Las mejores firmas madridistas del planeta

Siempre ha sucedido. Ha habido incontables ocasiones en las que el mecanismo de relojería del equipo ha tenido desajustes. El madridista veterano recordará numerosos futbolistas “que no servían” para el Real Madrid. La lista es larga. Hemos visto silbar a Míchel, a Martín Vázquez, a Zamorano, a Beckham. El futbolista indolente, que no refleja el furor de la grada, por carácter o por personalidad, siempre fue sospechoso. Qué me dicen de Isco cuando se daba dos vueltas sobre sí mismo antes de jugar la pelota, vicio repetido en el Ceballos 1.0, e igual de controvertido.

En el Bernabéu se ha silbado a Zidane, se ha escuchado el runrún con Ronaldo (Ave María Purísima, que diría el maestro Guasch) cuando se eternizaba su regreso a la línea de la defensa rival desde una posición de fuera de juego, ya con el balón de nuevo en posesión de nuestros jugadores.

A unos por unas cosas, a otros por otras.

El madridista veterano recordará numerosos futbolistas “que no servían” para el Real Madrid. La lista es larga. Hemos visto silbar a Míchel, a Martín Vázquez, a Zamorano, a Beckham

Enardece al Bernabéu una carrera estética, de esas que a veces sirven sólo para eso, para que la grada disfrute del derroche físico, para que sienta que el jugador tiene el compromiso que se le exige: apretar una salida de balón, recorrer medio campo sólo para que el portero rival precipite el saque. Bellingham lo entendió el primer día. Carrerón de cuarenta metros para hacer que el portero regale el balón y ovación del estadio. Eso es de lo que más complace a los madridistas.

No importa tanto el entrenador, importan los jugadores. El entrenador los posiciona, pinta en la pizarra un patrón básico del partido, da una instrucción general sobre situaciones de juego (cuando ataquen, tú aquí; cuando defiendan, tú al espacio, pero si bajan rápido te vas al lado de Pepito y le buscas la espalda…), les da dos instrucciones a cada uno (en realidad el fútbol es muy sencillo) y hala, a jugar. Porque esto es un juego.

Ancelotti en el Bernabéu

Los entrenadores de laboratorio nunca han funcionado en este club. Lo más parecido a Guardiola que tuvimos (perdóname, Señor), fue Benítez. Se comió el turrón en 2015 pero no llegó a abrir los regalos de Reyes. El Real Madrid necesita la dosis justa de anarquía que hace frotarse los ojos a todos los entrenadores y jugadores que han caído eliminados en una de esas noches mágicas del Bernabéu. Nunca lo entendieron y aun años después no entienden qué sucedió. Guardiola nunca vivirá algo así, nunca vivirá en el lado bueno de la historia. No hay ciencia detrás del fenómeno. Yo tampoco lo puedo explicar. Con todo en contra, recuperas un balón en defensa y la grada, al unísono, empuja, genera electricidad, cree. Estoy seguro de que en el césped lo notan, los nuestros y los otros. Una energía que empuja y una energía que debilita. Lo hemos visto. Hemos visto superestrellas en los rivales con la mirada perdida, desorientados, sin saber qué estaba sucediendo y hemos visto niños en nuestro equipo con la determinación del CR7 de 2014 en la mirada. No se puede describir. Simplemente, ocurre.

Los entrenadores de laboratorio nunca han funcionado en este club. Lo más parecido a Guardiola que tuvimos (perdóname, Señor), fue Benítez. Se comió el turrón en 2015 pero no llegó a abrir los regalos de Reyes

Y llegamos al punto.

La diferencia entre lo que vimos en Jeddah el día 12 de enero (qué despacio pasan los días) y las mejores versiones del Real Madrid de los últimos dos años son apenas dos jugadores. En posiciones clave, cierto, pero no podemos culpar a Lucas (un legionario romano, por sacrificio, por fe y por calidad) o a Tchouaméni, una fuerza de la naturaleza, reconvertido a central. Lo leído en las redes sociales en estos últimos días me apena y me hace dudar de la condición humana de mucho madridista o incluso del madridismo de muchos que siempre consideré abanderados.

La extraña derrota

El Lucas lateral, culpable de algunos goles encajados últimamente, es el mismo Lucas que giraba el balón antes de uno de los penaltis de 2016 que nos dieron la 11ª Champions y que fue dando toques en la tanda de las semifinales contra el City hace cuatro días.

El Tchouaméni central, “culpable” de la derrota en la reciente Supercopa por 2-5 contra las fuerzas del mal, contra el equipo habilitado artificialmente para competir por estamentos deportivos y políticos después de haber corrompido la historia del futbol español durante dos décadas, es el mismo Tchouaméni clave en la selección francesa y la roca en el centro del campo de 2024.

Y llegó el siguiente partido, para poder ir olvidando Arabia… y Tchouaméni fue de los mejores pese a los silbidos. Un partido tortuoso con esa desconexión momentánea que últimamente nos preocupa y que cuesta goles. Pero esta vez con dos buenas noticias: Ancelotti puso en escena al niño turco y al pegador brasilero. Dos flashes, el trueno de Valverde desde distancia kilométrica y vuelta a la senda de la victoria.

Madrid-Celta, un trago complicado

Como sucede con el cubo de Rubik, cuando parece que no vas a ser capaz de armarlo con los colores donde deberían estar y no ves más que desorden, una mano experta, haciendo dos giros de muñeca y contra todo pronóstico, te deja con la boca abierta sin saber cómo lo ha hecho. Clic.

Ancelotti tiene esa responsabilidad, y ya ha puesto antes los colores en su sitio. Ahora mismo lo vemos imposible y nos permitimos opinar sobre dinámicas y situaciones internas del equipo que sólo podemos imaginar. Y pedimos fichajes (Trent no me parece mejor defensa que Lucas, por cierto) o cambios (más debatible que Asencio deba jugar en su posición natural en lugar de Tchouaméni fuera de ella), o insultamos (qué pena) a uno de los entrenadores más laureados del fútbol mundial.

Dejemos al bueno de Carlo darle una última vuelta al cubo. Puede que creamos que todo es un desastre, lo estamos viendo (!) de la misma forma que vemos todos los colores del cubo fuera de sitio dos movimientos antes de verlo resuelto. Estoy convencido de que no falta tanto para que haga clic.

 

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Buenos días. El Cholo Simeone, ese señor que se convirtió en el entrenador mejor pagado del mundo sin que nadie le exija nada más que quedar cuarto en la liga española y ganar al Madrid de vez en cuando, amén de servir de pantalla protectora a los dos sujetos que se apropiaron indebidamente del club en cuya nómina figura, habló ayer y subió el pan, como decían los clásicos. Lo que dijo viene sintetizado en la ígnea portada de Marca en esta radiante mañana de sábado.

Marca

“Hubo episodios como los hay desde hace cien años (en el Bernabéu)”, dijo el Cholo en referencia al polémico ¿penalti? no pitado por Munuera Montero en el Real Madrid-Celta del jueves, dando a entender como verdad consensuada que el Madrid roba a todos los equipos que pasan por su estadio, suponemos.

—Se equivocó en lo de los cien años —apuntó un ingenioso tuitero—. En realidad son 92’48.

Por supuesto, la machada del Cholo ha suscitado el entusiasmo del proceloso y feo mundo anti en su conjunto, que habla sin recato de eso, de “robo” al Celta en el templo del madridismo. El árbitro pudo esta vez beneficiar al Real Madrid, pero el verbo robar hay que usarlo con algún tiento, pensamos, desde que se demostró que otro equipo de la liga, no precisamente el Madrid, se compró la competición durante al menos 17 años sobornando al vicepresidente de los árbitros.

Desde ese día, desde el día en que se supo que el FC Barcelona tenía en nómina a Enríquez Negreira, estamos en otra dimensión. Ahora, para hablar de robo, por parte del Madrid o de quien sea, que no nos vengan con repeticiones de jugadas, sino con facturas. Ya no estamos en la era de la moviola, sino de los comprobantes de transferencias bancarias. Si alguien quiere hablar de robo, por oposición al mero error arbitral, que nos traiga pruebas de los presuntos emolumentos pagados por el club blanco a árbitros o al sistema arbitral. Entonces estaremos en igualdad de condiciones, y podrán por fin liarla parda con alguna legitimidad.

A Simeone, por otra parte, le ocurren varias cosas. Le ocurre por ejemplo que ya hizo el ridículo una vez, diciendo con notoria desvergüenza que auguraba “peligrosamente preparada” para que la ganara el Madrid una liga que después ganó el Barça.

También le ocurre que sigue frustrado porque nunca pudo jugar en el Real Madrid, su sueño como futbolista. En su lugar, el club de Concha Espina prefirió a otro centrocampista de la misma nacionalidad, Fernando Redondo. La sensación es que el Madrid acertó con su decisión, tanto como el Cholo la lamentó y lamentará toda la vida.

Cholo Simeone madridista

La última de las cosas que le pasa al Cholo, y que quizá sea la más dura de todas, es que en efecto no fueron cien años los que contemplaron tantas jugadas en el Bernabéu. Como argüía aquel tuitero, fueron 92’48, y eso es muy difícil de superar.

En la parte superior, Marca nos informa de la presentación del partido de la NFL que se va a disputar en Madrid, y concretamente en el Estadio Santiago Bernabéu, en un acontecimiento capital para el nuevo estadio. “¡Qué guay!”, exclamó con loable espontaneidad la directora de marketing de los Dolphins, que será uno de los equipos en liza. La palabra “guay” no nos entusiasma, pero en ese contexto nos puede valer. Nosotros solemos usar la palabra “why”, muy parecida, cuando a diario nos preguntamos POR QUÉ el fútbol español es la podredumbre que es, y POR QUÉ todo el mundo hace como si nada, o en el mejor (?) de los casos volviendo su dedo acusador hacia el Madrid, como hace el Cholo, cuando el Madrid es la víctima directa o indirecta de tantos y tantos desmanes.

As

As abre con la foto de Mbappé en su celebración algo airada tras marcar contra el Celta. Se dirigió a la grada, se señaló el escudo y vino a decir eso de “con el escudo no se juega”, que titula As. Nos parece que lo que literalmente dijo es “No se pita esta escudo”, en referencia a los silbidos cosechados por Tchouaméni.

No podemos estar más de acuerdo. Silbar a un jugador propio es, por mucho que el piperío atribuya a ese jarabe de palo propiedades medicinales, del género tonto, pues solo conseguirás descentrar a tu propio jugador y, de esta forma, brindar armas al oponente. Y no os ocultaremos que nos ha entusiasmado la imagen de Kylian abroncando a dicho piperío por lo que a todas luces entra en la categoría del lanzamiento de piedras contra el propio tejado.

La prensa cataculé llega cuajada del triunfalismo pueril que se gastan últimamente. Es verdad que humillaron a su eterno rival, pero de momento solo han ganado una Supercopa de España. “Y ahora, a por la liga” es la pasmosa soflama de Mundo Deportivo, como si ya hubieran ganado todo lo demás.

Os deseamos que paséis un sábado plácido, por ejemplo cultivando los deleites que nos procura el cine o la literatura. Revisitar un clásico como “92’48 años de soledad”, de Gabriel García Márquez, o recuperar en familia a Disney con “92’48 y un dálmatas” pueden ser opciones disfrutables. Son solo ideas.

Y recordad, ante este momento complicado en el que aún está sumido el Real Madrid, que no hay mal que 92’48 años dure.

Feliz día.

Lo del partido

La llamada de anoche de Javi fue muy tarde, tan tarde que era ya viernes cuando acabó el partido del Real Madrid, por obra y gracia de la Federación Española de Fútbol, los operadores televisivos y todos esos elementos a los que se les llena la boca diciendo que el fútbol es para los aficionados, y luego resulta que en los últimos que piensan a la hora de planificar es en los propios aficionados.

Un niño de los muchos que fueron anoche a Chamartín se acostó a las mil porque el partido se programó a las nueve y media de la noche de un jueves, cuando al día siguiente había colegio. Igual que el aficionado del extrarradio de Madrid que no tiene o no quiere utilizar su vehículo por el follón de tráfico y aparcamiento que supone y se fue al campo en transporte público. A lo peor, ese pobre señor (o señora) tuvo que agarrar un taxi o similar para llegar a su casa porque resulta que a una hora determinada, que raya la medianoche, los autobuses interurbanos dejan de funcionar, cosa más o menos lógica. Un dislate de proporciones mayúsculas, uno más, como el de poner el partido del domingo a las 4 y cuarto de la tarde, con escasas 60 horas de diferencia con el final del encuentro de Copa. Pero bueno, este es otro debate en el que seguro que entraremos en cualquier momento.

El caso es que el Real Madrid se jugaba los cuartos (nunca mejor dicho) contra el Celta después del desastre arábigo, y las sensaciones no eran muy buenas. La verdad es que, antes del encuentro, le dije a mi hijo que no tenía yo mucho cuerpo de victoria. El recibimiento del público al equipo fue, como era de esperar, frío, con muchos más pitos que aplausos y centrados en la figura de Tchouameni, agarrado como cabeza de turco por una afición que está que se sube por las paredes después de la humillación sufrida en Yeda. La gente del Bernabéu es así, curte a sus jugadores para hacerles ver que el Real Madrid es otra cosa, que no se les van a aplaudir todas las gracias y que, para jugar en este equipo y alcanzar la gloria futbolística eterna, deben dar el callo siempre y en todo momento, que de relajaciones, nada de nada. Así ha sido siempre y así, espero, será por los siglos de los siglos.

La historia casi se repite. El equipo sufre una goleada humillante, pierde un partido o una eliminatoria de forma lamentable y en el siguiente encuentro, como sea en casa, les tiemblan las piernas porque el juicio del público es implacable. Aquí no se pasa ni una, como debe ser. Otro debate es el de si es bueno para un jugador que el público le pite durante el partido, si es aceptable que el juicio del respetable se quede en los prolegómenos o se extienda durante parte del choque. No hoy a abrir ese melón porque sería largo de explicar, pero el caso es que, como siempre, pasó anoche. Tchouameni fue pasto de los pitos del público hasta que descerrajó un derechazo que sacó el portero por la escuadra. Se vio el carácter del francés e hizo un partido notable. Eso es lo que quiere Chamartín. Te curto, te regaño, pero te aplaudo cuando te das cuenta del error. Después de ese disparo, se acabaron los pitos.

Pero llegó otra de las características de los partidos post debacle que se han repetido a lo largo de loa historia. El equipo, esta vez (porque en otras no hay sido así), se pone con dos goles de ventaja en el marcador, el Celta parecía más o menos romo en ataque salvo alguna intervención de Luni,  y parecía que el pase a cuartos y la media reconciliación con la afición era un hecho. Todo esto hasta que en un error infantil y de bisoño de Camavinga (yo quiero a Camavinga en mi equipo, en mi empresa, en mi casa y en mi cocina siempre, que conste) hizo que los de la Rianxeira se vinieran arriba y creyeran que podían forzar la prórroga, lo que propició la subida del índice del cagómetro blanco y los jugadores empezaron a correr como pollos sin cabeza detrás de la pelota sin robar una sola. Lo que se consiguió, como casi siempre, con ese manojo de nervios blancos que pasaba por el césped de La Castellana, no fue otra cosa que propiciar otro error de jugador novel de Raúl Asencio (pintaza de central generacional tiene el muchacho) que propició el penalti que Marcos Alonso transformó magistralmente para marcharnos a la prórroga.

La historia casi se repite. El equipo sufre una goleada humillante, pierde un partido o una eliminatoria de forma lamentable y en el siguiente encuentro, como sea en casa, les tiemblan las piernas porque el juicio del público es implacable. Aquí no se pasa ni una, como debe ser

Estas cosas han pasado muchas veces, repito. Fracaso estrepitoso, siguiente partido en casa y sensación, cuando no certeza, de que el fondo aún no se ha tocado. Esta vez no se confirmó la tragedia de la eliminación después de ganar 2-0, que hubiera sido ya el acabose para buena parte de la parroquia. Menos mal que la clase y el desparpajo de Endrick (paciencia, por favor, paciencia con pedir que juegue todos los partidos, tiene 18 años), que anotó su primer doblete en el Real Madrid y la sacada de obús del catorce de Fede Valverde, hicieron que el resultado se maquillara en pos de la clasificación blanca.

Madrid-Celta, un trago complicado

Era el partido oficial nº 4600 del Real Madrid y en la victoria nº 200 de Competición española de Lucas Vázquez, otro jugador tomado como cabeza de turco por el vinagrismo sociológico universal pero que no fue pasto de los pitos del público porque el Bernabéu entiende mucho de esto y sabe que el bueno de Lucas no es lateral derecho, y hace todo lo que puede y más, además de reconocerle todo lo que ha aportado para la gloria blanca. En este partido, el Madrid casi cae en patrones del pasado y no fue eliminado de milagro. El caso es que nos clasificamos para los cuartos de Copa de España. Ahora, a ver qué morlaco nos toca en el sorteo y a seguir, que esto es largo.

Los laterales del Real Madrid: presente y futuro

 

Lo último de Laporta

El portaanálisis galernauta de hoy señala, con el acierto habitual de esta casa, que ninguna de las portadas deportivas patrias importantes se hace eco de la investigación judicial a la que está sometido el presidente del Código Penal andante, nuestro entrañable Jan Laporta, por, presuntamente, estafar casi cinco millones de euros a una familia a la que le había tocado un gran premio en las loterías y apuesta del Estado.

Barça: Nico, Olmo, lo que necesite

Si esto fuera cierto y el bueno de Jan fuera condenado, no sólo pisaría los gélidos suelos del penal correspondiente, con sus paseos por el patio y su canesú, sino que se confirmaría lo que muchos pensamos del personaje. Lo raro es que un asunto tan grave, algo tan duro de masticar, esté pasando de puntillas por la información deportiva española. Si le hubiera ocurrido el presidente del Real Madrid, estoy totalmente seguro (y ustedes también) de que se habría parado la información española, se hubieran montado especiales informativos, tertulias ad hoc, declaraciones de presidentes, directivos, jugadores, entrenadores, utilleros y vigilantes de puertas de entrada a los estadios, encuestas a pie de estadio de aficionados y miles de post de X y demás redes sociales poniendo a caer de un burro al presidente, Con Laporta, ni una pequeña reseña en un boletín informativo de la radio. Nada.

Este es el nivel, queridos amigos lectores, éste y no otro, es el nivel del rasero, de la protección, del unte por parte del Código Penal andante a los medios de información para parar y callar todo tipo de noticia que pueda menoscabar el poco prestigio que le queda a esa institución. Eso sí, el corte de mangas y los exabruptos soltados por el bueno de Jan en Arabia no son sino fruto de la tensión nerviosa del momento. Pues que se tome un Valium, digo yo….

Laporta bailando

Lo digo, estamos en cuartos de final de la Copa de España, el Real Madrid está pasando su pequeño Rubicón de juego y sensaciones, y veamos lo que pasa el domingo contra Las Palmas, club amigo donde los haya.

Como siempre dice mi buen amigo Javi, titular indiscutible de esta columna, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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El Madrid-Celta de Copa fue un trago complicado para el cuadro de Ancelotti.

El equipo de fcQuiz ha dispuesto ocho preguntas para cerciorarse de que estuvisteis atentos al partido.

¿Podréis acertarlas todas?

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Buenos días. Como a estas horas sabéis todos perfectamente, el Real Madrid se clasificó anoche para cuartos de final de la Copa de S.M. el Rey al batir en la prórroga al Celta (5-2) en el estadio Santiago Bernabéu y precisamente el día en que se cumplían 70 años del primer encuentro oficial del recinto con ese nombre, tal como nos recordaba Alberto Cosín.

Decíamos que esto ocurrió “anoche” pero no es exacto. El partido se empezó a jugar anoche (ayer), pero terminó hoy, todo ello cortesía de los absurdos horarios de la Federación. Un descalzaperros, aunque al menos tuvo un valor simbólico. Lo empezamos a jugar en el ayer de Modric, por ejemplo,y lo ganamos en el hoy de Endrick.

Pues sí, un héroe. Podéis leer la crónica de Andrés Torres y las calificaciones de nuestros jugadores por parte de Genaro Desailly para más detalle, pero tanto una como otra coinciden en el papel esencial del joven brasileño. Entró con 2-0, cuando todo parecía indicar que su presencia en el campo era testimonial (los característicos tiempos intrascendentes que Carlo regala con suerte al meritorio), pero terminó encontrándose con una patata caliente en las manos al forzar el Celta la prórroga. El chaval no sintió la quemazón ni se inmutó ante lo inesperado. Cogió la patata abrasándose los dedos y la emprendió a dentelladas. Dos golazos de Endrick (uno en tiro lejano con la izquierda y otro de tacón), combinados con un nuevo y esplendoroso obús por parte de Valverde, pusieron en el tiempo extra las cosas en su sitio.

“Sofocón… ¡y goleada!”, sintetiza Marca. No está mal explicado. El sofocón fue el resultado de dos errores individuales que tuvieron lugar con 2-0 y que permitieron el empate vigués en el tramo final: una cesión tan imprudente como inexplicable de un descentrado Camavinga y un penalti evitable de un Asencio estupendo en general, pero demasiado visceral en esa acción. Solo por eso empató el Celta porque, tras un muy mal primer tiempo salvado con el gol de Mbappé, los blancos habían logrado tranquilizar los ánimos con un juego aceptable y ocasiones marradas. Nada hacía pensar que el Celta pudiera empujar hasta la prórroga, pero si “regalas dos goles” (Carletto dixit) cualquier escenario es posible. La sombra de una nueva hecatombe, la amenaza de un epílogo siniestro a lo de Yeda, sobrevoló el estadio.

Por otro lado, en sus bajos refleja Marca el fichaje de Dennis Smith Jr. para la sección de baloncesto. Este portanalista no entiende mucho de ese deporte, hasta el punto de haber creído siempre que Nigel Williams-Goss eran tres jugadores distintos, pero quienes saben de esto en el seno de La Galerna aseguran que es un fichajazo descomunal. Observaremos atentos.

Hacía mucho que no veíamos a Sport dedicar una portada al Madrid que no fuese para denunciar un presuntísimo favor arbitral, llamar “parche” al Zidane entrenador que se aprestaba a ganar tres Champions seguidas o censurar el precio de Modric. Pero oh, habíamos sido demasiado optimistas. En letra pequeña se nos informa de que Munuera Montero “fue protagonista al no señalar un penalti a favor del Celta que terminó en gol de Mbappé”. La jugada ofrece alguna duda más de lo que deja entrever esta frase, pero no sería descabellado afirmar que esta vez, y sin que sirva de precedente, el arbitraje nos fue beneficioso.

De lo que por lo que sea no habla Sport, ni tampoco Mundo Deportivo con cuya portada os dejamos ahora, es de la imputación sobre Laporta por haber protagonizado un fraude a una familia que había ganado la Primitiva, y cuyas ganancias les hizo perder el ínclito Jan robándoles (básica y presuntamente) cinco millones de euros. Lo que acabamos de escribir os puede sonar a caricatura extrema del personaje, pero no: es apelotantemente real, como podéis comprobar en este enlace.

Y ese sujeto, amigos, es el presidente del club cliente de Negreira. La verdad es que personaje y entidad encajan a las mil maravillas.

Pasad un feliz viernes.

 

 

MD

Arbitró José Luis Munuera Montero del Comité andaluz. En el VAR estuvo Alejandro Hernández Hernández.

Arbitraje totalmente caótico. Muchos errores y compensaciones. Faltas claras no pitadas y otras con leve contacto señaladas.

Empezó negando una entrada en falta a Vinícius en la frontal del área. Continuó con la gran polémica de la noche, la acción entre Swedberg y Lunin. Fue penalti, aunque se vea la jugada a 0,1x, se diga que roza Lunin o que el sueco puede arrastrar el pie. Eso sí, mantuvo su listón porque tampoco señaló aquel de Rulli a Vinícius con el que llegó el famoso "todo ok, José Luis". Eran penaltis ambos. Que no le avisara Hernández Hernández desde el Var redondeó el peritaje de la acción. Luego, para compensar, decretó otro de Asencio a Bamba que era poca cosa porque ambos van fuertes al choque.

Además, se anuló un tanto a Güler en el 77' por fuera de juego de media bota de su asistente Vinicius.

En el plano disciplinario, vieron la amarilla Asencio, por su penalti, Iván Villar, por perder tiempo y Starfelt, por llegar tarde ante Endrick, y el propio brasileño, por quitarse la camiseta al celebrar el 3-2. Alguna más se dejó en el tintero.

Munuera Montero, MUY MAL.

 

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112 minutos tardó en llegar la tranquilidad a un iracundo Bernabéu que no pudo esperar semejante desenlace en el tiempo reglamentario, donde dos errores puntuales pero nefastos permitieron al Celta llevar la eliminatoria a la prórroga. Endrick y Valverde voltearon los octavos de final.

Era una noche propicia para el ruido de sables, el crujir de pipas y la música de viento en un Bernabéu encolerizado, máxime tras el meneo saudita de la farsa de Laporta que dejó al Madrid merced a su suerte, moribundo en el desierto. Noche para agarrarse bien los machos, que diría nuestro Manito Hugo Sánchez. Sobre todo, si te apellidas Tchouaméni y te llamas Aureliano. Al menos Carletto decidió que por una vez jugara en su sitio y su lugar en el eje de la defensa lo ocupara el canterano Asencio flanqueado —a estas alturas— de lo que queda de Rüdiger. A un costado, de nuevo Lucas Vázquez en entredicho, al otro, Fran García ganando un nuevo pulso a Mendy, cuya añeja infranqueable solidez defensiva hoy equivale a regatear una silla de campin. Ceballos y Modric acompañarían a Tchou en la medular para dar descanso a unos exhaustos Valverde y Bellingham y al cortocircuitado en Yeda Camavinga. Arriba, Brahim, Mbappé y Vini.  Bajo los palos, Lunin y, enfrente, la celeste amenaza fantasma de la Copa, donde un nuevo traspiés podría orientar poderosos vientos huracanados a banquillo… ¿y palco?

Así se las gastan algunos.

Bajo un gélido ambiente en el Bernabéu, sólo espoleado por los silbidos cada vez que el esférico pasaba por las botas de Tchouaméni o las expeditivas entradas de un aguerrido Raúl Asencio, el Madrid compareció frío, convaleciente aún de las mil y unas noches culés de Arabia. Incluso el jugador celeste de nombre intergaláctico, Starfelt, llevó la zozobra al corazón merengue cuando su testarazo desde cerca botó mansamente en la parte superior del larguero. Los de Ancelotti, temerosos de la ira del estadio, generaban entre poco y nada, apenas dos inofensivos disparos lejanos, con Vini y Mbappé desasistidos, inoperantes. Con el Madrid en el diván, el Celta, cómodo, merodeaba de tanto en cuenta los dominios de Lunin al que tanto le da el Celta, el Barça, el City, el Bollullos del Condado o casarse en chándal. A lo tonto, casi media hora de auténtica nada —salvo soplidos y resoplidos— de un susceptible Bernabéu y una falta clamorosa en el balcón del área de esas que son amarilla y se las pitan a todos salvo a Vinícius Junior.

Poco a poco, sumido en una aparente agonía, el Madrid se batió contra su propia exasperante lentitud en la circulación de balón y, lentamente, bajo la batuta de un señor de Utrera y otro de Zadar, empezó a arrinconar a los vigueses. El Bernabéu agradeció el esfuerzo con un par de rugidos coperos mientras el pie del portero celeste evitaba que Brahim calmara las aguas del madridismo. El marcador se abriría poco después de modo extravagante. Una temeraria e inentendible pérdida en salida de balón de Vini provocó un mano a mano de Swedberg ante Lunin, que salió raudo y veloz a sus pies y propició el piscinazo del sueco entre las iracundas protestas del Celta. Insólito que no lo pitara. Nos acordamos del lesionado Iago Aspas y la de aspasvientos que habría hecho. El árbitro no picó y el VAR, que prevarica de otra manera, tampoco. Bizarro, en cualquier caso. Con penalti y expulsión se hubieran abierto las puertas del infierno blanco. Y así, entre bronca celeste, el balón llegó a Mbappé, en la izquierda, donde le gusta, y desde allí él se lo guisó y él se lo merendó para deshacerse con un velocípedo fulgurante de su marcador y destruir sin ángulo la meta del Celta. 1-0, estelar Kylian, a los 36 minutos. Por su parte, Vini, eclipsado y opacado en los primeros 45 minutos… y últimamente.

El gol templó al Madrid, que compareció en el segundo tiempo con nueva eneryía, que diría Carletto. La depresiva atonía de los primeros compases parecía un mal recuerdo. Hasta Tchouaméni, como medio centro defensivo, por momentos recordaba al futbolista por el que se peleó medio Viejo Continente. Y pronto llegó la sentencia. O eso nos pareció.

Mbappé, participativo, recortó taurino en el centro del campo y, diestro, envió en largo para Brahim. El malagueño espero el tiempo justo para servir a Vini, que con templanza traía la tranquilidad a las gradas una calma solo perturbada por un aturullamiento defensivo que casi acaba en desgracia y que salvó… Tchouaméni. Qué cosas tiene la vida.

Correspondió al error el arquero del Celta con un mal pase que dejó mano a mano a Vini ante el arco celeste. Starfelt salvó sobre la línea el cucharón con el que Vini había sorteado al portero emulando al mejor González Blanco. Instantes antes, Mbappé pudo disponer la sentencia definitiva con un testarazo fuera, forzado, pero a un metro de la portería, tras un fenomenal culebreo de Brahim y también después con disparo enroscado cerca de la escuadra. El Celta, como resistencia, ofreció un remate a bocajarro de otro potencial Ballon D´Or salido de La Masía de las Maravillas, un tal Ilaix Moriba.

El Madrid esquivaba a trompicones otro batacazo copero consecutivo, espantaba espantajos e impedía por unos días nuevos cobros de facturas de los ajustadores de cuentas de salón y a balón parado

A pesar del funesto ambiente que presidia los prolegómenos del partido, parecía que fuera a ser una noche plácida. Güler, Endrick, Camavinga y Valverde entraban al juego en lugar de Modric, Brahim, Mbappé y Ceballos, e incluso veíamos un tercer gol anulado al joven otomano tras regalo de Vinícius. Fue entonces cuando asistimos al enésimo cortocircuito de Eduardo. A los 82 minutos, un pase atrás directo al adversario dejó a Bamba solo para fusilar a Lunin. Para bailar la bamba, Camavinga. Los nervios, la angustia, demonios y fantasmas, de Arabia Saudita y allende, regresaron al unísono. Para mayor saña lo hicieron en el último minuto con un impetuoso, fogoso e imprudente penalti cometido por Asencio sobre Bamba. Pecado de juventud. Marcos Alonso empataba desde los once metros en la antesala del descuento, la prórroga y la entrada de Jude Bellingham por Fran García. En definitiva, dos errores puntuales pero funestos desembocaban en una prórroga entre el runrún del Bernabéu.

Malo para el Madrid.

Voluntarioso, pero atenazado por su mal fario e impotente ante la revigorizada defensa de los gallegos, ambos contendientes acumularon un primer tiempo extra sin ningún disparo a puerta que reseñar, apenas una cabalgada de Valverde y una internada de Camavinga que no encontraron destinatario, dentro de un once pintoresco el dispuesto a estas alturas por Ancelotti. Seguro que el viejo zorro de Reggiolo no esperaba este desaguisado. Significativo en este sentido que Rodrygo sustituyera a Vinícius para afrontar la recta final de la eliminatoria, con el patíbulo de los once metros en el horizonte. Aciago destino que, desaparecido hasta entonces, conjuró Endrick a los 107 minutos tras recibir un pase interior de Aladín Güler.

El imberbe Bobby Brown brasileiro, con su tren inferior que es como un rotor industrial, giró con violencia para golpear con mayor virulencia a la red del celta. Los fantasmas asustaban algo menos, espectros que espantaría definitivamente Valverde con otro zambombazo desde Montevideo.

4-2 a los 112 minutos y goleada que culminaban los merengues con un taconazo postrero de nuevo de Endrick, ansioso por mostrar su repertorio a la parroquia. El Madrid esquivaba a trompicones otro batacazo copero consecutivo, espantaba espantajos e impedía por unos días nuevos cobros de facturas de los ajustadores de cuentas de salón y a balón parado. Este muerto sigue vivo.

 

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-Lunin: APROBADO. Pudo cometer un penalti en el primer tiempo. Paradón a mano cambiada en el segundo, a tiro lejano. Sin culpa en los goles celtiñas.

-Lucas V: SUSPENSO. Puesto en evidencia una vez más en defensa y sin aportar en ataque.

-Fran García: APROBADO. Buen despliegue.

-Asencio: NOTABLE. Lo hizo todo bien hasta el penalti, donde estuvo ingenuo.  Solvencia y personalidad a raudales. Tapa las carencias de sus compañeros. Hechuras de veterano.

-Rüdiger: APROBADO. No está tan fino como hace unas semanas, pero no se le puede reprochar nada.

-Tchouaméni: APROBADO. Negado en el primer tiempo, agarrotado en parte por los silbidos. Mejoró bastante después, con algún quite defensivo de mucho mérito.

-Ceballos: APROBADO. Movió el balón con criterio y asegurando el pase, pero abusó de la horizontalidad.

-Modric: NOTABLE. El que tuvo retuvo.

-Brahim: APROBADO. De menos a más hasta que fue sustituido. Fallón en el primer tiempo y mejor en el segundo, asistiendo a Vinícius. Siempre bullicioso.

-Mbappé: NOTABLE. Autor de un extraordinario gol, estuvo además en todas las jugadas de peligro del equipo hasta ser sustituido. Suelto, implicado y compenetrado. Ha llegado y parece que es para quedarse. Pero falló dos goles cantados.

-Vinícius: APROBADO. Desconocido en el primer tiempo, mucho más acertado en el segundo, pero afectado de cierta extraña indolencia o melancolía.

-Camavinga: SUSPENSO. En el día del fallecimiento de David Lynch, le rindió homenaje cuasirregalando el gol celtiña. Cabeza borradora.

-Güler: APROBADO. Discreta aportación esta vez en los minutos que tuvo.

-Valverde: SOBRESALIENTE. Trallazo marca de la casa para sellar los cuartos. Ya antes había impartido criterio y garra.

-Bellingham: APROBADO. Extrañamente mohíno.

-Endrick: SOBRESALIENTE. Golazo salvador en la primera que tuvo y taconazo de genio para el quinto.

-Rodrygo: APROBADO. Hizo poco en su tiempo en el campo.

-Ancelotti: APROBADO. Camavinga y la bisoñez de Asencio le metieron en un lío del que esta vez no se le puede culpar.

 

Getty Images.

El actual estadio madridista abrió sus puertas de forma oficial el 14 de diciembre de 1947 con el partido amistoso entre el Real Madrid y Os Belenenses. El coliseo blanco fue conocido entonces de forma popular como Chamartín o Nuevo Chamartín. Sin embargo, su nombre oficial era Estadio Real Madrid Club de Fútbol. A partir de 1955, cambió su denominación y se le bautizó como Estadio Santiago Bernabéu.

La propuesta original del cambio siempre se ha focalizado en la junta directiva blanca, pero lo cierto es que fueron las peñas del Madrid las que lo expusieron en 1954. Y, en concreto, la idea primigenia surge de la Peña Morán, que tenía como presidente y cabeza visible al actor Manolo Morán, un gran madridista, socio 110 en ese momento, que actuó entre otras películas en Bienvenido Mr. Marshall (1952), Los últimos de Filipinas (1945), Manolo, guardia urbano (1956), Once pares de botas (1952) y Cincuenta años del Real Madrid (1952).

Morán, primero, envió una carta al diario MARCA. Fue publicada el 24 de marzo. Rezaba así:

"Por acuerdo en Junta directiva de esta Peña, y en nombre de los socios que la componen, tenemos el gusto de dirigirnos a ese Buzón para rogar inserten el anhelo, que es de todo buen deportista y el sentir popular madrileño, que el actual Estadio de Chamartín se denominase en lo sucesivo Estadio Bernabéu, pues ningún nombre mejor puede llevar la grandiosa obra realizada que la de su creador, digno premio a su persona, honradez y caballerosidad ejemplar".

La propuesta original del cambio siempre se ha focalizado en la junta directiva blanca, pero lo cierto es que fueron las peñas del Madrid las que lo expusieron en 1954. en concreto, la idea primigenia surge de la Peña Morán, que tenía como presidente y cabeza visible al actor Manolo Morán, un gran madridista,

En las páginas de ABC, con fecha 26 de marzo, el periodista canario Mariano Daranás escribió la siguiente columna de opinión de apoyo a la idea:

"Voces de la víspera que responden a iniciativas latentes de un ayer menos inmediato han pedido que el mejor campo de fútbol de Europa y uno de los mejores del mundo se llame Estadio Bernabéu ¿Cómo no asociarnos en estas columnas al anhelo general, haciéndolo nuestro y confirmando, con nuestro voto particular, la pertenencia que, sin duda, no tendrá impugnadores? La empresa de construir primero y ampliar ahora el campo de Chamartín plasma como casi todas las grandes campañas multitudinosas o populares en determinado nombre individual personal, y ese nombre es del presidente del club propietario, D. Santiago Bernabéu, al que si son muchos los españoles que no conocen de “visu”, no podría discutirle ningún compatriota) tal ha sido la resonancia de su acción) el patrocinio de una de las fundaciones más importantes y bellas de esta urbe. Incondicional y tercamente dedicado a una sociedad deportiva, la contribución de ese hombre al bien común raya en lo patricio. Provinciano, oriundo de Albacete, corpulento, cincuentón, Bernabéu ha servido a Madrid y a España a través de su cariño a un club en el que habiendo militado como jugador amateur se distinguió hace lustros al frente de la tesorería del mismo, dejando en ella al contabilizar, sobre todo, la expedición del equipo por América del Sur un recuerdo edificante (…) Rehecha la unidad nacional, emprendió en Madrid la obra cuya apoteosis admiran ahora forasteros y vecinos en la prolongación de la Castellana. Exponente de una inteligencia clara, una voluntad de bronce y un desprendimiento cabal, en feliz conjunción, su carácter podría servir de ejemplo a sociedades más atentas al rendimiento de la aptitud que al laboreo de la volundad. Si por cada mil española uno, nada más, emprendiera en el área de lo social o lo corporativo un esfuerzo análogo al que con tan pingüe plástico resultado realizan Bernabéu y sus colaboradores, no habría necesidad de pedir tanto a un Estado cuyas arcas son orgánicamente pobres. Es, en efecto, hora de que un censo de la población menos conceptuado, por desgracia, como laborioso que como apático, corresponda al capitán de la campaña, emprendida por el club de las camisetas blancas. Hágase por Madrid, sino por el Real Madrid. Dar el nombre del presidente del Madrid “a una calle cualquiera, camino de cualquier parte” sería menos de lo que conviene a una espléndida construcción, que ya está ahí como meta y que estará siempre como cauce, como movimiento y devenir, bajo el nombre de Estadio Chamartín o el más potente y merecido de Estadio Bernabéu".

En el Semanario Gráfico de los Deportes de MARCA, con fecha 27 de abril de 1954, Manolo Morán explicó en una entrevista que “estoy muy contento con que todas las peñas madridistas hayan acogido con entusiasmo la idea de la Peña Morán de llamar al gran Chamartín el Estadio Bernabéu. Esta alegría que todos sentimos ahora con el triunfo, unida a la admiración que tenemos de siempre hacia Santiago Bernabéu, debemos ofrecérsela a él de todo corazón…”. La propuesta caló de forma fantástica entre los socios más veteranos, los aficionados y el resto de peñas madridistas que se acogieron con un sí rotundo a la idea.

La iniciativa oficial se dio a conocer pocos días después de que el Real Madrid conquistase el título de Liga, tras 21 años de sequía, cuando las peñas solicitaron que se realizase un homenaje nacional a Santiago Bernabéu. En el diario Pueblo, la Hoja de los Lunes y diario Madrid se publicó íntegra la siguiente carta enviada por la Peña Mariano:

 

Muy señor nuestro:

Los que suscriben en nombre de las peñas madridistas, así en el de los socios veteranos, se dirigen a usted con la súplica de que publique las siguientes líneas.

La figura popular y señera de don Santiago Bernabéu de Yeste se ha hecho merecedora de la gratitud no solo de esta gran colectividad, bajo cuya gloriosa e inmaculada bandera nos agrupamos, sino de la que todos los buenos aficionados que ven en su cotidiana labor la obra gigantesca del hombre que ha dedicado sus mejores afanes a engrandecer al club que tan dignamente preside y a dotar a la capital de España del mejor estadio de Europa.

Por constituir todo ello méritos más que suficientes para que la afición le tribute el homenaje nacional que todos le debemos, se estima que por las personas que en su momento le indiquen y en la forma que estas decidan se exprese a don Santiago Bernabéu la gratitud del fútbol español por la leal perseverancia con que viene sirviéndole y por la infatigable voluntad que ha puesto constantemente a su servicio.

Dentro de muy pocas semanas quedará terminada esa obra ingente, tan personalmente suya, que es el estadio e independientemente de las demás decisiones que en su momento puedan adoptarse, proponemos que se dé a ese gran recinto deportivo el nombre del ilustre presidente del Real Madrid.

Creemos también que debe hacerse extensivo el reconocimiento de los aficionados en general, y de los madridistas de modo especial, a la Junta directiva, que ha sabido reunir ese magnífico equipo que tan brillantemente ha conquistado el campeonato de Liga al campo de veinte años de noble e incesante lucha, y que le califica como el mejor de España.

Agradeciéndole de antemano la publicación de estas líneas, aprovechamos la oportunidad para saludarle atentamente.

Por la Peña Bañón, don Joaquín Benedicto; por la Peña Clemente, don Rafael Alameda; por la Peña Chamartín, don Gregorio Autosán; por la Peña El Club, don Antonio Guinea; por la Peña Luis, don Emilio Fernández; por la Peña Morán, don Manuel Morán; por la Peña Olsen, don Antonio Pascual; por la Peña La Tropical, don Pascual Gallego; por la Peña El Brillante, don Federico Valcárcel; por la Peña Molowny, don Juan Turbica; por la Peña Olmedo, don Isaac Banda; por la Peña Santiago Bernabéu, don Agapito Gómez; por la Peña Deportiva Pavón, don José de Castro; por la Peña La Bomba, don Félix Sánchez; por la Peña El Portillo, don Antonio Díaz; ex presidente del Real Madrid don Adolfo Meléndez Cadalso, ex secretario del Real Madrid don Julio Chulilla Gazol, ex vicepresidente del Real Madrid don Bernardo Menéndez; por la Peña Mariano, don José Rubiato Luengo. Y siguen las firmas de los 100 primeros socios.

 

La respuesta de la Hoja de los Lunes a la misiva decía así:

Nos parece muy acertado el documento que antecede, porque la obra de don Santiago Bernabéu es merecedora de ese justo homenaje.

No solo ha consagrado su vida como jugador y dirigente a la gloriosa entidad que preside, sino que ha convertido en tangible realidad su ambicioso proyecto de dotar a Madrid de ese gran estadio, que sobrepasa la órbita de las actividades de un club y lo convierte en motivo de legítimo orgullo de para el fútbol español.

Son ahora las peñas y los veteranos representantes del club quienes deben canalizar ese candente estado de opinión, para que la simpática propuesta de las filiales madridistas desemboque en el homenaje que merece la efectivamente señera figura de don Santiago Bernabéu. Ellos son, pues, quienes tienen la palabra.

HOJA DEL LUNES se adhiere cariñosamente a la iniciativa y hace suyo el propósito general de que el estadio ostente en lo sucesivo el nombre de su ilustre creador.

El primer partido oficial con el nuevo nombre fue el 16 de enero de 1955, correspondiente a la jornada 19 de la Liga. El Hércules visitaba el coliseo blanco y por primera vez en los carteles anunciadores del encuentro aparecía escrito Estadio del Real Madrid Santiago Bernabéu

Durante varios meses no hubo novedades ni noticias, hasta que Manolo Morán volvió a hablar del tema en la sede de su peña (un bar de la calle de Valencia), en una entrevista para la Hoja del Lunes el 22 de noviembre. El actor, a pregunta de Eme Erre, contaba que “nosotros propusimos que Chamartín se llamara Estadio Bernabéu del Real Madrid. Algunos se lo han apropiado, y eso no importa; pero lo interesante es que se haga el cambio de nombre. Nuestro lema es: “Madridistas, sin darse importancia”, Así es que, ¡al toro, al toro! Para nosotros es y será el “Estadio Bernabéu del Real Madrid”. Y “na” más…”.

Fue en la Junta general ordinaria del Real Madrid del 2 de enero de 1955 cuando se precipitaron los acontecimientos. La reunión se celebró en el salón de actos de la Cámara de Comercio para aprobar las cuentas y resultados de los ejercicios de la entidad merengue en 1952-53 y 1953-54. Se leyó la Memoria, se hizo referencia a la terminación de las obras del campo de Chamartín y por aclamación se aprobaron las cuentas de estos ejercicios, así como la gestión de la Directiva.

Luego, habló el ex presidente merengue Antonio Santos Peralba, para proponer que en lo sucesivo el campo de deportes del Real Madrid se denominase Estadio Santiago Bernabéu. La medida con un acuerdo pleno quedó aprobada con una “nutridísima salva de aplausos”. Bernabéu “dando muestras de viva emoción, hizo uso de la palabra para agradecer ese rasgo de la junta, que tanto le satisfacía y le honraba”, según recogió la Hoja de los Lunes. A continuación, puso a disposición de la Junta su cargo, ya que estimaba que, habiendo terminado la misión para la que fue nombrado y llevando más de diez años al frente del club, debía tener el descanso que creía merecedor. Sin embargo, la Junta en pleno ratificó en medio de un gran entusiasmo al mandatario madridista. El almanseño volvió a hablar para dar las gracias por el apoyo, aunque insistió en la necesidad de que debía ser relevado.

Al presidente madridista nunca le acabó de gustar que el estadio llevase su nombre y en más de una ocasión reconoció en público que le resultaba extraño cuando alguien le decía que había asistido a un partido al estadio Santiago Bernabéu.

El primer partido oficial con el nuevo nombre fue el 16 de enero correspondiente a la jornada 19 de la Liga. El Hércules visitaba el coliseo blanco y por primera vez en los carteles anunciadores del encuentro aparecía escrito Estadio del Real Madrid Santiago Bernabéu.

 

Fotos de Alberto Cosín

 

… y los cuarenta ladrones

 

Buenos días, amigos. Esperamos que hayáis dormido de maravilla y no tengáis sueño esta noche, ya que el partido de Copa entre Real Madrid y Celta se disputará a las 21:30 y, en caso de llegarse a los penaltis, acabará mañana. Hecho que no desea ningún madridista, que prefiere una victoria clara y además convincente que mejore el ánimo de todos.

As

Un floreado As dice que «En el Bernabéu se sirve una Copa para olvidar». La sabiduría popular dice que tomar copas para ahogar las penas no sirve porque las condenadas flotan, pero sí ayudan a entonar el espíritu.

Marca

Marca coloca a Mbappé y Vini al frente de la reacción. Kylian fue la esperanza en la debacle arábiga y estamos deseando que frente al Celta vuelva a dar muestras del buen estado de forma que atraviesa.

En clave madridista, el diario de Gallardo dedica lo mollar de su frontispicio a «El sí de Davies» (no confundir con El sí de las niñas, que no es de Gallardo, sino de Leandro Fernández de Moratín). A nosotros todo lo que lleve las palabras lateral y fichar nos parece bien. Mejor aún si junto a la palabra lateral apareciera derecho.

Volviendo a la Copa, el Atleti pasó. El Barça, también. A las mil maravillas, según Sport.

Sport

El Barça de las mil maravillas acaudillado por el presidente de las mil y una noches con su séquito de cuarenta ladrones colocados tanto en el club como en la totalidad de estamentos, organismos, administraciones y demás chiringuitos con mano en el mundo del fútbol. El equipo que, de repente, arrasa a comienzo de temporada merced a una preparación física que maravilla y acogota a sus rivales; después, de repente también, dejan de ir como motos, con la consecuente pérdida masiva de puntos; y, de repente de nuevo, vuelven a correr sin atisbo de cansancio alguno y a ganar con el no desdeñable empujón dado por el Madrid en la final de la Supercopa.

Maravilla de este Barça de las mil maravillas que con el poder se lleve de maravilla. Con el poder de la Liga encaja de maravilla, no hay problema si resultan falsas esta o aquella palanquilla. Con el poder de la Federación son uña y carne, y durante décadas han establecido una relación clientelar, con facturas y todo. Con el poder gubernamental marida de maravilla: ora leyes ad hoc impulsadas de maravilla por ejecutivos blaugranas para hacer prescribir la compra del estamento arbitral, ora interpretaciones creativas de normas claras en aras de la visibilidad y la repercusión mundial. Qué maravilla. Quizá porque el villarato ni empezó ni terminó con Villar ni fue un villarato, sino una cuestión de Estado. Y el Barça sabe que siempre puede contar con ese as en la manga, con independencia de la tropelía cometida o la barbaridad por cometer.

Este Barça de las mil maravillas también maravilla por ser el ave fénix del desmán: un par de inscripciones engrasadas y una goleada al Madrid anulan todas las irregularidades y delitos cometidos y los comportamientos inapropiados de su presidente y jugadores. Pero lo que más maravilla es que a buena parte de la afición madridista también le dan exactamente igual todas las trampas del club más corrupto de la historia porque, ojo, el Madrid jugó un partido nefasto contra ellos y el club no ficha ni echa a Ancelotti. Llevar una temporada regular con solo dos títulos de tres a mitad de la misma, por lo que sea, significa que hay que guardar silencio ante el oprobio culé. Ganar al Madrid lleva aparejado no ya el indulto, sino la amnistía y, de paso, la redención de todos los pecados.

#NoticiaRelevo 🗞️ Los árbitros protestaron contra Real Madrid TV en la Supercopa rechazando los regalos del club.

Acordaron no aceptar los detalles protocolarios, por la hostilidad de la televisión del club hacia ellos.

✍️ @sergiofernan5ez https://t.co/Y9nNpeSs0z

— Relevo (@relevo) January 15, 2025

Ayer conocimos un hecho curioso: los árbitros protestaron contra el trato que les dispensa RMTV rechazando los regalos protocolarios del club en la Supercopa. El estamento heredero de Negreira entiende que es intolerable que la tele del Madrid se dedique a recopilar sus ¿errores? y los muestre tal cual, sin censura, utilizando todas las imágenes disponibles, incluidas las birladas por el proveedor de las mismas al VAR. Un proveedor que, casualmente, es avalista y socio comercial del Barça, el club que pagaba una morterada a quien decidía ascensos, descensos e internacionalidades de quienes rehúsan los obsequios ceremoniosos del Madrid.

En esta ocasión, hemos de reconocer que entendemos perfectamente al CTA y vemos lógico que rechacen estos detallitos: entre un puñado de bolígrafos y pines y 8,4 millones de euros, no hay color.

Que paséis un día de maravilla.

Mundo Deportivo

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