Hola de nuevo:
Sabes de sobra que, desde aquel espurio debate sobre el equipo del pueblo, recurro a Miguel Hernández para atemperar mi zozobra en las previas de los encuentros contra el Atlético de Madrid. Lo que empezó como broma se convirtió en costumbre, y la costumbre ha devenido ley. La tarde del miércoles mi agitación era tal que tuve que apelar a la artillería pesada, que en estos casos quiere decir suave: de modo que abrí el Cancionero y romancero de ausencias y directamente me fui a por las nanas de la cebolla. Antes de que rompa el silencio tu risa sardónica, me reconocerás que cada vez es una empresa más difícil encontrar un poema que de verdad calme los nervios.
En este sentido, la excéntrica tradición tiene un poso de coherencia, puesto que, si uno observa bien, los Madrid-Atlético se han convertido en los derbis del “más difícil todavía”, en múltiples aspectos más allá del poético. Para el Real Madrid, cada episodio supone un ejercicio de búsqueda de una nueva forma rocambolesca de vencer: el miércoles, con medio equipo descolocado, el otro medio apático y las estrellas desaparecidas e impotentes. Rizando el rizo de la victoria en los penaltis con un giro de guion absolutamente inesperado. Por su parte, el Atleti, en su inexorable danza perpetua con la derrota, constituye una perenne factoría de tramas esperpénticas, cada una de ellas mayor que la anterior. Si los rojiblancos ya habían mordido el polvo contra su eterno rival en una tanda, la jugada de billar de Julián Álvarez pasará a los anales de la historia del fútbol como la vuelta de tuerca que no se le habría ocurrido ni al difunto Lynch. Y he de señalarte algo más. En última instancia, el duelo con los colchoneros implica otro “más difícil todavía”: cómo se puede evitar el sentir lástima por la crueldad con que el destino se esfuerza, una, y otra, y otra vez, en hurtarles de manera sádica la ilusión. He de confesarte que hay ocasiones en que me siento como un correcaminos que empatizase con el coyote.
el Atleti, en su inexorable danza perpetua con la derrota, constituye una perenne factoría de tramas esperpénticas, cada una de ellas mayor que la anterior
Sin embargo, ese ramalazo de compasión dura poco. Lo que uno tarda en escuchar a la tertulianada atlética, pleonasmo. Verbigracia, al omnipresente Miró, alguien que se pasó días jactándose de que había que seguir la literalidad del reglamento en aquel leve pisotón de Tchouaméni a Lino en la liga y que anoche utilizaba en la COPE el término “mangazo” —sorprendentemente, no para referirse a la roja perdonada a Lenglet, a la mano de Giuliano en el área o al golpe sobre Brahim—-. Existe algo de justicia en que toda esa cohorte de defensores del escudriñamiento de cada gol del Madrid con siete lupas hasta encontrar un mínimo hilo del que tirar, para manchar no ya el tanto ni la victoria, sino la historia blanca entera, bebiera anoche del amargo aceite de ricino que receta. Valga otro ejemplo: el más talentoso cronista atlético del Mundo no mencionó al árbitro en su columna; no obstante, cuando acudió al pozo de las redes sociales dijo que, una vez vista la repetición, “cambiaría cosas”. Aunque en su favor habría que reconocer que no aclaró si se refería a la columna o a dejar de ser del Aleti.
Las estrategias de los atléticos para afrontar el estrés postraumático se suelen dividir entre la desesperada búsqueda de una coartada arbitral —a menudo recortada, o directamente inventada— y el guarecerse en la ridícula frase de Borges acerca de la superioridad estética de la derrota. Te confieso que no sé con cuál se engañan más: si con la mentira o con la ficción. Al menos, la primera mantiene la jerarquía del triunfo como objetivo, mientras que el cuento de la segunda les arrebata la dignidad que supuestamente les promete. Al fin y al cabo, una cosa es ir por la vida como Stephen Jay Gould, que abominaba de la idea de darle contenido simbólico al deporte. Pero, una vez que se asume la tentación humana de considerar al fútbol como territorio simbólico —de la misma manera que al cine, a la literatura o a cualquier arte capaz de conmover el corazón de un Sapiens—, la poética de la victoria es indiscutiblemente superior a la poética de la derrota. Como lo es la esperanza frente al narcisismo melancólico. Volviendo a nuestro Miguel Hernández, equivaldría a la felicidad que, desde su terrible derrota, el poeta deseaba para su hijo: “Desperté de ser niño: nunca despiertes. Triste llevo la boca: ríete siempre”.
Las estrategias de los atléticos para afrontar el estrés postraumático se suelen dividir entre la desesperada búsqueda de una coartada arbitral —a menudo recortada, o directamente inventada— y el guarecerse en la ridícula frase de Borges acerca de la superioridad estética de la derrota
Hoy, más tranquilo, he vuelto a hojear el volumen. La nana es un canto relajante, de intención reconfortante, que trata de ofrecer un refugio feliz al niño para que duerma plácidamente. “Ríete siempre, defendiendo la risa, pluma por pluma”. Lo más alejado que se me ocurre de un equipo cobardón, que nunca se atreve del todo a dar el paso definitivo adelante y que luego se desgañita, aferrándose el vientre, encogido en el lacerante dolor que le causa su odio intestinal. No hay duda: en los derbis la nana es el Madrid. El Aleti es escarcha, cerrada y pobre.
Cuídate. Volveré a escribirte pronto.
Pablo.
El psicólogo norteamericano Martin Seligman desarrolló en 1967 una teoría de la conducta humana que denominó “indefensión aprendida”. Tras realizar unos experimentos (que hoy serían imposibles) en los que hizo coincidir perritos y corriente eléctrica, llegó a la conclusión positiva de que las criaturas sometidas a una situación de estrés constante adquieren tarde o temprano una incapacidad natural para superarlo. En otras palabras, tiran la espada asumiendo una actitud fatalista frente al mundo: si la cosa va mal durante largo tiempo será porque así tiene que ser. Es mejor entonces no gastar la pólvora en batallas ya perdidas. Encogen los hombros con cinismo y ya está, a otra cosa mariposa. Esto es, no tengo la menor duda, lo que le pasa al Atlético de Madrid.
Ayer pudimos ver una película repetida una y mil veces, aunque tal vez sea más preciso decir que, si bien el final del tercer acto es el mismo, la crueldad del guionista ha alcanzado una cota más elevada de sádico e imaginativo refinamiento. Tengo que confesar que me ha superado. Ni en mis más retorcidas perversiones me hubiera imaginado el segundo partido de la fase de octavos de final de la Champions League que enfrentó a colchoneros y merengues en el Riyadh Air Metropolitano. A los rojiblancos todo lo que les podía salir bien les salió bien, mientras que a los merengues todo lo que les podía salir mal les salió mal; sin embargo, el Real Madrid sigue vivo y el Atlético de Madrid debe apearse.
Los del Cholo diseñaron una estrategia clara, efectiva y que además implementaron con precisión quirúrgica. Todo se consiguió tal cual lo hubiera imaginado el más optimista de los atléticos, salvo un minúsculo detalle: la victoria. Es sintomático ver cómo después del partido, entre lágrimas y aplausos, el ejército rojiblanco se arrastraba por su campo liderado por el general Simeone montando por enésima ocasión el melodrama de la dignidad vencida. ¿Acaso hay algo más conmovedor que un ejército de harapientos fantasmas caminando alrededor de unas humeantes ruinas? Es un simulacro de la tragedia, una opereta de barrio que su clientela suele comprar a precios, por cierto, muy elevados. Gil Marín despliega su sonrisa etrusca mientras la campanilla de la caja registradora no deja de sonar.
El Atlético de Madrid es un club apuntalado en el confort de sus grisuras
El Atlético de Madrid es, pues, un club apuntalado en el confort de sus grisuras. Se vive bien al amparo de un discurso victimista, tal como lo demuestra esta era nuestra caracterizada por la politización sistemática del llanto. Por eso no es de extrañar que, apenas conocida una nueva derrota contra el Real Madrid, la turba colchonera reaccione instintivamente echando mano de los argumentos de siempre: nos superan en nómina, recursos económicos, talento, influencia institucional, “no lo pueden entender” y demás boberías. Son como esos perros que al sentirse amenazados por la realidad meten el rabo entre las patas y fingen una repentina cojera para ganar por empatía lo que han perdido por cobardía o impotencia.
En el ámbito de la gestión empresarial se habla de cultura para referirse a las prácticas, símbolos, colores, lemas, banderas, visión de mundo y demás elementos de diferenciación identitaria de una determinada organización. Pues bien, el Atlético de Madrid encarna como nadie una cultura de la pérdida. No se requiere que esto sea explícito, “se mama”, se transmite como se transmiten los virus, por contagio. No existe una academia de los lloros, no es necesaria. Como los cachorritos de Seligman, los del Atleti no intentan escapar de la electrocución, incluso puede decirse que la esperan. Su derrotismo es ya incurable, es verdad, pero la derrota colchonera no es nunca una derrota a secas. Cuando la profecía es autocumplida, tiran del dolor que se celebra, entonces aparece Sabina entre las brumas de su cigarro, con su voz aguardentosa y su talento descomunal para cantar la canción más agridulce del mundo: la redención de la estética es así, qué le vamos a hacer.
El Atlético de Madrid encarna como nadie una cultura de la pérdida. No se requiere que esto sea explícito, “se mama”, se transmite como se transmiten los virus, por contagio. No existe una academia de los lloros, no es necesaria
Mientras tanto, a los pobres merengues no les queda más que aceptar una vez más la victoria. No quieren entenderlo. Solo tienen para sí la vulgaridad del orgullo, el engreimiento de los coleccionistas de copas, de los avaros que no comprenden más ley que la cifra, el guarismo que nunca es suficiente, el consumo recreativo del triunfo (esa droga dura) de una entidad deportiva que se desentiende pronto de las celebraciones porque en Chamartín toca siempre volver a empezar.
El Real Madrid es un club global, visionario, auténticamente ecuménico. Hijo de su tiempo, ha encarnado como nadie el ideal moderno del progreso, sembrando hoy con esfuerzo lo que ha de ser cosechado mañana. Es una escuela de vida que enseña virtudes de aguante, solidaridad intergeneracional, disciplina y excelencia. Persigue una utopía como quien sigue un rumbo claro, un horizonte que no ha de alcanzar nunca, es cierto, pero que le ayuda a caminar una jornada más en la dirección correcta: la aspiración al absoluto tiene como una de sus más dulces consecuencias el progreso en lo relativo. Mientras tanto, en el tablero de lo real, es decir, de la materia y de la historia, el Real Madrid se esfuerza en ensanchar el palacio inasible de todas sus leyendas y el Atleti a lo suyo, que es echarse en su camastro para hurgar una vez más la oscuridad de todas sus heridas. Allá ellos.
Getty Images
Antes del partido de Champions que ayer enfrentó a Atlético de Madrid y Real Madrid, y que se saldó como sabéis con el pase del segundo a cuartos de final en la tanda de penaltis, el Real Madrid recomendó a sus seguidores que fuesen a acudir al partido que se abstuviesen de viajar en la línea 7 del metro por ser la que suelen usar los hinchas del Atleti. Triste pero cierto. Los madrileños vivimos en una ciudad que no es segura por obra y gracia del Frente Atlético, grupo de animación con tintes neonazis, xenófobos y violentos auspiciado y financiado por el propio Atlético de Madrid.
A fin de mejorar la imagen pública de dicha línea del suburbano, desde La Galerna propondremos formalmente al Ayuntamiento de Madrid que cada una de las estaciones de la Línea 7 del metro cambie de nombre para adoptar el de algún número 7 histórico (o actual, donde proceda) del Real Madrid.
Así, por ejemplo, la estación Las Musas pasará a llamarse “Emilio Butragueño” en atención a la excelente relación del legendario número 7 blanco con dichas deidades, responsables de la inspiración de los genios.
La estación Avenida de América pasará a llamarse “Vinícius Jr.” por ser el actual 7 de los vikingos natural de dicho continente.
Por su parte, la estación Estadio Metropolitano pasará a llamarse “Juan Gómez Juanito” como muestra de consideración a los emocionados recuerdos que los hinchas del Frente Atlético suelen tener hacia nuestra leyenda con sus bonitos cánticos. Como recuerdo también del que pudo haber sido ídolo propio pero dejaron marchar. Por mucho que algunos traten de ensuciar su recuerdo, jamás podrán con su grandeza.
Os informaremos de cómo van los trámites.
Getty Images
Ladran, luego cabalgamos. Como es sabido, la frase no aparece en el Quijote, sino en la crónica universal del madridismo. Para desesperación de los perros, Sancho. Ladran y ladran, y vuelven a ladrar, los perros junto al río (no, no hablo del Manzanares, o eso creo) por ver a Dios nacer de blanco. Una y otra vez. Y otra. Eres como un río, como las gotas de rocío, Real Madrid. Imparable. Inacabable. Hermoso. Sorprendente. Inexplicable. Sin jugar a nada. Con el equipo hecho jirones. De aquella manera. Y de aquesta otra. De todas. Ya lo dijo Lineker, y si no lo dijo él sería por ese prurito inglés de eludir la obviedad: la Champions es una competición que juegan chorrocientos equipos y que siempre gana el Real Madrid. Sin jugar a nada. Con el equipo hecho jirones. Etcétera.
Cada partido del Madrid es una fiesta. Y en Champions, una fiesta grande. Cuanto menos juega el Real Madrid, más grande es la fiesta. Para los madridistas, digo. Los rivales, claro, sólo pueden optar entre rendirse admirados a ese deus ex machina madridista que siempre obra el puñetero milagro de convertir la tragedia en un orgiástico gaudeamus justo antes de que baje el telón, o mandar al entrenador a la sala de prensa a improvisar una encuesta a mano alzada sobre la última deuda que el fútbol ha contraído con ellos. Después de haber mandado el juanfran al palo. O de un no te resbales, Julián, que tiés madre. La vida, esa zarzuela caprichosa. Excepto, ay, para el Real Madrid.
La victoria a veces no llega, la vida, pero hasta que no llega siempre va a llegar. Ese es el elemento diferencial del Real Madrid, eso es lo que todos querrían tener pero sólo el Real Madrid posee. Eso es lo que todos los antimadridistas envidian por encima de todas las cosas
A trompicones. A ratitos. Con heroicas romanzas y con caídas de tensión dramática. Lo de casi siempre, o sea. A veces extasiante, otras exasperante. Pero avanzando. En cuartos, y tal. De fracaso en fracaso hasta la victoria final. La victoria a veces no llega, la vida, pero hasta que no llega siempre va a llegar. Ese es el elemento diferencial del Real Madrid, eso es lo que todos querrían tener pero sólo el Real Madrid posee. Eso es lo que todos los antimadridistas envidian por encima de todas las cosas. Esa es la razón última de la inextinguible envidia que el Real Madrid despierta. Ese es la rabia de que está preñado cada ladrido. Sin brillantez, sin apoyos, sin juego, a menudo sin —ay— el respaldo de su afición, sin montura y a veces incluso sin caballo, el Real Madrid cabalga. Siempre cabalga. Nadie lo sabe tan bien como ellos. Sepámoslo también nosotros, madridistas.
Getty Images
Sí, es curioso, para los estadísticos —y Javi me insistió mucho anoche entre gritos de alegría, claro— puedes ganar el campeonato del mundo en los penaltis, pero el resultado del partido es el que se produce después de los 90 minutos de juego oficial más prórroga. Pues eso, ayer perdimos en el Wanda contra el mejor equipo de Canillejas. Vaya desde aquí mi más sincera enhorabuena al Club Atlético de Madrid SAD (por lo que sea, siempre omiten lo de SAD…) y a su amable, bienhumorada y educada afición por tamaña fazaña contra el vecino blanco. Disfrútenlo.
Después de las felicitaciones de ritual, que uno se ha criado enfrente de un colegio de pago y eso da caché, prestancia y educación, debo decir que esta derrota es especial, especial por lo dulce, por la sensación de felicidad que me supuso el final del partido. Mi hijo, su colega (que ya es como si fuera mi hijo también…) y un servidor chillamos de tal forma que un vecino vinagre (porque no puede ser de otra manera), cuando aún no se habían cumplido las 12 de la noche, llamó insistentemente a mi puerta, supongo que para recriminarnos los gritos y los cánticos lógicos al ser derrotados cerca de Coslada. Para mí que mi vecino es colchonero o similar, la verdad. Evidentemente no abrí, porque si abro lo mismo acabamos en el cuartelillo, y no era cuestión de amargarnos la noche mágica de la M-40 madrileña.
Una derrota dulce el día en que Mendy cumplió 200 partidos oficiales en el Real Madrid, siendo el jugador nº 79 en conseguirlo, cuando Luka Modric ha igualado, nada más y nada menos, que a José Antonio Camacho en la 7ª posición histórica del club con 577 partidos oficiales jugados, y cuando el mismo Luka igualó al no menos leyenda Raúl González Blanco en la 3ª posición histórica del club al alcanzar los 132 partidos en Copa de Europa vestido con el blanco nuclear de la elástica merengue.
Curioso. Una vez relajados, una vez asimilado que, una vez más, el Real Madrid ha eliminado al At. Madrid de la Copa de Europa (y van 4 eliminatorias y dos finales), me gustaría pararme en la reacción del Cholo Simeone (no te vayas nunca, pibe), de la afición colchonera tirando botellas a los madridistas que estaban celebrando con sus hinchas el pase a los cuartos de final y de la prensa “madridista” que tenemos que soportar.
El Cholo se escuda únicamente en el penalti anulado, muy bien anulado, a Julián Álvarez, compareciendo en la rueda de prensa chillando como un poseso y preguntando si alguien en la sala ha visto el doble toque. Para levantar la mano estaban los compañeros, para levantar la mano y que les esperen en la puerta unos cuantos gentiles seguidores rojiblancos y les hagan ver, con sus argumentos habituales, que eso no se puede decir. Pues eso, que nadie dijo ni mú.
Ayer perdimos en el Wanda contra el mejor equipo de Canillejas. Vaya desde aquí mi más sincera enhorabuena al Club Atlético de Madrid SAD (por lo que sea, siempre omiten lo de SAD…) y a su amable, bienhumorada y educada afición por tamaña fazaña contra el vecino blanco. Disfrútenlo
El Cholo sólo habla del penalti anulado, pero, por lo que sea, no dice nada de la mano de su hijo en el área, de la que tendría que haber sido expulsión de Lenglet al ser el último hombre en el penalti a Mbappé, ni del pisotón que se lleva Brahim en la misma zona del campo. Por lo que sea, por lo que sea y porque quiere alimentar la polémica y a sus masas en vez de reconocer que podían haber ido a por la eliminatoria y se encerró en su área. Como en Milán, como en Lisboa, como en el Calderón, como en el Bernabéu, como siempre, vaya.
La afición salió del Wanda diciendo que lo de siempre, un robo. Evidentemente, yo les entiendo. Después del penalti que les pitaron en Getafe y de la alianza que tienen con el Código Penal andante, piensan que todo el monte es orégano y que les tienen que ayudar sí o sí. Bastante hizo el polaco Szymon Marciniak con no pitar la mano de Giuliano el pisotón a Brahim y no expulsar a Lenglet. Bastante hizo, amigos. Así que, hoy toca callar y felicitar al amigo madridista (por cierto, aún no he recibido ninguna felicitación de mis amigos colchoneros, ni creo que las reciba).
La prensa. Pues la prensa, igual. Polémica por el penalti anulado a Julián y nada, pero nada de nada de los citados de Simeone Jr. y a Brahim. Nada. Esto es lo peor, que ningún medio se pare a comentar que la mano de Giuliano no está pegada al cuerpo, bueno si, por la articulación del hombro lo está, que no había caído, que Lenglet debía haber sido expulsado porque era el último hombre cuando lo del penalti y que Brahim fue presa de un pisotón en el área rojiblanca, nada de nada.
Nadie va a hablar de esto pic.twitter.com/ueHrxD001G
— × Juan × ᴾᴹ 🧷 (@juanttc_) March 13, 2025
Al At. Madrid lo blanquean igual que blanquean al Barcelona, porque, amigos, hay que recordar a diario que el Fútbol Club Barcelona estuvo pagando durante, al menos, 17 años 8,4 millones de euros, como mínimo, al vicepresidente del CTA para, en palabras propias, obtener neutralidad en los arbitrajes, que se compraron el sistema arbitral español al completo y que el asunto está en los tribunales de justicia, siendo el Real Madrid Club de Fútbol el único club que se ha personado en el procedimiento como acusación particular en calidad de perjudicado. El único. Que nadie se llame a engaño. El Barcelona y Negreira, Negreira y el Barcelona, no sólo perjudicaron al Real Madrid, perjudicaron a todos y cada uno de los clubes de primera y segunda división en aquella época (que se sepa) y todos, a excepción de los blancos, están mirando para otro lado, poniéndose de perfil y coadyuvando para que la corrupción sistémica federativa y arbitral subsista manteniendo a aquellos árbitros en la actualidad. Que no se olvide. Y el mejor equipo de Canillejas es uno de sus principales aliados, por algo será.
ningún medio comenta que la mano de Giuliano no está pegada al cuerpo, bueno si, por la articulación del hombro lo está, que no había caído, que Lenglet debía haber sido expulsado porque era el último hombre cuando lo del penalti y que Brahim fue presa de un pisotón en el área rojiblanca, nada de nada
En cuartos nos toca el Arsenal, que en la única ocasión en la que los hemos enfrentado a ellos, nos eliminó de la competición. Espero que no pase lo mismo y, aprovechando que la vuelta se juega en Madrid, podamos alcanzar la 13ª semifinal de Copa de Europa de las últimas 15 ediciones, lo que es una verdadera barbaridad.
Para terminar, no quiero dejar pasar que la Jueza instructora del asunto Negreira ha ampliado en seis meses el plazo de la instrucción y ha citado a declarar como investigados a Rosell y a Bartomeu. Van cayendo todos y confío en que caigan más.
Con la felicidad extrema de haber pasado a cuartos de final, con el pesar de que en menos de 72 horas jugamos en Villarreal (gracias, Tebas, madridista de pro) y con la satisfacción y la sonrisa con la que me voy a presentar en el bar donde tomo habitualmente el aperitivo (sólo sonrisa, sin más comentarios), me despido con la frase de mi amigo Javi, que anoche estaba igual o más eufórico que este escribidor de cosas: ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!
Getty Images
Buenos días dos veces, amigos. La vida es aquello que transcurre mientras los propios se quejan de su equipo, los extraños lloran y el Madrid supera otra eliminatoria complicada en Champions. Y nunca va a cambiar. Los madridistas no aprendemos que es mejor esperarse al final para saber quién se clasifica, y los antimadridistas no aprenden ni siquiera el reglamento. Lo preocupante es esto último, por supuesto, porque los enfados preventivos que nos agarramos nos perjudican solo a nosotros, pero el relato falso de los antis amplificado por los medios sí cala, desgraciadamente.
Al Madrid, por suerte, le da igual y sigue paseando por la vida al son de Walk Of Life de Dire Straits y al ritmo de las rodillas in the guánter del Loco Rüdiger.
Para que despertéis mañana con este vídeo.
Buenas noches! pic.twitter.com/V2QLtllVQX— Álvaro M-G (@AlvaroNCG) March 13, 2025
He got the action, he got the motion
Oh, yeah, the boy can play
Dedication, devotion
He turnin' all the night time into the day
And after all the violence and double-talk (doble toque)
There′s just a song in all the trouble and the strife
You do the walk, yeah, you do the walk of life
Hmm, you do the walk of life
Woohoo
Woohoo-hoo
Woohoo-hoo
Woohoo
Woohoo-hoo
(Rudi-rodillas in the guánter again)
Cómo te queremos, Antonio. Hay que estar loco para no ser del Madrid.
El partido en sí fue una oda a las cardiopatías. Arrancó con susto de infarto. La habitual pájara inicial blanca se tornó en una avutarda de dos toneladas que aplastó la concentración defensiva del equipo y antes del medio minuto ya había concedido un gol que invalidaba la victoria en el Bernabéu y, además, colocaba la eliminatoria justo donde la quería el Cholo.
El Madrid se rehízo en cierto modo e intentó penetrar la membrana atlética, pero con el mismo éxito que a la postre demostró el Atleti a la hora de aprovechar el regalo inicial blanco. Los de Ancelotti se chocaban una y otra vez contra el muro sin llegar a arañarlo, pues las ocasiones, paradójicamente, eran colchoneras. Y cuando hubo una ocasión inmejorable, el penalti cristalino cometido sobre Mbappé, Vini lo lanzó a San Fernando de Henares. Más castigo para el corazón blanco.
Se llegó a los penaltis. El Madrid ni supo (ni le dejaron, de eso hablaremos más tarde) perforar la meta rojiblanca. No estaba contento, obvio. Sin embargo, Simeone, que ni supo (ni le dejaron, Courtois paró todo a partir del gol) aprovechar que se encontró con una eliminatoria en bandeja, celebró los penaltis como si fuesen su objetivo y no la clasificación. Diferencias. Sí lo podemos entender. Revelador.
El resto es historia. Otra tanda para el recuerdo. Julián tocó la pelota dos veces, el VAR lo detectó y anuló el gol. Lucas, aunque resulte extraño, falló su lanzamiento, pero no importó porque Llorente estrelló el suyo contra el larguero y el Loco Rüdiger la volvió a meter. Y pelota también.
Éxtasis, júbilo, Rudi-rodillas in the guánter.
Después, lo esperado en la trinchera rival: no aceptación de la realidad y el vuelco en los demás de las frustraciones propias.
Comportamiento entendible en caliente en los aficionados, pero no en los profesionales adultos de la prensa, que comenzaron a difundir la pataleta del forofo colchonero de a pie para crear la idea en el imaginario colectivo de que hubo robo del Madrid.
Según ellos, o bien Julián no tocó el balón dos veces en el penalti o bien sí lo tocó, pero es injusto aplicar el reglamento porque lo tocó muy poco. Solo la puntita.
Es doloroso, pero no es legal marcar un penalti tocando dos veces el balón. Es más sensato pedir responsabilidades al entrenador mejor pagado del mundo, que no supo aprovechar la oportunidad de una clasificación que se le había puesto a tiro. Hasta es más lógico enfadarse con la naturaleza del Madrid, cuya grandeza le lleva irremisiblemente una y otra vez a lograr gestas como esta.
Provoca alipori ese victimismo infundado, sobre todo después del penalti tangado en la ida y los dos, al menos, de la vuelta, de los cuales, misteriosamente, no dice nada la prensa.
La mano de Guiliano en el área es catedralicia. Pero, oh, sorpresa, es natural, como el zumo de naranja. La del Getafe el otro día debió de ser de plástico y por eso se pitó. Una de las derrotas de nuestro tiempo es asumir sin rebelarse que una mano separada del cuerpo que va al balón e interrumpe su trayectoria y por tanto la acción peligrosa rival no sea penalti. La voluntariedad de la mano ahora se ha desplazado al árbitro, a que quiera pitarla o no.
As resalta en su portada un artículo de Alfredo Relaño: «El sexador de pollos irrumpió en la fiesta».
Este asunto merece capítulo aparte. El veterano y brillante periodista se lamenta de que entrase el VAR para hacer cumplir el reglamento «avisó al árbitro y lo anuló por doble toque. Una gracieta del VAR…». La legalidad no es una gracieta del VAR, querido Alfredo.
Continúa confesando que «el aficionado telúrico que uno lleva dentro se resiente al ver que una eliminatoria gigante se pueda resolver por una interpretación a la tremenda de una nimiedad». Que se toque el balón dos veces en un penalti no es interpretable ni una nimiedad, pues no tiene graduación: o hay dos toques o no, del mismo modo que un balón entra o no en la portería. Si entra, es gol; si no entra, no es gol. No podemos pedir la no concesión de un tanto porque atravesó la línea de meta por apenas un centímetro. Es una soberana memez equiparable a poner el grito en el cielo porque la final de los 100 metros lisos la gane por tan solo 5 milésimas de segundo el atleta que venía remontando y el que fue rebasado se quedó con dos palmos de narices. Seamos adultos para asumir las frustraciones, que ya tenemos una edad.
Cabe preguntarse si lo que realmente se quiere es que los tantos sean legales o no en función de si son en contra o a favor del club presidido por Florentino Pérez.
Si fastidia el reglamento, lo que hay que hacer es cumplirlo.
El doble toque fue evidente y en el campo el primero que lo sintió fue el propio Julián, que no sabía dónde meterse antes incluso de que lo anulase el VAR. Courtois también avisó, y el propio Mbappé, que se encontraba a cincuenta metros, corrió a notificárselo al cuarto árbitro. Cómo sería de claro que hasta Sport lo confirma en su portada: «El VAR anuló el lanzamiento de Julián Álvarez por rozar el balón con el pie izquierdo antes de chutar con el derecho».
Mundo Deportivo tampoco compra la llorera atlética y de sus medios afines. Hablando de medios afines, nos hemos sorprendido de que Marca no abriese con un primer plano de Gil Marín y una ristra de quejas plañideras. Seguro que en la próxima barbacoa acuerdan cualquier otra cosa.
Después, en rueda de prensa, el principal responsable de la eliminación del Atleti —después del Madrid, ved aquí las notas de Athos Dumas—, el Cholo, representó el papel por el cual le pagan tan bien. Antes ya había ofrecido su primera parte del show, la habitual celebración en el césped de la derrota. ADN atlético.
Como decimos, saltó ante los micrófonos para decir que levantara la mano quien hubiese visto que Julián tocaba la pelota dos veces. Mejor que levante la mano quien haya visto levantar una Champions al Atleti.
Lo patético es que Simeone se dirigía a la nada.
Lo mejor de todo es que hablaba para......nadie??? pic.twitter.com/YYu8yn1a3l
— (@MartinSergio_) March 13, 2025
El entrenado del Atleti sabe que sus lloros serán convertidos en relato por la prensa, esa misma prensa que calló los cánticos de los nazis contra la memoria de los fallecidos Juanito y Javier Dorado durante el minuto de silencio en el Bernabéu por la muerte de este último, a cuyo recuerdo dedicó Jesús Bengoechea la excelente crónica de ayer. La misma prensa que hacía gracietas con la bochornosa pancarta de los nazis antes del partido de vuelta en la que se destacaban las iniciales de esos mismos cánticos inhumanos. Pero luego quien provoca es Vinícius por celebrar la victoria.
Ante tanta felicidad en el lado correcto de la historia y tanta inmundicia en el opuesto, hay que estar loco para no ser del Madrid.
Pasad un buen día.
Courtois: SOBRESALIENTE. Paró todo lo parable.
Valverde: SOBRESALIENTE. Su motor sigue funcionando a tope media hora después de acabar el partido. Y anotó su penalti.
Asencio: NOTABLE. Corrigió su fallo en el gol colchonero merendándose a todos los delanteros, incluido Sorloth.
Rüdiger: NOTABLE ALTO. Antonio de mi vida. Especialista en marcar penaltis decisivos en tandas eliminatorias.
Mendy: APROBADO RASPADO. Muy justo de fuerzas y endeble en defensa.
Modric: NOTABLE. El que tiene más criterio, hasta que le falló la gasolina.
Tchouaméni: NOTABLE. Buen partido hasta que le condicionó su tarjeta amarilla.
Bellingham: APROBADO ALTO. Lo dio todo, aunque no fue su mejor día, pero marcó su penalti.
Rodrygo: APROBADO RASPADO. Corrió pero no se fue ni una vez de Reinildo.
Mbappé: NOTABLE. Pocos destellos, pero decisivos, provocó el penalti, asustó a la defensa. Y marcó el primer penalti de la tanda, el que rompe el hielo.
Vinícius: APROBADO ALTO. Lo intentó de todas las maneras e inquietó a sus rivales. Falló el penalti que nos podía haber dado toda la tranquilidad del mundo.
Lucas: APROBADO. Tapó bien la banda y corrió como siempre. Aunque falló en una tanda, algo desconocido para él.
Camavinga: NOTABLE ALTO. Tomó el mando de las operaciones y acabó siendo el mejor en la prórroga.
Brahim: NOTABLE. Mejoró mucho las prestaciones de Rodrygo. Acabó por agotar a Reinildo y mandarlo al banquillo, extenuado.
Fran García: APROBADO. Inquietó algo en ataque, mejorando a Mendy. Y sacó balones peligrosos a base de velocidad.
Endrick: SIN CALIFICAR.
Ancelotti: APROBADO. En un planteamiento ramplón, le salió bien la jugada. La flor de Carletto esta vez.
Getty Images
El Real Madrid está en cuartos de final tras una eliminatoria agónica en la que ha vengado la memoria de Javier Dorado, que los nazis del Frente Atlético trataron de ultrajar en el minuto de silencio del Bernabéu. El Madrid jugó regular tirando a mal, pero aguantó con la resiliencia que le caracteriza y estuvo más certero en los penaltis.
Imposible empezar peor. No diremos aquello de que mucha gente aún no había ocupado su asiento en el estadio porque estaba petado desde mucho antes, pero se nos entiende. La primera jugada del partido, a los pocos segundos, por la derecha, desembocó en un centro canónico. Giuliano ejecutó un taconazo/pifia y el balón quedó muerto a los pies de Gallagher en la frontal, que inauguró el marcador. Desesperante la falta de concentración del Madrid en tantas y tantas lides al comienzo de los partidos, máxime en una cita de esta trascendencia. La ventaja en la eliminatoria se había perdido en el primer suspiro.
El Madrid reaccionó bien dentro de lo que cabe. “Lo que cabe” es apretar al Atleti con un dominio paciente hasta que se haga un mínimo hueco en su tela de araña. Y eso es lo que hicieron los blancos: dominar pacientemente, con la sabiduría de Modric y la solidez de Tchouaméni. Cargaban el juego por el lado de Vini, mientras Mbappé se veía con frecuencia rodeado por tres o cuantos contrarios, o seis, como llegamos a contar en alguna jugada.
Fruto de esa paciencia con buen toque, Vini se internó a trompicones por su lado. Centró literalmente desde el suelo. La mano de Giuliano fue cristalina, y con todos los ticks posibles: claramente voluntaria y separada del cuerpo. La conexión Gil Marín-Ceferin es tan clara que hasta rima.
Los contragolpes del Atleti daban algo de miedo, dentro del sofocante dominio vikingo. Julián Álvarez obligó a Courtois a intervenir dos veces. El Atleti es así. No hace nada pero genera ocasiones de debajo de las piedras merced al talento de este jugador. Los del Cholo encontraban un chollo en el lado de Mendy. La posesión blanca, en cambio, se revelaba incapaz de crear ocasiones. Solo se concretaba en córners. Para colmo de la frustración, Jude y Vini se molestaron en un cabezazo en el segundo palo. Hay que hablarse en el campo.
Nada más iniciarse el segundo tiempo, volvió a tirar el cholismo… por medio de Julián Álvarez, claro. Despejó Courtois, acrecentando las malas sensaciones. Un comienzo tan malo como el de la primera mitad, pero al menos sin goles en contra.
Recuperó la posesión el Madrid, pero de manera tan baldía como antes. Rodrygo no lograba irse. Se veía que Simeone había tomado nota del destrozo que le hizo a Javi Galán. Asimismo, Mbappé, obligado a jugar de espaldas, permanecía anulado en un 99%, y Vini en un 60%. Peor aún que lo improductivo de nuestro ataque era la sensación de peligro del rival cada vez que se acercaba, en particular por el lado de Mendy, que tenía una noche toledana. Bellingham, entretanto, estaba missing. El Madrid era un ejercicio de impotencia ofensiva viviente.
El movimiento de Ancelotti fue, llegado el minuto 65, quitar a Modric (el mejor, pero con 39) y Tchouaméni, con tarjeta, y meter a Camavinga y Lucas, que pasó al lateral para que Fede se uniera al centro del campo. Un chutazo del uruguayo se antojaba una opción plausible de crear al fin algún peligro.
El peligro, sin embargo, llegó de otro modo. Un contragolpe sensacional, con intervención de Camavinga, Bellingham y Mbappé, concluyó en un regate prodigioso del francés. Lenglet le hizo penalti. Vinícius lo tiró a las nubes.
El Madrid no se vino abajo con la contrariedad. Parecían haberle sentado bien los cambios y Bellingham mejoró un poco. Carlo metió a Brahim en lugar de Vinícius. No obstante, las dificultades para penetrar en la nutrida red defensiva local, perfectamente organizada, persistía.
Brahim animó el panorama con algún virtuosismo dentro del área.
A falta de dos minutos para el final, el Cholo hizo su jugada favorita: Correa y Sorloth por Griezmann y Giuliano. Casi le sale bien prácticamente de inmediato, con un gran control de Julián que mandó el balón por encima del larguero. El caserísimo árbitro polaco alargó cuatro minutos. ¿Suficiente para el gol en el minuto 93? No parecía, por cómo estaba el panorama.
No, no fue suficiente. Lo normal es que no lo sea. El colegiado pitó el final y nos fuimos a la prórroga, solo que con sensaciones muy distintas a las de Lisboa.
La prórroga empezó con las mismas tornas: insistencia roma del Madrid y peligro creado por el Atleti al contragolpe. Correa la bajó del cielo y se internó con peligro, pero Rüdiger realizó un cruce providencial.
En el minuto 98, una gran combinación en el área entre Valverde y Brahim acabó con un disparo con poco ángulo del uruguayo que se paseó por la línea. Por desgracia nadie pudo remacharla.
Ocurrían pocas cosas, salvo calambres a cascoporro, en el campo y en los hogares madrileños. El Madrid acrecentaba discretamente su nivel de juego, con un Vini que no acusaba su catastrófica ejecución del penalti y seguía al menos intentándolo. Y en esos intentos se llegó al descanso de la prórroga. No podíamos más, pero teníamos que escribir esta puta crónica.
Brahim y Camavinga habían brindado profundidad y energía. La prórroga era del Madrid. Ancelotti sustituyó a Vini por Endrick, no se sabe si pensando en los penaltis, donde evidentemente se habría entendido que no lanzara. Todo indicaba que nos encaminábamos a los lanzamientos de penalti. Y así fue.
Mbappé: gol.
Sorloth: gol.
Bellingham: gol.
Julián: gol. Anulado por darle con el otro pie. O sea, no gol.
Valverde: gol.
Correa: gol.
Lucas: para Oblak.
Llorente: al larguero.
Rüdiger: gol.
El Madrid es indestructible. El Atleti no, pero algunos en su afición cantan muy bien, sobre todo cuando no deben.
Que lo gocen.
Arbitró el polaco Szymon Marciniak. En el VAR estuvo su compatriota Tomasz Kwiatkowski.
Es top3 del mundo y lo volvió a demostrar. Muy buen arbitraje. Europa no es la Liga. Dominó y comandó el partido con autoridad.
La jugada más polémica fue la mano de Gio, pero en el actual reglamento UEFA esas manos no son punibles. Es cierto que está algo separada, sin embargo, es una posición natural y no está lo suficientemente abierta como para que en la Champions te señalen penalti. El de la segunda mitad de Lenglet fue claro por agarrón a Mbappé.
En el plano disciplinario, las amarillas estuvieron casi todas bien sacadas. En la primera parte solo Tchouaméni, en la segunda, Vinícius que pudo ser la más rigurosa y luego Giuliano y Lenglet. En la prórroga se sumaron Azpilicueta, Lucas Vázquez, Marcos Llorente y Mbappé.
En la tanda de penaltis el VAR le avisó correctamente para anular el tanto de Julián por dos toques en el disparo.
Marciniak, BIEN.
El Real Madrid juega su encuentro más importante en lo que va de temporada ante el Atlético de Madrid. En el Metropolitano tendrá que refrendar la ventaja obtenida en el partido de ida para avanzar a cuartos de final de la Champions League.
Como aperitivo al partidazo, os proponemos que os enfrentéis al reto que ha preparado fcQuiz.
Getty Images