Llegó uno de los momentos del verano con el sorteo de la Champions. Segundo año del nuevo formato de la gran competición europea con el sistema de ocho rivales, cuatro en casa y cuatro a domicilio. Todo ello en un sorteo que depende de un botón y no lo que ven tus ojos con las bolas. Cuestión de fe.
El Real Madrid tendrá un conjunto de rivales de nivel medio alto. El sorteo ha sido durísimo. Del bombo uno se medirá a Liverpool y Manchester City, del dos a Juventus y Benfica, del tres a OM y Olympiacos, y del cuatro a Mónaco y el Kairat kazajo. Los blancos no se podrán despistar ni relajar ni un segundo para conseguir las victorias. Ninguna perita en dulce, porque el Kairat por nivel lo es, pero teniendo que realizar un viaje de más de 10 horas en avión cambia el panorama de manera sustancial.
Por quinta campaña consecutiva se volverán a ver las caras madridistas y citizens. Tras un pequeño fin de ciclo de los ingleses el año pasado, el Manchester City ha cambiado parte de la estructura del equipo y se está renovando con caras nuevas. Se han marchado los De Bruyne, Walker, Grealish y en breve parece que Ederson. Por su parte, han llegado Reijnders, Ait-Noury, Cherki, Trafford y en unos días se espera a Donnarumma, para un coste total alrededor de los 200 millones de euros. No han empezado bien la Premier League, pero falta saber el calendario del enfrentamiento porque puede que Guardiola haya encajado las piezas y el nivel del equipo crezca hasta ese día. La calidad individual de figuras mundiales en muchos de sus jugadores la tienen y siempre serán peligrosos, aunque lo positivo es que el duelo será en el Bernabéu.
Déjà vu. Otra visita a Anfield después de la del curso pasado en la Champions. Este Liverpool ya es el vigente campeón de la Premier y se ha reforzado en cantidad y calidad para lanzarse a por la conquista europea. Al fantástico equipo con el que contaban la temporada pasada se han unido una estrella como Wirtz, el delantero Ekitiké, el lateral magiar Kerkez, el neerlandés Frimpong y un central joven como Leoni. Los reds siguen en el mercado y no se descarta el fichaje de Isak, por el que llevan peleando todo el verano, y el del central inglés Guehi. Como anécdota, Trent volverá a ver a su antigua afición y no se espera un recibimiento caluroso. Es una salida muy dura para los blancos, que si consiguen la victoria en Liverpool darán un golpe encima de la mesa en claro aviso a todos sus rivales.
Si la edición anterior el que visitó el Bernabéu fue el AC Milan, este curso será otro italiano: la Juve. El choque ante los bianconeri tiene un reciente precedente en el Mundial de clubes donde el Real Madrid acabó venciendo a los italianos. El equipo dirigido por Tudor no ha cambiado en demasía en ese mes, y solo ha sumado los fichajes del defensa Joao Mario y el delantero Jonathan David. El canadiense parece que será la referencia ofensiva en ataque y se estrenó con gol en el calcio. A falta de unos días para el cierre del mercado no se descarta la marcha de Vlahovic y Nico González, lo que podría conllevar algún movimiento de entrada. Mucho mejor que el duelo sea en casa donde el Madrid estará obligado a ganar los tres puntos. En su estadio, la Juve en Europa ha tenido mejores actuaciones, como la temporada pasada, cuando derrotaron al Manchester City. No es la Juve de los 90 ni de principio de siglo, pero con Tudor esperan ser más competitivos.
Salida complicada. El Benfica en su feudo es un equipo duro y rocoso que se lo pone difícil a los grandes del fútbol continental, como ya han sufrido varios conjuntos en los últimos años. Ayer se clasificaron para la fase final al derrotar al Fenerbahce de Mourinho. Con Bruno Lage son equipo muy dinámico, con jugadores rápidos y habilidosos en ataque. Mucha atención a su dúo Pavlidis-Arkturkoglu. El mediocampo es novedoso, con dos sudamericanos a los mandos: el argentino ex del Valencia Barrenechea y el colombiano Ríos que tanto gustó con el Palmeiras en el Mundial de clubes. Al igual que Trent, el gallego Carreras se verá con sus ex. La visita a Da Luz será un instante clave para conocer si el Real Madrid entra dentro de los 8 mejores clasificados, porque la victoria en Lisboa serían tres puntos vitales.
A primera vista puede ser el partido más sencillo en el Bernabéu, pero hablamos de un nivel medio y para nada de un choque fácil que se gane por inercia. Los marselleses tienen en su principal estrella al técnico De Zerbi, que garantiza un estilo de juego de mucho balón, posesión, dominio y una salida limpia desde atrás. El Real Madrid ya lo conoce de cuando se enfrentaron al Shahktar. El equipo francés, que ha estado a punto de hacerse con Ceballos, parece que dejará salir a una de sus caras conocidas, el internacional Rabiot. En su plantilla cuentan con otros futbolistas con pasado en el fútbol español, como el meta Rulli, el inglés Greenwood y el delantero Aubameyang. La defensa es su línea más floja, pero de mediocampo hacia adelante reúnen calidad individual y mucha velocidad con el ex del Getafe y el ex del Barça, más el hijo de Weah, Gouiri y el doble pivote formado por Angel Gomes y el danés Hojbjerg. Una victoria imprescindible para el objetivo.
Los griegos te retrotraen a aquellos partidos de finales de los 90 y principios de los 2000, cuando el Madrid caía en la misma liguilla que los rojiblancos. Lo peor del duelo es que es en el Georgios Karaiskakis, un campo con un gran ambiente, que aprieta mucho y que dará sin duda un impulso a los jugadores locales. El entrenador es muy conocido y lleva varios años dando alegrías al club: el vasco José Luis Mendilibar. La distancia entre el nivel de las plantillas es sideral, pero Mendilibar conoce muy bien al Real Madrid y seguro que lo pone en dificultades con su planteamiento. En el medio juega el ex del Athletic Dani García y arriba lo fían casi todo al brasileño Rodinei, al portugués Chiquinho y al marroquí El Kaabi, que la temporada pasada cumplió muy bien en la Europa League. Si el Madrid supera la presión de los aficionados y lo que le espera dentro del estadio ateniense el triunfo es un deber.
Los monegascos eran uno de los equipos más difíciles del bombo 4 y eso hace que incremente el nivel general de los contrincantes merengues. Un equipo con muchos jugadores jóvenes, atrevidos, con desparpajo, que tienen poco que perder y eso les hace ser peligrosos. La temporada pasada empezaron como un tiro en la Champions. También es positivo que el choque sea en el Bernabéu y no una salida dura al Louis II. Su gran estrella es Akliouche, recién llamado por Deschamps para la selección francesa. Comparte ataque con el japonés Minamino y el estadounidense Balogun. El rendimiento del fichaje Ansu Fati es una incógnita total. En el mediocampo poseen talento con Golovin, a un jugador interesante como Camara y al suizo en el ancla Zakaria. También ha aterrizado Pogba tras su sanción y resta ver su estado de forma tras un largo tiempo parado. En defensa y la portería han llegado otros dos de sus fichajes veraniegos, el inglés Dier y el finlandés. Hradecky, respectivamente.
Un cuadro el kazajo que hasta hace poco era más conocido por su sección del fútbol sala que es élite mundial. Es el equipo más débil, pero el hecho de que el partido sea a domicilio es una malísima noticia para el Real Madrid. Almaty está a más de 10 horas de avión de Madrid y el viaje será una pesada losa. Algo que también puede influir en la Liga dependiendo del momento en que quede incrustado en el calendario. Un choque que seguramente se juegue entre las 15 h y las 18 h, horario español, al haber tres horas de diferencia. Para acceder al sorteo han tenido que apear previamente al Olimpia de Ljubljana, el KuPS finlandés, el Slovan de Bratislava y el Celtic en la última ronda. Frente a los escoceses, el héroe en los penaltis fue el guardameta suplente Anarbekov, que detuvo tres lanzamientos. Respecto a la plantilla, tienen al delantero portugués Jorginho como jugador básico en sus esquemas y al joven kazajo Satpayev de 16 años que ya ha firmado por el Chelsea. A pesar de la dificultad y el cansancio del viaje, todo lo que no sea una victoria blanca sería una sorpresa y una horrible noticia de cara al puesto de la clasificación.
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1995 fue un año movido dentro y fuera de los estadios. España lloraba la muerte de Lola Flores y, poco después, la de su hijo Antonio; ETA atentaba contra José María Aznar en Madrid; y en Oriente Próximo, el asesinato de Isaac Rabin apagaba las esperanzas abiertas tras los acuerdos de paz con Arafat. En la televisión, Pepe Navarro estrenaba Esta noche cruzamos el Mississippi y un joven Florentino Fernández empezaba a convertirse en referente del humor de toda una generación. Ese era el clima en el que arrancaba la temporada futbolística 95-96, marcada por el descenso administrativo de Sevilla y Celta, que fue abortado a última hora tras la presión de miles de aficionados concentrados en la sede de la Liga. El resultado fue una chapuza histórica: la primera Liga con veintidós equipos.
Yo tenía 15 años y mi locura era el fútbol, en especial el Real Madrid. Ya había vivido dos noches inolvidables en el Bernabéu: el 5-0 al Barcelona que consagró al equipo de Valdano, y aquella tarde de junio en la que el gol de Zamorano al Deportivo entregó la Liga cuando parecía escaparse en el último suspiro. Con esos recuerdos frescos inicié la temporada convencido de que se abría una nueva era blanca, que al fin quedaban atrás las dos ligas perdidas en Tenerife y la tristeza de la Copa de Europa nunca alcanzada por la Quinta del Buitre.
El fútbol europeo se agitaba. En mayo del 95, el joven Patrick Kluivert había derrumbado al Milan con un gol seco en Viena, devolviendo al Ajax al trono continental veintidós años después. Van Gaal y su generación de oro prometían marcar época. En Italia, la Juventus de Lippi levantaba el Scudetto y empezaba a transformarse en un monstruo competitivo.
Mientras tanto, en España, el Madrid de Valdano había logrado romper el dominio de Cruyff y su Dream Team. Parecía el inicio de un ciclo, pero el verano trajo dudas, fichajes frustrados y una pretemporada desastrosa. El resultado: la peor campaña en décadas, un octavo puesto en Liga y el drama de quedarse fuera de Europa.
Los fichajes no ayudaron. Freddy Rincón, fuera de sitio desde el inicio; Juan Eduardo Esnáider, que no logró complementar a Zamorano; o Miquel Soler, cuya profesionalidad nunca encontró encaje real. Valdano había pedido nombres de peso como Cafú o Zola, y no llegó ninguno.
Aun así, la afición seguía creyendo. La vuelta de Míchel tras su grave lesión, la irrupción de Raúl, la confianza en la cantera… parecían razones suficientes para mantener viva la esperanza. Pero el contraste con la élite europea fue brutal: el Ajax derrotó al Madrid 1-0 en la jornada inaugural y lo arrasó en el Bernabéu por 0-2, un resultado incluso corto para lo que se vio. La diferencia era abismal.
El 95-96 quedaba como uno de los peores en 80 años de historia, pero también como el prólogo necesario a la resurrección
La ilusión se fue desmoronando jornada a jornada. La derrota contra el Rayo en enero de 1996 puso fin a la etapa de Valdano. El club se tambaleaba: Ramón Mendoza había dimitido meses antes tras no aprobarse las cuentas en la Asamblea, y Lorenzo Sanz asumía el mando en mitad de la tormenta. La temporada acabó en ruina: octavos en Liga, fuera de Europa y con un vestuario en llamas. La suplencia de Soler cuando estaba a un partido de renovar, la despedida amarga de Míchel, el choque entre Raúl y García Remón, el ambiente tóxico alrededor de Luis Enrique… todo se mezclaba en un cóctel irrespirable.
Arsenio Iglesias, “O Bruxo de Arteixo”, llegó como apagafuegos, pero ni su sabiduría gallega pudo revertir el desastre. Solo la eliminatoria de cuartos de Champions contra la Juventus ofreció un espejismo de esperanza, antes de caer con claridad en Turín.
Para mí, aquel chico de 15 años, la temporada 95-96 fue un torbellino de emociones: la ilusión rota, la aparición de canteranos como Guti, Álvaro o Fernando Sanz, y la certeza de que nada podía sostener un proyecto mal apuntalado.
Y, sin embargo, lo que nadie imaginaba entonces es que de aquella ruina surgió un nuevo Madrid. La entrada de dinero de las televisiones, la Ley Bosman y la astucia de Lorenzo Sanz sentaron las bases de un renacer. Con Capello en el banquillo y fichajes como Mijatovic, Suker, Roberto Carlos o Panucci, el club volvió a ganar la Liga. Y apenas dos años después, el 20 de mayo de 1998, el Real Madrid levantaba la Séptima en Ámsterdam frente a la Juventus de Zidane.
Ese día, para el madridismo, marcó un antes y un después. El 95-96 quedaba como uno de los peores en 80 años de historia, pero también como el prólogo necesario a la resurrección. Y esa, claro, ya es otra historia.
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Buenos días. ¿Os imagináis ser Vinícius? No, no nos referimos a ser la estrella del Real Madrid. Tampoco a ser el mejor jugador del mundo varios años con independencia de los galardones. Ni siquiera a ser determinante marcando gol en dos finales de Champions a pesar de su juventud. No. Nos referimos a ser el objeto de descarga de las frustraciones padecidas por el gañanismo, el saco de boxeo golpeado una y otra vez por multitud de gentes que piensan que de ese modo verán reducido el dolor que les producen sus mezquinas vidas, la diana perfecta asaetada día tras día por las ondas, las letras y los bytes de medios insostenibles que necesitan prostituirse para sobrevivir.
Llama la atención que en una sociedad tendente en los últimos tiempos al buenismo, que cada vez combate más los abusos, el acoso, la conculcación de los derechos fundamentales, donde cada vez está peor visto —afortunadamente— ser un faltón, un maleducado, un Torrente de la vida, una sociedad en la que si arrancas un ramillete de tomillo paseando por el campo puede caerte una multa de órdago, en la que una opinión divergente o que simplemente ponga en duda cualquier dogma de las nuevas «religiones laicas» supone la cancelación pública de alguien, en un mundo así, está permitido —y tiene buena prensa— insultar, acosar, agredir, deshumanizar, atacar de modo racista a Vinícius continuamente. Todos los días del año. ¿Os habéis parado a pensar lo que eso supone para la salud de la víctima? ¿Os habéis puesto en su pellejo?
Cuando uno viaja y se encuentra con gentes de otros lugares de España, inopinadamente les falta tiempo para dejar claro lo que odian a Vinícius, sin que la situación hubiese dado pie a ello. Porque esta ralea está convencida de, primero, estar en posesión de la verdad y, segundo, que pueden decirle a otro adulto cómo ha de comportarse. Por su bien.
A pesar de las toneladas de grabaciones que demuestran que a Vini le han llamado, entre otras lindezas, «mono», este tipo de homo cazurrus afirma que él estuvo en tal o cual estadio y puede asegurar que la turba no gritó «mono», sino tonto. Además de ser mentira, a la vista de las pruebas, esta sandez demuestra que ellos ven normal acudir en masa a un lugar a insultar a alguien que está ejerciendo su trabajo. ¿Cómo acabarían estos homos cazurrus si llevasen años siendo insultados, acosados y agredidos por millones de personas todos los días?
Entre otros motivos, Vinícius molesta porque desnuda a la sociedad y la muestra tal cual es. Y nuestra sociedad es más zafia de lo que nos gustaría. La densidad de cafres es superior a lo que creemos.
Si sonríe, molesta; si reclama lo suyo, es un bocazas; si celebra un gol, es un provocador; si se defiende, un maleducado. ¿Os imagináis vivir en esa ratonera?
Lo que sucede con Vinícius es el espejo más descarnado del balompié patrio. Se disfraza de «ambiente de fútbol» lo que no es sino racismo, violencia y mala educación. Aquí no merece horas y horas de radio el que insulta desde la grada, el que arroja un mechero, el que tira una botella al campo, el que acude ataviado de neonazi a realizar todo esto y más, no, aquí merece horas y horas de tratamiento mediático quien recibe los insultos, quien es el objetivo de la botella o el mechero, quien se ha convertido en obsesión para grupos neonazis que organizan campañas contra él con la connivencia de su club.
Hay que tener desfachatez para culpabilizar a la víctima para responder con «él se lo ha buscado» o «tiene que cambiar» después de cada ataque racista, personal o físico que sufre. Es la misma coartada que han usado los abusadores de toda la vida: desplazar la culpa hacia la víctima, que, además, se atreve a alzar la voz.
Vinícius tiene que aprender a comportarse porque aquí la agresión es pedagogía y la defensa es insolencia.
El asunto trasciende lo deportivo. Lo que está en juego es el derecho básico a no ser insultado por tus habilidades, por tu equipo o por tu color de piel. A que tu talento no sea criminalizado. A que tu sonrisa no sea interpretada como una provocación. A que ser tú mismo no se convierta en pecado. Los responsables son los acosadores, los que relativizan, los que no condenan, los que callan para no incomodar y ver perjudicados los intereses de aquellos a quienes rinden pleitesía.
Con todo ello, Vinícius resiste. Si juega mal, sigue peleando. Si es suplente, sale, asiste y marca gol. Es el mayor acto de rebeldía, no pedir perdón por existir. Ser Vinícius es ser, en definitiva, un ejemplo de dignidad.
El homo cazurrus solo ve un futbolista millonario, alguien quien debido al dinero que gana debe soportar todo tipo de vejaciones, no a un chaval que con todo en contra se atreve a vivir a su manera. Vinícius es un reflejo incómodo de nuestras miserias colectivas, un recordatorio de que no hemos resuelto todavía nuestra relación con el diferente.
¿Se imaginará esta gente ser Vinícius? Seguramente no. Porque para serlo tendrían que tener su talento, su resistencia y su coraje.
Antes de despedirnos, os recordamos que esta tarde a las 18 tendrá lugar el sorteo de Champions. Los objetivos de cada equipo los ha recogido de maravilla @_Benito___ en X:
Hoy es el sorteo d Champions recordemos los objetivos d cada equipo este año:
RM- Ganar la 16
Bayern- Superar a Gento
FCB- Igualar a Modric y superar a Lucas Vázquez
Inter- Superar a Ceballos
City y PSG- Igualar a Vinicius
Atleti - Igualar al Steaua y superar al Castilla— Benito (@_Benito___) August 28, 2025
Os dejamos con las portadas. Pasad un buen día.
Convivimos con una moda peligrosa: convertir a cualquiera en meme. Si cincuenta tuiteros de dudosa calaña se unen para señalar a alguien, acabarán por capitalizar la agenda pública. Esto atraerá a los medios de comunicación, ávidos de clics, visitas, visualizaciones, dinero de la publicidad. De nuevo, y como siempre ocurrió, el escrache siendo combustible de un capitalismo homicida.
Hay quienes, desde hace tiempo, quieren matar a Vinícius Jr. Mediáticamente la mayoría, aunque otros vayan más allá y le amenacen colgando un muñeco con su camiseta de un puente. Curiosamente, a estos no se les señala tanto, a estos delincuentes no se les ponen doscientas cámaras todo el día. Sin embargo, sí se colocan focos alrededor de la víctima para poder escudriñar cada uno de sus gestos, aunque sean de innecesaria venganza, como decir ‘a Segunda’ a un club señor como el Real Oviedo y a la mayoría de sus maravillosos aficionados, que no deben ser representados por quienes se pasaron horas llamando a Vinícius, entre otras lindezas, puto mono y puto negro.
Con el fuego encendido y con un jugador del Madrid quemándose, todos hacen negocio: de nuevo más clics, más visitas, más visualizaciones, más dinero de la publicidad para medios y tuiteros de, repito, dudosa calaña y procedencia.
El incendio se ha propagado. El antimadridismo ha contagiado a cierto madridismo que afirma estar cansado de Vinícius Jr. Ese madridismo, ligeramente acomplejado, por qué no decirlo, le ha colocado al brasileño ya no sólo el cartel de transferible, entendible tras una temporada floja, sino también de prescindible, que no es lo mismo.
Hay motivos para estar cruzados con él. Pero todos son deportivos: escaso esfuerzo sin balón, poca involucración en el apartado defensivo, mal estado de forma, pérdida de chispa, desacierto en el último pase… El brasileño arrastra unos meses complicados sobre el césped, momento ideal para que las garrapatas azucen la hoguera: si Vinícius Jr. no está bien, si se siente presionado, dañado, dolido, descentrado, peor para el Madrid.
El incendio se ha propagado. El antimadridismo ha contagiado a cierto madridismo que afirma estar cansado de Vinícius Jr
Hasta cierto punto, se entiende al antimadridismo. Si los de Xabi Alonso no carburan al cien por cien, mejor para el resto. Pero no comprendo a los madridistas alineados con la salida a cualquier precio de un Vinícius que ha sido santo y seña, emblema de una época exitosa del club tras la marcha de Cristiano Ronaldo, perseguido desde que el Madrid pagó 45 millones para colocarlo en el Castilla y desde que se hicieron virales algunos vídeos con sus errores de finalización frente a la portería.
El meme estaba hecho: mal el Madrid si firma a un chaval de 18 años y si no es diferencial de inmediato. Su color de piel fue lo siguiente en incorporarse al chiste, y cuando se quejó el problema ya fue definitivo. La persecución que sufre desde hace muchos años es intolerable y me apena que los tentáculos hayan traspasado la frontera. Quizá tengamos al antimadridismo en nuestra propia casa.
Hace un tiempo, Vinícius Jr. dijo en una entrevista que en España teníamos que replantearnos la gravedad de un insulto racista en un campo de fútbol si optábamos a acoger el Mundial 2030. La conversación social a partir de entonces no fue en qué debíamos mejorar, sino en silenciar y en atacar al jugador.
Hubo quienes, torticeramente, le colocaron entrecomillados falsos como “España es racista”. Vaya. ¿Quién podría imaginarlo en un país que acumula centenares de denuncias por insultos y cánticos racistas en estadios de LaLiga desde que hay registros, en el que más de veinte están dirigidos al propio brasileño, y en el que la noticia principal postpartido en muchos medios de comunicación es que “Vinícius responde” y “Vinícius provoca”, pero no que “a Vinícius le llaman puto negro” o “a Vinícius le llaman puto mono”?
Será entonces que lo primero se vende mejor que lo segundo.
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¿Tenés lo que hay que tener para acertar todas?
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En 2011, en un bar de Iturrama y entre cañas y bufandas, un grupo de madridistas convirtió las “quedadas” en algo serio: la Peña Pamplona Blanca. Lo que empezó como risas en la barra y partidos compartidos tuvo pronto brillo propio —Ignacio Zoco llegó incluso a ser socio honorífico— y en 2017, tras el empujón de sus socios, la peña estrenó local propio.
Hoy es punto de encuentro, con previas a megáfono, sesiones de DJ a cargo de Carlos Lima y viajes al Bernabéu que muchos recuerdan como su “primera comunión” madridista. Entre anécdotas de vestuario, presentaciones de libros como el de Paco Buyo y amistades tejidas por Europa (incluida doña Rosa, a la que regalaron un pañuelo de San Fermín), Pamplona Blanca ha aprendido a conjugar pasión blanca con la fiesta navarra.
No os oculto que para mí está siendo también una absoluta fiesta hacer estos artículos y conocer a madridistas de todo el mundo, conversaciones que se plasman aquí por escrito y en algunos casos tienen seguimiento en el canal de youtube @coliseun1 de nuestro querido madridista Mike Tend, que os invito a escuchar también. Y hablando de fiestas: los Sanfermines —blanco, pañuelico rojo y mucha juerga— son la excusa perfecta para que la peña celebre su madridismo a ritmo pamplonés, respetando tradición y contagiándose de la energía de la ciudad. Con todos vosotros nuestros representantes navarros, ¡¡ mecha preparada y… CHUPINAZO!!
¿Cuándo y cómo se fundó la Peña Pamplona Blanca? ¿Hay alguna anécdota interesante sobre su fundación?
La Peña Pamplona Blanca se fundó en el año 2011. En un bar del barrio de Iturrama, en Pamplona, se reunían madridistas a ver los partidos de nuestro equipo… y así empezó todo. Como anécdota, comentar que a ese local asistía Ignacio Zoco cuando venía a Pamplona. Para los madridistas más jóvenes que aún no se hayan empapado de toda la historia de nuestro equipo, Ignacio Zoco fue una leyenda del Real Madrid en los años 60. A Zoco se le hizo socio honorífico de la peña y disfrutaba viendo al Real Madrid en ese bar en compañía de la gente. Igualmente, en el bar de enfrente se reunían aficionados del F.C. Barcelona, con el consiguiente pique sano con ellos en ciertos partidos.
La idea de fundar la peña surge de la relación entre los aficionados allí, al crear ese buen ambiente y sentimiento hacia los colores de nuestro equipo. Posteriormente, hacia el año 2017, y ante el número creciente de peñistas, se planteó la opción de buscar un local en el que reunirse de manera más privada, idea que salió adelante con mucho esfuerzo y sacrificio de los socios, y a día de hoy somos una peña referente en Navarra y conocida en España, con buena relación con muchas peñas de España y del extranjero, creciendo cada día más.
2 - ¿Cuál es la misión o el propósito principal de la peña?
La misión como peña es seguir creciendo y extendiendo el madridismo en Navarra y sobre todo en nuestra ciudad, dado que en la zona sur de la provincia existen peñas muy conocidas que el trabajo lo están haciendo muy bien, y con las cuales existe una excelente relación.
3- ¿Cuál es el mejor recuerdo que tenéis como peña en relación con el Real Madrid?
Como recuerdo relacionado con el Real Madrid podríamos hablar de los viajes que se realizan al Bernabéu, donde para muchos socios es su primera vez y lo viven de una manera especial.
4- ¿Alguna vez habéis podido interactuar con algún jugador o leyenda del Real Madrid? Contadnos esa experiencia.
Como experiencia de interactuar con jugadores del Real Madrid, la primera de la que podríamos hablar es en 2017, cuando Paco Buyo asistió a nuestra peña a presentar su libro Mi vida en una parada ante los socios.
También, durante los actos del décimo aniversario de la peña, en 2021, estuvimos tratando de localizar a jugadores, tanto canteranos como del primer equipo que tuvieran orígenes navarros, localizando entre otros a Ismael Merchal, quien debutó en 1997 con Fabio Capello, y posteriormente jugó en primera con el Málaga, Sporting de Gijón y Nàstic de Tarragona; y a Iñaki Arteaga, quien compartió vestuario con Raúl González Blanco en las categorías inferiores. Vinieron a alguna charla coloquio con los peñistas y nos contaron sus experiencias aquellos años, anécdotas interesantes como la residencia donde vivían en aquella época… Nada que ver con la actual de Valdebebas. De hecho, Arteaga se hizo socio de la peña y acude a ver los partidos cuando el trabajo se lo permite.
5- ¿Qué actividades realizáis regularmente para mantener la conexión y pasión por el equipo?
Como actividades, abrimos el local todos los partidos del primer equipo, tratando de conectarlas, dependiendo del horario, con alguna comida, tardeo o cena, intentando reunirnos en el local el mayor número de personas y poder relacionarnos también en lo personal. Nuestro secretario, Carlos Lima, es un reconocido DJ en la zona de la Ribera del Ebro en Navarra, y prepara buenas sesiones los días que coincide bien. Asimismo, tratamos de realizar algún viaje al año al Bernabéu, así como tratar de conseguir entradas puntuales para socios que realizan viajes a Madrid.
6- ¿Cómo celebráis los días de partido? ¿Hay alguna tradición especial que sigáis siempre?
Sobre la celebración en días de partido, dependiendo de la importancia de éste, se organiza una previa, conforme a lo contado en el punto anterior, con el objeto de calentar el ambiente en el local para el partido. David García y Carlos Lima, miembros de la junta, anima con el megáfono en estas ocasiones. Se abre una hora antes mínimo… Aunque depende del partido.
7-¿Cómo vivisteis aquel día tan especial en Sevilla el 6 de mayo de 2023, con la Final de Copa entre Osasuna y Real Madrid? ¿Qué significó para la peña asistir a la final?
Aquel día y los días previos se vivieron de manera muy especial; por una parte, en Pamplona tuvimos varias entrevistas con varios medios sobre el evento, habiendo sido Javier Holguín, nuestro presidente, junto a otros peñistas, entrevistado en la ETB el mismo día del partido. También hubo entrevista de la prensa escrita, con la consiguiente publicación.
En Sevilla también tuvimos presencia. El Real Madrid nos proporcionó cuatro entradas y acudieron ocho socios. En Sevilla, en Alameda de Hércules, donde nos reuníamos los madridistas, comenzamos a sacar nuestras banderas y bufandas de Pamplona Blanca, y en seguida la gente venía a preguntarnos y a conocernos como peña en zona hostil como es Pamplona. A la hora del partido, los que no acudieron al campo estuvieron por la misma zona y en muy buen ambiente vieron la final. Lo pasaron genial todos los que fueron.
8-¿Qué significa para vosotros ser una peña del Real Madrid en Navarra, donde puede haber divisiones de lealtad futbolística, o incluso dobles adhesiones? Y ¿Cómo manejáis esta identidad madridista dentro de una región con un club tan importante como es Osasuna?
Javier Jaurrieta, socio fundador y tesorero, uno de los aficionados más veteranos de nuestra peña y con muchas historias que contar, define la fundación de la peña con un “acto de valentía” debido al ambiente de antimadridismo que se respiraba en la ciudad en tiempos pasados. Él, entre otros socios, ha vivido en el Sadar muchos partidos en los años 80 entre Osasuna y Real Madrid, donde la hostilidad, la violencia verbal y lanzamiento de objetos se percibía mucho más que ahora. Igualmente, hace años, en la sede apareció alguna pintada insultando, pero por suerte cada vez hay menos gente así, o al menos no lo manifiestan.
Es cierto que hay mucho aficionado a Osasuna, pero cada vez los madridistas en nuestra ciudad están saliendo más “del armario” y se ven más camisetas. De hecho, muchos aficionados que nos conocen acaban haciéndose socios debido al ambiente que se forma en los partidos.
9-¿Cuáles son los futuros planes para la Peña Pamplona Blanca? ¿Algún evento emocionante en el horizonte?
A día de hoy, seguir creciendo en socios y en asistentes a la peña. Fomentar el hacer actividades aprovechando nuestro local y realizar más viajes organizados, tanto fuera como dentro de España.
10-¿Cómo veis el futuro del Real Madrid desde la perspectiva de la peña?
Esta temporada ha sido dura después de tantos éxitos en tan pocos años. En un futuro veremos las 6 Champions en 12 temporadas como una barbaridad que a día de hoy no apreciamos, igual que los 14 Roland Garros de Rafa Nadal, los 5 tours consecutivos de Indurain o los 12 más 1 títulos de Ángel Nieto en motociclismo. Pero es cierto que con Xabi Alonso y los fichajes se ha levantado mucha ilusión, y con el Barcelona en la cumbre, hay muchas ganas de revancha tras el año pasado.
11-¿Alguna vez habéis tenido alguna anécdota divertida o imprevista durante un viaje a un partido?
Sobre esto hay muchas anécdotas. Volviendo a la pregunta anterior, en Sevilla todo el mundo venía a hablar con nosotros preguntándonos, porque no entendían que hubiera madridistas en Pamplona. De hecho, incluso con los osasunistas que nos encontrábamos y veían nuestras bufandas nos preguntaban. Había algún madridista infiltrado que lo confesó; de hecho, a día de hoy es socio nuestro.
Los viajes por Europa son una pasada, te lo pasas como un enano y vas conociendo a buena gente y madridistas de verdad residentes en otros países, como Ana, canaria afincada en Londres y presidenta de la peña London Central, y vas haciendo relaciones sociales. De hecho, en Liverpool Carlos conoció a @Jero Freixas y a @Josedecabo, conocidos influencers dentro de la red social Instagram con millones de seguidores en el mundo.
En otros viajes, muchas anécdotas, puedes conocer a gente peculiar como doña Rosa, una madridista de unos 90 años que era socia del Madrid desde los años 70, vivía en Estados Unidos, y no faltaba a los clásicos. Le regalamos el pañuelo de San Fermín de la peña.
12-¿Ha habido momentos graciosos o inesperados en las reuniones de la peña?
Otra anécdota buena es salir en la TV dos socios que fueron a ver un PSG Real Madrid en París en 2022, y las risas en el local simultáneas fueron grandes, apareciendo junto a un aficionado que se parecía bastante a Paco Buyo.
También en un Eibar-Real Madrid en 2018/2019, que el Eibar estaba ganando 3 a 0, y en la peña el ánimo estaba decaído, y de repente enfocaron a Javi, el presidente, y a Pablo, secretario de aquel momento, con la cara de póker y junto a un aficionado que se parecía muchísimo a Tomás Roncero… Todo fueron risas en aquel momento y el mejor rato de la tarde… Porque el Eibar jugó muy bien y ganó merecidamente.
13-¿Qué mensaje os gustaría enviar a los seguidores del Real Madrid en todo el mundo?
A los seguidores del Real Madrid en el mundo, decirles que han elegido el mejor club del mundo para seguir, que los que hemos conocido son madridistas de verdad. Carlos Lima y Javier Severiano son nuestros mejores embajadores en los viajes por Europa, y han conocido a gente espléndida; peñistas, socios, madridistas en general de todo el mundo. En concreto, Pedro, un chico venezolano que vive en Londres desde hace más de 10 años, le conoció Carlos en un viaje a Liverpool, coincidiendo también en un viaje para ver el Arsenal. Es un importante peñista de la peña White Hearts, de Londres, de reciente creación, y que además ha fundado un equipo de futbol allí. Pedro vive el madridismo de una manera increíble. Desde aquí le mandamos un saludo, que seguro que va a leerlo.
Queremos indicar también que la peña utiliza la red social Instagram, con el perfil @pm.pamplonablanca.
Fotografías: Peña Pamplona Blanca
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Buenos días, amigos. Encabezado por El Chiringuito de Josep Pedrerol, seguido por el Universo Marca y completado entre otros por las terminales mediáticas cataculés, prosigue el vergonzoso linchamiento público a Vinícius Jr.
El que una serie de medios la hayan tomado contra el brasileño no debería ser materia que nos preocupara si no fuese porque son seguidos por muchos miles de personas, y al linchamiento moral de imprenta y antena sigue el sociológico, que de momento es moral también, hasta que un día ocurra un desastre que ojalá se pueda evitar. De momento, la cosa se circunscribe a cánticos vejatorios y ruidos guturales. Con ser grave, no es nada en comparación con lo que puede llegar a ser si esto no se detiene ya.
Vinícius es uno de los cuatro únicos futbolistas en activo que han ganado dos Champions Leagues marcando en ambas finales. No atraviesa por su mejor momento, pero hace meses era generalmente considerado el mejor del mundo incluso, a regañadientes, por sus recalcitrantes odiadores. Algunos siguen con sus insultos racistas, como se vio en Oviedo. A otros les ha valido con la escasa inteligencia que portan para dejar atrás los gritos simiescos, sabedores de que están mal vistos, y han preferido ahondar en la herida del pequeño trauma personal de Vini con el Balón de Oro a base de cantarle lo del balón de playa, portando los suyos a la grada.
Qué gracioso y qué simpático. Qué enorme mérito tratar de escapar de tu mediocridad hinchando un balón de playa para ahondar en el pequeño trauma de uno de los mejores deportistas del planeta. Qué fina, qué artística ironía. Grandes genios del humor, desde Noel Coward a Oscar Wilde, pasando por Gila y PG Wodehouse, estarían orgullosos de ellos.
Los medios señalan, las masas les siguen y queda la última vuelta de tuerca: los medios haciéndose eco de lo que hacen las masas y celebrándolo. Celebrándolo incluso periodistas por quienes sentíamos estima personal.
A la subdirectora de Mundo Deportivo, como veis, le hace muchísima gracia lo del balón de playa. Tanto que no solo titula su artículo como veis, sino que lo adorna con párrafos como el siguiente.
“France Football debería crear un Balón de Platino para premiar la carrera del ocho veces Balón de Oro Leo Messi o la de Cristiano Ronaldo (5), como Vinicius debería ostentar de por vida el título de ‘Balón de Playa’ que no tiene nada que ver con su calidad innata para jugar al fútbol, sí por su actitud retadora, chulesca y despectiva en los terrenos de juego que además incita a un debate nocivo para nuestro fútbol y nuestra sociedad”.
La temporada lleva dos partidos, en los cuales Vinícius no había sido noticia por ningún asunto extradeportivo. Vinícius no había jugado jamás en el Tartiere (no solo en este año: nunca). Y sin embargo fue recibido con silbidos, insultos y (parcialmente) cánticos simiescos. A ello respondió con un feo gesto, mandando a Segunda a un sector de la grada. Pero la palabra clave es esa: RESPONDIÓ.
Para Cristina Cubero, sin embargo, parece que quien empezó la guerra fue Vinícius, ya que habla de su actitud presuntamente “retadora, chulesca y despectiva” como si no tuviera un contexto, como si partiera de cero. De las actitudes por supuesto versallescas de Lamine Yamal sobre esos campos de Dios no tiene, al parecer, nada que decir.
“Vinicius volvió a ser protagonista por sus gestos en el Carlos Tartiere enviando a una parte de la afición del Oviedo ‘a Segunda’ en un gesto tan feo como innecesario”, dice Cubero. Feo sin duda. Innecesario lo será en tanto en cuanto la ofensa no necesite una respuesta, porque el primer ofendido había sido Vinícius. Qué curiosa es la hipocresía a través de la cual se supone que uno puede ir a un estadio a acosar a un futbolista, pero luego hacerse el ofendidito si dicho deportista se reafirma al marcar un gol a tu equipo o brindar una asistencia. Estas cosas han ocurrido desde que el fútbol es fútbol, pero la ejemplaridad solo es exigida, como sabemos, al futbolista que viste de blanco, sometido a la vigilancia implacable de un ejército de monjas y monjes de nuevo cuño.
“Vinicius necesita a su lado a un Carles Puyol que le afee los gestos inmaduros, un capitán que le transmita valores y le enseñe, como hizo con Gerard Piqué”. Esta es buenísima, Cristina. Esperamos que a Carles Puyol le vaya mejor en otras iniciativas, porque si hay que guiarse por su éxito en inculcar valors a Piqué, estamos aviados.
Prosigue Cubero: “Provocar sólo te lleva a perjudicarte a ti mismo y al equipo. Xabi Alonso tiene un problema tan grande como padece el Real Madrid como club y entidad basada en la proyección de unos valores”. ¿No será que el problema lo tiene una sociedad enferma de envidia con el que triunfa, o sea, con el Real Madrid, y que ahora es Vini pero antes fue Cristiano y antes Guti y antes Míchel y antes Juanito? ¿No será que esa envidia, pecado capital español por excelencia, es capaz de alcanzar las más repugnantes cotas de racismo, homofobia o simple crueldad cuando se concreta en su vertiente antimadridista, que es la más conspicua de todas?
Con todo, lo más desolador del artículo es su culminación: “Pero el problema nos afecta a todos como sociedad cuando el brasileño quiera justificar sus actitudes enarbolando otras banderas. Avisados estamos”.
Pues sí. Avisados estamos de que hay quienes quieren trivializar la lucha contra el racismo porque Vinícius les cae mal.
Os dejamos con las portadas de la jornada. Pasad un buen día.
Hay momentos en la vida que se graban a fuego en la memoria, no por su grandiosidad o su dramatismo, sino por la forma en que, sutilmente, lo cambian todo. Para muchos, ese instante puede ser un primer amor, el nacimiento de un hijo o la primera vez que se suben a un avión. Para mí, el momento exacto en que me convertí en madridista está ligado a una tarde lluviosa, una habitación de hotel de 20 metros cuadrados y un comentario de un narrador de fútbol que, sin saberlo, definió una pasión para el resto de mi vida.
Era un sábado de marzo o abril de 1987. A mis 14 años, mi mundo giraba alrededor del balón, pero de una forma puramente visceral, práctica. Mi vida era jugar, no ver ni leer fútbol. Destacaba en el equipo colegial, participaba en campamentos en verano y además jugaba en cualquier patio, campo, pasillo, parque o plaza donde pudiese correr un balón. Todos los días, todo el día. No me detenía a analizar las noticias de los clubes ni a seguir las ligas europeas. No había la cobertura de hoy en día ni la información inmediata digital. Si me preguntabas por mis ídolos, mencionaba nombres globales como Platini, Zico o Maradona, referencias que llegaban a Venezuela a través de la magia de los mundiales, cada cuatro años. Pero más allá de eso, yo era un completo neófito en el fútbol de clubes. La información, escasa y tardía, llegaba en ráfagas a través de los programas de televisión del estado, que cada sábado por la tarde transmitían partidos de "Fútbol Español" y, los domingos, "Fútbol Italiano". No había anuncios ni adelantos; el partido era una sorpresa, una caja de pandora que se abría al encender el televisor.
Ese día, la lluvia había arruinado mis planes de jugar en un escampado que había visto al llegar al hotel. Habíamos viajado para una boda familiar y el agua torrencial me tenía atrapado. Mi única alternativa era la televisión. Con cero entusiasmo, encendí la pantalla. El partido que se desarrollaba ante mis ojos no me generaba ninguna emoción. Veía el juego, pero mi mente estaba en el campo encharcado que no podía pisar. Y entonces, ocurrió.
Se trataba de una frase de Reyes Álamo, el comentarista de la TV. Con un tono que mezclaba humor y asombro, soltó una frase que resonó de forma distinta en mi oído: "Este jugador pareciera que tiene 6 pulmones". El comentario era tan vívido, tan elocuente, que mi curiosidad se encendió de inmediato. ¿Quién era ese ser de otro planeta que podía correr de esa manera? Clavé mi mirada en la pantalla, esperando la siguiente jugada de ese misterioso futbolista.
"Este jugador pareciera que tiene 6 pulmones". El comentario era tan vívido, tan elocuente, que mi curiosidad se encendió de inmediato. ¿Quién era ese ser de otro planeta que podía correr de esa manera?
Y no tardó en llegar. Una nueva escapada por la banda izquierda, con la misma energía incansable. Era Rafael Gordillo. Lo que vi no era la estampa de un atleta perfecto, sino todo lo contrario. Un jugador desgarbado pero irreverente, con las medias caídas que apenas cubrían sus tobillos, corriendo de forma frenética, pero con mucho sentido de juego. Su entrega era absoluta, su energía inagotable. Ese sutil detalle, ese comentario jocoso sobre sus "pulmones extra", me hizo ver algo más que un partido de fútbol. Me hizo ver una pasión pura en movimiento.
A partir de ese momento, mi relación con el fútbol cambió para siempre. La curiosidad se convirtió en una búsqueda. Dejé de ser un neófito. Los lunes, la prensa escrita se convertía en mi primer objetivo. Buscaba la tabla de posiciones, los resultados, cualquier mención al Real Madrid o a ese jugador con el número 6 en la espalda. Pronto, la búsqueda se transformó en coleccionismo. Empecé a comprar ejemplares de la revista Don Balón y, como una confirmación de mi recién descubierta fe, me hice con mi primera camiseta réplica del Real Madrid. Por supuesto, llevaba el 6 de Gordillo, de manga larga y con esos ribetes violetas que la hacían única, preciosa. Jugar con camisa larga en el trópico venezolano representaba un reto adicional, pero para mi lo más importante era el orgullo de llevar el escudo del Real Madrid, el sudor a mares era un mal menor.
Cada vez que veía a Gordillo jugar, sentía una conexión especial. Su entrega, su coraje, su forma de entender el juego. Hay una jugada que tengo grabada en mi memoria, como una película que se repite en bucle: Rafael punteando el balón para superar a un rival por la banda, volviendo a tocarlo sutilmente justo antes de que otro rival lo detenga en su barrida, saltando para evitar el contacto mientras cae y, en el aire, ya está ubicando visualmente el siguiente pase. Todo eso con el uniforme blanco, las medias caídas y el césped húmedo y embarrado. Era la personificación del corazón, la garra y la inteligencia.
Era Rafael Gordillo. Un jugador desgarbado pero irreverente, con las medias caídas que apenas cubrían sus tobillos, corriendo de forma frenética, pero con mucho sentido de juego. Su entrega era absoluta, su energía inagotable
Han pasado casi 40 años desde esa tarde. Mi vida ha seguido su curso, pero el madridismo se ha mantenido como una constante. A diferencia de la inmensa mayoría de mis amigos y conocidos, mi amor por el Real Madrid no es heredado ni es producto de alguna época dorada que se vuelva moda. Puedo decir que he vivido muchas más alegrías que tristezas. Perdí la voz gritando los goles de Pedja, Raúl, Zidane y Ramos en las finales de Champions. Tuve el infinito privilegio de estar en el Santiago Bernabéu y en Cibeles en la última jornada de la "temporada del clavo ardiendo" en junio de 2007, sintiendo la historia a flor de piel. He llorado con las despedidas de Zidane y Kroos. He tenido el placer de ir a más de veinte partidos en vivo. La salida de Modrić aún no la asimilo. Tengo grabados en mi mente, como si fuera ayer, todos los partidos, los goles y las jugadas de la Decimocuarta. Sigo sonriendo desde el día en que presentaron a Kylian Mbappé, el siguiente capítulo de esta historia infinita. Y defenderé a Vinícius hasta el último de mis días.
Reconozco que hubo momentos difíciles. La primera década del siglo fue un calvario. Sufrí mucho cuando sentía que perdíamos partidos o ligas por no ser el mejor equipo, a pesar de que veía otra cosa en los terrenos de juego. Pero hoy, con la perspectiva del tiempo, siento una gran tranquilidad y orgullo al saber que nuestro archirrival estuvo pagando durante casi dos décadas al Comité Técnico de Árbitros buscando una supuesta neutralidad. Es una confirmación de que nuestra grandeza se ha construido desde la honestidad y el trabajo duro.
Hoy, gracias a Rafael puedo decir que “ser del Real Madrid es lo más bonito que se puede ser en esta vida”
Mi madridismo me ha enseñado a admirar a algunos rivales que respeto profundamente por su historia y su forma de entender el juego, como el Liverpool, el Bayern de Múnich, el Athletic de Bilbao o el Milan, clubes de verdaderos valores futbolísticos y humanos. Y al mismo tiempo, me ha llevado a sentir un profundo desprecio por otros que me parecen la antítesis de lo que el fútbol debe ser, como el Barcelona, el Atlético de Madrid, el Sevilla o el Manchester City. Es mi forma de vivirlo. Es mi madridismo.
Siempre estaré agradecido a Rafael Gordillo y a ese narrador, Reyes Álamo. Sin saberlo, esa tarde lluviosa, en una habitación de hotel en algún lugar de Venezuela, me abrieron la puerta a un mundo de emociones, de glorias y de una pasión que, a día de hoy, sigue tan viva como la primera vez que la sentí. Y todo, por un jugador que parecía tener 6 pulmones.
Hoy, gracias a Rafael puedo decir que “ser del Real Madrid es lo más bonito que se puede ser en esta vida”.
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El Real Madrid afronta el nuevo mes con buenas sensaciones. Segundo encuentro y segunda victoria. La última se produjo en Oviedo en un partido que el Madrid resolvió con solvencia. A pesar de una primera parte donde el equipo dominó a placer, la segunda cayó físicamente. A estas alturas es normal que pesen las piernas, hasta es una señal positiva de todo el trabajo físico que se está realizando en los entrenamientos. Con un poco de suerte, tras el partido frente al Real Mallorca ya contaremos con nueve puntos. Sería un balance fantástico para ir al primer parón de la temporada.
Estos días mucho se ha hablado de la alineación que sacó Xabi Alonso en Oviedo. Muchos creen ver en el once una propuesta meritocrática, yo no. Desde mi punto de vista estamos ante la clásica rotación. Si nos fijamos bien, salvo en la portería, todas las líneas sufrieron alguna novedad. Por ejemplo, Éder Militão necesitaba descanso y Antonio Rüdiger volvía a estar disponible. Vamos, decisiones como esta son lógicas si recordamos que el propio Alonso lleva repitiendo en las últimas ruedas de prensa que el equipo está todavía de pretemporada.
Sin embargo, como en el mundo del fútbol todo se analiza hasta el delirio, para muchos estos cambios en el once tienen un significado muy diferente. Entiendo que necesitan debates ficticios que obedecen a intereses espurios u obsesiones particulares. Entonces vemos cómo ponen a especular si Dani Carvajal está por delante de Trent Alexander-Arnold o cosas así. Sin lugar a dudas, la nota más esperanzadora fue la incursión de Franco Mastantuono. La joven perla argentina dejó suficientes detalles para tener confianza en él. Poco a poco se irá abriendo paso.
Respecto a Vinícius Júnior prefiero por ahora no ahondar mucho. Lo fundamental, dio una asistencia y marcó un gol. El carrusel de infamias, dimes y diretes a su alrededor vuelve a estar engrasado. ¿Acaso alguna vez ha dejado de estarlo? Creo que ya he dejado clara mi postura sobre este tema, pero tengo claro que en el futuro tendré que volver a tocarlo. Inevitablemente, la persecución a Vini es uno de esos asuntos cíclicos que ya se ha convertido en un tópico. Nada puede sorprenderme, esa película también la he visto.
Muchos creen ver en el once una propuesta meritocrática, yo no. Desde mi punto de vista estamos ante la clásica rotación
En los últimos años, especialmente desde la monopolización del género de superhéroes, todos tenemos la sensación de que la película que nos están contando ya la hemos visto. Hollywoodsufre una falta de inspiración alarmante. Las productoras parecen abandonadas a las fórmulas más efectistas donde las secuelas y los remakes son la norma. Ante la falta de imaginación, la repetición. Algo así vemos en la industria del deporte. Especialmente significativo en el periodismo deportivo que vive de comentar el periódico de ayer con tertulianos que repiten consignas.
No obstante, existen más órdenes de nuestra vida diaria que parecen obedecer a la rutina más castrante. Naturalmente, el mundo del fútbol no se salva. Partidos que parecen repetidos a otros que venimos viendo por años, resultados que parecen iguales a otros, jugadas cocinadas y árbitros clónicos. Padeciendo este lastre en forma de aburrimiento, ¿cómo nos animamos a seguir La Liga? Queridos amigos, no sé qué responder. Francamente, ¿qué hago siguiendo esto? Supongo que es la fuerza de la costumbre, que diría Jaime Urrutia en esa célebre canción de Gabinete Caligari.
Ese gran madridista que es Urrutia cantaba que “Si por costumbre amé,/por costumbre olvidé./La fuerza de la costumbre es mi guía y mi lumbre”. Excepcionalmente extrapolables son estos hermosos versos del genial compositor cañí. Porque como nos confiesa en la canción, desde pequeños los madridistas nos vamos acostumbrando a despreciar los premios tanto como los castigos. Al fin y al cabo, en nuestra España al Madrid lo castigan más que premian. Y si gana, en buena lid, algún trofeo… Pues será de forma vergonzante, que diría Alfredo Relaño. O robando, como sostendría cualquier tertuliano de todo a cien.
Si bien es cierto que el relato oficial nos cuenta que no nos quieren, el pueblo español nos ama con locura. Simplemente hay que ver cómo reciben en los aeropuertos a nuestros héroes. Sin ir más lejos, tras 25 años de ausencia, Oviedo recibió el pasado domingo a la expedición merengue entre aplausos. Las muestras de cariño, los baños de masas que se dan nuestros jugadores son dignos de destacar, pues la prensa nos niega el pan y la sal. Quiero decir, evidentemente los organismos españoles nos persiguen, pero el pueblo nos ama con frenesí. Al fin y al cabo, el auténtico equipo del pueblo es el Real Madrid.
Si bien es cierto que el relato oficial nos cuenta que no nos quieren, el pueblo español nos ama con locura. Simplemente hay que ver cómo reciben en los aeropuertos a nuestros héroes
Y es que el Real Madrid es el asidero de la España real. Hasta hace poco se decía que en España las únicas instituciones que funcionaban eran el Real Madrid y El Corte Inglés. Entre broma y broma, en los últimos meses podemos afirmar sin temor que es así. Yo iría más lejos y diría que la única institución fiable es el Madrid. Nuestro verdadero orgullo nacional. La única institución de consenso, la única figura no mancillada. Y esto, mis queridos amigos, a muchos no les gusta.
Por supuesto, ni yo soy el Quijote ni propongo luchar contra los molinos de viento. Es más, abogo por la resignación como actitud vital ante los improperios y las injusticias que nos acechan constantemente. Porque la experiencia me recomienda permanecer lo más alejado posible de emoción alguna. Rechazar un cambio es no caer en falsos ideales. El fútbol español está perdido, condenado a su suerte. Nosotros no podemos hacer nada.
Y, lejos de producirse, ningún salvador podrá redimir el fútbol en España. Los salvadores de la nada son los que se presentan con vanas propuestas que tienden a medrar y acabar por envilecer todo. No quiero amargarle la fiesta a nadie ni romperle la ilusión de un futuro mejor, pero es mi obligación ser realista y expresarme en estos términos. ¿Por qué? Porque esta película ya la he visto y siempre perdemos los buenos.
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Decía nuestro querido maestro, Antonio Escohotado, que “un país no es rico por sus recursos, sino por su educación. Educación significa que, aunque puedas robar, no lo haces (aquí nos estaba avisando de la ineludible condición de miseria del club cliente de Negreira). Si la acera es estrecha, te bajas y pides disculpas. Al pagar en un restaurante, dices gracias. La educación es el respeto ilimitado por los demás. La verdadera riqueza es educación y conocimiento, es empatía…”
La segunda victoria del Real Madrid de Xabi Alonso, más contundente que la primera, ha derivado, como no podía ser de otra manera, en una nueva crisis del club blanco, centrada esta vez en su delantero, Vinícius Jr.
Según Esteban, Vinícius tiene un problema social porque, sin haber jugado nunca ante el Oviedo ni haberse dirigido con anterioridad a su afición de ninguna manera, esta tuvo a bien recibirle con una sonora pitada que posteriormente se vio acompañada de insultos racistas de una parte de ella, manidas burlas con los ya cansinos balones de playa e imitaciones de los sonidos de mono.
Si yo quisiera analizar detalladamente una parada de Courtois, seguramente tomaría la opinión de Esteban como oro en paño a la hora escrutar la acción de nuestro Thibaut y le consideraría una autoridad máxima en la materia. Pero a la hora de encarar un problema social, permítanme que me quede antes con las palabras de don Antonio que con las de un exportero que, además de estar sesgado por su condición de colchonero, se aprovecha del altavoz proporcionado por el gremio de moralidad más cuestionable que puebla nuestro país.
Porque no, Vinícius no tiene un problema social, sino uno de incontinencia. Si le pinchan, reacciona. Si le atacan, se revuelve. Si le insultan, da una asistencia, marca un gol y a continuación manda el pertinente recado a la grada dirigido a quienes previamente se acordaban hasta del último miembro de su familia.
Porque no, Vinícius no tiene un problema social, sino uno de incontinencia. Si le pinchan, reacciona. Si le atacan, se revuelve. Si le insultan, da una asistencia y marca un gol
El verdadero problema social que no aborda, ya sea por interés o por pereza, el auténtico culpable de la situación que rodea a Vinícius es el de la sociedad española, que, más allá de haber comprado el relato facilón de lo malo que es Vinícius, como anteriormente lo fueron Bale, Cristiano Ronaldo o Mourinho, llega al punto de dejarse llevar por el mismo hasta alcanzar una cuota de odio tal que sólo el insulto, o en algunos casos incluso la imitación de un sonido gutural simiesco, es capaz de sofocar.
Quizá esté pecando de ingenuidad, pero me parece más preocupante que en cada estadio que visite el Real Madrid haya una afición entera esperándole con los insultos en el fondo de sus labios desde que el brasileño salta a calentar. ¿De verdad ha hecho Vinícius tanto como para merecer eso? ¿De verdad unos gestos reactivos que se han visto toda la vida en los campos de fútbol en los que hemos crecido son motivo suficiente para que gente, quiero creer que personas civilizadas, pierdan la compostura de semejante forma y sucumban a su odio más primigenio para proferir los insultos más hórridos que habitan en su corazón?
No hay mayor desprecio que no hacer aprecio, y para esto no hay nada más válido que el silencio. Sin llegar al odio, un servidor mismo puede sentir cierto desagrado hacia jugadores de los principales equipos rivales y no por ello me he visto en la necesidad de insultarles cuando he acudido al campo a ver partidos que nos enfrentaban.
No pretendo llevar este tema a las odiosas comparativas, pero en la pasada década tuvimos la desgracia de sobrevivir a un jugador que saldaba cada partido con una agresión, que jugaba al límite del reglamento, aprovechándose además de la benevolencia de quienes lo aplicaban, y jamás recibió un trato popular como el que recibe Vinícius.
Quizás esté pidiendo mucho y tenga que conformarme con pedir que, al menos, esperen a que Vinícius provoque en primer lugar. Igual hasta se llevan una sorpresa
Por poner un ejemplo más cercano, la estrella prominente del equipo rival tiene una actitud similar a la del brasileño, con gestos incluso más provocativos que los del madridista y actitudes bastante más chulescas, y en los medios de lo único que se habla es de sus peinados. Independientemente de la diferencia de trato mediático y la responsabilidad de la prensa sobre el que van a recibir estos en el campo, creo que como sociedad deberíamos aspirar a la riqueza de la que hablaba don Antonio. Esa que profesa una educación y empatía tal que no contemple clamar expresiones de odio de ningún tipo contra alguien que no nos ha hecho directamente nada. Me avergüenza también tener que decir esto, pero esa que nos permita seguir siendo seres humanos civilizados aunque nuestro equipo de fútbol esté disputando un partido.
Quizás esté pidiendo mucho y tenga que conformarme con pedir que, al menos, esperen a que Vinícius provoque en primer lugar. Igual hasta se llevan una sorpresa. Porque Vinícius sólo empezó a molestar cuando empezó a marcar goles y a ser determinante. Porque a muchos lo que les molesta quizás sea que Vinícius, y disculpen la expresión, no es de los que da la primera hostia, sino el que da la última.
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