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Es Casemiro pero es Jovic

Es Casemiro pero es Jovic

Escrito por: Jesús Bengoechea19 enero, 2020
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Es relativamente habitual escuchar a futbolistas defendiendo ante la prensa a un compañero de equipo caído en desgracia ante la afición o los propios medios. Menos usual es ver a los protagonistas de este negocio hacerlo en el propio campo, con gestos ostensibles de reconocimiento a dicho compañero que resulten visibles para las cámaras, e incluso para cuantos aficionados presentes en el estadio sea posible.

En clave madridista, se me ocurren pocos ejemplos históricos, si bien esos pocos casos quedan impresos de manera indeleble en la retina. Veo a Arbeloa dirigiéndose al público del Bernabéu, siempre temible, para suplicar encarecidamente que cambiara su actitud hacia Benzema. El francés estaba más discutido que nunca y llevaba un partido negado de cara al gol, habiendo marrado ocasiones diáfanas que habían encabronado al llamado respetable. El 17, capitán en la sombra, pidió con gestos enormemente expresivos, desde el césped, paciencia y apoyo para el hombre que hoy constituye el principal valladar ofensivo de los blancos.

Recuerdo también a Van Nistelrooy levantando del verde la camiseta de Higuaín y blandiéndola frente a la grada en ademán de reivindicación del argentino. Había sufrido el Pipita numerosas muestras de escepticismo, por parte de los medios y la afición, desde su llegada en el mercado de invierno pocos meses antes. Es difícil olvidar aquel despectivo “Higualín que Ronaldo” que se empleó para compararlo con el brasileño en vena sarcástica. Pues bien. Higuaín acababa de marcar el gol decisivo en una de aquellas remontadas imposibles que desembocarían en la Liga de las remontadas (valga la redundancia) de Capello. Se había quitado la camiseta en una celebración descontrolada, y de manera instintiva el holandés la asió con furia, de cara al público, dando a entender que el delantero precisaba de su apoyo y que, sí lo tenía, era muy capaz de brindar muchas noches de gloria al Bernabéu. La Historia, a posteriori, no ha sido a mi juicio justa con Higuaín, primero porque participó decisivamente en aquellas Ligas de Capello, Schuster y Mourinho, y segundo precisamente porque Van Nistelrooy le bendijo. Todo lo que bendiga Van The Man es por definición digno de figurar en al altar, tal vez no en lo más alto del mismo, pero sí en el catálogo de legítimos objetos de afecto colectivo.

 

En la tradición de estos infrecuentes gestos de reivindicación de la labor de un compañero, vimos en el choque ante el Sevilla un gesto precioso de Casemiro, un gesto que le convierte en algo más que en el hombre que dominó de manera insultante el partido, como un adulto que se entretuviera con niños y tuviera incluso que subir al ataque para sellar el triunfo sobre las capacidades de un improbable delantero improvisado.

En el júbilo del primer gol, cuando el resto de jugadores se agolpaban sobre el brasileño para honrarlo de achuchones y manotazos, Casemiro quiso tener un detalle con Jovic, quien le había habilitado para marcar valiéndose de un taconazo pleno de técnica e instinto. Abrazado al serbio, cuando el tumulto celebratorio ya se disolvía, el centrocampista miró a la audiencia y señaló la cabeza de Jovic en ademán de reconocimiento. “No fui yo, fue él”, parecía querer decir con admirable modestia y compañerismo excepcional Casemiro, aunque todos sabemos que fueron los dos, que siempre son dos pero siempre son once, que es Casemiro descerrajando un partido memorable y afianzando la talla del mito (mucho más que solo un casi-mito), pero que también es Jovic asistiéndolo y convirtiéndose, pese al titubeante comienzo, pese a las pocos numerosas oportunidades disfrutadas, en la gran promesa del gol para el Real Madrid del futuro, un Madrid coral también en el aspecto goleador (doblete ayer de Casemiro como lo hubo hace algunos días de Varane), un Madrid que tiene en Casemiro a su líder de presente y futuro, un Madrid que no puede dejar de aplaudirle aunque también sea sensible a esa petición suya de que el aplauso se reparta, un Madrid que descansa sobre la solidez futbolística y moral de un hombre de fuste.