Buenos días, amigos. Damos por hecho que la mayoría de vosotros cuenta con un cerebro, en cuyo caso tendréis muchas menos dificultades para leer el presente portanálisis. Hay tareas para las cuales es imprescindible tener uno, como la referida de leer. Sin embargo, para otras, quizá las más lucrativas, no es necesario poseer masa encefálica. Se nos vienen a la cabeza varias, como la de mamporrero de un sistema corrupto, analista arbitral de los grandes medios o la más habitual: político.
No tener cerebro genera ciertos inconvenientes, pero también ventajas, como hemos comentado antes. Además de ser más probable enriquecerse por carecer de empatía y no tener ninguna duda nunca de nada, se pesa menos y se consume menos energía —el cerebro representa un 2% de la masa total del cuerpo y consume el 20% de la energía—, por lo que se ahorra bastante en comida, que está por las nubes.
Entre los inconvenientes, el más destacado es no poder apreciar la belleza y no apreciar el sabor de los huevos fritos. Si lo trasladamos al fútbol, no contar con un cerebro que organice el juego en el centro del campo es un fastidio importante para equipos como el Madrid. Motivo por el cual, el club blanco anda buscando uno.
«La prioridad es un cerebro», titula el diario de PRISA. Según este periódico, el Madrid busca para el próximo verano un centrocampista que dé claridad al juego, y saca a la palestra los nombres de los jóvenes Kees Smit y Adam Wharton.
En realidad, no es que el Madrid no tenga ningún cerebro, sino que los que tiene o bien no son exactamente los que necesita o aún no lo son por cuestión de edad y/o aprendizaje del puesto.
Pensamos que es necesario un futbolista diferente, sobre todo después de la marcha sin reemplazo durante los últimos años del cerebro, el cerebelo y el bulbo raquídeo del equipo.
El Madrid tiene pulmones, tiene músculos, tiene huesos duros de roer, un montón de piernas —más o menos dos por jugador, salvo alguno que tiene tres—, pero anda escaso de cerebros.
El más deseado es Vitinha, que ilustra la portada de Marca. ¿Hay posibilidades de que vista de blanco? Quizá más de las que existen de que juegue en el Madrid, pero nunca se sabe.
El tema del cerebro enlaza con la temática de las portadas de Mundo Deportivo y Sport.
Araujo vuelve tras un mes de baja por salud mental. En La Galerna nos alegramos de ello y le deseamos que no vuelva a padecer este tipo de problemas. El cerebro, como cualquier órgano, puede enfermar y en ocasiones necesita tratamiento tanto terapéutico como farmacológico. El problema es que la parte de la sociedad que carece de sesos aún no se ha dado cuenta de ello y sigue siendo un tema que necesita ser normalizado.
Para estos asuntos y otros relacionados con la neurología, este 2025 ha sido un año especialmente importante. Innovaciones en este campo que hasta ahora se habían quedado en un plano teórico comienzan a tener aplicación real en el ámbito clínico.
Este año ha sido clave para avances en neuromodulación, estimulación cerebral profunda adaptativa e interfaces cerebro-computadora que permiten afinar los tratamientos para ciertas enfermedades como la depresión profunda, el Parkinson o la epilepsia.
Además, la Inteligencia Artificial comienza a ser realmente útil en esta rama de la medicina. Supone una mejora en el análisis de diversas pruebas y permite el diagnóstico más temprano de ELA o Alzheimer.
Esperamos que estos avances continúen en 2026 y que el Madrid mejore sus prestaciones, con o sin cerebro, aunque preferiblemente con esta segunda opción.
Si alguno ha conseguido leer todo el portanálisis sin cerebro, que acuda al hospital más cercano, quizá sea un nuevo espécimen. O tal vez el futuro presidente del Gobierno. En cualquier caso, cerebramos y agradecemos vuestras lecturas.
Antes de despedirnos, lamentamos el fallecimiento de Enrique Collar, leyenda del Atlético de Madrid. Enviamos nuestras condolencias a sus familiares y seres queridos. Descanse en paz.
Pasad un buen día.
El número 55 de la revista Líbero es un aplauso —muy recomendado y recomendable, dicho sea de paso— al fútbol argentino. Coincidiendo con el primer lustro de la muerte de Maradona, se detiene en las principales figuras de aquel país que han enriquecido nuestro fútbol desde el césped o el banquillo, ofrece una votación autorizada de los 20 mejores futbolistas argentinos de la historia y repara en algunos personajes singulares, como Pablo Aimar, Simeone, Guillermo Coppola o el enganche de este texto, Redondo.
Por qué nos fascina Fernando Carlos Redondo Neri se pregunta el director de la publicación, Diego Barcala. “No metía goles, dio muy pocas asistencias”, escribe, pero sin embargo “es un dios atípico del madridismo”. Y eso que su llegada no resultó sencilla ya desde la fase de los despachos, cuando Mendoza dudó de su contratación y sólo terminó por decidirse tras la amenaza de Valdano de marcarse un Camacho por adelantado si no cumplía con su demanda. Las lesiones en sus inicios y la acomodaticia claudicación en Milla como envés del ingenioso Laudrup tampoco ayudaron al centrocampista procedente del Tenerife a conquistar la grada al primer toque.
Fue su juego, ese estilo que Quique González define en el artículo como “porte de gallo fino, una manera de andar fuera y dentro del campo que solamente se puede comparar con la de Denzel Washington” lo que fulminó el debate y elevó al argentino al pódium del imaginario colectivo blanco cuando piensa en un centrocampista autosuficiente y total. Pero hay algo más, revelado como un detalle pero que se ha demostrado como el cimiento más sólido de las victorias: la jerarquía, el grito de guerra que Redondo inoculaba a los suyos antes de salir por el túnel de vestuarios y honraba sobre el verde.
Jerarquía no como lema o afán, sino como referencia a la auctoritas romana, virtud que en su etapa clásica se definía por el valor añadido de la experiencia y alcanzaba un plano moral por el que su poseedor infundía respeto y credibilidad. Una cualidad presupuesta en los grandes que, sin embargo, en ocasiones les viene grande.
la clave que acerca al Madrid a su sino, su espíritu irreductible, está en la jerarquía que alentaba Redondo, el tipo que espantaba al doble pivote con los codos
No a Di Stéfano, que al finalizar su primera temporada en Chamartín y conocer que Bernabéu se disponía a devolver a Gento al Racing, pues sus dotes futbolísticas estaban por pulir, convenció al patriarca con una frase que bien pudo salvar la carrera del santanderino y, por ende, la historia del Real Madrid: “Tiene velocidad y le pega al balón como un cañón. Eso no se aprende, se trae. Lo demás se lo podemos enseñar”.
Tampoco a Pirri, que llevó el pundonor más allá de los límites de la salud, jugando con la clavícula rota (final de Copa del 68 contra el Barcelona) o el brazo fracturado (final de la Recopa del 71 contra el Chelsea).
Y qué le van a contar de jerarquía a Juanito, todo nervio y corazón, incapaz de soportar la prepotencia de unos italianos que escucharían —y sufrirían por primera vez— la advertencia que ya es patrimonio del fútbol: 90 minuti…
O a Raúl, que cinco años después de su debut, con sólo 22, se atrevió a lo que nunca antes había gestualizado ningún madridista con tanta soltura: callar al Camp Nou en una imagen que ya es historia de la Liga.
Incluso al añorado Toni Kroos, autor de una de las frases que mejor definen la identidad blanca con aquel “ganamos más tarde, da igual” al recibir la noticia de que la final de la Champions contra el Liverpool de 2022 se retrasaba por los incidentes en los accesos al Stade de France.
Se podría discutir —y se discute— sobre si Xabi Alonso se ha ganado al vestuario o no. También acerca de si el tolosarra se ha traicionado demasiado pronto o incluso de si Bellingham debería operar unos metros más atrás y Güler un poquito más cerca del área. Pero la clave que acerca al Madrid a su sino, su espíritu irreductible, está en la jerarquía que alentaba Redondo, el tipo que espantaba al doble pivote con los codos. Quién lo recuperara, ¿verdad?
Getty Images
Fue la reina Isabel II de Inglaterra la que puso de moda el latinajo annus horribilis para describir un año nefasto. Que, para los romanos, significaba el día en que nada era propicio y en el que, por lo tanto, era mejor quedarse en casa, tranquilitos. En el fútbol de hoy, por desgracia, es imposible quedarse quietecitos y sin hacer nada. El año 2025 ha sido, para el Madrid, realmente terrible. Tanto, que estaría bien aplicarle la damnatio memoriae de la antigua Roma, que no era sino un precedente de la moderna cultura de la cancelación. Pero eso no es posible y, además, tampoco parece recomendable, a la vista de que el hombre sólo aprende a fuerza de caerse.
La cara de Xabi Alonso en los últimos partidos de este año que, por fin, termina era la de un hombre que sufre. Ya se sabe cuán cierto es aquello de cuidado con lo que deseas, pero es durillo comprobarlo. En el entrenador del Real Madrid ya no queda nada del tipo apuesto y bronceado que se hizo cargo del equipo en junio. Y ni hablar del modelo aquel de Emidio Tucci al que le quedaban los trajes mejor que a Don Draper.
Vivir con una espada de Damocles pendiendo sobre la cabeza de uno debe ser algo insoportable. A mí, personalmente, me pasa que a medida que cumplo años tiendo a simpatizar más con los entrenadores y menos con los futbolistas. Por mucho que Alonso haya tomado decisiones erróneas a lo largo de estos meses, nadie se merece un via crucis semejante. Sobre todo, teniendo en cuenta que la dirigencia del Madrid parece instalada en un universo paralelo como el que habitaban allá por octubre de 2018, cuando a juicio de la Junta Directiva había «una gran desproporción entre la calidad de la plantilla del Real Madrid, que cuenta con 8 jugadores nominados al próximo Balón de Oro, algo sin precedentes en la historia del club, y los resultados obtenidos hasta la fecha».
Desde luego que 2025 ha sido un año de grandes desproporciones. El Madrid lo empezó con Mbappé metiendo un golazo en una final, la de la Supercopa de España, en la que fue vapuleado por el Barcelona de Flick, Pedri y Lamine. No fue la única: la derrota en La Cartuja, en abril, fue peor todavía. Allí no hubo paliza sino agonía en la prórroga y sin embargo la debacle moral consistió en que la final de Copa se jugase, con la participación voluntaria del Madrid en un aquelarre humillante anunciado en la previa por los responsables del mafioso Comité Técnico Arbitral.
El año 2025 ha sido, para el Madrid, realmente terrible. Tanto, que estaría bien aplicarle la damnatio memoriae de la antigua Roma, que no era sino un precedente de la moderna cultura de la cancelación
Un año malo lo tiene cualquiera. Lo peor es el fondo de enajenación que se percibe en la actividad general del club, como si lo que pasara en el campo o los propios madridistas fueran lo que menos importara. Hay señales de decadencia: los problemas del estadio, pivote del futuro económico del Madrid, que anunciaba un futuro fulgurante que, de momento, depara una Real Mavidad con decoración diseñada en una IA mientras Bad Bunny llena varias veces seguidas el Metropolitano; que sea más fácil sacar una entrada para ver la Super Bowl que un Madrid-Betis o la desconcertante política deportiva: fosilizada en el scouting en Sudamérica mientras, más baratos, otros pájaros como Zubimendi o Cherki vuelan del nido español o europeo para reforzar a rivales directos, por no hablar de la deliberada ignorancia del problema del metrónomo; la disneylandización del aforo en los partidos, cada vez más global y verbigracia, aséptico… En 2026 se supone que sabremos en qué consiste el tránsito de club asambleario a empresa, pero como parece que al Madrid lo gobierna un opaco Diwan y el califa sólo se expresa en términos de historiografía, tan sólo podemos elucubrar con un futuro en donde algo parece seguro: si el socio importa cada vez menos, el aficionado raso español es la última mierda que cagó Pilatos.
De todo ello, el careto de Xabi Alonso en el banquillo de Talavera es un símbolo, la demostración quizá de que es verdad que una imagen vale más que mil palabras.
Veo las fotos que suben a Instagram los integrantes de la primera plantilla y pienso que no sólo es la directiva del Madrid la que vive en otro planeta. Unos, posando en Dubai como si acabaran de ganar el triplete. Otros, dándose paseos con tigres de la cadena, al estilo Mike Tyson o como si fueran Jesulín con Currupipi… Luego recuerdo que, es verdad, el Madrid es el Madrid. Pero ¿qué significará eso en algunos años?
Getty Images
Restan apenas unos días para dar la bienvenida a 2026, un periodo que trae consigo nuevos propósitos y aspiraciones para todo el mundo, también para los futbolistas. Metas renovadas, de mayor o menor calado según quién las formule. Las ambiciones de quienes ocupan la élite —por estatus—, como pueden ser Vinicius Jr. o Mbappé, suelen ser previsibles: conquistar la Champions League o ganar el Mundial. Difícilmente alguien sorprenda en ese terreno. Sin embargo, hoy quiero situar el foco en los deseos de quienes están más abajo en la jerarquía, cuyo principal objetivo no es otro que ganar protagonismo en el primer equipo.
Son muchos los mensajes en redes sociales reclamando un mayor uso de la cantera, pero la pregunta es inevitable: ¿a quiénes exactamente? Porque resulta evidente que ni hay sitio para todos ni el nivel es el mismo en cada caso. Si el análisis se limita estrictamente a las necesidades de Xabi Alonso, ya sea por el rendimiento insuficiente de los futbolistas disponibles o por la falta de alternativas derivada de lesiones y sanciones en determinados encuentros, hay una serie de demarcaciones con mayores opciones de nutrirse desde abajo. En concreto: el lateral derecho, con Fortea y David Jiménez; el eje de la zaga, donde aparece Joan Martínez; el mediocentro defensivo, con Cestero; y la posición de interior o mediapunta, en la que destaca Pitarch. Con matices y distintas combinaciones posibles, el abanico está abierto. Un ejemplo reciente fue el estreno de Valdepeñas —lateral izquierdo con capacidad para actuar como central— frente al Alavés, motivado por la imposibilidad de convocar a los tres laterales izquierdos del primer equipo para el desplazamiento a Vitoria. No obstante, lo habitual es que al menos uno de ellos esté disponible, lo que reduce considerablemente las opciones de que Xabi Alonso (o el que llegue) pueda ofrecerle continuidad en forma de minutos.
Comenzamos con Joan Martínez, un central cuya imagen y forma de jugar evocan al Sergio Ramos de sus comienzos, no al futbolista ya consagrado. Con apenas 16 años, empezó a captar la atención de los aficionados del Real Madrid más atentos a la cantera gracias a su calidad en la salida de balón y a un dominio aéreo notable, favorecido también por sus 1,92 metros de estatura. En pleno proceso de crecimiento, y tras viajar con el primer equipo durante la pretemporada de agosto de 2024, la mala fortuna se cruzó en su camino con la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda, una lesión que frenó en seco su progresión. Tras meses de trabajo en silencio pero constante, fue ya entrado el verano de 2025 cuando se confirmó su recuperación. Desde entonces, su regreso ha sido paulatino, alternando sesiones entre el Juvenil A y el Real Madrid Castilla, donde ha logrado consolidarse como una pieza indiscutible para Arbeloa.
No hay dudas de que se trata de una de las joyas más prometedoras de Valdebebas. En el club mantienen intacta la confianza en su proyección como central con futuro en el primer equipo y, sin duda, cuando suenen las campanadas, uno de sus principales anhelos será aumentar su protagonismo a ese nivel. Un futbolista diferente, de esos a los que conviene no perder de vista.
Continuamos con la demarcación que, probablemente, más dolores de cabeza está generando en el Real Madrid: el lateral derecho. La grave lesión sufrida por el capitán, Dani Carvajal, ha condicionado su regreso a los terrenos de juego, marcado por diversas recaídas musculares. Un escenario comprensible tras un proceso de recuperación tan exigente, pero que resulta inevitable tener en cuenta a la hora de abordar la planificación deportiva.
Por su parte, Trent tampoco ha logrado continuidad, encadenando problemas físicos que, por ahora, le han mantenido más tiempo en la enfermería que como opción real para el equipo. Esta situación ha provocado que, en varios momentos de la primera mitad de la temporada, haya sido Fede Valverde quien ha tenido que ocupar esa posición de manera circunstancial. Ante este escenario, se hace imprescindible contar con un plan alternativo. Es en ese contexto donde aparecen David Jiménez y Jesús Fortea. Del primero ya pudimos ver su estreno recientemente, cumpliendo con solvencia en su debut frente al Talavera. El segundo, Fortea, despejó las dudas sobre su continuidad durante el pasado verano y terminó ampliando su vinculación con el club hasta 2029.
En David Jiménez nos encontramos con un futbolista más asentado, algo lógico si se tiene en cuenta la diferencia de edad: nacido en 2004, cuenta con tres años más que Jesús Fortea (2007). Se trata de un producto puro de La Fábrica, a la que llegó en 2013, y cuyo crecimiento ha sido constante dentro del club. Su papel resultó clave en el ascenso del Real Madrid C y se ha consolidado como titular habitual en el Castilla. Destaca por una capacidad de trabajo sobresaliente, siempre activo y participativo en ambas fases del juego. Incansable por naturaleza, responde siempre con fiabilidad en el apartado defensivo pese a su marcada vocación ofensiva.
Esta temporada 2025 está firmando cifras más que correctas en cuanto a aportación directa al gol, con cinco asistencias y un tanto en 14 encuentros disputados. A todo ello se le suma un factor diferencial: tras 13 temporadas en la casa, su conocimiento del ADN del Real Madrid es absoluto. Esa identidad se refleja en el campo a través de una gran madurez competitiva y una lectura del juego muy acorde a lo que demandan los partidos en cada contexto.
Desplazamos el foco ahora hacia Jesús Fortea, lateral que aterrizó en el Real Madrid en 2022 en una incorporación no exenta de polémica, procedente del eterno rival capitalino y envuelta en la supuesta ruptura de un pacto no escrito de no agresión entre ambos clubes. Desde entonces, su nombre ha estado ligado con frecuencia al de Dani Carvajal, ya que muchos le señalan como su relevo natural a largo plazo. Internacional en categorías inferiores con la selección española, Fortea formó parte del Mundial Sub-20 disputado en 2025.
Destaca por una técnica muy cuidada que le facilita una importante participación en el juego interior. En fase ofensiva es un futbolista veloz, vertical y con recursos en el uno contra uno. Es cierto que, quizá por una cuestión de madurez y tiempo, su desarrollo defensivo aún no parece estar del todo preparado para asumir minutos de forma regular en el primer equipo, donde la exigencia y el ritmo competitivo son sensiblemente superiores a los de su actual categoría. No obstante, si logra evolucionar en ese apartado, reúne las condiciones necesarias para convertirse en una alternativa real en el lateral derecho del primer equipo en un horizonte de medio plazo.
Cambiamos de registro para situarnos ahora en la medular. En esta parcela, la urgencia no suele venir marcada —toquemos madera— por una plaga de lesiones, más allá de los problemas físicos recurrentes que está arrastrando Eduardo Camavinga. Se trata de una zona en la que el Real Madrid cuenta con efectivos suficientes para confeccionar un once competitivo en prácticamente cualquier contexto. Sin embargo, es la falta de continuidad en el juego, más que la ausencia de nombres, lo que acaba generando interrogantes. En ese escenario es donde emergen perfiles como Jorge Cestero (2006) y Thiago Pitarch (2007), dos futbolistas que podrían incrementar su protagonismo en el primer equipo a lo largo de 2026.
Jorge Cestero es un mediocentro posicional que, salvando las distancias, evoca por inteligencia táctica y estilo al ya retirado Toni Kroos, convertido en leyenda. Su principal virtud reside precisamente ahí: en la capacidad para ordenar el juego y marcar el tempo que debe adoptar el equipo en cada fase del partido. En su repertorio aparecen también esos envíos verticales y precisos que caracterizaban al futbolista alemán. Gracias a su excelente lectura del juego, aporta de forma constante en la ocupación y protección de espacios, convirtiéndose en una pieza clave dentro de la estructura defensiva colectiva. Es una de las grandes revelaciones del filial y en el club confían en que su progresión continúe. De hecho, pese a que Arbeloa lo haya definido ya en alguna ocasión como “el mejor seis de España”, refiriéndose a los de su categoría, su margen de crecimiento sigue siendo considerable.
Por último, aunque no menos importante, toca hablar de Thiago Pitarch, un jugador que estuvo muy cerca de debutar en el partido de Copa del Rey frente al Talavera, aunque un gol inesperado de los locales lo devolvió al banquillo. Su ascenso en la estructura del club ha sido fulgurante, casi como la espuma de una cerveza mal servida. Thiago se formó en las canteras del Atlético de Madrid, Getafe y Leganés antes de incorporarse al Real Madrid en la temporada 2023/2024. Su progresión ha sido vertiginosa: pasó del Juvenil B al A en un abrir y cerrar de ojos, y durante la pretemporada de 2025 dejó impresionados tanto a Xabi Alonso como a jugadores del primer equipo.
Se podría definir a Pitarch como un organizador con alma de delantero, capaz de rendir en distintas posiciones de ataque, con especial proyección como mediapunta. A sus habilidades técnicas se suma un temple notable en situaciones de alta presión, un rasgo que parece innato en él. Sin duda, es una de las joyas más prometedoras de La Fábrica y, pese a la competencia, se espera que continúe sumando entrenamientos y convocatorias con el primer equipo a lo largo de 2026. Además, posee ese talento para llegar desde segunda línea, similar al que exhibe Jude Bellingham.
Por supuesto, también podríamos mencionar a Aguado, Manuel Serrano, Bruno Iglesias o Daniel Yáñez, entre otros talentos, pero, a día de hoy, tanto por sensaciones como por necesidades, los jugadores analizados anteriormente parecen llevar la delantera en cuanto a futuras convocatorias y la posibilidad de sumar minutos durante 2026. Ojalá que el club, junto a estos jóvenes y sus entornos, logren de manera consensuada orientar sus carreras y tomar decisiones que beneficien tanto a cada futbolista como al Real Madrid, porque el talento no puede permitirse quedarse en el camino.
Getty Images
Buenos días, amigos. Hoy, desde la prensa deportiva patria que hemos (mayormente) padecido en 2025, y que con alta probabilidad seguiremos padeciendo en 2026, nos felicitan las Fiestas y el Nuevo Año personas que os van a hacer muchísima ilusión. ¿Estáis preparados?
Puede que no lo estéis. Son personas de tal carisma y distinción, y cuya excelencia es depositaria de un consenso tan generalizado, que es muy posible que vuestros ojos hagan chiribitas de alegría, como los de aquella folclórica cuyas pupilas daban vueltas desenfrenadas desde el interior de la cuenca del ojo.
En fin. No sabemos cómo prepararos para el chute de sofisticado júbilo que estáis a punto de hacer vuestro. Una vez hayáis recibido estas felicitaciones, ya sí se podrá decir que estáis listos para enfrentar 2026 con las dosis necesarias de optimismo, elegancia, savoir faire, joie de vivre, prestancia y honestidad.
Sobre todo, honestidad.
Sí, amigos. Es Enrique Cerezo, aka as Henry Cherry en círculos más políglotas, quien alza su copa en ferviente y navideño deseo de un 2026 dichoso y próspero. No es fácil, las cosas como son, que 2026 sea para él más próspero de lo que ha sido 2025, ejercicio en el cual se embolsó su parte correspondiente de la venta de acciones rojiblancas al fondo de inversión Apollo, operación cifrada en 2.500 millones de euros, a repartir entre Henry Cherry y su compinche Miguel Ángel Gil Marín. Recordemos que ambos, Henry y Michael-Angel, se apropiaron indebidamente del Atlético de Madrid en los noventa, o sea, lo robaron, hurto debidamente dictaminado como tal por la justicia aunque el delito prescribiera.
Observad, pues, las dimensiones de la operación para el hombre que os felicita el año desde la portada de Marca.
No está mal la plusvalía, ¿eh? Es de agradecer que Henry nos desee desde la portada de Marca, para 2026, una mínima parte de la prosperidad que a él le ha deparado 2025. “Ganar títulos siempre ha sido una prioridad”, afirma el sujeto. No se puede decir que su gestión al frente del Atleti refleje precisamente el cumplimiento de esa prioridad. Sus éxitos personales, sin embargo, sí han sido sonoros en el ámbito financiero. No hay nada como cambiar de prioridades para que triunfe la apariencia de éxito. “Forrarme siempre ha sido una prioridad”, y todos admirados ante la eficiencia en el logro de objetivos. O bien: “Que el Atlético de Madrid sea beneficiado por el muy colchonero alcalde de la ciudad con la cesión de unos terrenos que prometen unos ingresos que a su vez han puesto cachondos a los de Apollo siempre ha sido una prioridad”. Ese titular también valdría.
Por si la felicitación de año de Cerezo no hubiera sido suficiente para haceros albergar los mejores augurios de cara a ese 2026 que ya asoma, ahora llega Gavi, a quien deseamos (ironía off) una pronta y completa recuperación de su lesión.
Con un gracejo especial, Gavi sostiene un 2 comprado en el chino de la esquina junto al 6 de su camiseta. 2 y 6. 26, ¿lo pilláis? La ocurrencia de Mundo Deportivo no es como para morir de emoción, pero chico, tampoco es como para posar como si estuvieras pensado en hacer con el fotógrafo lo que Ed Gein hacía con una víctima aleatoria de sus entretenimientos.
Por si no tuviéramos suficiente con la inyección de radiante optimismo de la sonrisa de Gavi en Mundo Deportivo, que ya de por sí nos situaba en el estado ideal para encarar con euforia el nuevo año, disfrutamos de doble ración. Sport nos brinda otra sonrisa extasiada del fino centrocampista culé, esta vez alzando la copa con el mismo amor al género humano que siempre mostró Norman Bates al alzar su cuchillo. “Volverá el Gavi de siempre”, promete, y el FBI toma nota. Quién sabe si el nuevo año no nos brindará una nueva temporada de Mindhunter.
Os dejamos con As. Que paséis un buen día.
AS
Sí, sí. Empezaba a teclear y me llegó la noticia: nos ha dejado la Bardot, la B.B. de mis años mozos y alrededores de tantos. Y madridista, me dijo el gran Alain Delon cuando el Mundial francés.
Para que se hagan una idea y luego me extiendo: B.B. era Di Stéfano, Puskas y Gento en una señora. ¡Una cosa de locos!
Me cuesta meterme en lo clásico, pero bueno: una detallada y magnífica investigación de Mundo Deportivo nos reveló que durante el Negreirato -17 años que ciertas voces sitúan más allá de los 20- hubo 100 partidos, 100, en los que los árbitros perjudicaron al Barcelona y beneficiaron al Madrid.
A tal conclusión llegaron felizmente tras destripar 1.292 partidos, luego su investigación se centra sólo en duelos de Liga. 38 del Barça más 38 del Madrid son 76 por curso. Y 76x17 años: los 1.292.
Podemos admitir, creer, por qué no, que en 100 de esos 1.292 casos los árbitros favorecieron al Madrid y perjudicaron al Barça. Correcto. En un 7,7% del Negreirato, ¡qué arte! En un alarde impagable supimos que incluso en partidos que el Madrid perdió a su rival le perjudicaron en plan persecución total.
¿Y en los 1.192 partidos restantes, en el otro 92,3%, se perjudicó o benefició alguien? Al Barça ya sabemos que si acaso lo perjudicaron, pues a él nunca le favorecen. ¿A otros, quizá? ¿A alguno le mandaron a Segunda, digo así por exagerar?
hubo 100 partidos, 100, en los que los árbitros perjudicaron al Barcelona y beneficiaron al Madrid. A tal conclusión llegaron felizmente tras destripar 1.292 partidos. un 7,7% del Negreirato, ¡qué arte!
¿Alguno se quedó sin UEFA, el Espanyol por ejemplo, porque un listo que ahora opina vio orsay de Velamazán cuando estaba ocho metros habilitado? ¿Es posible que un día descubramos que en 1.192 partidos nadie sufrió daño arbitral?
Vamos, no sé: pregunto. ¿Pasó algo, poco, mucho, nada? En 1.192 partidos. Hombre, aquel penalti por desmayo personal y pavoroso de Alba ante el Éibar en el Camp Nou está en los anales, merece una conmemoración en el nuevo estadio, en el lugar del desmayo, en plan placa, como la de Rafa en Roland Garros.
¿Se está investigando todo eso? Seguramente, pero necesita su tiempo. Habrá que ver si nuevas investigaciones nos ofrecen más detalles. Como los quizá perjudicados callan cual puertas y Liga y Federación lo mismo, pues eso, a esperar.
De momento lo que sabemos deja en muy buen lugar al Madrid: sin poner un duro primero o un euro después, conseguía que cierta facción del negreirato le protegiera hasta el punto de favorecerle (1) y perjudicar al Barça (2). Hay que tener mucho arte para eso.
Y también reafirma por qué este club hizo lo que hizo y que el propio Negreira, y otros, admitieron de entrada, febrero de 2023: “Buscaban neutralidad en los arbitrajes” Muy comprensible, visto lo visto: si pagando al número 2 del sistema 17 años, hasta el día que dejó el cargo por concretar, se les escaparon 100 partidos, ¡oigan!
En nada, después de las uvas, volverán declarar personajes que tuvieron que ver con La Cosa, entre ellos Joan Gaspart. Es de fácil embestida, se trata de ponerle la muleta altita, acompañarle sin prisa, darle su tiempo, su espacio, dejarle hacer… Y da espectáculo seguro. Puede que incluso se animen a preguntarle los abogados de Liga y Federación, esos muertos vivientes.
De todas maneras se trata de dar vueltas a lo que no las tiene. Un club pagó al número 2 de los árbitros y le pillaron. En cualquier país medio serio le aplicarían la fórmula de las tres P: Pagó. Pecó. Purgó. No hay más.
O sí pues murió Brigitte Bardot, ya digo. Basta de Negreira. B.B. Actriz. Cantante. Inventora del bikini, reina de Francia, le acabó hastiando que la usaran como icono sexual y acabó colgando los trastos, seguramente incapaz de liberarse de esa etiqueta. Un fenómeno de su época que no fue corta.
Y un día se fue a su proteger animales a través de su fundación. Aquel mambo en un restaurante de Saint Tropez en ‘Y Dios creó a la mujer’, aquel monólogo sobre su cuerpo en ‘El desprecio’. Dejó su carrera para dedicarse primero a las focas y murió ayer, rodada de ovejas, cabras, perros, gatos, un poni… Sin teléfono móvil ni ordenador.
Leo por ahí que simpatizaba con la ultraderecha. Hombre, aire podemita no se lo supe ver, la verdad… Pero ya sabemos que el hábito tampoco hace a la monja.
Además y aquí viene lo mejor, el gran Alain Delon nos comentó a un grupo de periodistas que B.B. era madridista, él también. Es más, Delon dejó caer que Zidane acabaría jugado en el Bernabéu: sucedió tres años después.
Jesús Bengoechea sospecha que lo de B.B. me lo invento y se equivoca. Otra cosa es que Delon me tomara el pelo y no creo. Fue durante el Mundial’98, un show que un patrocinador montó en la Torre Eiffel y reunió a mucho famoso. Se formó un corrillo y charlábamos de fútbol, un par de brasileños lo transmitían en directo.
En estas apareció una rubia que me recordó a B.B. y salió a la conversación. No, ella no estaba en el sarao, lamentablemente. Lo que me impidió preguntarle quien era su ídolo blanco. Imagino que Pirri. Juraría que me acompañaba Roncero… En fin, que llevamos una rachita curiosa, sí. Descanse usted en paz, señora.
Getty Images
He estado viendo una larga colección de goles de los años de la Quinta del Buitre. Lo bueno del madridismo es que la historia es tan larga y feliz que, cada vez que el presente se te hace bola, siempre puedes disfrutar del fútbol de ayer. Lo malo del ver del fútbol de ayer es que es como abrir la caja de los recuerdos personales, y comprobar lo que queda –para bien o para mal- del niño de ojos brillantes al que los Reyes Magos le trajeron, por vez primera, la equipación completa del Real Madrid.
Llama la atención, por contraste con los campos de hoy, los extraordinarios patatales en que se jugaba en esa época en invierno. A cualquier futbolista de élite de hoy lo pones a jugar en un campo así, y en menos de cinco minutos lo tienes retirado para toda la temporada con rotura de todos los huesos posibles en cada pierna. Aquellos tipos estaban curtidos en heroísmo puro. No se lesionaban en medio de esa inmensa charca por puro carácter.
Míchel estiraba la banda más allá de los límites de la realidad. Cualquier entrenador lo asesinaría hoy por tal atrevimiento, pero a menudo necesitaba hasta el último centímetro antes de la línea de fondo para su especialidad, ponérsela exactamente ahí a Hugo Sánchez, que era una suerte “flipper” de pinball, golpeando todo lo redondo, y casi siempre hacia el interior de la portería. Después venía la acrobacia.
Sueño con un 2026 con un Real Madrid con cierto espíritu legionario, con el peso verdadero del escudo que exhibían aquellos muchachos que nos hicieron volar de ilusión en los días ya lejanos en que sonaba música decente en la radio
Y si la jugada pedía más talento aún, recibía el Buitre, donde más le gustaba, pegadito al límite del área, para detener el tiempo mirando al defensa, segundos como horas, que parecía que iba a sacar un pitillo y echárselo con calma antes de arrancar, y cuando todos los defensas estaban como perritos esperando que alguien les lance el disco, encendía motores de cero a cien, y el gol ya estaba hecho.
Aquel Real Madrid tenía carencias evidentes, pero las suplía con madridismo puro. Quizá los más jóvenes de hoy no necesitan tantos vídeos tácticos, y sí unas sesiones largas y reposadas sobre los recursos imposibles que eran capaces de sacar los muchachos de finales de los 80 y comienzos de los 90; que ya sé que hay otras décadas que servirían de ejemplo, pero yo hablo de la que marcó mis días de niñez, de la ilusión primera por el fútbol.
Hoy algunos muchachos confunden el carácter con ganarse tarjetas rojas estúpidas, o con aullarle mucho al árbitro. Obviamente los de la Quinta del Buitre también lo hacían, pero mi sensación –renovada ahora que he visto de nuevo tantas jugadas de aquellas ligas- es que la primera exigencia de carácter la tenían consigo mismos. Que veías a Gordillo, a Míchel, o a Hugo Sánchez golpeando el suelo con rabia por haber llegado tarde a un robo de balón, por un mal pase, o por una mala decisión en área rival.
Sueño con un 2026 de éxitos y talento, claro, pero sobre todo con un Real Madrid que recupere el espíritu de las grandes gestas, que no baje los brazos, que no busque fuera excusas para justificar los propios errores. Sueño con un 2026 con un Real Madrid con cierto espíritu legionario, con el peso verdadero del escudo que exhibían aquellos muchachos que nos hicieron volar de ilusión en los días ya lejanos en que sonaba música decente en la radio.
Getty Images
Buenos días, amigos. Ayer, Mundo Deportivo —diario bien regado por el FC Barcelona, también hay facturas— se lució con una portada intelectualmente ridícula que no hacía sino confirmar aquello que intentaba desmontar: el Negreirato, el caso Barça-Negreira.
En el portanálisis de ayer comentamos el dantesco informe MD que enumeraba los 100 partidos en los que el Barça habría sido perjudicado o sus rivales beneficiados. Aprovechando las capacidades del público al cual iba dirigido, utilizó varias falacias. Principalmente la de la falacia de evidencia incompleta, al seleccionar solo los datos que favorecen una conclusión y ocultar los que la contradicen: seleccionó 100 jugadas discutibles en las que el Barça no habría salido beneficiado e ignoró 17 años de pagos, 8,4 millones de euros, las facturas o el acta de conformidad con Hacienda, entre otras cosas. Con semejante sandez, concluyeron que el Negreirato quedaba desmontado.
Podemos colegir, por tanto, que, con esas 100 jugadas, Mundo Deportivo no desmontó nada, sino más bien que lo que perpetró fue otro montaje, 100, en concreto. 100 montaditos. Después, tuvieron el desahogo de presumir de su pamema en la primera plana de hoy y en X.
📰 Impacto del informe MD: Laporta lo devoró
🔎 El presidente, antes de volar a Dubai, repasó el reportaje en el que se desmontan los beneficios arbitrales a favor del Barça durante la etapa Negreira
✍️ @angelperezpx
📸 @ManelMontilla https://t.co/PCzN5hEpq8— Mundo Deportivo (@mundodeportivo) December 27, 2025
«Impacto del informe MD. Laporta lo devoró». No sabemos realmente qué tiene de especial que Laporta devore algo, la verdad. Hilando con la deducción del párrafo anterior, podemos concluir que Laporta devoró los 100 montaditos de Mundo Deportivo.
No resaltan que el presidente del club cliente de Negreira leyó ni analizó ni contrastó el informe, sino que lo devoró. Porque devorar es un verbo muy laportiano. Del mismo modo que malversar es un verbo muy político, si bien puede ser aplicado también a las letras de Mecano.
Laporta ha devorado el futuro del club con las famosas palancas. Laporta ha devorado el poco prestigio y dignidad que le pudiera quedar a la institución. Laporta ha devorado la vida misma, del mismo modo que un agujero negro engulle todo lo que pasa cerca debido a su gravedad extrema, como el caso Barça-Negreira.
El informe, ya lo sabemos, no desmonta nada, pero Laporta lo devora porque sí alimenta. Alimenta el relato, alimenta al rebaño ameboide que se lo traga, porque es fast food negreiro, fast food con valors, como diría Teleco Calvo.
El problema es que devorar no equivale a desmontar. Devorar algo no lo convierte en verdad. Uno puede perpetrar todos los informes de garrafón que quiera, pero la realidad va a seguir siendo la misma: las facturas, los millones, los años, un vicepresidente del CTA cobrando de un club al que arbitraban sus subordinados.
Cualquier persona honesta y funcional no podría devorar esta realidad, porque se le atragantaría. Además, sería incapaz de digerirla por una razón biológica: las facturas a Negreira eran de papel y el aparato digestivo humano —incluso el de Laporta— carece de la enzima necesaria para descomponer la celulosa.
Sin embargo, las vacas sí podrían haberlas digerido. Las de Setién, por ejemplo, que tardaron cuatro años en cobrar lo que el Barça les debía.
📰 Impacto del informe MD: Laporta lo devoró
🔎 El presidente, antes de volar a Dubai, repasó el reportaje en el que se desmontan los beneficios arbitrales a favor del Barça durante la etapa Negreira
✍️ @angelperezpx
📸 @ManelMontilla https://t.co/PCzN5hEpq8— Mundo Deportivo (@mundodeportivo) December 27, 2025
Volvemos a mostraros el tuit de MD para comentar un pequeño detalle revelador, como todos los pequeños detalles. «El presidente, antes de volar a Dubai, repasó el reportaje en el que se desmontan los beneficios arbitrales a favor del Barça durante la etapa Negreira». Ellos mismos escriben «durante la etapa Negreira» porque no pueden negar su existencia.
Id tomando Primperan porque al final del portanálisis pincharemos en el artículo del tuit de marras y no queremos que peligre vuestro desayuno. Pero antes, vamos con otro diario culé.
La portada de Sport nos importa un pimiento, la verdad, pero este medio cobija a Iván San Antonio, mamífero que nunca defrauda. Ayer no fue una excepción.
El genio del periodismo que acosa a familiares de árbitros en sus ratos libres vio un vídeo de Guardiola de hace tiempo y perpetró un artículo como si fuesen unas declaraciones recientes. Cuando alguien con cerebro se dio cuenta lo borraron de la web, pero mantuvieron el tuit. Bravo. Gracias por estos momentos en los cuales os definís.
Marca abre con Courtois, de quien afirma, basándose en datos de paradas, que el mejor de las cinco grandes ligas. Se han quedado cortos, porque Thibaut es el mejor portero de la historia.
Vamos con lo prometido: accedemos al artículo de MD compartido por el tuit de la devoración laportania. Merece la pena llegar hasta el último párrafo: «Este informe será a partir de ahora una fuente de consulta constante para los barcelonistas ya que su precisión y su detalle, con el denominador común de la descripción de hechos por encima de la interpretación, lo convierten en una herramienta básica en clave azulgrana»
Con la carcajada se nos ha salido por la nariz el tercer café de la mañana. Sabíamos que Mundo Deportivo no nos podía fallar en el día de los Inocentes.
Pasad una jornada magnífica.
Los aficionados al Real Madrid tenemos la percepción de que sus jugadores se lesionan más que los de otros equipos relevantes. No se trata de una apreciación puntual, sino que observamos que se repite con diferentes técnicos: Zidane, Ancelotti, Xabi; con Pintus y sin Pintus; y con distintos servicios médicos.
El Informe Howden sobre lesiones en el fútbol europeo nos ayuda a observar la percepción anterior desde un ángulo más objetivo, apoyado en datos recabados durante cinco temporadas completas, desde la 2020/21 hasta la 2024/25, en las cinco grandes ligas europeas.
Howden es una compañía aseguradora, por lo que el estudio no pretende analizar las causas de las lesiones ni obtener conclusiones médicas. Su objetivo es cuantificar el impacto de las lesiones, tanto en número como en impacto económico. Considera lesión toda ausencia superior a un día, y el coste se calcula a partir del salario base diario multiplicado por los días de baja.
Se trata de un informe de casi 300 páginas cuyo contenido ha analizado Javier Alberdi en su canal de YouTube Kollins junto a Javi Buil.
El estudio distingue entre cantidad de lesiones y severidad, entendida esta última como la media de los días de baja por lesión. Es diferente acumular muchas lesiones leves que sufrir menos, pero más prolongadas, ya que ambas situaciones producen efectos distintos en el rendimiento de un equipo.
En el conjunto de las cinco grandes ligas, la española se encuentra en una posición intermedia en cantidad total de percances y cuenta con una severidad no muy alta. Si observamos las cifras del Real Madrid a lo largo del quinquenio, es el conjunto con más lesiones en cuatro años —no por un margen estrecho— y en el quinto el estudio lo coloca segundo empatado con el primero.
En la 2020/21, el Madrid fue el equipo con más lesiones de la Liga. Al año siguiente, en la 2021/22, estableció la cifra más alta de lesiones de todo el informe: 115 en una sola campaña. En la 2022/23 volvió a liderar ese apartado con claridad, duplicando prácticamente al Barça. En la 2024/25 también se coloca en la parte alta de la tabla.
El informe Howden no señala las causas ni ofrece soluciones, pero sí señala una tendencia que debe ser uno de los principales objetivos a mejorar por el club
Llama la atención la temporada 2021/22. Los blancos ganaron aquel curso Liga y Champions pese a haber sufrido el máximo de lesiones que recogen los cinco años del informe Howden. En principio, no parece muy lógico que esta recurrencia en los problemas físicos no le impidiese competir al máximo nivel, si nos atenemos a los resultados deportivos obtenidos.
Del análisis de los datos del estudio, observamos que tanto en esa campaña 2021/22 como en la siguiente, el Madrid combinó una cantidad muy elevada de lesiones con una severidad baja. En la primera de ellas, la del doblete, la media de días de baja por lesión rondó los 10 días. Dato sensiblemente inferior al de sus rivales directos.
Por tanto, esta combinación de muchas lesiones, pero de corta duración que recoge el informe Howden es una de las claves para explicar cómo el equipo entonces entrenado por Ancelotti pudo sostener su rendimiento competitivo.
Sin embargo, la temporada 2023/2024 se produce un cambio relevante. El número de lesiones total desciende a 54, la cifra más baja de esos cinco años para los blancos, pero la severidad aumenta de forma notable. Esta campaña, el Madrid sufrió el mayor coste económico: unos 50 millones de euros en salarios de jugadores no disponibles.
Es un dato significativo, ya que deja patente que el problema no es solo cuántas veces se lesiona un jugador, sino qué tipo de lesiones se producen y en qué futbolistas. A igualdad de días de baja, el impacto no es el mismo en todas las plantillas.
Conviene subrayar que, según el propio informe, otros grandes clubes europeos también presentan incidencias elevadas de lesiones, aunque con patrones distintos. Sin embargo, el Real Madrid aparece de forma reiterada en los extremos del análisis, ya sea por volumen de lesiones o por impacto económico, lo que lo convierte en un caso singular dentro del grupo de clubes de máxima exigencia competitiva.
Cuando este fenómeno se repite durante una secuencia prolongada de temporadas y bajo contextos técnicos y médicos distintos, deja de poder explicarse como un hecho aislado. El informe Howden no señala las causas ni ofrece soluciones, pero sí señala una tendencia que debe ser uno de los principales objetivos a mejorar por el club.
Getty Images
Nota del autor:
Este texto es un pequeño, humilde y modesto homenaje a Camilo José Cela, sin cuya genialidad y maravilloso sentido del humor no hubiera podido ser concebido.
Dábase la curiosa y casual circunstancia de que cierto expresidente del FC Barcelona se encontraba citado para declarar ante una jueza por una de esas nimiedades que a cualquiera le pueden tocar en esta vida. ¿Quién le iba a decir a Sandro Rosell que pagarle millones a un vicepresidente del CTA podía conllevar acaso problema legal alguno y hasta ser capaz de sentarlo ante una mesa de interrogatorio? ¿Cuál era este país de locos en el que le había tocado vivir?
Por fortuna, Sandro estaba preparado para aportar un poco de cordura en ese caótico remolino de sinsentido en que se había convertido aquello que el relato capitalino había nominado como Caso Negreira. Haciendo acopio de toda su dignidad y condescendencia, pues su equipo de asesores le había prevenido contra el casi total desconocimiento futbolístico de su señoría, el presidente catalán no se guardó nada y fue, metafóricamente, con el miembro viril fuera de su pantalón. Había revisionado la película Margin call aquella semana y se había grabado a fuego aquella frase que sólo el majestuoso Jeremy Irons podía soltar con aquella simpleza y aun así salir impoluto: “explíquemelo como si fuera un niño de 4 años o un golden retriever”. Pues a eso fue Sandro, ni corto ni perezoso.
En contra de su voluntad, habían acordado previamente responder únicamente a las preguntas de su abogado. Una pena, pues el estado de envalentonamiento y euforia de Sandro era el mismo que sentía durante las grandes noches europeas que vivió como presidente del club blaugrana. Sin embargo, una extraña atmósfera reinaba en el ambiente de aquella sala. Había esperado hostilidad por parte del abogado del Real Madrid y del fiscal del Estado (los dos dueños del devenir del país y del fútbol español, bajo su criterio), pero lo que le estaba dejando verdaderamente patidifuso era la actitud impertérrita de la jueza, que permanecía completamente impasible ante lo que él consideraba que era la mayor exhibición de chorra de su vida.
“¿Sabrá sumar acaso? Claro, como era de letras…”. Y acto seguido Sandro comenzó a explicarle a la jueza que el precio pagado a Negreira por sus informes era algo totalmente normal teniendo en cuenta el dinero que se evaporaba en impuestos y que, si se hacían, pongamos, 50 informes al año, pues entonces se pagaban…
Sandro se detuvo un instante mientras hacía la cuenta. ¿10.000 euros por informe? No, espera, ¿20.000? ¿Había que meter luego impuestos también por cada informe particular? Como en aquel puñetero país se pagaban impuestos por todo… Maldita fuera, se estaba liando. Todo el mundo le miraba en aquella sala: el abogado del Madrid y el fiscal, incrédulos; el suyo propio le habló sin voz y pareció entenderle un “¿pero qué cojones…?”; el de Estrada Fernández sonreía como si Sandro estuviera contando un chiste que sólo él entendía; y, por último, la jueza permanecía con su rostro estéril, con una ceja levantada como única muestra de expresión. El tiempo apremiaba, así que realizó un “pinto, pinto, gorgorito” mental y se decantó por una de las cifras. Su abogado parecía a punto de llevarse las manos a la cabeza, pero la ceja de la jueza se relajó (menos mal que era de letras), por lo que Sandro supuso que había salido airoso del paso.
Tocaba ahora responder sobre el propio Negreira y las pulsaciones de Rosell se redujeron al mínimo. No podía haber preparado mejor su defensa al respecto, pues llevaba meses recitándola frente al espejo. Miraba a la jueza con firmeza mientras le repetía de carrerilla el once que conformaba el FC Barcelona de las grandes noches. Valdés, Alves, Puyol, Iniesta, Xavi, Busquets, Messi, Messi, ¡¡¡MESSI!!! En la cabeza de Sandro ya hasta sonaba un “OÉ” detrás de cada nombre exclamado ¿Qué Negreira le hacía falta a esos jugadores, qué decía, no jugadores, DIOSES, para ganar un simple partido de fútbol?
Esta vez eran las dos las cejas que tenía alzadas la jueza y como Sandro considera que todo rey necesita una corona y todo pastel una guinda, el expresidente culé declamó un “EQUIPAZO” antes de proseguir con el siguiente punto de su defensa.
Nada, la misma cara que Sandro decidió que era más de incomprensión que de incredulidad. Decidió sacar la artillería pesada, depositó de nuevo metafóricamente su virilidad sobre aquella mesa y, sin ápice de pudor, le explicó a la jueza que su club no precisaba que Jose María Enriquez Negreira influyera en los arbitrajes porque ellos ganaban los partidos gracias a que Messi. Oh, Messi cogía el balón en su área, se regateaba a cinco jugadores rivales, si acaso no seis, siete o al equipo rival por completo, y en el momento en que aquella deidad del fútbol lo consideraba oportuno, marcaba el correspondiente gol. A Sandro no le costaba imaginar algo que si no había pasado era por puro decoro: la imagen de los aficionados culés exultantes en las gradas ante el olimpo futbolístico que estaban contemplando, con sus cipotes por fuera emanando los correspondientes efluvios que sólo aquella exhibición deportiva podía generar, describiendo unos arcos perfectos que les permitían llegar hasta la grada opuesta. Ríos de colonia compuesta de pura grandeza inundando las gradas del Camp Nou…
Sandro sacudió la cabeza para salir de su ensimismamiento. Por fortuna para la salud cardíaca de su abogado, aquello último sólo lo había pensado y no declarado.
Sin embargo, el último punto de su defensa sí que pareció haber impresionado a la jueza (obviamente, era Messi…), ojiplática y boquiabierta ante la mirada satisfecha de un Sandro que sabía que había sacado su cipote a pasear y este le había dado la victoria como tantas veces Leo al Barcelona. Sin duda alguna, Sandro poseía el Messi de los cipotes.
Su abogado no era capaz de dirigirle palabra o mirada alguna cuando salieron de aquella sala, pero Sandro estaba eufórico y así se mostró en los medios, a los que atendió exultante a la par que orgulloso de haber demostrado ante la jueza y todos los poderes infinitos del Estado que los pagos a Negreira eran perfectamente normales y legales, que su equipo era la repera y que nadie podría poner en duda jamás los éxitos conseguidos en aquella gloriosa época. Aquel sí era su público. Los periodistas le escuchaban embelesados y Sandro supo que lo había conseguido. Miró orgulloso hacia el bulto incontrolable de su pantalón. Su cipote lo había vuelto a lograr.
Getty Images