En un partido angustioso y extraño, marcado por la falta de solvencia del Real Madrid, los blancos consiguieron una victoria muy sufrida que puede ayudar a ganar en el campeonato o, con 9 partidos por delante, a morir en la orilla.
Ancelotti dispuso un once en el que reservaba a los habituales titulares sudamericanos, es de suponer que cansados y con jetlag tras su viaje transoceánico para jugar con sus selecciones (recordemos por ejemplo que Valverde venía de jugar a 4000 metros de altura en Bolivia). Ignoramos si Ancelotti consultó esta decisión con Javier Tebas con anterioridad. Con o sin el visto bueno del hombre más bocazas de la historia del fútbol continental, el italiano formó con Brahim por la izquierda, Güler por la derecha y Bellingham enlazando con Mbappé, hombre más adelantado.
El partido empezó transido de modorra, como viene siendo demasiado habitual y como las circunstancias postparón y pre-grandes citas suelen agravar. Apenas cabe señalar el bullicio de Brahim y una combinación entre los dos Luk(c)as que rechazó el guardameta Dmitrovic con el pie. El Leganés demostraba además cierto criterio jugando la pelota, como se vio en una buena jugada colectiva que Neyou lanzó fuera desde lejos. La velocidad y el temple de Asencio eran casi el único argumento para el aplauso. Se ha hecho con el corazón de la gente, y por muy buenas razones.
Trataban de combinar entre Brahim, Bellingham y Mbappé, mientras Güler se mostraba algo ausente. Modric llevaba los mandos con la magia correspondiente, pero no se veía excesivamente acompañado por sus compañeros.
A los 22, Fran García robó por anticipación una pelota y salió como una flecha, pero la jugada acabó en córner tras el tiro final de Modric. Al poco disparó de lejos Brahim a las manos del portero pepinero. Una combinación excelente entre Brahim y Bellingham por poco la convierte un escorado Mbappé. Empezaban a pasar cosas, pero sin que se despejara la sensación de que el Madrid jugaba al ralentí.
Al borde de la media hora, una gran jugada de Bellingham por la derecha acabó en penalti a Güler. Mbappé lo transformó a lo panenka. Alberto Cosín dice que no es penalti. Desde la grada sí lo pareció. Pero también pareció fuera de juego el tanto que marcó el Leganés a renglón seguido y ya nos informan de que no lo era. Diego García remachó a la red una buena jugada visitante por banda derecha. Muy blando Lucas Vázquez en su intento de rechace.
Son estas manifestaciones de fragilidad tan desconcertantes que tiene el Madrid, fallando más de lo debido en ambas aéreas, como demostró Brahim enseguida marrando un gol cantado en el punto de penalti. Y enseguida, otra vez el desastre en área propia. Esta vez el blandito fue Asencio, inopinadamente, aunque tampoco sabíamos dónde estaba Lucas Vázquez. Raba remató a la red, a placer, el pase de la muerte ingenuamente concedido por la defensa blanca. Una falta de concentración incalificable desde el inicio de la jugada, con balón perdido por Brahim, hasta el final.
Mbappé la tuvo por partida doble al borde del descanso, primero chutando desde la esquina del área en jugada característica suya, obligando a Dmitrovic a sacar una gran mano, y luego rematando fuera el centro de Güler. Nada. No entró, y nos fuimos al descanso con las gónadas en formato bow tie.
En un partido angustioso y extraño, marcado por la falta de solvencia del Real Madrid, los blancos consiguieron una victoria muy sufrida que puede ayudar a ganar en el campeonato o, con 9 partidos por delante, a morir en la orilla
Ningún cambio por parte de Ancelotti tras el descanso, a pesar de un banquillo hoy nutrido de estrellas consagradas. Sin embargo, la cosa se animó nada más empezar. Bellingham obligó a Dmitrovic a volver a estirarse en un astuto remate. Brahim cazó el rechace, que a su vez dio lugar a un globo que tocó el larguero para que, en la caída del balón, la empotrara el propio Bellingham. 2-2, pero no da tregua la irregularidad del Madrid, que de inmediato consintió un contragolpe que salvó Bellingham en área propia. Se la jugó. No fue penalti ni expulsión, pero un árbitro Negreira 2.0 te lo pita y se queda como Zeus. Hey Jude, anyway, aunque está abusando del taconcito.
Brahim la tiró al poste tras una buena incursión de Fran García en envío con el exterior de Modric. La sensación era que, con Jude enchufado, el Madrid consumaría la remontada, pero también podía suceder todo lo contrario por la falta general de solvencia blanca.
Ancelotti metió a Rodrygo y Vini por Brahim y por un Güler muy desdibujado mientras el Leganés se encerraba de forma cada vez más clara (y legítima) en su área y su portero cada vez tardaba más tiempo en sacar (esto es menos legítimo, pero seguirá siendo así mientras los árbitros no tomen cartas en el asunto. Lo mismo con las pérdidas de tiempo en general, cuyo efecto antideportivo no se subsana con descuentos largos).
El Madrid seguía con poca energía y también escasa inspiración. Entró Valverde por Lucas. La angustia comenzaba a apoderarse del recinto. Rodrygo robó un buen balón y enfiló la portería rival con determinación, siendo objeto de falta. La tocó suavemente Fran García para Mbappé, que la reventó. 3-2. Árbitro, la hora.
El partido era raro hasta el tuétano. Mbappé se quedó en el suelo tras una falta y Vini, a su lado, optó por no bajar a defender. En la misma jugada, Rodrygo se quedó asimismo tirado en el suelo. Había tensión en campo y grada. Dos disparos lejanos de los pepineros, uno parado por Lunin y otro fuera, volverían a ejercer el efecto bow tie, complementado por otro cabezazo fuera por poco de la delantera visitante.
Los jugadores se caían todo el rato. Para culminar el suplicio, Bellingham parecía jugar lesionado, y tras la salida de Tchouaméni ya no había cambios. El árbitro añadió 8 minutos para que el descalzaperros angustioso aumentara su magnitud. 8 minutos. Buen premio a las pérdidas de tiempo del Leganés, que es lo único en el partido que ameritaba tanto tiempo extra.
Vinícius se fue solo y cedió cederla a Mbappé cuando lo tenía todo a favor para marcar él. A continuación se puso a apretar el Leganés. La verdad, este cronista prefiere sufrir frente al Bayern. No se sabe muy bien cómo, se acabó el partido y el mundo volvió a ser bello.
O no.
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Buenos días, amigos galernautas, A estas horas ya estáis enterados de que Javier Tebas, a la sazón plenipotenciario presidente de la Liga de Fútbol Profesional, es un bocazas de manual.
Con esto no pretendemos insultarle, sino constatar una realidad sencilla: habla demasiado y se mete donde nadie le llama. Es el típico señor impertinente que se pone faltón cuando considera que lo suyo peligra, siendo lo suyo invariablemente algo que no tendría por qué serlo, empezando por los 5 millones de euros que percibe anualmente por razón (?) de su cargo y continuando con el papel de mandamás que se atribuye a sí mismo y del que tarde o temprano le apeará la realidad del futuro, la tecnología y los nuevos caminos del entretenimiento. Pero mientras tanto ahí sigue, extorsionando y/o sobornando a los presidentes de los clubes a través de asuntos como CVC y echando pestes cada vez que puede sobre el único club que de verdad se opone a sus turbios manejos. Esto es, al Real Madrid C. de F.
Ya conocéis la última. Tras quejarse Ancelotti de los horarios, que de forma harto arbitraria y hostil con el club blanco decide el propio Tebas, este tuvo el cuajo de replicar aludiendo a los tardíos cambios del italiano. “Menos quejarse por los horarios y sus efectos sobre la salud de los jugadores y más rotaciones y cambios antes del minuto 85”, vino a decirle. Ancelotti le ha contestado con la caballerosa retranca habitual. Lo recoge en portada As.
A nosotros nos pasa como a Carletto. No sabíamos que Tebas quería ser entrenador. Dado que dice ser madridista, entendemos que su aspiración (ya no) oculta será entrenar al Real Madrid. Después de ser presidente de la LFP y ahora vicepresidente de la RFEF, ya solo le falta entrenar al equipo blanco y un sillón en la RAE. Sobre esto último, preconizaremos sin tapujos que le entreguen el sillón con la letra P, de pipero.
Sí, amigos. Tebas se confiesa madridista, y quiénes somos nosotros para dudar que lo sea. El madridismo es una cosa tan amplia que dentro de sí acoge a verdaderos antimadridistas. Ahora bien, de ser madridista D. Javier, convendremos que se trata de uno de esos madridistas que Hughes bautizó en su día como “piperos”.
Esto se dice poco y es una gran verdad. Javier Tebas es un pipero de manual. No le gusta que Carletto haga los cambios en el minuto 85 porque para entonces él ya se ha ido del estadio, pretextando que habrá mucho atasco en la A6 y tiene el coche aparcado en Padre Damián por la parte de arriba. Es ese señor que se fuma los últimos diez minutos y pasa delante tuya muy despacio justo cuando vamos a tirar una falta al borde del área.
Decidnos que no os imagináis a Tebas con un gintonic en el José Luis de Rafael Salgado, soltando cosas de pipero.
“No soporto a Carletto y sus cambios en el minuto 85. No tiene ni puta idea”.
“Todo lo que hemos ganado ha sido a pesar de Ancelotti”.
“Tchouaméni ha aprendido gracias a los pitos del Bernabéu”.
“Me da envidia ver cómo el Barça utiliza su cantera”.
“Necesitamos más españoles en el equipo”.
“Es una vergüenza que Bellingham no hable español mejor”.
“Vinícius debe aguantar las patadas y los insultos racistas sin rechistar. Para eso le pagan”.
“El equipo no está trabajado tácticamente. Es un bochorno”.
“Este año, nadaplete”.
Quizá sea el menor de sus defectos, pero pipero es. Pertenece a esa orgullosa estirpe de piperos antiflorentinistas que abogan por un Madrid que debe dejarse atacar por mor del presunto señorío, y que debe ganar siempre, a pesar de los árbitros. Como cree que el Madrid está obligado a ganar por muy grandes que sean los obstáculos que se le presentan (cosa que siempre afirman los piperos), él no cesa de presentarlos.
Marca abre con una foto de la misma rueda de prensa en la que Carletto respondió con ironía a Tebas pero, por lo que sea, no alude a dicha repuesta. Por lo que sea. Qué más dan los motivos, que no podemos adivinar, sobre todo porque no hace falta adivinarlos.
Ni As ni Marca plasman sin embargo en sus portadas otra respuesta genial por parte de Ancelotti, que es el verdadero portavoz del club. Le preguntaron por esas declaraciones incalificables de Flick. “No somos el Madrid, somos el Barça, y estamos orgulloso de ello”.
-Estoy de acuerdo con Hansi. El Madrid no es lo mismo que el Barça.
Imposible decir más con menos.
Y ahí, siendo ahí la portada de Mundo Deportivo, tenemos precisamente a Flick, un hombre que parecía sensato y cabal cuando entró en escena y que ya se ha mimetizado con el victimismo y la hipocresía que se traen por esos pagos. Hablamos de esa hipocresía que le permite (o él cree que le permite) criticar a Ancelotti por hablar de la dureza imposible del calendario (y los horarios de Tebas) y al minuto ser él quien lo critica. Literalmente. En la misma rueda de prensa.
Obsérvese cómo la prensa afín el culerio protesta también por dicho calendario y el modo en que el mismo puede perjudicar al Barça, mientras que la prensa afín (jojojo) al Madrid plantea ese mismo infierno como un hermoso desafío para los blancos (“el reto de los diecisiete”).
Sport nos informa de la lesión de Dani Olmo, a quien deseamos una pronta recuperación, reflejando también, como el resto de portadas, la impugnación por parte de Osasuna de su último partido contra el equipo cliente de Negreira. Las posibilidades de que esta impugnación tenga recorrido son las mismas que las de ver la purga que el CTA pide a gritos desde que se supo que la institución fue comprada durante décadas por uno de los clubes en liza.
A todo esto, esta noche jugamos contra el Leganés en la MLN (Mugrienta Liga Negreira), como la llama nuestro amigo Jesús Alcaide. Buena suerte a los nuestros.
Pasad un feliz sábado.
Un parón de selecciones es una cosa muy bajonera, especialmente en estas fechas, que es cuando llegan las golondrinas y las fases finales de Champions League. El parón de selecciones de marzo es como darse el lote con tu novia del instituto y que de pronto aparezca su padre por la puerta, se siente entre los dos, y se ponga a contarte anécdotas de cuando hizo la mili en Ceuta.
Por suerte este último parón ya está finiquitado. Sin embargo, me alegra descubrir que nuestros siempre eficaces burócratas de la Unión Europea este año han sacado un kit de supervivencia para soportar la turra de las selecciones. Qué majos. Europa siempre a la vanguardia.
El parón de selecciones de marzo es como darse el lote con tu novia del instituto y que de pronto aparezca su padre por la puerta, se siente entre los dos, y se ponga a contarte anécdotas de cuando hizo la mili en Ceuta
La intención es buena, pero no comprendo bien el contenido de dicho paquete de emergencia. No sé cómo va mitigar mi malestar general por la ausencia de partidos del Madrid un DNI plastificado, unas velas o una lata de atún en escabeche. Y mucho menos entiendo lo de la radio a pilas. Meter una radio en un kit de supervivencia de un parón de selecciones es como echar pimentón a las natillas: no tiene sentido y provoca desórdenes estomacales. Señora Von der Leyen, a ver cómo se lo explico: lo último que se me ocurriría cuando no hay futbol de clubes es ponerme a escuchar los debates del Tertulión.
En fin, el caso es que me encontraba escribiendo el último párrafo cuando me he enterado que el kit ese no es para soportar el parón de selecciones. Ya decía yo. Resulta que es para una guerra o crisis apocalíptica. En ese caso entiendo lo del transistor, que supongo que será para que después del colapso de la civilización Richard Dees pueda seguir haciendo El Radio y amenizarnos el fin del mundo. Ya dice la ciencia que lo único que sobreviviría en la Tierra tras un holocausto nuclear son las cucarachas y los programas deportivos.
Lo que no acabo de ver es a qué guerra se refieren los burócratas europeos. Hay un japonés llamado Naruto Uzumaki de 116 años que lleva defendiendo un atolón del pacífico desde 1942. Como carecía de kit de supervivencia, no tenía transistor a pilas y desconoce que Japón se rindió a los aliados en el 45. El señor Uzumaki y la Unión Europea tienen en común que ambos creen estar en guerra con alguien.
me alegra descubrir que nuestros siempre eficaces burócratas de la Unión Europea este año han sacado un kit de supervivencia para soportar la turra de las selecciones. Qué majos. Europa siempre a la vanguardia
Puede que lo estemos. Yo qué sé. Reconozco que salgo poco de casa y de estas movidas suelo ser el último en enterarme. Holanda estuvo en guerra contra las islas Sorlingas entre 1685 y 1986. Trescientos años de conflicto sin que nadie disparase un solo tiro. Igual es ese tipo de guerra en la que estamos. Cosas más raras se han visto. La Guerra del Cubo que enfrentó a Bolonia y Módena en 1353 por la posesión de un cubo de madera duró tres horas y causó 500 bajas, marca que los alegres chicos del Frente Atlético tal vez aspiren a superar en la próxima visita a domicilio de los del Cholo Simeone.
Pienso que lo ideal sería adaptar el kit de supervivencia a los distintos equipos de la Liga Española. Quiero decir que, en pleno colapso civilizatorio, las necesidades de un culé y de un merengue no son las mismas. Necesitan kits personalizados para garantizar su eficacia: si tu a un seguidor del Osasuna, por ejemplo, le das una botella de agua, lo normal es que se la beba cuando tiene sed, pero si se la das a un atlético se la tirará a Bellingham para que la remate de cabeza. Dicho lo cual, he aquí una sugerencia de lo que podrían llevar los susodichos paquetes de emergencia según el color de la camiseta que se use:
Atlético de Madrid. El kit de supervivencia indio debe incluir el teléfono de un psicólogo de guardia las 24 horas. Mucho me temo que durante una crisis lo primero que se resiente en el club del Manzanares es la salud mental, como demuestran las recientes derrotas contra el Real Madrid, que han dejado tocadísimos del ala a nuestros vecinos. Algunos aficionados atléticos quieren impugnar el resultado del último partido de Champions contra el Madrid ante el tribunal de la Haya. Como sigan así acaban presentando una instancia en el Wizengamot, que como muchos lectores saben es el tribunal de hechiceros que dirime los asuntos judiciales en el mágico mundo de Harry Potter. Antón Meana y José Miguélez están a un “frame” de la toma del penalty anulado a Julián Álvarez de elevar una queja al Tribunal de las Aguas de Valencia, a ver si cuela.
En resumen, no recomiendo en absoluto un marco de crisis para el Atlético de Madrid. Con kit o sin kit, mucho me temo que no sabrían gestionarlo. Ante un holocausto nuclear, por ejemplo, sospecho que la reacción de Gil/Cerezo sería renovar el contrato de Simeone.
Fútbol Club Barcelona. El Barça de Laporta no necesita ningún kit de supervivencia, es más bien el resto de personas quienes necesitamos un kit para protegernos de ellos, porque de haber una crisis gorda que amenace el orden y la ley en la civilización, seguramente la habrían provocado los culés. Es probable que para poder fichar a alguien sin poner un duro. En el Apocalipsis zombi, el Barça va con los zombis, que en lo de sorber cerebros ya tienen experiencia.
Si se llegara el caso de que el FC Barcelona también quisiera un kit de supervivencia (y si se lo ven al Madrid, lo van a querer seguro), lo mejor es que metan dentro a Javier Tebas y a la Federación Española de Fútbol, porque no hay crisis culé por dramática que sea que ambos no puedan solucionar
Pero, en fin, si se llegara el caso de que el FC Barcelona también quisiera un kit de supervivencia (y si se lo ven al Madrid, lo van a querer seguro), lo mejor es que metan dentro a Javier Tebas y a la Federación Española de Fútbol, porque no hay crisis culé por dramática que sea que ambos no puedan solucionar. En un eventual fin del mundo, el Barça solo tendría que abrir su kit para obtener la salvación. Los demás estaríamos jodidos.
Real Madrid. Un kit de supervivencia es un complemento inútil para el club de Concha Espina. Llevamos más de un siglo en guerra contra todo el mundo sin kits de esos ni nada, a pelo. Y ahí seguimos. Apocalipsis a nosotros. Ja. Atendiendo a cierto sector de la afición merengue, el equipo lleva en crisis desde que Ramos marcó su gol en Lisboa, sobrellevando nuestro descalabro deportivo a base de Copas de Europa y sin paquetes de emergencia. Los madridistas no precisamos kits con productos de Decathlon para sobrevivir al fin del mundo, tenemos a Andriy Lunin. Si llega el Armagedón, Andriy Lunin le mira con sus ojos de galerna y, sin apenas mover los labios, masculla: “vete a casa, chaval”, y el Armagedón agacha la cabeza y se da la vuelta diciendo “perdón, perdón, ya me marcho” y que si eso vuelve luego, cuando nos venga mejor.
A pesar de todo, si fuera obligatorio que la Unión Europea tuviera que hacer un kit de supervivencia para el Madrid, supongo que la mejor idea sería meter dentro a un vinagre. Al Látigo Serrano o alguien por estilo. Una persona que cuando llegue el holocausto nuclear diga que él ya lo venía diciendo, y que cuando estés más hundido te insulte desde la grada para motivarte. El vinagre te arregla cualquier Apocalipsis echando a Ancelotti y contratando a Nagelsmann para gestionarlo —o a otro entrenador igualmente peculiar— y tirando de la cantera. Sea como fuere, ellos ya lo sabían.
En fin, queridos lectores galernautas: a pesar de todo, el fin del mundo no parece estar más cercano de lo que lo está la sentencia del caso Barça Negreira, de modo que no se preocupen demasiado. Lo más probable es que ni ustedes ni yo veamos una cosa ni otra. Así que disfruten del final del parón de selecciones, que llega la primavera y el Madrid está a punto de florecer.
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El madridismo puede nacer de muchas formas, pero pocas historias tienen el peso emocional de aquellas que atraviesan continentes y generaciones. En mi caso, 7.379 Km (la distancia entre el Santiago Bernabéu y Maracaibo, Venezuela ) serían pocos. La pasión por el Real Madrid comenzó mucho antes de que pudiera entender lo que significaba amar a un club de fútbol, mucho antes de nacer. El Madrid me había elegido, no yo a él.
Fue Carola, mi abuela, quien plantó la primera semilla. Después de la Guerra Civil Española, emprendió un viaje hacia Venezuela, llevando consigo poco más que recuerdos y una pasión inquebrantable por el Real Madrid.
Los domingos empezaban a transformarse en días especiales. Entre tostadas y café, Carola, como buena mocita madrileña, me llevaba alegre y risueña a un lugar que aun sin conocerlo podía visualizar perfectamente. Sus historias sobre el Madrid imperial de Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskás y Paco Gento cobraban vida. Sus relatos sobre aquellos primeros conquistadores de Europa eran tan vívidos que casi podía escuchar los gritos del antiguo Chamartín.
Mi padre, continuando con esta herencia blanca, añadía su propia capa de historia. En sus palabras cobraba vida la legendaria “Quinta del Buitre”: Butragueño, Míchel, Martín Vázquez, Pardeza y Sanchís dominando el fútbol español con cinco ligas consecutivas, así como también aquel Madrid de Juanito, Stielike o Santillana.
Dos generaciones, dos épocas doradas de un mismo sentimiento.
14 de Junio de 1997. Ahí empezaría mi propia historia como madridista, la tercera generación. ¡Alirón, alirón, el Madrid es campeón! Campeones de Liga. 3-1, venciendo al Atlético de Madrid, primer título personal. Aún no sabía lo que vendría, porque si hay un momento que definió mi madridismo para siempre fue la conquista de la Séptima Copa de Europa. "Es un día histórico", me dijo mi padre mientras me pedía grabar el partido en VHS. “Después de 32 años volveremos al lugar que nos merecemos, no te lo pierdas".
Y así comenzó una tradición familiar: grabar cada final europea. La victoria ante el Valencia en París con el gol de Raúl, la elegancia de Fernando Redondo y aquella volea mágica de Zidane en Glasgow quedaron inmortalizadas no solo en cintas, sino en la memoria colectiva de nuestra familia.
Justo el verano siguiente marcó un antes y un después en mi vida madridista. Viajé por primera vez a Madrid y conocí en persona al tío Manolo (hermano de Carola), quien vivía allí y de quien tanto había escuchado hablar y heredado libros, fotos, bufandas, gorras y un sinfín de cosas que se volvieron parte de la decoración de mi habitación. Con apenas diez años, él me llevó al Santiago Bernabéu, a ver un Madrid-Villarreal. Al entrar, sentí que pisaba suelo sagrado. Allí estaban mis héroes de carne y hueso: Illgner, Panucci, Hierro, Sanchís, Roberto Carlos, Redondo, Seedorf, Savio, Morientes, Raúl y Mijatović.
El equipo empezó perdiendo, pero terminó remontando con un contundente 4-1, una lección temprana de lo que significa ser del Madrid: nunca rendirse.
Fue mágico. Los sueños se empezaban a hacer realidad. El amor se había consumado. Ese día me prometí estar siempre cerca del Madrid, una promesa que la vida me permitió cumplir literalmente cuando, hace tres años, me mudé a vivir a la capital de España.
El círculo se cerró: mi abuela había salido de España llevando el madridismo en su corazón hasta Venezuela, y yo, décadas después, regresaba a las raíces de ese sentimiento heredado, completando un viaje que comenzó mucho antes de mi nacimiento.
Vivir en Madrid ha significado la materialización de un sueño que comenzó con las historias de Carola, en aquellos desayunos de domingo. Después de tantos años viviendo la pasión madridista a miles de kilómetros, poder celebrar la primera Copa de Europa en Cibeles fue una experiencia indescriptible. Ver a la diosa convertida en el centro del universo madridista, sentir el abrazo colectivo de miles de aficionados unidos por el mismo sentimiento que mi abuela me transmitió, fue como cerrar un círculo perfecto.
Pero quizás el momento más emotivo fue poder ir al estadio con mi viejo, sentarnos juntos en esas gradas que tantas veces habíamos imaginado, y celebrar “in situ” todo lo que durante años vivimos a la distancia. Cada gol, cada cántico, cada victoria nos transportaban a esos días en Venezuela, cuando él me contaba historias de la Quinta del Buitre y de Juanito, mientras veíamos los partidos en la televisión.
Carola y el tío Manolo ya no están con nosotros, pero sé que están en algún lugar, animando al Madrid como siempre lo hicieron, porque el Madrid va más allá de la vida misma, es eterno. Cuando el estadio ruge, cuando el equipo remonta, cuando los jugadores se abrazan tras un gol imposible, siento que ellos siguen ahí, que su legado continúa, que aquel madridismo que cruzó el Atlántico sigue más vivo que nunca.
La pasión que comenzó con una joven que tuvo que abandonar su país tras una guerra, ahora se ha completado con su nieto que regresó a la tierra de sus ancestros. Es el poder del Real Madrid, un club que trasciende fronteras y generaciones, que une a familias a través del tiempo y la distancia, y que convierte una simple pasión deportiva en un legado que se transmite como el más preciado de los tesoros.
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Buenos días, amigos. Todos conocemos a alguien con la misma educación que un regüeldo, o a alguien con el tacto de un elefante haciendo calceta, o bien con la visión empresarial del responsable de Decca que rechazó a los Beatles en 1962, o con el saber estar de Ernesto de Hannover en una barra libre. Es fácil. Lo difícil es hallar en una misma persona un compendio de todo lo anterior. En España tenemos la suerte de contar con un ejemplar así: Javier Tebas. Y además lo hemos colocado como presidente de la Liga de Fútbol Profesional. Con un par.
Estamos acostumbrados a la clase de Tebas —similar a la que muestra Laporta al realizar cortes de manga o comportarse como un ultra en público durante sus cíclicos subidones y bajonazos—, pero esta falta de respeto con uno de los profesionales, Ancelotti, que procura más lustre a su depauperada competición ha sobrepasado todos los límites.
«Si haces todos los cambios a partir del minuto 85… ¿de qué te quejas?». Sí, lo ha expectorado Tebas. No ha sido un amigo en un pub a las cuatro de la mañana en un estado arrabaliano. Ha sido el presidente de la LFP en horario laboral, porque en España hay barra libre para Tebas y por tanto puede mostrarse todo lo grosero e irrespetuoso que desee sin consecuencia alguna.
La forma de conducirse de Tebas no solo produce alipori y está alejada de cualquier norma de urbanidad, sino que atenta contra su propio producto. Sus ataques al principal activo de la Liga que preside, el Real Madrid, son el leitmotiv de su día a día. Ora Florentino, ora Vinícius, ora Ancelotti. Más allá de la falta de educación, no parece la estrategia empresarial más adecuada.
Esta conducta del capo de la competición hacia quien simplemente defiende sus derechos (institucionales y económicos, Florentino; a la no discriminación e integridad, Vinícius; a la salud y al descanso, Ancelotti) contrasta con la mostrada con quien incurre en irregularidades y presuntos delitos (pago al vicepresidente del CTA, incumplimiento del fair play financiero, inscripciones irregulares..., Barcelona). Está todo prescrito o disuélvanse que aquí no ha pasado nada.
Ni siquiera hemos albergado un ápice de esperanza de que las declaraciones ofensivas de Tebas apareciesen en los medios que riega.
Con la excepción de As, las portadas son para el club responsable de la «corrupción sistémica en el arbitraje» —juez instructor del caso Barça-Negreira dixit—. Ayer ganó 3-0 a Osasuna con varias polémicas dentro y fuera del campo.
En el césped, un controvertido penalti sobre Olmo fue transformado en gol a la segunda, pues de primeras se falló, pero se mandó repetir por… en realidad da igual, hoy por A, mañana por B. La acción es muy representativa y plantea varias cuestiones. ¿Se atiene a normativa la inscripción del protagonista Olmo? ¿Se considera penalti esa jugada si el jugador no es del Barça? ¿Se ha mandado repetir el lanzamiento en otras ocasiones cuando quien ha marrado la pena máxima pertenecía a otro equipo?
Fuera del campo, se da la circunstancia de que Iñigo Martínez disputó el encuentro menos de cinco días después del final de la convocatoria de la selección española que abandonó por lesión. El artículo 5 del Reglamento sobre el Estatuto y Transferencia de Jugadores de la FIFA dice lo siguiente:
Ayer adelantó en COPE the kingdom's greatest trumpeter que Osasuna está estudiando la impugnación del partido por alineación indebida de Iñigo Martínez. The trumpeter quiso dejar claro con especialísimo énfasis (no vaya a ser que sus jefes le malinterpreten) que «LA NOTICIA NO ES, NO ES QUE LA COPE DIGA QUE HAY ALINEACIÓN INDEBIDA, OJO. LA NOTICIA ES QUE EL CLUB ATLÉTICO OSASUNA, SUS SERIVICIOS JURÍDICOS ESTÁN ESTUDIANDO UNA POSIBLE ALINEACIÓN INDEBIDA DE IÑIGO MARTÍNEZ». Todo ello dicho muy alto mientras con las manos indicaba una medida roccosiffrediana de lo que tienen atorado en la garganta los antimadridistas.
💥 Informa @isaacfouto
⚠️ @Osasuna estudia una posible alineación indebida de Iñigo Martínez
❌ El club navarro analiza si el @FCBarcelona ha incumplido una norma FIFA sobre el periodo que tiene que transcurrir tras una baja por lesión con la Selección
📻 #PartidazoCOPE pic.twitter.com/1kLGKtv4OS
— El Partidazo de COPE (@partidazocope) March 27, 2025
Da igual que Iñigo se marche de la selección lesionado y al pisar Barcelona, cual Lázaro, se levante y eche a andar, o a correr. Da igual que se incumpla o no cualquier normativa de FIFA, de UEFA, de la RFEF, de la LIGA o de la Comunidad de Propietarios de San Benito Bercimuelle, 27. Es lo mismo que se haya quebrantado o no algún artículo porque es indistinguible dónde acaba la selección, la RFEF, y dónde empieza el impune Barça.
Liga, RFEF y Gobierno muestran el mismo ánimo por perseguir los desmanes del FC Barcelona que la Francia de Vichy en molestar a los nazis.
Al hablar de nazis nos viene a la cabeza una noticia que tiene ver con el Atlético de Madrid. La UEFA ha abierto una investigación a Rüdiger, Mbappé, Ceballos y Vinícius por su celebración en el Metropolitano tras la clasificación por penaltis en Champions.
La UEFA investiga a quien celebra, pero no a quien lanzó objetos contra los jugadores que celebraban. Del mismo modo que no abrió investigación tras los graves insultos vomitados por los neonazis del Frente Atlético durante el minuto de silencio del Bernabéu en la ida.
Con Gil Marín como miembro del Comité Ejecutivo de la UEFA y vicepresidenta de la ECA, el Atleti se siente igual de impune en Europa que el Barça en el cenagal patrio. E intenta lograr una victoria pírrica sobre el Madrid, aunque sea en diferido y a modo de pataleta-venganza para saciar la rabia que le provocaron los errores propios, como el penalti bitoque.
Pasad un buen día y cuidado con las barras libres, que las carga el diablo.
Se me hace largo este parón. Quizá porque mi apego deportivo a la Selección Española oscila entre el desengaño, el tedio o el desapasionamiento. Quizá porque, como en las series de antaño, siempre ponen la publicidad en el mejor momento. Dos, tres semanas para decidir toda una temporada. Como cada primavera, al Real Madrid le llega la hora de la verdad. Su momento. Es decir, el nuestro.
No negaremos que hemos disfrutado de lo que llevamos de temporada. Algunos momentos para el recuerdo, algunas noches épicas, algunos goles para enmarcar. Sin embargo, mentirá quien oculte que también han sido muchas las dudas. Las sensaciones de debilidad, los desconciertos —los goles en el primer minuto—, e incluso algunos partidos incomprensiblemente soporíferos.
Una de las mejores y peores cosas de ser del Real Madrid es que, a diferencia de otros clubs que quieren y no pueden, no ganarlo todo es siempre un fracaso
Supongo que al principio fue el proceso de adaptación de la nueva plantilla, echar muchísimo de menos a Kroos, y el complicado puzle de casar Mbappé en la nueva ecuación madridista. Después nadie sabe lo que fue, más allá de las bajas, que de todos modos también nos han maldecido en casi todas las últimas temporadas. Pero una vez más, llegado el momento, guardamos lo visto en un cajón del archivo, porque ahora empieza lo que de verdad importa. No es casualidad que la época típicamente madridista sea justo en la que florecen las flores. Por otras corruptas latitudes, festejan títulos en otoño, y en vez de copas y jazmines les dan castañas.
Una de las mejores y peores cosas de ser del Real Madrid es que, a diferencia de otros clubs que quieren y no pueden, no ganarlo todo es siempre un fracaso. No nos pueden dar a elegir entre la rubia y la morena. Nos gustan todas. Las orejudas, la que levanta los brazos al bailar, la que tiene más agarre que cuerpo —terrible metáfora que esa sea la principal de las que organiza la RFEF—, y hasta la inspirada en los discos de oro de la Voyager, que con tanto interés enseñó Infantino a Trump en la Casa Blanca, mientras el presidente americano miraba por la ventana, bostezaba, y golpeaba la mesa con los deditos.
Se quejaba Ancelotti del calendario y no es para menos, porque los jugadores que hayan conseguido sobrevivir hasta ahora, aunque heroicos, tienen pocas posibilidades de salir con vida del pinball enloquecido de partidos y competiciones que les esperan en las próximas semanas, en un momento en el que además ya no hay tiempo para la duda, ya no hay espacio para los errores. Que el sábado vuelve la Liga, tres días después llega la Copa del Rey, otro achuchón liguero el sábado, y de narices —y espero que con todos los dientes en su sitio— caemos en los cuartos de final de la Liga de Campeones. El resto de esta frenética historia primaveral ya la conoces. Si todo va bien, que es lo que deseamos, será todavía peor, porque aún faltará lo mejor.
Juega a nuestro favor este año la abundancia de bocazas. Nada sitúa en mejor posición al Madrid para ganarlo todo que esta hostilidad general
Juega a nuestro favor este año la abundancia de bocazas. Por alguna extraña razón, las denuncias del Real Madrid sobre los arbitrajes, como si hubiera caído el Espíritu Santo sobre ellos, han desatado la lengua a tipos que solían ser prudentes y educados, y hoy vociferan en todas las lenguas de la tierra, y no precisamente para desearnos buena suerte.
Nada sitúa en mejor posición al Madrid para ganarlo todo que esta hostilidad general —aunque exclusivamente nacional— a la que ya empiezan a tenernos acostumbrados, aunque antes estuviera limitada a quienes pagaron durante 17 años al número dos de los árbitros, y ahora encuentra entusiastas amplificadores de mensajes mimetizados —y un poquito groseros— en los vestuarios más insospechados. Sea. Nos gusta así. Nos gusta ganar así.
Y se me sigue haciendo larga la espera.
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Buenos días, amigos. Como cantaba Lennon, the dream is over para el Real Madrid femenino en Champions. Lo de Real Madrid femenino lo añadimos nosotros, eso nunca lo mencionó el ex-Beatle, que se sepa. Si en aquella canción John afirmaba no creer en Kennedy ni en Jesús ni, en general, en nada (salvo en él), anoche a la conclusión del encuentro de las de Toril no fueron pocos los que mostraron su descreimiento precisamente en el técnico blanco, cuya inacción ante el baño de juego y goles del rival exasperó a la afición, aunque en una derrota así no cabe responsabilizar de todos los males a una única persona. Para profundizar en lo sucedido, recomendamos la lectura de la excelente crónica de Fernando Alcalá-Zamora.
Marca se hace eco de la eliminación de este gris Madrid en la azotea de su portada, pero el protagonismo lo ceden a una irreconocible presidenta de la Comunidad de Madrid, que aparece a lomos de uno de esos vehículos que inundan nuestras aceras y pasos de peatones. «Ayuso se impone a Roglic en La Volta. Deslumbra». Desconocíamos esta faceta de la política madrileña. En nuestro descargo, confesamos que desconectamos en cierta manera del ciclismo hace unos años merced a los continuos escándalos de dopaje que adulteraron la competición. Especialmente conocido fue el caso de Lance Armstrong, adalid de las trampas en el deporte de la bicicleta.
El asunto fue muy feo, pero se nos escapan las lágrimas al recordar la reacción que tuvieron las autoridades, organismos, instituciones y prensa en aquellos tiempos y compararla con la que se produjo, y se sigue produciendo, ante el mayor escándalo del deporte español: el pago de millones de euros del FC Barcelona al vicepresidente del CTA Enríquez Negreira durante décadas.
Los ardides de los ciclistas, médicos y equipos fueron ampliamente difundidos por los medios de comunicación; los investigados, encausados; y los culpables, condenados. Aquí lo del Barça y Negreira es un tema tabú, a quien se atreve a hablar de ello públicamente se le señala (Mateu Lahoz es el último ejemplo).
Porque en España lo que se lleva es hacer vida normal y desayunar alegremente en la cocina ignorando que hay un cadáver a los pies del frigorífico. O escuchar a Flick en rueda de prensa espetar que «nosotros somos el Barça y no somos el Madrid. Estamos muy orgullosos de ello» y no preguntarle si conoce a Negreira.
🚨 ¡Vaya palo de Flick al Madrid sobre las quejas de no descansar más de 72 horas!
😡 "Somos el Barça, no el Madrid, y estamos muy orgullosos de ello..." pic.twitter.com/PyKXHde05f
— Diario AS (@diarioas) March 26, 2025
Hay que tener los bemoles del tamaño de Júpiter, con todos sus satélites incluidos, para sacar pecho por pertenecer al club más corrupto de la historia del deporte. El club, entre otras cosas, que se compró a la cúpula arbitral (Negreira mediante), el de las palancas ficticias e inscripciones surrealistas con la anuencia de los reguladores, el que es avalado por los socios de la empresa que comercializa los partidos y nutre de imágenes al VAR, el condenado por dos delitos fiscales habida cuenta del caso Neymar, el que no disputa encuentros de Copa que no le vienen bien y luego es indultado por el mandamás de la RFEF, el dirigido por un presidente que reconoció en una conversación haber adquirido un órgano de manera ilegal, etcétera.
Repetimos ¿por qué ningún periodista le pregunta a Flick si conoce a Negreira? ¿Por qué ningún profesional hace su trabajo? Porque, a estas alturas, no sabemos si se hace el tonto o bien no lo conoce porque lo tienen aislado de la realidad en una burbuja al modo de la abuela de Good Bye, Lenin!, como señala nuestro editor Jesús Bengoechea.
A veces me pregunto si Flick, que al principio parecía un tipo sensato y cabal, sabe algo de Negreira, o si por el contrario se lo ocultan como a la abuela de “Goodbye, Lenin” la caída del Muro. Porque el tío habla como si realmente trabajara para una empresa ejemplar. pic.twitter.com/rBnM1hD1yW
— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) March 26, 2025
El técnico azulgrana parecía cuerdo (no confundir con culerdo) cuando aterrizó en El Prat, pero ha devenido en una suerte de chiflado, o en algo peor. Todo el que ficha por ese club termina por contaminarse, pierde el juicio y acaba soltando necedades y mentiras. Cabe preguntarse si es un requisito para cobrar.
Lo más gracioso es que después de defender que «nosotros somos el Barça y no somos el Madrid. Estamos muy orgullosos de ello» en relación a las quejas (justas) del Madrid por no disfrutar de al menos 72 horas de descanso, se muestra indignado con los horarios de la Liga y el descanso de sus jugadores.
Cuando menos, delirante.
Mundo Deportivo también se hace eco de la polémica y habla de un «Flick crítico con la elección de fecha» para el encuentro que disputa hoy el Barça frente a Osasuna a las 21.
Queremos terminar este portanálisis con buen sabor de boca, de modo que hemos reservado la portada de As para el final.
Un Pepe pletórico de madridismo pronuncia una de las frases claves en nuestro club: «Nunca den por muerto al Madrid».
Nos despedimos parafraseando a Lennon en la mencionada God.
No creemos en Tebas.
No creemos en Cantalejo.
No creemos en Ceferin.
No creemos en el Barça.
No creemos en el Atleti (ni en sus neonazis).
No creemos en la Liga.
No creemos en el CTA.
No creemos en la Federación.
No creemos en los medios paniaguados.
Solo creemos en el Real Madrid.
Pasad un buen día.
El Arsenal FC derrotó con contundencia (3-0) al Real Madrid femenino en el partido de vuelta de los cuartos de final de la Liga de Campeones para dar un vuelco a la eliminatoria y frenar en seco el camino europeo de las blancas. Dos goles de una iluminada Alessia Russo y un tanto de Mariona Caldentey en un lapso de quince minutos destrozaron anímicamente a un Real desdibujado y lejos del nivel mostrado durante la semana previa.
Hasta el medio tiempo de la tercera prueba de estrés consecutiva llegó la gasolina y la solidez mental del Real Madrid femenino: 225 minutos, sumando los 90 contra el Arsenal en el Di Stéfano y con el Barcelona en Montjuic, más los 45 iniciales en el Emirates. La mezcla letal de resistencia y efectividad que doblegó a dos de los mejores equipos de Europa, llegados a Londres, quedó reducida en un primer momento únicamente a resistencia, por lo que el plan del equipo de Alberto Toril condujo inexorablemente al desastre.
Sacrificada en la ida la pieza de Melanie Leupolz, y con Teresa Abelleira fuera de combate en el momento crucial del año por culpa de las selecciones, al Madrid el aire empezó a faltarle bien pronto. Enfrente, el Arsenal saltó embravecido al césped del Emirates y elevó tanto la pulcritud de sus pases como la ejecución técnica de cada control para reducir sus pérdidas. El Real, gris como su equipación, corría tras el balón con las líneas prietas, asemejándose al niño pequeño que la pide sin suerte en mitad de la pachanga de adolescentes. El XI de Toril, cojo de su centrocampista extra, lo iba a fiar todo a cazar una contra para desbaratar el castillo de naipes inglés, pero los kilómetros acumulados —traducidos en pesadez mental— hicieron imposible encadenar tres buenas acciones técnicas.
El Real, gris como su equipación, corría tras el balón con las líneas prietas, asemejándose al niño pequeño que la pide sin suerte en mitad de la pachanga de adolescentes
Del lado londinense, además, entraron cuatro modificaciones con respecto a la ida para elevar el nivel de su equipo, todas decisivas a la postre: Daphne van Domselaar en portería, Frida Maanun como centrocampista extra —las de rojo ganaban una al tiempo que las blancas perdían otra— y Chloe Kelly y Caitlin Foord arriba, viendo recompensada su buena actuación en el tramo final en Madrid. Calidad, acierto y suerte aparte, ahí estuvo el partido y la eliminatoria. Mientras el Arsenal gestionaba con comodidad sus minutos con balón, el Real perdió una tras otra cada una de sus posesiones: no encontró lucidez en las combinaciones desde atrás y regaló un saco completo de bolas intentando salir por arriba.
La agónica primera parte, eso sí, concluyó sin que el Real Madrid viese reducida su ventaja, y cabe recordar que don fútbol, siempre magnánimo, brindó a las madridistas una primera bala de oro rebasado el minuto 40 como premio al esfuerzo defensivo: Angeldahl chutó duro entre varias piernas, pero esta vez sí que había portera bajo palos y ese momento determinante hizo que el camino quedase marcado. Resistir y golpear es el secreto de la Champions, mientras que perdonar es la sentencia de muerte. Bastaron treinta segundos tras la reanudación para comprobarlo, lo que tardó Foord en percutir con potencia hasta la frontal, Kelly en centrar y Alessia Russo en desmarcarse y rematar en el segundo palo.
Aunque el Madrid había conseguido escalar hasta llegar a un campamento base que creía fuera de su alcance —y el mérito será valioso en el futuro—, el momento de la eliminatoria se asemejaba más al mundo real, donde no hay vidas extra ni próximas temporadas. Encaramadas con orgullo al borde de un precipicio demasiado alto, las futbolistas del Real entendieron de improviso que el oxígeno en la reserva no les daría para seguir subiendo ni para volver hacia atrás. Así que, mientras meditaban sobre la muerte dulce, el Arsenal repitió su movimiento exitoso por la derecha tres minutos después: centro de Kelly sin molestias desde la derecha y remate en el área, esta vez de Mariona Caldentey entrando sin marca en segunda oleada.
El Madrid ya no estaba, por lo que en retrospectiva cabe agradecer que tal actuación tuviese lugar sin estar vistiendo la casaca blanca sagrada. Tampoco había nadie en la banda. Hasta el 75’ no se movió el banquillo
El Madrid ya no estaba, por lo que en retrospectiva cabe agradecer que tal actuación tuviese lugar sin estar vistiendo la casaca blanca sagrada. Tampoco había nadie en la banda, porque el partido imploraba desde el descanso la entrada (quizás temeraria, quizás milagrosa) de Irune Dorado. Hasta el 75’ no se movió el banquillo, pero por entonces el botín de la ida y el sueño de las semifinales habían desaparecido. Empequeñecidas todas, la tosca y hasta ahora decepcionante en papel de estrella Alessia Russo acabó convertida en una delantera total. Anotó el definitivo tercer gol y mandó a la red otros dos balones que no subieron al marcador por centímetros.
A esas alturas, la noche en Londres era de todo menos seria dado el destrozo y el correcalles de los últimos minutos. Y aun así, en el 93, el Real Madrid pudo mandar a la prórroga un partido de 5-0: Linda Caicedo tuvo en sus botas el 3-1 del empate global frente a la portera holandesa. ¿Merecía acaso la actuación de las blancas ese giro de guion tan de la Champions? Lo cierto es que no. Los guantes de Daphne van Domselaar se mantuvieron firmes porque este Real femenino, que en días previos ha aprendido a soñar, todavía debe familiarizarse con los códigos del sanctasanctórum del fútbol: la Copa de Europa.
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Es una tarde de 1926, o quizás del 27, y el campo de Chamartín está lleno hasta la bandera, como suele decirse. Entre el público está Angelita, que por primera vez acude a ver el fútbol y jamás ha visto a tanta gente junta. Al asomarse al graderío los ojos se le agigantan y Agustín, que es quien la ha invitado, sonríe satisfecho. Los ojos de Angelita son, al fin y al cabo, lo único que le gusta de ella.
Él la ha traído sin mucho entusiasmo, pero con decisión, y se esmera poco en explicarle el asunto:
—Mira, la cosa es sencilla: estos once vestidos de blanco, del Madrid, deben meter la pelota las más veces posibles en el interior de la portería, que son esos palos, del Barcelona. El Barcelona, esos once que visten camiseta azul y roja, a rayas. Y viceversa. Juegan hora y media, dos tiempos de cuarenta y cinco minutos. Ese señor del pito y con los calzoncillos azules es el árbitro. Y esos que corren con banderitas por las rayas de los lados, los jueces de línea. Cuando sale la pelota del campo de juego lo indican levantando el banderín. No hay más.
Aquí empezamos a vislumbrar lo resbaladizos que son los recuerdos, porque jamás pudieron ser once de blanco ni once azulgranas, sino diez y un portero por cada equipo. De todas formas, ¡cuántas cosas más tendría que contar Agustín hoy! Todas las innovaciones que ya damos por metabolizadas: las tarjetas, los cambios, el fuera de juego. Pero también el VAR, los penaltitos, las jugadas residuales, las prometedoras... las costras de lo que nació siendo el juego más fácil del mundo. No cabe duda de que todo se ha complicado demasiado, pero lo esencial está ahí, en esa descripción. Meter un gol más que el rival, no hay más.
Angelita está un poco decepcionada, esperaba otra cosa. Incluso cuando el Madrid hace el primer gol —lo marca Monjardín, el inevitable delantero centro de la década—, ella argumenta que debería haber muchos más, uno cada cinco minutos. El fútbol es aburrido, dice. Agustín replica que «en la dificultad reside el gusto».
La tarde termina con unas cervezas en la casa de Mahou y una proposición de noviazgo del que saldrá un matrimonio desapasionado —demasiado fácil, cumpliendo con la advertencia de Agustín— y, finalmente, una hija. La casualidad querrá que nazca media hora antes de que en la Puerta del Sol sea proclamada la República.
Todo esto lo sabemos por Max Aub, que quizás estuvo en la grada el mismo día que sus personajes, con la ventaja de que él si fue de carne y hueso (aunque su vida pueda hacer pensar lo contrario). Lo escribió en Las buenas intenciones, la novela en la que el pusilánime viajante comercial Agustín Alfaro recorre una España que ya es una bruma lejana vista desde el México de 1954 y que, sin embargo, late con el pulso de todas las cosas verdaderas y reconocibles.
Entre todos los capítulos, la anécdota del fútbol en Chamartín destaca como un monumento a la ficción involuntaria. No sólo por la imprecisión del personaje fallando en lo más elemental del juego, sino porque cuesta rastrear el partido contra el Barcelona en el que Monjardín —el primer jugador del Madrid en recibir un homenaje tras su retirada— marcase el primer gol de la tarde. Sin embargo, ahí está el dato en la novela, tan preciso como lo son siempre los recuerdos falsos.
En cualquier caso, da lo mismo. El cortejo casi funcionarial de Agustín con Angelita nos permite el milagro de llegar a quienes sí existieron de verdad cuando ya han entrado en la niebla de los mitos. ¿Qué nubes madrileñas creyó ver Max Aub desde su exilio? ¿Qué gol de Monjardín se le dibujó mientras escribía? La realidad ya no tiene respuestas, pero las letras de la ficción están escritas ahí para siempre, dando fe de un tiempo y un Madrid en el que las parejitas iban al fútbol y a tomar cervezas.
Quien lea la novela sabrá cómo acabó Agustín Alfaro, pero nunca se nos cuenta el destino de la enclenque Angelita, elevada a doña Ángela desde el parto. Aunque cabe suponerla apocada y silenciosa, seguro que alguna vez evocó para su hija y para ella misma su luminosa luna de miel por Andalucía, el momento cumbre de su vida. Y si escarbaba un poco más también llegaría a aquella tarde, la primera de todas. Esa en la que él la llevó a Chamartín, Monjardín metió el primer gol al Barcelona y en la grada todos se volvieron locos. Quizás al contarlo los ojos se le desbordasen de nuevo y podría llegar a recordar, incluso, que ella también fue feliz.
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