Las mejores firmas madridistas del planeta

Empecemos dejando claro que soy un pésimo madridista. No veo partidos en el campo, no tengo abono y a la primera que las cosas van mal escondo la cabeza bajo la arena como los avestruces. Cada septiembre enloquezco y me da por pensar que hasta el Atlético tiene mejor equipo que nosotros porque nos falta un (introducir aquí la posición del fichaje que queríamos en el verano del año en el que leas esto).

Fichajes del Atleti temporada 24-25

Cuando nos llevamos una Champions suelo celebrar, bastante relajado, el éxito. Pero en pocas ocasiones me abrazo con nadie. Es un placer a menudo solitario. Las fases previas las termino viendo mirando el móvil mientras hago la cena.

Critico las cosas que me parecen mal de la gestión del club, pero me alegra tener una etapa de estabilidad institucional en la que la masa salarial está muy por encima de lo que gastamos. Iría encantado a ver todas las finales del mundo si me invitasen, pero no hago gasto ni viajo con la afición a los campos pequeños. Ni a ninguno. Nunca me tatuaré el escudo, no he comprado nunca una camiseta oficial ni me gastaré mucho más dinero que el que cuesta mi carné madridista, que pillé básicamente para intentar comprarle entradas a mi padre. No he hecho el Tour del Bernabeu y me parece fenomenal quitar el ‘Santiago’ si algún día toca.

La última paliza árabe, que aún nos duele, tiene una ventaja fundamental. Eleva a Laporta a los cielos

Soy un madridista de salón, de exigir la victoria y lamentar las derrotas. Cuando digo “hemos ganado”, soy el peor exponente de la primera persona del plural. No me enfado mucho con los árbitros y creo que Vini Jr. tiene cosas de carácter que mejorar. A menudo creo que Messi fue el mejor jugador del mundo y prefiero traer a Trent Alexander Arnold que dejar a un canterano en la banda. Soy soso, y prefiero escuchar a Álvarez de Mon discutir sobre cosas de abogados sin cambiar el tono que ponerme a los tribuneros que vociferan.

Ramón Álvarez de Mon lo ha vuelto a hacer

Cuando el partido está muy apretado o vamos perdiendo hay largos minutos en los que apago la tele y pierdo la fe. Doy vueltas como un animal enjaulado durante un rato y vuelvo a encenderla. Pero no consigo tener esa famosa confianza ciega en la remontada. Me basta con que la tengan los jugadores. Me encantaría ver cada encuentro en un palco VIP y departir con toda la gente a la que otros insultan. Creerme a Florentino cuando se muestra  convencido de que cerrará un fichaje. Comer jamón y saludar a famosos como si fuese alguien.

Un buen amigo culé me acusa a menudo de ser más antibarcelonista que madridista. Se equivoca. No soy ni seré nunca antibarcelonista, más allá de desear que pierdan cada partido. Odio poco. Soy tan mal madridista que creo en los equilibrios de Nash. Coincido en que hace falta otro club grande que eleve la competición y me parece que El Clásico es una marca tan potente o más que LaLiga. Comprendería que Florentino hubiese ayudado a validar la cautelarísima frente al Gobierno si eso nos puede ser útil para la Superliga. No digo que me parezca bien o ético, pero lo entiendo desde un punto de vista racional.

Real Madrid, haga el favor de no defenderse mientras le agreden

Cuando Hansi Flick saca máximo provecho de sus jugadores, lo reconozco sin problemas. Mis tuits de la final de la Supercopa fueron un compendio de alabanzas a nuestros rivales y una crítica constante a nuestros defectos. Cuando ellos sacan a chavales potentes de la cantera, lo envidio un poco aunque haya escrito, unos párrafos atrás, que para mi equipo prefiero tener opciones contrastadas. Y si no soy coherente es porque el fútbol es enemigo de la coherencia y, a veces, hasta del sentido común. Cuando los azulgranas fueron realmente geniales no creo que ni dejar de pagar a Negreira hubiese evitado muchos de sus triunfos. Aunque por culpa de sus dirigentes nunca lo sabremos con certeza.

Laporta ha conseguido que el fútbol español y comentaristas de todo el mundo sepan a ciencia cierta que el Barcelona es menos que un club. Porque los clubes normales llegan a tiempo a las inscripciones. Porque los clubes normales sólo ponen butifarra como aperitivo

En un viaje a Alemania recuerdo consolar a un culé que vivió la ridícula eliminación frente al Liverpool. Él casi lloraba, y no me salía reírme de él, sino apoyarle. Me había pasado dos horas con el antigafe repitiéndole que no se preocupase, que tan expuestos como estaban era imposible que el perro no metiese un gol. Cuando finalmente cayeron, por dentro me alegraba pero intenté que el pobre tipo pasase el trago lo mejor que pudiese.

Soy mal madridista porque creo en la planificación estratégica a largo plazo y me gusta pensar más allá de la última derrota, de la última ventana de fichajes o de la última polémica que surja. Y, especialmente, soy mal madridista porque cada vez más soy partidario de defender y apoyar cada medida adoptada por mi ídolo Joan. El Joker. El augusto que está matando el Barça con gas de la risa.

Si Eric García es el mejor central que ha tenido nunca el Madrid en el Barça y debe ser titular en cada partido, sin duda Laporta es uno de nuestros mejores presidentes. No soy antibarcelonista si hablamos de fútbol o si obviamos mi deseo de que pierdan, pero como persona que vive de la comunicación y de la gestión de la reputación, asisto a su gestión con la boca abierta. Como un niño de los años 50 al que le enseñases una PlayStation. Es magia pura. Madridismo en vena.

Después de años escuchando al enemigo decir que somos los malos de la película porque Franco era madridista —spoiler, no lo era, lo que sí era era bastante chaquetero—; porque se ayuda al Madrid más que a otros —si no mencionan la Ciudad Deportiva no duermen bien, pero nunca hablan de otras recalificaciones—, o porque Negreira era la única forma de compensar el maltrato histórico —ojo, tú no intentes sobornar al jefe de los inspectores de Hacienda porque te salga a pagar la declaración—, de repente, por unos días, Laporta ha conseguido que el fútbol español y comentaristas de todo el mundo sepan a ciencia cierta que el Barcelona es menos que un club. Porque los clubes normales llegan a tiempo a las inscripciones y no necesitan muletas del Gobierno para operar en el mercado. Porque los clubes normales sólo ponen butifarra como aperitivo.

Laporta bailando

Laporta es como jugar al pádel con el amante de tu mujer y que, en un punto crucial empiece a darse muy fuerte con la pala en los testículos sin motivo aparente. Por un lado, no te va ayudar a ganar el partido que estás jugando, pero no puedes evitar mirarle mientras lo hace. Ni puedes dejar de sonreír.

Marketing, magia y una matrioshka de mentiras

Mi colega se queja de que escribo más en X del Barcelona que de mi propio equipo. No es exactamente cierto. Cuando ganan me da rabia pero lo acepto. Soy más de vigas que de pajas. Pero la pasión de verdad, el fan que llevo dentro, siempre sale de la mano de Joan.

Barça: Nico, Olmo, lo que necesite

Cuando filtra comidas sobre fichajes inviables. Cuando salen comunicados en la SEC riéndose de sus planes. Cuando los autos hablan de “cauciones irrisorias”. Cuando empieza a dar gritos como un poseso y hacer peinetas al Universo. Cuando Jota Jordi confunde una cautelarísima con la acción de la justicia. Cuando termino suscribiéndome a Spiderculé porque dice cosas más sensatas que la mayor parte de los comentaristas madridistas en las tertulias. Cuando Jaume Giró habla de malabaristas y payasos. ¿Cómo no querer a alguien que lo hace posible?

Laporta

Laporta es como mirar, fascinado, un manual de dermatología. Sí, son cosas supurantes, abultadas, horribles y que no querrías padecer. Pero no puedes separar la mirada. Me pasa con él lo mismo que con la tripofobia. Hay gente que no puede ver sin marearse ciertos patrones que se dan en la naturaleza, como a superficie de una fresa. Yo me puedo pasar horas mirando una colmena. Dame fotos de un señor árbol en Bangladesh y seguiré su vida como si fuese la carrera deportiva de Cole Palmer o un documental de Grealish saliendo de juerga. Laporta ejerce sobre mí exactamente ese tipo de atracción.

Laporta

Lo detesto, como detesto a Donald Trump o a cualquier otra persona que utilice la mentira reiterada como mecanismo de preservación del poder. Pero no puedo dejar de mirar en su dirección porque, a fin de cuentas, es otro abismo que no me devuelve la mirada. La gran ventaja de Laporta es que cada minuto que siga en el cargo nos asegura que el Barcelona no tendrá gestores profesionales, que nos ofrecerá entretenimiento del bueno en cada ventana de fichajes y que contribuirá a empeorar la reputación de nuestros rivales, pero no lo suficiente como para que El Clásico deje de serlo.

La última paliza árabe, que aún nos duele, tiene una ventaja fundamental. Eleva a Laporta a los cielos. Dicen que todo se olvida cuando entra la pelotita. Pues con cinco goles en una final, al Barcelona le da para visitar Canaletas y Laporta gana años de vigencia. Que serán, todos y cada uno de ellos, años de esplendor para nosotros. Es un precio baratísimo.

Laporta abrazo Messi y lona

Hace unos años Joan dio un golpe de genio, que los tiene, poniendo frente al Bernabñeu una lona gigante que rezaba: “Ganas de volver a veros”. Nunca pensé que las ganas fueran a ser mutuas. Si le sacan de ahí y ponen a alguien serio, se morirá una parte de mí que no existió hasta que reapareció en nuestras vidas. “La porta”, en italiano o catalán, significa “la puerta”. Pues bien, Joan es una puerta de oportunidad a un futuro más brillante para el madridismo. Una invitación a seguir ganando títulos. Una gozada, en suma. Y con suerte, si todo sale bien, Laporta nos dará muchas más alegrías. Antes, claro está, de que tenga que salir del club por la ventana.

 

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Me pregunto esta semana, después de la Supercopa, si cuando seamos viejos nos acordaremos de estas derrotas y también sonreiremos, si en algún momento daremos por hecho que hasta las capitulaciones forman parte de lo que somos, si aceptaremos algún día que somos fruto del dolor como el árbol lo es de la semilla. Si algún día cobrará sentido que el Barcelona nos golee dos veces seguidas en menos de cuatro meses.

De la ilusión, a la debacle

Me pregunto también si esta idea es sólo un consuelo, el que le queda al moribundo, el de ‘por lo menos he vivido’ en medio de la desazón ante el panorama de la caja de pino, del que no estoy seguro de que siempre sea peor que ver un imperio derrumbarse en treinta minutos como este Madrid de Supercopa que recibe cinco goles y en su velatorio nos hace preguntas existenciales.

El panorama es desconcertante. El Madrid ha ganado ya dos títulos esta temporada, y sin embargo las sensaciones son malas. En la hora de las grandes citas no responde como debiera. Incluso avergüenza por cierta dejadez

Barrunto, llegado este tercer párrafo, si darle significado a una derrota como la del domingo es cinismo o inmadurez. O si es las dos cosas. Obtener una explicación válida quizá sirva casi como un abrazo o como una mano en el hombro, una frase de aliento, una liana a la que agarrarse en medio de la caída. Sólo eso.

Las grietas del imperio

El Real Madrid vive su segunda era de diamantes: ha ganado seis Copas de Europa en los últimos once años. Tres de ellas han sido con Carlo Ancelotti al frente, quien, al margen de gustos y disgustos, forma parte de la terna de técnicos a los que podemos considerar como mejores de la historia por su palmarés. Pero hay un borrón, un tropezón grave. El bagaje de victorias, empates y derrotas del italiano contra el Atlético de Madrid y sobre todo contra el Barcelona es demoledor. A pesar de los títulos y de las sonrisas, de vez en cuando el avión sufre turbulencias graves cuando sobrevuela a sus dos grandes rivales. De los últimos seis partidos de Liga contra los rojiblancos, el Madrid sólo ha ganado una vez. Ante el Barça acumula dos goleadas sonrojantes en menos de cuatro meses. Hay muchas lecturas y ninguna conclusión: no hay cerebro humano que comprenda los motivos exactos por los que el mejor Madrid en décadas no es capaz, ya no de imponerse, sino de competir. Los de Ancelotti son el rival más débil de este Barcelona 24/25, habiendo sido perforados nueve veces en sólo dos partidos.

Síntomas de galacticidio

A veces leo la alineación del Madrid y la frase que me viene a la cabeza es ‘tus ojos me recuerdan a los suyos’. De tendencia pesimista, no puedo sino temer que esta segunda venida del Madrid galáctico se parezca demasiado a la versión original. Como buen hijo de su padre, este Madrid ya tiene ciertos rasgos de la mitad de los 2000: el gesto, la sonrisa, esa expresión de incredulidad cuando tiene a cuatro o cinco de los mejores futbolistas del mundo en el campo y no es capaz de dominar Europa a sangre y fuego. Los síntomas de galacticidio son tristemente evidentes y hasta ya empezamos a mirar allá donde nos señala el dedo: al puesto de pivote, donde antaño añoramos a Claude Makélélé; y a la posición de central, para la que anduvimos buscando novio años que parecieron décadas. Y no queremos mirar, ahora tampoco, a lo que hay antes del dedo: la acumulación en el mismo espacio de demasiados entes gravitatorios. Estos, capaces de ganar al ralentí a muchos equipos, aparcan para más tarde un debate que quizá deberíamos estar teniendo: el de cómo demonios va a gestionar el Madrid los grandes partidos, si con cuatro futbolistas descolgados o con una o dos malas caras en el banquillo.

El panorama es desconcertante. El Madrid ha ganado ya dos títulos esta temporada y sin embargo las sensaciones son malas. En la hora de las grandes citas no responde como debiera. Incluso avergüenza por cierta dejadez, que uno no sabe si es hartazgo de títulos o falta de espíritu obrero. Y de nuevo, el pesimista: los síntomas de galacticidio recuerdan un antiguo Vietnam.

No queda sino resignarse, que es rendirse al antiguo mantra que dice que a veces se gana y a veces se pierde. Aunque evitemos sufrir por las derrotas, estas seguirán sucediéndose porque sin ellas no existirían las quince Copas de Europa en la entraña del Bernabéu. Ya que hemos sufrido, ya que sufrimos, ya que sufriremos, sintámonos orgullosos de habernos entristecido, de haber vivido al Madrid, de que también nos hayan ganado y de que se hayan reído de nosotros como en la Supercopa. Porque quizá no haya peor último pensamiento que preguntarnos, cuando seamos viejos y todo cobre sentido, como hacen los Carolina Durante en su último disco, aquello de qué nos ha pasado, si no ha pasado nada.

 

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Enero nos da lo que enero nos quita. Desde kilos de más hasta nobles propósitos de año nuevo. En mitad de la temida cuesta de enero con su inflación y el aumento consuetudinario en combustible y energía, los publicistas herederos de Don Draper nos recuerdan cada año que existe un oasis en el desierto en forma de rebajas.  Desde tiempo inmemorial, las distintas generaciones han acudido a las rebajas de enero empujadas por misteriosos intangibles. Una promesa o algo peor nos empuja a creer que encontraremos una ganga cuando la cruel realidad es que todo obedece a una estrategia empresarial.

En nuestro fútbol de cada día, muchos presidentes demagógicos pretenden arreglar en enero lo que fueron incapaces de prever en verano. En honor a la verdad, el tendido del siete de todos los estadios pide la cabeza del viejo conocido y clama al cielo por tener nuevos conocidos con los que ilusionarse. Equipos en crisis ven desfilar entrenadores nuevos que llegan con cara de pocos amigos y lo primero que hacen es poner a todo el equipo a dieta y doble turno de entrenamientos a jornada completa. Y cómo no, religiosamente el aficionado debe aprenderse los exóticos nombres de fichajes a saldo que normalmente proceden de la Europa del Este o Sudamérica. Naturalmente, entre tanta mercancía averiada, cada tanto, como diría Serrat, nace una rosa entre cardos. Entre tantos desaciertos, también llegan excelentes jugadores como Marcelo e Higuaín.

Los equipos exitosos como el Real Madrid también se ven sojuzgados por buena parte de su afición cuando la trayectoria de los primeros meses no es la esperada. Como era de esperar, y más si sumamos todas las bajas de larga duración por lesión, el aficionado sabe que el Madrid es frágil en defensa porque no cuenta con suficientes efectivos. Lo fácil es pedir fichajes, lo difícil es mantener la cabeza despejada y evaluar la situación. ¿Qué efectivos transferibles o cedibles pueden ser verdaderamente útiles? ¿Hay alguna oportunidad de mercado que pueda suplir con garantías nuestras bajas? La respuesta más lógica sería responder a todo que no. Sin embargo, sé que es desmoralizador aceptar que hasta verano no podemos esperar fichajes importantes como los de Trent Alexander-Arnold o algún central de categoría.

La situación del Real Madrid no es sencilla. Cualquiera de nosotros ha vivido momentos buenos, menos buenos, regulares y realmente malos. ¿Acaso cabe tirar la toalla cuando pintan nubes negras? ¿Qué haces cuando el viento sopla a favor?   El éxito te cambia. Tú no te das cuenta. Piensas que sigues siendo el mismo pero ni eres el mismo ni los demás te perciben igual. Y tú, en tu fuero interno, sabes que ya no eres el mismo. Lo intentas porque sabes, como cualquier persona que haya superado la curva de los dieciocho y tenga cierta honestidad intelectual, que todo es efímero. Pues como dijo Rudyard Kipling en su célebre poema, el éxito y el fracaso son dos impostores. Jorge Luis Borges iba aún más allá y añadía que ambos son ilusiones temporales que no definen la verdadera esencia de una persona. Cabe recordar que tampoco una entidad como el Real Madrid merece ser reducida al absurdo del éxito inmediato y pasajero o calificar como fracaso por momentos determinados que se suelen dar casi todas las temporadas. Basta con tener memoria futbolística para no caer en diagnósticos banales.

Cabe recordar que tampoco una entidad como el Real Madrid merece ser reducida al absurdo del éxito inmediato y pasajero o calificar como fracaso por momentos determinados que se suelen dar casi todas las temporadas. Basta con tener memoria futbolística para no caer en diagnósticos banales

La bochornosa derrota ante el Fútbol Club Barcelona en la final de la Supercopa de España ha disparado el pesimismo entre nuestras filas. En estos días es natural sobrepensar lo sucedido e incluso hacerse daño queriendo saber la última hora de supuestos gabinetes de crisis o atender los cánticos de sirenas de futuribles al banquillo blanco tipo Xabi Alonso. Sinceramente, recomiendo alejarse del ruido mediático. Ponerse a dieta de tertulias, vídeos o periódicos puede ser sanísimo. Salvo de La Galerna, recomiendo abstenerse de consumir nada relacionado con el fútbol. Y por supuesto, incluyo a las redes sociales como cenagales tóxicos a evitar. Eliminar de nuestro consumo diario esas visitas constantes a ciertas ciénagas que excretan opiniones dañinas. Entiendo que todos nos hacemos cargo de lo nocivo que pueden llegar a ser algunos pseudomadridistas.

Abogo pues por un total apagón informativo si es necesario. No pasa absolutamente nada por tomar distancia de la rabiosa actualidad. Es hasta recomendable en estos tiempos de pena y olvido. Cada cierto tiempo es sanísimo obviar todo esto y centrarse en las cosas buenas que tiene la vida. Paladear un buen vino mientras escuchas un buen disco, o frecuentar una tertulia con amigos que tengan inquietudes fuera de lo estrictamente futbolístico, pueden ser sustitutivos estimulantes. E incluso, como recomendarían los modernos a sus amigos que están superando una ruptura, contacto cero y mucho gimnasio. O en su defecto, como haría ese gran madridista llamado Pepe Herrero, penúltimo oficialista vivo, pasar de la sauna a la disidencia también puede ser una gran opción. Tampoco hace falta machacarnos a diario. Una sesión de largos en la piscina ayuda. No olvidemos que nadar es el ejercicio más completo y saludable que existe.

La inmediatez del fútbol es la mejor medicina para el Madrid. Mañana jueves tenemos Octavos de final de Copa del Rey frente al Celta de Vigo en el Santiago Bernabéu. Y a continuación, la U. D. Las Palmas nos visita el domingo en casa. Y por si fuera poco, el próximo miércoles vuelve la Champions y tenemos al Red Bull Salzburgo también en casa. Estos tres partidos como local son el bálsamo perfecto para que el equipo demuestre de lo que es capaz. Victoria a victoria el Madrid volverá por sus fueros y, a poco que la salud nos respete y el Dios del fútbol así quiera, la primavera blanca abrazará de nuevo los partidos grandes que nos conducen a las hazañas de siempre. Y volverán a sonreír los niños en las gradas y desfilarán alegres y risueñas las mocitas madrileñas para ver ganar a su Madrid.

 

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Buenos días, amigos. Jan Laporta ha comparecido ante la prensa para dar explicaciones del llamado Caso Olmo. Ha tardado poco tiempo en hacerlo si lo comparamos con la cantidad de meses (¡meses!) que le ocupó ponerse ante los medios para arrojar luz (ejem) sobre las malévolas insinuaciones de la prensa en el llamado Caso Negreira.

Aquella intervención fue un triunfo clamoroso. Salió con unas cajas presuntamente llenas de informes -¡los informes de Negreira!- que probaban que hubo un destino diáfano y absolutamente legal (ya lo creo) para aquellos pagos al vicepresidente del CTA que tuvieron lugar durante apenas 17 años (que se sepa). Como prueba accesoria, aportó unos CDs de Junco, adquiridos en una gasolinera del Ampurdán el fin de semana anterior.

Si aquella intervención, en la que nuestro héroe desarticuló con mano firme todas las calumnias cavernarias, incluidas las vertidas por el Generalísimo en persona, fue un éxito arrollador, la de ayer fue más apelotante todavía. Claro, en este caso llegaba con media tarea hecha, con Olmo ya inscrito. La goleada infligida al eterno rival en la final de la Supercopa le aupaba a un escalón de autosatisfacción todavía más elevado.

La portada que a este respecto ha confeccionado Mundo Deportivo nos parece de una crueldad innecesaria.

Hombre, puede que el insigne presidente culé tenga algo de sobrepeso, pero de ahí a llamarlo “Laportazo” en lugar de Laporta nos parece que medía un trecho de difícil justificación ética. No deberían estar contemplados los sufijos faltones en el libro de estilo del diario de Godó, grande de España. Tampoco está bien que omita el desmentido que muy serio llevó a cabo el mandamás: contrariamente a lo afirmado por lenguas de doble filo mesetarias, él no insultó ni zarandeó a nadie en el palco de Yeda. Hay abundantes testimonios en sentido contrario, pero quién es el mundo para dudar del testimonio de alguien tan decente como Jan, cuyos buenos modales no han sido quebrados jamás ni por las constantes asechanzas centralistas.

Con todo, lo más divertido de la portada mundodeportiva es el último punto relativo a la aparición pública del Joker calórico de arriba hacia el este. “Dio detalles de la operación de los asientos VIP”.

He aquí los detalles.

 

-¿Nos puede concretar las empresas a las que el Barça ha vendido sus palcos VIP?

-Ya lo he dicho (¿?). Son dos empresas. Una de Catar y otra de Dubai. No puedo decir los nombres por las cláusulas de confidencialidad.

 

“Detalles”. Ajá. Ejecutas tu operación estrella para salir del pozo a través de una venta, pero no puedes revelar quién ha comprado porque el comprador, supuestamente, no quiere que se sepa. Poneos las gafas de sol, queridos lectores, que tanta transparencia puede cegaros.

Ese momento fue excelso. Aunque detestemos entrar en política, recordó un poco a la declaración en juicio, muy reciente, del pariente cercano de alguien muy importante.

 

-¿Nos puede concretar las empresas a las que el Barça ha vendido sus palcos VIP?

-Vamos a ver. Imagino que las empresas que han comprado los palcos VIP serán las empresas que han comprado los palcos VIP.

 

Afortunadamente, nadie preguntó al bueno de Jan por la dirección de dichas empresas ni por la actividad de las mismas.

Por su parte, Sport da rienda suelta a uno de los aspectos centrales de la rueda de prensa laportiana: el victimismo. “Nos han intentado liquidar”. Les han faltado tres signos de exclamación por delante y tres por detrás. “Ataques por tierra, mar y aire”, soltó en otro punto. Nos vuelven a faltar unas exclamaciones que doten a la acusación del suficiente dramatismo.

“En Arabia tenía una euforia contenida”, revela. “No insulté a nadie ni cogí a nadie por el cuello”, insiste. Los cortes de manga que todos vimos y los berridos guturales representan, en efecto, la forma más sutil y elevada de la contención, porque la contención apareja siempre algún misterio, y nada hay más misterioso que una contención consistente en cortes de manga y gritos simiescos.

 

Y llegamos a la primera plana cumbre de la mañana. En las portadas marquistas suele intuirse la mano de Tebas, que es quien controla la publicación. Sin embargo, hoy os atrevemos a aventurar que ha sido diseñada o pergeñada directamente por el mismísimo presidente de la LFP.

Mira que había cosas que destacar. Bueno, pues lo que Marca refleja a cinco columnas es el regalo envenenado de Laporta a Florentino. Cuando Laporta agradece al Madrid (y a otros, sin nombrar ni a esos otros ni al uno) que no se haya pronunciado en el Caso Olmo, está tirando con bala: es su forma malévola de devolver (?) el favor al presidente del Real Madrid, tratando de predisponer a su afición contra él. Tebas, vía Marca, corre a redundar en el esfuerzo. Tanto Laporta como Tebas saben que gran parte de la afición blanca no entiende la pública complacencia de Florentino con el Barcelona. Olvidando que el club blanco sigue personado en el Caso Negreira, hay un sector del madridismo que se siente desorientado ante los gestos públicos de cariño que Pérez ofrenda al club azulgrana. Consciente de que aquí hay una posibilidad de potencial cisma entre el presidente y su afición, Tebas trata de ensanchar la herida vía Marca. Ajenos a los mecanismos de alta empresa de su máximo mandatario, muchos madridistas agradecerían una mayor visceralidad en la relación bilateral. Una, dicho sea de paso, que después se reflejara también en el campo.

As reserva un espacio menor al laportismo, optando por el lateralderechismo como argumento principal. Parece evidente que hace falta un lateral derecho. Si Trent Alexander-Arnold puede venir ya, maravilloso. De lo contrario, los otros dos nombres que menciona As nos parecen también adecuados, a la espera de que el inglés llegue el año que viene.

Pasad un buen día.

A lo largo de su historia, el Real Madrid ha tenido caras conocidas en la primera plantilla del equipo de fútbol en las funciones de médico: Pruden, Pirri, Alfonso del Corral… Todos ellos habían pertenecido antes al club como futbolistas o baloncestistas. Pero el pionero fue Félix Contreras, el primer médico que tuvo el conjunto blanco y también fundador de los servicios médicos de la entidad. Su pasado de corto también le vinculó con el cuadro merengue a comienzos de los años 20.

Félix Contreras

Félix Contreras

Nacido en León el 3 de septiembre de 1900, creció en Madrid cuando de pequeño se trasladó con la familia a la capital. Allí desarrolló sus estudios y cursaría la licenciatura en la Facultad de Medicina, donde obtuvo el título en 1922. Una vez acabada, ingresó por oposición en el Ayuntamiento de Madrid como médico de Casas de Socorro. Compaginó este trabajo con su especialización en Dermatología y Venereología en varios dispensarios, así como en el Hospital San Juan de Dios.

Recreativo Español infantil

Recreativo Español infantil

Recreativo Español. Categorías inferiores

Recreativo Español. Categorías inferiores

Recreativo Español

Recreativo Español

Al mismo tiempo, compaginó los estudios con el fútbol, en el que también estaban involucrados sus hermanos Francisco y César. Francisco fundó un equipo madrileño, el Recreativo Español, que disputaba sus encuentros en varios célebres campos de la capital. Los hermanos comenzaron jugando en las categorías inferiores del club y año a año fueron ascendiendo hasta llegar al primer equipo. Félix compartió escuadra con otros futuros madridistas como Muñagorri, Luis Olaso, Félix Quesada y Félix Pérez.

Copa ganada a La Felguera

Copa ganada a La Felguera

Jugadores del Recreativo Español que pasaron al Real Madrid

Jugadores del Recreativo Español que pasaron al Real Madrid

El equipo blanco echó el ojo a Félix Contreras, a su hermano César y a varios futbolistas más del Recreativo Español, que pasaron a las filas madridistas alrededor de 1921. Félix se desempeñaba como mediocentro o medio derecha y las crónicas de la época lo describían como un jugador trabajador, voluntarioso y con recorrido que actuaba rezagado para proteger y apoyar a sus defensas. Él mismo, en una entrevista para AS Color, dijo que “era duro, pero la verdad es que siempre iba al choque. Nunca lesioné a ningún contrario”.

Félix Contreras

Félix Contreras

Su estancia en la primera plantilla fue de dos temporadas. En la pretemporada merengue del curso 1923-24 participó en tres encuentros contra equipos extranjeros a finales del mes de septiembre. Primero contra el SK Cracovia, al que el Real Madrid venció por 4-2, y posteriormente en dos choques contra el SV Fürth que se resolvieron con empate y victoria germana por la mínima. Contreras, ante los polacos, entró por M. De Miguel, que había jugado la tarde anterior, y su buena labor y desempeño le hizo repetir en el equipo dos veces días después contra los teutones.

Félix Contreras con Quesada

Félix Contreras con Quesada

La competencia en el puesto era enorme y Félix Contreras debía competir con el internacional suizo Adolfo Mengotti, Barrero y Antonio Sicilia. No disputó ningún partido del Campeonato Regional y tuvo que esperar su oportunidad para debutar en partido oficial en la Copa del Rey. El Real Madrid se deshizo en cuartos del Natación Alicante y en semifinales se vio las caras con el Athletic Club. En el partido de ida en San Mamés fue baja por enfermedad Mengotti y esto dio la alternativa al jugador leonés. Aquel día compartió media con Barrero y Mejía en un once que también incluía a Martínez, Escobal, Quesada, Muñagorri, Santiago Bernabéu, Valderrama, Félix Pérez y Del Campo. El cuadro vasco venció por 3-1 y en la crónica de Madrid-Sport se calificó el juego de Contreras como “ordenado y sirvió para ayudar no poco a los backs, pero sin quitar a estos el mayor peso del partido”. En la vuelta ganaron los merengues por 3-0 y en el desempate en el Metropolitano eliminaron a los rojiblancos. No se pudo completar un año sensacional al caer en la gran final en Atocha contra el Real Unión.

Athletic vs. Real Madrid en San Mamés. 1924

Athletic vs. Real Madrid en San Mamés. 1924

Athletic Club de Bilbao vs. Real Madrid en San Mamés. 1924

Athletic vs. Real Madrid en San Mamés. 1924

El otro gran momento de la carrera de Contreras como futbolista blanco tuvo lugar el 17 de mayo de 1924. El Real Madrid inauguró su campo de Chamartín contra el Newcastle y el leonés formó parte del primer once del equipo en su nueva casa. En la entrevista años después en AS Color declaró que “una de mis mayores alegrías es que estuve presente cuando se inauguró el campo”. Los blancos derrotaron a los ingleses por 3-2 y Contreras, que entró en la alineación por Barrero, jugó la primera parte, para, a continuación, ser sustituido por Merino.

Varias participaciones más del jugador leonés en el Campeonato Regional Centro de los reservas dieron por concluida su campaña. En la siguiente temporada 1924-25 volvió a actuar en varios choques del Campeonato de Reservas, como ante el Unión Sporting en el Metropolitano y también en un amistoso con el primer equipo frente a los ingleses del Civil Service London. Fue su punto final como jugador del conjunto blanco, porque a continuación tuvo que dedicarse a su labor en la medicina y también debió marcharse a la guerra del Rif.

Contreras y varios compañeros del Real Madrid en la estación antes de partir de gira

Contreras y varios compañeros del Real Madrid en la estación antes de partir de gira

Tras la guerra civil española de 1936-1939, en la que falleció su hermano Francisco, también doctor, en Baños de la Encina (Jaén), Félix Contreras volvió al club madridista en calidad de médico de campo. De esta forma se convertía en el primero de la historia de la institución en ostentar dicho puesto. Poco después, y viendo cómo avanzaba la medicina entorno al fútbol, se encargó de fundar los servicios médicos y la enfermería para atender a los jugadores de sus lesiones y problemas físicos.

El Dr. Contreras con el exmadridista Bonet. 1943

El Dr. Contreras con el exmadridista Bonet. 1943

En los años 40, era el encargado de dar los partes médicos del equipo cuando los periodistas entraban en las oficinas del club. Su prestigio y reputación le llevaron también a la selección, donde acompañó como doctor a Eduardo Teus entre 1941 y 1942 y a Manolo Meana en 1957. Entabló una gran amistad con Santiago Bernabéu y una de las fotos icónicas de la entidad blanca es una en la que se ve al máximo mandatario junto al médico en las gradas observando el nuevo estadio recién construido.

Bernabéu y el Dr. Contreras

Bernabéu y el Dr. Contreras

Félix Contreras, en la entrevista ya referida de AS Color, manifestó que desde que era jugador asistía a sus compañeros que acudían a su consulta y una vez también tuvo que intervenir en un encuentro: “Estábamos jugando y cayó lesionado Monjardín. Me dijo: “Tengo la rodilla estropeada”. Le tuve que encajar el menisco en su sitio”. Estuvo inmerso en el cuadro merengue hasta bien entrados los años 50, cuando los servicios médicos habían crecido y junto a él trabajaban los doctores Barreiro, Iglesias y Pruden Sánchez. Una vez desvinculado del club siguió recibiendo a jugadores del equipo de fútbol y de baloncesto en su casa de la calle Moreto nº 15.

Dr. Contreras

Dr. Contreras

Nunca dejó su actividad profesional al margen y en los años 40 fue nombrado Subdirector de la Colonia Sanatorio San Francisco de Borja y Director de Fontilles (una fundación sin ánimo de lucro cuyo objetivo es acabar con la lepra y sus consecuencias), donde permaneció hasta 1968. Se convirtió en uno de los leprólogos más reputados, dio conferencias nacionales e internacionales por todo el mundo, recibió la distinción de la Gran Cruz del Mérito de la Soberana Orden de Malta y fundó la revista Leprológica Fontilles, cuyas publicaciones no trataban solo de aspectos clínicos, sino también de aspectos sociales, laborales y la rehabilitación de los pacientes. Una década más tarde fue designado Jefe de la Campaña contra la lepra de la Dirección General de Sanidad y Experto en lepra por la OMS (Organización Mundial de la Salud). Hay que añadir su labor divulgadora que fue enorme, destacando su más de una docena de libros publicados a lo largo de su carrera profesional.

Falleció en Madrid el 14 de enero de 1984 a los 83 años de edad.

 

*Agradecemos la disponibilidad y toda la información aportada por sus nietos Javier Contreras de las Heras y Félix Contreras para completar el artículo.

 

Fotos del archivo de Alberto Cosín y la familia Contreras.

La vida tiende al ciclo y el fútbol, y más en concreto el Real Madrid, que es lo más parecido a la vida misma dentro de este deporte, no iba a ser menos. A lo largo de la historia, el madridismo ha gozado de la inmensa fortuna que supone contar con dos personas que han entendido mejor que nadie cuándo los diferentes ciclos llegaban a su fin y se anticipaban a los mismos con el objetivo de lograr colocar al Real Madrid por delante de sus adversarios en el territorio continental y, por ende, mundial.

Santiago Bernabéu y Florentino Pérez han sido más que probablemente los dos mejores presidentes de una entidad deportiva de toda la historia, y lo han sido precisamente por poseer una visión que les capacitaba para obrar de manera prematura a acontecimientos venideros que ningún otro esperaba. La construcción del estadio, la creación de una nueva competición continental disputada por los campeones de Europa, los fichajes de los galácticos, la creación de una ciudad deportiva o el cambio de la política de fichajes para encontrar y moldear a los futuros cracks mundiales son algunos de los ejemplos que ilustran la habilidad de estos dos “seres superiores” para comprender la necesidad del cambio en un momento en el que cualquier otro se hubiera acurrucado cómodamente en su butaca y hubiese seguido pulsando el mismo botón de manera rutinaria.

No seré yo quien exhorte directamente a nuestro presidente, pues él ha demostrado sobradamente tener una visión que yo ni aspiro a albergar, pero los acontecimientos actuales sí que denotan que la deriva que lleva nuestra plantilla requiere de una mano diferente a la que ahora mismo ase el timón. Los defensores a ultranza de Carletto alegan con cierto tino que es el entrenador más ganador de la historia, lo cual inevitablemente lo convierte en el mejor.

En este punto me permito disentir, porque considero que los méritos de cada entrenador, circunscritos cada uno a sus propias circunstancias, no son fácilmente ponderables. Mucho menos ordenables. ¿Es mejor Guardiola por haber reinventado el fútbol y trasladarlo a proyectos ganadores con los que obtiene resultados difícilmente cuestionables? ¿O se podría argüir que es más meritorio obtener sendas Champions con el Porto y un Inter en horas bajas como consiguió José Mourinho? ¿Habría ganado alguno de ellos la Premier League que obtuvo Ranieri con el Leicester City? Dado que estas preguntas me resultan complicadas de responder de manera satisfactoria, prefiero concluir con la solución que me dicta mi sentido futbolístico: en la élite del fútbol no existen mejores o peores entrenadores, sino entrenadores más o menos adecuados para determinados proyectos, jugadores o circunstancias.

El Real Madrid está lejos de mostrar la fortaleza requerida para pelear por la principal competición europea y necesita de aquello que tanto se ha preciado nuestro líder de realizar antes que nadie: cambios

Carlo Ancelotti ha sido, y esto tiene un mérito enorme, el entrenador adecuado para el Real Madrid en dos etapas diferentes, tremendamente exitosas y en las cuáles demostró saber adaptarse a las diferentes circunstancias aplicando los cambios necesarios en cada momento, con dos libretos totalmente diferentes atribuibles a Paul Clement en su primera etapa y a su hijo Davide y su equipo en la segunda. Di María de interior, Cristiano de segundo delantero, Bellingham como mediapunta o la variedad de posiciones del propio Vinícius han sido algunas de las variantes con las que el italiano ha mostrado su mutabilidad a lo largo de los años.

Ancelotti

Sin embargo, lo que antes funcionaba ya no parece hacerlo, y desgraciadamente el veterano entrenador parece haberse obcecado en los errores que ya le condenaron en el pasado, cuando la ausencia de rotaciones y falta de confianza en su segunda unidad se acabaron llevando por delante las opciones de títulos y el puesto de trabajo de Carletto. La excesiva confianza de Carlo en jugadores a los que obliga a jugar fuera de posición ha restado solidez al equipo y mermado una línea defensiva despiadadamente acosada por la plaga de lesiones.

El equipo, que parecía haber salido de las crisis en la que se hallaba precisamente tras el anterior mal llamado clásico, ha vuelto a mostrar su peor versión y no parece ser capaz de mostrar la competitividad que se le exige al rey de Europa frente a sus principales aspirantes a derrocarlo. Desconozco el panorama que contempla nuestro presidente, pero el que parecemos atisbar el resto de mortales no es precisamente halagüeño. El Real Madrid está lejos de mostrar la fortaleza requerida para pelear por la principal competición europea y necesita de aquello que tanto se ha preciado nuestro líder de realizar antes que nadie: cambios.

Lo que antes funcionaba ya no parece hacerlo, y desgraciadamente Ancelotti parece haberse obcecado en los errores que ya le condenaron en el pasado

Los más evidentes los dicta la debilidad defensiva personificada en unos jugadores que han sido tan nombrados en las últimas horas que prefiero no sumarme al enrojecimiento de sus oídos: ustedes ya saben quiénes son. El equipo necesita un central y un lateral derecho con urgencia. La opción de Rafa Marín, cedido recientemente al Villarreal, no habría sido mala para oxigenar una posición tan maltratada por las lesiones a la espera de ver el estado de Alaba, pero al no ser ya viable, quizá no sería mala opción buscar la compra de un jugador que pueda jugar en ambas posiciones y quedar en rol de central conforme recuperemos a los lesionados y lleguen los presumibles fichajes de junio.

El otro cambio a abordar es el más complicado y evidente: el entrenador. Pese a que ya recuperó al equipo hace unos meses, este nuevo contratiempo parece haber demostrado que Carletto ya no es el entrenador más adecuado para esta plantilla, a la que no está sabiendo sacar el enorme potencial que tiene. El poco uso de la cantera contrasta con el que está ejerciendo el más indigno de nuestros rivales, haciendo las delicias de los más ventajistas que, no sin razón, apuntan a que Asencio sería titular en el equipo negreiro por lo ya mostrado en el verde, como lo son Casadó y otros tantos que han surgido en estos tiempos más por necesidad que por virtud.

Los cambios son necesarios y Carlo no se atreve con ellos. Florentino tampoco parece darse por aludido, ya que no resulta fácil cambiar de inquilino en el banquillo en mitad de un año que el club blanco tenía marcado desde hace tiempo en el calendario ante la posibilidad de ganar dos títulos tan atractivos como la Champions League y el nuevo Mundial de clubes. El presunto ansiado técnico no llegaría hasta junio y las opciones que se barajan no parecen convencer más que un Carletto que hoy no tiene más a lo que agarrarse que a su historia, y resulta que estamos frente al deporte que más desprecia a la misma, como bien demostró el domingo.

Parece demostrado que Carletto ya no es el entrenador más adecuado para esta plantilla, a la que no está sabiendo sacar el enorme potencial que tiene

Yo no soy quién para hurgar de mala manera en la herida de Ancelotti, pero el propio fútbol, que no tiene integrados en su ser los conceptos de piedad o de memoria, es el primero en recordar a base de golpes que a esto se gana con fútbol y trabajo, y no puedo decir nada más doloroso sobre Carlo en este momento que es precisamente de lo que carece ahora mismo el Real Madrid. Este equipo dista mucho de estar bien trabajado: la defensa hace aguas, no se presiona bien, la salida de balón luce por ausencia y la principal arma ofensiva del equipo consiste en enviar balones largos y confiar en la velocidad y calidad de los de arriba. Igual que en 2010 fue necesario un entrenador que actualizara de arriba a abajo el sistema táctico del equipo, en este momento esta plantilla demanda como el comer una base sólida sobre la que asentarse y dominar a los rivales imponiendo la superioridad que ahora mismo no son capaces de exhibir.

La opción de esperar a que se suceda una serie de buenos resultados ante rivales asequibles y parezca que de nuevo el equipo está en una senda positiva resultará estéril cuando el equipo se dé de bruces ante la realidad, reflejada en el próximo rival de entidad que se cruce en nuestro camino. Hasta ahora Carlo no ha sido capaz de competir contra este tipo de equipos y poco o nada parece indicar que esto vaya a cambiar en esta temporada. Cierto que si hay un equipo capaz de revertir drásticamente una situación o sensación como esta es el Real Madrid, pero el trabajo de Carletto de este año no invita precisamente a ser optimistas. Este equipo necesita urgentemente un cambio. Y Carlo los suele hacer demasiado tarde.

 

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Cartas de un madridista millennial

 

Sabes desde hace mucho que en las jornadas previas a una final trato de abstraerme y busco escondites que me mantengan resguardado del mundanal ruido. De modo que, hastiado del caso Olmo —enésima prueba de lo fraudulento de ese estatuto de víctima que el Barcelona, indulgentemente, acostumbra a autoconcederse—, y sobre todo tras la catástrofe de Arabia, estos días me he cobijado en la nueva serie de Sorogoyen, Cano y Fabra, cuyo título se encuentra tan en consonancia con las fechas recién transcurridas. Había leído críticas muy dispares de Los años nuevos, sobre todo determinadas por la edad del espectador: de manera general, los de tu quinta la han considerado un producto demasiado intimista y autorreferencial, autocompasivo, estomagante…, mientras que la mayoría de los de la mía la han alabado como un espejo preciso en el que verse reflejados de manera emocionante. Esta ambivalencia ha provocado que se le haya adjudicado el adjetivo de generacional: obra maestra para los nacidos entre el final de los ochenta y el principio de los noventa, y bastante ajena para todos los demás.

Reflexionando sobre esta diversidad de perspectivas en función de la hornada a la que se pertenezca, de inmediato encontré un paralelismo con la afición del Madrid. Es cierto que la principal división entre el madridismo no la marcan tanto las diferencias de edad como las diferencias de temperamento —te dije una vez que, grosso modo, nos distribuimos entre una pesimista y esencialista Generación del 98 y una vitalista, frívola y un punto iconoclasta Generación del 27—, pero el contraste de criterios también se ve influido por la cifra que aparece en el DNI. No en vano la angustiosa necesidad de estímulos constantes que caracteriza a los millennials y sus primos menores reduce la —de por sí escasa— paciencia que el club otorga a los entrenadores y jugadores, alimentando su innata tendencia a la trituradora. Tengo pocas dudas de que Óscar, uno de los protagonistas de Los años nuevos, sería un merengue cenizo hasta el paroxismo, partidario de echar a Ancelotti o a cualquier técnico poco intervencionista, no ya por la goleada concreta de la Supercopa, sino en aras de esa ficticia sensación de control que precisa en su vida; de la misma forma que, si a Ana le gustase el fútbol, su admirable condición empática no le impediría bajar el pulgar a la mínima, empujada por su inconformismo militante.

Antes de que alces la ceja para cuestionarme la pertinencia de buscar una exégesis madridista en una serie rodada por un culé y musicalizada por un anti como Nacho Vegas —el único artista español cuyo talento consigue hacerme perdonarle tal defecto—, te responderé que no hay nada forzado en el empeño, y que, además, podría pasarme la semana entera. Otro ejemplo entre tantos: los protas están perfilados de una manera suficientemente inespecífica como para lograr que muchísimas personas puedan reconocerse en ellos. ¿No es esto acaso homologable al carácter ecuménico del Madrid, en donde, a diferencia de otras latitudes, no hay establecida desde arriba una forma correcta de ser hincha? Aunque, a la vez, todos los personajes comparten cierta insatisfacción permanente por unas expectativas desmesuradas respecto a lo que imaginaban que la vida les había prometido: ¿no es el carácter heroico del Madrid un bálsamo, pueril si se quiere, que alivia esa úlcera y vivifica tantísimos espíritus achaparrados? Y, cuando este no se presenta, como el domingo, ¿no surge un desamparo inconsolable, equiparable al de los protagonistas de la ficción? Por otro lado, ¿no muestra el marco estructural elegido para la obra, el de las sucesivas noches de fin de año, un fetichismo por aquellos rituales que reivindican aquello que permanece frente al inflexible paso del tiempo? ¿De verdad hace falta que continúe?

Cuando los hiperestimulados barcelonistas arrasaban reiteradamente nuestra área, defendida de una guisa ridícula, algunos creímos escuchar la banda sonora: júrame que esta es de nuevo la última vez, mueres por echar a correr y tu vida es una noticia incómoda y cruel. O cuando, entre incrédulos y aterrados, contemplábamos la exasperante lentitud del cronómetro: Mírame, mírame, mírame, si en segundos ya habrá transcurrido un año más. Pero también cuando, por fin, después de tanto tiempo anhelándolo, pudimos contemplar al auténtico Kylian —este sí es mi Mbappé— galopando pese a la lesión, dejando tirados a sus pares inmisericordemente: cuando el corazón es un motor mortal, es el mundo echándose a temblar, son las bombas que no dejarán en pie nada de lo miserable y vertical, son las bombas que provocan el temblor, un temblor que es placer y anula todo el horror.

Me he dejado una última cosa para el final. Algo que resulta fundamental recordar hoy, más que nunca. Se trata de la frase de Ana, auténtico clímax de la serie, presentada de tapadillo al formularse en el entorno más anticlimático posible —el interior de un coche, de madrugada, de vuelta de una asociación de ayuda a drogadictos—, y que, a pesar de los titubeos y del lenguaje informal, simboliza con la mayor precisión y solemnidad la esencia del madridismo:

Joder, al final confiar, permite ilusionarse y… Joder, la ilusión da fuerza, tío. Permite que pasen cosas, ¿no?

En Arabia, la noche sonó igual que una deflagración. Cierto. Pero, al mismo tiempo, Kylian Mbappé completó su resurgimiento. Ahora que no nos oye nadie, anota mi apuesta, que nadie podrá tachar de ventajista: va a ser un buen año, y el Madrid volverá a ser campeón. Ni siquiera hará falta que lo ruede Sorogoyen. Ahora que no puedes huir, ven y mira más de cerca. Y di que confías en mí.

Mbappé

Cuídate. Volveré a escribirte pronto.

Pablo.

 

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Buenos días. La humillación del domingo fue absoluta, el ridículo perpetrado por el equipo y sus responsables, mayúsculo, y la decepción y el enfado de la afición, inabarcables. Con motivos, además. El desencanto de los seguidores está justificadísimo. A los méritos deportivos y extradeportivos del Barcelona hay que sumar la alfombra puesta por el Madrid, hecho que incrementa el enojo del hincha, que sigue sin entender por qué su equipo se empeña una y otra vez en no competir contra el rival tahúr de las trampas por antonomasia y, por tanto, lo revive una y otra vez en lugar de acabar con él cuando tiene la oportunidad.

El madridista no entiende la razón por la cual Ancelotti repite los mismos errores cíclicamente sin aprender nada de ellos. No entiende su inacción. No tiene ni idea de por qué infrautiliza los recursos disponibles. Por qué el Madrid está fundido y el Barça vuela. El aficionado no comprende por qué no se refuerza la plantilla o se utilizan jugadores de la cantera especialistas en una posición en lugar de colocar en ella a futbolistas fuera de sitio o de tiempo. No lo entiende porque nadie se lo explica. Solo sabe lo que ve por la tele, en redes sociales y lo que lee en una prensa que en su mayoría está regada por los enemigos del club.

Marca As

Esta situación propicia el caldo de cultivo ideal para la radicalización. A la exigencia de medidas correctoras, a la crítica y al enfado necesarios (muy, muy necesarios) le sigue una enmienda a la totalidad, con carácter retroactivo, de una parte no despreciable de la afición. No solo hay que despedir hasta al que echó el gotelé del cuarto de la limpieza del Bernabéu, sino que además todas las Champions, los demás títulos, las remontadas, poco menos que fueron una cuestión de suerte, sin proponer, sin dirección deportiva y a pesar de los dirigentes y técnicos. Que ganar prácticamente todo durante lustros es engañoso y opaca la realidad. Es decir, los mismos argumentos utilizados por el antimadridismo.

Es curioso que muchos de los que se han echado al monte hace cuatro días andaban haciendo genuflexiones a Florentino día sí, día también. Lo que antes era una gestión inmaculada en los económico, lo institucional y una labor admirable en el seguimiento y fichaje de potenciales estrellas con un altísimo porcentaje de éxito, de repente es un despropósito. Si no fuera porque afortunadamente es imposible, sería divertido comprobar cómo las medidas y fichajes propuestos por ellos habrían mejorado las seis Champions en diez años. Probablemente estarían derrochando alegría mientras celebraban la undécima en 2024.

La radicalización lleva a algunos a pasarse de la raya y a publicar comentarios que podrían ser constitutivos de delito. Hay medios para conocer la identidad de estos valientes y en La Galerna no dudaremos en tomar las medidas legales necesarias en caso de recibir comentarios de este tipo en el foro.

Es obvio que hay situaciones que urge corregir, que se han cometido errores de bulto y se han tomado decisiones equivocadas. Del mismo modo que es evidente la parte positiva, que por recato no es momento de recordar.

El hecho indiscutible de que este Madrid gane las guerras mundiales y sucumba en las batallas regionales provoca que no pocos prefieran la siempre satisfactoria recompensa a corto plazo al triunfo final (los golpes de dopamina son adictivos). Hay quienes afirman que prefieren una victoria contundente contra el club cliente de Negreira a ganar otra Copa de Europa. Cada uno tiene sus preferencias.

Nosotros no entendemos por qué hay que elegir entre apalizar al club más fraudulento de la historia y lograr Champions. Tampoco por qué para reclamar soluciones y mejoras es necesario prender fuego a la propia casa con todas las joyas dentro. Abogamos por una manera más inteligente y menos salvaje de tomar medidas.

Se exige al club un comportamiento más visceral, que abandone la moderación y actúe a golpe de impulsos. Se pide, en resumidas cuentas, una actitud y una forma de dirigir más propia de Laporta, sus cortes de manga y su nulo respeto por la ley. Y se demanda que se desista de los grandes objetivos a largo plazo para primar las victorias pequeñas a corto.

Una vez más, sobre gustos no hay nada escrito y cada cual es libre de preferir lo que quiera, pero nosotros no creemos que exigir mayor implicación y rendimiento al equipo cuando se enfrenta al Barcelona tenga que llevar aparejado pedir al club que abandone las grandes obras.

Porque sí es muy necesario derrotar también en el enfrentamiento directo, no solo en el general, al club más abyecto que se recuerda. Además de todas las tropelías ya cometidas —incluida comprarse al estamento arbitral sin consecuencias— y cuya simple enumeración excedería el espacio disponible para este portanálisis, la exhibición de mala educación y la ausencia de valores deportivos mostrada por sus miembros tras ¡la victoria, ojo! es repugnante.

Iñigo Martínez, en actitud chulesca y con las capacidades que lo caracterizan, corrió con la Supercopa hacia los aficionados blancos para mofarse de ellos. Raphinha rapiñó el maletín del médico del Real Madrid, seguramente para hacer méritos y redimirse ante Laporta después de haber dicho la verdad en rueda de prensa. Fermín insultó a los hinchas madridistas desde la banda. Y Lamine Yamal tapó el escudo de su camiseta a un niño mientras se fotografiaba con él. Todo esto será el triunfo de la Masía, ¿verdad?

Sport

Pero el mal ejemplo es Vinícius.

Pasad un buen día. Y recordad que el Madrid siempre vuelve. Realmente, nunca se va.

Mundo Deportivo

El Madrid perdió la Supercopa el domingo, por aplastamiento y ante el Barcelona, y eso no fue lo peor del fin de semana. Ni siquiera lo fue el hecho, difícilmente tolerable, de que al campeón de Europa le haya metido nueve goles en dos partidos un Barcelona vulgar con un par de buenos jugadores y un fuoriclasse; un equipo irregular, de entreguerras, del que lo mejor que se puede decir es que está “bien trabajado”. Que es un poco lo de la chavala es mona o por lo menos, tenemos salud.

La Supercopa deja un poso negro en el alma. La sensación es de hastío y de conformidad, de que a la dirigencia el fútbol le importa poco y está a otras cosas. Del bagaje deportivo de esta temporada extraña, confusa, el principal responsable, desde luego, no es Ancelotti. Aunque el italiano esté firmando una de sus peores actuaciones como entrenador que se le recuerdan en su larga y extraordinaria carrera. No es culpa de Ancelotti que el Madrid no haya contemplado siquiera la posibilidad de acudir al mercado de invierno para solventar algunas de las graves carencias defensivas que tiene el equipo o la falta de un referente creativo en el medio. Carencias que inducen al terrible desequilibrio de jugar habitualmente con media zaga que no es especialista y al triángulo de las Bermudas del lateral derecho, sumidero por el que al Madrid se le va toda firmeza atrás y, con ella, la mayoría de sus opciones frente a rivales con cara y ojos.

La realidad es cruda. El Madrid ha sido vapuleado dos veces por el Barcelona de Flick; ha perdido en San Mamés, en Anfield y con el Milan. Sus mejores resultados ante equipos nobles han sido una victoria muy sufrida sobre el tercer equipo de Italia ahora mismo en la que, por demás, encajó tres goles, y un empate mezquino a domicilio con el líder de la Liga.

A nivel reputacional, las sucesivas goleadas del Barcelona, a lo largo del siglo XXI, constituyen un agujero negro en la leyenda del Madrid. De igual modo que en veinticuatro años se han ganado seis Copas de Europa se han acumulado también palizas que van cogiendo un tono sádico, dentro y fuera de casa. Al Madrid parece que le da lo mismo, pero estas cosas, en lo estrictamente futbolero, importan.

A nivel reputacional, las sucesivas goleadas del Barcelona, a lo largo del siglo XXI, constituyen un agujero negro en la leyenda del Madrid

Los grandes proyectos en los que está embarcada la big picture florentiniana tienen, aunque no se ve a simple vista, una correlación directa con lo que ocurre sobre el terreno de juego: decían los partidarios fervientes de la Superliga que era necesaria para irse de España pero lo cierto es que, en base a lo que conocemos hasta ahora, la Unify League es un bodrio ininteligible que liquida la Copa de Europa sin tocar siquiera la configuración actual de los campeonatos nacionales ni, tampoco, el absurdo calendario del fútbol de selecciones. ¡Menuda revolución!

De modo que lo que le queda al aficionado es que el manifiestamente corrompido fútbol español sigue impune con la aquiescencia del Madrid, que no se planta ni dentro ni fuera del campo y que, además, le pone la alfombra roja al Barcelona de Laporta regalándole goleadas que son cartas de naturaleza y dinamita mercadotécnica en un mundo como el que vivimos donde sólo importa lo que se pueda enlatar en medio minuto de TikTok.

La concepción de la plantilla del Madrid no hay por dónde cogerla y eso no es culpa de Ancelotti. El entrenador no ha pintado nunca nada con Florentino en la confección de la misma, con la excepción de Mourinho y, a veces, también de Zidane. El éxito asombroso de la gestión deportiva del club en la última década larga no es óbice para que se puedan señalar errores graves que comprometen el rendimiento inmediato del equipo: estoy hablando, por supuesto, de Tchouaméni, pero también de la política maniquea que lleva a no contratar a nadie si no se puede firmar a un potencial crack generacional.

Como se dieron cuenta los protagonistas en Viva la clase media, la gente no quiere la revolución sino comprarse una nevera. La gente del Madrid quiere ganar y no a cualquier modo, como creen los antimadridistas

Los meses de competición que quedan por delante pueden ser muy duros si la experiencia de Ancelotti y el orgullo de los futbolistas no corrigen la tendencia del equipo en los grandes partidos. Hay un proceso electoral recién abierto que puede devolver al primer plano de la atención de la dirigencia la cuestión de la pelotita. El madridista lo soporta todo menos el ridículo. Los planes a largo plazo y la visión áulica del futuro del negocio pueden verse comprometidos peligrosamente si las derrotas humillantes convencen a todo el mundo de que el fútbol ha dejado de ser prioritario para el Madrid.

Como se dieron cuenta los protagonistas en Viva la clase media, todos de una célula clandestina del PCE en Madrid, la gente no quiere la revolución sino comprarse una nevera. La gente del Madrid quiere ganar y no a cualquier modo, como creen los antimadridistas. Desde luego que entre palizas y palizas dadas por los mismos una y otra vez, se diluye en tristeza aquel viejo orgullo del madridista, antiguo como el mismo club, de que pertenecía a una orden de quijotes que embestían con valor y locura contra todos los molinos de viento.

 

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Antes de nada, al César lo que es del César, quiero felicitar y presentar mis respetos al justo vencedor de la noche, al que levantó a la grada, al que nos arrasó con su talento, al que nos dejó boquiabiertos con su capacidad para coordinarse, para encontrar espacios, para penetrar una y otra vez a velocidad de vértigo por donde no había hueco sin perder ni un instante el dominio de la situación; antes de nada, en fin, quiero felicitar de corazón al tipo que manejaba los drones durante el partido.

Aclarado el asunto, no me agrada insistir en lo que tanto se ha dicho, pero prefiero dejar constancia de mi adhesión inquebrantable a todo aquel que ayer se tapó la cara y se santiguó al ver que Tchouaméni volvía salir disfrazado de defensa dejando a Asencio, el defensa de verdad, en el banquillo. Durante los primeros partidos pensé que era una broma para desconcertar a los rivales, pero ayer ya resultó un clamor.

Muchos han criticado a Ancelotti por cambiar el sistema de juego en un partido tan importante, y con el precedente que teníamos esta misma temporada. Estoy de acuerdo. Pero el sistema de juego es una apuesta y puede salir bien o mal. Salió mal. Sin embargo, hay otras cosas más difíciles de entender.

Alguna no se la he escuchado a nadie. Bellingham, que lleva varios partidos dejándose la piel y haciendo el trabajo de tres o cuatro jugadores, ayer estaba fundido desde el primer minuto. Acabó el partido arrastrándose por el campo de un modo totalmente innecesario.

El sistema de juego es una apuesta y puede salir bien o mal. Salió mal. Sin embargo, hay otras cosas más difíciles de entender

No comparto en absoluto las críticas a Lucas Vázquez. Además del carácter y el compromiso cien por cien madridista, está haciendo una temporada extraordinaria, siendo perfectamente consciente de que es el mejor atacando, pero no defendiendo. Aun así, si mañana volviésemos a jugar contra ese club del que usted me habla, volvería a ponerlo, porque es la mejor solución que tenemos para el puesto de Carvajal. No puedo decir lo mismo de Mendy, que ayer fue superado una y otra vez, y tenía una de las misiones más importantes: frenar al chavalín.

Con permiso, sigo abriendo melones. Mbappé hizo uno de los mejores partidos desde que llegó al equipo. Cierto. Cuando se lleva el pisotón, ese gran momento que nos regaló Movistar, explicándonos que, incomprensiblemente, el tobillo díscolo del delantero se metió debajo de los tacos del noble jugador blaugrana, es atendido en el campo, mientras Raphinha hace honor a su nombre y a los valores de su equipo trasladando la maletita de los médicos merengues. Después de las dudas, Mbappé vuelve al campo y hasta que no resucita milagrosamente en los últimos minutos que fueron realmente de oro, se le ve tocado durante gran parte del partido, ya no corre, y hasta duda al golpear el balón.

Más. Vini Jr. es el mejor del mundo, lo sabemos. Pero el mejor del mundo tiene derecho a no tener el día. Ayer, no sé ustedes, pero yo ni me enteré de que estaba en el campo. Lo pregunto porque no las tengo todas conmigo: ¿se puede sustituir a un jugador como Vini cuando resulta evidente que no está en el partido? No sé, probar otra cosa. A ser posible antes de que la diferencia de goles sea ya insalvable.

Brahim, el tipo con más hambre del equipo, salió al campo en el minuto 76 con 2-5 en el marcador

Y todo esto es para decir, repetir, insistir, una vez más que no me cabe en la cabeza que Brahim Díaz siga chupando banquillo. Ayer al comienzo de la segunda parte, con 1-4, era fácil suponer que el rival se iba a echar atrás, con toda la calma, y a dejarnos jugar. La única manera de penetrar ante un equipo que te lleva tres goles, que te está buscando la contra, y que va e meter a todos sus jugadores alrededor de su propia área, es mediante el uno contra uno, el talento individual, o las diabluras que se le puedan ocurrir a nuestros jugadores más cabra, que tenemos varios. Pero Vini no estaba por la labor, Mbappé había terminado la primera parte con aspecto de lesionado, y Rodrygo —golazo, por cierto—, sencillamente, no es mejor que Brahim en el desequilibrio individual. Nada que no hayan visto ustedes: Brahim, el tipo con más hambre del equipo, salió al campo en el minuto 76 con 2-5 en el marcador.

No tengo mucho más que decir por hoy. Nos levantaremos y barreremos a los tramposos. ¡Hala Madrid! Y reitero mi sincera felicitación al gran vencedor de la noche: el tipo de los drones.

 

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