A veces el azar ofrece soluciones a los problemas más enquistados. Le ha pasado a Arbeloa con la lesión de Bellingham. Más que el jugador inglés en sí, el problema es la evidente intocabilidad de los tres espadas mayores, Jude, Mbappé y Vinícius. Ya vimos el otro día a Güler, en Lisboa, salir por la banda relatando al ser sustituido cuando no era el peor ni de su equipo ni del centro del campo. Una cosa es la necesaria jerarquía dentro de un vestuario y otra que se haga patente para todos la situación de privilegio de quienes no demuestran merecerlo. Cuando esto llega a los mismos futbolistas, se corre un riesgo grave…
Como el 5 se ha roto para dos meses, por lo menos, se abre una perspectiva nueva. El entrenador tiene ante sí posibilidades insospechadas de componer algo parecido a un centro del campo funcional justo en las semanas en que se va a decidir el futuro del Madrid en la Copa de Europa. Que es como decirlo todo.
Es verdad que ni en la vida ni en el fútbol existe la meritocracia. Pero las cosas, para mantener un equilibrio, deben guardar una forma o apariencia. Bellingham, como Vinícius, lleva una temporada larga mostrando un nivel muy inferior al que llegó a exhibir un día con la camiseta blanca. Lo de Vinícius es peor porque fue el mejor futbolista del mundo durante dos largas temporadas brillantes en las que su progresión no parecía tener techo. El Bellingham carismático y providencial de aquellos primeros cinco meses se ha disuelto en un agonismo tribunero que recuerda las postrimerías de la carrera de Raúl González Blanco.
La gran diferencia con el Madrid de Cristiano Ronaldo, Benzema o Ramos era que aquellos, incluso en las crisis, que las hubo y gordas, hacían prevalecer además de su monstruoso talento una ética de trabajo nunca vista antes en Chamartín. Quizá fuera cosa en exclusiva de Ronaldo, que era un enfermo del entrenamiento, la encarnación máxima del altius, citius, fortius. Por lo que fuera con Los Jerarcas se estableció una cultura del esfuerzo que ayudó notablemente a que aquel equipo plagado de talentos históricos alcanzase cotas de éxito de auténtica leyenda.
Arbeloa tiene ante sí posibilidades insospechadas de componer algo parecido a un centro del campo funcional justo en las semanas en que se va a decidir el futuro del Madrid en la Copa de Europa
En el Madrid actual talento hay, aunque mucho menos del que se pregona y del que creíamos. Liderazgo, muy poquito. Y lo del esfuerzo…
La lesión de Jude Bellingham al poco de empezar el engendro perpetrado contra el Rayo en el Bernabéu nos dejó ver un buen rato de Ceballos. Fue lo mejor del equipo. Considerando que los centrocampistas más útiles y polivalentes que tiene esta plantilla se ven obligados a jugar de lateral o central por el estado catatónico de la defensa, hoy día Ceballos se antoja imprescindible. No sólo es alguien que da un sentido a la espantosa salida de balón del equipo, sino el único a disposición de Arbeloa que puede asegurar la posesión en campo contrario, uno de los pilares, en el fútbol contemporáneo, del éxito. Quien lo dude debería revisar los grandes partidos en Europa del Madrid del threepeat, por ejemplo.
A todo esto, últimamente está el debate madridista en redes agitado por la cuestión de si hay dinero para fichar o no hay. Pienso en Alaba y en que dicen que cobra treinta millones netos al año. ¿Quién se encarga de fijar las nóminas en el Madrid? Los fichajes que vienen gratis esconden más trampas que un decreto ómnibus del Gobierno.
Sin Bellingham, el Madrid podría ordenarse otra vez con más armonía en torno a un triángulo en el centro que incluyera a Tchouaméni, Camavinga y Ceballos. Eso permitiría que Güler, abierto sobre el costado derecho, pudiera quitarse por fin el precinto y sirviera balones sin cuento a Vinícius y a Mbappé. Hasta ahora de lo mejorcito de esta temporada ha sido eso: el turco filtrando, en tres cuartos de campo contrario, pelotas de oro a los dos de arriba, especialmente a Mbappé. Desde luego que la ausencia del inglés le deja en bandeja a Güler la ocasión de que sepamos, de una vez, de qué madera está hecho. Y si vale o no vale para el Madrid.
Esa es una cuestión de fondo que, imagino, la dirección deportiva del club tendrá que afrontar este verano. Tomar decisiones es lo que ha marcado la presidencia de Florentino y me refiero, aquí, exclusivamente a lo deportivo: desde 2009 se ha prescindido de grandes jugadores porque, o bien no cabían en su momento y era necesario hacer caja, o bien se determinó que su momento había pasado. Aquel mantra de nadie por encima del club hizo que salieran Robben, Sneijder, Higuaín, Di María, Özil, Cristiano, Ramos…y el Madrid siguió ganando.
De todos modos, montado como está otra vez el Madrid en la montaña rusa del lol, habrá que acogerse a una resignación cholista e ir partido a partido. Que ya es bastante.
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En el fútbol y en 'la política' pasa parecido. Al fútbol va cualquiera y en ‘la política’ vota cualquiera que se atreve a cumplir los 18. Higiénicamente, no debería.
No se pide el certificado de penales para ir al Bernabéu. Ni el bachillerato. Claro que, para ser ministro, tampoco. Y si un tío, tía o cosa parecida se presenta en un colegio electoral le pedirán el DNI y una papeleta a ser posible no pintarrajeada. ¡Votó! Oh.
Por ahí empiezan muchos males del Madrid y la Humanidad democrática: opina y elige cualquiera. Estaría magnífico un filtro. Se opina de todo, además. El mismo tío, tía y tal que entiende de Vinicius, sabe de ferrocarriles, vacunas, gallinas, nubes, trasplantes, tierras raras, portaviones. Es muy pavoroso.
Lo más cercano. Si para entrar en el Bernabéu se exigieran unos mínimos, el certificado de Sentido Común sería un gran invento, nos evitaríamos según que espectáculos. No, oigan, no veto a nadie, Dios me libre. Simplemente estoy por el cribado y, además, pito al que pita. Admito la reciprocidad, por supuesto.
¿Qué los hay con dos licenciaturas y un doctorado? Seguro. Hay cámaras. Los localizaría y mandaría a reeducación. Lo dicho: si Fulano pita yo puedo pitarle así, por escrito. ¡Piiiiiiiii, vamos!
Tengo un vídeo definitivo de cuando Mbappé va a tirar el penalti ayer. Se le ve a él y al gran cuentista-portero Batalla. Hay más silencio que otra cosa en el audio. Los que no han pitado al equipo callan, los que sí pitaban también.
En estas arranca Kilyan, dispara y marca: el rugido del pueblo es inmediato, liberador. ¡Goooooool! ¿Por qué los tíos, tías y similares pitones lo celebran? ¿Porque son madridistas?
No, oigan, no veto a nadie, Dios me libre. Simplemente estoy por el cribado y, además, pito al que pita. Admito la reciprocidad, por supuesto
Ya. ¿No les favorecería más que el 10 lo mandara al marcador? ¡Veis, veis, unos mataos todos, a pitar! Sería el grito racial que empalmaría con el definitivo ¡Florentino, dimisión!
Ese sector del madridismo volvió a perder una magnífica oportunidad de dar una lección al equipo y al mundo: mirad, muchachos, vosotros pasaréis, nosotros seguiremos aquí. Como dice la canción, apoyando al Real Madrid.
Y podrían decir incluso que Paco Gento, Modric, Carvajal, Nacho, Kroos, todos esos tienen 6 copas de Europa, nosotros 15 y tendremos 30. Sería una machada tolerable.
El mensaje sería magnífico, sí. Estáis para correros a gorrazos, cada partido vuestro es una otitis severa combinada con lumbago y un ataque de gota. Pero, como en casa me enseñaron a querer lo nuestro, me trago las ganas de cagarme (con perdón) en vuestras muelas y guardo un respetuoso y doliente silencio por y para mi equipo y mi club.
Siempre recordaré al Padre Justo, que en la Gloria con mayúscula está, contarnos la parábola del hijo descarriado, lo que es este Madrid. Un equipo descarriado con mayoría de jugadores lo mismo. Tenían una magnifica herencia, algunos hicieron mucho por ella además, y la están dilapidando.
Seguro que cada día de partido llegan al estadio con las tripas revueltas. Van al potro del tormento, no están nada finos y, como dice Arbeloa, el rival acude a jugar el partido de su vida.
como en casa me enseñaron a querer lo nuestro, me trago las ganas de cagarme (con perdón) en vuestras muelas y guardo un respetuoso y doliente silencio por y para mi equipo y mi club
Lo que no critico, ¿eh? Contra el Madrid la mayoría juega dos veces al año y portadas históricas las da el ganarle. Lo que sí critico es a la gente del Rayo que se quejó de la expulsión de Ciss, que la admitió 'urbi et orbe' en cuanto la vio, y el penalti de Mendy, tan indiscutible. Los mismos rayistas que perdieron contra el Barcelona con un gol de Yamal con el VAR roto y salieron con que son cosas del fútbol. OK.
También se criticó que el alargue de ayer fuera de 9 minutos. Por las redes corre un Barça-Rayo que tuvo 11, toma casualidad. La diferencia graciosa fue que los vallecanos ganaron 0-1. Un poquito de por favor.
Lo de ayer fue otra astracanada resuelta de milagro. Me recuerda aquel episodio entre el gran Carlos Sáinz y Luis Moya. El ¡trata se arrancarlo, por Dios! del copiloto a Carlos a 500 metros mal contados de la meta del rally de Gran Bretaña, noviembre de 1998. No arrancó. 1998, el año de La Séptima por cierto. ¡Pedja Mijatovic lará, lará, lará!
Pues eso. Que Arbeloa, como antes Xabi, trata de que el Madrid arranque… y no hay manera. Es un sí pero no, un querer y no poder. Lisboa, ayer...
Cinco goles de Benfica y Rayo, cuatro del Madrid, tres del mismo tío. Cinco goles encajados calculo que en doce/quince llegadas del rival. Estos o cualquiera.
Pues eso. Que los que van al estadio no meterán un gol en su vida, luego no molesten. Que no, que el pueblo no siempre tiene razón. Que esto pasará. Segurísimo. Ahora toca lo que toca. Tragar y ganar ese otro partido, el del respeto al escudo, a la camiseta.
Bien entradito mayo, cuando todo acabe, podrán explayarse si es menester los nerviosos, los casi, incluso los tranquilos. Ahora, no procede.
El domingo Mestalla puede ser más amable con el Madrid que ciertos sectores del Bernabéu estas últimas veces. Mestalla. Es tremendo.
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Todo esto es muy extraño, decían los Hombres G, y el Madrid, 22 años después, se está esforzando en replicarlo desde dentro, pero también en su entorno más cercano.
Hay una foto muy elocuente y reveladora. En ella aparece un jugador del Rayo Vallecano topando sus ilusiones de gol frente a un muro llamado Courtois mientras un madridista no llega al cruce por un instante. No es Asencio ni Huijsen, tampoco Tchouaméni o Valverde. Se trata de Gonzalo, ariete transformado en chico de los recados, que no dudó en perseguir al fugado hasta sus últimas consecuencias.
Y es que nada de lo que acontece en Chamartín parece asentarse en la lógica últimamente. No es normal condenar a un delantero al exilio de una banda, como tampoco lo es acudir a ver a tu equipo con el único plan de malgastar todas las entradas de insultos del diccionario durante noventa minutos.
En el gol de Vinícius ante los vallecanos parte de la grada comenzó su aserto de improperios contra el brasileño desde que recibió la pelota. Un ruido que fue in crescendo conforme avanzaba en su búsqueda de la portería hasta que, oh, sorpresa, las ofensas se transformaron en aplausos puestos en pie cuando al siete le dio por clavarla en la escuadra. Y todo sin el más mínimo resquicio de pudor o vergüenza. “Atacan al jugador, pero celebran el gol del equipo”, explica alguno, en lo que resulta una contorsión justificativa digna de un espectáculo de variedades. Todo esto es muy extraño.
También ajeno a la normalidad parece amanecer la defensa con dos volantes de nacimiento, Camavinga y Federico Valverde, como laterales a la fuerza. Sin embargo, en este caso, como el madridismo sospecho que ya está ponderando y los implicados quizá también, la rareza puede derivar en acierto.
Por sus características, físico, versatilidad, esfuerzo sostenido y capacidad para la sorpresa, el francés y uruguayo, sin desearlo a primera vista, seguramente sean los carrileros más solventes a día de hoy de la plantilla blanca. Pero, si todavía no están convencidos, sería bueno hacerles saber que lo que les sucede no es nada nuevo. ¿Recuerdan la exitosa reconversión de Raúl en la primera etapa de Capello?
Después de seducir a Valdano en la 94/95 y sostener al Madrid durante la siguiente campaña, el madrileño, habituado a jugar como delantero o mediapunta como puesto más alejado del área, se encontró con una dificultad sobrevenida: el club había fichado a Suker y Mijatovic. Poca broma. Así que el técnico italiano, listo como pocos, resolvió la encrucijada con una decisión que a la postre se convirtió en la maduración definitiva de Raúl. Lo situó de interior izquierdo, un puesto que abría la autopista a Roberto Carlos, al tiempo que potenciaba una de las fortalezas del futuro capitán, su inteligencia táctica y capacidad de llegada. Los números no engañan: terminó el año con más minutos que nadie (3.622) y una cifra goleadora más que respetable: 21 tantos, sólo por detrás del punta croata.
Todo esto es muy extraño, así que al aficionado sólo le queda confiar en que el camino por el abismo conduzca al sorpresivo lugar de un título a final de la temporada. Porque el Madrid nunca espera, y la grada —la real y la impostada— no perdona dos años blancos como la camiseta. O como Gandalf.
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Buenos días, amigos. En un/otro partido realmente deprimente, resuelto con un penalti en el último minuto, el Real Madrid venció al Rayo Vallecano en un Bernabéu que sigue de uñas con el equipo. Podéis leer la crónica de Paco Sánchez Palomares y las notas de Genaro Desailly por si no pudisteis ver el partido, o por si lo visteis pero os queréis regodear en un triunfo agónico.
Decimos que el Bernabéu sigue de uñas con el equipo, y querríamos añadir detalles a esta aseveración. El primero es que, por el juego del equipo, está en su perfecto derecho. El segundo, que debería haber algunos límites a esta actitud, y que uno de ellos debería ser no abuchear a un jugador propio cuando se retira lesionado. Debería ser una línea roja. La lesión de Bellingham fue la peor noticia (se perderá un mes de competición, lo que incluye la eliminatoria de Champions contra el Benfica), seguida por la actitud del público cuando el inglés se retiró cojeando. Las redes (y, con ellas, el estadio) están perladas de expertos que dicen conocer al dedillo la vida personal de Jude y concluyen sin lugar a dudas que la lesión es culpa de su presunta vida disoluta. Ni aunque fuera el caso (nadie ha demostrado que lo sea) parece razonable abuchear a un jugador en el trance de una lesión.
Decíamos que el encuentro se ganó agónicamente con un penalti en el descuento, pero el penalti fue tan innegable como la corrupción intrínseca al FC Barcelona, por hablar de algo diáfano.
El Rayo, por cierto, acabó con nueve, por la sencilla y única razón de que se lo ganó a pulso. En esta jornada, por tanto, y como decía ayer Jesús Alcaide en RMTV, no ha habido más polémica arbitral que el penalti de Cubarsí y el gol dudoso de Rashford en Elche. Pero hay gente empeñada en que la polémica estuvo en el Bernabéu, empezando por uno de los expulsados rayistas, un hombre llamado Chavarría.
Ya veis, amigos. “Dios es justo y lo ve todo”. Sí uno es creyente, firmará debajo de esa frase, y si uno es medianamente avispado detectará que quien no lo ve todo (sino solo lo que le apetece) es el propio Chavarría, tan presto a señalar supuestos escándalos cuando juega contra el Madrid, y sin embargo tan remiso a poner el grito en el cielo por atracos reales cuando los sufre a manos del club cliente de Negreira. Fue al propio Chavarría a quien le pitaron aquel inexistente penalti sobre Lamine, con el VAR estropeado, en Vallecas. Aquel día, en cambio, no hubo reclamaciones de respeto ni altisonantes declaraciones de “contra todo y contra todos”.
Curioso, ¿verdad? ¿Será acaso que quejarse contra el Madrid da réditos, mientras hacerlo contra el equipo del sistema (sí, el mismo que pagó a Negreira durante un mínimo de 17 años) comporta posibles y adicionales represalias arbitrales? ¿Será que todo el mundo sabe que es así?
De manera harto ridícula (el penalti es meridiano), se sucedieron las quejas, incluso del lado barcelonista. Vivimos en una distopía en la cual un sujeto que formó parte de la directiva que cuadriplicó el suelo de Negreira se permite opinar sobre la jugada. Nos referimos al inefable Toni Freixa, que espera la llamada de la justicia mientras suelta sinvergonzadas varias en X. Esta gente ha refinado hasta el paroxismo el arte de la desfachatez. Es incluso admirable, sobre todo cuando está exhibición de arte se lleva a cabo en la hermosa lengua de Josep Pla.
A Toni Freixa le pasa un poco como a Dios versión Chavarría, o sea, que es justo y lo ve todo, pero no es el único, cuidado. El atropello de los derechos del pobre (el Rayo) a zarpas del malhadado Real Madrid (o sea, el rico) solivianta incluso a un izquierdismo ajeno al fútbol y ducho en cambio en asuntos del cuore. Nos faltaba en este patio de monipodio el dictamen de Rosa Villacastín, nada menos, cronista de la prensa rosa que no quería quedarse sin decir alguna cosa respecto a la presunta atrocidad cometida ayer por el colegiado Díaz de Mera. Como dice nuestro amigo Luis Montero Manglano, escuchemos la voz de los expertos.
Queda claro que aquí, si hay alguien justo que lo ve todo, ese alguien es Rosa Villacastín. A Rosa no le importa si el penalti fue penalti o no. Se conoce más bien que el hecho mismo de que le piten un penalti al Rayo contra el Real Madrid constituye, per se, una injusticia que debe ser denunciada, con independencia de que la decisión arbitral sea justa con arreglo al reglamento. “Qué vergüenza, penalti a favor del Madrid cuando iba empatado con el Rayo!” No dice nada de si el reglamento ampara o no la decisión de Díaz de Mera porque eso (un penalti a favor del Madrid cuando va empatado con el Rayo) es algo que está mal por sí mismo, va contra la igualdad, atenta contra la democracia que nos hemos dado todos, desmorona la equidad social y probablemente sea fascista, por mucho que Mendy, defensor rayista, le haya reventado a Brahim, de una patada, la caja torácica dentro del área.
A nosotros nos parece bien que paladines de los más desfavorecidos como Rosa Villacastín y la mujer de Isi Palazón, que también se quejó en redes, dejen ya claro que, en su opinión, el Madrid no merece justicia arbitral. El reglamento puede decir misa (el reglamento, a diferencia de Dios y de Rosa Villacastín, a veces es injusto y no ve nada), porque pitar un penalti a favor del Madrid cuando empata contra el Rayo, por mucho que el penalti sea penalti, es por definición una cacicada (¡en el último minuto, encima!), una afrenta al estado del bienestar por parte de los poderes fácticos y, probablemente, una conculcación de los derechos básicos de una digna barriada madrileña, lo que nos sitúa peligrosamente cerca del concepto mismo de genocidio, cultural o no. El reglamento del balompié, en ocasiones, es un mero esbirro al servicio del capital. ¡Muerte al reglamento!
Os dejamos con las portadas del día, cuyo argumento principal es el glorioso triunfo de Carlos Alcaraz en Australia, lo que le convierte en el tenista más joven en ganar todos los torneos del Grand Slam. ¡Bravo por Carlos!
Pasad un buen día.
Arbitró Isidro Díaz de Mera Escuderos del comité castellanomanchego. En el VAR estuvo González Páez.
La primera parte fue tranquila y prácticamente sin incidencias que reseñar. Para compensar, la segunda fue un torbellino y muy accidentada.
El Real Madrid reclamó al menos cuatro penaltis en el área rayista y el colegiado solo señaló el último. El otro que pudo pitar fue el primero, en un empujón a dos manos de Ratiu a Mbappé en el 47'. Las otras caídas de Vinícius y Mbappé por partida doble en la misma jugada, y otra del brasileño no eran para nada punibles. El penalti pitado de Mendy en el 98' fue catedralicio. Una patada al aire que impactó en el estómago de Brahim. Poco se podía protestar en la acción.
En lo disciplinario, las tarjetas se multiplicaron con el paso de los minutos. Por los blancos las vieron Ceballos por pisar a Álvaro en el 69' y Vinícius en el 83' por una tangana con Ilyas que también fue amonestado. Además del marroquí, el cuadro visitante se fue con dos rojas y media docena de amarillas. Gumbau en el 53' por derribo a Ceballos fue el primero, le siguieron Chavarría por cortar un avance de Valverde en el 56', Isi por pisar a Ceballos en el 64', Óscar Valentín por una barrida a Vini en el 71', el guardameta Batalla por perder tiempo en el 81' y Espino por protestar en el 99'. La roja directa a Ciss fue justa porque su entrada con los tacos a Ceballos en el minuto 80 fue terrorífica y peligrosa. Ni protestó. Al final del choque se le unió Chavarría por doble amonestación tras empujar a Rodrygo fuera del campo y sin el balón en juego.
El añadido de 9 minutos no gustó en el equipo de la franja, pero entre las pérdidas de tiempo, los cambios y algún parón mientras se revisaban jugadas en la sala VOR se esperaba un descuento largo.
Díaz de Mera, CORRECTO.
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-Courtois: SOBRESALIENTE. Su acción en ese uno contra uno vale un mínimo de dos puntos. Quién sabe si una liga.
-Valverde: NOTABLE. Incansable. No se entiende su renuencia a jugar de lateral. Hizo varios repliegues épicos.
-Asencio: APROBADO. Cumplió hasta ser sustituido en el descanso. Preocupa su tibia.
-Huijsen: SUSPENSO. Amagó con mostrar brotes verdes en su primer tiempo, cuando batió líneas en conducción o con pases verticales con criterio. Sin embargo, acabó siendo el mismo manojo de nervios falto de oficio de siempre. Solo resta tenerle paciencia.
-Camavinga: APROBADO. Alterna acciones de mérito con idas de olla extrañas. Remató de cabeza al palo.
-Tchouaméni: SUSPENSO. Estuvo lentísimo en la acción del gol rayista.
-Güler: NOTABLE. Incomprensible su cambio. Ahora mismo es el único que tiene clarividencia en los últimos metros. Es mejor cuanto más cerca esté del área, lo que no supone una buena noticia porque lo necesitamos como centrocampista.
-Bellingham: sin calificar. Se lesionó muy pronto y se retiró entre los silbidos de su propia afición, algo nunca visto e incalificable por parte de esos aficionados.
-Mastantuono: SUSPENSO. Una absoluta nulidad.
-Vinícius: NOTABLE. Golazo. Omnipresencia. No siempre acertó, pero sembró su banda de peligros incontables.
-Mbappé: APROBADO. Su sangre fría en la transformación del penalti final también vale puntos, aunque no jugó un buen partido. La tiró al larguero con todo a favor.
-Brahim: APROBADO. Muy lejos del área. No puede jugar ahí. Como Güler, mejora cerca de la meta rival.
-Ceballos: APROBADO ALTO. Empezó nervioso tras salir del banquillo, pero se terminó tranquilizando y aportó. El equipo agradece un centrocampista puro.
-Gonzalo: APROBADO. Peleón, pero sin ocasión de lucimiento.
-Rodrygo: APROBADO ALTO. Se generó más peligro con su presencia, aunque estuvo ingenuo en el área.
-Alaba: sin calificar.
-Arbeloa: APROBADO. Nadie entendió la sustitución de Güler pero, al haberle salido bien, solo resta envainársela al cronista. Tiene mucho trabajo por delante.
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Pitada en el Bernabéu durante la alineación del Madrid. Minuto de silencio antes del comienzo en homenaje a Lucien Muller y Brad Branson antes del encuentro. Partido tétrico de los blancos, indefendible, contra un Rayo que acabó con nueve. Al final, un penalti tan claro como agónico enjugó el sindiós. Desolador.
El encuentro comenzó con bronca a Vinícius la primera vez que la tocó, el brasileño realizó una buena jugada y forzó un córner. Arbeloa había puesto en liza un once con Mastantuono por la derecha y Camavinga como lateral izquierdo de amplio espectro.
A los cinco minutos, el marroquí Ilyas se coló hasta la cocina blanca y no marcó el primer tanto visitante no se sabe muy bien por qué, pues chutó fuera cuando era más fácil meterla. Pitos.
Instantes después, Bellingham se rompió. En plena carrera, se echó la mano a la parte posterior del muslo izquierdo. Gestos de fuerte dolor. Nueva lesión. Le sustituyó Brahim. Cuando el inglés se retiraba, unos le aplaudieron y otros le silbaron. Es probable que haya quien le culpe de la lesión o entienda que la había fingido; el mal momento que atraviesa el Madrid está destapando algunos hinchas peculiares que abroncan a los jugadores propios lesionados.
Entonces Gumbau decidió darle un codazo en la mandíbula a Güler. Díaz de Mera estaba viéndolo a escasa distancia. No entendió que la acción era merecedora de tarjeta, quizá porque no hubo fractura maxilofacial. En la siguiente jugada, Gumbau agarró a Mastantuono cuando se marchaba al ataque y el árbitro tampoco entendió que fuese amarilla. En la línea del CTA.
Vini, mientras le seguían abucheando, realizó un jugadón y clavó un golazo. Se besó el escudo y animó a los aficionados.
No tardó mucho Güler en crear otra ocasión. Batalla evitó lo que habría sido otro tanto espectacular.
El Rayo contraatacó con gran peligro, pero Fede Valverde corrió más que los dos atacantes rivales y salvó lo que parecía insalvable.
El Madrid estaba más alto. Si bien no era constante, había momentos en que sí y momentos en que no. El equipo tan pronto ilusionaba como preocupaba. Poco después, ya solo preocupaba.
Los de Arbeloa no se colocaron dos arriba porque Brahim creyó que era mejor intentar regalarle el gol a Mbappé que marcarlo él. Nunca es aconsejable no aprovechar las ocasiones nítidas. Contra ningún equipo.
Arda sirvió un pase gutiesco a Dean que lo dejaba mano a mano con Batalla, pero Huijsen se trabucó. La primera parte acabó con un par de ocasiones para el Rayo y el Madrid quemando tiempo jugando con Courtois. De nuevo, pitos.
Por otro lado, no sería raro que durante la primera mitad, en parte por el horario, en parte por las prestaciones del Madrid, más de un aficionado —quizá algún jugador— se hubiese echado una siestecita. De hecho, parte de esta crónica está escrita mientras estaba tan dormido como el espíritu y el talento de este equipo.
Encuentro tétrico de los blancos, indefendible, contra un Rayo que acabó con nueve
El encuentro se reanudó con la mayoría de los futbolistas despiertos, aunque no lo pareciese, y con Ceballos en el campo. No prosiguió Asencio, probablemente debido a sus problemas en la tibia. Tres centrocampistas y un defensa en bajísima forma con alma de medio conformaban la zaga blanca.
El Rayo comenzó disparando desde lejos. Courtois intervino para alejar el peligro. La respuesta del Madrid, dos jugadas que concluyeron con derribos a Vini, fuera del área, y a Kylian, dentro. Este último, más claro. Penalti no señalado.
La respuesta: gol del Rayo. De Frutos, canterano del Madrid. Horrenda defensa. Más pitos.
Tchouaméni marró una ocasión para adelantar al equipo, su disparo desde el interior del área se marchó muy arriba.
En el 53', Gumbau segó a Ceballos. Se quedó en amarilla. Era la tercera acción de tarjeta de este futbolista. Un minuto más tarde, Vini y Mbappé acabaron en el suelo en la misma jugada. El árbitro y después el VAR dijeron que nanay.
Cerca anduvo Vini de marcar el segundo, pero el preciso centro de Güler lo remató con el hombro en lugar de con la cabeza.
El Madrid estaba aún más desdibujado después del gol del Rayo. Arbeloa volvió a mover el banquillo y además realizó otro cambio: Gonzalo por Mastantuono. El Bernabéu abucheó a Franco y ovacionó al madrileño.
Courtois salvó el segundo ante Ratiu a lo Casillas frente a Robben. El desempeño del Madrid estaba siendo dramático, ni siquiera Mbappé pudo anotar a puerta vacía tras driblar a Batalla. Chutó al larguero.
El Rayo estaba haciendo lo que correspondía: aprovecharse de la debilidad de este Madrid y perder tiempo cuando podía. El Madrid, sin embargo, no estaba realizando nada de lo necesario para ganar el partido, salvo estar sobre el campo. Daba la sensación de que seguían jugando once, aunque no lo pareciese. Hay tostadoras que han disputado mejor un partido de fútbol que hoy este equipo.
Arbeloa retiró a Güler, el futbolista más lúcido, y a Huijsen, horroroso de nuevo, para dar entrada a Rodrygo y Alaba. Es lo que hay, es difícil buscar explicación a lo inexplicable.
A falta de diez minutos, Ciss entró de manera criminal a Ceballos. Le descoyuntó el tobillo con los tacos. Una acción que puede retirar a un futbolista de la profesión. Afortunadamente, Dani se recuperó y no marcó en la siguiente acción de milagro. Su disparo lejano se marchó ligeramente desviado. Batalla, tras perder tiempo de manera obscena, vio tarjeta.
No había ningún tipo de orden ni esquema en el Madrid. Jugaban todos mal a la vez al mismo tiempo. Tiene mérito tanto desastre. Entre tanto, otro palo, esta vez Camavinga de cabeza. Ni contra un Rayo con diez se imponía el Madrid en el Bernabéu.
El equipo estaba desquiciado. Los jugadores o bien se tiraban al llegar al área o bien remataban sobre los rivales, incluso sobre los propios compañeros. El desbarajuste era total.
Tiempo había, añadieron nueve minutos. Daba la sensación de que el Madrid no marcaría aunque el partido no se acabase nunca. Y no era descartable el segundo del Rayo.
Los blancos asediaban con cañones de papel. Rodrygo disparó al muñeco frente a Batalla.
En el 97, penalti a Brahim como un castillo. Lo anotó Mbappé casi en el 100. Era la única forma, que el rival la cagase (con perdón).
El Rayo no lo llevó bien y Chavarría tiró a Rodrygo contra la valla publicitaria. Segunda amarilla y a la calle. Otro gesto feo de los vallecanos.
Se ganó al filo del abismo en un partido deficiente, desordenado, indigno, inaceptable, siniestro, bochornoso, ominoso y lúgubre. Nada que no haya repetido cíclicamente el Madrid antes de recuperarse y volver a lograr títulos. Hay muchísimo trabajo por delante en todos los ámbitos.
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El entrenador del Real Madrid, que —él sí— es muy madridista, ha afirmado en rueda de prensa que “habrá gente que no sea del Madrid, que no quiera que estén en el campo”, en referencia a la presencia constante entre los once, caiga quien caiga y caiga lo que caiga, de Mbappé, Vinicius, Bellingham y Valverde. Y así, de buena mañana de sábado, es como yo, muchos años después, en una frase construida en futuro hipotético, me he dado cuenta de que lo hipotéticamente construido no era sino mi pasado; que no fui, he sido ni mucho menos soy madridista. Por todo ello, te escribo estas líneas arrepentidas solo con objeto de darte las gracias, Arbeloa, por abrirme en canal los ojos y el alma.
Y no lo soy a pesar de vivir hace muchos años a miles de kilómetros de mi amada ciudad y de mi amado estadio y no perderme un solo partido, sea la franja horaria que sea; a pesar de los cientos, seguramente miles, de euros gastados en entradas cada vez que vuelvo, paquetes televisivos de cualquier país en el que resida, merchandising para mí o para los míos o VPNs para poder seguir manteniendo los canales y por ende los partidos viaje donde viaje y esté donde esté. No lo soy a pesar de desempolvar la viejísima bufanda que me regaló mi padre —madridista ya en el otro mundo, que quizá se fuera de él sin saber que tampoco era madridista— siempre que jugamos una semifinal, un clásico o cualquier otro partido en el que tenga que abrazarme a algo para calmar los nervios, las euforias o, a veces, los miedos. A pesar también de las llamadas por Zoom con mi hermano antes o después de los partidos para, con el pretexto de comentar el pre o el post, aliviar la soledad del partido en casa, en país extraño, con mi no-madridista (tampoco él) de cabecera.
En definitiva, que te agradezco, Arbeloa, que me hayas borrado de mi propio pasado, que me apostates, que me digas que no soy, sino que estoy, y que todo lo que yo creía verdadero resulta que era falso, especialmente yo mismo. Gracias por haberme hecho comprender cuán errado andaba por pretender que ser el mejor jugador del mundo no era una oposición que se aprobaba en 2024 y se mantenía ad infinitum; que adorar a tu club no equivalía a adorar a sus jugadores; que sentir lástima por aquellos que, cualesquiera que fueran los méritos contraídos, siempre eran los elegidos para el banquillo antes o durante los partidos suponía una muestra minúscula (porque el fútbol no puede ser otra cosa) de sentido de la justicia; y por tantas otras cosas que yo creía compatibles con ser del Real Madrid y tú hoy me has demostrado que no.
Así que, Arbeloa, como dicen los clásicos —no los de CGI, sino los otros—, gracias por tanto y perdón por tan poco.
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Buenos días. Para establecer una opinión en el imaginario colectivo es más efectivo el relato que la realidad. Es un hecho. La Historia no es un conjunto de sucesos narrados, sino una legitimación ad hoc de quien en cada momento ostenta el poder. Sucede porque el personal prefiere leer confirmaciones de sus prejuicios —normalmente producidos por frustraciones personales— antes que la verdad (o lo más parecido a ella posible).
En el fútbol, fenómeno pasional donde los haya, esta situación ocurre en magnitud extrema. Además, si entra la pelotita da igual que esta haya sido guiada por control remoto por un corrupto (con pito o sin él). Y si no entra, absolutamente todo está mal. El individuo puede tener criterio. La masa, complicado.
Por este motivo, para muchos es lícito que una institución que ha cometido delitos gravísimos (hay facturas) sea digna de admirar y merezca —deba—, no ya competir, que no debería, sino ganar. Y al único club que planta cara a la corrupción se le atribuyen las fechorías del infractor.
Concurre otro «motivo» para lapidar a la institución que aboga por una competición limpia: como ha cometido errores de gestión, el recientísimo periodo más brillante en la historia de ningún club carece en absoluto de mérito y hay que desmontar hasta los cimientos de la entidad.
Dentro de este último colectivo se encuentran violentos grupos nazis narcotraficantes profanadores de tumbas, al parecer muy del gusto de un sector —entendemos que pequeño, aunque tenga voceros grandes— de su propia afición.
Este escenario deprimente propicia que los medios se ceben en el «juicio» al que será sometido hoy Arbeloa (abajo a la izquierda en la portada de Sport) y celebren otro triunfo del club de sus amores y vendas sin mentar, siquiera de pasada, ninguna de las ayudas —probablemente innecesarias, pero ayudas— recibidas del sistema.
Que uno de los goles viene precedido de un córner en contra y de un más que posible fuera de banda, minucias, estos chicos son fantásticos y deben ganar al maligno Madrid siempre.
Que Cubarsí es poseído, al unísono, por los espíritus de Jordi Alba y Busquets y convierte una acción lejana «por wifi» en una dolorosísima patada, la cantera del Barça es la envidia del mundo. Viva la Masía. Además, hacen un aceite estupendo, según los anuncios.
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— @lavozgalactica Video (@lvg_video) January 31, 2026
Además, se recrean en ello —«Con tres bastan»— porque se saben impunes. Quienes tienen que velar por la integridad de la competición son indistinguibles de ellos mismos. Y quienes deben indagar, denunciar y dar a conocer las tropelías son regados para no hacerlo. Así se pueden cumplir 120 años y los que sean menester.
Marca no se edita en Barcelona, pero sigue las instrucciones al dedillo. Es la principal cabeza, sin ella sería más difícil todo.
As, hoy, rompe la tónica —afortunadamente el envase no era de vidrio— y se descuelga, de manera intolerable, destacando un mensaje positivo de Arbeloa: «Pido el apoyo del Bernabéu». Habrá de todo y así debe ser dentro de la libertad de cada uno y siempre que no se crucen los límites del respeto y/o el delito, esos que no tienen muy claros los semejantes del Frente Atlético. Este tipo de afición prefiere un presidente populista con gestión oscurantista. Seguro que estarían más a gusto con un Laporta en el Madrid.
Precisamente esa suerte de Astraco con ínfulas acusado de estafa se ha descorchado con perlas como «ya sabemos que todo está hecho para intentar desestabilizar al Barça y perjudicar nuestra reputación». Entendemos que también el acta de conformidad con el fisco en la que el propio club reconoció, bajo el mandato de Laporta, el carácter de liberalidad de las facturas a Negreira.
Cabe destacar también esta joya: «El Madrid va siempre por la puerta de atrás, lo que tiene que hacer es intentar ser mejores que nosotros». Eso no es posible, Jan, el Madrid es y será siempre mejor que vosotros.
En un rato, Real Madrid-Rayo. Nosotros queremos siempre que gane nuestro equipo.
Pasad un buen día.
Alguien, me dicen que Ultras Sur, grupo de ultraderecha que fue expulsado del Bernabéu hace ya casi doce años, y que al calor de la crisis de resultados del Madrid emerge ahora de entre las sombras, ha hecho circular unos pasquines (no sé si físicos o meros PDFs) incentivando al público del estadio blanco a abuchear a Florentino Pérez, reclamando su dimisión, en el curso del partido de esta tarde ante el Rayo Vallecano. Están en su derecho, como lo estoy yo de llevarles la contraria.
En dichos pasquines, los ultras ofrecen sus razones. Algunas me parecen altamente matizables, y desde luego no suficientes para exigir el fin del mandato del mejor presidente de la historia del club, junto a Santiago Bernabéu; el resto me parecen directamente falsas.
Vamos con ellas, con arreglo al pasquín. Empezaremos desde abajo, e iremos ascendiendo. Es un orden como cualquier otro. Quien considere que mis contrarrazones no son válidas porque colaboro con la televisión del club puede abandonar la lectura de este texto ahora mismo, si lo desea. Yo sé que creo en lo que escribo, y con eso me basta. Supongo que habrá quien esté dispuesto a analizar las ideas en lugar de descartarlas en función de qué persona las emita, que es justo lo que voy a hacer yo ahora, es decir, las voy a analizar a pesar de que parece que provienen de un grupo de sujetos protagonistas de múltiples acciones que a lo largo de muchos años deshonraron la imagen del club, entre ellas cánticos racistas, exhibición de signos nazis, exhibición reciente de pancartas con textos incalificables, agresiones múltiples y profanación de tumbas, entre otras lindezas.
Pues sí. A esa gente voy a responder.
-“Por la VERGONZOSA Grada Fans” (la mayúscula es de ellos). A los Ultras Sur no les gusta la Grada Fans, o sea, el grupo de animación oficial al que ellos mismos habrían podido pertenecer de haber aceptado, en su momento, firmar un contrato en el que se comprometían a no emitir cánticos racistas ni exhibir símbolos nazis ni protagonizar agresiones ni… Pero prefirieron mantenerse fieles a su esencia, que es la descrita, con algunas excepciones que sí se unieron a la Grada a título individual. Por supuesto que es legítimo que no te guste qué tal lo hace la Grada Fans. Lo que sucede es que es imposible esquivar la certeza de que a Ultras Sur no les gusta la Grada Fans precisamente porque no son como ellos, lo que se antoja una razón bastante buena para que el mayor detractor de la Grada Fans empiece a verla con mejores ojos.
-“Por MALTRATAR al socio y peñista español”. Aquí entran en juego sensibilidades individuales. Hay socios que se sienten maltratados porque el club no pone una piscina o un club social a su disposición. Es una aspiración respetable, como pueden serlo otras. Personalmente, prefiero que el club me haga campeón de Europa, cosa que ha sucedido 6 veces en los últimos 12 años. ¿Que podrían ser las dos cosas, piscina y Champions? Pues no lo sé, la verdad. Sí es posible que el club no haya puesto en juego la suficiente pedagogía para explicar al socio que el fútbol actual y sus pilares de financiación señalan prioridades diferentes a las del pasado.
-“Por AYUDAR al Barcelona”. Hay verdad en esta acusación, si bien no está demasiado actualizada. Ahora mismo, la batalla jurídica y mediática del club contra la entidad que sobornó a la cúpula del estamento arbitral durante un mínimo de 17 años es más encarnizada que nunca. ¿Es legítimo arremeter ahora contra Florentino por un error pretérito? Posiblemente, pero no resulta lo más justo, por cuanto ahora mismo el Madrid va a por todas contra el Barça. Por lo demás, las sutilezas de la alta política del club, a las que somos ajenos los madridistas de a pie, deberían servir como atenuante, ya que no eximente, para cuestiones del pasado.
-“Por borrar el nombre de D. Santiago”. Esto es mentira, sencillamente. Tanto el nombre como el primer apellido del gran jerarca blanco siguen en lo más alto del estadio. Solo en la jerga del marketing, por la inmediatez que este demanda, y que además se basa en el habla común del madrileño (ningún amigo le pregunta a otro si este fin de semana va a ir al “Estadio Santiago Bernabéu”), se le nombra circunscribiéndose al apellido. Hay otra cosa, además: cualquier persona que estudie un poco la figura de Santiago Bernabéu concluirá que este pormenor le habría dado bastante igual.
-“Por la NEGLIGENTE obra del estadio”. La obra ha resultado deficiente en lo concerniente al tema acústico para la realización de conciertos, lo que es un error de peso en cuya solución se trabaja. De ahí a calificar de “negligente” una obra cuyo resultado es el estadio que ha maravillado a la mismísima NFL, y que en actividades distintas a los conciertos prosigue generando grandes beneficios, media el universo que separa lo serio de lo ridículo. El club lleva dos ejercicios seguidos batiendo su propio récord de ingresos, el más alto de ninguna entidad deportiva a nivel mundial, y el nuevo estadio es clave en la generación de los mismos.
-“Por BORRAR nuestro himno”. Nadie ha “borrado” ningún himno. Si se refieren a que el himno clásico ya no suena al comienzo de los partidos, creo que existe un consenso en que la canción con la letra de Jabois sirve en mucha mayor medida para soliviantar a las masas con el debido ardor guerrero. Creo que hay un problema de derechos con el himno de las mocitas, aunque admito no estar muy al tanto. La nostalgia es libre y a mí me gusta mucho también el himno clásico, pero hombre, de ahí a esgrimir esta como una razón para pedir nada menos que la dimisión de Florentino…
-“Por los PRECIOS de las entradas”. El precio de las entradas es el resultado exacto del encuentro entre la oferta y la demanda, ni más ni menos. El club de fútbol más importante del planeta pone a la venta sus entradas, y el precio resultante es altísimo porque millones y millones de personas querrían estar allí, en el estadio, viendo ese partido. Como resultado, ir a un encuentro aleatorio se ha convertido en afán casi utópico para una economía modesta. ¿Triste? Sin duda. Pero lo que sería negligente es que una entidad privada con ánimo de lucro renunciara voluntariamente al mayor ingreso de taquilla posible en aras de conceptos filantrópicos. Para ayudar a la gente, el Real Madrid ya tiene su Fundación, que a lo largo de su historia ha beneficiado a un millón de personas en todo el mundo. Entran aquí en juego cuestiones ideológicas. A los comunistas (enemigos del comercio, en palabras de Antonio Escohotado) no les gusta lo más mínimo la ley de la oferta y la demanda. No me parece que los Ultras Sur sean exactamente comunistas, pero es bien sabido que los extremos, a veces, se tocan.
-“Por la MALA gestión deportiva”. El Madrid fue campeón de Europa por decimoquinta vez hace año y medio. Florentino, el hombre cuya dimisión exigen los ultras, ha alzado en su mandato esa última Champions y otras seis, además de una larga cosecha de otros títulos en fútbol y baloncesto. La marcha deportiva del primer equipo de un tiempo a esta parte no es satisfactoria y, aunque muchos ya anticipan un cataclismo allá por mayo, lo cierto es que la temporada aún está en juego. Todo es discutible (la renuencia crónica a acudir al mercado de invierno, la negativa a fichar determinados perfiles que la plantilla parece necesitar…), pero demandar el adiós del principal protagonista de tantos logros por el mal rendimiento de año y medio parece hiperbólico, cuando no teñido de buenas dosis de histerismo.
Si quieren abuchear a Florentino, háganlo ustedes, señores abonados (o señores a quienes los señores abonados hayan vendido su abono para que abucheen y pidan su dimisión). Tan solo les pediría que no lo hagan por estas razones en su mayoría absurdas o discutibles. Y, desde luego, que si lo hacen sepan que lo hacen en obediencia nada menos que a Ultras Sur, quienes, por lo demás, imaginamos que tendrán un candidato mejor para la presidencia del club. De otro modo, supongo que no propondrían el escalofriante salto al vacío que la dimisión de Florentino supondría.
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