Quien esto escribe verá su novena final de Copa de Europa el próximo 1 de junio en la que juegue el Real Madrid. Descuento de la relación la del año de mi nacimiento, de infausto recuerdo (a final, no el hecho de venir yo al mundo), pues en ese momento es más que probable que estuviera en mi cuna, berreando y siendo incapaz de supeditar la naturaleza al decoro, de ahí mi uso de pañales.
Con lo anterior quiero elaborar una teoría que ha afectado a la práctica totalidad de las Champions ganadas por el Real Madrid que mis ojos hayan visto, siendo esta la del héroe improbable, lo que los angloparlantes llaman dark horse, los titanes imprevistos, los unsung heroes.
La Séptima, con ella empezó todo, tuvo a Karembeu como salvador sorpresivo. Dos goles contra el Bayer Leverkusen, uno en la ida y otro en la vuelta, y otro más en el partido de la portería caída del Bernabéu contra el Borussia Dortmund. Este último resulta especialmente memorable por su carrera por la derecha y el disparo con el taco de la bota. Heterodoxo, quizá, pero no por ello menos efectivo.
La Octava, la de los tres centrales, tuvo el nombre propio de Nicolás Anelka. Las condiciones de un francés con cara de moai de la isla de Pascua eran tan indiscutibles como la rareza de su carácter. Hasta la eliminatoria de semifinales que nos enfrentó al Bayer, el hombre que vino del Arsenal había tenido un par de fogonazos en un mundialito de clubes con aroma de Teresa Herrera jugado en Navidad y marcado un único gol en liga, eso sí, contra el Barcelona. Anelka adelantó al Madrid en la ida en un uno contra uno frente al ogro rubio Oliver Kahn, y elevó los espíritus de los madridistas que capeábamos un temporal de color rojo en el partido de vuelta, donde las hordas teutonas de Elber, Zickler, Jeremies, Jancker, Salihamidzic, Scholl y compañía tenían acogotado a nuestro equipo.
Quizá el menos recordado fue el unsung heroe de la Novena. También fue Múnich, dónde si no, el lugar donde Geremi, un lateral camerunés incansable pero con ocasionales desavenencias con la esfericidad del balón, quien batió nuevamente a Kahn con un disparo raso desde fuera del área sin peligro aparente. El bailecito de celebración, trufado de carisma, ocupa un lugar de mi imaginario particular y en el de muchos madridistas.
De la Décima poco hay que decir, salvo cuatro letras. DSRG. Don Sergio Ramos García. El camero, tantas veces Canelita, se transfiguraba en demiurgo a base de cabezazos. Ramos en Múnich. Ramos en Lisboa. Minuto 92:48. La Décima. EL GOL DE RAMOS.
La Undécima no tuvo un protagonista improbable. Si acaso, Lucas Vázquez, el expreso gallego, el Curtis Globetrotter, cuyos malabarismos con el balón antes de tirar su penalti en la tanda de Milán contra el Atlético rezuman madridismo y carácter.
En la Duodécima, la pareja Lucas Vázquez y, sobre todo, Marco Asensio, se convirtió en abrelatas cuando los partidos se ponían medio feos. El mallorquín tenía un romance peculiar con el gol en esa temporada, lo que le llevó a marcar en Múnich y en la final en la que el Real Madrid pasó por encima de la Juventus.
Viajemos a Kiev. La Trecena. Gareth Bale, más cuestionado que nunca por la prensa y comenzando a ser vilipendiado por el sector más ovino de su afición, marcó el mejor gol que se recuerda en una final de Copa de Europa. Karius lo eclipsó y, según algunos iluminados, quitó mérito a la actuación del Flying Welshman, pero el número 13 fue a parar al parche de la manga de la camiseta del Real Madrid.
En la Catorcena, la Copa de Europa mejor jugada por un equipo en la Historia, Rodrygo fue el encargado de hacer los milagros saliendo desde el banquillo y rescatándonos de más de una situación peliaguda. Chelsea y, sobre todo, City, pueden dar fe de ello.
Para llegar a la final que afrontaremos el próximo día 1 de junio, cumpleaños de mi abuelo, ojo ahí, hemos tenido múltiples héroes, pues Lunin y los lanzadores de la tanda de penaltis ante el City merecen loor y gloria, pero ni siquiera una producción cinematográfica de Steven Spielberg, Ron Howard o Robert Zemeckis podría haber previsto la elevación a los altares madridistas de Joselu, el jornalero del gol, el hombre que siempre estuvo allí. El doblete en dos minutos para remontar al Bayern en el Bernabéu del chico que tuvo su verdadera oportunidad en el equipo de su vida a los 33 años da para película lacrimógena y buenrollista dirigida por los referidos fenómenos del celuloide, pero esto todavía no ha acabado.
Lunin. Rüdiger. Lucas Vázquez. Nacho. Brahim. Joselu. Héroes improbables. Titanes sorpresivos. Unsung heroes.
CONTINUARÁ...
Buenos días, amigos. Parece que la (nuevamente) épica clasificación del Real Madrid para una nueva final de la Champions League -son 6 en una década, una absoluta locura- no ha sentado del todo bien a según quién.
-¿Y eso?- os preguntaréis sorprendidos.
Veréis. Hay personas, llamadas antimadridistas según ciertas escuelas de pensamiento, que viven en un umbrío sótano de desesperación. Dentro de dicho habitáculo, lóbrego a más no poder, dan rienda suelta a sus sentimientos más oscuros, regodeándose en la frustración más lacerante.
-Pero... Pero... Pobrecillos. ¿Quién les ha encerrado allí?
Nadie. Nadie les ha encerrado allí. Viven en esa aciaga situación por voluntad propia, aunque sea difícil de entender. Dentro de esta estirpe de incomprensibles amadores del fracaso, destaca una corriente llamada barcelonismo, también llamada negreirismo en honor al gran protagonista de los éxitos que han cosechado en las últimas tres décadas. Son los peores.
-¿Por qué los peores?
Porque tratan de encontrar explicaciones para los triunfos del Madrid que son tan espurias como su propia existencia. No soportan que el Madrid gane, y para aliviar su sindiós tratan de hacer creer a todo el mundo que el Madrid roba como lo hacen ellos, en aplicación estricta del viejo refrán sobre el ladrón y su condición.
Un buen ejemplo de ello es la portada de hoy de Mundo Deportivo, que sobre la noticia de la renovación del central culé Cubarsí pone un imponente frontispicio negro (señal de que la información atañe a la acción de los poderes fácticos más tenebrosos) y nos informa de que la gloriosa clasificación del Madrid para la final de Wembley fue en realidad un "escándalo total".
Qué mal lo llevan, ¿eh? El negreirismo se retuerce de dolor. El supuesto escándalo alude a la jugada en la que el colegiado, a instancias del juez de linea, aplica incorrectamente el protocolo señalando offside cuando debería haber esperado al desenlace de la jugada. "El fuera de juego podría no serlo, a tenor de varios análisis". Atención, eh. PODRÍA NO SERLO, y por tanto ESCÁNDALO TOTAL, o cómo tratar de deslegitimar el triunfe de quien tanto odias a partir de un condicional.
Un condicional que es más condicional todavía si tenemos en cuenta que el árbitro ya había pitado, con lo que ni siquiera podemos hablar de gol anulado. De hecho, si el árbitro no hubiera pitado el balón probablemente no habría llegado a la red, dado que si lo hace es precisamente por la relajación adoptada por Militao y Lunin al saber, precisamente, que el árbitro ya había indicado fuera de juego. Añade que todo esto ocurre en el minuto ¡¡¡103!!! de un partido que no había ninguna razón para prolongar tanto y tendrás el "escándalo total" colgado de la percha del condicional más incierto de la historia de la conjugación de todos los tiempos verbales que han existido.
Estos vanos intentos de enturbiar la grandeza del éxito blanco serían risibles viniendo de donde vinieran, pero si encima sabes que vienen del entorno del club que pagó durante al menos 17 años al vicepresidente de los colegiados para garantizarse arbitrajes favorables, entonces la carcajada adquiere una sonoridad estruendosa y (fastídiese quien proceda) triunfal.
Marca hace un ingenioso juego con la silla de Alaba y la dificultad para encontrar un asiento en la final. La gracia está bien, es socorrida cuando no tienes excesivas ganas de seguir loando la gesta blanca, que es lo que les pasa a los Gallardo Boys. La dificultad logística para llegar a Londres el 1 de junio se aventura como un escollo importante. Recomendamos no volar desde Madrid. Marca va a proponer pronto a sus lectores un acceso vía Turín que satisfacerá a todo el mundo.
Y esta es la prensa de hoy (ved lo de Sport más abajo). Como veis, y con la excepción de As, oscila entre el ridículo intento de deslegitimar el triunfo vikingo y el de pasar de página cuanto antes. Es lo dicho tantas veces: los medios españoles (¿cabe decir España en general?) tratan con desdén a su gran gloria nacional, que es el Real Madrid.
Pasad un buen día.
El Milagro del Bernabéu, el Miedo Escénico que lo llamara en el principio de los tiempos Jorge Valdano; el ’90 Minuti en el Bernabéu son molto longos’ que le espetara el legendario Juanito a aquel Bergomi santo y seña del Inter de Milán de los años ochenta, tiene una explicación que muy poco tiene que ver con el esoterismo, la magia o los fenómenos paranormales.
Milagro, dice la RAE, es un “hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a la intervención sobrenatural de origen divino” o también “suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa”, definición esta segunda que se ajusta mucho más a lo que sucede en el Santiago Bernabéu de forma frecuente aunque lo de adjetivo ‘extraordinario’ no se ajustaría al ciento por ciento a este caso.
Lo cierto es que, en el Bernabéu, milagro o no, suceden cosas inverosímiles, que no pasan en ningún otro estadio del mundo. Pasan en días ordinarios, con goles que culminan remontadas y victorias in extremis, y pasan en días extraordinarios, jornadas en las que está todo el planeta fútbol y lo que no es el planeta fútbol pendiente de lo que sucede entre los muros del Santiago Bernabéu.
Este mismo año, equipos como el Unión Berlín o el deprimido FC Barcelona del gran Xavi Hernández han probado en sus carnes lo que es recibir un gol en el tiempo de descuento. Pasa muchas veces a muchos equipos y en muchas ocasiones.
Lo de la Copa de Europa es aún más ‘sobrenatural’, sigamos utilizando este término por el momento. En los ochenta, cuando se empezó a labrar el mito, probaron la magia del viejo Bernabéu equipos como el Inter, que se abonó a la tragedia en aquellos años; el Borussia Monchedgladbach, el Anderletch, el Colonia o el mismísimo Bayern de Munich.
La explicación esotérica a lo inexplicable está bien. Queda perfecta para una noche de charla al abrigo del fuego, pero lo cierto es que todo lo que pasa en el Coliseo Blanco tiene explicación… y es futbolística
En los últimos dos años, PSG, Manchester City, Chelsea y el propio Bayern de Munich han visto remontadas inenarrables, con el tiempo ya cumplido que han elevado ‘lo que pasa en el Bernabéu’ a un fenómeno universal.
Hoy por hoy, el Bernabéu es el estadio que más miedo da en el mundo. Eso no está en discusión. El feudo del Madrid es en estos momentos una caja de los truenos incontrolable y cada remontada imposible agranda una leyenda que no parece tener fin.
La explicación esotérica a lo inexplicable está bien. Queda perfecta para una noche de charla al abrigo del fuego, pero lo cierto es que todo lo que pasa en el Coliseo Blanco tiene explicación… y es futbolística.
El gol de Joselu ante el Bayern, el de la enésima remontada con el tiempo ya cumplido, no viene porque una divinidad empuje desde lo alto del graderío.
Mientras que el 99,99% de los equipos del mundo, con el empate en el marcador y la prórroga en ciernes, estarían mareando la perdiz y circulando el balón en zonas de seguridad para aguantar el resultado y disponer de 30 minutos más, el Madrid de los milagros eternos, metía en el área rival a sus dos centrales para buscar el gol de la victoria por la vía del KO técnico.
El gol de Joselu viene precedido de un control del central Nacho en el área rival y de un pase de la muerte del central Rudiger. Minuto 92. Esa es la fuente de los milagros.
El Madrid no especula; el Madrid toca la corneta de la carga de caballería sin mirar atrás y a los rivales les entra el canguelo porque sienten el aliento de un equipo indomable y el clamor de una grada que huele como ninguna otra afición del mundo el miedo del rival y empuja a que sus jugadores, sus centrales en este caso, no busquen la prórroga sino el fuera de combate. Y suele suceder porque si mueres en el área rival y no dando pasecitos en el centro del campo al ‘estilo Cholo’, los milagros pierden el calificativo de ‘extraordinarios’
En una frase: Si el Madrid le marcó, por ejemplo, en el 93 al Atleti en Lisboa no fue por intervención divina sino porque en el 93 estaba sacando un córner. Por poner un ejemplo especialmente significativo. Así se escribe la grandeza de un club que, como dice mi amigo Dani Montero “no hay equipo en el mundo, da igual el deporte, que ni siquiera nos iguale”. Palabra de hincha.
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No se ni cómo empezar. Bueno, sí, sí que lo se. Dando la enhorabuena a todos los madridistas del mundo por ser del Real Madrid. Pepa Flores, Marisol, nunca se imaginó que su canción iba a ser un mantra del madridismo sacado a colación por nuestro entrenador. Háblame del mar, marinero, dime si es verdad lo que dicen de él…. Más o menos, traído a lo que nos importa, quiere decir Háblame del Madrid, marinero, dime si es verdad lo que dicen de él en la Copa de Europa. Siempre que acabo mis artículos les recuerdo que ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida, pues bien, anoche se volvió a ratificar el aserto.
Ser del Real Madrid es tener el privilegio de vivir noches como la de ayer, noches en las que la comunión equipo-estadio-Copa de Europa se hacen más evidentes de lo que los números dicen, que es mucho. Estaba en casa con un buen amigo y tres adolescentes (tengo mérito, sí….), el volumen del televisor estaba alto pero la señal de ambiente no era muy fuerte. Aún así, nos estremecimos todos cuando escuchamos el estrépito de Chamartín en el último tramo del partido. Con el techo del estadio cerrado, el público se siente mucho más y se notaba, vaya que si se notaba.
Lo que le ocurre al Real Madrid en la Copa de Europa dicen que es incomprensible. Lo dicen los que no entienden que el madridista cambia tres ligas por una Copa de Europa. Lo dicen los que no saben lo que un madridista siente cuando rueda el balón en esta competición, ya sea el primer partido de fase de grupos o la final, es igual, es la Copa de Europa, es el Real Madrid y es el madridismo.
Los antimadridistas (y algunos que dicen ser madridistas) critican a la afición del Real Madrid porque dicen que el Bernabéu es como la ópera, que no anima, que silba a los suyos y que se va al estadio a comer pipas. No entienden nada. Si el Real Madrid tiene 14 Copas de Europa en su vitrina, aparte de por tener los mejores jugadores del mundo, aparte de por jugar muy bien al fútbol, es precisamente porque el público de Chamartín somete a la plantilla del momento a un nivel de exigencia y a una presión que solo los elegidos pueden soportar. Pero eso sí, cuando de verdad hace falta, cuando el equipo de verdad necesita el empuje de su hinchada, el público empieza a llenar los aledaños de Chamartín horas antes del choque para recibir al equipo (busiana de mi vida) y el Bernabéu se pliega al equipo y ruge como nadie en el mundo es capaz de rugir, llevándole en volandas hacia la victoria final. Y cuando eso ocurre, el Madrid es capaz de marcar un gol como el segundo de ayer. Nacho ¡de interior izquierda! da un pase en profundidad a ¡Rüdiger! que hace de Gento y de primeras manda el balón perfecto al área pequeña, donde ni el portero ni los defensas pueden llegar, para que otra vez Joselu la empuje a al red. Eso es el Real Madrid y eso es el Bernabéu en la Copa de Europa. ¿Incomprensible? Bueno, a los escépticos les invito gustosamente a ver un partido europeo en Chamartín. ¿Afición Exigente? Muy exigente, pero tremenda cuando la ocasión lo merece.
El partido fue como todos esperábamos, el Madrid volcado sobre el marco de Neuer, ocasiones de gol pero entre el portero, la defensa y el palo, no había manera de perforar el marco. En el segundo tiempo, más de lo mismo hasta que Davies hizo lo nadie esperaba: zapatazo con la derecha (su pierna mala) y por la escuadra… Hala, a remar de nuevo. Pues eso hizo el Madrid. El estadio se estremeció, sacó todo lo que tenía y marcó el Madrid, pero Marciniak, ceferino de cabecera, anula el gol por una supuesta falta de Nacho en el área…. Bueno, pues ahí, Carletto hizo de las suyas, sacó, en ancelottiano puro, más eneryía al campo con los cambios y apareció la mayía, apareció el Madrid de la Copa de Europa en estado puro. De tal suerte que Joselu empata y a los tres minutos…. El éxtasis, el gol de la victoria, el gol que nos levantó a todos de los asientos y nos hizo saltar y gritar de felicidad.
Los alemanes se quejan de un gol postrero que no fue gol porque el árbitro pitó fuera de juego (que era) antes de que acabara la jugada. Mal hecho, sí, pero no es excusa. Porque si no, podríamos decir nosotros lo del gol anulado incomprensiblemente y lo de los quince minutos añadidos al segundo tiempo por el capricho del polaco, que quería a toda costa hacer el trabajo que le había encargado su ceferino jefe. No les extrañe que en la final nos pongan a Hernández Hernández en el campo, a De Burgos Bengoetxea y Sanchez Martínez en las líneas, con Clos Gómez en el VAR y Medina Cantalejo en la sala anexa. Al tiempo…
No, hoy no voy a contarles ningún capítulo de la afamada serie “El delito nuestro de cada día del FC Negreilona”, bueno sí, qué le voy a hacer. Parece que el FC Negreilona había concertado una reunión con el CTA (vamos, con su alter ego en Madrid) para ver las imágenes del VAR del partido que perdieron en Chamartín y analizarlas. No se ha celebrado dicha reunión porque se filtró y, claro, el escándalo iba a ser (ya lo es) glorioso. Esto es tremendo, de verdad, incomprensible e incluso delictivo. No paran, se me acaban los calificativos para esta gentuza, los unos y los otros, los unos por plantearlo y los otros, por aceptarlo. De verdad, fumiguen el fútbol español como los aviones fumigan nuestros cielos, por favor.
Ahora sí, ahora les dejo con los datos (algunos importantes) que generó el partido de ayer y, como siempre, no lo olviden, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. Háblame del Madrid, marinero. ¡Hala Madrid!
Lo que hizo Joselu
Marcó el gol nº 1320 en competición internacional, el gol nº 10 en Copa de Europa en 2024, el gol oficial nº 150 contra equipos alemanes y el gol nº 100 de la historia del Real Madrid en semifinal de Copa de Europa.
El Real Madrid en eliminatorias
El Real Madrid ha jugado 11 eliminatorias de semifinal de Copa de Europa contra equipos alemanes, ganando 5 y perdiendo 6.
El Real Madrid ha jugado 28 eliminatorias de competición europea contra equipos alemanes, ganando 20 y perdiendo 8.
El R. Madrid ha jugado 33 eliminatorias de semifinal de Copa de Europa, ganando 18 y perdiendo 15.
El Real Madrid ha jugado 12 eliminatorias de semifinal de Copa de Europa jugando el 1º partido como visitante, ganando 6 y perdiendo 6.
El R. Madrid ha jugado 17 eliminatorias de semifinal de CHAMPIONS LEAGUE, ganando 9 y perdiendo 8.
El R. Madrid ha jugado 8 eliminatorias de semifinal de CHAMPIONS LEAGUE jugando el 1º partido como visitante, ganando 5 y perdiendo 3.
El Real Madrid ha jugado 41 eliminatorias de semifinal competición europea, ganando 25 y perdiendo 16.
El R. Madrid ha jugado 16 eliminatorias de semifinal de competición europea jugando el 1º partido como visitante, ganando 10 y perdiendo 6.
El Real Madrid ha jugado 111 eliminatorias de semifinal en competición oficial, ganando 72 y perdiendo 39.
El Real Madrid ha jugado 46 eliminatorias de semifinal de competición oficial jugando el 1º partido como visitante, ganando 31 y perdiendo 15.
Partidos redondos
MODRIC ha jugado su partido oficial nº 530
CAMAVINGA ha jugado su partido oficial nº 140
MILITAO ha jugado su partido total (amistosos incluidos) nº 160
VINICIUS ha jugado su partido total (amistosos incluidos) nº 280
BELLINGHAM ha jugado su partido de Copa de Europa n º 10
LUNIN ha jugado su partido de Copa de Europa nº 10
JOSELU ha jugado su partido de Copa de Europa nº 10
BRAHIM ha jugado su partido de Copa de Europa nº 10
Clasificaciones en partidos jugados
FEDE VALVERDE ha igualado a RAFAEL GORDILLO en la 55 posición histórica del club con 254 partidos oficiales jugados.
CARVAJAL se ha convertido en el 11º jugador con más partidos en Copa de Europa con 89.
FEDE VALVERDE y RODRYGO han igualado a IGNACIO ZOCO en la 31ª posición histórica del club con 51 partidos jugados de Copa de Europa.
Victorias redondas
BELLINGHAM alcanza las 30 victorias totales (amistosos incluidos)
FEDE VALVERDE llega a las 180 victorias totales (amistosos incluidos)
CARVAJAL alcanza las 60 victorias en Copa de Europa
MILITAO llega a las 20 victorias en Copa de Europa
CAMAVINGA alcanza las 20 victorias en Copa de Europa
KROOS llega a las 80 victorias en competición internacional
Clasificaciones en victorias
FEDE VALVERDE ha igualado a XABI ALONSO en la 50ª posición histórica del club con 171 victorias oficiales
KROOS se ha convertido en el 7º jugador de la historia del Real Madrid con más victorias en Copa de Europa con 68.
NACHO se ha convertido en el 15º jugador de la historia del Real Madrid con más victorias en Copa de Europa con 48.
LUCAS VÁZQUEZ se ha convertido en el 21º jugador de la historia del Real Madrid con más victorias en Copa de Europa con 43.
VINICIUS ha igualado a XABI ALONSO en la 30ª posición histórica del club con 31 victorias en Copa de Europa.
El Real Madrid
Alcanzó las 1700 victorias oficiales jugando como local
Jugó el partido oficial nº 80 contra equipos alemanes
Llegó a las 180 victorias en Copa de Europa jugando como local
Alcanzó las 2740 victorias oficiales.
Buenos días, amigos. Ocurrió. Fue real. Comenzamos con esta declaración por si os estáis frotando los ojos aún y no es del sueño, o mejor dicho sí es del sueño pero no del que se tiene por la mañana, sino del que se alberga en el alma como aspiración a lo más bello. Pero también es verdad que fue más bello que esos sueños aspiracionales, porque lo dijo Joselu, y si lo dijo Joselu nosotros no necesitamos más, o por lo menos no necesitamos más hoy, dado que ayer anhelábamos estar en Wembley y ya lo estamos.
Preguntaron a Joselu, el gran protagonista de la noche con su doblete salvador en el 88 y 91, si lo que había ocurrido era un sueño, y su respuesta es la frase del año, la frase de toda una vida.
"En mis sueños las noches no son tan bonitas como esta". Hay quien es a la vez poeta y protagonista de poemas, y todo ello desde una aparente tosquedad que en condiciones normales le descartaría del lirismo. Pero Joselu es un poema épico que hoy cantan en La Galerna Pablo Rivas y Sebastián Auyament. Si queréis leer no sólo sobre Joselu, sino también sobre todo lo que aconteció en el histórico partido que pone al Madrid de nuevo en la final de la Champions, deleitaos con la crónica inigualable de Andrés Torres.
Como sugería un tuitero, Joselu es tu hermano, y tu hermano se ha convertido en un héroe. Todos hemos compartido habitación con Joselu y nos hemos enfadado con él porque ponía la música demasiado alta. Discutíais por los pósters que pinchábais a la pared. Pues ahí le tienes. Ahora el póster es él.
Qué decir en medio de esta locura, amigos. ¿Cómo pueden las palabras a la vez faltar y sobrar? Como dice Jesús Bengoechea, el Madrid ha logrado que tú no te creas lo de siempre, que se te caiga la barbilla ante lo rutinario, o tal vez ha logrado justo lo contrario, o sea, que lo extraordinario devenga cotidiano. ¿Nombres, aparte del evidente de Joselu? Habría que mencionar a todos, uno por uno, pero en la retina perdurará siempre la exhibición incansable de Vinícius. Anoche no marcó, ni asistió en ningún gol, pero su denuedo virtuoso entró en los anales de las mejores actuaciones de un jugador del Real Madrid desde 1902.
Todos hemos compartido habitación con Joselu y nos hemos enfadado con él porque ponía la música demasiado alta. Discutíais por los pósters que pinchábais a la pared. Pues ahí le tienes. Ahora el póster es él
La prensa deportiva española habla de esta nueva gesta porque no le queda más remedio, pero una vez más, tal vez ahora más que nunca, no está a la altura del equipo ESPAÑOL que tan alto porta la bandera de nuestro país. La maquina de desprestigiar el triunfo blanco ya está en marcha, y la llamada Central Lechera (jajajaja) contribuye en lo posible.
Sí, Marca, claro que Joselu es el Joselu de nuestras vidas, pero vuestro comentario sobre la jugada que acontece al final del partido no se ajusta a la realidad. MIENTE Marca.
Sí, Marca miente, amigos. No hay ningún gol anulado al Bayern por fuera de juego en el minuto 103, ni en ningún otro minuto, si nos ponemos. Existe el señalamiento de un fuera de juego (erróneo o no, precipitado o no) que desemboca en un balón en la red gracias a la relajación de la defensa del Madrid al saber que el colegiado polaco YA HABIA SEÑALADO FUERA DE JUEGO.
No hay por tanto ningún gol anulado por fuera de juego. MENTÍS, MARCA. No sabemos decíroslo de forma más clara.
As lo explica mucho mejor. "El árbitro pitó antes de un posible 2-2 por un fuera de juego discutible". Eso está mucho mejor, pero si uno lee bien se da cuenta de que lo contado en esa frase no es material esencial de la crónica del partido. En otras palabras, si lo explicas tan bien que de tu explicación se deriva que la cosa no tiene gran importancia, ¿qué demonios hace en la portada? (A todo esto, la jugada tiene lugar en el minuto 103, sin que existiera razón alguna para prolongarlo tantísimo).
No hay ninguna polémica, por mucho que se quiera vender como que la hay, cosa que con más descaro aún, como cabía esperar, hace una rabiosa prensa cataculé.
En fin, amigos. Para compensaros un poco del repugnante lodazal de la prensa patria, os dejamos algunas portadas extranjeras, para que veáis que ahí fuera sí respetan al Madrid, lo admiran y lo tratan como lo que es: un monumento a las mejores cosas del género humano.
Hala Madrid. Estamos en Wembley. Pasad un buen día.
Tigre, tigre, fuego que ardes
en los bosques de la noche.
¿Qué ojo o mano inmortal
pudo idear tu terrible simetría?
William Blake
(Es el minuto 89:53. Vinicius está en el pico del área. Exhausto tras haber intentado, por enésima vez en la noche, un regate salvador y definitivo, opta por enviar un centro templado al corazón del área.)
La vuelta de las semifinales responde a las expectativas previas: una jungla cuya espesura está constituida por una maleza de cuerpos subiendo y bajando, contactos frecuentes destinados a minar fluidez y confianza. Los papeles se reparten según lo esperado. El Madrid domina con autoridad a su rival, aunque no consigue abrir la lata. El Bayern se asienta desde el comienzo: prietas las filas atrás, y en ataque a tratar de aprovechar los espacios que dejen los merengues, dispuesto a exprimir su inmenso talento ofensivo como nunca antes.
(El balón va al punto de penalti y Bellingham y Camavinga hacen un esfuerzo por alcanzarlo. Es el francés el que peina suavemente la pelota, casi sin fuerza, en una prolongación que más parece una súplica antes que un remate, hacia territorio controlado por los centrales del Bayern.)
Al equipo blanco no le entran los disparos, con lo que la producción ofensiva de sus delanteros no puede imitar los atajos del primer encuentro, en el que se llegó al gol antes que al juego. Rodrygo se va desquiciando poco a poco, pues a la impotencia en ataque se le suma el recuerdo de todas aquellas otras noches en las que la primera pelota tampoco entró, como si su ánimo -y, por ende, su rendimiento- estuviera condenado a depender del acierto de su primera acción. En la otra banda, Vinicius ofrece alternativas mucho más claras, pero unas veces el poste y otras unos escasos milímetros impiden que se consume la felicidad. El Bayern, por su parte, tiene las ideas perfectamente asimiladas. No hay cuartel. Los defensas se abalanzan ante cada disparo, y el armazón bávaro, perfectamente engrasado, intenta enfriar el ritmo cuando consigue la posesión. Neuer conserva su flemática estampa con la que continúa percutiendo sobre la salud mental de sus rivales, sumiéndolos en un monólogo interior repleto de dudas existenciales cuando lo ven hacerse grande bajo los palos.
(El despeje de Kim Min-jae es defectuoso, al punto de penalti, y por allí aparece la taciturna figura de Nacho, quien estira su pierna izquierda para controlar el esférico. Al verse presionado por la defensa, el alcalaíno se da la vuelta para proteger el cuero, quedando de espaldas a la portería; acaso confundido por su espíritu de zaguero, que seguramente le insta a alejar los balones todo lo posible de la línea de gol.)
El Madrid tiene más arreones tras el descanso, e incluso llega a obligar a unas cuantas intervenciones de mérito de Neuer, gracias a otra serie de disparos de los brasileños. A esas alturas Vinicius Júnior, regate a regate, genialidad tras genialidad, ha ido construyendo un partido glorioso en el que se centran todos los focos. Por desgracia, supone un espejismo: a la ofensiva merengue se responde con un par de contras, hasta que finalmente llega el hachazo cruel. Alphonso Davies aprovecha el hueco que deja la subida de un homérico Carvajal para encarar a Rüdiger, que le da la salida por dentro esperando una ayuda que nunca llega. Gol. La selva se cierne en torno a los madridistas, quienes para entonces ya han comenzado a desordenarse en busca del pandemónium. Ancelotti intenta cambiar el rumbo del encuentro con la entrada de Modric y Camavinga por Kroos y Tchouaméni.
(En un alarde de inspiración, Nacho se gira y da un pase soberbio para Rüdiger, que deambula por el lateral del área grande buscando cómo compensar el gol con el que Davies le ha marcado la piel. Mientras ve venir el balón raso, se perfila para propulsarlo hacia el área pequeña, el lugar donde suceden las cosas importantes.)
A falta de menos de cinco minutos el Madrid pierde y está eliminado, e inicia una serie de cargas a la desesperada, con Brahim y Joselu como últimos intentos de agitar la coctelera. El VAR ha anulado justamente un gol de rebote por falta previa de Nacho, gracias a las quejas de Kimmich al recibir un impacto en la cara cuya auténtica fuerza solo conoce él. Los jugadores del Bayern se tiran al suelo, fingen lesiones, arañan muchos segundos al reloj. No parece suficiente tiempo para un nuevo milagro, pues restan 3 minutos y el electrónico aún muestra un inclemente 0-1. En ese instante, el único fallo del guardameta alemán en toda la eliminatoria deja un balón muerto a Joselu, el jornalero del gol, un depredador en su hábitat natural. La mirada del tigre arde en sus ojos, y el canterano no perdona. Por mí y por todos mis compañeros, pero por mí primero. Un empate con el que soñar. Una vida extra. Cuándo ha necesitado el Real Madrid algo más.
(Rüdiger juega la pelota de primeras, sin apenas pensarlo, fuerte y duro. Se diría que el pase es una metáfora de él mismo: un regalo tan valioso como contundente, que hay que saber aprovechar. Y a la frontal del área pequeña se asoma el tigre, que ha evitado inteligentemente el fuera de juego a pesar de que el VAR quiera aportar algo de suspense. La puerta de la gloria está abierta, vacía, expedita. Joselu coloca la pierna y el cuerpo en una posición casi histriónica: la espalda encorvada y saltando a la vez que impulsa el balón. No es especialmente bonito. Únicamente es el gol más importante de su vida.)
El partido adquiere el tono épico y trágico de tantas noches europeas en el Bernabéu. Los alemanes, hasta el 2-1 fabulosos intérpretes de múltiples dolencias, de repente claman por un añadido generoso. El árbitro pierde la cabeza y no solo les concede nueve minutos, sino que alarga de forma incomprensible hasta el 115. Las postrimerías se ensucian de manera absurda por un dudoso fuera de juego posicional, por el que Marciniak anula un último centro a la desesperada en lugar de dejarlo seguir. Con los jugadores del Madrid parados por el pitido del colegiado, y tras varios cabezazos y despejes, De Ligt acaba la acción metiendo el balón en la portería de un Lunin que desiste de actuar, puesto que todo ha sido invalidado. Tuchel, cuya expresión de amargura confirma el cliché de las caras como espejo del alma, encuentra un -ficticio- clavo ardiendo. Una anécdota menor en medio del éxtasis del Bernabéu.
Algunas conclusiones debe sacar el equipo de Ancelotti de este segundo acto de la semifinal. La telaraña germana fue efectiva durante demasiados tramos del desarrollo del juego, y los blancos estuvieron a rebufo más de lo que sus méritos exigían. Si quiere conquistar la Champions en Londres, el Real Madrid deberá llevar el encuentro a sus intereses y bien hará en disputarlo, si no en campo abierto, al menos no en la oscura jungla a la que, por momentos, se vio abocado anoche. Aunque con la tranquilizadora certeza, eso sí, de que, aún en los peores escenarios, casi siempre tendrá un comodín salvador.
(Joselu Mato, fuego que ardes en los bosques de la noche. Qué ojo o mano inmortal pudo idear tu terrible simetría.)
El título de este texto pertenece a una canción de Soda Stéreo, una banda que significa mucho para nosotros los latinoamericanos y quizá poco para los españoles. Es apenas una excusa a propósito de lo que sucedió ayer. Porque en ese concepto pensé cuando vi a Joselu celebrar su segundo gol y sentir que estaba viviendo un deja vú. Pensé en una foto que encontré minutos después, suelta por mi feed de twitter.
Vista con los ojos de ayer miércoles, la foto parecía irreal, creada quizás tras un par de órdenes a la Chat GPT: Joselu grita un gol enfundado en la camiseta de la Liga de los Récords de Mourinho, mientras Mesut Özil corre detrás de él para felicitarlo. Luego, veo un video: año 2011, centro de Cristiano y gol de Joselu. Sí, hombre, he escuchado esta historia desde que empezó el año, pero ¿y lo de ayer? Es que todo parece hasta poco verosímil.
La historia de Joselu es decididamente folk. Es el viaje del héroe, el delantero que salió de su casa blanca sin que casi nadie lo notara. El ‘Newcastle flop’ como todavía algunos escriben, el joven que hace apenas 9 años recorría los campos gélidos y desolados de Stoke buscando su camino, de Frankfurt a Cornellá. Un journeyman de la Fábrica -uno más- que fue a ganarse la vida a otros campos menos glamorosos, con chance casi nula de volver a su casa.
Vamos por el cuarto párrafo y quizás se pregunte usted qué quiero decir con lo de ‘zona de promesas’. Permítaseme exponer mi tesis: sé que el Bernabéu es sobrenatural, pero lo esotérico en realidad no es lo mío. Los dos goles de Joselu son el resultado directo del esfuerzo de alguien que se ha preparado toda su vida para este momento, incluso si parecía que nunca llegaría y mientras tanto se ocupaba de otras cosas, porque la vida también es todo lo que hacemos mientras nos preparamos para cumplir los sueños, por si justo se nos ponen a tiro. No se puede explicar de otra forma y a la vez es muy explicable. Lo de Joselu no es magia.
‘Lo mejor de la vida es que es posibilidad; pero no hay posibilidad sin voluntad’, me dijo alguna vez un amigo muy sabio. Joselu descendió el año pasado con el Espanyol y firmó por el Madrid mientras el Madrid esperaba a un chico de Francia. Su rendimiento este año ha sido de ganga de Football Manager: ha marcado 15 goles y participado en 42 partidos tras llegar al Madrid sin que la enorme mayoría recordase aún aquella foto y ese video de hace más de diez años. Después de muchos abriles con delanteros anodinos, tristones y hastiados, Joselu apareció este año casi como un error en la matriz, como una suerte de deja vu de algo que no tenemos muy claro qué es, porque los deja vu son así. Apareció como Sixto Rodríguez, el hombre que había grabado un disco en los años 60 y cerca de los 80, después de décadas trabajando como pintor, se enteró de que el mundo adoraba sus canciones. Los dos goles de Joselu son el resultado directo del esfuerzo de alguien que se ha preparado toda su vida para este momento, incluso si parecía que nunca llegaría y mientras tanto se ocupaba de otras cosas, porque la vida también es todo lo que hacemos mientras nos preparamos para cumplir los sueños, por si justo se nos ponen a tiro. ¿Y si el ‘nueve’ de recambio que hace años necesitábamos era este muchacho, regresado casi de casualidad y que cada vez que entra deja la sensación de que algo grande va a pasar?
Los dos goles de Joselu son el resultado directo del esfuerzo de alguien que se ha preparado toda su vida para este momento, incluso si parecía que nunca llegaría y mientras tanto se ocupaba de otras cosas, porque la vida también es todo lo que hacemos mientras nos preparamos para cumplir los sueños, por si justo se nos ponen a tiro
Esta tarde, en Montevideo, mi cerebro conectó esa foto y ese video de aquel viejo gol de Joselu con este arco del Bernabéu, este Manuel Neuer vencido y este 2024: el Santiago Bernabéu es la zona de promesas. Quienes van, seguramente asisten para estar más cerca de aquellos que cumplen sus sueños en la cancha vistiendo la camiseta más gloriosa de la historia del deporte mundial. Quienes asistimos desde miles de kilómetros, pensando en el día en que podamos celebrar un gol del Madrid en vivo, abrazando a algún amigo querido o a varios, sentimos exactamente lo mismo.
Creo que muchos somos del Madrid ante todo porque, como nada en este mundo, este club nos conecta con la sensación de posibilidad, con la convicción de que los sueños están ahí, esperándonos, sin cansarse nunca de nosotros y sin renunciar a nosotros. Yo sé que es difícil en estos tiempos recordar esos sueños cuando los jefes no nos valoran, los niños crecen y ya no les parecemos tan geniales o la vida se las arregla para que nos caiga un gol de la forma menos pensada (por ejemplo, con un lateral con su pierna mala). Pero yo le quiero decir es que ayer Joselu marcó dos goles en la zona de promesas, en ese el lugar al que seguramente nunca pensó volver enfundado en la camiseta con la que dos años atrás asistió como un hincha más a ver a su equipo ganar la Champions League.
Joselu, el único ‘nueve’ puro de este Madrid, ha cumplido sobradamente con la soltura de alguien a quien la vida le ha asignado un bonus track y con la responsabilidad de estar ante el sueño de su vida. Insisto: a los sueños no se los encuentra uno de casualidad, pero hay que estar preparado siempre para que, ante la chance, uno mismo pueda hacerlos realidad.
Joselu apareció este año casi como un error en la matriz, como una suerte de deja vu de algo que no tenemos muy claro qué es, porque los deja vu son así. Apareció como Sixto Rodríguez, el hombre que había grabado un disco en los años 60 y cerca de los 80, después de décadas trabajando como pintor, se enteró de que el mundo adoraba sus canciones
‘I’m working on a dream’, canta Bruce Springsteen en uno de sus álbumes menos recordados, un precioso álbum que lleva el nombre de esa canción, editado en 2009. Es un disco que a veces escucho para no olvidarme de las cosas que me ayudan a seguir; porque no sé a usted, pero a estas alturas de la vida a mí me pasa que me suelo olvidar fácil de cuáles son mis sueños. Esto también viene a cuento de que ayer pensaba en ‘La Sociedad del Espectáculo’ de Guy Debord y en el concepto de mímesis, que sugiere de algún modo que hay artistas que nos conmueven porque nos hacen sentir que su peripecia es la nuestra. Después de ver a Joselu ayer y de pensar cuántas veces mis ídolos madridistas me hicieron sentir igual, apagué el televisor pensando en cuáles son mis sueños. Y entonces se me cruzaron Bruce, Joselu y Gustavo Cerati, el cantante de Soda Stéreo. El que escribió que tarda en llegar y al final hay recompensa en la zona de promesas. Es que siempre hay una.
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Lunin (6)
Serio, pero sin paradas milagrosas. El gol, imparable.
Carvajal (8)
Despliegue, coraje y pundonor constante durante todo el partido. Liderazgo.
Nacho (7)
Oficio y mucha templanza dentro del área para aguantar y esperar al momento preciso para descargar sobre Rüdiger y que este asistiera a Joselu.
Rüdiger (8)
It´s here, it´s there, it´s fucking everywhere, que le cantaban precisamente en Londres. Asistente en el gol de la Victoria.
Mendy (7)
Pobre. Nadie quiere pasar por su banda. Roca.
Tchouaméni (6)
Bien en defensa, poco en ataque.
Kroos (7)
Los rivales le respetan tanto que genera un campo magnético de repulsión sobre ellos. En su línea de clarividencia.
Valverde (5)
Generoso en el esfuerzo como siempre, pero algo obtuso en el pase esta noche.
Bellingham (6)
De más a menos, casi siempre indetectable. Destellos de calidad. Mucha.
Rodrygo (4)
Debe dar más en noches como esta. Su indiscutible titularidad es precisamente discutible.
Vinicius Jr. (8,5)
Incansable, protagonista, arremete una y otra vez. Pasádsela a Vini.
Modric (7)
Su sabiduría desde el banquillo es un obsceno lujo árabe.
Camavinga (5)
Aportó su energía habitual, pero cometió alguna de sus imprudencias.
Brahim (6)
Aunque tenga poco tiempo siempre se deja ver.
Joselu (10)
El héroe de la noche. No se le puede pedir más. Listo.
Militao (-)
Sin tiempo.
Ancelotti (7)
Acertó con los cambios, aunque llegaran tarde. Le queremos igual.
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Están locos. Pero locos de verdad. No como aquel pelanas de frenopático que en el 76 inauguró la rivalidad con el Bayern München saltando al césped del Bernabéu a repartir tortazos a árbitro, linier y un tal Torpedo Müller, antes de ser placado nada más y nada menos que por Sepp Maier. Qué tiempos aquellos. Hoy, en el presente contemporáneo, nuestros dementes son de otra pasta y juegan al fútbol. Lo han vuelto a hacer. Han situado a nuestros corazones al borde del infarto de miocardio, sí, pero el Real Madrid luchará en la capital del imperio británico por La Decimoquinta.
Antes, debemos recordar una conmovedora busiana y unos aledaños del Bernabéu convertidos en el metro de Tokio en hora punta, un conjuro divino del santoral madridista que inflamó a los hombres de Carlo. Apenas tardaron diecinueve segundos en provocar un saque de esquina e incendiar las gradas del Nuevo Bernabéu, tal y como reza la célebre tesis doctoral 90 Minuti en el Bernabéu son Molto Longo de Juan Gómez, Juanito.
Y eso que fue el Bayern quien sacó de centro.
En cualquier caso, siempre fueron duros de pelar los germanos. No se amilanan por mucho que Vini haga filigranas y jalee al respetable. Kroos también es alemán y, además, madridista. Fue precisamente Toni quien desbarató la respuesta alemana cortando un malintencionado pase de Harry Kane, una suerte de Karim de la Pérfida Albión, hábil entre líneas.
El Madrid subido en la grupa de su pareja carioca acogotaba a un Bayern muy merengón. Resistente. Y presto, súbitamente, a proporcionar un zarpazo inesperado, una cosa muy madridista. Así pudo hacerlo si Gnabry hubiera acertado en un sencillo pase de la muerte sobre Kane. El Real Madrid se enfrentaba a su némesis en el Viejo Continente, Bestia Negra, Bestia Blanca; por momentos luchaba contra un perezoso, orondo y borracho teutón perdido en algún lugar bajo la carpa del Oktoberfest; en otros, por el contrario, parecía el Madrid combatir a un enjambre de nibelungos. Sobrevivía el Bayern a los doce minutos tras latigazo de Vinícius dentro del área a pase interior de Carvajal que se estrellaba en el palo. Recogió el rechace Goes, timorato cual Gato triste y azul, que disparo tan tibio que permitió a Neuer levantarse y evitar que el Madrid abriera el marcador.
A este Bayern ciclotímico daba respuesta un Real Madrid tan frío por momentos como Carvajal templando la situación en el corazón de su propia área o Bellingham danzando cual bailarina en la línea de fondo germana. Sin embargo, una chilena calamitosa de Vini que por un instante pudo desatar una oleada de memes antimadridistas, dio paso a una nueva ocasión de los bávaros, fieles a su estilo de no jugar a naden, sacada precisamente de eso, de la nada. Kane empalmó una volea letal desde la frontal del área a la que respondió Lunin con una mano milagrosa que vino del este. No obstante, el Madrid, impertérrito ante los avisos alemanes, seguía escribiendo el guion del partido. Tenía al Bayern agarrado de la pechera. Ni Kimmich, ni Leyner, ni De Ligt, el central con nombre de refresco sin azucares añadidos, eran capaces de frenar a Vinícius; Jude, indetectable como los ojos de un camarero en un atestado bar cualquiera de Madrid, era un tormento en la constante percusión blanca.
Un nuevo palmeo milagroso de Neuer tras un centro-chut envenenado con amazónico curare de Vini constituyó el canto del cisne de un primer tiempo sin goles en el Nuevo Bernabéu.
Creía merecer más el Madrid y con ese enervado brío regresó el equipo al terreno de juego. Pronto Valverde y Goes en sendas jugadas consecutivas estuvieron a punto de rematar a gol dos asistencias consecutivas de un sempiterno Vinícius, omnipresente, casi imparable. Como solución final para casi todo, Vini liquidaba defensores a medida que inflamaba a la grada. Neuer, cual fornido fontanero del cine porno, achicaba como podía; siempre con mano firme ante cualquier diabólico disparo lejano. Y cuando el arquero teutón no era suficiente, el larguero era quien repelía el enésimo tiro merengue, esta vez tras mortal caracoleo de Vini.
Media hora para el final. Y el Bayern, numantino, tranquilo en el filo de la navaja, resistía.
Pero no solo eso.
De tanto en cuanto, como el primer tiempo, se asomaba por los alrededores de Lunin. Así, a los 67 minutos, Alphonso Davies, el deseado lateral izquierdo que tantas primeras planas de la Central Lechera ha provocado —precisamente Davies— se sacó de la chistera un obús cruzado a la escuadra ante Rüdiger que adelantó al Bayern en la capital del reino para sorpresa de todos. Blame Canada que dirían los muchachos de South Park.
Están locos. Pero locos de verdad. Han situado a nuestros corazones al borde del infarto de miocardio, sí, pero el Real Madrid luchará en la capital del imperio británico por La Decimoquinta
De inmediato reaccionó Carletto a este jarro de agua helada del Isar vertido por los bávaros. Modric entraba por Kroos y Camavinga hacía lo propio por su paisano Tchouaméni. Y de inmediato, a los tres minutos, pareció empatar el Madrid tras un disparo de Fede en un córner ensayado ejecutado por Modric. Sin embargo, el VAR se chivó de un torpe empujón en la cara a un defensa alemán propinado por Nacho. No dudó demasiado ante la pantalla el árbitro polaco cuyo apellido cuesta mucho escribir. Se lo dejo a Cosín.
Al Madrid, ya con Brahim y Joselu por Valverde y Goes, tocaba a rebato en busca de otro milagro de su interminable colección. I just know that we are Real Madrid, Bellingham dixit. Cuando Kane, con el Madrid volcado, en nuevo contraataque muniqués, disparó al lateral de la red con todo a favor ante Lunin supimos que los hados blancos, una vez más, estaban de nuestro lado. El héroe inesperado del espectáculo estaba a punto de hacer suyo el escenario.
Quien prendió la chispa, como una y otra vez durante toda la noche volvió a ser Vini en nuevo eslalon letal para los alemanes en el balcón del área. En esta ocasión, Neuer, formidable hasta entonces, no pudo atajar el disparo del menino brasileiro. Joselu acudía al rechace para empatar el partido a los 87 minutos y enviar el encuentro provisionalmente a la prórroga.
Ahí no acabó la fiesta para estupor alemán. En el noventa, Nacho recogía el balón dentro del área en jugada embarullada tras saque de esquina. Paciente, aguantó y descargó a su derecha para la incorporación de Rüdiger. Convertido en espigado extremo de ébano servía a Joselu para hacer el segundo con terrible suspense VARbitúrico desde la sala de los horrores del fútbol moderno. Joselu se ponía el bombín, el Madrid expedía su billete para Londres.
Pero aún quedaba sufrimiento por padecer tras un descuento digno de Polonia —la de TV3, no la eslava— que se prolongó durante quince minutazos y en los que incluso Müller dejó un balón en la red tres o cuatro suspiros después de que el arbitro hubiera pitado un dudoso fuera de juego. El martirio una vez más dio paso a la gloria merengue.
Here we go again
London Calling
La 15ª.
Hala Madrid.
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Arbitró el polaco Szymon Marciniak. En el VAR estuvo Tomasz Kwiatkowski.
Llevó el partido bien, dejando jugar y guardándose varias tarjetas en el bolsillo. Pero la última jugada y tanta prolongación empañaron su actuación.
En el 6' hubo una acción entre Bellingham y Kimmich que no fue suficiente para pitar penalti. Además, pudo sacar amarilla a Valverde y Carvajal por faltas tácticas para cortar una contra. Decidió el polaco que el listón hoy estaba alto.
En la segunda mitad, al que le perdonó la amarilla fue a Kimmich en el 64' por cortar un balón con la mano cuando Vinícius se iba. Ocho minutos después anuló un tanto a los blancos tras falta revisada en el monitor. Nacho empujó en el rostro a Kimmich y era un error claro y manifiesto para que interviniese el VAR.
En los minutos del descuento sacó un par de tarjetas. La primera a Tuchel por protestar y la segunda a Camavinga por cortar un ataque bávaro.
La última jugada retrató al polaco y su línea. Un balón largo con Mazraoui en una posición muy justa respecto a Rüdiger. Se tendría que haber ido al fuera de juego semiautomático para comprobar si estaba en offside, principalmente su rodilla derecha. En todo caso, el línea no debe subir la bandera sino esperar a que finalice la jugada. También Marciniak pudo retrasar su pitido. El balón acabó en gol y la jugada al estar peritada ya no podía entrar el VAR.
Además, tras sacar el Madrid tendría que haber señalado el final porque estaba cumplido el tiempo avisado por él mismo y, sin embargo, dejó casi otros dos minutos para pitar en el 105'.
Marciniak, REGULAR.
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