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La neolengua de Orwell

La neolengua de Orwell

Escrito por: Amiguete Barney1 marzo, 2019
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Con frecuencia se utiliza el adjetivo “orwelliano” para definir a un gobierno o un ente autoritario, totalitario y controlador, pero estoy convencido de que al propio George Orwell le daría cien patadas escuchar ese calificativo relacionado con su persona, cuando si por algo destacó el escritor fue precisamente por oponerse a cualquier forma de pensamiento totalitario, del signo que fuera.

Con todo, quizás lo peor sea que el apelativo “orwelliano” no transmite totalmente la idea que el escritor británico pretendía expresar. A Orwell le preocupaba el modo en que las ideologías totalitarias se extendían sin apenas oposición, y en sus escritos denunciaba que una de las maneras de difusión del pensamiento único está en la perversión del lenguaje, en cómo el empleo del mismo influye en el pensamiento propio, en el modo de razonar y, como resultado, en las opiniones que nos formamos.

En la célebre novela 1984 (escrita entre 1947 y 1948), una distopía situada en un país llamado Oceanía y en un futuro mucho más cercano de lo que podamos imaginar, existe un Ministerio de la Verdad que se dedica a propagar hechos históricos y estadísticas irrefutables contados desde la perspectiva del dirigente en el poder. El régimen controla a sus ciudadanos e incluso  el lenguaje que utilizan, simplificando de modo deliberado el mismo para evitar cualquier forma de pensamiento crítico con la versión oficial.

Al final de 1984 Orwell dejó escritos Los principios de la neolengua, la forma de expresión utilizada por el régimen tiránico, una lengua que serviría para difundir la ideología impuesta, pero también para “imposibilitar otras formas de pensamiento”. El uso de la neolengua logra un efecto sobre la mente del pueblo, una especie de hipnosis que hace que el sometido no tenga una percepción propia de la realidad, sino únicamente la versión oficial que le imponen y transmiten.

Hay días que me levanto por las mañanas pensando que vivo en la Oceanía de 1984 pergeñada por Orwell, y no debo de ser el único. El propio escritor, en su ensayo sobre la guerra civil española, llamaba la atención sobre lo siguiente:

“Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. (...) Estas cosas me parecen aterradoras, porque me hacen creer que incluso la idea de verdad objetiva está desapareciendo del mundo. A fin de cuentas, es muy probable que estas mentiras, o en cualquier caso otras equivalentes, pasen a la historia”.

Si “el pensamiento depende de las palabras”, ninguna de las frases que se utilizan para las habituales polémicas son casuales. El Ministerio de la Verdad lleva años propagando falacias que buena parte de la sociedad asume como ciertas, por muy tozudos que sean los hechos.

“El Madrid era el equipo de Franco”, sí, pero los favores eran para el F.C. Barcelona.

“El Madrid roba”, pronunciado con la misma vehemencia que el “España ens roba”, y cuando les preguntas que cuándo, te remiten al penalti a Pepe en Elche o a “la final de Lisboa”. ¡Pero si fue un gol en el descuento de un partido en el que los atléticos se desplomaban tras cada soplido!

“¡Pues la final de Milán!”, ¡pero si hubo un penalti antes del gol de Ramos y os regalaron uno que no era!

“Los hilos del palco del Bernabéu, manejados por Florentino”. Entonces lees en los periódicos que la UEFA sanciona a Sergio Ramos, que Tebas, Rubiales, Roures y todos los medios sin excepción atacan al Madrid, pero luego ves que Rosell vuelve al juzgado, que Bartomeu y el club del régimen siguen pendientes de juicio, que Mediapro ficha a Miguel Cardenal mientras Enrique Cerezo hace lo propio con Rafael Catalá para que le ayude en sus pequeños líos judiciales, analizas el dato frío de las estadísticas de penaltis y expulsiones desde 2004 que algunos tuiteros como MaketoLari y Juan P. Frutos detallan con rigor,… y entonces coincides con Orwell en que la verdad objetiva está desapareciendo del mundo, con la misma velocidad con la que desapareció la inteligencia del entorno del fútbol.

No intentes razonar con argumentos, pues la versión oficial ha terminado por socavar el pensamiento crítico y los aficionados culés y atléticos (y otras cuantas aficiones más) ya no ven por sus propios ojos, ni razonan según su criterio, sino sabiamente adoctrinados desde hace lustros para aceptar y difundir el mantra:

“El Madrid representa el Mal y cualquier cosa que se diga en su contra, estará bien dicha”.

El razonamiento se simplifica hasta el absurdo, independientemente de cuál sea la verdad:

“Y el Madrid no se puede quejar, porque al Madrid siempre le favorecen los árbitros”.

La neolengua periogolfística ha triunfado. Tras el Aytekinazo se oyeron frases como “hoy no toca hablar de los árbitros, sino celebrar la gesta”, pero en cambio no hubo pudor para hablar de “escándalo” o “atraco” tras el gol bien anulado al Ajax o el penalti de Benatia. 

1984 crea entre otros el verbo “doblepensar”, que hace referencia al pensamiento acorde con la realidad, y al contrapuesto y manipulado, pero afín a la doctrina oficial, que por tanto es el que se expresa en voz alta. Y lo que me parece aún más interesante, la novela crea otra palabra como “Negroblanco”, que me lleva de modo irremisible a las jugadas “grises”, las que parecen una patada al suelo o un rodillazo en la cara del portero rival, pero que según el Ministerio de la VARdad se pueden interpretar como penalti o gol de Suárez.

No sigo a casi ninguno de los medios salvo por programas como El Radio, de Richard Dees, uno de esos incómodos reductos de la resistencia ante la manipulación habitual de la información. Pero no puedo evitar ver, de vez en cuando, la Culevisión Española en su versión Informativo de 24 Horas. Estas son algunas de las frases empleadas. Obsérvese la neolengua utilizada en función de si el perjudicado es el Madrid, o por el contrario es el supuesto beneficiado de una acción, y os aseguro que las frases son reales:

  • Penalti a favor del Madrid. Por ejemplo, el de Benatia a Lucas Vázquez: “una acción polémica que dará mucho que hablar”. No dice que no sea penalti, solo que es polémica y que daría para muchos debates, porque según el mantra oficial, “al Madrid le favorecen siempre los árbitros”. La semana pasada fue terrible con los dos penaltis ante el Levante, da igual que lo fueran o no. “Alarma” ante “las decisiones arbitrales favorables al Madrid” titulaba el diario Sport. “Alerta VAR” proclamaba como si de un coro se tratara el Mundo Deportivo. “Los fallos del videoarbitraje a favor del Madrid”, proferían de modo impúdico. Una semana antes el VARça ganó al Valladolid con dos penaltis, el de la victoria, de chiste, y apenas existió en los medios afines. Igual que la patada al suelo de Messi o el piscinazo de Semedo que terminaron en sendos penaltis que el Ministerio de la VARdad ocultó.
  • “El Girona anotó el 2-1 en una jugada muy protestada por los blancos”. Se refiere al 2-1 en fuera de juego con el que el Girona venció al Madrid la temporada pasada en Montilivi. Ni siquiera se menciona que era un gol ilegal, sino que otra vez los malos malísimos del Madrid protestan, cuando lo cierto es que en el campo no se dieron cuenta de lo irregular de la acción, “y los del Madrid no se pueden quejar”.
  • La ya conocida “Una jugada muy protestada por los blancos” se repitió para hablar del 2-1 marcado por Messi tras una flagrante falta de Suárez a Varane, que el árbitro asistente advirtió a Hernández al cuadrado. Recordad la simplificación del lenguaje: el mensaje llega, no hay crítica posible.
  • “Un arbitraje que no dejó contento a nadie” es la fórmula empleada para decir que han destrozado al Madrid, pero que en una jugada puntual se pudieron confundir en contra del VARça.

La neolengua es solo una de las estrategias para la manipulación de las masas sumisas y carentes de pensamiento crítico, pero Orwell nos regaló en su novela unas cuantas más:

  • La reescritura del pasado: los mencionados mitos sobre Franco, los árbitros o los hilos del palco.
  • La manipulación de las imágenes: si Jaume Roures y Óscar Lago impartieran un máster en comunicación audiovisual harían las delicias del mismo Stalin y de sus herederos.
  • El culto a la personalidad: oh, Messi, oh, Guardiola, inventor del fútbol, oh, Iniesta de mi vida, oh, los valors.

 

Vivimos en Oceanía. En 1984.

Amiguete Barney
Afirma que tenía talento para el fútbol y el baloncesto, pero nada que ver con el que mostraba opinando con una jarra en la mano o tras el teclado.