Permítame el galernauta que me hace la gracia de leerme contarle una historia.
El abajo firmante ha sido parte de algunas de las más incomparables plantillas del orbe. Me honra poder decir que he pertenecido a inmejorables grupos humanos que, además, jugaban al fútbol. De hecho, igual que parece que ocurre con la actual nómina de jugadores del Real Madrid, el balompié ejercía como vínculo.
Quizá la principal diferencia es que nosotros pagábamos por jugar, mientras que los jugadores de nuestro club cobran, bastante bien, por ello. Nosotros nos conjurábamos bastante a menudo y no resultaba noticiable. En el Glorioso, que es como voy a referirme a tan magna escuadra, las concentraciones y conjuras tenían lugar en torno a cantidades obscenas de whisky de 600 pesetas, tambaleantes entradas en discotecas y no menos accidentadas salidas. Pocas cosas unen más que jalear y ser jaleado mientras vomitas tras una ingesta etílica lindante con el patetismo. El hombre de la arcada debía de sentirse como Cacaíto Rodríguez en el Giro cuando una masa de gente lo animaba, destacando entre ellos el tarado vestido de diablo. Más o menos.
Los conjurados estábamos más centrados en disputar dos, y a veces tres, partidos en un día; terminar el último; y salir corriendo con todas las prisas del orbe para llegar a casa, ducharnos y estar puntuales en el bar antes de la discoteca de tarde. Había que perfumarse. En todos los sentidos.
Espero, por su bien y por el nuestro, que la reciente cena de la primera plantilla del Real Madrid haya marchado por otros derroteros, si bien pocas cosas hay más divertidas que esos eventos
Como jugábamos en Las Rozas y alrededores y varios éramos de Madrid centro, no era raro que los viernes por la noche dejáramos las mochilas en el coche de algún compañero si el partido era a las nueve de la mañana. La llegada al campo sólo es comparable a Evasión o Victoria si la hubiera dirigido Sam Peckinpah. Pijines demacrados, aún engominados; algunos con restos de brillantina en la cara de las niñas a las que nos intentamos arrimar, casi siempre sin éxito. El look se completaba con un pitillo en la mano —la de la mochila— y, a modo de poción mágica de Astérix, una copa aguada en la otra.
Un compañero apareció un día con el partido ya empezado y, preguntado por su retraso, explicó que había hecho un recto en la rotonda antes de llegar al campo. Su AX (léase AX, no A Equis) había quedado en el centro, con la dirección partida. Ese hombre es el mismo al que me he referido en alguna ocasión como la mayor autoridad viva en punk melódico noventero. La decisión fue evidente: como un ranger, no iba a dejar solos a sus compañeros. Llegó andando, y luego ya veríamos cómo solucionar lo del vehículo autopropulsado de combustión interna.
Como seguro comprenderá el lector, el anecdotario es rico, vasto y basto a partes iguales. Recuerdo a un defensa rival quejándose al árbitro porque le picaban los ojos al acercarse a uno de nuestros delanteros. Gritaba que un tío en ese estado no podía jugar. Lo siguiente que ocurrió es que ese atacante dipsómano que ofendía pituitarias sensibles metió cuatro goles.
En cambio, en el equipo de fútbol sala los cambios se pedían para salir a la banda a echar un pitillo, dar un trago a la litrona y volver al campo como si ese fuera nuestro medio natural —la taberna—, para continuar con nuestra cátedra de fútbol posicional fiado a la técnica y no al físico. Menos aún al químico.
Espero, por su bien y por el nuestro, que la reciente cena de la primera plantilla del Real Madrid haya marchado por otros derroteros, si bien pocas cosas hay más divertidas que esos eventos. Resulta más que mandatorio el matiz de que este tipo de reuniones suelen, en el fútbol profesional, constituir una reacción a situaciones críticas. No deja de ser una reunión en la que exponer la existencia de un problema, sentar las bases del protocolo de solución y asignar responsabilidades y compromisos necesarios para, al menos, intentar finalizar la temporada con más dignidad que la mostrada hasta el momento.
Que así sea.
Buenos días, amigos. Como os contábamos ayer, la ausencia total de jugadas polémicas en el partido de Mestalla obligó a la prensa deportiva patria que padecemos a hurgar en los bolsillos en busca de cuestiones controvertidas que pudieran herir al Madrid y enturbiar su victoria (0-2), y dieron con Dani Carvajal.
Carvajal, futbolista por cuya trayectoria y persona sentimos devoción, como corresponde con uno de los únicos cinco futbolistas que se han adjudicado seis Champions Leagues, apenas ha vuelto a jugar desde que volvió de una lesión gravísima. De hecho, por lo que se ve hasta el momento, el que ha vuelto no ha sido Carvajal, o al menos no el Carvajal que conocíamos. Esto es normal, dada la extrema gravedad de la lesión sufrida y la edad del deportista. Lo que no es normal es la presión que ciertos periodistas, curiosamente los más antimadridistas, están tratando de ejercer sobre Álvaro Arbeloa bajo la pretensión de que debe darle la titularidad, o al menos más minutos.
Marca se acerca con cautela al asunto en su primera plana de hoy, informando acerca de un encuentro entre entrenador y subordinado en el día de ayer, encuentro diseñado con el fin de limar las posibles asperezas.
Nosotros creemos en la libertad del entrenador del Madrid (sea Arbeloa o el que ocupe el cargo en cada momento) para alinear al lateral derecho que estime oportuno teniendo en cuenta todas las variables que estime convenientes. Ídem para laterales izquierdos, centrales, mediocentros, interiores zurdos o diestros, mediapuntas reconvertidos o no, extremos a pierna cambiada o persistente y nueves falsos o verdaderos. Ídem para porteros incluso, no en vano recordamos perfectamente la etapa en que se pretendía que José Mourinho no alineara al guardameta que consideraba apropiado, hiriendo (supuestamente) el prestigio de un héroe nacional como Casillas.
Este caso se parece alarmantemente a aquel. La prensa deportiva patria que padecemos parece creer que el Real Madrid es una empresa pública que está ahí para allanar el camino de los éxitos de la Selección Española de Fútbol, dando a su lateral derecho titular los suficientes minutos para garantizarse su presencia en el Mundial. Sucede que la misión de Arbeloa no es esa, sino precisamente la de alinear en cada partido al lateral derecho que en su criterio pueda ser más útil en el planteamiento general del mismo. La mejor prueba fue el propio partido de Mestalla, en el cual, desoyendo lo sonoro de los nombres a su disposición (tenía para ese puesto a Dani, pero también nada menos que a Trent Alexander-Arnold y al propio Valverde), optó por la sorpresa del canterano Jiménez. (Spoiler: le salió bien).
El fútbol no atiende a méritos pretéritos. Carvajal debe ganarse el puesto de nuevo partiendo desde cero. Estamos seguros de que no está detrás de la campaña de la prensa en su favor, como lo estamos de que Casillas, en su momento, no lo estaba tras la que tanto le favoreció. En el Madrid eres tan bueno como tu último partido. Quizá esto sea demasiado optimista y la cosa sea más exigente aún: como tu próximo partido. No solo Dani sabe esto, sino que lo apoya, y toda su vida deportiva ha sido un ejemplo de interiorización de ese mensaje.
A partir de aquí, que juegue el mejor, en el lateral derecho y en el resto de puestos. Y “el mejor” no significa quien mejor palmarés tenga, sino quien mejor esté en cada momento. Pretender que Carvajal, leyenda del Real Madrid, se rija por otra regla distinta de esta supone ser absurdamente condescendiente con él. Carvajal es, de hecho, la mejor representación viva de la validez de la regla, el ejemplo más paradigmático de la misma.
Tanto Marca como As reservan diminutos apartados a la cena de “conjura” que, con el propio capitán Carvajal a la cabeza, tuvo lugar ayer en el centro de Madrid. Muchos madridistas se ríen o hasta temen estas “conjuras”. A nosotros lo único que nos disgusta es que acabara tan tarde (2AM). Por lo menos los jugadores salieron y se metieron directamente en sus coches, sin cambiar de acera. La madrileña calle de José Abascal la carga el diablo, y no solo por los atascos.
Hoy vamos a terminar, sinceramente removidos por dentro a causa de su entrevista en Mundo Deportivo, ofreciendo toda nuestra solidaridad y apoyo a Araujo. Lo que ha sufrido (en la propia portada podéis verlo) es incalificable, y cuando alguien pasa por situaciones así lo menos que puede sufrir es trastornos de salud mental como los que ha padecido el central uruguayo. Vivimos en un mundo que ha enloquecido por completo, y la más clara señal de esa demencia vil está en las redes sociales.
Si nos lo permite, queremos enviar un fuerte abrazo a Araujo, con nuestra admiración.
Os dejamos con Deco en la portada de Sport. También habla de Araujo.
Pasad un buen día.
«Se nos rompió el amor de tanto usarlo», declamaba Rocío Jurado allá por 1985. Y no parece ser mal diagnóstico para los males de espíritu que sufre parte o gran parte (uno nunca sabe calibrar estas cosas) de la afición madridista. Perdida la fe y la ilusión —ingredientes clave en los flechazos—, no es tanto cuestión de números (el equipo está a punto del liderato y vivo en Europa), como de sensaciones. ‘No es lo que dices, sino cómo lo dices’, seguro que les suena.
Seguramente sólo basten dos ráfagas de sentido común para favorecer el reencuentro del Madrid con los suyos
«Me alimenté de ti por mucho tiempo, nos devoramos vivos como fieras; jamás pensamos nunca en el invierno, pero el invierno llega, aunque no quieras», decía la canción, y es imposible no retrotraerse al pasado cercano que todos tenemos en la cabeza. A los nombres que no hace falta ni mencionar y que un día pensamos que era normal que gobernaran el centro del campo de Chamartín. Aunque quizá sí se pensó en el invierno, pero no en el frío. La apuesta pasaba por el músculo y la fuerza, olvidando que lo más importante de un asalto viene después del robo, cuando has de pensar qué hacer con el botín (la pelota, por si no tuvo éxito la metáfora). Y ahí tienes que disponer de jugadores que vean luz entre las murallas ajenas, que construyan sociedades capaces de predicar los verbos más mortíferos del fútbol: crear, sorprender, inventar.
Celebraba parte de la prensa en la última fecha la recolocación de Valverde en el centro del campo “porque así cada pieza vuelve a su lugar”. Como si el fútbol guardara algún símil con el Tetris o respondiera a exactitudes matemáticas. En realidad, es más sencillo y seguramente sólo basten dos ráfagas de sentido común para favorecer el reencuentro del Madrid con los suyos. Una, no tocar lo que funciona. Si el uruguayo ha desplegado su mejor juego escorado en la derecha, seguramente como falso extremo derecho, ¿por qué ese empeño en amarrar sus alas como volante? Valverde, mal que le pese a él, a su entorno o al espíritu santo, es un jugador-bombero, de los que brilla cuando se requiere de acción y el terreno no es seguro. La segunda premisa es que si tienes un pie privilegiado entre tanto saco de proteína, el de Güler, seguramente no sea buena idea exiliarlo junto a la línea de cal. Que no es Modric. Que le falta cocción. Que no es para tanto. Lo que quieran, pero a día de hoy es de los pocos jugadores con linterna. Y al Madrid no le sobra ni luz ni poder de seducción. Veremos el sábado. San Valentín, por cierto.
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Todos los que alguna vez hemos tenido relación con el campo —me refiero al campo de verdad y no al que el urbanita se imagina cuando piensa en echar un fin de semana— conocemos la marca John Deere. Es el fabricante de tractores por antonomasia. Sus máquinas son robustas, fiables. Están hechas para que duren toda la vida, como se hacían las cosas antes.
Si Valverde, Tchouaméni y Camavinga fueran tractores, quizá serían tractores John Deere. Desde luego, los dos primeros sí, pues son fiables y robustos, jugadores para toda la vida, en particular Valverde. No sé yo si Camavinga, que lleva casi dos años con la consistencia en su juego de una vía de tren arreglada por el Gobierno de coalición y de progreso…
Recuerdo que una vez Toni Kroos se amoscó con Bernardo Schuster por decir que tenía la movilidad de un tractor. Y eso que Kroos, más bien, se parecía a uno de esos aviones de combate tipo Harrier, caracterizados por su «empuje vectorial». Que, en palabras de la Wikipedia, «es la capacidad de una aeronave u otro vehículo para dirigir el empuje de su motor en una dirección distinta a la paralela al eje longitudinal del vehículo».
Siendo, pues, muy generosos, el Madrid tiene un centro del campo poblado de tractores John Deere. En Valencia pudimos disfrutar de la puesta en escena del que será el mediocampo con el que el Madrid de Arbeloa enfrentará al Benfica por algo más que una plaza en los octavos de final de la Copa de Europa, pues de esa eliminatoria dependerá en buena medida la pelea por el título de liga, las altas y las bajas que se acometan en verano e incluso la próxima carrera electoral por la presidencia del club y, sobre todo, la salud mental de millones de personas en todo el mundo.
Contando con que alguien sano y con las dos piernas (y sus rodillas) en su sitio, esté disponible para jugar de lateral derecho, el trío Valverde-Camavinga-Tchou será el de la partida en el eje, el triángulo que estará en la base del juego del equipo en los partidos más importantes del año.
El Madrid está para ir tirando y para eso, este centro del campo es perfecto, porque ayuda a que atrás se consolide algo y que adelante se pueda crecer en torno al tándem Güler-Mbappé
Una nota al margen: el Madrid cuenta, ahora mismo en su plantilla, con los dos mejores laterales del fútbol europeo en la última década. Sin embargo, ninguno parece estar para titular, lo cual no deja de ser un chiste más bien amargo. Teniendo en cuenta que Carvajal, después de su devastadora lesión y con la edad que tiene, a lo mejor no llega ya ni al cincuenta por ciento del extraordinario jugador histórico que fue; y que Trent tiene esa cara desnortada y temerosa que se les pone a las estrellas inglesas de la Premier en cuanto salen de aquel ecosistema tan característico y brit del fútbol de las islas, ¿qué planificación deportiva soporta esto?
En Mestalla vimos un adelanto de lo que ese Madrid de hormigón, músculo y afrotrap puede darnos. Consistencia, desde luego. También aburrimiento. El Madrid tuvo en Valencia el ritmo y el dinamismo de un tractor labrando una parcela. Más que empuje vectorial, su centro del campo tuvo empuje centrípeto, empujaba hacia dentro y a nosotros, que lo veíamos desde el sofá de nuestra casa, nos empujaba a la cama: al proceloso mar de los lunes, a los grises afanes cotidianos, a la levedad del tiempo ordinario…
No es un Madrid que haga soñar, desde luego, más bien lo contrario. Pero a estas alturas el madridista ha de ser consciente de que no está para soñar sino para evitar tener pesadillas. Hay que ser humilde. Hay pocas cosas peores, para un madridista, que cortarle las alas a su imaginación: se me ocurre que un empate a cero y que lo entrene un vasco. El Madrid está para ir tirando y para eso, este centro del campo es perfecto, porque ayuda a que atrás se consolide algo y que adelante se pueda crecer en torno al tándem Güler-Mbappé.
Entre Valverde, Tchou y Camavinga apañan las coberturas, por lo que se puede contar con alguna alegría de los laterales «largos». Ya lo vimos con Carreras, que por momentos parecía incrustado en los tres cuartos de campo como un mediapunta más. Esto evoca las grandes praderas en las que habitaron los mejores laterales de la historia del Madrid: Roberto Carlos, Marcelo, Carvajal…
El John Deere nunca va a correr como un Ferrari, pero ¿es eso lo que ahora hace falta?
También se le ve un poco mejor a Huijsen, que se atreve incluso con conducciones largas y a subir hasta la bombilla del área del contrario. Su envergadura y su toque de balón son sus mejores bazas de cara al futbolista que podría ser y que probablemente será. Su mili está siendo dura. El Madrid es una bomba que pone a prueba hasta el carácter sosegado y chill de los zoomers. De esta temporada puede salir un jerarca. Me acuerdo de los primeros años en el Madrid de Ramos o de Marcelo.
En base a esa «formación tortuga», con Asencio-Huijsen sujetando y el triángulo antedicho flotando sobre ellos, el Madrid puede crecer. Sin ambiciones, recordando casi la defensa de 5 de Del Bosque en el 2000, con carrileros abiertos y joviales… —con peores mimbres el Madrid ha ganado una Copa de Europa—, aunque este año habrá que ir viendo. El John Deere nunca va a correr como un Ferrari, pero ¿es eso lo que ahora hace falta? Todos los equipos campeones han empezado por sellar la portería propia. Y aunque el verbo sellar es mucho verbo para este Madrid, desde las victorias sufridas y el agonismo zidanesco se puede construir algo, por más que sea algo de emergencia.
¿Acaso no vive el Madrid en un estado de emergencia permanente?
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Buenos días. La vida evoluciona, es innegable. Con el paso del tiempo, un puñado de microorganismos unicelulares devinieron en bichitos más complejos. Algunos de ellos se llenaron de huesos por dentro y, poco a poco, fueron mutando hacia algo parecido a monetes. Del homo agachadus se pasó al homo erectus —sobre todo al despertar— y, tras procesos complejos, se conformó el ser humano actual.
La tecnología, lo inerte, también avanza. De herramientas de piedra fabricadas a porrazos se llegó, miles de años después, a inventos como, por ejemplo, el enchufe.
Sin embargo, no todo proceso evolutivo supone una mejora.
💣💣💣 @matias_prats carga contra Arbeloa en el caso Carvajal https://t.co/hLdeAVwo7m
— Radio MARCA (@RadioMARCA) February 9, 2026
Tras grandes profesionales como su padre y abuelo, ahora contamos con el tercer Matías Prats. Han pasado los años, la vida ha evolucionado, pero la nitidez de análisis y la precisión comunicativa, vaya usted a saber por qué, no le ha salido cara al descendiente de ilustres periodistas.
El domingo, el Madrid ganó en Mestalla sin mucha vistosidad, sí, pero sin polémica alguna, sin sufrir ningún agobio por parte del rival, de manera efectiva. Además, no disputa ningún encuentro entre semana. Resultado: los medios dicen «¡que me quedo sin comer!» (un saludo, Garabatxs). Mirad sus portadas.
Es necesario regar la polémica relativa al Real Madrid —el único equipo que realmente hace ganar dinero a todos los que beben de la ubre del fútbol— y esta vez le ha tocado ejercer su papel a Matías Prats doble Jr. ¿El «conflicto gravísimo»? Que Carvajal juega poco después de superar una lesión cuyo primer objetivo de recuperación era asegurar que pudiese volver a caminar con normalidad.
Matías Prats doble Jr. ejerció su papel en Radio Marca. Y vertió sentencias —para el sistema sólidas— sobre la alcachofa con el doble objetivo de siempre: avivar el avispero publicitario de los clics y generar mal ambiente para poner todos los palos posibles en las ruedas al Real Madrid.
«Carvajal dice que está bien físicamente, y es un tío muy autocrítico. Cuando no está, no está. Pero él insiste: "yo estoy bien, estoy para jugar"». Primero, no lo está diciendo Carvajal, lo está diciendo doble Jr. Segundo, en el hipotético caso de que lo hubiera dicho Carvajal —una auténtica leyenda—, en fútbol debe jugar quien el técnico considere que se encuentra más en forma o va a desempeñar mejor su función en cada partido, no quien afirma estar en mejor condición. El madridismo quiere mucho a Dani, pero él es el primero que sabe que el Real Madrid está por encima de todo.
Doble Jr. tampoco es tan fino como los otros dos Matías Prats: por el lateral derecho del Madrid «ha pasado todo Dios menos él». Aquí ya a gusto de cada cual.
Doble Jr. ahondó en el asunto de que Arbeloa debe hacer lo que Mati considera, ¿o no va a saber más un periodista con pedigrí que el entrenador del Real Madrid?: «Me cuesta creer que Carvajal no esté ni para un ratito. ¿De verdad no hay un hueco para verle, para comprobar cómo está? Carvajal no es uno más. Es el jugador con más Copas de Europa de la historia. No se le puede tratar como a un chaval o como a un canterano. Que pregunten en el vestuario cuánto se le echa de menos cuando no está».
A nosotros nos cuesta creer que no haya alguien en Radio Marca que comprenda, aunque sea durante un ratito, que el entrenador del Real Madrid conoce mejor el estado de cada miembro de su plantilla y, por pura supervivencia, trata por todos los medios de alinear a quien le dé más posibilidades para ganar cada encuentro.
Pero hacía falta más gasolina para propagar el fuego: «Lo que pasa es que Arbeloa, no sé por qué, ha tenido conflictos con muchísimas leyendas del Real Madrid: con Iker Casillas, con Sergio Ramos, con Cristiano. Ha tenido conflictos ahora con Carvajal. No sé qué le pasa a Arbeloa con algunas leyendas del Real Madrid. Es como si les tuviera envidia. A veces quiere ser más papista que el Papa y con Carvajal está siendo muy injusto».
Mati Prats sabe que con estos rejonazos crea conflicto entre sectores del madridismo que tienen opiniones diferentes sobre algunos temas. Además, se lleva la ovación del antimadridismo.
La presión mediática para que juegue tal o cual jugador del Madrid que, curiosamente, también se desea que siga en la selección, no es nueva. Todos recordamos la exigencia a Mourinho para que alinease a Casillas con independencia de su estado de forma, por decreto ley. Repetimos, queremos mucho a las leyendas blancas, pero el Madrid ha llegado a ser el mejor club de la historia por seguir valores como los que entraña la famosa frase de D. Alfredo: «Ningún jugador es tan bueno como todos juntos».
Esta presión, sin embargo, nunca aplica a otros clubes como Barça y Atleti. En ambos siempre reina la paz, nadie está en desacuerdo con su técnico y quien juega es porque lo merece, con independencia del parentesco o estado de forma.
Con el Madrid, si su entrenador pone en liza a un canterano, mal porque no juega un veterano. Si juega un veterano recién recuperado de una gravísima lesión, mal porque no lo cuida y puede recaer. Si se lesiona toda la defensa a la vez y ha de jugar un futbolista que habitualmente lo hace en otra posición, mal porque la directiva no previó que se lastimaran al unísimo y debería haber contado con 50 miembros por puesto en la plantilla.
Afortunadamente, tanto Arbeloa como Carvajal han ganado todo por méritos propios, nadie logra Mundiales, Eurocopas y Champions gracias al nepotismo.
La vida evoluciona. Unas veces para mejor, otras no. Aunque hay inventos que siguen funcionando de maravilla desde hace muchos años. Por ejemplo, el enchufe.
Pasad un buen día.
Horrible partido en Mestalla. Otro más. Encuentro que habríamos firmado los últimos diez años, por otra parte. Quien lo niegue no está siendo sincero consigo mismo. El equipo sigue con encefalograma plano. Carreras salvó los muebles esta vez. Con que uno de los jugadores tenga un buen día nos bastará para ganar al 90% de los rivales. La Real Sociedad del fin de semana próximo será otra historia, pero hay que seguir al acecho de los corruptos, que no fallarán fácilmente bajo la protección del régimen. Esta semana juegan contra el Atlético semifinales de Copa, pero ya se han encargado de ponerles el siguiente partido en lunes, no vaya a ser que no puedan descansar suficiente. Alfombra roja hasta el título. Pagaron por neutralidad.
Hoy también quiero disentir de Antonio Hualde y su artículo de La Galerna sobre si el Real Madrid necesita a Vini: El Real Madrid necesita a Vini tanto como Vini al Real Madrid. Llevamos tiempo viendo que el ambiente tóxico del fútbol español está haciendo mella en el madridismo. Cierto es que el propio jugador se ha complicado la vida en un país cazurro, con el fútbol nacional con un nivel de corrupción insoportable. Pero un partido sin Vini es mucho más aburrido, rutinario y predecible. Llegó al Real Madrid para ser universal y contribuyó a la universalidad del club con dos temporadas memorables y dos orejonas más en las vitrinas.
El madridismo no puede dudar de Vini. No podemos entrar en ese juego. No hay debate futbolístico pertinente mientras el CTA exista, mientras el VAR y los árbitros sigan sometiendo sus decisiones a la conveniencia denigrante de los corruptos dirigentes del fútbol. Mientras el aficionado siga pagando un precio imposible por un producto devaluado. Mientras sigamos participando en el show de Truman, en una competición más falsa que la WWE. Clubes históricos como Atlético, Deportivo de la Coruña, Real Sociedad, Athletic o el mismísimo Valencia jamás volverán a tocar pelo. Ya es imposible. Todos están arruinados o relegados a comparsas.
Los dirigentes del resto de clubes miran al horizonte y silban con el palillo en la boca mientras dilapidan el dinero que Tebas les trajo del futuro. La liga les importa un bledo. Para los aficionados veteranos es especialmente sangrante la rendición del Atlético a ocupar el espacio de “eterno rival” al que renunció mansamente en favor de un Barcelona dopado por la corrupción. Jesús Gil ya lo sabía en 1993. Sus sucesores lo conocen, pero lo toleran sin problemas, mientras van trincando y mientras su domesticada afición siga mirando el dedo.
El madridismo no puede dudar de Vini. No hay debate futbolístico pertinente mientras el CTA exista, mientras el VAR y los árbitros sigan sometiendo sus decisiones a la conveniencia denigrante de los corruptos dirigentes del fútbol
Díganme, con la mano en el corazón, quién puede ganar la liga desde que el Barcelona inundó de millones a quien ponía y quitaba árbitros. Los corruptos pactaron con Tebas para torcer la ley en su beneficio, con el respaldo del gobierno, para inscribir jugadores ilegalmente, para ganar ligas haciendo trampas con el límite salarial, con palancas ficticias cuyo dinero jamás aparecerá. Ningún club protestó. Ya no echan de menos competir por los títulos. Todos se conforman y apoyan al patrón, cómplice necesario, porque les compró con dinero de 2070.
¿En serio quieren que hablemos de Vini?
En LaLiga tienen muy claro qué hacer. Como toda organización delictiva, se protege eliminando o debilitando rivales por cualquier medio. Vinícius ha sido señalado principalmente desde los medios que Tebas tiene apesebrados. La mayoría. Los directores viven satisfechos por facturar sin tener que competir en un mundo de redes sociales, donde la imaginación, la creatividad y el carisma es lo que determina la supervivencia. Se sabe que los periodistas deportivos venden desde siempre su escaso o mediano talento al mejor postor, pero mentir, inventar, ofender, perseguir a un chaval para conservar un empleo…
¿Necesitan pruebas del acoso mediático continuo sobre Vini? ¿Creen que es culpa suya estar siempre en el centro? ¿En serio?
Vini no se merece estar en el ojo del huracán y no, no es una persona conflictiva. Vini es una víctima
No. Vini no se merece estar en el ojo del huracán y no, no es una persona conflictiva. Vini es una víctima. Y aquí tenemos a parte del madridismo comprando el relato de Tebas, de Carlos Martínez, Maldini, Lama, Serrano (el malo), Iturralde y todos los sicarios de Vladimir Harkkonen, que son legión, y que saben qué hacer para que sus jefes estén contentos. Tebas es a los medios de comunicación lo que el Barcelona a Negreira: el que paga millones en la oscuridad para que el que cobra haga un trabajo ilícito, delictivo o éticamente censurable. Grados de corrupción.
Créanme que lamento disentir de madridistas con pedigrí, pero les veo francamente desorientados. Vini es un chico indomable, pero jamás fingió un penalti hasta que se dio cuenta de cómo funcionaba el tinglado. No se hundió hasta que descubrió la verdadera maldad en la semana del balón de oro de 2024. Y no, no es un argumento trivial que sólo él combata el racismo teniendo cinco compañeros negros en el once porque solo le abuchean a él. Me van a disculpar. Vini es el mejor extremo del mundo. Su potencial no se discute: en la sala de trofeos pueden ver las champions que ha facturado con sus goles. Sus asistencias en Europa le sitúan en el top 5 histórico de la competición, con 26 años. ¿Qué dicen? ¿Que hay que venderlo? ¿Que perjudica al equipo? No. Vini, con todo lo bueno y todo lo malo, es Juanito. Y a Juanito se le admira, se le apoya y se le respeta. Hay más madridismo en Vini que en el bochornoso espectáculo del Bernabéu el día del Levante. Y bastante más que en el otro 7 que tanto nos dio, pero que se despidió a la francesa.
Esto es una guerra y en la guerra el enemigo utilizará todas sus armas. ¿Vamos a dejar de usar las nuestras? ¿Vamos a dejar ir a nuestro jugador más determinante para darle la razón a los inmaduros emocionales de Mestalla, a los irrelevantes Maffeo, Raíllo? ¿A la chusma de los medios? Claro que no. El Real Madrid es otra cosa. Ya nos queda menos para volver. Y aplastaremos a cualquier rival con este equipo, con este mismo, cuando despierte de esta pesadilla extraña, pero con Vini, siempre con Vini en su banda, torturando rivales.
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El encuentro vivido en Mestalla frente al Valencia volvió a dejar una enseñanza que, a estas alturas de la temporada, ya no debería sorprender a nadie, pero que sigue repitiéndose como si el fútbol tuviera la memoria muy corta, que la tiene. Durante los primeros treinta minutos, el equipo fue irreconocible: plano, previsible, sin ritmo y, lo que es peor, sin una sola idea clara de cómo hacer daño al rival. La posesión era estéril, el balón circulaba lento y horizontal, y el ataque se convertía en una sucesión de pases inofensivos que no inquietaban a nadie. Y aunque en el fútbol casi nunca hay una única causa para un mal funcionamiento colectivo, resulta imposible no señalar un factor clave: la decisión de ubicar a Arda Güler en la banda derecha.
El problema no es nuevo. De hecho, es reiterativo. Cada vez que Güler aparece como extremo falso, y digo falso porque no acaba siendo ni una cosa ni la otra cuando le tiran a una banda, el Real Madrid pierde una de sus principales armas creativas. El turco queda aislado, desconectado del juego, y condenado a recibir balones en zonas donde su talento apenas puede manifestarse. Pegado a la cal, lejos del centro del campo y del área, Arda se convierte en un jugador casi decorativo, obligado a cumplir funciones que no encajan con su perfil ni potencian sus virtudes. Porque Arda Güler no es un futbolista de desborde constante, de ganar duelos en velocidad ni de castigar desde la línea de fondo.
Su juego no se basa en la potencia ni en la repetición de acciones individuales. Su fútbol es cerebral, técnico, de lectura anticipada. Es un jugador que necesita tocar balón, participar, intervenir entre líneas y sentir el peso del juego. Todo eso desaparece cuando se le encierra en una banda. Durante esa primera media hora, el Real Madrid fue un equipo sin ningún argumento futbolístico. No había verticalidad porque nadie filtraba pases, no había sorpresa porque nadie aparecía entre líneas. Tampoco había ritmo, porque el balón nunca encontraba continuidad. Güler, lejos del epicentro del juego, apenas intervenía y, cuando lo hacía, era para recibir de espaldas, con dos rivales encima y sin opciones reales de progresar. Así es imposible que marque diferencias.
Cada vez que juega por dentro, deja destellos de futbolista especial. Cada vez que se le desplaza a la banda, su influencia se diluye. Y, aun así, entrenador tras entrenador, la historia se repite
La corrección llegó pasada la media hora, y no fue casual. Arbeloa entendió entonces lo que el partido estaba pidiendo y recolocó al equipo. El cambio fue tan simple como revelador: un rombo en el centro del campo. Tchouaméni se situó como mediocentro posicional, Camavinga y Fede Valverde ocuparon los costados del mediocampo, aportando recorrido, energía y equilibrio, y Arda Güler pasó a jugar por dentro, como mediocampista más adelantado, prácticamente en la mediapunta. Ahí, en ese espacio natural para él, el partido cambió por completo. Con Güler en zonas interiores, el Real Madrid empezó a funcionar. De repente, el balón circulaba con mayor velocidad y sentido.
Aparecieron los apoyos, las paredes, los pases al primer toque. Arda comenzó a recibir entre líneas, a girarse, a levantar la cabeza y a filtrar balones al espacio que rompían defensas. El equipo ganó profundidad sin necesidad de correr más, simplemente pensando mejor. Ese es el valor diferencial de Güler. No necesita diez toques para generar peligro; le basta uno. De hecho, cuando retiene el balón es un jugador que pierde sus virtudes, él triunfa en la respuesta inmediata. Su capacidad para detectar el movimiento del compañero y encontrarlo con precisión es algo que el Real Madrid no tiene en abundancia, por eso resulta tan desconcertante que se le aleje sistemáticamente de esas zonas donde puede decidir partidos.
No es una cuestión puntual de este encuentro. Es una tónica general que se viene repitiendo desde que Arda empezó a tener un rol más importante en el equipo. Cada vez que juega por dentro, deja destellos de futbolista especial. Cada vez que se le desplaza a la banda, su influencia se diluye. Y, aun así, entrenador tras entrenador, la historia se repite. Se le prueba como derecho, e incluso izquierdo, se comprueba que no funciona, se le devuelve al centro… y, al cabo de unas semanas, vuelta a empezar. De verdad, os prometo que siempre que juntéis amarillo con azul, siempre va a salir el verde, no tiene sentido seguir pensando que un día aparecerá el rojo como resultado.
Cuesta entender qué se busca exactamente con ese empeño. No hay margen para la duda ni para la experimentación eterna, el fútbol ya ha dado su veredicto. Hay suficientes partidos, suficientes minutos y suficientes ejemplos como para afirmar con rotundidad que Güler rinde mucho más por dentro. No es una opinión caprichosa ni una preferencia estética: es una evidencia futbolística. Además, insistir en colocarlo en banda no solo perjudica al jugador, sino también al colectivo.
El Real Madrid pierde creatividad, pausa y claridad en el último tercio. En un equipo que, por momentos, ya tiende a ser demasiado físico y directo, prescindir de un perfil como el de Güler en el centro del campo es casi un contrasentido. Ayer quedó claro una vez más que, cuando se le da libertad por dentro, Arda no solo mejora su rendimiento individual, sino que eleva el nivel de todo el equipo. Los compañeros juegan más cómodos porque saben que siempre hay una línea de pase limpia y los atacantes reciben en mejores condiciones. El rival se ve obligado a replegar y a vigilar espacios que antes no existían, todo fluye con mayor naturalidad.
Resulta llamativo que, en un club que históricamente ha sabido potenciar a sus mediapuntas y centrocampistas creativos, se siga dudando tanto con un jugador de este perfil. Güler no necesita ser encasillado ni reconvertido. No necesita aprender a ser otra cosa distinta, menos aún conociendo las necesidades actuales del Real Madrid. Lo que necesita es continuidad y confianza en la posición que potencia lo que ya sabe hacer. El partido de ayer debería servir como recordatorio definitivo. El Real Madrid fue un equipo gris mientras Arda estuvo en la banda, pero con buenas ideas cuando Arda pasó al centro.
No es casualidad, es causa y efecto. Y seguir ignorando esa relación empieza a rozar la obstinación. Arda Güler es un futbolista para mandar, organizar y decidir. Es un jugador de centro del campo, de zonas interiores, de último pase y de lectura del juego. Todo lo demás es forzarlo, limitarlo y, en última instancia, desaprovechar un talento que puede marcar una época si se le utiliza correctamente. El fútbol, al final, suele ser bastante simple. Poner a los jugadores donde mejor rinden suele ser la solución más lógica. Con Güler, el camino está más que señalado. Solo falta, de una vez por todas, dejar de dar rodeos y asumir lo que ya es un clamor para cualquiera que vea los partidos.
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El magnífico Santi Cazorla ha descubierto que nuestra Liga es mucho peor que la Premier en todo. Lo descubrió hace tiempo, claro. Ahora simplemente se ha manifestado tras catar la ocurrencia del Rayo con el OK de la patronal y su Oviedo delante.
Santi lo sabe, todo el mundo sabe lo que pasa por aquí. Nuestras cosas dan la vuelta al mundo por flipantes. ¿Se imaginan al West Ham levantando el césped horas antes de recibir al Newcastle? ¿A que no? ¿Lo de Negreira, of course? ¿Al United metido en eso?
Puesto que de ingleses hablamos, recuerdo una tarde de charla con Terry Venables, entonces entrenador del Barcelona. Casualmente había lío en el club y el hombre nos dejó esa perla: "Nadie en Barcelona sabe quien es el presidente del Liverpool, pero todo Liverpool conoce a Núñez". Y no se llevaban mal presidente y entrenador culés, simplemente le había tomado la matrícula.
Los sorteos de Copa, el VAR, los vídeos de los árbitros... Hay momentos en los que piensas ya: esto es insuperable. Y no. Siempre pasa algo nuevo, delirante, superior. Y gente templada como es y fue siempre Cazorla se anima a comentar lo que sabía y callaba, imagino que entre razones porque al chico no le conviene alterar al poder. So pena de exponerse a que su Oviedo no pase de medio campo lo que queda de 2026.
mucha población no se cree lo que está viendo. Recela. Duda. Y es natural: ser tibio con la corrupción es la carcoma que te acaba devorando
A todo esto, el Madrid, el que viene diciendo que esto es inaguantable, seguirá dándole bola a la Liga/campeonato. Deberían darle una paga. El Atleti ha dimitido y fiarse del Villarreal parece osado. A estas alturas, dos equipos superan los 50 puntos, otros dos los 40 y el primero entre los que llevan el 3 delante, el Betis, quinto con 38, está a veinte puntos de la cabeza: casi siete partidos. Total, que Barça o Madrid la van a ganar aunque no quieran.
Y además resulta que mucha población no se cree lo que está viendo. Recela. Duda. Y es natural: ser tibio con la corrupción es la carcoma que te acaba devorando. El caso que nos ocupa es palmario. ¿Cómo evitar pensar que el Rayo se lo montó, que hizo lo que hizo adrede? En el ambiente en que vivimos...
Mi partido es con el Oviedo y tengo bajas importantes, monto el número, aplazo y mis sancionados cumplen contra el Atleti, próximo rival. Y cuando aparezca el Oviedo, veremos cuándo, estarán limpios mis ahora sancionados. ¿La gente, la competición, el respeto? ¡Qué le canten a Gardel, decía Maradona!
No, seguro que nada de eso estuvo en la cabeza de Presa y compañía. Me refiero a lo que el ambiente te lleva a pensar. Quizá todo fuera una gansada sin mala intención. En un país donde todo el mundo sabe y opina de todo, no puede extrañar que unos del Rayo y otros de la LFP, expertos todos en Jardinería y Obstetricia, coincidieran en que sí, en que en cuatro días se planta un campo de fútbol, y además pequeño como el que nos ocupa, y aquí paz y después gloria, Y alguno hasta añadiría: con lo que llueve irá de cine.
Es decir: ¿en la España de Negreira podría ser, podría, que el Rayo hiciera trampas? Imposible. No. Ni el Rayo ni nadie.
Y a todo esto el Madrid ganó en Valencia, cosa que no debe extrañar viendo al Valencia. Un viaje cómodo, más lo será el siguiente, Valdebebas-Bernabéu para recibir a la Real, con la vista puesta en lo único serio: Lisboa, Benfica, Europa. Mejoró el Real respecto al partido con el Rayo, otra vez él, y por supuesto a aquel en Da Lush, que así suena. Una semanita para trabajar en pos de un mejor desempaño como equipo.
En el fondo, todo es cuestión de fe. En el Rayo, en el césped, en Negreira y sus colonias, naturalmente. Y por supuesto, en el Madrid. ¿O iba a ser menos? Pues eso.
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Buenos días. A trancas y barrancas, como el decisivo gol de Carreras, el Real Madrid sigue adelante en su lucha por la liga. Lleva siete victorias consecutivas en dicha competición, cuatro de ellas de la mano de Arbeloa, y sigue tan solo un punto por debajo del líder, que es el equipo que pagó durante un mínimo de 17 años al vicepresidente de los árbitros.
El Madrid no desfallece, pero esto no evita que arrecien las críticas al juego del equipo en la prensa y, sobre todo, en las redes sociales de madridistas y asimilados, quienes no van a estar satisfechos hasta que arda Troya y, en consecuencia, serán siempre remisos a admitir el menor atisbo de brotes verdes. El Madrid que vimos en Valencia fue tan plomizo como, por otro lado, ordenado y rocoso, con un alto grado de eficacia defensiva, pero esto nadie está en disposición mental de admitirlo porque el madridismo de XMadrid y otras plataformas está poseído por un nihilismo exacerbado que subraya lo negro e ignora los puntos positivos. Ha llegado el punk al madridismo, una corriente que solo busca acabar con el Viejo Régimen. Never mind the bollocks.
Se dan paradojas curiosas. Por ejemplo, podéis leer la brillantísima crónica de Paco Sánchez Palomares, teñida de un descreimiento hilarante. A continuación, os podéis acercar a las notas de los jugadores que pone Athos Dumas y comprobar que, una a una, las calificaciones individuales no son malas. Hablamos de dos piezas de dos autores diferentes, en efecto, pero no deja de ser llamativo que el primer bosquejo (la crónica) sea enormemente crítico con el encuentro que jugó el Madrid mientras el recuento pormenorizado y sosegado del desempeño de los jugadores resulte más halagüeño. Si el Madrid jugó tan penosamente, ¿cómo puede ser que uno a uno los futbolistas no estuvieran mal?, se preguntaba uno de nuestros lectores.
A lo mejor, se nos ocurre, es que el Madrid juega efectivamente mal, pero nuestro estado de ánimo futbolístico (el de Paco no es diferente al de la mayoría) amplifica aún más los aspectos deprimentes, ahogando los motivos para la esperanza.
A nosotros nos parece que los hay. Hay que buscarlos y estar preparados para aceptarlos. Y finalmente podrían no valer para nada, ya lo sabemos. Pero los hay.
Marca y As coinciden en traer en portada a Carreras, celebrando tras marcar su gol a trompicones. Fue el gol que abrió la lata, y tras el cual se registró la única ocasión valencianista en todo el partido. Beltrán la tiró al palo. Courtois, por lo demás, fue un mero espectador a lo largo de los noventa y pico minutos, no en vano Athos Dumas se abstuvo de calificarle en sus notas. No tuvo trabajo. Es una buena noticia, pero nuevamente una que parece no estamos dispuestos a admitir como tal. Es normal, ya sabemos lo incómoda que es a veces la esperanza.
Después de esa única ocasión local, Arbeloa movió el banquillo, y vimos los mejores minutos de su equipo en el partido. La entrada de Brahim y Trent fue revitalizante, la cosa empezó a fluir y, como resultado de esa mejoría, Mbappé anotó su gol, o sea, el que marca casi siempre, con frecuencia acompañado por otro (por otro gol). “Carreras le sacó del apuro con gol de arrojo y fortuna y Mbappé sentenció”, nos cuenta As. “Arrojo y fortuna”. Goles afortunados hay muchos, y el de Carreras no escapa a esa descripción. Luego podemos preguntarnos cuántas veces llega la fortuna a las portadas. El Madrid es el único equipo que tiene que pedir perdón por su buena suerte, cuando la tiene, que desde luego no es siempre.
La prensa cataculé se centra en las inminentes elecciones blaugranas. Laporta va a arrasar entre un electorado de socis arrobado por sus múltiples encantos. Laporta ha ganado un número no desdeñable de títulos nacionales, aupado por el buen hacer de Flick y el factor arbitral (siguen al mando los hijos putativos de Negreira), y eso es lo único que importa a los interesados. Bueno, eso y que se mete con el Madrid, lo cual les hace muchísima gracia. La dignidad institucional se la trae al fresco al soci, como ha demostrado en infinidad de ocasiones, y es así como un Laporta que no habría resistido ni un asalto de no haber mediado la ayuda del Madrid va a revalidar su mandato. Muchos madridistas consideran que a Florentino se le fue la mano cuando auxilió a este sujeto.
Puede ser, pero las tornas han cambiado. Al tiempo que Laporta se apresta a prolongar su legado de inmundicias, traición a la Superliga incluida, el Madrid afina su batalla judicial y deportiva contra el club más corrupto en la historia del deporte, personificado en el presidente más impresentable que jamás haya ostentado dicho cargo en dicho club, lo que ya es muchísimo decir.
El Madrid, como adversario, es temible. Como enemigo, ah… Como enemigo es aterrador. Prepárate, Jan, reza lo que sepas.
Pasad un buen día.
Arbitró Javier Alberola Rojas del colegio castellano-manchego. En el VAR estuvo Figueroa Vázquez.
Un partido bastante tranquilo para lo que suelen ser los Valencia-Real Madrid. El estado de ambos equipos ayudó.
En la primera parte, de lo poco reseñable fue la señalización fuera de juego en una acción en la que Mbappé ni se mueve ni molesta al central. Con ese rasero ayer el primer gol de Lewandowski hubiera sido anulado.
El colegiado puso alto el listón de las tarjetas, porque Camavinga, Tchouaméni, Carreras o Gayá pudieron ver una cartulina en la primera mitad por agarrones, pisotones o cortar contras prometedoras. Las dos únicas del choque llegaron en el segundo acto. Una cada para equipo. Primero Carreras agarró a Beltrán en el 69' y después Copete hizo una dura entrada a Mastantuono en el 87'.
En las áreas nada que señalar ni comentar.
Alberola Rojas, CORRECTO.