Las mejores firmas madridistas del planeta

Podría escribir varios artículos enumerando todo lo negativo que veo del Madrid en estos momentos: mala actitud de los jugadores, plantilla mal diseñada, falta de calidad en determinados puestos, falta de intesidad, fondo físico nulo, etc. si veis cualquier canal de YouTube de aficionados merengues percibiréis fundamentalmente enfado, y muy justificado.

Sin embargo, y aunque den ganas de apagar la tele y no ver más partidos del equipo, y aunque lo más fácil sea escribir sin desmayo de todos los fallos que veo, prefiero contribuir en lugar de restar y dedicarme a señalar haces de luz. Que los hay.

Creo que, al margen de todos los factores existentes, el más importante ahora mismo tiene que ver con el estado físico, y veo luces en lugar de sombras.

Sí, luces. Para explicarlo mejor, vaya previamente un análisis sobre la planificación física de Xabi Alonso, que algunos pensaban que era deficitaria o inexistente. Pues bien, el Bayer Leverkusen del técnico tolosarra ganó muchos partidos en los diez últimos minutos. El motivo es que la gente que entraba del banquillo mantenía la tensión competitiva y la intensidad, y marcaba la diferencia en los últimos instantes. La preparación física que planteaba Xabi Alonso era de estar a tope un máximo de setenta minutos, presionando sin parar, y cumpliendo en ataque y defensa. Para que este plan se ejecute a la perfección, tienes que hacer los cinco cambios en cada partido, y empezar a mover el banquillo en el minuto 60.

Si analizas el inicio de del Madrid de Xabi, fue exactamente así: muchos cambios entre el 60 y 70, y bastante gente entrando fresca. No sólo en el Mundial de Clubes, también en el inicio de esta temporada. ¿Resultados? 13 victorias en los primeros 14 partidos. Eso es independiente del juego del equipo. ¿Qué pasó? Que el Real Madrid no es el Leverkusen: malas caras, enfados por los cambios, problemas con las estrellas, la directiva que no actúa, lo que prefiráis, pero se vio que no podía ejecutar su plan, y viene su primer gran fallo: cede y deja de hacer los cambios a tiempo. ¿Consecuencias? Se empiezan a lesionar jugadores porque la preparación iba enfocada a 70 minutos máximos de alta intensidad, sobretodo en jugadores explosivos de mediocampo hacia arriba. Como los tienes los 90 minutos, arriesgas su físico, y también el de los defensas, porque los de arriba no bajan y los de abajo doblan esfuerzos.

no estar bien físicamente afecta a los gestos técnicos, pero también a la táctica. Cuando físicamente no estás bien, la táctica no existe, y no haces caso a lo que te ordenan, fundamentalmente porque no te dan las fuerzas

Pintus, que seguía en el Real Madrid, se alarma por el físico y las lesiones, y se cuenta que hace un informe. En la Directiva le imponen a Xabi , y así se lo hacen saber volviendo de la Supercopa, que Pintus se va a hacer cargo de ese área, y es uno de los motivos de fricción por los cuales el tolosarra prefiere no seguir al mando. No quiero entrar en quien tiene más culpa de todo esto, sólo quiero explicar que Xabi tenía un plan físico. No es que el equipo no estuviera trabajado, como sugieren muchos.

Zona Pintus y la cuesta de enero

Ahora están Pintus y Arbeloa, y el italiano les está metiendo una preparación física para un partido completo, no para estar 70 minutos a tope como mucho. Eso hace cambiar toda la planificación física, y necesitas modificar rutinas y hacer cargas de trabajo diferentes. El resultado es una especie de pretemporada en pleno enero. Ya sabemos que, en medio de una pretemporada, hay partidos donde pesan las piernas más que en otros.

Pero claro, por otro lado, en la preparación física influyen muchísimos factores, y uno muy importante es el propio jugador. Un profesional no sólo debe entrenar bien. Debe descansar de forma adecuada, alimentarse correctamente, y cuidar su cuerpo todo el año, no sólo cuando entrena. Debe sacrificarse porque es un deportista de élite. Cristiano, Modric, Kroos, Benzema, Ramos, Casemiro, no han tenido excesivas lesiones en su vida. Al margen de la fortuna, dependen de cómo te cuides.

es una especie de pretemporada en pleno enero. Ya sabemos que, en medio de una pretemporada, hay partidos donde pesan las piernas más que en otro

Cuando Álvaro Arbeloa empezó con el equipo, hace apenas días, lo primero que llevó a cabo fue un manejo psicológico para afianzar la moral y confianza de cada jugador: defenderlos a ultranza, apoyarlos públicamente y hacerles ver que ellos son excepcionales. Si vas a la guerra, tus soldados deben confiar en ti. En los primeros partidos, eso te funciona, y hace que los jugadores salgan a tope de motivación.

Cuando han transcurrido 15 días (Arbeloa coge el equipo el 12 de enero, pero hasta el 13 no es el primer entrenamiento) la preparación física de Pintus hace que las piernas empiecen a pesar, y lo que puedes percibir es lentitud y sensación de estar fuera de forma. Esta última puede incluso proyectar la sensación de escasa claridad técnica. De hecho, en Lisboa vimos que, aunque marcó dos golazos, Mbappé no fue capaz de hacer bien un solo regate de cuantos intentó. Desbordó varias veces por banda, pero no le salió ningún desborde por técnica. Tchouamení, que suele ser de lo más fiable, llegó tarde a muchas jugadas para cortar, jugándose la segunda tarjeta al haber recibido una demasiado pronto y de forma injusta. A Carreras, al margen de que tuvo que hacer frente a dos jugadores todo el partido, porque no recibió una sola ayuda, se le veía desbordado y fuera de sitio. Asencio, el jugador más fiable de los últimos partidos, estuvo mal colocado muchas veces. Jude, que suele ser de los que más corre, lo hizo sin mucho sentido, y apenas aportó calidad al ataque.

Si ves los mapas de calor (en la web de Sofascore, por ejemplo) de Vinicius Jr, Mbappé y Jude, practicamente se movieron por la misma zona, aunque ninguno de ellos bajó a ayudar a Carreras. Se estuvieron solapando por la izquierda. Y todo tiene que ver con lo físico, como tratamos de hacer ver. Ya hemos dicho que no estar bien físicamente afecta a los gestos técnicos, pero también a la táctica. Cuando físicamente no estás bien, la táctica no existe, y no haces caso a lo que te ordenan, fundamentalmente porque no te dan las fuerzas. Tiendes a hacer lo que mejor se te da cuando ves que te superan y estás sobrepasado, y tu cerebro no procesa correctamente la mejor opción, y por eso los tres (Mbappé, Vini y Jude) caían al mismo lado molestándose.

4-2: Mourinho empuja al Madrid fuera del top 8

Es cierto que el Madrid tuvo un 67% de posesión, y que perdieron 53 duelos y ganaron 49, pero los duelos ganados fueron en zona esteril, y la posesión igual, no valía para nada. El Benfica tuvo 12 tiros a puerta y 8 ocasiones claras de gol, frente a las 4 claras, de los 6 tiros a puerta, del Real Madrid.

Los lusos salieron a muerte, y se les veía que se jugaban la vida en cada jugada, con una implicación e intensidad muy alta. El Madrid, creo yo (no tengo por qué tener razón), estaba pesado por lo que he expuesto, y no podía igualar ese despliegue de piernas. En alta competición, eso marca demasiado la diferencia, y lo mejor del partido para nosotros fue el resultado, porque pudo ser más abultado.

Lo positivo que prometí traeros se desprende fácilmente de todo esto. Creo que el Madrid puede estar en una forma física óptima en dos o tres semanas, y esto será muy justo en el tiempo con respecto a la ronda previa que deben jugar por haber quedado novenos. La ida se juega la semana del 16 de febrero, la tercera semana a partir del lunes que viene, y la vuelta en la semana siguiente. Veremos si llegan en el tono óptimo la mayoría de la plantilla y si da para no perder la liga definitivamente estas semanas, así como para no perder toda opción en la Champions por llegar justos a esta ronda.

Está por ver si competiremos como debemos o no. Ahora mismo, no podemos ni tan siquiera competir

¿Quiere esto decir que el Madrid, cuando esté bien físicamente, va a ganar los partidos? No, quiere decir que ahora mismo no está al nivel físico que debe para aguantar el ritmo de alta competición, y mucho más contra un equipo que se deja la vida en cada duelo, como pasó en Lisboa. El hecho de que estén en el nivel físico requerido hará que puedan disputar los duelos con la misma intensidad y nivel físico que los rivales, pero ahí ya entrarán el resto de factores que lleva aparejados un partido de máxima competición, y se verá lo que pueden hacer.

De momento, dejemos que Arbeloa y Pintus trabajen, y demos un margen adecuado para ver resultados. Está por ver si competiremos como debemos o no. Ahora mismo, no podemos ni tan siquiera competir.

 

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Buenos días. A lo mejor nos hemos equivocado pensando que teníamos los ingredientes apropiados para remontar el vuelo. A lo mejor resulta que no hay carácter en estos jugadores, que tienen razón los agoreros y que solo juegan cuando quieren, que al final el fútbol es “menos millones y más cojones” y la razón asiste al cuñadismo y a quienes no quieren ver grises, tan solo negruras condenatorias. A lo mejor tienen razón. A lo mejor los cuñados no son tan cuñados, y somos nosotros quienes estamos errados tratando de esquivar la simplicidad de las cosas.

A lo mejor fuimos ingenuos pensando que los futbolistas del Real Madrid (del Real Madrid, del putísimo Real Madrid) calibraban la importancia del partido de ayer como merecía, y que ponían su orgullo (¿su orgullo?) al servicio de ese entendimiento. A lo mejor nos hemos confundido pensando que merecían una defensa frente a quienes les pitaban durante noventa minutos. Seguimos pensando que pitar durante noventa minutos es contraproducente para tu equipo, pero ya hemos entendido, primero, que a los que pitan no les importa la suerte de ese partido concreto sino tan solo desahogarse, probablemente con razón, y, segundo, que no es descabellado pensar que con arreglo a su manifiesta desidia, con arreglo a su jugar solo cuando quieren, merecen una reprimenda semejante. A lo mejor resulta que no merecen que La Galerna, o quien sea, abogue por la moderación en esa pitada, o pretenda acotarla en tiempo y/o decibelios. El sábado se prepara una buena en el Bernabéu, se prepara otra buena, mejor dicho, y la verdad: nos hemos quedado sin argumentos para aconsejar lo contrario.

En un choque pésimamente jugado por los de Arbeloa, sin actitud, sin intensidad, sin acierto táctico ni técnico, el Benfica propinó un buen repaso a los nuestros, coronado por un gol del portero ucraniano del equipo lisboeta que, de manera épica, les permito a ellos su objetivo de clasificarse in extremis. Nuestro equipo, en cambio, desperdició de forma intolerable la ocasión de evitar una ronda más de Champions, quedando fuera del Top8 cuando un simple empate ante un equipo netamente inferior (ayer no lo pareció) habría bastado para entrar directamente en octavos.

Tan cierto es que la competición no está perdida aún como que es imposible escapar a la frustración de la ocasión perdida y de la indignación ante el ridículo cosechado en términos de juego y autoestima. Tras una mala temporada el año pasado, transitamos en esta por un durísimo viacrucis en forma de montaña rusa: cuando parece que remontan el vuelo, se cascan un Albacete o un Benfica. Esto es insufrible, y a lo mejor nos equivocamos pensando que hay sentimiento en estos jugadores, que hay profesionalidad y decencia hasta el punto en que pensábamos que las había. Porque estas vertiginosas subidas y bajadas, esta concistencia en la inconsistencia, ya solo se puede explicar en términos de falta de fuste, de ausencia de enjundia, de la más completa falta de carácter. Son jugadores que han participado, pese a la juventud de la mayoría, en muchas glorias del club, pero acerca de los cuales es legítimo preguntarse, ahora mismo, si merecen lucir el escudo del mejor equipo del mundo. Un equipo que descerraja exhibiciones como la del Mónaco o la del Villarreal, y después hace esto, solo permite acceder a la conclusión de que juegan cuando quieren. A la conclusión, en otras palabras, de que no merecen llevar esa camiseta, porque llevarla significa querer dar lo mejor de uno mismo siempre. Absolutamente siempre.

A lo mejor nos hemos equivocado también pensando que nuestra gerencia acierta en su esfuerzo por tener la mejor plantilla posible. Va a pasar otro mercado de invierno sin que dicha gerencia se inmute, cuando parece evidente el bien que le haría a la escuadra el fichaje (o la cesión, que no acarrearía coste alguno como tal) de algún centrocampista y/o defensa central. Sí las lesiones nos respetan y la plantilla recupera valores como la entrega y al sacrifico (y a día de hoy parecen dos condicionales muy condicionales), todo podría salir finalmente bien, o más o menos bien. Sí falla cualquiera de esos dos supuestos (y ambos tienen pinta de fallar), harán falta refuerzos. Las gerencias deportivas deberían ser como los defensas. Es decir, pesimistas.

A lo mejor nos habíamos equivocado también pensando que los arbitrajes UEFA no eran como los de la Mugrienta Liga Negreira. La prensa no habla de esto, claro, porque cómo van a emitir nada que pueda servir de atenuante a la culpa blanca, pero el penalti que señalan a Tchouaméni no nos habría extrañado lo más mínimo en el silbato de un Hdez Hdez o de un Soto Grado. Inenarrable. Parece que la nueva amistad entre Ceferin y Laporta está surtiendo efecto, a la manera en que los tejemanejes con UNICEF por medio rindieron fruto en el pasado. En cualquier caso, como decía Arbeloa al final del encuentro, la actuación de nuestros hombres resultó tan penosa que el cuerpo no pide hablar de arbitrajes. Al menos no hoy.

Cerramos, precisamente, con el equipo de Laporta, y con la euforia que sus huestes mediáticas muestran ante la clasificación en el Top8 de su club. Lograron lo que nosotros no fuimos capaces de conseguir forzando cuando menos un pírrico empate, lo cual nos habría bastado de no haber especulado melindrosamente, al abrigo del resto de resultados. Al final, los otros  resultados se torcieron también, y nos lo tenemos bien merecido, como reconocía Mbappé al término del choque.

Los diarios cataculés celebran con idéntico júbilo su clasificación entre los 8 primeros y nuestra no clasificación en dicho grupo. Ellos son así y, como pasa con el arbitraje, lo menos que hoy pide el cuerpo es meterse con el culerío. Bastante tenemos con los nuestro.

Pasad, dentro de lo que cabe, un buen día.

Courtois: notable. Evitó una goleada más escandalosa.

Valverde: aprobado. En la tónica del equipo.

Asencio: aprobado. Asistencia, ocasión y buenas acciones, pero no estuvo acertado en el primer gol y acabó expulsado.

Huijsen: suspenso. Melifluo. Le sustituyó Alaba.

Carreras: aprobado. Por su flanco llegó mucho peligro luso. No solo responsabilidad suya.

Güler: bien. Asistió a Mbappé en el segundo gol.

Tchouaméni: notable. Bien en defensa y ataque. Le lastró la amarilla tan rigurosa como tempranera.

Bellingham: suspenso. Le puso ganas.

Mastantuono: suspenso. Combinativo. Las jugadas solían acabar cuando llegaban a él.

Vinícius: suspenso. Desacertado en ataque e inoperante en defensa.

Mbappé: notable. Perdió numerosos balones, erró pases pero anotó dos goles en Champions.

Camavinga: aprobado. Tuvo que sustituir a Tchouaméni, cargado con una amarilla surrealista.

Rodrygo: aprobado. Reavivó mínimamente el partido prendiendo la jugada del segundo gol. El árbitro lo echó probablemente por describirlo de alguna manera sincera.

Alaba: sin tiempo.

Cestero: sin tiempo.

Brahim: sin tiempo.

Arbeloa: aprobado. Superado por Mourinho.

 

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Arbitró un italiano cuyas siglas son D.M. En el VAR estuvo su compatriota Marco Di Bello.

Llegó con una clara intención de ser más casero que los flanes y lo logró. Un arbitraje lamentable y asqueroso.

Listón desigual en las faltas, criterio distinto en las tarjetas y no digamos ya en las caídas dentro del área. Estaba con ganas de pitar un penalti a los encarnados desde que saliera de su casa en Italia.

La amarilla a Tchouaméni en el minuto 2, una broma. El codazo de Dedic a Vinícius, nada. Tampoco era el penalti de Bellingham a Prestianni y lo pitó. El del VAR le hizo pasar vergüenza ajena. Al final del primer tiempo, Otamendi cayó por nada ante Tchouaméni y ahí ya sabía que el VAR no podía entrar. Peligrosamente preparado su acción para decretar pena máxima. Vomitivo.

En la segunda parte acribilló a tarjetas a los blancos. Asencio dos y a la calle. Rodrygo se debió de acordar de su madre y enfiló también los vestuarios. Si caía un jugador madridista, que se levantase, si era un benfiquista, falta. Como la última de Bellingham a Aursnes que te entra la risa floja al verla. Los otros que se marcharon amonestados fueron Huijsen, Carreras y Dahl.

Una actuación de un verdadero golfo. Poco más que añadir. Omitiremos su nombre en la calificación porque ni se merece tratarle con respeto.

El italiano, DESPRECIABLE.

Muchos recuerdos de la Décima asomaron en Lisboa. También anteriores. El principal, Mourinho, entrenador rival. El reencuentro con Arbeloa fuera del campo terminó en abrazo antes del inicio; el del combate sobre el campo, en una batalla mejor dirigida y ejecutada por el Benfica, que anotó el gol que lo clasificaba para la siguiente fase de Champions merced a un tanto de su portero en el minuto 97.

El técnico blanco repetía la idea del último once, con Tchouaméni en lugar de Camavinga. A la lluvia no la alineó nadie, pero se empeñó en participar con saña.

Dos minutos. Primera falta. Primera tarjeta. Para Tchouaméni. Meh. Condicionante. Cuatro minutos más tarde, barullo en el área pequeña blanca a la salida de un córner, Otamendi tocó y Araújo la echó fuera milagrosamente para el Madrid. Después, codazo de Dedic a Vinícius. Esta vez no hubo tarjeta. Vaya. A la segunda tarascada sobre el brasileño, de Barreiro, no le quedó más remedio que mostrarla a Davide Massa.

Ambos equipos se presionaban y se contraatacaban alternativamente como dos amantes acompasados sobre una pista de hielo. A la docena de minutos, Pavlidis se quedó solo frente a Courtois, pero controló mal. Después, Vini no logró armar un disparo peligroso. Acto seguido, Prestianni se arrojó al suelo y Massa pitó penalti. Jude no le había tocado, incluso despejó el balón y fue el jugador del Benfica quien golpeó al inglés. Fue tan nítido que desde el VAR le avisaron y el trencilla hubo de desdecirse.

Antes del 20', Arda filtró a Jude un balón brillante. Bellingham no pudo proporcionarle un final feliz a la jugada. Quien sí se lo proporcionó fue Courtois, que obró otro milagro al rozar un trallazo de Prestianni que se colaba por la escuadra y desviarlo al larguero. El Benfica llegaba con muchísima facilidad y la mejor noticia hasta ese momento era no haber encajado ningún gol.

La respuesta, un cañonazo de Güler que no cogió puerta por centímetros tras entrada criminal de Otamendi a Jude. El árbitro dejó seguir, pero no amonestó después al bonaerense.

Los de Arbeloa comenzaron entonces una larga jugada. El Benfica estaba atrincherado y no cedía ni un resquicio. Hasta que Asencio centró perfecto desde la derecha y Mbappé remachó de cabeza a la red. 0-1.

El propio Asencio anduvo cerca de ampliar la ventaja poco después. Lo evitó Trubin con una estirada espectacular y efectiva.

El Benfica quedó tocado, pero por poco tiempo. Pavlidis sentó a Asencio sobre el agua, la colocó en la cabeza de Schjelderup y este anotó por debajo de las piernas de Courtois. Contra mourinhera de libro.

El Madrid se libró del 2-1 tras otro ataque directo del Benfica que no acabó en gol porque Fede lo evitó con la cadera con Thibaut ya batido. Y después, Barreiro erró de cabeza solo a un metro. Llovía fuerte en todos los sentidos.

Los de Mou estaban desarbolando al Madrid por el flanco izquierdo blanco. Con apenas dos o tres toques creaban ocasiones nítidas.

Pero como Massa se había quedado con ganas de pitar su penalti, aprovechó uno de los cien rifirrafes que hay en todos los córners para inventarse una pena máxima de Tchouaméni a Otamendi. Se encargó de transformarla Pavlidis. 2-1.

batalla mejor dirigida y ejecutada por el Benfica, que anotó el gol que lo clasificaba para la siguiente fase de Champions merced a un tanto de su portero en el minuto 97. El Madrid, clasificado pero fuera del top 8

Descanso. El Benfica había remontado y acogotado al Madrid bajo la lluvia aprovechando las debilidades de los de Arbeloa. Los blancos se marchaban a la caseta solo un gol abajo —para las oportunidades sufridas— y debían reaccionar para no poner en riesgo la entrada en el top 8 de esta primera fase de Champions y así despejarse algo el calendario. Pero Mourinho no se lo estaba poniendo nada sencillo, su equipo se jugaba el ser o no ser.

La segunda mitad comenzaba con Camavinga calentando en la banda y una oportunidad de cabeza de Vini tras romper la jugada Mbappé como un búfalo y colocar un centro algún centímetro más alto de lo preciso para la estatura del siete, que no pudo dirigir el balón hacia abajo. Los lusos no tardaron en responder con un chut. Thibaut acunó el balón.

El Madrid estaba apretando y, según el criterio mostrado por el colegiado, debería haber señalado penalti sobre Kylian. Mourinho, que es perro viejo, sabía que a la contra podía hacer mucho daño. Así fue. Otra salida veloz concluyó con un disparo raso de Schjelderup ajustado al palo derecho de Thibaut que supuso el 3-1.

Arbeloa movió el banquillo y realizó dos cambios: Rodrygo por Mastantuono y Camavinga por Tchouaméni. No pasó mucho tiempo hasta que a un taconazo de Goes le siguiese una buena acción de Güler que sirvió a Kylian para que acortase distancias. 3-2. Mbappé anota dos goles por cada media ocasión. Pero era necesario más, mucho más, para vencer este partido.

Massa estaba realizando un arbitraje caserísimo, ideal para la agresividad de los portugueses. Jugadas como un duro pisotón de Otamendi a Vini se saldaban, en el mejor de los casos, con falta. El Madrid veía amarillas por desplazar el balón. El Benfica aprovechaba la permisividad arbitral para perder todo el tiempo del mundo. Les servía tanto para que el encuentro terminase antes como para cortar el ritmo de los blancos como para tomar aire.

El brasileño desde lejos y el inglés desde cerca gozaron de sendas ocasiones, ninguna de ellas con excesivo peligro. En la otra portería, otra acción meliflua de Huijsen propició una clara oportunidad lusa.

Dean, Carreras y Güler, fuera; Alaba, Brahim y Cestero, dentro. Restaban diez minutos más la prolongación. Sin el turco el Madrid perdía bazas en ataque y Courtois evitaba otro gol.

Por el Madrid remataban ora Kylian, ora Brahim, pero entre el balón y la portería Mourinho había colocado varias docenas de soldados que impedían, como un entramado, que la pelota llegara siquiera al guardameta.

Al filo del 90', un gol del Sporting de Portugal dejaba al Madrid fuera del top 8. Quedaban cinco minutos para evitar dos partidos. El Benfica también necesitaba un gol, pero para entrar en el top 16.

Un par de minutos después, segunda amarilla para Asencio. Más difícil todavía. Luego, Rodrygo a la calle por protestar. Imposible.

Y precisamente lo imposible pasó: Trubin, guardameta del Benfica, anotó el cuarto de cabeza en el 97 y clasificó a los de Mourinho para la siguiente fase de la Champions. El maestro se salió con la suya, empujó al Madrid fuera del top 8, aunque los blancos también pusieron de su parte para terminar así.

El Madrid se clasifica, pero deberá disputar dos encuentros extra, algo rentable para todos menos para el propio Madrid.

 

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En pleno cambio de milenio, cuando Bilbao se reinventaba a marchas forzadas, nació La Octava de Bilbao: la primera y hasta hoy única peña madridista de la ciudad. Aquellos valientes que se atrevieron a lucir la camiseta blanca en Otxarkoaga no solo fundaron un club de aficionados, sino que plantaron una txapela tanto en Madrid como en la historia local.

Al principio no todo fueron alegrías: en los viejos tiempos de San Mamés no solo cayeron miradas recelosas… pero veinticinco años después, La Octava sigue en pie, y ha crecido en un Bilbao que es cruce de su pasado industrial y su modernidad, y está aprendiendo a vivir cada vez mejor con sus contradicciones.

¡Y ahora, como siempre en esta sección, le paso el bolígrafo a Alberto García Gómez, presidente de la peña! ¡Que nos cuente en primera persona cómo es ser madridista en territorio athleticzale!

Allá por el año 2000, el Real Madrid C.F. ganó en París su octava copa de Europa.

En las calles de Vizcaya fueron pocos los madridistas que salieron a celebrarlo, pues el simple hecho de llevar una camiseta del Real Madrid era motivo para tener problemas, pero entre ellos hubo un grupo de valientes que decidieron ir más allá y fundar la primera peña madridista en la historia de Bilbao.

La acogida en el barrio (Otxarkoaga) fue buena. Pronto empezaron las primeras incorporaciones de nuevos madridistas, pero... faltaba el plato fuerte.

Aprovechando un desplazamiento del equipo a Bilbao, fuimos recibidos por el presidente del Real Madrid Florentino Pérez.

Aquel día le regalamos una txapela de nuestra peña al presidente y desde entonces se convertiría en nuestro más reconocido símbolo.

Florentino peña La Octava de Bilbao

Aunque los comienzos no fueron un camino de rosas.

En el ambiente siempre estaba presente la presión de los que no aceptan a los que piensan diferente a ellos. Pero ese rechazo de una parte de la sociedad fue lo que nos dio más fuerza y más ganas aún de seguir apoyando a nuestro equipo, el Real Madrid.

Recuerdo la primera vez que acudimos al viejo San Mamés y nos tiraron un petardo desde el fondo norte.

Aunque de todo hay en la viña del Señor y también había anécdotas graciosas, como la de aquella celebración de la novena Copa de Europa en la Plaza Moyúa de Bilbao. Estábamos bañándonos en la fuente y aparecieron dos furgones de la Ertzaintza. Se pararon delante de nosotros, abrieron la puerta y cuando pensábamos que nos iban a multar... gritaron ¡Hala Madrid! y se marcharon.

Pero ya quedaron atrás aquellos tiempos difíciles. Ahora cada vez que el Real Madrid visita nuestra ciudad, damos en nuestra sede un lunch gratis para todos los peñistas venidos desde otras ciudades y después vamos juntos en metro al estadio, algo impensable hace no tanto tiempo.

Hoy por hoy nuestra peña está más viva que nunca. Una muestra de ello ha sido el éxito que ha tenido recientemente la celebración de nuestro 25.°Aniversario, con peñas invitadas de diferentes puntos de España, incluso alguna del extranjero. Además, nos acompañó el exjugador Paco Bonet y el canal de peñas del Real Madrid, el cual nos hizo un bonito reportaje.

También recibimos vídeos de peñas que no pudieron asistir pero que quisieron felicitarnos.

Y lo más emocionante para nosotros: vídeos de Emilio Amavisca, Iván Helguera, Jose María Gutiérrez "Guti", Iker Casillas, Vicente Del Bosque, Steve McManaman, Christian Karembeu, Iván Campo, Savio Bortolini, Luis Milla... Todos ellos felicitándonos por esos 25 años y dándonos ánimos para continuar.

A día de hoy seguimos siendo la única peña madridista en Bilbao.

Siempre con la misma ilusión y ganas de acoger a todos los madridistas que pasan por nuestra ciudad, ya que por nuestra sede han pasado madridistas venidos de todos los lugares.

Para nosotros es fundamental que el Real Madrid tenga un punto de encuentro en la capital vizcaína y poder mantener viva la pasión merengue.

Sentimos una gran responsabilidad al saber que seguimos siendo la única peña en la ciudad, pero a la vez es un orgullo enorme, que solo lo pueden comprender los aficionados que viven en territorio antimadridista.

La gente joven se está animando y cada vez somos más socios en "La Octava".

Desde aquí animamos a que se apunte más gente y así poder mantener vivo el espíritu de nuestro equipo y llevar sus valores por bandera.

Viva "La Octava de Bilbao" y... ¡Hala Madrid!

 

Fotografías: La Octava de Bilbao

 

En capítulos anteriores:

 

  1. Malta
  2. El 7 de Dublín
  3. Peña Gentino
  4. Peña NYC
  5. Peña Madridista Italiana
  6. Peña Madridista de Burdeos
  7. Peña Madridista Central London
  8. Peña El Buitre de Toledo
  9. Peña Madridista de Paterna
  10. Peña Pamplona Blanca
  11. Peña Madridista Con Sangre Blanca
  12. Peña Madridista Los Vegueros de Gran Canaria

Brad Branson, exjugador estadounidense de baloncesto, ha fallecido hoy a los 67 años. En España militó en el Real Madrid y en el Pamesa Valencia. Vistió la camiseta blanca entre 1986 y 1988, periodo durante el cual ganó una Copa Korac. Fue una figura muy querida por aficionados y compañeros, recordado por su bondad y gran corazón. Descanse en paz.

Por más que esté uno preparado por la vida, hay noticias que te parten como un rayo. Porque las personas nos vamos cruzando con compañeros y amigos por la vida, con gente interesante y con la que conectas por asuntos en los que coincides. Es un juego aleatorio en el que nunca sabes quién te aguarda a la vuelta de la esquina, quién puede aparecer o desaparecer para siempre. Aunque, ya se sabe, mientras alguien los recuerde, nunca se van.

Porque los seres humanos no vivimos sólo de la materialidad, de lo que podemos comprobar o sentir. Nuestra grandeza es que podemos crear mundos virtuales, esferas afectivas. Somos capaces de trascender los momentos que vivimos para modelarlos en nuestra memoria. En la mía, Brad Branson es un corazón andante, una sonrisa permanente, un luchador, un estadounidense que quiso buscar su suerte en un mundo más pequeño y que por eso aprendió nuestra lengua que nunca dejó de hablar con ese acento americano que camina con la persona para hacerse querer o ser odiado.

Brad se hacía querer y mucho. Simpático y gran compañero, bromista y encajador de bromas, Brad era un tipo hecho y derecho, un amigo que se hacía querer, una persona de las que uno coloca en lugar preferente en su paraíso de gente querida.

Por eso, uno lamenta la pérdida, la llora, qué cojones, porque le asaltan los recuerdos de tantos días juntos, de tanto alegrarse y sufrir por lo mismo. Y porque uno añora, cómo no añorar, los años de juventud en un vestuario, el olor a sudor y la niebla de las duchas. Tantas vivencias con Brad, tantas conversaciones todos juntos.

Pero, al fin, no somos más que motas de polvo frágil en el Universo, de destino corto e incierto, de vidas que a veces parecen hermosas y otras se vuelven ásperas y laberínticas. La suerte de nuestro poder simbólico es que ahora, Brad ya está en mi paraíso, fuerte como un roble, hermoso como un Hércules, digno como un Sócrates. Como alguien que siempre cumplió en lo afectivo, en la amistad y en las empresas que tuvimos juntos. Como alguien a quien recordar. Como alguien a quien querer.

 

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Buenos días, amigos. Hay escenas que explicitan una realidad mejor que cientos de tratados al respecto. Un ejemplo perfecto son las ratas campando a sus anchas por el césped del Camp Nou. No, no estamos tildando de animales de alcantarilla a los aficionados que acuden al estadio azulgrana. Tampoco a los futbolistas que desempeñan su labor allí. Las ratas, en cambio, sí sirven como ratificación moral de la gestión de Laporta —y cómplices— en el FC Barcelona, club epítome de la salud del fútbol español.

¡Pequeño problema en el Camp Nou! 🫣🐀

Captamos unas invitadas que seguro no se querían perder la #BenditaChampions. 😱

📲 @StreamMaxLA: https://t.co/JQG7BTvG44#TNTSportsEnHBOMax pic.twitter.com/HQgjJJQozu

— TNT Sports México (@tntsportsmex) January 27, 2026

El balompié patrio es un ecosistema complejo en el que las ratas siempre han estado presentes de uno y otro modo. Aunque lo habitual era que no se dejasen ver a plena luz (algo parecido a lo que sucede con los vampiros). Sin embargo, tal vez la impunidad con la que estos animalillos han ido royendo la credibilidad del sistema de manera impune los haya envalentonado.

Las ratas —junto con otras monerías como las cucarachas— suscitan en el ser humano un miedo atávico, por tanto anterior a 1984. En este universo orwelliano, el Camp Nou se convierte en una suerte de Habitación 101.

Estos seres simbolizan la falta de limpieza, una de las características principales del modo de dirigir el club de Jan Laporta. Una manera de actuar, con escaso respeto por normativas, leyes y ética, que solo puede llevarse a cabo porque quienes se encargan del control de plagas no hacen su trabajo.

Ni Tebas ni el presidente de turno de la RFEF ni organismos supranacionales han puesto freno, de momento, a las trapacerías de este Barça, que sigue compitiendo sin consecuencias después de haberse comprado el sistema arbitral durante décadas y tras no respetar ningún tipo de fair play financiero o de otro tipo.

Las ratas son síntoma de que una peste asola el fútbol español. Y el simpático vídeo viral, la metáfora perfecta.

Por poco se nos va el santo al cielo y no hablamos de nuestro libro: las portadas.

Hoy a las 21:00 se disputa la última jornada de la primera fase de la Champions. Al Madrid podría servirle el empate para entrar en el top 8 y aliviar la carga de partidos. Pero el Madrid es el maldito Real Madrid y viaja a Lisboa con la victoria entre ceja y ceja.

Allí, ya sabéis, espera el Benfica de un viejo amigo: Mourinho. Ha querido el destino, la suerte o quien maneje los hilos de los acontecimientos que el equipo blanco llegue entrenado por Arbeloa, algo más que un expupilo para José.

Ambos técnicos, dado  que siempre han sentido aversión por las ratas y han intentado eliminarlas, están siempre en el punto de mira de la prensa. Ayer no fue menos y trataron de malmeter. Mou declaró que Álvaro ha sido de los mejores hombres que ha tenido como entrenador y Arbeloa sentenció que el portugués es, fue y será Uno di noi. Arbeloa y Mou. Due di noi

La casualidad también ha querido que este reencuentro se celebre en el estadio donde se consiguió la Décima, Champions que iniciaba quizá el mayor ciclo glorioso de la historia del Real Madrid. Una etapa cuyas bases cimentó José Mourinho.

Agradecimiento eterno, pero hoy, sin piedad. A ganar al Benfica.

Pasad un buen día.

Esta noche el Real Madrid disputa frente al Sport Lisboa e Benfica su último partido de la fase inicial de la Champions. Empatado con el Liverpool, el Madrid es el tercero de la clasificación, se juega poco en lo matemático pero mucho en lo futbolístico. Por su parte, el club lisboeta sí que ha de dar lo mejor de sí mismo para poder lograr el milagro de pasar de fase. El equipo entrenado por José Mourinho necesita la victoria como el comer. No será nada fácil ganar en ese estadio tan lindo que es el Estádio da Luz, donde hace ahora casi 12 años ganamos nuestra amada Décima.

Esta noche los madridistas nos volvemos a encontrar con un viejo amigo que nos lo dio todo. Mourinho llegó en un momento muy complicado para la entidad. Lo hizo a cambio de gloria, nada más. El luso venía de ganar absolutamente todo con el Inter y era capitán general en Milán. Y además, el técnico portugués era incontestablemente el entrenador más prestigioso del fútbol mundial. Tras sus éxitos con el Oporto y Chelsea, el Inter de Mourinho era el equipo más rocoso del continente.

Lejos de ser exhaustivo, simplemente conviene añadir que la llegada de Mourinho supuso un impacto emocional similar al de Cristiano Ronaldo. La estrella del fútbol mundial también dejó un United que era el mejor equipo del mundo y un estatus de héroe en Manchester. Sinceramente, creo que el madridismo no ha sido consciente de lo que ambos nos dieron en su momento. Tal vez todavía sea pronto para racionalizar la magnitud del paso de estos dos hombres por el Real Madrid. Algún día los trovadores cantarán sus gestas.

Y es que en el fútbol, como en la vida, la autoestima lo es todo. Las dinámicas lo cambian todo. Hace no tanto, estos jugadores parecían lánguidos, desmotivados, perdidos. Más allá de los resultados negativos, el equipo no transmitía seguridad. El horizonte de la temporada se antojaba color té y nuestra realidad, color de hormiga. Pero el material humano puede verse enriquecido por un nuevo brío: no es baladí pensar que un nuevo staff comandado por un líder natural puede llegar a insuflar energías nuevas.

la llegada de Mourinho supuso un impacto emocional similar al de Cristiano Ronaldo. el madridismo no ha sido consciente de lo que ambos nos dieron en su momento

Es decir, una vez más el fútbol nos demuestra que el teórico muerto está más vivo que muchos vivos. Arbeloa ha llegado en el momento justo. Junto a su equipo y Pintus, el canterano parece saber dar con la tecla justa. Obviamente, las cosas no suceden por arte de magia ni tenemos que tirar las campanas al vuelo. Simplemente analizamos la actualidad y la dinámica positiva del Madrid desde que llegó Arbeloa es la que es.

Arbeloa, Esparta y Juanito

Porque no es fútbol ficción si hablamos de futuribles, pero sí que lo parece cuando pronosticamos títulos gordos. A estas alturas, sí que tenemos poco margen porque la temporada ya tiene su curso y el relevo en la dirección técnica ha llegado cuando ha ocurrido. Todavía hay margen de tiempo para competir por La Liga y la Champions.

Lógicamente, resulta más sensato apostar nuestra suerte en el campeonato nacional pues estamos a un punto del líder. El nivel en España es el que es y sinceramente temo más a los despachos que a los clubes. El Madrid con algo de tino es capaz de ganar el 90% de los partidos. La Champions ya es otro cantar. En la Copa de Europa hay demasiados intangibles como para obviar la dificultad de la empresa. Y además, casi todos los posibles cruces nos exigirán rozar la excelencia en nuestro juego. Suficiente tenemos con recuperar los lesionados, prolongar nuestra racha y hacernos fuertes con nuestras virtudes. Poco a poco. Esta noche Lisboa, quizás mañana Budapest. Dios así lo quiera.

 

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1- Sistema de juego

 

Última jornada de la fase de liga de la Champions League y el Real Madrid visita Da Luz, un estadio de grandes recuerdos. Su rival, el Benfica de Mourinho. Una final para ambos equipos en la búsqueda de sus objetivos. El de los blancos, el top 8, el de los encarnados, el pase a la ronda de playoff. Al Real Madrid la victoria le clasifica y un empate es muy posible que también. Al Benfica solo le vale vencer y esperar otros resultados positivos para sus intereses.

Mourinho tiene algunas bajas importantes, como la del colombiano Richard Ríos, el belga Lukebakio y el danés Bah. El técnico portugués puede utilizar varios sistemas diferentes, aunque viene utilizando un 1-4-2-3-1 en su estancia en el conjunto lisboeta. El posible once sería el formado por Trubin; Dedić en el lateral diestro, Otamendi y Tomás Araújo como centrales, Dahl de lateral izquierdo; un doble pivote con Enzo Barrenechea y Aursnes; Prestianni escorado a la derecha, Leandro Barreiro a la izquierda y Sudakov por detrás del punta Pavlidis.

 

2- Presión

 

A Mourinho le gusta presionar fuerte en la salida y en su estadio, ante su público, con un equipo como el Madrid y por lo que se juegan es seguro que saldrán muy fuertes los primeros 10-15 minutos de encuentro. Si lo hacen bien pueden poner en dificultades a los blancos y conseguir algún rédito. El cuadro de Arbeloa, si supera la presión con éxito en pocos toques o con cambios de orientación, puede abrir una rendija fantástica para crearle ocasiones y goles. Con una salida limpia, rápida y precisa los encarnados pueden llegar tarde y quedar desorganizados. Una máxima del técnico portugués es apretar y apretar si se dan las circunstancias adecuadas, y aunque el Real Madrid es un equipo superior seguro, que trata de ponerle presión.

3- Salida de balón

 

A la hora de sacar el cuero, lo primordial que buscan con más ahínco es la eficiencia y la buena ejecución. No se entretienen ni se complican en exceso y optan por salir jugando con celeridad, ya sea a ras de suelo, si es posible, o si lo consideran adecuado mediante un balón largo a su hombre boya, el griego Pavlidis, que es fuerte, corpulento y potente.

Frente al Real Madrid se espera a un equipo benfiquista caracterizado por un juego de transiciones rápidas, con la finalidad de que el balón llegue lo antes posible a las bandas y buscar el 1vs.1 contra los laterales en jugadores hábiles, como el argentino Prestianni, el ucraniano Sudakov y el luxemburgués Barreiro. Así evitan pérdidas comprometidas e innecesarias en las proximidades de su portería y se saltan la presión rival. En caso de perder el balón, lo más positivo para el Real Madrid es que se puede encontrar un equipo largo y espacios interesantes para profundizar. Tampoco es un conjunto que se olvide del cuero, y su doble pivote tiene capacidad y calidad para conseguir posesiones y asociarse.

 

4- Parcela defensiva

 

El cuadro encarnado es un equipo irregular en este aspecto. Tiene días en los que demuestra solvencia y contundencia y otros en los que recibe goles y concede muchas ocasiones. Los centrales son una pareja que se complementa, con juventud en Araújo y mucha veteranía en Otamendi. La baja de Carreras les ha hecho daño en el lateral izquierdo, y en el diestro juega el bosnio Dedić, aunque ya ha debutado la joven figura lusa en ese puesto el pasado fin de semana, el poderoso Daniel Banjaqui.

En siete encuentros ha recibido 10 tantos y tras dos partidos sin encajar frente a Ajax y Nápoles, en Turín volvieron a estar frágiles atrás. Le está costando a Mourinho formar una defensa fiable y expeditiva, y en Europa eso se paga. En el medio son dos jugadores con nervio y correosos, pero les falta alguien con más fuerza y quite. De todas formas, se verá un equipo solidario, que repliega muy junto y que en muchos tramos del Madrid con balón estará en un bloque medio-bajo. Por arriba, son un conjunto que tiene tres o cuatro jugadores bastante poderosos en el juego aéreo.

Benfica

5- Aspecto ofensivo

 

El gol es un gran debe del Benfica respecto a pasadas temporadas. Han tenido bajas importantes en el ataque y lo han notado. Sigue en la plantilla el griego Pavlidis, que acumula muchos tantos del equipo, pero le faltan acompañantes para el gol. Su media es de menos de un gol por jornada en la Champions, con seis dianas en siete encuentros. Solo hay cuatro conjuntos con peores guarismos. Disponen de jugadores con buena técnica, habilidad, regate y velocidad como Prestianni, Barreiro, los suplentes Rafa Silva y Schjelderup, pero que les cuesta atinar de cara a puerta. El futbolista a tener en cuenta es el griego Pavlidis, que si está entonado es un jugador muy peligroso. Mourinho va a plantear un partido en el que buscar peligro por los costados, ya sea en velocidad, acciones individuales o diagonales. Otro aspecto en el que pueden intentar hacer daño al cuadro madridista será en las jugadas de estrategia.

 

6- Estilo de juego

 

En el librillo de Mourinho siempre apareció en rojo el ritmo alto, la intensidad, agresividad defensiva y la rapidez ofensiva. El portugués aboga por ser fuerte, poderoso en los duelos, muy competitivo en todas las líneas y ser un equipo vigoroso y decidido. El Benfica tratará de aprovechar los espacios, ser muy vertical y vertiginoso en sus contraataques. Si para ello hay que jugar en largo, buscar segundas jugadas e ir al límite en cada acción, al portugués ya no se le caerán los anillos. El Benfica tiene jugadores veloces, con pausa y talento para conseguir contras en pocos toques antes de que el Real Madrid pueda ordenarse. Será un partido exigente y el Benfica competirá. Solo ha conseguido un triunfo en su feudo y necesita los tres puntos para tener opciones de llegar a la fase de playoff.

7- Hombre clave

 

El griego Pavlidis es un delantero sin mucho nombre en Europa, pero de mucho nivel. Ya lo lleva demostrando temporada y media en Lisboa, como antes lo hizo en la Liga neerlandesa defendiendo los colores del AZ y el Willem II. Su curso hasta ahora es brillante con 26 goles, aunque la mayoría son en la Liga local: 19. En Champions le está costando y solo ha conseguido un tanto. Es un delantero muy fuerte, potente en carrera y correoso. Remata muy bien con ambas piernas y la cabeza, se mueve con inteligencia, va bien por arriba, tiene interesantes movimientos en el área y fuera de la misma, también sabe jugar y realiza en cada momento lo que le pide su equipo. Un punta a seguir y que no es descartable que pronto dé un nuevo salto en su carrera y abandone Portugal en la madurez de su vida deportiva.

 

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