Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, amigos. Me ceden amablemente los responsables de La Galerna este espacio con la petición de que escriba hoy el portanálisis o, lo que es lo mismo, que comente las portadas deportivas del día, cosa que hago con mucho gusto, porque hacerlo sin gusto o a disgusto no tendría sentido, y además sería una idiotez.

Agradezco especialmente que lo hagan precisamente hoy, cuando todavía algunos se rasgan las vestiduras por una observación sin mayor trascendencia que hice en otro medio sobre la condición francesa o no francesa de los jugadores de la selección de Francia. Como comprenderán ustedes, a estas alturas de la vida a uno ya no le sorprende casi nada, y por lo tanto no voy a alimentar polémicas interesadas que yo he mismo he creado, y que no tienen otro objeto que distraernos de la cuestión fundamental: que la selección española se enfrenta mañana a la francesa en semifinales del Mundial, circunstancia que debemos contemplar con alegría y con optimismo. Yo al menos así pienso hacerlo, porque empeñarse en lo contrario no conduce a ninguna parte, y además es completamente inútil.

En todo caso, conviene no dejarse influir demasiado por estas cosas. Es posible que uno sea un bocazas, y también es posible que uno sea un botarate, incluso es posible que uno sea el bolso de Soraya, cosa que no tendría nada de extraordinario porque ya lo fue una vez. Algo, por cierto, que también criticaron los que siempre critican todo, aunque uno no lee las críticas de los que le critican, y hace muy bien en no hacerlo, porque tampoco iba a hacerles caso. Tampoco conviene descartar que uno sea las tres cosas a la vez: un bocazas, un botarate y el bolso de Soraya, pero pensar en esto no sirve absolutamente para nada, y además es inútil, porque uno es lo que es y no es lo que no es, por mucho que a otros les gustaría que fuera otra cosa.

Pero centrémonos en la cuestión que nos trae hoy aquí, y que no es otra que comentar las portadas de los diarios deportivos. Permítanme ustedes que comience con la de Marca, porque es sabido por todos que, si bien un presidente del Gobierno es lector de todas las cabeceras, lo que a uno siempre le ha gustado es leer el Marca. Abre este periódico con una foto y entrevista a toda plana de Mikel Merino, bigoleador in articulo mortis de la Roja, y el banderín de córner con el que celebra sus goles, y aunque no nos consta que este último haya participado en la entrevista, no conviene descartar nada de antemano.

Nos recuerda Marca que hoy comienzan la pretemporada Atleti y Madrid, en este orden, por lo que sea. Cosa que, si bien ya sabíamos, nunca está de mal recordar porque hay algunos que tienen mala memoria y otros que no quieren acordarse de lo que hay que acordarse, aunque a veces no se acuerden de lo que quieren olvidar. (También hay veces que uno se empeña en hacer juegos socarrones de palabras que toman vida propia y acaban como Dios les da a entender, pero hay que tomarse ese inconveniente como una pequeña servidumbre, que decimos los registradores, de ejercer a tiempo completo y sin ton ni son la retranca gallega.)

Añade un suelto Marca en su portada, sospecho que para alborozo de los amables lectores de esta página, en el que habla de que el Madrid está de récord, al haberse registrado en el Mundial 19 goles que Marca denomina blancos. Un guiño de Marca que agradecerán los madridistas y que también agradezco yo, porque si bien el presidente del Gobierno es aficionado de todos los equipos, Prevost es del Real Madrid y no es cuestión de enmendarle la plana al Papa.

As, por su parte, cambia a Merino por Cubarsí, ese joven central barcelonista que está cuajando un notable Mundial. También sustituye el banderín de córner por las largas y estilizadas piernas del bueno de Pau, cosa que a algunos les parecerá bien y a otros les parecerá menos bien, como es natural. Yo no tengo nada contra las piernas de Cubarsí, pero si no prefiriera reservarme mi opinión para no dar excusas a los que siempre buscan polémicas y con toda seguridad aprovecharían para tacharme de machista, tampoco les ocultaría que, puestos a enseñar piernas, hubiese preferido ven en la portada del As las de Irina Shayk o las de Bella Hadid, pongo por caso.


Sport insiste en sacar una foto a toda plana de Merino y en entrevistar al jugador, esta vez sin rastro del banderín de córner. Como una de las muchas cosas de las que me acusan es la de ser un vago, y no es cuestión de hacer aprecio a tus enemigos llevándoles la contraria, me voy a remitir a mi comentario sobre la portada de Marca, en el que si bien no digo nada, tal circunstancia obedece solamente a que no hay nada que decir y, por tanto, no diciendo nada ya está dicho todo.


Mundo Deportivo pone el foco en Crack Julián, pretendido por el Barça según afirma (el periódico, no el Barça; o al contrario, no sé). Uno podría preguntarse si esto de dedicar la portada del lunes al resultado de un partido que se jugó el sábado por la noche no es un síntoma de que yo no soy la única persona en este mundo de quien podría predicarse la vagancia. O tal vez es para preguntar a los responsables de Mundo Deportivo lo que una vez me preguntaron a mí en una comisión del Congreso: ¿ustedes creen que sus lectores son tontos? Como hice yo en aquella ocasión, y con permiso del director de La Galerna, animo a los responsables del periódico que se abstengan de contestar, que tampoco es cuestión de crear mal ambiente.

Anuncia también Mundo Deportivo una entrevista a Gerard Martín con el siguiente titular: “Me gusta el riesgo”. Como a mí el whisky en los días de moción de censura.

Pasen un buen día.

 

 

En la madrugada del domingo asistimos a otro fenómeno paranormal protagonizado por el conglomerado arbitral - comercial de FIFA. Algún día descubriremos el delito, como hemos descubierto la corrupción del Barcelona - RFEF - LaLiga, facturas de Negreira mediante. La cuestión es que el daño estará hecho y la reputación de los dirigentes FIFA a la altura de la de los delincuentes Núñez, Gaspart, Laporta, Platini, Blatter... Pero, a no ser que el mundo empiece a cambiar radicalmente, quien gobierne la FIFA para entonces tratará de explicarnos, como Fran Soto al frente del arbitraje español, que lo mejor es olvidar.

No tuvieron suficiente con el atraco a Egipto. La cara de Salah nos decía todo. La amargura de entender, de estar seguro de que el rodillo FIFA, la institución responsable de explotar la gallina de los huevos de oro del fútbol mundial, no permitiría que un rocoso equipo africano eliminara a la Argentina de Messi. El icono planetario generador de inconcebibles sumas de dinero no podía caer. Si lo vemos desde una perspectiva de negocio y consideramos a Infantino un CEO en lugar de un embajador del deporte, es más fácil tragar el nudo que tenemos en la garganta los aficionados a estas alturas de la película.

Diario antimundial (días 26, 27 y 28)

El interés comercial prevaleció también contra Suiza. Las maquilladas estadísticas del partido nos hablan de un 59/41 de posesión para Argentina en los 120 minutos. Sin embargo, la primera parte se saldó con dominio suizo 43/57 después de que los sudamericanos se replegaran con el 1-0 en el minuto 10 y le entregaran la pelota a los centroeuropeos. Con la expulsión por doble amarilla de Embolo en el 72, el campo se inclinó hacia la portería de Kobel inevitablemente.

Ya no tengo dudas sobre el VAR. Ha llegado al fútbol para aumentar las posibilidades de manipular los resultados desde fuera del campo. Estábamos mentalizados para soportar errores arbitrales en el césped. Lo previsible era que se repartieran de forma equilibrada a lo largo de una temporada o de un torneo. Con la corrupción 1990-2026 perpetrada por CTA y Barcelona con el amparo de la RFEF y de LaLiga, y ante la explosión de la tecnología aplicada al deporte, aparecieron los datos. Indiscutibles. Inapelables. Los datos siempre dicen la verdad. El saldo arbitral del que ya nos advirtió Godall impúdicamente no dejó lugar a dudas: nos habían robado la limpieza en la competición.

La FIFA decidió aplicar una novísima norma VAR en el Argentina - Suiza, según la cual es posible intervenir cuando existe una confusión de identidad del autor de una falta sancionada con tarjeta. Sin embargo, la norma aplicada no ampara lo que sucedió. Existe otra norma que autoriza al VAR a intervenir cuando el árbitro ha pasado por alto una infracción que pueda acarrear una segunda amarilla. El árbitro nunca fue consciente de esto último. El VAR llamó por una confusión de identidad que no existió y después rearbitró para sacar una segunda amarilla aplicando otra norma. Dos decisiones en una misma jugada interpretando las normas ad hoc, de forma no reglamentaria. Justo lo que nos dijeron que el VAR no haría. El árbitro de campo es un vestigio fósil del pasado. Irrelevante. El saco de arena que recibirá los golpes, señalado por su propia organización. Sólo será protagonista en los "errores". Un figurante. Las decisiones que importan se toman fuera.

Ya no tengo dudas sobre el VAR. Ha llegado al fútbol para aumentar las posibilidades de manipular los resultados desde fuera del campo

El VAR es un instrumento al servicio del negocio. Permaneció mudo después del pisotón de Messi sobre un jugador de Argelia y ante la agresión de un jugador de Paraguay (sé su nombre, pero no me da la gana escribirlo) sobre Koundé. Sin embargo, el VAR puso el microscopio sobre un contacto mínimo en el Argentina - Egipto para anular uno de los goles más bellos del campeonato. La afición mundial no admiradora de corruptos y de falsos mitos está escandalizada. No hemos visto ni un sólo error que perjudique tan groseramente a Argentina. La selección a la que regalaron el pase a la final en Catar 2022 y a la que Infantino se ha ocupado de colocar en la semifinal de 2026.

Volvamos por un momento a los datos. Argentina ha cometido 59 faltas hasta hoy en el Mundial, recibiendo 3 tarjetas. Ratio de casi veinte faltas por tarjeta. Su rival de semifinales, Inglaterra, ha cometido 54 faltas y ha recibido 7 amarillas y una roja. 6.75 faltas por tarjeta. Añadamos que en el partido contra Egipto, Argentina hizo 14 faltas sin recibir tarjeta y los africanos recibieron 4 tarjetas cometiendo 11 faltas. ¿De qué nos sonarán estos datos?

Circula por X un vídeo de 9 minutos y medio en el que se ven las 14 faltas que cometió Argentina contra Suiza. Al menos la mitad habrían sido merecedoras de tarjeta. Varias son patadas o pisotones por detrás. Sin jugar el balón. Algunas fueron sancionadas al revés por el árbitro portugués, para sorpresa general, probablemente desquiciado por todo lo que tenía en su cabeza y por las advertencias de Messi, que es quien manda sobre el césped con su dedo índice admonitorio en la cara del colegiado. Arbitrar a Argentina es un papelón. Una selección con nombres que podemos casi recitar de memoria pero sin juego ni dominio, sostenida por los chispazos de sus delanteros y por acciones de fortuna a balón parado además del viento a favor, del vendaval, de la FIFA. Se pudieron pitar dos penaltis en el área de Argentina, ambos por empujones groseros sobre delanteros suizos. Desgraciadamente, estas jugadas pillaron al VAR haciendo cuentas sobre los ingresos comerciales de una Argentina semifinalista. Una pena.

 

Getty Images

Hola a todos. Las semifinales del Mundial ya están perfiladas, y solo en uno de los cuatro equipos aún en liza no milita ningún madridista. Ese equipo (Argentina) ha llegado así de lejos siendo sistemáticamente ayudado por los colegiados del campeonato, por si el camino diáfano que el sorteo (?) le ha planteado hasta la final no hubiera sido suficiente ventaja. Messi y sus gregarios se han medido a las todopoderosas Argelia, Austria y Jordania (en fase de grupos), Cabo Verde, Egipto y Suiza.

Pese a la modestia de estos nombres, han precisado tanto de prórrogas como de ayudas arbitrales muy concretas y descaradas para zafarse de tan limitados rivales. La última sucedió anoche mismo ante los siempre edificantes suizos, a quienes el VAR privó de un jugador propio con medio partido por delante ¡por fingir! Como acertadamente comentaban en redes sociales, como se imponga el fingimiento como motivo para expulsar a la gente del campo, los productos Masía no van a acabar casi ningún partido. (Tranquilos, no se impondrá, ha sido una medida eventual diseñada por Infantino para permitir que su icono favorito, el geniecillo de Rosario, siga en pie en el torneo).

En todo caso, dado que el encuentro tuvo lugar a las tantas de la madrugada de España, las portadas del día no celebran el pase a la siguiente ronda de los pupilos de Scaloni. Tranquilos, ya lo harán mañana, pues hay que seguir rindiendo pleitesía al pequeño dictadorzuelo y para qué contar lo de la vergonzosa expulsión referida, o lo de la amarilla condonada a Lautaro por trepar a la grada tras lograr el tercer gol (tarjeta de manual que le habría impedido jugar la semifinal contra Inglaterra, y que fue escamoteada con nocturnidad, alevosía y prevaricación). El sesgo arbitral quedó de manifiesto en muchas jugadas más.

Nadie que no sea argentino es capaz de negar los continuos favores del sistema. Nadie que no sea argentino o (matizamos) inveteradamente culé. El culé medio no tiene problemas con la prevarición. Lleva décadas instalado en ello, llevado en volandas por una sistema enviciado por un tráfico de influencias “engrasado” además por los pagos a Negreira (Relaño dixit)  y el establecimiento del “Negreira office” que hoy sufrimos y que tan admirablemente retrataba ayer Lila Castro en este portal.

El otro semifinalista que conocimos ayer es Inglaterra, y de esto sí dan cuenta las portadas de los diarios deportivos, habida cuenta de que la victoria de los de Tuchel ante Noruega aconteció a una hora mucho más cristiana. El énfasis está puesto en la selección de todos (?), como no podía ser de otra manera, pero hay espacio para el éxito de Inglaterra y el personal de Jude Bellingham, que está haciendo un campeonato descomunal. Los vikingos sufrieron su doblete, situación paradoja por cuanto los vikingos solemos disfrutar sus exhibiciones.

El de Birmingham lleva dos temporadas malas, en parte por problemas físicos, pero está pletórico en el Mundial. Tal cosa es así a pesar de los vaticinios en sentido contrario de algún que otro periodista y/o comunicador. No daremos nombres, pero si los diéramos os contaríamos que se trata de Julio Maldonado, más conocido como Maldini. Observad sus profecías porque Nostradamus a su lado es uno de los teleñecos. Pensamos que quizá, concretamente, el monstruo de las galletas.

Maldini decía hace bien poco que "no creía" en Bellingham en este Mundial, y lo comparaba desfavorablemente con Wirtz, pelotero que a día de hoy es un notorio fiasco, tanto en su club, el Liverpool, como en el propio Mundial.

Los dos ocasiones en que Jude vio puerta ayer elevan a 6 su número de tantos en la Copa del Mundo, y a 19 el de futbolistas blancos en la competición, lo que constituye una marca histórica. Nunca tantos jugadores de un mismo equipo han marcado tantos goles en el torneo. El Madrid ha presumido de ello en su web y redes sociales. Ya sabemos que no vamos a ir a Cibeles por ello, pero el club hace bien en sacar pecho a cuenta de una estadística que habla libros sobre el valor de sus activos.

Ahora lo que hace falta es que esos activos den los mismos (o, a ser posible, mayores) signos de excelencia cuando vuelvan a las órdenes de Mourinho. La masa social está ansiosa por convertir en un mal recuerdo los dos últimos años. Hay jugadores para ello.

Pasad un buen día.

Como en un relato kafkiano donde las burocracias tejen hilos invisibles de poder, las autoridades cambian las reglas sin explicación y cada respuesta abre un nuevo laberinto, el caso conocido como Negreira ha mutado en lo que conviene denominar «Negreira Office». Negreira ya no está, pero el sistema que el juez describió sigue operando. No se trata de un capítulo cerrado.

El Negreirato: lo indebatible y lo debatible

Los pagos directos —cheques, facturas sin servicio, dinero en efectivo— han sido sustituidos por un modelo  que opera con ropaje institucional, pero de mayor alcance y menor trazabilidad: control de facto del ecosistema arbitral y del VAR, de la transmisión y su relato , ventajas estructurales para sus beneficiarios y una red de conflictos de interés normalizados por la propia arquitectura del poder.

No se trata solo de nombres, sino de una cultura arbitral, redes de lealtad, beneficios por descubrir y criterios interiorizados que siguen operando aunque cambien las caras. El sistema no se reinicia con un relevo; se hereda como un «code legacy»

No de otra manera se entiende que Javier Tebas perciba el salario más alto entre los presidentes de liga en Europa —3,32 millones de euros fijos en la temporada 2024/25, con variables que han superado los 5,5 millones—, aprobado por los propios clubes que regula, muchos de ellos con dificultades económicas. O que paralelamente, el FC Barcelona mantenga en su Memoria Económica 2024/25 (página 290, firmada por Joan Laporta) un préstamo vivo de 4,485 millones de euros a Audiovisual New Aged AIE, entidad del G-35 de la que Tebas fue administrador único entre 2011 y 2013. Y que el préstamo aparece desde la temporada 2020/21 sin amortización relevante, vinculado al embargo preventivo de Hacienda de 2017.

Tebas tomando café

Cómo entender, si no, que más de treinta clubes guarden silencio y al tiempo realizaran operaciones similares para cubrir la deuda fiscal de Tebas, mientras solo el Real Madrid se negó alegando precisamente conflicto de intereses. Cómo entender que exista discrepancia entre el importe comunicado internamente (hasta 2,39 millones) y los 4,485 millones que figuran en las cuentas del Barça. Cómo se explica que el  dinero se transfiriera en 2017, pero no apareciera en los balances hasta años después, con reversiones contables cuya explicación sigue pendiente.

Cómo se asimila la persistencia de  la relación entre LaLiga y la RFEF. La Federación ostenta formalmente el control del VAR y las designaciones arbitrales, pero la designación de Tebas como vicepresidente de la RFEF genera un solapamiento de mandatos —un «dual mandate»— que alinea directamente los intereses de la patronal con los procesos de designación, valoración, promoción y supervisión arbitral bajo el CTA.

Todo lo que siempre quiso saber sobre el Caso Negreira y la prensa deportiva no se molestó en informarle (II)

Si bien se trata de un Office muy complejo de desgranar —con capas de código legacy, actualizaciones institucionales y backdoors poco visibles—, no quiere decir que no se pueda auditar tanto o más. Especialmente cuando se observa que el Real Madrid sigue siendo sistemáticamente esquilmado, los errores arbitrales se producen con un timing y reincidencia llamativos, y el trato diferencial ante situaciones de partido idénticas se resuelve en un 99 % en contra del club blanco, rompiendo cualquier estadística razonable de neutralidad.

En este marco perdura un amplio contingente de «Negreira boys»: árbitros ascendidos y formados durante los 24 años de mandato de Negreira como vicepresidente del CTA (1994-2018). Esta continuidad genera no solo sospechas sino una clara «path dependence» —concepto que conviene entender porque describe cómo las decisiones y estructuras del pasado condicionan de forma casi irreversible las trayectorias futuras—. No se trata solo de nombres, sino de una cultura arbitral, redes de lealtad, beneficios por descubrir y criterios interiorizados que siguen operando aunque cambien las caras. El sistema no se reinicia con un relevo; se hereda como un «code legacy».

en Kafka, como en el «Negreira Office», no hay crimen perfecto y la fatalidad no es toparse con la burocracia: es creer que el proceso ya ha terminado

El engranaje opera con precisión: el poder económico de LaLiga financia y alinea incentivos; el «dual mandate» une patronal y regulador arbitral; la «path dependence» hereda una cultura de dependencia. Las transmisiones y las imágenes que llegan al VAR son gestionadas por la empresa del acreedor e inversor clave del FC Barcelona a través de palancas y participaciones en Barça Studios. Los narradores y comentaristas de turno (que reciben una especial pauta de la liga en sus medios), al estilo de los sincronizados de la cloacas, se anticipan a culpar a los jugadores de jugadas oscuras, y  se aventuran a excusar las claras del prohijado sin visionar las repeticiones o validando frames dudosos,  con la precisión de prestidigitadores. Es como si supieran lo que va a pasar. El sistema no solo opera, se blinda así mismo.

El producto final es sistemático: trato diferencial que perjudica al Real Madrid mediante errores de timing y reincidencia que rompen cualquier estadística razonable, licencias selectivas para faltas (véase los partidos en el Metropolitano) y un saldo de puntos que favorece a unos y castiga a otros. Los clubes perjudicados callan o son neutralizados. Y las fuentes de poder van a más: lo último que intentaron fue tumbar a Florentino para poner uno de los suyos. Tebas ya no se defiende; se siente tan cobijado que hace algo más grave: no se esconde.

Kafka

Y aquí reside la trampa kafkiana, como en «El Proceso»: el acusado nunca llega a ver la cara final del poder. Cada puerta abierta revela otro pasillo interminable; cada denuncia parece inútil ante una burocracia que parece infinita. Si nos quedamos en el Negreira del juzgado, nos perdemos del último cambio de la línea. No nos engañemos.

El «Negreira Office» es el tejido vivo del presente: una refactorización de código heredado (code legacy) que mantiene las capas antiguas de influencia, actualiza el ropaje normativo y conserva los «backdoors» de poder sin perder funcionalidad. El disco duro son los conflictos de intereses normalizados. Es un modelo de control de facto más integrado, con menor visibilidad y mayor resistencia a auditorías externas. Seguir la pista, auditar sin tregua y denunciar  no es nostalgia judicial. Es la única forma de romper los hilos invisibles antes de que el laberinto se cierre del todo. Porque en Kafka, como en el «Negreira Office», no hay crimen perfecto y la fatalidad no es toparse con la burocracia: es creer que el proceso ya ha terminado.

 

Getty Images, IA

Buenos días, galernautas. Anoche la selección española eliminó a la de Bélgica, alcanzando así las semifinales de este mundial largo como esperanza de pobre. Aún a pesar de la sobredosis de partidos, a los norteamericanos no parece terminar de entrarles el balompié por los ojos. No tenemos pruebas ni dudas de que el juego de la selección de Lluis de la Font no ha contribuido a desarrollar la querencia estadounidense por este deporte, como tampoco lo han hecho las corruptelas y preferencias de la FIFA para con algún combinado. Para terminar el sainete, las concesiones de los premios a mejor jugador del partido son decididas bajo criterios que nada parecen tener que ver con lo futbolístico. Solamente con esta premisa se comprende el galardón otorgado anoche a Lamine Yamal en su versión sin vendas en la muñeca. Haciendo un ejercicio de extrema magnanimidad, calificaremos su encuentro como olvidable, muy en línea con su actuación mundialista.

Hablando de olvidable, acometamos la tarea de repasar las cabeceras de la prensa presuntamente deportiva de esta nuestra piel de toro. Marca es, como siempre, poco original, y hoy sucinto y visceral. VAMOOOOOS reza la portada protagonizada por Mikel Merino, el hombre que convierte los banderines de córner en rotondas, nuevamente goleador. Qué curioso no ver ni oír que España no juega a nada, asunto este del juego que parece capital cuando se trata de otras escuadras.

As, ese diario anteriormente dirigido por Relaño, también lleva a su frontispicio a un Mikel Merino a punto de caer arrodillado en éxtasis. Completa el misticismo el titular: BENDECIDO. No sabemos qué pío arrebato ha tenido lugar en la redacción de As, pero lo celebramos por el bien de sus almas inmortales.

Saltemos a la prensa cataculé, que, como sabéis, ser portanalista es todo un sacerdocio. Sport se centra en Merino, en pose casi divina, como si estuviera imitando con más voluntad que tino la celebración de Jude Bellingham. El titular nos habla de seguir soñando. Entendemos que no se refiere a nada que tenga que ver con lograr justicia en cuanto sobornos, corrupción sistémica e ilegalidades varias en el fútbol español, ¿verdad?

En el Mundo Deportivo, diario del Conde de Godó, Grande de España, nos relata de manera vehemente que, efectivamente, ha habido pase a semifinales y dedica la parte superior a un presunto acuerdo cerrado con el rapidísimo extremo del Borussia Dortmund Adeyemi. Lo noticiable seria un poco de transparencia sobre cómo piensa el Barcelona afrontar el pago de ese fichaje cuando aún tienen pendiente algún variable de la contratación de Archibald.

Pasad un excelente día, deseemos una pronta y efectiva recuperación a Courtois y que Dios asista a la selección de Suiza esta noche.

Se acabó la fiesta en Valdebebas. Este lunes 13 de julio arranca oficialmente una nueva etapa en el Real Madrid, y lo hace de la única manera posible para lograr enderezar las malas dinámicas adquiridas: con disciplina, orden y un bendito madrugón.

Los jugadores están citados a las 8 de la mañana en la Ciudad Deportiva. A esa hora intempestiva en la que las calles están despertando, los futbolistas del conjunto blanco ya tendrán que haber cruzado la barrera de las instalaciones, lo que significa que a las 6:30 de la mañana, como tarde, el despertador de más de uno va a sonar con una estridencia que ya habían olvidado.

Personalmente, me alegro de una manera infinita de que les toque pegarse este primer madrugón en años. Era sumamente necesario.

Llevamos dos años asistiendo a un compadreo insostenible, dos temporadas en las que la plantilla ha vivido extremadamente bien, instalada en una zona de confort peligrosa, con concesiones continuas y unos niveles de exigencia que se habían ido relajando hasta diluir el gen competitivo que exige este escudo.

La autocomplacencia se había adueñado del día a día, y los futbolistas parecían más preocupados por sus vacaciones, sus redes sociales y sus prerrogativas individuales que por morder el césped en cada sesión. Esa era del bienestar se ha terminado por decreto y con efecto inmediato.

El regreso de José Mourinho supone un bofetón de realidad para un vestuario que necesitaba un líder absoluto en el banquillo. El técnico portugués no aterriza en Madrid con el hacha de guerra levantada de primeras; llega de buenas, con una energía desbordante y con ganas reales de charlar, de mirar a los ojos a sus nuevos pupilos y de conocer a todo el mundo de primera mano.

Pero que nadie confunda su cordialidad inicial con debilidad o con una invitación al consenso. Mourinho viene a escuchar y a presentarse, pero bajo ningún concepto viene bajo la premisa de preguntarles a las vacas sagradas qué horarios prefieren para ejercitarse, qué días les viene mejor librar o cómo les gusta organizar los viajes.

El regreso de José Mourinho supone un bofetón de realidad para un vestuario que necesitaba un líder absoluto en el banquillo

El club no es una democracia asamblearia y los entrenamientos no se negocian en función del bienestar vacacional de los jugadores.

La planificación de la jornada del lunes es el reflejo perfecto de lo que les espera a partir de ahora. Tras llegar a las 8 de la mañana para los obligatorios reconocimientos médicos de pretemporada y para tener esa primera toma de contacto con el luso, los futbolistas pasarán todo el día en la Ciudad Deportiva.

No habrá escapadas a mediodía, ni tiempo para el esparcimiento personal fuera del recinto. Compartirán dinámicas, charlas tácticas preliminares, comerán juntos y harán convivencia hasta que el reloj marque las 17:00 de la tarde.

A esa hora exacta saltarán al terreno de juego para vivir el primer entrenamiento real bajo los mandos del técnico portugués. Todo corrido, sin concesiones, asimilando desde el minuto uno el peso del nuevo régimen laboral que se implanta en la entidad.

Una de las premisas fundamentales que va a quedar meridianamente clara desde ese primer cónclave matutino es que Mourinho llega con la idea fija de ser transparente y brutalmente claro con cada uno de los integrantes de la plantilla. Desde el primer día, les va a comunicar el rol exacto que van a ocupar a priori en su proyecto para este año.

Con Mou no habrá dobles discursos ni falsas promesas para mantener a todos contentos de cara a la galería. Quien vaya a ser titular sabrá por qué lo es y qué se le exige, y quien vaya a calentar el banquillo conocerá su situación de manera directa, sin paños calientes.

Su manual de estilo especifica claramente que él no viene a Valdebebas a ser amigo de los futbolistas. El paternalismo mal entendido y las palmaditas condescendientes en la espalda que se han visto estos dos últimos años quedan desterradas.

La relación con el vestuario será estrictamente de jugador a entrenador, marcada por una línea jerárquica infranqueable y basada en el respeto mutuo a través del trabajo exigente.

Mourinho regresa además con más ganas que nunca, con el hambre renovada y consciente del tremendo reto que tiene por delante para devolver al club a la senda de la máxima competitividad. Ese entusiasmo y esa intensidad no admitirán medias tintas por parte de unos futbolistas que se habían acostumbrado a regular sus esfuerzos según el día y el rival.

El madrugón de las 6:30 de la mañana no es solo una anécdota horaria, sino un símbolo de que el Real Madrid vuelve a ponerse el mono de trabajo desde el primer segundo del verano

Lo más importante y verdaderamente diferencial de esta nueva etapa es el respaldo institucional que sustenta la figura del técnico. Se les ha acabado la buena vida que llevaban estos años atrás porque, por primera vez en muchísimo tiempo, el entrenador del Real Madrid cuenta con la confianza absoluta y ciega del presidente para tomar todas y cada una de las decisiones oportunas respecto al vestuario y a todo lo que lo rodea.

Atrás quedaron los tiempos en los que los jugadores utilizaban el teléfono para quejarse directamente a las altas esferas cuando no les gustaban los métodos del míster o cuando se veían relegados a la suplencia. El blindaje presidencial a Mourinho es total.

Si el luso decide apartar a una estrella por falta de compromiso, el club respaldará la medida de manera unánime. Si decide endurecer las multas por impuntualidad o cambiar drásticamente los hábitos de concentración, no habrá fisuras en la planta noble del Bernabéu.

Los futbolistas tienen que entender que el poder ha vuelto a cambiar de bando y que el mando de la nave reside única y exclusivamente en el banquillo. La comodidad del pasado reciente ha sido sustituida por un examen diario de rendimiento en el que los galones de temporadas pasadas ya no sirven para justificar la desidia sobre el verde.

Por todo ello, la jornada laboral del lunes trasciende el mero trámite de un inicio de pretemporada habitual. Es un cambio de paradigma social e interno en la plantilla blanca.

El madrugón de las 6:30 de la mañana no es solo una anécdota horaria, sino un símbolo de que el Real Madrid vuelve a ponerse el mono de trabajo desde el primer segundo del verano. La plantilla ha disfrutado de un estatus de privilegios excesivos que se ha traducido en un estancamiento evidente en el juego y en los resultados.

Ver a los jugadores ingresar temprano por la puerta de la Ciudad Deportiva, sabiendo que les espera un día entero de encierro profesional, disciplina y un entrenamiento de máxima exigencia física y mental es la mejor noticia posible para el madridismo que exigía un golpe de timón.

Mourinho ha vuelto para imponer su ley, para trazar las fronteras del compromiso y para recordarles a los jugadores que la gloria en este club no se hereda ni se mantiene por inercia, sino que se trabaja cada día.

Aquellos que pretendan seguir viviendo de las rentas y del confort como en las últimas dos campañas van a chocar de frente contra un muro de exigencia inquebrantable.

Se acabó la tregua, se terminaron las excusas y se cerró definitivamente el club vacacional en el que se había convertido el equipo. El lunes a las 8 comienza el verdadero fútbol.

 

Getty Images

El Real Madrid está siendo protagonista del Mundial 2026 por el gran acierto goleador de sus jugadores en lo que va de torneo. Es el club que suma más tantos con un total, por ahora, de 17 dianas (Mbappé 8, Bellingham 4, Vinicius 4, Arda 1). A lo largo de la historia son muchos los futbolistas merengues que han marcado en una Copa del Mundo. Algunos de ellos, como Valdano en el Mundial de México 1986, y Zidane en el Mundial de Alemania 2006, lo hicieron también en la gran final. Pero para encontrar al primer madridista que logró un tanto en la Copa del Mundo nos tenemos que remontar al Mundial de 1934 celebrado en Italia. Su autor: Luis Regueiro.

El primer Mundial de la historia fue cuatro años antes en Uruguay. Sin embargo, la selección española no acudió y, por tanto, ningún jugador madridista actuó en ese torneo. Sí participó uno que se enfundaría la zamarra blanca un lustro más tarde, el brasileño Fernando Giudicelli. De cara a la Copa del Mundo con sede en Italia el conjunto blanco estuvo muy bien representado con cinco hombres. El seleccionador Amadeo García de Salazar convocó al gran trío defensivo formado por Zamora, Ciriaco y Quincoces, a Luis Regueiro y al canario Hilario, aunque la inscripción de este fue a última hora, la FIFA no la admitió y no viajó a Italia. Fue, junto al Athletic, el equipo con mayor número de jugadores en la lista española. El Madrid en la II República era un equipo muy potente y unas semanas antes había ganado la Copa ante el Valencia en Montjuic.

En el primer partido del Mundial, Luis Regueiro no fue titular y su lugar en el once lo completó Lecue. La selección española venció con superioridad a Brasil con el trío Zamora, Ciriaco y Quincoces cumpliendo con nota. En cuartos de final España se iba a enfrentar a la anfitriona Italia, un equipo repleto de grandes jugadores entrenados por Vittorio Pozzo, con el delantero Giuseppe Meazza a la cabeza. La sede del encuentro fue el estadio Giovanni Berta en Florencia y el partido pasó a la historia como ‘La batalla de Florencia’.

En la previa del duelo, el 31 de mayo de 1934, la prensa española avisaba de que el seleccionador Amadeo García Salazar buscaba un recambio en la alineación para el interior Lecue porque no había quedado satisfecho tras la floja actuación del vizcaíno contra los brasileños. Luis Regueiro se postulaba como su sustituto, aunque partiendo desde el perfil opuesto al habitual, el izquierdo. El vasco nacido en Irún el 1 de julio de 1908 siempre fue elogiado por compañeros y rivales como uno de los mejores jugadores que habían visto jugar. Sin duda, es uno de los futbolistas más importantes del fútbol español en el siglo XX, aunque los años y los recuerdos han ido desvaneciendo su enorme figura.

Fichó por el Real Madrid en una operación perfectamente planeada por Santiago Bernabéu, que convenció al irunés, que no tenía nada claro dejar su tierra y el Real Unión para aterrizar en la capital. Regueiro se desempeñaba como interior derecho. No era un fino estilista, sino muy sobrio en su juego, trabajador infatigable, muy hábil e inteligente en la creación de juego, seguro y preciso en el pase, con un duro y malintencionado disparo y un notable remate de cabeza. El vasco era de esos interiores que recogían el balón en su área y con una zancada amplia conducía el balón superando rivales, esquivaba adversarios fintando con el cuerpo y generando peligro por su profundidad. Luego, tenía la clarividencia para ceder el cuero al compañero mejor colocado. Por ese fácil correr, por su destreza para zigzaguear con la pelota en los pies se ganó el apodo que mejor cuadraba con sus condiciones: “El Corzo”. Un sobrenombre que llevó la firma del periodista, escritor y ensayista Federico García Sanchiz. Parecía exactamente un corzo que hábil y prodigiosamente esquivaba a los rivales que le salían al paso para cortar sus internadas peligrosas.

El primer gol de un madridista en un Mundial llegó en el minuto 30 de la primera mitad contra los italianos. En El Heraldo de Madrid lo describieron así: “Los españoles, animados, hacen frecuentes incursiones. En una de ellas un balón enviado por la línea de medios va a Lángara; este cede el balón a Regueiro y el interior madridista larga un soberbio chut, que bate a Combi por el lado derecho. El goal produce un entusiasmo indescriptible”. En La Voz: “Un balón que Muguerza despide es recibido por Luis Regueiro muy cerca del centro del campo. El malabarista español esquiva a varios contrarios, y avanza con facilidad hasta llegar al terreno de los defensas italianos, donde hace un buen pase a Lángara. Este avanza algo y como le acosan los jugadores italianos, cede el balón a Regueiro, que lanza un tiro colosal, sin que Combi pueda detener la pelota”. Y en El Mundo Deportivo: “El juego permanece detenido por unos momentos mientras se atienda a Iraragorri de un faut de Monti. Finalmente, este se reincorpora y Lángara lanza el castigo, desde cerca del área, pasando a Regueiro que empalma un formidable izquierdazo que se adentra fulminantemente en la red”.

En los periódicos italianos así explicaron el tanto de Regueiro. En Il Littoriale: “El gol de España fue fruto de la fortuna y se originó en un error de Combi, aunque también fue posible gracias a otro fallo de Regueiro. De hecho, si el interior izquierdo español hubiera golpeado el balón con limpieza en lugar de limitarse a rozarlo, este se habría dirigido hacia el rincón opuesto a aquel donde finalmente acabó, y el gol de España no se habría producido”. En La Gazzetta dello Sport: “En el minuto 29, Iraragorri choca con Allemandi y cae al suelo. El árbitro detiene el juego, pero el español se levanta casi de inmediato. No obstante, se señala un tiro libre a favor de España; Lángara lo ejecuta y pasa el balón a Regueiro, quien lo envía rápidamente al fondo de la red, sorprendiendo a Combi. ¡Gol! Corre el minuto 31”. En Guerin: “Un choque entre Allemandi e Iraragorri llevó al árbitro a interrumpir brevemente el juego. Los españoles marcaron su primer gol en el tiro libre resultante contra los azzurri, ejecutado por el delantero centro Lángara. El tanto fue consecuencia de un doble error: uno de Regueiro, que apenas rozó el balón en lugar de golpearlo limpiamente, enviándolo en una dirección totalmente opuesta a la pretendida; y otro de Combi, que no supo anticipar la trayectoria. No obstante, el gol fue totalmente legítimo”.

En algunas crónicas se hizo hincapié en que aquel fanático público italiano, aún ciego de pasión por sus colores, aplaudió a Regueiro en varias ocasiones durante el partido. Luego, diferentes medios italianos lo designaron ese año como el mejor interior que había actuado hasta ese momento en dicho país.

Italia empató antes del descanso por medio de Ferrari en uno de los partidos más broncos y polémicos de la historia de los Mundiales. La ayuda arbitral a los anfitriones en todo el torneo fue una constante. El dictador italiano Mussolini se había encargado de manejar y arreglar el Mundial a su antojo, atrayendo a árbitros de cámara como el belga Baert y el suizo Mercet. Il Duce no estuvo presente en el choque, pero sí sus hijos Vittorio y Bruno y su sobrino Vito (hijo de su hermano Arnaldo). En una información publicada en La Voz se hacían eco de que los hijos opinaron sobre el juego español que fue “noble, enérgico y de gran clase”. El empate provocó un desempate que se jugó al día siguiente, con muchas bajas entre los españoles, y en el que un gol precedido de falta al portero Nogués eliminó a España. Italia, con más polémica en semifinales ante Austria, terminó ganando el torneo al derrotar en la final a Checoslovaquia.

Luis Regueiro, en alguna entrevista años después, describió aquel momento como el más ingrato o desgraciado de su carrera: “La eliminación del Campeonato del Mundo el año 1934 en Italia, por la célebre ‘squadra azzurra’. Porque aquello, a pesar del mucho tiempo transcurrido, siempre lo recuerdo como la mayor ignominia deportiva que he conocido. Fue un auténtico ‘robo’ y la única forma de apartarnos del torneo”.

 

Fotografías: archivo de Alberto Cosín

Buenos días, amigos. El Mundial sigue y, según los expertos, continuará hasta que acabe. Su conclusión coincidirá, muy probablemente, con el término de la final del campeonato. Hemos consultado tres fuentes distintas y todas confirman este extremo, aunque nunca puede darse por hecho lo que está hecho.

Para Sport, los pupilos de Luis de la Fuente ya han ganado a Bélgica: «Francia ya espera a España en ‘semis’».

No sabemos qué opinará de esto el Manneken Pis, o el Atomium, el Consejo de la Unión Europea, los gofres, el chocolate, las patatas fritas con mejillones o Puigdemont. Parece una falta de respeto a todos ellos. Porque partido se disputará esta noche a las 21:00 y el resultado aún no está decidido, ¿verdad?

En Marca son más prudentes con este asunto y se limitan a un «Francia espera en semifinales».

La portada es para Dani Olmo. Los gallardetes afirman que Dani Olmo marca la hora de España, en un texto colocado sobre el hombro derecho del futbolista en cuestión, quien señala su reloj rosita. No tenemos la certeza, pero tampoco dudamos de que su peluco marca las Uribe en punto.

Mundo Deportivo implora «Que Courtois no pare la fiesta» sobre una foto de Thibaut deteniendo un balón y otra de Lamine pidiendo una cantimplora.

La prensa lleva años privatizando la selección en favor del barcelonismo y ahora se extraña de que a parte del madridismo le cueste identificarse con este combinado. A ese que Courtois no pare la fiesta, alguien podría responder con un que la Roja (como dicen) no pare la fiesta de Mbappé.

Terminábamos el primer párrafo de este portanálisis afirmando que nunca puede darse por hecho lo que está hecho. No es la primera vez que algo que parece un pato, nada como un pato y grazna como un pato, finalmente no es un pato. Se nos vienen a la cabeza dos ejemplos: el Madrid de la Catorce, protagonista de una de las temporadas más épicas de entidad deportiva alguna, no fue reconocido como mejor club de la campaña, este premio fue a parar al City —eliminado por los blancos— por no sé qué de sus equipos de petanca y tiro con arco; el Vinícius pletórico que devastó a sus rivales en el curso 23/24 no obtuvo el Balón de Oro cuando se habría filtrado que así sería, el reconocimiento fue a parar a Rodri, un jugador lesionado de larga duración.

En el fútbol, el fútbol es la excepción. La regla es el dinero. Y el dinero lleva a hacer piruetas para dar o quitar premios y campeonatos a quien fomenta que sigas embolsándotelo o a quien quiere desmantelar tu entramado.

Ayer Francia derrotó a Marruecos por 2-0, con golazo de Mbappé incluido. Si los galos ganasen los dos siguientes encuentros, se proclamarían campeones del mundo. Probablemente con Mbappé como máximo goleador —ahora lleva ocho, empatado con Messi—. A lo que habría que sumar los más de cuarenta goles marcados esta campaña con la camiseta del Madrid.

Siguiendo la lógica ilógica de un galardón como el Balón de Oro que premia a un jugador en un deporte colectivo, la cosecha de Kylian le aseguraría ganarlo.

Y aquí viene la parte divertida: ¿qué argumento utilizará la prensa, y el sistema en general, para justificar que el Balón de Oro vaya a parar a otro futbolista si Mbappé ganara el Mundial, terminase como máximo goleador y añadiera ese título a una temporada de 42 goles con el Madrid?

¿Nuestra excusa preferida si Francia gana el Mundial y no otorgan a Mbappé el Balón de Oro? Que una fotografía de María del Monte —en su época pantojil— con abanico en ristre, fue utilizada por As en su portada del 10 de julio de 2026.

Pasad un buen día, buscad el fresco y, al salir, tened cuidado para no introducir el pie entre coche y andén.

Minuto 102 de la prórroga. Hay jugadas que no pertenecen al fútbol sino a la biografía de cada uno. Marcelo presiona a Messi en la banda izquierda, le roba el balón, y Xabi Alonso lee la jugada antes de que ocurra: pase atrás a Pepe, que toca a Marcelo, que busca a Di María.

Yo no sé dónde estaba en muchas noches felices del Madrid. En esta sí. Lo recuerdo todo. La luz de la televisión, el cuerpo inclinado hacia delante, esa fe absurda que aparece medio segundo antes de que pase algo. Di María centra y Cristiano salta. Pero no salta solo Cristiano. Saltamos todos los que hacía meses escuchábamos en los medios que aquello se había terminado. Y es GOOOOOOOOOOOOOL. ¡Gol del Madrid! ¡Vamooooos! Se oyen gritos en los balcones de la gente que sale a la terraza a festejar como si no hubiera mañana.

¿Es la final de la Champions? No. Es la Copa del Rey. Esa que los madridistas no solíamos tomarnos muy en serio. Pero es el año 2011 y en la final de Mestalla de aquel 20 de abril no estaba en juego solo una Copa del Rey.

Veníamos del 5-0 en noviembre, de los años del triplete. Veníamos de escuchar que el Barcelona era una inevitabilidad histórica, que Guardiola había descifrado el fútbol, que Messi era el destino y que al Madrid solo le quedaba aceptar la pedagogía del enemigo. Los mejores periodistas y analistas deportivos del país nos lo explicaban todos los días con esa paciencia condescendiente con la que se explica a un niño que los Reyes son los padres: aquello era el futuro y nosotros éramos el pasado. Había madridistas que empezaban a pedir perdón por serlo. Otros, no. Otros descubrimos entonces que nuestro sitio no estaba en el consenso, sino en la trinchera. Formábamos parte del madridismo de la resistencia, lo que después llamaríamos “el madridismo underground”. El que no aceptaba que esto había terminado. El que encontraba motivos para seguir creyendo cuando casi nadie más creía. El que todavía no se había familiarizado con Negreira, pero ya se olía cosas raras.

El añorado David Gistau lo describió con precisión en aquellos días: hay un Real Madrid contracultural que “no va a aceptar ser corregido por el enemigo ni las interpretaciones sociopolíticas […]. Va a luchar contra todos esos complejos y además va a volver a ganar al fútbol”. No éramos los autodenominados madridistas de la prensa. Éramos nosotros. Era Mourinho.

Bienvenido a casa. Nos merecemos este último baile

Mou había entendido lo que necesitábamos antes de que nosotros lo supiéramos. Alguien que dijo, en palabras de Gistau: “Dadme vuestra pelea, que yo la libro”. Fueron tiempos salvajes y los vivimos con felicidad. El Madrid de Mourinho ganó esa Copa del Rey que no era solo una Copa del Rey. Ganó la Liga de los cien puntos en 2012. Hubo momentos duros, claro. Sobre todo en Champions, con arbitrajes polémicos y con aquella maldita semifinal que se escapó en los penaltis. Pero valió la pena y si volviéramos a nacer lo viviríamos con el mismo orgullo, la misma intensidad y la misma pasión.

Después de la marcha de Mourinho en 2013 llegarían cosas que entonces no podíamos imaginar. La Décima. El 93 de Ramos. Seis Champions en diez años. Pero el madridismo underground sabe —sabemos— que nada de eso hubiera sido posible sin los años que Mou pasó sembrando en este club algo que no se ve en los títulos pero que estaba en la raíz de todo: la convicción de que podíamos.

Y ahora vuelve.

Puede que salga mal. Quizá se rían de nosotros quienes siempre encuentran motivos para esconder su mediocridad detrás de la palabra “señorío”. Pero el madridismo underground sabe que vale más intentarlo que no intentarlo. Que el Madrid es rock & roll. Y aquel Madrid, más exactamente, era “Going Underground” sonando a todo volumen.

Bienvenido a casa. Nos merecemos este último baile.

Getty Images

Lo que está ocurriendo en este Mundial es lamentable. Un torneo que debería ser la gran fiesta del fútbol se está convirtiendo, partido tras partido, en una sucesión de polémicas arbitrales, decisiones discutibles, intervenciones del VAR que nadie termina de entender y una sensación cada vez más extendida de que no todos compiten bajo el mismo criterio.

Argentina vuelve a estar en el centro del debate. No por sus futbolistas, que tienen calidad de sobra, sino por todo lo que rodea a sus partidos. Hay decisiones que, vistas desde fuera, generan demasiadas dudas. Y cuando en una competición de esta dimensión se instala la sospecha, el problema ya no es de un árbitro, de una jugada o de un partido concreto. El problema es de la FIFA.

Después aparece la investigación sobre la AFA y el asunto se vuelve todavía más grave. Porque cuando una federación queda bajo el foco, todo se complica. Y mucho más cuando sabemos de la convivencia entre la AFA y el presidente de la FIFA.

Pero claro, aquí empieza el gran teatro. La UEFA critica a la FIFA. Javier Tebas critica a la FIFA. Todo el mundo se rasga las vestiduras hablando de integridad, limpieza, igualdad y respeto a las competiciones.

Y entonces yo, como madridista, me hago una pregunta muy sencilla: ¿dónde está toda esa valentía con el caso BARÇA/NEGREIRA?

Porque hay que tener muy poca vergüenza para señalar los problemas del fútbol mundial mientras en España seguimos arrastrando el escándalo más grave de la historia del deporte. Hay que tener muy poca vergüenza para dar lecciones de limpieza competitiva mientras el Barcelona sigue compitiendo en la liga española y en Europa sin que las instituciones deportivas hayan tomado una medida proporcional a la gravedad de lo conocido.

La UEFA critica a la FIFA. Javier Tebas critica a la FIFA. Todo el mundo se rasga las vestiduras hablando de integridad, limpieza, igualdad y respeto a las competiciones. ¿dónde está toda esa valentía con el caso BARÇA/NEGREIRA?

A mí no me vale el discurso cómodo. No me vale que todos sean muy valientes cuando el problema está lejos. No me vale que la UEFA se presente como guardiana de la pureza del fútbol europeo mientras no adopta una postura contundente ante el caso BARÇA/NEGREIRA en las competiciones europeas. Y mucho más cuando hoy es conocedora absolutamente de todo lo ocurrido. Ahí están las denuncias que muchos de vosotros sabéis que hemos presentado un grupo de aficionados y socios, y también el dossier que recientemente el Real Madrid, que es la parte más afectada, les ha hecho llegar.

Por la parte de Javier Tebas, no me vale que se ponga estupendo hablando de integridad si luego el aficionado español sigue esperando una respuesta deportiva firme ante un caso que afecta directamente a la limpieza de la liga española.

Y tampoco me vale que desde las instituciones políticas españolas se mire este asunto con una tibieza que, como mínimo, resulta escandalosa. Cuando el deporte español se enfrenta a un caso de semejante dimensión, el deber de cualquier institución seria es empujar hacia la máxima transparencia, no contribuir con silencios, medias palabras o maniobras de distracción para que el tiempo lo vaya enterrando todo.

Esa es la hipocresía. La FIFA queda bajo sospecha por lo que está sucediendo en el Mundial. La UEFA se presenta como juez moral. Tebas se coloca delante del micrófono o el teclado del ordenador para dar lecciones. Y mientras tanto, en España, el caso BARÇA/NEGREIRA sigue ahí, como una losa sobre la credibilidad de todos.

Aquí no se trata de pedir favores para el Real Madrid. Se trata de exigir que el fútbol tenga unas normas iguales para todos. Se trata de que ningún escudo, por grande que sea, pueda quedar por encima de la obligación de proteger la limpieza de una competición.

Porque cuando un club paga durante años al vicepresidente de los árbitros, el fútbol no puede mirar hacia otro lado como si aquello fuera una anécdota administrativa. No puede esconderse detrás de tecnicismos. No puede esperar a que el calendario haga el trabajo sucio. No puede pedirnos que olvidemos, como lo hizo el actual presidente del CTA.

El caso BARÇA/NEGREIRA no es una polémica más. Es una fractura moral. Es una mancha gigantesca sobre la liga española. Y es también una prueba para la UEFA, para Javier Tebas, para la Federación, para el Gobierno y para todos los que dicen defender la limpieza del deporte.

el fútbol tiene un problema gigantesco: la hipocresía de quienes exigen limpieza cuando les conviene y se quedan mudos cuando la limpieza amenaza al poder establecido

De momento, esa prueba la están suspendiendo. Con estrépito. Porque no se puede pedir transparencia a la FIFA y esconder la cabeza con el Barcelona. No se puede denunciar el descontrol del Mundial y mirar hacia otro lado en la liga española. No se puede exigir justicia fuera y aplicar prudencia infinita dentro.

Por eso este Mundial, la investigación sobre la AFA, el comportamiento de la FIFA y el caso BARÇA/NEGREIRA forman parte del mismo problema: la pérdida absoluta de credibilidad de quienes gobiernan el fútbol.

Unos se acusan a otros. Unos emiten comunicados contra otros. Unos fingen escandalizarse por lo que hacen los demás. Pero cuando llega la hora de actuar de verdad, aparece el silencio. Y ese silencio es insoportable.

Como madridista, estoy harto de que nos vendan discursos de limpieza mientras se evita afrontar el caso que más daño ha hecho a la credibilidad del fútbol español. Estoy harto de que se trate al aficionado como si no tuviera memoria. Porque memoria tenemos. Y mucha.

Sabemos lo que hemos visto. Sabemos lo que se ha conocido. Sabemos quiénes han hablado mucho y han hecho poco. Y sabemos que el fútbol español no recuperará jamás su credibilidad mientras el caso BARÇA/NEGREIRA no tenga una respuesta deportiva a la altura de su gravedad.

Y el fútbol, sobre todo, tiene un problema gigantesco: la hipocresía de quienes exigen limpieza cuando les conviene y se quedan mudos cuando la limpieza amenaza al poder establecido.

 

Getty Images e IA

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram