Las mejores firmas madridistas del planeta

—Adelante, amigos. Pasad, pasad. No hagáis mucho ruido que la criatura está durmiendo aún. Le espera un día repleto de emociones y movimiento con esto de su segundo cumpleaños y es mejor que siga descansando un rato más. Sed bienvenidos todos.

—Bien hallado, Jan. Gracias por invitarme a la fiesta. ¿Dónde puedo dejar el abrigo? —Preguntó Louzán—. Ya sabes, soy un recién regado y aún desconozco ciertas costumbres…

—Pues para ser nuevo no vas nada mal. Tus declaraciones contra el Madrit y Florentino son propias de alguien que ya llevara mucho tiempo al frente de la Federación. Vas bien, Rafael. Se ve que tienes las cosas claras y que sabes que quien a buen olmo se arrima, buena sombra le cobija —prosiguió Laporta—. Y el abrigo, puedes dejarlo en la salita que tienes a tu espalda.

—¡Anda, si la habitación está llena de merchandising de UNICEF y de cajas con la discografía de Camela en CD y folios con sus letras impresas! —regresó Louzán algo sorprendido tras dejar el abrigo.

—¡Ja, ja, ja, ja! Al final elegiste a Camela para rellenar las cajas con las que apareciste en aquella pantomima de rueda de prensa —se carcajeó Tebas—. Eres un cachondo, Jan.

—Había que hacerlo con clase… —apostilló Laporta presumiendo.

—Fue brillante —sentenció un Albert Soler recién llegado mientras se quitaba la bufanda y se introducía en la salita de los abrigos.

—Tú sí que fuiste brillante, Albert —replicó el presidente del FC Barcelona—. ¡Qué manera de prescribir!

—Ya sabes, querido Jan, yo siempre seré un soldado de la causa de la cual el Barça es su mascarón de proa. Y el partido es la mejor manera de conseguir los objetivos. Pero cualquiera en mi lugar habría hecho lo mismo —se restó méritos Soler.

—Cullons, Albert, no me fastidies. Que apenas tardaste un mes en salir pitando para el CSD a arreglar el entuerto desde que Hacienda nos informó de la inspección y nos pidió las facturas de las empresas de Negreira y Contreras —rebatió Jan—. Y además de la Ley del Deporte ad hoc, no fuiste un chivato cuando volviste al Gobierno, porque tú habías estado aquí y sabías, por tanto, todo lo que ocurría. Puede decirse que eres el padrino de la criatura.

—Fue un honor servir. Era mi deber —zanjó Soler.

—¿Y yo qué? —irrumpió como un elefante Rubiales—. Que aquí el menda tardó aún menos tiempo que el Albert en modificar el código ético de la RFEF para eliminar las sanciones por corrupción —dijo el de Motril mientras se introducía en la salita de los abrigos. Segundos después, salió de ella una mujer despavorida—. Sin esa maniobra, todo habría sido más complicado. Quizá ni Tebas habría podido solucionarlo y habría que haber recurrido al Señor Lobo del Gobierno para que interviniese de manera más directa y menos sibilina que la de Soler.

—No te falta razón, Rubi —admitió el gerifalte culé—. Por eso estás en la fiesta. Y, por cierto, hay de todo lo que te gusta, pero no seas patoso. ¿No venía Geri contigo?

—Ayer se fue al karaoke con Javi Enríquez, Cantalejo, Clos, Tatxo y Roures y aún no han vuelto. Yo empecé la noche con ellos, pero sobre las dos de la madrugada me acerqué a una zagala que puff… Bailamos un rato, la abracé, le pregunté: «¿Puedo darte un besito?» y me dijo: «Vale». Así que me fui al hotel de siempre y ahí los dejé. Medina estaba cantando Se me enamora el alma y Geri y Clos, bailando como locos.

—Antes de que lleguen los representantes de los clubes y los amigos de los medios —se dirigió a los invitados Laporta—, quiero tener una mención especial para mi amigo Javi. Sin ti no soy nada, como cantaba Amaral.

Es más fácil que el Barça fiche (más) que el Madrid reciba el Princesa de Asturia

—Nada, nada —dijo Tebas falsamente azorado mientras hacía un gesto con la mano—. Mi único mérito es saber qué es lo único importante. Y tú también lo sabes, Jan.  Ambos somos muy aficionados a la pasta. Además, regulando su distribución, abriendo y cerrando el grifo, se puede conseguir todo sin necesidad de nada más.

—¡Hombreeeee, bienvenido! —gritó Laporta con los brazos abiertos—. Tú sí que no podíais faltar. Sabes que te agradecemos tu trabajo y te premiamos con suculentas migajas. Adelante. Pero ¿quiénes son los chicos estos con pasamontañas y brazo erecto que te acompañan? —inquirió Jan.

—Es que no se les puede dejar solos —aclaró Cerezo—, que por menos de na te echan a un tío al río o cuelgan a un muñeco negro de un puente. Luego me toca dar explicaciones. Y ya estoy cansado de repetir que en el Atlético no hay racistas ni antirracistas, ni asesinos ni antiasesinos… ¡Baix, baix! ¡Abajo! —gritó Henry Cherry a los encapuchados de brazo erecto—. Disculpad, si no los controlas, estos cachorros se te suben a las barbas.

—¿Dónde has dejado a Miguel Ángel? —se extrañó Laporta por la ausencia de la otra cabeza visible atlética.

—Debe de estar al llegar. Venía detrás con Juancho en el coche. Estaban buscando aparcamiento… ¡Anda, mira, ahí llegan!

—¡Buenos días, chavalada! —gritó Gallardo al llegar junto a un Gil Marín que apenas movió el rostro a modo de saludo—. ¿Dónde dejamos esto? —preguntó un Juancho que, junto al prescrito, sostenía una lámpara como la de Pixar, pero gigante.

—¡Pero dónde vais con eso! —inquirió entre risas Laporta.

—Siempre es útil llevar un trasto así por si hay que poner a alguien en el foco —respondió el director de Marca—. Bueno, la dejo junto a la barbacoa de siempre.

Cuando llegaron el resto de clubes, menos uno; unos ojerosos dirigentes del CTA, Cantalejo aún vestido de faralaes; una amplia representación de los medios y un nutrido grupo de miembros, y miembras, del Gobierno, Laporta comenzó a tintinear su copa de cava de litro subido a un taburete de acero.

—Queridos todos. Sin vosotros nada de esto habría sido posible. A pesar de mi optimismo, en ocasiones natural y en otras movido por la euforia sobrevenida, hubo noches en las que se me cuadruplicaron los temores. Pero todo ha salido bien. La criatura cumple hoy dos años y está creciendo lustrosa y hermosa. Y lo más importante, está todo atado y bien atado. ¡Aquí llega!

Hizo su entrada la criatura, el caso Barça-Negreira. Muy bien alimentada, sonriente, sin preocupación alguna al observar que todos aquellos de los que tendría que tener miedo estaban allí, comiendo y bebiendo, cantándole el cumpleaños feliz a pleno pulmón.

Y la prensa deportiva, ¿se habrá hecho eco de tal efeméride?

No han podido porque estaban celebrando el segundo aniversario del mayor escándalo de la historia del deporte europeo. Entre fiscalizar la realidad y poner la mano eligieron lo segundo.

Pasad un buen día.

José María del Nido Carrasco tiene razón. La tiene toda. El Real Madrid quiere destruir el fútbol español. Cualquier persona con un mínimo de luz en el fondo de los ojos, más aún después de los recientes acontecimientos, querría destruir, desgajar, despiezar, descuartizar y desmembrar el mefítico y gangrenado entramado del balompié patrio. Quemarlo y orinar sobre las cenizas, aunque tan tentador como simbólico, se me antoja un poco excesivo.

El Real Madrid está solo en España. Los madridistas estamos tan solos que vemos a la madre de Marco como una entidad sobreprotectora, omnipresente y agobiante. Una vez más, el fútbol no es sino un reflejo de la sociedad. El desprecio a la meritocracia, al esfuerzo y a la búsqueda de la excelencia, el igualitarismo por abajo, el triunfo del mediocre y el pícaro, este último cuando no delincuente, y el escarnio del abnegado y tenaz resultan repugnantemente cotidianos, basta con leer las noticias dadas por medios mediocres y sectarios.

Basta con tener una actividad cerebral ligeramente superior a la del nematodo para darse cuenta de que los miembros de la Liga de Fútbol Profesional, la Federación Española de Fútbol, sus órganos y dirigentes chapotean con delectación en el indecible icor de su indecencia. Han zanjado el asunto de los pagos a Negreira por uno de ellos durante dos décadas con un pelillos a la mar y tres Ave Marías, uniéndose a una causa basada en mantras falaces en la que el enemigo es el club que denuncia las tropelías y corruptelas. Los mediocres se alían contra el que destaca por cometer, precisamente, ese terrible delito: destacar.

Con tener las entendederas de un liquen, se darían cuenta de que, sin el Real Madrid, las competiciones españolas no son nada. Serán el coto de los clientes de Negreira y, con suerte, de los animosos muchachos del porteño vestido de enterrador.

Han zanjado el asunto de los pagos a Negreira durante dos décadas con un pelillos a la mar y tres Ave Marías, uniéndose a una causa basada en mantras falaces en la que el enemigo es el club que denuncia las tropelías y corruptelas

Se quejan de que el Real Madrid es el históricamente favorecido, falacia recurrente, y cuando es el favorecido el que quiere cambiar el sistema, se constituyen en aquelarre para impedirlo, todo un ejercicio de coherencia. Evidentemente no se trata de qué se pide, sino de quién lo pide.

Las victorias se miden en muchas ocasiones en función del rival al que se vence, pero esta batalla es una excepción. El enemigo es poderoso, mucho, pero no es grande. No son más que una banda de acomplejados muy ruidosos con los que, las cosas como son, tampoco apetece estar. Ellos no nos quieren aquí. La verdad es que nosotros tampoco queremos estar con ellos, porque preferimos competir contra los verdaderamente grandes, y de eso hace mucho que dejó de haber en España. No es que vayamos a cerrar al salir, es que nuestra intención es hacerlo con llave y arrojarla a lo más profundo del Tártaro por una cuestión de higiene.

 

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El Real Madrid femenino derrotó (3-1) a la Real Sociedad en los Cuartos de Final de la Copa de la Reina, aunque necesitó de treinta minutos extra para doblegar a las donostiarras. Los goles de Caroline Weir y Amaiur Sarriegi pusieron el 1-1 al fin de los noventa minutos, mientras que Sandie Toletti y Linda Caicedo decantaron el partido ya durante la prórroga.

Real Madrid y Real Sociedad se encontraron por tercera ocasión en menos de un mes enfrentados sobre un rectángulo de juego, tras los duelos de Liga F y Supercopa de España, y fruto de la familiaridad adquirida decidieron prolongar su baile más allá de los noventa minutos de rigor en el choque a cara o cruz de la Copa de la Reina. Las blancas se habían llevado con claridad los dos primeros envites, demostrando con goleadas la manifiesta superioridad de su plantilla, y en el estadio Alfredo di Stéfano todo hacía indicar una repetición del guion. Alberto Toril no reservó nada de inicio, pero pronto empezaron a acumularse indicios aquí y allá sobre lo que estaba por venir: la Real Sociedad ralentizaba una y otra vez su salida de balón para atraer la presión madridista e intentar rebasarla por banda, el Madrid optaba por tomarse con filosofía sus fases de juego con y sin balón, y mientras tanto las porteras seguían sin mancharse los guantes.

La modorra generalizada habría podido traducirse con toda lógica en un empate sin goles al descanso, pero de uno y otro lado saltaron de la nada dos chispazos de calidad que justifican el seguir viendo fútbol cuando se fantasea con abandonar. En primer lugar apareció Caroline Weir, todavía algo desafinada para lo que acostumbra y, no obstante, capaz de hacer lo que ninguna de sus compañeras: tras recibir un balón incómodo y a media altura en la frontal del área, la ’10’ controló con la derecha, convirtió un amago de disparo con su izquierda en un regate hacia fuera para hechizar a Nahia Aparicio y, ya sin marca, remató cruzado a la red con su pierna mala.

Caicedo exprime los minutos de fútbol como cualquier niño en el parque, cuando sus padres empiezan a llamarlo

Ocurría tan poco que unos y otros parecían anhelar el descanso, y aún así hubo tiempo para algo más por culpa de una pérdida criminal de Antonia Silva en la salida de balón ya en el alargue de la primera parte. El balón le llegó a Amaiur Sarriegi, suficientemente alejada del área como para no chutar y también lejos de las centrales como para probar suerte con comodidad, por lo que su instinto de delantera derivó en un chutazo con la derecha. El fútbol recompensó su valentia, pues el cuero se envenenó en el aire y aterrizó como un misil en el lateral de la portería de Misa Rodríguez, que se fue a vestuarios recogiendo el balón de la red.

Todo se animó tras la pausa: se multiplicaron los disparos, aparecieron los espacios y, en el toma y daca, el Real Madrid tuvo suficientes ocasiones como para repetir los resultados abultados de los encuentros anteriores. Sin embargo, falló Athenea del Castillo, Signe Bruun se encontró con el larguero, Linda Caicedo no supo penalizar una pifia de la portera Elene Lete con todo a favor, y volvió a fallar Athenea. Con ocasiones tan claras no debía llegarse a la prórroga, pero la concatenación de errores de cara a portería hizo imposible otra resolución, aunque ninguno de los dos equipos pareciese entusiasmado con el plan.

Así que en esas, sin excesiva motivación y con la gasolina ya justa, el mero peso de la calidad deshizo el empate. Toril refrescó al equipo dando entrada a María Méndez, Sheila García y Eva Navarro, pero el dos a uno llegó no por la refrescada banda derecha sino por el carril de una incansable Linda Caicedo. Apenas comenzado el tiempo extra, Alba Redondo supo encontrar la rendija para superar a una adelantada línea defensiva vasca y filtrar un balón al espacio. Con todo el verde para correr, la colombiana metió el turbo, rompiendo por el camino a Aparicio, y al pisar área acertó en su pase a una Sandie Toletti que acompañaba la jugada y recibió el caramelo listo para mandarlo a la red.

Restaban veinticinco minutos de prórroga y más de uno preguntó «y ahora qué». No había misterio, pues a la Real Sociedad no iban a darle las piernas para volver a empatar, así que lo que quedó fue un último regalo de Caicedo, quien exprime los minutos de fútbol como cualquier niño en el parque cuando sus padres empiezan a llamarlo. Por entonces corría el 107 en el reloj y las piernas frescas de Eva Navarro encontraron a Linda escorada dentro del área. Aunque había fallado antes, su insistencia y optimismo natural le permitió regatear a lo Vini a una Emma exhausta, que cayó al suelo mientras la acción culminaba con un disparo seco y alto, imparable para Lete.

Podría haberlo certificado antes, pero el Madrid encontró el camino hacia la semifinal de Copa. La ruta plagada de curvas está asegurada.

 

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Lamine Yamal tiene en su poder una mareante oferta de Arabia Saudí. Saben en la península arábiga que acaba contrato el año que viene, y aspiran a cubrirle de oro para convertirle en la transacción bandera de dicha liga. Quieren que sea el emblema de dicho campeonato, que dispute el título de mejor jugador a un cuarentón Cristiano Ronaldo y que alterne con los jeques en oasis mientras fuma shisha y contempla la danza de múltiples y contoneantes vientres. Está prácticamente hecho. Lamine Yamal se va a Arabia.

Hola a todos, amigos. Nos hemos inventado completamente el primer párrafo de este portanálisis. ¿Hemos hecho mal? Quizás, pero no mucho peor que la prensa deportiva patria que padecemos día tras día, y que ha aprovechado que el Madrid se juega la temporada entera en pocos días ante el City para desestabilizar con lo que Pedro Sánchez llamaría jovialmente “menuda inventada”. Obviamente, su inventada no afecta a Lamine Yamal porque no es el club cliente de Negreira a quien quieren desestabilizar. El club al que quieren desestabilizar es precisamente el rival por antonomasia del club cliente de Negreira, por lo que sus fantasías no tienen por protagonista a Lamine sino a Vinícius, quien sin duda será verdad que tiene ofertas de Arabia, pero como sin duda será verdad que las tiene Lamine también. La diferencia reside en que desestabilizar al equipo del joven hispanomarroquí está prohibido, mientras tratar de hacerlo con el club de Concha Espina es obligatorio.

Hay que reconocer que han escogido las fechas idóneas para esto, justo cuando la eliminatoria contra el equipo de Guardiola, que no está resuelta ni mucho menos, se encuentra en su punto álgido. Como sabiamente le indicó Fernando Hierro a Gracia Redondo en San Sebastián, “no saben ya cómo hodennos”. Pero tranquilos, se les seguirán ocurriendo formas.

“Se calienta el caso Vinícius”, suelta el diario dirigido por Gallardo. ¿Y cuál es el caso Vinícius, se preguntará intrigado el lector, a partir del cual se inventa Marca que hay algo que se calienta? Pues muy sencillo, es el caso inventado por Radio Marca. Bien ahí. Si vas a plagiar un invento de alguien (ya es triste emitir elucubraciones con la apariencia de noticias, pero más triste debe ser plagiarlas de otros), que sea un invento de la propia radio. De este modo, se evitan conflictos legales tocantes a la autoría intelectual de las paridas. El autoplagio está bendecido por las autoridades competentes. Nadie va a la cárcel por copiarse la propia película -Fellini se pasó la vida haciéndolo-, pero Michael Jackson tuvo que pagar una millonada a Albano por calcarle una melodía. Si eres Marca y fusilas el fruto de la imaginación de la Cope, te puedes meter en conflictos. Sin embargo, nada te puede pasar si copias lo concebido por la calenturienta imaginación de Radio Marca, porque es tu radio. Extendernos en estas explicaciones comienza a avergonzarnos.

Nosotros no conocemos la oferta (que sin duda existe) que Arabia Saudí le ha hecho a Vinícius, pero en eso (en poco más) somos idénticos a Marca, que tampoco tiene ni la más recontrapajolera idea de nada, pero le da a la ruedecita con cara de mucho conocimiento de causa. Por el mismo precio, podría darle a la ruedecita de la oferta a Lamine Yamal, como decíamos al principio, pero la cosa no tiene el mismo encanto. Lo decía hace poco Walter García, comunicador no precisamente madridista con décadas de experiencia en medios de comunicación tradicionales: con el Madrid puedes y debes meterte; empero, si metes el dedo en el ojo culé recibirás mañana treinta y cuatro llamadas de patrocinadores indicando los puentes más cercanos que pueden darte cobijo a partir de la semana que viene.

El programa deportivo de sillas más célebre de la tele golfa se descolgaba ayer con una encuesta respecto a cuál era el equipo arábigo al que mejor se amoldaría (Vini, por supuesto, no Lamine). Como agudamente observaba nuestro colaborador Fred Gwynne, se tuvieron que inventar los nombres de los equipos. No pasa nada, habida cuenta de que la noticia en sí está inventada también.

 

¿A qué equipo se acoplaría mejor Vinícius?

  1. Balompédica Jeddehnse
  2. Al Mahalalil de Yanbu Al’Bahr
  3. Deportivo Diriyah
  4. Real Unión Abqaiq

 

Nosotros votamos por el Al Mahalalil.

Pero no como destino para Vini, sino como destino para Lamine Yamal.

Os dejamos con el resto de portadas del día. Que este sea fructífero.

No soy rencoroso. No me gusta pasar facturas. Pero tengo memoria, y me duele que el madridismo no esté unido cuando más falta nos hace. No va a faltar la lluvia torrencial de inmundicia de quienes son capaces de odiar en medio de una rivalidad que solía ser noble. No van a faltar demandas miserables de la RFEF ni de LaLiga con el denigrante apoyo de la infecta caterva de clubes dirigidos por mediocres que nunca se acercarán a la grandeza. No van a faltar las críticas despiadadas, los insultos y el menosprecio a nuestros jugadores. No van a faltar desalmados hurgando en la mugre para encontrar un bulo, cualquier crónica, noticia o narración malintencionados con el propósito de hacernos daño. Una cicatriz más sobre el escudo, una muesca más en la hoja de nuestra espada cada vez que se habla de que Vini tiene que corregir su temperamento, un joven deportista cuya nobleza no pueden entender, que jamás simuló un penalti ni dio una patada alevosa o un codazo "defensivo" como los de cierto número 10. Vini es castigado por exigir protección a los árbitros: pecado mortal, como vemos cada día de partido. Ahora ya es Jude quien está adquiriendo los defectos de Vini, mañana será Valverde, o Asencio. Queridos madridistas, estamos en guerra. Pero tenemos un escudo, tenemos una espada, tenemos la razón de nuestro lado y somos un ejército.

Por favor, no más madridismo vinagre, tóxico, no más masoquismo. El Real Madrid no es eso. No vamos a ganar siempre y ya sabemos que las lesiones han mermado gravemente al equipo. Ya sabemos que Ancelotti no es perfecto y que nos desespera con sus cambios a falta de cinco minutos para el final. Y sí, el club no quiere fichar medianías en enero para tener que venderlos perdiendo dinero: aunque no podáis entender la parte empresarial del deporte de élite, tenéis que confiar. Alguna vez saldrá mal, pero ha salido bien muchísimas veces.

Rivales íntimos

También sabemos que el Real Madrid no se puede explicar. El Real Madrid es lo que vimos en la Supercopa y es lo que hemos visto en el Etihad. ¿No empezáis a percibir un cierto tufillo en el aire? El cagómetro de Guasch no es un artefacto, es una cita anual indeterminada en el calendario que se suele activar con las fechas de los octavos de final de la Champions League y cuyos efectos causan estragos en los rivales. Todos los que esperaban este partido con el íntimo deseo de vernos caer empiezan a pensar que tal vez tengan que aguardar otro año (un año más...) para aspirar al título o asumir que el destino les cruzará con nosotros y que será lo que Dios quiera, y Dios nos quiere más que a nadie a todos los madridistas, incluyendo a nuestro buen @Ramon_AlvarezMM, que ya está mejor. .

el club no quiere fichar medianías en enero para tener que venderlos perdiendo dinero: aunque no podáis entender la parte empresarial del deporte de élite, tenéis que confiar. Alguna vez saldrá mal, pero ha salido bien muchísimas veces

Qué horror de Mendy, que no sabe dar un pase, pero que se ha marcado un tiki taka con Rodrygo en el área pequeña del City. Pobre Asencio, en el fondo, un canterano sin experiencia, que seguro que sucumbe ante el ciborg noruego con el 9 de los Sky Blues, ¿verdad?. Qué decir de Vini, que está como ausente... ¿Y Ceballos?, aunque ya haya aprendido a correr, no es jugador para el Real Madrid. Nadie ve a Valverde de lateral, no puede jugar tan atrás, no podrá llegar a chutar ni una vez... cómo vas a poner a Tchouaméni de central otra vez, cómo vas a confiar en ese centro del campo... ¡por Dios! ¡Por Dios, Carlo, reacciona...!

Pero Carlo, amigos, es un hombre tranquilo y sereno, que lleva con resignación de santo un peso enorme sobre los hombros. La temporada empezó torcida, con todo el madridismo vinagre haciendo mancuerna con el antimadridismo en la calle, en los estadios, en las salas de prensa, en las narraciones, en el CTA, en los medios; agazapados, envenenando el agua, corrompiendo el aire. Carlo, además, es un hombre sabio, que se equivoca como los mortales, pero que sabe exacta, precisa, milimétricamente, cómo controlar este animal salvaje de diez cabezas sobre el que cabalga. Este hombre, hoy, os va a perdonar; porque es feliz cuando las cosas salen bien y cuando se trae la esquiva victoria a casa para ofrecérnosla, humilde, a todos nosotros.

 

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Hace una semana y media el universo de la NBA se vio sacudido por uno de los traspasos más sonados de su historia y, por qué no decirlo, también de los más inexplicables. El grueso de la operación consistía en el cambio de cromos entre Dallas y Los Angeles de Luka Doncic y Anthony Davis. Enseguida se escucharon los tambores de guerra en público y prensa con titulares del estilo: “Absurdo intercambio entre un jugador de 32 años propenso a lesiones y la mayor estrella actual en su prime”, o “Los Mavericks se disparan un tiro en el pie y perpetran una cagada de dimensiones bíblicas”, o acaso “El general manager de Dallas acabó con las existencias de bourbon en el estado de Texas”. Se necesitaba, desde luego, una explicación para todo aquello.

El culpable, o la cara que han colocado los verdaderos culpables para llevarse las bofetadas públicas, responde al nombre de Nico Harrison, el mentado GM de los Mavericks. Cuando acabe la carrera de Luka en la NBA, espero que dentro de bastante tiempo, surgen dos posibilidades con respecto a este movimiento. La primera es que no cumpla en los Lakers con las expectativas, y la segunda es que consiga algún anillo de campeón y triunfe junto a su admirado LeBron James en la franquicia con más pompa y boato de la NBA. En el primer caso, Harrison saldrá como un héroe, un visionario, alguien que vislumbró el futuro y supo maniobrar. En el segundo, se le recordará como un Stu Inman con sombrero tejano, un imbécil con ínfulas de genio. (Stu Inman fue el ejecutivo de los Blazers de Portland que eligió a Sam Bowie por delante de Michael Jordan en el famoso draft de 1984).

Poco han tardado los dueños de los Mavericks en dejar caer que Luka Doncic es poco menos que un vago y gordo bebedor de cerveza, con escasa ética de trabajo y menos aun dedicación por la defensa. El caso es que se seguirá discutiendo sobre este traspaso durante mucho tiempo, en especial si Lakers y Mavericks coinciden en play-offs. Lo único que no es debatible es que la NBA volvió a recuperar un protagonismo que en los últimos tiempos va perdiendo poco a poco.

Dejando aparte el tema puramente deportivo y mercantil, y centrándonos más en el sentimental, como aficionado del Real Madrid deseo de todo corazón que a Luka Doncic le vaya a las mil maravillas en aquel mundo descarnado y salvaje llamado NBA. Talentos como ese nacen uno por cada generación, y ya con solo 25 años puede mirar a la cara a cualquier estrella europea que se haya calzado  unas botas de baloncesto, desde Drazen Petrovic a Arvydas Sabonis, o desde Dirk Nowitzki a Pau Gasol o Nikola Jokic. Luka merece terminar su andadura como profesional con lo que le falta, un anillo de campeón, ya que a nivel de clubs europeos lo consiguió todo en el Real Madrid.

Sin embargo, como se diría en una película de juicios: “Protesto, señoría”. Resulta que el que subscribe es un fan de los Boston Celtics, el eterno y ancestral enemigo de los amarillos de Los Angeles. ¿Cómo debería sentirme en una hipotética final entre las dos franquicias más laureadas de la historia de la NBA? ¿Qué pesaría más, mi amor deportivo por Luka o mi predilección por la leyenda y la historia de la mística del trébol? En una disyuntiva tremenda me hallo. En 2024 confieso que disfruté de la victoria de Boston en las finales contra los Mavericks de Doncic, y habiendo ahora unido sus fuerzas con los rivales de Hollywood, supongo que en 2025 disfrutaría con mayor motivo de otra victoria. Hace poco escuché a un fan de los Celtics afirmar que Luka se había unido al F.C. Barcelona de la NBA, el equipo de las palancas infinitas y el apoyo de las instituciones. No creo que la comparación sea demasiado acertada, aunque por otra parte siempre intuí las semejanzas entre Real Madrid y los Boston Celtics. Pese a todo, le deseo toda la suerte del mundo a nuestro Luka. Sea donde sea, siempre llevará consigo un pedazo de nuestro club en su corazón.

Antes de despedirme, quisiera presentarles mi último libro, “Crónicas del trébol”, un recorrido por la leyenda de los Celtics a través de pequeñas historias y anécdotas. Se adquiere aquí.

 

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Buenos días, amigos. Prosiguen los ecos del hito del Etihad, donde el Real Madrid ganó el martes a pesar de que no había ganado nunca en noventa minutos (los penaltis de la Quince van aparte), a pesar de que nadie nunca había ganado allí en el contexto europeo desde 2018. Algunos de esos ecos tratan sobre el triunfo colectivo y otros individualizan, como es inevitable en un negocio donde se pone el foco en los futbolistas (no siempre en Vinícius y no siempre en sentido negativo. Marca lo hizo así en memorable ocasión, pero su portada de hoy es menos nefanda que aquella, a Dios gracias).

Hoy el foco está en Bellingham, y por razones positivas. Hace recuento el diario dirigido por Juancho Gallardo de la cantidad de veces que un gol en el descuento anotado por el inglés ha dado la victoria a los suyos. Son seis las ocasiones. Más que las de ciertos futbolistas, originarios de Madeira y Camas respectivamente, en todas sus blancas carreras, y eso que Jude acaba de llegar, como quien dice.

Fue contra el Getafe, también contra el Union Berlin (ambas cuando llevaba semanas en el club), en ambos mal llamados clásicos de la temporada pasada y -ya en esta- Valencia y Manchester, esta última el martes rebañando una vaselina imperfecta del propio Vini. Vamos a añadir otra también  en Mestalla, no en este año sino en el anterior, aunque a un tal Gil Manzano no le pareciera apropiado dar por buena la diana. Ya saben: el balón estaba ya rozando la cabeza del de Birmingham para el testarazo del correspondiente gol ganador en el descuento, pero el colegiado más madridista (?) del CTA optó mejor por pitar el final en ese preciso instante. Tenía que renovar la tarjeta del parking y no podía esperar, a ver si vais a pensar que esas cosas solo os suceden a vosotros.  “It’s a fucking goal!”, clamó desesperado nuestro hombre. Infelizmente, no había tiempo para permitir el remate pese a estar ya el balón en su frente, pero sí para expulsarle. Ya sabéis que nuestros colegiados (algunos les llaman culegiados, por lo que sea) hablan un inglés de Cambridge que les permite, aunque no haya insulto, amonestar a quien no se exprese siempre en los términos más versallescos. El propio Gil Manzano, como es sabido, grita “Cáspita” o a lo sumo “Carambola” cuando se pilla un dedo con una puerta, reservando todo juramento en arameo a madridistas que quieran dañar la competición, en palabras de su dueño, Javier Tebas, a la sazón presidente de la Liga de Fútbol Profesional y ahora factótum también de la Real Federación Española de Fútbol, que ahora debería pasar a llamarse Anti-Real Federación etcétera.

Bellingham, de Birmingham. He’s got it, mate. Él lo tiene. Tiene el don. No solo juega y hace jugar. No solo roba balones con su interminable gadgeto-pierna. No solo ejerce como líder plenipotenciario y marca goles pese a no ser el hombre más adelantado (a veces son golazos, otros son puro oportunismo raulista).

Todo eso es verdad. Pero además tiene el don, ya decimos. Posee la capacidad de estar donde hay que estar cuando las fuerzas del rival flaquean y a otros les temblarían las piernas, es decir, allá donde el reloj avisa de que concluye toda opción de merecer o desmerecer. Bellingham de Birmingham siempre merece, y con mucha frecuencia lo hace valer cuando ya casi es mañana, cuando ya casi es el Más Allá, donde habitan los monstruos.

Lo sabemos, Marca, pero gracias por recordárnoslo. Jude es extraordinario. Es insigne, homérico, sensacional. En registros más castizos, podríamos identificarlo con la poronga con ojos, la reporonga, la leche que le han dado, la rehostia en mangas de telegrafista. Es un potencial Top5 de la historia del club o algo así, una bestia insaciable, de la estirpe de D. Alfredo, de Cristiano, del propio Raúl. Le comparan con Zidane pero el bueno de Zizou, como jugador, no unía a su imposible calidad técnica estas dosis de estajanovismo. Queremos tanto a Jude.

El resto de primeras planas vienen presididas por el aburrimiento y la contradicción. Por un lado hay un pulso entre Vinícius y Florentino (Sport), y por otro es cuestión de días que el brasileño renueve con el Madrid (As), de donde se resuelve que no hay tal pulso, siendo el pulso sinónimo de tensión. Nuestra información indica que ni una cosa ni la otra. Ni están a punto de renovarle, ni jugador y club están como Indiana Jones y Marion en aquella cabaña repleta de borrachos en plena Mongolia.

La portada de Mundo Deportivo nos desconcierta, porque el chiste es tan malo que no sabemos si es intencionado. Parece que ‘ta cerca, aunque ayer ‘taba mah lehoh.  ‘Té cerca o ‘té lehoh, el equipo cliente de Negreira busca reforzarse de cara al año próximo, y tened por seguro que lo conseguirá sin que tengamos por cierto de dónde sacan el dinero ni en virtud de qué les permitem inscribir.

Bueno, en virtud de qué demasiado bien lo sabemos.

Pasad un buen día.

El que golpea primero golpea dos veces. Ganó el Madrid. Y lo hizo en casa del City. Escenario en el que nunca había ganado. Y ganó porque lo mereció, a pesar de que el resultado haya sido extremadamente corto a tenor de lo que se vio en el terreno de juego.

La primera parte comenzó con una declaración de intenciones por parte de los de Ancelotti: en pocos pases, plantarse en área rival. Y durante los primeros quince minutos fue así. El Madrid, gracias a un Vinícius muy inspirado en el pase, gozó de dos ocasiones, muy claras, para adelantarse en el marcador: solo una gran parada de Ederson a Mbappé, tras un pase fantástico de Vini con el exterior de su bota derecha, y un error incomprensible de Mendy a puerta vacía.

El Madrid estuvo generando ocasiones y arrinconando al City a base de encontrar fisuras en su defensa…, pero esto es la Champions League y el fútbol, en general.  Una de sus normas es que el que perdona ocasiones lo termina pagando tarde o temprano. Dicho y hecho. En el minuto 19, Haaland aprovechó un contragolpe muy bien llevado por los locales y con el despiste de la defensa madridista, batió a Courtois en una acción en la que el belga debió achicar mejor el espacio y hacerse más grande ante el atacante noruego.

El gol sentó bastante mal en el Madrid, que se vio visiblemente afectado durante los siguientes minutos en los que el City comenzó a pisar el pico del área con facilidad, y rematando al larguero un cabezazo de Akanji, a la salida de un córner botado por Kevin de Bruyne.

Una vez terminada esta fase de aturdimiento, el Madrid volvió a conectar con el partido y pudo empatarlo, antes del descanso, en un remate franco de Mbappé que se marchó por encima de la portería. Pero seguía fallando demasiado: estaba teniendo ocasiones, y algunas bastante claras, pero no terminaban de entrar. Era cuestión de tiempo que alguna de ellas entrara, viendo la fragilidad defensiva del City, su pobre organización colectiva, y el bajo estado de forma de la mayoría de sus jugadores durante esta temporada.

El que golpea primero golpea dos veces. Ganó el Madrid. Y lo hizo en casa del City, donde nunca había ganado. Y ganó porque lo mereció, a pesar de que el resultado haya sido extremadamente corto a tenor de lo que se vio en el terreno de juego

La segunda parte arrancó con un susto que pudo haber cambiado el rumbo del encuentro y de la eliminatoria: Haaland mandó al travesaño un disparo que rebotó en Camavinga, y perdió la oportunidad de ampliar la diferencia. Y, como he dicho antes, el que perdona, acaba pagándolo. Tras esta oportunidad, el Madrid empezó a vivir sus mejores minutos: una circulación de balón fluida, con Camavinga creciendo tras su defectuosa primera parte; cada vez más amenazante por bandas con un Vinícius que estaba siendo una pesadilla para Rico Lewis y que, junto a Bellingham, avisaba de lo que iban a hacer un rato más tarde tras un cabezazo del británico que se marchó desviado; la pareja de centrales aumentó más si cabe su concentración y su presión, instalándose en campo contrario para no dejar recibir a Haaland tras perder el balón los del Madrid; y una nueva ocasión de Mbappé que taponó Ederson tras una gran jugada de Rodrygo por línea de fondo.

El empate era cuestión de tiempo, dado que el City llevaba varios minutos sin aparecer por la frontal del área madridista, y cada vez se veía con más dificultades para contener las ocasiones que estaban recibiendo. No es que el Madrid estuviera dominando mediante la posesión, simplemente encontraba espacios para generar dichas oportunidades gracias a la desorganización de los locales, bien fuera por jugadas de uno o dos toques en los que giraba por completo a los citizens, o bien a base de puro talento individual, como las ocasiones producidas por Vinícius o Rodrygo.

En el minuto 60, Mbappé puso las tablas en el marcador tras un gran pase de Ceballos, gracias a un remate un tanto extraño con la espinilla de su pierna derecha, del cual me importa más bien poco si fue intencionado o no, ya que acabó dentro de la portería.

La espinillera de Dios

A partir de este momento, el Madrid tuvo múltiples opciones para golear, de las cuales destaco un mano a mano de Bellingham que repelió Ederson tras un pase irreal de Federico Valverde, o un disparo cruzado del propio Fede que se fue lamiendo la cepa del poste izquierdo.

Pero, de nuevo, perdonar tanto tiene consecuencias. En el minuto 78, Foden recibió el balón en el pico del área, regateó con facilidad a un Mendy que no opuso apenas resistencia, y fue derribado dentro del área por Ceballos, quien fue demasiado impulsivo. Haaland transformó la pena máxima lanzando a su izquierda, engañando a Courtois y adelantando nuevamente al City.

Ancelotti reaccionó dando entrada a Modric y a Brahim por Ceballos y Rodrygo, y sus cambios, tardíos, como suele acostumbrar el técnico italiano, tuvieron un efecto prácticamente inmediato. En un error de Ederson en salida de balón, Brahim habilitó a Vinícius, cuyo disparo fue rechazado de manera poco contundente por el meta brasileño, y el propio Brahim, adelantándose a todos los defensores, remató a placer volviendo a equilibrar el marcador.

el Madrid ha dado un paso de gigante, pero no debe confiarse. El Manchester City es uno de los grandes de Europa y que cuenta con una serie de jugadores que, en cualquier momento, pueden cambiar el flujo del partido

Tras este nuevo empate, y a falta de pocos minutos para terminar el encuentro, lo lógico sería pensar que la eliminatoria se iría empatada al Bernabéu. Pero en el minuto 91 y con el partido prácticamente acabado, un nuevo error del Manchester City fue recogido por Vinícius, quien encaró a Ederson y levantó el balón ante la salida del portero, y Bellingham apareció para empujar el balón al fondo de la red.

El Madrid da un paso de gigante, ganando en campo rival y con la vuelta en el Bernabéu. Pero no debe confiarse, y más en una competición en la que las cosas pueden cambiar de un momento a otro. En condiciones normales, debería ganar el partido de vuelta ante un equipo que esta temporada parece una sombra de lo que fue: a nivel mental, físico y táctico, y con una falta de liderazgo en el centro del campo muy patente tras la lesión de Rodri. Pero no deja de ser el Manchester City, uno de los grandes de Europa, que cuenta con una serie de jugadores que, en cualquier momento, pueden cambiar el flujo del partido. La eliminatoria está encarrilada, pero el Madrid debe darle la estocada final en Chamartín.

 

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Pues tomamos Manchester, la parte mala de la historia de una de las más respetables y futboleras ciudades del mundo, donde el United, desde tiempo inmemorial, es lo más parecido al Real Madrid que hay en las islas. Pero no, anoche ganamos a los otros, a los de la ceja partida (o sin ceja) de la temporada pasada, a los que corrían como gamos durante los 90 minutos sin parar de presionar hace dos temporadas, a los dirigidos por el único e inmarcesible entrenador que en el mundo ha existido, don Pep Guardiola, ÉL. Claro que anoche corrían, pero no tanto, presionaban, pero no con tanta intensidad y tanto tiempo y, sí, tenían todos las cejas enteras y pobladas, mire usted qué casualidad.

Ganamos bien, ganamos en el césped y en el marcador, que podría haber sido más abultado si Ederson no se hubiera marcado un Oblak y no hubiera sacado los balones inverosímiles que paró en el Etihad Stadium. Y ganamos por 300ª vez en la Copa de Europa. Tiene gracia, suena a victoria 300ª de los 300. Esto, que parece una cifra sin importancia, es un dato tremendo. Ganar 300 veces en una competición que todos los clubes del viejo continente están deseando ya no ganar, sino participar, es de un mérito sideral, sobre todo si tenemos en cuenta que el Real Madrid sólo ha jugado 498 partidos en esta competición.

Ganamos por 300ª vez en la Copa de Europa. Tiene gracia, suena a victoria 300ª de los 300. Es un dato tremendo. Ganar 300 veces en una competición que todos los clubes están deseando ya no ganar, sino participar, es de un mérito sideral, sobre todo si tenemos en cuenta que el Real Madrid sólo ha jugado 498 partidos en esta competición

Esto es, en la Copa de Europa, en el evento más difícil de ganar del mundo entre clubes, ha ganado el 60,24% de los encuentros que ha disputado, una verdadera barbaridad. Lo de los quince títulos es de traca, pero ganar 6 de cada 10 partidos que juegas, sea en casa o en vaya usted a saber qué campo de Dios, es estratosférico. Hay que darle el valor que se merece a este dato, a esta victoria nº 300 del Real Madrid en la Copa de Europa. Alcemos nuestras madridistas y blancas copas llenas de lo que ustedes quieran y brindemos con furor por otras 300, al menos, en los mismos partidos jugados.

300 victorias

Mira que si al final Ancelotti va a tener razón… es que hay que ver. Hay que decir que la eliminatoria no está ganada ni mucho menos, que ellos son muy buenos, que Guardiola seguro que se saca una táctica de la manga para sorprendernos y que ya sabemos la facilidad que tiene nuestro equipo para complicarse la vida en las vueltas en casa de las eliminatorias que ha encarrilado fuera, que parece que sólo nos motiva el remontadismo y el taquicardismo, vaya. Pero es que el equipo dio ayer la sensación de funcionamiento al nivel de crucero esperado… esperado por unos pocos ilusos que confiamos siempre en la plantilla y negado por muchos que desde agosto están pidiendo la cabeza del entrenador. Me temo que otra vez, una vez más, nuestro querido italiano de la ceja (poblada, eso sí) levantada, les va a callar la boca y les va a agarrotar los dedos. Me alegraría mucho, puesto que el trato que está teniendo Carlo por los que se suponen que son los suyos es peor que el de los más sanguinarios enemigos. No digo nada, no lanzo las campanas al vuelo, pero sí que creo que este curso vamos a ir a Cibeles alguna que otra vez. Veremos.

Antes de acabar, hay que decir que Dani Ceballos dio su primera asistencia en competición europea jugando en el Real Madrid, cosa que es de celebrar porque, vaya asistencia, pardiez, vaya balconcito que envió a Mbappé (el fraude que ya lleva 24 goles, recuerden que he apostado por 45 este curso) para que este, con la espinilla, a lo Santillana, engañara al portero y la mandara dentro del marco. Bravo por los dos. Igual que bravo por el resto del equipo, que en circunstancias adversas en forma de lesiones se ha levantado y va por el buen camino, como he dicho antes.

Pero cómo no vamos a hablar de nuestros entrañables amigos de La Liga de Fútbol Profesional, que han elevado a la RFEF una denuncia por la carta que emitió el Real Madrid la semana pasada. Manda narices. Los comunicados de Gil Marín, del Sevilla de Del Nido hijo, las declaraciones de adulteración de competición (menuda caradura) de Laporta y demás sandeces que sueltan aquí y allá los entrenadores y los presidentes patrios no tienen repercusión alguna, salvo en la prensa para atizar al Madrid, claro, pero una carta del Real Madrid pidiendo que se fumigue la corrupción en el fútbol es motivo de denuncia. A ver qué pasa, no creo que tenga mucho recorrido pero, conociendo a esta tropa, me puedo imaginar cualquier cosa, la verdad. Me puedo imaginar una sanción en forma de multa o de puntos, que se recurrirá en vía administrativa hasta llegar al CSD (¡oh, no!). Y, en última instancia, a los Juzgados ordinarios. Veremos.

Otra casualidad, ayer salió en la prensa nostra una noticia del 29 de enero, el instructor del asunto de la difusión de un video sexual con menores implicadas ha mantenido la condición de investigado a Raúl Asencio. No seré yo quien niegue que se difunda la noticia, por supuesto, pero ya es causalidad que se haga el mismo día en que el Real Madrid se la jugaba en Manchester. Según lo que me ha llegado (bueno, a Javi, que es el que conoce de esto), el asunto no pasará de ahí porque no se espera que haya acusación formal contra nuestro central, por lo que, cumpliendo el principio acusatorio que informa el Derecho penal español, sin acusación, no puede haber condena. Mientras tanto, prima la presunción de inocencia. Me gustaría saber si cuando esta pesadilla pase los mismos medios difundirán con la misma intensidad la noticia en las redes sociales para conocimiento general como ayer. Me temo que no, claro.

RAC1, discúlpense públicamente, al menos, con la familia de nuestro querido Juan, que ya lleva más de treinta años aguantando escarnios, mofas y befas de la muerte de su padre, hermano, esposo o abuelo por el único motivo de ser una leyenda de las grandes del Real Madrid

Y para acabar, RAC 1. Anoche, en un programa de Twitch al que estuvo invitado Javi, Meritocracia Blanca, programa de su buen amigo Álvaro, se sacaron los audios de la narración de los goles de Manchester de esta cadena de radio, para solaz, sosiego y sorna de los invitados y del público asistente. Justo antes del gol de Brahim, los comentaristas estaban haciendo bromas con la remontada que debería hacer el Madrid en Chamartín la semana que viene, y, con la coña marinera, empezaron a invocar al espíritu de Juanito, pero, de una forma macabra, diciendo que habría que buscar una ouija, que a ver quién tiene el teléfono de Juanito, etc. Miren ustedes, métanse con los muertos de su… eso, dejen a los muertos en paz y, sobre todo, respeten a los muertos de los demás, que nadie se mete con los de ustedes.

Esta cadena, que jolgoriza con los goles que le meten al Real Madrid y que visten de luto riguroso cuando marcan los de blanco, que nos divierte tanto con lo de la centrada, la rematada y el gol del Madrit, en tono de enterrador triste, se podría guardar ciertos comentarios en salva sea la parte y, por favor, discúlpense públicamente, al menos, con la familia de nuestro querido Juan, que ya lleva más de treinta años aguantando escarnios, mofas y befas de la muerte de su padre, hermano, esposo o abuelo por el único motivo de ser una leyenda de las grandes del Real Madrid. Desde aquí quiero, en nombre de mi amigo Javi, que me lo ha encargado, mandarle un abrazo enorme a su amigo Roberto Gómez, hijo de Juan, que no se mete con nadie y tiene que aguantar un día sí y otro también cómo estos desalmados mancillan el buen nombre de su padre. Un abrazo enorme, Roberto.

Y me despido con la frase de Javi. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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En las pizarras del fútbol quien dicta la clase (ya sea Dios o quien corresponda) escribe a veces derecho con renglones torcidos. Esto es algo que los panenkitas no han calculado aún y, en consecuencia, se quedan en ocasiones cortos en el análisis. A lo mejor lo que les pasa, sencillamente, es que creen ser ellos los que emborronan el encerado.

El Madrid ayer jugó maravillosamente durante gran parte del partido, pero la ortodoxia (los renglones rectos) no le llevaron a buen puerto. Estaba encorsetado en demasía, formal como el marido con miedo a volar de la canción de Loquillo, y precisó soltarse, darse un poco a lo disoluto para materializar sus ocasiones. Mbappé dejó en el aire una silueta parecida a la que tú dejabas en el pasillo al volver a casa borracho y tropezar con el mueble despertando a tus padres, y gracias a eso el balón entró por fin. A veces te tienes que quitar la corbata en la boda para que la chica pija (a quien eso le parece fatal) se sienta al fin atraída por tu animal incorrección.

Le dio Kylian con la espinillera, que por no ser no es ni una parte de tu cuerpo, hasta ahí llega la heterodoxia. Viene a ser como rematar con una prótesis, no necesariamente del pene, y eso vale, ya lo creo que vale mientras siga existiendo un vacío legal al respecto. Ya sé que la bota tampoco es una parte de tu cuerpo, pero se me entiende. Hubo que hacerlo mal para que saliera bien. Los renglones torcidos del balompié y la espinillera de Dios, que no es siempre un esteta y no por necesidad va a darle de tacón. El interesado, su amigo brasileño y su amigo inglés se estozaban de risa a resultas del lance, y la escena nos hizo caer en la cuenta de la indudable similitud entre los viejos galácticos y el Rat Pack, aunque no queramos mucho que estos galácticos acaben pareciéndose a aquellos.

Hubo que hacerlo mal para que saliera bien. Los renglones torcidos del balompié y la espinillera de Dios, que no es siempre un esteta y no por necesidad va a darle de tacón

Lo que había prevalecido hasta ese momento era el maleficio de la seriedad. Enfrentarte envarado a la posteridad te cierra sus puertas, o sus porterías, si nos ceñimos a la de Ederson. Hizo falta hacer gala de otra joie de vivre, de una jovial inconsciencia teñida de iconoclastia, para que el gran fútbol terminara de cristalizar. Brahim cazó un rebote y la mandó para dentro como quizá no habría hecho tras una gran jugada individual, y fue solo el preludio de la otra gran hazaña etílica de la noche. Vinícius, que estuvo soberbio, ensayó una vaselina que sin embargo fue como como un gatillazo después de demasiados gin-tonics (“too much ginco-ginco”, le dijo una camarera oriental a un amigo mío al asistir con frustración a una sobrevenida insuficiencia eréctil), pero que también acabó bien porque la rebañó Bellingham, el de siempre, el hombre que le suelta “fuck off” a los linieres y a la muerte. Un Madrid repeinado impartió su magisterio en la academia, pero no selló una jornada inolvidable hasta que entró en la discoteca y empezó a olvidar que había que comportarse. Dos churros y un semichurro rubricaron la tesis doctoral, que estaba muy bien escrita pero no destinada a triunfar desde el atril. A veces la vida es así y hay que amarla o, en su defecto, amar al Madrid que la vida imita y no al contrario.

 

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