Buenos días, amigos. Hoy sábado es probable que un porcentaje no desdeñable de vosotros descanséis de vuestros quehaceres laborales y, por tanto, prefiráis no sumergiros en disquisiciones profundas. Para empezar, os proponemos una cuestión sencilla: ¿qué es peor, ser senderista u homófobo? La respuesta no parece complicada, quizá salvo alguna oruga pasionaria que tema ser pisoteada, la gran mayoría responderá que ser homófobo, ya que es una actitud que conculca los derechos y libertades de las personas.
Vamos con otra pregunta que sigue el mismo patrón pero cambiando los términos: ¿qué es peor, ser madridista o ser racista? Al igual que en el caso anterior, la respuesta puede parecer obvia, pero no lo es, aunque parezca una barbaridad, para quienes mandan en cierto club de fútbol es peor ser madridista que racista. Así lo apuntaba el galernauta Jorgeneo y aquí está la prueba de tal deducción:
#NoticiaRelevo 🗞️ El Atlético cancela la actuación de Danna Paola en el derbi tras declararse madridista en La Revuelta.
▪️ La cantante mexicana bromeó con Broncano y pronosticó un 1-2 a favor de los blancos.
✍️ @pablo_diazzhttps://t.co/k3Ihqp4bLT
— Relevo (@relevo) September 27, 2024
Danna Paola iba a actuar en el derbi —entendemos que antes o durante el descanso, no mientras se jugase—, pero durante una entrevista en televisión confesó que era madridista. Además, cantó el himno de la Décima, declaró que «la excelencia recibe hate» y pronosticó una victoria de los blancos por 1-2 con goles de Vini y Fede Valverde. Inmediatamente, quienes toman las decisiones en el Atlético de Madrid resolvieron que se cancelaba su actuación. Sin embargo, ni desde el club, ni desde ninguna administración se ha condenado o tomado ninguna medida ante las continuas manifestaciones racistas del sector ultra del Atleti.
Seguramente Danna Paola no se haya preocupado en exceso, ella sola tiene casi el doble de seguidores que todo el Atlético de Madrid.
Danna Paola es más grande que el Atlético de Madrid. 🤣🤣👏🏻 pic.twitter.com/T0Y0dpM4m4
— REAL MADRID FANS 🤍 (@AdriRM33) September 27, 2024
Esto nos lleva a otra cuestión: ¿quiénes toman las decisiones en el Atleti? Hay dos opciones: la primera es Gil Marín y Enrique Cerezo, culpables según la justicia de apropiarse indebidamente del club, aunque el delito prescribiese; la segunda es el Frente Atlético, culpables de dos asesinatos. La opción del Frente no es desdeñable, porque, además de ser amparados por el club, se les permite reunirse con los propios futbolistas y acceder a las instalaciones de la entidad. A pesar de ser una organización neonazi que en cualquier otro país civilizado estaría prohibida.
Como escribió Luis Montero Manglano en La Galerna, en vez de ser un club de fútbol con ultras, son ultras con un club de fútbol. La sensatez, cada vez más, es un artículo de lujo.
Para As el artículo de lujo son los futbolistas que participará en el derbi. Han sacado la calculadora del Windows 95 y les sale que están valorados en 1881 millones de euros. La principal diferencia estriba en que el Atleti suele comprar a sus estrellas a golpe de talonario y el Madrid solo hace esto en ocasiones, en otras espera a que el futbolista en cuestión termine contrato u opta —la mayoría de las veces— por ficharlo cuando es una joven promesa a un precio asequible y desarrollar su potencia en el club.
Marca titula: «En la tela de la Araña». La Araña ya sabéis que es el apodo de Julián Álvarez. Os recomendamos que pinchéis aquí, lo cual os trasladará al portanálisis de ayer, y hagáis scroll hasta llegar a la tonada que aparece debajo de la portada de Marca.
El diario de Gallardo destaca que el Madrid perdió en sus dos últimas visitas al Metropolitano, el estadio que alberga a un sector de la afición atlética muy fan de cierto pintor austriaco con bigotillo y así lo hacen notar sin que ni el resto de seguidores que no son nazis, ni los medios ni la justicia tome cartas en el asunto.
Desde antes de ayer sabéis que el plan de los neonazis es acudir con mascarillas para que no se les identifique al proferir insultos racistas. También están lanzando el mensaje por redes sociales de que no graben con los móviles para evitar pruebas de los delitos cometidos, y que den manotazos a los teléfonos que vean de otras personas.
Sobre este repugnante asunto os animamos a que leáis a Juan Antonio Amorós, policía y criminólogo, que ayer explicó en La Galerna qué vías puede seguir el Real Madrid si quiere reaccionar ante la campaña de ataques racistas que se prepara de cara al derbi.
Es necesario tomar medidas para frenar esta lacra. Escasamente hace un par de días, el Madrid emitió un comunicado oficial en el que informaba de que el Juzgado de Instrucción nº 3 de Palma de Mallorca había dictado sentencia condenatoria contra la persona que dirigió insultos racistas contra Vinícius el pasado 5 de febrero, que fue el mismo que también los profirió contra Samu Chukweze, entonces futbolista del Villarreal.
En el comunicado también se notificaba que se trata de la tercena condena penal dictada en los últimos meses por los insultos racistas recibidos por jugadores del Real Madrid. Si, como dicen muchos, en España el racismo es solo cuestión de cuatro gatos, solo resta encontrar el cuarto para resolver el problema.
Pasad un buen día, aunque antes de despedirnos tengamos que dejaros por aquí abajo las portadas de la prensa culé.
Anteayer tuvimos conocimiento de que algunos aficionados del Atlético de Madrid se concertaban en redes sociales para acudir a su estadio portando mascarillas para insultar racialmente a Vinicius Jr sin ser identificados (cobardes, además de racistas).
¿Qué caminos tiene el Real Madrid para denunciar este comportamiento deleznable?
1) Acudir a la vía administrativa:
La ley 15/2022 integral para la Igualdad de Trato y no Discriminación, proscribe el trato discriminatorio (por razón de nacimiento, origen racial, etc.) en cualquier actividad deportiva.
El artículo 6 de la misma prohibe el acoso discriminatorio, entendido como cualquier conducta realizada [...] con el fin de atentar contra la dignidad de una persona o grupo en que se integra y de crear un entorno intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo. Además se prohíbe la inducción (concreta, directa y eficaz) a la discriminación.
Estas infracciones se consideran muy graves y serán sancionadas con multa entre 40.001 y 500.000 euros (art. 48), atendiendo (entre otros aspectos) a la repercusión social de las infracciones (art. 49). Además se podrá imponer el cierre del establecimiento en que se haya producido la discriminación o el cese en la actividad del causante hasta 5 años (art. 50).
En este sentido, el 17/9/24, la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte acordó proponer una sanción muy grave de 60.001 € y prohibición de acceso a estadios por un periodo de 2 años a un aficionado que difundió reiteradamente numerosos insultos e imágenes racistas contra Vinicius Jr a través de su perfil en la red social X.
2) La vía penal:
Si los hechos discriminatorios sucedidos revisten de especial gravedad, atendiendo a:
Se podrían incardinar en el art. 510.2 C.P.:
La pena correspondiente es prisión de 6 meses a 2 años y multa 6-12 meses, siendo agravante (1-4 años de prisión y multa 6-12 meses) cuando se promueva o favorezca un clima de violencia, hostilidad, odio o discriminación contra los mencionados grupos. Otro agravante es la difusión de expresiones racistas por medios de comunicación o internet (mitad superior de la pena) de modo que se hiciera accesible a un elevado número de personas.
Las denuncias de Vinicius Jr. Por insultos racistas recibidos durante el Valencia-Real Madrid de fecha 21/5/23 derivaron en condenas a tres aficionados del Valencia a 8 meses de prisión y prohibición de entrada en estadios durante 3 años. Primera condena por este tipo de comportamientos.
También ha sido condenado a 12 meses de prisión y prohibición de acceso a estadios de fútbol durante 3 años, a un individuo por proferir insultos racistas contra Vinicius Jr en el Mallorca-Real Madrid el 5/2/2023 y contra el jugador Samu Chukwueze, dos semanas después.
El Protocolo de Actuación sobre Incidentes de Público, fechado en 2005, incorporó recientemente el gesto arbitral de incidente racista (brazos en x al pecho) si el colegiado constata personalmente un comportamiento racista, o recibe información de algún futbolista o del Coordinador de Seguridad.
En ese momento se detendrá el partido momentáneamente para avisar por megafonía de que si no cesan los insultos racistas se suspenderá el mismo temporal o definitivamente.
Por todo lo expuesto anteriormente, entendemos que se puede interponer denuncia en vía administrativa y penal, por la gravedad y reincidencia de los hechos ocurridos. Sin perjuicio de las decisiones que tome el club, su entrenador y capitán según lo que ocurra durante el partido si no se respeta el protocolo contra el racismo.
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El Real Madrid femenino venció (3-1) al Sporting Clube de Portugal en el partido de vuelta de la ronda previa de acceso a la Liga de Campeones femenina y certificó, con un resultado global de 5-2, su presencia un año más en la máxima competición europea. Un doblete de Sandie Toletti y un golazo de Alba Redondo dieron la vuelta al tanto inicial de Ana Capeta.
Dando inicio a su quinta temporada de existencia, al proyecto del Real Madrid femenino se le puede poner un puñado de peros. Algunos son consistentes y otros, en ocasiones, suenan más a excusa de quien todavía ve con cierta suspicacia esta incursión del club en las aguas traicioneras del deporte femenino. En cualquier caso, hay un hecho indiscutible que reluce en este corto periodo de tiempo: las futbolistas han cumplido el objetivo principal de situar y mantener al equipo entre los habituales de la Champions League.
El escenario se da por descontado como parte fundamental de la idiosincrasia madridista, pero nada tiene que ver el camino de acceso a la fase de grupos en comparación con lo que acostumbra el equipo masculino. La ronda de clasificación previa es, por dificultad y tensión, el momento crítico de la temporada… y antes de llegar a octubre el resultado es ya definitivo. Cuando el Real Madrid saltó al césped del estadio Alfredo di Stéfano, uno de los semifinalistas del año anterior, el Paris Saint Germain, naufragaba ante el mismo obstáculo. Y en esa tesitura de todo o nada, las jugadoras del Real han superado la prueba en cuatro ocasiones de cuatro posibles.
La última víctima, el Sporting Clube de Portugal, resistió hasta el minuto 51 del partido de vuelta que cerraba la eliminatoria. Si en Lisboa las rivales únicamente se vieron superadas en el último suspiro, a Madrid llegaron confiadas hasta el punto de adelantarse en el marcador para igualar el tanteador global. Nadie regala nada. Alberto Toril apenas introdujo dos cambios de inicio con respecto a la ida, dando entrada a Signe Bruun y Naomie Feller en lugar de Alba Redondo y Filippa Angeldahl, pero la principal diferencia fue un terreno de juego en mucho mejor estado para el juego y una actitud valiente.
A los siete minutos ya se habían visto dos goles. El primero, a balón parado servido con veneno por la centrocampista Andreia Bravo, fue obra de Ana Capeta. La ’10’ entró con fe al segundo palo y, muy sola, pudo cabecear con facilidad a la red para recordar a cualquier despistado la dificultad de la tarea. Era el minuto 5 y el Madrid bien podría haber temblado hasta descomponerse. Sin embargo, bastó llevar el balón al área rival para que Caroline Weir definiera con su sola presencia el signo del duelo. Maëlle Lakrar proyectó en profundidad a una muy activa Naomie Feller por la derecha, que pudo pisar área y pasar en corto a la escocesa. Sin despeinarse, Weir paró el tiempo hasta ver llegar a Sandie Toletti desde segunda línea y, en el momento preciso, asistió a la francesa para que lanzase de primeras ajustando el balón a la escuadra.
El acto reflejo del empate le sentó mal al Sporting, que además encontró a un Real Madrid mucho más incisivo que la semana anterior, con Feller y Athenea del Castillo entrando en acción de manera recurrente. En una de tantas, la francesa tiró de potencia para entrar en el área entre dos defensoras, que únicamente pudieron trabarla abajo con claridad. Su intento de seguir avanzando con nobleza, no obstante, fue penalizado por la árbitra holandesa al no decretar penalti. Con estos bueyes han de arar cada día los futbolistas, por lo que es natural caer en la desesperación. Menos de diez minutos después, la lateral Ana Borges estuvo cerca de lesionar a Weir en una acción de roja directa que se quedó en amarilla.
Aunque el descanso llegó con el susto en el cuerpo y la eliminatoria en un gol de diferencia, el cielo se aclaró mucho antes de lo previsto. Y es que el fútbol, con Caroline Weir en el campo, parece el más sencillo de los juegos. Combinaba el Madrid en banda izquierda, con precisión y poco colmillo, hasta que Athenea encontró a la ’10’ blanca en la esquina del área y casi de espaldas a la portería. En ese momento nada podía hacer intuir una jugada de gol, pero de la nada hizo saltar Weir la chispa decisiva. Y así, mediante un toquecito sutil y de primeras de dos décimas de segundo, quedó de repente Toletti cara a cara frente a la portería. El golpeo duro de la centrocampista noqueó al Sporting, incapaz ya de levantarse tras el 2-1.
El Real Madrid gestionó con madurez lo que quedaba de partido y pudo empezar a pensar en las bolas del sorteo, en las ciudades que visitar y los estadios en los que jugar. La eliminatoria, un año más, era blanca. Antes del pitido final, eso sí, llegó el definitivo tres a uno que venía buscando Alba Redondo desde su fichaje. La espera mereció la pena porque la manchega conectó un derechazo directo a la escuadra desde la frontal y ya nadie perdió la sonrisa. Europa y el Real también empiezan a ser un binomio indisoluble en el fútbol femenino.
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Buenos días, amigos. El Cholo descarta al Madrid para la liga. Como lo oís. Dice que su rival en la competición doméstica es el Barcelona.
Ya lo veis: “tenemos un rival que es el Barcelona”. Las aproximaciones del Cholo a las opciones que tiene el Madrid en el campeonato doméstico son peculiares, y nunca hay término medio. O bien la liga está en bandeja para los de Carlo (“peligrosamente preparada”, ¿os acordáis?), o bien se la van a jugar Atleti y Barça, se entiende que sin posibilidades para los blancos.
Se trata de la típica declaración que debería empapelar el vestuario del Real Madrid de cara al derbi del domingo, a fin de insuflar a los jugadores de Ancelotti la rabia necesaria para vengar esta boutade provocadora y pueril de Diego Pablo Simeone, el hombre que quiso pegar a Varane al término de la final de Lisboa y que cosechó por ello el aplauso de los profesionales de la prensa en la rueda de ídem.
Unos profesionales de la prensa que, por cierto, cada día dan más asco, con honrosísimas excepciones. Ayer, en la Cope, Tertuliator (gracias, Richard Dees) Miró defendió que los hinchas de su amado Frente Atlético vayan al Metropolitano camuflados con mascarillas para poder proferir insultos racistas contra Vinícius sin ser identificados. Esto en los micrófonos de la Cope. Que alguien se lo cuente al Papa Francisco. ¿No pertenece la Cope a la Conferencia Episcopal?
Otro ejemplo de repugnancia extrema lo inspiró ayer Radio Marca. Ya sabéis que el jugador del Getafe Uche ha declarado que recibe insultos racistas de gradas de aquí y de allá. Parece que no es solo Vinícius. Hay otros 17 casos denunciados. Pues bien. No sólo Uche ha sido más o menos conminado a retractarse por parte de su presidente Ángel Torres (sí, sí, sí, regañado por quejarse del racismo que sufre), sino que Radio Marca se descolgó con la siguiente encuesta para sus oyentes (no reunimos suficiente valor para mirar los resultados de la misma).
Esta pestilencia generalizada no puede ser verdad. Esto tiene que ser una distopía a la que alguien nos ha arrojado. Y sin embargo todo esto es cierto. Tan cierto que ayer nos vimos obligados a lanzar una iniciativa en X (Twitter) para crear alarma respecto a los ataques racistas que trama el sector nazi del Metropolitano de cara al partido del domingo. A la hora en que escribirnos estas líneas, rozamos las 800.000 visualizaciones, con miles de RTs. Muchas gracias.

En cuanto a las portadas del día, el gran protagonista es Julián Álvarez, excelente delantero argentino del Atleti que ayer dio la victoria a su equipo con un gol en el último suspiro de su partido frente al Celta.
Copa las portadas el jugador conocido como La Araña. Nos parece bien. Nos retrotrae a aquella canción de nuestra infancia.
Dos tíos del Frente
ahogaban a un negro
con la tela de una araña.
Como veían que no se moría,
fueron a llamar a otros del Frente.
Por otro lado, el Real Madrid Femenino se clasificó ayer para la Champions League tras vencer por 3-1 al Sporting de Portugal. ¿Recordáis la tabarra que dio la prensa para que el Madrid estuviera a la altura de los tiempos y creara su sección de fútbol femenino? Buscad la noticia en las portadas de As y Marca, ved la importancia que le dan a esta noticia y calibrad el grado de verdadero apoyo que se le da al fútbol femenino por parte de nuestros medios. Solo As le otorga un mínimo espacio. Parafraseando a los geniales Luthiers, fútbol femenino para todos en su horario habitual de las 3 de la mañana.
El fútbol femenino solo merece atención y apoyo cuando no juega el Real Madrid Femenino. En La Galerna no es así. Podréis leer la excelente crónica de Fernando Alcalá-Zamora de la victoria ante el Sporting de Portugal.
Os dejamos con las portadas cataculés. Querréis verlas, Sois así.
Pasad un buen día.
A continuación publicamos un extracto del capítulo cuarto de «La pelota sí se mancha» (Última línea), el nuevo libro de Salva Martín publicado un año después de su éxito «Historia de las míticas remontadas del Real Madrid» (Almuzara).
Le cambiaron el nombre. Se afianzó como el club más importante de España. Fichó al ‘galáctico’ de la época. Arrebató al Barcelona a su jugador más emblemático. Fue incautado. Casi desaparece. Lo que bien podría ser el argumento de una novela, resultó el asombroso —y muchas veces ocultado— tránsito del Real Madrid por la II República y la Guerra Civil. Ya es hora de iluminar aquella época.
El inflamable debate sobre la relación del Real Madrid con la dictadura franquista ha restado foco a un período, el inmediatamente anterior, que resultó vital para el destino del club. Durante la II República, años de combustión continua, el Madrid, como España, alcanzó cotas inauditas, pero también pudo terminar en el sumidero de la Historia. Fueron tiempos de banderas y furia, de héroes, mitos, revolución y sangre. También para el club más importante del mundo del fútbol.
Con la izquierda venida arriba, la derecha monárquica dividida y la imagen de la Corona dañada sin posible enmienda, el 14 de abril España cambió radicalmente el paso […].
El fervor republicano coincidió con los primeros pasos de la Liga, una competición cuyo parto no resultó sencillo. Hasta finales de los años 20, en España se disputaban las competiciones regionales y el Campeonato de España, origen de la actual Copa del Rey […]. La profesionalización, que llegó en 1926, necesitaba de un torneo regular, de todos contra todos, para asentar sus consecuencias: calendario, viajes, fichas, contratos […].
En la primera edición, jugarían en Primera División los seis ganadores del Campeonato de España (Athletic de Bilbao, Real Sociedad, Real Madrid, F.C. Barcelona, Real Unión y Arenas de Guecho), los tres subcampeones (Athletic de Madrid, Español y Europa) y el Racing de Santander (que superó una eliminatoria previa). El resto de equipos (Sporting de Gijón, Sevilla, Iberia, Alavés, Betis, Real Oviedo, Valencia, Deportivo y Celta) inauguraría la Segunda División.
El 10 de febrero de 1929, el jugador del Español, Pitus Prat, se convirtió en el primer goleador de la competición, cuya edición inaugural acabó en las vitrinas del F.C. Barcelona […].
La profesionalización y la Liga implicaron un cambio histórico en el mercado de fichajes, que pasó de regional y limitado a nacional y organizado. Esto modificaría para siempre la estructura de los clubes, que dejaron de ser organizaciones amateurs en las que opinaban hasta los veteranos a modo de asociación y se transformaron en estructuras con carácter empresarial.
El Real Madrid, que partía con la ventaja de disponer de un colchón económico de lustre gracias a las taquillas de Chamartín y al buen hacer de sus presidentes, eligió bien al responsable de consolidar el nuevo modelo: Pablo Hernández Coronado […].
La renovación en 1930 fue total. Llegaron excelentes refuerzos en todas las líneas, como Bonet, García de la Puerta, Leoncito y los vascos Eugenio, Gurruchaga y Urretavizcaya. Pero, sin duda, el Madrid rompió la baraja con el hombre del momento. El primer futbolista capaz de arrastrar a la multitud y fijar toda la atención mediática. Y jugaba de portero, aunque no era un cualquiera: se trataba de Ricardo Zamora divinizado en vida como el emperador Domiciano […].
Zamora era un portero soberbio, un adelantado no sólo por su conocimiento del juego y la técnica, sino por su explotación de la fama. Si el Español lo utilizaba como reclamo para giras y llegó a alquilar sus servicios a otros equipos para amistosos, él no desdeñó lo que llegaría a ser una mina para los futbolistas: su imagen. Se elaboró una indumentaria propia, con boina y jersey encima de la camiseta del club, acuñó una parada característica (la zamorana) e hizo una aparición cinematográfica en Por fin se casa Zamora (1926). Entre el cielo y la tierra, estaba Ricardo Zamora.
Cuando el Madrid negoció por El Divino sabía que compraba mucho más que a un jugador. Y así se reflejó en su precio y sueldo: 150.000 pesetas para el Español, 50.000 de prima de fichaje para Zamora y 3.000 mensuales. «Una cifra de ministro», se destacó por aquel entonces, a lo que él respondió con la soberbia tranquilidad de los mitos: «Lo que me van a pagar lo encuentro suficiente y no deseo más». Touché.
El revuelo mediático y social en su llegada resultó inédito. Por primera vez, el fichaje de un futbolista copó todos los titulares y las conversaciones de la calle. En España no se hablaba de otra cosa y el resquemor también comenzó a enseñar la patita: el diario catalán Mundo Deportivo caricaturizó a Zamora con dos alas y un maletín lleno de billetes rumbo a Madrid. Pero el madridismo lo tuvo claro: fue fichar Zamora e incrementarse los socios en un millar.
Sin embargo, a las primeras de cambio, la operación estuvo a punto de ser un fracaso. En su segundo partido de blanco, un derbi contra el Athletic de Madrid en Chamartín con todo el papel vendido, Zamora se lesionó de gravedad. Fue en una acción, como tantas otras, en las que se lanzó a los pies del delantero, en este caso Buiría, para evitar su lanzamiento a gol. Fractura longitudinal múltiple de la escápula izquierda y luxación del húmero. Si suena mal, la incertidumbre fue peor. No se sabía si volvería a jugar. El mismo Zamora, en un artículo escrito en el diario Ya, expresó su desasosiego: «¿Habré terminado definitivamente de jugar al fútbol? Sé que no lo debo preguntar, que no me contestarán categóricamente, y, a pesar de todo, no puedo dejar de pensar en lo mismo».
Finalmente, el susto se quedó en tres meses fuera tras ser operado por el doctor Antonio Oller. Zamora se perdió gran parte de la Liga, y el Madrid, en la que fue la tercera edición del campeonato, no pasó del sexto puesto.
En el verano de 1931, perdida la corona del escudo y la denominación ‘Real’ por imposición republicana, el Madrid acometió el paso definitivo para los grandes éxitos que le esperaban. La premisa era clara: a la calidad, había que sumar el espíritu de lucha que desde entonces quedaría impreso en su ADN […].
Aquel Madrid ganador utilizaba el sistema habitual de los comienzos del fútbol, con dos defensas (Ciriaco y Quincoces), tres medios (Leoncito, Prats y Ateca, más Esparza y Bonet como alternativas) y cinco jugadores arriba (Lazcano, Regueiro, Olivares, Hilario y Olaso). Fortaleza, toque y remate.
Desde la primera jornada, la ilusión fue desatándose: el empate contra el Athletic de Bilbao (1-1) después de haber encajado un doloroso 0-6 el año anterior dio pábulo a la tesis de que ese año sí se podría competir por el título. Los vascos eran el rival a batir. Tan caldeados eran los partidos entre ambos que, en la vuelta (3-3), la policía tuvo que convencer a Hilario para que abandonara el campo tras ser expulsado. El suspense se mantuvo hasta el final, y todo se decidió en el campo del que sería el futuro gran rival de los blancos, el F.C. Barcelona. Un empate le valió al Madrid para hacerse con los 28 puntos que le llevarían a cantar el alirón y ser recibidos en Atocha, a su regreso, por una gran multitud. El secreto, como se preveía, vino de la autoridad atrás. El Madrid sólo encajó 17 goles en toda la temporada, lo que significó un promedio de 0,83 por partido.
La importancia de este título trascendió los números y las victorias. El Madrid llevaba nada menos que 14 años sin conquistar una competición de postín (se adjudicaba casi todos los Campeonatos regionales, eso sí). Esta primera Liga sucedió al Campeonato de España logrado en 1917 (antes había ganado cuatro seguidos, de 1905 a 1908) e inició una época dorada que sólo pudo truncar la tragedia de la guerra […].
En la siguiente temporada llegó la primera bomba mediática entre Madrid y Barcelona. José Samitier, después de 14 años liderando a los culés, se pasaba al enemigo. Sentimentalmente, el shock resultó más profundo que el caso Figo, pues el jugador había nacido nada menos que en el barrio de Les Corts, donde estaba el estadio culé, y había sido catapultado como símbolo del orgullo catalán desde los años 20 […].
La última Liga antes del levantamiento del 17 de julio, la 35/36, fue acorde a la situación de España: intrigante hasta el final. En la penúltima jornada, Madrid y Athletic, segundo y primero a sólo un punto de distancia, se enfrentaron en Chamartín. Una victoria blanca le acercaría al título, mientras que el triunfo rojiblanco lo sentenciaría. Por dos veces se adelantó el Madrid, pero los vascos, al final, consiguieron la igualada y el título voló hacia Bilbao.
La gloria eterna, por cómo se produjo y lo que significó, llegó para el Madrid en la Copa. Primero eliminó al Arenas de Guecho en el partido de desempate. Luego doblegó en los dos partidos de cuartos al Athletic. En semifinales tocó el Hércules. El 7-1 de la ida hizo estéril la derrota por 2-1 en la vuelta, y el Madrid se plantó en la final, que se disputaría en Valencia el 21 de junio de 1936.
El partido fue inédito y no pudo contener más simbolismo. A menos de un mes del golpe de Estado, Madrid y Barcelona, centralismo frente a federalismo, se veían las caras por vez primera en un encuentro definitivo. El destino quiso apostar fuerte y sumó este enfrentamiento a cara o cruz, a vencer o morir, a una atmósfera ya de por sí excesivamente cargada de embrutecida exaltación. Según cuenta Alfredo Relaño, de la capital acudieron 3.000 aficionados, mientras que 10.000 culés llegaron a Valencia y se añadieron a los simpatizantes locales, inclinados hacia los azulgranas.
Zamora, que a estas alturas únicamente disputaba los partidos relevantes, sería el protagonista absoluto de la final.
El encuentro lo manejó el Madrid, hasta el punto de ponerse 2-0 en el marcador con goles de Eugenio y Lecue. Pero el Barcelona no se rendiría y acortó distancias forzando a los blancos a replegarse y tratar de evitar el empate. Entonces, casi al final, se produce la jugada que se hará icónica, evocada durante años y merecedora de entrar en la mitología del fútbol.
El formidable delantero Escolà recibe en el área un pase de Ventolrà. Está solo ante Zamora y puede elegir el lado por donde clavar el gol. El madridismo se encoge, los culés levantan los brazos en espera del gol. El chut, fuerte y ajustado, va al palo izquierdo de Zamora. Es un disparo imparable. Imparable para todos menos para el portero blanco, que, con una inverosímil estirada, no despeja, sino que atrapa el balón y alcanza la inmortalidad.
Había dado el último título republicano al Madrid en una acción de fe y calidad. Pura raza blanca. Consciente de ello, el portero no escatimará cierta altivez en sus Memorias a la hora de recordar aquel instante: «Absoluta posesión de lo que me pertenece, de lo que nadie debe disputarme: el balón. ¡No ha sido gol! ¡No ha sido gol! Óyese a mi alrededor. Es el título, es la Copa […] Veinte años de fútbol están ahí, en ese instante». Fue su última parada, el perfecto epílogo a una carrera sin parangón.
El país se derrumbaba mientras el Madrid enamoraba. Ese podría ser el titular de la victoria en la Copa del 36, el postrero título de fútbol antes de que la asonada de julio, iniciada en Melilla, diera voz a las balas, silenciara los estadios y borrara las sonrisas de los españoles.
Para entonces, el Madrid ya estaba completamente imbricado en la ciudad. A través de los éxitos, su liderazgo y las emociones despertadas, había trascendido el plano deportivo para formar parte de la identidad de una capital que, si resultó un escenario clave en el período tricolor, más lo sería durante los años de la guerra […].
Uno de los lamentos más recurrentes en este comienzo de liga por parte de los parroquianos blancos que viven más pendiente del vecino de enfrente que de lo que sucede en casa propia es aquel referido a la escasez o ausencia de canteranos en la primera plantilla del club vikingo, en contraposición con la abundancia de los mismos que presenta el club negreiro.
No pretendo entrar en el debate que zanjó el propio Carvajal, canterano blanco por excelencia, cuando justificó esta circunstancia alegando que las situaciones económicas de ambos clubes eran tan distantes que, mientras que al Barcelona no le quedaba otra opción que recurrir a su, por qué no reconocerlo, bien trabajada y gestionada cantera; el Real Madrid podía permitirse el lujo de acudir al mercado en busca de los mejores jugadores del mundo, como Bellingham o Mbappé.
Sin embargo, esto sería evitar el tema mayor que pulula con malicia desde las entrañas del periodismo patrio y el antimadridismo (si es que acaso no se puede agrupar a los primeros en el grupo de los segundos) y que deja caer, como quién no quiere la cosa, que el Barcelona trabaja mejor sus perlas que el Real Madrid. Yo no soy quién para valorar y finalmente dictaminar quién las trabaja mejor, pero sí que me parece que se está produciendo un falso juicio sobre el Real Madrid y su cantera.
En el primer equipo del Real Madrid podemos contar como canteranos no sólo a Carvajal, Lucas Vázquez y Fran García, sino también a Vinícius, Valverde, Rodrygo y Camavinga según la normativa de la UEFA, así como en los próximos años a Arda Güler y Endrick. Es decir, que de esos 7 canteranos (más el tercer portero que se inscriba y que suele proceder de la cantera), no creo que sea descabellado aventurar que 5 de ellos son de los mejores jugadores del mundo en sus respectivas posiciones. A pesar de que el Barcelona ha sacado magníficos proyectos como Lamal, Araujo, Pedri y Gavi, no sé hasta qué punto podríamos decir que el Madrid le va a la zaga. De hecho, creo que es bastante objetivo pensar lo contrario.
Trabajar la cantera no se reduce simplemente al trabajo que se realiza con los jóvenes en las categorías inferiores. El trabajo de cantera consiste en desarrollar a los jóvenes talentos hasta conseguir explotar el máximo potencial. Y el Madrid ha desarrollado un modelo en el que consigue realizar ese desempeño de manera casi exclusiva en el primer equipo
Porque trabajar la cantera no se reduce simplemente al trabajo que se realiza con los jóvenes en las categorías inferiores. En ese caso no podríamos considerar canterano a alguien como Pedri, fichado de Las Palmas con 18 años y que pasó al primer equipo con premura. El trabajo de cantera consiste en desarrollar a los jóvenes talentos hasta conseguir explotar el máximo potencial posible. Y el Real Madrid ha desarrollado un modelo en el que consigue realizar ese desempeño de manera casi exclusiva en el primer equipo.
No considero justo desestimar el trabajo que ha llevado a cabo el club blanco con Vinícius, jugador que vino con 18 años al Real Madrid y que está a punto de recibir su primer Balón de Oro. ¿O acaso el jugador que llegó del Flamengo es el mismo que va a recoger el dorado galardón dentro de un mes? No. Con Vinícius, por poner el ejemplo más visible, el Madrid fichó a una promesa que “sólo” era élite en el regate, pero a la que tuvo que pulir paulatinamente a nivel técnico mejorando su capacidad de disparo, su toma de decisiones en el último tercio de campo, su inteligencia táctica para saber cómo y cuándo es más dañino rompiendo al espacio con su endiablada velocidad e incluso su versatilidad en ataque, enseñándole a jugar no sólo pegado a la banda izquierda sino también más cerca del área como segundo delantero. Por no hablar del trabajo de gestión emocional que el club realiza con los chavales que llegan, no lo olvidemos, al mejor club del mundo apenas cumplida la mayoría de edad, con todas las vicisitudes que ello puede implicar.
El equipo blanco cogió a un joven que apuntaba alto pero del que todo el mundo se mofaba durante sus primeros años y lo moldeó hasta conseguir tener al jugador más desequilibrante de Europa. Si eso no es trabajar bien la cantera, igual deberíamos replantearnos los términos y condiciones de esta cuestión.
Del mismo modo que con Vinícius, el club blanco ha trabajado con Valverde hasta convertirlo en un todocampista que, además de ser uno de los mejores centrocampistas del mundo, sabe desenvolverse como pivote defensivo, como mediocentro en un doble pivote, como interior llegador e incluso como extremo derecho, sacando pleno rendimiento de sus cualidades en cada uno de los diferentes roles que ha aprendido a desempeñar.
Las modas siempre me han resultado inexplicables y la que ahora impera en el madridismo es denostar a Rodrygo, pero es otro gran ejemplo de cómo el Real Madrid se trajo a un extremo izquierdo y ahora tiene a un atacante que ha jugado en todas las posiciones del frente de ataque y que sabe lo que es marcarle 4 goles al máximo rival europeo actual, el Manchester City, en 4 partidos de semifinales de Champions. Las comparaciones son odiosas, pero no sabría decir si, hasta la fecha, alguno de los tan anhelados canteranos blaugranas ha logrado acercarse mínimamente a tal gesta.
El madridismo es universal y, además de ser este posiblemente el valor más potente e importante que albergamos, permite no sólo a cualquier persona del mundo sentirse representada por el Real Madrid sino también soñar a cualquier niño del mundo, nazca donde nazca, llegar algún día a ser canterano del club de sus amores
No digo que la gestión de la cantera sea perfecta —pues yo mismo considero que algunos de los últimos canteranos destacados como Arribas o Nico Paz perfectamente podrían estar hoy ocupando un rol de secundario o revulsivo— que resulta fundamental en esta plantilla, tanto por lo que puedan aportar dentro del campo como por lo que proporcionen fuera de él, pero los tiempos de cada jugador son un mundo, e igual que Lucas, peso pesado de la plantilla (más de lo que la mayoría piensa) tuvo que salir fuera un año antes de volver, Joselu hizo toda su carrera fuera del club y volvió para ocupar un rol que acabó siendo trascendental para alcanzar la gloria.
Entiendo las ganas de los aficionados de ver a jóvenes madridistas representando al club, pero es que resulta que todos estos jóvenes fichados de fuera a raíz de esta nueva y magnífica política de mercado de Florentino y su equipo que han crecido en el club no sólo son tan madridistas como cualquier muchacho nacido en la capital española, sino que además ya han adherido a su ser los valores que el club blanco bien se precia de representar. Porque el madridismo, queridos, es universal y, además de ser este posiblemente el valor más potente e importante que albergamos, permite no sólo a cualquier persona del mundo sentirse representada por el Real Madrid sino también soñar a cualquier niño del mundo, nazca donde nazca, llegar algún día a ser canterano del club de sus amores.
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Endrick es un fenómeno, casi no se había bajado del avión cuando comenzó a maravillarnos con sus goles y su valentía. Una bestia precoz, sin duda.
Hoy, fcQuiz ha ideado una serie de cuestiones para poneros a prueba. ¿Podréis acertar todas?
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Buenos días. Las portadas del día carecen de interés, pero hay asuntos que reclaman nuestra atención urgente aunque no aparezcan en ellas.
El domingo, como sabéis, se juega el derbi en el Metropolitano, y las redes sociales de los hinchas más radicales del Atlético de Madrid están dando una lección de neonazismo y xenofobia que debería preocupar a las autoridades. Esto de hoy no es un portanálisis: es una llamada, un aviso a la autoridad.
Aficionados que imaginamos vinculados con el Frente Atlético (grupo neonazi que su club auspicia y alienta) están incitando a sus correligionarios a acudir al estadio con mascarillas para poder insultar a Vinícius y proferir cantos racistas sin ser identificados. Por si la cosa no inspiraba suficiente repugnancia y pavor, aluden sarcásticamente a la “viruela del mono”, de la cual se protegerían con las mascarillas en su mente podrida.
Nos extrañan muchísimo todas estas manifestaciones de racismo, por cuanto teníamos entendido que en España no había de eso. A Vinícius le han dicho de todo por pedir que se acrecienten los esfuerzos de las autoridades y de los medios contra gentuza como esta. Algunos, en aras de cierto patriotismo de hojalata que considera innegociable la concesión de un Mundial a España, poco menos que estigmatizan como antipatriota a quien denuncia que esto existe. Barrer bajo la alfombra la escoria de tu país es un patriotismo de mierda, si se nos permite decirlo así. El patriotismo consiste en limpiar tu casa para merecer el Mundial (o lo que sea), priorizando esa higiene por encima del propio Mundial. Es ahí donde demuestras que quieres a tu país.
También ayer, curiosamente, se dieron a conocer unas manifestaciones públicas de Uche, jugador del Getafe, en las que se quejaba amargamente de los insultos racistas que recibe por los campos de España.
Christantus Uche, jugador del Getafe, en ESPN: "Me llaman puto negro y los árbitros no hacen nada. El jugador no puede hacer nada. Me pegan enfrente de los árbitros y no hacen nada, es muy doloroso. Los árbitros en España son muy malos". https://t.co/LzRLAeUzyh
— Albert Ortega (@AlbertOrtegaES1) September 25, 2024
Caramba, qué sorpresa. Pensábamos que los insultos xenófobos en nuestro país se circunscribían a Vinícius, de quien se dice aquello de “algo habrá hecho”. Resulta que el “algo habrá hecho” no solo es vil sino también fraudulento, pues parece que hay otros futbolistas que “también han hecho algo”. En el partido Elda-Gijón, muy reciente, se registraron más incidentes de esta índole. Hay decenas de denuncias de este tipo.
¿Tomarán nota las autoridades sobre esta alerta? ¿Lo hará también el alcalde de Madrid, o se posicionará por inacción en el lado de los racistas? Sus últimas declaraciones sobre Vinícius nos hacen temer lo peor.
Y esto es lo que hay, amigos. Lamentamos haber estropeado con náuseas vuestro desayuno. Os dejamos con las portadas del día.
Ay, Muñiz Ruiz... Continuando la frase de anoche de Alberto Cosín, si los árbitros fueran tan valientes con sus jefes como lo son con los jugadores del Real Madrid, igual resultaría empresa factible creer en su honestidad e inocencia. Para inocencia la mía, que sueño despierto con un fútbol en el que el dedo acusador de un colegiado no señala a un jugador vestido de blanco, sino conjuntamente con el de todos sus compañeros hacia Negreira, Sánchez Arminio, Medina Cantalejo y todos los demás implicados cuando se descubre el mayor escándalo de corrupción de la historia del deporte. “La vida es sueño” escribió Calderón de la Barca. Ojalá no se hubiera equivocado.
Pero lo hizo, al igual que los colegiados españoles cada vez que arbitran al Real Madrid, si es que podemos llamar error al trabajo que ellos parecen saber perfectamente cómo están desempeñando. El bueno de nuestro Carletto, tan inocente como yo, fue a pedirle explicaciones al final del partido acerca de las numerosas tarjetas amarillas que nos mostró. El árbitro desestimó sus preguntas con un “yo hago mi trabajo”. Y es así, Carlo. Hacen su trabajo. No creo que haga falta esclarecer cuál es.
Ayer el Real Madrid volvió a realizar un partido en el cuál realizó menos faltas que su rival y se llevó más amarillas que éste. La primera fue una verdadera declaración de intenciones y una magnífica explicación de lo que está siendo el arbitraje esta temporada (y lo que nos espera). Fede Valverde conduce el balón mientras un rival lo agarra de manera constante y le traba en repetidas ocasiones hasta que el halcón cae de bruces contra el suelo. El colegiado señala falta y nada más. El uruguayo, con toda la razón del mundo, solicita la clara tarjeta amarilla al rival y cuando el árbitro la deniega, Fede hace el esfuerzo de volverse para lanzar un gesto de desaprobación, mientras el árbitro, con una arrogancia impropia de quien se supone está impartiendo justicia le está llamando con el dedo de manera despectiva y, cuando ve el gesto de Fede, acude raudo a él y, esta vez sí, desenfunda la amarilla con la celeridad de un pistolero de un western de Leone.
El bueno de nuestro Carletto fue a pedirle explicaciones al final del partido acerca de las numerosas tarjetas amarillas que nos mostró. El árbitro desestimó sus preguntas con un “yo hago mi trabajo”. Y es así, Carlo. Hacen su trabajo. No creo que haga falta esclarecer cuál es
Lo mismo sucedió con Vinícius ayer, o con Vinícius, Bellingham y Mbappé el pasado sábado ante el Español. De las 15 tarjetas que ha visto el conjunto blanco, 9 han sido por protestar. Especialmente sangrante fue la de Kylian en el Bernabéu el sábado, cuando una protesta mínima conllevó no sólo la amarilla sino también la reprimenda, por no decir turra, de un Munuera Montero que también hizo acopio de la misma chulería que Muñoz Ruíz anoche, mostrándole la tarjeta con un gesto despectivo. Decía Paco González que es como si un juez cuando lee dictamina la sentencia de un condenado por un delito, agrega un “toma”, al final. En realidad, lo que estamos viendo se asemeja más a un juez que en lugar de castigar al delincuente, castiga a la víctima y además se vanagloria de ello en la atónita cara de la misma.
La premisa arbitral con el Real Madrid esta temporada parece ser, a falta de aprender de manera discreta cómo prevaricar con el VAR (en el Estadio de la Cerámica comprobamos que están en ello) la de desquiciar a los jugadores blancos permitiendo a los rivales cortar el juego blanco mediante faltas sin señalarles por norma general amarillas (a veces ni falta) y, en cambio, mostrar cartulinas a la mínima oportunidad o protesta de un jugador del Real Madrid, que observa tan impotente como estupefacto cómo un equipo que apenas realiza faltas y que trata de jugar al fútbol es el más severamente castigado de toda la competición. Y eso acaba teniendo su evidente repercusión en el juego, tanto en el jugador rival, medrado en su labor defensiva sabedor de que puede valerse infinitamente de las faltas para detener el avance blanco, como en el jugador vikingo, al que estas injusticias continuas pueden desquiciar y sacar del partido o simplemente hastiar y cómo en el propio partido, disminuyendo el ritmo de juego del mismo.
Evidentemente, el debate arbitral llevado a cabo por los voluntariosos medios de comunicación, se centrará única y exclusivamente en Endrick y en la jugada en la que debió ser expulsado. Debió ver la roja el joven carioca, sí, pero también un Mouriño que, además de merecer la tarjeta por una fuerte entrada sobre Vinícius, se pasó todo el partido realizando esto que llaman “el otro fútbol” sin balón, empujando, agarrando y pegando pequeñas patadas en los tobillos cuando el balón ni siquiera estaba cerca de su zona de influencia. De hecho, previo a la jugada de Endrick, si las repeticiones hubieran querido extenderse (no sé por qué no lo habrán hecho) habríamos visto al defensor agarrando de manera ostensible al delantero brasileño. En la jugada anterior había sucedido lo mismo hasta el punto de que Endrick cayó en el área debido al agarrón del defensor del Alavés.
Al buen momento del equipo que pagó a Negreira durante al menos 24 años se suma la complicidad de los colegiados que inexplicablemente siguen protegiéndolos, hasta el punto de pedir a un entrenador rival que no les hagan entradas fuertes para aumentar la dificultad de conseguir una liga a la que cada vez se le pone más pinta de quimera. La grandeza de este club reside en que cuando más imposible parece un reto, más alto vuela para alcanzarlo. Pero cabría preguntarse algún día de estos el por qué de la actitud chulesca, burlesca y altanera de estos trencillas viniendo de donde vienen (caso Negreira), y por qué esta tiene como destinatario al club rival de aquel que es el culpable de que nadie pueda creer ya en el arbitraje. La actitud procede de su sensación de impunidad, sí, pero quizá esta no sea tan eterna como ellos mismos deben de pensar…
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Nueva victoria frente al Deportivo Alavés en un partido plácido que acabó de forma surrealista. El Real Madrid realizó una primera parte soberbia y decidió desconectar los últimos 10 minutos. Junto al partido frente al Espanyol, el de anoche dejó grandes cosas para destacar, como la verticalidad del equipo, el control total de la situación y un trabajo entre líneas de jugadores como Fede Valverde o Jude Bellingham. La función de conector del británico sobresale por su brillantez pero también por su importancia: Bellingham cose a este equipo con una maestría sorprendente. A veces, eclipsado por su talento de cara al gol y su capacidad para el esfuerzo, olvidamos lo buen centrocampista que es este chico.
El Alavés llegó al Bernabéu con una gran trayectoria previa. Su entrenador Luis García Plaza decidió introducir ocho cambios y dejar a algunas de sus figuras en el banquillo. En menos de un minuto el Madrid se adelantó en una jugada que empieza con un cambio de juego de Valverde, seguido de un control genial de Vinícius. Tras una de sus arrancadas, el brasileño le sirve en bandeja el gol a Lucas Vázquez. Para cerrar una primera parte magistral, Mbappé y Bellingham tejieron una pared sobresaliente que el francés supo definir con la calidad única que atesora.
A la vuelta del descanso, Rodrygo hizo una de esas jugadas de eslalon que cada cierto tiempo se fabrica y definió con un disparo imposible de atajar. El mediapunta brasileño está realizando un arranque de temporada más que notable. Ya en los últimos minutos el Madrid decidió dormir el sueño de los justos y tras los cambios de Endrick, Modric y Arda Güler, se les sumó Vallejo. El Bernabéu le exigió a Ancelotti que lo introdujera entre vítores y aplausos para el jugador maño que no atraviesa un buen momento personal. En esas estábamos cuando el Alavés consiguió dos goles seguidos y a todos se nos puso cara de tontos.
Bellingham cose a este equipo con una maestría sorprendente. A veces, eclipsado por su talento de cara al gol y su capacidad para el esfuerzo, olvidamos lo buen centrocampista que es este chico
Este correctivo final suele pasar cuando un equipo tiene suficiente ventaja para abandonarse a la indolencia. Puede ser interesante que los jugadores hagan examen de conciencia. Porque de lo contrario darán razones a a su técnico para que se muestre inmovilista ante posibles rotaciones masivas en partidos teóricamente sencillos. Cuando se rumoreaba que Carlo Ancelotti iba a hacer rotaciones, el italiano salió de inicio con un once plagado de titulares. Lucas Vázquez era la única novedad para dar descanso total a Dani Carvajal. Se daba por hecho que Endrick sería de la partida como Arda Güler lo fue frente al Español. Si el pasado fin de semana Vinícius Júnior descansaba toda la primera parte para salir de revulsivo de lujo en la segunda, frente al Alavés volvía a ser titularísimo. Al brasileño ya se le está poniendo cara de balón de oro. Muchos de sus fans, entre los que me encuentro, celebraremos el galardón de France Football con verdadera emoción.
Puede ser interesante que los jugadores hagan examen de conciencia. Porque de lo contrario darán razones a a su técnico para que se muestre inmovilista ante posibles rotaciones masivas en partidos teóricamente sencillos
Por cierto, tras la victoria frente al Español, el Madrid completó 38 jornadas sin conocer la derrota. Es decir, una temporada entera. Cosa seria. Recordemos que en la pasada temporada el equipo solo conoció la derrota frente al Atlético de Madrid. Y recibió apenas 26 goles en contra. Una proeza vista en perspectiva. No sé hasta qué punto la inmensa mayoría de los madridistas valoran esto. Venimos de ganar Liga, Champions, Supercopa de España y Supercopa de Europa y es como si fuera otro día en la oficina. En tan solo un mes y medio de competición, para muchos han saltado todas las alarmas.
Si bien es cierto que el Madrid no juega como los dioses, tampoco podemos ignorar que sus números son muy positivos. Ha ganado todos los partidos menos dos. Y esos dos han sido empatados al arranque de la Liga. ¿Qué más se quiere? Hay muchas piezas claves que llevan poco tiempo de competición y otras que directamente han sufrido bajas. Basta con ver cómo la vuelta de Aurélien Tchouaméni y Jude Bellingham ha dado alas al equipo. Y aún queda que Eduardo Camavinga vuelva a la dinámica.
Entiendo que muchos aficionados aspiren a ver un mejor fútbol y que su equipo gane algunos partidos por goleada. Bien, es una aspiración legítima teniendo entre tus filas a algunos de los mejores futbolistas del mundo. Para muchos a estas alturas ya teníamos que ir de manita en manita pues tenemos a Vinícius, el más que posible próximo balón de oro, al crack mundial de Bellingham y a Kylian Mbappé, el mejor jugador de la actualidad para muchos. Es decir, los tres mejores jugadores del fútbol mundial comparten vestuario.
Lo que pasa es que hablamos de fútbol y el fútbol es más complejo de lo que parece. Comprendo que muchos madridistas quieren ver a su equipo en la excelencia pero la vida es dura. Por ejemplo, sin ir más lejos, yo quisiera estar ahora mismo tomando café con Scarlett Johansson y, sin embargo, aquí me tienen escribiendo esta columna mientras apuro un té. Como dijo el filósofo Mick Jagger, no siempre obtienes lo que quieres.
Respecto al fútbol español, hemos tenido unos días curiosos. El señor Tebas tuvo a bien personarse en el célebre canal de YouTube del archiconocido Jordi Wild y allí soltó algunas perlas. La anécdota más chirriante fue sobre el amaño de un partido de un presidente de la zona de Castellón, que si tal que si cual. Para sorpresa de nadie, a la inmensa mayoría de la prensa deportiva esto o le hace mucha gracia o, simplemente, lo ignora en sus programas.
Decía Nicolás Maquiavelo que la experiencia siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos. Este es el marco en el que nos movemos y con estos bueyes tenemos que arar. No es de extrañar que tantos cientos de miles de aficionados, entre los que me encuentro, deseemos con devoción que arranque la Superliga ya antes que otra historia. Al fin y al cabo, necesitamos como respirar un fútbol moderno, de élite y gestionado de forma óptima. Y además, de lejos, el modelo de la Superliga es mucho más atractivo. Dios quiera que no se demore más.
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