Las mejores firmas madridistas del planeta

El mal partido del Madrid en el Emirates Stadium terminó en pesadilla con la derrota por 3-0 frente al Arsenal.

Es probable que el enfado por la actuación del equipo nos impida responder correctamente a todas las preguntas que han elaborado los amigos de fcQuiz.

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Todos me conocéis, no soy vinagre, pero tampoco ciego. El Real Madrid pasó un verdadero calvario en Londres, en el Emirates Stadium, donde sólo habíamos jugado una vez y donde nunca hemos ganado. Son los cuartos de final de nuestra competición, una eliminatoria que, históricamente, se nos había dado bien. Lo normal es sufrir en octavos y en semifinales, pero, salvo algunas excepciones, los cuartos han ido pasando como una eliminatoria más o menos plácida en la que nos preparábamos para la gran batalla de semifinales. Pues no, esta temporada, esta rara temporada, parece que todo está predestinado a que las cosas salgan mal.

No voy a poner paños calientes ni voy a invocar a nadie. La eliminatoria está extremadamente cuesta arriba y podía haber sido peor si no fuera por la extraordinaria actuación de Courtois, que hizo una serie de paradas magistrales para convertirse en el mejor del Madrid en Londres. Manda carallo, que diría el gallego.

El equipo no existió, los tres de arriba no bajaban, se reían de los fallos y no eran solidarios con el resto. Equipo partido contra una escuadra que corría, corría y luchaba mientras los nuestros ni siquiera iban al choque en los duelos. Ver sacar en largo al portero después de 1233434 pases en el área y alrededores era saber que perdías la pelota, que atacaban ellos otra vez.

Alguna escapada de Vinícius, alguna de Mbappé y nada más, no se salva nadie salvo el belga de los dos metros. Nadie. El partido fue típico de los que nos encontrábamos en las visitas de Copa de Europa de los años 70 y 80 del siglo pasado, cuando sabías que fuera te iban a pintar la cara y que luego se podía arreglar en el Bernabéu. A esos partidos me recordó el de Londres. Un Real Madrid sin alma, sin capacidad de reacción, intentando que no le metieran más goles en vez de intentar marcar alguno para minimizar daños. Nada, ayer el Real Madrid no existió en el Emirates. Fue irreconocible, desastroso, desde el banquillo hasta el último de los jugadores. Calamitoso, apocalíptico, que diría Piqueras.

Y digo que fue irreconocible porque este no es mi Madrid, no es el Madrid que se deja la piel en el campo, que se mata por cada balón, que muere en el césped por el escudo. El de ayer fue un equipo insulso, sin ganas, sin defensa, sin medio campo y sin ataque y eso, amigos, es lo problemático. El Real Madrid puede perder, por supuesto, en el deporte, como en la vida, se pierde muchas más veces que se gana, aunque los madridistas estamos acostumbrados a lo contrario, pero si pierdes, debes tener la gallardía de salir del campo dando la sensación de que lo has dejado todo en el terreno de juego. Y anoche no pasó eso. Cabezas bajas y poco más.

Ayer el Real Madrid no existió en el Emirates. Fue irreconocible, desastroso, desde el banquillo hasta el último de los jugadores. Calamitoso, apocalíptico

Supongo que, en el vestuario, los más veteranos empezaron a dar gritos a los jóvenes diciéndoles que vamos a remontar en el Bernabéu, que ha pasado muchas veces y que esta vez pasará igual. Supongo que esos veteranos no dejaron dormir al resto ni en el autobús ni en el avión, supongo que los mismos veteranos, en el entrenamiento de hoy, estarán con la mala leche que se debe tener pensando sólo en el partido del miércoles, metiendo en las meninges de los demás que es posible, que la remontada se puede realizar, que el Real Madrid no se rinde y que vamos a darlo todo en el campo porque, amigos míos, lo que le pido al equipo es, si no remontar, que también, que me deje con la sensación de que casi se ha conseguido.

Quiero treinta disparos a puerta, quiero que el Arsenal no salga de su área, quiero que el público ruja hasta que los espabilaos del Ruido Bernabéu tengan que tomar pastillas para dormir, quiero que se note el temblor en el vagón del tren que pasa por debajo de estadio más que el temblor del propio tren en las gradas. Quiero que el Madrid haga cuarenta faltas y que, desde el pitido del árbitro, los ingleses sientan el miedo en el cuerpo, esa sensación de escalofrío permanente por la espalda. Quiero que estén tan agarrotados que no sepan dar una patada a un bote. Quiero que si el árbitro se equivoca en contra de nosotros se le encime hasta la tarjeta. Quiero garra, quiero valentía, quiero solidaridad, quiero que los defensas defiendan, que los centrocampistas construyan y que los delanteros rematen. Quiero que el portero del Arsenal tenga que cambiarse los guantes en el descanso porque se le han roto, bien por parar mucho, bien por recoger balones de la portería. Eso quiero.

Y si no es así, que se preparen, porque, si no es así, queridos lectores, el Real Madrid no será el Real Madrid y, entonces sí, habrá que pensar en una revolución total que, en ese caso, debe pasar por todos los estamentos del club, desde directivos hasta jugadores, porque el Real Madrid puede perder, sí, pero no puede pasar por el campo sin alma, sin hambre, sin mordiente, sin atributos. El Real Madrid no puede perder de la manera que se perdió en Londres.  Otros sí, pero el Real Madrid, mi Real Madrid, nuestro Real Madrid, no. Eso no.

Artículo aparte merecen los madridistas que anoche estaban felices… esos no son madridistas. Estaban felices porque creen que la simple derrota de ayer les dio la razón sobre su inquina a Ancelotti y a algunos jugadores. Se les veía en su salsa en redes sociales, estaban aparentemente enfadados, pero en su fuero interno estaban contentos. Pues bien, a estos elementos les envío el siguiente mensaje: pase lo que pase, el Real Madrid, con Carlo Ancelotti al frente, ha ganado esta temporada ya dos títulos y pueden ser más. Pase lo que pase el miércoles que viene, la temporada no es para tirarla a la basura. No es una de esas temporadas en las que todo sale mal y no ganas nada. No se confundan, vinagres y antimadridistas míos, esta temporada podrá ser de transición, que está por ver, pero nunca será un fracaso, en absoluto.

En la vuelta quiero treinta disparos a puerta, quiero que el Arsenal no salga de su área, quiero que el público ruja hasta que los espabilaos del Ruido Bernabéu tengan que tomar pastillas para dormir

Los que están contentos son los amigos del otro lado de la península, los seguidores de ese club del que hay que recordar a diario que estuvo pagando durante, al menos, 17 años, 8,4 millones de euros, como mínimo, al vicepresidente del CTA para, en palabras propias, obtener neutralidad en los arbitrajes. Que se compraron el sistema arbitral español al completo y que el asunto está en los tribunales de justicia, siendo el Real Madrid Club de Fútbol el único club que se ha personado en el procedimiento como acusación particular en calidad de perjudicado. El único. Que nadie se llame a engaño. El Barcelona y Negreira, Negreira y el Barcelona, no sólo perjudicaron al Real Madrid, perjudicaron a todos y cada uno de los clubes de primera y segunda división en aquella época (que se sepa) y todos, a excepción de los blancos, están mirando para otro lado, poniéndose de perfil y coadyuvando para que la corrupción sistémica federativa y arbitral subsista manteniendo a aquellos árbitros en la actualidad. Que no se olvide.

Pues nada, que gocen, allá ellos. El club cliente de Negreira juega esta noche contra el subcampeón de Europa, veremos lo que pasa. Si no hay cosas raras con la publicidad de ACNUR del tipo de las que había cuando llevaban la de UNICEF, ganará el mejor. Pues eso, que gane el mejor. La diferencia entre ellos y nosotros es que ellos estaban más pendientes de ayer que de hoy, mientras nosotros estamos pendientes del miércoles, importándonos muy poco lo que pase hoy. De los de Canillejas ni hablo, ellos siguen enloquecidos con lo de los dos toques y el video presuntamente manipulado. Pues nada, que sigan así, que sigan locos, a lo suyo.

El domingo toca Mendizorroza y el Alavés. Quiero ver al equipo luchar por la liga, quiero verlos con alma y con fuerza, que para eso son el Real Madrid.

Me despido como siempre, mandando un mensaje de cabreo y de esperanza a la vez. La vuelta es en Miércoles Santo. A ver si es verdad que Dios es madridista. Ya saben, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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El día de los locos

 

No puedo empezar esto sin solicitar a mi buen amigo Paquito que me disculpe por las brasas avinagradas que le suelto antes, durante y después de los malos partidos del Real Madrid. Eso implica que lleva desde agosto aguantando comentarios y reflexiones de una amargura que hace que la bilis y el desconsuelo pudieran parecer ambrosía.

Anoche no fue una excepción, por supuesto. Carece de sentido entrar a valorar lo justificado o razonable de mi actitud, porque todos vimos el partido y cada uno lidia con el cabreo como sabe. No se espere el lector una arenga apelando al manido espíritu del añorado Juanito ni una tópica y ridícula referencia pretendidamente épica a las remontadas que hemos visto y disfrutado tantas veces en el Bernabéu. Mi postura ante lo del miércoles próximo es que “vamos a ver”.

Me da lo mismo cuán caduco y cansado pueda o no estar Ancelotti, con sus cambios inamoviblemente programados y su incomprensible gestión de la plantilla. Resulta indiferente el ínfimo nivel general de juego del equipo o qué le puede estar pasando a Vinícius para que se le note melancólico y disipado en el campo; dan igual la impotencia de Mbappé, la ausencia de laterales de nivel medianamente digno o la intermitencia de Rodrygo. Toda la ira de anoche ha derivado en una preocupante resignación, pero hay algo ahí que no encaja. Me considero incapaz de discernir si es voluntarismo o racionalidad, pero, aún a pesar de no existir un solo motivo racional para mantener la esperanza, el partido de vuelta en el Bernabéu sólo me suscita calma. En un momento en el que el cuerpo sólo debería pedir un desmantelamiento de la plantilla, un cambio de entrenador que ya debería haber tenido lugar y un muy serio aviso al palco, encuentro paz.

La semana que queda hasta el partido de vuelta no debería consagrarse a entrenar aspectos tácticos o técnicos, sino mentales, convenciendo a los jugadores de que el objetivo es llevar a cabo la mayor de las locuras

Será un mecanismo de defensa, pero sólo puedo pensar en “qué desastre, pero ¿por qué no?”. Quizá sea que no queda nada que perder, porque en el viejo Highbury (odio eterno a los nombres de estadios mercantilizados) nos pasaron por encima mientras nuestro equipo y su cuerpo técnico escribían un tratado sobre la inoperancia. Ya no hay lugar para el equilibrio ni para el racionamiento de esfuerzos. Ancelotti siempre ha destacado ese equilibrio como premisa para todo, aún a pesar de tener una plantilla desequilibrada, que es como poner un corsé que no sujeta nada, es decir, caos mal entendido. Puede que sea que el único resorte que le queda al Real Madrid para tener una mínima opción son la estampida y el caos bien entendido.  Liberémonos del corsé y abracemos el salvajismo, aunque sea sólo por probar algo diferente. Puede salir mal y que nos metan 5 goles, claro, en cuyo caso estaríamos tan eliminados como ya lo estamos. La semana que queda hasta el partido de vuelta no debería consagrarse a entrenar aspectos tácticos o técnicos, sino mentales, convenciendo a los jugadores de que el objetivo es llevar a cabo la mayor de las locuras. El rival es un inglés, como lo eran los protagonistas de la carga de la Brigada Ligera, insuperablemente glosada por Iron Maiden en The Trooper. ¿Coincidencia? Me niego a creerlo. Sólo los más trastornados son los llamados a intentarlo independientemente de cómo se llamen. Es la hora de los dementes.

Un fuerte abrazo, Paquito.

 

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Buenos días. Juego funesto en un partido aciago a la vez que afortunado para los pupilos de Ancelotti, el Madrid pudo marcharse con media docena de goles en contra de su visita al Emirates si Courtois no hubiese evitado varios tantos más. La primera mitad resistió los envites gunners, pero el arsenal londinense era demasiado potente como para resistir sin el blindaje que proporcionan el juego, la actitud, el buen ambiente, el adecuado trabajo táctico, la eficiente preparación física y la correcta planificación deportiva.

Tras el varapalo, el meneo, la lección, el sopapo futbolístico sin paliativos propinado por el Arsenal, al Madrid solo le queda la épica, como afirma Andrés Torres en su crónica del encuentro. «Obligado a otro milagro», titula As. Podéis leer aquí también las calificaciones de Genaro Desailly y la crónica arbitral de Alberto Cosín.

Para el resto de equipos, que la épica sea el único saliente al cual aferrarse supone tener las mismas probabilidades de salir con vida que un tipo encadenado, metido en un cofre y sumergido en un pantano. Sin embargo, no cabe olvidar que el Madrid es Houdini y nunca conviene decir nunca jamás con él, como escribe Daniel Vila en su pieza de hoy.

Pero hasta Houdini sucumbió, todo el mundo cae tarde o temprano, nadie subsiste a la vida. Por eso los agoreros siempre acaban teniendo razón, al menos una vez, la última. Enhorabuena, hoy hay mucha gente feliz.

Cabe criticar de manera feroz y constructiva, exigir que se tomen medidas para resolver problemas evidentes desde hace tiempo. Si estuviésemos contentos después de la debacle de anoche mal iríamos, la verdad. No puede seguir todo igual simplemente porque no funciona, desde comienzos de temporada se vio que el parto venía de nalgas.

Sin embargo, es más discutible que quepa el insulto y la alegría propia por la derrota. Lo primero es un tema de educación, quien incurre en ello se define a sí mismo. Hay ejemplos todos los días en cualquier red social o en los comentarios de cualquier web. Lo segundo es un fenómeno de explicación psiquiátrica más compleja.

Hay otro fenómeno paranormal por el que muchos afirman que los éxitos de toda una década no valen nada por una mala racha o fin de ciclo. Según esto, nunca hubo un equipo bueno, pues las épocas gloriosas de todos los grandes conjuntos siempre terminaron. Los romanos fueron una cultura mediocre, cayó su imperio. ¿Qué hicieron los romanos por nosotros?

Y luego están los antis, los ventajistas, aquellos cuyo comportamiento vil puede proporcionarles una efímera satisfacción con el aplauso de sus iguales, pero que no cambia su naturaleza, predestinada e inmutable desde su nacimiento: «Sobre el cadáver del león festejan los perros. Sin embargo, el león sigue siendo león y los perros siguen siendo perros».

“Sobre el cadáver del león festejan los perros. Sin embargo, el león sigue siendo león y los perros siguen siendo perros.” pic.twitter.com/cW2ZFqQrLZ

— Alessandro (@alessRM15) April 8, 2025

Enorme tuit de @alessRM15 para adornar la basca de Dani Senabre, de quien no vamos a decir nada porque bastante tiene con ser él mismo. El antimadridismo lleva tanto tiempo ridiculizado y humillado que ni siquiera espera a que su enemigo haya sido eliminado para celebrar el funeral por su muerte. Y eso con el Madrid es peligroso. Hasta Marca, principal altavoz de quienes lo quieren destruir (o manejarlo), afirma que «Para el Madrid no hay imposibles».

Es una exageración y lo sabemos. Para el Madrid también hay imposibles y las posibilidades de remontada son escuetas. Marcarle, al menos, tres goles al Arsenal en 90 minutos se antoja tan complicado como anotarle dos al City en el descuento. La cuestión es si hemos de tener fe o arrojar la toalla ya y demoler el Bernabéu. Viendo la reacción de parte de la afición, uno se pregunta qué habría sido capaz de remontar en su historia el Real Madrid si hubiese tenido la mentalidad de algunos de sus hinchas.

De aquí al miércoles, crítica implacable y fe o insultos y rendición. Elegid.

Pasad un buen día, dentro de lo que cabe.

Dolorosa derrota en el Emirates Stadium. Anoche los pupilos de Mikel Arteta nos endosaron un 3-0 en la segunda parte que dejó al Real Madrid noqueado y sin argumentos.  Cuando el equipo de Holloway abrió la lata ya fue imposible reconducir el partido. En apenas unos minutos, todo se puso cuesta arriba para el Madrid. Como Apollo Creed frente a Iván Drago, el Madrid acaba este primer asalto más para allá que para acá.  No obstante, Londres tiene poco que ver con Las Vegas y el próximo miércoles en el Santiago Bernabéu nos jugamos el pase a semifinales de Champions y no un combate de exhibición.

La goleada gunner pone las cosas complicadas para la vuelta, pero nunca digan nunca jamás con el Real Madrid. Siguiendo con la analogía cinematográfica, el Madrid guarda más paralelismos con Rocky Balboa que con el malogrado Apollo Creed. Al igual que El Potro Italiano, el Madrid es capaz de aguantar todos los asaltos del mundo y acabar proclamándose campeón del mundo de los pesos pesados contra todo pronóstico. Por lo tanto, mientras exista una posibilidad entre un millón habrá esperanza.

Bien, hecho el preámbulo, he de decir que los tres goles del Arsenal fueron tres golazos. Las faltas de Declan Rice eran imposibles de parar. Ni un Thibaut Courtois en su máximo nivel habría sido capaz de hacerlo. El golpeo del centrocampista británico es tan bello como práctico. Las sucesivas repeticiones de su disparo nos demuestra esa plasticidad que solo los elegidos tienen. En 12 minutos el Arsenal nos asestó en la mandíbula dos derechazos. Con puño de hierro nos estaba doblegando cuando allá por el minuto 75 Mikel Merino finalizó con maestría una contra del equipo gunner.

El Madrid acabó el partido dando tumbos e incapaz de reaccionar. Ni Vinícius ni Mbappé tuvieron ocasiones claras en los últimos minutos. Tampoco Jude Bellingham fue capaz de mucho más. En mitad de la desesperación generalizada, Eduardo Camavinga vio la segunda amarilla en el 95 y se perderá la vuelta. Por suerte, en el Bernabéu tendremos de nuevo a Aurélien Tchouaméni tras cumplir sanción. Será interesante ver cómo plantea Carlo Ancelotti la medular. Cabe esperar dos opciones: ir por el partido con todo o salir a ganar sin volverse loco. Es decir, el mensaje será claro viendo los nombres que conformen el centro del campo.

Los blancos acabaron noqueados y sin argumentos. Pero nunca digan nunca jamás con el Real Madrid

Y ahora, a pasar la semana con dignidad y aguante. Chuzos de punta lloverán sobre nuestras cabezas hasta que arranque el partido. Francamente, poco importa cuando alrededor no hay nada.  De aquí al miércoles 16 podemos teorizar sobre el once. Más allá del sistema táctico, en un partido así cuenta más la confianza. También la inspiración. Los jugadores de fútbol suelen hablar de buenas o malas sensaciones. Como en el flamenco o en el arte del toreo cuando se nombra al duende. El encuentro de vuelta será un partido para valientes y osados o no será.

Algunos nombres están sobre la mesa para partir como titulares el próximo miércoles. La defensa es la zona más criticada pero todos estamos de acuerdo en los centrales. En cambio, los laterales están más en el aire. En mi opinión, David Alaba lo hizo bastante bien como lateral izquierdo. Dentro de lo que cabe, el austriaco dio lo mejor de sí mismo y acabó su participación de forma más que decente. Lejos de la fatal noche copera frente a la Real Sociedad, Alaba fue un recurso útil y yo apostaría por su concurso si Ferland Mendy no está disponible al 100%. Si bien es verdad que un juicio previo puede aconsejar que Fran García es más ofensivo, Alaba te asegura control defensivo y salida eficiente del balón. Por no hablar de su buen toque. En el lateral derecho, estoy seguro de que volverá a ser titular Fede Valverde. Creo que nadie tiene dudas.

Se avecinan días extraños para el madridismo. Toca aguantar como don Tancredo al compás del temporal hasta que este amaine. Esta semana se programará carnaza a la masa en todas las mesas de redacción. Es el juego mediático del deporte. La cornada de anoche fue durísima. Es así. Y por supuesto que tenemos que ser autocríticos, aunque ahora de poco sirve buscar causas o culpables. Desde mi punto de vista, ya habrá tiempo para hacer examen de conciencia. Obviamente el Real Madrid necesita volver a hacer fuerte su línea defensiva. El cómo y cuándo ya es otra cosa. Supongo que los implicados estarán haciendo gráficas de dónde está el punto de virtud entre gasto y rentabilidad. Será apasionante ver esta reconstrucción defensiva.

Mientras tanto, en la ruta hasta la vuelta de Champions, Vitoria se dibuja en el horizonte. El domingo estamos obligados a ganar al Deportivo Alavés en Mendizorroza. Está en nuestras manos salir campeones. Evidentemente cuesta relegar nuestra atención como aficionados, pero los jugadores tienen la obligación de hacerlo. La Liga aún es posible. Menos da una piedra.

 

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-Courtois: NOTABLE. El mejor, a pesar de los tres goles.

-Valverde: APROBADO. Ni siquiera él estuvo reconocible.

-Alaba: SUSPENSO. Saka le superó continuamente.

-Asencio: APROBADO. Se batió bien ante el juego aéreo gunner hasta que llegó el derrumbamiento absoluto tras el primer gol de Rice.

-Rüdiger: APROBADO. Tampoco fue uno de los más señalados.

-Camavinga: APROBADO ALTO. Robó muchísimos balones, pero también perdió unos cuantos. Luego entró en la parálisis de todos.

-Modric: APROBADO. Lo intentó hasta que fue sustituido.

-Bellingham: SUSPENSO. Un gran pase a Mbappé en la primera parte fue lo único que hizo, casi literalmente. Ni siquiera peleó como otras veces.

-Rodrygo: SUSPENSO. Nulo.

-Mbappé: SUSPENSO. Nulo y fallón.

-Vinícius: SUSPENSO. Nefasto partido. Negado en todo.

-Lucas Vázquez: sin calificar.

-Fran García: sin calificar.

-Brahim: sin calificar.

-Ancelotti: SUSPENSO. Sin argumentos. Sin ideas. Sin reacción.

 

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Arbitró el bosnio Irfan Peljto. En el VAR estuvo el alemán Bastian Dankert.

Partido plácido pese a ser unos cuartos de final de la Champions. Su lunar es que fue demasiado riguroso en la expulsión de Camavinga en el descuento.

Mucho ritmo y pocas faltas. Thomas vio una amarilla por un golpe en el hombro a Thomas en el 54' y Camavinga su primera amarilla por una entrada a Saka en el 68'. Además, pudo amonestar a Kiwior por una dura falta a Mbappé en la primera mitad.

Solo hubo una jugada polémica que no fue tal. Una mano de Asencio que no era punible.

Peljto, DISCRETO.

 

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Dos excelsos disparos de falta de Declan Rice y un latigazo de Mikel Merino consuman la goleada del Arsenal a un inoperante, decepcionante y triste Real Madrid en Londres.

Lo confieso: le tengo manía al Arsenal. Motivos personales. Hoy más si cabe.

Cuando contaba con catorce tiernos años de edad, mis augustos padres, así como los progenitores de un amigo toledano, decidieron que pasáramos el verano en la noble villa inglesa de Birchington-On-Sea en el condado de Kent y así aprender mejor la lengua tanto de Shakespeare y Benny Hill. Nos alojaron con una adorable familia constituida por una oronda señora divorciada y un detestable niño de 9 veranitos, un prometedor hooligan, aún en miniatura. Qué recuerdos. Un sábado se fueron a una pedregosa playa de esas inglesas y nos echaron la llave por fuera. También nos desaparecieron pounds misteriosamente y todas nuestras sospechas recayeron siempre sobre aquel odioso infante maleducado que tenía su cuarto forrado con todas las estrellas noventoides del Arsenal: David Seaman, Ian Wright, Tony Adams y compañía.

No me faltaron ganas de hacerme socio del Millwall.

Desde entonces, la aureola loser que flota sobre los mal llamados gunners ha impedido que mi animadversión por estos londinenses haya crecido en demasía, incluso eliminación con solitario gol de Thierry Henry allá por los 2000 frente a un Madrid calamitoso mediante. Hoy sin duda me darían nuevos motivos. Volvía el Madrid a un gran escenario. Quisiera decir Highbury con aquella legendaria esquinita de las realizaciones televisivas, pero hablamos del Emirates, otro estadio regado con oro negro y gaseoso de los desiertos en la Premier League de jeques y multimillonarios.

Regresaba el Madrid tras el fiasco liguero ante el Valencia —para acumular otro— y con los laterales heridos. Ancelotti, fiel a la tradizione, lo fio todo a la experiencia del todavía maltrecho Alaba en la izquierda, y el poderío de Fede en la derecha. Con Modric y Camavinga al timón y los Cuatro Fantásticos arriba —hoy de fantásticos, poco— la mejor noticia de la alineación la protagonizaba el regreso de Courtois bajo los palos. Pronto demostraría por qué.

Para sorpresa de nadie, el Arsenal salió con brío y el Madrid a verlas venir. Casi sin quererlo se encontró en los primeros compases con un fulgurante y franco contraataque que malogró Vinícius por abusar de su fantástico pase con el exterior. Durante mucho tiempo esta inocente aproximación fue el oasis en el yermo páramo madridista.

Con un Madrid Beti Jai y un Arsenal pelotari, los merengues repercutían cual frontón cada intentona inglesa, insistente en el balón parado. Fueron minutos de creciente confusión entre los de Carletto, que alcanzaron su momento culminante cuando Dankert y Dingert, una suerte de Dupond et Dupont germanos de la sala VOR, interpelaron un buen e irritante rato a un bosnio, el árbitro Irfan Peljto, por la mano inexistente de un canario, Raúl Asencio.

Para el Real, experto sufridor en estos lares balompédicos y latitudes del torneo que acumula dos doctorados expedidos en Manchester y en el Madrid comanche, lo del Arsenal todavía parecía poco. Aún así, acogotado, el campeón de Europa suspiraba por propinar un susto que le hiciera recuperar cierto respeto sobre el verde. Vini aprovechó un error y un resbalón para provocar alguna zozobra, Mbappé rondó el fuera de juego con peligro, y emergió Camavinga cual primigenio Cthulu robando pelotas extendiendo sus tentáculos. Incluso una danza de Bellingham en la línea de banda coronada con un profundo y preciso pase interior sobre Mbappé permitió al francés disfrutar de la mejor ocasión del partido hasta entonces.

Fue un absoluto espejismo.

Dos excelsos disparos de falta de Declan Rice y un latigazo de Mikel Merino consuman la goleada del Arsenal a un inoperante, decepcionante y triste Real Madrid en Londres

Raya repelió el disparo, pero Kylian, aunque duró poco, se vino arriba, culminando los mejores momentos del Madrid con un sombrero sobre Odegaard que se fue por ahí deambulando, despistado con aire funcionarial como si de un ministro socialista de Tecnología se tratara, apuntaba Francisco Sánchez Palomares, nuestro galernauta Paquito, en el chat de WhatsApp de La Galerna. Lo del Madrid sin embargo resulto tan efímero como deprimente. Pronto los londinenses, a lomos de un insistente Bukayo Saka, zarandearon al campeón.

Dos centros, tensos, rasos, jugosos para cualquier ariete, se pasearon sin rematador muy cerca del área chica, y Courtois respondió como acostumbra a un cabezazo malvado de Declan Rice, omnipresente, así como al posterior rechace de Martinelli. No fue el mejor prólogo para el calvario del segundo tiempo.

Pronto, a los 57 minutos, el Arsenal abriría el marcador con una buena falta directa ejecutada   —por el exterior de una barrera merengue algo escuálida— por Declan The Tractor Rice, everywhere cual mosca cojonera durante todo el partido. 1-0 para los londinenses a falta de algo más de media hora para el final, para alegría del vesicante locutor televisivo con voz de mezzosoprano gutural. Lo del Emirate obviamente era malo, pero pudo ser mucho peor.

Y pudo serlo muy rápido.

Diez minutos después, con el Madrid, ahora sí medio grogui, el Arsenal protagonizaba tres ocasiones de gol en apenas 30 segundos. Primero fue Martinelli, la sacó Courtois, después fue Alaba bajo los palos a disparo de Merino y de nuevo Courtois, en pie ipso facto, otra vez ante otro latigazo de Mikel. En el córner posterior, Bellingham la volvió a despejar sobre la línea de gol de nuevo a disparo de Merino.

El preludio de un desastre que llegó, one more time, de otra fenomenal falta directa.

Si antes disparó por el exterior de la barrera, esta vez buscó, y desde aún más lejos, el palo del titán Courtois. Nada pudo hacer ante el golazo que clavó en la escuadra Declan Rice.

2-0, minuto 70 y el Madrid sin comparecer en el segundo tiempo.

La reacción de Carletto fue retirar a Modric, devolver a Valverde al centro del campo, y ordenar el ingreso de Lucas Vázquez. Decíamos en líneas precedentes que el Madrid era como el frontón de Beti Jai. Beti Jai significa “Siempre fiesta” en euskera. Pues eso.

También apuntábamos en líneas precedentes que podía ser peor y el caso es el que lo fue. Ya no medio grogui, sino completamente noqueado en lo que parece la triste confirmación de una aciaga temporada, el Madrid encajaba poco después el tercero tras un buen latigazo seco de Merino desde la frontal. El Arsenal se paseaba like Peter at home.

No hubo tiempo para mucho más (afortunadamente) salvo una lamentable y desastrosa segunda amarilla de Camavinga por mandar el balón al carajo en el descuento.

Ya sólo nos queda la épica.

 

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Entiendo la frustración de la afición madridista con la actitud de Florentino Pérez al no presentar batalla mediática y/o jurídica contra TODAS las irregularidades que comete el F.C. Barcelona. Algunas cometidas por sí solo, otras con la participación de instituciones como el CSD, la RFEF, o La Liga. Esta última para atraerlo a su bando de interés comercial.

En su descargo diré que son tantas ilegalidades, que no le daría tiempo a denunciarlas todas. Y si lo hicieran otros por delegación suya, el Real Madrid debería dedicar un departamento ad hoc, integrado por un ejército de profesionales expertos del sector jurídico y comunicativo para explicarlas correctamente desde un punto de vista legal.

Además, todo es más complicado cuando los medios de comunicación están al servicio de las instituciones cooperadoras necesarias del Barça, pues aquellas los subvencionan con publicidad. A lo que hay que sumar la postura del resto de equipos de La Liga. No es que no te apoyen en la defensa de la legalidad, sino que se manifiestan en tu contra por estar maniatados por Tebas por el asunto CVC. Y al final quedas siempre como el malo de la película.

Aun así, recordemos que el Real Madrid ha sido el ÚNICO club que se ha personado en la causa de corrupción deportiva del Barcelona por haber pagado 8.4 millones de euros al vicepresidente del Comité Técnico Arbitral durante al menos 17 años.

Pero ese no es el tema. El tema es que nos encontramos en una situación particularmente complicada cuyas ramificaciones exceden el ámbito nacional, y para entenderla hay que aportar un poco de contexto:

El Real Madrid está liderando una iniciativa para cambiar el orden mundial del fútbol, cuyo nombre es Superliga (ahora Unify), con el fin de apartar a sus actuales gestores, por corruptos e incompetentes en la gestión del producto billonario que tienen entre manos.

hay veces que por motivos de 'aritmética parlamentaria' uno tiene que tragarse sapos para llegar a la arcadia de la Superliga

Es complicado contar con el apoyo de los principales clubes europeos, pues están amenazados por las instituciones que ostentan el poder (UEFA/ECA/Qatar, ligas y federaciones nacionales). Pero es preciso apoyarse en ellos para conseguir el objetivo final. Y, nos guste o no, el Barcelona es uno de ellos. Más por herencia deportiva de Messi que por su imagen institucional actual.

En términos políticos diríamos que, en el caso concreto del Barça, Florentino tiene que cabalgar contradicciones continuamente. Con el palo y con la zanahoria hacia sus rivales deportivos en Liga, que a su vez son socios comerciales fuera de ésta.

Estoy seguro de que no son de su agrado las actitudes corruptas de su principal rival en la liga española, que para más inri tiene la desvergüenza de denostarnos públicamente.

Pero hay veces que por motivos de 'aritmética parlamentaria' (siguiendo con el símil) uno tiene que tragarse sapos para llegar a la arcadia de la Superliga. Donde exista un verdadero control financiero de los clubes, donde los árbitros y el VAR tengan la función de impartir justicia, donde no se exprima al jugador hasta provocarle lesiones que arruinen su carrera, donde la mayor parte del beneficio económico del negocio vaya a parar a los clubes, etc.

Aunque se hayan cometido errores al principio del proyecto, dejemos trabajar a uno de los más importantes hombres de negocios del mundo. Sus aciertos pasados merecen que le otorguemos la confianza para hacerlo, sin presiones internas, discretamente, pues la tarea es hercúlea y el resultado puede marcar un antes y un después en la historia del deporte. Como ya pasó con D. Santiago Bernabéu y la Copa de Europa.

Si hay alguien que puede repetir este hito, ese es Florentino.

 

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Buenos días, amigos. Suponemos que conoceréis al escritor inglés Nick Hornby, autor de numerosos libros con frecuencia llevados al cine y protagonizados por epítomes de la comedia británica contemporánea, como Hugh Grant o Colin Firth. Si no lo conocéis, os urgimos a abandonar al punto la lectura de este portanálisis y engancharos en cambio, ya mismo, a cualquiera de sus obras.

En su célebre libro Fiebre en las Gradas (Fever Pitch, 1992) cuenta su propia vida a la luz de diferentes partidos del Arsenal que han jalonado la misma. Hornby es un muy ilustrado e ingenioso hooligan del equipo londinense. Desde el siglo pasado, este portanalista viene soñando con una segunda parte de Fiebre en las Gradas. Desde que se supo que el Arsenal sería el próximo rival del Madrid en Champions, sueño además que en esta secuela haya un capítulo titulado “8 de abril de 2025. Arsenal 0-2 Real Madrid”.

Sí, amigos. Demos un disgusto a Nick Hornby.

En un juego conceptual algo manido (los del Arsenal son los “gunners”, o sea, los cañoneros), dice Marca que los de Carletto se presentan en el Emirates con toda la artillería, y es verdad. Jugarán a buen seguro los cuatro fantásticos (Mbappé, Vini, Rodrygo y Jude), existiendo bastantes incógnitas en el resto del equipo que hoy pueda poner en juego Carletto. Nosotros no sabemos qué va a pasar, aunque reconocemos que las últimas (presuntas) filtraciones apuntan a un equipo algo aventurado en su zaga. No conviene perder de vista que el Arsenal, pese a sus bajas, sigue contando con peloteros eminentes en su ataque, como Saka, Merino o el talentoso Ødegaard, viejo conocido que a buen seguro marcará hoy un gol en obediencia a la inexorable ley del ex.

Cambiemos pues el título de ese hipotético capítulo de la hipotética secuela de Hornby. Será “8 de abril de 2025. Arsenal 1-3 Real Madrid”.

As dice que al equipo de Ancelotti se le ha puesto cara de Champions. Ojalá sea verdad. Es fácil decir eso junto a una foto que retrata la apostura de Bellingham, jugador que hace tambalearse nuestra muy acreditada heterosexualidad. La eliminatoria se decidirá a buen seguro en el Bernabéu, pero ojalá, si no cantándola, sí podamos salir hoy del Emirates tarareando el We Are the Champions de Queen, como hacía John Cusak cada vez que mojaba en la versión cinematográfica de High Fidelity, otro de los maravillosos libros de Hornby.

En su faldoncillo, As habla del Atleti, de quien se comenta que, para la liga, tiene la ventaja del descanso que no tendrán Madrid y el club cliente de Negreira por seguir jugando en Europa. Quien no se consuela es porque no quiere. Escrito esto en la misma mañana en que el eterno rival que te ha dejado en la cuneta juega los cuartos de Champions en los que soñabas estar, casi parece un sarcasmo.

Enhorabuena, Atleti. Ya podéis poner este descanso en las vitrinas. Todos a Neptuno.

La prensa cataculé anda a sus cositas, pero no quita un ojo a lo que haga el Madrid. En su frontispicio titula Mundo Deportivo “El Emirates mide a Ancelotti”. Se ve que en la puerta de dicho estadio han puesto un medidor, como el que tienen en el ambulatorio cuando vas con el niño, y le van a pedir a Carletto que se quite los zapatos y se suba.

Disculpadnos, pero hay que tenerlos no ya cuadrados, sino incluso octogonales, para sugerir que la talla del entrenador más laureado de la historia, con 5 Champions y ligas conseguidas en todas las grandes competiciones europeas, depende de lo que haga en un partido específico. En la novela de Hornby A Long Way Down, tres suicidas coinciden en lo alto de un edificio con la intención de saltar, pero se ponen a hablar y acaban convenciéndose unos a otros para darse una oportunidad y ver si merece la pena vivir. Es de agradecer que Mundo Deportivo, un panfleto que se permite hasta plagiar artículos como acaba de hacer con Javier Balsameda, se permita dar nuevas oportunidades a Carlo AnceFuckingLotti. Cualquier día Mundo Deportivo plagia a Hornby.

Lo de Sport es una extraña coincidencia, dado que en el portanálisis de ayer hablamos de cómo todo el mundo (en especial el Barça) se toca. Hoy nos dicen que “Raphinha te toca”.

¿”Te toca” a ti? O sea, ¿a mí? Yo leo eso y entiendo que Raphinha me toca a mí, y sin embargo no tengo constancia de ese extremo. Vamos, de que ese ni ningún otro extremo me toque. No me dejaría si lo intentara, si bien todos tenemos un precio, claro.

Ah, no, espera, lo hemos entendido mal. La frase va dirigida a Flick. “Raphinha te toca” es evidencia que Sport constata ante Flick en virtud de la foto de portada, en la cual vemos cómo en efecto el jugador brasileño palpa la espalda del entrenador alemán, mientras este echa mano de la riñonada de su pupilo. Todo bastante casto, en principio, por lo que no vemos la necesidad de alertar a Flick sobre los tocamientos de Raphinha, ostensibles por otro lado en la instantánea en cuestión.

Todo muy raro, sobre todo porque habrá que descartar la remota posibilidad de que un medio de tirada nacional como Sport haya omitido la coma del vocativo y el mensaje en cuestión vaya dirigido al propio Raphinha. “Raphinha, te toca”, sería en tal caso el mensaje escrito de forma correcta. Pero vamos, que nos parece impensable que un rotativo de la tirada de Sport haya cometido en su primera página, en la frase del titular además, cagada tan aparatosa.

Para no cometer cagadas al escribir, es conveniente leer a grandes autores, por ejemplo a Nick Hornby. También es conveniente ganar al Arsenal, aunque ello suponga un mal trago para el admirado autor.

Esta noche se verá si somos capaces.

Hala Madrid.

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