Las mejores firmas madridistas del planeta

El Real Madrid cursa con estrépito de platos rotos. Hay bronca en la casa, sobre todo desde que el madridismo se mudó a tuiter, ese patio de corrala. Uno se adentra en ella y ve lo que vio la Jacinta galdosiana al entrar en la corrala de Ido del Sagrario: “mucha ropa tendida, mucho refajo amarillo, mucha zalea puesta a secar”. Pero si Jacinta oyó “un zumbido como de enjambre”, en la corrala tuitera del madridismo lo que predomina es una batahola ensordecedora y disonante. Frases lapidarias a voz en grito, opiniones sentenciosas, cuñadismo a timbre de gloria e insultos que vuelan como cuchillos en un espectáculo circense. Verdulerismo digital, o sea.

El aficionado bernabeuista está llamado a una irrenunciable y elevadísima misión: asegurar la grandeza del Real Madrid. el arma no es la palma sino el pito. El suyo. El del aficionado bernabeuista.

Quien dice tuiter dice todo, claro. Ahora ya todo es tuiter. Uno no escribe tuiter como sinécdoque de las redes sociales, sino, ay, de la sociedad. Da igual que sean tertulias televisivas, programas radiofónicos, prensa o discusión de barra de bar. Se piensa con las tripas y se opina con las gónadas. Y a ver quién la dice más gorda. Ahí, presumiendo, como si el tamaño de la burrada fuera indicativo del de otros atributos, no precisamente intelectuales.

Todo es opinable y, mayormente, todo es condenable. Nadie se libra: ni el presidente, ni la junta directiva, ni el entrenador, ni los jugadores, ni la tía Juana, que pasaba por allí. Y no sólo es tuiter o youtube. La información ya no interesa ni a gran parte de los periodistas. Para qué informar si lo que cuenta es el click y el click no es hijo de la información seria y contrastada, sino del titular sensacionalista y abracadabrante. No es que la prensa deportiva haya sido nunca un ejemplo de rigor y credibilidad, pero al menos antaño había cierto pudor para según qué cosas. Rigor y pudor, casi nada. Mencionarlos en este contexto es todo un sarcasmo.

Y claro, todo ello desemboca en lo que desemboca. El aficionado madridista es un especimen singular en la evolución de la especie. Hace ya muchos años que Pepe Kollins efectuó una brillante taxonomía del aficionado madridista en estas páginas. Pero de toda la rica tipología de aficionados madridistas, a mí me fascina la subespecie del aficionado madridista que acude al Bernabéu. El aficionado bernabeuista, digamos.

Un partido en el Bernabéu de los 90

El aficionado bernabeuista está llamado a una irrenunciable y elevadísima misión: asegurar la grandeza del Real Madrid. ¿Y cómo asegura el aficionado bernabeuista la grandeza del Real Madrid? ¿Animando a su equipo sin descanso, convirtiendo el estadio en una olla a presión, desollándose las manos a fuerza de aplaudir y poniendo a prueba la robustez de sus cuerdas vocales en incesantes cánticos de apoyo rugidos a pleno pulmón? Bueno, a veces. En las grandes noches europeas, ya se sabe. Pero en la rutina del día a día, en las tardes y noches de Liga y Copa, el arma no es la palma sino el pito. El suyo. El del aficionado bernabeuista.

En la espuma de los días, el aficionado bernabeuista no puede bajar la guardia. La grandeza del Madrid está en juego. Por eso pita. Pita mucho. Pita sin descanso y con todas sus fuerzas. No precisamente al rival, sino a su equipo. Cosa que podría parecer contradictoria, contraproducente e incluso ridícula a algún que otro observador despistado. Pero no al aficionado bernabeuista. El aficionado bernabeuista, que conoce como nadie los intríngulis de la grandeza del Real Madrid -de la que, recordemos, es can Cerbero por la gracia de Dios-, sabe que el apoyo debilita, y que la exigencia en el mundo del fútbol adopta la forma de pito. De su pito. Esa es la alta responsabilidad que le ha sido conferida -por él mismo- y a ella se entrega con celo insobornable. Es una tarea ingrata, pero que ejerce con una generosidad, una abnegación y un altruismo dignos del mayor elogio (o del mayor de los pitos, no se nos vaya a enfadar algún aficionado bernabeuista por traicionar su lógica motivadora).

No todo el mundo lo entiende igual, por desgracia. Todavía, aquí y allá, hay dizque madridistas que afean al aficionado bernabeuista su querencia por el pito, e incluso van más allá y le censuran por ello, con el falaz argumento de que pitar durante noventa minutos a los jugadores sólo consigue minar su confianza, enrarecer el ambiente y dificultar el desempeño del equipo. Hay quien incluso, no contento con ello, añade que es impropio de cualquier aficionado silbar al equipo durante noventa minutos. Afortunadamente, no se arredra fácilmente el aficionado bernabeuista ante crítica tan pueril y contraria a la grandeza del Madrid, pues sabe que sólo puede obedecer a la  malevolencia o a la ignorancia de cómo funciona la grandeza madridista. Así que imposta la voz, hincha el pecho, y responde campanudo que aquí se ha pitado hasta a Zidane y a Di Stéfano. “Y no nos lo hemos hecho mirar”, debería agregar para rematar el argumento.

el madridismo es una corrala estridente, caótica y con frecuencia inhabitable. en ella se multiplica y crece el aficionado bernabeuista con su pito sanador

Pero si abnegada, a menudo incomprendida, y  siempre huérfana de reconocimiento es la labor del aficionado bernabeuista, tampoco sería justo esconder las evidentes recompensas que encierra. Cuando el equipo juega bien y golea, como en la noche del Mónaco, al aficionado bernabeuista le inunda la satisfacción del deber cumplido, y la alegría de saberse artífice de la reacción del equipo. Es un orgullo íntimo y poderoso, indestructible, que no se paga con dinero. El aficionado bernabeuista saca pecho y presume de su pito, porque ya se ha dicho que es la forma que adopta la exigencia en el Real Madrid. Está por escribirse el gran tratado pendiente sobre la grandeza del Real Madrid y el pito del aficionado bernabeuista, y esa falta de reconocimiento es una injusticia lacerante que algún día deberá reparar el madridismo.

Así que sí, el madridismo es una corrala estridente, caótica y con frecuencia inhabitable. Pero bienvenido sea todo ello, porque es el caldo de cultivo en el que, entre refajos amarillos, zaleas y ropa puesta a secar, se multiplica y crece el aficionado bernabeuista con su pito sanador.

 

 

 

Hola, amigos. Prosiguen los ecos de la formidable victoria del Real Madrid en el Bernabéu, anteayer, ante el Mónaco, pero prosiguen en los bares, en las estaciones de metro y en los patios de los colegios. Los medios están ya a otras cosas. No están, por ejemplo, a pedir perdón a Arbeloa por la catarata de insultos que siguieron a su mero nombramiento y/o a su primera rueda de prensa. No están a reconsiderar su faltón escepticismo hacia el hombre que parece haber dado un giro de timón en la primera plantilla del club más seguido e ilustre del planeta.

La pregunta para tantos y tantos periodistas y opinadores de medio o gran pelo es bien clara, pero no parecen de momento inclinados a enfrentarse a ella. Después del excelente partido ante el Mónaco, con marcador de tenis incluído, ¿pueden retirar sus improperios hacia el técnico blanco y otorgarle, cuanto menos, la oportunidad de empezar a entrenar?

De momento, los opinadores que a continuación glosamos no han tenido a bien responder a esta cuestión. Por supuesto que hay mucho por hacer. Por supuesto que una victoria (en realidad son dos) no sirve, por convincente que sea, para dar a Arbeloa un aval que apareje algo de tiempo (ah, el tiempo, esa mercancía de precio desorbitado en el Madrid). Pero al menos debería servir para que los autores de las descalificaciones que a continuación siguen se aprestaran a retractarse o cuanto menos matizar.

Recordemos.

Este era el nivel de tirria y saña contra Álvaro Arbeloa desde el mismo momento de su toma de posesión. Son términos que en ningún caso puede justificar ni siquiera la animadversión más enquistada por cualesquiera diferencias pasadas, pero que a la luz del partido ante el Mónaco deberían mover, aún con más razón, a una rectificación, cuando no a una petición de disculpas.

Matías Prats Jr. Jr. coincidió con el enfermizo antimadridista Kike Marín en llamar “pelota” a Álvaro. La palabra prat significa algo inquietante en el slang británico. Cuánto más en plural. Al menos han tenido que pasar tres generaciones para que el apellido pueda amoldarse a dicha acepción. Se ve que la degeneración genética va despacio, menos mal.

Y de Sique… ¿Qué decir de Sique? Sus calificativos son los más inaceptables de todos los que conforman estos ataques furibundos y groseros. Ay, Sique, Sique… Las barbaridades que tienes que decir para hacerte perdonar por tus correligionarios blaugranas el haber destapado el caso Negreira hace ya tres años. Por cierto, estuvo muy feo lo de informar al Barça antes de hacerlo, y darles un tiempo antes de publicar (“el último favor a un reo condenado a muerte”). ¿Te haces una idea de cuántas pruebas pudieron ser destruidas por culpa de tu “generosidad”? ¿O es que ese era precisamente el objetivo al posponer la publicación del caso?

A todo esto, las portadas del día no se recrean, como nos habría gustado, en el magnífico juego de los blancos ante el Mónaco. No nos hablan de los incontables balones robados en campo contrario, ni de las implicaciones tácticas de jugar con dos laterales tan ofensivos como Valverde y Camavinga, ni del partidazo de Mastantuono, ni del sacrificio de Bellingham coronado en gol, ni de…

No. Todo lo que les interesa es el morbo de Vinícius y su posible renovación.

Nada nos gustaría más que ver cerrarse pronto la renovación del contrato de uno de los mejores jugadores del Real Madrid, pero no es momento para estas especulaciones. Es momento de resaltar el evidente cambio positivo que ha dado el equipo, como también lo ha dado el propio Vini, pero no es eso lo que interesa a nuestra prensa.

Marca viene con la misma matraca especulativa, pero al menos nos introduce en ella utilizando la foto más bonita que nos deparó el encuentro ante el Mónaco, es decir, la de Vinícius abrazando a Arbeloa tras la consecución de su gol. Abrazar al jefe también puede ser visto como acción propia de pelotas, por lo que nos aprestamos a escuchar a psiques como Kike o Sique acusar de esto al brasileño, al cual odian todavía más que a su entrenador. Adoptamos aquí nuestra más esperada pose Clark Gable para espetar hasta qué punto nos interesan sus opiniones.

Por otro lado, el Atleti empató en tierras turcas pero nadie le regañará por ello. Lo de siempre: exigencia cero para el club de quienes se lo adjudicaron indebidamente y ahora lo re(?)venden por un precio exorbitado.

Os dejamos con la prensa cataculé, que celebra la insulsa victoria de ayer en Praga con caracteres de gesta épica. Tiene toda la pinta de que, en la última jornada, se meterán en el Top8 de la liguilla de Champions. Se trata de un logro en principio independiente del hecho de haber pagado durante un mínimo de 17 años al vicepresidente de los árbitros españoles, pero nos apetecía recordar que esto pasó, aunque aún no se haya hecho justifica en modo alguno.

¿Se hará algún día?

Pasad un buen día.

El Real Madrid necesitaba algo más que una victoria. Necesitaba una noche que se pareciera al fútbol, al disfrute y, sobre todo, a una reconciliación emocional con su gente. El 6-1 ante el Mónaco en el Santiago Bernabéu fue todo eso a la vez: una goleada, un espectáculo y una bocanada de aire fresco en medio de un ambiente enrarecido que amenazaba con hacerse irrespirable. Y todo ocurrió apenas una semana después de la llegada de Álvaro Arbeloa al banquillo blanco.

No es casualidad que el partido más divertido del curso haya llegado justo cuando el club atraviesa uno de sus momentos más delicados a nivel institucional y social. La afición estaba —y sigue estando— enfadada. Enfadada con los jugadores, señalados por su falta de compromiso en semanas anteriores, y enfadada con Florentino Pérez, cuya figura vuelve a situarse en el centro del huracán. En ese contexto aterriza Arbeloa, un técnico nuevo, sin apenas tiempo de trabajo, pero con una idea muy clara: unir antes que corregir, abrazar antes que exigir.

Desde su primera rueda de prensa, el mensaje ha sido inequívoco. Defensa cerrada del vestuario, elogios constantes a sus futbolistas y palabras casi reverenciales hacia el presidente del club. Un discurso que ha sorprendido a muchos y ha irritado a otros, precisamente porque llega cuando una parte importante del madridismo pedía lo contrario: autocrítica, exigencia y explicaciones. Arbeloa, sin embargo, ha optado por el camino de la armonía, por crear un entorno cómodo, casi protector, para que los jugadores vuelvan a sentirse importantes, queridos y respaldados. Y, al menos de momento, la apuesta ha funcionado. No me sale culparle de lo que pasó en Albacete, qué queréis que os diga.

La imagen que resume la noche no está tanto en el marcador como en un gesto: Vinícius Júnior corriendo hacia el banquillo para abrazar a su entrenador tras marcar

El Real Madrid fue reconocible por primera vez en mucho tiempo. Jugó con alegría, con desparpajo y con una sensación de libertad que no se veía desde hacía meses. El balón circuló con rapidez, los atacantes se movieron sin miedo al error y el equipo atacó como si el fútbol volviera a ser un juego. Seis goles no se explican solo por la debilidad del rival; se explican por una actitud distinta, por una energía renovada y por la sonrisa que apareció en muchos rostros que llevaban demasiado tiempo fruncidos.

La imagen que resume la noche no está tanto en el marcador como en un gesto: Vinícius Júnior corriendo hacia el banquillo para abrazar a su entrenador tras marcar. No es una escena habitual en el Bernabéu, y menos aún en un contexto tan tenso como el actual.

Ese abrazo no fue solo celebración; fue mensaje. El brasileño, tantas veces señalado, criticado y cuestionado, parecía liberar una carga emocional que llevaba semanas arrastrando. Arbeloa respondió de la misma manera: cercanía, complicidad y una sonrisa que hablaba de confianza mutua.

Ese es, de momento, el gran triunfo del nuevo técnico. Ha conseguido que los jugadores se sientan cómodos consigo mismos. Que vuelvan a disfrutar. Que se liberen del ruido exterior y se centren en lo que mejor saben hacer. El Real Madrid del martes fue imperfecto, sí, pero también fue valiente y atrevido. Y eso, en este punto de la temporada, ya es mucho.

Ahora bien, el entusiasmo no debe ocultar las carencias. Porque si el partido fue divertido, también fue revelador en otro sentido: el Mónaco generó demasiadas ocasiones. El resultado final maquilla una fragilidad defensiva que sigue ahí, latente y peligrosa. El equipo concede espacios, sufre en las transiciones y muestra una desorganización que, ante rivales de mayor nivel, puede convertirse en un problema serio.

Aquí aparece la gran incógnita del proyecto Arbeloa. El “espíritu de la amistad” es un punto de partida interesante, incluso necesario, para reconstruir un vestuario tocado anímicamente. Pero el fútbol de élite no se gana solo con abrazos, elogios y buen rollo. Tarde o temprano llegará el momento de exigir, de corregir errores y de imponer un mínimo de rigor táctico, especialmente en defensa. Y ese momento llegará en los partidos grandes, en las eliminatorias decisivas, cuando el margen de error se reduce a cero. De momento, a gran parte de la afición madridista, le aburre mucho escuchar a Arbeloa, otra cosa será que, tras una serie de resultados positivos, convenza como método hacia las victorias.

Esto es Esparta

El propio Arbeloa lo sabe. De momento, ha elegido proteger a los suyos y cerrar filas alrededor del club y de su presidente. Una postura que le permite ganar tiempo, crédito y confianza dentro del vestuario. Pero también una postura arriesgada, porque puede volverse en su contra si los resultados dejan de acompañar. En el Real Madrid, la amistad suma, pero no sustituye a la autoridad.

La goleada ante el Mónaco no soluciona todos los problemas, ni mucho menos. No reconcilia del todo a la afición con Florentino Pérez, ni borra de un plumazo semanas de decepción. Pero sí ofrece una pista interesante: este equipo necesitaba sentirse vivo. Necesitaba volver a disfrutar para empezar a competir. Y Arbeloa ha sabido tocar esa tecla en tiempo récord. Una tecla que quedará en nada si lo demostrado en el Bernabéu no se confirma en Villarreal, evidentemente.

Por eso queda por ver si sabrá tocar las siguientes. Porque el fútbol, como la vida, no es solo entusiasmo; también es orden, trabajo y responsabilidad. El Real Madrid ha recuperado la sonrisa, pero aún debe recuperar el equilibrio. Si lo consigue, el “espíritu de la amistad” puede ser algo más que una anécdota simpática. Si no, quedará como una noche feliz, intensa y efímera, de esas que se recuerdan con cariño… y con cierta nostalgia. De momento, el Bernabéu se fue a casa contento. Y eso, tal y como estaba el ambiente, ya es una pequeña victoria.

Desde el 6 de noviembre del 2019 no marcaba 6 goles el Real Madrid. El himno de la Champions, el aura del Bernabéu, y la pitoterapia de los aficionados ante el Levante puso en bandeja un escenario de lujo para que los futbolistas le dieran vuelta a la situación. Para ello, necesitaban a un entrenador que confíe en ellos y los ponga en la mejor posición posible para conseguir sus mejores versiones.

Valverde y Camavinga en los laterales lideraron una alineación valiente compuesta por 6 mediocampistas y 3 delanteros donde todos brillaron. Y brillaron por la libertad que les otorga Arbeloa para moverse permanentemente por distintas zonas del campo. Así llegó el primer gol, con Valverde saltando líneas, combinando con un gran Mastantuono que encontró a Fede y este dejó a Kylian de cara al arco para que pusiera el primer tanto del Madrid en tan solo cinco minutos.

Con Ancelotti en la grada, y Mbappé de mensajero, volvió el mejor Vini, que a pesar de no empezar acertado mantuvo una actitud, una garra, y una entrega a la altura de lo que pide el Real Madrid. Fue él quién asistió a Kylian en el segundo gol dando síntomas de recuperar su alegría. Al descanso, con el 2-0 en el marcador, daba la sensación de que solo había un equipo en el campo, aunque es inevitable una que otra parada de Courtois.

Arbeloa es la figura que representa una nueva idea y el tipo de líder que necesita el Madrid. Un tipo cercano, que los defiende a capa y espada, y que no trata de sobreenseñarles nada

Arrancó el segundo tiempo y Vini quería más. Cuando parecía que iba a rematar a placer, resolvió rápido y levantó la cara para dejar solo a Mastantuono, que se estrenaba en el Bernabéu. Los abrazos en las celebraciones y la comunión del equipo para no irse nunca del partido alegraron a todo el Bernabéu.

No se trata de que se genere un debate sobre si Arbeloa es el nuevo Mourinho, el nuevo Zidane o un inexperto sin la mano dura necesaria para poner orden en un vestuario lleno de egos. Arbeloa es la figura que representa una nueva idea y el tipo de líder que necesita el Madrid. Un tipo cercano, que los defiende a capa y espada, y que no trata de sobreenseñarles nada. La carrera de Mbappe con el partido 5-0 para bajar a defender, el abrazo de Vini con Arbeloa y la celebracion de Jude burlándose de los memes sobre su vida nocturna reflejan el cambio de ambiente que hay en el equipo.

Pero ¿cómo se consigue mantener cierta constancia en el nivel futbolístico? La primera clave es la importancia que le da Arbeloa a que sus dos máximas estrellas esten siempre en zonas de ataque. Vimos ayer cómo el Madrid era capaz de ejecutar transiciones rapidas gracias al posicionamiento de Vinicius y Mbappe, que en ningun momento se estorbaron. La segunda clave, y para mi la mas importante, es establecer qué centro del campo quieres. Tras la primera mitad, donde el Madrid domino sin complicaciones, Arbeloa metió a Ceballos para dar mas fluidez en la salida de balon e incorporar mas efectivos en ataque. Sin embargo, en las noches grandes, creo que el doble pivote es lo que mas favorecería al Madrid. Eso te permite dejar a alguien por delante, sea Güler o Bellingham, para enlazar con Mbappe y Vinicius.

Arbeloa paso ya el tramo dificil,: asentarse en el banquillo, soportar el runrún del Bernabeu, y lidiar con el foco fuera del fútbol. La clave es que siga dando importancia a los jugadores (“Si me hubiese ido al otro banquillo, el resultado hubiese sido el mismo”, comentó jocoso). Arbeloa debe seguir apagando incendios como en estos dos partidos, con goles y resultados que, como bien sabe él, es el mejor estilo para el Madrid.

La sala de máquinas del Real Madrid a comienzos de los años 60 necesitó ser renovada tras las retiradas de Miguel Muñoz y Zárraga, y la marcha de Santisteban. Bernabéu miró de nuevo al Stade de Reims para fichar al francés Lucien Müller, un jugador muy del gusto de Alfredo di Stéfano. En Francia era conocido como ‘Le petit Kopa’, mientras que en España se le empezó a llamar cariñosamente Don Luciano.

Nacido el 3 de septiembre de 1934 en Bischwiller (región de Alsacia), era hijo de alemanes. Müller era un interior y medio de enorme calidad, clarividencia para el pase y técnica individual. Otra característica es que aguantaba muy bien el cuero y apenas perdía balones. El periodista francés Jean-Philippe Rethacker lo definió así: “Organizador de juego sereno, sobrio, inteligente, y muy hábil, se adapta a la perfección al puesto de medio de ataque”. Sus inicios fueron en el FC Bischwiller de su localidad natal en edad juvenil. Su primer paso profesional tuvo lugar en el Estrasburgo en el que jugó cuatro años para más tarde disputar dos campañas en el Toulouse. En ‘Les Violets’ llamó la atención del gran técnico francés Albert Batteux que lo reclutó para el Stade de Reims en 1959. Allí coincidiría con la vuelta de Kopa al cuadro galo y ambos junto a Fontaine, Piantoni y Vincent formarían una de las más excepcionales delanteras europeas de la época durante tres campañas y cosechando dos títulos de Liga y una Supercopa. Müller puso su granito de arena en el célebre fútbol champagne que impuso Batteux en un equipo que bordaba el fútbol por su estilo alegre y espectacular, repleto de pases, combinaciones y regates.

En el mes de diciembre de 1961 la selección española se midió a Francia en el estadio de Colombes. El choque terminó empate a uno y Di Stéfano puso la primera piedra para la llegada de Müller a Madrid unos meses después. ‘La Saeta Rubia’, enamorado de su estilo, le convenció para jugar en el club blanco y Santiago Bernabéu marcó en rojo su nombre de cara al periodo de fichajes de 1962, en el que también llegarían Amancio y Zoco, entre otros.

Las negociaciones fueron muy rápidas y llegaron a buen puerto tras pagar el Real Madrid cuarenta millones de francos al Stade de Reims. El consejo directivo sacó una nota confirmando el acuerdo: “En el día de hoy, después de una serie de conversaciones entre el Real Madrid y el Stade de Reims, se acordó que el jugador Lucien Müller actué la temporada próxima con el equipo español”. Todo se cerró en Lieja en una reunión entre Raimundo Saporta y el presidente del cuadro francés M. Henri Germain.

El contrato firmado por Müller fue por tres temporadas y en sus primeras declaraciones a un medio de su país dijo que “ha sido un golpe inesperado, la verdad. Si jugar en el Stade de Reims es la máxima ambición de todos los futbolistas franceses, hacerlo en el Real Madrid es el sueño constante de todos los del mundo”.

También se refirió a Di Stéfano: “Todos sabemos que nadie ha entendido ni practicado el fútbol colectivo como Alfredo. No ha habido nadie como él. Ha marcado goles con los dos pies y con la cabeza a cientos y ha hecho posible que sus compañeros marcaran otros tantos. Además, por su omnipresencia, ha evitado igualmente muchos goles en su puerta”. También confirmó que había hablado con Kopa, antiguo jugador madridista: “Me ha dicho Raymond que en plan técnico puedo estar a la altura de los jugadores madridistas, pero que acusaré sin duda la velocidad y la dureza del fútbol español”. Preguntado por su contrato espetó que “es tan bueno que prefiero no hablar de el. Estoy muy contento”. Por último, acerca de la posición en la que podría jugar manifestó que “no sé de qué me alinearán, pero no me preocupa. Creo que jugaré en el centro del campo, bien como medio, bien como interior. Juegue donde juegue, haré el máximo para triunfar. Para mi son los jugadores los que juegan, los que deciden y no los sistemas que defiende las diversas personalidades. Creo que se olvida demasiado al jugador, por lo que este pierde rendimiento y hasta calidad”.

Müller jugó su primer partido de blanco, al igual que Amancio y Zoco, en un partido de pretemporada en Ghana. El Real Madrid viajó a Accra en agosto de 1962 y allí se midió al Ghana Black Stars en el estadio Nacional. El partido terminaría empate a tres y sería la primera vez de una media que todavía recuerdan los socios más veteranos del conjunto madridista: Müller-Zoco. Miguel Muñoz estaba enamorado del juego del francés y fue un indiscutible de su once, pese a que siempre fue tachado como un jugador algo lento, flemático y frío.

En su primera campaña compartió más minutos en la media con Pachín por la juventud de Zoco. Müller aportaba claridad en la distribución del juego y el navarro era el pulmón del centro del campo. El futbolista francés rindió a buen nivel y apenas tuvo problemas físicos por lo que jugó 26 de los 30 partidos ligueros. Su primer tanto oficial con la zamarra blanca fue en la quinta jornada en el Santiago Bernabéu contra el Elche. Así lo describió Jesús Fragoso en Marca: “Puskas devuelve a Müller la pelota, Müller, con la izquierda y desde el centro, dispara y bate a Villar”. El conjunto merengue conquistó la Liga con enorme claridad por delante del Atleti y se repuso así de su pronta y sorprendente eliminación en la primera eliminatoria de la Copa de Europa ante el Anderlecht. En la Copa, que Müller no podía disputar por ser extranjero, el Real Zaragoza eliminó a los madridistas en semifinales.

En la segunda temporada de Müller ya se instaló el dúo del francés con Zoco en la media tras ser Pachín desplazado a la defensa. El centro del campo creció en calidad sin perder un ápice de solidez. Su gran capacidad para organizar el juego era fundamental en la idea de Muñoz que lo consideraba un referente del once blanco. Además, la regularidad y tono físico que ahuyentaba las lesiones le permitía jugar cada semana sin problemas. Sumó 25 encuentros ligueros, aunque en este curso no vio puerta en Liga, pero sí en la Copa de Europa contra el Zürich. El cuadro blanco tuvo más resistencia por parte del Barça, pero volvió a levantar el título. En Europa se quedaron cerca del doblete al perder la final contra el Inter en Viena. Aquella noche se vio una enorme batalla en la medular entre Müller y Zoco ante Tagnin y Suárez que cayó del lado nerazzurri. Fue la gran oportunidad que tuvo el jugador francés de haber conquistado la Copa de Europa.

Su último curso en la casa blanca fue en la temporada 1964-65. La pareja que hacía con Zoco se complementaba con el navarro en funciones más defensivas y el francés canalizando el juego y demostrando visión, pase y técnica. El Real Madrid dominaba la Liga a su antojo y logró su tercer entorchado consecutivo. Se trataba de un equipo con gran regularidad, con una defensa sólida, un centro del campo equilibrado e imaginativo y una delantera que aunaba juventud con Pirri, Grosso y Amancio y veteranía con Puskas y Gento. La traumática marcha de Di Stéfano en verano no se notó en demasía en la parte ofensiva. Müller actuó en 26 de los 30 partidos y de nuevo se quedó a cero en su contador de tantos. El rival por el trofeo fue el Atlético de Madrid que se quedó a cuatro puntos de su eterno adversario. En la Copa de Europa, al igual que en 1962, el ogro fue el Benfica de Eusebio que apartó a los blancos de la competición en semifinales.

En los últimos meses de contrato, en la primavera de 1965, Müller avisaba que “quiero quedarme en el Madrid”. Sin embargo, si no renovara el contrato decía que le “gustaría continuar en España en un equipo famoso”. Ya había rumores de interés del FC Barcelona y el RCD Español, y unos días después se sumó el cuadro belga del Standard de Lieja. En el mes de abril, en una entrevista para el diario Pueblo, expuso que el “Real Madrid desea que me quede, y yo también”, pero el aspecto económico era importante porque “en las actuales condiciones económicas es imposible. Soy el jugador extranjero más barato que tiene el club”. Un mes después se confirmó que Puskas, Santamaría y Gento seguirían en el conjunto blanco pero la cuestión económica con Müller seguía en punto muerto. Al final fue el apartado para clave para no seguir en la capital. El francés había pedido una cantidad superior a los ocho millones por los tres años que abarcaría su nuevo contrato, mientras que el club blanco le ofreció un millón de pesetas por temporada, más sueldo y primas, y Müller no aceptó. El centrocampista ya estaba en negociaciones con el Barça que le colmaría sus pretensiones económicas y acabaría tomando el puente aéreo para la Ciudad Condal. Así cerraba su etapa blanca después de tres campañas, 92 encuentros oficiales y tres goles. A su palmarés en el fútbol francés añadió tres Ligas.

En el conjunto catalán también estuvo tres temporadas con un bagaje de 125 partidos, cinco tantos y dos títulos: una Copa de Ferias y una Copa. Con 34 años y al final de su trayectoria deportiva decidió regresar al Stade Reims para cumplir sus dos últimas temporadas como profesional hasta retirarse en 1970. En la selección francesa fue internacional en 16 ocasiones, anotó tres tantos y entró en la convocatoria en dos grandes torneos, la Euro’60 que se celebró en su país y el Mundial de 1966 con sede en Inglaterra.

Después de colgar las botas dio el salto a los banquillos siendo un entrenador con una larga trayectoria y nómina de equipos. La mayoría de su tiempo entrenando fue en España siendo las primeras plazas Castellón, Burgos en dos etapas y el Real Zaragoza. A finales de los 70 volvió al Barça como técnico, aunque no concluyó el curso 1978-79, y después vivió un tercer periodo en el Burgos. La única oportunidad para entrenar en el fútbol de su país fue en el Monaco entre 1983 y 1986. Más tarde, retornó a España para sentarse en el banquillo del Mallorca y su carrera la terminó en el sitio en el que la comenzó, el Castellón. Sus mayores éxitos fueron tres ascensos a Primera con el Castellón, Burgos y Mallorca y a nivel de títulos una Supercopa francesa con el Monaco en 1985.

En una entrevista en la década de los 90, ya retirado de toda actividad, afirmó que “los tres jugadores más grandes han sido Pelé, Di Stéfano y Puskas”. Respecto a su estilo explicó que “mi principal cualidad era que nunca perdía el balón, sin esta cualidad no habría podido jugar en el Real Madrid”. También abogaba porque los jugadores de su época “serían hoy los mismos jugadores”, en relación a la gente que pensaba que no podrían jugar en un fútbol más rápido y físico. Por último, en cuanto a la comparación de estilos pensaba que el fútbol había “empeorado, ya no hay grandes equipos del pasado, ni tantos grandes jugadores. No se ven grandes partidos. Hoy, casi no se juega, se hacen pases, se resalta un gol o una jugada con pases inútiles, pases laterales, pases atrás. Antes, en tres pases, llegábamos delante de la portería”.

Se trató de una persona admirada en varios puntos de España y más olvidado en Francia que, con el paso de los años, estableció su lugar de residencia en Reims. Allí falleció el pasado día 20 de enero a los 91 años.

 

Fotos: archivo de Alberto Cosín

 

Anoche el Real Madrid ganó 6-1 al Mónaco en el Santiago Bernabéu. Anoche nuestra vieja amiga la Copa de Europa volvió a aliarse con el club fundado en 1902 para ofrecer un recordatorio para los desmemoriados: cuando más den por acabado al Real Madrid, éste seguirá en pie como Sylvester Stallone en Rocky. Ya sea Apollo Creed o Iván Drago el que esté enfrente, El Potro Italiano parecerá inasequible al desaliento. Con una goleada así, la clasificación a la siguiente fase de la Champions en la mano y a punto del líder en La Liga, doy por hecho que cualquiera que me esté leyendo no ve tan mal al Madrid, ¿verdad?

Sé que normalmente los antimadridistas fingen su enfado cuando esto ocurre porque en el fondo de su alma saben que siempre acaba pasando. Ahora en cambio parece ser que también hay una parte mayoritaria de la afición madridista que lleva con pesar que su equipo gane y gane bien. Como cantaba aquel, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Un poco más adelante me ocuparé de estos autoproclamados madridistas que disfrutan cuando los suyos sufren. O más bien, gozan tratando de hacer sufrir a sus propios jugadores, dando por saco a su vez a otros aficionados que sí aman a su equipo.

Las notas del Real Madrid - Mónaco

Kylian Mbappé abrió el marcador tras un pase magistral de Vinícius Júnior. El supuesto capricho del presidente también hizo el segundo. Franco Mastantuono también se unió a la fiesta, pues ninguno de los señalados por los gurús de los odiadores quiso desaprovechar la ocasión. En la noche perfecta para cobrarse las ofensas, Vinícius Júnior hizo un golazo que coronó un partido perfecto. Su MVP fue la guinda para el astro del fútbol mundial en una noche en la que dio dos asistencias además del golazo.

Por supuesto, cómo no, Jude Bellingham hizo el 6-1 definitivo para cerrar el marcador. La estrella británica regateó al portero Köhn tras una asistencia de categoría de Federico Valverde. Sí, Fede Valverde, otro de los perseguidos por los gurús y los odiadores que dicen ser madridistas. La verdad que a la noche sólo le faltó que Florentino Pérez bajara al césped a saludar al tendido del 7 tras el pitido final.

En los últimos meses se ha extendido un lugar común, que es hablar de un supuesto bajo cociente intelectual de nuestros jugadores. En la cruzada patológica de una parte importante de la afición contra nuestra plantilla, muchos de los cruzados hacen mofa de un supuesto déficit intelectual de los miembros del primer equipo. Me llama mucho la atención que tengamos tantos cerebritos capaces de detectar la falta de inteligencia de nuestros deportistas.

Valdano La Galerna

Como digo, esta estupidez no deja de ser otro lugar común. Ya en su día Jorge Valdano comenzó a defender a sus compañeros de profesión, haciendo ver al respetable que para jugar al fútbol profesional del máximo nivel debes tener algo más que cualidades físicas, habilidades o instinto. Para Valdano, el jugador posee una inteligencia subestimada. Esto se traduciría en la lectura del juego, el desarrollo estratégico del deporte o la capacidad para lidiar con momentos de gran tensión.

Para jugar al fútbol tienes que tener una inteligencia especial, diferente al resto. Una inteligencia, a menudo subestimada, que va más allá de lo físico. Un jugador del máximo nivel tiene unas capacidades únicas que le otorgan un plus para competir. La lectura de juego, el olfato y el instinto obedecen a esa capacidad. Quien ponga en duda que los jugadores del Madrid poseen esta cualidad es un cenutrio pagado de sí mismo.

parece ser que también hay una parte mayoritaria de la afición madridista que lleva con pesar que su equipo gane y gane bien. Como cantaba aquel, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida

 

El aficionado está legitimado para expresarse en los términos que considere dentro de un marco contextual. Y si el aficionado está legitimado a expresarse negativamente, yo como particular también tengo derecho a calificarlos a ellos como crea oportuno. En esta vida no todo vale, no todas las manifestaciones son tolerables.

Algunos presumen orgullosos de que seguirán su cacería insana contra Vinícius hasta que se vaya. Entendemos entonces que no es un tema deportivo, es algo más profundo y que obedece a intereses espurios. Igual podemos concluir con el juicio contra Florentino amparado en lemas tan desagradables como “Florentino deja la galaxia” seguido de una barbaridad. El lema lo hemos podido ver circulando por las redes y repetido en pancartas. Asco. Ni La Galerna ni yo queremos repetir la incalificable pancarta.

Vinícius y Florentino

Destaco a Vini y a Florentino porque son las dos figuras de caza mayor. No nos engañemos, aquí hay un movimiento orquestado para deslegitimar a ambos. No se trata de nada deportivo ni de una cuenta de resultados que enmendar. Aquí hay una serie de muñidores que llevan años esperando su momento. Y también hay muchos peones que se dejan manipular encantados.

Muy pocos de los descerebrados que se expresaron de forma cruenta de veras se creían lo que decían. Quiero creer que no hay tanta maldad en el mundo. Lo que sí observo de un tiempo a esta parte es que nuestra sociedad está llena de personas enajenadas. Y con esto no trata de justificar conductas censurables, pero sí contextualizar un poco el comportamiento inhumano que a cualquier hijo de vecino le debe parecer vomitivo.

Por último, me gustaría dirigirme al crítico bienintencionado. Mira, entiendo tu frustración pero puedes trabajarla. El primer paso es aceptar una realidad: lo normal en el fútbol no es ganar. Y si has tenido la suerte de hacerte del Madrid y aun así te sientes frustrado, te aguantas. El éxito desmedido del club se te ha subido a la cabeza y tienes el juicio nublado. Eres tú realmente el que tiene que cambiar y no reclamar una limpieza de vestuario. Espero haber sido claro. Para todos los demás, feliz semana y recordad la enseñanza de Epicteto: “Hay solo una vía hacia la felicidad: dejar de preocuparte por cosas que están fuera de tu control”.

El Real Madrid femenino derrotó (3-1) al Atlético de Madrid en la semifinal de la Supercopa de España, y ya espera a Barcelona o Athletic Club en la final del sábado. Los goles tempraneros de Athenea del Castillo, Caroline Weir y Linda Caicedo mantuvieron a las blancas a una amplia distancia de diferencia frente a un rival de la capital que solo recortó distancias por medio de Luany en la segunda parte.

A falta de orden, concierto y criterio, bajo la lluvia en el estadio de Castalia, el derbi madrileño de la semifinal de la Supercopa de España femenina regaló al puñado de valientes que asistió al campo una oda al fútbol caótico, al correcalles total donde sólo existen las áreas. Y en el toma y daca, a pesar de la fragilidad que todavía arrastra el equipo de un Pau Quesada ausente a última hora por motivos personales, el Real Madrid no tardó en destrozar a un Atlético de Madrid de patio de colegio.

Las blancas, sólidas por dentro con el cuadrado de seguridad formado por María Méndez - Maëlle Lakrar y Filippa Angeldahl - Sara Däbritz, aceptaron de buena gana el campo abierto ofrecido por su rival, donde Athenea del Castillo y Linda Caicedo desequilibraron el marcador en un abrir y cerrar de ojos con la inestimable ayuda de las jugadoras colchoneras. En el 6, tras una buena presión adelantada de María Méndez, que provocó la pérdida de posesión rival, Athenea se lanzó al área y no dudó en chutar raso para superar a Lola Gallardo. No mucho después, llegado el cuarto de hora, la pifia del Atleti fue total: un saque de banda sin peligro desembocó en un mal pase hacia atrás de la lateral Alexia, dejando vendida a la central Silvia Lloris, para que Caroline Weir controlase el balón en 3/4 de campo. En cuanto levantó la vista, la portera estaba fuera del área, en tierra de nadie, y a la escocesa le bastó con dirigir el balón entre los tres palos para celebrar el dos a cero.

Apenas se habían dado pases horizontales en el centro del campo, pero nada invitaba a hacerlo puesto que el Atlético intentó llegar al área de Misa Rodríguez cuanto antes sin mirar atrás. Inevitablemente, con Caicedo en el campo, el plan fue un suicidio. Tres minutos después del gol de Weir, la colombiana recibió un balón en campo propio aunque con todo el horizonte libre para correr y correr. Unos instantes después estaba ya plantada en la frontal del área rival ante el recule de la zaga y, llegados a ese punto, disparó duro y colocado al palo derecho de Lola, a donde la guardameta no pudo llegar.

A partir de ese momento, con el contundente 3-0 condicionando el escenario, el balón empezó a rondar con insistencia el área madridista. Si bien con poco criterio, el Atleti empujaba con Luany como principal foco de peligro, y su gol no estuvo demasiado lejos. El Madrid, con el paso de los minutos, comenzó a transmitir una peligrosa sensación de relajación. En nada ayudaron las pérdidas de balón propias o la falta de templanza para bajar el ritmo del choque, hasta el punto de agradecer la llegada del descanso de cara a evitar ver reducida su ventaja.

Salvo sorpresa mayúscula el Barça acudirá a la disputa de la final y allí, si el Madrid quiere dar el primer campanazo, mucho tendrá que mejorarse en lo relativo al juego y al dominio de los tiempos

En cualquier caso, poco cambió tras la pausa. El partido siguió con su ritmo desconcertante y temerario para los intereses del Real. La inconsistencia general del Atleti pudo conducir al cuarto y quinto gol del Madrid –tanto Linda Caicedo como Sheila estrellaron en el palo ocasiones clarísimas–, pero la falta de inteligencia futbolística de las blancas dio a su rival todas las facilidades para volver a meterse en el partido. Tanto fue así que, en el 72, un extraño disparo con la zurda de Luany despistó a Misa Rodríguez y, tras muchos intentos fallidos, hizo que llegara el tres a uno. Por el camino pudieron señalarse penaltis en cada área, con revisiones de VAR surrealistas de por medio, e incluso Naomie Feller bordeó la tarjeta roja por doble amarilla.

Casi nada tenía sentido; sólo el pitido final llegó con lógica tras el tiempo añadido, e incluso ello ocurrió una vez transcurridos diez minutos de alargue. Salvo sorpresa mayúscula el Barça acudirá a la disputa de la final y allí, si el Madrid quiere dar el primer campanazo, mucho tendrá que mejorarse en lo relativo al juego y al dominio de los tiempos.

Gran partido de Champions ayer en el Bernabéu, amigos. Por fin.Sin embargo, no me parecen justas la notas de la crónica de Atenea Johansson. Poner a Valverde, Güler, Mastantuono y Bellingham al mismo nivel que a Vini le sitúa en el grupo de los primeros de la clase, pero Vini es otra cosa. Vini es el Albert Einstein de su clase de secundaria, escuchando a lo lejos a su profesor de matemáticas llamarle "perro perezoso" mientras él pensaba en el espacio, el tiempo y la gravedad.

Vini mereció sobradamente una Matrícula de Honor. Después de volver a ser el centro de las iras de la mayoría de aficiones en todos los estadios de España, de los grandes medios deportivos escritos, radios y televisiones, de la antipatía visceral de columnistas, opinadores e influencers antimadridistas, la guinda fue soportar noventa minutos de animadversión en tu propio estadio hace tres días. Pues bien, el tío se casca un partido como el de anoche, gol y tres asistencias, una de ellas sin Kehrer (enorme, Paquito). Vimos un Vini concentrado, maduro (está aprendiendo a no encarar siempre), letal. Me alegro por él como si fuera de mi familia.
6-1: Brutal exhibición para los escépticos
Mbappé tiene un talento sobrehumano. Otra Matrícula de Honor. No necesita nada. Cuando no hay más remedio se fabrica él solo las oportunidades. Si ya la pelota le llega en condiciones, él se encarga de ir al espacio, de la posición del cuerpo, del ángulo de la pierna, la rodilla, el tobillo. La velocidad neuronal para hacer todo como en la Playstation es por lo que mereció la pena esperarle. Reconozcámoslo de una vez.
Valverde, Bellingham, Camavinga, por fin hicieron kilómetros con sentido. Güler pareció querer la batuta esta vez, puso un par de balones de muchos quilates; Huijsen mostró todavía algunas dudas, pero pudimos advertir que alguien le ha convencido de que debe repetir todas las veces que quiera esa zancada en la salida del balón y plantarse en el centro del campo con la cabeza siempre arriba. Mastantuono era mi apuesta personal. No sé, tenía el pálpito de que sería su día. Gran partido de Franco. No hablaré de Tchouameni. No hace falta. Siempre sobrio y regular en un equipo muy necesitado de referencias. Asencio, tocado, cumplió. Para Courtois fue un día más en la oficina, con intervenciones de mucho mérito.
Arbeloa, Esparta y Juanito
Más buenas noticias de ayer: no se les había olvidado jugar ni buscaron un mediocentro desorientados, lo único que les faltaba era actitud, motivación, ambición. Difícil de entender, pero yo tampoco puedo ponerme en el lugar de uno de estos chavales. Nadie puede. Pedíamos ganas, orden, juego, a gritos, y probablemente ellos nos miraban como las vacas miran el horizonte. Nadie se explica qué faltaba. Va a resultar que el sargento de Mourinho es más empático y domina más las soft skills que el alumno de Guardiola... El fútbol es un misterio. Siempre se dijo que en el Real Madrid sólo funcionan los entrenadores de guante blanco. Los de la saga de Luis Molowny: "salgan ahí y jueguen". Ni Xabi ni Arbeloa parecían de esos. Un inteligente estratega y un espartano. No conozco a ninguno de los dos para hablar de su personalidad, pero ya es un hecho constatable que Arbeloa ha conectado con el vestuario en una semana y que Xabi no lo consiguió en seis meses.
Esta plantilla tal vez no necesite pizarra, ni vídeos, ni charlas tácticas, ni orden. Tal vez sólo necesite darle el balón a Vini, que Asencio mande pelotazos, que Huijsen tire para adelante cuando recupere la pelota, decirle a Mbappé que la espere en donde quiera y al resto que corran detrás del rival que lleve el balón. Ceballos ha recuperado hoy dos pelotas que diez segundos después yacían en la portería rival. Creo que nunca será un equipo de autor ni necesitará un estilo. Hay tal acumulación de talento que cuando los jugadores estén sanos y tengan ganas de jugar, serán imparables. Hoy podrían habernos puesto delante al todopoderoso Barcelona de Flick, al City de Pep, a la Alemania de Beckenbauer o a la Holanda de Cruyff. Sinceramente, pienso que habríamos arrollado a cualquiera. La motivación, tal vez la rebeldía. Ojalá hayan despertado del larguísimo y deprimente letargo.

Las notas del Real Madrid - Mónaco

La indolencia, la apatía, la pasividad que nos ha tenido mascullando improperios (a mí también) y rumiando sobre ventas desde hace un año largo, puede diluirse como un azucarillo para darle otra vez la razón a la inoperante, errática, nefasta, enloquecida dirección deportiva del club, en manos de José Ángel Sánchez, según dicen asesorado por Juni Calafat y por el propio Florentino, a quien nunca le gustaron los defensas ni los entrenadores. Él sólo cree en el talento. No nos ha ido tan mal durante los últimos veinte años, sólo hemos sufrido los dos últimos, en medio de un violento cambio generacional.
Después de tanta crítica, de ríos de tinta y horas de radio, televisión, vídeos... no es sensato pensar que una plantilla cogida con pinzas, que un once hipertrofiado, con dos centrocampistas jugando de laterales, sin centrales sanos, con mediapuntas jugando de mediocentros y con los dos mejores extremos izquierdos del mundo "estorbándose" en el once, pueda llegar lejos. Pero tenemos que creer a nuestros propios ojos. La sensatez y el Real Madrid a veces no caben en la misma frase.
También les digo que la suerte, como la victoria, es una mujer bellísima que se va siempre con el más guapo, con el más canalla o con el que más confía en salir con ella de la mano: los delanteros rivales fueron madres. Nuestra defensa, circense por momentos. Nos pudieron caer dos o tres goles y no habría sido injusto. Pero la pegada... ay, la pegada... Cuando tienes a Mike Tyson enfrente de nada te sirve correr o taparte, no hay dónde esconderse en el cuadrilátero, te irás a la lona pensando que no pudiste hacer más que caer con todos los dientes dentro de la boca.
Ganar. Necesitamos encadenar dos o tres victorias más. Mantener el fuego, la rabia, lo que fuera que faltase los últimos meses, que por cierto no era Pintus, ni que Bellingham dejara de cerrar bares. Corrieron como perros y Jude celebró su gol con media botella de Moet Chandon sobre el césped, a la salud de sus haters y a la nuestra. Bravo, Jude.

Buenos días. Anoche, en la competición más importante del planeta, el equipo más catastrófico que se ha visto jamás brindó a los ojos de un mundo incrédulo un espectáculo de puro fútbol, sazonado con orgullo y pasión. 6-1 al Mónaco, en una sinfonía de destrezas y ambición como no se había visto en mucho tiempo. A pesar del crudo escepticismo, sazonado por vergonzosos insultos a nuestro entrenador y jugadores por parte de opinadores del más diverso pelaje, pero por desgracia con muchos seguidores, la realidad se impuso: el Madrid es un equipo descomunal que había dejado de serlo, pero que logrará grandes cosas si exhibe una continuidad en la excelencia de ayer.

A lo mejor, sencillamente, es que se puede creer en este equipo. A lo mejor, simplemente, es que Álvaro Arbeloa merece una oportunidad seria, justamente la que le han querido negar calificándole preventivamente con epítetos denigrantes, y ello tanto de parte del antimadridismo tradicional como del madridismo destroyer de las redes.

Ahora toca cautela, pero una cautela esperanzada. Se pueden hacer grandes cosas. No hagamos como si fueran imposibles, porque anoche se vio que no lo son. Crean en este equipo.

Dice Marca que “así los quiere el Bernabéu”. Evidentemente. Un Bernabéu que anoche fue el de las grandes ocasiones europeas, esto es, el público que acompaña al equipo en lugar de poner palos en las ruedas con la interminable y contraproducente música de viento del día del Levante. Arbeloa ha insuflado aires nuevos a este equipo. Resulta que no era tan mala idea inyectar madridismo al Real Madrid.

“Vinícius marca y abraza a Arbeloa”, dice en letra más pequeña la portada marquista, y remata citando las palabras del entrenador en su impecable rueda de prensa del pospartido. “Más que a mí, ha abrazado al Bernabéu”. Qué afortunada frase, propia de un excelente comunicador como Arbeloa. Si el espartano improvisó esa respuesta, hay que bendecir los reflejos de las musas.

En sí mismo, el abrazo es el signo que anuncia no buenos tiempos (seamos cautos), pero sí la posibilidad de los mismos. Autoconvirtiéndose en símbolo de todo el madridismo (“más que a mí, ha abrazado al Bernabéu”), Álvaro resuelve el conflicto entre Vini y su propia afición. Ficticiamente, claro, porque se trata de una metonimia (la parte por el todo), pero no será la primera vez que un recurso estilístico endereza el rumbo de una entidad de magnitud planetaria.

Fue una gran noche madridista, reflejada también en el baloncesto y en la sección femenina, como refleja Marca en sus bajos.

As lo centra todo en Vini, MVP del partido para alegría del propio Vini, claro, pero también de su supuesta némesis, o sea, de Mbappé. El francés daba saltos de euforia y abrazaba al brasileño, presa de un júbilo enorme, ante la distinción a su compañero. Estamos ante un caso único en la historia, probablemente. Mbappé y Vinicius no dejan de echarse mutuamente flores, y la combinación de admiración y afecto es palpable entre ambos. Sin embargo, en las redes sociales hay verdadero odio entre los vinilovers y los mbappistas. La pregunta cae por su propio peso: ¿por qué no se dan cuando menos una tregua, constatando que sus respectivos héroes no solo no se llevan mal, sino que sienten devoción por el otro?

En todo caso, y aunque las cosas de Vini siempre llaman la atención, es injusto centrarlo todo en él, porque todo el equipo rozó la perfección. Hay que pedir a los pájaros de mal agüero que nos dejen al menos soñar, con cautela, pero soñar. La situación lo merece. Courtois estuvo enorme cuando fue requerido (el Mónaco jugó mejor de lo que dicta el marcador); Valverde y Camavinga rindieron como los dos mejores laterales que no son laterales de la historia; Tchouaméni deslumbró una vez más, tanto en el puesto de mediocentro como en el de defensa central; Güler puso en juego toda su clarividencia y virtuosismo; Kylian aportó los goles y un compromiso defensivo emocionante (esa carrera en repliegue hacia el final); Jude se exhibió como el megajugador completo (presionar, robar, jugar, llegar, marcar) que todos esperamos ver siempre, y tuvo una simpática celebración de gol acordándose jovialmente de los difamadores; Mastantuono merece punto y aparte.

Mastantuono rozó la perfección, por juego, por ritmo y por entrega. Hizo un partido soberbio, el mejor desde que ha recalado en  Chamartín. A lo mejor no es el bluf que quieren hacer creer los de siempre. Mantengamos con él la misma cautela que antes preconizábamos para el equipo, pero consintámonos soñar para él una gran carrera en el mejor club del mundo. Tiene los mimbres técnicos y, sobre todo, la personalidad para ello. Rezuma el carácter sin el cual no se triunfa en Concha Espina.

Os dejamos con la prensa cataculé. Hoy juega su equipo su equipo en Praga. Lo tienen infinitamente más difícil que nosotros para entrar en ese Top8 que te exime de una ronda de Champions. Nos parece raro, sobre todo cuando ellos son el mejor equipo del mundo mundial y nosotros somos la antepenúltima excrecencia que desalojó Pilatos. Cosas inescrutables del balompié.

Como veis, ambos rotativos cataculés, Sport y Mundo Deportivo, minimizan (literalmente, o sea, lo ponen en muy pequeñito) la gran victoria blanca de anoche, y la cuentan en términos despectivos, restándole méritos. Es una de las señales más inequívocas de su miedo. “¿Y si…?”, se preguntan.

¿Y si…?, concluimos nosotros.

Pasad un buen día, madridistas. Y creed en este equipo.

Courtois: notable alto. Siempre se le nota, aunque solo sea por lo grande que es. En todos los sentidos.

Valverde: sobresaliente. Gran partido del capitán. En defensa, en ataque, en actitud. A pesar de su empeño en jugar de centrocampista, tal vez sea mejor lateral derecho.

Asencio: notable. Está de dulce. Jugó solo la primera mitad porque se resintió de, al parecer, problemas en la tibia.

Huijsen: bien. Con más presencia de ánimo y de cuerpo que otros encuentros.

Camavinga: notable. A pesar de su empeño en jugar de centrocampista, tal vez sea mejor lateral izquierdo.

Güler: sobresaliente. Con y sin balón. Pese a no concretar alguna ocasión que tuvo, lubricó la maquinaria de Concha Espina.

Tchouaméni: notable. Ya le da igual en el medio o atrás o en ambos sitios a la vez.

Bellingham: sobresaliente. Se sacudió las críticas, mejoró y se bebió hasta la última gota del partido con un gran sexto gol, que dedicó a quienes se exceden en la crítica.

Mastantuono: sobresaliente. Rompió el argentino. Tremendo encuentro y buen tanto, a pesar de sus veleidades capilares.

Vinícius: sobresaliente. Asistió dos veces, provocó un gol en propia meta y anotó un golazo por la escuadra.

Mbappé: sobresaliente. Es una mala bestia. Meterla dos veces en Europa no es sencillo. De hecho, simplemente meterla no es fácil.

Gonzalo: bien. Intentó meter su golito, pero sin suerte.

Ceballos: aprobado. Cometió un error grosero que propició el gol del Mónaco.

Carvajal: sin tiempo.

Fran García: sin tiempo.

Mesonero: sin tiempo.

Arbeloa: sobresaliente. Le ha dado una vuelta —para bien— al equipo. Mejor actitud, físico y juego.

 

Getty Images

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