Las mejores firmas madridistas del planeta

Hola, Vini. Seguramente nunca leerás estas líneas, pero es necesario sepas que el madridismo está contigo y que va a estar siempre apoyándote, cuando ganemos y cuando no. Eres muy joven, Vini, pero los madridistas veteranos tenemos una larga historia que contar sobre esto que te viene pasando desde que llegaste a Madrid.

El fútbol te trajo a nuestras vidas para que fueras el líder de un equipo ganador. Aún no sabías de nosotros y ya estabas en nuestro corazón y en nuestros pensamientos. Tomás Guasch, un maestro de periodistas que no oculta sus colores y que participa en tertulias deportivas, hace años acuñó dos gritos de guerra que fueron virales durante mucho tiempo. Uno era: "¡La décima!" que gritaba en cada jornada de Champions en la que jugaba el Real Madrid, hasta que finalmente llegó la décima. El otro fue: "¡Vinícius!". Después de tu fichaje, cada vez que el Madrid tenía dificultades para ganar, Tomás pedía que vinieras gritando tu nombre. Mientras, tú seguías creciendo futbolísticamente y madurando como persona en Brasil con tu familia. Empezaste a ganar para nosotros y a ilusionarnos mucho antes de llegar.

Vinícius Jr. en el Flamengo

Tienes que saber que en una época anterior a la del "presi" Florentino Pérez, los periodistas deportivos sabían lo que pasaba en el vestuario antes que el club, eran amigos interesados de algunos futbolistas que les filtraban información. A cambio, metían presión desde sus medios al club cuando no jugaban, cuando tocaba renovar o inventaban ofertas y fichajes para condicionar la estrategia de la directiva. Esos periodistas no eran leales con el oficio que les daba de comer y, por supuesto, tampoco con el Real Madrid.

Florentino terminó con eso. La mayoría de los clubes le siguieron. Ahora los periodistas se quejan de que los futbolistas top sois inaccesibles, pero, en realidad, lo que ha conseguido el presidente es protegeros de toda la basura que hay en los medios de comunicación y conseguir que podáis hacer vuestro trabajo sin contaminación exterior, en el mejor ambiente posible.

Los diarios deportivos de Madrid son antiflorentinistas; principalmente, por lo que te acabo de contar. No soportan lo que Florentino ha conseguido y no pueden vivir sin tener influencia en las decisiones del club o de los entrenadores. Inventan porque no tienen acceso a la realidad y porque todos los días tienen que vender su producto. La crítica sobre el Real Madrid suele ser destructiva, busca el clic, la polémica, el conflicto, porque es lo que vende.

Eres el líder del Real Madrid, el jugador más decisivo y no te callas ante la injusticia. Eso es lo que no soportan

Del trato de los otros medios, las radios, las televisiones... qué te voy a decir que no sepas: las patadas a Vini nunca son de tarjeta (en esta temporada se saca una amarilla a rivales del Real Madrid cada 14 faltas, mientras a los rivales del Barcelona les sacan una amarilla por cada 4); que Vini se queja y protesta (Piqué o Xavi protestaban muchísimo más que tú y en otro tiempo, Cruyff llegaba a coger el balón debajo del brazo y no se jugaba hasta que él terminaba de reclamar al árbitro); que Vini debería hacer esto o lo otro... como si eso fuera a cambiar las cosas. Lo que tiene que cambiar es el fútbol español, que es un ecosistema podrido, no tú, que no has dado nunca una mala patada a un compañero, ni has simulado un penalti. Eres el líder del Real Madrid, el jugador más decisivo y no te callas ante la injusticia. Eso es lo que no soportan.

Estos días Marca ha hecho una encuesta en la que teóricamente "la afición no vería mal" que el club te traspasara. Inventan, Vini. Es mentira. Esa encuesta no se la hacen al madridismo. Ningún madridista quiere que te vayas. Esa respuesta la da el antimadridismo para perjudicar al club y otros, que dicen ser madridistas, por ignorancia. Quieren que te vayas para que el Real Madrid sea peor, para poder seguir manipulando la competición sin que se note tanto, porque cuando tú juegas es muy difícil ganar al Madrid sin hacer trampas.

Marca

Pero tú eres fuerte Vini. Tu mentalidad y tu determinación es lo que te ha traído al club más grande del mundo, que es el lugar donde mereces estar y, como dices cuando te preguntan, donde estarás muchos años ganando títulos. La gente normal no se imagina que tu vida no siempre es posar con un outfit de lujo, relojes o coches inaccesibles para la mayoría. Sabemos que lo pasas mal cuando los aficionados rivales te insultan y te menosprecian en los estadios o cuando aplauden si te hacen una entrada con mala intención. Sabemos que no lo puedes entender. Sabemos que no toleras la injusticia. Todos lo vemos. Pero es que el antimadridismo está alimentado desde instituciones como la LaLiga, el CTA o la UEFA, enemigos de Florentino y con todos los medios a su alcance para distorsionar la realidad y hacer que la víctima parezca el culpable.

Marca ha hecho una encuesta en la que teóricamente "la afición no vería mal" que el club te traspasara. Inventan, Vini. Es mentira. Esa encuesta no se la hacen al madridismo. Ningún madridista quiere que te vayas

Los madridistas sufrimos contigo la injusticia cuando te negaron el Balón de Oro más claro de la historia y nos indignamos cada vez que te insultan. Es envidia, Vini. Siempre fue envidia. El Real Madrid despierta la envidia en los mediocres. Pregúntale a Cristiano lo que tuvo que aguantar él dentro del estercolero que es el fútbol español. Como Cristiano, tú tienes una misión y un objetivo. Y como Cristiano, tú eres muy fuerte. Y además de tener razón, tienes detrás de ti a millones de madridistas para darte la energía que te ayudará a luchar contra todo y prevalecer.

Mira las fotos de Valdebebas y las leyendas que pasaron por el club. La mayoría tuvieron que sufrir lo mismo que tú por ser los mejores: Juanito, Míchel, Hugo Sánchez, Figo, Ramos, Cristiano. Ahora te toca a ti llevar esa pesada carga. Porque contigo seguiremos ganando. Porque ya eres parte de la historia del Real Madrid y porque harás más grande la leyenda del club y tu propio legado.

 

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Vaya por delante de este artículo que no se pretende excusar de ninguna manera el más que pobre rendimiento futbolístico del Real Madrid a lo largo, larguísimo, de esta temporada, pero llama poderosamente la atención comprobar cómo un equipo llamado a ser un compendio de bestias físicas haya llegado al momento clave de la temporada en el peor momento físico de la mayoría de sus jugadores. Un equipo llamado a dominar y arrollar por puro músculo a sus rivales fue incapaz el pasado miércoles de correr más kilómetros siquiera que el equipo gunner, que no se prodiga especialmente en esta faceta.

Vinícius

No escapa esto a la rutina de la temporada, pues correr menos que el rival ha sido el pan de cada día de los blancos desde agosto y, aunque muchos pretenden achacarlo a la falta de actitud, no fue dicho aspecto el problema del miércoles en el Bernabéu. La triste sensación que desprendían nuestros pupilos era que no les daba para más.

El cómo es posible que un equipo repleto de jugadores imponentes desde el plano físico no haya alcanzado en ningún momento de la temporada su versión más dominante se puede explicar desde varias perspectivas, no siendo posible establecer la hipótesis de un único culpable.

correr menos que el rival ha sido el pan de cada día de los blancos desde agosto y, aunque muchos pretenden achacarlo a la falta de actitud, no fue dicho aspecto el problema del miércoles en el Bernabéu. La triste sensación que desprendían nuestros pupilos era que no les daba para más

Muchos dedos acusadores apuntan directamente a Pintus, principal responsable de la preparación física del equipo desde hace años, y cuyo método se dice que permite llegar a los jugadores a los meses primaverales en su cénit. Desconozco si la preparación realizada por el profesional italiano ha sido llevada a cabo con la misma escrupulosidad que en los años exitosos (imagino que sí), pero es menester recordar lo anómalo de la pasada pretemporada para esbozar la posibilidad de que quizás lo que siempre ha funcionado ahora no lo haya podido hacer esta vez, sencillamente porque los condicionantes de esta temporada lo imposibilitaban.

En la preparación física, el descanso es tan importante como el trabajo, y muchos de los jugadores de la plantilla apenas descansaron tras finalizar la temporada anterior, teniendo tan sólo una semana de vacaciones y disputando un título (la Supercopa de Europa) apenas unas semanas después de haberse incorporado a la dinámica de trabajo.

Quizás, después dicho torneo, los jugadores con menos descanso deberían haber seguido un plan específico y progresivo para seguir con su propia pretemporada, pero resultó incompatible por la carga de trabajo de suponen los partidos en los cuales Carlo Ancelotti, siempre exigido por los resultados, decidió disponer de ellos como titulares indiscutibles desde el primer día.

Aquí llegamos a otro de los puntos disruptivos que permiten explicar la mala condición física de los jugadores: la falta de rotaciones. Al no haber rotado en los momentos en los que más lo necesitaba el equipo, la preparación física, que suele ser progresiva yendo de menos a más, se vio condicionada por la gran cantidad de minutos (y de trabajo añadido) que jugaron determinados jugadores.

Cuando terminé la carrera de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (CAFYD), realicé mi trabajo de fin de grado sobre los diversos métodos para cuantificar la carga de trabajo en el fútbol, y basé mi investigación en estudios realizados sobre varios deportes colectivos que apuntaban a que, en el momento en que la carga de trabajo aumentaba en más de un 10%, en cualquier momento de la temporada, aumentaba exponencialmente el riesgo de lesiones, así como la posibilidad de una disminución considerable del rendimiento físico. De ahí la importancia del aumento progresivo de la carga de trabajo durante la pretemporada y de la distribución de las cargas de trabajo (y descanso) durante la temporada.

Pintus

En esta temporada el Real Madrid ha sufrido ya 45 lesiones de diversa índole. Algunas fortuitas o traumáticas, como la desgraciada lesión de Carvajal, inachacables a la preparación física, pero la gran mayoría sí dependen de los factores anteriormente mencionados. Lesiones como la de Militao, recién recuperado de su grave lesión de ligamento cruzado y jugando todo lo jugable desde el primer momento es un buen ejemplo de cómo comprar papeletas para que se acerque a visitarnos la tragedia.

en el momento en que la carga de trabajo aumenta en más de un 10%, en cualquier momento de la temporada, se incrementa exponencialmente el riesgo de lesiones, así como la posibilidad de una disminución considerable del rendimiento físico. De ahí la importancia del aumento progresivo de la carga de trabajo durante la pretemporada

Desconozco el nivel de fluidez en la comunicación entre Antonio Pintus y Carlo Ancelotti, pero dudo que el primero estuviera cómodo presenciando el ejemplo que acabo de exponer. En su etapa con Zidane, sin ir más lejos, el francés programaba al minuto las vueltas post-lesión de sus jugadores y las cumplía a rajatabla independientemente de cómo fuera el resultado. Sin embargo, con Ancelotti los jugadores parecen acortar plazos y estar disponibles para jugar los 90 minutos desde el primer momento en que entrenan con el equipo. No pongo en duda que no dispongan del alta médica para hacerlo, pero sí que es cierto que el concepto de “alta competitiva” parece haber cambiado de un entrenador a otro.

Ancelotti y Pintus

Existen jugadores “termómetro” en los que suelo fijarme cuando el equipo parece mal entonado físicamente. Mis dos favoritos son Valverde y Bellingham, precisamente porque son jugadores inicialmente incansables que abarcan una cantidad de campo descomunal. No existe pues peor síntoma que ver a Jude con la lengua fuera pasada apenas media hora de juego. Va a seguir corriendo y desgastándose porque así lo dictamina su fuero interno, pero su lenguaje corporal es muy significativo. Otro jugador termómetro es Vini, cuya sintomatología se aprecia en la mejor de sus virtudes: la velocidad. Verle perder carreras con jugadores a priori más lentos es signo de su mal momento.

Volviendo a ese aumento “prohibido” de la carga de trabajo que mencioné anteriormente, este año ha habido otro factor que ha podido influir en el rendimiento físico de muchos jugadores, más allá de la ingente cantidad de partidos: las prórrogas disputadas. Si un jugador está acostumbrado a disputar 90 minutos y de repente le toca jugar 120, no hará falta ni que hagan cuentas: se pasa de ese dichoso 10%. El año pasado llegué a notar lo mucho que nos costó reponernos del enorme esfuerzo exhibido tras la prórroga contra el City. El siguiente partido fue un clásico que ganamos con la más divertida gestión de esfuerzos que recuerdo en mucho tiempo, apretando únicamente cuando era preciso gracias a la gran superioridad existente en ese momento sobre el Barcelona.

No existe peor síntoma que ver a Jude con la lengua fuera pasada apenas media hora de juego. Va a seguir corriendo y desgastándose porque así lo dictamina su fuero interno, pero su lenguaje corporal es muy significativo. Otro jugador termómetro es Vini

Este año, desgraciadamente, no tenemos el mismo fútbol en nuestras piernas y a partir de aquí podemos debatir si nunca lo hemos tenido porque no dispusimos del físico necesario para llevarlo a cabo (esta plantilla está diseñada para dominar desde el físico) o si no tener ese trabajo táctico primigenio no nos ha permitido desarrollar al completo el físico de los jugadores con la tranquilidad de tener un suelo sobre el que no precisar de sobreesfuerzos. Sé lo complicado que es reflexionar en pleno estado de efervescencia tras la eliminación, pero a mí me resulta complicado dictaminar en estas condiciones si fue primero el huevo o la gallina.

 

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En este texto se parte de la base -una base que se evitará trascender- de que Carlo Ancelotti es el entrenador del Real Madrid y lo seguirá siendo en un futuro inminente, como mínimo. Si sigue más allá del fin de la temporada, o si es sustituido por otro técnico, no es materia que vaya a ser contemplada aquí. Con el mejor afán constructivo, se interpela al manager transalpino acerca de cuestiones que no se entienden, y se le aconseja con la máxima humildad de cara a lo que resta de temporada, donde continúan en juego no pocas cosas y no de poco peso, a despecho de la debacle europea.

No hay nada más desconcertante (y en última instancia triste) que un hombre traicionando las que son sus principales virtudes. La más destacada de D. Carlo, una de las que componen su receta de éxito inigualado, es la flexibilidad, entendida como lo opuesto al dogmatismo. Allá donde ha ido a lo largo de su dilatada trayectoria, o incluso sin salir del propio Real Madrid, ha huido siempre de encasillamientos tácticos, optando por diferentes sistemas en virtud del resultado que le iban dando. La temporada pasada la empezó con un rombo en el centro del campo. “Si sale mal, cambiaré de idea”, dijo con la máxima naturalidad. Luego no cambió, pero solo porque salió bien. De haber pinchado en hueso, habría reculado con la misma sencillez.

Por ello, no se explica su actual empecinamiento táctico. Hablamos del empeño por jugar con tres delanteros y medio en lugar de hacerlo con dos o dos y medio, obstinación que se ha demostrado como la mejor receta para el fracaso. Carletto vive empeñado en encorsetar al equipo en el formato de una suerte de 4231 que se ha probado errado, y que sirvió de chasis para algunas de las más sonrojantes actuaciones del equipo en la presenta campaña.

No hay nada más desconcertante (y en última instancia triste) que un hombre traicionando las que son sus principales virtudes. La más destacada de D. Carlo, una de las que componen su receta de éxito inigualado, es la flexibilidad, entendida como lo opuesto al dogmatismo

Trato de explicarme esta testarudez en un hombre tan proverbialmente inclinado a poner en tela de juicio sus propias decisiones, a considerarlas siempre provisionales, y creo saber por qué le sucede esta cosa tan aparentemente antinatura. Con esto no trato de justificar, sino tan solo de explicar.

El italiano permanece terco en la idea de alinear siempre al cuarteto Bellingham-Vini-Rodrygo-Mbappé porque durante algún tiempo, a manera de espejismo, sin salir de la presente temporada, funcionó. Hablo de la eliminatoria contra el City y alrededores. Tal cosa le hizo albergar la esperanza de que podría funcionar a largo plazo. El tiempo ha dejado claro que esa pretensión no se corresponde con la realidad. Pero él sigue encallado en su idea, inalterable en la ambición de no alterar nada, lo que es conocido como el método más perfecto para seguir fracasando cuando las cosas no van bien.

Carletto, si me está usted leyendo, haga el favor de dejar de traicionar su habitual espíritu científico (prueba y error) en favor de no se sabe qué clase de talibanismo estratégico. Está usted irreconciliable, y eso duele a quienes le queremos casi tanto como la hecatombe de nuestro Madrid. Hay solución, y la hay a corto plazo: vuelva al 442, con preferencia por el rombo que tan magníficamente extrajo lo mejor de Jude Bellingham el año pasado. Alinee por delante de él a las dos grandes estrellas, Mbappé y Vini. Seguro que se estorbarán menos que si tienen que compartir la delantera con un tercer hombre, por bueno que sea Rodrygo, que lo es.

El italiano permanece terco en la idea de alinear siempre al cuarteto Bellingham-Vini-Rodrygo-Mbappé porque durante algún tiempo, a manera de espejismo, sin salir de la presente temporada, funcionó. Tal cosa le hizo albergar la esperanza de que podría funcionar a largo plazo

La polémica respecto a la presunta (in)compatibilidad del francés y el brasileño se resolverá dejándolos solos ahí arriba, con la ayuda del inglés en la media punta y una mezcla de jugones y músculo por detrás (digamos Tchouaméni-Valverde-Ceballos). Pruebe con esto. ¿Por qué parece tenerle miedo a probar, cuando usted -y esto es un elogio aunque no le parezca- siempre ha sido el rey de la probatura?

Carlo, deje de hacer algo tan poco carlettista como tomarse a sí mismo (o a sus propias ideas) tan en serio. Por grande que sea la desazón a consecuencia de lo del Arsenal, hay mucho en luego. Ganar la Liga Negreira en la cara de sus organizadores, nuestros enemigos, no sería poco botín para esta temporada, una vez asumido el batacazo continental. Lo mismo cabe decir de la Copa.

Vuelva usted a ser reconocible en su sanísima costumbre de no serlo. Esa ductilidad es su principal ventaja frente a quienes son prisioneros de sus apriorismos. Aprovéchela. Aún está a tiempo de darnos (y darse) una estimable compensación a tanto padecimiento. Y de irse, si es que se va a ir, con un buen sabor de boca.

 

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Buenos días. Hoy es Viernes de Pasión. La palabra pasión tiene varias acepciones en el diccionario de la RAE. Llama la atención, de hecho, lo numerosas, dispares y casi contradictorias que son.

La primera de ellas, aunque en la relación de acepciones aparezca al final, es la que el calendario nos marca hoy como Viernes Santo que es, o sea, Viernes de Pasión. Estamos en Semana Santa, lo cual tiene para los cristianos un significado muy concreto.

Son, de hecho, las dos últimas acepciones las que tienen que ver con esto.

La jornada de hoy nos trae a esta vertiente de la palabra, la misma que a algunos de vosotros, los que profeséis la religión católica, o simplemente manifestéis esa inquietud cultural, os llevarán en estos días a asistir a procesiones y otros actos de Pascua en diferentes latitudes.

Lo que sentimos por aquello de lo cual escribimos en esta publicación, curiosamente, también es pasión. Pasión por el Real Madrid C. de F. Son en este caso las acepciones 5, 6 y 7 del término, cada una con sus matices, casi todos los cuales pueden encajar de un modo u otro con lo que sentimos por el mejor equipo de la historia del fútbol.

“Inclinación. Querencia. Preferencia” son palabras que definen con precisión casi aséptica lo que tenemos por el club blanco. Son sinónimos que se antojan incluso un poco fríos. Abracemos (también con pasión) otros como “arrebato” o “frenesí”, también desglosados en estas acepciones, sin descartar la lectura más (casi) sexual que indefectiblemente acompaña a la pasión, eso que en el punto 5 se califica como “fogosidad, ardor, lujuria”. No falta quien duerme con su pijama, bufanda o bandera del Madrid, sin que con esto queramos dar a entender necesariamente que hagan literalmente el amor con esos accesorios. Quizá el amor lo hagan con sus parejas, como todo el mundo, pero sin necesidad de despojarse de banderas, bufandas ni (en lo posible) pijamas del club de sus amores.

Hay, claro, otra acepción casi contradictoria con esta última. pero directamente derivada de la concerniente a la Semana Santa. La pasión como sufrimiento. Y esa (ay) es precisamente la acepción que en estos días sentimos vivamente en nuestras carnes. El diccionario parece haber coordinado con nuestro corazón, en estas fechas aciagas, que aparezca la primera para la RAE.

Sí, amigos. Padecimiento. Nuestra pasión por el Madrid es todas estas cosas. Ahora mismo, tras la eliminación de la Champions, de nuestra Champions, es “padecimiento”, pero si lo es es solo porque prevalece siempre el sustrato de “inclinación, creencia, preferencia” o hasta el de “arrebato, frenesí”. Quizá entonces la pasión como padecimiento deba en el fondo ser celebrada en tanto en cuanto es prueba irrefutable de lo otro. Prueba irrefutable (usemos ya la palabreja) del Amor, así, con mayúscula, que da sentido a nuestras vidas.

Hombres más sabios que nosotros lo vieron ya en su momento. Por ejemplo Paul Simon, quien en su inmortal canción Slip Slidin’ Away nos habló que aquel hombre que llevaba la pasión (sí, la pasión) por la mujer que amaba como una corona de espinas sobre la cabeza (volvemos con todo el respeto a la interpretación religiosa del término). Desde el miércoles por la noche, ¿acaso no llevamos los madridistas nuestro afecto por el equipo como una corona de espinas?

He wore his passion for his lover

like a thorny crown

O incluso Quevedo, el primero que tuvo claro que, en confortadora acrobacia conceptual, el dolor puede prácticamente disfrutarse en tanto manifestación genuina del Amor.

Lisi, estame diciendo la memoria

que, pues tu gloria la padezco infierno,

que llame al padecer tormentos gloria.

Ojalá entendamos que sufrir por el Madrid forma también parte de amarlo, y que como tal celebremos el paquete completo. Esta es, con todo el respeto, aunque parezca algo irreverente, nuestra pequeña plegaria de Pascua.

Por lo demás, os dejamos con las portadas del día. Padecedlas también como señal de dicho Amor. En cierto modo, por tanto y asimismo, disfrutadlas.

Hemos contemplado una vez más el triunfo de la razón sobre la superstición. El Arsenal se ha deshecho del Madrid apelando a una estrategia tan antigua como la humanidad misma: el sabotaje. Ordenados según los designios de una muy bien disciplinada defensa, los de Arteta cavaron una trinchera frente a su portería y ¡pum, pum!, o como dirían ellos, bang, bang!, se dedicaron a cazar patos. Lo hicieron a placer porque los jugadores blancos (nunca mejor dicho) apelaron a la más primitiva de las vías de supervivencia: la voluntad tozuda. Embistieron una y otra vez con cegada anarquía –sobre todo ese guerrero corajudo que conoce muy bien la vergüenza llamado Vinicius Jr.–, pero no fue suficiente. Nada es suficiente cuando el todo es más bien poco. Además, la jugosa renta que los gunners consiguieron en Londres les permitió aliarse con el cronómetro: los británicos fragmentaron el encuentro evitando con ello la activación emocional que, como todos sabemos, era la única posibilidad para los de don Carlo. La remontada es consecuencia del momentum y si este no sucede, pues… Un tanto a dos anunciaba, gélido e inapelable, el marcador del Santiago Bernabéu a medio aforo, cuando el inexperto colegiado de engominada cabellera hizo sonar resolutivamente su silbato. La fatalidad es así: para el vencedor todo, para el vencido, nada.

Como era de esperarse, la cacería sigue hoy, incluso con mayor ferocidad, pero esta vez fuera del tapete verde. La frustración, ese infierno que algunos disminuidos mentales deciden habitar, es una pésima respuesta a la derrota, pero ya lo sabemos, no se le puede explicar nada a quien no tiene la disposición de comprenderlo. El aficionado frustrado vuelve a ser un niño al que le han quitado un juguete; no importa su edad, condición económica, social o cultural, será en todo momento un ser irracional convencido de que la vida le debe algo y es justo echar mano de cualquier aspaviento con tal de saldar dicha deuda. Es una tontería. El Madrid no nos debe nada porque nos lo ha dado todo. No lo entenderán. Son lo que el filósofo francés Eric Sadin denomina “el individuo tirano” y que representa como nadie el espíritu de nuestra era. Se trata de una persona que no se reconoce a sí misma en un contexto determinado, ni está dispuesta a aceptar las obvias limitaciones intelectuales que todos poseemos. No importa en qué remotos lodazales habite, desde su hiriente neolítico se sentirá con el derecho a pontificar sobre lo humano y lo divino, incluyendo, por supuesto, enmendarle la plana a Ancelotti, Florentino Pérez o a Dios mismo si es preciso. ¿Por qué lo hace? Porque tiene un Iphone X o un cacharro semejante que lo faculta a ello. El tipito tiene la solución para todo lo relativo al Real Madrid y seguro que podría zanjar también el conflicto árabe-israelí o el nudo ucraniano en cinco minutos si tan solo le dieran la oportunidad. Llaman siempre a la autocrítica, pero a la de los demás, nunca a la de ellos; se autoproclaman neoestoicos publicando las mismas dos o tres citas de Marco Aurelio en Instagram al mismo tiempo que se cagan en todo porque su equipo ha perdido un partido. Siempre he pensado que vivo rodeado de estrategas brillantes, lo que no comprendo es cómo no han sido capaces de traducir semejante sagacidad en éxitos propios. That is the question.

 

San Ignacio de Loyola nos recomienda, concretamente en la semana dos de sus Ejercicios Espirituales, sosegar el alma en medio de las tempestades y no echar por tierra lo que se ha construido en tiempos de buena ventura. Se trata de no mudar abruptamente el rumbo movidos por el quemante agobio de la tribulación. Es tal el capital material, deportivo y reputacional del Madrid que pensar en un carnaval de decapitaciones cuando aún no se desvanece el polvo del derrumbe es un exabrupto que solo se le puede ocurrir a quienes viven intoxicados de cortisol. El embotamiento emocional solo conduce a la autodestrucción. Es la pausa, la serenidad y sobre todo la planeación a largo plazo lo que tiene mayores garantías de éxito, pero el individuo tirano que, como he dicho, es un crío, lo quiere todo y lo quiere ya, o si no se echa al suelo a probar la paciencia de sus padres con una nueva y vergonzante pataleta pública. Se dicen madridistas, pero en realidad solo se guardan fidelidad a sí mismos, y más concretamente a sus caprichos. Mentecatos y volubles, hoy celebran el “haber tenido razón desde el principio”. Es una auténtica tragedia porque eligen una alegría efímera antes que el gozo eterno. Basado en este análisis saco en claro también por qué vivimos en una época tan dislocada como esta, un tiempo en el que millones de personas quieren cosechar hoy lo que sembraron apenas ayer y que, sobre todo, no entienden que entre el deseo y la realidad se abren abismos que es preciso salvar con paciencia, calma, inteligencia, estrategia y muy especialmente trabajo de equipo. “Es que no jugamos a nada”, me repetía un alma vociferante por enésima vez apenas certificada la eliminación de anoche. “Y Charles Lindbergh cruzó el Atlántico en solitario”, tuve que responderle porque para algunos seres innobles comprender esa exquisita regla de etiqueta que consiste en callar lo ampliamente conocido es del todo imposible.

Que el presente, pues, esa mentirosa fugacidad a la que estamos condenados los mortales, no ensucie nuestro pasado, ni mucho menos nos arrebate la posibilidad de un futuro aún más luminoso. No cometamos el error de las almas desesperadas, siempre dispuestas a dinamitarlo todo con la mórbida ilusión de comenzar una vez más –esta vez sí de la manera adecuada– desde cero. Es una trampa demagógica. Toca reflexionar serenamente, prudentemente, desde el disfrute inalienable de las glorias conseguidas durante la última década. A mí eso me ayuda a transitar las noches amargas. Mi prueba es ligera y mi tránsito por ellas ha de ser terso si me alienta la certeza racional de que vendrán decisiones adecuadas, ajustes de rumbo, enroques estratégicos que harán de nuestro equipo una potencia aún más asombrosa de lo que jamás ha sido. Velaremos armas y saldremos nuevamente a cabalgar. No es un simple deseo, es una aplastante evidencia.

Concluido el encuentro, un amigo que vive en México me envió un lacónico mensaje de WhatsApp, apenas una pregunta: “¿Y ahora qué?”, a lo que respondí emulando su brevedad: “Ahora todo”. Esperó largos minutos en los que me fue fácil imaginarlo sumido en un profundo silencio frente al televisor apagado. Luego escribió: “¿Y qué es todo?”. Le respondí sin dudarlo: “Volver a empezar”. Esta vez no hubo pausa ni palabra, su reacción ágrafa y rotunda se explicaba a sí misma sin necesidad de añadir ya nada: el emoticono de una carita sonriente. Este es el lujo que solamente nosotros podemos darnos. ¡Hala Madrid, cabrones! Y nada más… y nada más.

 

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Ayer fue un día difícil de masticar. No creo estar capacitado para hacer un análisis sesudo tipo Maldini o Marcos López. Solo soy un aficionado más. Creo ver falta de físico. Creo ver a Vini apático por momentos, lento y despistado. Creo ver a Rodrygo indolente e impreciso. Creo ver a Mbappé ensimismado haciendo la guerra por su cuenta, a Bellingham y a Valverde perdidos corriendo sin un manual de instrucciones o un mapa del territorio. Los únicos que parecen tener las ideas claras son Courtois y los centrales. Tienen un trabajo cuyas reglas básicas caben en medio folio. Pero esto es solamente lo que yo creo, sentado en el sofá.

La calidad futbolística de este grupo es innegable. Pero no jugamos bien. Cualquier equipo organizado, serio, que no deje de correr y que se plante con dos líneas delante de su portería nos hace daño sin grandes exhibiciones. Muchos lo han hecho esta temporada. Incluso el primitivo y grosero setup de Flick en el Bernabéu expuso nuestras carencias. El Arsenal ha culminado la demostración de nuestra fragilidad. Planteó un partido áspero, defensivo y logró sin demasiado esfuerzo cancelar a un Real Madrid plagado de talento pero insolvente, desconectado, sin un plan de juego. La diferencia de preparación del partido ha sido muy evidente. No había ni un espacio que atacar. Cuatro defensas siempre en la frontal y otros dos tapando los flancos. Movilidad, agresividad, presión constante de los otros cuatro. El área gunner era inexpugnable.

Es difícil no tener pensamientos negativos para lo que queda, si no hemos sido capaces ni siquiera de empatar en el partido más importante de la temporada, si la alineación inicial fue la misma que nos ha hecho sufrir dolorosas derrotas. Ancelotti estuvo dudando hasta diciembre. No encontró un equipo funcional ni una organización en el campo que le convenciera. Llegamos a jugar con tres defensas y dos carrileros, con cuatro en el centro y dos arriba... Seamos honestos: no ha encontrado un once que le convenza. Aquí es donde han aparecido las titularidades por confianza, no por méritos, y las decisiones que le han puesto en la diana.

El Arsenal ha culminado la demostración de nuestra fragilidad. Planteó un partido áspero, defensivo y logró sin demasiado esfuerzo cancelar a un Real Madrid plagado de talento pero insolvente, desconectado, sin un plan de juego

No imagináis lo que debe estar sufriendo un italiano que no puede armar el equipo desde la defensa y la presión. En alguna rueda de prensa pospartido Carlo ya ha dicho que es consciente de jugar con un equipo desequilibrado. Lo dice con un puñal clavado en el corazón. Pero tiene esta plantilla y confía en los jugadores. Morirá con ellos.

El día después de la derrota es el primer día de la curación de las heridas, de rechazar pensamientos negativos, del comienzo del siguiente ciclo. En el deporte no se puede ganar siempre ni es sano pasarse la vida lamentándose por la leche derramada. Los antimadridistas endógenos no lo entenderán. Ellos viven su enfermedad señalando a Lucas, a Ancelotti, a Alaba... sin darse cuenta de lo poco que saben de fútbol. No de lo que pasa en el campo, sino de lo que es un club de la magnitud del nuestro. Piden soluciones inmediatas, mágicas, infantiles: que se vayan todos. Serían felices con un Laporta de presidente prometiendo la vida eterna cada día. Qué pena.

Me produce compasión leer ciertas cosas en redes. Tuiteros con decenas de miles de seguidores que piensan que ellos sí sabrían hacer jugar al equipo o cuál es la solución de los problemas del juego. Me indignan los que insultan a Ancelotti, especialmente en razón de su edad o de sus planteamientos (anticuados, rígidos…). Pero yo sigo confiando en Carlo. No creo saber más que él de fútbol, ni por supuesto me veo capaz de tener una conversación táctica para decirles qué hacer en el campo a chicos que llevan jugando desde los 5 años y desde los 17 ó 18 siendo profesionales, estrellas mundiales algunos. Pero ellos sí. La de entrenadores top que se han perdido en otras profesiones…

¿Urgencias, el Madrid? Una memez cósmica

Hemos ganado mucho. Muchísimo. Tenemos el estómago lleno y las vitrinas también. Toca animar y tener paciencia. Encajar la derrota, criticar el mal juego y la actitud cuando falte, pero no quiero madridistas echando mierda sobre los jugadores, el entrenador, el presidente. No ayuda. Entiendo que haya personas que utilizan el fútbol como bálsamo para las frustraciones de la vida, como terapia, pero al menos no deis la paliza a diario. Es agotador aguantaros. Podéis regar las plantas, leer un libro o apuntaros a clases de guitarra. No penséis que vuestra opinión es imprescindible cada día.

No me arrepiento de haber tenido fe. Ni soy menos madridista que ayer. Porque tengo memoria y porque estoy agradecido.

Hala Madrid.

Buenos días, por decir algo. A pesar del feroz y emocionante ambiente de remontada que los aficionados fueron capaces de crear en los alrededores del Bernabéu, y en el templo mismo, no hubo remontada. No solo no la hubo, sino que el Arsenal acabó ganando el partido (1-2). Si tenéis ganas de mortificaros, podéis leer la crónica de Jesús Bengoechea y las duras calificaciones de Genaro Desailly.

Se acabó, o como en pésimo juego de palabras titulan hoy los amigos de Mundo Deportivo, en alusión al excelente extremo gunner y autor del primer gol, “Sakabó”. Hay chistes malos que entran mejor de lo que deberían gracias al contexto. No es el caso. Si nosotros lo hemos visto, y hemos lidiado emocionalmente con significado y significante, vosotros también.

Cómo lo pasan, eh. Ya lo dijo José Mourinho: “Cuando el Madrid pierde, todos se alegran, porque es el mejor”. Entre los cuatro equipos que jugarán las semifinales de la Champions este año (Inter, PSG, el propio Arsenal y el club cliente de Negreira), suman 8 Champions League. El Madrid tiene 15. Todavía tiene 15. Siempre tendrá un mínimo de 15. Que se arremangue el que quiera soñar con igualarlo.

Esto consuela poco hoy, ya lo sabemos. La exigencia del Madrid es máxima. El mero hecho de que estemos abatidos (nosotros también) porque no estemos en semifinales es sumamente significativo de ese nivel de exigencia, y con él de ese nivel de grandeza. Hemos estado presentes en 12 de las últimas 15 semifinales, y ganado 6 títulos en esas ediciones. Es una absoluta locura. Valorémoslo. Valoremos todo lo logrado este mismo año, la Supercopa de Europa, por ejemplo. Cuando este verano jueguen la Supercopa de Europa dos equipos, entre los que no se contará el Madrid, valoraremos ese torneo.

Pero esto, de nuevo, consuela poco ahora, ya lo sabemos. Vista la denigrante portada de Mundo Deportivo, ved también la de Sport, en el ánimo de que lo peor pase cuanto antes.

Sí, es muy doloroso. Y es grave también, porque en el Madrid perder lo es por definición. El equipo emitía señales inquietantes que los optimistas tratamos erróneamente de minimizar. Hubo momentos en que parecía que la línea de ataque encajaba, pero a la hora de la verdad no lo ha hecho, a la par que defensivamente dejamos también mucho a deber. Nuestro entrenador, nuestro querido y admirado entrenador, no ha hecho bien las cosas esta vez. Tampoco la política de no fichar ante bajas de larga duración, aunque tenga sus motivaciones empresariales, ha demostrado ser acertada. Todos, incluidos los jugadores, incluida la preparación física, son responsables de la situación. Hay que sentarse, pensar y tomar medidas para el largo plazo. Tan legendaria es la capacidad de superar obstáculos de nuestro equipo como que este año se le ha exigido demasiado en ese terreno. No todos los obstáculos son superables. Algunos son demasiado. Demasiado incluso para el Real Madrid.

La prensa presuntamente afín (jojojo) no hace menos sangre que la rival. No le falta razón a Marca cuando dice que “sin jugar a nada no hay milagros”, aunque no es exacto que el Madrid no jugara a nada. Sí jugó a algo: al pelotazo, al balón a la olla, una propuesta anárquica, pobre, inconveniente para un equipo sin rematadores a la vieja usanza y, en última instancia, profundamente ineficiente. Quizá las apelaciones a las remontadas de aquel Madrid ochentero activaron esos mecanismos de balompié atávico. Se diría que nuestros futbolistas se habían reunido la víspera para ver juntos el Madrid-Borussia de 1985. Pero no se trataba de replicar eso, obviamente. No tenemos los mimbres para hacerlo.

Dice As que solo fue un sueño, y los sueños sueños son, como es bien sabido. Apunta también al descalzaperros del VAR, que intervino para señalar un penalti a favor del Arsenal (paró Courtois) y para “despitar” el penalti pitado a favor de los blancos, por agarrón a Mbappé. Decidió el videoarbitraje que el agarrón no era para tanto. No sabíamos que el VAR estaba para eso, pero nada de esto sirve para justificar el mal juego de los nuestros.

La devastación, hoy, a esta hora, es completa. Pero sentimos traer noticias que son incómodas a la par que pueden brindar alguna expectativa de consuelo: la temporada no ha finalizado. El Madrid vive para la Champions, pero no se le permite morir para otros torneos. Toca hacer examen de conciencia en el vestuario para conjurarse y competir seriamente la final de Copa, lo que queda de liga y el veraniego Mundial de Clubes. Más arriba del vestuario, toca reflexionar sobre acciones y omisiones para pensar muy bien en el futuro.

A la afición le queda seguir apoyando con todo el alma y confiar en que el Madrid volverá. Siempre lo hace.

Pasad un buen día, dentro de lo que cabe.

-Courtois: NOTABLE. Vendido en los dos goles, pudo sin embargo parar un penalti y varias ocasiones gunners más.

-Lucas Vázquez: APROBADO. Voluntarioso y muy activo en el primer tiempo.

-Alaba: SUSPENSO. Saka pudo con él. Pecó incluso de bisoñez.

-Rüdiger: APROBADO. Corajudo.

-Asencio: APROBADO. Cometió un penalti ingenuo pero tuvo algunos cruces determinantes.

-Tchouaméni: SUSPENSO. No creó el fútbol que la ocasión demandaba.

-Valverde: APROBADO ALTO. Incansable, como siempre.

-Bellingham: SUSPENSO. Totalmente desconocido.

-Vinícius: APROBADO. Lo intentó mil veces. No se puede cuestionar su entrega. Y fue el único que inquietó mínimamente en ataque.

-Rodrygo: SUSPENSO. Irrelevante.

-Mbappé: SUSPENSO. Nulo hasta su lesión.

-Ceballos: SUSPENSO. No aportó gran cosa. Seguramente tampoco es por sí mismo el revulsivo que buscaba Ancelotti.

-Endrick: APROBADO. Amenazó con un control y un disparo peligroso en los minutos que tuvo. Habría sido un recurso más útil de haberse usado con anterioridad.

-Fran García: SUSPENSO. Impotente en ataque y ante Saka.

-Brahim, Modric: SIN CALIFICAR

-Ancelotti: SUSPENSO. Todo el juego consistió en bombear balones. Sabíamos que había rumores de un cambio de entrenador, pero ignorábamos que Javier Clemente estaba en las quinielas. Su proverbial renuencia a los cambios fue hoy especialmente sangrante y aniquiladora de ilusiones.

 

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En un partido que inevitablemente debe acarrear consecuencias para el largo plazo, el Madrid se asomó a su leyenda con la voluntad, pero para nada con su fútbol, y terminó trocando la remontada por una nueva derrota ante el Arsenal. El ambiente era increíble y se intentó, pero con muy escaso tino y claras muestras de impotencia.

Ancelotti decidió morir de entrada con los suyos, soliviantando al personal tuitero alineando a la vez a Lucas Vázquez y Alaba en los laterales, reservando a Valverde para el centro del campo junto a Tchouaméni y Bellingham. Las expectativas de ver en acción un centro del campo más creativo con la inclusión de hombres como Ceballos o Modric se difuminaban. En todo caso, el minuto de silencio en memoria de dos madridistas tan eximios como Beenhakker y Vargas Llosa acrecentaba de manera espeluznante el sentimiento de cita con la historia. El ambiente era electrizante.

El juego comenzó a desarrollarse bajo un manto atronador de gargantas incandescentes que ni siquiera un trallazo intempestivo de Saka, fuera por poco, llegó a acallar. El Madrid, vivaz pero impreciso, se las veía y deseaba para frenar los contragolpes gunners. Saka volvió a lanzar, obligando a Courtois a lucirse.

La sensación tras los primeros diez minutos era que el Arsenal podía casi decantar la eliminatoria, y la sensación se acrecentó cuando el VAR avisó al colegiado de un agarrón en el área por parte de Asencio. Lanzó Saka y Courtois sacó la mano desde el suelo para atajar el intento de Panenka. Imposible comenzar las cosas de manera más épica. Hay épica en el desbaratar el intento de abortar tu remontada por parte del rival. Se antojaba la penúltima vuelta de tuerca de la remontada. No lo sería, por desgracia.

Galvanizado por el fragor del momento, el Madrid se vino arriba, con más brío que tino. Sucesivos chuts de Valverde e internadas de Vini, sin llegar a mayores, parecían prefigurar el momento en que se encarrilaría la hazaña, pero quizá éramos solo nosotros queriendo muy fuerte que lo hicieran. Un centro chut de Bellingham no encontró rematador.

En el minuto 22, un centro largo para Asencio se resolvió con un agarrón de Rice al propio Kylian. Tras más tiempo de revisión del VAR del que el Barça estuvo pagando a Negreira, el árbitro dio marcha atrás en su decisión de penalti. Una auténtica verbena.

Con tantas incidencias, a la media hora apenas se había jugado al fútbol. Los hombres de Ancelotti abusaban de los balones aéreos, careciendo como carecían de un rematador clásico. La apelación al espíritu de las viejas remontadas ochenteras no debía hacer olvidar que Santillana no estaba sobre el terreno de juego. Como decía Álvaro Benito, el corazón estaba bien presente sobre el campo, pero casi sin muestras de la calidad del equipo. Raya era un mero espectador.

Encadenaron los locales varios córners que generaron un peligro voluntarista, por así decirlo: peligro porque la afición quería que fuesen peligrosos. Los intentos corajudos de los blancos se estrellaban contra el muro londinense. Seguía el Madrid abusando del balón a la olla en una era muy post-Santillana y bastante post-Joselu. De hecho, Martinelli la tuvo y volvió a intervenir Courtois.

En un partido que inevitablemente debe acarrear consecuencias para el largo plazo, el Madrid se asomó a su leyenda con la voluntad, pero para nada con su fútbol, y terminó trocando la remontada por una nueva derrota ante el Arsenal

No se entendió que no hubiera cambios tras el descanso, como no se entendieron en la previa tantas apelaciones a jugar “con cabeza”. Era un partido para el delirio, y Carletto se acogía a las formas más rancias (y suicidas) de conservadurismo.

El segundo tiempo siguió con más de lo mismo, que es lo que suele suceder cuando no intentas nada nuevo. Vinícius resolvió un contragolpe trabado (todo lo era) con un tiro inocente que detuvo Raya. Era el primer tiro a puerta. Minuto 56.

De un intento de gol olímpico de Rodrygo pasamos a un contragolpe en el que Asencio estuvo providencial al cruce ante Saka. El encuentro estaba partido.

Rodrygo, Alaba y Lucas Vázquez dieron paso a Endrick, Ceballos y Fran García. Era el minuto 60. Quedaba media hora para un milagro del cual el Madrid parecía a cada instante más lejano. Poseído por un ansia cada vez más totalizadora, el Madrid lo intentaba con una precipitación desesperante, de suerte que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Merino metió un gran balón a Saka, quien picó suavemente el balón para batir a Courtois. 0-1.

Quizá por la relajación que aparejó su gol, Saliba cometió a renglón seguido un error infantil, entregando una pelota fatal que Vinícius no perdonó para empatar. Fue un error defensivo aislado dentro del sensacional desempeño defensivo gunner.

El Madrid seguía sin jugar gran cosa. Se lesionó Mbappé y entró Brahim. También ingresó al campo Modric, con apenas quince minutos por delante. El dominio del balón y la sabiduría balompédica eran inglesas. Odegaard lanzó fuera por poco. El Arsenal estaba dando un recital menos espectacular pero tan solvente como el del partido de ida. Brahim tiró con sentido tras una buena maniobra y Endrick casi la enchufa tras bajarla con el pecho. Odegaard chutó de nuevo. Ya no había tiempo para mucho más. Sí para que Martinelli se fuera solo y batiese con sobriedad a Courtois, sellando la clara superioridad del Arsenal en toda la eliminatoria.

El Madrid quiso con el alma acercarse a su leyenda, pero su fútbol no le dio para aproximarse ni por asomo al milagro que necesitaba.

 

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Arbitró el francés François Letexier. En el VAR estuvo su compatriota Jerome Brisard.

Un descalzaperros montaron los franceses en la primera parte. El penalti señalado a favor del Arsenal llegó tras demasiado tiempo con el juego activo. Al menos pasó casi un minuto cuando el VAR le avisó para retroceder a un córner en el que Asencio agarró a Merino. Letexier fue al monitor e indicó los once metros.

Diez minutos después se superaron. El principal decretó penalti por agarrón de Rice a Mbappé. Poca cosa, pero hubo contacto. Sin embargo, comenzó una revisión interminable de cinco minutos. No se sabía si se miraba un fuera de juego por interferencia de Rodrygo o el agarrón. Al final, Letexier fue al monitor y tras un rato mirando rectificó su propia decisión. Sorprendente que le llamaran del VAR en una jugada en la que hubo contacto.

Por lo demás, sacó varias tarjetas. Todas justas. Una Alaba por entrada a Saka, otra a Asencio por el penalti y una a Raya por perder tiempo. Además, anuló la de Rice por el penalti suprimido. Por último, en el 2' Mbappé marcó en claro fuera de juego señalado por el línea.

En la segunda mitad continuó desesperando a la parroquia blanca por su diferente listón en las faltas, por errores claros de apreciación y por ahorrarse varias tarjetas claras como en un agarrón alevoso de Saliba a Mbappé. Los únicos amonestados en este periodo fueron Rüdiger y Thomas Partey.

Letexier, HORROROSO.

 

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