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No es el juego, es el estado de ánimo

No es el juego, es el estado de ánimo

Escrito por: jorgeneo22 noviembre, 2017
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Me importa una mierda la condición física. Cuando recibes un gol, la cuestión anímica es lo más importante, y la suya era más alta y la nuestra más baja” (Guardiola, tras el empate a 2 en Turín después de ir ganando 0-2 con el Bayern en 2016).

"Mi gran preocupación es el equipo, el desempeño colectivo. No sé dónde acaba lo físico y comienza lo psicológico o lo táctico. El fútbol es la globalidad, tal como el hombre. No consigo separar las cosas. La forma no es física. La forma es mucho más que eso. Lo físico es lo menos importante en la globalidad de la forma deportiva". (Mourinho)

No conozco en la historia del deporte un regreso a la élite más grandioso y con mayor carga emotiva que el que protagonizaron los Red Sox de Boston en 2004.

Empecemos primero por conocer las circunstancias que rodeaban a aquel equipo de beisbol que hizo historia.

Corría el año 1914 cuando los Red Sox fichaban a un joven y talentoso jugador de 19 años: George Ruth. A pesar de ser el jugador más joven de la plantilla, Babe Ruth, como le apodaron, fue clave en la consecución de varios títulos de los Red desde su llegada. Pero en 1920, solo 6 años después de su llegada, sorprendentemente, el propietario de los Red decide vender a Babe Ruth a los NY Yankees, principal rival, en lo que se consideraría el peor traspaso de la historia del deporte.

La llegada de Babe Ruth a los Yankees produjo un doble efecto: Los Yankees pasaron a liderar las series mundiales convirtiendo a George en uno de los mejores jugadores de la historia del béisbol y los Red Sox entraron en una racha negativa que duró la friolera de 86 años. Aquella devastadora racha negativa se la denominó “la Maldición del Bambino”.

Volvamos de nuevo a 2004. En una fría noche de octubre, y 86 años después de su último título, los Red Sox protagonizaron una de las gestas más heroicas de la historia de cualquier deporte.

Aquella temporada, los Red Sox habían conseguido juntar una de las plantillas más talentosas de los últimos años. Sin embargo, la relajación en algunos partidos donde eran claramente superiores y la sensación de no importarles apenas nada (¿les suena?) les hicieron recibir el apodo de The Idiots.

Con todo y con eso, como eran muy buenos, consiguieron plantarse en las finales de la liga americana precisamente ante sus históricos archienemigos, los NY Yankees.

Aquellas series finales se disputaban al mejor de 7 partidos. Los Yankees, muy concentrados y motivados desde el inicio, empezaron ganando los 3 primeros partidos de la serie. Un resultado definitivo ya que nadie antes había conseguido remontar un 3-0 en contra.

Kevin Millar, primer base de los Red Sox, pocas horas antes del cuarto partido, contestó a una pregunta de un periodista con una frase que aún hoy sigue poniendo los pelos de punta: “Todo lo que quiero decir a los Yankees ahora es que, por favor, no nos dejen ganar esta noche. Que nos manden a la cama hoy. No dejen que los Red Sox ganen este juego. Si hay un grupo de Idiotas capaz de remontar esto, somos nosotros.”

Antes de salir al campo, el propio Millar sirvió un chupito de Jack Daniel’s a cada uno de los 25 jugadores. Mirándose a los ojos, se lo bebieron de un trago y saltaron al campo con la seguridad de que aquél no sería el último partido de la serie.

Ganaron los 4 siguientes partidos haciendo historia del deporte y rompiendo con una maldición que había sido una losa durante 86 años para muchos, pero no precisamente para aquella panda de idiotas y despreocupados jugadores.

Pero aquella no fue la única lección para la historia que dejaron los Red Sox. En 2012 acabaron últimos. Para un equipo de su tradición, ese resultado era el hundimiento absoluto. Quizá el preludio de otros 86 años sin conseguir un nuevo título. Así que la temporada 2013 comenzó con una renovación importante de la plantilla. Contaban con un entrenador nuevo y con varios fichajes nuevos, aunque las expectativas no eran demasiado ambiciosas dados los resultados de la campaña anterior (los peores en sus últimos 40 años). Sin embargo, un detalle, un pequeño aleteo de mariposa que lo cambiaría todo, sirvió como punto de unión de aquel equipo.

Al inicio de temporada, Jonny Gomes se presentó al entrenamiento con un aspecto desaliñado y una barba de 4 días que hacía prever que no pasaba por su mejor momento. El vello facial suele estar prohibido en muchos equipos americanos y las supersticiones hay que cuidarlas. Sin embargo,lejos de convertir ese detalle en una mofa, todos los compañeros decidieron dejar sus barbas crecer como muestra de compañerismo. El inicio de temporada trajo varias victorias consecutivas y aquello hizo pensar al vestuario que aquel gesto, aquella barba que ya era común en todos, significaba algo más. En 2013, un año después de hacer la peor temporada de su historia, una barba consiguió cambiar el estado de ánimo de todo un equipo, y los Red Sox ganaron el campeonato convirtiéndose, por aquel entonces, en el equipo con más títulos de todo el siglo XXI.

Aquellos idiotas y barbudos contaban con arma muy poderosa a su favor: el estado de ánimo de un equipo (ay, los intangibles).

A eso mismo se refería Xabi Alonso cuando, hablando de la temporada pasada, le confesaba hace pocos meses en una entrevista a Jabois que “el Madrid está ganando los partidos como si supiesen que los van a ganar de todos modos. Tienen ese punto de confianza, los conozco”

Titulaba ayer Palomar en su columna semanal de No me gustan los Lunes: No es el VAR, es el juego lo que debe mejorar.

Un análisis tan simplista como este está solo a la altura de alguien que es ajeno a los deportes de equipo. Un análisis que tan solo pretende quedar bien y llevar razón pero que se deja fuera la explicación de, quizá, todas las gestas que se han producido en cualquier deporte en cualquier época.

Intentar hacer un análisis de una racha negativa de un equipo tomando solo en cuenta uno de los factores es mentirse a sí mismo.

Pero lo peor no es Palomar. A Palomar, al fin y al cabo, ni le gustan los lunes, ni le gusta el Madrid. Lo peor es cuando desde el propio madridismo se apela a la autocrítica sin querer tener en cuenta más factores que aquellos que mejor se acomoden a los “ya lo dije” de turno.

Y no. La situación del Madrid actual no puede reducirse a la falta de gol. O sí, pero teniendo en cuenta todos los factores que han provocado esa caída tan brutal en el acierto de cara a portería.

Aquellos que quieren convertir la venta de Morata en la maldición de Baby Ruth que mantuvo a los Red Sox a las puertas del infierno 86 años pierden de vista que la influencia del delantero por esta época era bastante escasa. Morata llevaba en la jornada XII  4 goles. 4 goles que habían significado solo 3 puntos, ya que el resto venían a completar una goleada o a redondear un resultado de un partido que ya estaba resuelto.

En cualquier caso, quizá esos 4 goles que se llevó Morata sean los mismos 4 goles de más que llevan Asensio e Isco este año con respecto al pasado. Un Isco y un Asensio que se ponían como única respuesta entendible a las salidas y a la no llegada de sustitutos del mismísimo Morata o de James. Porque todos estábamos de acuerdo en que ambos tendrían un rol mucho más destacado este año y que esos minutos de más que ellos tendrían, cubrirían las bajas de James y Morata.

De momento están cumpliendo. Morata, James, Isco y Asensio juntaban 9 goles el año pasado a estas alturas frente a los 8 que suman IscoAsensio hoy.

Ceballos y Mayoral, dos incorporaciones que ayudarían a tener un plan B, además aportan 3 goles más. Mariano, otro al que quieren convertir en Bambino maldito, no había sumado ningún gol en liga el año pasado a estas alturas.

No, el problema no está en los que se han ido. El problema es que entre CR, Bale y Benzema llevaban 16 goles el año pasado (8 CR, y 4 cada uno de la