Buenos días, amigos. El Real Madrid continúa con su gira de pretemporada y anoche se llevó el trofeo Teresa Herrera, el que durante años fuera el más prestigioso de los torneos veraniegos. La pretemporada, esa “apasionante” parte del año en la que los entrenadores aprovechan para hacer probaturas y acostumbrarse a las nuevas caras con las que contarán en la plantilla para la temporada a punto de empezar, esas semanas de asueto en la que el aficionado más recalcitrante se dedica a jugar al FIFA e imaginar fichajes y descartes con la facilidad del niño que cambia cromos en el patio del colegio.
Ver un partido de pretemporada en agosto desde la playa, el pueblo o la montaña puede apetecer tanto como ver el eclipse en una explanada llena de boñigas de vaca, con unas gafas del chino puestas y los comentarios de tu cuñao, el contable venido a astrónomo, en el oído. Cuánto experto en todo anda suelto por el mundo (algunos, como Gonzalo Miró, hasta encuentran un buen puesto de opinador de todo, de “todólogos”, en la tele). El trofeo del torneo Teresa Herrera es una réplica de la Torre de Hércules y pesa más de cuarenta kilos. Pues bien, eso no es nada comparado con lo pesados que pueden ser algunos de estos comentaristas, aficionados y todólogos, a veces todo en uno.
De hecho, si ves estos partidos de pretemporada fuera de tu círculo habitual, ya sea en el bar del pueblo o rodeado de especímenes veraniegos con la panza cervecera hinchada y sus camisetas de la selección española de mercadillo (siempre con Lamine Yamal a la espalda), escucharás comentarios aún más bochornosos que los de los comentaristas escogidos para la retransmisión.
Si al sopor del juego a estas alturas de la pretemporada le unes el trabajo de la prensa, encuentras motivos más que suficientes para salir a tomar un helado, ya sea por el paseo marítimo o en la plaza del pueblo. Cualquier cosa antes que escuchar a los comentaristas o tener que leer la prensa impresa (obligados por el editor jefe de esta casa, un auténtico dictador para esto).
“Brahim abre la vitrina”, según indica el diario Marca. No es un título oficial, aunque tuviera su prestigio años ha, y no sabemos si el diario gallardo quiere dejar con este titular una de sus pullitas habituales, así como quien no quiere la cosa, como recordando que el club llevaba tiempo sin abrir su sala de trofeos para incorporar uno más a la amplia colección. “El Madrid no brilla” y una imagen del eclipse junto al rótulo de Marca completan una portada extraña, con más parches que una carpeta adolescente.
Una foto similar, con Valverde y Lunin portando el pesado trofeo, se repite en la portada del diario As. Ninguna de las portadas recoge un hecho curioso que se dio ayer en el estadio Riazor, igual que hace un año por estas fechas en el Carlos Tartiere: la enorme pitada que recibía Vinícius Jr. cada vez que entraba en juego. Recordad que para la prensa todo es culpa de Vini porque es “un provocador”, por sus aspavientos, por sus gestos, etc. Pero, si nunca había jugado en ambos campos, ¿dónde estaban esas provocaciones? ¿O es que la prensa señala y algunos aficionados disparan? La hipocresía de algunos periodistas que participaron en aquellos programas de insultos reiterados al 7 madridista cuando era un chaval que aún no había cumplido los veinte quedó ayer patente:
Alfredo Duro conoce a varios compañeros de profesión (o deyección) a los que lanzar esta pregunta.
Entre las noticias de ambas portadas se cuela el acuerdo del Atlético de Madrid por el Cuti Romero. Encaja en ese equipo como anillo al dedo, como luna al sol, como dardo en una portada de Marca. Los ojeadores del Real Madrid buscan calidad en los terrenos de juego y se ponen en contacto con los agentes o los clubes para calibrar posibilidades. Por su parte, los del Atleti observan el Mundial desde sus casas, encuentran macarras leñeros y levantan raudos el teléfono: “ese, fíchame a ese”. Y si es argentino, mucho mejor. Hay jugadores que nacieron para jugar en el Real Madrid (Vini, Mbappé, Jude, Modric, Kroos y un largo etcétera) y otros que vinieron al mundo para vestirse la camiseta rojiblanca: el Cuti Romero, Nahuel Molina, Koke, Tomás Reñones, Ujfalusi, Arteche, el Cata Díaz o Juanma López.
Nos llama la atención la dedicación que le dan ambos diarios madrileños al Fulham, un equipo de segunda fila que, sin embargo, se cuela en ambas portadas. Siguen teniendo enfilado a Arbeloa por los sopapos a mano abierta que les repartió durante los meses en los que entrenó al Real Madrid. El árbitro Ortiz Arias no había podido demostrar sus méritos al CTA hasta ahora, ya que, como culegiado adscrito al colegio madrileño, no podía pitar a los blancos. Pero ayer tuvo su oportunidad para mandar un recadito a sus jefes negreiros: “aquí estoy, aquí me tenéis, siempre dispuesto a hacer el trabajo que se me ha encomendado, este tipo os daba mucha cera, ¿no? Pues penalti y roja, y que se líe”. El diario Marca remata con un titular que contradice lo que luego explican en el cuerpo de la noticia ¡y a otra cosa!
Os dejamos con la prensa cataculé, que sigue a lo suyo, inmersa en la búsqueda de nuevas palancas de ingresos de las temporadas 2045-2068, que les permita anticipar los ingresos para inscribir a los jugadores (siempre con la aquiescencia de Tebas). De ahí la insistencia en Rodri, porque, ¿quién iba a dejar sin jugar al Balón de Oro del último Mundial? ¡Lo de cumplir las mismas reglas que el resto es una minucia! Ahí estará el CSD para llegar donde no lo haga la mano tebana.
Que paséis un feliz día, aunque eso signifique seguir alejados del fútbol unas semanas más.
Martin Luther King soñó un mundo donde las barreras invisibles de la desconfianza se disolvían ante la razón y el afecto. El madridismo, que vive de la fe y de las quimeras improbables, también sabe soñar. Yo, hoy, tengo cuatro sueños. Cuatro visiones de un futuro donde la camiseta blanca vuelve a obrar el milagro de transformar la tirantez en una hermandad inmortal.
El primer sueño transcurre a las cuatro de la tarde en un despacho de Valdebebas. José Mourinho cita a Aurélien Tchouaméni. El francés, puntual como un reloj helvético, cruza la puerta y descubre que la estancia está vacía, a excepción de Federico Valverde. No hay rastro de Mou. El técnico portugués, perro viejo y sabio estratega del alma humana, ha diseñado la trampa perfecta tras los persistentes rumores de un enfrentamiento entre ambos. Los dos futbolistas se han quedado a solas. Hay un choque helado de miradas, un apretón de manos burocrático y un abrazo brevísimo, helado, tan distante que parece impuesto por el protocolo de una tregua incómoda.
Se sientan a esperar. Ambas agendas marcaban la misma cita, la misma hora, la misma sala. Sin sus teléfonos móviles a la mano para guarecerse de la incomodidad, el silencio se vuelve denso, pesado, una lona insoportable. Un cruce de cortesía gélida flota en el aire:
—¿Todo bien?
—Sí, todo bien.
Ninguno sonríe. Ninguno cede un milímetro en esa batalla sorda de egos, todavía resentidos. Pasan los minutos en absoluto silencio y cada segundo pesa como una temporada entera sin títulos. Miradas al techo, dedos juguetones, impaciencia contenida. De pronto, Aurélien se levanta y se asoma al enorme ventanal que da al césped. Abajo, los compañeros entrenan. En ese instante, la nueva incorporación, Diomandé, firma una maniobra sensacional, un desborde majestuoso. A Tchouaméni se le escapa un comentario de pura emoción sobre el nuevo fichaje del Real Madrid, una exclamación espontánea pronunciada en su francés natal. Fede, al escuchar el chispazo de fútbol genuino, reacciona: se levanta de la silla y camina hasta el cristal para ponerse a su lado. La escena se cierra con los dos contemplando juntos el entrenamiento mientras la puerta se abre y entra Mourinho con su estampa inconfundible: «Caballeros, disculpen la demora...».
El segundo sueño nos traslada a un hotel de Londres, en abril de 2027. Es la noche previa a una semifinal de la Champions League. En el piano del vestíbulo, Tchouaméni deja fluir sus dedos sobre las teclas de marfil. No interpreta música clásica; acaricia con sensibilidad sorprendente los acordes de un candombe, ritmo mítico y profundo del Uruguay. A su lado, apoyado en el instrumento con una complicidad absoluta, Federico canta entusiasmado. No hay rencillas, no hay murallas; solo la armonía sagrada previa a las grandes noches continentales.
El tercer sueño ocurre en un caluroso mes de agosto. Valverde presenta en sus redes sociales a su cuarto hijo con una fotografía radiante. Un muchacho a quien bautiza con un nombre rotundo y cargado de significado: Aureliano. Es el guiño definitivo y entrañable a quien ya no es solo un compañero de vestuario, sino un hermano de vida.
El cuarto sueño sucede el día del último partido de uno de los dos. La fecha o el nombre poco importan; lo que permanece es el gesto. Sobre el césped del Santiago Bernabéu, bajo el rugido de la marea blanca, ambos se funden en un abrazo idéntico, calcado hasta la última lágrima de emoción, al que se dieron Toni Kroos y Luka Modrić en el último partido del genio alemán. Un abrazo que condensa los años de lucha, de sudor compartido y de gloria continental.
Tengo estos cuatro sueños porque creo firmemente en el Real Madrid. Creo en ese código no escrito donde los roces de vestuario se esfuman y las rivalidades se transforman en una alianza indestructible. Porque al final, cuando los egos se rinden ante la grandeza de la camiseta, el fútbol nos devuelve su victoria más hermosa: una amistad para toda la vida rindiendo tributo a los valores eternos del madridismo.
Getty Images
Buenos días, galernautas. Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, es es uno de los mejores discos de la historia del rock. No faltaría quien defendiera que es el mejor. Se trata de una obra conceptual que hay que disfrutar del tirón, reduciéndose enormemente la experiencia si se escuchan sus canciones de manera aislada sin el contexto de su antecesora y de la posterior.
El caso es que el disco se cierra con una canción que suena casi como un mantra. Sí, repetitivo, atonal, simplemente perfecto. La melodía no puede ser más sencilla, pero la canción crece de manera exacerbada en sus poco más de dos minutos de duración, y concluyendo con el mismo latido con el que se inicia el álbum en una especie de quiasmo. Es la canción perfecta para terminar cualquier cosa, hasta el punto que este portanalista ha instruido a sus allegados para que sea el cierre de su funeral, sea cuando tenga que ser.
El caso es que esta noche tenemos eclipse y Teresa Herrera. Este último torneo compite con el Ramón de Carranza y con el Colombino por ser el más prestigioso del verano patrio. En cuanto a tamaño, no hay duda. El Teresa Herrera es una reproducción en plata de la Torre de Hércules de La Coruña, y es tan bonito como aparatoso. El torneo en otros tiempos se jugaba con semifinales y final entre el Deportivo de La Coruña, un equipo español de campanillas, llámense Real Madrid, club cliente de Negreira o Malakito de Menfis y dos escuadras extranjeras de fuste. El declive y descansos del equipo local ha reducido el evento a un único partido, si bien ya cuenta con precedentes de presencia madridista, que jugó gratis para contribuir a ayudar a las maltrechas arcas coruñesas. Aún así, la parte más pollina, realmente sustancial entre la afición blanquiazul, sigue declarándose antimadridista y celebrando el centenariazo de hace 24 años. Que sepamos, el Madrid no les quitó a su estrella el día antes del cierre de mercado. De hecho, pagamos una cantidad equivalente por Flávio Conceição, de prestaciones mucho más modestas.
Hablando de rendimientos mejorables, analicemos la labor de los becarios a fin de calibrar su potencial como integrantes de la prensa presuntamente deportiva española. El de Marca pasa con nota la prueba. Los dos entrenadores españoles de los contendientes en la Supercopa de Europa de esta noche y un juego de palabras agudo en extremo. No sabemos tu nombre, becario, pero te auguramos un futuro venturoso en Marca.
As, aquel diario que otrora dirigió Relaño, destaca la continuidad que parece tener nuestro turco favorito, Arda Güler, en trance de entrenamiento o de emular a Fred Astaire. Lo mismo da, pues tiene condiciones y calidad de sobra para ser excelente en cualquiera de ambos lances.
Saltando a las cabeceras cataculés, nos topamos sin querer con el diario del Conde de Godó, Grande de España. Nos cuenta la historia del jugador con el que negociaba ilegalmente el Barcelona, que va a enfrentarse a su entrenador y a intentar convencerle no sólo de dejarlo salir, sino de hacerlo en las condiciones en las que dice el Barcelona. No se puede esperar nada bueno de ese club, me da igual a cuál se pueda referir.
Sport, por su parte emplea de manera atinada la coma vocativa, lo que per se debería valerles un premio veraniego, qué sabemos, el osito de peluche o la muñeca chochona en las fiestas del pueblo, dado que ya nadie la pone nunca. Le dan el adieu a Ferran, por quien esperan ingresar parte de lo que ha de costarles Rodri, o Julián Álvarez, o ambos, a quienes creen que el mercado está ahí para su uso y beneficio aunque carezcan de los medios financieros para desenvolverse en él. Como decía muy digno Tony Leblanc en Los Tramposos, cuando le detenían por hacer un simpa en un restaurante, "el que no tengamos dinero no quiere decir que no tengamos hambre".
Pasad un día excelente y mucho cuidado con los ojos al ver el eclipse.
There’s no dark side of the moon really. Matter of fact, it’s all dark.
La verdad es que en esta vida hay pocas cosas peores que el aburrimiento. Y el fútbol, en agosto, es un asunto tan aburrido como una sesión parlamentaria. O quizá más. El verano se está haciendo tan largo…como empezamos tan pronto, con las elecciones inesperadas, y luego vino el Mundial y todo su carrusel de emociones, ahora parece que todas esas cosas ocurrieron hace cien años. Para más inri, la liga, que empieza el sábado, no empieza de verdad hasta dentro de dos fines de semana, pues como todo el mundo sabe hasta que no juega el Madrid toda competición es, en el fondo, nada más que fogueo.
Así que hoy, aquí, podría hablar de Rodri. También, de la figura del mediocentro: esa necesidad ineludible de la que, de tanto hablar en estos últimos años, ya se podrían publicar incluso antologías. Pero sería todo tan, tan aburrido que no merecería la pena: sería casi como faltarle el respeto a la inteligencia del lector, y ya para eso está la DGT y sus mensajes de que no le hagamos fotos ni vídeos al eclipse si estamos conduciendo.
¿Qué habrá pasado, en realidad, con Rodri? Porque hasta hace unos días, todo Cristo en Internet, en realidad esos papafritas que bajo el nombre de insiders, streamers y youtubers actualizan el viejo término, tan ilustrativo e ilustre, de sacacuartos, decían que estaba fichado. De un día para otro está fichado (?) por el Barcelona y se nos dan las mismas etéreas razones que antes se esgrimían para confirmar, incluso en porcentaje, como si fuera la barra de carga del teléfono móvil, lo cerca que estaba de ser madridista.
Nadie sabe nada. Antes, los que administraban en régimen de monopolio el negocio de vendernos burras eran los periodistas. Desde hace tiempo ya, el sector se ha liberalizado. Y cualquiera carajaula con una cámara y un canal en Youtube puede montarse en el dólar jugando con ese (bajo) instinto tan humano, tan nuestro, que es el deseo de que nos engañen dejando que nos digan lo que queremos escuchar.
Me ha hecho mucha gracia leer que en Turquía han detenido a un periodista deportivo, o raza análoga, por difundir información falsa acerca de un fichaje. Más me he reído imaginando que eso pasara en España: la redada habría de ser tan masiva que, con los individuos incautados, podría abrirse la valla de Ceuta y devolverle la invasión a Marruecos con toda esa patulea.
El silencio vaticanista de la «política de comunicación» del Real Madrid da manga ancha a toda esta manga de mangantes, ridículos y caraduras. Desde la victoria electoral de Florentino, se ha elevado el nivel: ya ni siquiera se presentan los nuevos fichajes. Nada, ni una triste rueda de prensa. Y con lo que disfrutaba Florentino de las presentaciones…
Es muy extraño, aunque coherente con los usos y costumbres de la casa. El Madrid se limita a copiar las estrategias más random del resto de clubes en la comunicación a través de las redes sociales, y ya. Se comunica para niños rata adictos al Tik-Tok, pero no se informa. Es decir, se informa menos que nunca, y estaba la cosa difícil. A lo mejor se trata de una especie de desafío, se pretende establecer un récord. Yo propongo que, metidos en harina, se clausuren las ruedas de prensa previas a los partidos y sobre todo, las posteriores. Que no salga nadie, ni en zona mixta ni en la sala ante los periodistas. Que se supriman los famosos comunicados oficiales, incluidas las esquelas de la hoja parroquial. Nada, cero. Un silenzio stampa perfecto, químicamente puro.
Eso sí que sería crear tendencia en este mundo saturado de información, hiperconectado hasta el vómito y sobrecargado de porquería y basura digital.
Una cosa de la que sí nos ha hablado el club es de los dorsales. Siempre resulta curioso comprobar qué número elige cada jugador, en caso de que pueda elegir. Revela algo de su personalidad, nos deja intuir alguna cosa quizá de su carácter, de sus sueños infantiles o de su ambición profesional. También nos enseñan la percepción que tienen de sí mismos. En el caso de Raúl Asencio, por ejemplo, podemos ver un claro desfase entre lo que él piensa que es y lo que e, de verdad: ha elegido el 2 de Carvajal y de Varane y, aunque yo llegué a pensar que podía ser un nuevo Nacho, hasta el momento nos ha demostrado que está más cerca de ser un defensor trágico que uno de los que Ancelotti llamaba pesimistas.
Cucurella ha elegido el 17, que es un número de culto en el Madrid contemporáneo: Van Nistelrooy y Arbeloa, es decir, gente fundamentalmente querida por la grada. Me gusta especialmente que Huijsen haya echado la pata alante, en argot taurino, y escogido el 4. Aunque su primera temporada no ha sido brillante y se haya perdido el Mundial, la expectativa, en él, sigue intacta. El Madrid no se toma en una hora y Huijsen, además de ganar peso, necesita arrojo. Adueñándose del número 4, lo demuestra: él mismo se emparenta con Ramos y con Hierro, el linaje al que debe pertenecer si quiere hacer carrera en el Madrid. Es toda una declaración de intenciones. Lo celebro.
Lo que no parece tener remedio es lo de Mbappé, otro que va por la vida caminando sobre las nubes como si fuera un semidiós. El 10 de Modric le queda como a un Cristo dos pistolas. Sigo sin acostumbrarme, quizá porque sí que haya algo peor que el aburrimiento: descubrir que lo largamente deseado era, en realidad, una mierda.
Getty Images
Buenos días. La plantilla del Real Madrid está ya casi al completo a las órdenes de Mou. Los jugadores se han ido incorporando escalonadamente, en función del fin de sus vacaciones, que a su vez viene definido por el momento en el que la selección de cada cual fue eliminada del Mundial. Por eso Cucurella, Mbappé o Tchouameni, que jugaron la semifinal y/o la final, llegaron ayer, y por eso Güler lleva no sé cuántas semanas impartiendo magisterio estival, que es igual que el del invierno pero en chanclas.
En todo caso, la sensación ayer en Valdebebas era la presencia de nuevas caras, entre ellas la del esperado Cucurella, campeón del mundo y hombre carismático donde los haya que va a vender camisetas a cascoporro. También están ya Konate, Dumfries, Bernardo Silva, Espí y el fulgurante (y carísimo) Diomande, o sea, lo más granado de los nuevos fichajes. Las estrellas están aquí. Todas menos Jude, como reza la portada de Marca en un tono que hasta podría pasar por ser acusatorio, cuando lo cierto es que son los otros los que se han incorporado antes del momento en que les tocaba.
La foto es espectacular. De izquierda a derecha, Konate, Cucurella, Diomande, Mbappé y Mou. El técnico, con aire inopinadamente grave, parece estar comunicando una noticia luctuosa a las nuevas incorporaciones. La Galerna, como insiders que somos, ha tenido acceso a las palabras que el técnico luso dirigió a sus subordinados. Las transcribimos a continuación. Así se entiende mejor el aire de pesar y/o presión que parece infundir a esos rostros recién llegados.
—Bienvenidos al mejor club del mundo, pero bienvenidos también al país que lo trata como si fuese una desgracia nacional en lugar de lo contrario. Las vamos a pasar putísimas, acosados por todos los frentes. El factótum de la competición nos odia. Ahora, además, es el vicepresidente de la Federación, con mando en plaza en el tema arbitral, sí, el mismo sujeto que hace poco hablaba como un culé más en la toma de posesión de Laporta. De la Federación, como os contamos y sabéis, depende el estamento arbitral, donde siguen campando por sus respetos los hijos y los nietos de Negreira, el mandatario arbitral bajo cuya orden dirigieron partidos esos mismos colegiados mientras su jefe cobraba del Barça. Sí, estimados pupilos, son esos mismos trencillas los que siguen ahí, enfermos del sesgo aprendido durante décadas por un jefe que cobraba de uno de los clubes en liza. Y con eso habrá que lidiar. No nos dejarán escaparnos en la tabla, y si alguna vez ocurre los poderes fácticos reaccionarán. En el momento en que consigamos un mínimo colchón de puntos a favor, nos esquilmarán para enjugar la distancia.
Continuó hablando Mou, a pesar de la cara de consternación de sus chicos, o tal vez precisamente por ella. El único que escuchaba esas palabras con alguna naturalidad era Kylian. No en vano le han escamoteado un número nada desdeñable de goles al albur del “quito frame, pongo frame”, aquella canción del verano de Clos Gómez, aquella canción de demasiados veranos del esbirro de Cantalejo, de Negreira, de Tebas. De todos.
—Y luego estará lo de la prensa— continuó Mou.— No sé si estaréis al tanto de esto, bueno, Kylian sí, pero van a pasar por alto los continuos atropellos arbitrales, haciéndolos incluso pasar por lo contrario, creando una narrativa espuria en nuestra contra. La realización de los partidos omitirá lo que les interese y pondrá la lupa sobre todo aquello que interese a su relato, que se verá así magnificado artificialmente. Y cuidado, porque ese mismo realizador televisivo, tras el que existe una empresa con vínculos descarados con el Barça, será el que suministre al videoarbitraje las palabras y el sonido.
Ahora entenderéis mejor, queridos lectores, las caras de espanto de los futbolistas que rodean al técnico. Pero seguimos con el discurso de Mou, que ya concluye.
—Teniendo todo esto en cuenta, vais a tener que hacer una temporada perfecta para poder ganar la liga. En mi anterior etapa, tuve que batir el récord de puntos. En esta, para ser campeones, habremos de batir ese mismo récord. Luego está la Champions, donde tenemos el marchamo Real Madrid pero nos enfrentamos a un bicampeón que ahora mismo es el mejor equipo del mundo con diferencia. Si no ganamos al menos uno de esos dos títulos, nos arrojarán a los leones. Y ambos van a ser complicadísimos, por razones distintas como las expuestas.
¿Es esto lo que les decía Mou en el minero de la foto? Nos lo hemos inventado completamente, como buenos insiders, pero bien podría ser el caso.
En la prensa cataculé, entretanto, la atención está puesta en Julián Álvarez, a quien creen tener el derecho, otorgado por Dios, de ficharlo por el precio que estimen oportuno pagar. Lo contrario será, por supuesto, culpa del centralismo, Franco, Aznar y Florentino Pérez.
La desfachatez del culerío mediático es tal que el tipo que veréis a continuación, quien por cierto formaba parte de las directivas que pagaban y aumentaban exponencialmente el sueldo de Negreira, se atreve a criticar la existencia o la cuantía de la cláusula de rescisión de Julián. Le respondió a la perfección el periodista de Onda Cero Alberto Pereiro.

En fin, amigos. El descaro de esta gente no tiene límites y es ciclópeo, por utilizar un adjetivo en consonancia con la fama de la película del momento. Os dejamos con la portada de As y os deseamos un día muy feliz.
Sí, este curioso episodio me ha recordado uno de mi juventud. La experiencia de mi amigo Pepe con una chavala de nuestro barrio, una Rodri de libro.
Un beso muy emocionado a las mamás y abuelas de las mozas, aquellas grandes ahorradoras, expertas en economía familiar y en todo. Algún día nos encontraremos.
La mayoría trabajaba en casa y mano a mano con el sueldo del padre -es verdad que alguno tenía dos-, conseguía que la familia tuviera casa, coche, vacaciones y algunas un terrenito donde acababan levantando una segunda residencia en el pueblo, en el campo o en la Costa Brava.
Efectivamente, aquellas mujeres eran todas unas fachas. Bueno, todas tampoco. Las había hinchas del Atleti. Sus objetivos eran globales, nada las resistía. Así estiraban pan, vino, garbanzos y, oh, hasta el uso de las falditas escolares de sus niñas, aquella maravilla azul marino.
Dos años aguantaban seguro, tres muy probable. Y las medidas se resistían, las de largo sobre todo. Y eso nos preocupaba a nosotros los chavales a partir de los cuatro/cinco años, ¡aquella España!, y también a las monjas de las Dominicas y Jesús, María. En ambos casos, con razón. La pela era la pela. Y las hormonas, con hache. Eran una fiesta permanente. Seis Copas de Europa en 11 años, o así.
Hecha esta exposición, al grano. Mi amigo Pepe, el Madrid ahora, invitó a la Pili al cine. Pili, Rodri. Fue una sorpresa pues hasta entonces él no le había hecho mucho caso. La rondó y acabó arrancándole un sí al cine y en Barcelona, territorio prohibido para nosotros los chavales de Sant Andreu. Una medida por cierto que evitó que muchos niños, hoy gente adulta, siga siendo gente normal.
La oferta era tremenda. Película, transporte, paseo, helado… Con 25 pesetas de la época bien sisadas, eras Onassis.
Pepe se precipitó. No podía quedar para el fin de semana que llegaba pues la familia tenía un compromiso. Se apalabraron para el siguiente, pero la Pili era floja y no aguantó.
No descarten que Rodri acabe siendo presidente del Barça. pudo decirle de entrada al Madrid que su ilusión estaba en otro sitio, que muchas gracias por su interés. Pero ¿a quién le molesta jugar con dos barajas...?
Y, tras platicar con su representante, su hermano Luis, amigo de cierto acechante -sin duda con premio si ayudaba en el asunto-, acabó en uno de los cines del barrio con su nuevo acompañante. De esa cita supimos todos empezado el No-Do.
Pepe Madrid se encabritó, claro. Y le costó encontrar su media naranja, pues cuando hablaba con una muchacha pretendía que le firmara un documento comprometiéndose a pagar una multa si rompía una cita o compromiso semejante. Casi nunca funcionó.
Pepe y el Madrid recibieron su lección. A uno no le valió ofrecer un domingo gratis. Al otro, 60 millones a un futbolista que, de pronto, entendió que su ilusión era el Barça. Como para la Pili el chaval del cine de barrio, oigan, con el que sigue casada.
No descarten pues que Rodri acabe siendo presidente del Barça. Eso sí, la Pili no engañó. Rodri pudo decirle de entrada al Madrid que su ilusión estaba en otro sitio, que muchas gracias por su interés. Pero ¿a quién le molesta jugar con dos barajas...? Máxime si el rival sólo tiene una.
Y usted y yo con estos pelos. Dicho lo cual, y como Mou en clave blanca, no me parece descabellado pedir otro central y un volante. Por aquí comenté que faltaban esos dos y uno por la derecha. Fue Diomande. Ok.
Pero no me hagan caso, lo mío es raro: me casé con la chavala a la que mis padres me llevaron a conocer cuando nació dos años después que yo, pues eran amigos de los que serían mis suegros. Nació en la misma clínica que yo y en la que después nacieron nuestros hijos. Yo tampoco sería Rodri, claro.
Fotografía principal, generada por IA
Hay preguntas cuya respuesta parece esconder una enorme complejidad cuando, en realidad, basta con detenerse unos segundos para comprender que todo es mucho más sencillo de lo que el ruido que rodea al fútbol nos quiere hacer creer. ¿Qué quiere el madridismo de cara a esta temporada?
Desde hace semanas, se suceden los debates sobre el nuevo entrenador, el sistema que mejor puede encajar con la plantilla, los fichajes, las salidas, el papel de determinados jugadores o la conveniencia de incorporar alguna pieza más, como si el futuro del Real Madrid dependiera exclusivamente de acertar con una pizarra o con un nombre propio, cuando la sensación que ha dejado el equipo durante las dos últimas temporadas apunta hacia un problema bastante más profundo y, al mismo tiempo, mucho más fácil de solucionar.
El madridismo lo que quiere es volver a sentirse orgulloso de su equipo. No necesariamente orgulloso porque gane, aunque ganar sea una obligación histórica en un club que nunca ha entendido otra manera de competir, sino orgulloso porque quienes saltan al terreno de juego transmitan que comprenden dónde están, qué camiseta llevan puesta y qué responsabilidad supone defender un escudo que durante más de un siglo ha construido una identidad basada en una idea muy concreta: competir hasta el final, independientemente del rival, del marcador o de las circunstancias.
El Real Madrid ha perdido partidos durante toda su historia y los seguirá perdiendo. Ha sufrido eliminaciones dolorosas, temporadas decepcionantes y noches en las que simplemente el adversario fue mejor. Pero hay algo que el Bernabéu jamás ha terminado de aceptar, algo que provoca una decepción mucho más profunda que cualquier derrota y que en los dos últimos cursos ha aparecido con demasiada frecuencia, hasta convertirse en una sensación incómodamente habitual: la desidia.
El madridismo lo que quiere es volver a sentirse orgulloso de su equipo. No necesariamente orgulloso porque gane, sino porque quienes saltan al terreno de juego transmitan que comprenden dónde están
No hay palabra que haga más daño al madridismo que esa. Esa impresión de que algunos partidos se juegan a medio gas, de que determinados esfuerzos se negocian, de que hay futbolistas que parecen desconectarse emocionalmente del encuentro durante demasiados minutos, como si el simple peso del escudo bastara para resolver situaciones que, en realidad, solo se solucionan corriendo más que el rival, llegando antes a los balones divididos, presionando con convicción o teniendo la personalidad suficiente para rebelarse cuando las cosas empiezan a torcerse.
Es curioso porque el debate casi siempre termina girando alrededor del fútbol, cuando probablemente el problema principal no ha sido futbolístico. Claro que ha habido errores tácticos, decisiones discutibles, lesiones importantes o momentos en los que el equipo ha carecido de equilibrio, pero ninguna explicación convence del todo cuando la imagen que queda grabada en la memoria del aficionado no es la de un conjunto superado por el talento del rival, sino la de un equipo que parecía aceptar determinados acontecimientos con una resignación impropia del Real Madrid, como si perder dejara de ser una anomalía para convertirse simplemente en una posibilidad más. Y el Real Madrid nunca ha construido su historia desde la resignación. Lo hizo desde la rebeldía, desde la convicción de que los partidos terminan cuando el árbitro señala el final y no cuando el marcador se pone cuesta arriba, desde la certeza de que una camiseta no gana encuentros por sí sola, pero sí obliga a quien la viste a dejar absolutamente todo sobre el césped. Incluso cuando el fútbol no acompaña, incluso cuando las piernas pesan o cuando el rival parece superior. Esa ha sido siempre la diferencia entre un gran equipo y el Real Madrid, una diferencia que durante décadas convirtió al club blanco en un competidor prácticamente indestructible.
Por eso sorprende escuchar que el gran reto de esta temporada consiste únicamente en jugar mejor al fútbol, porque, siendo importante, quizás ni siquiera sea lo más urgente. Lo verdaderamente urgente es recuperar una manera de competir que parecía innegociable y que, sin embargo, se fue diluyendo poco a poco, hasta el punto de que muchos aficionados dejaron de enfadarse por una derrota para empezar a enfadarse por la manera en la que llegaba esa derrota, que es infinitamente peor.
El madridismo no necesita que su equipo gane todos los partidos cuatro a cero, ni espera que cada actuación sea una exhibición técnica, porque quien lleva siguiendo al club durante años sabe perfectamente que los campeonatos también se construyen desde el sufrimiento, desde los encuentros grises y desde las victorias trabajadas. Pero sí necesita reconocer determinados comportamientos que siempre formaron parte del ADN del equipo y que parecían haberse convertido en algo excepcional cuando deberían ser la norma.
Lo verdaderamente urgente es recuperar una manera de competir que parecía innegociable y que, sin embargo, se fue diluyendo poco a poco
Quiere ver futbolistas enfadados cuando pierden un balón, jugadores que no den una carrera por perdida, compañeros corrigiéndose entre ellos, líderes capaces de levantar al grupo cuando aparecen las dificultades, y un colectivo que transmita la sensación de que nadie va a regalarle absolutamente nada al rival.
Quiere volver a percibir esa tensión competitiva que tantas veces convirtió al Bernabéu en un escenario donde cualquier remontada parecía posible porque los propios futbolistas eran los primeros en creer en ella. Después llegará el análisis táctico, la evolución del juego, el crecimiento de los jóvenes, el rendimiento de los fichajes y la aparición de nuevas sociedades sobre el campo, pero todo eso será secundario si antes no reaparece una actitud que nunca debió desaparecer, porque el talento existe y nadie discute la calidad de esta plantilla.
Lo que está en cuestión no es la capacidad de los jugadores para decidir partidos, sino su disposición para sostener durante diez meses el nivel de exigencia física, mental y emocional que implica jugar en el Real Madrid. Quizás por eso esta temporada represente una oportunidad magnífica para empezar de nuevo desde el punto de vista futbolístico y emocional, recuperando una identidad que parecía haberse difuminado entre excusas, desconexiones y actuaciones impropias de un club que siempre encontró en el orgullo competitivo su principal argumento. Si el equipo consigue reencontrarse con esa versión de sí mismo, el fútbol terminará apareciendo porque la calidad nunca ha dejado de estar ahí; si no lo hace, cualquier mejora táctica será apenas un parche sobre un problema mucho más profundo.
Al final, la respuesta sigue siendo la misma con la que empezábamos. El madridismo no pide imposibles, ni exige perfección, ni reclama victorias garantizadas porque sabe que el fútbol no entiende de certezas. Lo único que siempre ha esperado y lo único que nunca debería dejar de exigir es salir del estadio con la sensación de que sus jugadores lo han dado absolutamente todo. Hay derrotas que se aplauden y victorias que dejan un sabor amargo, pero no existe ninguna circunstancia en la que la falta de compromiso pueda formar parte de la identidad del Real Madrid. Si esta plantilla consigue entender eso desde el primer partido de la temporada, habrá dado el paso más importante de todos; los títulos, como tantas veces ha demostrado la historia, llegarán después por simple consecuencia.
Getty Images
No lleva tatuajes, tiene formación superior, no persigue (que sepamos) actrices, celebrities de internet o modelos de Onlyfans. Pero tampoco se ha conducido como un ciudadano ejemplar. Sus actos hablan por él. Las palabras, las explicaciones, las glosas… ya dan lo mismo.
Probablemente aún no sabemos todo. Lo sabremos cuando ya no importe. Yo soy un simple columnista que lee y escucha casi todo lo que concierne a mi club. Y de ahí saco mis conclusiones.
Me duele ver a Pepe Herrero comparando la jugada de Rodri con el fichaje de Figo en términos de la magnitud del golpe moral para el oponente. Hay tremendas diferencias en ambas historias, que las hacen por completo incomparables.
Una de ellas es la voluntariedad. Florentino tenía firmado a Figo y sabía exactamente lo que estaba haciendo. La estrella del Barcelona estaba dispuesta a tomar el puente aéreo. Por dinero. Porque Núñez le engañó sintiéndose seguro de poderlo retener sin cumplir su palabra, tal vez echándole encima a la afición y los medios. Trademark culé.
La otra es que Figo ya jugaba para el rival. Y eligió dejar a sus compañeros, la ciudad, su casa, para cambiar de vida. Tomó su decisión en represalia por el trato que recibió de la directiva del Barcelona, una banda de delincuentes, como hemos sabido más tarde.
El caso de Rodri es mucho más complejo. Tiene un agente que se llama Pablo Barquero. Un amigo de la familia. Representa a Rodri desde los trece años y sólo representa a otro futbolista: Pablo Sarabia, además de dos entrenadores: Raúl González y Juanma Lillo. Una colección corta que nos habla de un tipo de máxima confianza, tan alejado de Méndez o de Roc Nation como Laporta de la decencia.
Sus representados han elegido no tener veinte patrocinios top multiplicando sus ingresos del fútbol con side businesses. Rodri no parece tener la avaricia común en las estrellas del deporte, que les lleva a cometer errores propios de gestionar una marca global y les aleja de la naturaleza última de sus ingresos: su valiosísimo don para el fútbol, en este caso.
Estando las cosas tan claras, ¿por qué le damos tantas vueltas? Porque ningún futbolista suele rechazar al Real Madrid. Mucho menos después de haber aceptado personalmente una propuesta cuando no había otro club interesado
Las únicas palabras del agente sobre el asunto han sido para agradecer la seriedad, amabilidad y profesionalidad de la propuesta del Real Madrid. Para confirmar que la oferta económica y deportiva estuvo a la altura de su representado. Que la decisión de Rodri (aquí la papeleta para el bueno de Pablo) es estrictamente personal. Que la hace pública para cerrar el tema, evitar rumores y alargar innecesariamente especulaciones en medios de comunicación.
Estando las cosas tan claras, ¿por qué le damos tantas vueltas? Porque ningún futbolista suele rechazar al Real Madrid. Mucho menos después de haber aceptado personalmente una propuesta cuando no había otro club interesado. Ha sido el propio jugador el que ha puesto en bandeja el golpe al Real Madrid echando a su agente a los leones en lugar de dar un paso al frente y explicar él mismo que su antimadridismo está por delante de su palabra. La celebración del Balón de Oro lo acredita y habrá otras muestras privadas que no hemos llegado a ver en vídeo. Celebrar el mal ajeno más que el bien propio nos resulta tan familiar en rojiblancos y culés...
Todos los futbolistas son infantiles. En definitiva han hecho de una afición, de un juego, una profesión. Algo en ellos se quedó anclado en la niñez, a pesar de poder comprarse una casa fuera del alcance de la mayoría con su ficha anual, o de moverse por el mundo en avión privado. Vivir de un juego los hace particularmente inmaduros, aunque no lleven tatuajes o no se acuesten con las chicas más guapas de instagram. Barrunto que hay filias y fobias infantiles presentes en este caso.
Rodri está en su derecho de jugar donde le apetezca. Faltaría más. Es un privilegio de los grandes futbolistas. Y él lo es. Pero ha sido deshonesto y cobarde. Seguramente hay más que la fobia al color blanco, toda su familia es colchonera. Probablemente sigue teniendo el síndrome del impostor, sabiendo que no mereció el Balón de Oro de 2024 (sí el de 2023, comprado a Messi por Catar, como todo en esos años) y que tendría que compartir vestuario con quien sí lo mereció y de quien se burló públicamente.
Nunca me gustó. No el futbolista, que he admirado con la selección y he disfrutado con su descomunal sentido del juego y su dominio absoluto de los partidos. No me gusta el tipo
No es posible que ignore que ha elegido un club corrupto, arruinado y tramposo. No está descartando el Real Madrid porque tenga un vestuario complicado, en el City ya ha convivido con eso. Sin embargo, va encantado de la vida, por elección propia, a un club que ha corrompido el fútbol español. Eso no le importa tanto. Sarna con gusto no pica. Su decisión le une a los corruptos ya para siempre, como su rendimiento en Manchester estará indeleblemente unido a los métodos de Pep.
No me habrán leído ni una línea sobre Rodri desde que se supo que podría venir. Ni buena ni mala. Gran futbolista. Tremendo fichaje. Una pieza clave en nuestra plantilla por su talento y por su juego. Nunca me gustó. No el futbolista, que he admirado con la selección y he disfrutado con su descomunal sentido del juego y su dominio absoluto de los partidos. No me gusta el tipo, como no me gusta el de Bondy. Por lo que sea. Intuyo que más tarde o más temprano nos habríamos arrepentido. Por su rodilla, por su rendimiento, por líos en el vestuario… Mejor olvidarnos de él antes de arrepentirnos temprano.
Getty Images
Buenos días, amigos. Hubo un tiempo pretérito en que los madridistas confiábamos en la limpieza de la competición, y hubo otro anterior en que incluso dábamos por buena la honradez de sus dirigentes, de modo que nuestra inocencia en este campo se conjuga en pretérito anterior. Anterior al Villarato, a Sánchez Arminio, a Enríquez Negreira, a Tebas y a los pagos documentados del Barcelona, durante al menos diecisiete años, al vicepresidente del CTA.
O sea, que dicha inocencia se remonta a un pretérito que tal vez fuera imperfecto cuando era presente, pero que visto desde el presente se antoja perfecto, y que en el futuro, cuando el Barcelona siga fichando e inscribiendo jugadores sin cumplir ninguna de las normas del fair play financiero que se exigen con rigor al resto de clubes, parecerá pluscuamperfecto. Es decir, del futuro perfecto nos olvidamos, porque el presente, que a nosotros nos gustaría que fuera de subjuntivo y subordinado a que se haga justicia en el caso Negreira, es indicativo de que nos espera un futuro no ya imperfecto sino impune; o sea, negro, negrísimo. Negreirísimo.
Hoy es lunes, y este comienzo de portanálisis podría parecer lunático a algún marciano desavisado que aterrizara por casualidad en el fútbol español. Un marciano aún más marciano que Fran Soto, queremos decir. Y, de ser así, dicho marciano ciertamente no saldría de su error mediante la lectura de la prensa dizque deportiva, en el marcianísimo supuesto de que tal marciano no tuviera mejor ocurrencia que ponerse a leerla después de tan largo viaje interplanetario.
Sin embargo, si uno ha pasado algún día en el planeta Tierra durante los últimos años y tiene un mínimo asomo de sentido de la justicia y de la moral, no puede evitar que tales pensamientos revoloteen su magín y su espíritu atribulado ante la espantosa impunidad y el ensordecedor silencio que envuelven el capítulo más pútrido, pestilente y siniestro de la historia del fútbol mundial.
Capítulo que, lejos de haberse cerrado, aún sigue escribiéndose en sus diferentes líneas argumentales, que se complementan mutuamente. A saber: a) el olímpico desprecio del Barcelona a las normas de obligado cumplimiento para sus rivales; b) la inacción de las autoridades deportivas y políticas con respecto a ese incumplimiento, que contrasta con su celo en exigir la estricta observancia de las mismas normas por sus rivales, verbigracia el Real Madrid; y c) el ominoso silencio de la prensa, la complicidad interesada y necesaria para que el tinglado no se tambalee y acabe por venirse abajo.
Esto, que se sepa. Lo que no sabemos es lo que no se sabe. Pero es legítimo sospechar que si se supiera lo que no se sabe, se sabrían cosas que nadie quiere que se sepan y que el aficionado medio -imposible ignorarlo- tampoco parece muy interesado en saber. Panem et circenses, ya se sabe.
No es que tales reflexiones sean inevitables en un día como hoy: es que las portadas del día golpean como una bofetada, como la violenta vaharada de aire pútrido y nauseabundo que le invade a uno al abrir la puerta de una estancia cerrada en la que yace un cadáver putrefacto. No por las noticias que traen, sino precisamente por el silencio que las esconde.
Sport y Mundo Deportivo se centran en los sempiternos culebrones de verano, esos sí es no es de este o aquel fichaje, que permiten rellenar una portada tras otra, y vayan días y vengan ollas. Este verano el culebrón por excelencia es el de Julián, que no quiere cumplir su contrato con el Atlético, con el excitante añadido reciente del posible fichaje de Rodri, que no quiso cumplir su palabra con el Real Madrid. Pacta sunt servanda, decían los romanos; los contratos tienen fuerza de ley entre las partes contratantes, y han de cumplirse al tenor de los mismos, recalcaron los codificadores patrios allá por el siglo XIX.
Antiguallas. En el entorno culé -lo decimos con indignación- y en la mente rodriguense -lo decimos con profunda decepción-, los contratos valen lo que quiera la augustísima voluntad de Laporta y la “sorprendente” capacidad del Barcelona para fichar a destajo y sin límite financiero a pesar de estar endeudado hasta las cejas, accionando palancas imaginarias y valorando activos en euros de madera auditados por la señorita Pepis. Con la consuetudinaria, y no por ello menos atroz, aquiescencia y seráfica connivencia de autoridades y prensa.
En contraste con el proceder habitual del Barcelona, nunca podremos valorar suficientemente los madridistas la fortuna que supone saber que el club de nuestras entretelas siempre ha sido, es y será, un club señor. Respetando los contratos propios y extraños. Yendo siempre por derecho. Y comportándose con señorío y elegancia incluso ante la deslealtad y la falta de hombría -sí, suena a antiguo, pero es así- de ciertos jugadores cuya contratación estaba apalabrada, hasta el punto de que así lo reconozcan incluso los representantes de dichos jugadores.
Las portadas de la prensa madrileña tienen el interés propio de este mes de agosto en el que se agostan las noticias, la imaginación y las ganas de trabajar. Marca opta por darle la portada a Bernardo Silva, postulándolo como el futuro organizador del juego blanco. Veremos si ése es el papel que Mourinho tiene pensado para su brillante compatriota.
As, por su parte, se descuelga con un sorprendente pastiche, una mezcolanza de triunfos de equipos y deportistas masculinos y femeninos sub-20, sub-18 y sub-lo que sea en balonmano, baloncesto, atletismo y remo, y nos lo vende como futuro de oro. Con todos los respetos hacia los deportistas, la portada recuerda al desesperado intento de un charlatán para vendernos unos cuantos cachivaches desconejados que acumulan polvo en algún lóbrego zaquizamí.
También se hace eco de la brillantez mostrada por Güler en los dos partidos de pretemporada, pero nos avisa del conflicto que se va a generar cuando se reincopore Bellingham de sus vacaciones. Vaya por Dios.
En fin, pasad un buen día.
No voy a hacer un paréntesis en mis vacaciones para hacer algo tan culé como acogerme a la fábula de la zorra y las uvas. No voy a empezar a sacar pegas a Rodri. Quiero decir que yo quería a Rodri como el que más, y que la frustración por que el Madrid no haya conseguido su contratación es en mí tan notable como en cualquier otro. La diferencia es que cualquier otro (o algunos cualesquiera otros) no saben encauzar su frustración más que en una dirección, y es la dirección menos adecuada. Culpar al Madrid, o a cualquier persona específica dentro del club, de que Rodri se escapara supone un ejercicio de crueldad y/o masoquismo equivalente a culpar a tu mejor amigo de los cuernos que luce en todo lo alto.
No hay buena gestión matrimonial que salvaguarde a tu amigo de una potencial infidelidad de su cónyuge, como no hay Real Madrid, ni Florentino, ni JAS, ni nadie, libre de la posibilidad de la traición de quien ha dado su palabra. El único responsable de que Rodri no vaya a jugar en el Real Madrid es Rodri, que jugó con el interés del club blanco para forzar el del club que pagó a Negreira durante al menos 17 años y que lleva la bandera del independentismo catalán en todo lo alto. Hay gente para todo y preferencias de todo percal, incluidos los gustos de Rodri, que son los recién descritos. Hay tipos que creen compatible autoproclamarse iconos de España y aspirar a jugar en el brazo deportivo y propagandístico de la independencia catalana. Todos tenemos nuestras contradicciones. Son sus costumbres y hay que respetarlas, por muchísimo que nos joda perder un gran jugador que indudablemente completaba la plantilla.
El interés del Real Madrid del cual hablamos fue genuino y sin reservas, como ha acreditado el propio representante del futbolista por boca de periodistas que no son precisamente sospechosos de florentinismo. Pero él siempre quiso lo que quería realmente, y habría esperado la llamada del Barça hasta el último día de mercado antes de comprometerse con el Madrid o con cualquier otro. Otras veces, el vinagrismo me inspira alguna duda, que suelo superar con cinco minutos de reflexión. Esto no da ni para cinco minutos. Rodri se ha escapado y duele, pero el único culpable es Rodri.
No estamos acostumbrados a que haya gente que no quiera jugar en el Real Madrid. Recuerdo el caso de Josemari, allá por los noventa. Al madridista le descoloca y subleva que esto pueda pasar, pero debe asumirlo con tanta madurez como quepa en su corazón de forofo, que es inmaduro por naturaleza (el mío lo es también). Yo soy forofo del Madrid, pero debo entender que Rodri no lo sea. Es más bien todo lo contrario, o sea, un forofo del otro lado. Los que han abonado la absurda idea de que Rodri es merengue de toda la vida tienen más culpa del no-fichaje que el Real Madrid. Rodri se ha reído de ellos también. No se ha descojonado solo del Real Madrid, sino de un madridismo que ha creído en el suyo, en el de Rodri. Insisto: no ser madridista, e incluso ser anti, es plenamente respetable, aunque propagar públicamente la idea de que eres lo contrario, en beneficio de una estrategia, daría idea del fuste personal del sujeto. Puede que haya ocurrido esto, porque ha habido semanas enteras en que la opinión pública en su conjunto nos ha hecho creer que el muchacho es un asiduo a Cibeles en primavera. Rarísimo todo.
Rodri se ha escapado y duele, pero el único culpable es Rodri
Cuando aquel Josemari se resistió a unirse al Madrid de Capello y firmó por el Atleti, en los lejanos noventa, los madridistas levantamos las cejas ante lo desconcertante de su gusto personal y pasamos a otra cosa. El que el futbolista del que hablamos ahora sea muchísimo mejor no debería conducir a una actitud muy distinta. Duele mucho más, pero no por ello cambia de bando la razón. Sigue siendo como lo de Josemari.

A partir de aquí, (no) recibiré con mucho gusto los insultos de quien proceda, incluido Morientes si se da el caso. El “no” va entre paréntesis porque a renglón seguido retomo mis vacaciones. Yo a pasarlo bien, el Madrid a fichar otro mediocentro (hay otros, aunque parezca mentira) y el mundo a seguir girando con normalidad, ese oxímoron.
Un abrazo.
Getty Images