la ida, el que se jugó en Old Trafford.
Como buen aficionado, Tony solía ir a muchos partidos de los reds. Pero, lamentablemente, esta vez no pudo conseguir una entrada. Decidido a no rendirse, ya que era un encuentro que no quería perderse por nada del mundo, Tony escribió una carta al Real Madrid preguntando si podía comprar dos entradas para el partido de Old Trafford, adjuntando un billete de 1 libra para cubrir el coste. Unos 20€ de hoy.
El precio de la entrada (gracias, querido @albertocosin_ por tu ayuda) era de 10 chelines, que en ese momento equivalían a unos 25€ de los actuales euros. Una cantidad considerable, pero que mucha gente se podía permitir. Por lo que he podido averiguar, estaría entre un 5 y un 10% del salario normal de aquella época. Así que, más o menos, el importe que envió el bueno de Tony, más o menos cubría el precio de las entradas. Debéis perdonadme si la información es algo inexacta, porque no es fácil afinar estos datos, aunque he consultado varias fuentes.
El caso es que el entonces secretario del Real Madrid respondió por carta directamente a Tony.
¿Te imaginas que te contesta el mismo Butragueño o José Ángel Sánchez? Pues el secretario del Madrid le confirmó que habían recibido su solicitud y estaban encantados de proporcionarle dos entradas para que pudiera disfrutar de tan insigne partido. Debería recogerlas en el Hotel Midland de la ciudad inglesa.
Tony fue al partido y pudo ver la victoria del United. Histórica, ya que por primera vez venció al Madrid. Hay un reportaje de eso, pero no he podido encontrarlo. He buscado en Youtube, en Google y en todos los lugares que he podido/sabido pero no me ha sido posible. Tampoco he visto nada relacionado con ello en la web del Real Madrid.
Y la historia queda aquí. Pero me hubiera encantado conocer más a Tony y saber más de él. Cómo se sentía, si alguna vez pudo viajar a Madrid y ver el Santiago Bernabéu, de qué trabajaba y muchas cosas más.
Esta bonita anécdota me llegó por parte de mi amigo Francisco. Otra de las entrañables amistades que he hecho gracias al Real Madrid y las redes sociales. Concretamente en Youtube, en este caso. Nos conocimos en el chat del canal de Voz Madridista de mi Aure querido. Y a partir de ahí, empezamos a charlar. He colaborado con él en algunas tertulias y siempre es un placer. Le llamamos “El Hombre de Munich” porque reside a las afueras de la ciudad alemana desde hace años, aunque él es de Chiclana, Cádiz. Como yo tengo sangre gaditana, podéis entender que la conexión es fuerte.
Francisco conoció la historia de Tony en Facebook, a través de una publicación en un grupo llamado “Football Nostalgia & Lost Grounds / Terraces of The United Kingdom”, algo así como “Nostalgia del fútbol y terrenos perdidos / Terrazas del Reino Unido”.
Quien había publicado la historia, junto con las fotos que podéis ver en este artículo es Mark, su yerno. Tony era el padre de su esposa.
Francisco me reenvió el post y me dijo “Olga, mira esto. ¡Tienes que escribir un artículo contando esto para La Galerna!”. Yo le dije que lo justo era que lo hiciera él y se llevara los honores, pero prefirió dejarlo en mis manos. La verdad es que me apetecía mucho escribir sobre ella, pero sobre todo que la pudierais conocer. Conocer hasta dónde llega el Real Madrid. Pero no ahora, siempre. Y la grandeza que siempre ha tenido este club.
Escribí en Facebook un mensaje a Mark diciendo que había conocido la historia de Tony, que estaba escribiendo un artículo sobre ella y que me gustaría saber más, hacerle algunas preguntas. Pero no ha llegado a leerlo. Si lo hace y accede a hablar conmigo, habrá segundo capítulo. Si no, pues nos quedaremos con las ganas de saber más.
Espero que os haya gustado y la hayáis disfrutado tanto como yo. Y es que la universalidad del Real Madrid no sólo llega a sus aficionados, sino que también alcanza a sus rivales. Por eso es un club respetado en todo el mundo, excepto en su propio país. Pero de eso ya hablamos otro día.
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