Las mejores firmas madridistas del planeta

Saben ustedes que el Madrid tiene un problema gravísimo. No es otro que contar en ataque con, al menos, cuatro de los mejores futbolistas del planeta y, lo que es peor, un técnico que se atreva a alinearlos simultáneamente. Eso dice parte de la prensa deportiva.

Según un sector de expertos, ¿qué sentido tiene fichar a Mbappé cuando falta un lateral derecho? Uno imagina que Bernabéu descartase el fichaje de Di Stéfano porque hacía falta un lateral derecho y le entran escalofríos.

¿Qué sentido tiene fichar a Mbappé cuando falta un lateral derecho? Uno imagina que Bernabéu descartase el fichaje de Di Stéfano porque hacía falta un lateral derecho y le entran escalofríos

Como bien escribe Hank hoy en La Galerna, llama la atención que los periodistas deportivos especializados hayan puesto más énfasis en el contratiempo que supone disponer de los cuatro fantásticos cuando estos han empezado a carburar en conjunto y el Madrid a golear. Lo cual plantea varias preguntas cuyas respuestas conocemos.

Esta situación no puede hacernos ignorar la realidad, no significa que el Madrid no deba trabajar y mejorar el acople conjunto del equipo, la salida de balón o el apartado defensivo. Los cuatro fantásticos son una bendición, pero, ya saben, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y sin concentración, compromiso y sacrificio máximos el equipo sufre y se puede partir en dos.

Es habitual que suceda lo que no está previsto, porque si a menudo sucediera lo previsto, los humanos nos caracterizaríamos por ser buenos prediciendo el futuro, y no es así. Parafraseando (mucho) a Einstein, solo hay dos certezas en la vida: la propia muerte y la capacidad del Madrid para ganar Champions. Y la primera aún no la he visto con mis propios ojos. Por suerte, porque ha de ser un tanto incómodo.

Retomando el asunto del vaticinio del futuro, en este equipo post-Kroos, a comienzos de campaña la tendencia fue otorgar los galones de mando bien a Camavinga, bien a Tchouaméni, bien a Valverde. Ceballos aparecía en las quinielas de pocos. Para salir del club, sin embargo, su nombre se repetía en las de muchos.

Sin embargo, caprichos del destino, después de numerosos ensayos de Ancelotti, el de Utrera se ha destapado como el pegamento capaz evitar que se rompa esta escuadra entre los cuatro fantásticos de arriba —Jude, Rodrygo, Vini y Kylian— y el resto.

No es una labor sencilla —¿alguna en el Madrid lo es?— pues implica mucho sacrificio para evitar que el conjunto se quiebre y separe. Ceballos ayuda a mantener unidos, como si fuese Hércules, dos continentes que tienden a separarse cuando el conjunto no funciona acompasado.

Dani, además, ejecuta su tarea con arte. Adereza la brega con una destreza técnica de la que siempre ha hecho gala, la cual parece haber aprendido a dosificar para no saturar al personal con arabescos continuos que ralentizan el juego.

Casi nadie daba un duro por él, pero Ceballos se ha destapado como el pegamento capaz evitar que se rompa esta escuadra entre los cuatro fantásticos de arriba y el resto

Hay una faceta en la que también destaca Dani: en ese fútbol que tan bien dominaban dentro del campo jugadores como Casemiro o Ramos, y fuera del terreno de juego tipos como Courtois o Mourinho. Ceballos no ahorra esfuerzos si tiene que sacar la cara por un compañero en el césped ni se corta a la hora de defender los intereses del club delante de un micrófono.

Ceballos no es el mejor futbolista del mundo, pero es obvio que se le está escatimando el reconocimiento que merece su desempeño en esta temporada. Ni es el primer jugador ni el último del Madrid al que le sucede.

Es común que se diga que su participación en los éxitos del Madrid no ha sido importante. Jugando poco o mucho, Dani atesora un palmarés donde destacan tres Champions, tres Mundiales de Clubes, tres Supercopas de Europa, dos Ligas y una Copa del Rey, muchos más títulos de los que soñarán jamás ganar otros encumbrados al estatus de estrella por la prensa patria.

También se le intenta desprestigiar mofándose de su apellido, el recurrente «Cebollas» blandido por enemigos —de fuera y dentro— como infantil arma contra el 19 blanco. Lo cierto es si para intentar dañarlo es necesario recurrir a algo tan burdo significa que no han encontrado nada más importante, lo cual convierte el ataque en halago.

Lo que admite poco debate es que en el actual Madrid, el de enero de 2025, Dani Ceballos es un recurso indispensable para numerosos partidos y ofrece un rendimiento que no están proporcionando otros futbolistas.

Su papel en el equipo y los títulos son la recompensa al trabajo realizado, que no es poca. Respecto al reconocimiento de los medios y de los expertos de este país, cabe responder con una pregunta: ¿qué ocurriría si Ceballos fuera Cebi y jugase con una camiseta azulgrana?

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Buenos días, amigos. La jornada de ayer fue estupenda para las dos secciones aparentemente menores del Real Madrid. Tanto el Madrid de baloncesto como el equipo femenino de fútbol cosecharon importantes victorias. Ambas aparecen desperdigadas por las portadas del día, con espacios pequeños, en faldones casi furtivos, relegadas a la clandestinidad.

Los hombres de Chus Mateo lograron en la Euroliga una victoria de prestigio frente a Baskonia (90-89) merced a un triple en el último segundo que hizo vibrar al público blanco. El autor de dicha canasta fue el incomparable Mario Hezonja, aka SuperMario, un jugador eminente que está labrando su leyenda en el club a pasos agigantados y tiene entre ceja y ceja la Euroliga, esa competición que, como la Champions en el fútbol, constituye cada temporada el Santo Grial vikingo.

El equipo femenino, por su parte, se plantó en la final de la Supercopa de España tras ganar por 3-2 a la Real Sociedad, en un partido lleno de tensión y peripecias arbitrales que se saldó favorablemente merced a un golazo de Linda Caicedo, la Vinícius de las chicas. En la final aguarda ya el ancestral (o no tanto, considerando que nuestra sección es muy nueva) enemigo (o enemiga) blaugrana, que tiene por costumbre apalizarnos y desatar debates baldíos, entre nuestra propia afición, respecto a la pertinencia de que siga existiendo la sección. Nosotros prevemos (deseando equivocarnos) que en la final de la Supercopa las enemigas volverán a pasarnos por encima, y proclamamos pese a ello que la sección debe seguir existiendo, labrándose poco a poco horizontes más halagüeños.

Y vamos ya con las portadas del día, comenzando por la prensa cataculé, que hoy tiene en común su argumento central.

Sport Mundo Deportivo

Tienen, en efecto, en común la renovación del excelente central uruguayo Araujo por el club cliente de Negreira… pero atención al detalle que revela Mundo Deportivo: “Renovación CON ASTERISCO”.

Oh. Sorpresa.

Lo cierto es que no vemos asterisco alguno para seguir la pista, pero no es difícil adivinar al poco, leyendo la letra pequeña, a qué se refiere el diario de Godó, grande de España. “El uruguayo se guarda la opción de marcharse este verano si no ve clara su situación como azulgrana”.

Oh. Vaya, vaya, vaya. Araujo renovó (o no).

Ved cómo Sport, en cambio, no dice absolutamente nada de esta cláusula (?) en el nuevo contrato del central, dando al mismo por renovado hasta 2031. ¿Qué está pasando aquí? ¿Sabe Mundo Deportivo algo que Sport no sabe? ¿O lo saben los dos pero, por conveniencia y/o afinidad con Laporta, se calla Sport lo que Mundo Deportivo hace público?

Intrigante situación, ante la cual solo nos queda manifestar un deseo más o menos oscuro o y más o menos malévolo: si al llegar el verano resulta que Araujo “no ve clara su situación como azulgrana”, se nos ocurre otro color que no le sentaría necesariamente mal.

Os dejamos con la prensa deportiva madrileña.

Pasad un buen día.

As Marca

En 1890, sir Arthur Conan Doyle publicó su obra El signo de los cuatro. En 2025, el periodismo deportivo patrio se ha inventado el problema de los cuatro. Lo que viene a ser un empate de toda la vida. Desde las redacciones de los medios de este a veces santo país pulula la triste idea de que el Real Madrid, seguramente lo más santo que le queda a esta nación, no puede jugar con cuatro jugadores de ataque.

Los argumentos varían, las ideas danzan, las dudas se suscitan, los analistas debaten… y el fútbol muere. De aburrimiento, no va a ser de otra cosa. Porque mientras estos expertos, que no desean precisamente bien alguno al Real Madrid, sugieren que si se juega mejor sin Vinícius, que si la R sobra de la BMW, que si Mbappé se desempeña mejor por la izquierda o que igual habría que poner a Thibaut de 9 puro a rematar centros, los pupilos de Ancelotti dieron buena muestra de la capacidad ofensiva que puede tener, y de hecho tiene, este equipo cuando la labor ofensiva la llevan a cabo Bellingham, Vinícius, Rodrygo y Mbappé.

El estado de forma de los cuatro comienza a asemejarse a lo que todos nos imaginábamos cuando el de Bondy desembarcó en la capital española y, tras el período de adaptación de rigor del parisino, el Madrid empieza a ser la bestia ofensiva que se podía intuir que acabaría siendo.

Ancelotti no es Sherlock Holmes, ni falta que le hace, para ser consciente de que, como ha venido a decir en su última rueda de prensa, con estos cuatro depredadores arriba no tiene que preocuparse del ataque blanco tanto como de dar con la tecla para garantizar el equilibrio defensivo del equipo. El talento se les derrama a raudales de las botas y sólo necesitaban algo de rodaje conjunto para empezar a mostrar de lo que son capaces juntos.

El taconazo de Jude, la asistencia de Vini a Rodrygo, y cómo el resto de jugadores empiezan a aprovechar coordinadamente los desmarques de ruptura de Vinícius y Mbappé suponen una buena muestra de la capacidad ofensiva de un Madrid con estos cuatro jugadores.

Resulta curioso comprobar cómo la prensa se ha apresurado a encontrar un problema en que un equipo disponga de cuatro jugadores de semejante talla mundial en el once cuando han comenzado a exhibir conjuntamente su mejor nivel

Los que apuntan a que esta alineación es insostenible en las grandes noches, como es normal, utilizan como referencia las hasta ahora infaustas veladas de esta temporada ante rivales de entidad como Liverpool o, sobre todo, Barcelona. Yo espero que Carletto también las use de referencia si, como creo que hará, repite sistema de juego con los cuatro de arriba.

Pero el problema, más que de hombres y nombres, sería de planteamiento y de posicionamiento de los mismos sobre el verde. El 4-2-3-1 es un sistema fácilmente convertible a un 4-4-2 con el que plantar un bloque a la altura que considere el cuerpo técnico en función del rival, y en el que a Jude y Rodrygo les tocaría la labor de trabajar algo más en esa segunda línea en fase defensiva.

También hay que tener en cuenta que alinear a estos cuatro fantásticos supone un reto para el equipo rival, que sabe que no puede verter todo su arsenal ofensivo sobre el área al tener que resguardarse de un ataque blanco que seguramente vaya a ganarle a los puntos en un toma y daca. Convertir el encuentro en uno de ida y vuelta ante al Real Madrid seguramente sea la peor opción que pueda tomar cualquier entrenador rival.

Y por último, y de nuevo esperando que Carletto y su cuerpo técnico hayan tomado buena nota, especialmente de las derrotas ante el Barcelona, alinear a estos cuatro supone una declaración de intenciones en cuanto a la iniciativa del partido. Acaparar el balón o presionar arriba para recuperar cerca del área con espacio son las mejores armas con las que dotar de opciones a los cuatro cracks de arriba y, a su vez, evitar sufrir ocasiones.

Parece más fácil decirlo que hacerlo, sobre todo en clave clásico, pero para ello se antoja fundamental que en estos partidos el equipo disponga de laterales con velocidad para recuperar los balones largos que manden a sus extremos y, sobre todo, que se realice un trabajo de coberturas con los centrales. Aunque las sensaciones de Alaba vayan mejorando en estos meses, seguramente sean días para confiar más en la velocidad de Rüdiger y Asencio.

Los mismos que se escandalizan ante la posibilidad de que el Madrid juegue con estos cuatro jugadores en el frente de ataque son precisamente los que se desgañitan alabando a un City de Guardiola que ha llegado a jugar con dos mediapuntas, dos extremos y un delantero centro

Resulta curioso comprobar cómo la prensa se ha apresurado a encontrar un problema ante la perspectiva de que un equipo disponga de cuatro jugadores de semejante talla mundial en el once y que precisamente no hubiera hallado dicho problema hasta que estos hubieran empezado a exhibir conjuntamente su mejor nivel. Si uno le pregunta a cualquier entrenador del mundo si vería como un problema alinear a Rodrygo, Vinícius, Bellingham y Mbappé, yo creo que la respuesta sería, como mínimo, una risa floja y una mirada de condescendencia al periodista.

Como curioso es contrastar que los mismos que se escandalizan ante la posibilidad de que el Madrid juegue con estos cuatro jugadores en el frente de ataque son precisamente los que se desgañitan alabando a un City de Guardiola que ha llegado a jugar con dos mediapuntas, dos extremos y un delantero centro. Yo tampoco soy Sherlock Holmes, pero a lo mejor, y sólo a lo mejor, el problema de los cuatro no lo tiene el Madrid, sino ellos. Y los pobres a los que les toquen defenderles, claro está.

 

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El Real Madrid femenino venció (3-2) a la Real Sociedad en la segunda semifinal de la Supercopa de España y se enfrentará al FC Barcelona en la final. En un partido destartalado y plagado de goles, las blancas necesitaron los tantos de Caroline Weir, Filippa Angeldahl y Linda Caicedo para superar el doblete de Amaiur Sarriegi.

Llegado al tramo central de la temporada 2024-2025, cuando el discurrir en paralelo de cada competición obliga a los equipos a tener afilados todos sus instintos, el Real Madrid femenino se encuentra en tierra de nadie. Por méritos propios, haber asegurado ya —salvo debacle— la segunda plaza en Liga F, unido a la imposibilidad de alcanzar el rendimiento estratosférico del FC Barcelona, supone que una derrota en casa ante un limitado Eibar haga tanto ruido como el árbol que cae en mitad del bosque: ninguno. Al mismo tiempo y en Champions, por culpa de un calendario fragmentado y un sorteo todavía en el aire, la clasificación a los cuartos de final y la expectación por lo que viene parece olvidada en un cajón.

En ese contexto, los mensajes obligados que el club intenta transmitir sobre el optimismo y la ilusión por disputar un torneo menor como la Supercopa de España apenas sirven para levantar una ceja. Es así puesto que, sí, este Madrid necesita levantar por primera vez un trofeo, pero la combinación de encontrar en un mismo partido a un muy mal Barça y a un excelente Real es demasiado remota. Quizás ello explique parte del ritmo y de los vaivenes que pudieron verse sobre el césped de Butarque ante la Real Sociedad.

El Real Madrid, que recuperaba el XI favorito de Alberto Toril, encontró el 1-0 de improvisto en la primera ocasión del partido. Linda Caicedo, protagonista de inicio a fin tanto por banda derecha como por izquierda, asistió de manera automática a Olga Carmona, que desbordaba para centrar al área. Su balón buscó a una Signe Bruun que ya salta al césped con las defensoras pegadas a su espalda, pero la danesa acepta de buena gana la pelea al saber todo lo que implica: entre otras cosas, dejar balones francos a sus compañeras. Y allí, a pocos palmos de la línea de gol, el primero fue a parar a los pies de Caroline Weir para regalarle el tanto.

Apenas había comenzado a fluir el fútbol y poco después pudo comprobarse que, tan pronto como era, ni siquiera la línea defensiva blanca había llegado a situarse en el campo. En cuanto la Real apretó en la mitad contraria y Nerea Eizagirre probó a mandar un balón largo hacia el espacio, cada pieza madridista salió en la foto ubicada a una altura diferente. Con el fuera de juego desbaratado, Amaiur Sarriegi hizo todo lo que se le pide a una atacante: tirar el desmarque al espacio, avanzar hacia la portería, superar a la portera y rematar con efectividad y sin alardes. A falta de misterio sobre el nivel de cada equipo y sobre el nombre que quedará grabado en la copa, el público de Leganés vería recompensado su apoyo al fútbol femenino con un puñado de goles.

¿Merecen la pena el desgaste del equipo y la lesión de Leupolz cuando el premio es disputar una final de Supercopa ante el Barcelona?

El primer intercambio de golpes no le sentó bien al Madrid, y en nada ayudó la alarmante lesión de Melanie Leupolz en un encontronazo con Andreia Jacinto. Sin la alemana, para la que por el bien del equipo desde ya se solicitan oraciones, el dibujo asimétrico fue sustituido por el clásico ataque de extremos en cada costado. La entrada de Athenea del Castillo mandó a Caicedo a la derecha y, desde entonces, lo interesante y lo llamativo sucedió por allí. En el 36, la colombiana destrozó por potencia a una Izarne Sarasola que, sin comerlo ni beberlo, se vio lidiando con la mejor futbolista del partido. La ocasión acabó en córner y de allí nacería el dos a uno. Con el equipo vasco aún refugiado en el área, Weir filtró a Caicedo, quien asistió a un toque a Filippa Angeldahl y, ya dentro del área, la sueca encontró la red con un disparo raso y cruzado.

La segunda parte, disputada sin que nadie diese señales de que aquello fuese una semifinal con metal en juego, estuvo exenta de complejidad o tramas enrevesadas. Todo fue cristalino: el Madrid es mejor equipo que la Real, Linda Caicedo es una futbolista diferencial, las blancas siguen mostrando fases de desconexión y, por último, darle el VAR a las incompetentes que arbitran en el fútbol femenino es tan buena idea como regalarle una escopeta cargada a un mono. En el 53, un quiebro de Athenea en el área fue señalado sin contemplaciones por la colegiada, situada a un palmo de la acción. La historia, falta de la defensa o pisotón atacante, cambiaba según la toma, por lo que había que darle uso al nuevo artilugio que la federación ha decidido regalar a personas que, simple y llanamente, ni están preparadas ni necesitan hundirse aún más en la complejidad de un proceso que hace aguas por todas partes. El no penalti fue lo de menos.

Por suerte para el Real Madrid, quince minutos después volvería a aparecer Caicedo, esta vez de forma aún más impresionante. La cafetera controló el balón por detrás de la línea del centro del campo y ella sola, en una carrera continua y rectilínea, rompió la cadera y la musculatura de la central Nahia Aparicio, llegó sola al área y disparó seco para superar a Elene Lete. A la postre, su despliegue de recursos acabaría siendo decisivo, pues ya en el descuento Amaiur anotó el segundo de la Real poniendo el 3-2. Por entonces apenas quedaría tiempo, y ni los vaivenes de los segundos finales cambiaron la sensación: ¿Merecen la pena el desgaste del equipo y la lesión de Leupolz cuando el premio es disputar una final de Supercopa ante el Barcelona?

 

Fotografías realmadrid.com

Los madridistas que se prohíben a sí mismos el gozo argüirán que el Salzburgo no es piedra de toque, pero yo disfruté mucho del partido de anoche. No siempre podrá Carletto alinear a los cuatro magníficos (Mbappé-Vinícius-Rodrygo-Bellingham), puesto que en otros encuentros será preciso tomar mayores precauciones defensivas. Sin embargo, la endeblez del rival propició esa formación, y con ella el resultante espectáculo de virtuosismo y eficacia, dado que el ratio de goles por tiro a puerta fue también muy elevado.

Son cuatro estrellas del fútbol mundial que, sin embargo, no se muestran públicamente como tales. Las manifestaciones ante la prensa de estos cuatro astros están invariablemente marcadas por la sencillez y la altura de miras, dando además siempre una gran sensación de autenticidad. No es que se manifiesten como excelentes personas y deportistas. Es que la pose parece ser genuina.

No es que Mbappé, Vinícius, Rodrygo y Bellingham se manifiesten como excelentes personas y deportistas. Es que la pose parece ser genuina

Entrevistado por la prensa brasileña al término del partido, Vinícius hizo unas declaraciones que, por su nobleza y generosidad, parecen radicalmente imposibles en un crack del fútbol mundial. A estos especímenes se les supone más bien engreídos y arrogantes, rodeados de una cohorte de aduladores/sanguijuelas en medio de una burbuja de egocentrismo. A Vini en concreto se le adjudica un comportamiento tan alejado de los valores apropiados que no se deja ni insultar, el muy provocador. A cualquiera de los odiadores del delantero, recientemente elegido como The Best, le convendría escuchar lo que dijo Vini anoche ante el micrófono de una compatriota. Le convendría escuchar y reflexionar.

Dijo Vinícius, literalmente, que Rodrygo y él van a trabajar para que Mbappé sea pichichi en todas las competiciones. Tuve que asegurarme de que realmente había dicho eso. Luego me lleve de vuelta al pasado mal llamado galáctico, y me pregunté si alguna vez habría sido posible escuchar a Raúl decir que iba a esforzarse, junto a Figo, para convertir a Ronaldo Nazário en pichichi. Perdón pero, con todo el cariño para Raúl, leyenda indiscutible de nuestra historia, no lo visualizo. Tampoco es exigible. Simplemente, escuchar cosas tan edificantes por parte de tus ídolos supone un bonus que te hace quererles más, y te mueve a preguntarte si habrá existido en el devenir del club una generación que haya puntuado a la vez tan alto en las abscisas de la excelencia balompédica y las ordenadas de la calidad humana. Ambas variables pueden estropearse, claro. Disfrutémoslas mientras las tengamos.

Son un puñado de amigos madridistas que han entendido precisa y exactamente lo que representa llevar esta camiseta, a la manera en que lo entendieron, con su amistad y bonhomía, combinada con la búsqueda permanente de la excelencia, nuestros héroes dorados de los 50

Las declaraciones admirables no se circunscribieron al final del encuentro. También en la previa, esta vez por parte de Mbappé, tuvimos ocasión de reconciliarnos con la profesión de los futbolistas de élite. Todas y cada una de las palabras de Kylian en su rueda de prensa fueron un prodigio de naturalidad, modestia y sentido común. No buscó más culpables que él mismo en su bajo rendimiento del principio, y explicó el sentido de la humildad con la que se presentó en el vestuario de un equipo que sin él ya “lo había ganado todo”.

Hay muchos otros ejemplos. Al término del curso pasado, se rumoreaba que Vini ganaría el Balón de Oro, si bien también se le daban opciones a Bellingham. En plena celebración de la Champions, en lo alto del autobús, Victorio Calero preguntó al inglés por el tema y obtuvo la respuesta más taxativa: “El mejor es Vini y lo debe ganar él”. No nos hacemos a la idea de la importancia de este gesto, de lo inusual de esta renuncia. Amo a la BBC como el que más pero, francamente, no imagino a Cristiano, a mediados de la década pasada, defendiendo la candidatura para el Balón de Oro de Bale o Benzema.

Es una humildad sencilla, orgánica, que no toma nota de sí misma ni se vanagloria de serlo, lo que de inmediato la conduciría a no serlo más. De ella, en la generosidad derivada de la amistad sincera que les une, comulgan estos cuatro jóvenes. Son un puñado de amigos madridistas que han entendido precisa y exactamente lo que representa llevar esta camiseta, a la manera en que lo entendieron, con su amistad y bonhomía, combinada con la búsqueda permanente de la excelencia, nuestros héroes dorados de los 50.

 

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Buenos días, amigos. Ayer vivimos otra bonita noche en el Bernabéu, lo cual por otra parte no es ninguna sorpresa, pues lo reconocen hasta nuestros más encarnizados rivales, como el Cholo, a quien quizá su subconsciente le jugó una mala pasada y su «lo mismo desde hace 100 años» se refería a golear y ofrecer un bello espectáculo. En homenaje al entrenador rojiblanco, Paco Sánchez Palomares tituló ayer de este modo su crónica.

Marca

Habida cuenta de los pinchazos anteriores en Champions y del nuevo formato de la competición, golear era importante. Marca, de hecho, titula que esas son las cuentas para intentar clasificarse directamente a octavos. Aunque las probabilidades son escasas y parece inevitable en paso por la ronda de dieciseisavos.

El diario madrileño habla de «recital de Bellingham y dobletes de Rodrygo y Vinícius» y As enfatiza el tridente de arriba: Vini, Goes y Mbappé.

As

Sin embargo, el Madrid de ayer fue más coral que individualista y otros futbolistas ofrecieron un desempeño notable, cuando no sobresaliente, según calificó Genaro Desailly en las notas del encuentro.

Uno de ellos fue Ceballos, aunque no se destaque en las portadas. Así lo ponderó nuestro poeta del artículo: «Incansable. El estajanovista del arte. Corre por todos. El Makelele de Utrera o, como genialmente nos dijo un tuitero, Utrelele».

El centrocampista andaluz se ha destapado como el catalizador de juego que necesitaba el Real Madrid y su presencia en el campo redunda en beneficio colectivo y, por tanto, en victorias, las cuales evitan que se te quede cara de primo.

Aunque no solamente ellos, se da la curiosidad de que ayer destacaron principalmente los números primos: 5, 7, 11 y 19. Bellingham, Vinícius, Rodrygo y Ceballos.

El 5, Bellingham. Contra el equipo del cual habría sido hincha Wolfgang Amadeus, Jude diestefaneó, batuta en mano y pundonor en pecho, para componer otra sinfonía en tono mayor. Como publicó el galernauta Rafa Moreno, cabe decir: «Papá, ¿tú viste jugar a Jude Bellingham?».

Papá, ¿tú viste jugar a Jude Bellingham?

— Rafael Moreno (@rafamoregu) January 22, 2025

El 7, Vinícius Jr., merece capítulo aparte, pues superó los 100 goles con la camiseta del Real Madrid y volvió a dejar con un palmo de narices a los rivales que bien lo ningunean, bien lo insultan, y a los propios que, por algún tipo de frustración personal o trauma freudiano, no lo tragan.

Basta buscar cualquier estadística que compare sus prestaciones frente a las de otras estrellas de la Champions para ponderar su grandeza. Si mañana decidiera colgar las botas porque se hartara de que los asnos no aprecien la miel, ya sería una leyenda del Real Madrid.

pic.twitter.com/17umiU1VAN

— Media (@FTmedia) January 22, 2025


El 11, Rodrygo. Espectacular, aterciopeladamente eléctrico, asesino sibilino del gol. Cazó un tanto que no estaba destinado para él y dibujó una virguería con la inestimable ayuda del tacón de Jude. Todo ello aliñado con trabajo y sacrificio.

El 19, Ceballos. Ya hemos hablado de un Dani que hoy se antoja indispensable, al igual que Fede Valverde, que no porta un dorsal primo, pero es una mina.

El 9, Mbappé, no es primo, pero este jugador sí que ha nacido para jugar en el Real Madrid, como diría FP29. Educado, inteligente en las ruedas de prensa, aseado, voraz y luchador hasta el final, como demostró en el gol de anoche. Un tanto con aroma benzemesco aderezado con la porfía de Raúl. Y hace unas semanas «no valía». Estamos locos de atar.

El 35, Asensio, tampoco es primo, pero es un futbolista que pareciera que lleve 15 años como central del Real Madrid, oficio que junto al de presidente de los EEUU es quizá el que mayor riesgo de «asesinato» conlleva. Además, también puede jugar de lateral. Una alhaja.

Si los dos diarios madrileños abren prácticamente con la misma fotografía, los culés, también.

Mundo Deportivo Sport

El protagonista es Raphinha, que para unos es un crack y para otros, de oro. No seremos nosotros quienes pongamos en duda las aptitudes futbolísticas de un brasileño que ayer fue protagonista, lo destacamos en nuestro portanálisis, por soltar después del Aytekinazo 2.0: «Si digo lo que pienso de los árbitros, quizás no vuelvo a jugar más en liga, pero es lo que tenemos».

Estamos convencidos de que el bueno de Raphinha anda como loco haciendo méritos después de que su presidente le diese un toque por decir la verdad, ya sabéis, aquello de «si yo estuviera en otro club y estuviera viviendo la situación de Pau y Dani, quizás pensaría si lo mejor sería estar aquí». Lo entendemos, que alguien con las amistades de Laporta te de un aviso tiene que asustar.

También destacan el último descalabro del City de Guardiola, el PSG les remontó un partido que ganaban por 0-2, y en caso de que no venzan al Brujas en casa el próximo partido caerán en Champions y puede que Pep se lleve 115 escobazos.

Lo que no aparece en las portadas, nuevamente, son los cánticos racistas contra Vinícius escuchados en la meca del racismo futbolístico: el Metropolitano.

La historia interminable. Nuevo episodio racista en el Riyadh Air Metropolitano en el partido que enfrentaba al Atlético de Madrid y al Bayer Leverkusen 😤. pic.twitter.com/pm3M0CLZJ2

— Agente Libre 🚩 (@AgenteLibre_dig) January 22, 2025

Mientras el club no acabe con la presencia de ese sector de la afición que admira al dictador que sembró el terror hace casi 100 años, y los estamentos y organismos deportivos y judiciales no tomen medidas, van a seguir produciéndose episodios deleznables.

Entre tanta putrefacción, disfrutemos de este Real Madrid extraordinariamente normal, en el que sus estrellas guardan sus egos en el ropero en favor del bien del equipo. Un equipo en el que Vinícius supera los 100 goles y después declara que ayudarán a Mbappé para que sea Pichichi. Un Madrid cien por cien Real Madrid.

Pasad un buen día.

Arbitró el sueco Glenn Nyberg. En el VAR estuvo el neerlandés Dennis Higler.

Sesión de baño y masaje para el escandinavo en un partido sencillo, limpio y sin polémicas. Demostró un arbitraje muy europeo, permitiendo los contactos y dejando seguir el juego para un ritmo alto. Mateu Lahoz estaba encantado en la retransmisión.

Solo mostró una amarilla, aunque algo discutible porque Vinícius cayó en una disputa y no se tiró a la piscina en el área en el minuto 43.

Nyberg, BIEN.

 

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-Courtois: APROBADO. Mero espectador, salvo por algún balón aéreo y algún tiro poco peligroso. Nada pudo hacer en el gol austriaco.

-Valverde: NOTABLE. Excelente partido como lateral. Lo sentimos, Mina. Acabó como centrocampista, desde donde fabricó el quinto gol.

-Asencio: NOTABLE. Infalible, como el Papa y Florentino cuando hablan ex cathedra. Acabó como lateral (Asencio, no el Papa ni Florentino). Allí también ofreció buenas sensaciones.

-Rüdiger: APROBADO. Firme, aunque a decir verdad no fue puesto apenas a prueba.

-Mendy: APROBADO. Suponemos.

-Ceballos: SOBRESALIENTE. Incansable. El estajanovista del arte. Corre por todos. El Makelele de Utrera o, como genialmente nos dijo un tuitero, Utrelele.

-Modric: APROBADO ALTO. Más abnegado que atinado. Queremos tanto a Luka.

-Bellingham: NOTABLE. Demasiado alejado del área de lo que le gusta a él, y de lo que nos gusta a nosotros. Aun así, con más clase que George Sanders. Su taconazo en el segundo gol vale una excursión a Birmingham, que no es destino habitual para un fin de semana, pero oye.

-Rodrygo: SOBRESALIENTE. Obras de arte en forma de goles, en especial el segundo, y trabajando además para el equipo denodadamente.

-Mbappé: APROBADO. No le salieron las cosas, pero marcó un gol de instinto forzando el fallo del portero.

-Vini: SOBRESALIENTE. Casi ausente en el primer tiempo pero explosivo en el segundo, con dos golazos.

-Alaba: APROBADO. Blando en el gol visitante.

-Güler: APROBADO. Detalles de calidad.

-Brahim: NOTABLE. Muy buenos minutos. Brioso. Casi marca.

-Endrick: APROBADO. Se le vio poco en los (pocos) minutos que disfrutó.

-Jacobo Ramón: sin calificar.

-Ancelotti: APROBADO. Se demostró que no había razones para temer su alineación ultraofensiva.

 

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Volvía la Champions al Bernabéu. A diferencia de lo que suele ser habitual, en esta edición el Madrid está ofreciendo peores prestaciones que Atleti y Barça, aunque sin alfombras arbitrales, y cada partido de los que restan es importante. El rival era el RB Salzburgo, pero no de Osma, sino de Austria, cuna de un pintor austríaco con mucho predicamento entre cierto sector de la afición rojiblanca desde hace casi 100 años. Los blancos, además de ganar, buscaban prolongar la buena dinámica mostrada ante Las Palmas a partir del segundo 26. Lograron ambas cosas.

Volvieron a la titularidad Mendy y Modric, en el lateral derecho se ubicó Fede Valverde en lugar del sancionado Lucas, y aportando densidad al centro del capo repitió Ceballos, que salió por la puerta grande el último encuentro. Arriba, los cuatro delanteros.

En contra de lo que podíamos prever, el Madrid no salió ejerciendo un fútbol dominante y era el Salzburgo quien tenía el control de la pelota. Al filo de los 10 minutos, un disparo de Gloukh no se marchó muy lejos del palo izquierdo de Courtois. Los blancos debían despabilarse y agarrar el timón del choque.

Los de Ancelotti parecieron leer está crónica y comenzaron a entrar más en contacto con el balón. Ceballos, de nuevo, se hacía grande en la zona ancha con un Modric que no quería ser menos. Los blancos visitaban más los córners que si estuviesen jugando en un campo octogonal, pero llegamos al 20' sin ninguna ocasión de peligro. Tenía el balón, pero no lo estaba moviendo con velocidad.

Prácticamente sin tiempo para terminar de escribir el párrafo anterior, una buena acción de Valverde terminó con el balón en Mbappé, quien le dio continuidad hacia un Vini que lo puso a la llegada de Jude, pero el inglés no pudo controlarlo y fue Rodrygo el que apareció por la derecha para cruzarlo adentro. Primer tiro, primer gol. 1-0.

El Madrid se animó y a continuación Vini pudo aumentar la ventaja, cazó el rechace a un chut de Rodrygo, sin embargo, disparo mal, muy alto. A la media hora, Modric lanzó un hueso a Kylian desde la medular que el galo no pudo alcanzar. Un par de minutos después, una arrancada felina de Bellingham fue desbaratada por Blaswich.

Las ocasiones anteriores no habían terminado gol porque la noche se estaba reservando para la exquisitez que cocinaron Goes y Jude. El brasileño se apoyó en el tacón del inglés en el flanco izquierdo del área y depositó el balón cruzado de primeras en la esquina más lejana de la red. Más que un gol, un manjar.

El Madrid es ese equipo en el que esperas que brille Mbappé y de repente aparece Rodrygo con un cañón de luz. Y mientras, Bellingham diestefanea por el campo vestido de Mozart. Cuando Jude se pone a jugar, todo cambia.

La primera parte concluyó con amarilla a Vinícius por caer en el área rival. Ni siquiera había reclamado penalti. Acarrea suspensión.

El Madrid es ese equipo en el que esperas que brille Mbappé y de repente aparece Rodrygo con un cañón de luz. Y mientras, Bellingham diestefanea por el campo vestido de Mozart

Rodrygo comenzó la segunda mitad de la misma manera, jugando muy bien al fútbol. Tras una esplendorosa incursión, la víbora Goes sirvió a Kylian, cuyo control eléctrico se marchó largo y el guardameta llegó primero al balón. Pero Mbappé demostró en el campo lo mismo que en rueda de prensa, que sabe lo que es vestir la camiseta del Real Madrid, y no dio por perdido el balón, recuperándolo y anotando el 3-0 a lo Benzema.

Es difícil ocultar la sonrisa cuando uno ve a Kylian. Y la satisfacción cuando ve conducir el balón a Bellingham como si fuese John Wayne.

A ambos los estaban viendo Modric y Vini y se ve que sintieron envidia. El croata centró en profundidad al siete, quien recortó y la reventó a gol. 4-0. Gol número 100 de Vinícius con la camiseta del Real Madrid.

En la tele, Valdano decía que Bellingham no estorba ni en un ascensor, y fuera de ella, los aficionados querían ver a Güler y a Endrick, a poder ser más de dos minutos. ¿Concedería Ancelotti ambos deseos?

vinícius superó los 100 goles con el Real Madrid

En lo que al turco se refiere, sí. Carletto lo sacó con media hora por delante, junto a Alaba. Sustituyeron a un gran Ceballos y a Wolfgang Amadeus Bellingham, que se iba al banco tras haber compuesto otra sinfonía. El Bernabéu quiere a Ceballos y ama a Jude. La entrada del recién recuperado austriaco relegó al lateral a Asencio y propició el retorno de Fede al timón de la nave blanca.

Precisamente Alaba facturó un excelente balón a un Vini que controló de maravilla, pero la jugada se diluyó antes de materializarse en peligro. En ese momento, Mbappé y Rodrygo salieron del campo entre aplausos para que entraran Endrick y Brahim. Quedaban 20 minutos para intentar más goles, hecho que viene bien en este nuevo y peculiar formato de Champions.

Brahim a punto estuvo de lograr el quinto, pero Blaswich lo evitó con una intervención notable. Quien si lo anotó fue Vini después de una jugada de libro que había comenzado en Courtois. 5-0. Si cambias a Vinícius cuando está mal, te pierdes al Vinícius que después la enchufa.

La aspiración de no encajar ningún gol la hizo añicos Bidstrup de volea colocando el 5-1 en una jugada que el Madrid pudo defender mejor. Acto seguido, no anduvo lejos Vini de firmar el hat-trick.

Con una postrera ocasión de Brahim, terminó el concierto blanco. Mención especial al director de orquesta, Wolfgang Amadeus Bellingham, bien acompañado por virtuosos músicos, varios de los cuales ejecutaron la partitura de manera sobresaliente para ganar.

Lo mismo desde hace 100 años.

 

Getty Images.

Hola a todos, amigos. Casi no se ha resaltado en las noticias, y de hecho en las portadas e informaciones de As y Marca de ayer se ventiló muy de pasada, pero lo cierto es que Florentino Pérez ha renovado su mandato al frente del Real Madrid hasta el año 2029. Los propios medios del club han pasado muy por encima de la noticia, en plan business as usual. Nadie se ha presentado a disputarle el puesto, con lo cual el mandato se ha renovado de manera automática.

Nosotros nos felicitamos y le felicitamos, como no podría ser de otra manera. El mejor presidente de la historia del Real Madrid —junto a D. Santiago Bernabéu— seguirá al frente de la entidad, con la estabilidad que eso conlleva. Junto a él prosiguen la mayor parte de los componentes de la Junta Directiva anterior, con algunas incorporaciones como Enrique Pérez, Manuel Gómez o el propio Director General José Ángel Sánchez. Como rezaba aquel eslogan, bueno para el Madrid.

Florentino

Curiosamente, en rueda de prensa, Ancelotti se refirió a este hito cuando le preguntaron por su propio futuro en el banquillo blanco. Esta fue su respuesta.

Ahí lo tenéis. Carletto va a seguir hasta que le echen, lo cual puede ser en cualquier momento considerando lo veleidoso que es el fútbol. Sin embargo, su intención, formulada solo medio en broma, es continuar hasta que lo deje el propio Florentino. Florentino 2029, ¿Ancelotti también?

El italiano es, por números, y en nuestra opinión por muchas más cosas, el mejor entrenador de la historia del Real Madrid. Dada la exigencia del club, tal cosa no puede nunca suponer un cheque en blanco en lo que a continuidad se refiere. En el Madrid, como en la legión, nada importa tu vida anterior, y pocas cosas han hecho más daño que el mítico y lánguido “con lo que nos ha dado”. En otras palabras, Ancelotti debe seguir mientras gane títulos importantes y se vea con fuerzas. Esta noche, ante el Salzburgo, tiene la oportunidad de sellar el pase a la siguiente ronda de la Champions. Sería un pequeño paso en favor de su sueño de seguir, sin perjuicio de que el club busque otras opciones de futuro, como no solo está legitimado para hacer, sino que debe hacer. Carlo merece todo el crédito, lo que tampoco tiene por qué mantenernos anclados a él si en el club se piensa en la necesidad de un cambio de timonel.

En ese sentido, 2029 se nos antoja un horizonte demasiado extenso para nuestro técnico pero, si siguiera ganando, ¿por qué cambiar lo que funciona? Al fin y al cabo, no hay garantías con ningún otro experimento. Ser entrenador del Real Madrid es un trabajo distinto al de ser entrenador. Ancelotti ha demostrado ser un experto entrenando al Real Madrid, esa profesión única y de altísimo riesgo.

Los que ya están en la siguiente ronda son nuestros tradicionales oponentes en el torneo local, es decir, el club cliente de Negreira y el Atleti. Como ilustran las portadas capitalinas, los del Cholo están ya casi clasificados entre los 8 primeros, lo que les ahorra una ronda clasificatoria. El equipo cliente de Negreira ya está matemáticamente ahí. Aunque solemos ser cáusticos con ambos equipos y entidades, hoy lo que toca es reflexionar ante el fracaso propio en este puerto de montaña, sin perjuicio de que al final ganemos el Tour.

Ahorrarse es ronda preliminar era importante. ¿Por qué nuestros rivales lo han conseguido y nosotros no (aún no es matemáticamente imposible pero casi)? Hay que hacer una reflexión y afrontar con humildad este hecho, sin perjuicio de que ahora nos permitamos alguna pequeña puya al de siempre, con vuestro permiso.

El equipo cliente de Negreira ganó al Benfica en un partido absolutamente desquiciado. Lo hicieron remontando un 3-1 inicial, pero esta gente no sabe remontar si no es con determinadas ayudas, Aytekin style.

El penalti que se señaló sobre Lamine parece rigurosísimo en el mejor de los casos, y se le condona un penalti catedralicio hacia el final, en empujón de Fermín en área propia, ante de que Raphinha sellase la remontada en el descuento. El propio Raphinha marcó el que bien puede ser el tanto más ridículo de la historia de la competición, en cagada mayestática del guardarredes del Benfica. Una pizca de suerte, otra pizca de lo de siempre y ahí los tenéis, matemáticamente en el Top8 de la fase de liga. Aytekin (y sus discípulos al margen), lo que nos toca es reflexionar acerca de por qué no somos nosotros los que estamos en posición tan privilegiada.

Ahora bien, seguiremos denunciando las injusticias hasta donde nos dé la vida, y a pesar de que tipos como el propio Raphinha traten de hacer ver que las cosas son justo al contrario de lo que son, con proverbial morro. ¿UNICEF 2.0?

Hay que tener la cara de cemento armado, y los testículos no cuadrados, sino octogonales, para decir algo así cuando el árbitro te acaba de aupar sin el menor pudor a la victoria.

Los que sí han sido (involuntariamente) honestos al respecto han sido los de Mundo Deportivo, que definen como “botín” lo conseguido por su escuadra ante los portugueses. Buen ejemplo de la definición que la RAE otorga a la palabra “botín”.

Y esto es todo, amigos. A ganar esta noche y a disfrutar (esperemos) de nuestro Madrid.

Pasad un buen día.

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