Buenos días, galernautas. El Mundial de selecciones nacionales de fútbol está ya en marcha con todos los cilindros bombeando. Ayer mismo pudimos paladear un Corea del Sur-República Checa y, por la tarde, un Canadá-Bosnia. Solamente los sibaritas habituados al verdadero caviar futbolístico sabrán paladear estas ambrosías. Es otra de las ventajas de organizar un torneo con más de treinta, pero menos de novecientas participantes. Se garantiza el interés de cada uno de los duelos, no habiendo lugar para el relleno ni para un solo encuentro que no resulte exigente para nuestro corazón.
Con taquicardias aún, echamos un ojo a las portadas de la prensa presuntamente deportiva y Marca, diario gallárdico y verdadero ariete de prensa madridista para los antimadridistas, aunque sea igual de antimadridista que ellos, se pone musical. Lleva a su cabecera a Slash, el guitarrista de Guns n Roses, si bien en su versión SIN sombrero de copa. Ya en edición de este Portanálisis, nos permitimos corregir al portanalista e indicarle que la persona de cabellera tan abundante como revoltosa, es el lateral español Marc Cucurella, que aprovecha para hablarnos de ilusión. Fantástico. Colosal. Ciclópeo.
As, diario antes dirigido por Relaño, nos regala un frontispicio copado por LluÍs de la Font diciendo que España puede ganar el mundial. ¿Realmente estamos tan yermos de información que hay que tirar de entrevistas masaje? También se menciona algo sobre la renovación de Vinícius, asunto este que se enquistó.
Llevamos dos portadas y no hemos visto nada digno de recibir una ínfima micra de nuestra atención. Continuemos nuestra búsqueda en la prensa cataculé. Situaciones desesperadas piden medidas igualmente desesperadas.
Sport se despacha con otra portada monopolizada por Joan García. Titulan algo de ilusión mundial. Teniendo en cuenta que ilusión puede interpretarse como impresión de que algo existe cuando realmente no lo hace, el club de Joan García, pronúnciese “Guersía”, es el más ilusionante del mundo. Aparenta tener decencia, ética, principios, valores e incluso dinero, pero no tiene ninguno de ellos.
El diario del Conde de Godó, Grande de España nos muestra a Fernando Alonso, pero lo mollar está abajo a la izquierda. Mencionan una demanda de conciliación contra Florentino Pérez. A no mucho tardar leeremos el insufrible concepto “querella criminal”. La querella, por definición, es del orden penal, es decir, criminal, por lo que esa formulación equivale a decir “esférico redondo” o “coche automóvil”: redundante y prueba inequívoca de estulticia.
Pasad un excelente día y estudiad más derecho.
Buenos días. Además de anunciar que la recién reelegida junta directiva ha nombrado oficialmente nuevo presidente a Florentino Pérez, el Real Madrid emitió ayer dos solemnes comunicados oficiales.

En el primero, informaba del nombramiento como socio de honor del Papa León XIV. Se trata de un movimiento que no resulta sorprendente tras confesar el Sumo Pontífice (no a través del sacramento de la penitencia, sino a viva voz en un avión) que bebía los vientos por el club de Concha Espina. Se apresuró a aclarar que el vicario de Cristo en la tierra es de todos los equipos, pero Robert Prevost es más vikingo que Olaf el ídem. Es esta última una acotación que no agrega mucho, más allá de recordarnos que, como Jefe de Estado, el Pontífice cuida la diplomacia. El máximo representante en la tierra del Dios de los cristianos ha de compartir por fuerza afinidades con el Supremo Hacedor, madridista de cuna (o de pesebre) según célebre sentencia de Juanma Rodríguez. Nosotros, en La Galerna, no tenemos la menor duda del madridismo de Dios, si bien determinadas actuaciones o connivencias divinas, como lo de Tenerife o la eliminación ante el Dortmund en 2012, nos hacen sospechar turbiamente que tal vez propenda a la vertiente pipera.
Además, Florentino y el Papa han sido vistos en un encuentro público previo al acto religioso que se celebró en el Bernabéu. Fue la lógica antesala del nombramiento como socio de honor. Nos cuentan, con todo, que esa reunión no fue ajena a cierto resquemor.
—Santidad, a mí los escolapios, siendo niño, me enseñaron a través del octavo mandamiento el valor de la verdad. ¿Cómo es posible que la Conferencia Episcopal tenga en España una emisora de radio que no cesa ni un segundo de mentir sobre nuestro Real Madrid?
El hecho es que tanto León XIV, que es de todos los equipos, como Robert Prevost, que es más blanco que usted y yo, tendrán dentro de veinte años la antigüedad suficiente como para presentarse como candidatos a la presidencia del mejor club del mundo, previa presentación del aval, todo sea dicho. (Si Riquelme tuvo que irse a esquiar a Andorra para que le avalaran, no vemos problema en que la propia banca vaticana posibilite a su debido tiempo la candidatura del Santo Padre, que tanto prestigio añadiría al que lleva consigo la propia institución). Esto sí que cerraría el círculo del madridismo del Padre Celestial, dicho sea todo con el debido respeto.

En el otro comunicado, el club anunciaba el secreto a voces de la contratación de Mourinho. Hay un cierto parecido físico entre Prevost y Mou. Puede incluso que los agentes inmobiliarios les confundan cuando vayan por ahí buscando chalet en La Finca. La principal diferencia, aparte de la indumentaria delatora, es de carácter: el portugués se gastó una mala leche que por el momento se le desconoce al norteamericano. Cabe indicar aquí que la ira de Mou es ira santa, y que la cruzada está servida en la sala de prensa contra infieles que ya afilan sus cimitarras, en la esperanza de reeditar batallas pretéritas.
La prensa deportiva madrileña destaca otra noticia importante, esta vez no oficial (aún): Bernardo Silva está (semi)firmado. Nos parece una gran contratación, a despecho de que los malos se muestren escépticos al llegar el jugador como agente libre. Lo venderán por ello como si el Madrid hubiera adquirido un producto de saldo, venido a menos. Lo cierto es que Bernardo, pese a su edad (casi 32), es uno de los pocos jugadores en el planeta que nos recuerdan al añorado Luka Modric en términos de creatividad e inteligencia en el centro del campo. El otro que nos recuerda a Luka es Vitinha, que en cambio no está a tiro.
O sí.
Poco más por hoy, queridos amigos. La prensa cataculé viene rendida al Mundial, coreándolo con mexicanismos que lindan con el topicazo y extasiados ante espectáculos de madrugada que ríete tú de aquellos cines golfos. Hoy, por ejemplo, a las 3AM, tenéis un Estados Unidos-Paraguay ante el cual solo cabe postergar la llegada al lecho y disfrutar echando chiribitas por los ojos. Aprovechamos para recordaros que la fruta de verano conocida como paraguaya no solo no proviene de dicho país, sino que es totalmente desconocida en el mismo.
El saber no ocupa lugar.
Pasad un buen día.
Supongo que el titular de este artículo no significará lo mismo para todo el mundo. Habrá quien lo lea y no le despierte absolutamente nada, quien viaje de inmediato a una de las etapas más intensas y agitadas del madridismo moderno y quien, simplemente, recuerde unos años que preferiría borrar de su memoria. Esa es precisamente la grandeza y, al mismo tiempo, la condena de un personaje como José Mourinho.
Es imposible que genere una sensación unánime. Con él nunca ha existido el término medio. Mourinho no entiende los grises, y tampoco permite que quienes le siguen o le critican se refugien en ellos. Con Mourinho siempre se ha sido de un bando o del otro, con una pasión desmedida que convierte cualquier debate sobre su figura en una batalla. Sé perfectamente que muchos de los que lean estas líneas sentirán rechazo. Incluso imagino que algunos dejarán de leer antes de llegar al final. Y, sinceramente, lo entiendo. Si yo hubiera vivido aquella época desde el lado contrario, probablemente también habría terminado odiando al entrenador portugués. No me cuesta reconocerlo.
El famoso lema de #JMTR, José Mourinho Tenía Razón, nació casi como una provocación, pero con el paso del tiempo muchos aficionados consideran que algunas de sus advertencias se han ido confirmando
Sin embargo, mi experiencia fue exactamente la opuesta. Para mí, ser de Mourinho era defender una forma de entender el fútbol y el madridismo que hoy echo de menos. Para muchos, Mourinho era polémica. Para otros, era ruido, enfrentamientos y ruedas de prensa incendiarias. Para mí era jerarquía. Era un entrenador que exigía un compromiso absoluto y que no aceptaba medias tintas. El que entrenaba mal sabía que iba a tener problemas. El que no daba el máximo entendía que, tarde o temprano, acabaría señalado. Y el que pensaba que el escudo del Real Madrid podía pesar menos que su propio nombre descubría rápidamente que con Mourinho eso no tenía cabida.
Muchos criticaron sus formas, pero pocas veces se detuvieron a analizar el fondo. Porque detrás de cada salida de tono había un mensaje muy claro: el Real Madrid tenía que volver a competir con el hambre de los grandes equipos. No bastaba con el talento. No era suficiente con la calidad individual. Había que recuperar el orgullo, el carácter y la sensación de que cada partido era una batalla. Yo siempre tuve la impresión de que Mourinho representaba la figura del entrenador dispuesto a proteger a los suyos por encima de cualquier cosa. Mientras otros preferían guardar silencio, él salía delante de los micrófonos para asumir el desgaste. Mientras muchos aceptaban determinadas situaciones como inevitables, él las denunciaba.
Y aquí aparece uno de los asuntos que más división sigue generando entre los aficionados. Durante años, Mourinho habló de un sistema que, según él, perjudicaba al Real Madrid. Se rieron de él, le llamaron paranoico y lo convirtieron en el villano perfecto para gran parte de la prensa deportiva. El tiempo ha traído consigo el llamado caso Negreira y una investigación que ha provocado que muchos vuelvan la vista atrás y recuerden aquellas denuncias. Cada uno tendrá su opinión sobre el alcance de los hechos, pero resulta evidente que muchas de las cosas que en su día parecían imposibles hoy forman parte del debate público.
Precisamente por eso me cuesta entender que haya madridistas que reciban una hipotética vuelta de Mourinho con enfado. No hablo de tener que compartir todas sus decisiones o justificar todos sus excesos. Sería absurdo. Mourinho también se equivocó y, seguramente, más de una vez confundió la intensidad con la confrontación permanente. Pero reducir su legado a eso me parece profundamente injusto. A José Mourinho nunca le gustaron los llamados topos del vestuario. Nunca soportó a quienes anteponían sus intereses personales a los del equipo. Tampoco aceptaba que un jugador se escondiera en los momentos difíciles, o que el capitán del equipo no defendiera a un compañero cuando las circunstancias lo exigían. Esa forma de actuar le costó conflictos con futbolistas importantes y provocó una fractura dentro del madridismo.
Mourinho habló de un sistema que, según él, perjudicaba al Real Madrid. Se rieron de él, le llamaron paranoico y lo convirtieron en el villano perfecto para gran parte de la prensa deportiva. El tiempo ha traído consigo el llamado caso Negreira
Había quienes entendían que estaba destruyendo el vestuario y quienes pensábamos que estaba limpiándolo. Y es aquí donde quiero dirigirme a quienes miran su figura con desconfianza. Antes de rechazarlo, dadle una oportunidad. Porque el madridismo nunca ha consistido únicamente en discursos elegantes o en repetir una serie de valores vacíos mientras los resultados se escapan. El Real Madrid es un club construido sobre la exigencia. Un lugar donde ganar no es un deseo, sino una obligación. Y, cuando esa obligación desaparece, cuando el conformismo empieza a instalarse, alguien tiene que recordar qué significa vestir esa camiseta. Si Mourinho señala a un futbolista en octubre porque no se está dejando la vida sobre el césped, mi opinión seguirá siendo la misma independientemente del nombre que lleve en la espalda. Duele más cuando se trata de un jugador al que admiras, pero la exigencia no puede depender de simpatías personales.
Durante demasiado tiempo, el madridismo ha contemplado actuaciones mediocres sin la reacción que una institución de esta magnitud merece. También creo que el madridismo debe dejar de sorprenderse por el tratamiento que Mourinho recibe en muchos medios de comunicación. No es casualidad que su figura genere tanta animadversión. Durante años fue un entrenador incómodo. No aceptaba determinadas preguntas, respondía con ironía a quienes buscaban crear conflictos y señalaba situaciones que otros preferían ignorar. Eso le convirtió en un personaje perfecto para ocupar portadas y alimentar debates interminables.
Pero el madridista debe tener criterio propio. No puede dejar que su opinión la construyan quienes llevan años marcando el relato según sus propios intereses. Si algo enseñó Mourinho fue precisamente eso, que el Real Madrid tenía que defenderse a sí mismo porque nadie iba a hacerlo por él. Tengo la sensación de que el club está entrando en una etapa decisiva. Una época en la que la necesidad de volver a conquistar títulos importantes será absoluta. El Real Madrid nunca debió perder esa hambre competitiva, pero el fútbol moderno castiga cualquier relajación. Las temporadas pasan muy deprisa y un club acostumbrado a llenar sus vitrinas no puede permitirse instalarse en la autocomplacencia. Por eso creo que la afición tiene una responsabilidad. Podemos seguir anclados en viejos enfrentamientos o entender que el objetivo está por encima de cualquier filia o fobia personal. Podemos discutir sobre las formas de Mourinho, sobre sus declaraciones o sobre determinadas decisiones que tomó en el pasado. Todo eso es legítimo. Lo que no deberíamos olvidar es que siempre actuó desde una convicción inquebrantable: el Real Madrid tenía que competir contra todos y rendirse ante nadie.
El famoso lema de #JMTR, José Mourinho Tenía Razón, nació casi como una provocación, pero con el paso del tiempo muchos aficionados consideran que algunas de sus advertencias se han ido confirmando. Tenía razón, dicen algunos, cuando denunciaba que existían intereses contrarios al Real Madrid. Tenía razón cuando aseguraba que había demasiado madridista disfrazado, más preocupado por quedar bien que por defender al club. Tenía razón cuando afirmaba que un jugador que no entrena como debe no puede tener privilegios. Y tenía razón cuando repetía que el madridismo consiste en morir sobre el campo y no en esconderse detrás de discursos grandilocuentes. Seguramente nunca habrá unanimidad alrededor de José Mourinho y, sinceramente, tampoco la necesita. Su figura siempre estará asociada al conflicto, a la intensidad y a una manera de vivir el fútbol que obliga a posicionarse. Pero quizá esa sea precisamente su mayor virtud. En una época en la que todo parece calculado para no molestar a nadie, Mourinho siempre eligió el riesgo de decir lo que pensaba.
Por eso, ahora que el destino vuelve a cruzar su camino con el del Real Madrid, yo solo puedo decir una cosa. Bienvenido a tu casa, José. Porque habrá quien recuerde las polémicas, quien no perdone determinados episodios y quien siga pensando que representa todo lo que no debe ser el fútbol. Yo, en cambio, seguiré viendo al entrenador que devolvió al madridismo el orgullo de plantar cara, el convencimiento de que nadie regala nada y la obligación de luchar hasta el último minuto. Y esas son cualidades que, para muchos, nunca debieron marcharse del Santiago Bernabéu.
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El fútbol patrio anda desconcertado estos días. No sabemos a qué atenernos en el neoflorentinismo recién instaurado. Las redes bullen. Los culés se debaten entre el anuncio desvergonzado de Yuste sobre una demanda a Florentino y la perplejidad. Los medios antimadridistas, valga la redundancia, buscan referencias para poder atacarnos. Excusas para prolongar de alguna manera la insidia habitual. Se atropellan y se interrumpen los tertulianos en los programas nocturnos para tratar de explicar el comportamiento del club durante las horas posteriores a la victoria electoral del candidato Pérez. No sabemos qué vendrá después, pero el sabor del desconcierto y la desafección general es agradable como el primer trago de una botella de buen vino.
Ciento cincuenta millones de euros por Julián Álvarez. ¿Realmente lo queremos? Ni idea. ¿Realmente lo necesitamos? No. ¿Entonces? Otro delantero híbrido. Ni chicha, ni limoná. Desembolso excesivo, considerando el overbooking para el año que viene: Rodrygo, Vini, Mbappé, Brahim, Mastantuono, Gonzalo, Endrick... Ya tenemos siete delanteros para dos o tres posiciones, dependiendo del partido. ¿Dónde jugaría Julián? Un nueve y medio que pierde en todos los aspectos del juego comparado con Benzema. ¿Alguien habría pagado 150 millones por un Benzema de veinticinco años? Concédanme que es un movimiento de mercado desconcertante, salvo que la maniobra esconda una estrategia menos obvia.
Se habla de que Florentino ha querido fijar el precio del argentino para dificultar la siempre cutre táctica negociadora del Barcelona en los fichajes, especialmente con el Atlético. Me cuesta imaginar a nuestro presidente en una jugada tan burda y cortoplacista. Florentino jamás mira hacia abajo. Él suele poner su atención en el horizonte.
Bien. Descartemos por el momento un interés legítimo en fichar a Julián por semejante e injustificable suma de dinero. Su llegada pondría en el mercado a uno o varios delanteros de la plantilla este mismo verano: ¿a Vini si no renueva en condiciones razonables? ¿A Endrick que va para crack generacional? ¿Brahim? ¿Mastantuono? Mbappé no será. Costó demasiado esperarlo como para deshacerse de él prematuramente a pesar de sus imperdonables meses finales de la aciaga temporada.
¿Dónde jugaría Julián? Concédanme que es un movimiento de mercado desconcertante, salvo que la maniobra esconda una estrategia menos obvia
Quiero pensar que Florentino está en su mundo, lejos de nuestras elucubraciones, en una dimensión diferente a la de los medios y a la de los autónomos malvividores de las redes, negociando "el futuro del fútbol" con la UEFA. Recuerden la publicación "marciana" de febrero, el extraño comunicado. Me sigo fiando de mi instinto y de la férrea convicción del Teleco Calvo, que circulan habitualmente por la misma carretera y en la misma dirección. Aunque se haya olvidado, porque nadie ha vuelto a hablar de ello, creo que sigue vigente el sartenazo de los cuatro mil quinientos millones de euros de la póliza de seguro que el tribunal de justicia europeo otorgó al Real Madrid en la sentencia antimonopolio por la Superliga.
Si se confirma lo anterior, la oferta de Julián sólo habría sido una maniobra de distracción: Florentino ha cumplido su promesa electoral con el único propósito de entretener a los mediocres del periodismo deportivo, que se lanzarán a desmembrar la presa, con sus argumentos ad hoc, con su discurso acostumbrado del ser limitado que intenta comprender cómo funcionan las estrellas, esos puntitos brillantes en el cielo. Inaccesibles. Inalcanzables. Ininteligibles.
Es la segunda vez en la historia que el Real Madrid publica una oferta. La primera fue la de Mbappé en 2023, para que quedara clara la voluntad de contratar al jugador y que si no era ese verano llegaría libre el siguiente. La intención dejó expuesto al PSG, que rechazó sin parpadear 200 millones de euros desde el centro de mando de Catar, cinco meses antes de que el jugador quedara libre para firmar con otro club. Quedó muy claro que el dinero nunca será un problema en el futuro del fútbol europeo de clubes estado. El Madrid no anuncia fichajes. Aún no sabemos qué anunció con el asunto de Julián. Pero lo sabremos.
Es un hecho que Mourinho es un entrenador que no se conforma con lo que le den. La plantilla del Madrid está hipertrofiada, en posiciones y en madurez, y José lo sabe. Para la idea de fútbol del portugués no sirve cualquiera. Y Florentino necesita que la próxima temporada sea un éxito indiscutible. Le concederá al menos tres deseos. Además de trabajar en fichajes de clase media, soldados que mueran por su entrenador, estoy seguro de que el club anda en una operación encubierta que ilusionará al madridismo.
Desbaratar el centro del campo del PSG no me parece una opción factible. Luis Enrique no lo aceptaría salvo imposición de su presidente por causa de fuerza mayor, que bien podría ser un acuerdo tripartito entre Ceferin, Al-Khelaifi y Florentino, “por el futuro del fútbol”. Desconocemos todo sobre ese acuerdo y los superpoderes que le concede al Real Madrid como interlocutor único de la UEFA.
Haaland se me antoja inaccesible. Sólo estaría a nuestro alcance si la sanción pendiente al City por las 130 infracciones probadas sobre Fair Play Financiero no se estuviera diluyendo con el tiempo. De hecho, ya parecen poca cosa en comparación con la excelencia futbolística que nos ha regalado Pep en la última década, dos mil millones de euros y un título de Champions después. La afición inglesa, tan preocupada por la Superliga, tolera sin náuseas que el vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos y miembro de la familia real de Abu Dabi adultere su competición, siempre que puedan disfrutar del incomparable y arrepentido Pep. Hace unos días, en un acto de contrición, el inventor del fútbol manifestó haberse dado cuenta de que ha sacrificado su matrimonio, su familia y su vida por su profesión, no por su ego ni por su cuenta bancaria. Pobre.
Es un hecho que Mourinho es un entrenador que no se conforma con lo que le den. La plantilla del Madrid está hipertrofiada, en posiciones y en madurez, y José lo sabe
Se hace difícil aguantar diariamente la ponzoña cejijunta del noreste, pero tenemos motivos para confiar. El Real Madrid nos ha hecho felices con una regularidad tal que dos años en blanco ya hacen dudar a los impacientes. El suspense de este verano y el hermetismo de jugador de mus de Florentino puede terminar en un subidón de optimismo para la temporada siguiente o en suspiros de resignación, si terminando el Mundial no encontramos motivos para recuperar la fe. Sed fuertes, madridistas. Será la puerta grande o la enfermería.
En mis más inconfesables ensoñaciones, visualizo a Florentino pactando con la UEFA darle carpetazo al caso Negreira, dejando que el proceso penal se vaya disolviendo, prescribiendo, como es costumbre en nuestra pobre España, a cambio de tres años sin Europa del club más corrupto del planeta. ¿Se imaginan ver vestidos de blanco a Lamine Yamal o a Pedri, huyendo de un futuro sin Champions? Es un sueño bizarro, lo sé. No sucederá. Pero y si...
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Buenos días. Dado que, por razones fiscales, no podemos aún presentar a Mou, y en el entendido de que tampoco podemos hacer lo propio con Dumfries y Konaté porque andan atareados en no sé qué por Norteamérica, el día se presenta canino en lo relativo a actualidad madridista, y ya sabemos lo que pasa en esos casos: de igual forma que el sueño de la razón a Goya le producía monstruos, las portadas los producen cuando el Madrid no pulula por ahí (y cuando pulula).
Así, en la primera plana de As vemos a Javier Tebas disfrazado de Huitzilopochtli, dios azteca protector de Tenochtitlan, tratando de poner al mal tiempo buena cara ante la victoria electoral de Florentino Pérez.
Los mexicas creían que Huitzilopochtli había guiado a su pueblo durante su larga migración hasta encontrar la señal prometida: un águila posada sobre un nopal devorando una serpiente. Así, de igual modo, los presidentes de los clubes de fútbol y la prensa deportiva han sido untados para manifestar creer que CVC es la señal de salvación de su gente. No consta que Tebas devore serpientes, pero a cambio cuentan que es un hacha con los canapés, ya sea posado sobre un nopal o contestando preguntas a Mónica Marchante con los ojos inyectados en estricnina.
Pese a la sonrisa profidén que luce en el intersticio de sus dos trenzas verdes, Huitzilopochtli apenas puede contener su ira ante los resultados de los comicios en La Casa Blanca, y junto a otras deidades como Foutocatl (dios del viento y las trompetas), Tezcatlilama (dios de la sintaxis) y Juantxocuhtli (dios de la ocultación en portada de los desmentidos de los agentes) ya prepara una sacrificio humano a modo de desagravio a los dioses, es decir, a sí mismos. Las cosas ya no son como en la vieja Tenochtitlan, por lo que no se descarta que el sacrificio humano se limite a tres collejas a Melchor Ruiz. Qué tiempos aquellos en que la sed de sangre de los dioses podía satisfacerse sin remilgos.
A todo esto, la portada de As nos informa de que esta madrugada, a las 4AM, está al alcance de vuestras pupilas y de las nuestras un apasionante Corea del Sur-Chequia. Ya solo falta dilucidar la respuesta para la eterna pregunta en estas circunstancias, o sea, nos ponemos el despertador o vamos de empalmada. Eso ya es decisión de cada uno, si bien nos consta que tanto Bong Joon-ho como Franz Kafka se sentarán delante de la tele con la penúltima y escucharán el gorjeo de los primeros gorriones de la mañana cuando las primeras luces del alba atestigüen el retorno a casa de Jan Laporta desde Luz de Gas.
“Estamos unidos”, suelta a bocajarro Marca, en referencia al Mundial de fútbol que hoy empieza. A nuestro juicio, somos demasiados para estarlo. 48 selecciones es mucha gente como para seguir albergando en el alma el sueño loable de un mundo que camina por la misma senda. Ya sabéis que se dice que en el próximo serán 64. Se prevé que queden fuera exclusivamente San Marino, Lesotho, Liechnestein y las Islas Pitcairn, que jugarán un cuadrangular en Helsinki para celebrar su no-clasificación.
La prensa cataculé, entretanto, realiza su aproximación a esta Copa del Mundo desde una óptica universalista. Que nadie pueda acusarles jamás de mirarse el ombligo y enfocar las cosa únicamente desde el prisma blaugrana. Para Lamine, la primera Copa del Mundo. Para Messi, la última. Para Negreira, ni una cosa ni otra. La vida a veces es muy injusta, y hay unsung heroes cuyas gestas nunca quedan suficientemente glosadas.
Injusticia histórica.
Pasad un buen día.
Buenos días. La segunda acepción del argentinismo “quilombo” significa según la RAE “barullo, gresca, desorden”. Sobre la primera acepción pasaremos de puntillas. El título de este portanálisis alude a la segunda.
La tarde/noche de ayer estuvo marcada por un comunicado oficial del Real Madrid en el que hacía saber de su frustrado intento de fichar al argentino Julián Álvarez, delantero del Atlético de Madrid. En Horizonte, durante la campaña electoral, Florentino había anunciado que haría una oferta de 150 millones por un gran jugador. Por esta vía, anunciaba que la oferta había sido por Julián, y que había sido rechazada.

Este comunicado causó inmediata y generalizada perplejidad. No estamos acostumbrados a que las ofertas entre clubes se hagan públicas de esta manera. En redes sociales, los madridistas más vehementes se apresuraron a acusar a Florentino de haberles humillado. Los más reflexivos optaron por pensar que en esta jugada hay tal vez más trasfondo del que parece. Quizá pronto tengamos una explicación…
El caso es que el Atleti no tardó en contestar en las propias redes. Se ve que los de Apollo, el poderoso fondo de inversión que ahora es dueño del club de San Blas, aún no han depurado de componentes del Frente Atlético o asimilados los intersticios del organigrama. Tener un CM que se expresa en los términos chabacanos y sañudos que vais a leer a continuación no es cualquier cosa, pero no conviene olvidar que hablamos de una institución que vive domeñada por la facción más zafia y violenta de su propia afición, ante la que muchos de los que están en nómina, jugadores incluidos, sienten miedo físico.
Teniendo esto en cuenta, se entiende la escasísima clase y rabia hooliganesca de los rebuznos que os disponéis a leer, todo ello precedido por un post previo lleno de emojis de risas que a nosotros nos llegan roncas, cazalleras, con aroma a carajillo mañanero.
Las portadas del día se aprestan a informar del insólito suceso, dando cada una muestra de sus conocidas líneas editoriales.
Marca destaca el NO del Atleti, para el que parece solicitar mayúsculas más grandes. Se adivina un turbio placer que roza lo sensual en el hecho de que los vecinos de Canillejas hayan declinado una oferta del aborrecido rival capitalino. No será porque Marca tenga la menor querencia rojiblanca, válganos Dios. O no nos valga, lo cual sería impío si atendemos a los versos teresianos según los cuales solo Dios basta. (Disculpad esta pequeña disgresión, pero la visita papal ha reavivado en este humilde portanalista rescoldos de una fe ahora soliviantada por el confeso madridismo de Prevost).
Lo curioso es que el propio Atleti se apresuró a azuzar a sus periodistas de cámara para hacer colar la especie de que el Madrid se había puesto en contacto, sí, pero no con una oferta económica concreta.

¿A qué se debe ese movimiento del club colchonero? ¿Por qué niegan que haya habido oferta económica específica? Muy sencillo. Ya no son propiedad (indebida) de Gil y Cerezo, sino de Apollo, un poderoso fondo de inversión. Si sus dirigentes reciben una oferta concreta por un jugador, deben notificarlo al fondo. En otras palabras, admitiendo que han recibido una oferta de 150 millones por Julián, y que la han rechazado, se están obligando a rechazar cualquier otra oferta inferior. Esto deja al Atleti en una posición complicada, y no es el único. Se sabe que el Barça quiere al futbolista, y ahora, después de este movimiento de Florentino, tampoco podrá ya hacerse con Julián por un precio inferior a esos 150 millones.
Este último punto explica el posicionamiento que hoy muestra la prensa cataculé, patentemente escocida por las nuevas circunstancias. “El Madrid se entromete por Julián”. Sí creyéramos en los emojis, ahora mismo se colarían unos cuantos en este portanálisis, pero no somos colchoneros.
En fin, amigos. Os dejamos con la portada de As, y os conminamos a estar atentos a más revelaciones sobre este movimiento de mercado, curioso cuanto menos.
Pasad un buen día.
Superado el impasse de promesas, humo, artificio y confusión vivido en las elecciones, el Real Madrid vuelve a escena. Y es que el fútbol, como la primavera, ni se detiene ni espera… no digamos en Chamartín. Prepárense, porque se avecinan semanas en las que el Mundial compartirá atención mediática con las noticias de Concha Espina. Pero es que sólo el regreso de Mourinho bien vale la renovación del abono, para qué nos vamos a engañar.
Nunca dejará de sorprender el poder de la pelota para cambiar un torrente de frustración por otro de ilusión en el breve lapso de unas semanas. Después de dos aciagas temporadas, aquí estamos, de nuevo, pendientes de fichajes, novedades, declaraciones, noticias. Por muchos reveses que te dé, la chica guapa jamás pierde su encanto.
¿Vendrá por fin un centrocampista al que se enciendan las luces cuando reciba la pelota? ¿Dejará de sufrir el Madrid en su línea defensiva? ¿Habrá alguna sorpresa en la delantera?
Los primeros de la lista, oh, novedad, ciertos periodistas que ya han disparado aire sin dejar siquiera aterrizar al técnico portugués. “Este Mourinho no ha clasificado al Benfica para la Champions; no puede venir con las ínfulas del 2010”, ha manifestado Segurola. Reconociendo quealgunas segundas partes no salieron bien en el pasado —me vienen a la cabeza Beenhakker y Tenerife en el 92, Toshack y la descomposición de la Quinta de los Ferrarien 1999 o, incluso, don Alfredo y su exigua Supercopa del 90—, las más recientes se demostraron mucho más que un acierto.
Fabio Capello, después de una década, volvió para conquistar una Liga, la de las remontadas de la temporada 06/07, sencillamente inolvidable. Zidane, al que ya habían atizado antes de que debutara en el banquillo del Madrid recordando que venía de empatar con la Roda, ganó la Liga de la pandemia en 2020. Y para qué hablar de Ancelotti, denostado por algunos por venir del Everton y adorado por todos después de conquistar dos Champions, dos Ligas y una Copa.
No lo tendrá fácil Mourinho, cuya primera misión —y quizá de cuyo resultado dependa todo lo demás— será la evaluación de daños del patio de colegio en el que se ha convertido el vestuario en los últimos tiempos. Y de ahí, a satisfacer las necesidades reales del equipo. ¿Vendrá por fin un centrocampista al que se enciendan las luces cuando reciba la pelota? ¿Dejará de sufrir el Madrid en su línea defensiva? ¿Habrá alguna sorpresa en la delantera?
Son preguntas que llenarán páginas y espacios radiofónicos durante el verano a unos medios (no todos, cierto) que no dudan en competir a ver quién lee mejor la cartilla al técnico luso mientras se frotan las manos por el trabajo que les da su regreso. Los cínicos sí sirven para este oficio. O al menos abundan.
Tan sólo unos meses antes de que nos dejara Freddie Mercury, el guitarrista de Queen, Brian May, escribió y compuso una canción acerca del valioso ejemplo que estaba dando su amigo. “Pronto estaré doblando la esquina. Afuera, el amanecer está rompiendo. Pero por dentro, en la oscuridad, me muero por ser libre”. Así fue entonces y así es ahora. El show debe continuar.
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Se celebraron por fin las elecciones y las ganó Florentino Pérez. Como dijo él mismo a lo largo de la campaña, los malos han perdido. Pues, efectivamente, la candidatura del Cantero III era una liga de antimadridistas extraordinarios, entendiendo el antimadridismo como el trabajo por el perjuicio del Real Madrid: los madridistas debemos, seamos socios o no, congratularnos de que Rosauro Varo no meta mano en la sala de mandos del club más grande e importante del mundo, y también de que los vestigios del calderonismo se mantengan, por ahora, más allá del limes.
Algo bueno ha tenido el proceso electoral y ha sido el comprobar quién es y dónde está cada uno. Al final, la candidatura de Riquelme era una amalgama de todo lo que acecha tras la grandeza del Madrid: el afán irreductible de empequeñecimiento que siempre regresa como una maldición cíclica, el peligro real de desamortización del club más valioso del deporte profesional en el mundo.
Si Florentino encarna al madridismo que sueña, las dos semanas del candidato Riquelme han sido la puesta en escena del madridismo rencoroso. Junto al presidenciable han desfilado absolutamente todos: Hierro, el que lideró el motín de Mónaco en la Supercopa de Europa de 2002 (que era la primera que ganaba el Madrid en su Historia) cuando estaba a punto de llegar Ronaldo Nazario, por celos de Morientes y el que se despidió amagando con no celebrar la liga de aquel mismo año porque iba a venir Beckham y él estaba por renovar; Raúl, la representación física de la decadencia galáctica y del madridismo vinagre; Casillas, el ínclito santo que tuvo denunciado al club para que el Madrid le pagara a su ex-agente la prima por renovar (con Calderón) que le prometió él mismo…
la candidatura de Riquelme era una amalgama de todo lo que acecha tras la grandeza del Madrid: el afán irreductible de empequeñecimiento que siempre regresa como una maldición cíclica
Esa debía ser, desde luego, la parte institucional de la «españolización» cacareada, eje fundamental del supuesto plan de renovación que El Cantero III traía bajo el brazo para conseguir que el equipo volviera a ser competitivo. El otro gran vector era el fichaje de Klopp, una curiosa promesa habida cuenta de que Klopp, cuando abandonó el Liverpool hace un par de años, reconoció estar harto de la vida del entrenador de élite y que pensaba hacer una vida de jubilado millonario, que es a lo que se dedica con la sinecura que le ofrece el grupo Red Bull. Si Klopp, en el cénit de su trayectoria, nunca pareció contento con la posibilidad de sentarse en la trituradora de entrenadores que es el banquillo del Madrid, habría resultado muy audaz pensar que jubilado como está ahora, iba a atreverse. En fin.
Entre líneas, al candidato Riquelme también se le ha podido leer bien. Más o menos la idea era venderse como la juventud y la frescura en contraste con lo viejo que es Florentino: una estrategia bastante sucia además acompañada con una narrativa, la suya, la de la supuesta renovación generacional, cargada de mensajes tan rancios que al escucharle era como si alguien hubiera abierto un armario lleno de polillas.

Lo más importante de este proceso electoral, el primero en veinte años, estaba en su naturaleza plebiscitaria. Como digo, se enfrentaban dos concepciones del hecho histórico, cultural y social llamado Real Madrid. Dos concepciones antagónicas. El 35% del voto que se ha llevado Riquelme es, no obstante, preocupante. Refleja que las flores marchitas del tardoflorentinismo son una realidad constatable por la masa social. La demagogia de Riquelme ha sabido aprovechar esa ola, sobre todo porque el madridismo no tolera dos temporadas seguidas de nadaplete y decrepitud futbolística. Dos años sin títulos ponen en la picota a cualquiera, incluso a Florentino, que es el hombre más importante de la Historia del Madrid junto a Santiago Bernabéu. Con más razón cuando hay razón, es decir, cuando hay cosas que no se han explicado y decisiones tanto organizativas como puramente deportivas tan incomprensibles y cuyas consecuencias han sido la degradación de la mejor plantilla del mundo hace sólo dos años y la depreciación del mejor patrimonio del club, que son sus jugadores.
El vaticanismo comunicativo del Madrid de Florentino y las dudas en torno a la explotación mercantil del Nuevo Bernabéu, o sobre el papel de Anas Laghari junto al presidente, y sobre todo los planes para el inevitable cambio societario, han dado tantas alas a la candidatura de Riquelme como el fallido fichaje de Mbappé y los dos años de zero titoli. Sin embargo Florentino ha logrado conjurar el ataque de los clones porque su amor y lealtad hacia el Madrid son, fundamentalmente, indubitables. Se suele decir que Florentino Pérez es un hombre muy poderoso que quita y pone periodistas en las redacciones pero la realidad, que hemos comprobado a lo largo de esta campaña electoral, es que apoyando a Riquelme estaban los popes del periodismo convencional como la COPE, el ABC, por supuesto PRISA, pero también los del periodismo alternativo como Vito Quiles, Negre, el eurodiputado Alvise…
Ahora empieza un nuevo mandato florentiniano que tiene toda la pinta de ser un interregno, un período de transición hacia otra forma de Real Madrid tal y como el propio Pérez anunció en campaña: la apertura de un proceso de transformación avalada democráticamente vía referéndum aunque, en realidad, estas elecciones han sido de facto un refrendo de las intenciones de Florentino de anticiparse a un nuevo asalto, esta vez más fuerte, de la smart people de la calle Jorge Juan, de Pozuelo y del Averno del pasado, al Madrid. Como los caminos del madridismo son ríos de nostalgia que van a dar a la mar de la memoria luminosa, Florentino renueva el cargo acompañado de Mourinho, que vuelve de Elba como Napoleón para, quizá, torcerle la mano al Destino y evitar un Waterloo.
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Buenos días, amigos. En la resaca de las elecciones blancas, la prensa deportiva del día viene fundamentalmente enfocada a los planes del mejor club del mundo en lo tocante a la temporada próxima. Entre estos planes figura de manera destacada José Mourinho, oficialmente confirmado como nuevo técnico por Florentino Pérez aun antes de revalidar su mandato.
Mourinho fue una de las primeras promesas electorales del recién reelegido presidente. Es difícil calibrar hasta qué punto esta promesa incidió en la reelección. Nuestra sensación es que, aunque Mou despierta pasiones encontradas, para bien y para mal, tiene un grado de aceptación bastante alto como posible catalizador de una mejor ética de trabajo en el seno de la plantilla, y que su segundo advenimiento es en líneas generales acogido con alegría por gran parte de la afición.
También es verdad que a quien los socios votaron masivamente, conscientes de la trascendencia de lo que estaba en juego, fue al propio Florentino. Le habrían señalado igual como su próximo presidente aunque hubiera venido de la mano del oso Yogui para la dirección técnica. Los socios se movilizaron para evitar una hecatombe institucional, no en virtud de tal o cual programa en el área deportiva.
Pasado el susto, esquivada la bala, hay que empezar a pensar en que la pelotita entre, y un hombre con la experiencia y valía del portugués se antoja un buen activo en pos de esa meta.
As nos saluda desde su primera página con una imagen un tanto rara de Mou. Nos gusta, no obstante, la matrícula del vehículo al que está encaramado sosteniendo esas botas de manera algo desconcertante: “SP3Cl4l1”. Sí, The Special One vuelve a casa, y en la emoción de ese retorno propondríamos un ascenso a The Very Special One, pues en algo se tiene que notar el transcurso de los años y porque nos recuerda a aquella pegadiza canción de la Velvet.
Oh, someday, I know someone will look into my eyes
And say, "Hello, you're my very special one"
But if you close the door
I'd never have to see the day again
Mourinho no cierra la puerta a nadie, más bien la abre a una colección de nuevos jugadores cuyos nombres vamos e iremos conociendo poco a poco. Sabemos que de momento nos hemos pertrechado en lo defensivo con dos incorporaciones que en La Galerna aprobamos, no sin algún entusiasmo además. Konaté y Dumfries son dos buenos refuerzos para la zaga, fichajes a los que podría unirse una gran estrella si la oferta de 150 millones que anunció para hoy Florentino es aceptada por el club en el que esa enigmática estrella juega. ¿Quién será? Parece claro que lo que el equipo necesita de manera más acuciante es un centrocampista creador de juego. En La Galerna no ocultamos que soñamos con Vitinha, pero no disponemos de ninguna confirmación de este extremo.
También está claro que, para que se pueda abrir la puerta a estos jugadores, deberá cerrarse también, por dentro, a otros que deberán abandonar el club, y este proceso conllevará una dificultad aún más acusada que la de las nuevas incorporaciones. Nadie se quiere ir del Real Madrid, y los jugadores con contrato en vigor que no sean del gusto del Very Special One no lo van a poner fácil. La “lista de Mourinho” de la que habla As estará supeditada a otra que será la lista de bajas, y habrá que hilar muy fino en esa tarea. Para que vengan Gvardiol o Calafiori, será necesario que antes salgan otros. Como dicen los angloparlantes con envidiable laconismo, “good luck with that”.
Fijaos en cómo incluso la prensa cataculé brinda portadas a Mou. ¿Detectamos un principio de canguelo en esta aproximación prioritaria a la situación del rival? Los medios antagonistas son muy conscientes del papel esencial del de Setúbal en aquel girar de tornas de hace catorce o quince años. El destino parecía encaminado a una larga y lacerante hegemonía culé en el panorama nacional y europeo, pero Mou y los suyos truncaron de cuajo esa posibilidad y cambiaron el curso de la historia. No es de extrañar, por tanto, que por esos lares se contemple con alguna inquietud el arribo del Very Special One.
Con esta expectación, queridos amigos, y con las otras dos portadas del día, os dejamos por hoy.
Pasad una buena jornada.
Buenos días, amigos. Florentino Pérez ha ganado las elecciones y seguirá siendo presidente del Real Madrid cuatro años más. Florentino Pérez ha ganado las elecciones con una abrumadora mayoría de los votos emitidos, imponiéndose a su rival en todas las categorías de edad. Florentino Pérez ha ganado las elecciones y, con él, la seriedad ha ganado al populismo; la sensatez al arribismo; el rigor a las vísceras; la madurez al infantilismo; la prudencia a las ocurrencias; la universalidad del club al piperismo; la visión de futuro a las propuestas apolilladas; la rectitud moral a la criminal ambigüedad sobre los Ultra Sur; la certidumbre de una gestión ejemplar —con sus errores, como toda obra humana— al aventurerismo de inciertas consecuencias. Congratulémonos.
Florentino Pérez ha ganado las elecciones, y su éxito es el éxito del Real Madrid. El éxito del Real Madrid y el fracaso no sólo de su rival, sino también de los oscuros intereses que se amalgamaban y escondían tras la candidatura del joven —y hasta hace dos semanas, apenas conocido— empresario alicantino. Los intereses espurios de quienes pretenden acallar la voz del Real Madrid para que deje de gritar que Tebas está desnudo y el fútbol español corrupto hasta el tuétano. Los de quienes odian al propio Florentino por motivos empresariales y personales, y han desempeñado un papel crucial en el ensamblaje de la candidatura rival, así como en la utilización de ciertos medios y grupos de comunicación como desorejados arietes antiflorentinistas. Y finalmente, los inconfesables intereses de los medios de comunicación financiados con publicidad de la LFP, o simplemente ávidos de volver a épocas pasadas en las que se les permitía bastardear el club a placer. Celebrémoslo.
No es el día ni es el momento, pero queda por escribir la historia de la actuación de ciertos —qué decimos ciertos, ¡de numerosos!— medios de comunicación en esta campaña electoral. Citemos, sin ánimo de exhaustividad, la parcialidad y la guerra sucia de todo el grupo Unidad Editorial, con Marca y El Mundo a la cabeza, de El Confidencial, del ABC, de la COPE, de la SER, e incluso de un medio de titularidad pública como RTVE, han sido ciertamente inauditas.
Nada tiene de ilegítimo que un medio privado adopte una línea editorial en favor de uno u otro candidato. Sin ir más lejos, La Galerna no ha disimulado en ningún momento su opinión desacomplejadamente favorable a la continuidad de Florentino y contraria a muchas de las propuestas de su rival, por demagógicas y alcanforadas. Tampoco ha sido tímida a la hora de expresar sus abundantes recelos ante las extensas sombras que arrojaba la candidatura del aspirante. Pero una cosa es marcar con claridad una línea editorial y argumentarla, y otra muy distinta tratar de engañar a la opinión pública mediante supuestas noticias que no son sino publirreportajes de una candidatura, titulares que no se sustentan en la realidad, portadas dando por ciertas promesas de un candidato que fueron desmentidas por sus protagonistas a los pocos minutos, o poniendo cualquier declaración de Florentino en tela de juicio con mayor o menor sutileza. Todo ello, claro está, al socaire de una pretendida imparcialidad ridículamente impostada y más falsa que un euro de madera.
Marca sin duda se lleva la palma en la competición de dudoso prestigio por ser el medio de comunicación que ha observado un comportamiento más indecente y desaprensivo en toda la campaña. El diario de Gallardo (de nombre) debió de ver en el proceso electoral la oportunidad de acabar con el objeto de su obsesión desde hace años, y al grito de “¡ancha es Castilla!”, decidió echar el resto y redoblar el envite. Bajo el lema Delendum est Florentinus, puso en el empeño toda su potencia de fuego. No hubo industria torticera que Marca no emprendiera en pos de ese objetivo.
Entrevista-sábana al aspirante que más bien fue entrevista-alfombra, cálida y mullidita. Titulares sonrojantes (cómo olvidar aquel antológico “multitudinaria llegada de Enrique Riquelme al Bernabéu con gritos de “¡Presidente, sálvanos!”, o aquellos “Mou vendrá con un bombero” justo encima de “Riquelme: pueden ser las últimas elecciones, viene la privatización”). Manipulación con Photoshop del rostro de Florentino en portada para avejentar su aspecto. Portada afirmando que Riquelme anuncia a Haaland, después de que el padre de Haaland, la representante de Haaland y el club de Haaland desmintieran la información (sin la menor referencia en portada a tales desmentidos, por supuesto). Portada afirmando que “Raúl irá a por Klopp” después de que el entorno de Klopp descartara taxativamente su fichaje por el Real Madrid.
¿Hubo rectificaciones por parte de Marca? Ninguna. None. Nenhuma. Nessuna. Más bien al contrario, insistencia en su red social de que Haaland sería un fichaje pese a los desmentidos. Y los lectores de Marca y los socios desayunándose cada mañana con noticias falsas, ya desmentidas, sin que a Marca ni a sus responsables se les moviera un pelo del código deontológico. Qué importa mentir a los lectores si así se consigue crear un estado de ilusión sobre unos fichajes que es sabido nunca se producirán. Manipula, que algo queda.
Pero la coda, el redoble de tambor, la traca final la guardó Marca para el día de las elecciones, publicando, muchas horas antes de que se cerraran las urnas, los resultados de sus propios sondeos a pie de urna. Es un principio básico de toda democracia, y así lo recogen todos los ordenamientos jurídicos democráticos, que en las jornadas electorales no se pueden publicar resultados parciales antes del cierre de los colegios electorales. La lógica es clara: todo votante debe hacerlo en igualdad de condiciones y sin condicionantes externos. Conocer cómo se van desarrollando las votaciones puede cambiar el sentido del voto de quienes quedan por votar, o incluso su decisión de hacerlo o no hacerlo. Ello pervierte fatalmente la democracia.
Nada de eso importó ayer a Marca, que a hora tan temprana como las 11:32 ya comenzaba a publicar sondeos a pie de urna, en los que Florentino ganaba con aproximadamente un 63% de los votos, que una hora después aumentaba a 66%. Conocer que Florentino iba ganando podía producir dos resultados probables en los socios que aún no habían votado: que el votante de Florentino se quedara en casa, al dar la victoria por segura, y que el socio enfadado con Florentino —incluso el que sólo quería mostrar su enfado pero no quería que ganara Riquelme— se viera aún más incentivado a castigarle negándole una victoria amplia.
No vamos a hacer leña de que el propio Marca denominase a esos sondeos —realizados sin el menor rigor y, desde luego, sin ningún valor estadístico— como “recuento”. Y no lo vamos a hacer porque sospechamos que el empleo de término tan inapropiado no obedeció a una perversa voluntad por parte de Marca de dar apariencia de oficialidad a su pedestre sondeo, sino más bien a la falta de instrucción de sus aguerridos reporteros. Seguiremos, pues, en este caso, las enseñanzas de Rafael Azcona cuando le dijo a José Luis Cuerda que pretendía rodar un primer plano de un personaje que acababa de fallecer: “déjale, que bastante tiene con lo suyo”. Pues eso.
Hoy Marca apenas puede ocultar su berrinche en portada, y tras titular “Victoria” en un degradado que partiendo del morado vira fatalmente hacia el negro, no puede evitar añadir un “y toque de atención” en el morado canónico del escudo. Suponemos que lo del toque de atención vendrá a cuento de no haber sacado un 99% de los votos, sino tan “sólo” un 65% (según el recuento provisional). Sorprende —es un decir— la perspectiva de Marca, más aún cuando ese mismo diario afirmaba en portada hace sólo unos meses que Laporta había “arrasado” en las elecciones al Barcelona en una jornada de “apoteosis personal”, después de obtener un porcentaje del… ¡68%! de los votos.
Amigos de Marca: ¿son los tres puntos porcentuales que van del 68% al 65% lo que determina en vuestra opinión la diferencia entre arrasar y triunfo apoteósico, por un lado, y victoria agridulce, con toque de atención, en el otro? ¿O es simplemente que es tal vuestro disgusto, que os ha dado tanta corajina la victoria de Florentino, que os habéis dejado llevar por el arrebato y habéis acabado con las vergüenzas al aire?
Nosotros, modestamente, pensamos que el porcentaje obtenido por Riquelme no es desdeñable, y que la recién reelegida Junta Directiva hará muy bien en no ignorarlo, y en corregir los errores que han desembocado en un descontento cierto de una parte considerable de los socios, que no ha hecho oídos sordos a los cantos de sirena riquelmianos, convenientemente amplificados por la numerosa prensa afín. Y que no estaría de más que Florentino, que no será eterno, comience sin demora a trabajar en su propia sucesión, de manera que cuando él se retire exista un candidato serio, sensato, fiable y conocido por los socios, que pueda comparecer con éxito en unas elecciones y asegurar la continuidad del florentinismo frente a aventuras populistas de arribistas que representan intereses más o menos oscuros.
Ahora bien, sentado lo anterior, dichas consideraciones no pueden ni deben ocultar el hecho extraordinario de que Florentino, después de veintiséis años como presidente del Real Madrid, y en el fragor de la inmensa frustración creada en los socios y aficionados por estos dos últimos anni horribili, haya contado con el respaldo nada menos que de dos tercios de los socios. Este resultado es, en sí mismo, una constatación de la madurez de la masa social del Real Madrid, un reconocimiento en toda regla de su labor como Presidente y del inmenso valor que ha creado para el madridismo la figura histórica de Florentino, así como un contundente voto de confianza para que lidere al Real Madrid al lugar que le permitirá seguir siendo el mejor y más valioso club deportivo durante el resto del siglo XXI.
Os dejamos el resto de las portadas.
Y pasad un buen día. Tenéis motivos para hacerlo.