Resulta más complicado que nunca meter mi sangre en el congelador para escribir estas líneas sin que se escurra ningún improperio contra el colectivo arbitral desde lo más profundo de mi teclado, por lo que no pecaré de arrojo prometiéndoles total asepsia en este texto.
La que libran Real Madrid y CTA no es precisamente una de las Secret Wars de Marvel, sino una que se lucha a plena luz del día ante los ojos de cualquiera que quiera asomarse a su balcón. El descontento del CTA con el Real Madrid es notorio y, a raíz de la viralización de los vídeos de la televisión del club y valiéndose de ellos como excusa, también público. Tras la penúltima prevaricación del estamento arbitral, cuando no se expulsó al españolista Carlos Romero por su escalofriante entrada a Kylian Mbappé, y la solicitud del Real Madrid al CTA de los audios del VAR de dicha jugada, la tomadura de pelo que utilizó el presidente del estamento arbitral fue sugerir que los pidiéramos por favor y acudió al Chiringuito a soltar perlas como esta:
Me va a disculpar el ignífugo presidente arbitral que le corrija, pero si algo ha demostrado el arbitraje español, más allá de lo malos que son sus trencillas, que no deja de ser algo subjetivo, es que es corrupto. Desde el momento en que entra en la vicepresidencia del estamento un señor que cobra de uno de los clubes de la liga y permanece en su puesto hasta 2018 aumentando progresivamente sus emolumentos.
Tampoco los colegiados actuales han ocultado su animadversión hacia el club blanco, más allá de los arbitrajes perpetrados contra el Real Madrid, que como digo no dejan de ser subjetivos. Actualmente, la relación es tan nefasta que los árbitros se niegan a recibir la clásica bolsa con regalos de cortesía con la que se viene obsequiando a los trencillas desde tiempos inmemoriales
Esta decisión tendría su aquel si no fuera porque, según ellos mismos hace un año, la hostilidad de la televisión del club no les influye en absoluto dado su excelso nivel de profesionalidad y personalidad. Palabra de Soto Grado y también de Martínez Munuera, que secundó las de su compañero.
Antes de continuar con las siguientes palabras de Soto Grado en esta entrevista, me gustaría proponerles un pequeño ejercicio. Imagínense que podemos confiar en la honestidad del colectivo arbitral.
No, no, no. En serio, no se rían. Imagínenselo.
El arbitraje español es corrupto desde el momento en que entra en la vicepresidencia del estamento un señor que cobra de uno de los clubes de la liga y permanece en su puesto hasta 2018 aumentando progresivamente sus emolumentos
Imaginen que viviéramos en un fútbol en el que, cuando estalló el mayor caso de corrupción de la historia del deporte, salpicando de lleno a estos colegiados, los mismos hubieran salido en masa a denunciar lo que estaba sucediendo y a reconocer la corrupción en la que se veían obligados a participar para mantenerse en el puesto de un estamento gobernado por un régimen de terror, en lugar de escudarse públicamente en lo que pillara más a mano cada uno, mintiendo categóricamente al afirmar que el vicepresidente del CTA no pintaba nada.
Si esto hubiera sucedido, podríamos confiar un poco en los árbitros españoles y empatizar con ellos por la situación vivida. Si esto hubiese ocurrido, no catalogaría de hipocresía el sentir de los árbitros que se refleja en esta respuesta.
Soto Grado tendría razón al considerar que el hecho de que Negreira fuera corrupto no implica que el resto de miembros del CTA lo sean. Suponiendo que vivimos en esa utopía en la que la honorabilidad de los colegiados no está en entredicho, César tendría todo el derecho del mundo de demandar que no le juzguen a él por los delitos de otro miembro del mismo colectivo. Y he aquí donde radica la hipocresía de un colectivo que se siente atacado por la televisión del Real Madrid o por la carta del club y lo pagan semana tras semana con los jugadores del equipo blanco, que no pueden tener menos culpa de esta guerra.
Los árbitros, esos seres de luz incorruptibles que exigen poder trabajar con la tranquilidad que demanda su puesto laboral, no conceden el mismo crédito a los trabajadores que están verdaderamente pagando su sueldo. Porque sean honestos por una vez en su vida, colegiados: sin jugadores como Mbappé, Bellingham o Vinícius, a los que expulsan a la mínima que tienen oportunidad y a los que se pasan los partidos ignorando las faltas de tarjeta que reciben, los embates sin balón de por medio que sufren e incluso las agresiones que los rivales saben que pueden proporcionarles impunemente, esta liga tendría mucha menos repercusión mediática y, en consecuencia, recibiría un significativamente menor empujón económico.
Munuera Montero fue capaz de distinguir un “fuck you” en lugar del “fuck off” que realmente profirió Bellingham con el sonido ambiente del estadio El Sadar y no captó los gritos de “Vinícius, muérete” o “Asencio, muérete” que cantaba parte de la grada rojilla
A falta de evidencia científica que lo certifique, me aventuro a apuntar que debe de existir una correlación entre esta hipocresía arbitral y el sentido del oído, pues resulta curioso comprobar cómo el colegiado Munuera Montero fue capaz de distinguir, con relativo éxito, un “fuck you” en lugar del “fuck off” que realmente profirió Bellingham a varios metros de distancia con el sonido ambiente del estadio El Sadar repleto como estaba y, en cambio, y ya es casualidad, su extraordinaria agudeza auditiva no le permitió captar los gritos de “Vinícius, muérete” o “Asencio, muérete” que cantaba parte de la grada rojilla.
Pero la hipocresía arbitral alcanza su máximo exponente cuando, supongo que por azares del destino, comparamos el trato exhibido por estos mismos colegiados ante los jugadores del club que tuvo en nómina al vicepresidente de este colectivo durante varios lustros cuando eran estos los que clamaban insultos reales dirigidos a los miembros del colectivo arbitral.
La alarmante falta de respeto de los colegiados hacia los jugadores del Real Madrid es sólo la última muestra de la putrefacción de un colectivo que, y ojalá me doliera decir esto, demuestra semana tras semana no merecer ni un ápice de credibilidad por parte de los aficionados.
Un día proclaman con orgullo su profesionalidad y su indiferencia ante los vídeos de RMTV y al siguiente se victimizan no recogiendo una simple bolsita de pins alegando hostilidad contra ellos. Afirman que nadie influye en ellos, pero tras una carta del club blanco que ha desembocado en una guerra abierta entre CTA, RFEF, Liga y Real Madrid, la respuesta de los árbitros ha sido ir con todo a perjudicar deportivamente al equipo vikingo en cada partido, prevaricación mediante. Exigen un respeto y una empatía que ellos mismos son incapaces de ofrecer a los jugadores del Real Madrid, que desde el punto de vista expuesto anteriormente, están en una situación similar a la suya. Consejos vendo que para mí no tengo. Desgraciadamente, no vivimos en la utopía que mencioné en este texto y pedirle cuentas al colectivo resultaría tan absurdo como infructuoso. Tocará rezar para que la próxima vez que se destape la corrupción arbitral, aún existente, no tengamos la “mala suerte” de que ya haya prescrito.
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Seguía lloviendo cuando salimos del restaurante rozando la medianoche. Mientras corría hacia mi coche el resto de los reunidos completaban la despedida, como si después de tantos años quedaran aún cosas en el tintero. Más bien, todos queríamos prolongar una estancia tan rica en afectos y recuerdos comunes. Esto fue lo que hicimos mientras conducía a Cristóbal y Juan Corbalán hasta el aparcamiento del Hospital San Rafael, donde el primero de ellos ejerce la cirugía con la misma con la precisión matemática con la que lanzaba a canasta.
Por fin nos separamos y me quedé solo al volante con cierta sensación de orfandad que se evaporó al instante cuando recordé la velada y la enorme fortuna que me concedió la vida al regalarme estos compañeros de viaje. Al día siguiente me había citado con Vicente Ramos y Walter para visitar Valdebebas, así que me acosté y levanté encantado de prolongar la compañía con el neoyorkino y mi maestro, amén de que la comida posterior programada prometía placeres diversos.
En las instalaciones madridistas nos encontramos a dos de los que nos sucedieron con gran éxito: Alberto Herreros y Felipe Reyes, siempre atentos y sonrientes cuando nos pasamos a saludarlos. Comentamos circunstancias diversas sobre el discurrir de la temporada vigente y, por supuesto, viajamos al pasado. Curiosamente, Walter Szczerbiak reunía la gran mano en el tiro de Alberto junto a una notable habilidad reboteadora, basada, como la de Felipe, en el tempo preciso del contacto con el rival justo cuando éste iniciaba su salto. Desequilibrado así por el ligero empujón, la escena se repetía con el rebote en manos de Reyes y Walter y el rival protestando al árbitro por algo que no había visto nadie. Terminamos deseándoles mucha suerte para la Copa.
También se acercó al corrillo Pepe Blanco, el delegado del equipo desde hace años, asimismo la amabilidad en persona. En cambio, no pudimos saludar al responsable de la sección, Juan Carlos Sánchez, recién salido por piernas, siempre acuciado por las gestiones, quién sabe si para eludir nuestra visita, comentamos bromeando.
No terminaba ahí la jornada amigo-festiva. Había proyectado una mesa con amigos de los que sabía que les haría mucha ilusión conocer a Walter y compartir la manduca con Vicente Ramos, persona ilustrada y cordial. Rubén Amón nos esperaba y fue el primer sorprendido, gratísimamente. Apasionado por el baloncesto, la llegada de las leyendas le produjo cierto asombro y su rostro contestó con una amplísima sonrisa a lo inesperado. Después llegaron los Jesús, fraternales colegas, Bengoechea y Vega, amantes de la canasta y más blancos que el hombre de Ariel.
Los saludos se cruzaron con amabilidad y Bengo —disculpen la familiaridad, pero así lo tengo en la agenda de mi móvil— se decidió a romper el hielo de una discrepancia que agriaran las viandas, pues Rubén es decidido atlético.
—Os conocéis, ¿verdad? —intervine como interlocutor señalando a Rubén y a Jesús.
—Sí, claro. Creo que alguna vez te hemos criticado en La Galerna —contestó con tono conciliador un Bengoechea sonriente.
—¿Alguna vez? ¡Cuándo no! —respondió Rubén Amón alegre y bullicioso.
La carcajada fue general y el ambiente se distendió como corresponde a gente civilizada. A partir de ahí, la comida se salpicó con opiniones cruzadas sobre deporte, cine y literatura, siendo como es Rubén un amante de la cultura y de los toros. Esto dio pie a Vicente Ramos a presumir de ancestros taurinos: Juan Cecilio “Punteret”, su abuelo materno, que a principios del siglo XX tuvo que bajar de la grada al ruedo para estoquear, vestido de paisano, a sendos toros que habían corneado a los toreros titulares.
Amón, autor del espléndido libro, “El fin de la fiesta”, celebraba el valor del antepasado casi común, mientras mi bro —¡para que ustedes vean que la “viejundad” del autor no es tan profunda!—, Jesús Vega, preguntaba a Walter acerca de los mejores jugadores que había visto. Señaló a Julius Erving, con quien compartió torneos veraniegos, y en Europa a Bob Morse, el gran anotador del equipo de Varese. Añadió que pensaba que llegaría a Madrid con cierto nivel por encima del resto, pero le sorprendió la calidad de los bases y el dominio de Clifford Luyk, del que aportó el dato para corroborar su idea de que había sido drafteado muy arriba cuando apenas había diez equipos en la NBA. Por último, remató que Wayne Brabender era un ejecutor en la pista, por mentalidad y anotación.
La cita fue deliciosa, tanto por la amabilidad proverbial de Walter, que sigue conservando un fluido castellano, como por la sabiduría de Ramos, siempre con la palabra ajustada al momento y la conversación, tan preciso como cuando fue el base patrón. Al ambiente generado contribuyeron también todos los presentes. Rubén Amón, amén de su perfil público de periodista cultureta de verbo fácil y letra virtuosa, destila cercanía, educación y amabilidad. Su sentido del humor oscila entre lo sarcástico más notorio y lo inteligente, siempre rápido, lo que no le impide celebrar ocurrencias ajenas. De los Jesús, poco puedo decir que no delate mi debilidad por ellos. Vega es un tipo clarividente, leído, con una experiencia vital de extensiones continentales. Y de Bengoechea iba a comentar que, dada la afectuosidad de la cita, hoy no me metería con él, pero rectifico a tiempo para ser sincero. El editor de La Galerna también se deja querer, sabe mostrar su cercanía y es un notable amenizador de reuniones. Creo que ya es hora de que lo sepan: ¡me cae bien!
Y así llegué al final de estas dos jornadas memorables venidas a cuento por la visita del que fuera un excelente jugador, una leyenda madridista al que es imposible no querer. Como al resto, que me regalaron el inmenso patrimonio de una educación con el punto de mira en la virtud, y que me siguen regalando el trato de un igual. Y yo, que sigo disfrutando con ellos como el niño que aprendió a amar el baloncesto viéndolos jugar, que me pellizco cada vez que estoy a su lado para saber si lo que está pasando es verdad o sólo estoy soñando como cuando apenas era un proyecto de persona. En mi corazón sólo cabe el agradecimiento para todos ellos y para el resto, los que en esta pequeña crónica están citados, que hicieron de estas dos reuniones dos encuentros inolvidables.
Fotografías: José Luis Llorente Gento y La Galerna
La fuerza del aprecio: una cena en honor a Walter Szczerbiak
Es momento para conservar la calma. Lo dijimos: esto es una guerra. No hay un solo dirigente de la RFEF antiguo o presente que no haya tenido que sentarse en el banquillo por corrupción. La mayoría condenados. Luchamos contra delincuentes. Sus armas no son la ley o el mérito. Es un sistema clientelar, blindado y poderoso, que usa el poder para imponer un relato de buena fe mientras manipula la competición. Los 41 clubes que están al otro lado no son seguidores. La mayoría tienen miedo y no se alinean con el Real Madrid porque no ven un claro ganador de la contienda. El Alavés parece que se baja. Esperemos un poco más. Tal vez RMTV debería entrar en otros partidos y señalar arbitrajes criminales para conseguir aliados. Pobre Alavés. Estemos atentos.
España está enferma. No es el fútbol. Estamos hablando de corrupción. Nos hemos acostumbrado a vivir entre los escombros de lo que era un país envidiable. Existe un odio ambiental que llega a todos los rincones, cómo no iba a llegar al deporte.
Al Real Madrid siempre le colgaron sambenitos. Pero no fue hasta que le dimos la estocada mortal de Figo al FCB cuando afloró el odio con toda su intensidad. Cuando se despertó lo peor en aquellos dirigentes, no interesados en ganar al rival en el terreno de juego, sino en exterminarlo, en hacerlo desaparecer, yendo mucho más lejos del ámbito deportivo.
La política nos representa a los ciudadanos y reproduce valores y comportamientos. Podríamos decir, sin significarnos por una ideología en particular, que tenemos un parlamento que es un circo, lleno de personajes siniestros en cualquier rincón del espectro. La polarización es lo más dañino que nos ha pasado desde la guerra civil. El vecino, que piensa y vota lo contrario que yo, es el enemigo. Estamos muy perdidos como sociedad.
Cada vez más tecnología, más cámaras, más medios y menos seguridad en que la competición sea limpia. O más certeza de que no lo es
Y el fútbol. El fútbol fue una vez el desahogo semanal donde reunirnos con familia y amigos antes de ir al estadio, un pincho de tortilla y una cerveza en el "José Luis" una hora antes del partido o hacer la compra para recibir en casa, porque tú pagabas el plus, y además tenías la tele más grande de la familia. Se ganaba o se perdía, pero ni la alegría ni la pena duraban tanto como ahora. Todo es diferente. Cada vez más tecnología, más cámaras, más medios y menos seguridad en que la competición sea limpia. O más certeza de que no lo es.
Los antimadridistas siguen viendo favoritismo hacia Real Madrid (!). Si analizamos, primero hay que determinar que los que se expresan son sólo los que pueden, una minoría, que podemos dividir en tres categorías:
1) los periodistas y personalidades de internet, que viven de la polémica y que están dispuestos a decir lo contrario de lo que piensan por dinero. La mayoría, tipo Victor Lozano, David Sánchez, o David Bernabéu (en el apellido lleva la penitencia) sólo buscan interacciones, provocar. Es su trabajo y viven de él. No hay que tomarlos en serio.
2) sus seguidores, fundamentalmente analfabetos funcionales, que generan miles de interacciones, los tontos útiles, que van a las redes sociales para no tener que pensar, buscando dopamina. No son peligrosos. Son manipulables, pueden insultar gravemente a un jugador o hacer el payaso en un estadio, pero son inofensivos.
3) los que polarizan y manejan el relato. La guerra es contra ellos. Aquí están la RFEF, el CTA, Mediapro como editor de la señal de TV y del VAR, los medios escritos, las radios. Hace años que no soporto a los narradores y comentaristas que frente a acciones flagrantes que todos vemos, callan por no decir, o dicen para ocultar. Conozco el oficio y llevo muchos años viendo comportamientos aberrantes en los medios de comunicación. El nivel y la ética del periodismo deportivo son ínfimos. Las audiencias bajan. Tebas les sujeta comprando espacios publicitarios con opacidad ignominiosa, alegando confidencialidad. Todo es repugnante. Él paga y él manda. Y paga cientos de millones. Imaginen la potencia del relato que estamos combatiendo.
Los tres últimos partidos de liga del Real Madrid dan una muestra de cómo se ha venido manipulando el fútbol los últimos treinta años, desde que FCB compró al menos una de las ligas de Tenerife. El problema ahora son las decenas de cámaras en cada estadio, el ejército de madridistas armados con teléfonos móviles con cámaras 4K que hay por todos lados. No se pueden esconder, ya no. Prevaricarán, pero no podrán esconderse.
El árbitro de campo en un partido, el VAR en otro, alternativamente, toman el protagonismo del atraco. Hoy escuchaba que el cuarto árbitro del Barcelona - Real Madrid de la famosa patada de Suárez a Varane que terminó en gol de Messi, sí, ese que se veía en un plano detrás de Zidane decir "falta de Suárez", "falta de Suárez" por el pinganillo que conecta a todos los colegiados, fue descendido el año siguiente e invitado poco después a dejar el arbitraje. ¿Quién dejaría el arbitraje, con el salario, las prebendas... habiendo llegado a los grandes escenarios del fútbol? Pues un disidente, alguien incómodo que no entiende "lo que hay que hacer". Nunca se supo. Omertà. Otro día les hablo de eso.
El lunes una comisión del Real Madrid irá a escuchar los audios del VAR del día del Espanyol. Dieciséis días después. Pedirán los archivos. No se los darán. Espero que vaya un informático forense experto en sistemas. Si le dejan el archivo, en 10 minutos dirá si está alterado. Es muy sencillo detectarlo con herramientas adecuadas. Más allá de los audios, perjuicio claro que cuesta puntos. ¿Error o prevaricación no sacar la roja más clara de los últimos diez años, con una conmoción planetaria atendida con total indiferencia por parte del CTA? Sigamos.
La jornada del 8 de febrero, el derbi, se pitó uno de esos penaltis de los que Medina Cantalejo siempre dijo que no se pitarían con él a cargo. Ligerísimo pisotón de Tchouaméni sin llegar a plantar el talón sobre el pie de Lino. El jugador atlético primero se levanta al ver que el balón sigue vivo y cuando pasa el peligro se desploma de nuevo (¿eso no lo ve el VAR?). El fútbol de Simeone. ¿Canchero? No. Protegido por la corrupción desde que el Atlético entendió que era el momento de dejar de ser el equipo del pueblo pidiendo sotto voce compensaciones por el negreirato. Eso es lo que han hecho, acercarse al poder para exigir favores a cambio de silencio. Negociación que Gil Marín aprendió en casa. Eso no se aprende en un MBA. Está intentando lo mismo en la UEFA con Ceferin. Antes fueron Rubiales y Piqué. Ahora Gil Marín, otro enemigo de Florentino que Ceferin quiere tener cerca. Próximamente en sus pantallas.
Y llegamos a El Sadar. Campo particularmente hostil. Desigualdad muy clara entre ambos equipos. Salvo sorpresa, partido complicado pero con victoria si hay trabajo y acierto. El Real Madrid sale compacto, serio, y marca temprano después de tres posibles penalties en 14 minutos en el área de Osasuna. Uno, catedralicio a Vini en el pico del área grande. Otro, con una mano que ya no está apoyada en el suelo y que rebaña el balón. Nos sabemos el reglamento. Penalti. Munuera Montero se erige en protagonista absoluto sacando una roja inexplicable a Bellingham. Vean el lenguaje corporal del inglés. ¿Quién puede pensar que está insultando al arbitro? Y miren al arbitro: va retrocediendo (la reclamación ya ha terminado), sigue retrocediendo... y procesa tranquilamente, con Bellingham ya de espaldas, viendo la excusa perfecta para dar rienda suelta al ego de un chico que fue humilde, pero que nunca habría soñado tener un sueldo de 300.000 euros y recuerda sus consignas, el daño que le está haciendo el Real Madrid a su patrón: va para adelante y saca la tarjeta roja rapidísimo, de la nada, como el mago Pop. Premeditación. Posteriormente, para perfeccionar el crimen, falsifica el acta (falsedad en documento público) como se puede comprobar en las imágenes que circulan por las redes.
El CTA no está teniendo en cuenta que toda la producción audiovisual de un partido les deja sin argumentos. La excusa del error humano, la nevera, son fuegos de artificio. ¿Un árbitro en la nevera después de haber cumplido órdenes sigue cobrando? Claro. ¿Sin trabajar? Claro. ¿Dónde está el problema? Existe premeditación. La llamada a la rectificación de Louzán al Real Madrid lo deja a las claras. Acaba de llegar, pero sabe el poder que tiene. Y qué me dicen de Medina Cantalejo pidiendo modales al Real Madrid para que soliciten los audios con respeto... Cantalejo cobraría la décima parte de su salario si no fuera por el Real Madrid. Qué poquito te queda, Goodfellas.
Sabíamos que la guerra iba a ser esto. Por eso el comunicado ha tardado tanto. No hay vuelta atrás. Se gana o se pierde para siempre. Y no va a ser fácil. En dos jornadas más el Real Madrid estará a cuatro o cinco puntos del Barcelona. Madridistas: no entremos al trapo, dejad de hablar de los centrales, de Vini en Arabia, de los modales de Bellingham o de los cambios de Ancelotti. Todo eso son señuelos lanzados por los medios que compra Tebas, vicepresidente de la RFEF y presidente de la cochambrosa Liga Negreira. Será un final de temporada muy duro. Nos van a machacar cada semana. Nos pitarán alternativamente Munuera, Hernández Hernández, Soto Grado, De Burgos, Sánchez Martinez, Alberola, Muñiz... no llegaremos lejos y habrá escándalo semanal. No les importa. Tal vez las ramificaciones del CTA lleguen hasta la polìtica... ¿Quién no recuerda la conveniente aparición estelar de Albert Soler en el CSD para asegurarse de la prescripción de los delitos deportivos del FCB? Lo único que nos puede salvar es la Champions, una vez más. De la justicia ya no espero nada.
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Me he dado cuenta de que las lindes son algo ínsito en la cultura popular española, hay pleitos importantes por una linde en zonas rurales. En zonas urbanas, la linde hace que un solar sea más o menos valioso. Pero es cierto que las lindes, los bordes, también son otra cosa. Los bordes, aparte de ser personas malhumoradas y hoscas, son los que no están dentro, los que están en la linde, ya sea por dentro de la misma o por fuera. Los bordes están, eso, en el borde, y hay personas que están en el borde, pero por fuera. Y quiero que sepa todo el mundo que quiero que lo sepa, que son bordes por fuera, pero porque están en el lado externo de la linde. Los más inteligentes me entenderán, el resto, no, pero qué más da. Señor Medina Cantalejo, palangana mío, está usted en el borde; señor Clos Gómez, está usted en el borde; señor Munuera Montero, paisano, está usted en el borde; señor Tebas, está usted en el borde; señor Louzán, está usted en el borde; señor Laporta, está usted en el borde; señor Negreira, está usted en el borde; señores que han estado amparando y fomentando la corrupción sistémica del fútbol español, quiero que sepan también que están ustedes en el borde, y mucho, no se pueden imaginar cuánto.
Bueno, una vez contado a mis íntimos el descubrimiento lindero, hay que hablar de lo de Pamplona. Un escándalo más, una tropelía más, donde lo inexplicable se vuelve cotidiano, cuando lo anormal es lo más lógico y lo deleznable, costumbre. El enésimo atraco a mano armada que sufrió el Real Madrid en El Sadar quedará como el de Cornellá-El Prat, para los anales de la vergüenza nacional, para los archivos de lo más oscuro del deporte español y para las risas, mofas y befas de los dirigentes del fútbol patrio. Este humilde y sevillano servidor no va a recomendar al club que haga un comunicado oficial, que ya sabemos cómo se las gastan estos desalmados, sino que, directamente, si puede ser, abandone la competición de alguna manera. Se me ocurren algunas formas. Jugar con los habituales en casa y con el resto más los futbolistas del Castilla que permita el reglamento, fuera. Que ningún aficionado que pague un potosí, la entrada más cara del año en su estadio, vea a estrella alguna del Real Madrid, que se sientan estafados por su propio club. Que las audiencias bajen hasta lo insostenible y que, de una vez, nos carguemos esta competición defecable en la que nos encontramos.
No sé si será la salvación del fútbol la Superliga o como al final se llame, espero que sí, pero se me ocurre, de momento, montar una competición española paralela, con equipos decentes que quieran participar, con transparencia, fuera de los sinvergüenzas que amparan a estos más sinvergüenzas dirigentes que tenemos. Una liga gestionada por lo clubes y para los clubes, que las televisiones paguen bien y revierta ese dinero en las entidades. Que se queden fuera los habituales palmeros de Tebas, el propio Tebas y sus secuaces. Una liga propia, española, de calidad (porque con dinero se harían equipos de calidad), con competitividad sana y rival, pero sin amaños asquerosos como los que estamos sufriendo desde hace más de treinta años, arbitrada por colegiados profesionales y sin mácula, no por los Medina boys, o, mejor dicho, los Negreira boys. Que se vayan a esparragar.
Montemos, al margen de la RFEF, una competición. La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea lo permite. Hágase y vámonos de aquí de una puñetera vez. Que no tengamos que tener mala sangre por la impotencia de saber que te están quitando, te están arrancando del ser lo que estás ganando en el campo. Se acabó. Que juegue el Código Penal andante y su filial de Canillejas la liga de Tebas y la disfruten. Veremos a quién ve la gente al final, que es de lo que se trata.
Parece mentira que, justo dos años después de sacar a la luz el mayor escándalo de corrupción de la historia de España, sigamos sin castigo a los corruptos. Dos años ya con esta historia sin fin, con esta historia que ellos se cuidaron mucho de proteger por si les pillaban. Pues sí, dos años y la cosa no es que haya mejorado, es que ha empeorado y empeora día a día, semana a semana, partido a partido (sí, tú también tienes mucha culpa de esto, majete), los desmanes contra el Real Madrid y los favores arbitrales al Código Penal andante y a su filial de Canillejas. Todo el mundo mira hacia otro lado y aplaude mientras critica sin denuedo al único club de España decente, el único que quiere acabar con esta mafia, que es el Real Madrid.
Montemos, al margen de la RFEF, una competición. La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea lo permite. Hágase y vámonos de aquí de una puñetera vez
Y ¿por qué? (Mourinho dixit). Pues muy sencillo, amigos y amigas lectores y lectoras, porque los medios de comunicación están regados por los dineros de La Liga a través de ingentes espacios de publicidad, porque los clubes están infectados en sus consejos de administración por personas afines al presidente de la Liga, que lucha por seguir cobrando sus más de cinco millones de euros al año mientras le da las migajas a los demás, porque los árbitros quieren mantener sus 300.000 al año por encima de todas las cosas y, además, son determinantes en la elección de los cargos de la federaciones territoriales y la española, que se lucran y mucho del dinero que llega a la propia federación, porque tienen poder, contactos y pasta, mucha pasta y, claro, no quieren perder su estatus. Así que, todos a callar, todos a tragar y ellos, todos, a mandar.
Mientras la competición se devalúa, el campeonato es una pantomima y el fútbol español emana un hedor a abono campestre en toda Europa y en el resto del mundo futbolístico que hace que no quieran ni vernos. Porque, a ver, quitando a Gil Manzano (y ese es el bueno, agarraos), ningún árbitro español pita nada relevante fuera de aquí. Es que no les quieren ni ver, es que se ponen mascarillas para que no les infecten por ahí fuera.
Pues eso, que nos marchemos, que montemos una competición española al margen de estos de ahora, a ver qué hacen sin el Real Madrid. Como siempre, les dejo con la frase de mi amigo Javi: ser del Real Madrid es lo mejor, y ahora más, que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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Buenos días.
7 de febrero de 2025. Rafael Louzán, presidente de la RFEF: «Hay que hacer ver al Real Madrid que este no es el camino adecuado».
15 de febrero de 2025. Dicho y hecho. Crónica de un atraco anunciado.
Nadie puede decir que se sorprendiera ayer con la actuación de Munuera Montero en el campo y de Trujillo Sánchez en el VAR, meros peones del sistema, por otra parte. Un sistema y un CTA que odian al Real Madrid porque tienen miedo de perder sus privilegios. El club de Concha Espina es el único que se posiciona, sin ambages, en contra de la corrupción, sustrato sobre el cual se erigen los anteriormente mencionados privilegios.
💣💥 El @RealMadrid presentará la próxima semana un plan para mejorar el sistema arbitral en España
🚨‼️Informa @ManuCarreno en #ElLarguerohttps://t.co/NKbpVvBxtA
— El Larguero (@ellarguero) February 13, 2025
14 de febrero de 2025. Manu Carreño en El Larguero: «El Real Madrid presentará la próxima semana un plan para mejorar el sistema arbitral en España».
15 de febrero de 2025. Con independencia de la veracidad de lo dicho por Carreño, el CTA ve peligrar su estatus y expolia al Real Madrid. Crónica de un atraco anunciado.
El equipo de Las Rozas fue ayer tarde el más destacado sobre el césped de un Sadar que recibió al Madrid arrojando balones de playa al campo. Hemos de decir que es un avance, al menos ya no arrojan petardos, tornillos y castañas, como lanzaban a Buyo, Valdano y Gallego, quien tiempo después recordaba así los hechos en AS: «Ese día me alcanzó una castaña. La vi en el suelo después de que me diera. Me acerqué a la banda porque habían alcanzado a Valdano con un tornillo y entonces me cayó. Tuve la suerte que me dio con la parte lisa. Tenía los ojos abiertos y me alcanzó el derecho. Me dio en todo el centro. Desde entonces tengo el ojo mal. Cuando hace mucho sol lo paso mal. El iris no se me cierra del todo. Me quedó esa secuela para toda la vida».
La afición pamplonica ya no agrede físicamente, pero sí de manera verbal. Ayer entonaron mayoritariamente lo siguiente: «¡Vinícius, muérete!» y «¡Asencio, muérete!». Al igual que el robo sufrido, no tomó por sorpresa a nadie, es la misma afición que, no hace tanto, en 2023, se paseaba por Sevilla antes de la final de Copa lanzando proclamas en favor de los presos de ETA. Si apoyas a una banda terrorista, desear la muerte a alguien es algo esperable.
El atraco anunciado comenzó pronto (no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy), a los dos minutos, Catena rebaña con la mano el balón a Vinícius dentro del área. La mano es nítida, pero Munuera hace gestos indicando que la tenía apoyada y que por tanto no es penalti.
Esta norma es curiosa, porque ayer el jugador de Osasuna va arrastrando la mano por el césped y, cuando va a llegar al esférico, la levanta intencionadamente para golpearlo y alejarlo de las botas del siete del Madrid. Ancelotti tiró de ironía: «Para mí, tendría que haberlo revisado el VAR. Creo que lo han encendido un poco más tarde».
— MadridismoSiempre (@HALA__MADRID33) February 15, 2025
Cinco minutos después, Moncayola derriba a Vinícius en el área. No la revisó el VAR. ¿Estaría ya encendido o continuaría apagado? Fue penalti hasta para un Iturralde que probablemente no viese nada malo en el comportamiento de la afición rojilla en los prolegómenos de la final de Copa de 2023.
Vinicius Jr pidió penalti de Moncayola en esta acción#LALIGAenDAZN ⚽️ pic.twitter.com/0BakLiXJzc
— DAZN España (@DAZN_ES) February 15, 2025
En el minuto 17, Lucas Torró derriba en el área a Bellingham y acto seguido lo embiste varias veces cual toro que pilla desprevenido a un mozo en un encierro de San Fermín. Todo OK, José Luis.
A los 20 minutos, otra mano. En esta ocasión de Juan Cruz tras cabezazo de Mbappé. De nuevo, todo OK, José Luis. De regalo, amarilla a Carletto.
Minuto 33, Juan Cruz golpea en el pecho a Mbappé frente al linier. Todo OK, José Luis. Kylian, además del golpe, se llevó un rapapolvo del técnico osasunista.
Minuto 38, balón peligroso a Mbappé, el defensa rojillo, último defensor, no mira el esférico y derriba al nueve del Madrid. Agua.
Minuto 40. Bellingham conversa con Munuera Montero y de repente lo expulsa. No puede evitar un gesto de odio al mostrar la tarjeta roja. La cara es el espejo del alma.
En el acta, el andaluz justificará la expulsión en unas palabras que inglés nunca dijo. Bellingham nunca pronunció «fuck you».
La expulsión de Bellingham.#DeportePlus pic.twitter.com/cad4wJqpqf
— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) February 15, 2025
No viene mal recordar esto de Cristiano.
Cristiano hablando sobre el arbitraje y como los futbolistas ingleses hacen uso del "fuck off": pic.twitter.com/rHcxxCFFRP
— ChM (@CharRMou) February 15, 2025
El mismo árbitro, recientemente, no movió una tarjeta cuando Raphinha llamó a su colectivo «cagones».
— Darryl V 2 (@Warrylinho) February 15, 2025
Minuto 45. Areso arroja con desprecio a un compañero de profesión, Fran García, contra las vallas publicitarias, provocando la caída de este por detrás de las mismas junto a un recogeleplotas. En DAZN, San Román comenta «Fran se lleva puesto al recogepelotas» y Sergio Quirante: «Se había caído Fran García». Recordemos que Quirante tuvo que pedir disculpas por haber manipulado un vídeo para perjudicar a Madrid. No tuvo ninguna consecuencia por ello.
Minuto 55. Budimir remata a puerta y después Camavinga le pisa. Jugada residual de libro.
Después de todas las jugadas anteriores, esta es la única en la que Trujillo Sánchez —no sabemos si tras ser avisado por Clos o Cantalejo desde la sala VOR ilegal— avisa a Munuera, quien acude al VAR y demuestra su desconocimiento del reglamento, u otra cosa peor, y señala penalti.
Hace unos años, adivinad cómo terminó esta jugada:
Vamos a dejar aquí esta crónica de un atraco anunciado porque no tiene sentido seguir y avanzamos hasta el final del partido.
Munuera redactó el acta. Reflejó en la misma que expulsó a Jude por algo que no había sucedido:
Además, no incluyó algo que sí había ocurrido: los cánticos de la afición del Osasuna deseando la muerte de Vinícius y Asencio. Motivos para acudir al juzgado.
Marselle plasma lo sucedido en esta genial viñeta:
Los comentaristas de DAZN, ya es mala suerte, tampoco escucharon los cánticos.
En el Sadar: «VINÍCIUS, MUÉRETE».
▫️Locutor: «los gritos, no nos hemos enterado, los cascos…».
1️⃣ Analista DAZN blanquea: «sí, balón de playa».
2️⃣ «sí, han preguntado a Ancelotti».
3️⃣ «los recogerán los informadores».Quirante está a pie de campo. ¿Tampoco los ha escuchado? pic.twitter.com/0kJBDFzMO1
— mr. mØnk (@soccermemoriess) February 15, 2025
Continuamos con el repaso de la prensa de hoy.
Marca titula que «Nos tienen confundidos». No estamos de acuerdo, ni los árbitros, que son los mismos que estaban con Negreira y pagaron a su hijo; ni el VAR, en manos de un socio del Barça; ni el CTA, enemigo acérrimo blanco, nos tienen confundidos. Sabemos muy bien cuál es su objetivo y las tretas que urden para lograrlo.
El Madrid arde porque le han prendido fuego. Los integrantes del sistema, en su mayoría personas no muy capacitadas para realizar trabajos cualificados, ven peligrar sus ingentes ingresos y se están defendiendo con uñas y dientes.
En el faldón del diario de PRISA leemos: «Fon escribe en As un lustro después del Barçagate: “El club entró en quiebra moral”. Nos vemos en la obligación de rebatir las palabras de Font, el Barcelona no entró en quiebra moral porque ya estaba en ella, los pagos a Negreira comenzaron muchos años atrás. Y, además, aún no ha salido de esa quiebra.
Enlazando con esto último, como sabéis, ayer se cumplieron dos años desde que se hizo público que el FC Barcelona había adulterado la competición comprándose al CTA vía su vicepresidente. Y ayer asistimos a un bello homenaje a Negreira en el segundo aniversario del escándalo, como tituló su crónica del encuentro Genaro Desailly.
Os mostramos otra viñeta muy atinada de Marselle.
La competición está absolutamente carcomida, el fútbol español está horadado por la corrupción, el sistema está engrasado con el dinero que fluye entre los interesados y estos han hecho, hacen y harán todo lo posible por mantener su nivel adquisitivo. Clubes, medios, instituciones, organismos, todos están metido en el ajo y el único que lucha por revertir la situación y limpiar este deporte es el Real Madrid, su enemigo público número uno.
El Madrid debe tomar medidas contundentes. Hay que hacer ver a los corruptos que este no es el camino adecuado.
Nos despedimos con algo positivo. Esta tarde a las 20:00 horas los pupilos de Chus Mateo se enfrentan a Unicaja con el objetivo de ganar su 30ª Copa del Rey de baloncesto.
Pasad un buen día.
-Courtois: NOTABLE. Sacó dos grandes manos. Parece que está volviendo a parar lo imparable.
-Valverde: SOBRESALIENTE. Se dejó hasta el último aliento, y casi siempre con acierto. ¿Se puede armar el juego desde el lateral derecho? Se puede.
-Asencio: NOTABLE. Seguro y contundente. En su línea.
-Tchouaméni: APROBADO. No desentonó.
-Fran García: APROBADO. Ni fu ni fa.
-Camavinga: APROBADO. No anda muy lúcido.
-Modric: APROBADO. Falto de fuelle.
-Brahim: APROBADO. Bien defensivamente, poco en ataque.
-Bellingham: APROBADO. No se le puede juzgar por la expulsión porque no sabemos qué pasó.
-Vinícius: NOTABLE. Portentoso segundo tiempo, con el equipo a la espalda.
-Mbappé: APROBADO ALTO. Gol y buen juego general, pero fallón en algunas tomas de decisiones claras.
-Rodrygo: SIN CALIFICAR.
-Ancelotti: APROBADO. No se le puede acusar del mal resultado. Sí, quizá, de quemar innecesariamente a los titulares antes del miércoles.
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Arbitraje miserable del CTA personificado en José Luis Munuera Montero y Daniel Jesús Trujillo Suárez en el segundo aniversario del escándalo Barça-Negreira.
No es fútbol, es corrupción.
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El Madrid empató. Lugar: Pamplona. Rival: Munuera Montero. Razón: la misma.
Sorprendió (o no) Ancelotti alineando pocos jugadores de rotación, como la inminencia de la vuelta ante el City parecía aconsejar. Tan solo Camavinga, Modric, Brahim y (hasta cierto punto) Fran.
A los tres minutos ya habíamos tenido ocasión de indignarnos y de lamentarnos. Lo primero, al ignorar Munuera una mano en área rojilla apelando a esas circulares que los colegiados conciben para recuperar parte de la discrecionalidad que les quita el VAR. Segundo, al pifiar Vini un remate de cabeza claro tras diablura de Mbappé por la izquierda. Le dio con el hombro.
A los siete minutos, trabaron a Vini dentro del área. ¿Era penalti? Más claro que el anterior, pero hombre, tampoco como para pitarlo, que es el Madrid y hay que honrar a Negreira en el día en que se cumplen dos años del descubrimiento del caso. No sabemos a qué circular pretendía acogerse esta vez.
El Madrid dominaba y creaba, y Herrera salvó con el pie una ocasión de Mbappé con poco ángulo. Pudieron hacerle un tercer penalti a Vini, esta vez ni comentado por Guti y los suyos porque para qué, pero cuando estábamos ocupados en enfadarnos se internó Valverde por derecha y su canónico centro lo remató a gol Mbappé, de manera inapelable. La jugada había estado protagonizada por los dos mejores jugadores hasta el momento.
Se vino arriba Osasuna, pero se mostró recia la defensa blanca despejando el peligro. Munuera amonestó a Ancelotti por protestar el ¿cuarto? penalti no señalado a favor del Madrid en 23 minutos. Guti insistía en que esto tampoco era penalti, pero es posible que le pudiera el sesgo osasunista, al haber jugado en El Sadar tantos años (??).
El guion hostil de Munuera en esta Mugrienta Liga Negreira estuvo a punto de fructificar en un remate que tuvo que sacar milagrosamente Courtois, aunque el Madrid falló a renglón seguido, en contragolpe pintiparado, una ocasión en la que faltó egoísmo a Mbappé. Se la quiso dejar hecha a Vini, pero al brasileño se le quedó el balón un palmo atrás y no pudo precisar.
Mbappé se quedó tirado en el suelo a resultas de un codazo descarado de su marcador. Nada, nada, sigan, sigan. ¿Nos encontrábamos ante la peor encerrona en años, y sabemos que es mucho decir? Pues posiblemente. Volvieron a derribar a Mbappé tras iniciar un desmarque tras pase de Brahim. Era mínimo amarilla. No fue nada. Volvió a pasar, esta vez sobre Vinícius. Nada. Lo que pasó, en cambio, fue la expulsión de Bellingham. Si el inglés insultó al árbitro, lo hizo haciendo gala de un lenguaje corporal muy contradictorio. El que sí le voy a insultar soy yo. Sinvergüenza.
Llegados a este punto, el cronista se fue a merendar. El cronista está hasta las pelotas. No sé si me explico. Hasta las pelotas de que una competición podrida por el club cliente de Negreira siga como si nada. Vuelvo de tomar un café con picatostes y me encuentro con que el sinvergüenza de Munuera Mobrevo, que le ha perdonado no sé cuántos penaltis a Osasuna, señala los once metros por un pisotón residual de Camavinga.
Vámonos de aquí. Vámonos del campo y de esta liga de mierda. Ese era el clamor en las redes sociales.
El cronista entra en una fase de voluntario/involuntario nihilismo. Es una especie de huelga de bolígrafo caído. No soy nada del otro mundo. Pero me merezco escribir sobre cosas mejores.
Vini hizo una jugada descomunal, pero para entonces Munuera ya había pitado no sabemos muy bien qué. La vida no tiene el menor sentido, me disculparán. No hay absolutamente ninguna razón por la cual la mejor institución de la historia del fútbol mundial deba pasar por esta cochambre, por esta humillación. Vámonos a la liga portuguesa. A la liga turca. A donde sea.
Vinícius volvió a liarla por la izquierda, pero si siquiera esto importaba. La volea de Modric, tras su gran centro, salió fuera.
El Madrid jugaba bien, pese a la inferioridad numérica. También daba igual. La vida es una mierda, amigos. La vida es Munuera Mobrevo, Tebas, Louzán, Medina Cantalejo, Laporta. Eso es la vida, y no hay absolutamente nada más fuera de esa fosa séptica. Bueno, está la Champions, pero la Champions es muy difícil ganarla.
Mbappé casi la mete en una prodigiosa incursión por la derecha, pero Herrera mete una gran mano. ¿Y qué importa?
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Hay algo tremendamente presuntuoso en la manera en la que el Manchester City engalana el Etihad ante las visitas del Real Madrid. Si hace un año nos mostraron orgullosos su apabullante colección de Champions (las mismas que el Aston Villa y una menos que el Nottingham Forest), este año nos recibieron con un tifo con malintencionada dedicatoria presumiendo de su primer y único Balón de Oro. Puede que en ambas ocasiones se hayan arrepentido tras el partido de su genial idea, así que quién sabe si habrá un tercer intento de provocación.
Uno no podría imaginarse esa actitud (al menos institucional) en Anfield, Old Trafford, el Allianz o el Giuseppe Meazza. Que vayan a muerte a ganarnos, se da por hecho. Que pretendan hacernos sufrir un ambiente infernal es siempre bienvenido y celebrado. Pero todo desde el mayor de los respetos por un equipo y una institución que todos comprenden encarna los valores tradicionales de la vieja Copa de Europa y de la nueva Champions. Lo más parecido que se recuerda es el cartel de Joan Laporta deseando “volver a vernos”, y bueno, ya sabemos cómo va de momento ese tema.
Juan Pardo, allá por los 80, cantaba los siguientes versos: “Caballo que te acercas a mi yegua / ¿Por qué vienes pateando? /¿Por qué llamas su atención? / Me sabes algo viejo y ya cansado / Provocando en tu galope a este pobre corazón”. El City, equipo construído bajo el cheat code del dinero infinito ( y de procedencia irregular), es el caballo joven llegado para conquistar su lugar como líder de la caballada. Un equipo regado de petrodólares, con una plantilla llena de estrellas y el considerado por muchos mejor entrenador del mundo no debería permitirse menos que conquistar Europa una y otra vez, creando su propia y brillante dinastía.
Sin embargo, la hegemonía esperada no ha llegado. Y, si no lo ha hecho, ha sido porque hay una variable que ninguna cantidad de dinero (ni de corrupción) en el mundo puede comprar: El Real Madrid, en Europa, es inevitable. En las últimas temporadas, el Madrid ha sido el muro casi infranqueable que ha impedido que los citizens conquistaran la gloria total a puro golpe de chequera emiratí. Nadie más, solamente el Madrid, ha sido capaz de contener sus arrogantes maneras de nuevo rico.
Nosotros no ganamos la Champions todos los años, claro, aunque en la última década lo parezca. Pudiera ser que este año no la ganemos, pero el equipo que lo hiciera sabría que, en el fondo, sólo va a disfrutar de un préstamo temporal. La Copa de Europa/Champions sólo tiene un dueño, y es el equipo que cada año, incluso segundos después de levantar la Orejona, pone a cero su contador de ambición continental. El equipo cuyo baremo para medir el éxito es tan tremendamente salvaje que sólo acepta el mayor triunfo de todos. Todo lo que no sea reinar en Europa es un fracaso, no importa lo que se hayan engordado las vitrinas de trofeos menores. El Real Madrid vive por y para un único destino y todos saben que, para quitarle ese honor, hay que matarle. Y si puede ser, rematarle al menos diez segundos después de que pite el árbitro el final del partido. Si no, corres el riesgo de comerte tu último tifo ocurrente.
En las últimas temporadas, el Madrid ha sido el muro casi infranqueable que ha impedido que los citizens conquistaran la gloria total a puro golpe de chequera emiratí. Nadie más, solamente el Madrid, ha sido capaz de contener sus arrogantes maneras de nuevo rico
No, el City no se está topando solamente con un equipo aguerrido y curtido en mil batallas. Se está enfrentando al equipo que inventó la maldita guerra. Se enfrenta a un club que ha domado la épica una y otra vez hasta convertirla en costumbre, para asombro y rabia de extraños y paganos. Un equipo al que deberían aprender, quién sabe si a la tercera lo harán, que quizá sea mejor no provocar. Y aún menos hacerlo exhibiendo exiguos botines que provocan más risa que enfado cuando uno piensa en las vitrinas que tiene en casa.
Ya lo dijo Juan Pardo, insisto, cuando terminó su canción con esta estrofa:
Porque si tú eres joven no eres sabio
Y hay que darle tiempo al tiempo
Y aprenderse la lección
Porque si tú eres joven yo soy bravo
Caballito que galopas…
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La calle Puigcerdá de Madrid está concurrida a pesar de la lluvia y del City-Real. Nadie se percata en la oscuridad de la noche invernal de que estas siluetas gigantes, que caminan con la pausa obligada de la edad y las huellas de la alta competición, forman parte de la historia del deporte europeo. Les aseguro que no es una de las hipérboles a las que se aferran los cronistas deportivos con frecuencia para dar lustre a lo vulgar. Es la realidad. Pura, llana o ensalzable, que para todo hay medidas. Pero, en este caso, ni el más puntilloso podría objetar una minucia, porque los protagonistas pertenecen a la casta de los pioneros. Ellos levantaron el Real Madrid de baloncesto y hasta el propio deporte de la canasta en España y en Europa.
Aun con su trascendencia deportiva les une algo más profundo, pues a su través se forjó la evolución del ser humano: la hermandad. Algunos lazos permanecen por el vigor con que se anudaron, en torno a dificultades, pero también de alegrías y compromisos compartidos. Con la edad de jubilación cumplida hace un tiempo se reúnen en torno a la mesa de un restaurante, no para recordar sus batallas cumplidas hace medio siglo, sino para refrendar el vínculo de la amistad, para mantenerlo vivo, o mejor, para vivirlo nuevamente.
En torno a los cubiertos, Emiliano Rodríguez, Lolo Sainz, Wayne Brabender, Vicente Ramos, Vicente Paniagua, Cristóbal Rodríguez, Juan Antonio Corbalán, Luis María Prada, José Manuel Beirán. Ausentes por motivos de fuerza mayor, pero presentes en el recuerdo y en las citas, algunos para ser honrados como se merecen, el magnífico Clifford Luyk; otros para ser tratados con respeto recíproco, como suelen hacerlo ellos, mis compañeros de quinta, Fernando Romay y Juan Manuel López Iturriaga, aficionados al sarcasmo.
El motivo de la reunión es recibir a un cofrade distinguido, a un compañero muy querido. Walter Szczerbiak suele acercarse con frecuencia de año y medio, así, a ojo de buen cubero. Y cada que vez que viene, con o sin familia —la querida Marilyn, simpática y amable, que fuera una Doris Day en Madrid; el madrileño Wally, casi tan gran jugador como su padre— es motivo de celebración. No es que nos falten para reunirnos, pero es la frecuencia con la que el resto nos vemos la que resalta el vacío de los que están lejos.
En cuanto llega el invitado se suceden los abrazos y las preguntas, como si hubiera un protocolo escrito para la ocasión. Siempre ocurre lo mismo, aunque desde hace unos años mantengamos contacto casi diario grupo de wasap mediante, que algo bueno han de tener las nuevas tecnologías, como que usted esté leyendo estas líneas, por ejemplo. Wayne Brabender, el último en llegar, es recibido con aplausos.
Pronto, la conversación deriva hacia temas de actualidad, Donald Trump y Luka Doncic, sin ir más lejos; y cómo no, hacia historias mil veces contadas de las que el tamiz de la memoria se empeña en fabricar nuevas versiones. Por ejemplo, nadie en la mesa, ni siquiera Wayne y Walter, los protagonistas, recuerdan haberse enzarzado en una pelea que terminó con ambos en el suelo, como asegura mi maestro Juan Corbalán. Pero ambos aprovechan para lanzarse la misma pulla de siempre, que ya sólo causa sonrisas, por más que el ajuste de cuentas se haya contado cientos de veces.
Walter se queja de que Brabender era intocable y siempre reclamaba cuando fallaba, aunque sólo fuera por el leve roce en una uña. Wayne asegura con cara de no haber roto un plato en su vida que nadie puede invadir su “cilindro” * cuando tiene el balón, lo que genera el asentimiento colectivo con cierto tono socarrón, ya que quien más y quien menos se ha llevado un codazo de recuerdo al intentarlo. Menos suerte tuvieron otros —rivales y compañeros— tatuados con la huella de puntos de sutura. Ante la acusación, Wayne levanta las cejas, vuelve a aludir a su cilindro con tono inocente, y Corbalán le excusa con figura literaria: “el reflejo del Tigre”, apunta en tono científico. De esta forma les gustaba llamar al combativo Brabender, que, a su vez, se queja de que Paniagua le freía a palos en los entrenamientos.
Así que, casi por alusiones, Pani, siempre nostálgico, interviene para comentar que acude al citado cilindro con frecuencia en Real Madrid Televisión y apostilla que los jugadores de hoy podrían evitar muchas personales de seguir los consejos de su entrenador manchego cuando era infantil en Alcázar de San Juan: “hoy intentan robar el balón golpeándolo con la palma de la mano y eso se ve mucho. ¡Hay que golpear así!”. Gira la mano y hace el gesto característico del golpe de karate ante el regocijo general. Una voz anónima apostilló: “¡Claro! Y luego tu entrenador se fue a Estados Unidos a rodar con Bruce Lee”.
De fondo, en una televisión de plasma el Madrid va doblegando al City con esas explosiones controladas características desde que las balas Kopa y Gento pateaban los campos europeos. Se alternan las bromas y la seriedad, hasta que la conversación se dirige a los orígenes de la profunda comunión que nos vincula, al sentimiento estable de nuestras muchas afinidades, vivenciales, emocionales, grabadas en la mente, la piel y las entrañas.
“¿Te acuerdas, Pani, cuando Emiliano nos invitaba a comer a su casa? Sólo éramos unos chavales”, le pregunta Cristóbal. “Claro que me acuerdo. Y de las cervezas a las que nos invitaba Moncho Monsalve”, contesta el aludido. Vicente Ramos añade “la cantidad de veces que fuimos juntos a comer con nuestras novias o al cine y a bailar”. Y cuando llegaban los americanos al equipo todos se volcaban en su integración. Quizás más Clifford y Wayne por razones de idioma, tal vez por eso también la conexión entre Walter y Brabender, quién sabe si por las muchas adversidades deportivas que sus manos solventaron.
Así que, cuando el rubio llega a la cena, Vicente Ramos, respetuoso y detallista se levanta para cederle su sitio al lado del invitado, Walter. “I love you, man”, le saluda el residente en Long Island. Se abrazan ante la mirada complacida del resto, y se me ocurre que la escena resume la índole de nuestra tribu: la prontitud en el favor; la humildad para que los protagonistas precisos ocupen la escena; la mirada puesta en el bien común; hacer sin pedir nada a cambio. Así se ganan Ligas, Copas y Copas de Europa cuando el respaldo es el del mejor club. Y, más importante aún, se fraguan aprecios que nunca decaen.
(Continuará)
*Cilindro: en baloncesto, es tal figura imaginaria que un jugador forma con su silueta, brazos y balón incluidos. Salvo sanción mediante, nadie la puede invadir, nadie puede tocar al jugador.