Las mejores firmas madridistas del planeta

El Real Madrid aplastó al City en una noche de leyenda y los amigos de fcQuiz no han dejado pasar la ocasión para medir vuestros conocimientos sobre el tema.

¿Cuántos puntos sois capaces de lograr?

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Anoche en Manchester el Real Madrid añadió una muesca en su revólver. Una vez más, el City de Pep Guardiola caía derrotado en el Etihad Stadium. Un Madrid serio que casi no concedió ventaja a su rival y siempre fue a por el partido con valentía y convicción. El botín para la vuelta en el Santiago Bernabéu es interesante, pero el 2-3 a favor me parece algo corto si me detengo en apreciar todo los merecimientos que el equipo hizo. El miércoles que viene aún nos queda por disfrutar.

El Madrid llegaba al partido de esta noche con la baja de Lucas Vázquez y el ajuste de Fede Valverde en el lateral derecho. La primera parte fue buenísima hasta ese gol de Erling Haaland que el árbitro y el VAR tardaron siglo y medio en revisar y nadie en su sano juicio sabe a ciencia cierta si fue legal. Por mucho que quieran mostrarme lo contrario, Gvardiol asiste al noruego en claro fuera de juego. Además, y esto se presta a la suspicacia, del penalti a Vinícius ni rastro. No obstante, el balance de la primera parte fue notable. El equipo presionaba y robaba bien y producía jugadas de gol con asiduidad. El mazazo del gol nos tuvo grogui unos diez minutos y nos repusimos para volver a llevar el peligro a la portería de Ederson.

El botín para la vuelta en el Santiago Bernabéu es interesante, pero el 2-3 a favor me parece algo corto si me detengo en apreciar todo los merecimientos que el equipo hizo. El miércoles que viene aún nos queda por disfrutar

La segunda parte transitó por los mismos derroteros. El árbitro se inventó un penalti sobre Foden de Ceballos. Ninguna toma deja despejada la duda de si era dentro del área. Erling Haaland transformó desde los once metros. Era el minuto 80 y, lejos de acobardarse o rendirse, el Madrid miró cara a cara a su rival y Brahim Díaz puso el empate tras convertir a placer. No contentos con el marcador, el equipo fue a por el tercero y lo encontró en un balón en largo que Vinícius supo ganar y sobrepasar a Ederson, dejando botando el balón para que Jude Bellingham convirtiese. Justicia poética y eliminatoria encarrilada.

Sin embargo, y parafraseando a Paul Simon, en España las aguas turbulentas nos anegan.

Admito que en los últimos días he vuelto a sentir lo mismo que cuando estalló el caso Barcelona-Negreira. Una sensación desagradable que se parece demasiado al asco. Detesto el campeonato doméstico y aborrezco del fútbol español. Esto engloba a clubes, periodistas y demás ralea. Por supuesto, generalizo cuando califico a la mayoría de sus protagonistas de impresentables. ¿Acaso cabe otra consideración?

Ayer al mediodía los medios se descolgaron con un comunicado de La Liga en el que denunciaba al Real Madrid y exhortaba a tomar medidas a la Real Federación de Fútbol. Inexplicable pero esperable. Como sintetizaba un tuit de La Galerna:  “La Liga denuncia que un club denuncie la corrupción del sistema, pero no denuncia la «corrupción sistémica» de otro club”. Este es el estercolero al que llamamos fútbol español.

No obstante, me sorprende cómo en el comunicado La Liga recalca que el Madrid ha puesto en duda la credibilidad del campeonato. Pero no es el Madrid quien pone en duda la honestidad del mismo. Es un juez y la Guardia Civil quien literalmente hablan de "corrupción sistémica en el fútbol español". El Madrid en su comunicado se hace eco de la declaración. Cualquiera que lea el comunicado del Madrid así lo entiende porque va entre comillas. Otra cosa es que los clubes no hayan leído el comunicado o les cueste entender el complejo concepto del entrecomillado. Ya sabemos que hoy día el analfabetismo funcional es premiado por los índices de audiencia.

No es el Madrid quien pone en duda la honestidad del campeonato. Es un juez y la Guardia Civil quien literalmente hablan de "corrupción sistémica en el fútbol español". Otra cosa es que los clubes no hayan leído el comunicado o les cueste entender el complejo concepto del entrecomillado

La reacción general del fútbol español a la denuncia emitida por el Real Madrid es pésima. Pero el recital patético del Atlético de Madrid solamente demuestra una vez más la realidad de ese club acomplejado y al servicio del régimen. La bajeza moral del Atleti es directamente proporcional a la envidia que le tiene al Madrid. Y sus aficionados disfrutan y celebran ese empecinamiento. Este comportamiento maleducado no deja de reflejar otras conductas negativas que todos conocemos de ese frente futbolístico.

El hastío es tal que el sábado pasado dejé el partido colgado cuando el colegiado pitó el penalti. Hasta ahí llegó mi paciencia. No vi el encuentro ni me he molestado en revisar imágenes o ver el gol de Mbappé. Sé que es una decisión madura, pues como comentaba anteriormente mi hartazgo me impide guardar una relación normal con el fútbol español. Por supuesto, seguiré viendo los partidos nacionales del Madrid pero me ahorraré el encuentro frente al Barcelona. No soy masoquista. Así lo hice cuando estalló el Caso Barcelona-Negreira y así lo haré ahora. Mi salud estomacal lo agradecerá.

Mientras en España todo el ruido mediático acecha al Madrid, el mundo sigue girando. Por suerte, fuera de nuestras fronteras el Madrid es un gigante al cual admirar porque, parafraseando a L'Équipe, el Real es eterno. La última referencia al alcance global del Madrid la tenemos en plataformas. En Amazon Prime se acaba de estrenar el documental Cómo no te voy a querer. Desde el pasado lunes todos los suscriptores podemos disfrutar del documental que inmortaliza la temporada 2023/2024. Tras el maravilloso documental de La leyenda blanca que salió en 2022, Amazon vuelve a unir su destino al club blanco para una docuserie que promete emocionarnos a todos. Yo pienso consumirla esta semana y prometo dedicar una columna a ella. Seguro que la experiencia audiovisual lo merece.

Y una vez más se impone la evidencia de que algo no termina de encajar en todo esto. ¿Cómo es posible que el mundo del fútbol nos ame pero en España se nos persiga y calumnie? Es algo que se nos escapa porque no es lógico. Inevitablemente pienso en esa canción de Bob Dylan llamada Sweetheart Like You en la que el cantante norteamericano cuenta el encuentro con una dama sofisticada y hermosa en un entorno sórdido. Dylan se pregunta al final de cada estrofa aquello de qué hace una chica como tú en un vertedero como este. Obviamente, entre descripciones de la vida cotidiana e imágenes bíblicas, el personaje central trata de salvar a la dama y acaba diciéndole algo así como que únicamente hay una alternativa posible y a esa alternativa se la conoce como la tierra de la felicidad permanente.

Por supuesto que para mí el Real Madrid es esa gran dama que está en un lugar que no le corresponde y la Superliga es la única alternativa para escapar de este escombrero que es el campeonato nacional. Todo lo demás es accesorio y únicamente distrae al aficionado. Todos los debates deportivos carecen de importancia. Porque sí, definitivamente el Madrid está fuera de lugar. Contra todo y contra todos.

 

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Buenos días. Disculparéis que comencemos citando a alguien tan poco poético como Rubiales, que dijo algo parecido ayer en el juicio por el asunto Jenni Hermoso, pero es que es verdad. Es que a estos jugadores (los del Madrid) nos los comeríamos a besos después de su histórica victoria anoche en el Etihad, donde en la Champions no ganaba nadie que no fuese el City en 90 minutos de juego desde tiempos inmemoriales. Fue ante el Olympique Lyonnais el 19 de septiembre de 2018. Los franceses también vestían de naranja y también tenían a Mendy. Hay gente que falla goles cantados y que desespera al personal con su aparente torpeza algunos ratos, pero en cuya blanquísima sonrisa parece cifrarse la suerte del campeón.

Dice As que así gana el Madrid, y no por estar manido el cántico deja de ser cierto. Hay que tomar un poco de distancia con el partido de ayer para valorar lo sucedido. En caliente, la frustración por los fallos increíbles de goles cantados nos impidió en parte disfrutarlo, pero lo cierto es que se trata de una victoria de prestigio que deja la eliminatoria muy encarrilada (si bien no cerrada ni mucho menos) y que se logró merced a un juego muy convincente. El Madrid sometió al City durante 7/8 del encuentro, doblegándolo a punta de fútbol y creando literalmente decenas de acercamientos peligrosísimos hacia un inspirado Ederson. El triunfo llegó al final, al más puro estilo Real Madrid, pero los de Ancelotti se habían hecho acreedores a él desde mucho antes.

Como dice As, antes de ese gol postrero de Bellingham (¿cuántos goles decisivos ha marcado ya?) el Madrid había igualado sendas desventajas a pies de Mbappé y Brahim, pero es que esas desventajas nunca fueron justas, ni futbolística ni arbitralmente. Las imágenes sobre la posición de Gvardiol y Haaland no fueron concluyentes en el primer gol, como también resulta mosqueante la jugada del pretendido penalti de Ceballos. Esperemos que no haya un nuevo brote de UNICEF causando estragos en los pasillos de la UEFA. Hasta el momento, Ceferin nos había odiado en la distancia, digamos, sin traducir ese odio en arbitrajes sibilinos. Esperemos que este mínimo de decencia se mantenga.

Marca describe al Madrid llamándolo “bravo”, queremos pensar, pues de lo contrario le faltaría la coma del vocativo a su portada. Pues sí, fue un Madrid bravo, estupendamente contado anoche, en La Galerna, por Andrés Torres y Genaro Desailly. Un Madrid que nunca se desesperó ante su propia mala puntería, y que a base de no tomar nota de sus errores al final metió tres: uno con la espinilla, otro en un rebote y un tercero a resultas de una vaselina mal ejecutada. El fútbol no hay quien lo entienda.

No hay quien lo entienda porque el Madrid se presentaba al partido con la enorme duda de una defensa de circunstancias, pero si algo falló no fue precisamente la defensa. El Madrid estuvo errático en área contraria, no en área propia, y eso que en ataque sí contaba con su cuarteto de oro. La línea defensiva estuvo impecable, con la nota discordante de los errores en ataque de Mendy (ese gol fallado…). Valverde volvió a coronarse como uno de los mejores laterales derechos del continente, dado que lo de que es uno de los mejores mediocentros ya venía demostrado de casa. Tchouaméni realizó una gran labor y Asencio se doctoró cum laude ante Haaland, que marcó dos goles porque nunca es posible frenarlo del todo, pero al que controló bien, ejerciendo un mando férreo en la zaga. La personalidad del joven canterano está impactando. Jamás le pierde la cara a los partidos y casi siempre acierta en sus decisiones.

El Madrid, sabiamente conducido por Ceballos, el propio Valverde y Bellingham, produjo un aluvión de ocasiones. En el Bernabéu habrá que ser más clínico en la finalización de las mismas para poder pasar la eliminatoria, y cabe pedir a Ancelotti que mueva antes el banquillo. Su equipo ha cosechado un resultado envidiable para la vuelta, y lo ha hecho con arreglo a un gran juego que sería una pena desperdiciar. El propio Guardiola reconoció al final del choque que era el mejor partido que el Madrid había jugado contra el City siendo él el entrenador de los sky-blues.

En los pagos de la esquinita llevan con resignación cristiana el “palo a (su) Pep”. Vayan para ellos nuestras más sinceras condolencias. En cambio, para los cafres miserables de Rac1, que un segundo antes del gol de Brahim se estaban mofando de Juanito y hablando de ouijas, vaya nuestro desprecio más absoluto, y una risotada de gusto en sus caretos pestilentes. No sabemos si se nos entiende.

A mi que en RAC1 quieran que pierda el Madrid me da bastante igual, es algo que tengo normalizado desde que de pequeño veia los partidos en TV3 con mi padre.

Pero que en el partido de hoy se hayan reido un par de veces de Juanito me parece asqueroso. @EsportsRAC1 así, no. pic.twitter.com/wTXGbjDxBw

— Madridisme (@madridisme) February 11, 2025

Pasad un buen día.

-Courtois: APROBADO. No pudo hacer nada en ninguno de los goles. Pero también da la sensación de haber perdido algo de aura.

-Valverde: NOTABLE. Impresionante despliegue. Da igual donde lo pongas.

-Mendy: SUSPENSO. El gol que falló, clamoroso, aunque no sea su misión, simboliza su nivel actual.

-Tchouaméni: APROBADO ALTO. Partido muy serio del francés.

-Asencio: SOBRESALIENTE. Garra, porte, velocidad, carácter. ¿El nuevo Sergio Ramos? Posiblemente.

-Ceballos: APROBADO ALTO. Muy buen segundo tiempo. El equipo se mueve bien en torno a su figura. Pudo pecar de ingenuo en el penalti, pero ¿era penalti?

-Camavinga: APROBADO ALTO. Buen tono general, con algunos lapsus de atención.

-Bellingham: NOTABLE. ¿Sabes ese momento en que ya parece definitivamente exhausto? Pues ahí es cuando nunca hay que cambiarle.

-Rodrygo: APROBADO. Poco brillo.

-Vinícius: APROBADO ALTO. Inquietó mucho en algunas fases del partido.

-Mbappé: APROBADO. Tuvo muchas ocasiones. Marcó la que peor definió. No hay quien entienda el fútbol. La pantorrilla de Dios.

-Brahim: SOBRESALIENTE. Todo el mundo le gritaba a Carletto, desde su casa, que lo sacara ya. Todo el mundo tenía razón.

-Modric: sin calificar.

-Fran García: sin calificar.

-Ancelotti: APROBADO. El equipo jugó muy bien, pero ¿tiene un bonus por minuto que tarda en hacer los cambios?

 

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Un afortunado City sobrevive a sus errores, al dominio blanco y la sucesión de oportunidades perdidas por un Madrid mejor que se complicó solo, pero que gana por primera vez en el Etihad, doblega a Pep y pone un pie en los octavos de la final de la vieja Copa de Europa.

Además, cuando nadie lo esperaba, el duelo entre dos viejos adversarios, el astuto zorro de Reggiolo y Sant Pep de Santpedor, se inició con un sorprendente homenaje a don Javier Clemente Lázaro. Dias, Aké, Akanji, Gvardiol y Stones, cinco centrales, cinco, titulares en el once inicial de Guardiola al que sólo le faltó probar a Ederson, como lateral izquierdo como hiciera el de Baracaldo en tierras nórdicas.

Mientras Mbappé se cambiaba las botas, el Madrid compareció, infiel a su costumbre, con el colmillo afilado, presto a aprovechar el galimatías táctico blue. Pronto, muy pronto, Vini se escapó mano a mano ante el portero que lo derribó claramente en el área. El carioca parecía en aparente fuera juego, y subrayamos aparente, porque nunca nadie nos lo certificó en ninguna repetición 3D o recreación 360 en lo que constituye, a la fuerza, un nuevo ejercicio de fe ciega en el catecismo arbitral moderno.

Vini, en cualquier caso, parecía con duende esta noche. Pronto se deshizo de algún central en la medular con un caño y sirvió a Mbappé, que cruzó infructuoso para toparse con Ederson. El culmen, no obstante, del barroquismo llegó al instante con los arabescos con el que un tuya-mía de Vinícius y Mendy acabó con el portero por los suelos y el lateral francés estrellando el balón sobre algún otro central del City. El Madrid zarandeaba a los locales, Pep empezaba a estar tentado de rascarse compulsivamente la calva, todo eran buenas noticias para la parroquia merengue, salvo una: el resultado gafas (0-0).

Y entonces llegó Haaland.

A los 18 minutos, un pase profundo desde la izquierda de un omnipresente Gvardiol —que no sabemos si será el embrujo balcánico de su apellido, pero siempre nos cruje— permitió al gigante de los fiordos combinar con De Bruyne, que oteó el horizonte con su rostro tostado por el sol cual granjero de Oklahoma y envió largo y profundo dentro del área. Allí, de nuevo Gvardiol, otra vez y ante la desesperación de Asencio, sirvió un pase de pecho para que Haaland fusilara. Y cuando este cronista suspiraba por un partido lejos de las insufribles sesiones de VAR patrio, la UEFA nos deleitó con su propio espectáculo en busca de un presunto fuera de juego, y requirió todo un tiempo muerto para que sus delineantes, capataces, calculines, aparejadores y arquitectos varios decidiesen sobre la legalidad del gol del noruego. Un gol como la catedral de Trondheim, dicho sea de paso, más allá de este delirio cuántico que preside nuestros días de fútbol.

El Madrid trató de sacudirse el inesperado golpe mediante un latigazo en una losa de Vini al larguero, un disparo que golpeó en otro central tras delicado caño de Goes sobre, obviamente, otro central dispuesto por Guardiola, así como un intento lejano de un Ceballos que luce cada noche mayores galones de mariscal de campo. El City había sido reducido a un Eibar pero gobernaba el resultado para asombro —y herejía, suponemos— del guardiolismo.

Al final, los merengues, hoy de horrendo y funesto color butano, acabaron por acusar el impacto.

La pájara de Grealish, sustituido en el primer tiempo por Foden, anticipó los mejores momentos de los skyblue de Pep. El propio Foden probaba a Courtois mientras el Madrid, pelín depre, deambulaba atontado en busca del balón. Asencio, aguerrido, voceaba a sus compañeros en busca de una reacción.

Una respuesta que llegaría en el segundo tiempo, al que llegamos después de un misil tierra-aire de Valverde, dos intentonas de Mbappé y tras comprobar la fortaleza del menudo arbitro francés, Clément Turpin, que chocó involuntariamente con Haaland… y dejó por los suelos al coloso de las nieves. Oh la la.

Haaland disparaba a la cruceta nada más reiniciarse el encuentro. Pero fue un espejismo.

El Madrid, autoritario, comenzó a acogotar al City con un sinfín de ocasiones agravadas por el bueno de Rico Lewis, el voluntarioso jugador inglés más tierno que un pudinque sustituyó al descanso a un lesionado Akanji— al que Vinícius martirizó durante largos minutos en los que, sonados, los de Guardiola vagaban por la existencia.

Pero el gol se hacía de rogar. Lo intentaron de cabeza, con la zurda, con la diestra… y acabó llegando con la espinilla y tras una falta directa fallada por Fede. El esférico regresó a Ceballos que, inteligente, sirvió un balón interior al área donde, fulgurante, entraba solo Mbappé haciendo trizas el fuera de juego. Parecía gol seguro hasta que el astro francés remató con la espinilla. Afortunadamente, el balón bombeado se coló mansamente dentro del arco blue.

Empate rarísimo, pero más que merecido, y media hora para el final.

El Madrid se vino arriba con un City grogui y temerario perdiendo frecuentemente balones en la salida. Valverde, he´s here, he´s there, he´s fucking everywhere y jugando desde el lateral derecho, cruzaba fuera a un palmo del poste, Ederson salvaba la papeleta ante Jude y hasta los palos conspiraban en contra de la remontada blanca. Los hados no estaban con los de Carletto y a los 76 minutos una desafortunada e imprudente entrada de Ceballos, sobre un Foden que bailaba encima la línea tras burlar a Mendy, acabó con un irremediable penalti señalado por el francés.

Haaland desde los once metros hizo el 2-1.

Inyustisia, que diría Cristiano.

Pep agotaba sus cambios mientras Carletto, perezoso, ordenaba el ingreso de Modric y Brahim en el terreno de juego. Sólo faltaban cinco minutos. Providencial decisión. Fue precisamente el malagueño —no lo olviden— quien devolvió las tablas al marcador tras un cuando menos pintoresco saque de puerta de Ederson que propició una contra madridista y un disparo seco de Vini sin ángulo que despejó con el pecho el propio Ederson y que recogió Brahim para hacer el empate. No sería la última alegría de la noche ni el último regalo de algún central cityzen alineado por Guardiola.

En el descuento, Vini le birló la cartera a un desdichado Rico Lewis para marcharse solo ante un hoy muy ocupado Ederson, y lo superó con una vaselina defectuosa que recogió Bellingham con suspense para marcar el gol de la victoria y hundir hasta el infinito en el cuello de su anorak a Juanma Lillo, fiel escudero en el banquillo inglés de otro compungido y cariacontecido Guardiola.

Primera victoria en el Etihad en un partido en el que el Madrid mereció sentenciar una eliminatoria que, dada la caraja de unos y otros, permanece abierta. El Bernabéu dictará sentencia.

 

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Arbitró el francés Clément Turpin. En el VAR estuvo su compatriota Jérôme Brisard.

Caserillo. Made in Europa. Menos en el Bernabéu, claro.

Al menos se guardó las tarjetas y ningún apercibido se pierde la vuelta. En una entrada Camavinga se la jugó ante Haaland, pero tuvo fortuna de que dejase la ley de la ventaja.

Hubo dos jugadas polémicas en la primera parte. El penalti pitado a Vinicius, pero anulado por un fuera de juego previo en el que nunca vimos las rayas, y el gol de Haaland. Más de tres minutos revisando. En la repe no pareció gol legal, en el VAR, sí; en las redes sociales los arquitectos tampoco se ponían de acuerdo con el punto de fuga, uno que estaba habilitado y otro que no. Un sindiós.

El penalti de Ceballos a Foden fue inocente, pero le derriba con la rodilla chocando en la ídem del inglés. Justo en la línea.

Por último, hay que decir que Turpin se puso la celeste para no señalar una clarísima falta de Bernardo a Bellingham en el 90' en la frontal, y ya en la primera se comió un par de córners a favor de los blancos.

Turpin, REGULAR.

 

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Antagonismo total: un duelo con sabor a final

 

La Champions League vuelve a regalarnos uno de esos enfrentamientos que definen una era: Real Madrid vs. Manchester City. Un choque que, por historia y talento, debería haber sido la final, pero que el destino se empeña en situar en rondas previas. Una final anticipada que nunca es final.

Desde hace un lustro, Real Madrid y Manchester City han dominado el fútbol europeo. El Madrid, con su ADN competitivo intacto, ha demostrado que la historia pesa más que el dinero. El City, con el multimillonario proyecto de Abu Dhabi, ha construido un imperio de precisión táctica que solo la magia blanca ha logrado desarmar en noches históricas.

Cada enfrentamiento ha sido un choque de filosofías, un pulso entre el fútbol de la vieja escuela, basado en la épica y la mística de las grandes noches, contra la meticulosidad quirúrgica de Pep Guardiola. El “salgan y jueguen” clásico del mejor Madrid de Ancelotti versus el control total de la situación de Pep Guardiola.

Es Guardiola quizá quien tenga más que perder en este duelo. Entre la horrenda situación deportiva de un equipo hecho para hacer historia y la amenaza de sanciones tras las trampas financieras, su aura se ha desgastado. Llegó para dominar el fútbol mundial, pero solo ha dominado el fútbol británico.

El Manchester City no ha reparado en gastos para darle a su entrenador estrellas todos los recursos. Antes, durante y después. Desde la llegada de Pep Guardiola al Manchester City en 2016, el club ha realizado inversiones significativas en el mercado de fichajes. El City ha gastado más de 1.200 millones de euros en fichajes. Solo en este mercado de invierno han desembolsado alrededor de 212 millones de euros en incorporaciones como Nico González (60M€), Omar Marmoush (75M€), Abdukodir Khusanov (40M€) y Vitor Reis (37M€).

Es Guardiola quizá quien tenga más que perder en este duelo. Llegó para dominar el fútbol mundial, pero solo ha dominado el fútbol británico

Por su parte, el Real Madrid ha adoptado una política de fichajes más conservadora durante el mismo período. Desde la temporada 2016/2017 hasta la 2023/2024, el club blanco ha invertido alrededor de 600 millones de euros en nuevas incorporaciones

Esta diferencia en la gestión económica refleja dos modelos distintos: uno basado en la inversión masiva para el éxito inmediato y otro en la construcción sostenible y a largo plazo. Y, sin embargo, mientras que Guardiola ha levantado una sola Champions en 8 temporadas, contando la actual (11 si contamos su etapa en el Bayern de Munich), el Real Madrid ha levantado 5 Champions League.

 

Guardiola y Ancelotti, City y Real Madrid, antagonismo total

 

Desde su primer enfrentamiento en la fase de grupos de la Champions League 2012/13 donde el Real Madrid se impuso 3-2 en el Santiago Bernabéu, ambos equipos han protagonizado una serie de duelos memorables. Hasta la temporada 2023/24, se han enfrentado en 12 ocasiones, con un balance de 3 victorias para el Real Madrid, 4 para el Manchester City y 5 empates. No todos esos partidos fueron con Guardiola, pero con él se ha afianzado esa rivalidad.

La confrontación entre Pep Guardiola y Carlo Ancelotti añade una capa extra de intriga a este duelo. Durante su etapa en el Bayern Múnich, Guardiola sufrió una dolorosa eliminación en las semifinales de la Champions 2013/14 a manos del Real Madrid de Ancelotti. En Munich se van a quemar hasta los bosques, dijo Rummenigge entonces. Pero quien salió calcinado fue el Bayer de Guardiola con aquella derrota por 0-4 con goles de Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo.

Segundo frentazo de Ramos

Para Pep, el Madrid es su bestia negra definitiva. Su mayor rival entrenador. Su obsesión. Un rival que primero acabó su prematuramente su proyecto en el Barcelona, después le privó de ganarlo todo en el Bayern y finalmente le ha impedido construir una dinastía ganadora en el City. Podríamos decir que Guardiola ha tratado crear un sistema táctico con el objetivo de acabar con el Real Madrid.

El City domina la posesión, la estadística y el plan de partido, pero el Madrid domina la Champions League. Mientras los ingleses se han convertido en un equipo diseñado para jugar bien, los blancos son “solo” un equipo creado para ganar. Ese ha sido siempre el sistema de juego del Real Madrid. La diferencia es sutil, pero en Europa lo es todo.

Podríamos decir que Guardiola ha tratado crear un sistema táctico con el objetivo de acabar con el Real Madrid

Si algo ha demostrado la historia reciente es que el Madrid solo necesita un minuto de inspiración para cambiar un partido. Justo aquello que no puede controlar Pep Guardiola. Por más tácticas, esquemas e instrucciones, el fútbol todavía conserva la magia de la creatividad, del artista, que es en realidad lo que son los futbolistas. Y no atletas que cumplen órdenes.

Un destello de Bellingham, una cabalgada de Vinícius, una parada salvadora de Courtois son algo que se escapa al minucioso control del de Santpedor. El Madrid solo necesita un segundo de magia para romper el guion o apenas 2 minutos para darle la vuelta a un partido.

Benzema City

Mientras, Guardiola vive la agonía de encontrarse con el Real Madrid a pesar de goleadas como la del 2023, donde el City aplastó al equipo blanco en el Eithad. Para él la pesadilla de la remontada de 2022 en el Bernabéu le perseguirá siempre. O el asedio infinito del año pasado, con el Real Madrid resistiendo defensivamente como la mejor de las escuadras italianas Ahora, se vuelve a vivir en 2025, un duelo prematuro pero igual de letal.

El City domina la posesión, la estadística y el plan de partido, pero el Madrid domina la Champions League

Si bien los equipos no llegan en su mejor momento, ambas plantillas tienen a muchos de los mejores jugadores del mundo. Y la rivalidad de duelos pasados hace que ambos equipos se conozcan muy bien.

Lo único seguro es que este partido no será uno más. Madrid y City se han convertido en los dos grandes colosos del fútbol moderno. Uno, con la historia como arma definitiva. El otro, con la ciencia del fútbol y el dinero infinito como bandera. Dos caminos distintos hacia la grandeza, pero que, una vez más, vuelven a chocar en el mejor escenario posible: la Champions League.

El duelo de mañana quizá sea el último de una era. Una rivalidad de nuevo cuño, pero igualmente apasionante. Dos modelos enfrentados, dos culturas distintas. Un solo ganador.

 

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Este martes se inicia la eliminatoria clásica de la Champions, Manchester City-Real Madrid. Y esta vez el sorteo se ha aliado con el misticismo y la vuelta será en el Bernabéu, como en la increíble ‘Copa de Europa de los milagros’ de 2022. ¿Recordamos aquel partido del Etihad, primer acto de una épica remontada? La cosa, siguiendo las líneas de Historia de las míticas remontadas del Real Madrid, transcurrió más o menos así:

«Fue un partido a pecho descubierto, de viscerales arrebatos. Una lucha definida por la resistencia al intercambio de golpes. Y de estilos. La presión alta y la posesión del Manchester City contra la estrategia del muelle perfeccionada por Carletto: esperar en zona baja para salir lanzados a la mínima ocasión. El que quedara de pie estaría un pasito más cerca de la final… o quizás no tanto.

Si alguien se hubiera perdido el inicio, pensaría que el Madrid iba a sufrir un descalabro mayúsculo. A los once minutos, los de Guardiola ya ganaban por 2-0 y ni siquiera habían exprimido todo su potencial. Les sobró con un chispazo y un error de la zaga blanca. El primer tanto llegó como las lluvias de verano, sin previo aviso. Una jugada de Mahrez en las inmediaciones del área terminó con un pase picado sobre De Bruyne, que explorando la zona del 9 cabeceó a la red. El segundo fue consecuencia de los temores anunciados. Ni Kroos ni Alaba estuvieron atentos, y de ello se aprovechó Gabriel Jesús, siempre activo contra el Madrid.

A las primeras de cambio, había nacido un encuentro totalmente nuevo para el City, que tendría que pensar en cómo gestionar la ventaja; pero no tanto para el Madrid, acostumbrado a ser un faquir sobre las brasas. Los ingleses, fieles a su guion, no bajaron su ritmo vertiginoso, mientras que los de Ancelotti trataron de quitarse las cadenas, subir la presión unos metros y lanzar a su avanzadilla, Vinícius y Benzema.

Fueron minutos de puro fútbol, donde la pizarra da paso al riesgo como modus operandi. Tan cerca estaba el tercero del City, con dos ocasiones de Mahrez y Foden, como el primero del Madrid, que fue el que terminó subiendo al marcador. Benzema, quién si no, recibió en el área y ajustó al palo en un disparo casi inverosímil. Los blancos regresaron al partido y Guardiola traslució la tensión en sus gestos. Cada gol propio lo celebró apretando puños y dientes, mientras que en los recibidos no pudo disimular la resignación y la impotencia. Al sabio no le sorprenden los acontecimientos.

Pasado el traspié, la maquinaria citizen se puso en marcha de nuevo y arrebató el balón y las ideas al Madrid. Todos los caminos conducían a Courtois. El acoso fue casi insultante hasta que llegó el momento Vinícius. Primero, una desatención en su banda provocó que Fernandinho centrara a placer para que Foden ampliara la diferencia. Los diablos bullían en la cabeza de Ancelotti, pero, sin tiempo para abroncar a su pupilo, el brasileño se redimió en una jugada antológica. Se inventó un regate con un amago en su propio campo y arrancó hasta la portería de Ederson para devolver la pica del Real Madrid a su sitio. 3-2. Pocos jugadores poseen tanta fe en sus condiciones como Vinícius, cuya capacidad de insistencia es tan elevada como su talento.

Vinícíus regate City Real Madrid

Nadie renunció a sus principios hasta el final. Los centrocampistas del conjunto inglés prosiguieron con su partitura mientras el trío atacante se encargaba de desquiciar a la defensa blanca, incapaz en todo el partido de disponer de un segundo para respirar. Bernardo Silva, quizás el mejor activador sky blue, puso el cuarto con un trallazo a la escuadra.

Se podría pensar que entonces todo estaba perdido, pero eso era olvidar que Europa es territorio Real Madrid. Un penalti de Laporte colocó a Benzema ante la historia. El francés venía de fallar dos penas máximas en Pamplona y había errado cuatro en 2022. La tensión se podía pesar. Pero los genios ven la luz donde al resto nos ciega la dificultad. Así que decidió invocar a Panenka para revivir una vez más al Madrid.

El 4-3 definitivo demostró que a veces la victoria no reside en el marcador, sino que vive en las sensaciones. Cualquier otro equipo que no hubiera sido el de Chamartín se habría llevado un saco esa noche. Sin embargo, los blancos realizaron un nuevo ejercicio de eso que ahora llaman resiliencia, levantando la cabeza una y otra vez en los momentos de máxima zozobra, negándose a entregar la bandera. Ancelotti, como de costumbre, lo explicó con una obviedad que encerraba mucho significado: “Hemos marcado tres, lo malo es que hemos encajado cuatro”. Y Benzema agitó el avispero: “Tenemos que ir al Bernabéu, necesitamos a la afición como nunca, vamos a hacer una cosa mágica”».

Benzema cosa mágica ganar

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Buenos días, amigos. Volamos, apenas por unos días, fuera de la fosa séptica explotada por los Tebas, Louzán, Cantalejo, etc. Aunque el entorno físico sea Manchester —que es a las ciudades bonitas lo que un calcetín sudado a los vestidos de gala—, la diferencia entre disputar competiciones patrias e internacionales es abismal, a pesar de que la Champions esté en manos de Ceferin y su recua.

En España, el Real Madrid es señalado por todos porque, según clava Antonio Valderrama en su pieza de hoy, «En el mundo de los corruptos, el virtuoso resulta intolerable, pues su mera existencia denuncia la desagradable realidad: que ellos están podridos y nosotros, no». Fuera de España, el club blanco es admirado por, fijaos que cosa más rara vista desde la perspectiva de este país, su trayectoria, sus valores, su deportividad, su limpieza, su grandeza, en definitiva.

«Al campeón le van estos retos». Efectivamente, Marca. El rotativo de la capital destaca este «Primer asalto de los ‘playoffs’ en el Ethihad con un pulso de oro: Haaland vs. Mbappé». Todos hemos visto ya el suficiente fútbol para saber que cuando la atención está centrada en Erling y Kylian, al final el partido lo decide Bernardo o Brahim (o cualquier otro).

También podemos leer las palabras de un Ancelotti que no dudó en reconocer en rueda de prensa la valía como técnico de Guardiola: «Cada vez que nos enfrentamos es una pesadilla». Claro, que vistos los antecedentes, no está claro para quién será más pesadilla.

City 1% 99% 1-1 (3-4): El Real Madrid es más grande que la vida

El otro diario deportivo de Madrid, As, titula «Campeones en el alambre» sobre una imagen de Bellingham mirando a uno que sorbe al comer sopa y de Ancelotti vestido como Kenny McCormick.

Es innegable que la trayectoria en Champions esta campaña de los dos últimos campeones de la competición ha dejado mucho que desear hasta ahora. Sí, ambos están en el alambre, pero la diferencia estriba en que el City juega con red y el Madrid no.

El City 115 ha añadido otra cifra a su denominación: 225, los millones de euros gastados en este mercado de invierno para intentar paliar su mala temporada. 115 infracciones del fair play financiero más 225 kilos en fichajes. City 115-225. No es extraño que los hinchas culés idolatren a este club.

El Madrid, ya lo sabéis, no ha incumplido ningún precepto de la normativa financiera y ha gastado un total de cero euros en esta ventana de fichajes.

A pesar de lo anterior, los mismos que ven peor denunciar el delito que delinquir dibujan este duelo como un enfrentamiento entre el único fútbol verdadero, el de la gente, contra el antifútbol del malvado Madrid. Pero ya estamos acostumbrados, ¿verdad? Como dijo don Santiago, «El antimadridismo es el precio que hay que pagar por tener más Ligas que nadie en España, por tener más Copas de Europa que nadie en Europa».

Antes de abandonar la portada de As, una apunte:

Ya está Gallardo metiéndose hasta en nuestros fichajes de baloncesto, tratando de torpedearlos.

En la prensa culé hoy toca sesión de baño y masaje a Pedri. Bueno, según Mundo Deportivo, a don Pedro. En una portada que parece perpetrada con el Paint, el canario aparece vestido como Ernesto Sevilla en Muchachada Nui.

En la acera de Sport, además de afirmar que Pedri es ya uno de los mejores centrocampistas del mundo (y del universo conocido y por conocer, añadimos nosotros), aseguran que en el City-Real Madrid de esta noche el prestigio está en juego (queremos creer que la coma elíptica está oculta por el hombro de Carletto).

El Madrid ni acumula más de cien infracciones del fair play ni desequilibra la competición con dinero infinito procedente de estados que buscan blanquear su imagen en Europa mediante el fútbol, por lo que esta noche solo está en juego parte de la continuidad en esta Champions, no el prestigio del Madrid, limpio y blanco que no empaña.

Hay, por cierto, quien se empeña en empañar el honor de inocentes con graves acusaciones que, salvo afección grave, saben que son falsas.

Raúl Asencio es un mero testigo de este asunto, no intervino en absoluto en el mismo y por ese motivo el juez le ha otorgado esa condición y el Madrid lo ha mantenido en el club. Los investigados están fuera. Uno de ellos, por cierto, fue fichado por el Girona, en cuyo estadio, paradójicamente, se insultó a Asencio. Deseamos que se tomen las medidas legales necesarias, acusar a alguien de algo así a sabiendas de que es falso supone un delito de calumnias.

Lo que no es una calumnia es afirmar que las casas de apuestas destrozan la vida de millones de personas.

Nos despedimos alegrándonos por el debut con victoria de Luka Doncic con los Lakers, que saben a quién han fichado y así se lo hicieron saber con un recibimiento por todo lo alto con 18997 camisetas con ese dorsal tan madridista compuesto por dos sietes.

Pasad un buen día y ¡hala Madrid!

“Si tuvieras que vivir esta vida una y otra vez, ¿cómo lo harías?

 

Viernes 31 de enero de 2025. 12.00 horas. Nyon. Suiza.

 

Es el sorteo de los cruces de los playoffs eliminatorios de la UEFA Champions League. La teoría dice que al Real Madrid le puede tocar como rival el Celtic de Glasgow o el Manchester City. La realidad es que al Madrid sólo le puede tocar uno. Está escrito. No hubiera hecho falta ese show con las bolitas.

¡Es el cuarto año seguido que al Madrid le toca con el City! Bueno, es una anomalía, pero ya ha sucedido anteriormente. En el pasado ya nos enfrentamos a otro equipo 4 años seguidos en la Champions League. Y lo que ocurrió en el pasado se está repitiendo en el presente, con una precisión en los detalles que asusta. Por eso no era necesario el sorteo.

¿No me creéis? No hay problema. Pasemos a analizar los enfrentamientos contra el Atlético de Madrid y City durante 3 años seguidos en Champions League.

Año 1: El Madrid va por detrás desde la primera parte (Etihad y Lisboa). Se acerca el final del partido. Ellos están casi celebrando. Pero pasa algo. Un centro desde la derecha, pasado el minuto 90, es rematado de cabeza por uno de los nuestros. Gol. Carlo Ancelotti, desde la banda, cierra los puños y celebra sin aspavientos. El segundo entrenador es mucho más efusivo, y no se muestra tan comedido. Jugadores y miembros del banquillo invaden el césped, en un éxtasis pocas veces visto, incluso para el Real Madrid. El partido va a la prórroga.

10 años de la Décima, puro ADN blanco Rodrygo City

Nuestro rival no lo sabe, pero el Madrid ya ha ganado. En la prórroga se les pasa por encima. El último gol es de nuestro delantero centro, de penalti. Ese año acabará la Champions League con unos números de escándalo (17-15 goles) y, junto a la consecución de la Champions, le valdrán para ganar el Balón de Oro unos meses después.

Año 2: Empatamos el partido de ida. El entrenador contrario quiere jugárselo todo al partido de vuelta. La vuelta la gana el equipo que juega en casa. Este año no nos toca ganar la Champions. Se la llevará uno de nuestros rivales más directos y odiado, uno que el futuro se verá salpicado por un montón de escándalos financieros. Lo intentaremos de nuevo el año que viene.

Año 3: Marcamos pronto, en el primer cuarto de hora de partido (minuto 15-13). El marcador lo abre el mismo jugador que mandó el duelo a la prórroga hace dos años. Ellos se vuelcan con todo. Este año sí que parecen físicamente un punto por delante nosotros. Su jugador belga logra empatar cerca del final del partido (minuto 73-76). Vamos a la prórroga. A pesar de que da la sensación de que están mejor que nosotros, no parece que quieran ir a por el partido, y en la prórroga no tienen ninguna ocasión clara. Nos vamos a los penaltis. En la tanda, tenemos a Lucas Vázquez haciendo malabares con el balón mientras se dirige al punto de penalti, lanzando y anotando con mucha sangre fría. Nuestro jugador británico, ese que ha costado 100 kilos, y que ha acabado fundido, también convierte su lanzamiento. Al igual que lo hará nuestro defensa central, español y capitán del equipo. Otro de nuestros defensas titulares también marcará desde los once metros. Ganamos la Champions.

Lucas Vázquez icono

Ahora, ¿qué nos deparará este cuarto año? Lo podemos intuir, porque en realidad ya ha sucedido. Habrá algunos aspectos que podrán variar. ¿Habrá un hat trick de uno de los nuestros en el partido de ida? ¿Nuestro delantero francés hará la jugada de su vida en el partido de vuelta para sellar el pase de ronda? Para esos detalles tendremos que esperar todavía unos días. Pero lo principal ya está escrito: toca ganar la Champions por segundo año consecutivo y el entrenador rival, santo y seña del antimadridismo, perderá su cuarta eliminatoria de Champions contra el Real Madrid.

Si Nietzsche hubiera sido madridista, quizás hubiese planteado la teoría del eterno retorno de otra manera. Porque, al final, en la vida, sólo hay 3 certezas: los impuestos, la muerte, y el Real Madrid levantando otra Champions League.

 

Getty Images.

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