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Las ruinas circulares

Las ruinas circulares

Escrito por: Antonio Valderrama16 noviembre, 2021
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Borges, en su maravilloso cuento Las ruinas circulares, fabula que el hombre, todos los hombres, son el resultado de un ejercicio de la voluntad y de la imaginación de otro hombre. Que la vida es sueño, en esencia. Para lograr su objeto, el protagonista del cuento lleva a cabo una serie de sortilegios, ceremonias y liturgias en torno a lo que queda de un antiguo templo majestuoso que ya no conserva nada de su viejo esplendor, sino sólo unas pocas ruinas. Me acordé de esto, porque lo acababa de leer, cuando me enteré de que el Barcelona había vuelto a fichar a Dani Alves. Es decir, que lo primero que hace Xavi Hernández como entrenador del Barcelona es pedirle al también retornado presidente Laporta que fiche a un Dani Alves al que le faltan dos años para cumplir cuarenta.

lo primero que hace Xavi Hernández como entrenador del Barcelona es pedirle al también retornado presidente Laporta que fiche a un Dani Alves al que le faltan dos años para cumplir cuarenta

Todo en Barcelona parece ahora un ejercicio de nostalgia, de evocación de un mundo feliz y perdido para siempre. Quién sabe qué puede salir de la decisión de darle en noviembre el timón de un equipo severamente capitidisminuido a uno de los símbolos de la edad de oro del club que apenas tiene experiencia como técnico: la jugada es calcada a la que realizó el primer Laporta cuando finiquitó a Rijkaard para ejecutar el movimiento audaz de colocar a Guardiola. Guardiola entonces salió muy bien y sus credenciales como entrenador eran las mismas que las que hoy luce Xavi, pero aquel Barcelona tenía a Messi por explotar, a Eto'o en su prime, a Henry aún con jugo y a una serie de magníficos jugadores que necesitaban la concatenación de factores y circunstancias que la apuesta de Laporta desencadenó con el conocido éxito.

 

Guardiola Alves Mourinho

 

Hoy no hay nada de eso, al menos no parece haberlo. El Barcelona presenta una plantilla decrépita en la que descuellan algunos futbolistas con mejor futuro que presente, algunos futbolistas con mejor pasado que presente, unos cuantos jugadores con un ilustre pasado y un terrorífico presente y muchos otros sin futuro, pasado ni presente. Además, no hay un duro y el club está quebrado, aunque a la prensa (es un decir) deportiva española le haya costado verlo tanto como al timonel del Titanic el memorable iceberg. Desde esta perspectiva la operación de recuperar a Alves, que estaba en Brasil, ya sin equipo, tiene las hechuras, más que de refuerzo de un plantel que deambula por mitad de la tabla por primera vez en el siglo XXI, de iniciativa puramente emocional, de esfuerzo sentimental por agarrar al culé (ahora, como genios de la venta al por mayor y detall de humo y propaganda, los catalanes se han inventado eso de culers) medio del pecho y animarle a tener fe en el mañana.

El Barcelona presenta una plantilla decrépita en la que descuellan algunos futbolistas con mejor futuro que presente, algunos futbolistas con mejor pasado que presente, unos cuantos jugadores con un ilustre pasado y un terrorífico presente y muchos otros sin futuro, pasado ni presente

O sea, Laporta encabeza una grotesca danza alrededor de las ruinas circulares de la grandeza ajada y marchita del gran Barcelona campeón. Alves vuelve y se pone el 6 de Iniesta porque, la verdad, ¿qué tienen en la banda derecha mejor que un prejubilado como él? Aunque, como madridista, me engolosine imaginándolo sudar tinta china al ver venir con la bola pegada al pie a Vinícius en el próximo Clásico, no dejo de reconocer que, al menos, la jugada tiene cierta lógica: Laporta recupera punch moral a precio de saldo, pues para pagarle una soldada a un Semedo o seguir haciendo el ridículo con un Sergi Roberto, al menos ven trotar de azulgrana al mejor lateral derecho de la historia. Como el presente da bastante pena el culé debe decir, como Germán Areta en El Crack Cero, que es mucho mejor vivir en el pasado, que es un lugar tranquilo donde no hay nadie que moleste.

Dani Alves

¡Y más el pasado al que remiten directamente Xavi y Alves! Precisamente el fichaje en 2008 del brasileño fue una de las razones que permitieron a aquel 5 ramplón, excelente pasador horizontal, jugador de balonmano con los pies, mutar en una cosa distinta y encajar como la pieza perfecta que hiciese girar el engranaje perfecto que un tipo muy listo como Guardiola supo disponer en torno a él con las piezas de que disponía a su llegada al banquillo del Camp Nou. Alves, un brasileño chulo, pendenciero, tramposo y charlatán, pero técnicamente virtuoso, físicamente un portento y dotado de la grandeza majestuosa de un Roberto Carlos y de un Marcelo, inclinó el mundo desde su carril para que Xaviniesta y Messi lo martirizaran a su gusto al otro lado del campo. De los artífices de la capacidad demoníaca de someter al adversario que tenía ese Barcelona, si tengo que quedarme con dos jugadores más, aparte de Messi, elegiría sin dudarlo al brasileño y a Busquets, por encima de todos los demás.

Como el calcio a finales de la primera década del siglo corriente, de aquí las superestrellas se van y sólo regresan los dinosaurios

Pero la cuestión va más allá, tiene más fondo. De primeras una cosa que subraya —o mejor dicho, una cosa en la que abunda hasta hacer, en realidad, daño— es en el estado precario del actual fútbol español. La «Liga de las Estrellas» se está italianizando a una velocidad que da vértigo. Como el calcio a finales de la primera década del siglo corriente, de aquí las superestrellas se van y sólo regresan los dinosaurios. El Barcelona está en pleno proceso de asimilación de la orfandad de Messi y, curiosamente, está repitiendo patrones similares a los que padeció el Madrid en la temporada inmediatamente posterior a la huida de Cristiano Ronaldo a la Juventus. El cráter que el futbolista-Dios deja en una institución cuya naturaleza eleva, sublima y quintaesencia, a cuya piel se adhiere para encarnarla y cambiar trayectorias históricas, es tan grande y humeante que puede verse desde la Luna. No es fácil salir de ese hoyo y menos si no se tiene dinero y aún menos, si se debe hasta que callarse. El Madrid recurrió a Zidane (otro regreso) para coser de algún modo la herida y arar la tierra sobre la que volvería a sembrarse el futuro. El Barcelona tira de Xavi, la última carta narrativa, en medio de un panorama devastador, con la amenaza de conversión en sociedad anónima cerniéndose como nunca.

Cristiano Messi Valdés

Ampliando el foco, los dos grandes equipos no sólo de España sino del fútbol mundial en los últimos diez años, ahora son dos plantillas dispares que miran de lejos a la Premier, que es donde se parte el bacalao que antes sobraba tanto en Madrid como en Barcelona. Es doloroso pero es la vida. En clave madridista, el extraño y variopinto regreso de estas dos figuras totémicas para el barcelonismo sirve para calibrar la distancia que separa los proyectos de uno y de otro, el lugar desde el que se miran los dos ahora mismo. El Madrid, que pensó un poco de forma parecida con el problema de sustituir a Zidane y trajo, en efecto, a Carletto, monta el caballo del futuro con una serie de futbolistas que ya son presente y que pueden ser todo el futuro, como Vinícius o Valverde. Estas piezas se juntan en un curioso mecano con otras aún mucho más verdes y otras desgastadas y a punto de romperse para siempre, pero sobre este paisaje se puede ver la inercia de un plan, de un diseño superior: los vaivenes deportivos de Florentino fluctúan dentro de una sólida visión institucional del porvenir, cuya síntesis es la obra del Nuevo Bernabéu. El Barcelona, en cambio, parece un náufrago que se pone a mirar, con el último resto de la batería, el carrete de fotos de los días más felices de su vida. Todo esto opera en el fondo de las cosas y pasa desapercibido por el análisis superficial y banal que rodea el espectáculo del fútbol profesional en un país sin memoria ni curiosidad como España. El madridismo, que significa en una medida colosal vivir paseando por el templo del pasado, también sabe, quizá mejor que nadie (de ahí la crueldad, a veces, de su mirada), que Borges también tenía razón cuando hizo decir a uno de sus personajes que el olvido, al final, purifica.

 

Fotografías Imago.

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

8 comentarios en: Las ruinas circulares

  1. Viendo al Lobito Carrasco lo bien que se conserva y teniendo en cuenta que el toque no se pierde, lo veo candidato a sustituir a Dembelé en caso de no renovar... Ahí lo dejo.

  2. ¿Soy el único que está harto de oír hablar de Xavi en La Galerna?. Lo estáis elevando al altar de los demonios del madridismo cuando en realidad es un bufón menor bajo el halo de verdaderos enemigos como eran Messi, Guardiola, Cruyff, Stoichkov o Audy Norris. Xavi no es nada para mi y tampoco debería ser nada para vosotros. Tiene mi más absoluta indiferencia, como Pique y tantos otros. El odio del madridismo hay que ganárselo. No se lo regalemos.

    1. Después de ver a Audie Norris llorando en la capilla ardiente de Fernando Martín, jamás lo calificaría de "enemigo". ¿Rival? Por supuesto, de los más j*odidos. Pero no le meta en el mismo saco que a patanes como Stoichkov.

  3. Es generalmente un placer leer los textos del señor Valderrama.Casi tanto como leer a Borges. Comprendo perfectamente su inspiración en relación a lo que brillantemente nos explica. Me ha gustado la referencia a Germán Areta , el personaje protagonista de la película de José Luis Garci, el colchonero que mejor me cae de entre los que tiene cierta fama. Película muy recomendable. El crack cero. Donde , somera y adecuadamente, se hace alusión al Real Madrid y al boxeo.
    Por último, comentar que “culer” es un término catalán con más de un siglo de vigencia. La Rae no sé si lo acepta con la “r” final, pero los catalanes y otros compatriotas españoles decimos culer/s desde hace mucho tiempo. Ya lo deben saber, el origen data de cuando el club azulgrana creado por extranjeros (suizos e ingleses entre otros) jugaba en el campo de la calle Industria y una parte del público se sentaba en el muro del recinto y mostraba sus traseros hambrientos a cualquiera que se pasara por los alrededores...En fin , no quiero ni pensar las interpretaciones que pudiera dar el gran Sigmund al respecto...

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