Las mejores firmas madridistas del planeta

Digerida la derrota y reposada la frustración, es momento de hacer un análisis sosegado de lo que supone la derrota por 0-4 frente al FC Barcelona. Lo pasional, fruto de la rabia y el análisis más inmediato, buscando encontrar soluciones rápidas, debe dejar paso a lo racional, a la búsqueda de respuestas más elaboradas. Y por eso conviene hacer un análisis más global, un análisis de la tendencia del Real Madrid en el largo, medio y corto plazo.

La tendencia de largo plazo (últimos 5 años) muestra a un equipo ultracompetitivo, capaz de ganar a los mejores, con estabilidad deportiva y con un proyecto edificado sobre una base de jugadores jóvenes, ya muchos de ellos estrellas hoy en día. Ese Real Madrid lleva construyéndose años, cambiando de piezas e incluso de entrenadores y no parece que la derrota contra el Barcelona suponga en sí mismo un cambio de tendencia. El Real Madrid ya cayó con una estruendosa goleada ante el City hace dos años, en el fútbol siempre cabe la posibilidad de un mal partido cada cierto tiempo. Y esa frecuencia de goleadas en contra no parece hoy en día un patrón.

Este Real Madrid lleva construyéndose años, cambiando de piezas e incluso de entrenadores y no parece que la derrota contra el Barcelona suponga en sí mismo un cambio de tendencia

Si vamos al análisis del medio plazo, que podría abarcar los últimos 2 años, el Real Madrid llevaba 43 jornadas invicto en liga, desde la sexta jornada de la pasada edición, cuando cayó ante el Atlético de Madrid en el Metropolitano. Es un equipo que viene de un doblete histórico y que ha ganado la Champions en dos de las últimas tres ediciones, con un fútbol que, de nuevo, ha sido altamente competitivo. Se han realizado fichajes que han apuntalado la defensa, como Rüdiger, o de jóvenes prometedores, como Güler o Bellingham.

Si pensamos en la Champions pasada y en el equipo actual, ya no queda en la alineación titular ninguna de las leyendas que lograron ganar tres champions consecutivas. Solamente Carvajal aparecía como titular indiscutible y Modric como revulsivo. El club ha sido capaz de realizar una transición modélica desde un equipo ganador a otro que también lo es sin un largo periodo de sequía. Esto es algo que si miramos a otros clubes no se ha logrado nunca. Normalmente, tras un periodo de mucho éxito, grandes equipos como el Milan de Sacchi, el Barcelona de Guardiola o el Real Madrid de los Galácticos pasaron por un periodo de reconstrucción.

Y aquí es donde hay que hablar del corto plazo y del impacto de bajas como las de Benzema, Kroos, Carvajal o la cada vez menor aportación de Modric. Esa transición, que ha sido modélica y ha permitido seguir ganando títulos, encuentra ahora sus primeros obstáculos. Y es aquí cuando encontramos patrones negativos. No tanto por lo abultado del resultado del sábado, sino porque el juego dubitativo lleva siendo tendencia desde los primeros partidos. A nivel de resultados encontramos al equipo con solo dos derrotas (la del Lille y esta), pero las sensaciones que deja el juego del conjunto es lo que verdaderamente preocupa.

El club ha sido capaz de realizar una transición modélica desde un equipo ganador a otro que también lo es sin un largo periodo de sequía. Algo que ningún otro club había logrado nunca

El 0-4 del Barcelona no parece tan circunstancial como el 3-1 ante el Atlético de Madrid del año pasado. Entonces el equipo blanco dejó mejores sensaciones y el juego no mostraba tantísimas lagunas como ahora. Es cierto que a partir de entonces Carletto encontró la tecla y el Real Madrid empezó a mostrar su mejor versión.

El problema es que ahora esa tecla no se vislumbra. La ausencia de Kroos y la llegada de Mbappé parece haber alterado significativamente el ecosistema. Pero no puede ser un problema de la calidad de los jugadores porque la plantilla del Real Madrid sigue siendo de las mejores del mundo. Se parece más a un problema de índole táctica, que se resuelve cambiando posiblemente una sola pieza. Me recuerda a la llegada de Zidane tras Benítez. Si entonces el equipo parecía hundido, de pronto Zidane tocó lo justo, apostando por Casemiro como eje defensivo, para de pronto hacer funcionar al equipo.

Ese es el ajuste que debe encontrar Carletto y debe hacerlo pronto, antes de que la tendencia en el corto plazo no sea solo de juego y sí de resultados. Hoy en día, es un problema de juego, con muchos futbolistas por debajo de su nivel y con la sensación colectiva de que el equipo no ha encontrado el modelo de juego idóneo con sus piezas actuales. Los resultados han acompañado, más allá de la derrota contra el FC Barcelona, la cual queda por determinar si es algo esporádico o si responde a una tendencia negativa.

Y eso va a depender de si la escuadra todavía cree en su técnico y de si este se ve capaz de encontrar soluciones. Si esto no sucede es cuando empezarán a producirse más derrotas y entonces sí cambiará la tendencia y realmente estará en peligro la estabilidad a corto plazo. Y cuando eso ocurre es cuando se pierden los títulos, se cambia a los entrenadores y se buscan nuevos jugadores para reemplazar a otros que no dan nivel. Y todo ello puede modificar el escenario a medio plazo.

queda por determinar si la derrota frente al Barça fue algo esporádico o si responde a una tendencia negativa. Y eso va a depender de si el equipo todavía cree en su técnico y de si este se ve capaz de encontrar soluciones

Si tomamos como referencia otros momentos difíciles del Real Madrid en los últimos años, dentro de este ciclo ganador, creo que más allá de la dolorosa derrota del sábado no estamos todavía en ese escenario de cambio. Es cierto que Ancelotti ha probado muchos sistemas y con ninguno de ellos se ha visto a un Real Madrid competitivo durante 90 minutos. Y también es cierto que se nota a muchos jugadores por debajo de su nivel. Y que hay dudas legítimas sobre el encaje de las piezas, la configuración de la plantilla y su utilización. Pero resulta muy difícil pensar que no estamos ante una plantilla de gran talento, una de las mejores de siempre.

Si esta derrota hubiese sido en marzo o abril y la tendencia se hubiera prolongado durante 4 o 5 meses, habría un gran motivo para la preocupación. Pero en esta época del año, con todo por jugar y con un equipo que viene de ser campeón de Europa hace apenas 4 meses, creo que lo sensato, antes de pedir fichajes masivos, cambios de entrenador, limpias o revoluciones, es esperar.

Veamos si la derrota sirve para buscar soluciones tácticas y para espolear a algunos jugadores que todavía no han encontrado su mejor versión. Ni el Barcelona va a aguantar este ritmo físico ni la liga está perdida. Y mucho menos la Champions League. Vamos a esperar nuevos acontecimientos y a que el Real Madrid siga siendo el Real Madrid.

 

Getty Images.

La frase que titula este breve texto desencantado podría pertenecer a la simple narración de un partido. Con balón, ya sabemos lo que Vinícius es capaz de hacer, pero no se queda atrás en otras materias sin contacto con el cuero, en particular su mortífero desmarque y su trabajo defensivo, nunca bien ponderado. Vinícius es oro con y sin balón, como seguirá siendo Oro con y sin Balón, lo que desde luego no disminuye la magnitud de la afrenta.

Es una decisión ridícula que presuntamente se apoya en votaciones de periodistas independientes, pero cualquiera se lo cree con Ceferin detrás. El oscurantismo reinante respecto al ganador, que se ha tratado de presentar como una novedad tipo Óscars, ha resultado ser el caldo de cultivo perfecto para la sospecha, sobre todo cuando acaba de volver a ganar Shakespeare Enamorado en lugar de Salvar al Soldado Ryan.

Vinícius

Personalmente, nunca he dado gran importancia a los premios individuales en un deporte eminentemente colectivo. Sin embargo, este Balón de Oro venía acompañado de una serie de circunstancias que lo convertían en providencial. Para Vinícius, el hito habría supuesto la culminación de una historia de superación personal cuyo final feliz habría alcanzado proporciones hollywoodienses. El recordar las bufonadas de ciertos exponentes chiringuiteros, o de ciertos compañeros de profesión del brasileño, burlándose de Vini aludiendo a un Balón de Oro presuntamente imposible, habría creado un efecto irónico insuperable. Ni en la gran pantalla triunfan tan indiscutiblemente los buenos y hacen el ridículo de manera tan grotesca los malos.

Es una decisión ridícula que presuntamente se apoya en votaciones de periodistas independientes, pero cualquiera se lo cree con Ceferin detrás

En todo caso, con y sin balón, con o sin Balón, ¿qué lleva Vinícius haciendo más de un lustro, si no es acercarnos un poco más a un mundo de ficción donde aún se puede esperar alquimia de los ilusionistas y proezas de los héroes? En el fútbol ya no había lámparas de araña de cristal, y Vini nos ha recordado su existencia recorriendo el planeta balanceándose y saltando de una a otra, con su sonrisa de Mr. Bojangles.

Mi balón de oro: Vinícius

Nadie ha superado lo que él ha superado. Nadie ha salido vivo de tantos mordiscos, patadas alevosas, broncas de los árbitros por no aceptar dócilmente esas patadas, ataques racistas de multitudes, invectivas xenófobas de medios y memes impíos. Con o sin Balón, Vini sale de toda esa mierda vivo y triunfante con el cariño y el reconocimiento expreso del madridista, así como con la admiración implícita e inconfesa de sus odiadores. Esa guerra ya está ganada, y no hay tongo (si es que aquí lo ha habido) que pueda enturbiarlo.

En el fútbol ya no había lámparas de araña de cristal, y Vini nos ha recordado su existencia recorriendo el planeta balanceándose y saltando de una a otra, con su sonrisa de Mr. Bojangles

Vini es el mejor en todo caso porque es un futbolista único, el penúltimo gambetero que es a la vez velocista, y uno de los escasos seres humanos que han sabido unir el genio a la tenacidad. Es también un joven que ha convertido en una causa justa el sufrimiento propio, y en adalid de dicha causa a quien se pudo contentar con llorar bajo el peso de los bullies. Merece cualquier premio la mejor historia de superación jamás contada en el deporte, a la cual va adjunta además una reivindicación social que es necesaria para el fútbol y para el fútbol español en concreto: el compromiso contra la lacra del racismo. Miles de ofendiditos en prensa y redes sociales se hacían los agraviados cuando Vinícius señaló el problema. En la víspera del día en que todo el mundo descontaba que lo ganaría, Vinícius utilizó sus redes sociales para condenar el racismo de ciertos madridistas, envueltos en el anonimato de la grada del mal llamado clásico, y solidarizarse con los futbolistas culés que lo sufrieron. Ahí, en ese post, se dio a sí mismo Vinícius un Balón de Oro más importante que el que iba a ganar hoy. También se dio otro el día del Dortmund cuando, como Cristiano y Messi, se quitó la camiseta para mostrarla al público, pero no en este caso mostrándole su nombre serigrafiado a la espalda junto al 7, sino el puñetero escudo del Real Madrid.

Queremos mucho a Vini y se lo vamos a demostrar. El resto importa menos, aunque hoy estemos justamente indignados. Enhorabuena a Rodri, excelente jugador, pero más aún al madridismo por tener al mejor futbolista del planeta, fabricado además en el club.

 

Getty Images.

Ando estos días por Estados Unidos, lo que significa que los disgustos me llegan con seis horas de retraso. Es por eso que llego tarde a valorar la última pájara madridista, que no se piensen ustedes que eludo el tema por cobardía. Qué va. Es puro “jet lag”.

Aquí, en la Tierra de la Libertad y hogar del Tenedor Gigante de Springfield, Illinois, andan en plena víspera de Halloween, que se celebra el 31 de octubre cuando los niños se visten de espantos para ir de puerta en puerta pidiendo caramelos. A veces entre ellos se cuela Laporta con una careta de Javier Tebas y en vez de pedirte Sugus te vende una participación de Espai Barça. Hay que tener cuidado de a quien le abres la puerta en la noche de brujas.

Laporta y Tebas en Halloween

El disfraz de moda este año es el de Real Madrid perdiendo por 0 a 4 en el Clásico, que es la versión merengue del “susto o muerte” de la Noche de Difuntos: en la primera parte, el equipo mete un poco miedo y en la segunda es un apocalipsis zombi. Con Carletto convertido en Mr. Hyde, la defensa del Madrid en un coro de fantasmas translúcidos, Modric en la momia del museo, Mbappé en el Hombre Invisible y el equipo en general en un monstruo de Frankenstein hecho de piezas que no acaban de encajar del todo. En fin, que si tienen ganas de volver a ver el partido y lo hacen poniendo de fondo el “Monster Mash” de Bobby Pickett, verán cómo de pronto todo cobra sentido. No fue un Clásico, fue un Truco o Trato.

El disfraz de moda este año es el de Real Madrid perdiendo por 0 a 4 en el Clásico, que es la versión merengue del “susto o muerte” de la Noche de Difuntos: en la primera parte, el equipo mete un poco miedo y en la segunda es un apocalipsis zombi

En cualquier caso, les decía que los disgustos aquí me llegan con retraso, por lo que cuando golpean ya han perdido gran parte de su fuerza. Además, para qué les voy a engañar, a mí los berrinches cuando perdemos un Clásico me duran lo justo a causa de mi incapacidad para tomármelos demasiado en serio. Me ocurre un poco como les pasa aquí en EE. UU. cuando ven jugar a Leo Messi en el Inter de Miami, que nadie le presta más que una atención superficial. Saben que no es fútbol de verdad, es solo un decorado de Universal Studios con Bela Lugosi agitando su capa de vampiro.

Bela Lugosi

De modo similar, me pasa que no puedo quitarme de encima la sensación de que cualquier partido que juega el Barça contra el Madrid no es auténtico fútbol. Me acuerdo de los 17 años de culés pagando un soborno al vicepresidente de los árbitros y me cuesta concentrarme en otra cosa que no sea eso, extravagancias que tiene uno. Lo del Clásico en Liga es como si dos veces al año me obligaran a ir a cenar con el tipo que me robó el coche y le dio una paliza a mi perro; y además me prohibieran sacar durante la velada el tema de que ahora voy al trabajo en patinete y mi perro usa muletas para perseguir al cartero.

—Tú concéntrate en los platos. Fíjate qué cena tan rica.

—Ya, pero es que el otro comensal me robó el coche y apalizó a mi perro.

—¿Y eso qué importa? ¡Toda tu vida vas a estar recordándolo! ¡Fíjate qué menú tan bueno! ¡Mira qué entrantes con defensa adelantada, qué segundo plato tan bien entrenado, qué mollejas en salsa de Yamal tan deliciosas! ¡Este menú lo va a ganar todo este año!

—No, si ya… Pero es que, repito: me zumbó el coche, me cosió el perro a leches y ni siquiera me ha pedido disculpas. Que no me apetece cenar con él, vamos.

Lo del Clásico en Liga es como si dos veces al año me obligaran a ir a cenar con el tipo que me robó el coche y le dio una paliza a mi perro; y además me prohibieran sacar durante la velada el tema de que ahora voy al trabajo en patinete y mi perro usa muletas para perseguir al cartero

En resumen, que, si puedo evitarlo, prefiero lamer ceniceros antes que ver al Madrid jugar contra el Barça mientras la justicia ordinaria no se pronuncie. Por ese motivo, y porque me pillaba un océano en medio, les confieso que no vi el Clásico del pasado sábado, el de susto o muerte. Dicen que el Barça estuvo muy bien y que el Madrid estuvo muy mal. La ventaja que tiene no saber nada de fútbol, como es mi caso, es que esos pequeños matices no afectan a mi interés por dicho deporte. Yo, como apenas distingo un lateral izquierdo de una mesa de comedor, no tengo ni idea de por qué el Madrid pierde los partidos que pierde. Y como además me hice madridista para ser feliz, cuando nos soban los morros (sea el Barça o quien sea) me enfado, le grito un poco a la lámpara y en vez de macerar mi cabreo durante semanas en disquisiciones futbolísticas sobre a quién hay que echar y cuántas competiciones vamos a perder en la temporada, me limito a esperar a que el Madrid vuelva a ganar algo (cosa en la que no suele tardar mucho tiempo) y me siga haciendo feliz. Reconozco ser muy mío en ese aspecto, y cuando veo al Madrid lo hago para ponerme contento cuando gana, no para sentirme satisfecho conmigo mismo cuando pierde ya que siempre dije que la plantilla no nos daba, que Carletto es un viejo inútil y que la Dinojunta no sé qué y no sé cuántos.

Ancelotti

Aprovechando la cercanía de Halloween, el llamado “madridismo vinagre” ha salido en masa de su cripta y va de casa en casa, no pidiendo caramelos, sino ajustando cuentas. Churchill decía que cuando se pasa por el infierno lo mejor es seguir de largo. El “vinagre” es un tipo que cuando pasa por el infierno se alquila allí un apartamento, se saca una silla a la puerta y les dice a todas las almas condenadas con las que se encuentra que él ya avisó de que en el inferno hacía calor y que se estaba fatal. Finalmente el propio Satanás los acaba echando porque no los soporta, que bastante malo es el infierno como para encima aguantar a los vinagres.

El “vinagre” es un tipo que cuando pasa por el infierno se alquila allí un apartamento, se saca una silla a la puerta y les dice a todas las almas condenadas con las que se encuentra que él ya avisó de que en el inferno hacía calor y que se estaba fatal. Finalmente el propio Satanás los acaba echando porque no los soporta

Como no vi el partido del sábado, estos días he estado investigando en redes sobre las soluciones que determinado sector del madridismo con el cual se aliñan las ensaladas aporta para mejorar al equipo. He recopilado los sesudos análisis de gentes como @Ronaldo4Ever, @MocitoMadrileño72, @White_Fury_23457, @Mojón_Vkingo_21 y otros expertos de probada experiencia a la hora de gestionar clubes con un presupuesto equivalente al PIB de Andorra, y el resultado podría resumirse a grandes rasgos en estas dos ideas:

El Madrid sufre porque no tiene a Kroos. Vale. Yo de fútbol no sé, pero memoria a largo plazo todavía tengo, y juraría que la última vez que el Barça le encajó cuatro roscos al Madrid en un partido oficial (marzo de 2022), Kroos estaba en el equipo. También Ancelotti. Y Xavi Hernández en el banquillo blaugrana. Y el Madrid ganó la Liga y la Champions meses después.

Liverpool, 0 - Real Madrid, 1: La Decimocuarta ya está en casa

Carletto a la calle. Porque es un inútil. Muy bien. Aceptemos que el entrenador en activo más laureado de todas las competiciones europeas no sabe lo que hace y le damos el finiquito en noviembre. Porque así somos los madridistas: kamikazes en potencia. Ahora toca buscar un sustituto. Entre las sugerencias madridistas me he topado a mendo con dos nombres: Solari, único entrenador merengue que yo recuerde que haya perdido dos Clásicos en una sola semana y que, por razones que se me escapan, merece una segunda oportunidad al frente del primer equipo. Porque es guapo, supongo, no lo sé. El otro nombre que se menciona a menudo en Twittter/X es Kloop, quien, al parecer, “está libre”. Compruebo con asombro que Jürgen Klopp acaba de firmar por una cantidad absurda de millones como nuevo director deportivo de las franquicias futbolísticas de Red Bull, lo cual es una forma muy peculiar de “estar libre”. Yo, desde mi ignorancia, me atrevo a dar un consejo a los expertos futbolísticos de internet: si facturamos a Ancelotti de vuelta a Parma, es importante que después le ofrezcamos su puesto a alguien QUE NO TENGA OTRO TRABAJO. De ese modo todo será mucho más orgánico.

En resumidas cuentas: el juego del Madrid últimamente no me tranquiliza, lo reconozco, pero las soluciones propuestas por cierto sector del madridismo me aterran. Así que, entre el susto que supone dejar el equipo en manos de la actual directiva y ver cómo acaba todo y la muerte de hacer caso al vinagrismo militante, permítanme que escoja “susto”.

Y muy feliz Halloween para todos ustedes.

 

Getty Images.

Contra todo pronóstico y contra toda lógica el Balón de Oro no ha sido para Vinícius Júnior, sino para Rodrigo, el mediocentro madrileño del Manchester City. El goce de la anti-España es indescriptible desde el mediodía del lunes. No es un premio a la victoria de la selección española en la Eurocopa, como creerán y festejarán todos los tontos, que son legión, sino un castigo político infame al Real Madrid. La UEFA y la FIFA han prostituido la antaño respetable y prestigiosa France Football, fundadora de la Copa de Europa. Vivir para ver.

Es duro escribir esto e imaginar lo que puede estar pasando por la cabeza de Vini. Desde el primer día en que puso un pie en un campo de fútbol español, el chico fue escupido, mordido, insultado y agredido por compañeros, árbitros y público de la manera más villana y baja posible. Contra todo esto ha luchado Vinícius, que sigue siendo, no hay que olvidarlo, poco más que un niño: ha forjado su carácter contra todo un país de bajunos, finde tras finde, mes a mes, año a año.

No es un premio a la victoria de la selección española en la Eurocopa, como creerán y festejarán todos los tontos, que son legión, sino un castigo político infame al Real Madrid. La UEFA y la FIFA han prostituido la antaño respetable y prestigiosa France Football, fundadora de la Copa de Europa

Ahora, en tanto símbolo y estrella indiscutible del Madrid, Vinícius recibe un palo mundial, universal. Vinícius es reprobado internacionalmente por ser el mejor del mundo con el Madrid y en el Madrid. Sabíamos que el mundo, y especialmente el mundo del fútbol, era una mierda, pero sigue resultando desolador, muy doloroso, comprobarlo.

Cuando Vinícius llegó y fallaba goles cantados, su esforzada y sonriente perseverancia era objeto de mofa obscena y rechifla general. En cuanto empezó a afinar y a pulir su inmenso caudal de talento, y los goles brotaron de él como un torrente, la risa se afiló en mueca grotesca de cuadro negro de Goya. Entonces llegó el «negro de mierda», el «mono», el «uh, uh», el «hay que echarlo de España». Vinícius era el líder del Madrid y eso le trajo, de premio, la ofensa racista de un país profundamente hipócrita, cínico hasta la náusea, que lo niega todo siempre, aunque haya pruebas.

No es racismo, es corrupción

Ahora quien se ríe de él es la UEFA, France Football, la FIFA, los del “no al racismo” como forma de seguir llevándoselo crudo. Una casta parasitaria nivel politburó chino que ofende al Madrid a través de un muchacho que es puro de corazón, que es todo amor y alegría. Los repulsivos magnates uefos, la mafia ceferina, de modos auténticamente camorristas, se sitúan en el mismo plano que los ultras del Frente Atlético, que la gentuza racista de Mestalla o Mallorca: quieren violentar al Madrid y lo que hacen es herir en lo vivo a un niño que no tiene doblez, que quiere ser el mejor, que ha conseguido serlo con la camiseta blanca.

Si fuera un premio a la España de De la Fuente, lo habría ganado Carvajal. Es que la misma comparación entre Carvajal y Rodri no se sostiene. Rodri es un magnífico futbolista que de ninguna manera, si de justicia se tratase, sería nombrado mejor jugador de la pasada temporada. Su equipo fue apeado en cuartos de final por el Madrid en la última Copa de Europa. En la misma final de la Eurocopa, España no comienza a imponerse a Inglaterra hasta que curiosamente Rodri abandona el campo y es sustituido por Zubimendi. Medirlo con Vinícius es directamente un disparate, con este Vinícius goleador, generador infinito de juego y peligro y referente ofensivo absoluto del equipo campeón de Liga y Copa de Europa dos veces en los últimos tres años.

Los repulsivos magnates uefos, la mafia ceferina, de modos auténticamente camorristas, se sitúan en el mismo plano que los ultras del Frente Atlético, que la gentuza racista de Mestalla o Mallorca: quieren violentar al Madrid y lo que hacen es herir en lo vivo a un niño que no tiene doblez, que quiere ser el mejor, que ha conseguido serlo con la camiseta blanca

Se trata de otra cosa. El que lo dude o está en el ajo o no se entera de nada. Se trata de joder al Madrid por tierra, mar y aire, con un premio que lleva desacreditado desde que a Raúl se lo birlara en 2001 ¡Michael Owen! Los tres últimos premios a Messi fueron un descojone, por no mentar el del año 2010, que tuvo que ser o de Sneijder o de Iniesta. El Balón de Oro ya era una filfa, pero una filfa importante: seguramente la del fútbol sea la única industria del mundo que vive de la estupidez de sus consumidores, o al menos la más poderosa. El caso es que la infamia política de este año es demoledora pero no sólo para el premio sino para el Madrid. Es la proclamación pública del Madrid como un apestado.

Ceferin, con sus maneras de capo soviético, acaba su mandato matando. El poder de la UEFA es ya homologable al de un Estado. Lo contamina todo, todo pasa por ellos. Con la voluntad adecuada, el Ente Superregulador puede destruir a cualquiera. No basta con ser el Madrid, ni con tener un millón de Copas de Europa, ni tener dinero, ni estar saneado, ni no depender de nadie. Nada ni nadie está a salvo del Gran Leviatán. Esto, para el futbolero, tendría que ser también una lección de vida que trascendiera al fútbol. Pero esta gente conoce el paño: unos lo están gozando porque se jode el Madrid y los otros, gobernados por streamers, youtubers y tiktokeros, estarán pergeñando hashtags, en el mejor de los casos.

Ceferin derramando en tierra

Vini está pagando los platos rotos de la Superliga, del desafío de Florentino, que hasta ahora sólo ha traído chascos y desafueros. Este quizá sea el más anecdótico, pero también sin duda el más doloroso. El fútbol es una industria milmillonaria que se mueve sin embargo por emociones y símbolos. No es nada sin esto, y hoy lo del Balón de Oro está resonando por todas partes, en todos los rincones del mundo. El desplante, la burla al Madrid, es tremenda. El daño reputacional es terrorífico. Ya no vale ser el mejor del Madrid y ganar la Copa de Europa para que te reconozcan como el número 1. El mensaje es siniestro: el Madrid está fuera de la ley.

El desplante, la burla al Madrid, es tremenda. El daño reputacional es terrorífico. Ya no vale ser el mejor del Madrid y ganar la Copa de Europa para que te reconozcan como el número 1. El mensaje es siniestro: el Madrid está fuera de la ley

Y la ley es una mierda. Los que dictan la ley en este mundo son pura mierda. Pero son los que mandan. No hay salida. El fracaso (al menos temporal) de la Superliga lo demuestra. Todo forma parte de un circo obsceno y siniestro, el mismo Madrid es el hámster en la rueda, y la rueda no puede parar. Florentino Pérez ha intentado desafiar el statu quo y el Madrid sigue atrapado en esta red mafiosa, oscura y gobernada por intereses bastardos. Este Balón de Oro es un gargajo en el rostro del Madrid. Es una demostración de fuerza: el establishment no va a tolerar ninguna subversión y menos del club más importante. Esto es un insulto al Madrid que ofende a Vini y a su manera abierta y prístina de concebir el juego. Para Vinícius el fútbol sigue siendo un juego de niños, un partido interminable, en la calle, en donde gana el mejor. La abyecta élite que establece las normas en el fútbol mundial es la negación de todo esto, ha convertido el fútbol en un espectáculo abominable.

Vinícius

Desde luego que la guerra declarada por el Madrid al Kremlin uefo en mayo de 2021 no parece ir muy bien. Si unos meses de buen juego con diez chavales de La Masía han borrado del mapa mental de los españoles las dos décadas largas de corrupción del comité técnico arbitral por parte del Barcelona, un bombazo de oro como este anula cualquier instancia judicial. Cualquier victoria en los tribunales a largo plazo suena hoy pírrica, ridícula.

Me duele escribir todo esto porque a Vini lo considero como un hermano. Es alguien de la familia a quien se ha visto crecer, como aquel que dice. El daño gratuito es una cosa insoportable. Esta es una de las consecuencias de estar en guerra con todo el mundo y ojo, no se lea aquí una crítica a Florentino: el Madrid, desde hace mucho, no tiene otra opción, no hay alternativa pues, como pasa un poco con España y con sus muchos y poderosos enemigos, la única viable, para los que nos odian, es la disolución del Madrid. Pero la lucha permanente por la supervivencia tiene estas cosas. Es desagradable, soez y dolorosa. No se puede perder. En cuanto se flaquea, los palos son de órdago.

Si unos meses de buen juego con diez chavales de La Masía han borrado del mapa mental de los españoles las dos décadas largas de corrupción del comité técnico arbitral por parte del Barcelona, un bombazo de oro como este anula cualquier instancia judicial

De aquí puede salir un chico hundido o un supercampeón. Vinícius es hoy el mejor futbolista del mundo en gran medida por el tsunami de mierda permanente que ha tenido que surfear, una ola de porquería que ha ido a dañarlo en lo íntimo, en su propia identidad. El sábado, en Mestalla, tendrá la primera de las grandes pruebas de fuego: superar la esquizofrénica burla de miles de becerros, hacerla suya, convertirla en fuerza. Eso es lo único que ahora me consuela, como madridista. Saber que este muchacho, que ya lo ha hecho, puede volver a hacerlo.

Más allá del propio Vinícius, cuando se recibe un “aviso” de esta índole sólo hay dos maneras de actuar: agachar la cabeza y entrar por el aro, es decir, el miedo, o romper del todo la baraja. Romper la baraja es irse de la Copa de Europa con todas las consecuencias. Abandonar el ecosistema UEFA y jugar la Superliga el año que viene con el Panathinaikos y el Honved. Yo, que amo la Copa de Europa con todo mi ser, creo también que hay lugares de los que no se vuelve. Y puntos de no retorno. Detrás de esto está esta UEFA podrida y el gran dinero del golfo pérsico, que ahora mismo lo controla todo, llega a todas partes, puede comprarlo todo. Detrás de la Superliga, ¿qué hay? Hasta ahora no sabemos nada pero sí sabemos que sus enemigos son crueles e implacables. Seguir con ellos, la verdad, es mantener un statu quo manifiestamente siniestro, una prostitución continuada de lo que un día, de niños, consideramos sagrado.

 

Getty Images.

Buenos días. El madridismo trata aún de encajar el oprobio de la dolorosísima goleada del sábado. Fue una noche negrísima que capturó además a muchos con el pie cambiado. Pocas personas calculaban que se pudiera dar un resultado tan lacerante. Los medios y las redes sociales buscan una explicación para la hecatombe, y los yoyadijistas se revuelven con saña contra los que confiaban (¿confían aún?) en equipo y cuerpo técnico.

Fue un trauma y, probablemente, una cura de humildad necesaria. Es muy posible que muchos hayamos sobreestimado la capacidad de esta plantilla para ganar, es más, para arrasar, que le suponíamos. Nos viene bien morder el polvo para no anticipar éxitos. Los éxitos no se anticipan. Con los éxitos no se hace otra cosa que trabajarlos. Y lo que cabe aplicar a quienes somos testigos de lo que hace el equipo también debe recaer sobre los jugadores.

En Barcelona sigue el regocijo, esa inconfundible ostentación de mal ganar tan característica por esos lares y ejemplificada por los cuatro deditos de Gavi a Vinícius, esos que tanto escándalo habrían desatado de haberse intercambiado emisor y receptor del gesto. Hay que aguantarlo, dejarles que lo gocen y confiar en que el equipo les esperará al otro lado del camino, así como tener fe en que la justicia forme también parte de su destino de tramposos institucionales. Cuesta menos creer en lo primero que en lo segundo. Así que creamos en eso, al menos.

Pero sí. De momento celebran. No podíamos esperar otra cosa. Están jugando espléndidamente a resultas de la contratación de un gran técnico. Alguna vez tenían que acertar, y este acierto es potencialmente garante de muchos éxitos de futuro. Si la justicia no les para los pies, es posible que el fútbol tampoco pueda hacerlo.

Sport Mundo Deportivo

Además de celebrar, tanto Sport como Mundo Deportivo se hacen eco en portada de los insultos racistas que tuvieron lugar en el Bernabéu, desgraciadamente corroborados por imágenes captadas por móviles de parte del público. Sí, sucedió. Comprobar que en el madridismo anidan ratas inmundas como las que campan por sus respetos en otros estadios dolió mucho más que el resultado. El club echó del estadio a los violentos como grupo organizado, pero es materialmente imposible evitar que cosas así puedan pasar. Sin embargo, desde Valdebebas ya se ha anunciado que se actuará con toda la contundencia, en colaboración con la policía.

La portada de Sport, en referencia al tema, tiene la decencia de consignar este compromiso del Madrid, así como la de Mundo Deportivo, si bien esta última, por lo que sea, obvia la dignísima reacción de Vinícius ante estos incidentes repugnantes. Vini ha demostrado que no le importa la adscripción deportiva de los racistas, y si tiene que revolverse contra gentuza de su propia afición, habida cuenta de que la hay como en todas partes, no dudará en hacerlo.

Este pronunciamiento de Vinícius gana en preponderancia en tanto en cuanto viene de las redes sociales de una estrella mundial que en cuestión de horas puede convertirse en el nuevo Balón de Oro, y deja con las vergüenzas al aire a destacados representantes de la autoproclamada “mejor afición del mundo” que un rato antes estaban anticipando una falta de reacción por parte tanto del Madrid como del jugador. Se reían de la condición de Vinícius como adalid de la lucha contra la xenofobia, y ahora tienen que tragarse la seriedad de esa condición. Que dejen a Vinícius en paz, miren dentro de su propia casa y se enfrente de una vez con hombría a la tarea de expulsar al Frente Atlético, ese grupo neonazi, del seno de su propio club.

No solamente el propio Real Madrid y Vinícius han respondido ejemplarmente a los incidentes, sino que cientos y cientos de cuentas madridistas en X, muchas de ellas muy seguidas, han condenado sin el menor paliativo ni presuntos atenuantes lo acontecido en la grada, y se han aprestado a apuntar que aceptarán sin rechistar cualquier sanción para el club.

El orgullo de asistir a esta triple ejemplaridad (club, Vini y madridismo “sociológico”, este sí) ha compensado en parte el amargo sinsabor de la derrota.

Os dejamos con las portadas de As y Marca, con nuestras felicitaciones para Carlos Sainz.

Esta tarde estaremos atentos al Balón de Oro.

Pasad un buen día.

As Marca

¿Qué fue del espíritu de Manchester?

 

Dudo que el Madrid firme una temporada puro Real Madrid. ¿Resaca del Clásico? No: eso fue un último episodio que refuerza mi impresión. La arrastro desde finales de agosto.

Y sí, tiene razón La Galerna cuando va y titula: No entierren al Madrid (ni a Mbappé). Es el simpar conocimiento galérnico de la cosa blanca, rara vez falla la casa en sus diagnósticos. Es un buen consejo. Veo compatibles ambas posturas. Duda y confianza.

Simplemente titubeo. En lo del juego estamos todos de acuerdo, juraría. Es malo. Pero hay más y fundamental. ¿Dónde quedó el espíritu de Manchester, aquellos 120 minutos en el Etihad, monumento mundial al coraje, la rebeldía, somos el Madrid? Del pitido inicial al penalti triunfal de Rüdiger.

Dudo que el Madrid firme una temporada puro Real Madrid. ¿Resaca del Clásico? No: eso fue un último episodio que refuerza mi impresión. La arrastro desde finales de agosto

Ni un minuto estuvo el equipo por detrás en el marcador. O sea, eliminado. Ni uno ante el magnífico City que había empatado en el Bernabéu y decía la cátedra que quedaba sólo por ver por cuántos goles liquidaría la eliminatoria.

¿Es este Barça superior a aquel equipo inglés? ¿Al Liverpool de París? El inferior es el Madrid, inferior a sí mismo. El problema del Madrid no es quien esté delante, es él.

¿Tiene apaño? Lo dudo. No descarto, dudo. Y dudar es saludable. Lo del sábado no fue el resultado, es el aroma. El ruido importante no es la goleada, sino lo que la rodea. Mis impresiones hubiesen sido las mismas de acabar 0-1.

Bellingham

Un rival en racha, un partido tuyo desgraciado, si Mbappé y Vinícius embocan algo de lo que tuvieron, si los despistes… ¿Panza llena vs hambre en el Bernabéu? Por supuestísimo. Mil matices y una realidad: no fue una noche aciaga, un accidente, y sí un suma y sigue de despropósitos. ‘Esto’ no es el Madrid.

Repasas la plantilla y flipas. Su cuerpo técnico, la certeza de ser un club como muy ejemplar en el que se dan todas las condiciones para que todos hagan su trabajo sin otros sobresaltos que los que te procure el adversario. Para minimizar eso habría que inventar un Negreira: no es el caso. Repasas y resulta que es un despelote.

Mil matices y una realidad: no fue una noche aciaga, un accidente, y sí un suma y sigue de despropósitos. ‘Esto’ no es el Madrid

Veo las caras de los futbolistas, de Ancelotti y su tropa, y me parece gente aburrida. Superada. Convencida de que ha elegido mal. Angustiada pensando cómo superar esto. Cara de engorro. Es tan importante la cara de un futbolista como sus piernas. Aplíquese también a los técnicos.

Ancelotti

Hace nada Iván Rakitic se lamentó de que su Barça no había ganado dos Champions más porque se abandonaron. Se creían tan superiores que acabaron aburriéndose, aseguró el futbolista croata. Veo mucho de eso en el Madrid.

Hubo otras, pero la más cercana resulta palmaria. La noche con el Dortmund fue un ejemplazo: el Madrid empezó a jugar en el minuto 60. Lo de antes fue un deslizarse por el campo. Una hora. No recuerdo esta temporada un partido madridista completo, a todo vapor.

¿Dónde quedó el espíritu de Manchester, aquellos 120 minutos en el Etihad, monumento mundial al coraje, la rebeldía, somos el Madrid?

El año pasado vivimos todo lo contrario. No se ganan tres títulos sin determinación, buena actitud, afán, interés. Calidad tienen, incluso los del banquillo. ¿Si faltan algunas piezas? Puede. ¿Cuántas, por cierto? Visto lo visto, ¿dos, seis, doce?

Sobre todo falta, y volvemos al principio, aquel espíritu contagioso, invencible. ¿Qué fue del espíritu de Manchester, dónde quedó? Aquel todos a una. En noche buena o no tanto. Dominado o dominador… ¡Donde el español no alcanza con la mano, llega con la punta de su espada! Ir a por todas en todo caso. Estar. Querer. Eso.

Memoria de otra noche gloriosa

El Madrid se ha hecho un lío y no sabe deshacerlo. Empezó la temporada con que si falta Kroos, que había que medirse pues puede llegar la cosa a los 80 partidos. Fueron llegando las lesiones, naturalmente. En el ambiente se instaló el vamos tirando, somos muy buenos —Rakitic— y lo son. Tranquilos, pues. Poquito a poco que lo gordo espera en febrero. Tan cerca y tan lejos. Resumen: no alcanza.

Vacila el equipo, el entrenador. Cada partido es un suplicio. Mallorca, Las Palmas, debieron remontarle al Espanyol, ¿eh? ¡Lille! No es de recibo este Madrid caricatura. Tres centrales, dos volantes, tres delanteros… Sólo falta probar con dos porteros.

No es de recibo este Madrid caricatura. Tres centrales, dos volantes, tres delanteros… Sólo falta probar con dos porteros

Sólo no varía la puesta en escena, la falta de espíritu. Es un lío colosal. Entiendo a los que dicen que esto es como acaba. Que no hay que enterrar al equipo ni a sus jugadores más ilustres, luego los más señalados: es inevitable. Que peor es imposible e irán para arriba. Les pediría que contaran dónde se agarran.

Ahora mismo ser optimista me suena a osadía. Y sí, el Madrid siempre vuelve. Ahora, ¿cuándo? ¿Volverá aquella manera de jugar, de hacer con la pelota, sin ella? No lo sé… Dudo. ¿Tiene esto solución? Dudo. Veremos.

 

Getty Images.

Buenos días. Como a estas alturas sabréis perfectamente, el Real Madrid encajó anoche una goleada dolorosísima (0-4) contra el equipo cliente de Negreira. Lo llamamos así porque es como solemos referirnos a ese club últimamente, y no hay razón alguna para cambiar. Lo que sucedió anoche es traumático para el madridismo, pero en nada cambia la condición del FC Barcelona como entidad esencialmente fraudulenta que sobornó a la cúpula arbitral española durante un mínimo de 17 años.

Un FC Barcelona que este verano en cambio, en lugar de invertir sus magros ahorros en comprar el sistema arbitral, tuvo la delicadeza de enfocar sus esfuerzos en la contratación de un gran entrenador. Lo de comprarse el sistema arbitral es algo que probablemente ya no necesitan. Con el odio que el CTA manifiesta al Madrid, al tratarse este del único club que se enfrenta mediática y judicialmente a sus desmanes, ya no necesita seguir pagando.

El entrenador que ha fichado el Barça se llama Hansi Flick, y ayer rubricó lo que ya venía siendo un inicio de temporada espectacular como técnico azulgrana goleando al odiado rival de su masa social, que es el Real Madrid. Tanto la prensa catalana como la madrileña, valga la redundancia, hoy lucen alegres y risueñas porque pierde su Madrid.

Y de qué manera.

Marca

Marca corona a Flick como el gran protagonista del mal llamado clásico, y ya indicábamos antes que no seremos nosotros quienes restemos ningún mérito el técnico alemán. Su planteamiento de achique, por aventurado que pareciera, y más contra el Madrid, fue el éxito táctico que ya está siendo en la mayor parte de sus partidos. El Madrid le buscó las cosquillas al truco usando la velocidad de sus delanteros. Como en muchos casos la cosa se resolvía a favor de la adelantada defensa culé por cuestión de centímetros (como en el gol anulado a Mbappé que pudo ser el 1-0), el Madrid porfiaba y porfiaba, confiando en que en algún momento el centímetro caería del otro lado. Algunas veces, en efecto, el centímetro se gestionó bien, pero entonces falló la escopeta de feria con la que ayer apuntaban tanto Vinícius como el propio Kylian.

No es cuestión de cargar las tintas contra el francés, pero tuvo una noche que no le ayudará lo más mínimo a superar los comienzos titubeantes que lleva en el Madrid, con más goles que juego. Ayer, ni lo uno ni lo otro. “Noche para olvidar de un fallón Mbappé”, sentencia Marca. Tiene razón. También la tiene al hablar de “primera parte muy igualada”. Fue el contraste entre la pésima noche de la estrella francesa y el acierto de Lewandowski el que empezó a decantar la balanza. Con un 0-2 fulminante, el Madrid trató de nadar (soñó con remontar) y guardar la ropa (temía la onerosa goleada que acabaría llegando), sin lograr ninguna de las dos cosas.

As

As se suma a las justificadas loas al conjunto barcelonés (“Festival culé”) e incide en las críticas a Mbappé, de quien se señala que cayó 8 veces en fuera de juego. A nosotros nos resulta más preocupante que fallara los goles claros que marró cuando estaba onside. Estar offside muchas veces no es en sí mismo un demérito si tú aceptas jugar al juego del rival y el centímetro cae de tu lado las suficientes veces para ganar el partido. El problema es que, cuando cayó, no supimos ganarlo, y eso va en el debe de Kylian y de otra clarísima que tuvo Vini. Una vez falladas, y una vez campeó el 0-2, el resto es poco anécdota.

Dolorosísima, eso sí.

De la orgásmica dicha que se respira en las portadas del otro lado del puente aéreo, pues qué queréis que os digamos.

Sport Mundo Deportivo

“Vaya meneo”, “baño al Madrid” y 6 puntos de distancia a un Madrid “desquiciado”. Todo rigurosamente cierto, tan cierto como que solo resta reconocer la superioridad del adversario y estrechar su mano, no sin antes recordarle una vez más que se compró el sistema arbitral durante no menos de 17 años, y que no tenía que haberse jugado el partido porque deberían estar en Segunda y desposeído de los títulos negreirescos. Hay que decírselo mientras se estrecha su mano, sí, felicitándolo por el éxito episódico en medio del lodo y mirándolo muy fijamente a los ojos.

También hay que refrescar, a su atención, un viejo consejo. Al Madrid no hay que enterrarlo nunca. Lo mismo si en un partido le sacas dos goles que si en una liga le sacas seis puntos. Jamás hay que darlo por muerto. Y hacer lo propio con Mbappé parece una temeridad de porte similar.

Y un consejo más, destinado en este caso a los niños del mundo. Chicos, no seáis como Gavi.

Pasad un buen día, dentro de lo que cabe.

Lunin: suspenso. No se le puede exigir que evite goles inevitables, eso solo lo hace Courtois, pero le marcaron casi cada disparo que le efectuaron. Falló también varias veces en la salida de balón.

Lucas Vázquez: suspenso. Mal.

Militao: suspenso. Buena primera parte, con pases largos meritorios. Muchos errores en la segunda.

Rüdiger: suspenso. Nadie se salva de la defensa.

Mendy: suspenso. Rompió el fuera de juego en el primer gol azulgrana.

Tchouaméni: suspenso. De más a menos.

Camavinga: bien alto. Estaba siendo el mejor cuando lo cambió Ancelotti.

Valverde: aprobado. No tuvo el acierto de otras ocasiones.

Bellingham: aprobado. En la posición de este año no procura las mismas prestaciones.

Vinícius: aprobado. Nunca deja de intentarlo. Quizá pudo cambiar el rumbo del partido si hubiese marcado la clara ocasión que tuvo con 0-0.

Mbappé: suspenso. Se pasó el partido en fuera de juego o fallando oportunidades.

Modric: aprobado. No fue suficiente reanimar al Madrid.

Brahim: sin calificar. Cuando salió ya solo estaba jugando el Barcelona.

Fran García: sin calificar. Cuando salió ya solo estaba jugando el Barcelona.

Ancelotti: suspenso. Incapaz de revertir la situación.

 

Getty Images.

Arbitró José María Sánchez Martínez del colegio murciano. En el VAR estuvo Muñiz Ruiz.

Buen arbitraje. Controló y mandó en todo momento e impuso su autoridad.

Apenas hubo jugadas polémicas y los dos goles anulados a Mbappé fueron por medio cuerpo en fuera de juego.

En cuanto a las tarjetas, estuvieron bien sacadas. Casadó en el 42' cortó una contra de Vini, Kounde en el 68' derribó al brasileño cuando se iba, Iñigo en el 74' hizo una entrada peligrosa sobre Militao, Vinícius llegó tarde ante Pedri en el 79, Peña en el 81' se salió de su marco para una protesta airada, Militao en el 86' entró fuerte por detrás a Lewandowski y Gavi en el 89' agarró de manera ostensible a Vinícius.

Sánchez Martínez, BIEN.

 

Getty Images.

Después de la remontada epatante contra el Borussia en Champions, un sector del madridismo aguardábamos con cierta ilusión la llegada del partido de esta noche. No por medirnos al Barcelona, de hecho, hay a quienes nos fastidia enfrentarnos a un equipo que no debería estar participando en la competición por mor de sus fechorías, sino por comprobar si se volvía a ver contra el club tramposo esa versión avasalladora del Madrid de la última media hora frente el Dortmund, con un Vinícius desatado. Pero nos quedamos con las ganas, el que fue avasallado esta vez fue el conjunto blanco, que tras una meritoria primera parte fue laminado por el Barcelona.

Ancelotti puso en liza un once condicionado por las bajas (Lunin) y, lógicamente, por su criterio (Tchouaméni). Es la escuadra que había trabajado durante los entrenamientos. Sin Modric. Quizá Carletto pensó que, ante a un Barça que de un año para otro ha experimentado una mejora física asombrosa, sería mejor idea dar entrada a Luka cuando los pupilos de Flick estuviesen más cansados. Eso hizo, pero no funcionó.

Antes de cumplirse los dos minutos de partido, Camavinga dejó solo a Mbappé, cuyo disparo se marchó rozando el poste. No obstante, el asistente había levantado la bandera. De haber sido gol, la jugada habría sido revisada, pero ya saben que en el fuera de juego semiautomático son los colegiados quienes deciden el frame del pase, con lo que ello significa desde hace décadas.

El Madrid incurrió en numerosos fueras de juego, no supo aprovechar las oportunidades que tuvo en la primera mitad ni evitar las del Barça en la segunda

El Madrid comenzó llevando la iniciativa del choque. Sánchez Martínez también comenzó entonado, perdonando una amarilla a Fermín. Poco después, en el minuto 9, Militao evitó con el cuerpo una clara ocasión de Lewandowski tras buen pase de Yamal. El club cliente de Negreira se sacudía el dominio blanco, pero Kylian a punto estuvo de anotar tras despejar mal Cubarsí un pase larguísimo de Militao. Después, Lamine enfiló en solitario a Lunin, pero el ucraniano resolvió su disparo blando.

No había tiempo para respirar. El linier de Sánchez Martínez se encargó de avisar de un fuera de juego inexistente de Mbappé, cuyo centro había rematado Bellingham y había salvado milagrosamente Iñaki Peña. Antes del 19', el Madrid volvió a incurrir en fuera de juego. Esta vez sí fue.

El partido no daba tregua, si apartabas la vista un segundo te perdías dos ocasiones de gol. Tres minutos más tarde, Vinícius volvió a realizar una de sus jugadas, se introdujo hasta la despensa culé, regateó y chutó desde muy cerca, pero falló esto último, lo más sencillo, y el balón se marchó fuera. Y esta vez no había fuera de juego, no como la siguiente, en la que Camavinga se volvió a enfrentar a Peña, pero de nuevo incurrió en fuera de juego.

El Barça no le iba a la zaga, y en cuanto recuperaba el balón lanzaba un ataque. Lunin desbarató dos ocasiones seguidas: interceptó un pase en profundidad antes de que llegara el delantero blaugrana y despejó un disparo de Pedri.

El Madrid respondió con un gol de Mbappé, pero fue anulado por el VAR. Kylian tenía medio cuerpo adelantado en el momento del pase de Lucas Vázquez.

Mbappé. Gol anulado.

Descanso, 0-0. Buen encuentro del Madrid en estos primeros 45 minutos. Daba la sensación de que solo faltaba acertar el momento en el cual dar ese último pase para burlar la posición antirreglamentaria. Modric y Güler se antojaban como los jugadores capaces, pero el equipo estaba funcionando y Ancelotti no es amante de las sustituciones tempranas. Aún no sabíamos cuánto iba a cambiar el panorama.

Hansi Flick aprovechó el intermedio para sustituir a Fermín, que había sido un perro de presa sin bozal, por De Jong, y el Barça puso en marcha la apisonadora. Pronto obtuvo su primer fruto. En el minuto 53, Casadó, a quien nadie presionó, filtró un gran pase a Lewandowski y el polaco no falló ante Lunin. El Barça sí supo encontrar la espalda del Madrid. Mendy habilitaba a Robert.

Dos minutos después, el segundo de Lewandowski. Centro de Balde desde la izquierda y cabezazo solo del 9 azulgrana ante la mirada de los dos centrales blancos. El Barcelona también había sabido aprovechar las ocasiones. 0-2 cuando aún no se había cumplido el 56'. ¿Sería capaz de repetir el Madrid lo del Dortmund? No parecía probable. Habían cambiado las tornas y ahora era el Barça quien se mostraba más sólido.

Tras una meritoria primera parte, el Madrid se diluyó y fue laminado por el Barça

Poco después del 60', Carlo retiró del campo a Tchouaméni e incluyó a Modric. En la siguiente jugada, Vini sirvió con el exterior a Mbappé, pero Iñaki Peña evitó lo que parecía el primer gol blanco. El Madrid había fallado sus dos ocasiones más claras y el Barça las había metido.

En el minuto 65, segundo gol anulado a Mbappé. Era fuera de juego claro. Acto seguido, Lewandowski chutó al palo. Nuevamente estaba solo el delantero culé. El Barça repitió la jugada, casi calcada, pero Robert remató alto.

Antes del 70', Luka le sirvió a Jude un gol en bandeja tras botar una falta, pero Bellingham se atragantó con el balón. Después fue Mbappé quien marró otra oportunidad clara. Despejó el guardameta rival.

Ancelotti cambió a Camavinga, que estaba siendo de los mejores, por Brahim. Y en la siguiente jugada marcó Lamine Yamal el 0-3. El Barcelona le estaba dando un baño —en realidad lo estaba inundando— al Madrid, que se había diluido en el descanso.

Raphinha, que se marchó de Lucas como de un benjamín, anotó el cuarto en el 84' picando el balón ante Lunin.

En el 90', Mbappé cayó en su enésimo fuera de juego. Coda de una segunda parte pavorosa del Madrid. El Barça se va del Bernabéu con cuarto y mitad de liga en el bolsillo, pero aún queda tiempo de sobra para perderlo todo. Y para ganarlo.

 

Getty Images.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram