Las mejores firmas madridistas del planeta

A lo largo de su historia, el Real Madrid ha tenido caras conocidas en la primera plantilla del equipo de fútbol en las funciones de médico: Pruden, Pirri, Alfonso del Corral… Todos ellos habían pertenecido antes al club como futbolistas o baloncestistas. Pero el pionero fue Félix Contreras, el primer médico que tuvo el conjunto blanco y también fundador de los servicios médicos de la entidad. Su pasado de corto también le vinculó con el cuadro merengue a comienzos de los años 20.

Félix Contreras

Félix Contreras

Nacido en León el 3 de septiembre de 1900, creció en Madrid cuando de pequeño se trasladó con la familia a la capital. Allí desarrolló sus estudios y cursaría la licenciatura en la Facultad de Medicina, donde obtuvo el título en 1922. Una vez acabada, ingresó por oposición en el Ayuntamiento de Madrid como médico de Casas de Socorro. Compaginó este trabajo con su especialización en Dermatología y Venereología en varios dispensarios, así como en el Hospital San Juan de Dios.

Recreativo Español infantil

Recreativo Español infantil

Recreativo Español. Categorías inferiores

Recreativo Español. Categorías inferiores

Recreativo Español

Recreativo Español

Al mismo tiempo, compaginó los estudios con el fútbol, en el que también estaban involucrados sus hermanos Francisco y César. Francisco fundó un equipo madrileño, el Recreativo Español, que disputaba sus encuentros en varios célebres campos de la capital. Los hermanos comenzaron jugando en las categorías inferiores del club y año a año fueron ascendiendo hasta llegar al primer equipo. Félix compartió escuadra con otros futuros madridistas como Muñagorri, Luis Olaso, Félix Quesada y Félix Pérez.

Copa ganada a La Felguera

Copa ganada a La Felguera

Jugadores del Recreativo Español que pasaron al Real Madrid

Jugadores del Recreativo Español que pasaron al Real Madrid

El equipo blanco echó el ojo a Félix Contreras, a su hermano César y a varios futbolistas más del Recreativo Español, que pasaron a las filas madridistas alrededor de 1921. Félix se desempeñaba como mediocentro o medio derecha y las crónicas de la época lo describían como un jugador trabajador, voluntarioso y con recorrido que actuaba rezagado para proteger y apoyar a sus defensas. Él mismo, en una entrevista para AS Color, dijo que “era duro, pero la verdad es que siempre iba al choque. Nunca lesioné a ningún contrario”.

Félix Contreras

Félix Contreras

Su estancia en la primera plantilla fue de dos temporadas. En la pretemporada merengue del curso 1923-24 participó en tres encuentros contra equipos extranjeros a finales del mes de septiembre. Primero contra el SK Cracovia, al que el Real Madrid venció por 4-2, y posteriormente en dos choques contra el SV Fürth que se resolvieron con empate y victoria germana por la mínima. Contreras, ante los polacos, entró por M. De Miguel, que había jugado la tarde anterior, y su buena labor y desempeño le hizo repetir en el equipo dos veces días después contra los teutones.

Félix Contreras con Quesada

Félix Contreras con Quesada

La competencia en el puesto era enorme y Félix Contreras debía competir con el internacional suizo Adolfo Mengotti, Barrero y Antonio Sicilia. No disputó ningún partido del Campeonato Regional y tuvo que esperar su oportunidad para debutar en partido oficial en la Copa del Rey. El Real Madrid se deshizo en cuartos del Natación Alicante y en semifinales se vio las caras con el Athletic Club. En el partido de ida en San Mamés fue baja por enfermedad Mengotti y esto dio la alternativa al jugador leonés. Aquel día compartió media con Barrero y Mejía en un once que también incluía a Martínez, Escobal, Quesada, Muñagorri, Santiago Bernabéu, Valderrama, Félix Pérez y Del Campo. El cuadro vasco venció por 3-1 y en la crónica de Madrid-Sport se calificó el juego de Contreras como “ordenado y sirvió para ayudar no poco a los backs, pero sin quitar a estos el mayor peso del partido”. En la vuelta ganaron los merengues por 3-0 y en el desempate en el Metropolitano eliminaron a los rojiblancos. No se pudo completar un año sensacional al caer en la gran final en Atocha contra el Real Unión.

Athletic vs. Real Madrid en San Mamés. 1924

Athletic vs. Real Madrid en San Mamés. 1924

Athletic Club de Bilbao vs. Real Madrid en San Mamés. 1924

Athletic vs. Real Madrid en San Mamés. 1924

El otro gran momento de la carrera de Contreras como futbolista blanco tuvo lugar el 17 de mayo de 1924. El Real Madrid inauguró su campo de Chamartín contra el Newcastle y el leonés formó parte del primer once del equipo en su nueva casa. En la entrevista años después en AS Color declaró que “una de mis mayores alegrías es que estuve presente cuando se inauguró el campo”. Los blancos derrotaron a los ingleses por 3-2 y Contreras, que entró en la alineación por Barrero, jugó la primera parte, para, a continuación, ser sustituido por Merino.

Varias participaciones más del jugador leonés en el Campeonato Regional Centro de los reservas dieron por concluida su campaña. En la siguiente temporada 1924-25 volvió a actuar en varios choques del Campeonato de Reservas, como ante el Unión Sporting en el Metropolitano y también en un amistoso con el primer equipo frente a los ingleses del Civil Service London. Fue su punto final como jugador del conjunto blanco, porque a continuación tuvo que dedicarse a su labor en la medicina y también debió marcharse a la guerra del Rif.

Contreras y varios compañeros del Real Madrid en la estación antes de partir de gira

Contreras y varios compañeros del Real Madrid en la estación antes de partir de gira

Tras la guerra civil española de 1936-1939, en la que falleció su hermano Francisco, también doctor, en Baños de la Encina (Jaén), Félix Contreras volvió al club madridista en calidad de médico de campo. De esta forma se convertía en el primero de la historia de la institución en ostentar dicho puesto. Poco después, y viendo cómo avanzaba la medicina entorno al fútbol, se encargó de fundar los servicios médicos y la enfermería para atender a los jugadores de sus lesiones y problemas físicos.

El Dr. Contreras con el exmadridista Bonet. 1943

El Dr. Contreras con el exmadridista Bonet. 1943

En los años 40, era el encargado de dar los partes médicos del equipo cuando los periodistas entraban en las oficinas del club. Su prestigio y reputación le llevaron también a la selección, donde acompañó como doctor a Eduardo Teus entre 1941 y 1942 y a Manolo Meana en 1957. Entabló una gran amistad con Santiago Bernabéu y una de las fotos icónicas de la entidad blanca es una en la que se ve al máximo mandatario junto al médico en las gradas observando el nuevo estadio recién construido.

Bernabéu y el Dr. Contreras

Bernabéu y el Dr. Contreras

Félix Contreras, en la entrevista ya referida de AS Color, manifestó que desde que era jugador asistía a sus compañeros que acudían a su consulta y una vez también tuvo que intervenir en un encuentro: “Estábamos jugando y cayó lesionado Monjardín. Me dijo: “Tengo la rodilla estropeada”. Le tuve que encajar el menisco en su sitio”. Estuvo inmerso en el cuadro merengue hasta bien entrados los años 50, cuando los servicios médicos habían crecido y junto a él trabajaban los doctores Barreiro, Iglesias y Pruden Sánchez. Una vez desvinculado del club siguió recibiendo a jugadores del equipo de fútbol y de baloncesto en su casa de la calle Moreto nº 15.

Dr. Contreras

Dr. Contreras

Nunca dejó su actividad profesional al margen y en los años 40 fue nombrado Subdirector de la Colonia Sanatorio San Francisco de Borja y Director de Fontilles (una fundación sin ánimo de lucro cuyo objetivo es acabar con la lepra y sus consecuencias), donde permaneció hasta 1968. Se convirtió en uno de los leprólogos más reputados, dio conferencias nacionales e internacionales por todo el mundo, recibió la distinción de la Gran Cruz del Mérito de la Soberana Orden de Malta y fundó la revista Leprológica Fontilles, cuyas publicaciones no trataban solo de aspectos clínicos, sino también de aspectos sociales, laborales y la rehabilitación de los pacientes. Una década más tarde fue designado Jefe de la Campaña contra la lepra de la Dirección General de Sanidad y Experto en lepra por la OMS (Organización Mundial de la Salud). Hay que añadir su labor divulgadora que fue enorme, destacando su más de una docena de libros publicados a lo largo de su carrera profesional.

Falleció en Madrid el 14 de enero de 1984 a los 83 años de edad.

 

*Agradecemos la disponibilidad y toda la información aportada por sus nietos Javier Contreras de las Heras y Félix Contreras para completar el artículo.

 

Fotos del archivo de Alberto Cosín y la familia Contreras.

La vida tiende al ciclo y el fútbol, y más en concreto el Real Madrid, que es lo más parecido a la vida misma dentro de este deporte, no iba a ser menos. A lo largo de la historia, el madridismo ha gozado de la inmensa fortuna que supone contar con dos personas que han entendido mejor que nadie cuándo los diferentes ciclos llegaban a su fin y se anticipaban a los mismos con el objetivo de lograr colocar al Real Madrid por delante de sus adversarios en el territorio continental y, por ende, mundial.

Santiago Bernabéu y Florentino Pérez han sido más que probablemente los dos mejores presidentes de una entidad deportiva de toda la historia, y lo han sido precisamente por poseer una visión que les capacitaba para obrar de manera prematura a acontecimientos venideros que ningún otro esperaba. La construcción del estadio, la creación de una nueva competición continental disputada por los campeones de Europa, los fichajes de los galácticos, la creación de una ciudad deportiva o el cambio de la política de fichajes para encontrar y moldear a los futuros cracks mundiales son algunos de los ejemplos que ilustran la habilidad de estos dos “seres superiores” para comprender la necesidad del cambio en un momento en el que cualquier otro se hubiera acurrucado cómodamente en su butaca y hubiese seguido pulsando el mismo botón de manera rutinaria.

No seré yo quien exhorte directamente a nuestro presidente, pues él ha demostrado sobradamente tener una visión que yo ni aspiro a albergar, pero los acontecimientos actuales sí que denotan que la deriva que lleva nuestra plantilla requiere de una mano diferente a la que ahora mismo ase el timón. Los defensores a ultranza de Carletto alegan con cierto tino que es el entrenador más ganador de la historia, lo cual inevitablemente lo convierte en el mejor.

En este punto me permito disentir, porque considero que los méritos de cada entrenador, circunscritos cada uno a sus propias circunstancias, no son fácilmente ponderables. Mucho menos ordenables. ¿Es mejor Guardiola por haber reinventado el fútbol y trasladarlo a proyectos ganadores con los que obtiene resultados difícilmente cuestionables? ¿O se podría argüir que es más meritorio obtener sendas Champions con el Porto y un Inter en horas bajas como consiguió José Mourinho? ¿Habría ganado alguno de ellos la Premier League que obtuvo Ranieri con el Leicester City? Dado que estas preguntas me resultan complicadas de responder de manera satisfactoria, prefiero concluir con la solución que me dicta mi sentido futbolístico: en la élite del fútbol no existen mejores o peores entrenadores, sino entrenadores más o menos adecuados para determinados proyectos, jugadores o circunstancias.

El Real Madrid está lejos de mostrar la fortaleza requerida para pelear por la principal competición europea y necesita de aquello que tanto se ha preciado nuestro líder de realizar antes que nadie: cambios

Carlo Ancelotti ha sido, y esto tiene un mérito enorme, el entrenador adecuado para el Real Madrid en dos etapas diferentes, tremendamente exitosas y en las cuáles demostró saber adaptarse a las diferentes circunstancias aplicando los cambios necesarios en cada momento, con dos libretos totalmente diferentes atribuibles a Paul Clement en su primera etapa y a su hijo Davide y su equipo en la segunda. Di María de interior, Cristiano de segundo delantero, Bellingham como mediapunta o la variedad de posiciones del propio Vinícius han sido algunas de las variantes con las que el italiano ha mostrado su mutabilidad a lo largo de los años.

Ancelotti

Sin embargo, lo que antes funcionaba ya no parece hacerlo, y desgraciadamente el veterano entrenador parece haberse obcecado en los errores que ya le condenaron en el pasado, cuando la ausencia de rotaciones y falta de confianza en su segunda unidad se acabaron llevando por delante las opciones de títulos y el puesto de trabajo de Carletto. La excesiva confianza de Carlo en jugadores a los que obliga a jugar fuera de posición ha restado solidez al equipo y mermado una línea defensiva despiadadamente acosada por la plaga de lesiones.

El equipo, que parecía haber salido de las crisis en la que se hallaba precisamente tras el anterior mal llamado clásico, ha vuelto a mostrar su peor versión y no parece ser capaz de mostrar la competitividad que se le exige al rey de Europa frente a sus principales aspirantes a derrocarlo. Desconozco el panorama que contempla nuestro presidente, pero el que parecemos atisbar el resto de mortales no es precisamente halagüeño. El Real Madrid está lejos de mostrar la fortaleza requerida para pelear por la principal competición europea y necesita de aquello que tanto se ha preciado nuestro líder de realizar antes que nadie: cambios.

Lo que antes funcionaba ya no parece hacerlo, y desgraciadamente Ancelotti parece haberse obcecado en los errores que ya le condenaron en el pasado

Los más evidentes los dicta la debilidad defensiva personificada en unos jugadores que han sido tan nombrados en las últimas horas que prefiero no sumarme al enrojecimiento de sus oídos: ustedes ya saben quiénes son. El equipo necesita un central y un lateral derecho con urgencia. La opción de Rafa Marín, cedido recientemente al Villarreal, no habría sido mala para oxigenar una posición tan maltratada por las lesiones a la espera de ver el estado de Alaba, pero al no ser ya viable, quizá no sería mala opción buscar la compra de un jugador que pueda jugar en ambas posiciones y quedar en rol de central conforme recuperemos a los lesionados y lleguen los presumibles fichajes de junio.

El otro cambio a abordar es el más complicado y evidente: el entrenador. Pese a que ya recuperó al equipo hace unos meses, este nuevo contratiempo parece haber demostrado que Carletto ya no es el entrenador más adecuado para esta plantilla, a la que no está sabiendo sacar el enorme potencial que tiene. El poco uso de la cantera contrasta con el que está ejerciendo el más indigno de nuestros rivales, haciendo las delicias de los más ventajistas que, no sin razón, apuntan a que Asencio sería titular en el equipo negreiro por lo ya mostrado en el verde, como lo son Casadó y otros tantos que han surgido en estos tiempos más por necesidad que por virtud.

Los cambios son necesarios y Carlo no se atreve con ellos. Florentino tampoco parece darse por aludido, ya que no resulta fácil cambiar de inquilino en el banquillo en mitad de un año que el club blanco tenía marcado desde hace tiempo en el calendario ante la posibilidad de ganar dos títulos tan atractivos como la Champions League y el nuevo Mundial de clubes. El presunto ansiado técnico no llegaría hasta junio y las opciones que se barajan no parecen convencer más que un Carletto que hoy no tiene más a lo que agarrarse que a su historia, y resulta que estamos frente al deporte que más desprecia a la misma, como bien demostró el domingo.

Parece demostrado que Carletto ya no es el entrenador más adecuado para esta plantilla, a la que no está sabiendo sacar el enorme potencial que tiene

Yo no soy quién para hurgar de mala manera en la herida de Ancelotti, pero el propio fútbol, que no tiene integrados en su ser los conceptos de piedad o de memoria, es el primero en recordar a base de golpes que a esto se gana con fútbol y trabajo, y no puedo decir nada más doloroso sobre Carlo en este momento que es precisamente de lo que carece ahora mismo el Real Madrid. Este equipo dista mucho de estar bien trabajado: la defensa hace aguas, no se presiona bien, la salida de balón luce por ausencia y la principal arma ofensiva del equipo consiste en enviar balones largos y confiar en la velocidad y calidad de los de arriba. Igual que en 2010 fue necesario un entrenador que actualizara de arriba a abajo el sistema táctico del equipo, en este momento esta plantilla demanda como el comer una base sólida sobre la que asentarse y dominar a los rivales imponiendo la superioridad que ahora mismo no son capaces de exhibir.

La opción de esperar a que se suceda una serie de buenos resultados ante rivales asequibles y parezca que de nuevo el equipo está en una senda positiva resultará estéril cuando el equipo se dé de bruces ante la realidad, reflejada en el próximo rival de entidad que se cruce en nuestro camino. Hasta ahora Carlo no ha sido capaz de competir contra este tipo de equipos y poco o nada parece indicar que esto vaya a cambiar en esta temporada. Cierto que si hay un equipo capaz de revertir drásticamente una situación o sensación como esta es el Real Madrid, pero el trabajo de Carletto de este año no invita precisamente a ser optimistas. Este equipo necesita urgentemente un cambio. Y Carlo los suele hacer demasiado tarde.

 

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Cartas de un madridista millennial

 

Sabes desde hace mucho que en las jornadas previas a una final trato de abstraerme y busco escondites que me mantengan resguardado del mundanal ruido. De modo que, hastiado del caso Olmo —enésima prueba de lo fraudulento de ese estatuto de víctima que el Barcelona, indulgentemente, acostumbra a autoconcederse—, y sobre todo tras la catástrofe de Arabia, estos días me he cobijado en la nueva serie de Sorogoyen, Cano y Fabra, cuyo título se encuentra tan en consonancia con las fechas recién transcurridas. Había leído críticas muy dispares de Los años nuevos, sobre todo determinadas por la edad del espectador: de manera general, los de tu quinta la han considerado un producto demasiado intimista y autorreferencial, autocompasivo, estomagante…, mientras que la mayoría de los de la mía la han alabado como un espejo preciso en el que verse reflejados de manera emocionante. Esta ambivalencia ha provocado que se le haya adjudicado el adjetivo de generacional: obra maestra para los nacidos entre el final de los ochenta y el principio de los noventa, y bastante ajena para todos los demás.

Reflexionando sobre esta diversidad de perspectivas en función de la hornada a la que se pertenezca, de inmediato encontré un paralelismo con la afición del Madrid. Es cierto que la principal división entre el madridismo no la marcan tanto las diferencias de edad como las diferencias de temperamento —te dije una vez que, grosso modo, nos distribuimos entre una pesimista y esencialista Generación del 98 y una vitalista, frívola y un punto iconoclasta Generación del 27—, pero el contraste de criterios también se ve influido por la cifra que aparece en el DNI. No en vano la angustiosa necesidad de estímulos constantes que caracteriza a los millennials y sus primos menores reduce la —de por sí escasa— paciencia que el club otorga a los entrenadores y jugadores, alimentando su innata tendencia a la trituradora. Tengo pocas dudas de que Óscar, uno de los protagonistas de Los años nuevos, sería un merengue cenizo hasta el paroxismo, partidario de echar a Ancelotti o a cualquier técnico poco intervencionista, no ya por la goleada concreta de la Supercopa, sino en aras de esa ficticia sensación de control que precisa en su vida; de la misma forma que, si a Ana le gustase el fútbol, su admirable condición empática no le impediría bajar el pulgar a la mínima, empujada por su inconformismo militante.

Antes de que alces la ceja para cuestionarme la pertinencia de buscar una exégesis madridista en una serie rodada por un culé y musicalizada por un anti como Nacho Vegas —el único artista español cuyo talento consigue hacerme perdonarle tal defecto—, te responderé que no hay nada forzado en el empeño, y que, además, podría pasarme la semana entera. Otro ejemplo entre tantos: los protas están perfilados de una manera suficientemente inespecífica como para lograr que muchísimas personas puedan reconocerse en ellos. ¿No es esto acaso homologable al carácter ecuménico del Madrid, en donde, a diferencia de otras latitudes, no hay establecida desde arriba una forma correcta de ser hincha? Aunque, a la vez, todos los personajes comparten cierta insatisfacción permanente por unas expectativas desmesuradas respecto a lo que imaginaban que la vida les había prometido: ¿no es el carácter heroico del Madrid un bálsamo, pueril si se quiere, que alivia esa úlcera y vivifica tantísimos espíritus achaparrados? Y, cuando este no se presenta, como el domingo, ¿no surge un desamparo inconsolable, equiparable al de los protagonistas de la ficción? Por otro lado, ¿no muestra el marco estructural elegido para la obra, el de las sucesivas noches de fin de año, un fetichismo por aquellos rituales que reivindican aquello que permanece frente al inflexible paso del tiempo? ¿De verdad hace falta que continúe?

Cuando los hiperestimulados barcelonistas arrasaban reiteradamente nuestra área, defendida de una guisa ridícula, algunos creímos escuchar la banda sonora: júrame que esta es de nuevo la última vez, mueres por echar a correr y tu vida es una noticia incómoda y cruel. O cuando, entre incrédulos y aterrados, contemplábamos la exasperante lentitud del cronómetro: Mírame, mírame, mírame, si en segundos ya habrá transcurrido un año más. Pero también cuando, por fin, después de tanto tiempo anhelándolo, pudimos contemplar al auténtico Kylian —este sí es mi Mbappé— galopando pese a la lesión, dejando tirados a sus pares inmisericordemente: cuando el corazón es un motor mortal, es el mundo echándose a temblar, son las bombas que no dejarán en pie nada de lo miserable y vertical, son las bombas que provocan el temblor, un temblor que es placer y anula todo el horror.

Me he dejado una última cosa para el final. Algo que resulta fundamental recordar hoy, más que nunca. Se trata de la frase de Ana, auténtico clímax de la serie, presentada de tapadillo al formularse en el entorno más anticlimático posible —el interior de un coche, de madrugada, de vuelta de una asociación de ayuda a drogadictos—, y que, a pesar de los titubeos y del lenguaje informal, simboliza con la mayor precisión y solemnidad la esencia del madridismo:

Joder, al final confiar, permite ilusionarse y… Joder, la ilusión da fuerza, tío. Permite que pasen cosas, ¿no?

En Arabia, la noche sonó igual que una deflagración. Cierto. Pero, al mismo tiempo, Kylian Mbappé completó su resurgimiento. Ahora que no nos oye nadie, anota mi apuesta, que nadie podrá tachar de ventajista: va a ser un buen año, y el Madrid volverá a ser campeón. Ni siquiera hará falta que lo ruede Sorogoyen. Ahora que no puedes huir, ven y mira más de cerca. Y di que confías en mí.

Mbappé

Cuídate. Volveré a escribirte pronto.

Pablo.

 

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Buenos días. La humillación del domingo fue absoluta, el ridículo perpetrado por el equipo y sus responsables, mayúsculo, y la decepción y el enfado de la afición, inabarcables. Con motivos, además. El desencanto de los seguidores está justificadísimo. A los méritos deportivos y extradeportivos del Barcelona hay que sumar la alfombra puesta por el Madrid, hecho que incrementa el enojo del hincha, que sigue sin entender por qué su equipo se empeña una y otra vez en no competir contra el rival tahúr de las trampas por antonomasia y, por tanto, lo revive una y otra vez en lugar de acabar con él cuando tiene la oportunidad.

El madridista no entiende la razón por la cual Ancelotti repite los mismos errores cíclicamente sin aprender nada de ellos. No entiende su inacción. No tiene ni idea de por qué infrautiliza los recursos disponibles. Por qué el Madrid está fundido y el Barça vuela. El aficionado no comprende por qué no se refuerza la plantilla o se utilizan jugadores de la cantera especialistas en una posición en lugar de colocar en ella a futbolistas fuera de sitio o de tiempo. No lo entiende porque nadie se lo explica. Solo sabe lo que ve por la tele, en redes sociales y lo que lee en una prensa que en su mayoría está regada por los enemigos del club.

Marca As

Esta situación propicia el caldo de cultivo ideal para la radicalización. A la exigencia de medidas correctoras, a la crítica y al enfado necesarios (muy, muy necesarios) le sigue una enmienda a la totalidad, con carácter retroactivo, de una parte no despreciable de la afición. No solo hay que despedir hasta al que echó el gotelé del cuarto de la limpieza del Bernabéu, sino que además todas las Champions, los demás títulos, las remontadas, poco menos que fueron una cuestión de suerte, sin proponer, sin dirección deportiva y a pesar de los dirigentes y técnicos. Que ganar prácticamente todo durante lustros es engañoso y opaca la realidad. Es decir, los mismos argumentos utilizados por el antimadridismo.

Es curioso que muchos de los que se han echado al monte hace cuatro días andaban haciendo genuflexiones a Florentino día sí, día también. Lo que antes era una gestión inmaculada en los económico, lo institucional y una labor admirable en el seguimiento y fichaje de potenciales estrellas con un altísimo porcentaje de éxito, de repente es un despropósito. Si no fuera porque afortunadamente es imposible, sería divertido comprobar cómo las medidas y fichajes propuestos por ellos habrían mejorado las seis Champions en diez años. Probablemente estarían derrochando alegría mientras celebraban la undécima en 2024.

La radicalización lleva a algunos a pasarse de la raya y a publicar comentarios que podrían ser constitutivos de delito. Hay medios para conocer la identidad de estos valientes y en La Galerna no dudaremos en tomar las medidas legales necesarias en caso de recibir comentarios de este tipo en el foro.

Es obvio que hay situaciones que urge corregir, que se han cometido errores de bulto y se han tomado decisiones equivocadas. Del mismo modo que es evidente la parte positiva, que por recato no es momento de recordar.

El hecho indiscutible de que este Madrid gane las guerras mundiales y sucumba en las batallas regionales provoca que no pocos prefieran la siempre satisfactoria recompensa a corto plazo al triunfo final (los golpes de dopamina son adictivos). Hay quienes afirman que prefieren una victoria contundente contra el club cliente de Negreira a ganar otra Copa de Europa. Cada uno tiene sus preferencias.

Nosotros no entendemos por qué hay que elegir entre apalizar al club más fraudulento de la historia y lograr Champions. Tampoco por qué para reclamar soluciones y mejoras es necesario prender fuego a la propia casa con todas las joyas dentro. Abogamos por una manera más inteligente y menos salvaje de tomar medidas.

Se exige al club un comportamiento más visceral, que abandone la moderación y actúe a golpe de impulsos. Se pide, en resumidas cuentas, una actitud y una forma de dirigir más propia de Laporta, sus cortes de manga y su nulo respeto por la ley. Y se demanda que se desista de los grandes objetivos a largo plazo para primar las victorias pequeñas a corto.

Una vez más, sobre gustos no hay nada escrito y cada cual es libre de preferir lo que quiera, pero nosotros no creemos que exigir mayor implicación y rendimiento al equipo cuando se enfrenta al Barcelona tenga que llevar aparejado pedir al club que abandone las grandes obras.

Porque sí es muy necesario derrotar también en el enfrentamiento directo, no solo en el general, al club más abyecto que se recuerda. Además de todas las tropelías ya cometidas —incluida comprarse al estamento arbitral sin consecuencias— y cuya simple enumeración excedería el espacio disponible para este portanálisis, la exhibición de mala educación y la ausencia de valores deportivos mostrada por sus miembros tras ¡la victoria, ojo! es repugnante.

Iñigo Martínez, en actitud chulesca y con las capacidades que lo caracterizan, corrió con la Supercopa hacia los aficionados blancos para mofarse de ellos. Raphinha rapiñó el maletín del médico del Real Madrid, seguramente para hacer méritos y redimirse ante Laporta después de haber dicho la verdad en rueda de prensa. Fermín insultó a los hinchas madridistas desde la banda. Y Lamine Yamal tapó el escudo de su camiseta a un niño mientras se fotografiaba con él. Todo esto será el triunfo de la Masía, ¿verdad?

Sport

Pero el mal ejemplo es Vinícius.

Pasad un buen día. Y recordad que el Madrid siempre vuelve. Realmente, nunca se va.

Mundo Deportivo

El Madrid perdió la Supercopa el domingo, por aplastamiento y ante el Barcelona, y eso no fue lo peor del fin de semana. Ni siquiera lo fue el hecho, difícilmente tolerable, de que al campeón de Europa le haya metido nueve goles en dos partidos un Barcelona vulgar con un par de buenos jugadores y un fuoriclasse; un equipo irregular, de entreguerras, del que lo mejor que se puede decir es que está “bien trabajado”. Que es un poco lo de la chavala es mona o por lo menos, tenemos salud.

La Supercopa deja un poso negro en el alma. La sensación es de hastío y de conformidad, de que a la dirigencia el fútbol le importa poco y está a otras cosas. Del bagaje deportivo de esta temporada extraña, confusa, el principal responsable, desde luego, no es Ancelotti. Aunque el italiano esté firmando una de sus peores actuaciones como entrenador que se le recuerdan en su larga y extraordinaria carrera. No es culpa de Ancelotti que el Madrid no haya contemplado siquiera la posibilidad de acudir al mercado de invierno para solventar algunas de las graves carencias defensivas que tiene el equipo o la falta de un referente creativo en el medio. Carencias que inducen al terrible desequilibrio de jugar habitualmente con media zaga que no es especialista y al triángulo de las Bermudas del lateral derecho, sumidero por el que al Madrid se le va toda firmeza atrás y, con ella, la mayoría de sus opciones frente a rivales con cara y ojos.

La realidad es cruda. El Madrid ha sido vapuleado dos veces por el Barcelona de Flick; ha perdido en San Mamés, en Anfield y con el Milan. Sus mejores resultados ante equipos nobles han sido una victoria muy sufrida sobre el tercer equipo de Italia ahora mismo en la que, por demás, encajó tres goles, y un empate mezquino a domicilio con el líder de la Liga.

A nivel reputacional, las sucesivas goleadas del Barcelona, a lo largo del siglo XXI, constituyen un agujero negro en la leyenda del Madrid. De igual modo que en veinticuatro años se han ganado seis Copas de Europa se han acumulado también palizas que van cogiendo un tono sádico, dentro y fuera de casa. Al Madrid parece que le da lo mismo, pero estas cosas, en lo estrictamente futbolero, importan.

A nivel reputacional, las sucesivas goleadas del Barcelona, a lo largo del siglo XXI, constituyen un agujero negro en la leyenda del Madrid

Los grandes proyectos en los que está embarcada la big picture florentiniana tienen, aunque no se ve a simple vista, una correlación directa con lo que ocurre sobre el terreno de juego: decían los partidarios fervientes de la Superliga que era necesaria para irse de España pero lo cierto es que, en base a lo que conocemos hasta ahora, la Unify League es un bodrio ininteligible que liquida la Copa de Europa sin tocar siquiera la configuración actual de los campeonatos nacionales ni, tampoco, el absurdo calendario del fútbol de selecciones. ¡Menuda revolución!

De modo que lo que le queda al aficionado es que el manifiestamente corrompido fútbol español sigue impune con la aquiescencia del Madrid, que no se planta ni dentro ni fuera del campo y que, además, le pone la alfombra roja al Barcelona de Laporta regalándole goleadas que son cartas de naturaleza y dinamita mercadotécnica en un mundo como el que vivimos donde sólo importa lo que se pueda enlatar en medio minuto de TikTok.

La concepción de la plantilla del Madrid no hay por dónde cogerla y eso no es culpa de Ancelotti. El entrenador no ha pintado nunca nada con Florentino en la confección de la misma, con la excepción de Mourinho y, a veces, también de Zidane. El éxito asombroso de la gestión deportiva del club en la última década larga no es óbice para que se puedan señalar errores graves que comprometen el rendimiento inmediato del equipo: estoy hablando, por supuesto, de Tchouaméni, pero también de la política maniquea que lleva a no contratar a nadie si no se puede firmar a un potencial crack generacional.

Como se dieron cuenta los protagonistas en Viva la clase media, la gente no quiere la revolución sino comprarse una nevera. La gente del Madrid quiere ganar y no a cualquier modo, como creen los antimadridistas

Los meses de competición que quedan por delante pueden ser muy duros si la experiencia de Ancelotti y el orgullo de los futbolistas no corrigen la tendencia del equipo en los grandes partidos. Hay un proceso electoral recién abierto que puede devolver al primer plano de la atención de la dirigencia la cuestión de la pelotita. El madridista lo soporta todo menos el ridículo. Los planes a largo plazo y la visión áulica del futuro del negocio pueden verse comprometidos peligrosamente si las derrotas humillantes convencen a todo el mundo de que el fútbol ha dejado de ser prioritario para el Madrid.

Como se dieron cuenta los protagonistas en Viva la clase media, todos de una célula clandestina del PCE en Madrid, la gente no quiere la revolución sino comprarse una nevera. La gente del Madrid quiere ganar y no a cualquier modo, como creen los antimadridistas. Desde luego que entre palizas y palizas dadas por los mismos una y otra vez, se diluye en tristeza aquel viejo orgullo del madridista, antiguo como el mismo club, de que pertenecía a una orden de quijotes que embestían con valor y locura contra todos los molinos de viento.

 

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Antes de nada, al César lo que es del César, quiero felicitar y presentar mis respetos al justo vencedor de la noche, al que levantó a la grada, al que nos arrasó con su talento, al que nos dejó boquiabiertos con su capacidad para coordinarse, para encontrar espacios, para penetrar una y otra vez a velocidad de vértigo por donde no había hueco sin perder ni un instante el dominio de la situación; antes de nada, en fin, quiero felicitar de corazón al tipo que manejaba los drones durante el partido.

Aclarado el asunto, no me agrada insistir en lo que tanto se ha dicho, pero prefiero dejar constancia de mi adhesión inquebrantable a todo aquel que ayer se tapó la cara y se santiguó al ver que Tchouaméni volvía salir disfrazado de defensa dejando a Asencio, el defensa de verdad, en el banquillo. Durante los primeros partidos pensé que era una broma para desconcertar a los rivales, pero ayer ya resultó un clamor.

Muchos han criticado a Ancelotti por cambiar el sistema de juego en un partido tan importante, y con el precedente que teníamos esta misma temporada. Estoy de acuerdo. Pero el sistema de juego es una apuesta y puede salir bien o mal. Salió mal. Sin embargo, hay otras cosas más difíciles de entender.

Alguna no se la he escuchado a nadie. Bellingham, que lleva varios partidos dejándose la piel y haciendo el trabajo de tres o cuatro jugadores, ayer estaba fundido desde el primer minuto. Acabó el partido arrastrándose por el campo de un modo totalmente innecesario.

El sistema de juego es una apuesta y puede salir bien o mal. Salió mal. Sin embargo, hay otras cosas más difíciles de entender

No comparto en absoluto las críticas a Lucas Vázquez. Además del carácter y el compromiso cien por cien madridista, está haciendo una temporada extraordinaria, siendo perfectamente consciente de que es el mejor atacando, pero no defendiendo. Aun así, si mañana volviésemos a jugar contra ese club del que usted me habla, volvería a ponerlo, porque es la mejor solución que tenemos para el puesto de Carvajal. No puedo decir lo mismo de Mendy, que ayer fue superado una y otra vez, y tenía una de las misiones más importantes: frenar al chavalín.

Con permiso, sigo abriendo melones. Mbappé hizo uno de los mejores partidos desde que llegó al equipo. Cierto. Cuando se lleva el pisotón, ese gran momento que nos regaló Movistar, explicándonos que, incomprensiblemente, el tobillo díscolo del delantero se metió debajo de los tacos del noble jugador blaugrana, es atendido en el campo, mientras Raphinha hace honor a su nombre y a los valores de su equipo trasladando la maletita de los médicos merengues. Después de las dudas, Mbappé vuelve al campo y hasta que no resucita milagrosamente en los últimos minutos que fueron realmente de oro, se le ve tocado durante gran parte del partido, ya no corre, y hasta duda al golpear el balón.

Más. Vini Jr. es el mejor del mundo, lo sabemos. Pero el mejor del mundo tiene derecho a no tener el día. Ayer, no sé ustedes, pero yo ni me enteré de que estaba en el campo. Lo pregunto porque no las tengo todas conmigo: ¿se puede sustituir a un jugador como Vini cuando resulta evidente que no está en el partido? No sé, probar otra cosa. A ser posible antes de que la diferencia de goles sea ya insalvable.

Brahim, el tipo con más hambre del equipo, salió al campo en el minuto 76 con 2-5 en el marcador

Y todo esto es para decir, repetir, insistir, una vez más que no me cabe en la cabeza que Brahim Díaz siga chupando banquillo. Ayer al comienzo de la segunda parte, con 1-4, era fácil suponer que el rival se iba a echar atrás, con toda la calma, y a dejarnos jugar. La única manera de penetrar ante un equipo que te lleva tres goles, que te está buscando la contra, y que va e meter a todos sus jugadores alrededor de su propia área, es mediante el uno contra uno, el talento individual, o las diabluras que se le puedan ocurrir a nuestros jugadores más cabra, que tenemos varios. Pero Vini no estaba por la labor, Mbappé había terminado la primera parte con aspecto de lesionado, y Rodrygo —golazo, por cierto—, sencillamente, no es mejor que Brahim en el desequilibrio individual. Nada que no hayan visto ustedes: Brahim, el tipo con más hambre del equipo, salió al campo en el minuto 76 con 2-5 en el marcador.

No tengo mucho más que decir por hoy. Nos levantaremos y barreremos a los tramposos. ¡Hala Madrid! Y reitero mi sincera felicitación al gran vencedor de la noche: el tipo de los drones.

 

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Anoche me llamó Javi, como casi todos los días, como cada vez que juega el Madrid. Ya saben que su enfermedad le impide escribir y yo lo hago en su lugar, así que me llama para ponerme al día, darme las estadísticas más relevantes y comentar el partido. Anoche llamó un amigo desolado a otro amigo desolado para rumiar la desolación. El cabreo entre los dos era y es monumental. No se puede repetir el desastre del Bernabéu, no se puede. Ni Arabia, ni viajes, ni calendarios ni nada. Lo de anoche fue una humillación sin precedentes, un partido que empezó con el espejismo del gol de Mbappé, que ya es nuestro Mbappé, pero que poco rato después se tornó en pesadilla en forma de goles del Código Penal andante, con fallos defensivos que no vi ni en el partido de infantiles de la mañana de mi sobrino, con un equipo partido ya no en dos, sino en tres, sin volver a defender, sin presionar la salida del balón del contrario, sin dar tres pases seguidos y con una espesura en ataque que parecía una mayonesa con exceso de aceite. Un desastre total, una debacle sin paliativos y, lo peor, una verdadera vergüenza.

Lo de anoche fue Un desastre total, una debacle sin paliativos y, lo peor, una verdadera vergüenza

Y es una vergüenza porque jugábamos contra el Código Penal andante del fútbol español, porque somos el bien y ellos el mal, el mal con mayúsculas y, como en toda historia que se precie, el bien debe prevalecer sobre el mal y hundirle en la más absoluta de las miserias. El Código Penal andante, que ha utilizado todas sus artimañas extradeportivas para poder inscribir a Dani Olmo (y que, en un alarde de desfachatez, y chulería con 2-5 en el marcador, Flick tuvo la ocurrencia de sacarle al campo para reírse de todos nosotros), se presentó en Arabia para culminar su trampa. Y nosotros, en vez de luchar hasta la extenuación para derrotarles, para decirles que esto no es así, para demostrar al mundo que los malos no ganan, nos quedamos mirando la pelota y cómo corrían esos condenados para abrirles la portería de par en par y permitirles hacernos una goleada histórica, por recurrente, que tardará mucho tiempo en salir de la meninge blanca.

El cabreo que tenemos mi amigo y yo y, por ende, el resto de madridistas, es monumental. El equipo no se merece sino una buena pitada cuando entre en el campo el jueves a jugarse los octavos de final de la Copa de España contra el Celta, para que se curtan y sepan que con el orgullo madridista no se juega, que si hay que manchar la camiseta de sangre, se mancha, porque la gloria, amigos míos, la gloria se trabaja, no viene caída del cielo. Y el Real Madrid es la gloria personificada, el Real Madrid es la grandeza de los más grandes y, para llegar hasta ahí, muchos jugadores, casi novecientos, se han dejado la piel partido tras partido y entrenamiento tras entrenamiento dando gracias al cielo por poder vestir esa camiseta. Así que el Bernabéu debe responder a esta ofensa repetida como ha hecho siempre, demostrando su enfado y mandando el mensaje de que ya no valen excusas, que no se pasa una más de este calibre.

El Bernabéu debe responder a esta ofensa repetida como ha hecho siempre, demostrando su enfado y mandando el mensaje de que ya no valen excusas, que no se pasa una más de este calibre

Pienso en los madridistas que hoy entran en el bar de confianza a tomar café, en los que van a la oficina a ver la carita sonriente de ese compañero culé o atlético que les está esperando con la mano abierta, en esos niños de ojos abiertos como platos que sueñan con ser Vinícius, Mbappé o Bellingham y que hoy tienen que entrar en el cole con la cabeza más gacha de lo habitual, sabiendo que les van a caer más palos que a una estera por parte de esos compañeros que, por esporádico, esperan con ansiedad el momento de devolverles las veces (las más) que, altaneros, han entrado en clase con la camiseta del Madrid puesta con orgullo. Me acuerdo de ellos como me acuerdo de los madridistas que se han desplazado al sindiós de Arabia, que ahora tienen que rumiar un vuelo de muchas horas que, posiblemente, han perdido días de vacaciones y mucho dinero para ver a su Madrid vencer al mal, claro que me acuerdo de ellos, y mucho.

Amigos lectores galernautas, ustedes saben perfectamente que ni mi amigo Javi ni yo somos vinagres sociológicos universales, es más, somos beligerantes con el vinagrismo y no lo entendemos sino como un signo de debilidad con los colores de nuestro corazón, por eso no voy a pedir la cabeza de nadie. Todos, desde la directiva, el cuerpo técnico y los jugadores ganan los partidos y los títulos y, por ende, todos ellos perdieron ayer estrepitosamente. Es muy injusto pedir la cabeza del entrenador cuando los jugadores no dieron una a derechas, es más injusto pedir la cabeza del presidente cuando el entrenador no puso a los que estaban física y anímicamente mejor y los jugadores, eso, que no dieron una a derechas. Es muy injusto y yo no lo voy a hacer. Pero lo que sí que voy a hacer es exigir, que no pedir, que se tomen las medidas necesarias para que esto no se vuelva a repetir, para que la temporada termine de forma exitosa y para que, lo más pronto posible, se devuelva al madridismo el orgullo de serlo y se corrija el oprobio en el próximo enfrentamiento con el Código Penal andante, porque no son mejores, tienen peor plantilla y representan lo peor del deporte, por esas razones urge la reparación de la humillación sufrida en Yeda, urge la conjuración de verdad de una goleada en el estadio donde quiera que jueguen otra vez, urge, por el honor de la verdad, por el honor del bien y por el honor de los millones de personas que confían en la destrucción del mal. Por el honor del madridismo.

Lo que sí que voy a hacer es exigir, que no pedir, que se tomen las medidas necesarias para que esto no se vuelva a repetir

El partido en sí sólo trajo como dato relevante que Camavinga entró en el top 100 de jugadores con más partidos oficiales disputados en el Real Madrid, al cumplir sus 161 encuentros. Nada más que añadir a una estadística que, estoy seguro porque le conozco, Javi ha actualizado con mucho dolor y mucho sufrimiento, con desazón pero con la profesionalidad que le caracteriza y que ha hecho que su nombre se escriba con letras de oro en el madridismo militante. Por eso también, voy a decir algo que puede que chirríe después de lo que han leído. Real Madrid, si en las buenas te quiero, en las malas, te amo. Ahora es el momento de apoyar al equipo, con una buena regañina, sí, como los buenos padres apoyan a sus hijos cuando meten la pata, con contundencia, pero demostrándoles el infinito cariño que les profesan.

Tampoco me parece bien el linchamiento público al entrenador, al presidente o a cualquiera de los jugadores por lo de ayer. El vinagrismo y el antimadridismo vestido de blanco se ensañó en las redes sociales de una forma bestial, rayando la crueldad como si lo estuvieran esperando para soltar toda su bilis y su porquería. Así no. ¿Enfadados? Mucho, ¿desolados? También mucho, ¿decepcionados? También, ¿impotentes? Por supuesto, pero de ahí a insultar, vilipendiar y dar lecciones de entrenamientos, tácticas, técnicas, alineaciones, marcajes y demás fundamentos del fútbol, a toro pasado, que es más fácil, poniendo de vuelta y media al entrenador o a este o aquel jugador, personalizando, vaya, me parece infame. Así no, repito, así no. Un padre no corrige a su hijo delante de sus compañeros cuando se porta mal, le corrige en casa, en privado, sin testigos, no le cuelga de la Cruz del royo de un pueblo castellano cual hereje juzgado por la Inquisición. Lo hace en casa, en la intimidad del hogar. Pues eso, aprendan, por favor, que bastante tenemos con los antimadridistas, como para darles pábulo nosotros mismos.

Les dejo con el cabreo encima, pero no sin antes repetir la frase de mi amigo de todos sus artículos. Ser del Real Madrid (y en estos momentos, más) es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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¿El Madrid sólo puede ser ‘esto’?

 

¿Qué tal el sofoco? Estaría bien un cuento de La Galerna relatando cómo vivieron ‘La Cosa’ en sus casas. A mí no me llamaron ni mis amigos culés. Sólo uno de mis nietos. Saqué la muleta: chato, cada noche no pasan los Reyes.

Estaba ‘desbordao’, criaturita. En su vida ha tenido más copas de Europa que sonajeros y episodios así le descolocan. Pensando en lo que le espera es muy interesante, ¿verdad? El trompazo curte.

El caso es que el crío dejó una pregunta capital: ¿cómo puede jugar el Madrid tan mal? Ahí le duele. Dejó escrito Dumas, el gran Athos, que durante una hora pareció la Minera aquella noche del 0-5: perfecto. Un equipo inferior persiguiendo sombras y sacando de centro una y otra vez.

Fueron cinco entonces, como ayer. Y como ayer pudieron ser ocho, nueve… Pasadas unas horas de la ‘Catastroff’ veo que se trata de sacudirle a Tchouaméni, Lucas y Ancelotti, por supuesto. Ya. También que el único que estuvo presentable fue Kylian. Pues sí.

El misterio es cómo el Madrid no da con la tecla de una cierta regularidad. Cómo le es imposible caminar en línea recta. Parece que sí, de pronto parece apreciarse un cierto avance. En resultados trampea, es la Liga. En juego, en empaque, en confianza, no hay estabilidad. No es capaz de mantener una cierta jerarquía. En esta ocasión ni siquiera compitió. El madridista no sufrió por el desenlace sino por el marcador. La Minera. El rival jugó solo.

Sí, sí. Las bajas de Carvajal y Militao son terribles. El muro Mendy tampoco existe ya. Tres de cuatro defensas no están. Se fue Kroos, OK. Pero cuesta creer que este toro no tenga más pases. Y eso señala al entrenador. El Madrid no elige bien su once titular, sale mal y se planta peor. No crea ni destruye. El rival va a 120, él, a 70.

No puede creerse que el Madrid sólo pueda ser ‘esto’. ¿No les parece?

No se puede jugar con sólo dos defensas de oficio. Lucas no será jamás un marcador y más ante un tipo como Raphinha. Luego urge ayudarle, a él y al equipo. Tchouaméni debe pensar que no vale para esto, y tampoco es así. Vale para lo que sabe. Que no es ser Fernando Hierro.

Tampoco da con una pareja que gobierne 'algo' desde el eje. Parecía Camavinga-Ceballos y Valverde a lo suyo: lo dicho, parecía. Bellingham no puede ser el tercer volante o el cuarto no sé qué. Tampoco los de arriba están por una labor fundamental, impedir que el rival te domine por incomparecencia de marcadores/acompañantes. Rodrygo, Mbappé, Bellingham y Vinicius juntos no da en noches peliagudas. Sobra uno, el que falta en la zona de máquinas en partidos de riesgo. No fue esta la primera vez.

Sí, quizá no le dé a este Real para ser el del año pasado, aquella máquina implacable y ganadora. Es más: ni se le pide. Lo que no se explica es que sea incapaz de comportarse, seguido, como un equipo notable. Ya no sobresaliente.

Un déficit que empieza en la organización, esto vamos a ser. Y en el saco van todos, Ancelotti y jugadores. A Courtois lo enfocaron al final de la primera parte: sonreía. Para no llorar.

Es raro todo, sí. Insisto: un año glorioso no asegura que el siguiente lo sea. Pero de ahí a lo de ahora va un trecho enorme. No puedes quitarle la razón a quienes hablan de fin de ciclo… pese a que se anunciaba uno nuevo y triunfal, no en vano venía quien vino.

Tampoco les vas a quitar la ilusión a quienes se agarran a que es enero y ya veremos. Pero la sensación que venimos comentando, que el niño viene de nalgas este curso tampoco tiene discusión. Y no hay manera de darle la vuelta. No, no puede creerse que el Madrid sólo pueda ser ‘esto’. ¿No les parece?  Ah. En lo de fichar no me muevo: sólo un indiscutible. Complicado, o sea. Seguramente más que hacer un equipo presentable.

 

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De encontrar el equipo tras varios meses de prueba a que ardan las redes pidiendo su destierro; de ganar el segundo título —la Intercontinental— y alcanzar el liderato de la Liga, a ser atropellado en la Supercopa y ver cómo el Atlético alcanza la cima doméstica. Así es la vida del Madrid, puro trampolín en el que tan pronto estás arriba como abajo.

La llegada de Mbappé y la perseverancia de Ancelotti en determinadas piezas que nunca han terminado de encajar, llamémosle Aurélien, provocaron no pocos quebraderos de cabeza al entrenador del Madrid para encontrar el equipo y el juego. Se trataba de encajar a los cuatro fantásticos y que su francés de referencia encontrara un hueco, ya fuera en la media o más guarecido (o eso creía) en la defensa. Y los últimos partidos, especialmente el de Mallorca en las semifinales de la Supercopa, parecieron dar la razón al técnico italiano por enésima vez: Tchouaméni atrás, Valverde y Camavinga como medios para todo y los cuatro atacantes repartiéndose los espacios y las emboscadas. No sonaba mal, hasta que Flick volvió a descubrir las costuras de un sistema que puede pervertirse en un 4-2-4 a poco que la tensión defensiva disminuya. Y sí llegó la segunda catástrofe de la temporada. Curiosamente, los dos peores partidos del curso han sido contra los blaugranas, lo que nos deja, entre otras enseñanzas, que la justicia contra los tramposos también hay que lucharla.

Tras la debacle, si uno se asomaba al paredón en que se convierten las redes, la demanda era clara y notoria: Ancelotti, una vez más, no debería seguir. La situación recuerda al año 74, cuando el aficionado de Chamartín, cansado de los resultados del equipo y su juego, decidió sentenciar a su entrenador gritando aquello de “¡Fuera, Muñoz!” que tanto removía del sillón a Bernabéu.

Los dos peores partidos del curso han sido contra los blaugranas, lo que nos deja, entre otras enseñanzas, que la justicia contra los tramposos también hay que lucharla

Quizá el Florentino de la primera etapa aprovecharía para pulsar el botón nuclear, pero no parece ser el caso. Ambos, Bernabéu y Pérez, comparten las pocas dudas antes de cambiar al inquilino del banquillo durante sus primeros años. 13 cambios se dieron en los 17 primeros cursos del presidente eterno. Muñoz, tras 14 años, finalmente cayó después de una derrota contra el colista Castellón. Su libreto, se dijo, había quedado anticuado ante la nueva era de la preparación física, con Helenio Herrera como máximo exponente. Curiosamente, fue Molowny, su sustituto, el que encajó el 0-5 del Barça de Cruyff, pero pudo resarcirse con un 4-0 contra los blaugranas en la final de Copa.

Ahora toca tomar decisiones, corregir aquellas que seguramente puedan ser válidas contra equipos con menos dominio en el centro, y volver a competir. Casi nada. Y todo en pocos días, pues el jueves llegan los octavos de la Copa del Rey a partido único.

 

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“Con la palabra en la boca” es una de esas expresiones que nuestro idioma exhibe. Sin poder de réplica, el interlocutor deja su respuesta para mejor ocasión. No hablo de la final de Supercopa, sino de aquel oprobioso 0-4. Otra expresión es “aprender la lección”, un recurso estilístico acorde a las aspiraciones de revancha, conectada con el amor propio y la asertividad.

Es difícil raspar el hielo de la luna del coche mientras en tu puesto de trabajo aguarda un compañero barcelonista, conservador por otro lado en lo político, bandera de España en la muñeca, pero barcelonista. Uno de esos contrastes propios de las novelas de don Camilo que confieso que nunca entendí.

Supongo que la mañana después de cada desastre de Annual madridista es un campo trufado de esas setas que todos hemos contemplado. El día del orgullo era ayer, no contra el Celta. Creo que los reinados pasan por someter al rival y nos están sometiendo ellos. Creo que el futbol es pasión, no solo estadística. Y creo que, aunque ganáramos la Liga (no aspiramos a mucho más con esta plantilla limitada en defensa) este será recordado como el año de las humillaciones ante el Barcelona, por eso precisamente, porque el fútbol es pasión. Y quedan uno o dos enfrentamientos más al menos. Una o dos piedras en la uretra que expulsar con dolor.

Ancelotti, posiblemente, ve la temporada en su conjunto, e igual esta nos sale a devolver, pero no a compensar porque perder contra esta agua estancada y así no es de recibo. No puede salir gratis, para mí el año va a ser gris quede lo que quede, que no va a ser mucho con esta defensa.

Vinícius ya trotaba en el minuto 15 siguiendo el partido en la distancia. Sabíamos que el 1-0 era una anécdota porque sabemos lo que es este equipo mordiendo y no mordían. Porque hemos visto a un Madrid campeador en campo rival y conocemos esa sensación que nos recorre la espina dorsal desde el cuello al coxis. Y ayer no había magia, solo dolor y silencio. Y lo que es peor, la indolencia propia de una sobremesa de sábado, de estómagos calientes y sol de invierno, de esas que nos hacen buscar el sofá como el toro que busca las tablas.

Es culpa de ellos, de los jugadores que admiramos (y lo seguiremos haciendo) y soñamos conocer fugazmente, pero también de Ancelotti. Pero Florentino no va a hacer revoluciones, ninguna. En algún momento habrá que abrir el melón de cómo el Real Madrid de Ancelotti y Pérez le ha dado al Barcelona sus mejores noches de gloria en su peor momento. Porque también Marco Aurelio mereció críticas y un “recuerda que eres mortal” a tiempo y en el momento preciso es un giro de guion que el madridismo espera y necesita. No, la crítica no siempre es vinagre. Tampoco guarda un horizonte lisérgico porque hay lo que hay y porque nada recompone un jarrón roto. Tan solo nos queda seguir oyendo a los vecinos follar mientras subimos el volumen de la tv.

 

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