Las mejores firmas madridistas del planeta

A finales del año 1970, el Real Madrid tuvo una crisis en su portería con lesiones y problemas físicos en sus guardametas. En una medida desesperada, el club buscó un recambio urgente y fichó al arquero del Valencia José Manuel Pesudo. Entrenó con los blancos, pero finalmente no pasó el reconocimiento médico y su viaje a la capital fue exprés.

Pesudo había nacido el 11 de junio de 1936 en Almazora (Castellón). Sus comienzos bajo el marco fueron en su localidad natal, pero en una portería de balonmano. A los 16 años cambió de deporte y un año después pasó a la cantera del Valencia. Fue ascendiendo hasta el Mestalla, filial che, y también tuvo una cesión al Alicante. En 1958, con Quincoces de técnico, le llegaron sus primeras oportunidades en el primer equipo. Su primera etapa valencianista duró tres temporadas y fichó por el Barça. Con los azulgranas actuó cinco temporadas, conquistando una Copa, una Copa de Ferias y un Trofeo Zamora. En 1966 retornó al Valencia para cubrir la retirada de Ricardo Zamora de Grassa.

Pesudo

El arquero almassorino tenía envergadura (1,80 m), seguridad en sus blocajes, contundencia saliendo de puños, buena colocación, gran sobriedad y dotes de mando para la defensa. La experiencia adquirida en el equipo valencianista y culé animaron al Real Madrid a lanzarse a por su fichaje para cubrir la portería dados los contratiempos físicos de sus cancerberos Betancort, Junquera, Borja y Miguel Ángel.

La situación a principios del mes de diciembre se volvió más complicada en la casa blanca por los problemas de Betancort y Junquera. En ese momento ya estaban de baja Borja por artritis en un hombro y el joven Miguel Ángel, que tenía escayolado un dedo de la mano izquierda por una fractura. El guardameta canario jugó en la jornada 10 contra el Real Zaragoza y sufrió un tirón, mientras que Junquera arrastraba dolores en un hombro.

El médico de la primera plantilla madridista, el doctor Neira, veía a Betancort y Junquera con opciones de recuperarse en pocos días, pero Miguel Muñoz, el entrenador merengue, no los consideraba del todo aptos ni competitivos para jugar. Por ello, el club, por solicitud de Muñoz, buscó rápidamente un guardameta de urgencia para solucionar el problema y tener un arquero de garantías para los siguientes encuentros de Liga.

El diario AS, en su portada del día 11 de diciembre de 1970, anunciaba que en una operación relámpago Pesudo, de 34 años, fichaba por el Real Madrid. El gerente madridista Antonio Calderón, tras hablar con Muñoz, se puso en contacto con el Valencia y su presidente Antonio de Miguel.

Según declaró Calderón, el club che “se ha portado generosamente con nosotros. No ha habido inconvenientes y Pesudo llegará mañana (por hoy) en el exprés”. No se quiso hablar de coste de traspaso y el gerente confirmó que podría “jugar el domingo frente al Elche”.

Desde el lado che, Vicente Peris confirmó que “el Real Madrid se dirigió a nosotros solicitándonos a Pesudo ante la situación en que se encuentra por lesiones de sus porteros. Nuestro presidente, Julio de Miguel, accedió inmediatamente a la petición madridista; se avisó a Pesudo y tomará el tren para presentarse mañana, por la mañana, en Madrid”. El gerente valencianista añadió que “no ha habido condiciones económicas por parte del Valencia y no se han fijado cláusulas prohibitivas. Se trata de ayudar a un club, a un camarada de deporte, y hemos accedido inmediatamente”.

Pesudo había perdido la titularidad en Valencia en favor de Abelardo por decisión del entrenador Alfredo di Stéfano. Por ello, Miguel Muñoz quiso verle en acción en un entrenamiento para comprobar su estado de forma. Nada más llegar a la capital tras el tedioso viaje en tren, se dirigió al estadio Santiago Bernabéu para conocer a sus nuevos compañeros, a los que saludó en el vestuario. Sus primeras palabras en Atocha fueron: “estoy como un flan. No podía creérmelo. Fue una gran alegría para mí venir al Madrid. Para mi señora creo que aún más. Una sorpresa, una gran sorpresa; algo así como un regalo de Reyes anticipado. Podré decir que he jugado en los tres mejores equipos de España”.

Pesudo

Respecto a su estado de forma afirmó que “me he cuidado muy bien. Creo que me quedan dos años en plenitud. Me faltan partidos; pero el entrenamiento no lo descuidé en ningún momento. Estoy listo para debutar”. También le preguntaron por un mito del cuadro blanco como Di Stéfano que era su técnico en Valencia: “No me llevaba mal, pero se olvidó de mí”. El guardameta estaba cansado ante tanto ajetreo y lo mejor era descansar, pero se dirigió raudo al coliseo blanco.

Pesudo

Miguel Muñoz y su ayudante Moleiro le hicieron sudar en el entrenamiento y Pesudo respondió muy bien tanto en el plano técnico como físico. Primero en un ejercicio individual a modo de ‘aperitivo’, más tarde en el típico partidillo de basket que se juega habitualmente los viernes en el campo anexo al estadio y, por último, en una sesión especial ya en el césped del Santiago Bernabéu. Incluso el entrenador merengue declaró que “no ha dejado de entrenar. Sus condiciones físicas son excelentes. Si pasa el reconocimiento médico, jugará el domingo contra el Elche”.

Pesudo

Sin embargo, ese reconocimiento médico no fue tan bien como se esperaba. Lo exploraron el doctor Neira y el doctor López Quiles, que descubrieron “una antigua lesión de hombro, por lo que se ha desistido de su incorporación. No obstante, el Real Madrid desea reiterar su gratitud al Valencia y a su presidente por las facilidades que concedieron para el traspaso de este jugador”, rezaba una nota oficial del club blanco.

Pesudo

Agustín Domínguez confirmó el resultado del examen: “No ha podido superar la prueba por una antigua lesión en el hombro izquierdo, pero el Madrid quiere que ratifique su agradecimiento al Valencia por todo han sido facilidades para nosotros”. Por su parte, Muñoz habló en Pueblo para José María García tras enterarse: “Terrible. Esta profesión es terrible. ¡Cómo habrá quedado el chico! En el entrenamiento no le noté nada. Pero ya se sabe que los viernes se trabaja poco. Además, había viajado por la noche. Le vi bien entrenado, eso sí”.

La prensa, inmediatamente después de conocer el ‘no’ del Madrid, se puso en contacto con el portero que manifestó que “de lesión, nada. Lo juro. Es algún pequeño problema, pero no estoy lesionado. He jugado muchísimos partidos y nunca he tenido esta lesión. Ni cuando jugué en el Barcelona ni después en el Valencia. Por ello me ha sorprendido mucho este aspecto que ha tomado el frustrado fichaje por el Real Madrid. La noticia me ha caído como un rayo. Ha sido un puntillazo mortal de necesidad. Solo puedo decirte que, en estos momentos, la desilusión y la amargura son las notas más predominantes en mi ánimo”. Continuaba con la esperanza de que no se cancelase su fichaje: “Ya veremos si todo se arregla la semana que viene; el lunes o el martes”. Pero Pesudo retornó a Valencia de forma muy rápida, en avión, y en el cuadro che causó mucho estupor todo lo acontecido.

El gerente Peris calificó el hecho de “insólito”. Afirmó no saber nada de una posible lesión de hombro: “¡Cómo vamos a creer eso de un jugador que está actuando, y que después de aquella lesión ha participado en 55 partidos oficiales y en 280 entrenamientos! En efecto, Pesudo sufrió una lesión (contusión) contra el Real Madrid el 9 de febrero de 1969, pero se recuperó, y un mes más tarde, el 9 de marzo del mismo año reapareció jugando en Córdoba. Un jugador con una lesión en un hombro no puede mostrar tal vitalidad, como fácilmente comprenderá. Le cedimos un jugador en perfectas condiciones y se nos va a volver a un jugador destruido moralmente y como dando la impresión de que el Valencia había facilitado un hombre que no estaba en condiciones. Estoy realmente asombrado. Ahora vamos a justificar la postura de nuestro servicio médico, para que quede bien claro que no obramos de mala fe”.

Pesudo

El Valencia publicó una nota oficial que decía, entre otras cosas, lo siguiente: “Reincorporado al Valencia C.F. el jugador José Manuel Pesudo ha sido examinado inmediatamente por los prestigiosos médicos, doctor D. José Ribes Bigne y el doctor D. Vicente Rodríguez Cortés, afectos a su servicio médico quienes por escrito a continuación han rendido informe que copiado literalmente dice que D. José Manuel Pesudo está afecto de una anomalía congénita de clavícula izquierda consistente en una agenesia de la extremidad distal de la misma, anomalía que se traduce en un acortamiento de dicha clavícula y en un ensanchamiento de la articulación, acromio-clavicular correspondiente. Dicha anomalía que presenta desde el nacimiento y que fue correctamente diagnosticada en la fecha que causó alta en este club (año 1955), no se ha traducido jamás en una sintomatología clínica y con ella ha jugado desde principios deportivos, alcanzando incluso la internacionalidad, habiendo actuado con los siguientes equipos: Mestalla, Alicante, Mestalla, Valencia, Barcelona y Valencia. No existe, pues, lesión traumática alguna, ni actual, ni pasada, que le impida la práctica de su profesión en la que ha rendido y puede seguir rindiendo con plena normalidad”.

El Real Madrid, tras el varapalo de Pesudo, activó otras operaciones como la de fichar al guardameta del Mirandés José Antonio Aramayo. También se pensó en romper la cesión de García Remón en el Real Oviedo o firmar al cancerbero Gómez, que se encontraba sin club. Al final no cristalizó ninguna de ellas y Betancort se ofreció a jugar contra los ilicitanos pese a no estar en plenas facultades. El conjunto de Muñoz empató a uno y a partir de la siguiente jornada el portero el resto de la campaña fue Borja, que se recuperó totalmente de sus problemas en el hombro. Mientras que Pesudo volvió a la capital del Turia y su estatus no cambió. Fue suplente de Abelardo y no jugó ningún partido más aquella temporada en la que el Valencia ganó el título de Liga. Al finalizar el curso dejó el cuadro che y se marchó al Real Betis. Tras dos cursos en el equipo verdiblanco compitiendo por el puesto con Manuel Campos firmó por el Gimnástico de Tarragona, que militaba en Segunda división, y allí colgó los guantes en 1974 a los 37 años.

 

Fotografías: archivo de Alberto Cosín

Buenos días. Esta noche, a las 21:00, se disputa en Mestalla otro Valencia-Real Madrid. En los últimos años se han producido varios escándalos de mucha importancia en estos enfrentamientos. Desde la prevaricación del VAR ocultándole imágenes al colegiado hasta el comportamiento racista de parte de la afición que utilizó a Vinícius como válvula de escape para despresurizar sus frustraciones, complejos y, probablemente, el odio que sienten contra ellos mismos por la vida que tienen. Ni siquiera el comportamiento ejemplar del Real Madrid tras la catástrofe de la última riada aplacó, repetimos, a una parte de la afición che.

Sin embargo, todos sabemos que las tropelías cometidas en Mestalla no suponen un escándalo de entidad suficiente como para considerarlo el más grande del fútbol español. Ese «honor» corresponde al caso Barça-Negreira, como bien recordó Arbeloa ayer en rueda de prensa. Y sobre todo incidió en que aún no se ha resuelto después de casi tres años.

La sentencia definitiva de Arbeloa sobre el caso Negreira… 🤯💥 pic.twitter.com/rZ0joZ0WBP

— MARCA (@marca) February 7, 2026

Los medios de comunicación deben informar sobre los grandes escándalos. Si los ocultan, no son medios de información, sino de propaganda. De comunicación, grandes, en España, ¿hay alguno?

Ayer silenciaron la declaración de Gaspart en la instrucción del caso Barça-Negreira. Es entendible, era perentorio hacerse eco de la inauguración de los juegos de invierno. Además, en la historia del Barça hay casos reconocidos de relación entre la nieve y figuras del club, por lo que pueden aducir que informaban de modo tangencial.

Hoy, As y Marca no pueden recoger las palabras de Arbeloa en portada porque España ha ganado la Eurocopa de fútbol sala.

Cualquier lector habitual de la prensa deportiva madrileña sabe que el fútbol sala es un habitual en las primeras planas de ambos diarios. No hablan todos los días de él, no seamos demagogos, pero al menos una vez a la semana le dedican un espacio en la carátula. ¡Incluso hay semanas que se han referido a este deporte dos veces!

Al menos eso pensábamos. No obstante, vamos a consultar con un «experto».

—Hola, experto. Búscame todas las veces que ha aparecido alguna información relacionada con el fútbol sala en la portada de As y Marca en los últimos diez años.

—Siete veces en Marca y seis en As.

—Y de ellas, ¿cuántas veces han sido noticia principal?

—Tres en total contado ambas cabeceras. Más las dos de hoy. En diez años.

No os toméis al pie de la letra los datos del «experto» pues, por lo que sea, en este país los «expertos» suelen errar más que las personas con sentido común. Pero los datos sí sirven para hacerse una idea general.

Del mismo modo que sabemos que los grandes medios son cómplices de la omertà —¿de qué van a subsistir si no?—, estábamos convencidos de que, tras los «factos» de Arbeloa, aparecería la clá de los corruptos para descalificarlo.

La mentira ha aprendido a nadar en aguas culturalmente cada vez menos profundas; los cerebros son cada vez más reacios al esfuerzo y la inmediatez ha terminado por asesinar cualquier resquicio de crítica. Así, estos burdos embustes funcionan. A la gente ya «no le renta» la verdad.

Nótese el esfuerzo por intentar «modernizar» nuestro lenguaje con los vocablos vigentes en la juventud. Para no ser unos carcas, «bro».

Toni Freixa es siempre de los primeros.

Deberías cono-cer que tu club está ejerciendo la acusación particular. Así que tranquilo, seguro que os va bien, como todo lo que hacéis. Podríais hacer un vídeo de la juez y sacarlo en vuestro bodrio de TV como hacéis con los árbitros https://t.co/6vXNepSbzx

— Toni Freixa (@tonifreixa) February 7, 2026

El cinismo de este mamífero es inabarcable, como el universo.

Otra figura freak es la gorra que aparece con un adulto peculiar debajo. Esta gorra es una de las más inteligentes que existen, pues goza de la capacidad del habla. Aunque no del raciocinio, pero reconozcamos que para ser una gorra con un sidecar humano no está mal. Además, se trata de una gorra relevante: un altavoz extraoficial del laportismo, movimiento presidido por quien cuadruplicó el sueldo a Negreira, está acusado de estafa y utilizó fondos del club para saldar deudas personales. Apenas con estos trazos es suficiente para entender por qué este presidente es tan querido por la afición culé. La gorra parlanchina también tiene acceso a los audios del VAR. Nos estamos dispersando, seguimos.

‼️🗣️ @gerardromero responde a Arbeloa sobre el caso Negreira: “No se puede permitir que suelte estas tonterías por la boca”.

“Somos los primeros que queremos saber qué pasó con esa pasta y quién se llenó los bolsillos”

🔗 https://t.co/9evLtRHK6L pic.twitter.com/8utGeRq3E0

— Jijantes FC (@JijantesFC) February 7, 2026

La gorra no tiene una voz especialmente agradable, pero se expresa en castellano más o menos bien para lo habitual. Esgrime que los aficionados del Barça son los primeros que quieren saber quién se llenó los bolsillos con los pagos del FC Barcelona a Negreira. Insulta al entrenador del Real Madrid, le llama «enchufado» y «chuparrifles». Dice que Arbeloa suelta «mierdas y tonterías por la boca».

La gorra con persona debajo termina repitiendo la consigna habitual del sistema: no está demostrado que ningún árbitro recibiera directamente la pasta del Barça. Sabemos que lo hacen para desviar la atención aprovechándose del contexto intelectual actual. Porque, por muy gorra que sea, le basta para saber que las facturas de los pagos existen y que se trata de un delito de mera actividad, y que a los árbitros se les tiene agarrados por las gónadas con sus sueldos de escándalo que pueden perder si descienden o dejan de ser internacionales. Hasta tal punto lo saben, que su propio espacio se dijo:

#GerardRomeroTwitch Santi Ovalle: “¿Una teoría de porque ese comunicado tan flojo del Barça sobre Rubiales? Hay muchas cosas que te unen a la RFEF, entre ellas esta el caso Negreira… Rubiales tiene información…” pic.twitter.com/TmqEi8qxpd

— Fútbolgate.com (@futbolgate_ES) August 28, 2023

Ellos mismos reconocen que hay muchas cosas que unen a su club con la Federación, entre ellas el caso Barça-Negreira: «Rubiales tiene información del caso Negreira y es mejor no ir contra él por si tira de la manta». Blanco y en bandeja, como decían los asistentes a las fiestas de Queen y demás aficionados a la nieve.

Los corruptos y sus cómplices, quienes han robado años de ilusión a millones de aficionados que pensaban que el fútbol era un deporte mínimamente limpio, se ofenden al recordárseles que los delitos cometidos no han conllevado consecuencia deportiva o legal alguna.

Pero la sociedad es así. Un ejemplo a modo de píldora: la hipocresía y la amoralidad de Iturralde González —él mismo ha reconocido sus filias— al recriminar a Ponseti que justifique la tenencia de armas en Estados Unidos.

Aquí el enganchón entero.

Todo venía por un comentario de Iturralde hablando del mensaje de Bad Bunny en la Super Bowl y muertes y detenciones provocadas de agentes de ICE latinoamericanos.

No recuerdo nada igual en la radio en muchos años. https://t.co/xQei1QIEfU pic.twitter.com/CgxyMBBLqT

— Marc Morote (@MarcMorote) February 7, 2026

Estas cosas nos vuelven a retrotraer al tema de la nieve que tanto gustaba ayer a Marca y As.

Drogas no

Antes de despedirnos, enviamos nuestras condolencias y un gran abrazo a familiares y seres queridos de Manolín Bueno, brillante exfutbolista del Real Madrid recién fallecido que tuvo la mala suerte de ser coetáneo de un titán como Paco Gento. Descanse en paz.

Acabamos con la prensa culé. Curiosamente Sport es la única cabecera que menciona mínimamente que Arbeloa dijo algo sobre el caso Barça-Negreira.

Pasad un buen día.

Sin tener forma de comprobarlo ni demostrarlo, estoy casi seguro de que la primera vez que escuché mencionar el nombre del Benfica debió de ser en el coche. La palabra tuvo que llegar a mí en una casete de esas que se oían hasta la saciedad en los inacabables viajes a la playa, haciéndose carne en la garganta de Joaquín Sabina cuando aún tenía voz:

Pronto en cada ventana hubo un marido
a la hora en que montaba el show mi chica,
aunque la tele diera en diferido
el Real Madrid-Benfica.

Eva tomaba el sol en pelotas en su balcón y el club lisboeta era, como el Madrid de aquellos años, un vestigio del mundo en blanco y negro que se resistía a morir en la memoria de esos maridos, hombres ya cuarentones o más que eso. Un duelo que remitía a la gloria gris de las primeras Copas de Europa. Los dos primeros campeones, nada menos. 5 títulos seguidos uno, 2 el otro. Lo que en la NBA llaman, con acierto, dinastías, pues de una temporada a otra los rostros cambian, pero permanece sobre ellas la corona.

Era aquel el mítico equipo de Eusebio y del entrenador húngaro Béla Guttman que, como es bien sabido, fue tanto el artífice del éxito como el padre de la maldición: En cien años, desde hoy, el Benfica sin mí no ganará una copa europea, dijo al ser despedido. Y ahí siguen, anclados en sus 8 finales perdidas desde entonces, seis largas décadas después. Así las cosas, el malditismo de los portugueses y la travesía del desierto de los blancos deparó la circunstancia increíble de que hayan pasado 64 años sin enfrentarse... hasta hace unos días. La canción de Sabina de los 80 pertenece, por tanto, al momento central de ese vacío y refleja bien sus coordenadas: equipos del pasado, pero con nombres capaces de clavar ante el televisor a Don Fulano de Tal, salvo que una Eva al desnudo ofrezca por los balcones algo mejor que llevarse a los ojos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Conviene recordar que ese fue el mundo en el que nos criamos: el Madrid estuvo tres décadas sin oler el metal de la Copa de Europa que es, a fin de cuentas, el que lo ha definido como club. De la senda del Benfica nos salvó la Séptima en Ámsterdam y todo lo que vino después que, como el propio siglo, ya fue otra historia. Tanto es así, que en los últimos tiempos la diferencia de entidad entre uno y otro se ha hecho tan notable que la bola del Benfica como rival en una eliminatoria siempre se hubiese observado como un sorteo favorable. Y si no llegó a tomarse sólo fue porque el azar quiso que en más de medio siglo no sucediese nunca... hasta el bombo interruptus de la Champions de 2022, la 14, la más inolvidable de todas.

Ya saben: la mano inocente de turno nos había emparejado con un rival fácil (los lectores habituales de prensa deportiva también saben esto: al Madrid siempre le tocan rivales fáciles antes de jugar y en horas bajas después de haberlos eliminado), pero el destino se guardaba un as perverso en la manga. La queja del Atlético de Madrid por la irregularidad a la hora de sacar su emparejamiento hizo repetir todo el sorteo, que hasta ahora sólo había deparado el cruce que nos ocupa y que quedó, una vez más, pospuesto (podemos considerar esta acción colchonera como su tercera mejor aportación del siglo en lo que al palmarés del Madrid se refiere). Y menos mal que fue así, porque en su lugar hubo que subir la Escalera de Jacob, el delirio y la gloria, el escenario insólito en que de pronto el Madrid era inferior a todos los rivales que le iban tocando (todos los jeques del nuevo orden mundial del planeta fútbol puestos en fila y en orden de revista) y no le quedó otro más remedio que remontarles a todos.

Este recuerdo tan próximo —y a la vez tan lejano a nuestras sensaciones cotidianas de esta temporada— resulta hoy más pertinente que nunca, porque fue la demostración empírica de una realidad del alma madridista, que es la encarnación del espíritu mismo del fútbol: es en la dificultad cuando uno debe probar que es capaz de rebasarse a sí mismo. Nuestra reciente visita a Lisboa se saldó con un chaparrón donde la épica siempre estuvo en el lado contrario: el gol de portero Trubin en el último minuto del descuento forma parte ya de los momentos más memorables de la competición, sin descargo de la jaimitada defensiva, la falta que no fue y todo lo demás. El Madrid se fue del Estádio da Luz, de tan grato recuerdo hasta esa noche, vapuleado y humillado. Y ahora nos encontramos con que, después de 64 años de vacío, el destino ha querido citarnos por triplicado con un José Mourinho en horas bajas (un Béla Guttman moderno, capaz de invocar maldiciones con sólo abrir la boca), en un incierto paseo por el purgatorio. Aquí vamos a saber si de verdad queda sangre en las venas de la plantilla, si aún sienten la necesidad de imponerse a las limitaciones allá donde se ha naufragado antes, donde ya no se puede esperar nada más que agua.

La primera eliminatoria entre ambos equipos en más de seis décadas llega muy tarde para vengar la derrota en la final de la Copa de Europa de 1962, pero muy pronto para dejar que se apacigüe la lacerante herida de hace unos días. Y aunque se trate de un play-off humillante para las expectativas continentales del club, sólo saldrá bien si en el vestuario logran vivirlo como el partido del siglo, pues a fin de cuentas lo es. Del siglo pasado, claro, porque si algo supimos los de mi generación es que el Madrid-Benfica, cuando llegase, tendría que ser un partido en diferido.

Si sale mal, siempre nos quedará cotillear los balcones ajenos hasta el otoño que viene para ver si —después de haber perdido el paraíso una vez más— aún nos queda algo que mirar. Por ahí debe de haber todavía, siquiera en la imaginación, alguna Eva tomando el sol.

 

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Hay victorias que no hacen ruido hasta que lo hacen todo. No llegan envueltas en marketing, ni en discursos motivacionales, ni en la fanfarria hueca de los tiempos modernos. Llegan tarde, cansadas, con ojeras. Llegan después de muchas noches en las que lo razonable habría sido rendirse. Y cuando llegan, nadie puede discutirlas.

La victoria de Rosa Rodríguez en Pasapalabra pertenece a esa estirpe. No es un golpe de suerte, es una obra de resistencia, una conquista por agotamiento del destino.

Más de trescientos programas. Días, semanas, meses de tensión sostenida. De saber mucho y aun así perder. De acertar casi todo y aun así quedarse a una palabra. De convivir con la injusticia estadística, con la tiranía del detalle, con esa crueldad matemática que convierte el mérito en espera.

Y, sin embargo, seguir.

Vivimos en una época que se confunde el éxito con la viralidad y el talento con la prisa. Todo tiene que ser inmediato, brillante y breve. El relato dominante odia la perseverancia porque no cotiza bien en redes. No se puede resumir en un click.

Por eso cuesta tanto entender gestas como la de Rosa Rodríguez. Porque no encajan en el algoritmo emocional del presente. Porque no hay un momento concreto al que agarrarse: hay un proceso largo, áspero, repetitivo, donde el fracaso no te expulsa… pero te cansa.

Eso, precisamente eso, es lo que la emparenta con el Real Madrid.

Durante décadas, el Real Madrid ha sido descrito —con mala fe o con envidia— como un club “afortunado”. Como si la historia se construyera por azar. Como si las remontadas fueran casualidades y no consecuencia de una cultura.

Pero el madridismo sabe algo que los demás no quieren aceptar: no gana el que juega mejor durante 70 minutos, sino el que no se rompe en 120.

El Real Madrid no es el equipo de la genialidad continua, sino el de la tenacidad estructural, el que acepta el sufrimiento como parte del camino, el que entiende que la gloria no se negocia, se trabaja.

Rosa Rodríguez ha hecho exactamente eso.

No hay nada más falso que la épica de cartón piedra. La verdadera épica es silenciosa, repetitiva y poco fotogénica. Consiste en sentarte otra vez, en respirar hondo, en volver a jugar sabiendo que puedes perder otra vez por una sílaba.

Eso es sacrificio. No el que se proclama, sino el que se ejecuta.

Rosa no ganó Pasapalabra el día del bote. Lo ganó cada tarde en la que volvió al plató con la mochila emocional cargada. Lo ganó cuando aceptó que saber mucho no garantiza nada. Lo ganó cuando decidió no cambiar, no impostar, no desesperarse.

Como el Real Madrid cuando aguanta, cuando no se descompone, cuando no se traiciona para agradar.

La resiliencia no vende camisetas, no llena titulares, no se puede corear en un estadio. Pero es el cemento de las grandes historias.

El Real Madrid ha sobrevivido a derrotas europeas humillantes, a ciclos cerrados, a la burla organizada del relato oficial. Ha vuelto siempre no por revancha, sino por continuidad moral. Porque no sabe vivir de otra manera.

Rosa Rodríguez ha hecho lo mismo en un formato donde cada día puede ser el último. Donde la derrota no es una tragedia, pero sí una erosión constante. Donde la mente se desgasta antes que el conocimiento.

Y, aun así, siguió.

El bote —histórico— es la consecuencia, no el sentido. Como las Copas de Europa del Real Madrid. El trofeo no explica el camino; apenas lo certifica.

La verdadera victoria de Rosa Rodríguez no es la cifra, sino la autoridad moral con la que se marcha. Nadie puede decir que no merecía ganar. Nadie puede hablar de suerte. Nadie puede reducirlo a un momento. Eso, en tiempos de sospecha permanente, es un lujo. Como el Real Madrid cuando gana Europa después de que le expliquen durante meses que no juega a nada.

Hay una última similitud esencial: ni Rosa ni el Real Madrid piden perdón por ganar. No se justifican. No rebajan la gesta para tranquilizar a los resentidos.

Simplemente, ganan.

Y eso molesta. Porque obliga a aceptar que el mérito existe, que la constancia importa y que el éxito verdadero no es instantáneo ni democrático.

Es selectivo, exigente, incómodo. Como debe ser la gloria.

Y mientras celebramos a quienes ganan por resistencia y no por atajo, Jacinto sigue ahí, recordándonos que la vida también se juega a largo plazo y que perder muchas veces no te quita razón si al final entiendes por qué. Si te quieres asomar al crowdfounding y ayudar a que la novela vea la luz: https://vkm.is/jacintoelgilipollas

Ya sabes, ser del Real Madrid (y como Rosa) es lo mejor que se puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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Buenos días. A la prensa deportiva que padecemos, empeñada en barrer debajo de la alfombra todo el detritus del caso Negreira, que en estos días celebra sus testificales, le ha venido de perlas la inauguración de los juegos de invierno, porque así no tienen que hablar de lo otro.

Lo podríamos llamar así: lo otro. Quizá sea ese el eufemismo que ellos utilizan, cuando tienen que decidir los argumentos centrales, alrededor de la mesa del consejo de redacción.

—A ver. ¿Cómo titulamos mañana?

—Están los juegos de invierno. La ceremonia inaugural y eso.

—Perfecto. Para qué pensarlo más.

—Bueno. También está lo otro.

—(…) Nah, olvídate. Nosotros estamos aquí para contribuir a que lo otro se olvide y la rueda siga girando.

—Ya, pero es que ayer declaró ante la jueza Joan Gaspart. Y declaró sobre lo otro.

—Como si declaró Zsa Zsa Gabor o el arzobispo de Mondoñedo. Lo otro no le interesa a nadie. Y además: ¿acaso no sabes que, de toda la vida de Dios, en esta redacción es verdadera devoción lo que sentimos por los juegos de invierno? Anda, anda, déjate de lo otro.

—Pero ¿ponemos algo sobre ello, algo pequeñito? Aunque sea un faldoncillo…

—Que no, hombre, que no. Ni una palabra. Que el lector busque lo otro en la portada, lupa en mano, y al final abandone exasperado, comprendiendo que lo otro no interesa. No nos interesa y no le interesa a él tampoco, aunque crea que sí. Qué sabrá el lector de lo que a él le importa.

—Entonces, ¿a tope con los juegos?

—A tope con los juegos.

Por contra, el consejo de redacción de La Galerna, con el debido respeto por los juegos de invierno, no tiene el menor deseo de enterrar lo otro, o sea, el juicio del escándalo Negreira. El consejo de redacción de La Galerna no le tiene ningún miedo a la verdad, ni tiene la menor intención de ocultar la ciénaga de corrupción en que consiste el fútbol español.

Al consejo de redacción de La Galerna sí que le interesa lo otro, y la máxima novedad en torno a lo otro consiste en la declaración ayer de Joan Gaspart en el juicio del caso Barça-Negreira.

Joan Gaspart era presidente del putrefacto club catalán en las fechas de las que datan las primeras facturas de José María Enríquez Negreira. A pesar de eso, no declaró como imputado sino como testigo. Cosas del vodevil de prescripciones en que consiste el balompié patrio (y la política).

No solo sucede que Joan Gaspart fue el primer presidente de la cadena de ellos que pagaron a Negreira durante un mínimo de 17 años. Tenemos además los testimonios en diferentes medios y momentos de exdirectivos culés como Perrín y Freixa, quienes han admitido públicamente que los pagos de su club al estamento arbitral datan de los 90, allá por el siglo pasado, bajo la presidencia de Josep Lluís Núñez, mandatario que fue condenado por sobornar a inspectores de Hacienda y cuyo vicepresidente no era otro que… Joan Gaspart.

Joan, contigo empezó todo.

Conviene recordar que Gaspart ejerció también durante muchos años el cargo de vicepresidente de la Real Federación Española de Fútbol, institución de la que emana el Comité Técnico de Árbitros. No olvidemos jamás que Gaspart juró públicamente, en diferentes ocasiones, que haría siempre todo cuanto estuviera en su mano para perjudicar al Real Madrid, declaraciones que jamás hicieron a nadie arquear una ceja respecto a la posible inconveniencia de que quien hace semejante juramento tenga un cargo directamente relacionado con la gestión de la cosa arbitral.

Agarras estas evidencias, las metes en la misma coctelera que las facturas de Negreira, lo aderezas con los testimonios de Freixa y Perrín, y el único resultado posible es una condena por corrupción deportiva al FC Barcelona. Los indicios son demasiado abrumadores para que el veredicto sea otro.

No sabemos qué declaró Gaspart ante la jueza. Quizá lo sepamos, como ha sucedido con otros testimonios, a través del canal de YouTube de Ramón Álvarez de Mon. Si ha incurrido en alguna inconsistencia (en otras palabras: si se le ha descubierto alguna mentira, lo que no es difícil en alguien de su calaña), puede pasar de cumplir el papel de mero testigo al de imputado formal. Esto último no es fácil, pero podría pasar. De ser así, el sujeto acabaría sus días malhadados entre rejas, y confesamos que la posibilidad no nos traumatiza por muchos años que cargue encima su negra figura.

Décimos que no sabemos lo que le dijo a la jueza. Por contra, conocemos lo que declaró ante la prensa a la salida. Más que declarar, balbució. Mas que balbucir, farfulló. Regando de perdigones de saliva a los reporteros, sobre quienes exhaló su insoportable halitosis (real y/o metafórica), se permitió encima arremeter contra el Real Madrid y Florentino Pérez. Lo peor de esta gentuza no es que sean criminales, que lo son. Lo peor es que aún tienen los arrestos de criminalizarse y sacar pecho. Son el paradigma mismo del cinismo.

Y esto es lo que, de momento, os podemos contar sobre el personaje. Os dejamos con la prensa cataculé, que sustituye los juegos de invierno por la renovación de Fermín y tira pa’alante. En esto, la verdad, no es peor que la prensa madrileña.

Pasad un buen día.

Finalizó el mercado de invierno como se esperaba desde Concha Espina, haciendo caso omiso de las urgentes necesidades que acumula este equipo en defensa y en el centro del campo. Esta decisión parece obedecer más a un plan de acción previamente establecido y a una ya manida creencia de que con lo que se hizo en verano debería ser suficiente para acometer la temporada completa. Refuerza esta creencia el hecho de haber salido victorioso en la temporada 2023-24, cuando en una situación similar se decidió no fichar y Rüdiger y Nacho, más un voluntarioso Tchouaméni, se bastaron para completar una temporada que acabó siendo histórica, culminando la misma en la final de Wembley en la que se volvió a tocar el cielo.

Carvajal

Sin embargo, una prueba exitosa en un año concreto no debería ser muestra suficiente para hacer de la misma un axioma general en el que basarse uno a la hora de tomar decisiones que pueden repercutir en el devenir de una temporada, y más viniendo de una como la pasada. El Real Madrid tiene un problema en su defensa. Actualmente no cuenta con centrales sanos. Militao volverá en abril, Rüdiger arrastra un problema crónico en su rodilla, el nivel de Alaba parece estar lejos del necesario para rendir en la élite y tampoco parece ser capaz de mantenerse sano con regularidad, Asencio lleva jugando con una pequeña lesión desde hace meses y la fisionomía de Huijsen tampoco parece ser capaz de aguantar varios partidos seguidos sin resentirse.

Entiendo que para el club debe de resultar difícil plantearse el fichaje de un central teniendo cinco en nómina, tres de ellos muy bien pagados. Sin embargo, ante una situación anómala como es la de tener esta plaga de lesiones atrás, era preciso lanzarse al mercado para dar un respiro al equipo y permitir que los centrales que se vayan recuperando vayan entrando en dinámica sin necesidad de forzar su físico al extremo, como se ha venido haciendo casi por obligación en los últimos meses.

Imagino que el club tiene pensado realizar fichajes para la zaga en este verano ante la presumible salida de Alaba y la más que probable de Rüdiger, pero existía la posibilidad de realizar en este mercado algún fichaje que no comprometiera los planificados para el mercado estival. El caso de Mario Gila es el más evidente. Es un central de la casa que lleva 3 años y medio jugando en la Lazio y que el año pasado se consolidó como titular indiscutible jugando a un nivel muy alto. Su fichaje, al tener el equipo blanco el 50% de sus derechos aún, no hubiera resultado en exceso costoso y su salario no hubiera desestabilizado en demasía la escala del club. Tampoco amenazaría el presumible fichaje de un central top en verano, puesto que sería fácilmente asumible que su rol fuera igualmente el de tercer o cuarto central del equipo. En resumen, podría consistir en adelantar un fichaje que perfectamente se pudiera tener planificado para verano (se baraja también la vuelta de Jacobo Ramón, tras su periplo por Italia en el Como, pero Gila está más consolidado).

Entiendo que para el club debe de resultar difícil plantearse el fichaje de un central teniendo cinco en nómina, tres de ellos muy bien pagados. Sin embargo, ante una situación anómala como es la de tener esta plaga de lesiones atrás, era preciso lanzarse al mercado

Este fichaje permitiría no tener que reubicar continuamente a centrocampistas en la defensa, lo que a su vez repercute en la solidez de un equipo que ni encuentra una pareja de centrales que se termine de asentar como titular, ni un centro del campo que podamos reciar de carrerilla. Es complicado que el Madrid adquiera solidez y automatismos si el estado físico de los jugadores no permite siquiera que los mismos se hallen siempre en el campo ocupando los mismos roles.

Algo similar ocurre con el lateral derecho. El estado de Carvajal tras su lesión parece un misterio y Trent no termina de volver. El Madrid tenía a tiro otra oportunidad de mercado en su propia casa con la vuelta de un Alex Jiménez que ha brillado tanto en Milan como en el Bournemouth, y que perfectamente pudiera haber sido otro fichaje adelantado de verano con el que complementar a Trent si es que Dani acaba saliendo (o incluso si no lo hace, pero va adquiriendo cada vez menos protagonismo en el campo). Además, su polivalencia le permite jugar en ambos lados, lo que le da más valor si cabe teniendo en cuenta la incertidumbre alrededor de Mendy (por su físico) y Fran García (que parecía estar dispuesto a salir en este mismo mercado invernal).

Mario Gila: un central de Primera División

El club vikingo no ha creído conveniente realizar esas dos operaciones en invierno a pesar de que no comprometían apenas la economía del club y la relación entre el costo y la mejora defensiva no podía ser más favorable. Es el tercer año en el que se realiza este all-in en la defensa. El resultado del primero fue fabuloso, pero lo normal, teniendo en cuenta el bagaje de este equipo es que estemos más cerca de repetir lo sucedido el año pasado, cuando el equipo se vino abajo defensivamente y Rüdiger tuvo que sacrificar su físico continuamente como parece estar haciendo Asencio actualmente por las necesidades del equipo.

En esta situación, no resta sino agarrarnos a que de nuevo el “efecto Pintus” traiga consigo una mejora física que permita a nuestra defensa asentarse con constancia o confiar verdaderamente en una cantera a la que nuestro entrenador conoce mejor que nadie. Si un central como Asencio, que era la tercera opción tras Joan Martínez y Jacobo Ramón, terminó consolidándose en este equipo, ¿por qué no van a poder hacer lo mismo jugadores como el propio Joan, Aguado, Fortea, Cestero, Pitarch o Manuel Ángel, entre otros? La calidad la tienen. El resto, es cuestión de ir adquiriéndolo poco a poco como hizo Raúl Asencio.

 

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Nota: LaLiga ha decidido remunerar con cincuenta euros a aquel que denuncie a alguien que piratee el fútbol. 

 

Es muy curioso cómo las noticias nos siguen sorprendiendo a pesar de seguir siendo las mismas durante siglos. En la Roma de Tiberio, cuando el imperio comenzaba a mostrar las grietas de su propia obesidad administrativa, surgió un grupo de ciudadanos conocidos como los delatores. Estos no eran guardias ni magistrados, sino vecinos comunes que, incentivados por una parte de los bienes del acusado, denunciaban a sus iguales por traición.

Por traición… Irónico, ¿verdad? La sociedad por tanto no colapsó por los bárbaros, sino mucho antes, cuando la confianza se pudrió desde dentro y el hombre de al lado dejó de ser compatriota para convertirse en oportunidad.

Ahora es Javier Tebas el que ha decidido resucitar esta arqueología de la infamia en los bares de España. El mecanismo siempre ha sido el mismo, desde Tiberio hasta la Stasi: romper la cohesión social horizontal —la confianza entre vecinos— para proteger al poder vertical. Démonos cuenta de que, al ofrecer 50 euros a quien denuncie la emisión de un partido pirata, el presidente de LaLiga no está lanzando una campaña contra la ilegalidad audiovisual, sino que está firmando el acta de defunción moral de su propia competición. Porque, cuando una industria necesita convertir a sus clientes en policías para proteger su producto, el problema no es el robo, es la irrelevancia.

Así que rasquemos la superficie de esta medida desesperada. Porque el chivatazo remunerado es la cortina de humo perfecta, un truco de ilusionismo diseñado para que miremos al señor que decodifica la señal y no a la luna que se está eclipsando sobre la pantalla. La narrativa oficial nos dice que el fútbol patrio muere porque la gente lo ve gratis. La realidad, mucho más técnica y dolorosa, es que LaLiga ha sido sometida a una lobotomía financiera en los últimos años.

Y es que el gran pecado original se llama CVC, un acuerdo vendido como la salvación y que, en realidad, operó como una hipoteca inversa sobre producto futuro. Al ceder un porcentaje significativo de los derechos audiovisuales durante cincuenta años a cambio de liquidez inmediata, los clubes españoles no recibieron una inversión; recibieron un adelanto de su propia herencia a un interés… usurero.

Imaginen a un agricultor que para comprarse un tractor tenga que entregar el 10% de su cosecha al banco hasta el 2076. Ese tractor se oxidará, se estropeará o quedará obsoleto en quince años, pero la deuda seguirá ahí medio siglo. Mucho se podría decir de este acuerdo en términos económicos y legales, pero hay más que me gustaría exponer antes de acaparar más texto.

Y es que a este empobrecimiento estructural se le suma la rigidez cadavérica del Fair Play Financiero; y si el CVC era el pecado capital, esta es la gran mentira de Tebas.

la oferta de los 50 euros es, en última estancia, la confesión de un fracaso. Es admitir que el producto ya no genera lealtad, sino picaresca

Mientras en la Premier los equipos mantienen la soberanía total de sus ingresos, lo que les permite reinvertir cada libra que generan, los equipos españoles inician cada temporada con una mochila llena de piedras que lastra su capacidad para competir en el mercado de fichajes. Y para entender esto, y por qué la Premier navega en yates mientras LaLiga achica agua en botes salvavidas, hay que mirar la sala de máquinas, no la antena parabólica. Porque ellos entienden el fútbol como una industria de riesgo capitalista donde se permite inyectar dinero para hacer crecer el valor de la empresa —y por ende, del espectáculo—, y Tebas ha optado por un control económico preventivo que roza la asfixia soviética. Al impedir que los clubes gasten un euro que no hayan generado previamente por sí mismos, se ha creado un círculo vicioso de mediocridad: como no podemos invertir, no traemos buenos jugadores; como no tenemos buenos jugadores, el espectáculo es pobre; como el espectáculo es pobre, generamos menos; y como generamos menos, el límite salarial del fantástico Fair Play Financiero baja aún más en el siguiente ejercicio.

No anda Tebas tan lejos de Florentino

Es la pescadilla que se muerde la cola. Tebas se jacta de tener la liga más saneada del mundo, lo cual es cierto, del mismo modo que el cementerio es el lugar más tranquilo de la ciudad. Ha confundido la solvencia contable con la vitalidad industrial. De nada sirve tener las cuentas inmaculadas si tu producto es tan malo que tienes que sobornar a la gente para que vigile a otros.

Y en la cúspide de este sistema de austeridad para la plebe, el sueldo presidencial sigue subiendo ajeno a la gravedad. Resulta antropológicamente fascinante cómo las estructuras de poder, cuando entran en fase de decadencia, tienden a blindar a sus líderes mientras exigen sacrificios en la base.

La sociedad romana no colapsó por los bárbaros, sino mucho antes, cuando la confianza se pudrió desde dentro, y el hombre de al lado dejó de ser compatriota para convertirse en oportunidad

Esto recuerda, por no perder la costumbre, al síndrome de Versalles: subir el precio del pan —suscripción— mientras se ignora que no hay harina. Así que en definitiva, la oferta de los 50 euros es, en última estancia, la confesión de un fracaso. Es admitir que el producto ya no genera lealtad, sino picaresca. Un bar lleno de gente viendo el fútbol debería ser un templo de comunión, el último reducto de la comunidad física en un mundo digital. Convertirlo en escenario de sospecha, donde el cliente mira de reojo al dueño calculando si la denuncia pagaría la cena, es destruir el tejido social que sostiene al mismo deporte.

Lo que necesita LaLiga es liberar las cadenas financieras que impiden a los clubes obrar con libertad, recuperar la propiedad de su futuro y, sobre todo, recordar que la dignidad de un vecino vale infinitamente más que los cincuenta euros que vale la traición.

 

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Tengo el máximo respeto por Álvaro Benito. Comenta el fútbol como nadie y fue un jugador excepcional al que una maldita lesión retiró demasiado pronto. No dudo un ápice de su madridismo, aunque a veces tenga que solaparlo, legítimamente, en beneficio de la pluralidad de sus televidentes, que pueden ser madridistas o no, y él se debe a todos ellos en el ejercicio de esa profesión.

Hace un par de días me pasaron un video de Álvaro hablando muy enfadado. En este caso, sí parecía hablar desde un indisimulado madridismo, y eso fue precisamente lo que me preocupó. Es decir, me preocupó pensar que muchos madridistas puedan pensar como él. Es mas: sé que muchos lo hacen.

Visiblemente enojado, decía Álvaro: “Realmente no sé a qué se espera temporada tras temporada para decir: oye, que este no es el camino. ¿Que por ahí puedas ganar algo? Con los jugadores que hay, no se va a dar. Que los milagros que sucedieron hace dos años, tres años, que fue maravilloso vivirlo, pero que están más cerca del milagro que de un buen trabajo. Tienen más que ver con el talento individual y la resiliencia y cosas que no te van a funcionar en el medio y largo plazo”.

No solo respeto, sino que entiendo perfectamente que haya críticas a la confección de esta última plantilla, o a la del año pasado. Comprendo muy bien que haya madridistas que estén disgustados por el juego actual del equipo, y son muy libres de atribuir la responsabilidad a los jugadores, los técnicos, la directiva o múltiples combinaciones de porcentajes de todos ellos. No me resulta raro, por ejemplo, que muchos aficionados afeen a Florentino su renuencia a echar mano del mercado de invierno cuando casi todos los demás lo hacen y se antoja un recurso plausible. Todo esto me parece bien.

Lo que no puedo entender, y de hecho me irrita sobremanera, es la cualidad parece que retroactiva de todas estas consideraciones, que pretenden extrapolarse retrospectivamente para exlicar un pasado glorioso bajo la pretensión de que a lo mejor no fue para tanto. O a que fue resultado exclusivo de la casualidad, la épica, el “milagro”, el “talento individual” o “la resiliencia”, por citar las palabras del propio Álvaro, que además descarta expresamente el que todas esas glorias fueran fruto “de un buen trabajo”.

La “resiliencia” y la “calidad individual” no te llevan a ganar la champions por sí solas. No se gana la champions sin que todos los que han tenido algo que ver (jugadores, técnicos, directiva) hayan hecho un trabajo extraordinario

Esta suerte de revisionismo histórico madridista no lo ha inventado Álvaro Benito. Lleva ahí mucho tiempo, quizá desde siempre, y reconozco que me saca de quicio. Sobre el presente, digan lo que quieran, critiquen cuanto estimen oportuno. Pero dejen en paz ese pasado en el que fuimos tan felices. No traten de aguarlo con reflexiones a toro pasado. No se acerquen a lo pretérito con el afán de enmendarle la plana a la alegría. Primero, porque no es cierto. Segundo, porque es mentira. Tercero, porque es lo que quiere el antimadridismo: que acabemos hablando de nuestras propias hazañas históricas en un tono casi despectivo o al menos indulgente. Nah, fue la épica. Nah, fue la resiliencia. Nah, fue un milagro y solo un milagro.

Y un carajo. No sé si me explico.

Celebración Real Madrid PSG

Soy el primero que enfatiza el componente épico y a veces casi sobrenatural de todos los episodios de los años de la 14 y de la 15. Soy el primer fascinado con el componente literario de todo ello. Puedo subrayar incluso el papel que la suerte, vicaria terrenal de Dios o del destino, puede desempeñar en la forja de una trayectoria inimaginablemente exitosa. Pero dejar caer que esos factores  fueron los únicos, o ni siquiera los principales, supone una injusticia que, además, hace el caldo gordo al relato de nuestros enemigos.

No creo que Álvaro Benito se deslice voluntariamente por esa pendiente. No creo que sea su intención. Simplemente, sucede que los madridistas tendemos a caer en la trampa anti con una facilidad pasmosa y sin  darnos cuenta.

La mejor temporada en la historia del Real Madrid

No se gana una Champions League de “milagro”, y menos dos, y menos aún dos que forman parte de sendos dobletes Liga-Champions. La “resiliencia” y la “calidad individual” no te llevan a ese destino por sí solas. No se gana todo eso (y más) sin que todos los que han tenido algo que ver (jugadores, técnicos, directiva) hayan hecho un trabajo extraordinario. ¿Que por qué sé que hicieron un trabajo extraordinario? Porque consiguieron su objetivo, sencillamente, y quien lo consigue triunfa, y si triunfa es porque lo ha hecho bien. No hay mejor forma (de hecho, no hay otra forma) de ponderar la eficacia en la realización de un trabajo que la consecución del fin del mismo.

No se ganan Copas de Europa “a pesar” de este o del otro. No existe tal cosa. Bien hecho está lo que bien acaba. Hasta el último de los esfuerzos que precedieron a la 14 y la 15 fueron hechos con esos objetivos en mente. Conseguir esos logros compulsa por definición lo apropiado del trabajo llevado a cabo. La flauta suena una vez, y aquí ha sonado tantas veces que solo queda concluir que las notas emitidas por ese instrumento no han sido ni mucho menos las únicas (ni las más importantes) variables implicadas. Sí trabajas para ganar y ganas, y además esto te ocurre con reiteración, lo has hecho bien. Me sonrojaría seguir extendiéndome en algo tan evidente.

El Madrid se apunta, por ejemplo, la 15 en parte porque resiste, sí; en parte por fuerza mental; en parte por suerte; en parte por calidad individual; en parte de forma milagrosa. Pero se apunta la 15, sobre todo, porque un puñado de excelentes jugadores excelentemente contratados y excelentemente dirigidos juegan muy bien. La noche de Joselu ante el Bayern, por ser más específicos, no es solo la noche de Joselu ante el Bayern, o sea, no es solo un feliz imprevisto. No es solo la dichosa irrupción de un héroe accidental, por mucho que esta intrahistoria tan atractiva también nos guste. Es la noche de un sensacional equipo de fútbol, fichado por un sensacional equipo directivo, jugando de manera memorable contra otro extraordinario equipo de fútbol, y venciendo.

Critiquen todo lo que quieran la coyuntura actual, aun a sabiendas de que antaño también criticaron la que condujo a esos dos dobletes liga-Champions. Pero no traten de llenarse de razones cuestionando los porqués de un pasado fabuloso que no está ahí para demostrar sus tesis sobre el presente, ni para satisfacer sus ganas de tener razón. El Madrid portentoso de Florentino es el resultado de un plan bien diseñado y bien ejecutado. No quieran atribuirlo al azar ni a sus derivadas. Esa es justamente la tesis que el antimadridismo quiere hacernos abrazar, y tiene un inconveniente aún mayor.

Un inconveniente muy simple: es mentira.

 

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Buenos días, galernautas. Seguro que en épocas de tristeza, ansiedad, agobio, zozobra o resaca reglada os ha ocurrido que solamente anhelabais que os dejaran tranquilos, reduciendo el contacto humano al mínimo o a su más absoluta inexistencia. Murphy, ese legislador inexorable bendecido con el don de la inoportunidad, movía sus hilos para que, en esos momentos, surgieran obligaciones o situaciones que no te permitieran permanecer en tu solitaria paz y te vieras arrastrado a lo de siempre: una visita a Ikea, la familia política o echar una mano en una mudanza.

En esta época oscura en que nos hallamos, nuestro Real Madrid ha logrado hoy lo imposible. Claro que sabemos que deberíamos estar más que acostumbrados a las proezas del club más laureado de la historia, pero justicia obliga: uno diría que, si hojea la prensa presuntamente deportiva, el Real Madrid aparece —cuando aparece— como un rumor lateral, un pie de foto, una sombra en el rabillo del ojo, sea o no de Andújar Oliver. En su lugar, los diarios que Sant Pep de Santpedor definió como “Central Lechera” (no vale reírse) se solazan con el club de Henry Cherry y el Frente Atlético.

Marca y As no escatiman epítetos para glosar la goleada endosada por los rojiblancos al Betis. Parece ser que el nuevo fichaje del Malakito, Ademola Lookman, gustó, marcó, asistió y, ya puestos, subió la compra a una vecina anciana que tenía la cadera regular. Veremos si mantiene ese rendimiento o si se une a la lista de jugadores de gran perspectiva que acabaron en el olvido. Vienen a la mente nombres como Kosecki, Dobrowolski, Avi Nimni, Raphael Wicky, Pilipauskas o aquel central brasileño con apellido de sicario calabrés: Andrei Frascarelli. No quisiéramos rebajar ese soufflé, pero Lookman era la estrella de un equipo al que el Real Madrid venció con un golazo ortopédico de Ferland Mendy.

Por su lado, los diarios cataculés siguen a sus negociados. Curioso resulta que un club con vocación de universalidad como es el cliente de Negreira tenga, a la vez, una proyección tan sumamente aldeana. Es algo que deberemos entender algún día, igual que —aunque no podamos— cómo hay gente del Atlético de Madrid, cómo es posible que vayan a cumplirse tres años de la revelación del asunto Negreira y continúe sin pasar nada o de dónde pretende sacar el Barcelona los 30 millones con los que sufragar el fichaje de Marcus Rashford, asunto este que sostiene el frontispicio de Sport.

Con estoica calma posamos los ojos en el diario del Conde de Godó, Grande de España. Hansi Flick aparece en actitud de ir a aplicar una sesión quiropráctica a Fermín. Nos cuentan que el club cliente de Negreira es más que una familia. No resulta creíble, pues, en ese caso, Gavi habría sido enviado a Hermano Mayor, cosa que, por lo que sabemos, aún no ha ocurrido.

Pasad un excelente día. Seguid el ejemplo del Real Madrid e intentad pasar la jornada tranquilamente, cumpliendo ese anhelo universal tan simple como complicado: que nos dejen en paz.

 

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Buenos días. Mr. Chip es un señor que te cuenta estadísticas. Ya sabemos lo que es la estadística. Según George Bernard Shaw, “es la ciencia que, si yo no tengo automóvil y mi vecino tiene dos, me demuestra que cada uno de nosotros tiene un automóvil”.

Sin embargo, no siempre es así de insidiosa esta ciencia. A veces no hace daño a nadie, y las estadísticas futboleras que suele transmitir Mr. Chip son más bien inocuas, a despecho de intrascendentes. Dices “ah, mira”, y pasas al siguiente post en un scroll absolutamente desapasionado.

Sucede que a veces Mr. Chip intenta trascender los meros datos numéricos y opina. Es ahí donde, con harta frecuencia, el scroll se frena y el usuario de X entra en combustión. Sucede porque, cuando Mr. Chip opina, suele opinar fatal.

¿Qué es opinar fatal?, se preguntará tal vez el lector, arrastrado por el relativismo de los tiempos. ¿Acaso no tiene derecho todo el mundo a tener una opinión, incluso los que te cuentan el número de paradas con guante negro vs. guante rojo de Vlajodimos? Ya lo creo. Lo que sucede es que emitir una opinión supone asumir el riesgo de que otro tenga una opinión contraria a la que acabas de exponer, y desee utilizar su propia libertad de expresión para contrarrestar la tuya, tan sagrada que te permite sembrar el mundo de memeces teñidas de injusticia.

En este caso, Mr. Chip se vale de unas estadísticas (su fortaleza, el ámbito del que sería sabio por su parte no salir más) para hacerlas desembocar en una conclusión abracadabrante: el Barça “dignifica” la Copa del Rey, y además lo hace por contraste con el Madrid, quien en velada alusión (siempre según Mr. Chip, que en realidad se llama Javier González Cifuentes o lo que sea) se conoce que no “pelea todos los torneos de principio a fin de la temporada”.

Es realmente magnífico. El club que se compró el sistema arbitral durante un mínimo de 17 años sobornando a su cúpula (y esto incluye a los árbitros de Copa, por supuesto) es el que “dignifica” la competición. Por contra, el principal damnificado por dicha compra del sistema arbitral se ve que no es digno de la Copa. No bastaba con elevar a los altares al club cliente de Negreira. Había que hacerlo por contraposición al Real Madrid, eterno malo de esta historia. La competición, por cierto, se llama Copa de SM el Rey, egregia persona que es invariablemente abucheada por la afición del club dignificador de Copas cada vez que tiene la fortuna de llegar a la final.

Sucede que al club dignificador de Copas cada vez lo tiene más calado todo el mundo, en especial a su mandatario actual, a la sazón el hombre que cuadriplicó los emolumentos de Negreira y que todavía se permite hablar de árbitros, afirmando que benefician al Real Madrid. Incluso un tipo tan poco sospechoso de tener inclinaciones blancas como el pésimo exárbitro y lamentable comentarista arbitral Iturralde González no se ha reprimido y le ha contestado.

 

Nunca pensamos que algún día daríamos la razón a Iturralde en algo, si bien hay un matiz importante. No nos parece casual que el comentarista se atreva a llamar “sinvergüenza” a Negreira pero, sin embargo, no aplique ese o similar calificativo al propio Laporta. Todos estos antiguos trencillas que comentan se centran en el chivo expiatorio (Negreira) que dirigía el entramado corrompido, pero jamás califican como tal al corruptor. Siempre es como si Negreira se hubiera corrompido solo. Pero hacen falta un corruptor y un corrompido, ambos, para que se consume un acto de corrupción, cuanto más si dicho acto se prolonga durante un mínimo de 17 años. Sinvergüenza Negreira, bien, pero ¿cómo calificamos al que pagó a Negreira?

Como muestran sus portadas afines, en cualquier caso, el club dignificador de Copas (aka el club cliente de Negreira) anda muy ufano con su clasificación para semifinales de dicha competición, y alardea en su portada de su máxima estrella, ese buen jugador aupado por un hype inmenso llamado Lamine Yamal. Van a ganar la competición, dignificándola de nuevo. Que se prepare SM el Rey Felipe para el maravilloso ejercicio de dignificación que le aguarda en la final.

Os dejamos con la prensa deportiva madrileña y con este consejo: sobornar y dignificar, todo es empezar.

Pasad un buen día.

PD: Del juego de palabras de la portada de Marca hablamos otro día. O no.

 

 

 

 

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