Anoche el Real Madrid consiguió frente a la Juventus el pase a cuartos. En un partido que dominó por completo el equipo de Xabi Alonso, el marcador se nos antoja cortísimo, pues perfectamente pudimos hacer tres o cuatro goles al equipo de Turín. Michele Di Gregorio fue el hombre del partido. Hasta anoche no conocía de su existencia y el portero de 27 años me sorprendió. Los italianos parecen tener la fórmula secreta para parir guardametas de nivel. Di Gregorio fue un muro en la portería y por momentos consiguió desquiciar a todos los jugadores merengues.
En el Madrid volvieron a brillar los once futbolistas titulares, pero un hombre destacó con brillo propio: Gonzalo García. Además de abrir el marcador con un cabezazo impecable, el canterano se mostró de nuevo participativo y sorprendentemente clarividente. Gonzalo es un delantero que juega aparentemente fácil, no escatima esfuerzos y siempre elige bien. El madrileño está dejando tantas actuaciones brillantes que bien merece el texto laudatorio que Antonio Valderrama le brindó este martes en La Galerna.
Partido a partido, este Real Madrid de Xabi Alonso va tomando un cuerpo estimable. Podemos decir sin exagerar que los jugadores parecen haber aprendido rápidamente la lección que su nuevo técnico les inculca desde el minuto uno: juego combinativo, seriedad en el juego, polivalencia y rapidez. Dean Huijsen se ha adaptado a la perfección a su nuevo equipo y Trent Alexander-Arnold va dejando destellos de su calidad. Anoche sirvió un centro perfecto para que Gonzalo abriera el marcador.
El Real Madrid buscará el sábado 5 de julio en Nueva Jersey el pase a semifinales. El cuadro se le queda bastante abierto para llegar a jugar contra PSG o Bayern de Múnich el pasaporte a la final de la primera Copa Mundial de Clubes de la FIFA 2025. Podemos afirmar que nuestra presumible semifinal sería una final anticipada, pues en la otra parte del cuadro el Chelsea es el único equipo teóricamente serio. La caída del Inter de Milán y del Manchester City dejan bastante despejado el camino al título para el equipo de Londres.
Gonzalo es un delantero que juega aparentemente fácil, no escatima esfuerzos y siempre elige bien
Y entre partido y partido de este Mundial de Clubes, siempre hay tiempo para reflexionar sobre el verano futbolístico, los fichajes y las expectativas. Para ello, invito a la reflexión ponderada. Como aficionados, podemos aspirar a lo máximo y querer la luna, pero es mucho más sano y realista poner en perspectiva nuestros deseos en función de nuestras posibilidades.
El Real Madrid llega a este verano con gran parte del trabajo hecho. Hizo los deberes para afrontar con garantías la Copa Mundial de Clubes de la FIFA e incluso puso la guinda en el pastel con el fichaje de Franco Mastantuono. La joven perla argentina se incorporará justo para la pretemporada tras el Mundial. Las expectativas con el jugador de River Plate son máximas. Y la verdad, los partidos que he visto en el campeonato del mundo son muy buenos. Imposible no ilusionarse con un talento así. No obstante, entre las filas del madridismo se cierne cierta preocupación. Para muchos, la plantilla tiene muchas lagunas.
Nos hemos pasado media temporada leyendo que el Real Madrid necesitaba urgentemente un central y un lateral. Ahora que los tenemos, necesitamos dos más. O tres. No basta con la llegada de Trent Alexander-Arnold y Dean Huijsen. Tampoco valdría si llegase Álvaro Carreras. Para el respetable, sediento de ambición, el club debe traer más refuerzos. Pues sí, pero paso a paso. ¿Acaso queremos que el Madrid traiga refuerzos de nivel de un plumazo? ¿Esto es viable? No. Normalmente, para reforzar bien toda una línea necesitas tiempo y ventanas de fichajes.
A su vez, se nos dice que el Real Madrid necesita un 5 de toque y clase. Al parecer el fichaje de un 5 es la solución para todos nuestros males. ¿Qué jugador se propone? Cualquiera. Se comenta que Martín Zubimendi es la reencarnación de Fernando Redondo. Inclusive, para algunos Rodri Hernández es el hombre. Tras un año en blanco recuperándose de una lesión de larga duración, para muchos el español es una obligación. Si el Madrid no va por él es que Florentino es un blando. Es más, si finalmente el 5 no llega a venir, temporada perdida. Nuestros centrocampistas son unos piernas, unos tuercebotas. Ninguno vale.
Como aficionados, podemos aspirar a lo máximo y querer la luna, pero es mucho más sano y realista poner en perspectiva nuestros deseos en función de nuestras posibilidades
Y ahora, en un triple salto mortal, el problema vuelve a ser el 9. ¡Cómo no! Todos los veranos el mismo cuento con el 9. Kylian Mbappé es el actual Bota de Oro 2024-25 pero para muchos no tiene gol. Con 31 tantos y 62 puntos, el francés no tiene olfato de killer. Se añora una figura tipo Joselu. Para mi sorpresa, Ante Budimir es el hombre deseado. El delantero croata de 34 años, actual jugador del C. A. Osasuna, sería el relevo adecuado para el rol de revulsivo. Yo no doy crédito, pero es lo que se demanda.
Todo va fluctuando. Me acuerdo perfectamente del verano de 2023 cuando llegó Joselu. Todavía recuerdo el cachondeo en redes con aquello de “el 9 es Joselu”. El canterano volvía al club de su vida entre el estupor de buena parte de la afición. De hecho, dejé constancia de ello en mi columna del 22 de junio de 2023 llamada El madridismo ansioso. Dos años más tarde, la ansiedad sigue haciendo estragos. Recomiendo a todos mucha paciencia y refugiarse debajo de un buen aire acondicionado. ¡Feliz verano!
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El Madrid logró su pase a cuartos del Mundial de Clubes ante la Juve y desde fcQuiz te retan a acertar las ocho preguntas que han ideado para medir tus conocimientos sobre la trayectoria de los blancos en el torneo.
¿Aceptas el reto?
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Buenos días, amigos. El Real Madrid ya está en cuartos del Mundial de Clubes tras vencer 1-0 a la Juventus de Turín, equipo —según insistieron en DAZN— «en construcción», suponemos que a diferencia del Madrid, que lleva siendo entrenado por Xabi Alonso varios decenios.
Lo cierto es que la victoria no fue fácil. Por varios motivos. Xabi repitió planteamiento con tres centrales, pero la Juve comenzó más retraída de lo esperado y el juego blanco era espeso como un café con pegamento sin desnatar. Al Madrid le costaba crear ocasiones mientras los bianconeri gozaron de un par de ellas buenas.
En esos momentos, comenzaron a leerse los habituales «el Madrid no juega a nada» o «fulanito o menganito no sirven en absoluto». Lógico, ¿quién tiene media hora de paciencia con el Madrid?
Entonces llegaron primero la pausa para hidratación y después el descanso. El entrenador vikingo aprovechó los recesos para ajustar las ruedecitas tácticas de la escuadra como si estuviese sintonizando un televisor de 1978. Unas vueltecitas para subir a Tchouaméni, otras para recolocar un poco a Güler, unas pocas más para ajustar el tracking y el contraste.
Resultado: a los pocos minutos el Madrid estaba bombardeando la meta italiana, defendida con muchísima brillantez por Di Gregorio, arquero con nombre de papable y más rápido de pies y manos que un pulpo girando atado a un ventilador.
Como apunta con acierto el galernauta @jorgeneo, «Descanso + pausas de hidratación es darle demasiadas ventajas a Xabi Alonso. Maestro». No descartéis que de repente surja un movimiento para abolir ambos paréntesis del juego acusando al Madrid de hacer trampas por contar con un entrenador inteligente.
Descanso + pausas de hidratación es darle demasiadas ventajas a Xabi Alonso. Maestro 🪄
— Jorge (@jorgeneo) July 1, 2025
Aclaración para los que se la cogen con papel de fumar: el párrafo anterior no supone un ataque a Carlo Ancelotti, entrenador más laureado de la historia del Real Madrid.
El escudo antimisiles juventino funcionó hasta que Gonzalo —desencadenado, como dice Marca— brincó, marcó los tiempos y remachó de cabeza a la red un centro gourmet de un Alexander-Arnold que quiso subirse al tren de las asistencias.
A todos nos vino a la cabeza Santillana. Incluso a los que no lo vieron jugar nunca en directo. Porque Charly es un trocito de la historia del Madrid grabado en las cadenas de nucleótidos que se trasmiten de generación en generación blanca.
Gonzalo presiona, Gonzalo asiste, Gonzalo descarga, Gonzalo Marca. Gonzalo Unchained, habría titulado Tarantino. El Dr. Xabi Schultz le ha otorgado libertad y Gonzalo García, liberado de los grilletes de la cantera, cabalga con el primer equipo por los campos del Mundial siendo determinante. Ningún rival ha salido vivo con el madrileño en el campo.
En puridad, Gonzalo no fue el futbolista que mejor jugó, pero sí el más decisivo: marcó el gol de la victoria. El MVP oficial fue Valverde. La exhibición del uruguayo fue una animalada técnica, táctica y física.
Hace más de cuatro años, Fred Gwynne vaticinó que Valverde acabaría siendo capitán del Real Madrid y ha acertado de pleno.
Valverde acabará siendo capitán del Real Madrid.
Y esto, más que un deseo, es una certeza. pic.twitter.com/6CPZN4a2gX
— fred gwynne (@FGwynne) April 14, 2021
Capitán en todos los sentidos y el jugador que hace la vida más fácil a Xabi, según las propias palabras del técnico. Alonso, como afirma nuestro editor Jesús Bengoechea en No es solo que esto pinte bien: «ha conseguido establecer en tiempo récord un nuevo paradigma de juego que los futbolistas están haciendo lucir con profesionalidad y entusiasmo, tanto las caras nuevas como los viejos héroes». Logro nada desdeñable que invita al optimismo.
Hay más motivos para la ilusión, por ejemplo el desempeño de Tchouaméni en defensa, en el medio o donde le pongan. Al bueno de Aurélien le volverán a crucificar al primer partido malo, que lo habrá, como los tienen todos, pero el estado de forma y su importancia en el equipo son elevados.
Tenéis más detalles de lo sucedido en el encuentro en la crónica de Paco Sánchez Palomares, las notas de Genaro Desailly y la crónica arbitral de Alberto Cosín.
Mientras el Madrid exhibía palmito en el Mundial de Clubes, Tebas intentaba contraprogramar a su mayor activo, el propio club blanco, realizando el sorteo de LaLiga durante el choque mundialista. Se dejó llevar por su odio sarraceno y quedó retratado, apenas nadie se enteró de la rifa de bar. Casi ni se menciona en las portadas, salvo algún pequeño recuadro.
El problema de Tebas, y del resto de antimadridistas, es que el Madrid es demasiado grande para opacarlo. Si tapas el sol con el dedo, el único que deja de verlo eres tú, el resto del mundo sigue deslumbrado por su luz.
Porque, como escribe hoy Athos Dumas en El arte cinematográfico en Miami: «El amo del mundo, en Miami, no era por supuesto el mafioso Tony Montana, víctima de sus propios pecados y de su decadencia moral. El amo del mundo de la tarde en Florida era una vez más el mejor, el equipo de las 15 Copas de Europa, el club de los 600 millones de seguidores en redes sociales».
Pasad un buen día.
Miami es conocida mundialmente como lugar de ensueño, paradisíaco, segunda residencia de numerosos millonarios, el sueño de miles y miles de hispanos que la consideran el Eldorado del siglo XXI.
Ciudad cinematográfica por excelencia, allí fue donde Fredo Corleone gestó su caída en desgracia ante su hermano Michael y donde Tony Montana, el Scarface de los años 80, se creía el amo del mundo.
Nunca fue Miami una ciudad futbolera en Estados Unidos, está a gran distancia de Los Ángeles y también de otras pioneras como Seattle o Portland. En el mundo del deporte, Miami tuvo un gran equipo exitoso en los años 70, los Dolphins —que ejercerán próximamente de local en el Bernabéu ante los Commanders de Washington—, campeones de la Superbowl en 1972 y 1973, y ya en este siglo los Heat lograron tres anillos de NBA (2006, 2012 y 2013) a los mandos del mago Pat Riley —primero como entrenador y luego como máximo dirigente—, con figuras estelares como Shaquille O'Neal y, sobre todo, Dwyane Wade y LeBron James.
Que no sea futbolera por tradición no significa que no guste el fútbol —soccer por aquellos pagos—, de hecho, aparte del nuevo rico Inter de Miami (fundado tan solo en 2020), son unos apasionados del Real Madrid desde siempre, sobre todo desde las giras americanas de los merengues. Ha contrastado sobremanera los llenos que ha logrado el Madrid en el Hard Rock Stadium (home of the Dolphins) respecto a asistencias de otros equipos en ese mismo recinto. Comparaciones más odiosas que nunca. El Real Madrid vende y enamora allá por donde aparece, los demás equipos están a años luz.
Como bien se dijo en DAZN, durante el partido de octavos Real Madrid-Juventus, posiblemente la proporción de madridistas versus juventinos era de 98 a 2. Estadio lleno y blanco, a veces ni siquiera en el Santiago Bernabéu se ve dicha proporción. Entusiasmo total y gente feliz luciendo sus zamarras de Mbappé, de Modric, de Cristiano, de Jude.
El amo del mundo, en Miami, no era por supuesto el mafioso Tony Montana. El amo del mundo de la tarde en Florida era una vez más el mejor, el equipo de las 15 Copas de Europa, el club de los 600 millones de seguidores en redes sociales
El partido tardó en arrancar por parte merengue, con un par de despistes defensivos que propiciaron alguna tímida ocasión de Kolo Muani, lanzado por el mejor bianconero, el turco Yildiz. A partir de ahí, poco a poco, fue marcando el equipo madrileño el ritmo del partido, calentaban motores Valverde y Bellingham, empezaba a culebrear Vinícius. Aunque al descanso se fue con empate a cero, había un equipo claramente superior al otro, y el meta Di Gregorio ya había evitado varios platos rotos.
En la segunda parte, los primeros 25 minutos fueron una sinfonía interminable de ocasiones blancas, comandados por una dupla excepcional, Valverde-Bellingham y con unas incursiones de Vinícius que rememoraron las mejores intervenciones del carioca en la temporada 23-24, la mejor de su carrera. Apenas se sufría en defensa, con un Tchouaméni convertido cada día más en el jefe absoluto, y los carrileros Fran y Trent, empezaban a volver locos a los piamonteses.
Precisamente tras una serie de bombardeos sobre Di Gregorio, Alexander-Arnold puso un centro en la línea del área pequeña y allí surgió, cual el Puma Santillana, el joven Gonzalo García, que suma cuatro titularidades consecutivas y en cada una de ellas una acción de valor gol: 1 asistencia de lujo a Güler ante Pachuca y un gol en cada una de las contiendas ante Al-Hilal, FC Salzburg y Juventus.
Hubo más ocasiones mientras que Courtois tuvo que hacer su hazaña de cada día, evitando un tiro de Conceiçao como el que espanta un moscardón molesto. Valverde incluso estuvo cerca de marcar de chilena, y Tchouaméni a punto estuvo de anotar el 2-0, aunque lo evitó una intervención primorosa de Di Gregorio, que mereció el sueldo que alguno de sus compañeros de defensa no se ganaron a pulso.
El amo del mundo, en Miami, no era por supuesto el mafioso Tony Montana, víctima de sus propios pecados y de su decadencia moral. El amo del mundo de la tarde en Florida era una vez más el mejor, el equipo de las 15 Copas de Europa, el club de los 600 millones de seguidores en redes sociales. El que llena los campos y el que realmente es el motor de esta competición, el Mundial de Clubs, al que se puede augurar desde ya que va a tener una notable continuidad. La imagen en el palco con Infantino, ufano por el espectáculo merengue, al lado de un más que satisfecho presidente Florentino Pérez, es posiblemente una de las imágenes de este torneo. No hacen falta City, ni Inter, finalistas recientes de finales de Champions.
Miami fue como una sustancia con fines medicinales, no como en los tiempos de la serie que hizo famoso a Don Johnson, Corrupción en Miami, o, mejor dicho, Miami Vice en versión original. Y es que el Real Madrid, incluso tras una temporada mediocre, sigue siendo no una droga, sino un fármaco benigno, una adicción saludable que nos hace vibrar y olvidarnos de los 40 grados perennes en la capital.
Ya estamos en cuartos de final, y el sábado a las 10 de la noche habrá muchos millones de espectadores de todo el mundo para ver el film bélico protagonizado por el Real Madrid y el Borussia Dortmund. Esto es cine, queridos, de acción y de emociones. Y la secuela de la película de Miami se va a rodar nada menos que en la capital del mundo, Nueva York, quizás la urbe más veces filmada en la historia del celuloide. Con un actorazo de primer nivel de protagonista: el Real Madrid Club de fútbol.
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Lo de que esto pinta bien ya lo habíamos dicho, y además es más propio de la fase de grupos, cuando la falta de familiaridad con el torneo y el raro momento de su desarrollo nos engendraban unos juicios poco apasionados, de mero ensayo veraniego. Ahora, llegados a cuartos, tras eliminar a una Vecchia Ma Forte Signora, esto ya no va tanto de decir si la cosa pinta bien o mal, sino de establecer como una verdad sólida que el Real Madrid puede ganar el Mundial de Clubes en su primera edición.
Al serlo, no puede por definición hablarse de un título con prestigio ni solera, si bien todo hace intuir que lo será a despecho de quienes se oponen, que lo hacen como la zorra mirando las uvas. Lo cierto es que el Madrid está a tres partidos de ganar un trofeo con trazas de incipiente pero máxima grandeza. La perspectiva histórica de lo que es el club blanco acarrea una vocación pionera en el éxito, y esta perspectiva puede cumplirse. Lo hará o no, pero celebremos la expectativa, que se torna factible porque (ahora sí lo diremos) esto pinta bien.
Espoleado por una fe ciega, de la que ha dado muestras en público y desde muy temprana hora, Xabi Alonso ha conseguido establecer en tiempo récord un nuevo paradigma de juego que los futbolistas están haciendo lucir con profesionalidad y entusiasmo, tanto las caras nuevas como los viejos héroes. Tiene gracia llamar viejo a Vinícius, pero al brasileño lo adorna el compromiso de los veteranos en contra de las opiniones de sus odiadores, de desesperante superficialidad (las opiniones, no los odiadores, aunque quizá también). Xabi parece obstinado en avanzar en una transformación ya ensayada. Vini no va a ser solo un gambeteador, ni siquiera el mejor gambeteador del mundo. Va a ser un maestro del pase con el exterior, de la templanza frente al portero, del virtuosismo con sentido y de la lectura de cada encuentro. Produce infinita pereza reconducir a los escépticos (máxime cuando se sospecha de sus motivaciones subliminales), pero parece que hace falta. No juega mal, simplemente es otro futbolista más redondo, más completo, y como tal más sostenible en el tiempo. Un regateador explosivo te dura con suerte unos pocos años. Este Vini va a durar mucho, y ya me relamo ante la exasperación de sus detractores, lleven la camiseta que lleven.
esto ya no va tanto de decir si la cosa pinta bien o mal, sino de establecer como una verdad sólida que el Real Madrid puede ganar el Mundial de Clubes en su primera edición
Por lo demás, Gonzalo es una realidad apabullante ya. Un tío que marca prácticamente siempre es más que una solución esporádica. Huijsen está redefiniendo la salida de balón del equipo, y está llamado a ser una leyenda pese a que sus maneras pausadas parezcan regañadas con la épica. No lo están. Trent tampoco será nunca el pecho frío que nos han retratado los agoreros, por la sencilla razón de que Xabi no le dejará serlo. Si consigues inyectar de ardor guerrero el esternón de un tipo capaz de poner el balón donde le da la gana, tendrás todas las papeletas para el éxito (¿no representaba el propio Xabi esa dualidad?).
Son los nuevos y son los de siempre. Un Valverde más ofensivo que nunca (Xabi confesó que le recordaba a Steve Gerrard) y un Tchouaméni rocoso podrían encontrarse también ante las mejores temporadas de su vida, acompañados por la alquimia de un Güler que une ya pericia con casta.
No sé si me ha notado, pero me gusta este Madrid. Y sí: puede ganar el Mundial.
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-Courtois: NOTABLE. Aunque el gran protagonista bajo los palos fue Di Gregorio, que salvó a la Juve en incontables ocasiones, el belga también ofreció su habitual ración de buenas paradas.
-Trent: APROBADO ALTO. Su centro en el gol vale su peso en oro. Desubicado aún a ratos, pero metiendo balones que denotan su gran categoría.
-Fran García: NOTABLE. Omnipresente, y casi siempre con acierto.
-Tchouaméni: SOBRESALIENTE. El mejor de la línea de atrás. Inmaculado, firme, pletórico, y perfilándose en ataque con peligro en remates de cabeza y tiros lejanos.
-Huijsen: NOTABLE. La línea de tres centrales hace que la responsabilidad en la salida de balón esté más repartida, con lo que luce menos su buen pie. Con todo, estuvo impecable. Casi marca en una gran volea desde lejos.
-Rüdiger: APROBADO ALTO. Oficio y liderazgo.
-Valverde: SOBRESALIENTE. Mereció el gol, del que le privó Di Gregorio. Lo intentó hasta de chilena. Marcará muchos con Xabi. Se hizo con todos los rechaces en la frontal de la Juve, como si calzara un imán. Enorme en el corte y pujante en la presión.
-Güler: NOTABLE. Mandón, energético y con detalles geniales. Presiona y roba balones como el que más.
-Bellingham: APROBADO ALTO. Enorme desgaste y un constante peligro para el marco juventino.
-Vinícius: NOTABLE. Sensacional partido en la presión y permanente dolor de muelas por su banda. Su abanico de aportaciones al ataque se va ampliando.
-Gonzalo: NOTABLE. Pocas más intervenciones aparte del gol. Para qué quieres más. Lo suyo va muy en serio.
-Mbappé: SUSPENSO. Muy desdibujado en los 25 minutos que tuvo, sin duda afectado aún por las consecuencias de su enfermedad.
-Modric y Ceballos: SIN CALIFICAR.
-Xabi Alonso: SOBRESALIENTE. Perfecto planteamiento, buscando el vértigo y la pausa cuando convenía en cada ocasión.
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Arbitró el polaco Szymon Marciniak. En el VAR estuvo su compatriota Tomasz Kwiatkowski.
Partido de guante blanco con un ritmo bajo y sin apenas faltas.
Solo hubo un amonestado, que fue Bellingham por una entrada por detrás a Nico González en el 86'. También pudo verla antes Rugani por golpear en la cabeza a Gonzalo en un salto, pero el polaco lo dejó en advertencia verbal.
Por último, en el 94' hubo una caída de Kolo Muani en una pugna con Rüdiger, que realizó una carga legal.
Marciniak, BIEN.
Después de las eliminaciones de dos favoritos en sus respetivos partidos como Inter y City —que no es un tren, sino dos clubes europeos punteros— el Madrid no quería ser el siguiente grande en caer en octavos de este Mundial. Lo que ocurre es que enfrente le esperaba otro grande, la Juve. Finalmente se clasificó. Fue de menos a más, con un Fede pletórico y un Gonzalo, de nuevo determinante, autor del gol que mete al Madrid de cabeza en cuartos.
Xabi Alonso repitió planteamiento inicial. El triunvirato Rüdiger, Tchouaméni y Huijsen flanqueado por Fran García y Trent conformaban la retaguardia. Güler, de nuevo al volante, junto a Valverde y Bellingham. En punta, Vini y un Gonzalo que se asienta.
La primera ocasión clara fue para la Juve, Kolo Muani encaró a Courtois con mucho peligro, afortunadamente elevó demasiado el balón y acabó saliendo de los límites del terreno de juego por encima del larguero. Poco después, Yildiz descerrajó un tirazo que no acabó en gol porque Tchouaméni pudo desviar con la puntera de la bota. Estaba juguetón el 10 bianconero.
El partido entró en stand by veraniego. Como si Xabi hubiese telefoneado a Tudor al más puro estilo Gila: ¿Es el enemigo? Que digo yo que podíamos parar un rato para ver el partido, que están jugando el Madrid y la Juve.
Poco antes de la media hora se sucedieron de nuevo varias acciones más intensas. Bellingham pudo marcar el primero mediante un tiro cercano, pero Di Gregorio salvó al modo de un guardameta de fútbol sala.
Minutos más tarde, Tchouaméni cabeceó al aire en lugar de al balón y desperdició una inmejorable ocasión.
El encuentro de los blancos no contaba con la intensidad, fluidez y atractivo del anterior. El rival tampoco era el mismo, pero el juego del Madrid era farragoso como la excusa de un político. A menudo esos problemas se solucionan con un zapatazo. Eso pensó Fede en el 45' y arreó un zurriagazo que Di Gregorio despejó a córner aunando eficacia y plasticidad.
Empate a cero al descanso. El Madrid necesitaba mover el balón con más velocidad, pero el cansancio era patente en ambos equipos. Esperábamos que Xabi tomase las medidas tácticas precisas para mejorar el panorama. Y así fue.
En la reanudación, una voleíta de Valverde, floja pero peligrosa, no se fue por mucho a la derecha del meta juventino. Poco después, un desajuste entre Rüdiger y Courtois provocó taquicardias en la parroquia blanca.
El Madrid fue de menos a más, con un Fede pletórico y un Gonzalo, de nuevo determinante, autor del gol que mete al Madrid de cabeza en cuartos
Di Gregorio, una vez más, evitó el primero del Madrid. Jude había driblado y chutado abajo y al palo corto. Acto seguido, salvó una volea lejana de Huijsen.
A la tercera fue la vencida. Un centro preciso de Trent lo reventó de cabeza el 30 madridista para adelantar 1-0 al Madrid. Un remate con aroma a Santillana. Qué bien remata de cabeza Gonzalo, cuánto nos gusta a los madridistas que así sea y qué valioso es un jugador con sus características, capaz de ofrecer alternativas interesantes.
Cuando el Madrid imprimió más intensidad que la del soplido de un asmático, llegaron primero las ocasiones y después el gol
La Juve no tardó en responder y Thibaut se vio obligado a repeler un remate de Conceição. Francisco, no Flavio, aquella suerte de acelga cocida en el medio del campo que vistió la camiseta blanca a principios de siglo.
Fede —here, there and everywhere— se atrevió con la suerte conocida como chilena, pero una vez más Di Gregorio despejó el acrobático remate. No tuvo bastante el meta y en el 71 evitó el gol de Güler tras una gran combinación entre Vini, Mbappé —que acababa de sustituir a Gonzalo— y Valverde.
En el 80 Vini se coló por el carril bici hasta la línea continua, sin embargo, su pase de la muerte fue liquidado por la defensa antes de llegar a las botas de Kylian.
Di Gregorio, again, realizó otra intervención de mucho mérito. Desvió con la yema de los guantes un disparo raso y lejano de Tchouaméni.
En el 90', la sustitución de Valverde por Ceballos. Fede es el futbolista total. Partido gigantesco del capitán del Madrid hasta que cedió el brazalete a Modric. El gol de Gonzalo no solo sirvió para ganar, también evitó que fuese el último encuentro del croata con el Real Madrid.
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Lo primero que supimos de él fue un gol en el descuento que hacía ganar al Madrid una eliminatoria de Copa. Como bautismo de fuego no está mal. Gonzalo saltó al campo y tocó una sola vez el balón: un cabezazo canónico, ejecutando perfectamente los tiempos, con lo que tuvimos claro que el muchacho conoce bien los rudimentos de su oficio.
Ahora, el Mundial de Clubes está siendo su debut con picadores, y lo cierto es que se puede decir que Gonzalo está preparado de sobra para tomar la alternativa. Lo mejor que tiene es una intuición natural para entender el vaivén del juego, algo no menor y que no hay que dar por hecho que lo tienen todos los futbolistas profesionales. En un delantero centro, esa inteligencia resulta una virtud muy notable, casi imprescindible, y tal y como está el fútbol en este momento constituye, además, un capital valiosísimo. Gonzalo está explotando bien.
Lo mejor que tiene es una intuición natural para entender el vaivén del juego, algo no menor y que no hay que dar por hecho que lo tienen todos los futbolistas profesionales
Los canteranos tienen que saber reconocer su momentum. El fútbol europeo está lleno de gente que salió de la academia del Madrid, en gran medida porque, en el primer equipo, no tenían sitio. Gonzalo ha irrumpido en un momento en el que Xabi Alonso tiene a su disposición un par de monstruos totales, Mbappé y Vinícius, además de varios perfiles de jugador de área distintos, como Endrick o Rodrigo. Y sin embargo de ninguno se puede decir que sea un rematador puro, un nueve clásico. Que, por otra parte, no han abundado mucho en el Madrid contemporáneo: Van Nistelrooy, el fugaz Adebayor y el breve, pero glorioso, paso de Joselu.
Pero Gonzalo es más que un Joselu-type striker. En un equipo cuya historia reciente ha quedado marcada por la impronta de alguien como Karim Benzema, es preciso que su delantero centro tenga otras cualidades. Gonzalo es rápido y sabe estar siempre bien colocado para que sus movimientos contribuyan a maximizar la potencia de fuego de Vinícius, Bellingham o Valverde. Es la concepción del nueve como un distribuidor de juego y espacios entre la segunda línea y las alas del ataque, un tipo capaz de hacer saltar por los aires la presión rival con una ruptura o un apoyo en corto; para aparecer después en el sitio donde caen siempre los rechaces, dentro del área, y golpear.
Al igual que la poesía de Borges que su tío-bisabuelo ayudó a publicar por primera vez en la revista Grecia de los ultraístas sevillanos, Gonzalo también es un arma que parece cargada de futuro
De cabeza va como un avión, a pesar de que no es especialmente alto. Tiene recursos técnicos jugosos como, por ejemplo, la vaselina, casi más gutista, por fina y elegante, que raulista. Es completo y tiene espíritu. Sobre todo, lo que tiene es hambre, y quizá eso es lo más importante de todo.
Gonzalo, además, pertenece a un linaje de artistas andaluces, con origen en Paradas, provincia de Sevilla. Su abuelo, de segundo apellido Cansino, fue un torero sin suerte, primo de Rita Hayworth, que era hija de un bailaor flamenco también pariente de Rafael Cansinos-Assens, uno de los grandes promotores literarios de la primera mitad del siglo XX en España. Los Cansinos-Assens, que por el camino perdieron la ese del apellido, una estirpe ilustre con sangre sefardí que, además, cuentan ahora en su prosapia con un delantero centro del Real Madrid. Que, al igual que la poesía de Borges que su tío-bisabuelo ayudó a publicar por primera vez en la revista Grecia de los ultraístas sevillanos, también es un arma que parece cargada de futuro.
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Buenos días, queridos amigos. Hoy debemos adoptar un tono grave, más serio, la actualidad lo requiere. Los devaneos del fútbol con la linde de lo tolerable están llegando a un punto de no retorno. Las exigencias de elementos ornamentales de este deporte, como los jugadores o sus propios agentes, flirtean con el despropósito. Encontramos un ejemplo en la portada de Mundo Deportivo.
«Nico se encalla. Su agente exige máximas garantías de inscripción que el Barça considera inaceptables y no estaban pactadas». Una vez más, el siempre veraz y comedido diario de Godó —¡grande de España!— vuelve a dar en la diana con la palabra clave de esta ópera bufa: inaceptable.
La exigencia de máximas garantías para que Nico Williams sea inscrito supondría que el Barça debería cumplir con una serie absurda de normas y reglas, amén de observar toda la legislación vigente al respecto. Incluso significaría que el propio Ejecutivo, el Gobierno, la respetara. Hecho este último que supera la inaceptabilidad y se instala en el escándalo. Por atrevido e inusual.
El diario Sport, abanderado —no nos referimos a la marca de ropa interior— de la ética periodística y faro moral de occidente, sigue la senda de la otra cabecera catalana: «El club (el Barça) se resiste a aceptar una cláusula liberatoria en caso de no inscribirle (a Nico) a tiempo, pero se abre a fórmulas que permitan recuperar la inversión».
¿Quién aceptaría en su sano juicio una cláusula de este tipo? Los ejemplos a menudo sirven para ayudar a comprender la realidad de las cosas, así es en este caso, de modo que procedemos a ello: si vosotros contratáis un servicio, por ejemplo la luz o el gas natural, ¿sería de recibo que como contrapartida al pago de su coste exigierais su prestación a tiempo? No cabe en cabeza de nadie, ¿verdad? Pues la posición de Nico y de su agente es similar: demandan que el futbolista sea inscrito a tiempo y reclaman garantías. Toda una provocación, sin duda.
Escándalo: Nico Williams exige legalidad al Barça
Como se ha comentado antes, inscribir legalmente a Nico implicaría el cumplimiento de la ley y demás normas y reglas que rigen el fútbol. Absurdo de todo punto. La solución, sabemos todos, pasa por la intervención del Gobierno, vía CSD, para inscribir al jugador. Pero Williams y su representante —y aquí está la clave— exigen que sea «a tiempo». ¡De locos!
Habría que explicarles a estos dos individuos que los miembros del Gobierno son personas muy ocupadas con múltiples compromisos, lo cual supone que no puedan atender peticiones como estas al momento. Además, la cola para no respetar la ley es larga y hay preceptos más importantes que quebrantar, algunos de ámbito constitucional, por lo que la inscripción de Nico pasa a un comprensible segundo plano. Todos saben que acabará sucediendo, pero quizá lleve algo más de tiempo.
La solución es sencilla y la aporta el galernauta Hank: «Si Nico Williams ha contratado a un equipo de asesoría legal que le ayude a obtener garantías de que el equipo que le fiche sea capaz de inscribirle yo podría ahorrarle un pastón ahora mismo simplemente recomendándole no fichar por el equipo más corrupto y endeudado de Europa».
Si Nico Williams ha contratado a un equipo de asesoría legal que le ayude a obtener garantías de que el equipo que le fiche sea capaz de inscribirle yo podría ahorrarle un pastón ahora mismo simplemente recomendándole no fichar por el equipo más corrupto y endeudado de Europa.
— Dani Garrido (@Hankscorpio66) June 30, 2025
Cambiamos de tercio para tratar un asunto que no aparece en las portadas por haberse producido después del cierre de las cabeceras. Como magistralmente apunta José María Faerna en el chat de La Galerna: Pep pierde el derbi del Golfo. El Al-Hilal ha enviado al carrer al Manchester City de Guardiola.
Después de apear al Barça de Lamine Yamal de la Champions merced a un 4-3, Inzaghi hoy ha descabalgado al City gracias a un 3-4. Y 4+3=7. La cábala siempre en contra de los mismos.
El varapalo es mayor para los antimadridistas que para los derrotados. El club de Guardiola no necesita los millones en premios que ha dejado de percibir por caer en octavos. Tampoco merma la confianza que los jeques tienen en el proyecto pues la exigencia es baja: apenas han ganado una Champions después de tanto tiempo de inyección económica infinita.
El club de Abu Dhabi lleva gastados en fichajes unos 400 millones de euros en lo que va de año. Esta derrota probablemente suponga varios cientos más de manera inminente. Siempre observando el más estricto fair play financiero, por supuesto.
Esta victoria del Al-Hilal sobre los de Pep afea aún más el papel del Madrid en el Mundial: los de Xabi apenas pudieron empatar contra un equipo que solo, repetimos, solo ha podido superar al City por un gol. Inaceptable también.
Por cierto, el Inter cayó contra el Fluminense. Esta noche a las 21, hora peninsular, es el turno del Madrid, ya con Mbappé, que deberá ganar a la Juventus de Turín si quiere hacerse un hueco en los cuartos del Mundial de Clubes. No queremos hacer las cuentas de la lechera porque nunca funcionan, pero en el hipotético caso de que los blancos se plantasen en la final, probablemente les esperaría el City de… Perdón, hemos tenido un lapsus. Mejor lo dejamos por hoy.
Pasad un buen día.