Las mejores firmas madridistas del planeta

Escribo estas líneas mientras cierta desazón ronda todavía en mi espíritu madridista, en el que predomina el orgullo por un equipo que nunca se rindió, que tuvo el triunfo en sus manos en el último segundo, que respondió a los medios con caballerosidad y criterio deportivo: “Lo hemos intentando con todas nuestras fuerzas, pero hemos cometido errores que hay que corregir”. No se les puede pedir más, al menos yo no puedo, tanta honradez y sinceridad doliente palpitaban en sus voces.

Y es que a nuestro equipo le perdió su corazón. Tenía tantas ganas de ganar que el impulso de la voluntad les condujo a la precipitación en un puñado de ocasiones que hubieran invertido el marcador: un triple en carrera, un tres contra uno que se fue al limbo, un pase que nadie pudo rescatar. Tanta adrenalina, inducida por el deseo de contentar a una parroquia volcada, a un club legendario, era casi imposible de gobernar, reventaba los poros y nubló el entendimiento. Un poco de calma, algo más de concentración, acompañar tanto esfuerzo con una pizca de clarividencia, nos hubiera conducido al quinto partido. Pero ¿quién es el pecho frío que puede resistirse a tanta pasión? Ni siquiera un capitán de leyenda esculpida en cientos de batallas y miles de escaramuzas escapó de una marea de emociones, en las que se mezclaba la mala suerte de un equipo que no ha cesado de sufrir contratiempos y el de un arbitraje manifiestamente parcial.

Para el duelo definitivo el Madrid perdió a dos de sus bastiones. Deck, el hombre equilibrio, el que compensa cualquier quinteto y se presenta siempre en el lugar requerido. E Ibaka, uno de los forjadores de la remontada del tercer partido. Pero el resto de sus compañeros echó el resto, disculpen este juego de palabras burdo, de escaso mérito.

Ni siquiera un capitán de leyenda esculpida en cientos de batallas y miles de escaramuzas escapó de una marea de emociones, en las que se mezclaba la mala suerte de un equipo que no ha cesado de sufrir contratiempos y el de un arbitraje manifiestamente parcial

No querría destacar a ningún jugador, pues unos con más acierto que otros, y los que fallaban en un momento se reincorporaban para mejorarse, cumplieron un encuentro de mérito ante el mejor equipo de Europa de esta temporada hasta hoy. Números cantan. En cambio, me gustaría citar a Chus Mateo, el entrenador que sufre en silencio su continua puesta en cuestión, el señalamiento de carecer la entidad para dirigir el banquillo blanco. Quizás se le puedan discutir algunas decisiones tomadas en el curso de este curso, - ¡vaya, otra vez! -, pero es innegable que cuando el equipo ha recuperado sus lesionados ha tuteado al Olympiakos. Ayer, estuvo soberbio, certero en los cambios, atento al timón para variar el rumbo en unas aguas agitadas por el equipo griego.

El Madrid comenzó como un tiro, bordando el juego con la furia del pueblo madrileño en un dos de mayo. Luego, se atascó intermitentemente, pero salió del laberinto con arresto, con brillantez cuando más difícil parecía. Le derrotó el exceso de ardor cuando la situación demandaba un clima que las circunstancias avivaron en exceso, caldeando así la sangre fría precisa, por más que un servidor se desgañitara implorando criterio a sus titanes.

No era más que un desahogo, pues este humilde cronista conoce de primera mano cómo hierven las venas en momentos concretos y qué bien se torea desde la barrera. Así es el deporte, cuya suerte es voluble y, en ocasiones, se escurre ente los dedos por más que lo quieras prender, y hasta cuanto más aprietas más inasible se vuelve. Honra a este equipo que sólo se rindió con el pitido final, que lamentó una suerte que le da la espalda una y otra vez, que felicitó al rival mientras prometían mejorarse aún más. Aun en la derrota se pueden conseguir enhorabuenas.

 

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No sé si Séneca predicó contra la ingratitud y luego la padeció a manos de Nerón, o si por padecerla, quiso denunciarla. Con toda seguridad, Nerón no era madridista. Además, ningún madridista se pondría a tocar la lira mientras todo estalla en llamas. También C. S. Lewis dejó una buena lección sobre el asunto: “La gratitud mira al pasado y el amor al presente; el miedo, la avaricia, la lujuria y la ambición miran hacia adelante”. El Real Madrid es lo que es por el poso de su pasado, del que tanto orgullo sentimos, pero el pasado también es ayer mismo, con los jugadores actuales, y a su vez no es incompatible con el amor presente al que alude el autor de Cartas del diablo a su sobrino.

En medio de la lógica indignación por esta crisis, o este fin de ciclo, o como demonios se llame la tiniebla que atravesamos, leo infinidad de comentarios críticos sobre casi todo el equipo. Me parece normal y el Madrid también es esto. Sin embargo, noto una saña particular, una inquina desagradable que me incomoda, hacia el papel de mi paisano coruñés Lucas Vázquez, y no puede indignarme más ver a madridistas de cabeza a los pies comportándose con él como si fueran vulgares Nerones.

Los laterales del Real Madrid: presente y futuro

Lucas Vázquez representa como nadie lo que significa el Real Madrid. Nuestra historia está trufada de jugadores que lograron exprimir al máximo sus capacidades, superándose, y dejándose hasta la última gota de sudor por el equipo. Tipos que matarían por cualquiera de sus compañeros. Ya, ya sé que también hemos tenido galácticos y estrellas descendidas de los cielos, pero no olvides que muchas de nuestras leyendas no lo fueron, si acaso lo llegaron a ser por empeño, por honor, por esfuerzo, por fidelidad al escudo, por pasión por el Real Madrid. Ahí tienes, en fechas más recientes, a nuestro querido y ahora añorado Joselu. Pero son cien mil los ejemplos a lo largo de nuestra gloriosa historia.

Pero una cosa es superarse a sí mismo en condiciones normales, y otra diferente el papel que de forma recurrente le ha tocado a Lucas Vázquez, que es jugar fuera de su posición, y aún encima supliendo a uno de los mejores del mundo en su puesto, que es Dani Carvajal. Y, a pesar de las evidentes dificultades en tareas defensivas, hemos de convenir que tal vez sea uno de los jugadores que mejor se ha adaptado a jugar en una posición que no es la suya, y si no lo ha hecho por aptitudes defensivas naturales, lo ha hecho por convicciones madridistas, lo que tiene aún bastante más mérito que el talento inusual de la versatilidad.

Lucas Vázquez representa como nadie lo que significa el Real Madrid. Nuestra historia está trufada de jugadores que lograron exprimir al máximo sus capacidades, superándose, y dejándose hasta la última gota de sudor por el equipo

No tengo ni idea de si el gallego debe seguir en el Real Madrid la próxima temporada o no, pero no estoy dispuesto a apoyar la campaña de pésimo gusto contra un tipo que ha sudado sangre para ayudar al equipo siempre en el momento y en el papel que los directores técnicos le han pedido. No quiero dar nombres, pero todos hemos visto estos últimos años a futbolistas en circunstancias similares paseándose tanto en los entrenamientos como en los partidos, y filtrando gansadas a la prensa para quejarse por su suplencia.

Curiosamente, los mismos madridistas que están crucificando al bueno de Lucas, también la están tomando en los últimos días con Brahim Díaz, quizá por su mala actuación ante el Barcelona, y piden en las redes su inmediata salida. Será que a mis 43 castañas no tengo ni puñetera idea de fútbol, pero Brahim me sigue pareciendo uno de los mejores del mundo, y lo único que podría reprocharle es no haber sabido gestionar bien esta temporada su difícil papel secundario y discontinuo en el equipo. La maravillosa competencia en el Real Madrid hace que a veces, después de una actuación estelar, vuelvas a comerte un banquillo. Y esto le ha pasado un montón de veces en las últimas dos temporadas. A él, a Arda Guler, y a unos cuantos más.

No tengo ni idea de si el gallego debe seguir en el Real Madrid la próxima temporada o no, pero no estoy dispuesto a apoyar la campaña de pésimo gusto contra un tipo que ha sudado sangre para ayudar al equipo siempre en el momento y en el papel que los directores técnicos le han pedido

Me sorprende que estos presuntos madridistas disparen estos días a mansalva contra Lucas y Brahim, que incluso si dejamos al margen sus talentos y debilidades deportivas, han representado exactamente todo lo que está bien en el equipo: compromiso, trabajo callado, apoyo a los compañeros, comunión total con la afición, y disponibilidad absoluta para ayudar al resto del equipo. Sé que si no hubiera talento deportivo detrás, todo eso no valdría de mucho, pero si nadie puede olvidar la endiablada verticalidad de Brahim, cuando sale del banquillo a aprovechar la limosnilla de minutos del partido de turno, tampoco es posible dejar de lado las increíbles internadas del Lucas extremo que, cuando pisa su zona, se convierte en un jugador estelar, peligrosísimo para los rivales, ya sea driblando, en velocidad, o centrando con inspirada intención.

Yo quiero un millón de tipos como Lucas Vázquez y Brahim Díaz en mi equipo y, sobre todo, en el vestuario de mi equipo. Mi orgullo de madridista se sustenta muy especialmente en jugadores como ellos.

 

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Buenos días, amigos. ¿Estamos centrados en intentar ganar la liga, cosa que aún es posible aunque demande la machada de ganar en Montjuic con medio equipo cojo y sin defensas? ¿Estamos concienciados respecto a la necesidad de enjugar en parte la amargura de una temporada aciaga haciéndonos en la mismísima cara del negreirato con un campeonato putrefacto?

Si nos centramos en las publicaciones de las últimas horas, o en la portada de Marca de hoy, la sensación es que no. La sensación es que estamos pendientes del futuro de Ancelotti y cosas así. Esto sonará duro queriendo como queremos mucho a Carlo, pero el único futuro de Ancelotti que importa ahora mismo es el de los últimos cinco partidos de esta liga malhadada. Cuando corresponda, le desearemos toda la suerte para lo que el resto de su vida profesional le depare, pero no ahora.

Ahora todo eso nos la refanfinfla, nos la trae floja y pendulona, como diría nuestro amigo Falstaff. Nos la sopla big time. Céntrense Carlo y todos los demás en tratar de cerrar este año infausto dando una alegría a los madridistas, cosa que está difícil pero no imposible. Hagan que los libros de historia recen esto:

 

Después de ser lastimosamente eliminados por el Arsenal en la Champions, y perder de manera harto dolorosa la final de la Copa del Rey contra el equipo cliente de Negreira, el Madrid se rehizo moral y futbolísticamente para ganar una liga inesperada. Encadenó cinco brillantes victorias consecutivas, incluida la conquista de Montjuic por parte de un Mbappé y un Vinicius esplendorosos. El tropiezo posterior del equipo cliente de Negreira en Cornellá posibilitó que los blancos se alzaran con la MLN (Mugrienta Liga Negreira) en las propias fauces de un sistema corrompido. En la celebración del título, desde el balcón de la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Ancelotti recibió el cariño de la afición en su despedida. Se iba a Brasil, a Arabia o a donde le diera la gana”.

 

Está última frase, claro, no aparecerá en los libros de historia, pero sí aparece en el sentir de La Galerna. Dejen en paz el futuro de Carletto el año próximo, por favor. Nos la bufa. Nos la deja lisa, tía Felisa. Podríamos incluso decir que nos provoca indiferencia, con perdón. Carletto hará lo que estime oportuno, y se irá con toda la gloria y el reconocimiento que merece. Antes de eso, hay una misión que cumplir.

Cúmplanla. Si no es posible cumplirla, al menos hagan todo lo posible. La gente entenderá que con medio millón de bajas y el sistema arbitral puesto de uñas (de manera declarada) contra nosotros, no podamos hacerlo. Pero no perdonará jamás que nos entreguemos antes de haber invertido en la empresa hasta la última gota de sudor. Es lo menos que merece el madridismo después de un año que está siendo como beber cicuta.

También merece el madridismo (y Marca recoge el desafío en su banda lateral) que el equipo de baloncesto consiga, de momento, empatar su serie contra Olympiakos y soñar con la gesta casi imposible de sellar la remontada en Grecia. Hoy es el cuarto asalto, que puede bien dejarnos fuera de la Final 4, bien permitirnos soñar. Ánimo. Hala Madrid.

El resto de la prensa del día (también el presuntamente afín al Madrid diario As) se dedica a loar a Lamine Yamal como si ya hubiera conducido al equipo cliente de Negreira a conquistar la Champions League, una década después de ni olerla por el forro. Resulta que no solamente no la ha ganado aún, pese a ser un talento extraordinario, sino que no pudo pasar del empate en el encuentro de ida de semifinales ante el Inter, que se llevó un magnífico resultado para poder rubricar su pase a la final en su feudo.

Empate a 3 de los azulgrana, y gracias. Gracias porque el 3-4 del Inter fue anulado por un fuera de juego de esos que exigen un acto de credulidad de muy buena voluntad. Hasta un periodista como Paco García Caridad hablaba usaba en X el término “negreirazo”, y se permitía trasladarlo al ámbito de los arbitrajes europeos.

Está demostrado que el Barça se compró el sistema arbitral español vía soborno de Negreira, y existen además fundadas sospechas de que se garantizó arbitrajes europeos favorables merced al patrocinio aparentemente filantrópico de UNICEF en las camisetas. Luego se supo que el responsable de los arbitrajes UEFA era a su vez el vicepresidente de UNICEF, Senes Erzik. Ahora sabemos que Lamine Yamal tiene un acuerdo personal de patrocinio de UNICEF.

Ay.

Pasad un buen día.

De niño nunca me llamó la atención el fútbol. Fue a partir de hacer nuevos amigos al inicio de la adolescencia cuando me aficioné a este deporte, y uno de mis primeros recuerdos como madridista fue el 2-6 en el Bernabéu, y lo que vino después en la ‘era Guardiola’, sempiternamente cobijada por Negreira. De tal manera, sentí pronto la frustración de ver cómo el Barcelona nos superaba y mi madridismo, al nacer en dicha época, pudo curtirse rápido en ese amargor. Hoy en día, después de estos años dorados, cuando se repiten esas derrotas (ya no tan frecuentemente, para los pesares azulgranas) no me generan mucha más desazón que la de perder contra cualquier otro equipo. Ya no.

Tras la final de Copa del Rey de este 26 de abril en la que el Madrid perdió, sin embargo, sentí algo diferente. Aunque no me guste que mi equipo pierda ni los amistosos, realmente no me importa ningún título nacional; y, aunque tampoco me agrade que el Barcelona se haga con más éxitos, la segunda gran era del Real Madrid que hemos vivido en esta última década amortigua cualquier disgusto que pueda sentir por las victorias de otros clubes.

Mi aflicción no proviene ni de quién ni del qué, sino del cómo: un Barcelona con una plantilla que está ilegítimamente inscrita (bien por fichajes, bien por renovaciones) ha ganado un título que no tendría que estar compitiendo porque debería estar en la última categoría profesional del fútbol español por haber comprado el sistema arbitral durante lo que llevamos de siglo (con facturas).

Sin ánimo de repetirme: si no me genera interés el fútbol español, tampoco debería importarme quién gana qué dentro de este lodazal. Sin embargo, entra el ‘factor Real Madrid’ en esta ecuación. Porque es el Real Madrid el que ha mantenido en el actual estatus a este Barcelona que no ha pagado por sus pecados, aunque haya pagado por pecar.

Mi aflicción no proviene ni de quién ni del qué, sino del cómo: un Barcelona con una plantilla ilegítimamente inscrita ha ganado un título que no tendría que estar compitiendo por haber comprado el sistema arbitral (con facturas)

Es complicado entender la relación actual con el Barcelona para el aficionado madridista, aunque el club lo tiene claro: rival deportivo, socio económico, enemigo institucional. En otras palabras: rivalidad que genera ‘marca El Clásico’ y engancha al aficionado, socio para reforzarse económicamente en empresas como la Superliga o en un primer momento contra CVC, enemigo en lo que considera que hay que defenderse, como el ‘caso Negreira’ o acusaciones de ser el equipo beneficiado de la dictadura. Pero todo esto es complejo de asimilar cuando hay sentimientos de por medio (y el amor por un club son sentimientos siempre), y el seguidor del Real no es indolente y considera contradictorio ayudar económicamente a que un club no se hunda mientras se persona en una causa que puede hacerle descender de división.

Volviendo a los pecados, pudiendo ser de acción (mediar con Anas Laghrari para que Sixth Street rescate al club catalán) o de omisión (no arremeter contra la engañifa del ‘caso Olmo’), el merengón de a pie no consigue establecer en su corazón la misma separación que sí hace el club, y no puede criticar sus trampas y desear que se haga justicia a la vez que le tiende la mano y desea medirse contra ellos en una futura Liga Unify. El sentimiento nunca es divisible.

Ese es el éxito del Madrid de Florentino. Que, por suerte, no lo preside un aficionado que prioriza el sentir al beneficio a largo plazo para el club. Nos ha dado más de lo que hasta el más ingenuo podía imaginar y, por consiguiente, ya le pedimos que también gestione nuestros sentimientos en la dirección que consideramos correcta. Terminó su primera etapa alegando que había maleducado a los jugadores, y creo que (en lo que, lamentablemente, parece su último mandato) a quien nos ha malacostumbrado ha sido a los aficionados.

Para terminar, duele, pero es entendible, el punto que abordó en la última asamblea con aquella frase de “el Madrid y el Barça se tienen que ayudar”. Se ha visto por enésima vez que cuando se propone algo lo consigue: el Barcelona puede ser campeón. Florentino siempre suele tener razón y, seguramente, el Madrid necesita un Barça fuerte. De lo que tengo certeza es de que lo que necesita el madridista es un Barça limpio.

 

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El futuro de Carlo Ancelotti es motivo de especulaciones diversas en la actualidad deportiva.

Los amigos de fcQuiz han preparado el siguiente cuestionario sobre la trayectoria del técnico italiano.

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La reciente polémica sobre la designación arbitral para el partido de la final de la Copa del Rey ha vuelto a poner de manifiesto algunas de las carencias de las que adolece el futbol profesional, al menos en España, entre las que cabe destacar, entre otras, la falta de profesionalidad de algunos de sus estamentos, o la falta de adaptación a la realidad de la sociedad de hoy.

El núcleo de la polémica parece ser parte de los contenidos que la emisora de TV Real Madrid TV (RMTV) produce y comenta sobre actuaciones de los árbitros encargados de juzgar y dirigir los partidos en los que participa el Real Madrid C.F. Los árbitros consideran que dichos contenidos atacan su labor hasta imposibilitar su correcta actuación.

Hay que tener en cuenta que, en estos casos, y de acuerdo con las normas de la competición, los árbitros son jueces, (regla 5ª de las establecidas por la International football association board) y en su virtud adoptan resoluciones en el curso de los partidos que tienen consecuencias en el juego y en los resultados; esto es así, y así debe ser, y los equipos que participan en las competiciones aceptan las reglas y que estas sean aplicadas por los jueces que a tal fin designa el organismo encargado de los aspectos correspondientes de la competición.

Algunas de estas decisiones y sus consecuencias son susceptibles de recursos ante una cadena de organismos que se encargan de aplicarlas conforme a las tipificaciones previamente establecidas, con el régimen de recursos que se establecen reglamentariamente, siendo todo esto aceptado por los equipos que participan. Consta que el Real Madrid C.F. acepta todas y cada una de las decisiones que la justicia deportiva adopta tras utilizar, o no, el sistema de recursos, exactamente igual que el resto de equipos.

Por su parte, RMTV, que actúa bajo el amparo de la ley 13/2022, de 7 de julio, General de Comunicación Audiovisual, y normas de desarrollo (Real Decreto 444/2024), ejerce su derecho basado en la libertad de expresión reconocida constitucionalmente, y dentro de su parrilla de programación, para efectuar la crítica que considera oportuna sobre los aspectos de la competición, que le parece oportuna de acuerdo con su línea editorial y con los contenidos que más aceptación tienen sus potenciales espectadores. Y lo realiza con rigor y con fundamento en imágenes televisivas que se obtienen directamente de la competición, y que en ningún momento han sido tachadas de manipulación alguna.

RMTV, que actúa bajo el amparo de la ley 13/2022, de 7 de julio, General de Comunicación Audiovisual, y normas de desarrollo (Real Decreto 444/2024), ejerce su derecho basado en la libertad de expresión reconocida constitucionalmente

De igual modo utiliza el rigor cuando hace referencia al delito continuado de corrupción entre particulares en el ámbito deportivo que se encuentra en fase de instrucción en un juzgado.  Es decir, RMTV actúa exactamente igual que realizan todos los medios de comunicación de todo tipo en este país, en ejercicio de la pluralidad informativa y en base a la libertad de expresión y respeto a las normas, especialmente a las que contiene la legislación civil y penal.

¿Cuál es el problema que plantea la línea editorial de RMTV? Pues que evidentemente no es del gusto de algunas instituciones, de otros medios, o de otros clubes, y, en particular, molesta y tal vez preocupa a los encargados de juzgar las acciones que son cuestionadas en sus programas. Es decir, a los jueces no les gusta que critiquen sus resoluciones. Pero esto es así porque es posible en un estado democrático y de derecho

Y es un actuar riguroso y objetivo, ya que con los medios técnicos con los que cuentan hoy día los medios de comunicación, y en particular las televisiones, es posible poner en evidencia errores que dan lugar a resoluciones que pueden ser equivocadas y que pueden perjudicar al receptor de las mismas, en el caso presente y para RMTV, al Real Madrid C.F. De este análisis de los errores el medio extrae conclusiones, como que el club ha podido ser perjudicado en sus aspiraciones competitivas. Esto es lo que todos los medios hacen en todos los ámbitos en los que analizan la realidad. El límite, sancionable, es utilizar la crítica con fundamentos falsos, o tendenciosos, que puedan dar lugar a responsabilidades civiles por afectar al honor de las personas, o por tener carácter calumnioso al atribuir conductas delictivas. Pero el hecho de mostrar errores, y los vídeos de RMTV son claro exponente de los cometidos, y las consecuencias dañosas para el club que este medio considera cuando se han producido no son sino un modo de expresar, informativamente, una realidad.

Es exactamente como todos y cada uno de los medios critican resoluciones políticas —desde una óptica o de otra—, critican actuaciones sociales y naturalmente critican decisiones de los Tribunales de Justicia, y de los jueces y fiscales que como funcionarios públicos las adoptan. El artículo 20 de la Constitución establece en su apartado 1 letra a) que:  Se reconocen y protegen los derechos: a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. Y establece el límite en el apartado 4 en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

¿Cuál es el problema que plantea la línea editorial de RMTV? Pues que evidentemente no es del gusto de algunas instituciones, de otros medios, o de otros clubes, y, en particular, molesta y tal vez preocupa a los encargados de juzgar las acciones que son cuestionadas en sus programas

Por lo que respecta a la crítica a las decisiones judiciales, es público y notorio la posición que autoridades públicas del máximo nivel de responsabilidad han mantenido ante recientes resoluciones judiciales asegurando que el debate público sobre la justicia es parte del ejercicio democrático. «El respeto a las decisiones judiciales no impide el derecho a discrepar de ellas…”, y recientemente la Presidenta del Tribunal Supremo y del CGPJ, en un acto oficial, manifestaba que “La crítica ayuda a mejorar el sistema, peo no son aceptables las descalificaciones carentes de todo rigor”.

Así pues, el Poder Judicial acepta las críticas, pidiendo que se hagan con rigor, críticas que, a diario, los medios efectúan sin que jueces o fiscales afectados promuevan ruedas de prensa para expresar los agravios que dicen sentir, como ha ocurrido con motivo del partido aludido al comienzo, rueda de prensa en la que los árbitros, jueces de la competición, en una actuación insólita, tal vez calificable de inmadura, exigían responsabilidades aludiendo al medio que, con rigor, expone hechos recogidos fidedignamente por los sistemas de trasmisión que evidencian lo que puede suponer perjuicio para uno de los competidores. No se encuentra fundamento riguroso ni democrático que pueda justificar lo que se manifestó en esa rueda de prensa.

No se encuentra fundamento riguroso ni democrático que pueda justificar lo que se manifestó en esa rueda de prensa

Es cierto, y así debe destacarse, que también, desde esa rueda de prensa, los árbitros comparecientes hicieron alusión a una cuestión que desborda el ámbito deportivo y de responsabilidad en la crítica que puede hacer RMTV u otros medios, como es la respuesta que, en las redes sociales o incluso en la calle, se da ante múltiples hechos, no solo futbolísticos. Aquí nos encontramos ante un fenómeno que no puede llevar a pensar, como solución, en la censura de los medios que realizan la crítica política, social o deportiva, porque en calles y redes se vulneren los límites de la decencia y la educación. Este es un fenómeno muy grave, que no solo alcanza al mundo del fútbol, pues está presente en la vida política, social, y que en ningún caso puede achacarse a RMTV, como pareció deducirse de algunas expresiones de dicha rueda de prensa, sino que es responsabilidad de quien se comporta así, o tal vez de la sociedad en su conjunto que ha descuidado principios educativos elementales.

En definitiva, solo cabe concluir que RMTV ejerce su derecho a informar libremente, con rigor, mostrando imágenes o circunstancias respecto de situaciones que han podido originar consecuencias dañosas para el Real Madrid C.F., y este modo de actuar está amparado por la Constitución y las leyes.

 

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Buenos días. Son días de enfado, de frustración, de tristeza. El Madrid ha sido apeado de la Champions por el Arsenal y ha perdido la final de la Copa del Rey contra el Barça. Hay problemas que subsanar por doquier y el cambio de ciclo es evidente. Es obvio que hay situaciones que no se han gestionado bien y decisiones mejorables. Lo vemos todos. La exigencia y la autocrítica son pilares imprescindibles en el madridismo. Ahora bien, que se hayan cometido errores no significa que no haya que dejarse el alma para ganar todo lo que queda, ni que no sea lícito denunciar también los aspectos eméticos del mundo del fútbol que nos rodea.

Por muy mal que le vaya al Madrid, Marca no dejará de intentar que le vaya peor. Hasta el final, contra el Real. Porque contra el Madrid nunca es suficiente. Y nunca lo será hasta que la situación torne en su interés. Hoy utilizan la sanción a Rüdiger y su lesión para crear en el lector la idea de que le han castigado el tiempo equivalente al que estará de baja, ese sentimiento de: al Madrid le favorecen siempre.

Para Marca tampoco eran suficientes los cánticos racistas de los mamíferos neonazis contra Vinícius Jr. y le pusieron en el foco con aquella infame portada. Poco después, apareció el muñeco colgado en el puente.

Ahora también quieren generar más odio contra la casa blanca. Además, como el Madrid está hecho unos zorros, los madridistas no podemos alzar la voz ni defendernos ante ningún ataque, porque el hecho de haber realizado una mala temporada en todos los ámbitos del club nos hace merecedores de cualquier ataque.

Llegados a este punto de bajeza moral, no sabemos realmente si Marca pide más partidos de sanción para Antonio o está en desacuerdo con el periodo de recuperación de la lesión. Lo que sí sabemos es que para Marca es mucho más grave que a un jugador del Real Madrid lo sancionen con seis partidos que un club se compre al estamento arbitral por décadas. Dónde va a parar.

Mundo Deportivo y Sport, además, destacan que Bellingham se ha quedado sin castigo. Porque es injustísimo que a Jude se le retire una sanción impuesta merced a un acta falseada en la cual se describía algo que el inglés no había hecho. Ahora Bellingham podrá enfrentarse al Barça en Montjuic. Si no media otra desgracia, que visto lo visto es mucho suponer.

Es inadmisible, repetimos, que Bellingham no pague por un delito que no ha cometido. De hecho, es tan intolerable que el Barça debería recurrir. Eso defiende Miguel Galán, quien desde que se arrimó al club cliente de Negreira se conduce por un camino que se separa paulatinamente de la realidad y la lógica, pero, en cambio, parece contento discurriendo por esta senda.

El @FCBarcelona_es podría recurrir en apelación la decisión del Comité de Competición de no sancionar a Jude Bellingham.

Hay un aspecto clave que refuerza la legitimidad activa del FC Barcelona para acudir al Comité de Apelación: la amonestación de Bellingham tuvo lugar en un… pic.twitter.com/1Fd6mpxa9c

— Miguel Galan (@MiguelGalanCNFE) April 29, 2025

También tenemos el asunto de Ancelotti. Que si se va ahora, luego o más tarde. Que primero a Brasil y ahora parece que a Arabia. Que si esto, que si lo otro. Confiamos en que ambas partes estén a la altura. Primero porque tanto el club como Carlo han demostrado que saben estarlo. Y segundo porque no es inteligente darle armas al enemigo, ya que contra el Madrid nunca es suficiente.

Pasad un buen día.

En mi última comparecencia ante ustedes en La Galerna, volvía a hacerme eco de aquella frase atribuida a Arrigo Sacchi que sostiene aquello de que el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes. Y es tan así que, tras vivir la experiencia del pasado lunes, todo parece acomodarse y tomar su justa medida. Si ese extraño apagón que nos azotó como sociedad nos ha ayudado a hacer cierto examen de conciencia y a valorar las cosas, fantástico. Nada más sano que hacer de la necesidad virtud. Básicamente, es un mecanismo de defensa cuando como seres humanos atravesamos por una experiencia colectiva así. Por ello, la derrota en la final de Copa de Su Majestad el Rey queda en un tercer lugar. Y, es más, ahora resulta el fútbol de nuevo como una distracción y un sano entretenimiento. O al menos así debiera ser.

Días de mucho, vísperas de nada. Este refrán podría resumir buena parte de esta temporada. A través de este refrán el saber popular nos trata de enseñar que después de un periodo de éxito puede venir un periodo de fracaso. Lógicamente, cualquiera que pasó la curva de los dieciocho lo sabe a ciencia cierta. Si no eres un mendrugo, has experimentado varias veces en tu propia carne que a un ciclo de abundancia le sigue otro de carencia. Siguiendo esta lógica, el gran Nacho Vegas hizo junto a Christina Rosenvinge una canción en la que nos decía que a una primavera en calma siempre le sucederá un verano fatal.

Pues bien, esta vez es seguro que no viviremos una primavera blanca en Champions, pero aún podemos arreglarlo en verano con una Liga a un tiro de piedra y un Mundial de Clubes de la FIFA a la vuelta de la esquina. Y si las cosas se ponen aún peor, todo lo dejaremos para septiembre. Como esos estudiantes que tenían que recuperar sus asignaturas suspensas tras el verano. Y esto me lleva a José Sacristán y a la película Madrid 1987. Sacristán da vida a Miguel, un veterano y prestigioso articulista de vuelta de todo. Una especie de Carlos Boyero. Una joven estudiante de periodismo queda con él para hacerle una entrevista para la facultad. En la película, David Trueba pone en boca de José Sacristán la siguiente frase demoledora: "Yo he dejado todo para septiembre".

Necesitamos pasar esta travesía por el desierto, pero no por eso debemos ser pesimistas con el futuro inmediato

Estamos sumergidos en aguas tormentosas. Este ciclo va tomando el tufillo de la derrota. Que si el entrenador se va, que si tal jugador ha pasado por el quirófano porque se da por amortizada la temporada, que si listas negras con nombres que deben salir sí o sí, que si necesitamos una revolución en el seno del vestuario.

Francamente, estoy desolado. No tanto por el hecho en sí, sino por lo que significa. Sinceramente, todo me resuena a que han bajado los brazos y nos convocan para la próxima temporada. El martes supimos por el club que “Antonio Rüdiger ha sido intervenido con éxito de una rotura parcial en el menisco externo de su pierna izquierda”. Por lo tanto, se espera que tenga una recuperación entre 6 y 8 semanas. En teoría, podría estar listo para el Mundial de Clubes pues el Madrid debuta el 18 de junio ante Al Hilal.

Temo que ese sentimiento derrotista se haya instalado entre nuestras filas. Una cosa es ser realista y otra tirar la toalla. Yo, por el contrario, no soy tan derrotista. Es decir, estoy convencido de que tenemos suficientes mimbres para remontar esto. No solamente para cubrir el expediente, no. Estoy convencido de que tenemos suficientes jugadores para volver a la cima en poco tiempo. Necesitamos incorporaciones nuevas y reforzar la defensa al completo. Por tanto, necesitamos pasar esta travesía por el desierto, pero no por eso debemos ser pesimistas con el futuro inmediato.

A día de hoy, solamente nos queda acabar con la mayor dignidad esta temporada rara. Por delante, cinco partidos en Liga. El primero, contra el Celta de Vigo en el Santiago Bernabéu. Un equipo que está muy bien clasificado pero que poco tiene que rascar ya. Sobre el papel, únicamente el Sevilla estará necesitado de puntuar. Y, por supuesto, el partido contra el Barça en Montjuic será clave. Quiero sumarme pues al lema de La Galerna: hay dolor, pero también hay Liga. Luchemos por ella hasta el final.

 

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Es verdad aquello de que no ofende quien quiere, sino quien puede. Con la final de Copa de Sevilla, los madridistas no fuimos abochornados por el Barcelona, sino por el Madrid, que se prestó a un escarnio insoportable, quizá la gota que haya colmado el vaso. Sobre todo de quienes, como yo, somos del Madrid por amor al arte, es decir, gratis et amore, no ya sin cobrar un duro por ello sino, encima, sufriendo unos sofocones y unos escarnios que, a estas alturas de la vida, están de más.

Una cosa es perder un partido, aunque sea una final, y otra esto. La última ratio barcelonista ha sido esa: tras mangarlo todo con impunidad y regocijo general, le han quitado al madridista lo único que debía permanecer intocado, que era el orgullo. Yo, que recuerdo con dolor la final del Centenariazo, no era más que un niño, siento que esta ha sido peor. La de Sevilla fue más que una copa y más que un partido. Fue la expresión última de una claudicación atroz.

Yo no puedo ponerme hoy aquí a hablar de Ancelotti, de Fran García o de Lucas Vázquez, cuando la cuestión de fondo es una montaña de mierda que tiene la altura de La Giralda. El Barcelona no debía estar en Primera ni tener inscrita a la mitad de su plantilla. Es imposible ponerse a discutir el error de éste o de aquél jugador cuando, directamente, ese club tendría que estar proscrito. No sólo no lo está sino que detenta otra vez la cátedra de las lecciones, una autoridad moral inconcebible que utiliza, ¿acaso podría haber dudas?, para machacar al Madrid en todos los órdenes posibles. La cohabitación, sin embargo, se convierte en complicidad. El Madrid ha contemplado una resurrección impúdica de esa organización en estado de agonía y ahora, de nuevo, son el club de moda y están a las puertas de un triplete que no tenía, jamás, que haber sido imaginable siquiera.

La rueda de prensa de De Burgos Bengoetxea y de González Fuertes traspasó todos los límites, si es que ya quedaba alguno. Fue un delirio, un espectáculo obsceno que sirvió, sin embargo, para que el Madrid cargara con la culpa de “perjudicar al fútbol”

La culpa, por supuesto, no es de ellos. Al fin y al cabo es la naturaleza de ese club siniestro: el fraude, la trampa y el latrocinio. ¿Se puede obligar al tigre a comer acelgas? Es evidente que no. Ya lo dice la vieja copla: vinieron los sarracenos y nos molieron a palos / que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos. Sobre todo, cuando los buenos, por demás, deciden no hacer nada al respecto.

El Madrid no tuvo que jugar en Sevilla. La rueda de prensa de De Burgos Bengoetxea y de González Fuertes traspasó todos los límites, si es que ya quedaba alguno. Fue un delirio, un espectáculo obsceno que sirvió, sin embargo, para que el Madrid cargara con la culpa de “perjudicar al fútbol”. El viernes por la tarde, el Madrid estaba en la tesitura de romper el techo del laberinto. Salir por arriba, con una gloriosa espantá: no jugamos si no se garantiza la imparcialidad de los árbitros que van a juzgar la final. ¡No era el honor, idiotas! Sino simple y llanamente el deseo de igualdad ante la ley, de trato justo y equitativo. Era una oportunidad única de poner patas arriba el fútbol español, de volcar El Sistema de un solo golpe.

Los dos comunicados del Madrid que siguieron, el viernes por la tarde, prefiguraron definitivamente el aquelarre. Todo quedó dispuesto.

No podía ocurrir sino que ganara el fútbol. Como madridista, lo que no podré perdonar al club es que regale la munición con la que los que odian al Madrid le disparan a placer. El Madrid lleva mucho tiempo legitimando un status quo concebido por y para destruirlo. La final de Sevilla, como era de temer, fue un terrorífico colofón.

No tiene, como aficionado raso, ningún sentido continuar apoyando esta pantomima. El Madrid ha puesto en la diana al estamento arbitral y obviado con una ambiguedad  calculada al elemento corruptor. Todo ha parecido un simulacro, un amagar sin dar constante, un sí pero no que, en el fondo, ha contribuido a degradar la imagen del club llenando de razones, de paso, al infecto establishment. Que así ha podido poner en la picota al tibio denunciante y seguir facilitando la impunidad barcelonista. Todo lo que no podía tolerarse, fue permitido: las palancas, la creatividad fiscal, las licencias fraudulentas, los horarios, la realización del videoarbitraje, el despelote en la federación…todo ello al club del campo clausurado que nunca se cerró, al castigado sin Copa que nunca cumplió el castigo, el club-Generalitat…toda una vida de servidumbre tenía que culminar en una performance como la de La Cartuja, con el Madrid sucumbiendo ante todas las instituciones del Estado y, en el tercer tiempo, sometido al infame juicio moral de los íñigomartínez cualquiera que pululan por esta vida mediocre: un club como el Madrid no puede hacer esos vídeos, hay que respetar el fútbol y el Madrid tragando, como si todo eso fuera cierto y no importara.

Gulliver vejado por ciento un mil liliputienses. Como si a una supuesta visión estratégica a largo plazo hubiera que sacrificar incluso la hombría más elemental. Además, ¿alguien nos ha explicado cuál es esa política a largo plazo? ¿En qué consiste y para qué? El Bernabeuódromo está parado sine die y la revolución estructural del fútbol es que ahora la temporada acaba en julio con un Mundialito al que, sinceramente, ¿qué españolito de 20 mil máximo al año va a asistir? Si alguna vez la comunicación del Madrid me pareció vaticana, desde luego que fue en un acceso de entusiasmo sorrentiniano. Lo mejor que se puede decir al respecto es que el Madrid no emite comunicados, sino esquelas.

Si hacía falta un partner fuerte, el Madrid, desde luego, lo ha conseguido. Es el éxito indudable de una temporada que empezó con el Madrid en la mejor de las posiciones posibles: campeón de todo y con Mbappé, por fin. Pero el ladrón se ha transformado en emperador y sólo ha tardado unos meses, ¡ni siquiera un año! Y el emperador, arrastrado por el suelo, carga con el peso de toda la ignominia. Nunca se pareció tanto el Real a Jesús camino del Gólgota, y que Dios me perdone la blasfemia de la comparación: los fariseos, la gentuza, se yergue ufana frente al justo, pues al justo lo han dejado solo. Es la victoria total de la turba.

No es culpa de Florentino, naturalmente, que yo le atribuya al Real Madrid virtudes morales y convicciones firmes que, en realidad, sólo existen en mi imaginación. O en mi memoria. Sí que creo, sin embargo, que los hombres que forjaron esta institución a lo largo del tiempo lo hicieron orientados por nociones éticas fundamentales que casan malamente con el amparo del perjuro y la sociedad con los piratas.

 

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Buenos días, amigos. ¿Habéis recuperado ya la luz? ¿Y el acceso a internet? Nosotros acabamos de hacerlo, como quien dice, lo cual, junto a otros efectos secundarios, explica el retraso horario por el cual nos disculpamos.

Los lectores que nos sigan desde otras latitudes distintas a la que define a la Península Ibérica tal vez no sepan que ayer se produjo un apagón histórico en dicha península, que quedó desprovista de luz y comunicaciones durante gran parte del día y de la noche. Estamos en condiciones de desmentir que se tratara de una maniobra de Javier Tebas para acabar con la piratería, aunque todos los indicios apuntaban en esa dirección: sin electricidad, no se pueden piratear los partidos, por cuanto no pueden verse. De todos es sabido que el presidente de la LFP no repararía en cargarse la facturación de miles de empresas y autónomos con tal de evitar que un niño de 12 años vea el Alavés-Girona (suponiendo que haya un niño de 12 años que quiera hacer tal cosa) sin antes haber pasado por caja.

Pero vamos, que no. Que no fue él.

Ayer en España, sí, se nos fue la energía o, como diría Carletto, “la eneryía”. Ambos, la eneryía y Carletto, se dividen hoy el protagonismo en la primera plana marquista.

Por un lado, en el frontispicio, el infierno logístico en que se convirtió ayer el país entero (y más allá) a cuenta de la ausencia de electricidad. Por otra, Carletto diciendo sí a Brasil. Sabedor de que ya no cuenta con la “eneryía” necesaria como para continuar con un proyecto tan extenuante como es el Real Madrid, Carletto podría haber optado por un cargo que casi iguala en prestigio al de técnico blanco: la dirección  deportiva de la mejor selección del planeta. Parecido prestigio, mucho (imaginamos) dinero pero menos agobio, aunque asumimos que el cargo lleva adherido un buen nivel de exigencia.

Ancelotti merece no solo la salida más edificante y afectuosa posible del Real Madrid (y la tendrá), sino también una nueva aventura ilusionante. Se convertirá en el primer técnico que ha dirigido al mejor club y al mejor equipo nacional. En el fútbol de clubes, y muy particularmente en Concha Espina, lo ha ganado absolutamente rodo un montón de veces. Por palmarés, es sin lugar a dudas el mejor entrenador de la historia. Hay belleza en el encuentro entre un grandioso hombre de fútbol y la selección paradigmática del fútbol mismo.

Nos gustaría que las portadas del día hablasen más del futuro a corto plazo (esa liga que dista tantísimo de estar ya decidida) que del porvenir a largo término, pero esto es lo que hay hoy. Ya veis cómo As apunta a posibles fichajes para el año próximo, más concretamente al hipotético de Mastantuono.

El talentoso centrocampista de River viene a la portada del rotativo prosaico sobre un fondo negro. Se conoce que el chico emerge también del apagón, aunque no tenemos constancia de que el suministro de eneryía alcanzara ayer también a la capital rioplatense. La portada se tira varios triples seguidos, a saber:

  1. Que Ancelotti acabará la liga (nosotros preferimos llamarle la Mugrienta, copyright de Jesús Alcaide).

2. Que su relevo será Solari.

3. Que Solari se sentará en efecto en el banquillo en el Mundial de Clubes.

4. Que Solari ha recomendado a Mastantuono.

5. Que el club ficha a quien le diga Solari y PORQUE lo ha dicho Solari, a quien por cierto respetamos mucho.

Cinco triples son. Si entran, son quince puntos, bien es cierto. Como no entren, no tocan ni tablero. (Por cierto, como también vemos en la portada de As, el Madrid de los canastos se la juega esta tarde ante Olympiakos, con la obligación de remontar un 2-0 como cosecha de los últimos partidos. Toda la suerte y la eneryía para los de Chus Mateo. Lo tienen muy difícil, pero solo ellos pueden hacerlo).

Como veis, en el universo blaugrana la cosa va tan a pedir de boca que hasta ganan la Youth League. Reconocemos que no esperábamos esta bonanza en el club cliente de Negreira, que duele conocer, y que entendemos a aquellos madridistas que lamentan el que dicha bonanza haya sido en parte, entre otras muchas variables, causada por la falta de beligerancia (por no decir abiertamente la ayuda) del propio Madrid contra ellos. Son tiempos duros, amplificados por la derrota frente al negreirismo en la final de la Copa de SM el Rey.

Final, por cierto, a la que se refirió, con notable tino profético, el presidente Pedro Sánchez en su post felicitando al club de la Ciudad Condal.

“Final eléctrica”. Ay, la eneryía…

Pasad un buen día.

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