Las mejores firmas madridistas del planeta

Este artículo está escrito con las vísceras. Uno de esos textos que uno relee meses después y suscribe en el fondo pero no en la forma. Por eso, pido perdón. Imagino que gritar cuando nadie nos oye es la única válvula de escape de algunos aficionados que, como yo, ahora se sienten como esas ollas exprés a presión que esconden un volcán y tan solo muestran una válvula que gira mientras escupe vapor. ¡Es todo tan obvio como para ser negado! Y, sin embargo, posiblemente lo que produce la mayor de las impotencias, más allá incluso de la diferencia menguante en la tabla clasificatoria, gente formada, cabal y ordenada no madridista se desarregla para negar la mayor con tal de hacer propia la injusticia si es contra el Real Madrid. Y es que tras otro acceso de tormenta, todos los clubes (hasta el Sevilla, el último abusado) miran para otro lado.

Debemos mesurar los pasos porque estamos, ahora sí, completamente solos: instituciones, prensa y afición, salvo la nuestra, nos quieren fuera. Este es un viaje sin retorno.

Debemos mesurar los pasos porque estamos, ahora sí, completamente solos: instituciones, prensa y afición, salvo la nuestra, nos quieren fuera. Es un caso, además, sintomático de la podredumbre no ya deportiva o institucional sino social que sufre este país. También irresoluble, en el que solo caben o limpiar el CTA, la Liga y la Federación (lo que incluye guerra contra todos los clubes de la Liga, sus siervos de facto), lo cual desgastaría a la institución Real Madrid hasta un punto que desconocemos, o irse de la Liga. Por eso insisto tanto en esto segundo. Eso sí, sea el que sea, este es un viaje sin retorno.

¡Qué bajo cayó el arbitraje!

Espero que desde el Club se esté preparando la guerra porque lo es. Y tal vez el reto mayor al que se ha enfrentado el Real Madrid como institución, otro todo o nada del que firmo salgamos tan solo heridos. Asumámoslo: nos enfrentamos al aparato propagandístico del independentismo radical catalán: un Leviatán engrasado y amoral que convierte abusos en agravios para un público de cerebros criogenizados que solo se reactiva, como el perro de Pavlov, ante el estímulo clave. El que ha aprendido de su propio odio, consciente o inconscientemente desde hace años, y asumido desde la oscuridad de una oquedad profunda, que es la condición de eterno segundo, de chica fea del baile, de impotente actor de reparto que observa las contorsiones de agradecimiento sobre las tablas de la estrella principal ante un público rendido que aplaude hasta no sentir las palmas.

La luz del odio hacia el Real Madrid está prendida y, no seamos inocentes, nunca se apagará salvo que la apaguemos nosotros mismos

Un arma que ha probado su eficiencia recientemente y que viene funcionando como la bombilla “Centennial Light” desde hace mucho tiempo. Y la palabra clave es “Real Madrid”. Por eso entramos en una fase en la que solo cabe ganar o perder. Pero luchar es inevitable, ahora sí. Y la derrota supondría domar el espíritu del club o abandonar la fiesta por la puerta de atrás. Porque la luz del odio hacia el Real Madrid está prendida y, no seamos inocentes, nunca se apagará salvo que la apaguemos nosotros mismos.

 

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¿Cuántos son Del Nido? Quizá el Madrid debe ponerse pasota…

 

El presidente del Sevilla, caballero muy apreciado por su afición, asegura que el Madrid está intentando destruir el fútbol español. Puede que Jesús Navas, también sevillista, matizara si le preguntan. No sé.

La cosa invita a pensar que este presidente entiende que nuestro fútbol está bien como está y ponerle pegas no es de recibo. ¿Cuántos piensan como él? ¿Son mayoría quienes creen que el Madrid es el problema? ¿O ganan los que también opinan —siempre en privado— que ‘esto’ es un desastre y debería cambiarse?

¿Temen represalias si se manifiestan? Segurísimo. Sólo Ángel Torres del Getafe ha declarado que entiende al Real. Anoche, una charla camino del alba, me obligó a cambiar estas líneas. “Habrá silencio, todos los clubes se juegan mucho, ninguno quiere enemistarse con quien manda”.

¿Cuántos piensan como Del Nido? ¿Son mayoría quienes creen que el Madrid es el problema? ¿O ganan los que también opinan —siempre en privado— que ‘esto’ es un desastre y debería cambiarse? ¿Temen represalias si se manifiestan? Segurísimo

Resumen de mi interlocutor falto de sueño: el marrón se lo comerá el Madrid sólo. Porque sólo él está por encima de nuestro fútbol. Por supuesto que la Liga, la Federación con sus impecables árbitros no son dudosas. Tampoco mucha opinión pública: para ellos, esto está cojonudo y el problema es el Madrid.

La excepción más ruidosa es Jagoba Arrasate, entrenador del Mallorca, quien sostiene que se está desenamorando de este deporte “al que he amado desde que mi padre me llevaba de niño a Atocha”.

💔 ''Me estoy desenamorando del fútbol''. Jagoba Arrasate. #DeportePlus pic.twitter.com/K3wAXfeO15

— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) January 25, 2025

Llegados a este punto, la cuestión es si el Madrid debe recoger velas y pasar de todo lo que pase aquí. Ponerse pasota, sí. ¿Le merece la pena pelear en solitario? Se me ocurren ciertos montones de episodios para poner el grito en el cielo todo el sector.

Está de más insistir en asuntos de sobra conocidos que en cualquier otra parte del mundo civilizado hubiesen desencadenado un tormentón. Todo eso, nuestro ejemplar fútbol lo sabe y calla. Muchos por miedo a la represalia. Fantástico.

Pretender cambiar lo que hay en contra de casi todo lo establecido quizá no le merece ya la pena al Madrid. Unos por convencimiento y otros por protegerse, el silencio a su alrededor es atronador. Y si se oyen voces son en su contra.

El marrón se lo comerá el Madrid sólo. Porque sólo él está por encima de nuestro fútbol. Por supuesto que la Liga, la Federación con sus impecables árbitros no son dudosas. Tampoco mucha opinión pública: para ellos, esto está cojonudo y el problema es el Madrid

También en ese pretendido afán de destrucción de nuestro fútbol por parte madridista está la Superliga, claro. Y es lógico: el de aquí está muy bien y el europeo, también. La nueva Champions, por ejemplo, es ma-ra-vi-llo-sa. Pretender lo contrario es cosa de díscolos equivocados a las órdenes del Madrid, alias El Lío.

Un asunto sencillo, la Superliga, y que supera al propio club problema: será el fútbol europeo quien decida cómo quiere gestionar su futuro con o sin este o aquel club, incluso el propio Real. ¿RealmadridTV? Pues como con la Superliga: en su casa cada uno hace lo que le parece o le dejan. Comunicados y discusiones con un mundo que te sitúa como el enemigo… No acierto a verle el beneficio.

Plantarse. ¿Os gusta esto? Perfecto. Nos vemos el sábado en Pamplona, luego recibiremos al Girona con toda cortesía, jugaremos la semifinal de Copa donde nos mandéis. Y llegado el verano, felices vacaciones. Jugar por imperativo legal o así.

Si un día ponéis los audios los escucharemos. O no, qué más da. Si de pronto más ponen todas las imágenes y no sólo un par de ellas será que el realizador tuvo mejor noche. Si el tío de las líneas pone el ‘frame’ donde toca, pues lo mismo. Si uno inscribe a dos tíos, o doscientos, en el mercado de invierno el 3 de agosto, formidable.

Y así. Pasar de todo. Estoy seguro de que la mayoría del madridismo lo aprobaría de someterse a referéndum. Aquí, lo que toque. Que al final, lo mollar es Europa.

Plantarse. ¿Os gusta esto? Perfecto. Jugaremos donde nos mandéis. Y llegado el verano, felices vacaciones. Y así. Pasar de todo. Estoy seguro de que la mayoría del madridismo lo aprobaría de someterse a referéndum. Aquí, lo que toque. Que al final, lo mollar es Europa

Por donde aparece ya el City. Por cierto, recuerda Emilio Pérez de Rozas en El Periódico que Juanma Lillo, ayudante de Guardiola, dijo aquello de “la guarnición (el VAR) se está comiendo al solomillo (el fútbol)”. Lucas Vázquez ha sido el último en caer. Jugará el Madrid con un volante de lateral diestro y otro, de central. Y se dejará el alma.

Si clasifica, bien. Y si cae, pues el año que viene saldrá a por la 16. Eso tampoco puede hacerlo nadie más. Ahora y durante los próximos 100 años. Sí, sí. Esa es la pelea del Madrid. Lo demás, una pérdida de tiempo y de energía.

 

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Anoche vimos a un Real Madrid dominador, incisivo, con ganas y fuerza, acechando la portería de una Oblak sobresaliente que paró todo lo parable y lo imposible. El Atlético de Madrid se pudo llevar un saco del Bernabéu, pero allí había un sujeto vestido de amarillo en el campo, así como otro también de amarillo (hay que ver el ridículo que hacen vistiendo a los del VAR como los de campo cuando están a kilómetros) en la sala VOR. Soto Grado en el césped inmaculado del mejor estadio del planeta y De Burgos Bengoechea (me estoy mosqueando ya con el apellidito, jefe) en una sala oscura de un rincón de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas (que como todo madrileño sabe, está antes que Las Matas y más antes que Los Peñascales, de ahí el ripio). Estaban predispuestos a liarla y la liaron. Se inventaron un penalti que no vio nadie en el minuto 35 de partido a favor de los de Canillejas, y el Real Madrid tuvo que remar más y más contra corriente, más y más contra todo y contra todos para poder empatar el encuentro como mal menor, porque todo estaba previsto para que anoche los Simeone boys ganaran el partido.

La semana en la que el Real Madrid da un puñetazo encima de la mesa solicitando, exigiendo, un cambio radical en las estructuras y en el sistema arbitral y federativo español es contestado por un arbitraje infame de dos de los árbitros de cámara de Clos Gómez, Medina Cantalejo y, por extensión (y por clientelismo) de Enríquez Negreira. O sea, del propio the tinglao, como nos gusta llamarlo a muchos de nosotros. Ellos, y sólo ellos, fueron los artífices del empate en el templo blanco, ellos y sólo ellos llegaron al encuentro con la lección aprendida y con la malvada intención de que el Real Madrid no ganara el partido. Lo adelanté el otro día, el atraco iba a ser mayúsculo. Y lo fue, amigos, lo ha sido.

Sólo hay una explicación posible. El sistema actual beneficia a todos ellos

Me pueden llamar llorón, me pueden llamar catastrofista, me pueden llamar lo que quieran (menos mentarme a la madre, que eso no lo consiento), pero lo que pasó anoche en Chamartín es rayano en el delito, en la infamia, en la atrocidad de unos señores que ganan una media de 300.000 euros al año (se dice pronto) para hacer el trabajo que quieren sus jefes, que de eso se trata. El Real Madrid quiere limpiar el sistema, quiere cambiarlo de raíz, el resto de clubes, se echan encima del Madrid pero bien que protestan cuando algo no les gusta. Sólo hay una explicación posible. El sistema actual beneficia a todos ellos. Beneficia a los de arriba y a los de abajo, porque si no fuera así sus lágrimas serían de sangre, como las que ha derramado el Real Madrid durante años y, particularmente, después del atraco a mano armada de Cornellá.

Soto Grado en el Mallorca, 1 - Real Madrid, 1

Anoche, mire usted qué casualidad, nada más acabar el partido, se filtraron los audios de la jugada. El señor Soto Grado viene a decir que no se ve bien la acción, pero que él va a pitar penalti. Hala, así, el principio in dubio pro reo a tomar por saco, el principio de la presunción de inocencia a tomar viento fresco.  Que parece que a lo mejor es penalti, pues lo pito, que eso es lo que me conviene para mantener la escarapela de internacional y poder pitar un Afganistán-Moldavia, que es para lo único que utilizan en la UEFA y en la FIFA a esta caterva de inútiles con silbato de España. Les importa un rábano el deporte, les importa un rábano la limpieza y el espíritu deportivo. Sólo les importa seguir cobrando un año sí, y otro también, su pasta gansa, y seguir las directrices de los que les mandan, no vaya a ser que se cabreen, me apliquen el índice corruptor y me desciendan a las procelosas simas de la segunda división, en las que sólo me llevo 100.000, cifra nada desdeñable para un paisano mortal, pero un atraso económico y casi la ruina para estos nuevos ricos vestidos de colorines que amargan la existencia todos los fines de semana a los aficionados y a los dineros de los clubes para su propio beneficio.

lo de anoche y lo que lleva sufriendo el Real Madrid en la competiciones españolas desde 1992 es demencial. Algo hay que hacer

Me pueden decir que el Madrid pudo marcar más, goles me pueden decir que si el sistema, que si el dibujo, que si los cambios, que si los no cambios, que si los minutos para mengano o zutano; me pueden decir que si el entrenador, el presidente, el que vende los refrescos o el que guarda la entrada de la puerta 35 del estadio; me pueden decir lo que les dé la gana (repito, mientras no me mientan a la madre, ojito). Me da lo mismo: lo de anoche y lo que lleva sufriendo el Real Madrid en la competiciones españolas desde 1992 es demencial. Algo hay que hacer. No lo sé, yo no soy entendido, sólo puedo dar propuestas, como esta semana en el decálogo de consejos para depurar el arbitraje, pero el Real Madrid, que es el que más paga y más genera para que se lo pulan estos desalmados, debe hacer algo contundente ya. No podemos esperar a que nos sigan mancillando. Pero ya.

Quiero hacer una mención al rival. Luego dicen que no les podemos entender. Evidentemente. El Real Madrid y su estadio hicieron anoche un homenaje a una leyenda del fútbol mundial, Marcelo Vieira.

Marcelo y Butragueño

Pues bien, los jugadores colchoneros siguieron calentando, a lo suyo, dando la espalda al acto y al homenajeado, el presidente en el palco no se atrevió, siquiera por cortesía de estar en casa ajena, a aplaudir a Marcelo. Nos da igual, ya sabemos cómo son, no les podemos entender ni queremos entenderlos, no queremos saber nada de la mala educación, de la falta de formas, de la falta de deportividad y de la chabacanería barriobajera de un club chabacano y barriobajero como el que dice ser el mejor de Canillejas. No, no les vamos a entender jamás y, miren ustedes, bien orgulloso que estoy de no ser como esta caterva de maleducados. Mis padres, afortunadamente, me enseñaron que donde fueres, haz lo que vieres, y si se homenajea a uno de los suyos, en pie y aplauso, que para eso estoy fuera de mi casa, para eso me han acogido en la suya y para eso estoy educado como Dios manda.

Pues no, no les vamos a entender jamás, y menos mal. Sólo deben mirar lo que hizo el Real Madrid Club de Fútbol, su equipo y su afición el día que vino el Sevilla (club nada amigo, por cierto, y al que tengo que aguantar desde que era un crío) a Chamartín a jugar su partido de liga y se homenajeó, merecidamente, a Jesús Navas. Yo estoy en ese bando, no quiero otro, y muy orgulloso de estar en él.

Les dejo con la frase de mi amigo Javi. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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Buenos días, amigos. En el derbi de anoche, que finalizó con empate a uno, hubo dos homenajes. El primero tuvo lugar antes del partido, y fue el que el Real Madrid ofreció a Marcelo, absoluta leyenda vikinga que acaba de anunciar su decisión de colgar las botas.

El segundo tuvo lugar durante el propio encuentro, y fue el que Soto Grado (con la inestimable colaboración del ínclito De Burgos en el VAR) tributó a Enríquez Negreira, padre fundador del negreirismo, religión que devotamente profesa la práctica totalidad de los trencillas españoles. Negreira es la permanente inspiración del colectivo arbitral, sin la luz de cuyo patriarca no brillaría del modo en que lo hace jornada tras jornada. Esa luz alumbra los  horizontes de todos y cada uno de los colegiados -o culegiados según algunas escuelas de pensamiento- que pueblan la estructura del CTA, desde Cantadelejos a Clos, que portan la antorcha del negreirismo con ejemplaridad, a los más jóvenes representantes de la fe, como ese Muniz Ruiz que prueba cómo las nuevas generaciones de negreiros honran sobremanera al padre fundador.

Pero vayamos por partes. El primer homenaje fue el de Marcelo. El público entero coreó el nombre del mítico lateral izquierdo mientras, sobre el césped, los componentes de la actual plantilla blanca se dejaban las manos aplaudiendo y Modric regalaba a su excompañero una camiseta enmarcada con las firmas de todos. Mientras todo esto tenía lugar sobre el campo, y todos los futbolistas merengues se fotografiaban junto al brasileño, los componentes de la expedición rojiblanca, que iba a jugar a continuación, no perdían la ocasión de unirse a acto tan edificante a base de dar la espalda al mismo y pelotear como si la cosa no fuera con ellos. Y era cierto. No iba con ellos porque lo edificante no va con ellos. El honor no va con ellos. La clase no va con ellos. Tampoco va con su presidente Enrique Cerezo, que desde el palco dio un aplauso (exactamente uno, chocando una sola vez una mano contra otra) hasta que se dio cuenta de que el Frente Atlético podría regañarle por semejante traición. Hace pocos meses jugó su último partido Jesús Navas, futbolista del Sevilla, y el Bernabéu le despidió como si fuese uno de los suyos. Igualito, absolutamente igualito, que lo que hicieron los componentes de la expedición rojiblanca con un compañero de profesión que no solamente ha sido uno de los mejores de la historia, sino que también ha honrado el fútbol con su ejemplaridad.

Pero de eso precisamente, de ejemplaridad, es de lo que no anda sobrado el Atlético de Madrid, club que no solo alberga y financia a una numerosa caterva de neonazis con muertes a sus espaldas, sino que les deja mandar ahí dentro. Quién si no manda que a Marcelo no se le hace pasillo ni se le aplaude.

Asco infinito, amigos.

Y un asco que no hizo sino proseguir sobre el césped, una vez el encuentro tuvo lugar. Soto Grado y De Burgos optaron por regalar un penalti al equipo que no aplaude a las leyendas. El proceso fue el habitual en estos casos, es decir, con las tomas televisivas de Tatxo Benet, socio del club cliente de Negreira, te parece que es una decisión rigurosa pero que a lo mejor, aun con todas las sospechas del mundo, te tienes que comer.

Luego llegan las tomas de estraperlo, las que Tebas no quiere que veas, las que enseguida censura febrilmente, y te das cuenta de la magnitud del atraco. Tchouaméni no solo no pisa deliberadamente a Lino, sino que no lo pisa en absoluto. El francés, precisamente para evitar la pena máxima, ni siquiera pisa con toda la suela en el césped, sino que lo hace exclusivamente con la puntera, en la acción instintiva de evitar pisar al contrincante cuando pone el pie. Por razones técnicas, hoy no podemos poner esas tomas de estraperlo por esta vía, pero os recomendamos que os asoméis a las cuentas de X de La Galerna, o de nuestro editor Jesús Bengoechea, para comprobarlo.

En dichas cuentas, o en la de la propia RFEF, podéis asistir también a la conversación entre el árbitro de campo y el del VAR en la jugada de marras. Podéis escucharla, sí, pero os recomendamos que tengáis cerca a alguien que os frene antes de salir a la calle y reventaros la cabeza contra todas y cada una de las farolas de la avenida.

 

-Mira a ver si tienes una toma mejor- le pide Soto Grado a su ayudante del VAR.

-No, esa es al mejor que tengo- admite De Burgos.

-Ah, pues nada, voy a pitar penalti, pero no sacaré tarjeta al jugador.

 

Os aseguramos que la conversación es tal cual. Intentad no dejaros la calva como Guardiola se la deja tras los partidos o, si no tenéis calva, no arrancaros el pelo a mechones. Soto Grado admite que no ve un carajo, pero bueno, va a pitar penalti porque es lo que toca una vez ha acudido al monitor. Y, en un ejercicio de excusatio non petita de manual, adereza la decisión con el perdón tarjetero a Tchouaméni, a través del cual admite implícitamente que está prevaricando, pura y simplemente. Está tomando una decisión que sabe injusta pero, como la sabe injusta, al menos no amonestará al presunto infractor.

La pregunta es qué hace ahora el Madrid con esto. Puede emitir otra carta abierta a la Federación. Puede postear el correspondiente vídeo de RMTV en sus redes sociales, con un alcance potencial de 600 millones de personas. O puede sondear la opción de mudarse a la liga portuguesa o turca, habida cuenta de que aquí no le van a dejar rascar nada, y que le van a esquilmar de lo que es suyo con la desfachatez que trae consigo la conversación del VAR que acabamos de transcribir.

En esta sección solemos comentar las portadas del día. No tenemos ganas. En el mejor de los casos, pasan por encima de la jugada calificándola como “jugada de VAR”. No es una “jugada de VAR”. Es un latrocinio, uno más, practicado con luz y taquígrafos y todo el descaro del que es capaz el CTA, que es mucho. La prensa patria tiene el mismo acceso que La Galerna al audio que acabamos de transcribir, pero no os lo harán saber, o no le darán importancia.

No, no la emprendáis a cabezazos contra las farolas ni os arranquéis la melena a puñados. Disfrutad mejor del domingo, quizá adheridos a la ingenua posibilidad de que el Madrid pueda ganar la liga. O disfrutadlo renegando de vuestra afición al fútbol, si queréis.

Nadie podrá reprochároslo.

-Courtois: APROBADO. Solo fue puesto a prueba en el penalti.

-Lucas Vázquez: APROBADO ALTO. Percutió la banda y ayudó lo suyo.

-Fran García: APROBADO ALTO. Brioso y acertado en general.

-Tchouaméni: APROBADO ALTO. Se le podrá acusar de alguna ingenuidad en el penalti, pero su segunda parte fue ejemplar.

-Asencio: SOBRESALIENTE. Se confirma la reencarnación canaria de Sergio Ramos.

-Valverde: APROBADO ALTO. Se vació como siempre y ofreció la solvencia habitual, en el medio primero y luego en el lateral.

-Ceballos: SOBRESALIENTE. Extraordinario en el control del partido, el desahogo del juego y la defensa, salvando incluso una jugada de gol.

-Bellingham; NOTABLE. Clase a raudales y abnegación a espuertas. Le faltó el gol, que rozó dos veces.

-Mbappé: NOTABLE. Gol y constante creación de peligro. Está enchufadísimo.

-Rodrygo: NOTABLE. Muy activo, incisivo y acertado, en particular en la jugada del gol.

-Vinícius: APROBADO ALTO. Perdido en el primer tiempo, excelente en el segundo, cuando buscó más la banda izquierda.

-Modric, Camavinga, Brahim: SIN CALIFICAR

-Ancelotti: APROBADO. Se le puede acusar de inmovilismo, pero lo cierto es que el equipo no acusó defensivamente la alineación de Mbappé-Rodrygo-Vini-Bellingham.

El Real Madrid recupera la cartera

Contra los elementos, bajo una atmósfera hostil y vengativa arbitral, y para más inri ante un viejo y detestable rival, el Real Madrid, aún líder, supo sobreponerse al enésimo gol artificial diseñado desde el VAR para que el Atlético, ironías del destino, se adelantara ante el Trampas. Mbappé puso el empate y el Atlético, sufridor, y mecido por el silbato, supo aguantarlo.

Saudade en los prolegómenos ante la despedida del madridismo a una de sus leyendas, Marcelo, que, gallardo, contuvo las lágrimas acompañado de sus hijos. Atronadora ovación del Bernabéu a la que apenas correspondió por cierto Henry Cherry en el palco. Llegaba un derbi flamígero, de colera epistolar madridista al que el convento de las locas de la liga ha correspondido rasgándose las vestiduras mientras vuelan los millones en fondos de inversión de tres letras y billetes de Monopoly con el perfil griego de Enríquez Negreira. Entre presuntamente sarcásticos tuits colchoneros, hay que agradecer que este año no nos hayan ahorcado ningún muñeco para llegar al derbi. Que sepamos. Así, cual vikingos en drakar a la deriva, solos contra el mundo, afrontábamos la siempre amable visita de los del Cholo, los cholitos, este año además con uno de verdad en el once.

No obstante, ciñéndonos estrictamente a las cosas del comer, lo cierto es que el Madrid comparecía a un encuentro de machete y colmillo con una defensa cogida por los alfileres del costurero Aureliano, pronto, de nuevo, foco de todas las miradas y todas polémicas. Valverde y Ceballos, zapadores en el campo de minas colchonero, y arriba los Cuatro Fantásticos. Demasiada fantasía. O ninguna, según se mire.

Al Madrid – José Mourinho Felix dixit- no le sientan bien los homenajes antes de los partidos y así compareció el líder al choque. Tibio. Contraste entre la fulgurante entrada al corte de Asencio frente a Simeoncito y la temeraria pérdida de Lucas Vázquez que casi causa el primer disgusto en la parroquia merengue. Así las cosas y dadas las circunstancias, poco a poco el Real se sumía en el laberinto de sombras cholescas. Con calidad y paciencia, pero sin peligro ninguno, sostenidos por un aguerrido y casi siempre lúcido Ceballos, los de Carletto se prestaron a afrontar su clásico suplicio ante el Atlético: masticar un bocata de perdigones. Auténtico plomo. Ocurría poco o casi nada, con la vanguardia madridista en todas partes y a la vez en ningún sitio cuando aconteció el oprobio arbitral liguero de cada fin de semana. Antes, Giménez se llevó el balón con la manita pegada al pecho, pero, decía un sabio, que para eso tiene uno precisamente el pecho a la hora de jugar al balompié. Ni se pitó ni revisó nada.

No sucedió lo mismo a los 34 minutos. Un centro lateral de los indios desde territorio comanche, aparentemente inofensivo, se convirtió en un arma de destrucción masiva diseñada desde el ese gabinete de los horrores que es la sala VOR gracias a una extraña coz de Tchouameni, convertida en insulso pisotón a Lino.  Aquí, sí. Aquí no hubo duda ninguna. Soto Grado es el que mejor maneja el ruido externo, comentaba ufano Axel Torres. Fabuloso.

El escándalo de Soto Grado y Muñiz Ruiz en Mestalla

Julián Álvarez, desde los once metros y por el centro, adelantaba al Atlético en el Bernabéu. Ancelotti se echaba las manos a la cabeza y el Madrid acusaba un nuevo golpe bajo a la altura del bañador, que cantaba tu pantalla amiga en el pressing catch de los noventa. Y hay que decir que Tchouameni, al que últimamente parece haberle mirado un tuerto, se sobrepuso a la desdicha abortando un par de contraataques peligrosos rojiblancos cuando su equipo andaba aún azorado. Tras los pitos del Bernabéu del otro día, no puede decirse que Aureliano no haya sido sometido al sufrido curtimiento de Chamartín.

El Madrid debió abrazar algún tipo de filosofía zen en el vestuario porque compareció con nuevos bríos y las ideas más frescas, tras seguro practicar algún tipo de exorcismo mental ante el hombre de negro, hoy de amarillo. Vini volvió a su banda izquierda, sin saber muy bien dónde diantres estuvo en el primer tiempo, y el Madrid comenzó a inclinar el campo.

Fue sin embargo Goes, en uno de sus característicos eslálones, quien se coló entre indios cual policía montado del Canadá para servir el pase de la muerte a Bellingham. Despejó a duras penas Giménez pero, inmisericorde, Mbappé no perdonó el rechace para empatar a los 54 minutos. 1-1 y mucho bacalao que partir en la capital.

El gol inflamó al Madrid, prendió la mecha del Bernabéu y acogotó a un sufridor Atlético, su verdadero ADN. Bellingham astilló el larguero tras otro centro de Vini y puso a prueba a Oblak con otro cabezazo. Al otro lado, cada acometida atlética era contenida por un feroz y fulgurante Asencio y un sereno Tchouameni, bailando al filo de la línea de meta muchas veces.  El líder acumulaba ocasiones de mayor o menor grado en plena combustión merengue. El Cholo, entre sus aspavientos, hacía cuatro cambios y Ancelotti le daba al chicle.

A falta de poco más de diez minutos, Modric y Camavinga entraban por Lucas y a un bravido y clarividente Ceballos. Simeone cerraba sus sustituciones con el tallo noruego Sorloth en detrimento de Álvarez, y el Bernabéu afrontaba con el corazón en un puño el final de una dramática función. El Madrid insistía, Vini percutía y percutía, Goes disparaba desde lejos muy cerca, válgame la expresión, pero el Atlético, lo sabemos, lo conocemos, es pérfido, es capaz de sufrir e inocular su veneno en los peores momentos. Y con los VARbitúricos nunca se sabe.

Comparecía Brahim, demasiado tarde quizás, por Rodrygo en el 84. A filo del noventa cabalgaba Valverde, Mbappé no llegaba ante Oblak por un dedo meñique y la posterior volea de Fede tras córner se marchaba cerca del palo. Sólo tres minutos de descuento que no dieron para más.

El Madrid pudo al menos recuperar la cartera que le birlaron desde un despacho oscuro y retener así el liderato en un derbi feo, tosco y desagradable como siempre, en el que el verdadero triunfador fue el Barcelona de Flick que aun así es muy capaz de cagarla mañana.

Y para concluir, una reflexión. Resulta curioso cómo se quejan los árbitros de los videos de Real Madrid Televisión, pero lo cierto es que no paran de proporcionarles cada día más contenido.

 

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Arbitró César Soto Grado del colegio riojano.

En el VAR estuvo Ricardo de Burgos Bengoetxea. Falló en lo más importante del partido en connivencia con el de la sala VOR que preferimos no volver a mencionar porque es un tipo insufrible. Ya solo escuchar los apellidos te produce escalofríos. En el 35' Tchouaméni pisó con el talón a Lino cuando el balón había pasado y no tenía posibilidad de jugarlo. Este es el fútbol y el arbitraje asqueroso de la Liga. No se deben pitar penaltis así; en Europa hay otro listón.

Además, amonestó merecidamente a Ceballos por pisar a Barrios en el 24', a Lenglet por una patada por detrás a Rodrygo en el 48' de la primera mitad, a Galán por agarrar al brasileño en el 3' de la segunda parte y a Sorloth por derribar a Camavinga en el 92'. La jugada de Ceballos estuvo en la frontera llegando tarde al balón pero no haciéndolo de forma premeditada.

Por último, se pidieron dos penaltis por mano en el área rojiblanca, pero ninguna era punible.

Soto Grado, HORRIBLE. El del VAR, NEFASTO.

El Real Madrid no está solo

El Real Madrid CF tiene excelentes relaciones con muchos de los más grandes equipos de Europa y de diferentes nacionalidades. A saber: Bayern de Munich, a pesar del robo del siglo con Toni Kroos, aunque ellos tampoco salieron mal parados con el traspaso de Arjen Robben. En su reciente asamblea de socios no fueron pocas las referencias y elogios hacia el Real Madrid como modelo de gestión a seguir. Y qué decir del Borussia Dortmund, cuyo CEO es casi hermano de nuestro presidente. Y también sabemos que tiene algo más que buenas relaciones con el Bayer Leverkusen, equipo en el que Dani Carvajal hizo la mili.

Podemos citar al Liverpool, club gemelo del nuestro aunque a menor escala. Ninguna de las dos aficiones podrá olvidar el homenaje en Anfield a nuestro presidente de honor, Amancio Amaro (qepd) ni el You’ll never walk alone atronando por los altavoces del Estadio Santiago Bernabéu en honor a sus aficionados en la eliminatoria de hace un par de años en Champions League, que, incluso, debió emocionar a quien quiera que se esconda detrás del nick @ruidobernabéu.

Curiosamente, a decir de todos, también tiene una gran relación con un club estado inglés, el Manchester City. Item más, en el otro club de Manchester no se olvidan los “pequeños” detalles que tuvo el mítico presidente madridista, D. Santiago Bernabéu, con dicho club a consecuencia del accidente de avión del 6 de febrero de 1958.

También sabemos que guarda una relación muy estrecha con los grandes clubes italianos, sobre todo con Juventus, Milán y Nápoles, y con varios franceses (y algo más con el Olympique de Lyon), excepción hecha del PSG por los motivos que todos conocemos. En Portugal con el Oporto. Y seguramente bastantes equipos más de otros países que yo desconozco. Vaya donde vaya, sea el país que sea, es recibido como un mito. Y mejor no comparemos con los recibimientos patrios. Por vergüenza ajena, básicamente.

Otro tanto puede decirse de la relación con las aficiones rivales. Tal vez no ir por media Europa de la mano de una banda de ultras nazis tenga algo que ver en esto. O haber sido compañeros de fatigas con otras aficiones, como en la final de Paris de 2022 con la afición del Liverpool.

¿El Real Madrid está solo? Pues no. Ni mucho menos. Es querido y respetado en todo el mundo con sus 600 millones de seguidores. El mayor número de seguidores de un club deportivo en cualquier especialidad

El Real Madrid ha ganado mucho, pero también ha perdido mucho. Hecho lógico en un deporte en el que solo gana uno. Llevamos décadas asistiendo a partidos con victorias, derrotas y empates. Nunca nadie, durante el período reciente que todos ustedes quieran tomar de referencia, ha hecho alusión a la actuación arbitral. Ni directivos ni jugadores ni aficionados. Este mismo año, por no irnos más lejos, el equipo ha tenido una fase regular mala con tres derrotas. Nadie ha mirado al juez. Nadie. Con diferentes árbitros y de diferentes nacionalidades y competiciones. Otrosí puede decirse de aquellos torneos, como la reciente Intercontinental, que ni siquiera son arbitrados por jueces europeos. Ni Aytekines ni Ovrebos. Ni a favor ni en contra.

En este apartado conviene aclarar que, para el caso de las competiciones europeas, todos los jueces dependen de un modo u otro de nuestro entrañable y queridísimo presidente de la UEFA, el Sr. Aleksander Ceferin quien, como todos ustedes saben, no suele comer ni vacacionar con Florentino Pérez. Con otros, sí. En contra de lo que en España parece, esta dependencia jerárquica no afecta al juicio de estos árbitros. Nunca o casi nunca.

En este punto, me permito añadir mi experiencia personal como aficionado al fútbol internacional. Tengo la insana costumbre de preferir ver un partido de La Premier, Bundesliga o Calcio antes que uno de LaLiga de Tebas. Qué le vamos a hacer. Yo veo un Leicester – Everton antes que un Mallorca – Osasuna por varios motivos. El principal: la sensación de limpieza. Saber que los errores solo son errores, que el VAR ayuda y que ningún juez ha pagado al hijo de un exárbitro para ser coacheado.

Hay partidos buenos (muchos), regulares y malos. Lo que sí puedo asegurarles es que, con sus errores repartidos, los arbitrajes en la inmensa mayoría de esos partidos pasan desapercibidos. Muchas de las cosas que vemos aquí, casi semanalmente, es imposible ni imaginarlas allende nuestras fronteras. No verán a uno de estos jueces enredarse con el fisio de uno de los banquillos. Tampoco verán un pitido final con el balón volando hacia el área en una jugada ofensiva.  Tampoco los verán arreando tarjetazos a diestro y siniestro hasta a los stewards. Las líneas del VAR suelen ser rectas y el señor del VAR suele avisar siempre que hay algo digno de ser examinado por el juez de campo. Y casi seguro que no verán una salvajada como la de Mbappé sin que sea castigada. Tal vez porque, fuera de España, la empresa que gestiona el VAR no tiene conflictos de intereses con alguno de los clubes de la competición.

Ho tornarem a fer

Pues bien, la élite de todos estos jueces es la que juzga al Real Madrid cuando sale a competir por Europa. De resultas, el Real Madrid es el rey. Tal vez porque no está Gil Manzano ni Cuadra ni Villanueva ni Alberola ni De Burgos ni Muñiz Ruiz ni Soto Grado ni ninguno de los hijos putativos de Negreira. La diferencia de saldos arbitrales, dentro y fuera, es demoledora.

Tengo la insana costumbre de preferir ver un partido de La Premier, Bundesliga o Calcio antes que uno de LaLiga de Tebas. Qué le vamos a hacer. Yo veo un Leicester – Everton antes que un Mallorca – Osasuna por varios motivos. El principal: la sensación de limpieza

¿El Real Madrid está solo? Pues no. Ni mucho menos. Es querido y respetado en todo el mundo con sus 600 millones de seguidores. El mayor número de seguidores de un club deportivo en cualquier especialidad. Solo hay dos excepciones: la dirigencia de una institución tan limpia como la UEFA, y por los motivos más que conocidos, y el futbol patrio con sus anexos a los que me referiré más abajo.

El miércoles hubo conclave en Madrid con participación de LaLiga, clubes y la Real Federación Española de Fútbol. Al final llegaron a la conclusión de que había que sancionar el Real Madrid. Si el Real Madrid es un club respetado y querido fuera de España, donde mantiene excelentes relaciones con un número significativo de grandes clubes de diferentes países, con sus aficiones y que, además, jamás, que yo recuerde, ha tenido problemas con los jueces que le arbitran, ¿NO SERÁN USTEDES LOS QUE TIENEN EL PROBLEMA, Sres presidentes de los clubes, Javier Tebas y Rafael Louzán? Es una pregunta retórica. No necesita respuesta. Va implícita en la pregunta y ya saben cuál es. Lo paradójico del asunto es que los protagonistas que pretenden sancionar al Real Madrid son los que disfrutan chapoteando en esta pocilga de inmundicia que dicen combatir. Es como si el delincuente sancionase al que le señala robando porque no le deja robar en cómodos plazos.

El Real Madrid no tiene ningún problema con equipos extranjeros de diversas nacionalidades ni con sus aficiones ni con los árbitros ni con la FIFA. ES VUESTRO PROBLEMA, NO DEL REAL MADRID. LA FOSA SEPTICA ES VUESTRA

Porque les recuerdo, los pagos a Negreira, las leyes ad hoc con prescripciones para sanciones muy graves, las palancas ficticias, las influencias políticas para otorgar medidas cautelares, los conflictos de intereses en el VAR o en la organización de competiciones en oriente Medio con un jugador en activo trincando comisiones, los turbios acuerdos con fondos buitres, la permisividad con el racismo…y sobre todo y por encima de todo, que los responsables de todo esto sigan ejerciendo, son cosas que no se dan al unísono en ninguna otra competición del mundo. El Real Madrid no tiene ningún problema con equipos extranjeros de diversas nacionalidades ni con sus aficiones ni con los árbitros ni con la FIFA. ES VUESTRO PROBLEMA, NO DEL REAL MADRID. LA FOSA SEPTICA ES VUESTRA. Os guste o no, y ni sanciones milmillonarias al Real Madrid lo van a evitar. Y aclaro, mientras en otros países se respeten las leyes deportivas y la competición, nunca estaremos solos porque en esos lugares siempre seremos respetados. Vuestros árbitros, no.

No se cabreen y gracias por llegar hasta aquí.

 

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Buenos días, queridos y apesadumbrados amigos.

Ahora que el presidente de los Estados Unidos Donald Trump se encuentra inmerso en una hiperactiva vorágine de ideas para “arreglar el mundo” a su manera, queríamos lanzarle desde La Galerna el reto de que proponga algo para solucionar el problema de la corrupción del fútbol español y de la prensa deportiva de este país. O de la prensa deportiva de este país, que ampara la corrupción del fútbol español, que tanto monta, monta tanto, como se lo montan los personajes que pueblan federaciones, organismos, comités arbitrales o territoriales, clubes y redacciones de medios de comunicación.

Esta noche tenemos derbi, Real Madrid-Atlético de Madrid, o Malakito de Menfis, o secuela del Atlético Aviación, sucursal madrileña del Athletic de Bilbao, pero de antemano sabemos quién ha ganado. No el partido, sino el relato. Gil Marín y Cerezo han ganado el partido del relato mucho antes de empezar. Para el diario As, se trata de un “derbi volcánico” “tras una semana de enorme polémica con los colegiados”.

Nadie se escandalizó cuando los diarios As y Marca cedieron sus portadas completas a Gil Marín para protestar por una posible segunda tarjeta amarilla no señalada a Ceballos en un derbi, pero el problema es el Real Madrid porque propone cambiar ese sistema arbitral que supuestamente le favorece. Y entonces se monta la mundial. No hace ni un mes que el entrenador del Atleti, el Cholo Simeone, criticó duramente el arbitraje español y lo ligó a una tradición que perdura más de cien años. En sus palabras no solo se cebaba con el arbitraje, sino con todo el fútbol español por permitir que estas tropelías permanecieran vigentes durante más de un siglo. Ni un solo medio osó sacarle los colores, es más, fueron muchos los que lo aplaudieron. Nada que deba extrañar a estas alturas. Todo el mundo pudo ver el comportamiento macarra y matonil del entrenador en la final de Lisboa al saltar al campo para agredir a un veinteañero rival (Varane) y la reacción de los medios consistió en más aplausos y una ovación en la rueda de prensa posterior.

Asco, rabia, decepción quizás no, no esperábamos nada de ellos. Porque, aunque nos cuenten desde tiempos inmemoriales que Florentino y el Real Madrid controlan los medios, el relato pertenece al club de los prescritos. Los prescritos, no los proscritos que bien podrían serlo. Los prescritos propietarios Cerezo y Gil Marín amparan a los que deberían estar proscritos, los miembros del Frente Atlético, los que de verdad convierten los derbis en “volcánicos”. Pero los prescritos se ofenden porque dicen que ya los disolvieron hace tiempo. El problema es que centenares de mecheros, las pancartas en el estadio otrora público y los insultos racistas de buena parte de la afición nos hacen saber que siguen más vivos que nunca. Pero el problema es el Real Madrid, que señala el desastre de organización arbitral, regada con millones de euros por el Fútbol Club Barcelona, mientras el resto de clubes se unen para pedir una sanción… no para el que se compra el sistema, sino para el que lo señala y propone su cambio. Todo es tan surrealista que nos dan ganas de largarnos de aquí. Pasemos al diario Marca:

El diario del filoatlético Gallardo se descuelga con una portada original, sorprendente, no especialmente atractiva. La tortuga Mbappé frente a la Araña Álvarez en “Un derbi para superhéroes”. Les proponemos otro: el juez Soto Grado Dredd, juez, jurado y verdugo, como recordarán los aficionados del cómic. Un tipo con antecedentes en expulsar a Vinicíus valiéndose de imágenes sesgadas, que estará en el VAR acompañado por De Burgos Bengoetxea, otro con antecedentes por expulsar a Vinicius con imágenes sesgadas. El juez Dredd de apellidos ilustres, pues puede aplicarte o no el tercer Grado para abandonar la prisión de Soto. El problema es el Real Madrid, señores, como nos recuerda el Marca, que afirma que “el duelo viene marcado por los ataques del Real Madrid a los árbitros”.

La prensa catalana habla de “máxima tensión arbitral”, pero no por haber untado a su vicepresidente durante dos décadas o haberlo criticado desde su mismo nacimiento, porque ya sabemos que el problema es el Real Madrid. Tampoco se han escuchado críticas a Hansi Flick por decir que su club jamás actuaría de ese modo, pese a que su presidente haya hecho gala de su incontinencia verbal atacando el arbitraje desde que llegó a la presidencia, y todo ello mientras untaba al vicepresidente de los árbitros y le cuadruplicaba los emolumentos. Cierto, su modo de actuar es otro, y nos resulta 8,4 millones de veces más deleznable. Pero es que el problema es el Real Madrid y no nos cansamos de repetirlo.

 

También hay “polémica arbitral” para el Mundo Deportivo. En fin, lo que hay que leer. Al final se señalará al colegiado y, pase lo que pase, el Atleti será el ganador del relato. Si Soto Grado pita un penalti, aunque sea tan claro como los tres que escamoteó el atlético Cuadra Fernández hace un año en el mismo Bernabéu, el Cholo dirá que la presión ejercida por el madridismo ya ha obtenido su recompensa. Si no lo pita, como tantas veces ha ocurrido en los últimos tiempos (aunque nunca tantas veces como en la Liga 2020-21, que finalizó con el Atleti como campeón y usurpador), el Cholo jugará a ir de digno y afirmará ufano que “sí, para mí es penal, pero puedo entender que tanta presión sobre el colegiado le haya hecho dudar”, y de nuevo la culpa será nuestra. Porque el relato les pertenece, amigos.

Solo ha faltado Gaspart en este repaso hablándonos de decencia. Mientras tanto, no vemos por ningún lado que Estrada Fernández haya solicitado la apertura del juicio oral del caso Negreira. Porque no hay tal caso, es un bulo. Claro, por eso nos hemos dedicado a recrearlo en La Galerna desde hace meses.

En fin. Señor Trump, en una cosa tiene usted razón: antes de reconstruir, hay que demolerlo todo. Pasad un buen día, amigos, y no os cabreéis con lo que escuchéis o leáis tras el partido. El Cholo, Gil Marín y Cerezo ya han ganado el derbi del relato.

Capítulo II: El Método

 

A lo largo del prolongado proceso de instrucción del Caso Negreira mediante el cual hemos ido conociendo poco a poco nuevas y diversas informaciones del entramado, una de las líneas de defensa tanto de los aficionados del Barcelona como de ciertos periodistas hinchas de dicho club o incluso de los supuestos neutrales, entre los que se cuenta o se quiere contar el propio presidente de la liga, Javier Tebas, era la imposibilidad de demostrar que el dinero que cobraba Negreira acabara en algún colegiado en concreto para desbalancear un encuentro en preciso.

Este argumento ya fue desmontado por el juez Aguirre, quien en su extenso auto apuntó hacia otra dirección bien diferente que, por supuesto, la mejor prensa deportiva del mundo no había contemplado: el Barcelona no pagaba a Negreira como si fuera un mero intermediario que hiciera llegar al árbitro de su siguiente partido una bolsa con el símbolo del euro (€) bordado en la parte externa de la misma (de hecho, él mismo negó haber pagado a ningún árbitro con ese dinero), sino que lo hacía para, como el propio Negreira afirmó en su primera declaración a hacienda, garantizar la neutralidad de las decisiones arbitrales o, en sus palabras textuales, “asegurarse de que no se tomaban decisiones en su contra, que todo fuera neutral”.

Huelga aclarar lo absurdo de pagar por una neutralidad ya presupuesta cuando uno participa en una competición deportiva de la misma manera que absurdo es pagarle a un juez para que se le juzgue con justicia durante un proceso judicial. Es bastante evidente que el Barcelona pagaba para obtener una ventaja deportiva por medio de la influencia arbitral que poseía el señor Negreira, pero, ya que sorprendentemente el periodismo deportivo español no ha tratado de desentrañar en qué consistía dicha influencia, negada a los cuatro vientos por tantos, no queda más remedio que tratar de descubrirlo por nuestros propios medios haciendo acopio de las informaciones que han ido saliendo, así como de algunas declaraciones de dudosa intencionalidad de algunos de los protagonistas de la “era Negreira”.

Uno de estos protagonistas es Iturralde González, la persona que, hasta le fecha, mejor ha explicado cómo pueden influir los cabecillas del CTA en las decisiones de sus compañeros.

Tras esta explicación de Itu, es fácil entender cómo los colegiados han visto condicionada (o no) su manera de arbitrar en virtud de las preferencias de sus jefes. Los árbitros de primera división eran muy conscientes de que si no realizaban su trabajo de una manera que satisficiera a sus jefes su destino podía ser el descenso de la categoría y, por consiguiente, la disminución de sus emolumentos.

La extensa hemeroteca de la que uno puede surtirse a través de las redes sociales y la tecnología de esta época nos ha permitido saber que existía una amplia variedad de maneras de conocer las predilecciones de los superiores de los colegiados. De manera que si nosotros, meros mortales, podemos descubrirlas con facilidad, imagínense ellos. Acompáñenme sin rubor a este pequeño ejercicio detectivesco, para ver si entre todos conseguimos esclarecer por qué derroteros se aventuraban las preferencias del CTA.

La primera pista, llámenme suspicaz o puntilloso si gustan, parece mostrar cierta animadversión por parte del por entonces presidente del CTA, Victoriano Sánchez Arminio, hacia el Real Madrid. No es difícil de encaminar, por tanto, que si el presidente de tu comité te indica tan explícitamente su ojeriza hacia un club, tu obrar no se va a tornar en pitar un penalti a dicho equipo en el próximo encuentro en el que te toque arbitrarles.

Sin embargo, aunque resulta bastante probable que Sánchez Arminio no sólo no era total desconocedor de la trama Negreira, sino un miembro más del complejo entramado, centrémonos en las pistas menos obvias y que puedan tener una mayor relación con el excolegiado catalán.

Siguiendo en la línea de lo que comentaba Iturralde, Paradas Romero —colegiado que sufrió presiones por parte de sus superiores (Villar y Arminio) por no expulsar a José Mourinho que le llevaron a abandonar el arbitraje— establece el término “régimen de terror”. Media frase de Negreira basta para comprobar el tipo de jefe que era. Una llamada de felicitación que se torna en amenaza antes del punto y seguido.

También Mateu Lahoz, en su declaración a la Guardia Civil, hizo referencia a este régimen al catalogar a Negreira de “coronel o general”, mientras que otros colegiados declararon que no podían negarse ni a ser recogidos por su hijo antes de los partidos en el Camp Nou, ya que “era el hijo del jefe”, ni a asistir a sus reuniones en La torrada o acudir con él al karaoke, eufemismo que coincidiremos en que preferimos dejar como tal.

En este punto, y enlazando con el primer texto de esta serie, asistimos al testimonio de Flores Muñoz, asistente de Andújar Oliver, quién reconoce que ya en el año 1994, primer año de Negreira como vicepresidente del CTA, su hijo Javier Enríquez Romero ya recogía a los árbitros en el aeropuerto y los llevaba a un bar antes del encuentro y, posteriormente, al estadio, prueba de que el Caso Negreira, tal y como lo conocemos, tuvo origen, como mínimo, en dicho año.

Teniendo en cuenta lo explícito que fue Javier Enríquez con los árbitros que filtraron su conversación previa a un partido del Barcelona, no es difícil imaginar que Enríquez Negreira, tanto en sus reuniones previas con los colegiados en los hoteles, como en La torrada o incluso en el “karaoke” pudiera dejar claros sus intereses a los colegiados que escuchaban instrucciones directas o indirectas de la persona de quién dependía su estabilidad laboral.

Por si todo esto fuera poco, los colegiados, que está claro que mantenían una relación directa con Negreira, ya fuera en su bar, en el karaoke o dónde se le antojara al vicepresidente del CTA, así como con su hijo, quién también les instruía acerca de arbitraje, no sólo a través de sus cursos de “coaching”, sino también en reuniones previas a los partidos, eran perfectamente conscientes del sistema del que formaban parte.

Un sistema que, como apuntaba involuntariamente Iturralde al principio de este texto, favorecía a aquellos árbitros, independientemente de su buen hacer, cuyas decisiones, acertadas o erróneas, favorecían los intereses de un determinado equipo (o equipos, quién sabe si Arminio o Villar no imponían sus propias directrices junto a las de Negreira) o perjudicaban los de otro, en este caso el Real Madrid, señalado públicamente por el presidente del CTA, Sánchez Arminio, o por el vicepresidente de la RFEF, el expresidente azulgrana Joan Gaspart.

Un sistema basado puramente en el condicionamiento operante de Skinner, en el cuál determinados estímulos se ven asociados continuamente a la obtención de recompensas o castigos y el aprendizaje, por tanto, se ve condicionado por estos refuerzos positivos o negativos en lugar de por el reglamento de fútbol. A continuación, observemos una serie de ejemplos que ilustran perfectamente el condicionamiento del CTA:

Aunque públicamente el CTA cerró filas en torno a la decisión de Tristante Oliva de pitar penalti de Marchena sobre Raúl por agarrón, al finalizar esa temporada, la primera tras reanudar Laporta los pagos a Negreira, el colegiado fue descendido de categoría y tuvo que buscarse la vida fuera del arbitraje.

En este caso, el error garrafal de Mejuto, absolutamente indiscutible, no tuvo ninguna consecuencia negativa para el colegiado. Al igual que sucedió con el error de Daudén Ibáñez, que anuló un autogol completamente legal de Márquez en un partido del Atlético de Madrid ante el Barcelona. Tampoco fue castigado o sancionado. Sí lo fue, en cambio, cuando anuló un gol de Perea ante el Madrid. Quedaban catorce jornadas para finalizar la liga. Sólo pitó en dos de ellas.

Otro ejemplo fue Pérez Burrull, que también se fue a la nevera más de un mes tras no señalar dos penaltis a favor de Osasuna ante el Real Madrid (aunque objetivamente sólo uno de ellos podía haber sido punible).

En 2009, el actual presidente del CTA y responsable del perpetuamiento del obscurantismo del sistema arbitral español, Medina Cantalejo, ejemplificó a la perfección la arbitrariedad y putrefacción del arbitraje español, tras dirigir un clásico plagado de errores que perjudicaron gravemente al Real Madrid (penalti sobre Van Bommel más que discutible, expulsión de Roberto Carlos en el minuto 25 y omisión de un penalti sobre Ronaldo). La recompensa llegó una semana y media después con la designación para dirigir la final de la Copa del Rey.

La final de la Copa del Rey también fue la particular “galleta” con la que se premió el “error” de Rodríguez Santiago que casi cuesta una liga al Madrid al conceder un gol con la mano de Messi ante el Español.

Igual que para Teixeira Vitienes, colegiado que mostró dos amarillas a Busquets sin expulsarlo y que permitió al Barcelona presentarse a un partido de copa casi una hora más tarde.

Peor suerte corrió Vicandi Garrido, que no debió atender adecuadamente a las señales que recibía en su entorno laboral y fue descendido tras no pitar un penalti a favor del Barcelona ante el Celta de Vigo.

También el actual responsable del VAR y de la segunda sala VOR, Clos Gómez, ilustró a la perfección el tipo de errores que gustaban en el CTA, pues obtuvo su internacionalidad en la misma temporada en la que, en un mismo derbi, anuló tres goles legales al Real Madrid y expulsó de forma discutible al holandés Van Nistelrooy.

Resulta más ilustrativo aún comprobar que, pese a ser nombrado internacional, nunca fue considerado para dirigir partidos en Champions League, mundiales o eurocopas.

Ejemplos de cómo el CTA ha ido moldeando el proceder de sus pupilos a golpe de este condicionamiento basado en castigar errores que beneficien al Madrid o perjudiquen al Barcelona y viceversa los hay a manos llenas a lo largo del periodo de Negreira como vicepresidente del CTA, y muchos de los aquí presentes en este texto ya los expuse en esta parodia (Inception y el arbitraje psicológico - La Galerna) donde se puede apreciar cómo las (in)directrices del CTA han contaminado a los actuales colegiados, como por ejemplo un Gil Manzano que en sus inicios era magnífico y actualmente no es más que uno más de este sistema podrido.

Uno podría preguntarse cómo ha logrado el CTA, o sus máximos mandatarios, fabricar un entramado de corrupción como al que se refiere el juez Aguirre de manera que no levantara demasiadas sospechas o que, al menos, estas pudieran justificarse. La respuesta y las siguientes preguntas están en las evaluaciones de los árbitros que, supuestamente, son las que determinan el ascenso y descenso de los colegiados y, suponemos, también las internacionalidades.

Fernández Hinojosa, uno de los mejores árbitros que ha pasado por segunda división y que nunca fue ascendido a primera, explicó en una entrevista cómo Arminio y sus manos derechas modificaban las valoraciones de los trencillas valiéndose de un coeficiente arbitrario que alteraba la puntuación inicial de los colegiados, obtenidas puramente de las evaluaciones de sus partidos. Lo que se conoce como “índice corruptor”.

En esta última clasificación, alterada por el susodicho índice corruptor, se aprecia la firma de Enríquez Negreira. Es una de las pruebas que obtuvo la Guardia Civil antes de concluir en su informe que el excolegiado catalán tenía “capacidad de influencia y poder de decisión” sobre el arbitraje español durante el periodo conocido como Negreirato.

Esta semana, el presidente de la liga, Javier Tebas, en su último enfrentamiento con el Real Madrid, afirmó ni corto ni perezoso que “no hay pruebas de que Negreira haya ejercido presión alguna sobre los árbitros”. Bueno, yo insto al señor presidente de esta liga a que lea este artículo y, con su permiso, les insto a ustedes, queridos lectores, a que decidan a quién prefieren creer: a Javier Tebas o a sus propios ojos.

 

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