Buenos días a todos. El Real Madrid jugó ayer en Budapest un encuentro de preparación veraniega frente a Ferencváros. La visita a la capital húngara sirvió además para que una comitiva blanca, encabezada por José Ángel Sánchez y Roberto Carlos, visitara la tumba del mítico Pancho Puskas, situada en la catedral de San Esteban.
Si visitas esa catedral, cualquier guía te contará el preceptivo chascarrillo: “En la catedral tenemos las dos extremidades más importantes de la historia del país: el brazo derecho incorrupto de San Esteban, que batalló contra los paganos, y la pierna izquierda de Ferenc Puskas”. La tumba está en un mausoleo privado, en el subsuelo del templo, y no puede visitarse salvo permiso especial. Este portanalista, la última vez que estuvo en la ciudad, se valió de una foto suya con Pepe Santamaría para procurarse el permiso.
—Este que ve en la foto soy yo. El otro jugó con Puskas. Es amigo mío. Le hará mucha ilusión si le puedo contar que visité la tumba.
Funcionó. Hoy ya están juntos los dos, Pepe y Pancho, allá donde perviven los mitos fundacionales, no de la fundación del Real Madrid, que es anterior a ellos, pero sí tal vez de la fundación de la leyenda. No sabemos qué lugar será ese, pero sí sabemos que por allá andan también D. Alfredo, D. Paco, Héctor Rial, Marquitos, Kopa y todos aquellos que pusieron el listón tan insoportablemente alto (benditos sean) a todas las venideras generaciones de futbolistas vikingos. Y bendito sea el listón mismo, ese con arreglo al cual, por fortuna, han conseguido medirse tantos sin quedar mal.
El milagro sempiterno del Real Madrid.
El partido no tuvo mucha historia, es solo una puesta a punto de pretemporada, pero el Madrid lo ganó (1-2), como es su obligación. Podéis leer la crónica de Genaro Desailly, sin perjuicio de que ahora mismo, a vuelapluma, el portanalista pueda extraer las siguientes conclusiones, con las debidas reservas al encontramos en un momento tan incipiente del nuevo curso.
—Aunque no pueda ser Rodri, o tal vez más aún precisamente porque no puede serlo, la plantilla necesita otro mediocentro, bien para jugar junto a Tchouaméni, bien para darle relevo cuando corresponda. Los nombres de Wharton, Kees Smit o Bouaddi, aunque mucho nos tememos que este último ya está hecho con el City, deben ser puestos sobre la mesa.
—La exhibición ciclópea de Arda Güler debe hacernos concluir que su concurso en esta plantilla es esencial. No abogamos necesariamente por su titularidad indiscutible, porque eso es difícil en esta plantilla, pero sí por que desempeñe una misión preeminente.
—Endrick debe quedarse. Brilló como delantero centro, y también fue peligroso situado a la derecha cuando Espí se unió al equipo.
—Carlos Espí va a ser un delantero muy aprovechable. Ayer marcó, se fajó, jugó de espaldas y presionó. Tiene una facilidad vannistelresca para el gol. Tratémosle bien y nos dará alegrías. Puede ser un Joselu rejuvenecido y exultante.
La prensa cataculé, por su parte, da cuenta de la temporada más bien mustia que están protagonizando los suyos, así como del previsible traspaso de Ferran Torres al PSG. Se supone que ese dinero lo invertirán en la compra de Rodri, pero vaya usted a saber si no lo engullirá Goldman Sachs, según entre en caja, en respuesta a la deuda mastodóntica de la entidad que pagó a Negreira durante 17 años como mínimo.
No sabemos, ahora que nos damos cuenta, si en este portal insistimos lo suficiente en esta idea, por cierto. Por si acaso, ahí va: el FC Barcelona pagó durante 17 años, que se sepa, a José María Enríquez Negreira, vicepresidente de los árbitros de España, y todavía no se ha hecho justicia.
Hágase.
Pasad un buen día.
Con la posible excepción de algunos lúbricos escarceos de juventud en la playa, pocas cosas que acontecen en verano resultan memorables. Tampoco lo sería el partido que glosa esta modesta crónica. Lo que sí será recordada, a despecho de la intrascendencia del choque, es la actuación de Güler.
Can respecto al equipo que inició la pretemporada empatando contra la Fiorentina, la única novedad en el once de Mou era la presencia de Brahim en lugar de Trent, con Dumfries, que jugó por delante en ese partido, retornando al puesto de lateral derecho. Llamaba la atención la perseverancia en la apuesta por el jovencísimo dúo de centrales (Joan-Mario), moviendo a la pregunta pertinente respecto al estado de salud y/o futbolístico del dúo Rüdiger-Huijsen (recordemos que Asencio está lesionado y Konaté aún está de vacaciones tras pasar casi desapercibido en el Mundial).
El Madrid vestía con la segunda equipación, la verde, que por lo que sabemos hasta el momento es aquella en la que Adidas menos a las claras deja el aborrecimiento que obviamente siente por nosotros.
El Madrid inició el encuentro con afán presionante arriba y un Endrick revoltoso. Güler parecía decidido a marcar el devenir del juego, como así sería según lo adelantado, e incluso lanzó un latigazo que pareció gol por el clásico efecto óptico. Aunque no jueguen en la misma posición, y siga imponiéndose como necesario el fichaje de otro mediocentro, en ausencia de Rodri se antoja fundamental para el próximo curso el buen pie del turco. A los diez minutos, se desenvolvió por la derecha con la conocida destreza, adelante, atrás, finta aquí, sutileza allí, para acabar metiendo un balón al primer palo que no pudo convertir Endrick. Brahim quiso emular la habilidad de Arda a pierna cambiada en el sector derecho del área rival, pero su tiro con la zurda salió fuera también.
El partido transcurría con parsimonia (la palabra favorita de los insiders para explicar por qué, presuntamente, no ha venido Rodri), con Güler mostrándose como el fuera de serie que es, muy sólidos los imberbes defensas y muy insípidos los nombres que todos ustedes tienen en mente (si no tenían en mente a Valverde, agréguenlo) hasta el momento de la primera pausa de hidratación. Nada que no sea normal a estas muy incipientes alturas, cuando las piernas acusan los duros entrenamientos de pretemporada.
A la vuelta, una espléndida combinación entre Endrick, Güler (gran dejada) y Dumfries por poco cuesta cara (es un decir) a Ferencváros. Un nuevo impulso parecía soliviantar al Madrid, con Dumfries pisando mucho el área. De hecho, la mejor ocasión del partido hasta el momento se presentó en la forma de robo de Camavinga, pase en profundidad de Brahim y el portero húngaro salvándola por poco a los pies de Endrick. El brasileño, pocos instantes después, no llegó por centímetros a un pase de fábula de (¿quién si no?) Arda Güler. Ambos parecen entenderse bien. Cambiando los papeles, fue luego Endrick el que se la dejó en al área al turco.
Fue el preámbulo del gol, que tuvo pleno sabor castillista. Mario Rivas remató en plancha, espléndidamente, un centro preciso de Ciria, otro canterano. Mario andaba por allí a resultas del córner recién sacado por Güler. Ciria apunta maneras, como suele decir Alberto Cosín, con rabona incluida (de Ciria, no de Alberto). Mario, por su parte, es un central de gran elegancia.
Y avalancha de cambios tras el descanso, con la inclusión del renovado Vini, Trent, Rüdiger, Huijsen, el debut de Bernardo Silva y el joven Espi. No tardaría el valenciano en anotar su primer gol. Endrick, desplazado a la derecha, jugó con Güler, que se la devolvió a Valverde como una centella. La asistencia del uruguayo no la desaprovechó el gigantesco punta blanco.
0-2.
Bernardo Silva se había puesto de mediocentro, lo que de hecho significaba que jugara a ratos varios metros por detrás de Huijsen. El Ferencváros recortó distancias de manera inesperada. Kodro remató ante la notable desidia del propio Huijsen, y habría empatado de no haberse cruzado bien, de cabeza, Trent a renglón seguido. Lo dijimos en la crónica de la Fiore: el fútbol es muy suyo, y en pretemporada más.
Los húngaros se habían hecho con el control e inquietaban. En busca de la posesión y la calma perdidas entró Cestero por Endrick. Güler, que no es Superman aunque físicamente haya mejorado mucho, había caído un poco ya, y se notaba. A Bernardo se le veía muy perdido, aunque mejoró unos metros más delante tras la segunda pausa de hidratación. Los puristas las odian, no sin razones, aunque lo cierto es que en esta pretemporada le están viniendo bien a Mou para hacer ajustes.
A Güler le vino un nuevo aire y volvió a tomar el mando, frecuentando incluso el área propia con algún gran quite defensivo. Nos preguntamos con alguna inquietud si no está en demasiado buena forma para este momento. Tampoco sabemos si existe eso de “demasiado buena forma”. Jugó el partido completo. El único junto a Lunin.
El Madrid llevaba a cabo loables ejercicios de presión arriba, aunque las piernas no daban para mucho. Se había hecho otra vez con el dominio ante un equipo más rodado como el rival. La cosa se disolvía con un poco más de pena de lo esperado y la misma gloria que cabe demandar de un ensayo agosteño como este. Veremos cómo transcurren las cosas, pero de momento, a 9 de agosto, este es el Madrid de Güler.
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Antes de hablar del que se presupone como el acontecimiento deportivo del verano, seguramente convenga hacer una aclaración. Servidor es columnista y no periodista, de modo que no tengo información de la situación de Rodrigo, ni fuentes en los alrededores de Valdebebas, ni familiares en las oficinas de ningún agente, ni siquiera un primo segundo que trabaje en un restaurante y haya visto entrar al jugador en un reservado. El lector que acuda a esta página buscando chisme no debe llevarse a engaño: el tema de hoy no es tanto el suceso concreto como la gestión de la frustración resultante. Quizá parezca menos sofisticado, si bien aspiro humildemente a convencer de que puede poseer cierto interés.
En primer lugar, porque los madridistas no estamos del todo habituados a estas circunstancias. Hay una dificultad añadida a la hora de superar dignamente un rechazo si quien lo recibe se halla acostumbrado a escuchar solo síes entusiastas. De manera especial si, para más inri, se comete el error de erigir buena de parte de la autoestima en la necesidad de validación. Como esos niños a los que durante toda su infancia les han repetido que todo lo hacen bien hasta que, de pronto, alguien les dice que no. Resulta todavía más complicado cuando ese niño, además, efectivamente suele hacer las cosas bastante bien.
Por otro lado, el dolor se incrementa para la afición del Madrid en la medida en que la categoría de irrechazable del club acaba formando parte -seguramente de manera equivocada- de la condición de refugio que la institución constituye para el hincha. La tantas veces comentada paradoja del Madrid consiste en que es el equipo que más obreros tiene entre sus aficionados pero, a la vez, conserva cierto carácter aspiracional. La entidad no suele parecerse a la vida de quienes la siguen: al revés, arrastra ingentes cantidades de personas que sufren rechazos en su vida profesional o personal y encuentran en el Madrid una especie de válvula de escape a salvo de esas iniquidades. De ahí el escozor singular: contemplar un rechazo al club blanco implica que algo simbólico se resquebraja. Desaparece esa certeza íntima surgida al enfundarse la zamarra merengue: la promesa de que, cuando el Madrid se propone algo, lo consigue.
el dolor se incrementa para la afición del Madrid en la medida en que la categoría de irrechazable del club acaba formando parte -seguramente de manera equivocada- de la condición de refugio que la institución constituye para el hincha
Adicionalmente, la desilusión se exacerba a causa de la identidad del protagonista. Habrá que afrontar que la frustración por el rechazo de Rodri es mayor que por un repudio a secas. Y no solo por la eterna cantinela de la españolización más o menos añorada -a fin de cuentas, eso va en gustos-. Muchos queríamos a Rodrigo porque esa camiseta por dentro nos inspira la misma confianza que al abuelo Simpson el corte de pelo de Johnny Unitas https://youtu.be/-vj0wZGln4Q?si=ruRn_n2JAQHsj5BO&t=36. No tanto por el miedo pequeñoburgués de aquel Guardiola que defendía la ausencia de tatuajes como el mejor valor de Iniesta, sino por el aparente contraste de su actitud con la de los muchachos que defienden nuestros colores: no en vano llevamos dos años con un vestuario que se percibe como repleto de narcisismo e histrionismo. Rodri -y su camiseta- venía a representar lo contrario sobre el césped: un perfil tranquilo, cerebral, sereno, capaz de compensar todos los derroches emocionales y solipsistas. El anhelo de una afición harta de vislumbrar ejércitos de Pancho Villa centrados en la búsqueda del registro individual o del highlight. Imaginábamos a Rodrigo como a un Lope de Vega capaz de ordenar, incluso en endecasílabos si hacía falta, todos los egos de esa delantera donde ya no cabe un alfiler:
Un once me manda a hacer Diomande
que en mi vida me he visto en tal aprieto.
Quince titularísimos, el reto:
todos quieren, claro, jugar delante.
Pensé que no hallaría medio volante
que bajase diciendo: “Yo prometo
guardar a mis deberes el respeto”
pues muchos en defensa hacen desplante.
Por último, hay otra cuestión del asunto que a esta hora desconozco si se confirmará pero que, como consecuencia de mi pesimismo, ya he elegido adoptar como verdad absoluta. Esto es: que Rodrigo termine en el Barcelona, lo que incrementaría varios grados el dolor. Se trataría de una aflicción cualitativamente diferente, derivada de la profunda sensación de injusticia que el madridismo arrastra desde hace más de tres años y le hace sangrar por una herida infectada. Si esta hipótesis se corrobora, se llevaría el premio una organización que ha hecho lo que ha hecho y sigue ahí, de rositas, mientras las voces presuntamente autorizadas te venden que al tinglado le conviene pasar página por el bien de todos.
Rodri -y su camiseta- venía a representar lo contrario sobre el césped: un perfil tranquilo, cerebral, sereno, capaz de compensar todos los derroches emocionales y solipsistas. El anhelo de una afición harta de vislumbrar ejércitos de Pancho Villa centrados en la búsqueda del registro individual o del highlight
Si finalmente Rodrigo acabase vestido de azulgrana, personalmente solo concibo dos opciones para el desarrollo de la 2026-27, sin posibilidad de término medio: puerta grande o enfermería. O nos arrasan levantando la liga y/o la Champions o su temporada finaliza en medio de un fiasco absoluto. Mi intuición es categórica, y puedo argumentarla tanto desde el punto de vista racional -la urgencia extrema de dos años sin títulos impedirá los análisis mesurados en el Madrid, de tal modo que los resultados definitivos del Barça se interpretarán en uno u otro extremo- como desde el paradigma místico: al fin y al cabo, los caprichos de Don Fútbol son inescrutables e inexorables. Elija el lector la explicación que más le convenza para justificarlo mas, si se confirma el vínculo entre Rodri y la organización culé, le pido que guarde mi pronóstico, aunque suene tan solemne y ridículo como una canción de Pablo Abraira. O miel o nada. Ojalá no suceda.
Llegados a este punto, no se puede acabar el artículo sin proponer, al menos, una solución. Para las generaciones más jóvenes, en las que las relaciones se solapan y encadenan con mayor facilidad, la receta está muy clara: contacto cero y gimnasio. La efectividad de semejante cliché está fuera de toda duda, así que habrá que empezar cuanto antes. Paralelamente, la fortuna ha querido que el entrenador que debe encauzar este revés sea alguien como José Mourinho: un líder carismático, un experto galvanizador y un arquitecto que siempre construye sus proyectos contra algo. El portugués suele aprovechar cualquier atropello o el mismo sentimiento de humillación para obtener combustible. Además, existe la impresión generalizada de que su vuelta tiene mucho que ver con la recuperación de la disciplina y la ética de trabajo, y no hay más potente aglutinador que la frustración. Después de todo, el rechazo puede convertirse en una oportunidad precisamente porque duele. Se trata de una materia prima desagradable, si bien extraordinariamente energética, y el Madrid suele funcionar mejor cuando tiene algo que demostrar. Quién sabe, quizá el affaire Rodrigo haya venido a enseñarnos algo menos usual. A veces hay venenos que llevan en su ser el antídoto. Quiérase o no, habrá que probar y echar un trago.
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A estas alturas del verano, la mayoría de los lectores de La Galerna habrán visto ya la última película de Nolan. Los que no lo hayan hecho todavía seguro que leyeron la monumental obra de Homero, total o parcialmente, en algún momento de sus vidas como escolares.
Existen interesantes paralelismos entre Ulises y José Mourinho en sus inesperados regresos a Ítaca y Madrid, respectivamente. También en el precipitado adiós del segundo en 2013, cuando nos abandonó para seguir los designios de los dioses. Dejó atrás, sin embargo, un ejército de héroes pertrechado para las innumerables victorias posteriores, que quedaron esculpidas en la historia.
Paralela es también la amarga y solitaria penitencia de vagar durante años por el inframundo del fútbol, gozando de una libertad tal vez no deseada. Mourinho tuvo el orgullo de sentirse arropado siempre por sus oficiales, incluso bajo las tormentas enviadas por Poseidón como venganza por sus actos, no siempre ejemplares. Finalmente sobrevivió a todas las adversidades y pudo regresar a casa. Aquí le espera el madridismo para infundirle la energía que necesitará para levantar por fin la merecida ánfora plateada que el fútbol le depara para cerrar el círculo.
Durante su epopeya, el madridismo fue cortejado por multitud de pretendientes. Todos desearon desesperadamente acercarse a la grandeza. Sólo dos consiguieron abrazarla. El madridismo es la misteriosa Penélope cuya belleza deslumbra, cuya sola presencia intimida, cuya múltiple y compleja personalidad desconcierta.
Florentino ha sido el custodio del tesoro por encargo de los dioses antiguos, y testigo del misterioso tejer y destejer de Penélope. Es misión imposible transcribir en un solo canto el mensaje del coro de millones de voces del madridismo, cada una aventurando una catástrofe diferente. Como guardián, Florentino logró sortear las dificultades hasta el retorno de Mourinho, sabiendo que en este momento necesitamos su arco y su espada para someter al enemigo. El monstruo Escila (AKA la OrgaC) atacará desde su acantilado con sus seis cabezas, sus bocas con tres filas de dientes, sus doce patas deformes y su ladrido de perro loco.
El número de nuestros enemigos no ha dejado de crecer. Tampoco la intensidad de su odio contra nosotros, coléricos por la acumulación de tesoros procedentes de las victorias en nuestros viajes. Nuestros enemigos preferirían destruir la impresionante colección de trofeos antes que robarlos, conscientes de que nunca podrán poseerlos legítimamente. No podrán evitar que todo el mundo recuerde que fueron ganados con nobleza.
Por un tiempo, deidades menores deliberaron sobre el destino de Mourinho después de su partida. La ninfa Calipso le mantuvo alejado de nosotros y privado de memoria durante años, con la intención de preservar su salud mental después de exponer al mundo el papiro de los trece crímenes de un juez deshonesto. No hubo consecuencias, solo silencio.
Mucho después de ganar la guerra de Troya, Mourinho y sus hombres vagaron sin rumbo, exhaustos por la gesta de combatir en desiguales batallas durante años, hasta llegar a la tierra de los lotófagos, cuyos habitantes ofrecían a los marineros el fruto del loto. Se sabe que quien lo prueba olvida por completo su deseo de regresar a casa. Mourinho anduvo perdido sin destino y sin misión en Londres, Manchester, Tottenham, Roma, Estambul y Lisboa. Fue incapaz de encontrar el camino de regreso a Madrid o tan siquiera de recordarlo.
Durante el definitivo regreso a casa, Mourinho escuchó impasible los cantos de las sirenas, soportó el desprecio de quienes lo consideraban un general acabado, incapaz de armar un ejército ganador, pero nunca se dejó arrastrar por los vaticinios de sus enemigos.
En algún momento del camino, acosados por el hambre y la necesidad, parte de sus soldados comieron la carne sagrada de las vacas de Helios, pese a las advertencias de Mourinho. Los hombres jóvenes son débiles e impetuosos. Algunos se perdieron para siempre por no seguir sus consejos. Afortunadamente, llegó a tiempo de convencer al joven Vini, el de los pies ligeros como Aquiles, de que es preferible aguantar el hambre que verse saciado pero abandonado por los dioses para siempre.
Mourinho regresa a Madrid como un viejo sabio con barba de vagabundo. Disfrazado de perdedor y con la humildad que conceden los años a quien ha visto la luz y la oscuridad del mundo. No se engañe el lector. El corazón de un león sigue latiendo en su pecho.
Los viejos enemigos y los cronistas que le ladraron en la distancia siguen entre nosotros y también han cumplido años. Algunos cojean, balbucean y lucen cicatrices. Sus estómagos llevan tiempo satisfechos. Viven sus tranquilas vidas sin sobresaltos, en hogares seguros, en la comodidad de saberse animales domésticos, amansados por las migajas de un botín robado. Desde que Mourinho nos abandonó, hemos echado de menos la contundencia de su voz exigiendo justicia.
Penélope, tras años de espera, consciente de que los dioses a veces engañan a los mortales mediante falsas apariencias, esperará la prueba definitiva: la primera batalla, la primera arenga a los soldados, las primeras palabras del héroe a su pueblo. Necesitamos saber si el Ulises que ha regresado nos recuerda al que fue y si el madridismo, al menos por un tiempo, logra silenciar las voces que resuenan en nuestras cabezas y nos atormentan con malos presagios. Tened fe. El general ha vuelto.
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Hay una España que cree estar viviendo días de gloria. La verdad es que no sé en qué país viven. Pero a mí, en lo personal, me alegra que las personas sean felices. Yo nací con la sonrisa puesta y tiendo a ser alegre y bromista. No obstante, también tengo desde niño una parte taciturna, pues el mundo no permite que las almas expansionistas nos manejemos energéticos y dichosos. Estos dos rasgos de mi carácter darían para que un psicoanalista argentino cribara mis escritos, pero sería una pérdida de tiempo para todo el mundo. Vamos a lo que nos ocupa. Hoy vengo a hablaros de la España triste que lamenta la renovación de Vinícius, el crisol de fichajes de primer nivel que Florentino Pérez nos está brindando y, cómo no, la vuelta de José Mourinho a Valdebebas.
Los profesores de literatura olvidan con mala intención explicar que don Antonio Machado tenía un hermano llamado Manuel. ¿Por qué lo hacen? ¿Por sectarismo? No, por falta de criterio y lecturas. En su mayoría, la gente no lee, menos aún poesía. Para muchos Machado es el letrista de Serrat. Como mucho, los más avezados saben del mítico Antonio. Pero no pidamos peras al olmo cuando altos cargos de nuestra administración confunden a Machado con Fray Luis de León en supuestas biografías de resistencia.
Decía que hay una España grotesca que odia al Madrid. Es esa España envidiosa que porfía en su odio por toda institución que trasciende nuestras fronteras. Son tan tercos que lo mismo odian a Enrique Bunbury que a Florentino Pérez. Para ellos, todo profesional que destaca internacionalmente es sospechoso. Es una España eterna que funciona como el Lado Oscuro en Star Wars.
Digámoslo desde ya: la mayoría de los aficionados españoles del Atlético de Madrid y del Fútbol Club Barcelona pertenecen al Lado Oscuro. Muchos de ellos conforman este grupúsculo sin enterarse de nada, son tontos útiles. En definitiva, son legionarios de la España cainita, la España antieleusina, la España fea y hortera, esa España que arrastra y atrasa, la misma que es profundamente antimadridista. Algunos forman parte de ella porque se aburren. Otros, en su mayoría, por hacer el caldo gordo. Y una parte significativa es esa España que nació perdedora y morirá perdedora. ¿Por qué? Por elección vital, pues a ganar también se aprende. Pero, como digo, hay gente que elige ser infeliz en su vida todos los días.
Anoche me enteré de la renovación de Vinícius por casualidad. Últimamente estoy centrado en cosas personales para tratar de mejorar mi futuro. Como todo hijo de vecino, de vez en cuando la vida te exige toda tu atención y has de priorizar. El fútbol, esa pasión de multitudes que enseña más de geopolítica que cualquier iluminado con canal en redes y wifi, me gusta tanto que aunque lo ignore me entero de lo fundamental. Por ejemplo, eso: la renovación de Vini hasta el 2032.
Como siempre, el club fue mesurado en el anuncio: ‘Vini Jr., renovado hasta 2032’. Se cayó Internet. Buena parte del mundo del fútbol daba por finiquitado el paso del astro brasileño por España. Se nos decía que el Arsenal quería hacer de él su jugador franquicia, y que Roc Nation, su agencia de representación, tenía un plan ambicioso. Como siempre, no faltaba el youtuber de turno que nos advertía de la inminente salida porque los números así lo decían: es decir, Vini estaría loco si renunciaba a ingentes cantidades de dinero, pues el plan de su agencia de representación le aconsejaba acometer el mercado anglosajón.
Por supuesto, los periodistas deportivos de toda la vida ya se frotaban las manos. Entre barbacoa y barbacoa, cachimba y cachimba, algunos sacaban tiempo para conectarse rápidamente y perjurar. Algunos eruditos con parabólicas, desde su retiro dorado en Roche, nos quieren seguir vendiendo la moto de que Vini es un paquete y que el bueno es uno que viene de Zimbabue. Otros, más faltones, pondrán el grito en el cielo y se seguirán mofando de la dirección deportiva del club más ganador de la historia del deporte.
Sé que es un día feliz para muchos madridistas de todo el mundo pues Vini es un jugador especial y que suscita el amor de muchas personas de buen corazón. En su día ya dije que, si Bob Dylan conociese la historia de Vini, le habría hecho una canción tan buena como Hurricane. Y no exagero, yo cuando hablo de música o del Madrid nunca exagero. La Historia ya tiene reservado un apéndice para el astro brasileño. Sí, esa misma Historia que jamás absolverá a todo aquel que haya vilipendiado Vinícius José Paixão de Oliveira.
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Buenos días, galernautas. Para un madridista, solamente son posibles en estas fechas dos fuentes de escozor. Una de ellas es la producida por una imprudente y excesiva exposición al sol, que redunda en quemaduras en hombro, espalda o cualquier parte de la anatomía que se haya dejado descubierta a Helios. La otra puede ser el roce excesivo, combinado con calor, del pie con el calzado, produciéndose ampollas que deben ser tratadas con diligencia y premura. No hay más. Dado que la alta temperatura está siempre de por medio, el instinto nos dice que es buena idea aliviar la quemazón con agua fría, ya sea mediante un baño, una ducha o, incluso, un manguerazo.
El referido remojón con agua dulce forma parte también del ritual marinero tras un día de navegación. Todo propietario de una embarcación recreativa sabe que, llegado a puerto, es imprescindible endulzar el buque para prevenir el depósito del salitre, preservar bien el gelcoat que compone la cubierta y casco, alargar la vida de todos los elementos expuestos al rigor marino y prevenir la ósmosis, siempre estructuralmente peligrosa. Rodri, gran jugador, parece marinero de vieja escuela, no en vano endulza con fruición el casco de la embarcación en la que se solaza según nos muestra Marca en su portada. Del titular, en un ejercicio de misericordia, no opinaremos. El becario sudamericano ha llegado tocado a la redacción tras una noche larga y, como se diría en Perú, ha amanecido con los muñecos.
As nos cuenta que comienza el trabajo de Bernardo Silva, jugadorazo que nos ha hecho daño en el pasado y que esperamos mantenga su colmillo y capacidad de trabajo en su periplo madridista.
La prensa cataculé se divide. Uno de sus borricos del apocalipsis nos cuenta que el Barcelona ha cometido otro delito más, en este caso, retención ilegal. "Rodri, atado". La relación de esta prensa con la verdad es lo que ahora se llamaría tóxica, pues en la instantánea de su baldeo de barco de Marca podemos ver al jugador libre y sin grilletes a la vista, pero qué sabremos nosotros.
El Mundo Deportivo, diario del Conde de Godó, Grande de España, nos relata que Araujo se va al Liverpool. Pedazo de central el uruguayo. Es comprensible que quiera marcharse del club cliente de Negreira, capaz de todas las tropelías que conocemos y que, ahora, quiere intentar atar a un jugador cuyo traspaso y sueldo no puede pagar. Buena suerte en los márgenes del Mersey, Ronald.
Pasad un excelente día y comprad compeed o apósitos análogos para las ampollas.
En el mundo de los negocios y el sector inmobiliario existe una máxima universal que resume las tres claves insustituibles para garantizar el éxito de cualquier proyecto: Location, location, location. En el fútbol de élite del siglo XXI, el Real Madrid de Florentino Pérez y su equipo directivo han decodificado el escenario global para imponer su propio principio rector: Rotation, rotation, rotation.
Sin embargo, cada verano y en cada mercado invernal, la prensa tradicional y el murmullo incesante de la comunidad digital madridista caen en la misma trampa. Se escudriña cada alta y cada baja con una fijación casi obsesiva por el llamado “once tipo”, trazando alineaciones ideales de once cromos estelares como si el equipo fuera a jugar noventa minutos semanales contra el todopoderoso Paris Saint-Germain en una simulación virtual de vida infinita. En Valdebebas han comprendido algo que a la tertulia de portada se le escapa: el fútbol de clubes ha cambiado de era y quien no adapte su plantilla a la rotación estratégica está condenado al colapso.
La primera razón de esta transformación es económica y estructural. El Real Madrid convive hoy con la irrupción desmedida de los clubes-Estado impulsados por petrodólares y con el dominio financiero absoluto de una Premier League que engulle la mayor porción del talento global. Ante competidores con chequeras ilimitadas y sueldos fuera de mercado, pretender ganar la batalla únicamente a base de acumular titulares fijos no solo es insostenible, sino estratégicamente torpe.
La planificación deportiva del Real Madrid no se juzga en el pico de forma de noviembre ni en los debates encendidos de las redes sociales. El único indicador real de éxito es llegar a la primavera vivos en todas las competiciones
La segunda razón es una certeza biológica: el calendario moderno es una implacable picadora de carne. Con apenas dos o tres semanas de descanso al año y compromisos cada cuatro o cinco días, la exigencia roza lo deshumano. Ligas, Champions League, Copas, Supercopas y el voraz Mundial de Clubes se solapan con las benditas ventanas internacionales de selecciones —Eurocopas, Mundiales, Nations League y amistosos diseñados para que las federaciones puedan trincar su tajada—. Pretender que once hombres soporten semejante desgaste sin romper el motor es una utopía infantil.
En este escenario, las lesiones ya no son accidentes infortunados, sino una constante matemática. El Real Madrid lo ha sufrido mucho en las ultimas temporadas. La única medicina preventiva es contar con al menos dos futbolistas de máximo nivel por posición, mucha versatilidad y flexibilidad en los planteamientos tácticos y un cuerpo técnico capaz de transmitir el mensaje sin fisuras desde la jornada 1.
Tampoco funciona la otrora estrategia de Zidanes y Pavones, ni el equipo B. Se requiere versatilidad, estrategia, análisis.
Aquí es donde cobra sentido la figura de un entrenador como José Mourinho en la gestión de dinámicas hipercompetitivas. El vestuario debe asimilar por la vía rápida que la alineación para visitar al Deportivo La Coruña —con todo el respeto para los gallegos en su regreso a la primera categoría— no puede ni debe ser la misma que la empleada contra el Arsenal en unos cuartos de final de Champions League. Pero tampoco se puede pretender jugar contra el Albacete en Copa del Rey con puros suplentes sin ritmo competitivo.
Y aquí también entra la inteligencia emocional de Mourinho, pues controlar los egos exige convencer a la super estrella mundial de que la suplencia en un partido de trámite no es un castigo ni una degradación, sino la inversión necesaria para llegar volando al tramo decisivo del curso. El estrellato individual nunca puede estar por encima del logro común. Si el equipo trasciende y levanta trofeos en mayo, el reconocimiento y los récords personales llegarán por añadidura.
Si analizamos la configuración de la plantilla, la banda derecha representa el mejor ejemplo de este diseño coral. Por un lado, la eventual coincidencia de perfiles como Trent Alexander-Arnold, Denzel Dumfries o el joven Yan Diomandé ofrece un despliegue de poderío físico, velocidad y vértigo absoluto; tres verdaderas máquinas sobre el carril.
controlar los egos exige convencer a la super estrella mundial de que la suplencia en un partido de trámite no es un castigo ni una degradación, sino la inversión necesaria para llegar volando al tramo decisivo del curso. El estrellato individual nunca puede estar por encima del logro común
Pero la rotación estratégica va mucho más allá de acumular potencia. La verdadera riqueza táctica aparece cuando a esos tres «aviones» les sumas la alternativa de futbolistas con un perfil radicalmente distinto, del corte de Bernardo Silva o Rodrygo. Jugadores capaces de recostarse en ese mismo costado para hacer daño desde la astucia, la paciencia y el fútbol para cerebros: pase filtrado, desmarque, pausa y mucha lectura táctica. No todos los partidos requieren 90 minutos de ida y vuelta ni todas las defensas se descifran con fuerza bruta. Para aquellos choques que sí exijan vértigo, los portentos físicos llegarán al 100% de ritmo mental y corporal; para los partidos de bisturí y ajedrez, los talentos asociativos estarán frescos para marcar la diferencia.
La planificación deportiva del Real Madrid no se juzga en el pico de forma de noviembre ni en los debates encendidos de las redes sociales. El único indicador real de éxito es llegar a la primavera vivos en todas las competiciones. Mientras el entorno mediático sigue debatiendo sobre un once 'único' e inmutable, el Madrid responde con la máxima que rige el fútbol moderno: Rotation, rotation, rotation! Solo así se conquistan los títulos cuando llega mayo.
Confío plenamente en el criterio deportivo de mi equipo, y espero muy ansioso y excitado el inicio de la nueva temporada.
¡Hala Madrid!
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En el universo de Eduardo Sacheri —donde «El secreto de sus ojos» indaga verdades imposibles y cuentos como «Esperándolo a Tito» o «La vida que pensamos» elevan el gol a «explosión de júbilo o de dolor»— irrumpe «El aguafiestas del gol». Así titula su luminoso artículo publicado en Revista Seúl durante el Mundial: una denuncia precisa de que el VAR «tritura la espontaneidad del momento clave», impone «duda y reconstrucción mental» y persigue la utopía de una justicia que solo oculta «las mismas miserias de siempre en un conciliábulo invisible». Coincido por completo. Añadiré solo una herejía: sin esa catarsis inmediata, el fútbol se vuelve un juicio eterno sin Obelisco posible, el Var una máquina de frustraciones, aunque uno sueñe, como Fontanarrosa, con resolverlo todo de un misil certero.
Esa es la naturaleza del VAR en abstracto. La herramienta que llega para interrumpir la celebración espontánea, para convertir el grito en una pregunta y temor, para transformar el hecho en hipótesis. Sacheri lo vio con exactitud: un conciliábulo invisible que promete pureza y, en el fondo, solo reordena las mismas miserias de siempre.
Pero aquí no hablamos del VAR en general.
Hablamos del VAR que opera dentro del código legado del «Negreira Office».
Porque una cosa es la tecnología —esa promesa de pureza que llegó cargada de expectativas— y otra muy distinta el sistema que la administra: un andamiaje susceptible de corrupción, donde la herramienta más transparente puede convertirse, sin esfuerzo, en el disfraz más opaco.
el Real Madrid encabeza, con distancia escandalosa, la lista de goles anulados. Treinta y siete (37), treinta y nueve (39) según el corte temporal que se elija: casi el doble que el segundo clasificado y más del doble que el Barcelona
El VAR, en su concepción pura, se vende como herramienta de corrección. El VAR español, sin embargo, se ha convertido en algo más: un medio de control selectivo del campeonato, un dispensario de beneficios a cambio de lealtades. Materialmente, una sala oscura donde la herencia institucional decide qué errores son «claros y evidentes» y cuáles no. El conciliábulo invisible del que hablaba Sacheri aquí tiene nombre, apellido y «path dependence». Ya no hacen falta cheques ni facturas opacas. Basta la sala VOR, las imágenes ralentizadas hasta el ridículo y la autoridad discrecional de quienes, lejos del estruendo de la grada, deciden qué goles y faltas merecen existir y cuáles deben borrarse del relato.
La temporada 2025-26 trajo números que no ofrecen metáfora fácil. Once intervenciones del VAR terminaron en contra del Real Madrid. La misma cifra que registró el Barcelona. La simetría se rompe en cuanto se mide el daño: esas once revisiones costaron cinco puntos a los blancos y apenas uno a los azulgranas.
Dos de ellas bastaron para alterar el sentido de sendos partidos. Al final de la Liga, la diferencia de ocho puntos entre Barcelona (94) y Real Madrid (86) se habría reducido a tres. El Madrid habría terminado con 91 puntos.
La sala VOR no está habitada por extraterrestres. Está integrada, en buena medida, por los mismos hombres que crecieron, se formaron y ascendieron durante los veinticuatro años en que José María Enríquez Negreira fue el número dos del Comité Técnico de Árbitros. Los «Negreira boys»
En Montilivi, un gol de Mbappé fue anulado por un contacto mínimo de mano —un roce casi invisible a velocidad real— que solo el zoom extremo y los frames ralentizados del monitor convirtieron en evidencia. El empate se mantuvo donde hubiera nacido una victoria. En El Sadar, el VAR avisó de un penalti de Courtois sobre Budimir (inicialmente interpretado como simulación) y validó, además, un tanto de Raúl García que el juez de línea había anulado por fuera de juego. Osasuna ganó 2-1 un partido que, sin la intervención de la sala, hubiera terminado 0-1 a favor de los visitantes. Dos llamadas, cinco puntos, y la misma lógica de siempre: el conciliábulo decide qué centímetro merece existir y cuál debe borrarse.
No se trata de reclamar lo que no se marcó. Se trata de observar la firma. El mismo protocolo que se activa con milimétrica precisión para invalidar un tanto merengue permanece en silencio ante situaciones de geometría idéntica cuando el beneficiario es otro. Manos involuntarias que anulan goles dentro y fuera del Bernabéu y manos equivalentes que se permiten en Vitoria. Agarrones revisados con lupa en un área y agarrones que el monitor no alcanza a ver en la otra. Fuera de juego de centímetros que borran dianas y fuera de juego idénticos que el VAR decide, con exquisita discreción, no revisar. Es como si el sistema tuviera dos manuales de instrucciones: uno para unos y otro para los demás. Un código legado que se actualiza sin perder funcionalidad.
Desde que la «tecnología» entró en LaLiga, el Real Madrid encabeza, con distancia escandalosa, la lista de goles anulados. Treinta y siete (37), treinta y nueve (39) según el corte temporal que se elija: casi el doble que el segundo clasificado y más del doble que el Barcelona. Una cifra que no se explica solo por el volumen ofensivo. El Barcelona, con un número comparable de ocasiones, acumula menos de la mitad. La estadística no grita conspiración; simplemente se niega a callar. Y, cuando una estadística se niega a callar durante años, deja de ser anécdota y empieza a parecer arquitectura.
Pero hay algo más demostrativo todavía. La sala VOR no está habitada por extraterrestres. Está integrada, en buena medida, por los mismos hombres que crecieron, se formaron y ascendieron durante los veinticuatro años en que José María Enríquez Negreira fue el número dos del Comité Técnico de Árbitros. Los «Negreira boys». Una generación de colegiados educada en una cultura de lealtades, de silencios calculados, beneficios invisibles y de criterios interiorizados. Path dependence pura: el sistema no se reinicia con un relevo; se hereda. Y a esa generación el VAR les ha llegado como anillo al dedo. Porque lo que antes se resolvía con una mirada, un gesto o una conversación de pasillo, ahora se resuelve con la autoridad del dueño de la imagen. El conciábulo ha cambiado de escenario: de la cafetería de la federación o los almuerzos en restaurantes en la previa a la sala oscura con monitores y auriculares. Mismo poder, mejor disfraz con ropaje tecnológico.
Aquí entra el otro engranaje del «Negreira Office». Las imágenes que llegan a la sala VOR no nacen de la nada. Todas las cámaras envían su señal a la vez a la realización y a la sala. Quien decide qué se muestra y qué se analiza con lupa son los responsables de esa misma sala.
Pero la infraestructura que hace posible la señal ha estado años en manos de Mediapro, fundada por Jaume Roures y dirigida largo tiempo por Tatxo Benet: el mismo que formó parte del consejo de Bridgeburg Invest (Barça Studios) y del entorno que justificó los pagos a Negreira como «búsqueda de neutralidad».
Llámelo conflicto de intereses o coincidencia. El mismo ecosistema que ha convertido el audiovisual en una de las palancas más opacas del fútbol español. Llámelo como quiera: conflicto de intereses, o simplemente la forma moderna de que el sistema controla no solo quién pita, sino qué se ve cuando se pita.
Se promueve una tecnología que promete pureza … y resulta que la pureza se administra con el mismo criterio con el que se administraban los pagos a Negreira. Como aquellas sinecuras de Néstor Luján: cargos bien pagados donde el trabajo real parece opcional. Solo que aquí el cargo es invisible, el sueldo es poder y el trabajo consiste, a veces, en mirar hacia otro lado con profesionalidad exquisita. Un confesionario tecnológico donde algunas culpas se absuelven con generosidad y otras se castigan hasta el último centímetro de fuera de juego. El conciliábulo invisible del que hablaba Sacheri no ha desaparecido: simplemente se ha modernizado. Las mismas miserias de siempre, ahora con auriculares, zoom y pretensión de neutralidad. Y, lo más revelador, al servicio de unos y no de otros.
Es un poco la versión futbolística de aquella frase de «estaban ahí, sin afán patrimonial de uso ni destino». Aquí la justicia tampoco tiene afán, ni uso claro, ni destino previsible. Se aplica o no se aplica según el día, el equipo y la luz tenue de la sala. Una pureza sin dueño aparente… pero con beneficiarios muy concretos.
El fútbol, que siempre fue un juego de pecadores sutiles, ha encontrado en el videoarbitraje su más refinada herramienta de control. El grito sigue cortándose a mitad de frase. Solo que ahora, cuando vuelve a nacer —si es que vuelve—, ya no suena igual. Suena a algo que ha sido permitido.
Y lo que ha sido permitido, en este sistema, rara vez es inocente. Porque el «Negreira Office» no se ha ido. Permítanme ser reiterativa en esto. Simplemente ha cambiado de habitación. Ha refactorizado el código. Ha pasado de los cheques y los cajeros automáticos a los monitores, de las facturas a las cámaras, de las conversaciones de pasillo a la sala VOR. Y la nueva habitación tiene luz tenue, auriculares y una ventaja decisiva: casi nadie puede ver quién está realmente al otro lado de la pantalla.
Y mientras tanto, el mandato dual de Javier Tebas —presidente de LaLiga y, al mismo tiempo, pieza clave del ecosistema que sostiene este andamiaje— permanece intacto, protegido por el silencio cómplice de casi todos los clubes. Un silencio que no es neutral: es estructural. Porque señalar el conciliábulo obliga a mirar también a quienes lo permiten, a quienes lo financian con sus derechos audiovisuales y a quienes prefieren no molestar al inquilino de la sala oscura.
Lo deseable sería sencillo: luz. Un Var minimalista. Protocolos claros y públicos, audios completos, rotación real de los ocupantes de la sala, independencia efectiva de quien produce la señal. Sanciones a los conflictos de interés. Que el conciliábulo deje de ser invisible y pueda ser auditado.
Hasta que eso ocurra, se seguirá administrando el aparato a oscuras. Los goles serán los que se permitan. Y el fútbol español, cada vez más, un juicio eterno sin catarsis ni justicia posible.
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Lluvia tamborileando contra los cristales. Viento. Truenos lejanos amortiguados. Un violín suma varias notas sostenidas al ambiente de misterio.
Una puerta se abre lentamente, chirriando sobre sus goznes. Se oyen pasos crujiendo contra un suelo de madera.
—Amigos…amigas…amigues… ¿Has sentido alguna vez una presencia en tu habitación, una silueta recortada a los pies de tu cama o una figura familiar, ya fallecida, escudriñándote entre el sueño y la vigilia? ¿Has escuchado ruidos inexplicables, visto luces que parpadean, escuchado susurros o puertas que se abren solas a tu paso? Hoy, en Madridistas en la Noche, vamos a hablar de lo paranormal, de todos aquellos sucesos que están ahí, a nuestro lado, y que nos intimidan. Soy Querubín Consuegra, tu amigo en la noche. Ven, déjate llevar, súbete la sábana hasta el embozo y deja que el escalofrío de la radio te recorra el cuerpo.
Suena una caja de música desafinada. Un potente trueno retumba en la emisora y todo queda en silencio.
…
—¿Conviven con nosotros seres de otros planetas? ¿Hay espíritus que vagan a nuestro lado, dando forma a nuestro devenir? ¿Existen personas capaces de predecir el futuro, de ver más allá de lo que alcanzan nuestros ojos? Esta noche te daremos todas las respuestas. Nos acompaña uno de los mayores expertos europeos en parapsicología. Autor de La Nave Descarriada, El Otro Lado del Otro Lado y de su último éxito, Predicciones Desnudas, escrita en pleno desierto de Los Monegros. Apariciones, telepatía, psicofonías, videncias. ¿Cómo surgió su amor por lo paranormal, señor Álvarez?
—De niño, en el colegio. Mi madre me preparaba un bocadillo, lo envolvía en papel de estraza y lo metía en la mochila. Fue entonces cuando descubrí que tenía un don. No necesitaba abrir el bocadillo para saber lo que llevaba dentro. El chorizo de Pamplona fue, posiblemente, mi primera experiencia con el otro lado. Con el más allá.
—José Álvarez Haya, valenciano, exjugador de fútbol, reportero y experto en parapsicología. Bienvenido a nuestra casa. Es un placer tenerle con nosotros.
—El placer es mío. Siempre he seguido con atención este magnífico programa.
—¿Podemos decir que esos bocadillos de chorizo de Pamplona, además de alimentar sus recreos, le abrieron las puertas de lo paranormal?
—Sí y no. El queso, el queso manchego con membrillo, también marcó mi devenir. Había días en los que, sin abrir la mochila, solo con sostenerla en la mano, ya visualizaba su contenido. Al principio me asusté. Entiéndame, era un niño con un poder desconocido.
—Hablemos, si no le parece mal, de su último libro: Predicciones Desnudas. ¿Es cierto que se fue solo, con una tienda de campaña, agua, varios cuadernos y un par de bolígrafos, al desierto de Los Monegros?
—Totalmente cierto, necesitaba desconectar para conectar. Mi yo dejó de ser mi yo, muté en un ente sin cuerpo. Allí, en la naturaleza, rodeado de estrellas y constelaciones, me dejé llevar, me sumergí en el infinito. Era un vidente y el mundo entero era mi espacio. Iba y venía. Subía, me teletransportaba por el mundo. Pasé por Katmandú, Getafe, Venta de Baños y acabé en Le Lapin Agile. Luego volvía, mi yo regresaba al cuerpo, me desdoblaba, si es que eso es posible, y escribía sin pensar conscientemente. Es lo que, dentro del ámbito de lo paranormal o del espiritismo, denominamos escritura automática, una manifestación del subconsciente.
—¿Había escrito alguno de sus otros libros siguiendo esta misma táctica?
—No, nunca. Mi única experiencia fueron algunos exámenes, especialmente los de matemáticas y lengua. Ahí me dejaba llevar. Veía los números y las formas verbales desde arriba, prácticamente desde el techo del aula, como si fuese un globo. Cuando volvía al pupitre, plasmaba los resultados liberando mi imaginación. Escribía y no escribía. Mezclaba raíces cuadradas con pretéritos imperfectos.
—¿Le ayudó en su formación?
—No, ni mi profesor ni la escuela estaban preparados para interpretar aquellos exámenes. Suspendí un montón de asignaturas. Llegué a renegar de mis poderes.
—¿Cómo se renuncia a algo así, a algo tan íntimo?
—Intenté no pensar en ello. Dejé que el río de mi vida no tuviese remansos. Me metí en una espiral de vicio de la que prefiero no hablar. Hacía rafting vital: descendía por las aguas bravas en una pequeña balsa. Sorteaba piedras, cascadas, remolinos. Me sentía solo, nadie comprendía mi actitud. Hasta que él se cruzó en mi camino.
—¿Quién fue él?
—Negreira. José María Enríquez Negreira. Él lo cambió todo.
—¿El vicepresidente de los árbitros?
-El mismo. Jamás he escondido el amor que siento por el Barcelona. Me hicieron una prueba para su cantera y ahí lo conocí. No hizo falta decir nada. Los videntes tenemos un sexto sentido, incluso un séptimo. Ves a alguien e, inmediatamente, sabes que es de los tuyos. Esa experiencia me marcó, sus poderes me eclipsaron. Nunca había visto nada igual.
—¿En qué sentido?
—En todos. Mi vida dio un giro completo. Me enseñó a leer los posos del café, runas, quiromancia, a interpretar huesos de cabra, a manejar el tarot, los arcanos. Nunca fallaba. Sus predicciones ponían los pelos de punta. Decía: “Mañana va a perder el Madrid”. Y perdía. “Mañana le van a pitar dos penaltis en contra”. Y se los pitaban. Mire mis brazos, todavía se me ponen los pelos de punta. Fue mi mentor. Se lo debo todo.
—Volvamos a Los Monegros. ¿Cómo consiguió que sus predicciones fuesen tan exactas?
—Gracias al ayuno, estuve diecinueve días sin comer.
—¿Pasó más de dos semanas ayunando?
—Sí, y en pelotas. Hay que purgar el cuerpo para purgar el espíritu. La segunda semana, una noche en la que Venus brillaba con fuerza inusitada, me elevé y me dejé llevar. Pasé por Valdepeñas, Asteasu y Sabadell. Cuando me di cuenta, estaba encima de La Masía, sobre el campo Johan Cruyff. Me invadía una paz absoluta. Y, de repente, caí. Notaba el viento, la velocidad, el césped del estadio acercándose. Grité. Un segundo antes de estrellarme, lo vi todo claro. El cielo se iluminó, el campo se desvaneció y me encontré de pie, aterido, a diez metros de la tienda de campaña. Corrí hacia ella, cogí un bolígrafo, dejé que la escritura automática se apoderase de mi cuerpo y allí, mágicamente, sobre la blancura del papel, aparecieron unos trazos y, después, cuatro nombres. Uno detrás de otro.
—¿Cuatro nombres?
—Sí.
—Increíble, llevo muchos años en la radio y he visto muy pocas experiencias como esta. Señor Álvarez…
—Dígame.
—¿Le importa si abrimos las líneas a nuestros oyentes?
—Lo estoy deseando.
—Nos llama Eugenia, desde Talavera. Buenas noches, Eugenia, pregunte lo que desee.
—Señor Álvarez.
—Dígame, señora.
—A ver, cómo se lo diría, nada más lejos de mi intención que dudar de sus poderes, pero en Predicciones desnudas, en el capítulo 2, afirma que estos cuatro nombres jugarían en el Barcelona. ¿No ha fichado ya el Real Madrid a todos y cada uno de estos jugadores?
—Sí, en el plano terrenal. No, en el plano astral. He de confesar, señora Eugenia, que igual no viajé exactamente a La Masía. En algunas ocasiones, la percepción extrasensorial va por un camino y la vida real, lo palpable, va por otro. Entiéndame, uno está ahí, a cientos de metros sobre el suelo y a veces comete pequeños errores de apreciación. El norte puede ser el sur y el sur, el norte. Ya sabe, el infinito no atiende a coordenadas humanas. ¿Y si en lugar de estar en La Masía, me encontraba sobrevolando Valdebebas? ¿Ha visto alguna vez que el universo tenga catastro?
—Ya.
—¿Qué quiere decir con “ya”?
—Pues eso, que ya.
—Concrete, señora Eugenia, no deje a nuestro invitado con la duda. ¿Su ya es un ya escéptico, de no me creo ni una palabra, o un ya afirmativo, de entiendo lo que me dice y sigo la conversación?
—Pues ni fu ni fa, un poco una mezcla de los dos. Es que yo también soy del Barça, me había hecho ilusiones y claro, ahora, mucho viaje astral, mucho libro y mucha leche, pero todos en el Madrid. En fin, buenas noches.
—Buenas noches, querida amiga. Vuelve cuando quieras.
Suena Tubular Bells de Mike Oldfield.
-Nos llama Antxon, desde Asteasu. Hola, Antxon, te escuchamos.
—Oye, Querubín, esto… gauza bat, me estoy mordiendo lengua. Al hombre este, al viajante, a la primera lo he pillado. No tiene palabra, es mentiroso. Hay que ir con verdad por delante.
—Oiga, no le permito que me llame mentiroso.
—Se lo llamo, bai, y vago, también le llamo vago. Seguro que viene aquí, a la arradio, para luego ir a la isla de tentaciones, esa de chavalas con buenos parachoques. A ver, esan, ¿cuándo ha pasado usted por Asteasu?
—Explíquese, señor Antxon, el señor Álvarez es un invitado de nuestro programa y su tono no es el más adecuado.
—Vamos a ver, yo vivo en la falda del Ernio, a ochocientos metros. Entre las ovejas, las vacas y la huerta me paso el día en el caserío, al aire libre. Y todas las tardes, después de echar mus con cuadrilla, cojo al txakurra y aurrera, a la cima. Por allí, a más de mil metros, que tengo yo aquello controlado como si fuera el salón de mi casa, no ha pasado ni Dios. A mí no me engaña un mangarrián.
—Igual, querido oyente, y el señor Álvarez me corregirá si estoy equivocado, hay un pequeño error de concepto. Lo que sobrevoló Asteasu no fue el cuerpo de mi invitado, fue su yo astral. Por decirlo de otra manera, su espíritu. Un ente no visible.
—Ez, ez, a mí no me tomas el pelo. O pasas o no pasas, como en el Mus. A mí me dices que has ido por Hernani, Rentería o Peñas de Aia, y vale, chitón, pero por Asteasu, no, ezta pentsatu ere!Por culo hartzera! Gabon.
Se oye un golpe y se corta la línea.
—Lamento el malentendido, señor Álvarez, a veces lo paranormal, lo inexplicable, nos hace recelar. Somos humanos. Le pido mil disculpas.
—No hay por qué.
—Le quiero dar las gracias por su amabilidad, su tiempo y su paciencia. Buenas noches.
—Buenas noches.
—Y a ustedes, queridos oyentes, les espero la semana próxima. Ya saben, somos… Madridistas… Clank, clonk, clank, psssssss… ¿Quién ha apagado la luz? ¿Hola? ¿Redacción?
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Buenos días, amigos. Como dice la portada de As, ayer se vivió un día loco en el mercado de fichajes, con lo que la mayoría de madridistas (aunque no todos) calificarán de dos buenas noticias y con lo que otra mayoría o casi la misma calificará de chasco importante.
Las dos grandes noticias y el chasco se alternaron, casi como si Dios nos hubiera dado a elegir el camino más llevadero en la comunicación de las nuevas.
Vamos en orden cronológico. La primera noticia que se hizo pública fue la contratación de Yan Diomande. El joven jugador costamarfileño fue una de las sensaciones de la Bundesliga el año pasado, jugando en el Leipzig, así como en el propio Mundial vistiendo la camiseta de su país. Es un jugador sensacional y estamos de enhorabuena.
—¿Es un jugador de 130 millones?
El tiempo lo dirá. La cifra es una locura, pero no es en todo caso el Real Madrid, sino el mercado, el que se ha vuelto loco. Mirad las cifras que está pagando la Premier por jugadores normalito y saldréis de dudas al respecto.
Con toda la mala leche del mundo y un poco más, como corresponde a su tebiana y riquelmista (valga la redundancia) línea editorial, Marca apunta en su torticera portada al hecho de que el jugador “se marchó del Leipzig por tan solo 20” millones. Ya sabéis que el Madrid siempre mal. Todo mal. Si ficha una gran estrella pagando mucho dinero, mal porque tenía que haberla fichado por menos cuando aún no era una estrella. Si ficha por 20 a uno que aún no es estrella pero apunta a serlo (Espí), mal por precipitarse, dado que el jugador aún no tiene un gran bagaje detrás.
Siempre mal.
En cualquier caso, todo lo que necesitáis saber sobre Diomande os lo cuenta hoy en La Galerna Alberto Cosín. Leedlo y disfrutad.
La segunda cosa que sucedió ayer es la que tiene a la prensa cataculé dando los saltos de alegría que veréis a continuación, así como a parte de las redes sociales afines al Real Madrid clamando por la pronta deportación de Florentino, JAS y quien proceda. En efecto. El club cliente de Negreira interpuso una oferta para Rodri, que ya estaba semiapalabrado con el club blanco, y movió al jugador a dar marcha atrás en la palabra dada.
Festejos en el entorno Can Barça, como veis, e inocultable decepción en la mayoría de aficionados vikingos, que ya soñaban con ver en su filas a quien fue designado mejor jugador de la última Copa del Mundo. La decepción es tan fuerte en algunos que se ha tornado en ira, pero la ira no siempre está dirigida en la dirección correcta. Cualquier otra afición del mundo, tras la traición a la palabra dada, habría manifestado su cólera contra el futbolista. La afición del Madrid es muy suya y, en cambio, por lo que se ve en las redes, está encabronada con la gerencia de Valdebebas, acusada de “parsimonia” en la gestión del fichaje.
Lo cierto es que un periodista tan poco afín al Madrid como Antón Meana, de la Cadena Ser, afirmaba ayer, haciéndose eco del representante de Rodri, que la oferta del Madrid había sido magnífica y muy seria, pero que el jugador, sencillamente, se retractaba al entrar en escena el club cliente de Negreira, que le gusta más.
El asunto traerá inevitable cola. Veremos si Laporta es en efecto capaz de hacerse con los servicios del excelente centrocampista.
Y falta el último acontecimiento del día de ayer, que es el que aparece a la derecha del todo en el “día de locos” de As, es decir, la renovación de Vini Jr.
Fue lo último en anunciarse, pero no necesariamente lo menos importante. Cuando ya muchos habían arrojado la toalla, cuando ya le pintaban con la camiseta del Arsenal, Vini y sus representantes bajaron sus pretensiones, el Madrid subió la oferta, y el proverbial punto de encuentro al que se aspira en cualquier negociación constructiva se encontró. Seis años más de Vini. En esto, como en casi nada, tampoco hay consenso, pero en La Galerna celebramos la noticia como pocas otras, con alegría y alivio, que no siempre coinciden.
La marcha de Vini habría supuesto un trauma, por la sencilla razón de que no hay otro Vini, y también un éxito del antimadridismo sañudo (y a veces racista) que desde hace ocho años hace todo lo posible por ponerle en la frontera a base de hacer su vida imposible. Esta pretensión, como sabéis, llena los campos de España de masas que le insultan, en un bullying sin precedentes en la historia del deporte, por no hablar de las incesantes patadas no sancionadas adecuadamente con las que lidia partido tras partido. Nada de esto le esperaba en la Premier, donde muy presumiblemente habría encontrado un escenario idílico para el desarrollo de su juego, y quién sabe si hasta un camino de baldosas amarillas hacia el Balón de Oro.
Aún así, Vini ha decidido seguir con nosotros. Hay que valorarlo y agradecerlo. Ahora corresponde a Mourinho el ajuste de las piezas de ataque blanco, que en gran medida siguen sin ensamblar dos años después y a las que ahora, para hacer más difícil el puzzle, se une Diomande. Bendito dolor de cabeza para Mou.
En fin. Recordaremos aquel 6 de agosto.
Pasad un buen día.