Las mejores firmas madridistas del planeta

Después de unas jornadas en los que he estado ausente por motivos personales y por haberme escapado con mi pareja unos días a disfrutar del agua que ha caído en toda España (los peces de los ríos van con traje de neopreno los pobres, mirusté), pidiéndoles disculpas por no haber podido escribir los artículos correspondientes a la ida de la Copa de Europa y al partido contra el Rayo, vuelvo hoy, día grande, día de partido de Copa de Europa, para comentar algunas noticias que han ido apareciendo durante estos últimos días en los que nuestra vieja piel de toro ha sido (y volverá a ser) pasto de las lluvias tan necesarias como molestas cuando nos tiramos una semanita en remojo.

Quiero empezar por Guayre, jugador que en los albores del siglo actual despuntó en Las Palmas y en Villarreal, llegando a vestir la elástica nacional, que no explotó del todo por culpa de una ristra de lesiones que le lastraron y le hicieron acabar en equipos de medio pelo cuando apuntaba a estrella. El bueno de Guayre ha declarado en estos días que estuvo a punto de fichar por el Código Penal andante, que viajó de incógnito a Barcelona y que se reunió, representante presente, con Carlos Rexach, leyenda culé y enorme extremo derecho, que hacía las veces de director técnico del club de la Masía.

Pues bien, el canario dice que bueno, que Rexach le comentó que aún estaba muy verde para fichar por el Barcelona, que aguantara hasta la finalización del contrato, pero que, como el chico procede de una familia humilde, le iría pasando dinero bajo cuerda (es decir, en B) durante el tiempo necesario para ficharle gratis cuando llegara el momento. El entonces muchacho dice que flipó, lo que quiere decir que no salía de su asombro. El FC Barcelona, mediante su director técnico, le estaba ofreciendo dinero en negro para hacerle la trampa a su club y poderle fichar gratis después. Lo que pasó es que, a la temporada siguiente, el Villarreal puso encima de la mesa la cláusula de rescisión del contrato de Guayre y el canario se fue a jugar al Submarino Amarillo, donde cosechó las mejores campañas de su carrera.

Cuento esto porque Guayre lo ha dicho después de pasados los años, lo que me hace pensar que a cuántos jugadores no les habrán hecho dicha oferta, cuántos habrán aceptado ese pago por debajo de la mesa y cuántos han sido o están siendo serviles con el club que les paga sin pasar por la caja de Hacienda (que, como ustedes saben, somos todos, aunque unos más que otros). ¿Cuántas veces nos hemos preguntado que cómo es posible que tal o cual jugador rival del Barcelona haya podido fallar ese gol cantado o ese penalti? ¿Cuántas veces nos hemos planteado que cómo es posible que tal o cual jugador, estrella de su equipo, se haya borrado literalmente de un partido contra el Barcelona? ¿Cuántas veces, repito, nos hemos echado las manos a la cabeza pensando que cómo es posible que tal equipo, con sus estrellas en el terreno de juego, se muestre tan indolente y con tan poca tensión competitiva cuando se enfrentan al Barcelona? ¿Cuántas veces nos habremos hecho estas preguntas?

¿Cuántas veces nos hemos preguntado que cómo es posible que tal o cual jugador rival del Barcelona haya podido fallar ese gol cantado o ese penalti?

La respuesta es fácil, amigos. Muchas, cada vez más. Y sabiendo lo de Guayre, ¿no es lícito pensar, en la ignorancia de este escribidor de cosas, que estamos ante una práctica habitual y que ciertos jugadores que compiten en España son parte importante del famoso the tinglao, como lo es el CTA, la prensa mamadora y las directivas de los clubes, por estar cobrando dinero del Barcelona? ¿No es lícito pensar esto? Pues menda lerenda lo piensa. Y lo piensa porque todo cuadra. Esa intensidad rayana en la violencia de ciertos rivales que se enfrentan al Real Madrid contrasta con la abulia y la falta de combatividad del mismo equipo cuando se enfrenta al Barcelona. Todo cuadra, repito, todo cuadra (que no Fernández, que a por él que voy ahora…).

Porque hay que recordar a diario que el Fútbol Club Barcelona estuvo pagando durante, al menos, 17 años 8,4 millones de euros, como mínimo, al vicepresidente del CTA para, en palabras propias, obtener neutralidad en los arbitrajes, que se compraron el sistema arbitral español y que el asunto está en los tribunales de justicia, siendo el Real Madrid Club de Fútbol el único club que se ha personado en el procedimiento como acusación particular en calidad de perjudicado. El único. Que nadie se llame a engaño. El Barcelona y Negreira, Negreira y el Barcelona, no sólo perjudicaron al Real Madrid, perjudicaron a todos y cada uno de los clubes de primera y segunda división en aquella época (que se sepa) y todos, a excepción de los blancos, están mirando para otro lado, poniéndose de perfil y coadyuvando para que la corrupción sistémica federativa y arbitral subsista manteniendo a aquellos árbitros en la actualidad. Que no se olvide.

Estaba el domingo disfrutando de unas viandas espectaculares en la bella villa de Ciudad Rodrigo (Salamanca), esperando la hora de ver a nuestro Madrid ganar al Rayo Vallecano en el partido oficial nº 200 de Fede Valverde, el partido de competición española nº 300 de Lucas Vázquez y en el que Mbappé marcó el gol oficial nº 800 con Carlo Ancelotti como entrenador, cuando me compadecí, sí, amigos, me entró una pena terrible, sufrí un ataque de empatía tremendo y casi me echo a llorar (mi pareja flipaba, como Guayre con Rexach) cuando me di cuenta de que el pobre Cuadra Fernández, que había hecho todo lo posible para que su Atleti ganara en el Coliseum getafense, vio como los del Cholo Simeone fueron derrotados por el equipo de Bordalás aplicándoles su propia medicina.

Pobre hombre, pobre Cuadra, que se inventó un penalti en la mitad de la segunda parte con la convicción de que sería suficiente para salir victoriosos (el Atleti y él) de Getafe, y va el estulto de Correa y le mete un patadón con las suelas por delante a un contrario, amarilla que es anulada después de mirar la pantallita del VAR (porque le tuvieron que llamar, que él, motu proprio, se había hecho el sueco) y roja. El Getafe que se anima y, en el último momento, marca dos goles (uno intentó anularlo, que conste) y manda al traste las ilusiones colchoneras de los del río y del pobre trencilla de Hortaleza empadronado en Palma de Mallorca para estar ahí pitando a los suyos una y otra vez.

De verdad, amigos, sentí pena, sentí que el jamón de bellota que me estaba apretando me podía sentar mal, que la copa de vino de la Ribera del Duero se me iba a indigestar y que el chuletón salmantino que acabó en mi estómago iba a destrozar mi ser. Una lástima. Desde aquí quiero mandar mis condolencias y mi solidaridad al bueno de Cuadra Fernández, diciéndole, en su descargo, que él lo intentó en todo momento, que no se preocupe, que otra vez será y podrá resarcirse pitando un penalti en contra del Madrid, expulsando a un jugador blanco o dando un gol ilegal al Atleti. Que no se preocupe.

Desde aquí quiero mandar mis condolencias y mi solidaridad al bueno de Cuadra Fernández, diciéndole, en su descargo, que él lo intentó en todo momento, que no se preocupe, que otra vez será y podrá resarcirse pitando un penalti en contra del Madrid, expulsando a un jugador blanco o dando un gol ilegal al Atleti

La verdad es que la expulsión de Correa fue tan sorpresiva que el pobre cayó víctima de su cerebro reptiliano (todos lo tenemos) y le soltó al trencilla de Hortaleza la siguiente lindeza: “Hijo de mil putas, cagón, la concha de tu madre”. No se puede insultar tanto con tan pocas palabras. Además, el Cholo, después del encuentro, largó contra el arbitraje de su amigo Cuadra. Pues, la verdad, amigos, esto no cuadra mucho con lo del otro día de “Respeta al árbitro, respeta el fútbol” tan proclamado por el club de Canillejas. A ver si sólo se puede hablar de los árbitros cuando te perjudican. Esto desencadenó una muy tibia respuesta por parte de los medios de comunicación patrios, es más, se quedó en que el árbitro (en un ataque de locura, supongo) recogió en el acta las palabras del argentino, por lo que le ha caído una sanción curiosa.

Pero pasó el lunes y se acabó. Ni una reseña, ni una tertulia, ni un tercer grado al colchonero. Ni una condena a pena de telediario por parte de los medios imparciales del universo balompedístico español. Nada. Al final, va a resultar que no se pudo saber si dijo fuck you o fuck off. Va a ser eso. Hay que recordar que en el asunto del Moggigate (y señalado en estos días por la gran cuenta de X @RafaRNMJ) se llegó a la conclusión de que “El cuadro se completaba con periodistas deportivos encargados de “defender” a los árbitros en los análisis televisivos y de crear en los diarios y en otros medios una atmósfera favorable para la Juventus”. Sustituyan ustedes el término “Juventus” por Barcelona o At. Madrid y ya estaría. No hace falta decir más.

De la vergüenza como español que me causa que un madridista no pueda ir en Metro con la camiseta blanca por donde quiera en una ciudad aparentemente segura como Madrid, no voy a decir nada, ya se han encargado en esta excelsa publicación de hacerlo, por lo que no hay nada que añadir.

Les dejo con el deseo de que mañana pueda escribir, en nombre de mi amigo Javi, un artículo lleno de alabanzas a nuestro equipo por haber pasado a los cuartos de final de la Copa de Europa y con la frase de ritual: ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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Ocho de la mañana. La tostadora escupe dos tostadas carbonizadas. Las arrojo al suelo y en el rebote alcanzan la altura de Fernando Romay. El bote no engaña. A la basura. Cada vez que la señora de la limpieza saca brillo a la máquina con un trapito, frota adelante y atrás, me gira al máximo subrepticiamente la ruedita del tiempo de tueste y me escoña las tostadas del día siguiente. Maquinalmente me dirijo a la nevera, porque en la rueda de temperatura, con el mismo trapito, hace lo mismo, y estoy harto de comer yogures congelados. En efecto, la temperatura del frigorífico a esta hora es la de Groenlandia norte. Creo que hay un mamut con los ojos como dos cristales detrás de la huevera. Bajaré a desayunar al bar.

Mi humor ahora es el de Rüdiguer hace un par de semanas, cuando le pisaron los huevos en un lance fortuito, y el médico del Real Madrid, a pie de campo, en vez de ayudarle, se vio sorprendido por un colosal ataque de risa al escuchar las doloridas explicaciones del alemán. ¡Cuidado con los huevos, Antonio! Como en el chiste que tanto le gusta contar a Ussía. El de la monjita anciana de rostro angelical que se sube al metro en hora punta, atestado de viajeros, con una bolsa de plástico en la mano, y gritando “¡Cuidado con los huevos, cuidado con los huevos!”. Y en medio de las apreturas, un pasajero sudoroso que lucha con el codo por no ser aplastado, molesto, le regaña: “¡Pero, hombre, hermana, ¿cómo se le ocurre venir con una bolsa de huevos aquí?”. Y la monja, sonrisa beatífica, matiza: “No son huevos, son alfileres”.

Amanece en la ciudad del mar el cielo blanco. Primera señal. Recordar que hoy es día de Champions me reconcilia con lo bonito de la vida. Andan en el bar todos comentando no sé qué de un gol de no sé quién. Una de las ventajas de ser del Real Madrid es que, como los ciclistas de testosterona fácil, no necesitas mirar a los lados. Al madridista le importa exactamente lo que ocurre al Real Madrid. Todo lo demás, si eso, es pasatiempo de bar, por dar conversación a la parroquia. Jamás contamos con el fallo del rival. Debe ser eso que decía Ancelotti de Nacho, grandísima definición: un defensa pesimista. Es decir, Asencio.

En el bar donde desayuno hay un goteo constante de parroquianos que vienen a reservar mesa para el partido de hoy. Es la primera vez que sucede este año desde que empezó la Champions. Moraleja: Ceferin, tu nuevo formato no interesa ni a los futbolistas. La gente sigue reuniéndose alrededor de la competición en el mismo punto, es decir, cuando empieza el rock and roll.

Ceferin, tu nuevo formato no interesa ni a los futbolistas. La gente sigue reuniéndose alrededor de la competición en el mismo punto, es decir, cuando empieza el rock and roll

Ojeo la prensa deportiva durante 35 segundos. El fútbol moderno aburre con sus entusiasmos de último minuto. Decenas de páginas que podría ir a la hoguera sin que nadie las echara de menos. Todo son orgasmos. Es el periodismo sin preámbulo. Encumbra y entierra héroes en el mismo día. Yo quiero que juegue Luka Modric. Sí. Lo tengo claro. Modric. Sé que estaba hablando de otra cosa, pero es que acabo de tener una epifanía croata. Sí, sí, Modric debe jugar hoy. Modric, Modric.

La cosa funciona

La jornada se hace pesada porque todo lo que quiero es fútbol. Al encender la radio, quiero la última hora del equipo. En la peluquería repasamos los onces gloriosos de la historia blanca. En televisión, solo Real Madrid TV a todo volumen. Ni siquiera en el ascensor hablo del tiempo con el vecino, salvo para comentar si podría influir en el partido de hoy. Todo fútbol. Todo Real Madrid.

Pero es miércoles con mucho por escribir, mucho trabajo, y todo lo que quiero es que sean las nueve. No pasan los minutos. De pronto, y por eso me he sentado a escribir esto, me he visto entre mis papeles con la destartalada estilográfica de la suerte y la mente en blanco erengue, y he sonreído al pensar que somos millones a esta hora los que estamos pasmados. Así, unos segundos, mirando al infinito, visualizando en medio del trabajo, como en un sueño, cómo saltan al campo los nuestros, con la ilusión y la emoción a flor de piel.

Así estamos millones, en fin, en todo el mundo, trabajando hoy con otra alegría, pero con menor intensidad, porque la concentración se nos va una y otra vez al himno de la Champions

Así está mi amigo Miguel, en el quirófano —mal día para operarse con él—, José en la Autoridad Portuaria, Laura sirviendo barras de pan groumet, Javier, que celebra misa a media mañana y hará una breve homilía solo para decir que no ser del Real Madrid es pecado, Marga, enseñando pisos a estudiantes, y Carlos, dirigiendo la reforma de aquel chalet de lujo que quiere comprar un futbolista, pero esa es otra historia. Así está Alfonso, predicando sobre literatura del Siglo de Oro en la facultad, Gonzalo, que asesora a un idiota en el ayuntamiento, y Eva, que está hasta las narices de la ventanilla de Correos, y de que la gente no sea del Madrid.

Así estamos millones, en fin, en todo el mundo, trabajando hoy con otra alegría, pero con menor intensidad, porque la concentración se nos va una y otra vez al himno de la Champions, a Courtois dando palmadas a todos en el vestuario, a Rodrygo mirando al infinito en el túnel de soledades, a Asencio ensayando caras de killer frente a la hilera del equipo contrario, y a Lukita dando abrazos y sonrisas a los rivales más veteranos mientras se recoloca cien mil veces la goma de pelo.

Que empiece ya. Que sea bonito. Que volvamos a hacerlo.

 

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Lo de siempre. Se asoma la primavera, aunque sea vestida de tardo otoño en Mälmo, y el Real Madrid empieza a encadenar un partido del año tras otro. Velamos armas para el de esta noche contra un triple subcampeón de la Copa de Europa, un respeto.

Es llegar esta época y cunde el terror a que a nuestro equipo le vuelva a dar por ganar la Champions. Hay antis que abrazan un fatalismo resignado propio de los locutores de RAC 1 en el minuto 94 del último Manchester City-Real Madrid. Otros, los antis optimistas a los que podríamos llamar optimantis, guardan, de manera cada vez más indisimulada, la esperanza de una eliminación que desate una mezcla del Apocalipsis, el Armagedón, un concierto de Ozuna con Bad Bunny y la tormenta perfecta. Los hay, incluso, que preparan el terreno para una eventual derrota madridista y poder decir que sus vaticinios estaban fundados.

Antón Meana trabajaba en el Diario As en los años de plomo del Mourinhismo, y era de esa clase de presuntos periodistas a los que les gusta ser más protagonistas por sus preguntas que el verdadero protagonista de la rueda de prensa, que es quien las responde. Podemos concluir sin miedo a equivocarnos que quienes aplican esa máxima son malos periodistas, lo que da como resultado la afirmación de que Antón Meana es un mal periodista.

El caso es que, según ese periodista, ahora en la cadena SER, e independientemente de su calificación, Vinícius Junior y Mbappé se llevan mal. Más que el contenido de la noticia, que al madridista medio le producirá una notabilísima transpiración perineal, resulta llamativo el momento en que Meana da esa noticia basándose en unas fuentes indeterminadas de fiabilidad desconocida para afirmar algo casi indemostrable, sin descartar la posibilidad de que Meana se haya sacado la información de sus dídimos morenos para montar un poco de ruido y, nuevamente, ser él la noticia. El momento en que el periodista, malintencionadamente conocido por algunos como Nobita, evacúa esta información es en vísperas de una vuelta de cuartos de final de Copa de Europa entre Atlético y Real Madrid con ventaja mínima en la ida para este último.

Lo de siempre. Se asoma la primavera, aunque sea vestida de tardo otoño en Mälmo, y cunde el terror a que a nuestro equipo le vuelva a dar por ganar la Champions

No sea el lector malpensado y piense que tiene cierto ánimo desestabilizador, por favor. No se barrunte que la eliminación del Real Madrid y el subsiguiente pandemonio serían terreno abonado para la germinación y florecimiento de la cizaña que, como Caius Detritus en el libro homónimo de Astérix, ha intentado sembrar Meana, que anhela ese momento de ser elevado al status de Maestro de Periodistas en plano de igualdad con luminarias como Santi Segurola, Roberto Gómez o Paco García Caridad, porque no hay nada más lejos del ánimo de estas líneas que intentar desprestigiar a un eximio reportero que ya ha dado en alguna ocasión muestras de su conocimiento balompédico, siendo su opus magna aquel legendario tuit sobre Miguel de las Cuevas y Modric.

Meana ha leído sin duda el sublime "Sin Plumas de Woody Allen", en concreto su Boletín de Cursos de Primavera, entre los que se encuentran, en el epígrafe "Introducción a la Psicología", los referidos a Introducción a la hostilidad; Hostilidad intermedia; Odio avanzado; Fundamentos teóricos del asco.

Como corolario sólo nos queda llegar como podamos a las 9 de la noche, porque ya nos pica el niqui como si estuviéramos envueltos en ortigas, tenemos la tensión competitiva over 9000 y estamos deseando instar a Vini y Kylian a irse a un hotel cuando se abracen de manera efusivamente entusiasta al marcar uno o varios goles a nuestro rival. Que así sea.

 

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Buenos días, amigos. Esta noche se juega el Real Madrid su ser o no ser en la vieja Copa de Europa, con la esperanza de avanzar en el logro de la que haría el número 16. El escenario es un estadio relativamente nuevo, pero el rival que lo habita es añejo. Se trata del vecino de toda la vida, aquel que NO siempre nos odió como nos odia ahora, aunque parezca mentira.

Los más viejos del lugar —siendo el lugar la ciudad de Madrid— recordarán una rivalidad más sana, menos teñida de aborrecimiento sociológico y mediático. Claro, por entonces no les habíamos ganado dos finales de Champions ni les habíamos eliminado de dicha competición en otras eliminatorias un par de veces. Estos hechos históricos han inoculado en esa masa social, con honrosísimas excepciones más numerosas de lo que parece, un odio tribal capaz de desencadenar tragedias. Eso es lo que ellos sienten por nosotros. Nosotros quizá odiaríamos también a ese sector cafre de sus seguidores si tuviéramos tiempo para pensar en ellos, por citar Casablanca.

Es por ello, por ese odio sociológico inveterado, que el Real Madrid ha emitido unas advertencias a los socios que hoy acudan al Metropolitano, sobre todo si a modo de provocación (ironía on) optan por vestir camisetas u otros distintivos del Madrid.

¿No es devastador, amigos? ¿Pensabais —y aquí nos dirigimos a los madridistas madrileños— que vivíais en una ciudad segura? Lamentamos sacaros de vuestro error. Vivimos en una ciudad en la que te juegas el pellejo si cometes el crimen de viajar en la línea 7 del metro con una camiseta blanca. Esto, que es un problema de orden público muy importante, es así gracias a la permisividad de los dueños fraudulentos de ese club (se apropiaron de él indebidamente aunque el delito haya prescrito) y al eco de esa permisividad por parte de las autoridades.

“En Barcelona puedes ir por la calle con la camiseta del Madrid y no te pasa nada”, nos decía ayer en X un madridista catalán. Claro. Eso es porque Jan Laporta (que no es santo de nuestra devoción pero en esto acertó) decidió eliminar de su club a los Boixos Nois, enviando así un mensaje muy claro: los violentos no representan al Barça. Lo mismo hizo Florentino con los Ultras Sur, expulsándolos y decretando así que no se sentía representado por ellos. El Atlético de Madrid envía justamente el mensaje contrario, es decir, que sus radicales del Frente Atlético SÍ les representan (de hecho, les auspician y financian). De este modo, no solo han hecho calar en su masa social que la violencia está bien, sobre todo cuando se ejerce sobre madridistas, o que el racismo está bien, sobre todo cuando se ejerce contra Vinícius (“En el Atleti no somos ni racistas ni antirracistas”, dijo de manera célebre Enrique Cerezo). No solo eso. A través de blanquear (perdón por el verbo, o al contrario) la violencia verbal y física de sus ultras, han extendido en su afición la actitud de ese grupo de energúmenos, que recordemos tiene crímenes de sangre a sus espaldas.

No viajéis en la línea 7, amigos. Así de triste es el mensaje. Curiosamente, el 7 era también el número del héroe eterno del madridismo cuyo nombre trataron de mancillar los del Frente, riéndose de su muerte, al final del partido en el Bernabéu. El 7 es también el número de su jugador madridista actual más odiado, aquel con cuyo uniforme visten muñecos hinchables que luego cuelgan del puente.

Pero resulta que el 7 es también el número de la suerte, como nos recuerda Fred Gwynne, y el que conduce al éxito a los justos. Hay quien no respeta minutos de silencio y hay quien gana Copas de Europa.

Hagamos que prevalezcan los segundos.

Os dejamos con las portadas. Pasad un buen día.

Marca As Sport Mundo Deportivo

Esta noche nos jugamos el pase a cuartos de la Champions. A partir de ahora, nos enfrentamos al destino a cara o cruz. Es lo jugoso de esta competición, el retrato del ser o la nada. El Real Madrid nació para partidos así y el aficionado merengue no entiende otro idioma que el de la máxima competición. Los devaneos o los papelones de la temporada aquí no tienen lugar. La Copa de Europa todo lo iguala porque ella es la dueña y señora de nuestro destino en lo universal. Esta noche frente al Atlético de Madrid tenemos una nueva cita para dirimir quién se llevará la Copa de Europa del 2025.

El Real Madrid llega al partido de esta noche con una ventaja mínima tras un partido de ida en el que mereció mayor premio. El martes pasado en el Santiago Bernabéu el equipo de Carlo Ancelotti fue a por la eliminatoria en todo momento, y a pesar de conseguir el primer gol en el minuto 4, jamás le dio la espalda a la victoria. Ni el empate de Julián Álvarez ni los escasos momentos en los que los pupilos del Cholo Simeone pudieron romper la balanza fueron suficientes para oscurecer un encuentro de clara militancia blanca. De hecho, una semana más tarde, aún muchos nos lamentamos de la última jugada entre Kylian Mbappé y Vinícius Júnior. En esa acción estaba el tercero. Y como esas, unas cuantas más.

Paradójicamente, el Madrid llega al encuentro de esta noche en entredicho. Sus dos máximas estrellas, Vini y Mbappé, son vilipendiadas por la prensa e incluso por muchos aficionados merengues que tienden al comportamiento avinagrado. Y como montamos un circo y nos crecen los enanos, proliferan las filtraciones de fuentes de dudosa procedencia que aseguran que los astros se llevan mal y que incluso el vestuario está roto e incómodo con el cuerpo técnico. Curiosamente, este es el estribillo de una vieja canción por todos conocida que se vuelve a poner de moda justo cuando llegan los partidos importantes que deciden una temporada. Es decir, nada nuevo bajo el sol.

Sin embargo, me llama poderosamente la atención cómo se pone en cuestión a dos estrellas del nivel de Vinícius y Mbappé. Situar la lupa sobre ambos continuamente me parece exagerado. En según qué casos, puede ser discutible el rendimiento, pero en el de nuestros dos delanteros carece de lógica evaluarlos así, demasiada exigencia. Pudieran estar más finos, sí. Y también podría ver yo esta noche el partido con Scarlett Johansson y no será así. Como dijo el filósofo Mick Jagger, en esta vida no siempre se obtiene lo que quieres.

¿Qué nos lleva a despreciar los buenos recuerdos y empeñarnos en romper con lo más hermoso que hemos vivido? Esto es, ¿alguien nos asegura que desechar lo conocido y progresar hacia lo desconocido es una buena idea?

Ahora bien, si por cuestionar se cuestiona hasta al máximo responsable de esto, que es el presidente Florentino Pérez Rodríguez, pues apaga y vámonos. ¿Qué más quiere el aficionado? ¿Más centrales y laterales? ¿Ganarlo absolutamente todo y golear cada partido? A esos aficionados desubicados les invito a sentarse y, cuando estén en ese estado de total reposo, a continuación me nombren un equipo de cualquier deporte profesional que se pasee continuamente por la competición a la que pertenezca. E, inevitablemente, Carlo Ancelotti no sale bien parado del examen del tendido siete. En las últimas fechas se vuelve a cuestionar al entrenador. Si bien el italiano no vive su temporada más cómoda, me gustaría saber cuál es el perfecto sustituto del técnico nacido en Reggiolo. Y si la respuesta es Xabi Alonso, perdonen que me cuestione su candidatura. Con todos mis respetos, el de Tolosa no termina de convencerme.

Ahora sí que sí

Todo este circo mediático me recuerda a esa estupenda canción de The Kooks llamada She moves in her own way. En ella, la banda británica, cuenta cómo su líder Luke Pritchard lleva con diplomática manera la ruptura con su exnovia Katie Melua, también cantante. En un momento dado, Pritchard afirma que desearía que nunca hubieran sobrevivido todos los veranos juntos y, por el contrario, los hubieran conservado en lugar de volver a los suburbios. Es decir, ¿qué nos lleva a despreciar los buenos recuerdos y empeñarnos en romper con lo más hermoso que hemos vivido? Esto es, ¿alguien nos asegura que desechar lo conocido y progresar hacia lo desconocido es una buena idea?

Por mi parte, vivo con ilusión estas horas previas al partido de esta noche. Todo el rato me pregunto si formaremos con Raúl Asencio y Antonio Rüdiger o si Fede Valverde será el lateral derecho. Estoy deseando ver cómo Eduardo Camavinga y Aurélien Tchouaméni hacen un partidazo. Y, por supuesto, si jugarán arriba los cuatro fantásticos o si saldrá Brahim de inicio. Mientras tanto, mato el gusanillo de la espera leyendo en La Galerna el fantástico artículo de Antonio Valderrama sobre el mago malagueño. ¡Hala Madrid y nada más!

 

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Buenos días, amigos. Nada, Negreira no existe. Ni ha existido jamás, por supuesto. No cabe otra explicación. Si realmente un club, pongamos el FC Barcelona, pero por citar alguno, no os vayáis a pensar nada raro, hubiese pagado millones de euros a un vicepresidente de los árbitros, imaginemos que llamado José María Enríquez Negreira, habría recibido una sanción de aúpa, porque habría supuesto, sin duda alguna, el mayor escándalo de corrupción en el deporte, como mínimo, español. Y el club de Laporta no ha sido castigado de ningún modo, ¿verdad?

En caso de haber existido Negreira y haber cobrado de ese club, la ristra de presidentes que le hubiesen pagado también habrían tenido consecuencias por sus actos. Así como las diversas personas involucradas en el asunto tanto de la directiva, RFEF, Liga, Gobierno o que hubiesen fluido de uno a otro sitio.

Ayer, además, conocimos otra prueba demoledora de la no existencia de Negreira. Dos de las memorias más insignes del fútbol patrio y mundial, Mr. Chip y Maldini, estaban asombradísimos ante el dato (que sabemos todos) de que el único equipo grande que no ha ganado dos ligas seguidas en treinta años con el mismo entrenador es el Real Madrid.

Claro, de haber existido Negreira, haber recibido pagos del FC Barcelona acreditados con facturas en posesión del fisco, de haber existido un juez que hubiese afirmado en un auto que hubo corrupción sistémica arbitral, la explicación habría sido evidente, hasta para los que no somos superdotados como estas dos insignes personas.

Decimos que es una prueba demoledora porque la característica de ambos es albergar un disco duro por cerebro con una capacidad de terabytes casi infinita, por tanto es imposible que, de haber existido, no recordasen a Negreira. Dos genios que consagran su vida a las estadísticas y a la visualización de todos los partidos disputados, incluidos los de la tercera división trans de Plutón, no pueden haber pasado por alto la influencia de unos pagos del FC Barcelona a Negreira en el palmarés de la liga en caso de haber existido ese sujeto de nombre Negreira.

Ninguno de los dos sabe un pimiento de fútbol real, Maldini yerra más predicciones que la AEMET y no supo ver el potencial de Modric; Mr. Chip, aparte de su apetito escrotal, no es capaz de atisbar un elefante en un baño de un metro cuadrado, pero eso no es malo, porque ambos vinieron al mundo para ser bibliotecas vivientes del fútbol y sus números. Además, según los entendidísimos, ni Zidane ni Ancelotti saben nada de este deporte, y las Champions que coleccionan las han conseguido realizando labores de auxiliar administrativo (como mucho).

Otra prueba de la no existencia de Negreira son las portadas de los principales diarios deportivos españoles, que siempre reflejan en sus frontispicios los resultados de arduas labores de investigación periodística. Y si ahí no aparece nada es que no existe. El ejemplo perfecto es la tapa del Marca de hoy, a la altura de aquellas de Woodward y Bernstein en The Washington Post sobre el Watergate.

Ayer, una persona que tampoco existe, conocida como Guayre, aunque ya decimos que es una entelequia, confesó en una entrevista, que entendemos que nunca ocurrió, que cuando jugaba en Las Palmas Charlie Rexach, director deportivo del Barça, le propuso ir pagándole dinero en negro durante los dos años que le restaban de contrato para que a la conclusión del mismo recalase sin coste en Can Barça.

Entendemos que de ser real esto y no una mera creación mediante IA, Marca habría comentado algo en su portada, pues se habría planteado algunas de las preguntas que se ha cuestionado @Ice_Landic en X: « Si esto lo intentaron con Guayre, ¿con cuántos más lo han intentado? ¿Con cuántos lo consiguieron? ¿Cuántos a día de hoy están cobrando del FCB bajo cuerda mientras juegan para otros equipos? ¿Cuántos cobran bajo cuerda mientras juegan para el FCB para no computar tanto en límite salarial?».

¿Existe Ice_Landic, no existe, son Ice_Landic y Jesús Bengoechea la misma persona? No importa ahora, porque como Guayre, al igual que Negreira, nunca ha existido, no ha lugar a esas preguntas que sí habrían sido pertinentes en caso de haber existido. Y si Marca no dice nada, pues no se hable más.

Es todo groucho-rajoyano, pero creemos que se entiende.

Los demás diarios tampoco comentan, ni hoy ni nunca, nada sobre estos asuntos y otros que jamás han existido, como esa leyenda de que el VAR está en manos de un avalista del Barça, que hay árbitros que tienen relaciones comerciales con clubes, organismos y federaciones, que la Liga tolera inscripciones fraudulentas y otras locuras por el estilo que no caben en cabeza de nadie, porque de ser ciertas sería un escándalo que la prensa recogería, sin duda, cumpliendo con su obligación.

Negreira no existe porque ni los medios ni los expertos hablan de él ni lo recuerdan. Del mismo modo que para un gobierno en el poder nunca existe una crisis ni tampoco la corrupción. En España podemos dar fe de ello, ni ha habido crisis ni corrupción política jamás.

Llegados a este punto, ya no sabemos si el partido del miércoles de Champions entre Atleti y Madrid es o no real. Lo que sí existe es un gran artículo de Antonio Valderrama sobre Brahim que hemos publicado esta mañana y os aconsejamos leer.

Pasad un buen día. Si existís, claro.

Brahim Díaz puso en ventaja al Madrid sobre el Atlético en la primera parte de su eliminatoria de octavos de final de la Copa de Europa. Su gol fue pura filigrana en la que su tobillo, elástico como el cartílago de un niño, enhebró el oro por el ojo de la aguja. Brahim halló el hueco por el que terminó cabiendo el camello de la victoria, allí donde no había nada más que guardias-jurado vestidos de rojiblanco puestos uno junto a otro formando una valla tan impenetrable como una oficina de la agencia tributaria. Desde luego, con una jugada brillante, Brahim encontró la llave de un partido muy perro, propio de una competición cruel, dura y maravillosa que, a cambio del triunfo, te lo exige todo. Coronó una gran actuación por la que debían haberle dado el MVP.

Victoria trampa

Brahim Díaz es una síntesis del futbolista mediterráneo moderno. Creció ya curtido en la cultura española del futsal de los polideportivos municipales andaluces y pistas al aire libre, duras como el cemento y a menudo con la pintura descascarillada. En ellas, como contaba Zidane de su niñez en La Castellane de Marsella, se aprende a pensar rápido y a jugar al primer toque; a moverse y acelerar como un polvorilla, a visualizar los espacios, tan reducidos, entre multitud de piernas. Pero también, este hijo del mestizaje de la frontera tiene, en su sangre, la extraordinaria habilidad, elasticidad e imaginación de los futbolistas magrebíes, escuela de la que Lamine Yamal es la quintaesencia. Brahim, pura cantera de la orfebrería tradicional andaluza, se hizo grande, fuerte y poderoso en Italia. En el calcio aprendió a chocar y dejó de ser liviano. Su fútbol se hizo adulto, adquirió gravedad. Y gol. Ese gol punzante y decisivo que decide, de modo inesperado, eliminatorias, que aparece de la nada como un phantôma, esos soldados adiestrados en la Primera Guerra Mundial para asaltar sigilosamente las trincheras enemigas.

Brahim halló el hueco por el que terminó cabiendo el camello de la victoria, allí donde no había nada más que guardias-jurado vestidos de rojiblanco puestos uno junto a otro formando una valla tan impenetrable como una oficina de la agencia tributaria

Como representante muy destacado de la nueva generación de futbolistas españoles post-2010, Brahim recibió dos ofensas: primero, el verse forzado a jugar por Marruecos ante el desprecio sistemático de la Federación, por madridista; luego, el ser el blanco de las chanzas, tras la victoria española en la Eurocopa, recordando aquella polémica que sólo existió por jugar Brahim en el equipo que juega.

Romper el muro

La importancia de Brahim, desde luego, ha crecido cada día desde que regresó del Milan. Su fichaje, en un entorno de gasto prácticamente cero y con el dineral del Nuevo Bernabéu en el lastre de la nave, que a ver cómo se amortiza eso con el quilombo de los conciertos, es oro molido. La perspectiva de ser un Nacho o un Lucas Vázquez del frente de ataque parece incluso poca cosa, teniendo en cuenta su rendimiento y su polivalencia. Es el perfecto jugador número 12. Su carácter sencillo, de chavea de Málaga que apechuga con lo que le echen, sin quejarse, haciendo equipo, contribuyendo al entusiasmo y a la disciplina, hace de él verdadero cemento para el Madrid del presente y del futuro.

Su fútbol se hizo adulto, adquirió gravedad. Y gol. Ese gol punzante y decisivo que decide eliminatorias, que aparece de la nada como un phantôma, esos soldados adiestrados en la Primera Guerra Mundial para asaltar sigilosamente las trincheras enemigas

Me da miedo escribir de Brahim porque, el otro día, glosé a Ceballos y al día siguiente se rompió para dos meses. Sin embargo, creo que lo mejor de Brahim, no ya ni en su carrera ni en esta temporada, sino en la eliminatoria contra el Atlético, está por venir. No será titular, probablemente. Vuelve Bellingham y la explosividad de Brahim, su cualidad incisiva, le vienen que ni pintado a un más que posible escenario terminal de la vuelta en el Metropolitano. El Madrid, el miércoles, necesitará lo que antes, cuando no estaba socialmente condenado, se entendía por hombres. Brahim ya ha mostrado serlo. Lo mejor de él no es ni su finta, ni su sprint, ni sus golazos desde fuera y dentro del área, sino la competitividad feroz que no se le presuponía al muchacho tímido y poquita cosa que era cuando llegó.

Los periodistas del Atlético de Madrid que copan las editoriales de la prensa nacional lampaban por un resultado que les permitiera, en la vuelta, una noche de “ira y furia”. Eso me suena a aquella cosa bávara del “arderán los árboles”, algo pasado de moda que, sinceramente, da lache, que decía Camarón cuando algo le causaba vergüenza y pudor. Brahim, si acaso, es la muestra de que el fútbol español abandonó el choque y los cojones hace mucho tiempo. El Madrid, que este año, a priori, viró su política deportiva hacia el “modelo de eneryía”, como dice Carlo Ancelotti, tiene en Brahim el contrapunto que, la verdad, va más con el tiempo, con la dirección hacia la que va el fútbol: la pelota al suelo y un control más dinámico que aquel del Xaviniesta. Brahim es la “posesión activa”, que diría un panenko, el dominio sobre los tres cuartos de campo rival que acaba liquidando las esperanzas y los ensueños de los contrarios. Su momento aún está por llegar.

 

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Poco a poco va permeando. Los colaboradores de este medio, los tuiteros de X y Youtube Real Madrid, The Objective, El Debate, El Español, y algunos medios más, van secundando el clamor de las redes sociales madridistas, que no dejan pasar un día sin recordar que el FC Barcelona estuvo pagando al menos durante 17 años al vicepresidente del CTA, "a cambio de neutralidad", dicen. Pagando por impotencia, pagando para comprar una historia y un prestigio que nunca tuvieron y que ya será inalcanzable para siempre.

Pasarán otros 123 años de madridismo y aún se recordará el inconcebible acto de corrupción del deporte de nuestro siglo. Nuestros herederos pensarán que fuimos una sociedad prehistórica, grosera, zafia y sucia. Y lo somos, en realidad. Cómo calificarían si no la inefable negativa del FC Barcelona durante la guerra civil española de albergar en la liga catalana a un club deportivo que pidió asilo allí para sobrevivir a la desaparición. El Madrid FC (la Segunda República nos había negado la realeza unos años antes) solicitó su participación como invitado en la liga de Cataluña, donde jugaban el FC Barcelona, el Español, el Girona, el Sabadell y el Granollers. El sindicato de futbolistas de Cataluña respaldó la petición "por deber social y cívico" en el otoño de 1936. Hernández Coronado, secretario técnico del club, fue quien promovió la idea de llevar el club a Barcelona para protegerlo de la guerra, una vez suspendida la competición nacional.

Hernández Coronado

Hernández Coronado

Adivinen qué club condenó a la desaparición a nuestros ancestros merengues. Justo. El mismo que muchos años después pagó a Negreira para tratar de comprar la grandeza que nunca tuvieron y que ya quedará para siempre fuera de su alcance, se haga justicia o no. Y aquí estaremos nosotros y después nuestros hijos para recordarlo cada día si no llega a darse la condena proporcional al delito ya probado por un juez e inundado de pruebas durante la instrucción, por más que los terraplanistas del fútbol sigan arrastrando su miseria moral por las redes, las radios y los circos televisivos.

Aquí estaremos nosotros y después nuestros hijos para recordarlo cada día si no llega a darse la condena proporcional al delito ya probado por un juez e inundado de pruebas durante la instrucción

Pero va permeando. Y va haciéndose carne la sensación de que habrá una sentencia. La mecha no se apaga y avanza lentamente hacia el explosivo. Fabio Capello, un gigante del fútbol mundial, lo dice estos días en una entrevista en El Mundo: "...me sorprende mucho que no haya pasado nada. La justicia normal va lenta, vale, pero ¿para qué está la justicia deportiva? Es un caso muy grave y no se entiende que el Barcelona pueda salir de algo así sin ninguna sanción, me da igual los años que hayan pasado, que tampoco son tantos".

Nos sorprendía a casi todos, antes de saber que el esposo de la primera jueza del caso Negreira que tuvo en hibernación la instrucción era un proveedor del FC Barcelona. Nos sorprendía también la errática trayectoria de Albert Soler entre el club, el Consejo Superior de Deportes y la empresa privada, antes de saber que sólo regresó al cargo público para asegurarse de que la Ley del Deporte de enero de 2023 garantizaba la impunidad del FCB. Nos sorprendía también el interés de Laporta en formar parte de la junta directiva de la RFEF justo semanas después de ganar las elecciones a la presidencia en 2021, antes de saber que fue uno de los promotores de eliminar la no prescripción de delitos de corrupción del código ético del fútbol español.

Les juro que siento nauseas cada vez que tengo que escribir estas frases, imaginando a todos esos ejecutivos panzones y trajeados, prevaricando, delinquiendo a cambio de quién sabe qué, entre comidas copiosas y eternas sobremesas etílicas, para dejar sin sanción deportiva a un club corrupto. Qué absoluto asco. No puedo mirarlos sin sentir lo mismo cada vez. Rubiales, Laporta, Medina Cantalejo. Encubridores de un delito que conocían y que taparon sin ningún pudor.

Aún no se ha desvelado el contenido exacto del acuerdo confidencial entre LaLiga, la RFEF y el CTA de 2018, meses después de que el FCB dejara de pagar al vicepresidente de los árbitros (la llamada cláusula anti-Negreira). Se especula que en ella se prohíbe a los miembros de los organismos cobrar de clubes de fútbol (!) por cualquier medio. La constatación llegará en la resolución de la causa admitida por la Audiencia Nacional tras las demandas presentadas por Estrada Fernández contra los principales ejecutivos de la RFEF, el CSD y el CTA. Tendemos a darle más importancia al caso Negreira que a las demandas de Estrada, pero es probable que estas tengan más recorrido judicial. Veremos.

Capello: "Me sorprende mucho que no haya pasado nada. La justicia normal va lenta, vale, pero ¿para qué está la justicia deportiva? Es un caso muy grave y no se entiende que el Barcelona pueda salir de algo así sin ninguna sanción, me da igual los años que hayan pasado, que tampoco son tantos"

En estos días hemos conocido también algunos detalles más sobre la podredumbre del agonizante fútbol español. Manos Limpias ha pedido a la FIFA la suspensión de Munuera Montero, Medina Cantalejo y Clos Gómez por corrupción. Habrá a quien le nuble la vista el controvertido líder del sindicato, últimamente muy beligerante contra el partido del Gobierno. No ignoremos que Manos Limpias actuó como acusación popular en el caso que llevó a Urdangarín a la cárcel ante la sorpresa de la sociedad española. No estamos acostumbrados a ver "personalidades" entre rejas. Suelen librarse, sí. Casi siempre. Pero Manos Limpias lo hizo. En democracia, en medio de tanta gentuza y de tanta corrupción, es de agradecer que haya quien se moleste y se juegue su patrimonio en demandar a delincuentes que de otro modo quedarían impunes.

Manos Limpias no está tirando piedras al estanque para ver cómo saltan los peces koi o para conseguir ser portada por un día. Hay material y hay indicios flagrantes de delito. Presuntamente, alguno de estos caballeros que han sido denunciados tiene la costumbre de comprar propiedades inmobiliarias en efectivo, otros poseen entramados societarios con sedes que cuestan millones y que aparentemente no tienen actividad. ¿Conocen a alguien de su entorno que pueda comprar una vivienda en efectivo? ¿Tal vez alguien que monte un negocio para pasar el rato, sin ningún interés en que genere ingresos? ¿Alguien que ponga medio millón de euros de capital en una empresa sin actividad? Yo tampoco.

Seguimos pidiendo justicia y seguiremos mientras quede vivo un madridista. Porque nos han engañado, a nosotros y a todos los clubes, a los seguidores honestos del Barça que vivieron felices el sueño de una era de supremacía deportiva

Y sigue permeando. Seguimos pidiendo justicia y seguiremos mientras quede vivo un madridista. Porque nos han engañado, a nosotros y a todos los clubes, a los seguidores honestos del Barça que vivieron felices el sueño de una era de supremacía deportiva; porque no sabemos explicárselo a nuestros hijos sin avergonzarnos del mundo en que vivimos y que les vamos a dejar como herencia. Hoy ha sido Javier, a quien quiero muchísimo, y él lo sabe, quien me ha dicho, "Papá: has leído lo de Fabio Capello sobre Negreira? Podrías citarlo en un artículo para La Galerna". Dicho y hecho. Aquí lo tienen.

 

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Buenos días, amigos. Buena jornada en lo numérico, que es lo que vale, y regular en cuanto a sensaciones. El Madrid ganó al Rayo con goles de Mbappé y Vinícius, que habían sido criticados recientemente, pero la victoria nos dejó regusto a… meh. En este portanálisis hablaremos de lo bueno, de lo feo y de lo malo.

Los blanco volvieron a desplegar minutos de buen juego, pero siempre llega un momento en el que la bujía parece hacer perla y el equipo queda, en el mejor de los casos, como ayer, en una especie de limbo futbolístico que no es ni bien ni mal del todo, sino una especie de guiso sin sal que no termina de convencer a nadie y que en muchas ocasiones acaba provocando el enfado del respetable porque no se siente precisamente eso, respetado. Podéis leer aquí la crónica de Paco Sánchez Palomares y las notas de Genaro Desailly.

Bien es cierto que los de Ancelotti tenían que dosificarse, pues lo realmente importante, la Champions, se atisba en el horizonte cercano, el miércoles. Pero no terminaron de nadar ni de guardar la ropa, se quisieron dar un chapuzón sin despojarse del traje y con miedo a mojárselo, algo que no es posible.

Entre lo malo, además, Lucas Vázquez completó otra actuación que no recordará nadie; Camavinga anduvo, como últimamente, muy desacertado y Carletto tampoco tuvo su mejor día, sigue transmitiendo sensaciones que no había transmitido otras temporadas.

Entre lo bueno, lo más evidente, la victoria. Kylian volvió a marcar, aunque fallara algunas de esas que contra el Atleti no debe marrar. Vini anotó un gol estratosférico. Se erigió en adulto en un patio lleno de infantes y burreó a medio Rayo antes de anotar.

A Lucas Vázquez le gustó tanto el golazo del brasileño, que casi lo deja sin aire abrazándolo con la misma exageración que lo hace tu tía del pueblo cada vez que vas de higos a brevas.

Tchouaméni firmó un encuentro soberbio, y, quién lo diría hace unas semanas, ahora mismo es uno de los puntales del equipo. Y luego está Lukita, el conejito de Duracell de la calidad.

Entre lo feo, a la par que malo, el sistema. Árbitro, VAR y realización, como mínimo, se conchabaron para ofrecer otra actuación culmen en esta competición corrupta que padecemos. Hernández Maeso se zampó este pisotón a Vinícius.

Su partenaire, Quintero González, tampoco le avisó desde el VAR. Esta inacción llama mucho la atención, sobre todo después de los dos últimos penaltis señalados contra el Madrid por acciones de Tchouaméni y Camavinga. El criterio no es igual para todos, y lo de ayer fue la prueba.

Claro, que cabe preguntarse si Mediapro, empresa como sabéis dirigida por avalistas del Barça, facilitó esas imágenes a los miembros (y miembras) de la (las) sala (salas) VOR, porque la retransmisión del encuentro no las repitió.

Después, en el minuto 65, una acción espléndida de Aurélien permitió a Vini encarar a Batalla, pero fue derribado, incurriendo en claro penalti y expulsión, por el defensor rayista cuando se disponía a chutar. La acción se invalidó por fuera de juego muy dudoso, pero los famosos muñequitos 3D no aparecieron por ningún lado. ¿El fuera de juego semiautomático confirmó que era órsay o tal vez lo contrario y por ese motivo no hubo atisbo de muñecos? Una vez más hemos de confiar en un sistema que no ha hallado nada punible en el hecho de que el Barça pagara durante décadas millones de euros a uno de los jefes del Comité Técnico de Árbitros.

Sobre el criterio de señalización de faltas y de reparto de tarjetas no vamos a escribir porque este portanálisis ha de ver la luz antes del aperitivo.

Marca titula «Cara y cruz» en referencia a los resultados de Madrid y Atleti antes del choque de Champions. Pero, como decíamos al principio, también puede aplicarse a cada uno de los encuentros. Si los blancos ganaron pero no convencieron, los colchoneros perdieron, pero la actuación del CTA, una vez más personificado en el hincha rojiblanco Cuadra Fernández (secundado en el VAR por el inefable Figueroa Vázquez), volvió a ser una oda a la competición adulterada que sufrimos. Lo feo. Muy feo. Aunque también malo.

Que el trencilla de Hortaleza arbitre a su equipo es tan habitual como que el sol salga y se ponga cada día. Ayer, él y su compañero de VAR se esforzaron a fondo. Decretaron un penalti que solo se explica por la situación que vive el fútbol español. Si le muestras las imágenes a un recién llegado de Ganímedes sin contacto anterior con la humanidad ni con el balompié, pondría el grito en el cielo.

El esférico rebotó en el guardameta getafense y una milésima de segundo después golpeó en la mano de su defensor, que se encontraba a escasos centímetros. Literalmente, es imposible que hubiese podido evitar el impacto pero, además, las directrices arbitrales dicen que en caso de rebote de un compañero no es penalti.

Después expulsó a Correa cuando el encuentro se asomaba a su final, el argentino casi le desmonta la pierna al futbolista del Getafe y Cuadra pensaría que ya no quedaba casi tiempo, por lo que la roja serviría para bajar los humos a los insensatos que nos afanamos en denunciar la realidad.

Cuando se retiraba del terreno de juego, Correa le dedicó al colegiado unas lindas palabras: «Sos un hijo de mil putas. Cagón. La concha de tu madre». Vosotros, que probablemente domináis más la lengua de Shakespeare que este humilde portanalista, confirmadme: son frases feas, pero mucho menos graves que un «fuck off», ¿verdad?

Después de las palabras de Correa, queremos transmitir todo nuestro apoyo y solidaridad al equipo arbitral y a sus familiares y amigos. Están siendo días muy duros para la familia del fútbol. Mucho Ánimo. 'Respeta al árbitro, respeta el fútbol'. #ArbitrajeRFEF | #StorAcosoArbitralYa

El Atleti. La coherencia por bandera. Siempre.

Pero hete ahí que al Geta le dio por marcar dos goles. El segundo de ellos intentaron anularlo por fuera de juego inexistente, pero era tan obvia su validez que no hubo más remedio que concederlo. De modo que Cuadra se descolgó con 11 minutos de añadido que luego fueron más. Aun así, perdió. Pero es la excepción, con esa cota de empuje arbitral, lo normal es ganar, de ahí la preocupación de quienes abogamos por una competición limpia.

Nos despedimos deseándoos que no tengáis un día feo ni malo, sino bueno.

12M: Mucho, casi todo, depende del Madrid

 

Lo de ayer vale de poco. Bueno, eso creen merengues y atletistas pensando en el miércoles. Hombre, uno siempre prefirió sacar notable en los parciales con vistas al examen final. O sea, 5-0 en el Bernabéu, 0-5 en el Coliseum. Pero bueno.

La cosa vale para que el Madrid se sitúe con el Barcelona en lo alto de la Liga, esa cosa. Cuya visita el domingo al Metropolitano será tremenda para los locales: otra derrota, ufff... A culés y colchoneros les pone ganar la Liga, hay gente 'pa tó'.

El coliderato del Real fue la más tonta de las consecuencias por la muerte del doctor barcelonista Carles Miñarro, que en gloria esté. Se aplazó el partido con Osasuna y puede que hasta finales de mayo no le encuentren hueco. Otra maravilla del calendario que nos obligará a mirar la clasificación con pinzas. Fenomenal el Bernabéu en el minuto de silencio por Miñarro y el árbitro David García de la Loma. Ancelotti inició su conferencia de prensa post match con un recuerdo para ellos. El Madrid en eso es imbatible.

Como pudo batió a un Rayo diezmado que le obligó a terminar, al Madrid, con un solo punta rodeado de volantes. En casa. Hubo un momento que temí la vuela de Ceballos. No le demos más vueltas. Una primera parte pasable, otra tremenda por lo negativo. Ni les voy a dar la tabarra con que la cabeza la tenían donde imaginan, con que las lesiones... Siempre pensé que hay velos tupidos y otros estúpidos, y este es uno. Vimos lo que vimos. Al Atleti habrá que aplicarle la misma teoría con la diferencia, eso sí, de que él palmó y el Madrid, no. Las tres últimas derrotas colchoneras han sido en Leganés, Bernabéu y Getafe. Cosas.

El miércoles será otra cosa y, como cuerpo de jota no tenemos, entre unas cosas y otras les daré 'my opinion', que diría Jude: si el Madrid es un equipo en el Metropolitano, si Courtois, Valverde, Rüdiger, Asencio, Mendy, Camavinga, Tchouaméni, Bellingham, Rodrygo, Mbappé y Vinícius son un equipo, ver partidos con el City y alguno, pocos, más por ahí, normalmente pasará la eliminatoria. ¿Nada lo asegura? Nada en el fútbol. Cuatro se debió llevar el Liverpool de París y acabó ganando merced a su único tiro a puerta.

Si el Madrid es un equipo en el Metropolitano, normalmente pasará la eliminatoria. El asunto lo veo más en lo que pueda, sepa y quiera el Madrid que otra cosa

Pero sí, el asunto lo veo más en lo que pueda, sepa y quiera el Madrid que otra cosa. Lo cual no es un menosprecio al Atleti, que tiene su calidad, diría Suker. Y puede imponerla. Es una eliminatoria seria ante un rival serio. Para los dos. Digo que si el Madrid es el que puede ser, el que con lo que tenía ganó en la ida me vale, y puesto que le considero mejor, me extrañará que pierda.

Elijo a esos once porque Modric jugó los 90 minutos, el turno en el 3 es para Mendy y el resto no cuenta como titular. Excepción hecha de Brahim, que estamos en lo de casi siempre: este es un Madrid con la salud en precario, uno capaz de ganarte un partido, lo hizo en el Bernabéu, debes tenerlo fresco para la pelea final.

Llega pues el otro partido de la temporada. El tercero, tras los ingleses y la ida. Si todo marcha como imagino, habrá más para el Madrid. Con Carvajal, Militao y Ceballos, de 100 veces estaba 90 en cuartos. Y en Múnich, probablemente. Lo de ayer, seamos generosos: fue como si el 'cuñao' bobo pone su cumpleaños el sábado final de la Champions. Vas, pero no estás. Y no te escaqueas porque no puedes. Si ayer ofrecen escaqueo a los jugadores de Ancelotti, diez no se presentan. Y Carletto, con ellos. Se acabó la broma, es eso.

 

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