Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
La generosidad como factor diferencial

La generosidad como factor diferencial

Escrito por: Sergio Arellano27 mayo, 2020
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

En tiempos tan tortuosos como los que corren, el instrumento que más y mejor cuantifica la magnitud de un club no estriba tanto en la cantidad de títulos que atesora en sus vitrinas, sino en su capacidad para realizar esfuerzos en pro de la solidaridad, del altruismo desinteresado y del bien común. Y aquí el Real Madrid, como reza la tradición histórica, sigue situándose en la cima de la excelencia por razones más que obvias.

En medio de una crisis sanitaria que ha asolado familias enteras y que ha supuesto un duro revés para la sociedad española, el papel del equipo blanco ha sido, una vez más, encomiable; liderado por su presidente, Florentino Pérez, que ha vuelto a poner de manifiesto un talante y un don envidiable a la hora de liderar el club y administrar eficientemente sus recursos. Estos actos, por muy inadvertidos que pasen en los medios de comunicación, elevan la magnificencia de una entidad y generan una brecha insondable con otras gestiones deportivas, más preocupadas por otros asuntos, como los relativos a sufragar ERTES, sanear cuentas y planificar plantillas que se resquebrajan. No en balde, la entidad donó en marzo una cuantiosa cantidad económica para la compra de material sanitario a la Comunidad de Madrid, una aportación paralela a la que impulsaron con posterioridad muchos otros futbolistas del primer equipo. Poco después, junto al Consejo Superior de Deportes, se acordó que el Santiago Bernabéu fuese utilizado como centro de aprovisionamiento sanitario con el objeto de permitir a las autoridades sanitarias canalizar toda la logística necesaria, concertándose semanas más tarde la celebración de un torneo benéfico junto a otros gigantes continentales para recaudar fondos en la lucha contra el COVID-19. También La Galerna, en estrecha colaboración con leyendas del calibre de Roberto Carlos, Fernando Hierro o Iker Casillas, emprendió una subasta solidaria para aunar esfuerzos en la lucha contra el coronavirus que lidera la Fundación Real Madrid. En definitiva, son estos gestos filantrópicos los que elevan el orgullo de millones de personas, seguidores y simpatizantes de un club que, una vez más, ha demostrado ser una institución global que traspasa las cotas de lo meramente deportivo.

Es de valorar el buen hacer de un hombre que siempre ha situado al club en la cúspide de la gentileza y distinción. Un tipo alejado siempre de los focos mediáticos y de las reuniones grandilocuentes, pero amigo del trabajo y de la discreción, que sigue ganando enteros y que sale muy aventajado con respecto a otros muchos dirigentes que suelen recurrir a soflamas propagandísticas y promesas desechables.

En honor a la verdad, ser el máximo dirigente de un club no es tarea fácil. Florentino llegó a la Directiva en su segunda etapa consiguiendo rescatar a un equipo que sufría una de las mayores crisis de identidad de su historia tras la calamitosa temporada 2008/09, fichando a grandes estrellas para, pocos años después, situar al club en la más alta cima continental; reduciendo gran parte de la deuda neta y saneando todas las cuentas. Esfuerzos que suponen el reconocimiento de gran parte del madridismo, el cual valora también el gran ahínco que ha ejercido para impulsar la Fundación Real Madrid: una entidad humanitaria y social, sin ánimo de lucro, que busca, entre otros fines promover unos valores que han vuelto a quedar patentes durante la pandemia y que conforman el caldo de cultivo idóneo para triunfar en la máxima élite: respeto, solidaridad, pluralidad, autonomía, superación, cultura del esfuerzo y ética deportiva.

La excelente visión de futuro que ha tenido la dirección deportiva en estos últimos años también es un importante aval. Cumpliendo la férrea premisa de que ningún jugador está por encima del club, Pérez ha sabido liderar una política de contención ideal para batallar contra clubes-Estado que no dudan en reventar el mercado a base de muchos millones y pocos escrúpulos, todo ello obviando el terrible efecto inflacionista que experimenta un cada vez mayor número de futbolistas, antaño considerados de segundo orden. Reclutar a jóvenes talentos que aúnan presente y futuro es la mejor estrategia para contrarrestar proyectos comandados por adinerados magnates que buscan reflotar plantillas a base de talonario pero que pecan, irreparablemente, del mismo denominador común; el cortoplacismo, una característica inconciliable dada la exigencia extrema, pero justa, del club de Chamartín. Muchos otros que ocuparon su cargo no pudieron -o no supieron- comprender la magnitud que reviste un puesto de tales características. Hasta alguno de ellos osó en minusvalorar el proyecto del nuevo Santiago Bernabéu, el cual será uno de los emblemas de la capital y elevará los cánones de seguridad, confortabilidad y modernidad con respecto al anterior. Hablar por no callar, o eso dicen. Ahí dónde se sitúe el Real Madrid se alojará la crítica.

Dice el proverbio que es más importante ser un hombre de valor que un hombre de éxito. Ateniéndonos a los hechos, Florentino Pérez encarna ambas virtudes.