Buenos días. El club cliente de Negreira y prestamista de Tebas tiene la liga en el bote. Ayer la introdujo en el recipiente ganando 0-2 en Getafe, y ya solo le falta cerrar la tapa y exponer el bote en la misma estantería donde tienen enmarcadas las fotos de las dos personas antes citadas, Villar, Arminio, Hernández Hernández, Munuera Montero, Arberola Rojas en su etapa Next, Obrevo, Aytekin, Roures, Óscar Lago, Albert Soler y Carlos Martínez.
En la Mugrienta Liga Negreira (a la que seguiremos llamando así en homenaje a Jesús Alcaide, si bien no estaría de más una actualización por la que pasara a llamarse Mugrienta Liga de Tebas, que es el actual Negreira) hay tres tipos de jornadas:
-Jornada tipo A: los colegidos dejan más o menos en paz al Madrid pero benefician al Barça.
-Jornada tipo B: los trencillas perjudican al Madrid sin que el partido del Barça registre grandes polémicas arbitrales.
-Jornada tipo C: el putrefacto sistema pisa el acelerador y el Madrid es tan arbitralmente perjudicado como beneficiado es el Barça.
Esta última jornada la podríamos catalogar en el tipo B. El atraco fue perpetrado en el campo del Betis sobre la castigada espalda del Real Madrid. Ya os lo sabéis. Penalti hurtado tras mano catedralicia de Rodríguez a disparo de Brahim con la excusa de un inexistente fuera de juego de Bellingham dos segundos antes (el prevaricador González Fuertes en el VAR se inhibió a la hora de sacar de su error al árbitro). En el último minuto, gol del Betis precedido de un descaradísimo agarrón a Mendy (volvió a hacerse el sueco González Fuertes, videoárbitro célebre por haber amenazado al Real Madrid en la víspera de la penúltima final de Copa. Vaya si han cumplido sus amenazas, González Fuertes en particular).
El ingenuo lector de La Galerna (si quedara alguno) se preguntará cómo es posible que alguien tenga la feliz idea de poner a arbitrar partidos al Madrid al mismo sujeto que en la víspera de una final de Copa amenaza a uno de los contendientes, en concreto a quien va de blanco. Su curiosidad quedará satisfecha, y lo entenderá todo divinamente, cuando conozca a las tres personas que conforman el comité designador de los colegiados de cada semana, a saber:
A- Fran Soto, CEO del CTA, famoso por haber sentenciado al día siguiente de su nombramiento que lo que había que hacer con el caso Negreira era olvidarlo.
B- Goyo Manzano, exentrenador de, entre otros, el Atlético de Madrid y sempiterno abonado a la leyenda negra según la cual en el Bernabéu pasan “cosas raras”, como dijo en rueda de prensa en cierta ocasión. Pero no raras en el sentido que todo el mundo puede apreciar… ¡sino en el contrario!
C- Teixeira Vitienes, excolegiado de pésimo nivel con inveterada afición, durante su tiempo en activo, por hacer añicos cualquier ilusión del Real Madrid por hacer el menor rasguño al Barça durante los clásicos. Su ejecutoria coincide casi al dedillo con la de Negreira al frente del CTA. Su contribución a la historia mundial del balompié consiste en haber mostrado, en cierta ocasión, dos tarjetas amarillas a un jugador sin por ello haberlo expulsado del campo (Busquets ante el Villarreal).
¿No es sospechoso que se le vuelvan a asignar partidos del Madrid a un árbitro que ya se ha posicionado públicamente en contra del club blanco, permitiéndose incluso amenazarlo? ¿No procedería que en España, al igual que ayer sucedió en Italia, un juez investigara el procedimiento por el cual se designan los colegiados de cada jornada?

Señor juez, sea quien sea usted. Esté donde esté. Investigue este foco de podredumbre, y hágalo en el contexto del conocimiento de un mínimo de 17 años de pagos al vicepresidente arbitral por parte del FC Barcelona, en el de la consciencia de la existencia de un préstamo de 4.500.000 euros del FC Barcelona al presidente de la liga y actual vicepresidente de la RFEF, y en el de otras muchas corruptelas.
Mientras alguien se aviene a seguir el modelo italiano (país de corrupción rampante, pero que al parecer se toma mucho más interés en combatirla que España, tierra prometida de la impunidad), un breve comentario sobre la prensa del día, que el fin y al cabo es el presunto cometido de esta sección.
Sucede que, cuando las portadas que nos toca comentar son como la que hoy nos trae el diario filoculé (y por tanto filocorrupto) Marca, se quitan las ganas al instante.
Marca se hace eco de la victoria de su equipo predilecto en Getafe, y atención a cómo explica el presunto “morbo”: “El Barça podría salir campeón la próxima jornada y el Madrid tendría que hacerle pasillo el 10 de mayo”.
Estimados examigos de Marca: por muchas ganas que tengáis de humillar al Real Madrid (porque vosotros, ente otros, habéis convertido el famoso pasillo en una vejación en lugar de simple signo de reconocimiento), el Madrid no TIENE QUE hacer pasillo al Barcelona, precisamente porque no hay manera de hacer eso: RECONOCERLE como un campeón legítimo. Solo con ayuda de lo expuesto anteriormente queda ya claro que no lo es. El pasillo se le hace al campeón que lo ha sido en buena lid, y solo al que cumple ese requisito inexcusable.
No es el caso.
Os dejamos con el resto de portadas del día.
Nos hemos acostumbrado a perder. El equipo no tiene orgullo. Una de las plantillas de mayor calidad de la historia del Real Madrid es incapaz de ganar (no digo ya con solvencia) o de empatar con equipos del último tercio de la tabla. Falla la inteligencia futbolística para mantener un resultado, para dominar los partidos y controlar el juego. Recibimos goles trascendentales en el descuento. Y sí, la organización criminal del fútbol español nos lo pone en chino cada fin de semana. Es cierto, es indiscutible y es una realidad. Pero no tenemos un equipo. No hay colectivo ni compromiso. Se cargaron a Xabi por su pizarra táctica y por los videos. El desplome del mes de abril con Arbeloa está todavía sin diagnosticar, pero el enfermo tiene una pinta malísima. El equipo ahora mismo es una suma de talentos obsesionados por evitar que se les señale individualmente por su rendimiento, por su estadística personal. Todos pretenden salvarse de la responsabilidad colectiva "cumpliendo" en lo suyo. Niños con cuerpo de hombres.
Pero el título del artículo no va por ahí. Que el equipo necesita una revolución es un hecho. Que no hay juego, ni ganas, ni ambición, también lo es. Mbappé y Vinicius llevan muchos partidos pensando en el mundial. El brasileño está descentrado desde que llegó el francés. Se sabe desposeído de su condición de jugador franquicia del Real Madrid y es consciente de que el club nunca le dará ni el estatus ni el sueldo del delantero de Bondy. Error de cálculo de Florentino en la versión 2 de los galácticos. Su obsesión por la excelencia y por juntar a los mejores ya le pasó factura antes. No tiene fácil arreglo. Todos los días leemos opiniones pasionales del madridismo, pero -como la otra vez- sólo se solucionará con tiempo, trabajo, disciplina y probablemente con algo de cirugía.
Con que "no es sólo Negreira" me refiero a la anacrónica y dictatorial opacidad inherente a las instituciones del fútbol. Un amigo de X me señala el patrocinio que lucen los árbitros en sus camisetas, lo que me lleva a una reflexión: ¿Alguien sabe qué es BKT? Es un fabricante indio de neumáticos. Más allá del anuncio oficial de julio de 2025, no es público el importe del contrato ni, por supuesto, en qué se va a emplear ese dinero. Estoy seguro de que la cifra nos escandalizaría si la llegásemos a conocer. ¿Qué hace una institución como la RFEF negociando contratos opacos? ¿Quién lo autoriza? ¿A quién beneficia? ¿Dónde va el dinero?
¿Se acuerdan de Villar? Presidió la RFEF durante 41 años, amarrado al poder a través de un turbio sistema clientelar que aún permanece. Detenido en 2017 por corrupción: contratos irregulares, malversación de fondos públicos, uso del cargo en beneficio propio... los años pasan y la gente olvida. El paralelismo con el caso de Jordi Pujol es insultantemente parecido. ¿Alguien cree que pagarán por lo que hicieron? Jamás. El sistema se protege a sí mismo. Las eternización de los procesos judiciales es una estrategia: laissez faire, laissez passer. O sea, dejamos pasar el tiempo y hasta puede que se encuentre un defecto de forma, que se pierda una prueba o que se muera de viejo el delincuente. Muerto el perro... lo enterramos con el delito y aquí no ha pasado nada.
El caso Rubiales es otro ejemplo. Ahí seguiría marcando paquete si no fuera por su zafiedad y su chabacanería, impropia de una persona honesta con una mínima educación en valores. Cayó por exhibir impúdicamente su blindaje en el cargo, por quemar su relación con el gobierno. El montaje político y mediático sobre el beso a Jenni Hermoso fue una cortina de humo. No le ayudó el precedente de comportarse como un hooligan barriobajero en un palco lleno de autoridades, cuando se agarró los atributos a dos manos para celebrar un título, estando bajo los efectos... de la euforia. Cayó por exceso de confianza. Jamás habría caído por cobrar irregularmente de empresas de construcción a las que asignaba obras a dedo, o por el negociete con Arabia Saudí para la Supercopa, de socio con un jugador en activo del Barcelona (son la guinda de todos los pasteles, la salsa de cualquier delito), ni por el uso de dinero federativo para gastos personales. El fútbol federativo siempre estuvo podrido. Ningún presidente en 50 años acabó su mandato sin ser imputado por la justicia.
Louzán llegó con los deberes hechos: tomó posesión del cargo ya imputado por corrupción, como consecuencia de su actividad política. Sin embargo, el récord lo ostenta Pedro Rocha, en cuya corta interinidad tuvo tiempo de ponerse un salario escandaloso, por encima de 700.000 euros anuales (lo escribo en número para que puedan apreciar mejor la magnitud), adjudicar el VAR a los socios de Laporta que confeccionaron la trama de las palancas fraudulentas, cesar al secretario general de la RFEF sin tener las competencias (le estorbaba para sus cosas), maniobrar para mantenerse indebidamente en el cargo, despedir a árbitros que denunciaron que el VAR sesgaba imágenes o proteger a Medina Cantalejo, que enviaba instrucciones por WhatsApp para cambiar el texto original de los informes arbitrales redactados al finalizar los partidos.
Ahora viene lo mejor: Pedro Rocha, procedente de la federación extremeña, trató de colocar a su paisano Isaac Fouto (hijo de Pepe Fouto, condenado a cárcel por corrupción) como submarino de LaLiga en la RFEF, para contentar a su mentor, Javier Tebas. No pudo ser. No le dio tiempo. Tebas no descansó hasta que consiguió coronarse a sí mismo cuando Louzán llegó a la Federación y pactó con él la vicepresidencia a cambio de un precio que conoceremos algún día. Tebas maneja de facto el fútbol español, y sólo saldrá con los pies por delante o camino de Hoyo de Manzanares.
Y luego está LaLiga, deteriorando cada día el producto que le da de comer. Las señales de corrupción, de falta de transparencia, de manipulación, son flagrantes. Descubierto el caso Negreira y sin que las autoridades europeas o mundiales del fútbol hayan tomado medidas, Tebas se ha crecido. Insulta a todo Dios en redes sociales, incluyendo a personas de cuya santidad no duda nadie, como la de Tomás Guasch. Manipula los hechos que le señalan. Se siente invulnerable. El puto amo. ¿Les parece normal que LaLiga considere información confidencial sus pagos a medios de comunicación por "publicidad institucional"? Un negocio de más de 5.000 millones de euros anuales en manos de un personaje como Tebas, que paga para controlar lo que se dice y lo que no, en medios como COPE o la SER, que recibe préstamos millonarios del mismo club que pagó a Negreira... en comparación, la historia de los Corleone es un cuento infantil.
Hemos sabido que nunca devolvió ese préstamo. Hemos sabido que la sociedad Audiovisual New Aged AIE fue siempre de titularidad de Tebas o de uno de sus colaboradores más cercanos. Siempre supimos que el triángulo Roures-Tebas-Laporta manipuló la legalidad para permitir que el Barcelona saliera de la ruina. Les hemos visto presumir en entrevistas, a calzón quitado. Hemos visto a Roures afirmar que el dream team de Cruyff se financió con dinero público. Sabemos que las palancas fueron un fraude. Ni hubo ni habrá consecuencias. Sabemos que los clubes miran para otro lado confiando en que les caiga una paguita... algunos se conformarán con no bajar a segunda, otros con aspirar a la pedrea europea. Saben que unas imágenes VAR en el momento oportuno te salvan o te condenan, lo ven todos los días. La exhibición de poder es cotidiana: la ejecutan cada jornada sobre el club más grande del planeta. Como para no tenerles miedo. Aguantan todo. Hubo sentencia judicial por manipulación del VAR en el caso Vini en Mestalla y también en el caso del Espanyol (¡qué casualidad!). Ahí siguen. Ni una destitución. Todo OK, José Luis. No pasará nada si no hacemos que pase. Óscar Lago seguirá de muñidor entre bambalinas sirviendo a los intereses de sus jefes y a los de su enfermizo antimadridismo. Estamos rodeados.
Estoy poniendo la esperanza que me queda en una última jugada de ajedrez. La que, cuando parece que todo está perdido, te ofrece un jaque mate. El Real Madrid está voluntariamente silente a pesar de la que está cayendo. Demasiado silencio, exceptuando RMTV, medio oficial del club. Yo todavía confío. El presidente me ha permitido vivir un sinfín de momentos de una felicidad incomparable (el hombre vivo al que más quiero, después de mis hijos, ¿recuerdan?) como para olvidarlo o como para bajarme del barco. La tristeza y frustración por este último mes son probablemente de las mayores que recuerdo como madridista. No es por el juego, ni por la forma de perder, eso forma parte de los avatares de la vida y tienen arreglo. Es por el abuso, por el ensañamiento de los medios, de los rivales, de las redes, del incomprensible antimadridismo alimentado por un relato falso, mentiroso, para consumo de criaturas beta. Por la ignorancia voluntaria ante el elefante que se pasea por la habitación. No es sólo Negreira. Negreira es solamente uno de los síntomas del cáncer metastásico que ha invadido el fútbol español hasta lo más profundo.
No hace falta que sigan viendo los partidos de liga que nos quedan. Yo ya no he querido ver los dos últimos, totalmente seguro de que nos iríamos a la lona por la vía rápida. La fragilidad de nuestro equipo y los superpoderes de la organización criminal contra la que luchamos son una combinación letal. No sufran más. Será un verano interesante.
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A la fecha del presente, desconozco el grado de éxito y aceptación que tuvo en Portugal esa genialidad cinematográfica de José Luis Cuerda titulada “Amanece, que no es poco”. Se trata de una película en la que no caben las medias tintas. Puerta grande o enfermería. Si el espectador entra en ella, lo hace desde los primeros segundos y disfruta de un derroche de sentido del humor inteligente, culto y absurdo. Quien no lo hace, se limita a presenciar una seguidilla de escenas surrealistas, más o menos entretenidas, que, en el mejor de los casos, solamente le llevarán a la indiferencia. Nada tiene que ver esto con el nivel de inteligencia del espectador, sino más con su permeabilidad a determinado tipo de humor. Hay gente brillante que no logra entrar por el filme y reverendos estultos que lo veneran.
La trama ocurre en un pueblo al que llegan en una moto con sidecar Antonio Resines, ingeniero y profesor en la universidad de Oklahoma, y su padre, encarnado por uno de los colosales secundarios del cine español: Luis Ciges. A partir de ese momento, se suceden encuentros con los pintorescos habitantes de la villa, que tienen por característica común ser cultos en extremo y hablar con un nivel léxico semántico que, en épocas como la presente, solamente puede resultar envidiable.
pocas cosas me harían más feliz que nuestro presidente Florentino Pérez descolgara el teléfono y espetara a su interlocutor un “José, nosotros somos contingentes, pero tú eres necesario"
En un momento del metraje, el alcalde es aclamado por sus conciudadanos, destacando una loa por encima del resto: “Alcalde, nosotros somos contingentes, pero tú eres necesario”. Nada más halagador puede venir a mi mente. ¿No es acaso lo que cuantos disfrutamos la película hemos deseado que nos digan en algún momento de nuestra existencia?
La marcha de nuestro equipo las últimas temporadas demuestra lo necesario de un cambio profundo, de una sacudida que solamente puede dar alguien que por sí mismo constituya un desfibrilador. Hay gente especializada en solucionar crisis cuya gestión en situaciones más estables no alcanza esas cotas de excelencia. Fabio Capello fue un ejemplo pintiparado. Dos temporadas. Dos ligas. Autoestima recuperada, pero juego infumable.
José Mourinho: ruido, tensión, errores, que los hubo. También aportó un giro cuasi copernicano a la consciencia madridista. Recuperó y llevó a la práctica principios que parecían reposar en el fondo de cajones ignotos de Concha Espina o, que, como mucho, habían quedado como slogans vacíos de otra época. Igualmente, vio y nombró cosas que se probaron ciertas y que caían en el terreno de la conspiranoia para el biempensante pensamiento colectivo. Fue importantísimo lo que hizo, sí, pero mucho más fue su legado, su onda expansiva en el tiempo. 6 Copas de Europa 6. Capello y Mourinho son entrenadores medicina. Son remedios efectivos que no hacen tanto bien a la salud si se siguen tomando una vez recuperada la salud. Quien dice medicina, dice Winston Wolfe, el señor Lobo, por continuar con la línea cinematográfica.
Por todo lo anterior, pocas cosas me harían más feliz que nuestro presidente Florentino Pérez descolgara el teléfono, llamase a Lisboa aunque sea conferencia y espetara a su interlocutor un “José, nosotros somos contingentes, pero tú eres necesario.”
Clic.
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Buenos días, amigos, lectores, ¿o deberíamos llamaros “sufridores en casa”, como en el mítico Un, Dos, Tres?
Durante la tarde-noche de ayer se confirmó una noticia que, no por menos esperada, fue como un bofetazo de realidad en la cara. Sabíamos que estaba bastante difícil, que las señales de las últimas semanas no eran positivas y que entraba dentro de lo posible, por no decir bastante probable, pero aun así, la confirmación de nuestros peores temores nos sentó como una coz de Luis Suárez en el estómago: Carlos Alcaraz no jugará Roland Garros.
El diario As lo recoge en su portada, si bien la frase “Alcaraz renuncia a París” suena a retirada voluntaria del murciano, no a la imposibilidad de competir cuando tienes la muñeca fastidiada. Es como tratar de competir en otros deportes con las botas atadas entre sí o con el CTA enfrente.
La portada nos trae otra noticia de relevancia y se hace eco de lo que define como “un triste adiós” a un campeonato. Un equipo sin alma, que lleva semanas en una especie de saudade portuguesa, deambulando por las canchas mientras parece añorar tiempos pretéritos que están muy lejos de retornar… ese equipo zombi volvió a caer ayer: Mónaco 79 – F.C. Barcelona 70. Adiós a los playoffs de la Euroliga para los de Xavi Pascual.
El diario Marca también trae la renuncia de Alcaraz como primera noticia de su portada y recoge la eliminación del Barça entre sus destacados del día:
Destacamos las declaraciones del uruguayo Arambarri en el faldón inferior, donde afirma que “Bordalás sacaría un gran rendimiento a Uruguay”. Esta semana hemos visto que el equipo del mencionado técnico fue capaz de ganar en Anoeta sin un solo disparo a puerta. Eso es rendimiento máximo, sí, señor, y pocas cosas en esta vida pueden igualárselo en resultados. Quizás un préstamo a Javier Tebas.
Las portadas de la prensa catalana se parecen cada vez más a las de Madrid. En ocasiones coinciden las fotos, el titular y hasta el sesgo editorial. La deriva de los medios madrileños es directamente proporcional a su caída en ventas, pero es bien sabido que sus cuentas dependen cada vez menos del número de ejemplares vendidos y más de la publicidad institucional inyectada por la MLN.
Sí, amics, lo habéis advertido. Hemos repasado las portadas y no nos apetecía hablar del Betis-Real Madrid de anoche. Si queréis saber con detalle lo que sucedió, podéis leer la magnífica crónica de Francisco Javier Sánchez Palomares titulada “Que acabe la temporada” y de la cual extraemos una frase que lo resume todo: “Los blancos mostraban la intensidad de un partido jugado en la playa”.
Es un equipo sin alma, sin ganas, sin ideas, sin ambición, un grupo de jugadores que penan por el campo (aquí las merecidas bajas notas de Atenea Johansson) esperando que el trencilla de turno pite el final del partido o les haga una de las suyas antes. Y Soto Grado tenía que hacer alguna de las suyas. Se comió un más que posible penalti por mano (natural o no, que invade y no evade, amplía espacio, corta un disparo a puerta, y luego ya, si queréis, le añadimos todos los matices que el CTA quiera) y dejó de señalar una falta a Mendy en el descuento que supuso el empate del Betis.
Poco más se nos ocurre decir. El equipo no tiene alma y nosotros necesitamos un Almax para paliar el dolor que nos provoca verlo así. Sin tirar el club abajo y como decía aquel chapuzas en El milagro de P. Tinto: “aquí hay que sanear”.
Que paséis un buen día.
Muy buenos días, galernautas. Anoche jugó nuestro equipo en Sevilla y empató contra el Betis. Qué raros se siguen haciendo los partidos los viernes. A fuer de sinceros, todo es raro en esta temporada, a la que ya solamente quedan tantos partidos como los dedos de una mano. Demasiados nos parecen. Qué hastío, amigos.
No es sólo la marcha irregular del equipo, por motejarla de una manera en extremo generosa. Tampoco es únicamente el comportamiento y actitud de los jugadores, que, salvo contadísimas excepciones, han sido propios de niñatos sobrevalorados por sí mismos, es decir, inadmisibles. Tampoco es sólo la ausencia de comunicación del club, del que desconocemos no solo qué planes tiene para evitar repetir temporadas como ésta, sino siquiera si esos planes existen.
Todas las anteriores son correctas, pero la sensación de asco, el verdadero catalizador que convierte el disgusto en oprobio viene de fuera. La liga está presidida por un tipo que negocia préstamos con clubes, la federación mantiene la estructura y a algunas figuras protagonistas de uno de los mayores escándalos de la historia del deporte y la prensa calla, no sabemos si más por comodidad o por complicidad o viceversa.
Los medios de comunicación fueron considerados el cuarto poder. Permitid que nos riamos. Damos gracias a todas las deidades que nos vienen a la cabeza porque los estómagos agradecidos, esos vasallos de la corrupción, ante la que callan por miedo a perder vaya usted a saber qué prebendas, tienen menos poder que un acomodador de cine de verano, más allá de publicar sansiroladas que ofenden igual al sentido común que a la lengua española.
Sabéis que anoche jugó el Real Madrid contra el equipo de Bellerín, ese jugador al que Ernesto Valverde dio el ok y que acabó marcando el gol del empate. El partido de nuestro equipo tuvo un aire como de Teresa Herrera o Colombino, de partido de verano de los de piernas cargadas y menos tensión que en un libro de Teo. Veamos qué se dice en las más prestigiosas cabeceras del periodismo presuntamente deportivo patrio.
Marca. Marca, amigos. El diario del que se dijo en algún momento que constituía el ariete de la llamada Central Lechera, esa prensa madridista y centralista. Hoy, con suerte, se queda en hoja parroquial atlética, eso sí, con un uso exacerbado del Wordart del Office 97. No se puede explicar de otra manera la querencia a titulares estridentes realizados con el mismo gusto que un niño de 10 años. En una foto que ilustra perfectamente el partido de ayer, en la que Lunin es el único hombre en pie poniendo algo de dignidad entre tanto desaguisado, nos cuentan que el Madrid pone la liga en bandeja. Entendemos que al Barcelona, que es su equipo. El de Marca. De ahí que no consideren necesario especificar en bandeja para quién.
Por cierto, os dejamos con este brillante apunte del tuitero Maketo Lari, que recordaba ayer la portada de Marca tras aquel legendario penalti a Pepe en Elche. Ayer hubo un agarrón descaradísimo a Mendy en la jugada del gol bético, pero esta vez, por lo que sea, no han titulado con el mismo gracejo que entonces.
Esto sí que fue un agarrón a la liga, pero a Marca, esta vez, no le apetece hacer el juego de palabras, ni mencionar siquiera el expolio. También se dio un penalti por mano tras disparo de Brahim. Se argumentó que había fuera de juego de Bellingham. No lo hubo por dos metros. El colegiado de VAR que no quiso intervenir para chequear la posición del inglés era González Fuertes. Sí, el mismo que en la víspera de la final de Copa del ejercicio pasado se permitió amenazar a uno de los dos contendientes a los que iba a pitar. Concretamente, al Real Madrid.
As se despacha con una imagen y titular que resultan un excelente ejercicio de síntesis: “Sólo creyó Lunin”. Partidazo del ucraniano, si bien nos habría venido mejor que actuaciones así las hubiera extrapolado a, por ejemplo, Múnich.
En la prensa cataculé se congratulan ante otro tropiezo más del Real Madrid. El club cliente de Negreira y prestamista de Tebas va a ganar la liga con una altísima probabilidad, sí, y lo va a hacer porque ha sido el equipo menos malo y más regular. Por mucho que sea en gran medida gracias a favores arbitrales, burocráticos y/o políticos, ha sido el contendiente más consistente en cuanto a sus resultados, aunque se trate de una institución intrínseca y perennemente abrazada al delito.
El diario del Conde de Godó, grande de España, copia el titular a Marca, por lo que sea, y menciona lo de la liga en bandeja.
Sport es más hiriente y habla de un naufragio blanco. En pequeño, y referido al partido de su equipo contra el Getafe, exhortan al club cliente de Negreira a rematar algo. No sabemos a qué se refiere, pues su enésima omisión de la coma vocativa nos ha impedido seguir leyendo. En todo caso, se los nota muy triunfalistas últimamente, mala cosa cuando se visita a Bordalás. Permanezcan atentos a sus pantallas
Pasad un maravilloso día.
Lunin: sobresaliente. Evitó cuatro goles.
Trent: aprobado. Heterogéneo. Alternó grandes pases con errores y fragilidad defensiva.
Rüdiger: aprobado. Lo justo.
Huijsen: aprobado. Arbeloa lo retiró ante el temor a una expulsión, contaba con amarilla.
Mendy: aprobado. Difícil de superar salvo en la jugada del empate. ¿Le hicieron falta? Quizá.
Valverde: bien alto. Tuvo algún error, pero más aciertos. El gol fue fruto de un disparo suyo, pudo anotar otro y le puso ganas.
Thiago: aprobado. Su buena y necesaria labor se ve lastrada por demasiados errores peligrosos, comprensibles por su inexperiencia.
Bellingham: aprobado. Brega, lo intenta, conduce (mucho) y no es decisivo.
Brahim: aprobado. Inconsistente. Al menos no le señalaron falta a él por golpearle fuerte con el balón en la mano al defensor del Betis.
Vini: aprobado alto. Marcó el gol. Generó peligro. También erró alguna clara ocasión.
Mbappé: suspenso. Eligió y ejecutó mal en demasiadas ocasiones para su categoría.
Camavinga: aprobado. No le expulsaron por no hacer nada ni erró.
Alaba: suspenso. Su físico no le permite más.
Gonzalo: sin calificar.
Manuel Ángel: sin calificar.
Arbeloa: aprobado. Fiel a sus ideas.
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Arbitró César Soto Grado del comité riojano. En el VAR estuvo Pablo González Fuertes.
En la primera parte se reclamaron dos penaltis pero ninguno lo fue. En el 2', Brahim controló el balón entre el hombro y la manga de la camiseta, por lo que no daba para pena máxima. Luego, en el 22', el delantero internacional marroquí disparó y golpeó en el brazo de Ricardo Rodríguez. El suizo lo tenía en posición natural y no abierto ni extendido, por lo que no es punible. Una acción parecida a la de Tchouaméni el curso pasado en Montjuic. Por cierto, la jugada fue anulada previamente por fuera de juego de Bellingham, pero la repetición confirmó que no era.
En cuanto a las amarillas, en la primera mitad la vio Amrabat por cortar una contra de Brahim en el 37' y Huijsen por una entrada dura abajo a Antony dos minutos más tarde.
En el segundo acto se volvió a pedir un penalti de Mendy a Antony, pero fue una pugna sin nada claro para ir a los once metros.
Además, se anuló un tanto a Mbappé por fuera de juego claro tras asistencia de Trent.
Se unió a la nómina de tarjeteados Trent por sujetar a Abde cuando tiraba un desmarque. También debió verla Fornals por una dura acción ante Pitarch.
En la última jugada del partido que precedió al gol local Antony sujeta del brazo a Mendy que cae, pero el trencilla lo peritó como un lance del juego. Una acción que es falta porque coge el brazo del francés y tira para abajo lo que provoca la caída del defensor.
Soto Grado, DEFICIENTE.
El Madrid visitaba Sevilla en plena Feria. El rival deportivo, el Betis. Estaba por ver si el Madrid iba a ser su propio rival, como en otros encuentros, y, en caso de que hoy estuviesen por la labor, si el rival sistémico le permitiría vencer. Con la lesión de Lamine quizá quieran asegurar, aunque parezca imposible que se les escape. Para ello habían preparado un equipo formado por Soto Grado en el campo y González Fuertes, el amenazador, en el VAR. Lograron su objetivo: birlaron al Madrid un penalti por la mano más clara del mundo. El resto del trabajo para no ganar lo hizo el Madrid solito. Se le escapó la victoria de los dedos en el último suspiro.
Arbeloa no debió hacer caso a Florentino —dicen que le obliga a poner a Camavinga— porque alineó a Thiago. Quizá es que Álvaro ya es mayor para elegir los jugadores, pero qué sabré yo. Los otros diez: Lunin, Trent, Rüdiger, Huijsen, Mendy, Valverde, Bellingham, Brahim, Vini y Mbappé. El técnico madridista saludó a un viejo conocido, Pellegrini, que abrazó a Arbelo con cara de acabar de darse cuenta de que se le había olvidado el aniversario de bodas.
El Betis pidió penalti por mano de Brahim nada más comenzar. La tocó con la zona del hombro, no era, pero en DAZN se empeñaron en decir que no estaba claro. En la otra portería, Trent anduvo cerca de marcar gol olímpico.
Como curiosidad, a Soto Grado le habían colocado una cámara y un micrófono en la cabeza. Pero hacia afuera, no hacia su cerebro para ver y escuchar sus pensamientos. A Dios gracias.
Según se cumplía el minuto 13, Trent sirvió enorme pase a Kylian, quien, frente al meta rival, la envió a una caseta tirando por el suelo seis o siete vasos de rebujito.
El Betis defendía en bloque medio, pero contraatacaba rápido cuando recuperaba el balón.
Valverde se cansó de tonterías y arreó un zambombazo lejano que Valles despejó hacia Vini. El brasileño la ajustó rasa al segundo palo y colocó el 0-1 en el marcador.
Poco después, un jugador bético detuvo en el área con la mano un balón propulsado por Brahim. Como en la repetición se apreció sin lugar a dudas, alguno de los comentaristas arguyó que no era penalti porque era mano natural. Es un concepto fascinante. Entiendo que en contraposición de mano artificial. ¿Qué es mano artificial? ¿Un brazo de Robocop? ¿Una mano de Lamine o Raphinha hipervendada? Quién sabe.
Otro dijo que la mano estaba abajo y por eso no era sancionable. ¿Hacia arriba sí es penalti? Todo son dudas salvo que si Brahim hubiese vestido una camiseta azulgrana habría sido penal. Yo confieso que ya no sé cuándo es o no penalti una mano, porque si la acción que veis abajo no lo es, no lo es ninguna.
Poco después, disparo brutal de Jude y paradón aún mejor de Valles.
Mbappé decidió ser didáctico, mostraba diferentes maneras de perder el balón. Algunos compañeros suyos estaban en la misma onda. Afortunadamente, otros no.
En el 37', Amrabat derribó a Brahim cuando lanzaba un contragolpe prometedor. Amarilla nítida hasta para Soto. La Cartuja tampoco lo entendió, qué le vamos a hacer. Dos minutos después, la amarilla fue para Huijsen por una dura entrada a Antony. Clarísima. Él sí lo entendió y no protestó.
El brasileño tuvo que ser atendido y un señor con el uniforme del Betis muy parecido al gran Pascual González, que en paz descanse, discutía con el árbitro tal vez solicitando la roja.
Thiago estaba realizando un buen partido, pero perdió otro balón peligroso de esos suyos. El ucraniano lo resolvió con un despeje sublime. El balón iba ajustado milimétricamente a la cepa del poste.
A Lunin no le pareció suficiente y nos deleitó con otras dos grandes intervenciones consecutivas. Tres goles claros evitados. Ese es el trabajo de un portero del Real Madrid. El problema es que el trabajo del Madrid no es conceder tantas ocasiones. El Betis acababa la primera parte en su mejor momento. El Madrid, no. Los blancos mostraban la intensidad de un partido jugado en la playa.
En el descanso, los de DAZN sacaron a Quirante a hacer su trabajo. Le preguntó a un jugador del Betis por el posible penalti de Brahim pero no por la mano clara en área bética. Así se construye un sistema tan edificante como el fútbol español.
Lo anterior no es incompatible con que el Madrid necesitara espabilar en la segunda parte si no quería ser derribado por el Betis.
le birlaron un penalti por la mano más clara del mundo. El resto del trabajo para no ganar lo hizo el Madrid solito
Los verdiblancos reanudaron el encuentro mandando, poseyendo el balón y moviéndolo con velocidad. El Madrid trataba de sacudirse el dominio. DAZN seguía a lo suyo, ahora tocaba el tema Carvajal. Qué pereza, qué previsible todo.
En el 51', Fornals casi arranca la cabeza a Thiago de un codazo. Soto pitó solo falta. Aun así, protestó muchísimo. La falta se botó y Jude no llegó a rematar porque Amrabat lo empujó con las dos manos por la espalda. Lo derribó, pero es insuficiente para pitar penalti al Madrid. Quizá si Bellingham se hubiese abalanzado contra algún defensa... No, no, no es Lamine.
Mbappé marcó el gol marrado en Múnich —enfrente no estaba Neuer—, pero el tanto no subió al marcador por fuera de juego.
Este fútbol de ahora en el que se juega más con el portero que hacia adelante supone asumir unos riesgos, amén de ser un aburrimiento. En una de esas jugadas ridículas de tuya mía en área propia, Fede erró y el balón fue para otro lado. Por suerte, no a puerta, sino a córner.
Una buena combinación entre Thiago y Vinícius acabó con el balón en el inglés que lleva el número cinco. No controló a la perfección, pero sí ganó hueco con un buen regate, mas su disparo fue flojo en exceso.
Pitarch perdió un nuevo balón peligroso que no acabó en gol bético por otra gran intervención de Lunin. Poco después, Mbappé dispuso de otra oportunidad. No le costó mucho a Valles despejar el esférico.
Camavinga por Thiago y Alaba por Huijsen. El ingeniero cambió a Amrabat y colocó sobre el césped a Isco, quien se llevó la ovación de La Cartuja.
Y Lunin apareció de nuevo para evitar el gol de Natan. El ucraniano estaba siendo el mejor del Madrid.
Los blancos respondieron con una contra de Kylian que no fructificó porque su pase a Vini fue despejado por Bellerín. Alaba, sin embargo, no pudo frenar al cucho en la siguiente acción. Llegó muy tarde.
Como en la primera parte, Valverde se hartó y se empeñó en solucionarlo por la vía rápida. Agarró el balón y no lo soltó hasta que remató de cerca. Desgraciadamente esta vez la jugada no acabó en gol.
Mbappé pidió el cambio a diez minutos del final. Entró Gonzalo. Brahim se marchó sustituido por Manuel Ángel. Esperemos que lo de Kylian no sea una nueva lesión y su retirada del campo se deba a la cautela ante lo que le espera.
Vinícius se internó de fuera hacia dentro con soltura, pero disparó muy despacio. El balón llegó mansamente a los pies de Valles, que estaba a pocos metros. Otra ocasión fallada.
En el 90', Antony pareció fenecer en el área cuando Mendy lo rozó. Su actuación no fue premiada con penalti, demasiado burda.
Y en la última jugada del partido, Bellerín empató. Quizá con falta previa a Mendy de Antony. Colando el balón por el único hueco que había dejado un Madrid metido debajo de la portería.
El Betis obtuvo el premio al esfuerzo y las ganas. El Madrid no puso toda la carne en el asador. Bien porque no quiere, bien porque no sabe, bien no puede o bien porque no le dejan. No sé qué es peor de todo.
Que acabe esta temporada ya.
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En estos días, como ocurre cada año cuando se acerca la final de la Copa del Rey, el día de partido y las jornadas posteriores, nos ha tocado escuchar todo tipo de argumentos sin demasiado sentido sobre lo que supone pitar o no el himno de España. Y conviene aclararlo desde el principio: cuando hablo de pitar el himno me refiero exclusivamente a eso, a los silbidos, no a cánticos, ni insultos, ni saltos en la grada, ni ningún otro comportamiento añadido. Solo al hecho de pitar. Y, aun así, sorprende comprobar cómo se juzga de manera distinta según cuál sea ese himno. Teniendo en cuenta además de dónde veníamos, hay aspectos que llaman especialmente la atención.
Por suerte o por desgracia, quienes escriben o hablan en medios y redes son, de algún modo, esclavos de sus propias palabras. Por eso sabemos que lo sucedido el otro día por parte de un sector importante de la grada de la Real Sociedad no se ha tratado de la misma forma que cuando, en Cornellà, se pitó el himno de Egipto. El motivo de fondo de aquella pitada me interesa poco; lo relevante es el hecho en sí. Lo ocurrido en aquel España-Egipto disputado en el estadio del Espanyol fue, sencillamente, lamentable. Una selección que llegaba con toda la ilusión del mundo para disputar un partido que, por muy amistoso que fuese, tenía un carácter histórico para ellos; jugadores que se enfrentaban a futbolistas a los que admiran; aficionados egipcios residentes en España que quizás nunca vuelvan a tener la oportunidad de ver a su selección en directo.
Sin embargo, cuando sonó su himno, gran parte de la grada se dedicó a silbar sin contemplaciones. Recuerdo perfectamente la cara de incredulidad de los cuerpos técnicos, el gesto de los futbolistas africanos mientras esperaban escuchar con orgullo su himno y apenas podían hacerlo. Aquella escena fue incómoda, triste e innecesaria. Desde este espacio, centrado únicamente en el fútbol y al margen de cualquier debate político, no hace falta explicar los motivos que hay detrás de esas pitadas. Nadie vive ajeno a la realidad. Todos sabemos qué hay detrás, tanto cuando se pita el himno de Egipto como cuando se pita el de España. Pero lo que me interesa subrayar es otra cosa: la falta de respeto que supone. Y la falta de respeto es exactamente la misma, independientemente del himno que suene.
Recuerdo también cómo, al día siguiente de aquel amistoso, los medios reaccionaron con dureza. Se habló de vergüenza, de imagen lamentable, de un comportamiento impropio de un país como España. Se habló de falta de educación, de intolerancia, incluso de racismo. Repito, hablo de los silbidos, no de los cánticos. Y, sinceramente, me pareció bien. Me pareció justo que se señalara una actitud que no dejaba en buen lugar a nadie. Porque, más allá del fútbol, aquel gesto transmitía una imagen muy pobre de quienes lo protagonizaron y, de rebote, del país que lo acogía.
hay pitadas buenas y pitadas malas, faltas de respeto tolerables y otras inaceptables, dependiendo del símbolo al que se dirijan. Y eso, además de incoherente, es profundamente injusto
Pensé entonces que ojalá esa misma firmeza se hubiera mantenido en otras ocasiones, especialmente cuando el himno silbado era el propio. No por darle más importancia, sino por darle exactamente la misma. Porque ese es el punto central de todo esto: la coherencia. Si algo está mal, lo está siempre. No dependiendo del contexto, ni del momento, ni de quién lo protagonice. Y si pitar un himno extranjero es una falta de respeto, pitar el propio lo es exactamente igual. Ni más ni menos. Por eso, cuando el otro día, frente al televisor, escuché los pitos al himno de España en una final entre dos equipos españoles disputada en territorio español, pensé que al día siguiente se iba a montar un revuelo considerable. Incluso, de manera ingenua, creí que al tratarse del himno nacional la reacción sería todavía más contundente. No porque deba serlo, sino porque veníamos de un precedente muy reciente en el que la indignación había sido unánime. Nada más lejos de la realidad.
Resulta que, en este caso, la libertad de expresión debía situarse por encima del respeto. Que pitar el himno de España sí podía considerarse un acto legítimo. Que la indignación se rebajaba hasta convertirse en algo anecdótico. Es verdad que, en medio de todo ese bochorno, me sorprendió gratamente escuchar a Paco González, el único que señaló la contradicción evidente: en este país nos llevamos las manos a la cabeza cuando se silba cualquier himno… salvo el nuestro. Y es ahí donde aparece el problema de fondo. No tanto el hecho puntual, que también, sino la doble vara de medir. Porque el mensaje que se transmite es que hay pitadas buenas y pitadas malas, faltas de respeto tolerables y otras inaceptables, dependiendo del símbolo al que se dirijan. Y eso, además de incoherente, es profundamente injusto. O defendemos el respeto siempre, o asumimos que no nos importa tanto como decimos.
En otros lugares, como Francia, pitar el himno nacional provoca la suspensión del evento, sea deportivo o de cualquier otra índole. Yo no soy especialmente partidario de la censura ni de las prohibiciones. Creo en la libertad de expresión, pero también creo que el respeto debería situarse siempre por encima. Personalmente, no se me pasaría por la cabeza pitar ningún himno, el de mi país o el de cualquier otro. No me nace, no lo entiendo y, sobre todo, no creo que aporte absolutamente nada. Porque, además, conviene recordar algo evidente: pitar un himno no cambia nada. No soluciona conflictos, no arregla problemas y no mejora la convivencia. Solo genera ruido, incomodidad y una imagen innecesariamente negativa.
Es un gesto vacío que, sin embargo, tiene un impacto enorme porque se produce en escenarios con millones de espectadores. Y el fútbol, precisamente por su enorme alcance, multiplica cualquier gesto, para bien y para mal. Si a todos los medios les pareció patética y ridícula la imagen que dio España al mundo el día del amistoso frente a Egipto, imaginemos la que damos cuando silbamos nuestro propio himno. Porque, más allá de debates ideológicos, lo que se ve desde fuera es simplemente un estadio pitando un símbolo que representa al país anfitrión. Y eso, se mire como se mire, tampoco deja en buen lugar a nadie.
Tenlo claro, si pitas el himno de España, o cualquier otro, tú tampoco te mereces el respeto de nadie
El fútbol tiene algo maravilloso: es el deporte más seguido del planeta. Pero también arrastra su cara menos amable: precisamente por su alcance masivo, siempre habrá un porcentaje considerable de maleducados y de paletos que confunden la libertad de expresión con la falta de respeto, que utilizan la grada como válvula de escape de frustraciones personales y que encuentran en el anonimato colectivo una coartada perfecta. Gente que cree que todo vale, que cualquier gesto es defendible si se ampara en la libertad individual, olvidando que la convivencia también exige ciertos mínimos. Y, probablemente, ese sea el verdadero problema. Que hemos normalizado comportamientos que, en cualquier otro ámbito, nos parecerían inaceptables. Que hemos asumido que en el fútbol todo está permitido. Y que, mientras seguimos discutiendo sobre si pitar un himno concreto está bien o mal, perdemos de vista lo esencial: el respeto debería ser siempre el punto de partida. Sin matices, sin excepciones y sin dobles raseros. Porque, de lo contrario, no estaremos defendiendo principios, sino simplemente justificando aquello que nos conviene en cada momento.
Quizás, si quienes protagonizan estas escenas pudieran verse desde fuera, si contemplaran sus propios gestos con la misma distancia con la que juzgan los de los demás, otro gallo cantaría. Pero mientras eso no ocurra, seguiremos asistiendo, año tras año, a la misma discusión, al mismo ruido y a la misma falta de coherencia. Y, lo que es peor, seguiremos dando por normal algo que, en el fondo, nunca debería haberlo sido. Tenlo claro, si pitas el himno de España, o cualquier otro, tú tampoco te mereces el respeto de nadie.
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En la era de los presidentes-espectáculo, décadas atrás, al entrenador lo destituía el sumiller de la noche a la mañana. Si la cena del presidente estaba bien regada, parafraseando a Milei, ¡Afuera! Caían entrenadores en Primera División como si les sacasen tarjeta roja. Y caían con saña. Nadie miraba el momento ni la oportunidad. Ni se agradecían los servicios. Quizá porque tanto los aficionados como los profesionales del fútbol eran de piel más gruesa, y había que cortar las olas de indignación popular antes de que llegaran a la orilla del palco.
Hoy se despide en bajito, con frialdad, e incluso con un café con leche presidencial, que ya no hace falta cogorza para armar la revolución. La experiencia de aquellos años frenéticos (¿alguien sabe realmente cuántos entrenadores tuvo el Atlético de Madrid de Gil y Gil y tal y tal?) nos dice algo impopular pero certero: cuando un mismo equipo de futbolistas consume varios entrenadores en poco tiempo, el que funciona finalmente no es el que traía más esperanza, más renombre, o métodos más brillantes, sino simplemente aquel que no es destituido. ¿Perogrullada? No lo creo.
Ancelotti, Xabi Alonso, Arbeloa. Temporada en blanco, con permiso de la Virgen de Lourdes y de Santa Bárbara, patrona de las matemáticas, y miraditas al banquillo. ¿Está haciendo Arbeloa mal las cosas? Si exceptuamos el lisérgico, incomprensible y definitivamente deprimente cambio de un gran Brahim por un tambaleante Camavinga en el minuto 61, no me atrevería a culpar al míster de casi nada de lo que nos ha ocurrido esta temporada.
No pocos en La Galerna están sugiriendo la urgencia de una revolución en la plantilla y dudo que haya muchos madridistas que opinen lo contrario. Considerados individualmente, tenemos enormes jugadores, los mejores del mundo en su puesto en muchos casos, pero sería estúpido cegarse a una realidad que ha estado una y otra vez presente a lo largo de toda la temporada: no acaban de funcionar como un equipo.
El Real Madrid de 2026 pide a gritos: romper el papel con la alineación base y sus posiciones y volver a empezar de cero
A partir de esa consideración se entrecruzan miles de teorías e hipótesis, que a menudo llegan lastradas por la inquina personal del que las emite hacia tal o cual futbolista, algo que también es lícito, pero que no contribuye a aclarar el debate. La segunda temporada entre calamidades es una magnífica oportunidad para hacer algo que el Real Madrid de 2026 pide a gritos: romper el papel con la alineación base y sus posiciones y volver a empezar de cero.
Entre las ideas que he visto en redes hay locuras geniales y locuras a secas. Se plantea, por ejemplo, la pregunta de qué ocurriría si Mbappé jugara en su banda. Se plantea también la importancia de volver a tener un delantero centro que sea eso, delantero centro. En el bando contrario, hay quienes critican que, con el francés, el Madrid parece jugar solo para él. Mi impresión es que eso no ha sucedido, porque sin duda habría marcado muchos más goles en esta segunda mitad de la temporada, aunque no estoy nada seguro de que él haya contribuido decisivamente al juego de equipo. Es una elucubración, por supuesto, porque nunca sabremos lo que Arbeloa le pide que haga en el campo.
Ya dije meses atrás que el síntoma más preocupante de este Real Madrid es que los jugadores discuten en el campo, durante el partido, una y mil veces. Discuten, conversan, debaten, llámalo como quieras. Eso no es normal en un equipo de élite, transmite una imagen de debilidad extraordinaria, y quizá explica la facilidad con la que este equipo se desploma anímicamente en cuanto se enfrenta a partidos coñazo sin el morbo de la Champions.
Hay mil combinaciones posibles en el campo que aún no se han probado, Arbeloa es un entrenador perfecto para experimentar con sentido común
Mención aparte merece la vieja demanda del centrocampista con capacidad de manejar la batuta y crear juego. Arda es un gran jugador y tiene muchas virtudes, pero imagino que estaremos de acuerdo en que no ha asumido todo el peso de esa responsabilidad. Valverde es un monstruo, lo hemos disfrutado en las últimas semanas, pero tampoco tiene ese perfil. Y así podemos repasar uno a uno a todos los del medio, comprobando con tristeza que ninguno reúne todas las características idóneas para esa función, por más que cada uno tiene sus propias e interesantes virtudes. Sería genial traer a un centrocampista creador, pero no dejo de preguntarme algo: ¿existe? Cuanto más veo la falta de ese jugador, más gracias doy a Dios —si cabe— por haberme permitido tantos años de felicidad con Lukita Modric en la plantilla.
En definitiva, me sumo a los que quieren la gran revolución, pero no solo a golpe de fichajes y despedidas —que también—. Hay mil combinaciones posibles en el campo que aún no se han probado, Arbeloa es un entrenador perfecto para experimentar con sentido común, y alguien en el club debería centrarse en analizar detalladamente por qué demonios estos chicos no logran jugar como un equipo.
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