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Mourinho: no a la nostalgia

Mourinho: no a la nostalgia

Escrito por: Juan Carlos G. Guerrero18 diciembre, 2018
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Más de cinco años después de su marcha todavía no tengo claro si la etapa de Mourinho en el Madrid mereció la pena. Los días que me da por pensar que sí lo justifico en la existencia del enemigo externo más poderoso al que se enfrentó el club en su historia y al que sólo se le podía batir declarando la guerra: el Madrid puede aceptar las derrotas pero no acostumbrarse a ellas. Mourinho recibió las escrituras del club y sobre ellas trazó su estrategia para acabar con la hegemonía del mejor Barça de siempre. Enseñó al madridismo a permanecer en vela y a sentirse blanco de todas las campañas; algunas eran imaginarias, propias de la falta de sueño. En un primer momento unió a todo el madridismo alrededor de su figura: creyó en alguien capaz de adelantar el inicio del partido a la rueda de prensa del día anterior. Sus comparecencias se diseñaban para que los programas de deportes conectaran en directo con Mourinho señalando el foco de la infección: los árbitros, los horarios, la prensa, el propio club… Llegó un momento en que Mourinho parecía dedicar más tiempo a la escaleta de la rueda de prensa que a la táctica del próximo partido.

Cuando Mourinho se fue, el madridismo quedó dividido. No era una cuestión de elegir entre él o Casillas (el portero siempre estará por encima del técnico portugués en el escalafón de leyendas blancas, y el tiempo ayudará a verlo más claro), sino de compartir o no su forma de vida. Y la suya es agotadora. Y egocéntrica. Hablaba más de su tercera Champions que de La Décima del Madrid. Aceptó el 5-0 del Camp Nou explicando que él antes le había metido tres o cuatro al Barça. Vivía siempre con la necesidad de quedarse por encima, una especie de filia al vértigo.

Los últimos años se pasea por los banquillos rebuscando en su currículum para contestar a problemas actuales: es un nostálgico de sí mismo. Pero hay gran parte de la afición que lo echa de menos y reclama su vuelta ahora que se ha quedado en el paro. Piensa más en 2010 que en 2013. Y nada es como ocho años atrás. Mourinho en el Madrid tuvo sentido porque Guardiola estaba en el Barça. Ya en su última temporada, sin el odiado enemigo enfrente, Mourinho cambió el objetivo y disparó hacia su vestuario porque no es un hombre de paz, es un adicto a las trompetas de guerra.

Una segunda etapa de Mourinho en el Madrid, en el peor momento de la carrera del entrenador, poco puede aportar de bueno a un club que afronta una situación totalmente distinta a la del inicio de la década: el enemigo no está fuera sino dentro, no es el Barça ni Guardiola sino en la propia capacidad de renovarse tras la segunda época más brillante de su historia. No se trata de destruir al rival, sino de reconstruirse a sí mismo.

Juan Carlos G. Guerrero
Periodista freelance / Ex de La Sexta y Marca | Filmmaker Twitter: @jcguerrero87

44 comentarios en: Mourinho: no a la nostalgia

    1. Con profundo respeto a su opinión y con afecto... De acuerdo en nada.
      Con Mou yo me sentí orgulloso de mi equipo, de aquellos jugadores y de la mayor parte de la afición.
      Fueron unos grandes años, dando por sentado que no se puede ganar todo siempre. Fueron años de disfrutar de un madridismo salvaje, como hqa dicho el gran A.A