Carta a la ciudadanía
El Fútbol Club Barcelona y yo hemos tenido conocimiento hoy mismo, a través de los medios de comunicación, de la retirada de la imputación de cohecho al club y a mí mismo, pero del mantenimiento como investigados por los delitos de corrupción deportiva, administración desleal y falsedad documental. Esta decisión se anuncia solo cinco días antes de que se celebre la final de la Champions, y cuatro días antes del anuncio del fichaje de Mbappé por el Real Madrid, lo cual resulta extraño. Habitualmente, se ha seguido la regla no escrita de no dictar resoluciones judiciales susceptibles de condicionar el desarrollo normal de confección de una plantilla y, por tanto, el deseo de los jugadores de elegir un club que es “mès que un club”. En este caso, resulta evidente que esta práctica no se ha respetado. Dejo al lector extraer sus propias conclusiones.
Quisiera trasladarle que ambos estamos absolutamente tranquilos. Es más, yo estoy tri-tranquilo. No hay nada detrás de esta acusación, sólo un zafio montaje impulsado por el madridismo sociológico y por el propio Real Madrid, que ha jugado muy sucio con nosotros. Con todo, hay una lectura política y deportiva que me veo en la obligación de compartir con usted.
Como ya recordará, en mi anterior carta a los “socis” denuncié la deriva de una coalición reaccionaria capitaneada por el Sr. Florentino Pérez y el juez Aguirre -o por el juez Aguirre y el Sr. Pérez, tanto monta, monta tanto-, para usar todos los medios a su alcance con el fin de quebrarme a mí y al club en el plano deportivo y personal. Su objetivo es que el club renuncie a competir, que dimita de cualquier campeonato. Incluso, como supimos ayer, tratar de forzar mi salida de la Presidencia del “mès que un Club” con todos los medios a su alcance, incluida la Central Lechera, mediante una alianza contra natura. Todo les vale.
Lo que lograron en los terrenos de juego, como alguna Champions que otra, pretenden alcanzarlo de manera espuria: el Real Madrid es el club más favorecido por los árbitros. Todo el mundo lo sabe, y por eso, no nos quedó más remedio que pagar 7,6 millones al vicepresidente de los árbitros para garantizar su neutralidad. También sabía que, conforme aumentara la frustración y la impotencia de esta coalición reaccionaria por no lograr un sextete, el ritmo de la máquina del fango no iba a parar, sino a acelerarse. Ante esta certeza, canapé mediante, me pregunté si merecía la pena o no continuar en el ejercicio de mis responsabilidades.
Quiero decirle que mi decisión de continuar al frente de la Presidencia del Club es más firme que nunca. Que la tarea que tiene esta junta directiva es “mès” necesaria que nunca.
Nuestro horizonte permanece inalterable: consolidar la pujanza del crecimiento económico del club y la creación de una nueva plantilla (a base de palancas ficticias); redistribuir los frutos de ese crecimiento entre la directiva y los jugadores para luchar contra la mayor de las injusticias, que es la desigualdad deportiva fomentada por el Real Madrid y las instituciones siempre cómplices con el club blanco; regenerar la vida deportiva reivindicando el juego limpio por encima del fango negreiro que algunos pretenden esparcir, avanzar en derechos (de crédito) y en liberalidades (para los míos) sin dar un paso atrás; y contribuir a la paz con las instituciones, con especial atención a Tebas y Ceferin.
Estos próximos días, usted será testigo de una cuidada coreografía diseñada por la coalición ultramadridista para intentar condicionar las decisiones de las instituciones judiciales y deportivas y debilitar al Fútbol Club Barcelona. De coña, sabemos perfectamente por qué nos atacan. Ni la masa social ni yo somos ingenuos. Lo hacen porque estamos “mès” unidos que nunca, con un futuro esplendoroso por delante.
La junta directiva es trabajadora y honesta, reivindica su derecho a trabajar en la confección de una plantilla de futuro sin renunciar a ello por las responsabilidades de atender unos incómodos créditos. Derecho que yo defiendo en mi vida personal y por el que trabajo como presidente del club “mès” importante de Catalunya y el mundo para garantizar que hombres y mujeres culés tengamos las mismas oportunidades y los mismos derechos que los madridistas.
Estos días leerá y escuchará usted mucho ruido y aún más furia en tabloides digitales nacidos de la caverna mediática madridista para propagar bulos, en platós de tertulias televisivas y radiofónicas al servicio de amplificar esa desinformación, y en tribunas donde se rasgarán las vestiduras el Sr. Pérez y el Sr. Ancelotti. Todo, mentira. Un gran bulo. Uno más. En lo que respecta a mí, no le quepa duda de que no me quebrarán.
Y, dado que tratan de interferir en el resultado deportivo de las próximas temporadas, ojalá sus promotores -el Sr. Pérez y el Sr. Ancelotti-, encuentren la respuesta que merecen en los terrenos de juego: condena y rechazo a sus malas artes. Qué es eso de fichar cracks mundiales sin palancas, qué eso de ganar Champions sin estilo. Nosotros nos quedamos con la Masía (antes de que nos la embarguen los acreedores). Quedan unos días de ruido antes de que comencemos a lanzar nombres de fichajes en nuestros medios y unos pocos más antes del verano. Pero también quedan más de tres años de reconstrucción de este club histórico, de pufos y de balances ruinosos.
Atentamente, Joan Laporta.
COMUNIKADO HOFICIAL. 06/06/2024
En relación con las declaraciones realizadas el día de ayer por D. Joan Laporta, presidente del FC Barcelona, dirigidas contra nuestro club, el Real Madrid CF desea manifestar lo siguiente:
Entendemos la preocupación del Sr. Laporta en estos difíciles momentos, en los que nuestro club ha ganado la 15ª Copa de Europa mientras que el FC Barcelona ha concluido una temporada sin títulos. Por ello, queremos expresar nuestra total y sincera solidaridad con el Sr. Laporta y con todos los aficionados blaugranas.
Somos conscientes de la compleja situación económica que atraviesa el FC Barcelona y deseamos contribuir a su recuperación. El Real Madrid CF se ofrece a jugar un partido amistoso en su estadio, cediendo el 100% de los ingresos que el club obtenga. Nuestra única petición es que el encuentro no se dispute en el nuevo Camp Nou, ya que nuestro departamento de Seguridad teme por la salud de jugadores y aficionados. También, nos mostramos favorables a que el excolegiado José María Enríquez Negreira arbitre el partido, a modo de homenaje.
Asimismo, entendemos las dificultades que enfrenta el FC Barcelona para realizar fichajes. Nos ofrecemos a cederles un jugador por línea durante una temporada, sin coste alguno, siempre y cuando nuestros jugadores así lo deseen, lo cual, reconocemos, puede ser complicado.
Además, con el objetivo de hacer más competitiva la temporada 2024-2025 y según se ha sugerido desde el entorno del club catalán, proponemos modificar los criterios que determinan al ganador de La Liga. Apoyaremos que la clasificación se base en el innovador criterio de goles esperados (xG) en lugar de goles reales, un criterio anticuado y ya en desuso.
Esperamos que estas iniciativas contribuyan a estrechar los lazos entre dos clubes amigos y permitan al FC Barcelona volver a la élite del fútbol.
Por último, queremos expresar nuestro apoyo a la gestión del Sr. Laporta al frente del FC Barcelona. Es en el largo plazo cuando se puede evaluar la labor de un presidente. Esperamos que continúe liderando el club por muchos años más para demostrar toda su valía.
El relato de Hollywood se lo come todo gracias a unos altavoces enormes, potentes, manipulados y dirigidos para que la gente asuma premisas supuestamente inamovibles y sin, por supuesto, ninguna posibilidad de llevar la contraria, que eso es para gente que a veces se toma la libertad de pensar. ¡Qué peligro!
Katharine Hepburn no salía a actuar, sólo a ganar.
Mucho bombo con la enorme diferencia entre su primer Óscar, por ‘Gloria de un día’, y el último, por ‘En el estanque dorado’. 48 años de diferencia. No dicen, en cambio, que desde su primer Óscar hasta el segundo pasaron 34 años sin oler galardón.
Pero hay más datos para demostrar que el relato es solo eso, un cuento: desde que ganó su tercer Óscar por ‘El león en invierno’ hasta el cuarto pasó la friolera de 13 años. El resto es ficción, una ilusión comprada por tanta gente que da la sensación de haber sido real. Pocas verdades tan mentirosas como la de la actriz de Hartford, criada en Connecticut por padres reformistas y ¡de clase alta!
Fríos guarismos.
Después de 66 años en activo, la que fuese denominada ‘veneno para la taquilla’, la niña que no era tan fiera, Hepburn apenas era un frío número, víctima de su fuerte independencia y personalidad indomable, que nada tiene que ver con la esencia misma de la interpretación. La actriz dejó un día de divertirse con Howard Hawks para convertirse en una actriz madura que participaba en dramas, obsesionada con marcar una nueva muesca en el revólver.
¿Qué más da cuatro que tres? ¿O dos que uno?¿Importa algo? Es sólo un número, nada más que eso. Los números no importan. A los fans de Hepburn sólo les importa eso, nada más que eso, y lo reivindican con orgullo, felices de seguir burocratizando la conquista de un récord que, tarde o temprano, terminarán superando Meryl Streep o Emma Stone. ¿Existe mayor prueba de desprecio hacia el resto de actrices que celebrar esos cuatro galardones vacíos? ¿Puede haber un menosprecio tan evidente de quienes consideran a Hepburn la número uno de una competición que le importaba menos que su relación con Spencer Tracy? Katharine Hepburn es hoy sólo un número.
La farsante.
Ganar, ganar, siempre ganar. Ganar por encima de todo y cueste lo que cueste, justificando cualquier cosa que ocurra durante el camino porque el fin lo vale todo. Atrás queda ya olvidada, en las profundidades del cajón de la vergüenza, la nominación improductiva por Historias de Filadelfia. O el vacío que se le hizo por ‘De repente, el último verano’. Es imposible enumerar como hace siempre el fan de “la zarina” todas las situaciones de las que salió beneficiada. Pocos se acuerdan de las extrañas circunstancias en la que se impuso a Anne Bancroft, que brilló en ‘El graduado’, sólo porque la industria woke de Hollywood quería premiar ‘Adivina quién viene a cenar’.
¿Qué más da si su Óscar por ‘El león en invierno’ le fuese concedido en un raro empate con Barbra Streisand por ‘Funny Girl’? Todo eso y mucho más forma parte de un camino que Katharine Hepburn despreciaba, que recorrió asqueada porque, en el fondo, le molestaba recorrerlo. Y así era. Los Óscars son una competición que a Hepburn le resultaba un incordio porque lo único que le interesaba era seguir añadiendo un número más a esas estatuillas carentes de sentido.
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Y ya van 15. ¿Qué podemos decir cuando se nos acaban las palabras? En primer lugar, felicidades a todos los madridistas que vibraron a lo largo y ancho del mundo con una nueva hazaña de su equipo en Champions. Un saludo afectuoso a todos los lectores de La Galerna que durante toda esta temporada han compaginado la lectura atenta de esta maravillosa web con cada una de las citas del Real Madrid. Enhorabuena a todos. Toa paladear cada segundo y disfrutar de esta etapa dorada.
La final fue tan difícil de ganar como se suponía. El encuentro tuvo claramente dos partes para cada equipo. El Borussia Dortmund hizo un partido sobresaliente. Su primera mitad fue soberbia. Edin Terzić hizo un planteamiento inteligente. El jovencísimo técnico alemán cedió al Madrid la posesión del balón y ordenó a su equipo con las líneas muy juntas para tratar de hacer el embudo, recuperar rápidamente la pelota y salir al contraataque lo más verticalmente posible. Emre Can se inscrustaba entre los centrales para sacar el balón y continuaba así durante el ataque del Borussia para otorgar profundidad a los laterales. Julian Brandt flotaba por todo el frente de ataque y bajaba. Adeyemi y Jadon Sancho eran dos puñales en la banda. El tanque Niclas Füllkrug fue una auténtica amenaza. Realmente, el Borussia lo hizo todo bien. Todo menos dejar vivo al Real Madrid.
La final fue tan difícil de ganar como se suponía. El encuentro tuvo claramente dos partes para cada equipo. El Borussia Dortmund hizo un partido sobresaliente. Su primera mitad fue soberbia
La segunda parte fue totalmente controlada por el Madrid. Tuvimos varias ocasiones clarísimas. Dos faltas de Toni Kroos que no entraron porque Dios no quiso y un disparo de Camavinga por toda la escuadra que no fue gol porque el Altísimo nos tenía reservada una sorpresa. Tras una de esas internadas diabólicas de Vinícius Júnior que acabó en saque de esquina, llegó el primer gol. Kroos sacó el córner como los ángeles y Dani Carvajal, el más listo de la clase, se adelantó a todas las torres del Borussia y se sacó de la chistera un remate de cabeza inapelable que Gregor Kobel fue incapaz de detener. Era el minuto 74 y los alemanes quedaron desnortados. El Madrid olía el miedo y no se detuvo. Con el agua al cuello, los defensas del Borussia regalaron un balón en la frontal a Jude Bellingham que hizo un pase magistral a Vinícius Júnior quien batió al portero rival poniendo el segundo y definitivo gol al marcador. Y de nuevo el Madrid campeón de Europa porque el Real es eterno.
El madridismo estalló y Wembley fue conquistado. Como bien recordaba el pasado lunes el gran Tomás Guasch, el legendario estadio «por fin es un estadio completo. Le faltaba coronar al Madrid: lo hizo». La leyenda del Madrid es tan mayúscula que un puñado de jerarcas supervivientes durante esta década gloriosa han sido capaces de inscribir sus nombres en letras de oro en la historia del balompié. Tras la hazaña del sábado, Modric, Kroos, Carvajal y Nacho se convertían en hexacampeones de Europa. Sólo jugadores del Real Madrid podían empatar ese título inexpugnable que hasta ahora únicamente poseía don Paco Gento. Gloria eterna a La Galerna del Cantábrico que seguro que nos transmitió energía desde el Cielo para ganar esta final.
El domingo tocó la consabida celebración en Cibeles con toda la afición. Cientos de miles de madridistas se echaron a las calles. Las imágenes del fervor madridista impresionaba a todos los que seguíamos por Real Madrid Televisión el recorrido del autobús. Era increíble la pasión de una afición agradecida a sus héroes. Una vez más, nos emocionamos todos con nuestro capitán rindiendo tributo a la diosa Cibeles. Tremenda resaca emocional. ¿Cómo amortiguar una resaca semejante? Supongo que en los manuales de urbanidad no existen recetas específicas para sobrevivir a tales trances ,pero una vez más el Real Madrid iba a hacer historia. Pues el Madrid aún guardaba un último as en la manga para redondear aún más una temporada de matrícula de honor.
La leyenda del Madrid es tan mayúscula que un puñado de jerarcas supervivientes durante esta década gloriosa han sido capaces de inscribir sus nombres en letras de oro en la historia del balompié. Tras la hazaña del sábado, Modric, Kroos, Carvajal y Nacho se convertían en hexacampeones de Europa
El pasado lunes a las 19.30h se hacía público el fichaje de Kylian Mbappé por el Real Madrid. Como acostumbra, el club emitió un comunicado escueto en su página web y rápidamente corrió como la pólvora. En palabras del gran Ramón Álvarez de Mon, “el fichaje más mediático de la historia del fútbol”. Honor y gloria a Álvarez de Mon que aguantó estoico todas las adversidades y jamás flaqueó con su información. Es justo recordar las veces que haga falta que el pasado 17 de febrero, contra viento y marea, Ramón Álvarez de Mon contó a los cuatro vientos que el fichaje ya estaba cerrado pues Kylian Mbappé había firmado. Lo de ayer, lógicamente, fue un acto formal. De calado pero formal. Eso sí, como era de esperar, supuso un shock en redes. Haciendo verdad el tópico manido por la prensa, esta vez sí que las redes ardieron.
¿Qué más podemos añadir? El Real Madrid ficha al capitán de Francia de forma gratuita. ¿Cabe mayor venganza? Estamos ante un claro caso de justicia poética. Imagino a Nasser Al-Khelaifi subiéndose por las paredes. El presidente del PSG ha dejado suficientes momentos deplorables en los archivos como para no alegrarse de que perdiera esta mano. Imposible no alegrarse por todos los millones de madridistas que se sumaron a la fiebre del anuncio del fichaje de Mbappé. Sospecho que hasta los más sobrios como el periodista Juanma Rodríguez o yo mismo, iremos poco a poco sumándonos a la catarsis colectiva. Es momento de festejar todo el trabajo bien hecho esta temporada y de soñar con una temporada 2024/2025 que se antoja tan apetecible como la pasada.
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Resulta tan conmovedor como irónicamente hermoso contemplar a los mismos eruditos que no dudan en enaltecer el fútbol y a los entrenadores de toda la vida —como Mendilibar, quien acaba de alzarse con un título improbable— realizar malabarismos demagógicos para, a su vez, denostar los triunfos de un Madrid que, por los motivos que cada uno estime convenientes, no gana como a ellos, los antimadridistas, les gustaría que ganase. Lo que les molesta es sencillamente esto último, no se dejen engañar.
Pero lo que resulta verdaderamente hermoso, y esto ya va sin ironía, es ver cómo Carlo Ancelotti ha conseguido imponer el fútbol de toda la vida en medio de una época tormentosa donde los otros eruditos, los entrenadores del big data, no cesan en su intento de “tactificar”, si me permiten la osadía de inventar este término, nuestro amado deporte.
A todos esos Tuchels, Guardiolas y compañía ha venido este caballero italiano de 64 años, tras aplazar su retiro, a recordarles con dos orejonas en tres años que, después de sus interminables charlas previas, turras tácticas y automatismos infinitos, el fútbol sigue siendo de los jugadores y de los aficionados. Esto último también va dedicado a los demagogos de la UEFA, la Premier y el resto que compraron el discurso facilón.
Es hermoso ver cómo Carlo Ancelotti ha conseguido imponer el fútbol de toda la vida en medio de una época tormentosa donde los otros eruditos, los entrenadores del big data, no cesan en su intento de “tactificar” nuestro amado deporte
Porque el Madrid otra vez ha vuelto a coronarse como rey de Europa para sorpresa de todos aquellos que nunca lo consideran favorito y que desprecian la manera de ganar del equipo blanco, como si la fórmula de sus respectivos equipos fuera más eficaz para hacerlo.
El Real Madrid no es superior, a priori, tácticamente a sus grandes rivales europeos, pero sí lo es (la mayoría de las veces) técnicamente, y por eso lo fía todo a la calidad de los suyos. No sólo a la calidad técnica, que es inmensa, sino también a la de nuestro espíritu competitivo, que es directamente inabarcable.
Mientras otros equipos viven obsesionados con la creación de automatismos ofensivos, que dejan al jugador cortocircuitado cuando se encuentran ante una defensa que bloquea los mismos, el Madrid de Carletto concede a sus jugadores una total libertad creativa cuando se encuentran en el tercio final del campo.
Foden o Grealish se hubieran detenido en seco y buscado el pase atrás para continuar la jugada al ver a dos defensas bloqueándole y a ningún compañero en el área, pero Vinícius, en lugar de eso, se sacó de la chistera la mejor acción técnica de la final, un regate de ensueño llegando en carrera y sin tiempo para pensar y forzó el córner que a la postre llevaría al cabezazo de Carvajal.
Pura magia. Puro fútbol. Del de toda la vida. El que jugábamos en la plazas y parques cuando éramos pequeños y el que admirábamos a los ya casi extintos Zidanes, Ronaldos y Ronaldinhos. Pero centrémonos ahora en el aspecto emocional que este club ha conseguido trasladar a un plano más sobrenatural que terrenal.
Mientras otros equipos viven obsesionados con la creación de automatismos ofensivos, que dejan al jugador cortocircuitado cuando se encuentran ante una defensa que bloquea los mismos, el Madrid de Carletto concede a sus jugadores una total libertad creativa cuando se encuentran en el tercio final del campo
Hace ya un tiempo que desde el club se ha logrado crear una comunión especial en el equipo que abarca prácticamente a todo el madridismo, desde la plantilla y los trabajadores de la entidad hasta, evidentemente, toda la afición blanca. Escucho y leo mucho últimamente a madridistas decir que esta plantilla es la que mayor nexo de unión y cariño les ha evocado jamás y no sé si habrá un componente de azar en esta circunstancia, pero creo que también hay un buen trabajo de dirección deportiva detrás de todo.
Por muchos es sabido que, a la hora de fichar jugadores, en los últimos años se tiene en alta consideración que el entorno de los futbolistas sea lo más sano y adecuado posible, pero además la sensación es que los jugadores que llegan a la entidad lo hacen con varias lecciones aprendidas, por lo que no sería de extrañar que haya un trabajo en la sombra de asesoramiento por parte del club.
También ayuda que la política de fichajes haya virado hacia la obtención de futuras estrellas que se formen aquí, lo que acerca a la afición a unos jugadores que hoy son de élite mundial, como Vini o Valverde, a los que hemos visto crecer y a los que es más fácil perdonar errores o mostrar empatía ante las vicisitudes que puedan atravesar. Forjar estrellas desde dentro del club también hace que los futbolistas vayan creciendo en su madridismo y entendimiento con el hincha merengue y su exigencia a lo largo de los años y las circunstancias, así como que el seguidor desarrolle hacia los jugadores un sentimiento paternalista al haberlos visto en el club desde sus primeros pasos en el fútbol de élite.
Al fichar jugadores, se prima que el entorno sea lo más sano y adecuado posible, pero además la sensación es que llegan al club con varias lecciones aprendidas, por lo que no sería de extrañar que haya un trabajo en la sombra de asesoramiento por parte del club
La llegada de jugadores extranjeros, principalmente de la liga alemana, como Alaba o Jude, también ha recordado a esta plantilla la importancia de acercarse a la afición al acabar cada partido, y cada vez es más común ver a los jugadores más extrovertidos celebrar goles o victorias con los hinchas en la propia grada, así como levantar al público durante determinados momentos del partido. Todo esto son detalles que ayudan a que la afición y el jugador tengan una complicidad cada vez mayor y sepan tan bien el uno como el otro cuándo apretar el acelerador en los encuentros.
Fundamentales han sido también dos técnicos de mano izquierda como Zidane y Ancelotti, que, además de entender a las mil maravillas la cultura de este club, han logrado instaurar un clima de trabajo tremendamente sano y conseguir una asimilación de la palabra plantilla como sinónimo de familia, algo que llevaba rondando en el club blanco desde que comenzó la espectacular etapa de baloncesto que todavía hoy perdura.
Zidane lo tuvo difícil al haber de lidiar con egos más complicados, mientras que Carletto ha tenido la ventaja de contar con una mezcolanza de jugadores veteranos que aman a este club tanto como ustedes o yo mismo, jóvenes que han mamado madridismo desde el momento en el que pisaron nuestro estadio, o los nuevos fichajes que llevamos realizando de jugadores que rechazan montañas de oro para venir a vivenciar lo que antes veían por la tele o, en el caso de Rüdiger o Courtois, desde el lado contrario del campo y de la historia.
Fundamentales han sido también Zidane y Ancelotti, que, además de entender a las mil maravillas la cultura de este club, han logrado instaurar un clima de trabajo tremendamente sano y obtener una asimilación de la palabra plantilla como sinónimo de familia
Es imposible que el aficionado no se alegre de todo corazón al ver cómo jugadores como Jude, Tchouaméni o el propio Rüdiger ya han sentido lo que intuyeron que podrían llegar a sentir cuando decidieron firmar por este club. Y eso, lo sabemos nosotros y ahora ellos, vale mucho más que cualquier título.
Por último, aunque se suele criticar mucho la política de comunicación del club, creo que se ha logrado mostrar una gran cercanía de los futbolistas con los aficionados, mostrando a estos en diferentes circunstancias (entrevistas, juegos, gestos con seguidores que han sufrido algún revés…), exteriorizando así una familiaridad y un madridismo que nos lleva a los hinchas a ver a los jugadores como otros miembros más de nuestra gran familia blanca.
Los éxitos siempre ayudan, evidentemente, pero el hecho de haber logrado la decimocuarta de una manera tan épica y realizando remontadas tan espectaculares en el Santiago Bernabéu ha hecho que el público blanco también se sienta partícipe de las mismas, acentuando más si cabe el sentimiento de cercanía con el club y los jugadores. Precisamente en la última remontada ante el Bayern, que tuve el privilegio de vivir en el templo blanco, fui testigo y actor secundario de la misma al comprobar con orgullo cómo tras el gol de Davies, que habría dejado helado al más caldeado de los estadios, la afición blanca no tardó ni un segundo en animar y levantar a los suyos cuando el balón apenas había tocado la red.
Y nuestro entrenador, que sabe mucho de esto del fútbol y de la vida, ha aprovechado mejor que nadie para recordarle al mundo del fútbol que es mejor dejarse llevar por las circunstancias y aprovechar bien nuestros momentos (“hacerse el muerto”, lo llamó Lucas Vázquez) que ese imposible en el que creen ciegamente tantos entrenadores de tratar de controlarlo todo. Menudo arrogante insulto a este deporte es creerte capaz de controlar cada mínimo detalle que sucede en el terreno de juego. Jugar a ser Dios, como si este no hubiera demostrado ya en innumerables ocasiones lo madridista que es.
Ancelotti sabe mucho de fútbol y de la vida: es mejor dejarse llevar por las circunstancias y aprovechar bien los momentos (“hacerse el muerto”, lo llamó Lucas Vázquez) que ese imposible en el que creen ciegamente tantos entrenadores de tratar de controlarlo todo
Porque no se puede controlar que, cuando todo parece perdido, a Modric se le ocurra dar la mejor asistencia con el exterior que jamás veremos, que a Benzema le dé por presionar al portero y provocar su fallo, que Vinícius haga un regate imposible o que un descuento de 6 minutos provoque un terremoto en un estadio que haga que a los jugadores rivales se les aflojen los intestinos. Muchos seguirán diciendo que todo esto es suerte, cuando en realidad es mucho más que eso.
Decía Tolkien en El señor de los anillos que “sólo podemos decidir qué hacer con el tiempo que nos ha sido asignado”. El Madrid ha aprendido a hacer esto mismo con la suerte en lugar de con el tiempo. Otros equipos se vienen abajo cuando el partido está de cara al rival, pero el Madrid se levanta precisamente cuando Mendy acaba de sacar un balón en la línea de meta sin saber bien cómo, y tanto Carletto como los jugadores y la afición saben que ha llegado nuestro momento gracias a esta comunión que han logrado y a esta cultura del club basada en la certeza de que somos los mejores y que nos lleva a no rendirnos nunca por imposible que parezca el partido.
Porque el madridismo es creer. Es creer que el Madrid va a remontar con dos goles en 3 minutos de nuevo porque sigues en llamada con tu mujer, igual que pasó con el City. Madridismo es creer que el equipo va a pasar una eliminatoria casi imposible porque llevas colgado tu amuleto de los partidos, porque has dejado tu camiseta de la suerte bien colocada encima de tu cama o porque colgaste la bandera del Madrid en tu salón antes de ir a ver el partido. Madridismo es vivir el éxtasis de la remontada y sentirte el ser más poderoso del universo porque te sientes partícipe de ella con tus supersticiones, a pesar de que sabes que hay millones de almas sintiendo lo mismo que tú. Y ninguno yerra.
Decía Tolkien en El señor de los anillos que “sólo podemos decidir qué hacer con el tiempo que nos ha sido asignado”. El Madrid ha aprendido a hacer esto mismo con la suerte en lugar de con el tiempo
Todos hemos contribuido de igual manera a la victoria tanto como los propios jugadores. Todas nuestras supersticiones y rituales son absolutamente absurdos si nos detuviéramos a analizarlas con detenimiento durante media décima de segundo, algo que por supuesto no haremos. Pero nuestro mayor triunfo de estos últimos años no es ninguna de las Champions obtenidas, sino haber logrado esta comunión club-afición que nos hace remar a todos en la misma dirección, hacia este océano de locura en el que seguimos navegando.
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Buenos días, amigos. El universo anti ha implosionado. Era de prever. El Madrid ha encajado, a duras penas porque casi no hay sitio, la Decimoquinta en el atril donde están el resto de Copas de Europa. Por si la imagen de Florentino depositando una nueva Orejona junto a sus predecesoras no era suficientemente inaceptable, el Madrid ha anunciado también el fichaje de Kylian Mbappé, la pieza que faltaba para completar un equipo pleno de calidad y juventud destinado a seguir reinando en España y (con algo de suerte) también en Europa. La hegemonía puede ser insultante, más aún de lo que ya es el dominio blanco en la piel de toro y fuera.
No pueden con ello. No lo digieren. Es normal. Pobres.
Y, como no son capaces de digerirlo, acuden a los recursos habituales: la infamia, la invención torticera destinada a quitar mérito a todo lo conseguido por el Real Madrid, al que se pretende hacer pasar por un club-estado cuando es el paradigma de institución hecha a sí misma. Como ellos no con capaces de acercarse mínimamente a tanta grandeza, y en su caso además con ayudas bien conocidas (empezando por Negreira, pero no sólo), tratan de enfangar.
Pero no cuela.
Fijaos en la portada de Sport de hoy, que ya habla de la llamada Ley Mbappé, gracias a la cual, supuestamente, entes públicos como el Gobierno de la Comunidad de Madrid estarían ayudando al Real Madrid.
"Madrid tramita la Ley Mbappé", sueltan, añadiendo, por si esto fuera poco, que se trata de una ley "hecha a medida para la nueva estrella merengue". Es imposible mentir más y con peor intención. Absolutamente patético, tanto como quien, fuera quien fuera, inventara el nombre de la ley, que es el menos apropiado del mundo pero ya va calando en virtud de la nefanda propaganda anti.
Ramón Álvarez de Mon explicaba perfectamente en su canal la ley tal y como se está perfilando, y dejaba claro que, si hay algo que jamás puedes llamar a esta iniciativa legal, es "ley Mbappé". La ley promulga una serie de incentivos fiscales que supuestamente han coadyuvado en el logro de traer a Madrid al astro francés. Esto es lo que se pretende hacer colar como verdad para volver a propalar la falsa idea según la cual, desde Franco para acá, el Madrid es ayudado por las esferas públicas.
Los impuestos sobre la renta en España tienen un tramo estatal y un tramo autonómico. La ley va a proponer que rentas altas de personas recién establecidas en España puedan puedan disminuir su gravamen del tramo autonómico siempre y cuando realicen una serie de inversiones muy específicas, reduciéndose el 20% de esas inversiones. Teóricamente, esto sería una ventaja no sólo para el Madrid, sino para todos los clubes madrileños, pero ni siquiera es el caso, por la sencilla razón, como se verá ahora, de que no está ni mucho menos pensada para el ámbito del deporte profesional.
Los requisitos de las inversiones que pueden dar lugar a esta reducción del tramo autonómico son restrictivos. Por ejemplo, las inversiones en empresas de nueva creación o ya instaladas deben ser de un máximo del 40% del capital, lo que disminuye el atractivo de cualquier inversión, al no otorgar suficiente poder de decisión al nuevo inversor. Además está el tipo de inversión: por ejemplo, no puede ser en bienes inmuebles, la inversión segura por excelencia.
Luego está el plazo de las inversiones. quizá lo más disuasorio para deportistas. Tienes que mantener la inversión durante 6 años para poder hacerte esa deducción. Si desinviertes antes de esos 6 años, tendrás que devolver la deducción que te aplicaste. El contrato de Mbappé es de 5 años.
Más difícil aún: tienes que mantenerte como residente fiscal en Madrid durante 6 años, o sea, tener seguro que residirás durante 6 años en la comunidad de Madrid. Volvemos a recordarlo: Mbappé ha firmado por 5, quedando en el ámbito de la pura especulación el que los cumpla, siendo como es el mundo del fútbol, y no digamos nada del que lo amplíe. Si aplicas el incentivo también en el año 2, ya serán 7 años los obligatorios de residencia en Madrid, y así sucesivamente. Son condiciones completamente incompatibles con la vida del deportista profesional, que es de gran movilidad geográfica. Mbappé no se haría la primera deducción hasta 2025, lo que le obligaría (si no quiere tener que devolverla) a estar en el Madrid hasta 2031, cosa que no garantiza el contrato que firma.
Repetimos: tienes que mantener tus inversiones, muy restringidas en tiempo y actividad, durante 6 años, y no dejar de ser residente fiscal durante ese tiempo. Para poder seguir aplicando esa deducción, debes ir extendiendo tu estancia año a año. Es una ley pensada para atraer a cualquier otro tipo de capital humano (y de renta alta) extranjero antes que a deportistas. De la mal llamada Ley Mbappé a duras penas se podrá beneficiar el propio Mbappé. La pregunta es inmediata: entonces, ¿por qué llamarla así?
La respuesta es más inmediata todavía: para desprestigiar al Real Madrid, tratando de hacer calar la idea de que los poderes fácticos lo benefician. Y ¿quién está detrás de esto? Pues el Tinglao en su conjunto, claro, entre ellos el club que sí que se ha beneficiado de la evidente ayuda de los poderes fácticos, que le han impedido cumplir condena alguna por el gravísimo Caso Negreira. Sí, nos referimos al club presidido por quien cuadriplicó el sueldo al propio Negreira y que se permite decir que el Madrid "juega sucio" por personarse en un caso merced al cual se le arrebataron, al Madrid, campeonatos nacionales por mor de la corrupción de Laporta, sus predecesores y sus continuadores.
Ved al personaje.
Ya os decimos por qué pasa esto: porque no pueden soportarlo, sencillamente. ¿Cómo van a soportar la imagen a la que aludíamos al principio, es decir, la de Florentino Pérez colocando la Decimoquinta en la sala de trofeos? Eso es heavy metal, como acertadamente titula hoy Marca.
"Una imagen que resume una temporada grandiosa y una época gloriosa del club blanco". Ni más ni menos. Aprendan a asimilarlo, así, en general, y dejen de ensuciar.
Y además Mbappé. Insistimos: hay que entenderles. Es demasiado.
Pasad un buen día, amigos. Cómo no hacerlo, si sois madridistas.
Aunque la exigencia nos empuje a exigir ya el siguiente título en liza, viene bien recrearse aún en el la felicidad de la 15, ¡que somos campeones de Europa!
Esta semana no era difícil predecir que el cuestionario de los compañeros de fcQuiz trataría sobre la decimoquinta Champions.
A ver si os mostráis tan infalibles como el Real Madrid en las finales.
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Cuando el club más grande de la historia contrata a un futbolista de la magnitud de Mbappé, la repercusión es universal, como el madridismo sociológico. A estas horas, el comunicado oficial del Real Madrid, el vídeo publicado por el club, la noticia en los diferentes medios, las reacciones en redes sociales, acumulan más visitas que habitantes tiene el planeta, de lo cual se deduce que hay señores en Marte, señoras en Venus y pingüinos en los anillos de Saturno que también han devorado todo lo publicado hasta ahora sobre la simbiosis de ambas marcas.
No por descontado, el impacto del anuncio es menor, y la prensa internacional se hace eco de ello. A continuación, un ramillete de portadas y reacciones:
Para finalizar, como es habitual, el Diario Montañés, que visto desde España no es internacional, pero sí cántabro, como la Galerna del Cantábrico. Esperemos que Kylian emule a don Paco y coleccione Copas de Europa en el Madrid como si no hubiera mañana.
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Hola de nuevo:
La semana pasada vivimos un momento bastante duro y allí estaban. Tras la derrota del Madrid de baloncesto en Berlín, de repente apareció la marabunta, militarizada como un solo hombre y con la gota deslizándose por el colmillo, dispuesta a ensañarse con el árbol caído. Llegaron el escarnio, la mofa, la vejación, el insulto… El antimadridismo, comprensiblemente asustado durante toda la temporada, habida cuenta del favoritismo del equipo blanco en la Euroliga, dejó escapar toda la tensión acumulada como si se tratase de una olla exprés. Una vez ya te expliqué que la alegría por la derrota del rival constituye un sentimiento natural e incluso hasta sano, en la medida en que se trata, después de todo, de una confesión de humilde vulnerabilidad; al fin y al cabo, el anhelo de revancha supone un reconocimiento a los méritos del adversario. Pero esta gente, en lugar de vivirlo como una satisfacción íntima, necesita verter su odio de forma explícita, categórica, absoluta, diría que catártica.
De modo que quise prepararme para una hipotética segunda oleada de inquina y aversión, y los días previos a la final de la Copa de Europa me afané en abstraerme de todo. Mientras a mi alrededor la conversación se iba monopolizando en torno al partido de Wembley, yo trataba de escabullirme. Con la mejor de mis sonrisas fui rechazando una tras otra las múltiples invitaciones para compartir la gran cita, refugiado entre novelas de Andrea Camilleri, listas de reproducción reconfortantes y alguna película inspiradora. Y precisamente a este respecto quería recomendarte la nueva cinta de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, Segundo premio, sobre uno de los grupos de mayor impacto en el indie español: Los Planetas. Antes que nada he de decir que cualquiera que haya tenido relación, siquiera mínima, con Granada, apreciará la atmósfera del filme; no digamos ya si se han pasado en la ciudad andaluza los años estudiantiles o de juventud. Pero si traigo aquí la película no es por eso, ni tampoco por las indisimuladas pullas contra el Real Madrid que Los Planetas dejaron en algunas de sus canciones, sino por el tema principal, recogido en el título, cuya letra me dejó pensativo, y que creo que servirá para algunas consideraciones generales sobre el antimadridismo.
De los antimadridistas se podría escribir más de un tratado sociológico, si es que alguien quisiera perder el tiempo en algo así —aunque peores tesis se han visto, y con cum laude—. Sin ánimo de especial exhaustividad, podríamos estabular al movimiento de la siguiente manera: en primer lugar, hay un antimadridismo, acaso minoritario, que es puramente superficial, diría que cuasi adolescente. En esta facción se encuadrarían, por ejemplo, los mencionados Planetas: gente que a menudo no ha reflexionado lo suficiente y cuya manía hacia el Madrid tiene un carácter huero, responde a algún tópico trivial y en realidad no condiciona demasiado su existencia. Mirados con objetividad, la respuesta más apropiada al desafecto que este sector nos profesa es la indiferencia, o incluso cierta ternura.
En segundo lugar, existe otro antimadridismo mucho más visceral, cuyo odio hacia la institución los consume a diario, y siempre lo manifiestan de la forma más vulgar y chocarrera posible. Son personas atrabiliarias, avinagradas, cascarrabias, que frecuentemente recurren a la violencia —como mínimo— verbal, y cuya condición grosera los hace solo peligrosos en las distancias cortas. Sin embargo, hay aún un tercer tipo de antimadridista, diferente al insustancial y al bilioso. Se trata de ese espécimen semiculto que, encaramado a su atalaya —suele trabajar en los medios o ser muy activo en las redes sociales—, esparce su veneno insidiador desde una supuesta distancia, tratando de aparentar ausencia de apasionamiento. Se les reconoce por el empleo habitual de la ironía, que actúa como máscara particular para poder expresar sus bajos sentimientos sin sentirse culpables. Foster Wallace los hubiera desenmascarado de inmediato: son tan fanáticos como los coléricos, y sufren de igual modo los triunfos del club que aborrecen. En última instancia, ambos grupos, rabiosos explícitos y falsos condescendientes, vuelcan de manera enfermiza sus neurosis sobre el Real Madrid, sean estas más básicas o más alambicadas.
Hay un espécimen semiculto de antimadridista que, encaramado a su atalaya —suele trabajar en los medios o ser muy activo en las redes sociales—, esparce su veneno insidiador desde una supuesta distancia, tratando de aparentar ausencia de apasionamiento. Se les reconoce por el empleo habitual de la ironía, que actúa como máscara particular para poder expresar sus bajos sentimientos sin sentirse culpables
Pensaba en todo esto mientras sonaban los acordes de Segundo Premio. Qué terrible maldición la del anti. Si el Madrid es un Sísifo que en el fondo ama la exigente roca que arrastra, ellos no tienen ese consuelo; es más, se saben condenados de antemano a una sempiterna frustración: “Y todo el tiempo que he desperdiciado se vuelve de nuevo contra mí”. Uno ve la expresión de sus rostros con los triunfos merengues y sus miradas perdidas evocan otra frase que los fans de Los Planetas sabrán reconocer: las luces están encendidas pero no hay nadie en casa. Aunque, antes de que caigas en la tentación de la piedad, conviene escuchar lo que sale hoy de sus bocas. Tras la Decimoquinta, sin encontrar un clavo al que agarrarse, han llegado al paroxismo, rozando lo imparodiable. Y no hace falta que te recuerde que han sido capaces de justificar cualquier cosa, pagos indecentes incluidos, siempre que eso pudiese ayudar al primo de Zumosol en el que tenían subcontratadas sus esperanzas de que el Madrid no gane títulos —“ya que nosotros no podemos, jódeles tú”—. De modo que, llegados a este punto, uno se ve legitimado para colocarles un espejo donde reboten sus ofensas. Donde, en defensa propia, se refleje aquello que nos desean, tan crudamente parafraseado al final de la canción: “Si esto te hace daño, si te puedo hacer sufrir, ha servido para algo. Al menos para mí”.
Somos campeones de Europa. Felicidades, y nos vemos el año que viene. Saludos afectuosos.
Pablo
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Buenos días, amigos. El Real Madrid ha contratado a Mbappé, tal vez el mejor de los jugadores que aún no estaba en el equipo blanco, para redondear una escuadra de ensueño. El club atesora una cantidad ingente de talento joven a la cual se suma Kylian, el que faltaba. Si el futuro pintaba bien, ahora luce esplendoroso. Ayer dimos cuenta de ello en esta pieza de Paco Sánchez Palomares.
Hace meses dio la primicia Ramón Álvarez de Mon cuando anunció que Kylian y el equipo blanco habían firmado un acuerdo hacía semanas. Muchos no se quisieron subir al carro entonces, pero la tozuda realidad fue confirmándolo hasta que fue un secreto a voces. Tan a voces que las cámaras grabaron la propia voz de Mbappé confirmando a Macron que el anuncio se haría ayer por la tarde.
Así ocurrió, y el comunicado oficial —imprescindible para los discípulos de Santo Tomás de Aquino— se emitió en torno a las 19:30.
Aunque no pudimos acceder a él hasta pasados unos minutos, tal fue el impacto, que no lo resistió ni la web del Madrid.
Habrá quien ponga en duda que la saturación de visitas fuese la causante de la caída del sistema, y no el propio sistema quien se resistiese a que Mbappé llegara al Madrid porque con el francés los de Ancelotti son un hueso aún más difícil de roer para ese sistema instaurado desde hace décadas en el fútbol español, pergeñado por el antimadridismo, y cuyo único objetivo es evitar —o al menos dificultar todo lo posible— que el Madrid conquiste títulos. Sobre todo porque si hay otro club que ofrece dinero a cambio de ello es más lucrativo.
Se da la paradoja de que el ecosistema corrupto imperante vive —y muy bien— gracias al objeto de su odio. Lo dijo hace unos días Valdano: «El Real Madrid es un pasajero demasiado grande para un barco tan pequeño como la liga actual». Grandeza que aumenta con la incorporación de Mbappé, el que faltaba.
Mientras el Madrid está enfrascado en cosas como ganar Champions, la liga necesita de jugadores como Kylian para elevar el nivel de su depauperado producto, y se vuelca en redes con la contratación del francés mientras urde sus maniobras orquestales en la oscuridad, y no tan en la oscuridad, para torpedear al club blanco de todas las maneras imaginables.
Vamos a echar un ojo a la prensa.
Marca dedica su portada a Mbappé y titula «Lo que soñaste». La parte superior derecha de la tapa es para el autobombo: «Marca ya lo anunció el 19 de febrero». Aquel 19 de febrero se les olvidó mencionar que fue Ramón Álvarez de Mon quien lo había adelantado el 15 (es fácilmente comprobable acudiendo a su canal de youtube). Ahora, por lo que sea, también se les ha pasado citarlo.
La portada de As también la semimonopoliza Kylian: «Por fin Mbappé», reservan la azotea para blanquear a Pedro Rocha. Es de bien nacidos ser agradecidos.
Los antimadridistas ya sabéis que están terminando la primavera en shock anafiláctico ante la excelencia blanca. Esta reacción provoca en el sistema nervioso central aturdimiento, pérdida de conciencia, confusión, dolor de cabeza y ansiedad. Lo hemos visto estos días tras la 15, ya sabéis que han llegado a acusar al Madrid de ganar, y eso, como todo el mundo sabe, es intolerable.
En Mundo Deportivo lo están pasando mal, aunque lo demuestran de manera lacónica: «En un sucinto comunicado el club anuncio que será jugador blanco por 5 temporadas». Ese «sucinto» es gloria.
En Sport no son tan sucintos: «El Madrid vuelve a la vía de los galácticos: ficha a Mbappé». Están desesperados, es normal, e intentan ensuciar todo lo posible. No vendría mal recordarles que Mbappé llega tras finalizar su relación contractual con el PSG. El Madrid ha pagado en traspasos por Mbappé y Vinícius 45 millones de euros. El Barça, 55 por Ferran Torres.
Hay más gente pasándolo mal.
‼️ "Tanto en Francia como en el PSG, veo que juega y le vale. Ratitos de delicatessen, pero ratitos"
️ "Y eso en el Real Madrid no le va a valer. Aquí hay que ir a Vigo cuando hace frío y dar el do de pecho"
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— El Larguero (@ellarguero) June 3, 2024
Antonio Romero está preocupado porque Mbappé es bueno, pero solo a ratitos y eso en el Madrid no le va a valer, porque aquí hay que ir a Vigo cuando hace frío y dar el do de pecho. Agradecemos que se preocupe por Kylian, le haremos llegar al francés el interés de su parte y le recomendaremos que se eche una rebequita por los hombros cuando se desplace a tierras gallegas. De todos modos, como apunta Alberto Cosín en el chat de La Galerna, si Pedri ha jugado en Vigo, sobrevivirá Mbappé.
No vamos a seguir porque bastante tienen ya y, además, son tiempos para celebrar, tiempos felices. La abundancia es tal, que ayer en Real Madrid Televisión anunciaron de manera oficial la contratación de Mbappé con la decimoquinta Champions en el plató como testigo. Una imagen que define al Madrid actual.
Pasad un buen día.