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El Madrid os ama

El Madrid os ama

Escrito por: Mario De Las Heras16 agosto, 2018
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El cuñadismo tiene al Madrid asolado desde siempre. Van Gaal lo definió perfectamente en una frase mítica y acertadísima (en este caso el cuñadismo lo sufrió en Barcelona), por mucho que lo pintaran como a Slot diciendo: ¡Chocolate! El cuñado se rio de aquello con profusión, probablemente porque sabía que lo estaban retratando.

Yo no abogo por el fin del cuñadismo sino sólo por el fin del cuñadismo negativo, o sea: del cuñadismo. Yo quisiera apostar por un cuñadismo positivo. Lo llamaría The New Cunadism (en inglés, como buen cuñado), para comenzar a convertir toda la leña habitual en velas. Y ahora que pienso en velas, me imagino al icono que hay detrás de ellas en las iglesias y se me aparece Lope con hábito y expresión piadosa.

Lope tiene cara de santo mártir. En el nuevo cuñadismo dirigiríamos a él, sin más, nuestras esperanzas. En él pensaríamos, en San Lope de Chamartín, poniendo una sonrisa y una alegría incansables para combatir todo el peso del cuñadismo negativo. Mi pretensión es renegar de mis prejuicios y no fijarme en la raya en el medio del entrenador ni en el pelo de pincho de su ayudante o en esos zapatos del VIP Noche, por ejemplo, cuestiones que tenemos muy habladas y sin embargo no muy resueltas en La Galerna.

El nuevo cuñado debe ser creyente y abandonar en buena medida sus hábitos anteriores. Debe creer sin dejarse llevar por bagatelas, por adornos. El nuevo cuñado madridista no debe pensar en el perfil de águila de Zidane frente al rostro de franciscano de Lope. O en la mirada aviesa de Bettoni frente a los ojos de niño dickensiano de Celades.

Los hábitos de adivino, analista técnico o científico deben moderarse. El cuñadismo es precisamente negativo por ellos. El cuñadismo positivo es más equipo. El cuñadismo de siempre es más bien como los demonios aquellos de Ghost que se llevaban a los muertos malos. Suenan como ellos. Yo apuesto por ser monjiles. Apuesto por tener fe en San Lope y su discípulo Celades (y no es fe ciega: pruebas mucho más duras nos dio la vida madridista), y sobre todo confiar en nuestro señor Florentino, que proveerá al fin de un rematador que sea un poco golfo, un irreverente.

Uno que equilibre la balanza que se cae por el lado de la virtud y tire de los virtuosos (a pesar de todos esos tocamientos innecesarios) y de los mansos como para desvirgarlos y devolverlos al campo con la mirada fiera y turbia. Hay un cuñadismo, el de toda la vida, que ya está lapidando un proyecto que hasta el minuto setenta y ocho de ayer había apagado las llamas del infierno cholista hasta que un error inusual del gran Marcelo las volvió a encender.

Lo que vino después fue el desánimo ante el desacierto. Arriba y abajo. El dominio manido sin resultado que requiere de unos ajustes (y de la audacia, ausente ayer, del que decide) en los que el nuevo cuñado debe confiar que se harán, en lugar de recurrir a los habituales tomatazos y lechugazos del pueblo al condenado que es conducido al cadalso, sin que apenas haya empezado la temporada.

Yo voy a aprender hasta a tocar la guitarra, fíjense qué maravilla de nuevo cuñadismo, simplemente porque pienso que va a llegar pronto el día en que la destrozaré a golpes de pura inspiración.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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