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2222 portanálisis

2222 portanálisis

Escrito por: La Galerna29 junio, 2021
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El del día de hoy, de audaz título por cierto, es el número 2.222 de los portanálisis publicados en La Galerna. Son los cuatro patitos del Apocalipsis. En tan magna ocasión, hemos decidido confeccionar esta pieza colectiva, en la que cada uno de los portanalistas nos refiere lo que para él significa escribir la sección. Es el día a día, las tripas del portanálisis, el making-off, expuesto con toda crudeza ante vuestros ojos. Las palabras que se disponen a leer podrían herir la sensibilidad del más artero. No se diga que no avisamos.

Participan en este texto comunal los siete portanalistas más habituales, es decir: Andrés Torres, Rafa Moreno, Barney, Jesús Bengoechea, Quillo Barrios, Mario de las Heras y Sr. Paquito. De manera puntual, ha habido otros portanalistas. Vaya para ellos nuestro agradecimiento.

 

Francisco Javier Sánchez Palomares

Hoy celebramos el Portanálisis número 2222. Para La Galerna, el Portanálisis es como la Champions para el Real Madrid.

Tanto en la naturaleza como en cautividad, se dan diferentes géneros de Portanálisis y distintas especies de portanalista. Estos últimos principalmente se dividen en el trasnochador, el portanalista que madruga y el que trasnocha y madruga (el más habitual). Hay Portanálisis expeditivos, llenos de ritmo, de esos que no dejan títere con cabeza y muestran lo que los cuatro jinetes del Apocalipsis no pueden o no quieren contar. Hay Portanálisis deliciosos, casi líricos, que saben a sábado por la mañana de vacaciones. También los hay surrealistas, en ocasiones por culpa de su autor y en ocasiones por mor de lo yermo de las portadas. Pero lo que casi nunca falta es sentido del humor, porque si no, ¿para qué?

¿Qué es lo principal para ser portanalista? En mi opinión, estar un poco mal de la cabeza, pero lo justo para no ser incapaz de llevar una vida más o menos convencional sin que los vecinos sospechen en exceso (saludar es importante). De este modo, un portanalista puede ver a Tricicle en una fotografía de los candidatos a la presidencia del Barça, un torero con bisoñé en una de Pedri o un penalti por una mano voluntaria y flagrante dentro del área. Esta característica ayuda a crear imágenes de provecho para el Portanálisis, pero puede ser una lacra en otras profesiones, como la de cirujano; si en medio de la operación el doctor confunde un riñón con una patata asada y se lo come, no tiene efecto beneficioso alguno, ya que puede ser tóxico comerse una víscera cruda.

Tampoco viene mal para ejercer el oficio de portanalista ir con el cartapacio vital cargado de vicisitudes peculiares, de modo que permita manejar con perspectiva los sentimientos irracionales que genera el fútbol. Y cuanto peores hayan sido esas vicisitudes, mejor, porque habrán forjado un caparazón de pasotismo que permite filtrar lo realmente imprescindible para el ser humano: lo innecesario.

Yo creo que algo de eso debió ver Jesús Bengoechea en mí para ofrecerme ser portanalista cuando me atisbó errando —en todos los sentidos— por ahí. Y se lo agradezco. De corazón.

Vamos a por los siguientes 2222 Portanálisis. ¿Cuántas Champions del Madrid contaremos en ellos?

Zidane

 

Jesús Bengoechea

Escribir el portanálisis es como tener un hijo. Lo digo porque un buen amigo suele decir que tener un hijo es lo mejor y lo peor que te va a pasar en la vida. Redactar el portanálisis es lo mejor y lo peor que te va a pasar en el día, lo cual equivale a admitir que, una vez lo has dejado listo, el resto de la jornada solo puede ser cuesta abajo y cuesta arriba al mismo tiempo.

Acostumbro a quedarme despierto hasta que han salido las portadas (entre 12 y 12:30 de la noche), escribo las primeras líneas y luego medito con la almohada el desarrollo del mismo. Unas horas después, madrugo para finiquitarlo. Los minutos de espera hasta que cada medio anuncia en Twitter sus primeras planas están preñados de anticipación, hastío, excitación y somnolencia. Ya sé que es imposible que todas esas cosas sucedan a la vez, pero también es imposible que exista el portanálisis y ahí lo tenéis, 2.222 veces imposible. Confeccionarlo tiene algo de adictivo y de autodestructivo. Siempre quise sentirme escritor maldito, pero mi naturaleza excesivamente convencional me lo impedía. El portanálisis ha llenado ese vacío. Me falta algo de droga para conseguir completar el malditismo, pero para qué voy a obrar la redundancia de las anfetas o el LSD si ya tengo el portanálisis.

Esta celebración de las 2.222 ediciones de la sección representa una ocasión tan buena como otra cualquiera para rendir homenaje a Alfredo Relaño, verdadero muso de su existencia tras la creación de un género, el astracoantiflorentinismo, que tanto nos inspiró. Hemos de dar gracias al cielo por la improbable deriva del mejor periodista deportivo del país (no hay ironía alguna), enloquecido en una cruzada de portadas antimadridistas que nos sirvieron de sustento durante años. Relaño ya no dirige As, y de verdad que le echamos de menos, también sin ironía. As sigue ahora una línea mucho más racional, más aburrida por tanto, y nos ofrece muchísimo menos juego. Ya sabemos lo de Orson Welles, el Renacimiento y Suiza. As vive ahora en plena era reloj de cuco.

Nos quedan, menos mal, Sport y Mundo Deportivo, que raramente renuncian a proporcionarnos su dosis matutina de regocijo. Cuando todo parece perdido, y la sosería prevalece en la central lechera, siempre puedes confiar en los estrambotes cataculés para salvar la mañana. En cuanto a Marca, no suelen llamar mucho la atención. Abogamos fuertemente para que los colaboradores de Radio Marca pasen a ser portadistas, a fin de darnos algo de cancha. Necesitamos unas buenas dosis de ese antimadridismo sarraceno impregnando las primeras planas. Los portanalistas tenemos familias que mantener. Todo esto no descarta que Marca meta ocasionalmente la pata, en ocasiones de manera rotunda, favor que nos hace Juancho Gallardo para mantenernos atentos.

El portanálisis es nuestra dicha y nuestro flagelo. Nadie nos pidió que lo hiciéramos pero ahí seguimos, inasequibles a la cordura, en un afán excéntrico y perturbador. Pero ¿por qué prestáis atención a esas tonterías de portadas?, nos dicen a veces. Alguien tiene que hacerlo, solemos replicar, sin pensarlo mucho. Tratar de explicar el delirio sería como tratar de explicar el madridismo.

Bernabéu

 

Quillo Barrios

Recuerdo que el primer día que Jesús Bengoechea me propuso escribir un Portanálisis pensé que se había vuelto loco. Han pasado años y lo sigo pensando. Sin embargo, mientras lo hago, también agradezco que me permita escribir en la que es, para mí, la sección más especial de La Galerna.

Armar un Portanálisis tiene mucho de imaginación, más de lo que la gente puede pensar. Al final, la prensa deportiva española es previsible y, salvo contadas ocasiones, las portadas son sota, caballo y rey. Recuerdo minutos muertos mirando al techo buscando qué hacer tras ver la nada más absoluta en las primeras páginas.

Debo reconocer que mi salvador ha sido, unas cuantas veces, el bueno de Alfredo Relaño. Había columnas suyas que eran directamente una llamada a la puerta del Portanálisis. Llegó un momento en el que me leía su opinión a la vez que abría las portadas del día. No merecía menos el hombre que llegó a tildar de "vergonzante" la Novena del Real Madrid.

Beenhakker, Buyo y Chendo

 

Amiguete Barney

El Portanálisis es, ante todo, un reto. La primera vez que Jesús Bengoechea me propuso hacer un Portanálisis dudé. Mi modo de escribir se basa en la documentación, la preparación, el análisis y la recopilación de datos para, con todo ello, componer un artículo que tenga sentido, con un hilo conductor claro. En una web tan dada a combinar el fútbol con la música o el cine, la comparación para mí sería que un artículo es como componer una banda sonora: crear algo, una melodía, un ritmo, a partir de una historia que quieres contar. El Portanálisis es puro rock and roll, es Joe Satriani jugando con el público entregado a su ritmo, es Jimi Hendrix improvisando con la guitarra a pecho descubierto o a calzón quitado. No hay tiempo para contar una historia, no hay plazo para buscar en las hemerotecas, hay que lanzarse al folio en blanco con lo que los “artistas” de las portadas de la prensa nos hayan regalado ese día.

El Portanálisis es un reto, como decía, y a mí me gusta afrontarlos, así que le dije a Jesús que contara conmigo y desde entonces llevo ya casi medio centenar. Al principio los escribía antes de acostarme. Esperaba a las portadas y me ponía a darle a la tecla, pero me acostaba pasadas las dos de la mañana, algún día sobre las tres si la sosería de las portadas no daba juego. Como uno va teniendo años, es más madrugador que trasnochador, así que de un tiempo a esta parte los escribo sobre las siete de la mañana. Tomé esa decisión una madrugada en la que Sport no sacaba su portada y me pasé un buen rato actualizando su página o siguiendo su cuenta de Twitter. No solo quemé millones de neuronas leyendo cosas absurdas, sino que pasé tanto tiempo que el rastreador de Google o las cookies, o lo que me espíe desde el lado oscuro, se pasó la semana siguiente ofreciéndome camisetas y merchandising del Barça por si me interesaba. Las cosas de Internet, unos días me ofrecen “maduritas” en mi barrio y otros, un bar gay cerca de mi lugar de trabajo. Me espían, pero los tengo despistados.

Anyway, escribir el Portanálisis es una escuela magnífica, un aprendizaje, y veo que con el tiempo incorporo pequeños trucos para ligar una portada con otra y encontrar una relación entre ellas. Hay días en que es muy sencillo: cuando el Madrid palma (regocijo general, el equipo es un desastre, ¡hay que quemar el club!) o cuando el Madrid gana tras una corrección del VAR (hubo días en que eso ocurría y todas las portadas lo llevaban de modo despectivo a la primera plana). Pero hay días en que no hay noticias y te encuentras una supuesta crisis en el Madrid, un interés blanco por alguien que sabes que nunca llegará, una soplagaitez sobre Messi y un nuevo acercamiento de Lautaro o Neymar al Barça. Con todo ello, cojo la guitarra, aporreo el teclado y vomito algo mezclando a Zidane, Oliver Sacks, Bartomeu y Goebbels. Como diría Bart Simpson: “¡Mooooola!”.

Camacho

 

Rafa Moreno

A mí que me registren. Lejos de mí el rumor indecente que asegura que pertenezco al antipático gremio de portanalistas de esa web llamada La Galerna. Alguna vez me he topado con ella y menuda caverna, amics. Se empeñan allí en defender lo indefendible. Insisten día sí y día también en que la prensa deportiva no quiere bien al Real Madrid. Difunden el bulo de que el periodismo patrio es sesgado, malintencionado y de bajísimo nivel, como si estuviera hecho por y para niños de cinco años, cuando de todos es sabido que los niños no son culés porque así lo quiera la prensa, sino porque así lo quieren los valors, el estilo, el césped, el balón y Juanma Lillo, sentado a la derecha de Pep Guardiola, sumo hacedor de un juego llamado fútbol que ahora sabemos destilar en teoría y praxis gracias a los analistas que abundan, con Maldini a la cabeza, ese pionero.

Más de una vez he sentido el impulso de responder a uno de esos portanálisis zafios que se me atribuyen, pero siempre he abandonado la idea al pensar que una respuesta a mí mismo sería interpretada como un caso severo de doblez, y los observadores objetivos de la realidad no podemos permitirnos semejante cosa sin generar desconfianza. La neutralidad nos exige mantenernos al margen de filias y fobias, de bufandas y forofismos, tal y como hacen a diario en las redacciones de Marca, As, Mundo Deportivo y Sport, medios informativos que limpian, fijan y dan esplendor no solo al idioma, sino también al rosario de la Aurora, al coño de la Bernarda y a la casa de Tócame Roque. No podría contestar como merece a un portanálisis propio porque eso supondría bajar a la altura de mí mismo, cosa que no solo resulta inconveniente por prestigio, sino sobre todo imposible para alguien que se esmera en ser lo más parecido a quien jamás ha escrito un portanálisis.

Confieso, sin embargo, que lo hago en secreto. Admito que algunas mañanas me levanto temprano para deleitarme con la siempre fina información de las portadas deportivas y a veces ensayo apenas unos párrafos en defensa de la independencia mil veces contrastada de nuestros medios, en favor de la causa del tiki-taka como modus vivendi, del VAR como justicia poética y hasta de Javier Tebas, adalid de todo lo que es justo en nuestro fútbol. Confieso incluso que algunos de esos párrafos se detienen en mostrar con datos —información, no opinión— que, efectivamente, el Real Madrid es una institución caduca, casi dictatorial y engreída sobre cuyas victorias siempre cabe arrojar lógicas sospechas y de cuyas derrotas siempre es sano alegrarse. Pero luego recuerdo que ya hay suficientes informadores que realizan a diario esa noble labor de liberación de cadenas y se me pasan las ganas de darle difusión a mis contraportanálisis.

¿Para qué?, me digo. No me gusta eso del intrusismo cuando ya está tan bien cubierta la cuota de periodistas objetivos en este país: periodistas que contrastan fuentes, periodistas que aman el deporte sobre todas las cosas, periodistas cuyas preguntas en las ruedas de prensa deleitan a propios y a extraños, periodistas que investigan y publican exclusivas de un valor que ya quisieran para sí Woodward y Bernstein. ¿Para qué meterme yo a hacer su trabajo si ya lo hacen tan bien ellos? ¿Para qué responderme a mí mismo si ya ha salido publicado el portanálisis y ni siquiera figura mi nombre en la firma? Mejor lo dejo y sigo leyendo La Galerna, no vaya a ser que no pare de crecer en difusión y las personas de bien se pierdan, se desorienten, o se hagan madridistas por mi culpa. Mejor le digo hoy mismo a Jesús Bengoechea que ya está bien de contar conmigo para semejante tropelía, que ya no más, que jamás escribiré el portanálisis que todos se empeñan en atribuirme. Como si no me conocieran. Me quedaré aquí sentado. Es probable que me estén observado. Mejor. Así sabrán qué clase de persona soy. Ni siquiera voy a matar a esta mosca.

Puskas

 

Andrés Torres

El agua repiqueteaba violenta contra el alfeizar de la ventana. Mis ojos se perdían en el horizonte de aquella tormenta, en aquella mañana oscura e iracunda.

Madrid amanecía sombrío, casi sucio, mientras el aguacero descargaba su furia sobre el asfalto. Yo apuraba mi taza de café de antes de ayer. Al tiempo rascaba las puntas capilares de mi mentón, poblado por una dispersa y triste barba de tres días. Sin duda, no era la mejor mañana para el glorioso propósito al que me había encomendado tal día como aquel.

Con decisión, me levante de mi mesa y sume mi taza de café al atascado y mohoso fregadero de aquel tugurio convertido en una suerte de pensión en el centro de la capital. Agarré de un pálido perchero mi posesión más preciada, mi gabardina, y salí a la calle a desafiar al aguacero. Tuve suerte y un taxi me rescató antes de que mi ser se empapara del todo.

Dentro del vehículo y camino hacia mi aciago destino tuve tiempo de pensar. No debería haber tardado tanto. Tendría que haber ido antes. Él era mi amigo. Mi camarada. Un valiente soldado con el que compartía trinchera. Lo dejé tirado. Tendría que haber ido antes. Los pensamientos ponzoñosos se agolpaban en mi cabeza en una espiral de culpa que, desde entonces, nunca me abandonó, sino que me empujó a un torrente de wiskis sin hielo, cafés de antes de ayer y pensiones de mala muerte.

El taxista, parco, anunció la llegada a mi destino. Efectivamente, el tétrico e imponente Asilo Mental marcaba su lúgubre contorno bajo los flases de la tormenta. Fui directamente donde iba, sin miramientos, sin duda, sabía dónde lo encontraría, si es que aún estaba vivo, de cuerpo presente para entendernos, lúcido si me apuran, no una carcasa vacía.

El corredor del Asilo Mental me resultó eterno. A ambos lados del pasillo, de aquellas hileras celdas convertidas en habitaciones de hospital de paredes acolchadas, se proferían gritos y lamentos delirantes, propios de mentes rotas, de sueños hechos pedazos, inherentes a pingüinos, payasos y espantapájaros criminales. La última puerta me esperaba.

Un chirrido espeluznante al abrirse los goznes anunció mi llegada. Cuando lo vi, harapiento, acurrucado en un rincón entre innumerables gurruños de la prensa deportiva, comprendí que el destino de mi amigo, como el mío, era el abismo de la locura.

—¿Cómo estás? ¿Te acuerdas de mí?

Él me miró curioso, casi pedigüeño, como una sucia paloma de la ciudad, coja y tuerta, que aspira a una miguita de pan.

—No me lo puedo creer suspiró Por fin has venido.

—Perdóname. Tendría que haber venido antes.

—Es pronto.

Me contestó mirando un reloj imaginario en su macilenta muñeca.

—Son las diez de la mañana. Le dije.

—Es la hora del portanálisis. Contestó

No esperaba la respuesta. Al menos no de un modo tan inmediato.

—Sí, es su hora. Era su hora al menos. Repuse.

—Portanalisis, portanálisis, portanálisis, portanálisis, portanálisis, portanálisis…

Estuve tentado de llamar a un loquero para detener la letanía cósmica en la que parecía haberse sumido mi amigo, pero luego recordé que aquí, en este Asilo Mental, la única terapia era la de las porras.

—Tranquilo. Todo está bien. Al final no me has dicho como estás.

—No estoy. Contestó airado.

—No bebo, no como, no duermo. Sólo desfilan portadas en mi cabeza. Portanalisis, portanálisis, portanálisis, portanálisis, portanálisis, portanálisis…

—Ya pasó mucho tiempo de aquello. Dije para tratar de atajar el bucle.

—Ouija Today, Hernia Chronicle, el diario de Godó ¡Grande de España! Contestó.

—Qué tiempos aquellos. Le dije.

Tomé su mano y sus ojos, vacuos, vacíos, se posaban sobre mí asustados.

—Tengo miedo. Me dijo.

—¿De qué, viejo amigo? Pregunté compasivo.

—¡De los editoriales de Freddy! Clamó.

—Freddy está jubilado —musité con ternura.

Se hizo el silencio. Mi amigo parpadeo repetidamente. Enganchó una cucaracha de la pared y se la comió con fruición. Se hizo el silencio hasta que de repente gritó.

—¡¿Te acuerdas de aquel portanálisis?! —Chilló.

—¿De cuál? Hicimos 2.222 portanálisis en La Galerna. Quise replicar con ternura.

—Karim, Karim, Karim, Caso Valbuena, cintas de vídeo, cuernos, sexo, Selección, Francia, Karim, Karim, Karim…

Sonreí.

—Claro que me acuerdo, amigo. Aquel PA lo hicimos a seis manos. ¿Te acuerdas?

—Manos, manos. Seis manos, seis. ¡Rafa! ¡Jesús! ¡Andrés! Seis manos, pulpo, pulpo, Cthulu… ¡Cthulu, Cthulu, Cthulu, Cthulu!

Súbitamente mi viejo camarada agarró mi cuello con violencia mientras sonreía pérfidamente mostrando toda una fila de dientes amarillos presidida por afilados incisivos. Me desembaracé de él y lo arrojé a una esquina donde él, demente, comenzó a darse cabezazos contra la pared.

Abandoné la habitación apesadumbrado. No pensé encontrarlo tan mal

Antes de irme me asomé por la ventanilla de su puerta de metal y dije:

—Adiós, Jesús.

Y pulsé el botón de emergencia.

Atención a todas las unidades. Seguridad. Acudan a la habitación 13. Paciente Jesús Bengoechea. Portanalista.

Fue lo último que escuché por la megafonía antes de abandonar aquel pozo inmundo donde acabaría tarde o temprano escuchando a Juanma Castaño En El Partidazo.

Destino de portanalista.

Amancio y Pirri

 

Mario de las Heras

Buenos días. Hay dos clases de portanálisis: el nocturno y el diurno. Si hay suerte puede haber alguna portada tempranera para ir tirando y no acabar a horas intempestivas, aunque a veces esas horas son las mejores. Marca suele ser la más puntual.

Después As y luego las cataculés, que dicho así suena a grupo femenino de La Movida, pero no es nada de eso. Las portadas cataculés no son nada de La Movida sino una suerte de manual folclórico, aunque sean de vida disoluta.

Siempre me he preguntado por qué salen tan tarde. Yo me he imaginado muchas cosas extraordinarias de todas esas redacciones y ahora me sale imaginarme otra más, como si esto fuera otro portanálisis y no su celebración.

¿Qué harán esos directores y redactores con las portadas? ¿Las dejan en remojo antes de publicarlas? ¿Las dejan reposar como el vino? Yo voy a reconocer que estos tintorros son mis preferidos y siempre los dejo para el final.

Cómo no venírseme a la cabeza aquella grandiosidad, ya objeto kitsch, de “42 millones para tapar vergüenzas”. Es como uno de esos anuncios de productos antiguos para la salud que venían antes en los periódicos como ahora vienen esos otros anuncios tan poco discretos. Como un anuncio de un viejo tónico reconstituyente que no era tal.

Uno siempre sueña con una portada así, como el matador con un gran toro. Portanalizar tiene mucho de torear. Hay miedo en la espera. Hay que ver aparecer al cornúpeta y salir ahí y coger el sitio y fajarse, dominar y tratar de convertir en algo parecido al arte o al humor esas embestidas, tantas veces alucinantes. Marca es como el niño aplicado de esta clase de cuatro, el que casi siempre se sabe la lección. Otra cosa es As, el diario catatlético que finge ser madridista.

Cuántas veces ver esa portada es como ver a Torrente en la escena en que camina borracho por las calles de Madrid con su bufanda del Atlético y en una esquina se da cuenta de que se aproxima un grupo de madridistas de celebración y mete su bufanda rojiblanca en una alcantarilla y se pone a gritar: ¡Hala Madrid!, mientras aquellos pasan de largo.

En una portada anodina hay que soñar, que mejor forma de vivir, y en una portada gozosa, carnosa, suelen convivir lo grotesco y lo sibilino, aunque en este caso, con frecuencia, ambas cosas parezcan indistinguibles.

La dureza del portanálisis es su inmortalidad; y la misión suprema del portanalista es desenmascarar y mostrar desnudos esos frontispicios disfrazados. Un portanalista es un desnudista de lo encubierto y un exhibicionista de la obscenidad.

En el portanálisis le quitamos todos los días la ropa a las portadas de los diarios deportivos para que las veáis como Dios las trajo al mundo. Y hoy ya van 2.222 veces.

Pasad un buen día.

Di Stéfano

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8 comentarios en: 2222 portanálisis

  1. Buenos días, dice usted D. Jesús, entre paréntesis, ( Ya sabemos lo de Orson Welles, el Renacimiento y Suiza. As vive ahora en plena era reloj de cuco.) se equivoca usted, el periódico mierdero este, como digno integrante del grupo golpista P.R.I.S.A., que debe 3 mil millones de euros, debería si de verdad el Estado Español , fuese una democracia, se respetase la ley y prevaleciese la economía de mercado, debería repito, estar cerrado. Todo lo demás son brindis al sol.
    Saludos blancos, castellanos y comuneros

  2. Enhorabuena por los 2222 portaanalisis , habría que hacer un ranking de las portadas más infames o de las que peor han envejecido, como aquella de marca de "Karim está muerto" o del Spot "Crack Song".

  3. Todavía no he acabado de leer este artículo, JAJAJAJAJAJAJA. Me he quedado antes de empezar el texto de Mario de las Heras. Seguro que pone la rúbrica.

    Sois la polla en vinagre. Disfruto de vuestra genialidad y sentido del humor. Pero, reconozco, que cuando ha llegado el turno de Andrés Torres se me han ido escapando carcajadas como en otras ocasiones con los textos de Fred Gwynne. Y, conforme iba leyendo, me imaginaba que el viejo internado no podía ser otro que Jesús Bengoechea, ¡ Confirmado !, je je. Es posible que para vosotros, los portanalistas, el muso Alfred Relany haya sido trascendental y os haya motivado bastante más que los destinatarios, esos desalmados y cabezotas galernautas. Anyway, no importa. En otras cuestiones seréis auténticas calamidades, pero en lo vuestro sois los mejores. Gracias.

  4. Muy grandes todos. Geniales. A los que ya no leemos ni "clikamos" en los dominios de estos poco dotados intelectualmente, nos compensan vuestros textos, las barbaridades que escriben aquellos. Y el gran soci Relany, si no existiera, habría que crearlo (eso sí, no tan orondo, no tan aficionado a las croquetas y ya puestos a pedir, con cerebro). Enhorabuena y a por otros 2.222 portanálisis.

  5. El portanálisis me ha alegrado muchos días que se presentaban aburridos. Lo que me he reído con ellos es impagable. Gracias, La Galerna. Seguid así, sois necesarios, la inteligencia y el humor no abundan.

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